Chi­le. Entre la revuel­ta de octu­bre y los ries­gos de una recu­pe­ra­ción neoliberal

Franck Gau­di­chaud. y Alex G. /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​24 de abril de 2020

Chi­le vivía des­de octu­bre en una gran revuel­ta social y popu­lar, con mani­fes­ta­cio­nes masi­vas con­tra el régi­men polí­ti­co, el neo­li­be­ra­lis­mo y con­tra las fuer­tes des­igual­da­des en las que está inmer­so el país. Ese pro­ce­so de rebe­lión con­si­guió lo que se podía inter­pre­tar como una con­ce­sión del gobierno del mul­ti­mi­llo­na­rio Sebas­tián Piñe­ra, al mis­mo tiem­po que como un inten­to de recu­pe­rar el poder polí­ti­co: la con­vo­ca­to­ria de un refe­rén­dum el 26 abril para deci­dir si se cam­bia­ba o no la Cons­ti­tu­ción, here­da­da, no hay que olvi­dar­lo, de la dic­ta­du­ra de Pino­chet. Con la pro­pa­ga­ción de la pan­de­mia el refe­rén­dum ha sido pos­pues­to has­ta el mes de octu­bre. Y como en el res­to del mun­do, las medi­das de con­fi­na­mien­to y los ries­gos de con­ta­gio han para­li­za­do las mani­fes­ta­cio­nes y pro­tes­tas que se venían desarrollando.

Epi­de­mia y lucha de clases

El Covid-19 lle­gó a San­tia­go a tra­vés de las per­so­nas más ricas pro­ve­nien­tes de dis­tin­tos paí­ses de Euro­pa, Chi­na o de via­jes en cru­ce­ro. Pro­por­cio­nal­men­te, Chi­le es el país más afec­ta­do por la epi­de­mia de toda Amé­ri­ca Lati­na; sin embar­go, su tasa de mor­ta­li­dad es infe­rior a la de Ecua­dor. Es de domi­nio públi­co el no res­pe­to del con­fi­na­mien­to por par­te, sobre todo, de las fami­lias aco­mo­da­das que via­jan entre sus resi­den­cias prin­ci­pa­les y secun­da­rias. Esto ha lle­va­do inclu­so a la orga­ni­za­ción de pro­tes­tas y de la acción direc­ta a tra­vés de barri­ca­das: los habi­tan­tes de los pue­blos bal­nea­rios bus­can de ese modo impe­dir la lle­ga de los miem­bros de la bur­gue­sía capi­ta­li­na a sus zonas vera­nie­gas. Duran­te el fin de sema­na de Pas­cua, algu­nos miem­bros de la gran patro­nal, para evi­tar los con­tro­les poli­cia­les, han lle­va­do has­ta el absur­do el esca­par del con­fi­na­mien­to, ¡via­jan­do en heli­cóp­te­ro a sus man­sio­nes vera­nie­gas de la costa!

Las nume­ro­sas asam­bleas loca­les que se pusie­ron en pie tras la revuel­ta que esta­lló en octu­bre han per­mi­ti­do cuan­do menos cier­to nivel de res­pues­ta popu­lar para hacer fren­te a la cri­sis sani­ta­ria y dar con­ti­nui­dad a la lucha con­tra Piñe­ra y su mun­do. Estos espa­cios auto­or­ga­ni­za­dos desem­pe­ña­ron un papel fun­da­men­tal duran­te la revuel­ta: garan­ti­zar el abas­te­ci­mien­to mien­tras los comer­cios per­ma­ne­cían cerra­dos, garan­ti­zar la segu­ri­dad y la vigi­lan­cia fren­te a la vio­la­ción de los dere­chos huma­nos por par­te de la poli­cía y la orga­ni­za­ción de las pro­tes­tas. Con el paso del tiem­po, estas asam­bleas se con­vir­tie­ron en espa­cios deli­be­ra­ti­vos y de deba­te polí­ti­co por aba­jo. Para Kari­na Noha­les, de la Coor­di­na­do­ra femi­nis­ta del 8 de mar­zo, «con la pan­de­mia, las asam­bleas de barrio han per­mi­ti­do ela­bo­rar sin demo­ra las lis­tas de per­so­nas mayo­res, de quie­nes se encuen­tran en situa­ción de penu­ria eco­nó­mi­ca y de gen­te ais­la­da y en situa­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad para orga­ni­zar la ayu­da a las mis­mas. Sin embar­go tam­po­co hay que pen­sar que en este momen­to estas redes socia­les barria­les van a per­mi­tir una orga­ni­za­ción para­le­la al Esta­do con un impac­to social importante».

