Femi­nis­mos. El empleo de las muje­res, el más cas­ti­ga­do en una cri­sis que incre­men­ta­rá los nive­les de desigualdad

Por Mari­sa Kohan */​Resu­men Latinoamericano/​4 de mayo 2020 . — -

Sin­di­ca­tos, eco­no­mis­tas y orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les coin­ci­den en que la cri­sis del coro­na­vi­rus está dañan­do sobre todo al empleo más pre­ca­rio, alta­men­te femi­ni­za­do, y man­te­nien­do sobre los hom­bros de las muje­res el tra­ba­jo de los cui­da­dos. Los sin­di­ca­tos cri­ti­can la fal­ta de datos des­agre­ga­dos por sexo del impac­to de los ERTE.

El hori­zon­te para alcan­zar la igual­dad se ale­ja. Si antes de la cri­sis Nacio­nes Uni­das esti­ma­ba en apro­xi­ma­da­men­te un siglo el pla­zo para cerrar la bre­cha de géne­ro en los sala­rios, tras la cri­sis del coro­noa­vi­rus esta meta se retra­sa­rá aún más. Por­que si hay una coin­ci­den­cia total entre sin­di­ca­tos, exper­tas y orga­nis­mos inter­na­cio­na­les, es en que de esta cri­sis sal­dre­mos más des­igua­les. Inclu­so en paí­ses como Espa­ña, don­de el Gobierno está hacien­do un esfuer­zo evi­den­te des­de el ini­cio de la cri­sis por poner a las per­so­nas más vul­ne­ra­bles en el cen­tro de la acción polí­ti­ca. Entre ellas, las mujeres.

ONU Muje­res ha adver­ti­do que las con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas de la pan­de­mia serán terri­bles pero que se ceba­rá espe­cial­men­te con las muje­res, entre otros moti­vos, por su des­pro­por­cio­na­da pre­sen­cia en los tra­ba­jos infor­ma­les a lo lar­go y ancho del mun­do. Ellas ingre­san menos, tie­nen menos capa­ci­dad de aho­rro, osten­tan los tra­ba­jos más pre­ca­rios e ines­ta­bles y muchas se ven for­za­das a tra­ba­jar en la eco­no­mía sumer­gi­da. Pero a su vez, resal­ta ONU Muje­res, son ellas las que asu­men el invi­si­ble y a menu­do no remu­ne­ra­do tra­ba­jo de los cui­da­dos, en un ciclo que se retro­ali­men­ta a sí mis­mo: más tiem­po para cui­da­dos, menos tra­ba­jo, más precariedad.

No hace fal­ta irse muy lejos para com­pro­bar algu­nas de estas afir­ma­cio­nes. En nues­tro país hay cer­ca de un millón y medio de hoga­res mono­ma­ren­ta­les, de los cua­les el 50% están en ries­go de exclu­sión, y el fin de la cri­sis finan­cie­ra de 2008 tuvo, entre otras con­se­cuen­cias, que las muje­res copa­ran el 75% de los con­tra­tos par­cia­les (infe­rio­res a las 40 horas sema­na­les). Es decir, que tres de cada cua­tro con­tra­tos a tiem­po par­cial son feme­ni­nos. Son ellas, tam­bién, las que ocu­pan los tra­ba­jos más pre­ca­ri­za­dos y femi­ni­za­dos, es decir, los peor paga­dos y regu­la­dos. Un ejem­plo: las tra­ba­ja­do­ras del hogar, unas 600.000 muje­res, ni siquie­ra tie­nen reco­no­ci­dos los mis­mos dere­chos que el res­to de los tra­ba­ja­do­res pues­to que siguen en un régi­men espe­cial de la Segu­ri­dad Social. La mayor par­te cobran suel­dos de mise­ria en tra­ba­jos tan impor­tan­tes como el cui­da­do de nues­tros mayo­res o de los más pequeños.

«Las des­igual­da­des ya exis­tían. De hecho, las con­di­cio­nes de pre­ca­rie­dad se habían cro­ni­fi­ca­do para un amplio sec­tor de la pobla­ción y para gran par­te de las muje­res sobre quie­nes han teni­do mayor inci­den­cia las bol­sas de pobre­za, situa­cio­nes de mar­gi­na­li­dad, hiper­pre­ca­rie­dad, des­am­pa­ro social, eco­nó­mi­co y vio­len­cia de géne­ro», expli­ca la eco­no­mis­ta Car­men Cas­tro. «A par­tir de esta pan­de­mia todas estas des­igual­da­des no harán más que ampli­fi­car­se«, aña­de.

