Esta­dos Uni­dos. Memo­ria: Harriet Tub­man, la con­duc­to­ra de la libertad

Por Luciano Andrés Valen­cia, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 23 abril 2020

Harriet Tub­man es un sím­bo­lo de la lucha con­tra la escla­vi­tud en el sur esta­dou­ni­den­se y una de las per­so­nas más influ­yen­tes en la his­to­ria de su país. Naci­da en 1820 o 1821 en el con­da­do de Dor­ches­ter (Mary­land) con el nom­bre de Ama­rin­ta Ross, era hija de Ben­ja­min Ross y Harriet Green, matri­mo­nio escla­vo que tuvo 11 hijos.

Nun­ca apren­dió a leer o escri­bir. De niña tra­ba­jó para una mujer de nom­bre Miss Susan, que le encar­ga­ba la vigi­lan­cia de un bebe mien­tras dor­mía. Si el niño llo­ra­ba, era dura­men­te cas­ti­ga­da. Lle­gó a reci­bir cin­co azo­tes antes del desa­yuno. A los 6 o 7 años fue sor­pren­di­da roban­do azú­car y, para evi­tar el cas­ti­go, deci­dió huir. El ham­bre le hizo regre­sar y fue bru­tal­men­te azo­ta­da. Los azo­tes a escla­vos tenían como obje­ti­vo incul­car el terror para que nun­ca más pen­sa­ran en fugar­se. Sin embar­go la lec­ción que apren­dió fue dife­ren­te: no hay camino de retorno una vez que se rea­li­za la fuga.

Más tar­de tra­ba­jó para el hacen­da­do James Cook vigi­lan­do tram­pas para ratas en un pan­tano. El frío le gene­ró pro­ble­mas de salud, por lo que fue devuel­ta a su anti­gua due­ña. Lue­go se desem­pe­ñó en varias granjas.

Su carác­ter rebel­de hizo que fue­ra cas­ti­ga­da cons­tan­te­men­te. Sien­do ado­les­cen­te reci­bió una heri­da en la cabe­za, al ser alcan­za­da por una pesa de un kilo­gra­mo que un capa­taz arro­jó con­tra un escla­vo fugi­ti­vo que Harriet se había nega­do a ayu­dar a cap­tu­rar. A par­tir de enton­ces empe­zó a sufrir ata­ques de apo­ple­jía, dolo­res de cabe­za, visio­nes e hiper­som­nia. Devo­ta cris­tia­na, atri­buía sus visio­nes a pre­mo­ni­cio­nes divinas.

En 1844 fue obli­ga­da a casar­se con un hom­bre negro libre lla­ma­do John Tub­man, con el que vivió cin­co años y no tuvo hijos. Por enton­ces empe­zó a uti­li­zar el nom­bre de su madre, Harriet, y el ape­lli­do de su espo­so. Tam­bién inda­gó en la his­to­ria de su fami­lia. En 1840 su padre Ben había sido libe­ra­do a la edad de 44 años como esta­ble­cía el tes­ta­men­to de su anti­guo amo. Gra­cias a los ser­vi­cios de un abo­ga­do blan­co des­cu­brió que su madre había sido libre por un bre­ve perio­do de tiem­po, por­que el pri­mer amo había muer­to sin hacer pre­vi­sión de ella. Sin embar­go nadie le había dicho esto y al poco tiem­po vol­vió a ser escla­va. Esto acen­tuó su recha­zo a la esclavitud.

En 1849 su amo de enton­ces Edward Bro­dess inten­tó ven­der­la debi­do a sus pro­ble­mas de salud. Cuen­tan que Harriet rezó en un pri­mer momen­to para hacer­le cam­biar de opi­nión. Cuan­do pare­cía que la ven­ta podía con­cre­tar­se, deci­dió cam­biar sus ora­cio­nes: “A prin­ci­pios de mar­zo empe­cé a rezar, Oh mi Señor, si no pue­des cam­biar el cora­zón de ese hom­bre, máta­le” (1). Extra­ña­men­te Bro­dess murió, pero esto no mejo­ró su situa­ción por­que la fami­lia fue sepa­ra­da y ven­di­da a dife­ren­tes haciendas.

El 17 de sep­tiem­bre de 1849 esca­pó jun­to a sus her­ma­nos Ben y Henry. Su amo Anthony Thom­pson no los detec­tó en un pri­mer momen­to por­que habían sido recien­te­men­te ven­di­dos, pero al tomar cono­ci­mien­to publi­có un anun­cio en el Demo­crat en don­de ofre­cía 100 dóla­res por cada fuga­do. Ante esto lo pen­sa­ron mejor, y como Ben había sido padre recien­te­men­te, deci­die­ron vol­ver. Sin embar­go al poco tiem­po Tub­man deci­dió esca­par nuevamente.

Guia­da solo por la Estre­lla Polar y via­jan­do de noche para evi­tar las patru­llas de caza­do­res de escla­vos, Harriet logró lle­gar al Esta­do libre de Pennsyl­va­nia, en el nor­te de los Esta­dos Uni­dos. Años des­pués rela­ta­ría esta expe­rien­cia de la siguien­te mane­ra: “Cuan­do des­cu­brí que había cru­za­do la línea, dijo, miré mis manos para ver si era la mis­ma per­so­na. Hubo tal glo­ria sobre cada cosa; el sol lle­gó como el oro a tra­vés de los árbo­les, y se ocu­pó de los cam­pos, y sen­tí que esta­ba en el cie­lo” (2).

