Chi­le. Covid 19: La reali­dad de los falle­ci­dos sin tes­tear que no apa­re­cen en las esta­dís­ti­cas del Gobierno

Héc­tor Cos­sio y Maca­re­na Sego­via /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​28 de abril de 2020

En una bue­na par­te de Euro­pa, los paí­ses desa­rro­lla­dos que han sucum­bi­do ante la leta­li­dad del coro­na­vi­rus están comen­zan­do a rec­ti­fi­car sus esta­dís­ti­cas de falle­ci­dos. Con exá­me­nes post mor­tem se están dan­do cuen­ta de que cien­tos, si no miles, de per­so­nas que falle­cían en sus casas y sin haber sido tes­tea­das, habían con­traí­do la enfer­me­dad. Pero nada de lo que ocu­rre allí pasa en Chi­le. «Tene­mos la menor tasa de mor­ta­li­dad des­pués de Corea del Sur», dijo hace unos días el minis­tro Maña­lich. Una his­to­ria dis­tin­ta están comen­zan­do a con­tar en loca­li­da­des rura­les del sur del país y en algu­nas comu­nas vul­ne­ra­bles de la Región Metro­po­li­ta­na, don­de advier­ten que el pro­to­co­lo del Min­sal que exi­ge, entre la sin­to­ma­to­lo­gía rele­van­te, la fie­bre, está hacien­do que se man­de para la casa a muchas per­so­nas sos­pe­cho­sas de tener COVID-19. Muchas de estas –refie­ren fun­cio­na­rios y fami­lia­res– se agra­van en sus casas y algu­nas mue­ren. En sus cer­ti­fi­ca­dos de defun­ción apa­re­cen sus enfer­me­da­des bases. Son las his­to­rias igno­ra­das en la esta­dís­ti­ca ofi­cial.

Has­ta hace muy poco los muer­tos por COVID-19 en Ita­lia, Espa­ña, Fran­cia y Rei­no Uni­do, se con­ta­bi­li­za­ban igual que en Chi­le. Eran con­si­de­ra­dos víc­ti­mas fata­les de la pan­de­mia que azo­ta al mun­do des­de hace cin­co meses, solo aque­llos enfer­mos gra­ves que falle­cían en hos­pi­ta­les tras haber dado posi­ti­vo en los exá­me­nes. El mun­do desa­rro­lla­do, sin embar­go, ha empe­za­do a acep­tar el equí­vo­co y en muchos paí­ses de Euro­pa se ha ini­cia­do la rec­ti­fi­ca­ción de defun­cio­nes. Una gran lis­ta negra, enton­ces, comen­zó a reve­lar­se: cien­tos y has­ta miles de per­so­nas esta­ban falle­cien­do en ais­la­mien­to en sus casas, soli­ta­rias, con cer­ti­fi­ca­dos de defun­ción por enfer­me­da­des bases, pero con­tra­dic­to­ria­men­te sepul­ta­das a toda pri­sa bajo estric­tos pro­to­co­los por COVID-19.

En Chi­le, no pasa nada de lo que le ocu­rre a gran par­te de Euro­pa. El minis­tro de Salud Jai­me Maña­lich afir­mó recien­te­men­te que el país «tie­ne una de las tasas de mor­ta­li­dad más bajas del mun­do, solo supe­ra­da por Corea del Sur». Las esta­dís­ti­cas del Min­sal resul­tan for­mi­da­bles. En Chi­le mue­re muy poca gen­te por coro­na­vi­rus y, ante tales resul­ta­dos, es que al titu­lar de Salud –como él mis­mo seña­la– le con­fie­ren el «honor» de repre­sen­tar la situa­ción de toda Amé­ri­ca Lati­na ante la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud (OMS).

Pero en sec­to­res rura­les del cen­tro sur del país, en comu­nas vul­ne­ra­bles y en hos­pi­ta­les del ser­vi­cio de salud nor­te y sur de la Región Metro­po­li­ta­na, se cuen­ta otra his­to­ria, una muy pare­ci­da a la que comien­zan a admi­tir en los paí­ses desa­rro­lla­dos: la reali­dad de los falle­ci­dos sin tes­tear que no apa­re­cen en los regis­tros oficiales.

