Argen­ti­na. En las villas fal­ta el Esta­do pero están las orga­ni­za­cio­nes sociales

Fer­nan­do Tebe­le, Gise­lle Riba­loff y Pedro Ramí­rez Ote­ro /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​1 de mayo de 2020

Ya son varias las per­so­nas con­ta­gia­das de COVID-19 en los barrios popu­la­res de la Ciu­dad de Bue­nos Aires, aún sin con­tar los casos no ofi­cia­li­za­dos por el Gobierno por­te­ño. En estos luga­res a los que no lle­ga el Esta­do, son las orga­ni­za­cio­nes socia­les y tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras de la salud quie­nes se hacen car­go de lle­var ade­lan­te el pro­to­co­lo sani­ta­rio brin­dan­do asis­ten­cia a los veci­nos y veci­nas. En el pro­gra­ma Has­ta que vuel­van los abra­zos se pun­tua­li­za­ron las pro­ble­má­ti­cas que enfren­tan los sec­to­res más invi­si­bi­li­za­dos de la Ciu­dad con los tes­ti­mo­nios de Sebas­tián Zubi­za­rre­ta, refe­ren­te del Fren­te de Orga­ni­za­cio­nes en Lucha (FOL) y Lilian Andra­de, par­te de la Asam­blea de La Pode­ro­sa y veci­na de la Villa 31. 

El virus COVID-19 ya lle­gó a las villas y a los barrios popu­la­res de la Ciu­dad de Bue­nos Aires. Sin embar­go, el Gobierno por­te­ño deci­dió no ofi­cia­li­zar algu­nos de los casos de con­ta­gios con­fir­ma­dos y el Esta­do bri­lla por su ausen­cia a la hora de brin­dar la asis­ten­cia que las per­so­nas nece­si­tan. La con­sig­na de que­dar­nos en casa no pue­de apli­car­se con la mis­ma lógi­ca para per­so­nas que viven en un barrio urba­ni­za­do o resi­den­cial que para los veci­nos y veci­nas de los barrios popu­la­res. Allí, per­ma­ne­cer ence­rra­dos en sus casas impli­ca per­ma­ne­cer haci­na­dos y no salir muchas veces impli­ca no comer. Con los pri­me­ros casos de COVID-19 posi­ti­vo, ade­más, es nece­sa­rio apli­car el pro­to­co­lo sani­ta­rio de ais­la­mien­to al infec­ta­do y dar avi­so a las per­so­nas que estu­vie­ron en estre­cho con­tac­to con él o ella, que en estos casos pue­den ser bas­tan­tes. Sebas­tián Zubi­za­rre­ta, refe­ren­te del FOL, con­tó que en la últi­ma sema­na 12 per­so­nas, tra­ba­ja­do­ras de un come­dor popu­lar de la Villa 31, fue­ron infec­ta­das. Ante la ausen­cia de toda res­pues­ta del Esta­do, son las orga­ni­za­cio­nes las que se ocu­pan de lle­var ade­lan­te el pro­to­co­lo sani­ta­rio y asis­tir a las fami­lias: “En el medio de esta situa­ción, la con­ten­ción y ser­vi­cios que damos las orga­ni­za­cio­nes es mucho más pro­fun­do. Des­de que se ini­ció la cua­ren­te­na hemos teni­do que crear nues­tras redes y pro­to­co­los espe­cí­fi­cos para poder afron­tar esta situa­ción. No hemos cerra­do nin­gún come­dor, al con­tra­rio, los come­do­res han dupli­ca­do sus asis­ten­cias. A pesar de la inexis­ten­cia de la asis­ten­cia esta­tal, sos­te­ne­mos estos espa­cios. Una fami­lia en cua­ren­te­na en un barrio popu­lar no tie­ne para comer, por­que se le aca­ba la chan­ga y la posi­bi­li­dad de tra­ba­jar”, refle­xio­nó Zubi­za­rre­ta y con­tó sobre el caso de una com­pa­ñe­ra del FOL que se con­ta­gió y cómo apli­ca­ron su pro­pio pro­to­co­lo para asis­tir­la a ella y a las per­so­nas con las que habían esta­do en con­tac­to: “Los con­ta­gios han lle­ga­do a los barrios. Que­da en evi­den­cia la fal­ta de pro­to­co­los espe­cí­fi­cos de par­te del Gobierno de la Ciu­dad. Una com­pa­ñe­ra esta­ba vinien­do a coci­nar todos los días. Se ente­ró que a una veci­na que vive al lado de su casa le había dado COVID posi­ti­vo. Como ella esta­ba con sín­to­mas y es gru­po de ries­go por ser asmá­ti­ca se hizo los aná­li­sis. La ais­la­ron pre­ven­ti­va­men­te y le dio posi­ti­vo. Inme­dia­ta­men­te nos lo infor­mó a noso­tros. Hici­mos una lis­ta con las com­pa­ñe­ras que habían esta­do en con­tac­to con ella duran­te los últi­mos días. Lla­ma­mos a cada una para infor­mar­las. Las com­pa­ñe­ras mis­mas deci­die­ron auto­ais­lar­se en sus vivien­das y lo comu­ni­ca­mos al Gobierno de la Ciu­dad. Cuan­do se pre­sen­tó la gen­te del Gobierno nos dijo que lo que había­mos hecho esta­ba bien. Les dimos la lis­ta de las 12 fami­lias para que se las pudie­ra asis­tir median­te kits de lim­pie­za y ali­men­tos. Al día de hoy, lo úni­co que hicie­ron fue lla­mar por telé­fono a ver cómo esta­ban. Noso­tros nos encar­ga­mos de lle­var­les el almuer­zo a las fami­lias y las asis­ti­mos con los medi­ca­men­tos e insu­mos nece­sa­rios. Segui­mos exi­gien­do que les hagan los tes­teos a esas com­pa­ñe­ras. No hay tes­teos para los casos en los barrios popu­la­res”, denunció. 