«El mie­do que había des­apa­re­ci­do está de vuel­ta con la epidemia»

Para el gobierno la cri­sis sani­ta­ria ha sido una bue­na opor­tu­ni­dad para recu­pe­rar rela­ti­va­men­te la ini­cia­ti­va polí­ti­ca y de comen­zar a gober­nar tras meses de pará­li­sis y pro­tes­tas. Es lo que, de for­ma sim­bó­li­ca, tes­ti­mo­nia la ima­gen de Sebas­tián Piñe­ra paseán­do­se y hacién­do­se fotos en la Pla­za de la dig­ni­dad, epi­cen­tro de las mani­fes­ta­cio­nes y de los enfren­ta­mien­tos con la poli­cía des­de octu­bre. Como recuer­da Kari­na Noha­les, «Duran­te los meses de la revuel­ta, todo lo que decía el gobierno ali­men­ta­ba la revuel­ta y aumen­ta­ba la rabia de la gen­te movi­li­za­da. Aho­ra mis­mo, fren­te a la pan­de­mia, el país está más o menos obli­ga­do a obe­de­cer los dic­ta­dos del gobierno. Esto no sig­ni­fi­ca que las deci­sio­nes guber­na­men­ta­les sean asu­mi­das acrí­ti­ca­men­te, pero no tene­mos la posi­bi­li­dad de mani­fes­tar­nos. Aun­que, por su par­te, el gobierno no las tie­ne todas con­si­go. Una expre­sión de ello es la agu­di­za­ción de las medi­das repre­si­vas y el refor­za­mien­to del esta­do de excep­ción que ya esta­ba en mar­cha des­de octu­bre. Piñe­ra sabe que solo pue­de gober­nar gra­cias a la excep­cio­na­li­dad del momen­to». En efec­to, la pan­de­mia emer­ge como un momen­to de rup­tu­ra con la nor­ma­li­dad en el seno de una situa­ción ya excep­cio­nal. Según las dis­tin­tas encues­tas de opi­nión, el índi­ce de apro­ba­ción del pre­si­den­te del gobierno se sitúa por deba­jo del 8%, es decir, el nivel más bajo des­de el fin de la dic­ta­du­ra en 1990. Hay que seña­lar que la ges­tión de la pan­de­mia esta sien­do catás­tró­fi­ca, con errá­ti­cas medi­das de con­fi­na­mien­to que varían de una ciu­dad a otra, de un barrio a otro y de una calle a otra; y que, sobre todo, están dic­ta­das por el impe­ra­ti­vo de man­te­ner la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca bajo la pre­sión de la patro­nal local. Maña­na y tar­de, el metro de San­tia­go está aba­rro­ta­do de tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras pobres y pre­ca­rios, y las calles lle­nas de tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras del sec­tor infor­mal que no tie­nen otra opción que ir a tra­ba­jar para ganar unos pocos pesos.

La minis­tra de la Salud ha mul­ti­pli­ca­do las decla­ra­cio­nes opti­mis­tas a pesar de que la pan­de­mia no ha hecho mas que comen­zar y que el sis­te­ma sani­ta­rio públi­co no tie­ne capa­ci­dad para absor­ber una afluen­cia masi­va de enfer­mos por el Covid-19. Más en gene­ral, la red sani­ta­ria está extre­ma­da­men­te seg­men­ta­da y aban­do­na­da a la lógi­ca del mer­ca­do y de las ase­gu­ra­do­ras pri­va­das, mien­tas que las cla­ses popu­la­res deben con­ten­tar­se con hos­pi­ta­les aba­rro­ta­dos y mal equi­pa­dos. «Es por eso que el mie­do que había des­apa­re­ci­do está de vuel­ta con la epi­de­mia», como indi­ca Kari­na Noha­les. «Por tan­to, nues­tro desa­fío polí­ti­co es vin­cu­lar las pro­tes­tas acu­mu­la­das a lo lar­go de estos últi­mos meses y la for­ma como la pan­de­mia pone al des­cu­bier­to, de for­ma bru­tal, todos los ele­men­tos de la cri­sis. Pero no es fácil lograr esa poli­ti­za­ción de masas».