Don Agus­tín y el «pri­mer cor­te» en los Cesfam

Don Agus­tín era vecino de una comu­ni­dad indí­ge­na, a 8 kiló­me­tros de Nue­va Impe­rial, en La Arau­ca­nía. Vivía solo, pero segui­do almor­za­ba y com­par­tía un mate con sus her­ma­nos y sobri­nos que vivían cer­ca. La maña­na del 17 de abril, falle­ció en su casa, a las 09.00 horas, según con­sig­na su cer­ti­fi­ca­do de defun­ción, el mis­mo que en vez de entre­gar la cau­sa de su muer­te, indica: “/ / /”.

Todo comen­zó en Sema­na San­ta. El vier­nes 10 de abril, Cara­bi­ne­ros pidió una ambu­lan­cia para que don Agus­tín fue­ra tras­la­da­do al Hos­pi­tal Inter­cul­tu­ral de Nue­va Impe­rial. Lle­va­ba dos días sin­tién­do­se mal, con dolor de cabe­za y mus­cu­lar. Cuan­do lle­gó al cen­tro asis­ten­cial fue aten­di­do por “dolor de pier­nas”, según la ficha clí­ni­ca, y devuel­to a su casa. “No se colo­ca­ron mayo­res ante­ce­den­tes en la hoja de aten­ción, solo que él esta­ba aler­ta y que cum­plía con la cate­go­ri­za­ción C4, fue devuel­to al domi­ci­lio, ya que tenía 36,9° de tem­pe­ra­tu­ra”, expli­ca a El Mos­tra­dor su sobri­na María Eli­za­beth Rai­mán. Como no pre­sen­ta­ba fie­bre, no se le tomó la mues­tra para el test PCR, que detec­ta el coronavirus.

El lunes 13 de abril, don Agus­tín asis­tió al Ces­fam local para el con­trol de sus vári­ces, dolen­cia que lo aque­ja­ba jun­to a la hiper­ten­sión y obe­si­dad. Según sus fami­lia­res, él le habría seña­la­do, a quien lo aten­dió, que esta­ba res­fria­do y con dolo­res, los que fue­ron atri­bui­dos a su enfer­me­dad de base. Al día siguien­te, “él se vol­vió a sen­tir mal, pero les dijo a mis tíos que para qué iba a ir, si no le iban a dar nada”, rela­ta su sobri­na. El vier­nes en la maña­na, uno de sus her­ma­nos lo encon­tró muer­to en su casa, tenía “sus pies oscu­ros, negros”.

Las lesio­nes en los pies en los casos de COVID-19 posi­ti­vo se han regis­tra­do en todos los paí­ses des­de que se des­ató la pan­de­mia. Pero tener acro­is­que­mia digi­tal no cons­ti­tu­ye un sín­to­ma por el que deba prac­ti­car­se el test PCR, aun­que esté acom­pa­ña­do de tos, dolor de cabe­za y muscular.

En la defi­ni­ción de caso sos­pe­cho­so del Min­sal, que data del 23 de mar­zo, se esta­ble­ce que el test PCR se debe apli­car a via­je­ros que pre­sen­ten un cua­dro res­pi­ra­to­rio agu­do, fie­bre o algún sín­to­ma de enfer­me­dad res­pi­ra­to­ria y, tam­bién, a pacien­tes que ten­gan sín­to­mas y hayan teni­do con­tac­to con una per­so­na posi­ti­va para COVID-19. Para los casos de cir­cu­la­ción comu­ni­ta­ria, el docu­men­to indi­ca que el pacien­te debe pre­sen­tar fie­bre, 37,8°, y al menos uno de estos sín­to­mas: dolor de gar­gan­ta, tos, dolor mus­cu­lar o pro­ble­mas para res­pi­rar. Este lunes 27 de abril, en la actua­li­za­ción entre­ga­da por la car­te­ra, se agre­ga­ron otros dos sín­to­mas: pér­di­da de gus­to y olfato.