Sebas­tián expli­có tam­bién por qué el pro­to­co­lo que apli­ca el Gobierno de la Ciu­dad de Bue­nos Aires no es efec­ti­vo en los barrios popu­la­res: “El cri­te­rio del pro­to­co­lo del Gobierno por­te­ño no apli­ca a los barrios popu­la­res por­que el gra­do de cer­ca­nía y posi­bi­li­dad de tener ais­la­mien­to no es la mis­ma que la de un barrio urba­ni­za­do o resi­den­cial de la Ciu­dad. En los barrios popu­la­res, cuan­do salen a com­prar ali­men­tos se cru­zan las per­so­nas en el pasi­llo. Ade­más es muy difí­cil sos­te­ner la cua­ren­te­na por­que tie­nen que salir a hacer algún labu­ri­to para ganar­se el peso del día. Si se que­dan en cua­ren­te­na, no pue­den adqui­rir ali­men­to”, argumentó.

Otra fun­ción impor­tan­te de las orga­ni­za­cio­nes socia­les es dar con­ten­ción psi­co­ló­gi­ca a los infec­ta­dos y las infec­ta­das de COVID-19. Muchas veces, sufren dis­cri­mi­na­ción e inclu­so vio­len­cia por sus pro­pios veci­nos y veci­nas: “Veni­mos tra­ba­jan­do en la con­ten­ción huma­na. En los barrios hay temor en reco­no­cer sín­to­mas. Ante la fal­ta del Esta­do, de infor­ma­ción, de un sis­te­ma de salud cer­cano, se infun­de el temor. Hay casos de gen­te con sín­to­mas que no quie­re salir por mie­do a ser per­se­gui­do o que lo estig­ma­ti­cen. Tra­ta­mos de tra­ba­jar mucho en la con­ten­ción. Des­de el cui­da­do has­ta la comu­ni­ca­ción. Cuan­do se difun­de la infor­ma­ción de algún con­ta­gio, la gen­te se movi­li­za en un sen­ti­do nega­ti­vo y estig­ma­ti­zan­te. La gen­te se acer­ca a las casas y pre­ten­de echar­los, sacar­los del barrio. Eso es una cla­ra ausen­cia del Esta­do, que tie­ne que estar pre­sen­te y dar una res­pues­ta inte­gral, que no sea solo la reac­ción de la gen­te”, sen­ten­ció Zubizarreta.