Los tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras pagan la crisis

La com­bi­na­ción de la cri­sis sani­ta­ria y cri­sis eco­nó­mi­ca con­du­ce a la mayo­ría de la pobla­ción chi­le­na a una situa­ción catas­tró­fi­ca. La Admi­nis­tra­ción de los fon­dos de pen­sio­nes (AFP) que ges­tio­nan las pen­sio­nes, todas ellas pri­va­ti­za­das des­de los años 1980 –si excep­tua­mos ¡la de los mili­ta­res!- ya han per­di­do el 20% de sus fon­dos. Y esto no ha hecho más que empe­zar. En 2008, duran­te todo el perío­do de la cri­sis eco­nó­mi­ca, las pér­di­das lle­ga­ron al 40%. Las medi­das eco­nó­mi­cas anun­cia­das por el gobierno se refie­ren a tres ele­men­tos defi­ni­dos en fun­ción de las exi­gen­cias de la gran patro­nal (los Luk­sic, Mat­te, Ange­li­ni y otros que con­tro­lan la economía):

  • Ayu­das a las empre­sas, faci­li­tán­do­les cré­di­tos a un tipo de inte­rés bajo;
  • Ayu­das al sec­tor infor­mal, y a las y los autó­no­mos, si bien con can­ti­da­des ridí­cu­la­men­te bajas y sólo para un sec­tor redu­ci­do de los mismos.
  • Para la gen­te asa­la­ria­da, se ofre­ce la posi­bi­li­dad de sus­pen­der el con­tra­to de tra­ba­jo, pero ¡sin dere­cho al sala­rio! La úni­ca obli­ga­ción de las y los emplea­do­res es de coti­zar a las AFP, al Fon­do Nacio­nal de Salud y al segu­ro de des­em­pleo, pero al 50%. Así pues, es la gen­te asa­la­ria­da quien paga la cri­sis, por­que su úni­ca fuen­te de ingre­sos es el segu­ro de des­em­pleo, finan­cia­do por los pro­pios tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras. Todo ello, tenien­do en cuen­ta que el impor­te que van a reci­bir no se corres­pon­de de lo que han coti­za­do, como es lógi­co en el sis­te­ma de capi­ta­li­za­ción e indi­vi­dua­li­za­ción que exis­te en Chi­le. Más de 23.000 empre­sas se han aco­gi­do a esta medi­da que afec­ta a 350.000 per­so­nas; la mayo­ría de ellas no cobra­rá más que la mitad del sala­rio mínimo.

Esta sus­pen­sión del con­tra­to de tra­ba­jo ya se apli­ca en las cade­nas de comi­da rápi­da (Stark Bucks, Bur­ger King). Tam­bién se han dado des­pi­dos masi­vos en el sec­tor hote­le­ro, de la res­tau­ra­ción y del comer­cio. Cuan­do se acti­vó el con­fi­na­mien­to en los barrios ricos de San­tia­go, hubo una ola de des­pi­dos masi­vos en el sec­tor de la cons­truc­ción debi­do a que se para­ron todas las obras.

Los sin­di­ca­tos no están a la altura

La res­pues­ta sin­di­cal no ha esta­do a la altu­ra de la situa­ción. Su inter­ven­ción ha esta­do cen­tra­da fun­da­men­tal­men­te en inten­tar con­ser­var los pues­tos de tra­ba­jo sin plan­tear el dere­cho a aban­do­nar el tra­ba­jo [mien­tras no se cum­plan las con­di­cio­nes sani­ta­rias nece­sa­rias] y sin plan­tear­se cómo garan­ti­zar un con­fi­na­mien­to digno y segu­ro para millo­nes de per­so­nas. Muchos sin­di­ca­tos han con­ti­nua­do apa­lan­ca­dos en la lógi­ca de que el con­fi­na­mien­to podría poner en ries­go el empleo. Sin embar­go otras orga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les han impul­sa­do deman­das judi­cia­les para pro­te­ger los dere­chos fun­da­men­ta­les y la salud de sus afi­lia­dos y afi­lia­das. Los tri­bu­na­les labo­ra­les han dic­ta­do reso­lu­cio­nes por las que auto­ri­zan a los tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras a no acu­dir al pues­to de tra­ba­jo, sin per­der su sala­rio, si las con­di­cio­nes de higie­ne y segu­ri­dad no esta­ban garan­ti­za­das. Pero, a pesar de ello, aún muchos sin­di­ca­tos no se aco­gen a ellas.