Ros­sa­na, fun­cio­na­ria del Cen­tro de Salud Fami­liar de La Flo­ri­da, quien pide reser­va de su iden­ti­dad por­que teme per­der su empleo, con­fie­sa que ese pro­to­co­lo es el «pri­mer cor­te». «Todos los días lle­gan pacien­tes, per­so­nas que tie­nen enfer­me­da­des bases, abue­li­tos que viven solos, con tos seca, dolo­res de cabe­za, pero si no tie­ne 37,8, se les man­da para la casa nomás. No se les hace examen y a veces ni siquie­ra se les atien­de, por­que son muchos los casos. Si tie­nen o no coro­na­vi­rus, no lo sabe­mos. Pero ahí se hace el pri­mer corte».

En el Hos­pi­tal San José, de aten­ción secun­da­ria, otra fun­cio­na­ria refie­re lo mis­mo: «El mane­jo es muy oscu­ro, no a todos se les toman exá­me­nes, solo casos más gra­ves y con fie­bre en el momen­to de la con­sul­ta. Si la per­so­na tomó para­ce­ta­mol y no está con fie­bre, no le toman examen. Al inte­rior del hos­pi­tal creo que aho­ra es muy difí­cil que hos­pi­ta­li­cen COVID-19 sin tomar examen, esos casos los man­dan a su domi­ci­lio. Res­pec­to a lo que ocu­rre en los APS (Aten­ción Pri­ma­ria de Salud), allí la situa­ción es más com­ple­ja aún, se mane­ja des­de los ser­vi­cios de salud, los con­sul­to­rios tie­nen limi­ta­ción para la toma de exá­me­nes que hacen ellos mis­mos. Cri­te­rios muy estric­tos para tomar examen».

El mayor pro­ble­ma, acu­sa la fun­cio­na­ria, son los hoga­res. «Allí sí que no se toman muchos exá­me­nes y son esos abue­los los que mue­ren y en cer­ti­fi­ca­do de defun­ción no está la cau­sa de COVID-19».

Sepa­ra­dos por cien­tos de kiló­me­tros, la situa­ción que se des­cri­be des­de el Hos­pi­tal San José es cal­ca­da a lo que pade­ció la fami­lia de don Agus­tín. Tras igno­rar y no ser infor­ma­dos en el momen­to que podían soli­ci­tar un examen post mor­tem al Ser­vi­cio Médi­co Legal, la fami­lia fue envia­da al Hos­pi­tal de Nue­va Impe­rial para obte­ner el cer­ti­fi­ca­do e ini­ciar el pro­ce­so para sepul­tar­lo. En el lugar le entre­ga­ron un cer­ti­fi­ca­do que incluía su his­to­rial médi­co y enfer­me­da­des cró­ni­cas, y aun­que con nin­gu­na alu­sión al COVID-19, se le ins­tó a apli­car rápi­da­men­te el pro­to­co­lo para coro­na­vi­rus. “Todo se resol­vía muy rápi­do, com­prar rápi­da­men­te la urna, sellar la urna”, agre­ga la familia.

El kit, los reac­ti­vos y el hos­pi­tal Lucio Córdova

Luis Mora­les, diri­gen­te de la Fenats, que tra­ba­ja en el Hos­pi­tal San José, con­fir­ma algo que en estos últi­mos días había cir­cu­la­do como un rumor y que, al poco tiem­po, se con­vir­tió en cer­te­za. Los exá­me­nes PCR que se esta­ban soli­ci­tan­do de los Ces­fam no se están rea­li­zan­do en el Hos­pi­tal San José, que corres­pon­de al Ser­vi­cio Salud Nor­te y se están envian­do al hos­pi­tal de enfer­me­da­des infec­cio­sas Lucio Cór­do­va, del Ser­vi­cio de Salud Sur. Algo que podría resul­tar muy fre­cuen­te entre los ser­vi­cios de salud, sin embar­go, está pro­vo­can­do mucha preo­cu­pa­ción, por­que no esta­rían solo lle­gan­do exá­me­nes de este hos­pi­tal, sino tam­bién des­de muchos del sec­tor sur, y el pro­ble­ma mayor es la fal­ta de uno de los reactivos.