Des­de los sin­di­ca­tos UGT y CCOO resal­tan que el impor­tan­te empu­je que tuvo en los últi­mos dos o tres años el movi­mien­to femi­nis­ta, que logró poner en el dis­cur­so social y en la agen­da polí­ti­ca temas cla­ves como a des­igual­dad eco­nó­mi­ca, nos colo­ca en esta cri­sis en otra posi­ción y con algu­nas lec­cio­nes bien apren­di­das. Pero reco­no­cen que este tsu­na­mi lla­ma­do coro­na­vi­rus ame­na­za con lle­var­se muchas cosas por delan­te si no empe­za­mos a pen­sar en un mode­lo eco­nó­mi­co distinto.

Has­ta el momen­to los sin­di­ca­tos no tie­nen datos des­agre­ga­dos por sexo sobre el impac­to real de la pan­de­mia en hom­bres y mujeres

El pro­ble­ma, expli­can des­de los sin­di­ca­tos, es que has­ta el momen­to no cuen­tan con datos des­agre­ga­dos por sexos que den una dimen­sión real del impac­to dife­ren­cia­dos por sexos que está tenien­do la cri­sis en hom­bres y muje­res. Esto, afir­man, difi­cul­ta enor­me­men­te pen­sar en solu­cio­nes con­cre­tas o en polí­ti­cas públi­cas adap­ta­das a la nue­va con­di­ción que es aún incierta.

Des­truc­ción de empleo en sec­to­res alta­men­te feminizados

«No hemos podi­do hacer nin­gu­na pro­yec­ción real del impac­to de la cri­sis y sus posi­bles solu­cio­nes, por la sen­ci­lla razón de que no tene­mos datos des­agre­ga­dos por sexo del impac­to de los Expe­dien­tes de Regu­la­ción de Empleo Tem­po­ral (ERTE). Se los hemos pedi­do a Gobierno pero no nos los ha faci­li­ta­do. Sin esto, se hace difí­cil ana­li­zar el impac­to de los reales decre­tos que se están apro­ban­do para ser­vir de para­guas de pro­tec­ción social», afir­ma Ele­na Blas­co Mar­tín, secre­ta­ria con­fe­de­ral de Muje­res e Igual­dad de CCOO.

«Este está sien­do uno de los gran­des pro­ble­mas de esta cri­sis. Tene­mos datos sobre sani­dad: que el virus afec­ta más a los hom­bres por­que mue­ren más, pero que se infec­tan más las muje­res, pre­ci­sa­men­te por copar la mayo­ría de los sec­to­res que están en pri­me­ra línea», aña­de Blas­co. «Por expe­rien­cia sabe­mos que los sec­to­res que han sido afec­ta­dos por la cri­sis, sobre todo por los ERTE de fuer­za mayor que entra­ron en vigor a par­tir del 14 de mar­zo en que se decre­tó el esta­do de alar­ma, son aque­llos que están alta­men­te fer­mi­ni­za­dos por lo que las medi­das están afec­tan­do a un núme­ro supe­rior de muje­res que a hom­bres», abun­da Cris­ti­na Anto­ñan­zas, vice­se­cre­ta­ria gene­ral de UGT.

Esta sin­di­ca­lis­ta expli­ca tam­bién que soli­ci­ta­ron al Gobierno datos sobre la can­ti­dad de per­so­nas que soli­ci­ta­ron la opción de reduc­ción de jor­na­da del 100% del tiem­po, que puso en mar­cha el real decre­to Real Decre­to 820 apro­ba­do por el Gobierno el pasa­do 17 de mar­zo, pero no han teni­do aún res­pues­ta. «Según nues­tra expe­rien­cia el 90% de las reduc­cio­nes en este país las soli­ci­tan las muje­res. Por eso hay que tener mucho cui­da­do sobre cómo sali­mos de esta cri­sis y de que las medi­das para la corres­pon­sa­bi­li­dad de la vida, tie­nen que ase­gu­rar que no sean las muje­res las que soli­ci­ten todas las medi­das para pro­te­ger­las de algu­na for­ma de la precariedad».