La invi­si­bi­li­za­ción de la problemática

La Villa 31 no es el úni­co lugar con per­so­nas con­ta­gia­das de COVID-19. La 1−11−14 tam­bién tie­ne dece­nas de casos, pero no tie­nen la mis­ma tras­cen­den­cia. Para el refe­ren­te del FOL, esta dis­tin­ción que hace el Gobierno por­te­ño es adre­de y res­pon­de al obje­ti­vo polí­ti­co que per­si­gue la ges­tión de Larre­ta: “En la villa 1−11−14 está pasan­do algo gra­ví­si­mo. El Gobierno de la Ciu­dad no está for­ma­li­zan­do los casos. Hay más de 40 casos de con­ta­gio y no se reco­no­cen. Se vie­nen patean­do la pelo­ta entre el Gobierno de la Ciu­dad y el Minis­te­rio de Salud. Los que esta­mos en los barrios sabe­mos que hay más casos que los reco­no­ci­dos. Esta­mos miran­do más lo que pasa en la Villa 31 por­que en tér­mi­nos de vidrie­ra polí­ti­ca al Gobierno de la Ciu­dad de Bue­nos Aires le gene­ra muchí­si­mos más cos­tos cual­quier cosa que pase ahí. Es el mode­lo de urba­ni­za­ción y el caba­lli­to de bata­lla de la ges­tión de Larre­ta. La 1−11−14 está en el Bajo Flo­res, más olvi­da­da y estig­ma­ti­za­da. Lo mis­mo con la 21 en Barra­cas. Todo lo que sea de Ave­ni­da Riva­da­via para aba­jo es bas­tan­te invi­si­bi­li­za­do por esta ges­tión. Allí el gobierno ni siquie­ra da esta­dís­ti­cas ni infor­mes ofi­cia­les de los casos que atien­den. No sabe­mos la can­ti­dad de con­ta­gios efec­ti­vos que hay, por lo que no sabe­mos a qué can­ti­dad de per­so­nas hay que ais­lar. Es indis­pen­sa­ble la acción del Esta­do para for­ma­li­zar y tomar medi­das al res­pec­to, concluyó.

Lilian Andra­de, par­te de la Asam­blea de La Pode­ro­sa y veci­na de la 31, brin­dó un tes­ti­mo­nio que sir­ve para con­fir­mar que la situa­ción en las villas es suma­men­te crí­ti­ca. El aban­dono esta­tal vie­ne de mucho antes que se des­ata­ra la pan­de­mia, pero la pro­pa­ga­ción del virus acen­tuó gra­ve­men­te las pro­ble­má­ti­cas coti­dia­nas: “Tene­mos un mon­tón de situa­cio­nes bas­tan­te com­pli­ca­das. Esta­mos preo­cu­pa­dos y preo­cu­pa­das, con esas ganas de salir a denun­ciar, a pro­ble­ma­ti­zar o inclu­so de bus­car solu­cio­nes para plan­tear. No es solo poder visi­bi­li­zar­lo sino bus­car solu­cio­nes en con­jun­to con los veci­nos y las veci­nas. Las medi­das que se toma­ron no son las que nece­si­tan o pue­de tomar el barrio. Las con­di­cio­nes no son las mis­mas en todas las villas”, dijo. Y expli­có: “Aumen­tó la deman­da de tras­la­dos de los CeSAC. Al comien­zo el colap­so era más ali­men­ta­rio que otra cosa. Los come­do­res a nivel nacio­nal tri­pli­ca­ron su deman­da. Ya antes no dába­mos abas­to y hoy se tri­pli­ca­ron las deman­das. Esta sema­na ya pode­mos hablar de un colap­so sani­ta­rio. El virus ya lle­gó a las villas. Se está aumen­tan­do la deman­da de las sali­tas a los hos­pi­ta­les y noso­tros exi­gi­mos una solu­ción. Las ambu­lan­cias no entran a las villas. Nos dije­ron que van a poder cubrir los mis­mos hora­rios que se mane­jan de lunes a vier­nes, qui­zá con mejor aten­ción. ¿Qué pasa a la noche, o los sába­dos y domin­gos? ¿No pode­mos enfer­mar­nos por­que no pue­den tras­la­dar­nos? Nues­tros pro­pios veci­nos con los carri­tos de car­to­near o los remi­se­ros son los que gene­ral­men­te nos lle­van y nos sal­van la vida. Otro inte­rro­gan­te es qué vamos a hacer con los gru­pos de ries­go. No solo las per­so­nas mayo­res. Hay emba­ra­za­das, per­so­nas con pro­ble­mas res­pi­ra­to­rios y car­día­cos y per­so­nas con capa­ci­da­des dife­ren­tes. Para ese gru­po se nece­si­tan 1500 camas. Los curas ville­ros pusie­ron 300 camas. Fal­tan 1200 camas. Pro­pu­si­mos al Hotel Bauen, que está total­men­te dis­pues­to a poner a dis­po­si­ción sus camas. Se suma­rían 100 camas más. Es un hotel coope­ra­ti­vo. Segui­mos espe­ran­do res­pues­ta”, expre­só Lilian.