Del Ser­vi­cio de Salud Sur admi­ten que «efec­ti­va­men­te tie­nen muchos pro­ble­mas». «Fal­tan reac­ti­vos, de hecho las mues­tras de APS que se pro­ce­sa­ban en el Rober­to del Río, aho­ra tam­bién van al Lucio Córdova».

La expli­ca­ción que dan tie­ne que ver con los pro­ble­mas en lo kits que com­pró el minis­te­rio y que fue denun­cia­do en un repor­ta­je de Ciper. «Como no sir­ven, en los test hay fal­sos posi­ti­vos». Pero al pro­ble­ma de las tóru­las, que al ser poco fle­xi­bles impe­dían correc­ta­men­te obte­ner la mues­tras, aho­ra se suma­rían pro­ble­mas con los pro­pios reactivos.

«Aquí hubo un muy mal nego­cio. Lo que ven­de el Gobierno es que se com­pró un millón de test, pero en la prác­ti­ca se res­trin­ge la toma de exá­me­nes por los pro­ble­mas con el kit de toma de mues­tra y por difi­cul­ta­des en su pro­ce­sa­mien­to en los labo­ra­to­rios clí­ni­cos de los hos­pi­ta­les públicos».

Este pro­ble­ma, advier­ten fun­cio­na­rios de la salud, ha deri­va­do en que duran­te las últi­mas jor­na­das, por «video­con­fe­ren­cia les sugie­ren a los médi­cos de APS tomar exá­me­nes solo a gru­pos de ries­gos y con todos los sín­to­mas clí­ni­cos esta­ble­ci­dos en la guía Min­sal, inclui­da la fie­bre». Como ya se sabe, si no hay fie­bre, no se toma.

Los tes­teos en tiem­pos de escasez

En un con­tex­to de esca­sez de insu­mos médi­cos, en Chi­le de a poco se han ido amplian­do los luga­res de tes­teo, más allá de los hos­pi­ta­les o clí­ni­cas. Así, en las últi­mas sema­nas se ha inclui­do a los Cen­tro de Salud Fami­liar en la red que toma las mues­tras para rea­li­zar el test PCR, el cual es reser­va­do estric­ta­men­te a los pacien­tes con sín­to­mas y no cuen­ta con medi­das espe­cia­les para la pobla­ción de riesgo.

En la cir­cu­lar no se hace men­ción a un tra­to espe­cial en caso de per­so­nas de la ter­ce­ra edad o pacien­tes cró­ni­cos, que, como lo ha des­ta­ca­do el minis­tro Jai­me Maña­lich, con­for­man las carac­te­rís­ti­cas que más se repi­ten entre las per­so­nas falle­ci­das por coro­na­vi­rus. Por otra par­te, las cifras de pacien­tes asin­to­má­ti­cos alcan­zan el 75%, según con­sig­nó el pro­pio minis­tro de Salud, tras el encuen­tro de la OMS el jue­ves pasado.

El alcal­de de Inde­pen­den­cia, Gon­za­lo Durán, seña­la que “lo que hemos ale­ga­do los alcal­des es una fal­ta abso­lu­ta de infor­ma­ción (…), no tene­mos infor­ma­ción de cuán­tos test PCR se apli­can por comu­na, sabe­mos cuán­tos posi­ti­vos hay, pero sí no sabe­mos a cuán­tos veci­nos se les ha rea­li­za­do el test. Esto tie­ne una aris­ta en mate­ria de equi­dad: si apli­cas mil test en la zona orien­te y la mitad en comu­nas más pobres de San­tia­go, pue­de ser que esté subre­pre­sen­ta­da la pobla­ción más pobre. Sabe­mos que un 50% de los test los revi­san labo­ra­to­rios del sis­te­ma públi­co, el que atien­de al 70% de la pobla­ción, que son las per­so­nas más vulnerables”.

“La polí­ti­ca del Min­sal de que se tes­tea solo a los casos sin­to­má­ti­cos es com­ple­ta­men­te insu­fi­cien­te, la mejor demos­tra­ción está en hoga­res de adul­tos mayo­res. En Inde­pen­den­cia no habría­mos tes­tea­do ni al 10% de los casos si hubié­ra­mos segui­do la cir­cu­lar. Es nece­sa­rio que se tes­tee a toda la pobla­ción de ries­go. En su últi­mo repor­te, el minis­tro Maña­lich dijo que se infor­ma de 6 mil test PCR al día, pero que hay capa­ci­dad para apli­car 12 mil, enton­ces, podría tes­tear a la pobla­ción de ries­go, aun­que no ten­ga síntomas”.