ERTE: «No es lo mis­mo cobrar el 70% de un con­tra­to a tiem­po com­ple­to que el 70% de un con­tra­to a tiem­po parcial»

El efec­to que ten­drá la cri­sis en la mayo­ría de las muje­res será dis­tin­to al de los hom­bres. No sólo por­que son mayo­ri­ta­rias en los sec­to­res infor­ma­les que ten­drán mucho más difí­cil acce­der a ayu­das, sino tam­bién por­que tener con­tra­tos a tiem­po par­cial va a influir en la ren­ta de que dis­pon­gan en los ERTE. «No es lo mis­mo cobrar el 70% de un con­tra­to a tiem­po com­ple­to, que un 70% de un con­tra­to a tiem­po par­cial», expli­ca Anto­ñan­zas. Y otra cosa que hay que abor­dar, para esta sin­di­ca­lis­ta, es que «en sep­tiem­bre si no hay cam­bio, la gen­te que esté en ERTE pasa a cobrar el 50% de su pres­ta­ción. Y esas pres­ta­cio­nes en con­tra­tos de tiem­po par­cial pue­den que­dar en sala­rios muy redu­ci­dos y mayo­ri­ta­ria­men­te serán de mujeres».

Se nece­si­ta un cam­bio de modelo

Lo que esta emer­gen­cia del coro­na­vi­rus ha pues­to en evi­den­cia para todos los acto­res con­sul­ta­dos, es la cri­sis y la terri­ble depau­pe­ra­ción de todo lo rela­ti­vo a los cui­da­dos. Una cri­sis que diver­sas ins­ti­tu­cio­nes y acti­vis­tas lle­van denun­cian­do duran­te años y que pre­ci­sa un abor­da­je simi­lar a la emer­gen­cia cli­má­ti­ca. Un sis­te­ma de cui­da­dos aten­di­do por «sec­to­res que social­men­te hemos denos­ta­do, a los que no hemos cui­da­do sus con­di­cio­nes y que están alta­men­te femi­ni­za­dos«, afri­ma Antoñanzas.

Por eso, salir de la cri­sis de for­ma igua­li­ta­ria reque­ri­rá valo­res dis­tin­tos. La nece­si­dad de apli­car prin­ci­pios éti­cos a la eco­no­mía «que supere el insos­te­ni­ble sis­te­ma socio­eco­nó­mi­co actual y posi­bi­li­te vivir vidas vivi­bles para la mayo­ría de la pobla­ción», afir­ma Castro.

Para ello esta eco­no­mis­ta pro­po­ne ver­te­brar la socie­dad ponien­do a los cui­da­dos, repen­sar los sis­te­mas de pro­tec­ción social más liga­do a la vida de las per­so­nas y no carre­ras labo­ra­les basa­das en el pleno empleo o garan­ti­zar la crea­ción de empleo públi­co, en el ámbi­to de los cuidados.

El ries­go para las sin­di­ca­lis­tas es que tras la cri­sis vol­va­mos al ‘busi­ness as usual’ (a lo de siem­pre). «Tene­mos que poner en mar­cha urgen­te­men­te un ingre­so míni­mo vital o como quie­ran lla­mar­lo que tie­ne que hacer fren­te a esta situa­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad, de pobre­za de más de un millón de per­so­nas tra­ba­ja­do­ras que ade­más son fami­lias mono­ma­ren­ta­les y tra­ba­ja­do­ras en esce­na­rios de semi­es­cla­vi­tud, como son las tra­ba­ja­do­ras del hogar, prác­ti­ca­men­te en la eco­no­mía sumer­gi­da. Y exi­gir un mode­lo eco­nó­mi­co y social cuya prio­ri­dad sea el bien­es­tar de las per­so­nas», recla­ma Blasco.

En su opi­nión, «es impres­cin­di­ble con­tar con una pers­pec­ti­va de géne­ro que refuer­ce todo lo alcan­za­do has­ta este momen­to y que no pue­de dejar atrás en nin­gún aspec­to la agen­da femi­nis­ta inter­na­cio­nal». «Se habla de vol­ver a la nor­ma­li­dad. Pero no hay que vol­ver a ella. Hay que mejo­rar­la. No pode­mos con­si­de­rar como nor­ma­li­dad a esos aspec­tos de pre­ca­rie­dad, dis­cri­mi­na­ción y des­igual­dad como se han veni­do suce­dien­do has­ta aho­ra», concluye. 

@kohanm

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