La situa­ción en los Cen­tros de Salud y el acce­so a la educación 

“Hoy hay una prio­ri­dad res­pec­to a los casos. Las con­di­cio­nes en las que están aten­dien­do no son para nada las mejo­res. Las con­di­cio­nes gene­ra­les del barrio para el ais­la­mien­to son las peo­res. Para el con­ta­gio son las mejo­res. Tie­nen que aten­der en un lugar redu­ci­do. Van (a aten­der­se) veci­nos que vivi­mos 10 u 11 en una casa de 4×4. Ya veni­mos del haci­na­mien­to. Esta­mos sin agua hace días. Cómo pode­mos res­pe­tar algo tan bási­co que nos vie­nen pidien­do des­de la tele­vi­sión y de los dis­tin­tos medios como es lavar­nos las manos para pre­ve­nir el con­ta­gio. Cómo lo hace­mos si no tene­mos agua. No pode­mos aguan­tar este virus”, remarcó.

Con­sul­ta­da por cómo se sos­tie­ne la edu­ca­ción en los barrios, Andra­de expli­có lo com­pli­ca­do que se tor­na estu­diar o tomar cla­ses en un con­tex­to don­de casi todas estas cues­tio­nes se han vol­ca­do al ámbi­to vir­tual: “Acá es muy difí­cil tener acce­so a una compu­tado­ra y a inter­net. Se pue­de hacer la tarea en un celu­lar, pero enton­ces tene­mos que deci­dir entre com­prar un pla­to de comi­da, com­prar un bar­bi­jo o un jabón, o car­gar­le cré­di­to al celu­lar. Si sos gru­po de ries­go se suma el cos­to de los medi­ca­men­tos. Es muy difí­cil garan­ti­zar la edu­ca­ción. Hoy se está hacien­do todo onli­ne. Hay veci­nos y veci­nas que no saben lo que es el mail. Es impres­cin­di­ble no solo para la edu­ca­ción sino tam­bién para hacer trá­mi­tes”, seña­ló y rela­cio­nó el mis­mo pro­ble­ma a la hora de rea­li­zar denun­cias por vio­len­cia de géne­ro: “Lo mis­mo pasa si una está ence­rra­da con el vio­len­to en su casa y no pue­de ir a hacer la denun­cia. Pri­me­ro tie­ne que tener un celu­lar con inter­net. Enci­ma, la pági­na no reco­no­ce la direc­ción de las villas. Esta­mos inha­bi­li­ta­das para poder hacer las denun­cias”, manifestó.

Por últi­mo, Lilian con­tó la inmen­sa tarea que gene­ran des­de los barrios popu­la­res a la hora de ayu­dar a los veci­nos y veci­nas, y pidió solu­cio­nes con­cre­tas para estas pro­ble­má­ti­cas: “Cre­ce­mos vien­do cómo nues­tras mamás o nues­tras abue­las levan­tan una olla popu­lar. Nos expli­can que sin esa olla popu­lar qui­zá la cua­dra no come. Cre­ce­mos vien­do eso, aun sin el nom­bre de una orga­ni­za­ción. Gene­ral­men­te somos muje­res las que levan­ta­mos las ollas y sos­te­ne­mos los come­do­res popu­la­res. Al for­mar par­te de la Asam­blea (de La Pode­ro­sa) gene­ra­mos redes de con­ten­ción psi­co­ló­gi­ca por la vio­len­cia, por el ham­bre y demás; no solo hacia aden­tro del barrio sino tam­bién en otras villas y otros barrios ya sean en Capi­tal Fede­ral, a nivel nacio­nal e inclu­so lati­no­ame­ri­cano. Todo lo que atra­ve­sa­mos his­tó­ri­ca­men­te no son pro­ble­mas que sur­gie­ron aho­ra con la cua­ren­te­na, son pro­ble­mas de pobre­za estruc­tu­ral. Es un pro­ble­ma mucho más amplio. Que­re­mos solu­cio­nes estruc­tu­ra­les. Cuan­do vivís haci­na­da es muy difí­cil que­dar­te en tu casa. Nece­si­ta­mos bus­car solu­cio­nes a esta pre­ca­rie­dad y a este aban­dono”, cerró. 

La Reta­guar­dia*

🎤 Entre­vis­ta: Fer­nan­do Tebele/​Giselle Ribaloff/​Pedro Ramí­rez Ote­ro✏ Redac­ción: Die­go Adur💻 Edi­ción: Pedro Ramí­rez Ote­ro📷 Foto de por­ta­da: mun​do​vi​lla​.com

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