Secre­tos de las autop­sias y las bol­sas mor­tuo­rias celestes

Como en los Ces­fam no se están rea­li­zan­do los tes­teos que se debie­ran, una de las con­se­cuen­cias fata­les –apun­ta Magaly Garay, pre­si­den­ta de la Fenats Hos­met – HLF y fun­cio­na­ria del hos­pi­tal con­ce­sio­na­do de La Flo­ri­da– es que la gen­te «se que­da en sus casas y lle­gan a los hos­pi­ta­les cuan­do ya se encuen­tran graves».

Y tal como el caso de don Agus­tín, situa­cio­nes como la que advier­te la diri­gen­ta metro­po­li­ta­na, suce­den tam­bién en el sur.

Uno de estos casos se regis­tró hace un mes, cuan­do el medio La Voz de Pucón publi­có el caso de una fami­lia que per­dió a su madre de 88 años, de ini­cia­les S.A.A., en el Hos­pi­tal de Pucón. La mujer fue inter­na­da el 26 de mar­zo en el recin­to asis­ten­cial, pre­sen­ta­ba un cua­dro de fie­bre y pro­ble­mas res­pi­ra­to­rios gra­ves y, a pesar de que le habían indi­ca­do hacer el test PCR al día siguien­te, murió esa mis­ma noche. La Sere­mi de Salud de La Arau­ca­nía y el Minis­te­rio Públi­co tuvie­ron cono­ci­mien­to del caso, pero S.A.A. no fue tras­la­da­da al Ins­ti­tu­to Médi­co Legal, ya que el doc­tor a car­go indi­có que no había sos­pe­cha de COVID-19 en su caso.

En el cer­ti­fi­ca­do de defun­ción –según reco­ge La Voz de Pucón– se cer­ti­fi­ca como cau­sa inme­dia­ta del falle­ci­mien­to una insu­fi­cien­cia res­pi­ra­to­ria agu­da y apun­ta como cau­sa ori­gi­na­ria una neu­mo­nía. Con­sul­ta­do al res­pec­to, el direc­tor médi­co del Hos­pi­tal de Pucón, doc­tor Luis López, expli­có que el recin­to no con­ta­ba con lo nece­sa­rio para rea­li­zar el test PCR y que no es posi­ble ase­ve­rar que S.A.A. falle­ció por coro­na­vi­rus. “No hay cómo con­fir­mar­lo. La seño­ra lle­gó por una neu­mo­nía, el diag­nós­ti­co de muer­te es neu­mo­nía. Dicho even­to pro­du­jo el dece­so”, seña­ló, al tiem­po que agre­gó que, como nun­ca se le reali­zó el test a la mujer, “no entra en la esta­dís­ti­ca oficial”.

«Ese es el gran pro­ble­ma», agre­ga Luis Mora­les, de la Fenats. «La gen­te que está falle­cien­do en su casa o en los hos­pi­ta­les no sabe­mos si están con­ta­gia­das o no, por­que los médi­cos están escri­bien­do en sus actas de defun­ción solos las enfer­me­da­des base, o por el cua­dro por el que se pre­sen­tó en el ser­vi­cio de urgen­cia», sos­tie­ne. Y agre­ga una dato adi­cio­nal, no menos preo­cu­pan­te: «Pero tam­po­co sabe­mos a qué casos se les están prac­ti­can­do autop­sias, hay secre­tis­mo, que no se entien­de. Por­que con esa infor­ma­ción se pue­de pre­ca­ver o adver­tir a fami­lia­res. Pero si lle­ga por una enfer­me­dad car­dio­rres­pi­ra­to­ria, aun cuan­do exis­te sos­pe­cha de que ten­ga COVID-19, lo que se escri­be es la enfer­me­dad respiratoria».