La Coor­di­na­do­ra femi­nis­ta del 8 de mar­zo, en rela­ción con otras orga­ni­za­cio­nes femi­nis­tas, lan­zó una cam­pa­ña para res­pon­der a la vio­len­cia machis­ta y de géne­ro en el perío­do de con­fi­na­mien­to. Este espa­cio femi­nis­ta uni­ta­rio, que reu­nió a millo­nes de per­so­nas el 8 de mar­zo últi­mo, tam­bién impul­só la huel­ga en defen­sa de la vida; es decir, una huel­ga para exi­gir la pues­ta en pié de un plan de urgen­cia social y sani­ta­ria para hacer fren­te a la pan­de­mia y a sus consecuencias.

Sema­nas que defi­nen el futuro

Sin duda, tan­to en Chi­le como en Fran­cia, el fin del con­fi­na­mien­to esta­rá mar­ca­do por la vuel­ta de las mani­fes­ta­cio­nes, de las huel­gas y de las movi­li­za­cio­nes socia­les. Las cla­ses domi­nan­tes chi­le­nas tra­tan de apro­ve­char bien la pan­de­mia para hacer avan­zar su pro­pia agen­da y orga­ni­zar la recu­pe­ra­ción de la ini­cia­ti­va que les per­mi­ta cana­li­zar y neu­tra­li­zar la cri­sis polí­ti­ca actual, al mis­mo tiem­po que con­ti­núan con la repre­sión. Y todas las oca­sio­nes serán bue­nas para ello. Un ejem­plo es la lucha de nume­ro­sas fami­lias y mili­tan­tes para exi­gir la libe­ra­ción de cien­tos de pre­sos y pre­sas polí­ti­cas de la revuel­ta de octu­bre, dado que las pri­sio­nes cons­ti­tu­yen un ries­go aña­di­do para el con­ta­gio. Final­men­te, una par­te de las per­so­nas dete­ni­das en el país, con­si­de­ra­das como no peli­gro­sas, pasa­rán a una situa­ción de deten­ción domi­ci­lia­ria debi­do a la urgen­cia sani­ta­ria, sin que se haya dado una res­pues­ta con­cre­ta a quie­nes están en pri­sión por haber par­ti­ci­pa­do en la movi­li­za­ción social. Apro­ve­chan­do esta coyun­tu­ra, varios par­la­men­ta­rios de la dere­cha exi­gie­ron al poder la nece­si­dad de libe­rar tam­bién a los res­pon­sa­bles de la sis­te­ma­ti­ca vio­la­ción de los dere­chos huma­nos de la dic­ta­du­ra que se encuen­tran en pri­sio­nes de lujo. Fren­te a la indig­na­ción social crea­da y a pesar del apo­yo a esta medi­da por par­te de jue­ces pino­che­tis­tas, el gobierno tuvo que dar mar­cha atrás.

Así pues, las pró­xi­mas sema­nas serán, sin duda, deter­mi­nan­tes (tan­to des­de el pun­to de vis­ta de la salud públi­ca y sani­ta­ria del país, como de la capa­ci­dad del movi­mien­to popu­lar para con­ti­nuar a impul­sar las rei­vin­di­ca­cio­nes ema­na­das de la revuel­ta de octu­bre), para hacer recu­lar a la dere­cha y a la extre­ma dere­cha nos­tál­gi­ca de la dic­ta­du­ra, al mis­mo tiem­po que se exi­ge un plan de urgen­cia para hacer fren­te a la Covid-19.

El otro desa­fío se sitúa en la capa­ci­dad para apro­ve­char este tiem­po de tran­si­ción, aún ines­ta­ble, para comen­zar a tejer for­mas de orga­ni­za­ción polí­ti­ca por aba­jo que pue­dan ofre­cer una pers­pec­ti­va cla­ra, demo­crá­ti­ca y radi­cal a la fuer­za de las luchas que se vie­nen expre­san­do en las calles des­de hace meses con un régi­men polí­ti­co en ple­na des­com­po­si­ción y con­tra el mode­lo neoliberal.

Franck Gau­di­chaud, pro­fe­sor de his­to­ria y civi­li­za­ción de Amé­ri­ca Lati­na en la Uni­ve­si­dad de Tou­lou­se, del comi­té edi­to­rial de Con­tre­Temps y mili­tan­te del NPA.

Alex G. Mili­tan­te del NPA en Toulouse.

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Tra­duc­ción: vien­to sur

Itu­rria /​Fuen­te

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