«El secre­tis­mo, las dudas sobre cómo se está mane­jan­do la pan­de­mia, cómo lo está hacien­do el minis­tro Maña­lich, están des­de el pri­mer día», pun­tua­li­za Óscar Rive­ra Ara­ya, secre­ta­rio gene­ral de la Fenats Nacio­nal Metro­po­li­ta­na. «Y don­de todas las irre­gu­la­ri­da­des se ven de mane­ra mani­fies­ta es en el Hos­pi­tal de La Flo­ri­da, en don­de has­ta diri­gen­tas sin­di­ca­les han sido gol­pea­das por auto­ri­da­des del hos­pi­tal por decir las cosas como son».

Rive­ra se refie­re al caso de Magaly Garay, pre­si­den­ta de la Fenats Hos­met – HLF. «En ese hos­pi­tal pasan cosas muy gra­ves», con­fir­ma Magaly. «Aquí todo se hace con mucho secre­tis­mo y lo que no se hace así es irra­cio­nal». En el mis­mo hos­pi­tal don­de se sui­ci­dó un adul­to mayor –caso con­fir­ma­do de Covid-19– con los cor­do­nes de sus zapa­tos y al cual no se prac­ti­có una autop­sia por­que, según la direc­ción del hos­pi­tal, los fami­lia­res no lo auto­ri­za­ron, en cir­cuns­tan­cias que un infor­me de Cara­bi­ne­ros reve­ló que la víc­ti­ma no tenía fami­lia­res. El per­so­nal de la Salud no pue­de acce­der a los insu­mos de pro­tec­ción per­so­nal, por­que todos están guar­da­dos en la ofi­ci­na de la direc­to­ra, sin que nadie pue­da usar­los. «En el piso de ciru­gía, tan­to el per­so­nal clí­ni­co como los enfer­mos, todos tie­nen COVID positivo».

Pero eso es que resul­ta irra­cio­nal, no se com­pa­ra con otras situa­cio­nes del todo anor­ma­les. «Apar­te de la per­so­na que se sui­ci­dó, en este hos­pi­tal no se han regis­tra­do muer­tes por COVID-19. Pero lo más extra­ño es que al menos tres falle­ci­dos han sido envuel­tos en bol­sas celes­tes, hecho con­fir­ma­do por fun­cio­na­rios de Ana­to­mía Pato­ló­gi­ca. ¿Y para qué se usan esas bol­sas? Para falle­ci­dos COVID. Pero ofi­cial­men­te aquí no se han regis­tra­do muer­tes por COVID», denun­cia. «Lo que pasa es que, aun sien­do posi­ti­vos, si tie­ne enfer­me­dad de base se le pone eso, lo que es bene­fi­cio­so para las esta­dís­ti­cas de mortalidad».

Rec­ti­fi­ca­ción en el mundo

Espa­ña, uno de los paí­ses más gol­pea­dos por el coro­na­vi­rus, ins­tau­ró en su pro­to­co­lo el examen post mor­tem para COVID-19, que no nece­sa­ria­men­te se rea­li­za vía PCR, sino que apun­ta­ría a la revi­sión de otras seña­les en el cuer­po de los falle­ci­dos. Ade­más, en Cata­lu­ña, des­de el 15 de abril se comen­zó a noti­fi­car a los fami­lia­res de los falle­ci­dos que no se les había rea­li­za­do el test PCR, pero que pre­sen­ta­ban sín­to­mas, como “casos pro­ba­bles” de coronavirus.

En Madrid, el 14 de abril, se infor­mó de “al menos 3.449 muer­tos con COVID-19 o sín­to­mas que no cons­tan en los datos dia­rios de Sani­dad”, según con­sig­nó el medio espa­ñol 20 Minu­tos. La cifra corres­pon­día a 2.820 falle­ci­dos en resi­den­cias para adul­to mayor, 616 en sus casas y 13 en otros luga­res, como la vía pública.

A media­dos de abril, Wuhan, epi­cen­tro de la pan­de­mia, revi­só su cifra de muer­tes y aña­dió 1.290, un 50 % más de las infor­ma­das. Mien­tras que en EE.UU. se des­cu­brió que la pri­me­ra muer­te por COVID-19 data del 6 de febre­ro en el con­da­do de San­ta Cla­ra, Cali­for­nia, no en Seattle el 26 de febre­ro, como se había dado a cono­cer ofi­cial­men­te. La infor­ma­ción se des­cu­brió lue­go que el foren­se clí­ni­co del con­da­do de San­ta Cla­ra revi­sa­ra las autop­sias de dos per­so­nas que murie­ron en sus casas el 6 y el 17 de febre­ro: ambos casos die­ron posi­ti­vos para coro­na­vi­rus, según infor­mó The New York Times.

A fines de mar­zo, el dia­rio El País publi­có el repor­ta­je “Cada país cuen­ta los muer­tos a su mane­ra y nin­guno lo hace bien”. Allí se entre­ga evi­den­cia de las dis­tin­tas for­mas de con­ta­bi­li­zar los falle­ci­mien­tos que había en Euro­pa has­ta el 30 de mar­zo. En Ita­lia se inclu­ye en el regis­tro de víc­ti­mas de coro­na­vi­rus a todos los pacien­tes que habían dado posi­ti­vo en las prue­bas y que han falle­ci­do, inde­pen­dien­te­men­te del res­to de aspec­tos de su his­to­rial clí­ni­co, siguien­do el cri­te­rio del Ins­ti­tu­to Supe­rior de Sani­dad. Pos­te­rior­men­te, se rea­li­za un estu­dio epi­de­mio­ló­gi­co para pro­fun­di­zar las cau­sas de muer­te. Las auto­ri­da­des hacen la dife­ren­cia entre “falle­ci­dos con coro­na­vi­rus y no por coronavirus».

En un ini­cio, en Rei­no Uni­do no se regis­tra­ban las cau­sas de la infec­ción res­pi­ra­to­ria de los pacien­tes falle­ci­dos, los médi­cos solo con­sig­na­ban bron­co­neu­mo­nía, neu­mo­nía o avan­za­da edad. En Fran­cia, sola­men­te se con­ta­bi­li­zan los falle­ci­mien­tos en cen­tros hos­pi­ta­la­rios y clí­ni­cas, dejan­do fue­ra a los falle­ci­dos en sus casas y hoga­res para adul­tos mayo­res. Cabe des­ta­car que más del 80% de los falle­ci­dos en dicho país corres­pon­de a per­so­nas de más de 70 años.

A todas estas difi­cul­ta­des para con­ta­bi­li­zar a los falle­ci­dos por COVID-19, se suma una posi­ble cau­sa aso­cia­da a la enfer­me­dad, que hoy está en ple­na inves­ti­ga­ción por el mun­do cien­tí­fi­co-foren­se: la coa­gu­la­ción en la san­gre en los pacien­tes crí­ti­cos por coro­na­vi­rus. El 23 de abril, The Washing­ton Post publi­có un artícu­lo en el que rela­ta­ba cómo médi­cos de Uni­da­des de Cui­da­dos Inten­si­vos de Esta­dos Uni­dos coin­ci­dían en que al menos un 30% de sus pacien­tes pre­sen­ta­ba alte­ra­cio­nes en su san­gre y la pre­sen­cia de trombos.

La aler­ta se pre­sen­tó pri­me­ro entre los hos­pi­ta­les de la Uni­ver­si­dad Emory, en Atlan­ta, pero la dis­cu­sión se amplió a los prin­ci­pa­les cen­tros médi­cos del país, espe­cia­lis­tas de Tufts, Yale-New Haven, Uni­ver­si­dad de Pen­sil­va­nia, Brigham and Women’s y el Hos­pi­tal Pres­bi­te­riano de Nue­va York. Aun­que no se logró con­sen­suar el por qué, “muchos lle­ga­ron a la con­clu­sión de que los coá­gu­los podrían ser res­pon­sa­bles de una par­te impor­tan­te de las muer­tes por COVID-19 en Esta­dos Uni­dos. Inclu­so podrían ser la expli­ca­ción de por qué tan­tas per­so­nas están falle­cien­do en sus casas”, plan­tea el cita­do artículo.

El Mos­tra­dor*

Itu­rria /​Fuen­te

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