Se des­co­no­ce la ruta que pudo haber uti­li­za­do, pero siem­pre estu­vo liga­da al lla­ma­do “Ferro­ca­rril Sub­te­rrá­neo” (Under­ground Rail­road), una red clan­des­ti­na para ayu­dar a esca­par a los escla­vos hacia los esta­dos nor­te­ños don­de la escla­vi­tud había sido abo­li­da. Esta­ba for­ma­do por anti­guos escla­vos, acti­vis­tas abo­li­cio­nis­tas blan­cos y miem­bros de la Socie­dad Reli­gio­sa de los Ami­gos Cuá­que­ros, opues­ta a la escla­vi­tud. No era real­men­te un ferro­ca­rril, sino que su nom­bre pro­ve­nía de que uti­li­za­ban tér­mi­nos ferro­via­rios: los “con­duc­to­res” o “maqui­nis­tas” eran quie­nes ayu­da­ban a esca­par a los escla­vos; las “esta­cio­nes” eran las casas segu­ras don­de los fugi­ti­vos podían escon­der­se, ali­men­tar­se, des­can­sar y reci­bir aten­ción médi­ca; los “pasa­je­ros” eran los fuga­dos; los “carri­les” las rutas de esca­pe; la “Esta­ción Cen­tral” la jefa­tu­ra y el “Des­tino” los Esta­dos nor­te­ños (3). Harriet lle­gó a ser la con­duc­to­ra más famo­sa del Ferrocarril.

Se cree que el Ferro­ca­rril Sub­te­rrá­neo libe­ró a 100.000 per­so­nas entre 1810 y 1860 (4). Para algu­nos auto­res, esta cifra es muy pobre ya que sig­ni­fi­ca alre­de­dor de 2 mil al año, en una pobla­ción escla­va que había lle­ga­do a los 3 millo­nes y con­ti­nua­ba cre­cien­do a una tasa de 70 mil por año. Sin embar­go los hacen­da­dos lo veían como una ame­na­za a su dere­cho a la pro­pie­dad y algo que ins­ta­ba a la rebe­lión, por lo que lle­va­ron a cabo accio­nes ten­dien­tes a poner­le fin (5).

Los casos de blan­cos pobres o de ideas revo­lu­cio­na­rias que ayu­da­ban a los escla­vos negros no eran nume­ro­sos, pero sí sufi­cien­tes para gene­rar la aler­ta de los escla­vis­tas que temían una unión entre ambos colec­ti­vos. A su vez los negros ayu­da­ban a los blan­cos nece­si­ta­dos. Un escla­vo fugi­ti­vo con­tó el caso de una mujer que reci­bió 50 lati­ga­zos por dar comi­da a su vecino blan­co enfer­mo. El canal de Bruns­wick, en Geor­gia, sepa­ró a los escla­vos negros de los tra­ba­ja­do­res blan­cos irlan­de­ses e ita­lia­nos con la excu­sa de que podían agre­dir­se mutua­men­te. Otra estra­te­gia uti­li­za­da por los terra­te­nien­tes fue con­tra­tar como capa­ta­ces a blan­cos de los barrios más pobres (6).

Reco­rri­do del Ferro­ca­rril Sub­te­rrá­neo. Fuen­te: http://​www​.harriet​-tub​man​.org/​u​n​d​e​r​g​r​o​u​n​d​-​r​a​i​l​r​o​ad/
En 1850 Harriet supo que su sobri­na Kes­siah iba a ser ven­di­da jun­to con sus hijos. Horro­ri­za­da, regre­só a Mary­land don­de la res­ca­tó para lle­var­la a Pennsyl­va­nia. Tiem­po des­pués regre­sa­ría a bus­car al res­to de su fami­lia. Su espo­so John no qui­so huir por­que hacía poco que había con­traí­do nue­va­men­te matri­mo­nio con una mujer lla­ma­da Caro­li­ne, con la que for­ma­ría una fami­lia y vivi­rían jun­tos por 16 años, has­ta que él fue­ra ase­si­na­do en una pelea con un hom­bre blanco.

Ese mis­mo año el Con­gre­so de los Esta­dos Uni­dos apro­bó la Ley del Escla­vo Fugi­ti­vo, una con­ce­sión a los Esta­dos sure­ños a cam­bio de la admi­sión a la Unión de los terri­to­rios mexi­ca­nos con­quis­ta­dos por la gue­rra de 1846 – 1848 (en espe­cial Cali­for­nia) como Esta­dos libres. La ley faci­li­ta­ba a los caza­do­res escla­vos la cap­tu­ra de fugi­ti­vos o de negros acu­sa­dos de huir (7).

Pese a que los Esta­dos del Nor­te ya no eran segu­ros –por­que aho­ra serían devuel­tos al sur‑, Harriet Tub­man y el Ferro­ca­rril Sub­te­rrá­neo con­ti­nua­ron con su tra­ba­jo. El des­tino era aho­ra Cana­dá y, en menor medi­da, Méxi­co –don­de actual­men­te hay una comu­ni­dad negra des­cen­dien­te de aque­llos escla­vos fugi­ti­vos-. Reali­zó un total de 19 via­jes al sur libe­ran­do a miles de escla­vos. Para enga­ñar a caza­do­res y capa­ta­ces solía uti­li­zar dis­fra­ces y ocul­tar­se en casas segu­ras o igle­sias que apo­ya­ban el abo­li­cio­nis­mo. Las hui­das se rea­li­za­ban en las lar­gas y oscu­ras noches de invierno, y solían ele­gir los días sába­do sabien­do que los perió­di­cos no impri­mi­rían las noti­cias has­ta la maña­na del lunes.

A los fugi­ti­vos les decía “Serás libre o mori­rás”. Así expre­sa­ba su filo­so­fía: “Había una o dos cosas a que tenía dere­cho: liber­tad o muer­te. Si no tenía una ten­dría la otra, por­que nin­gún hom­bre me iba a cap­tu­rar con vida” (8). Muchas veces debió ame­na­zar con un arma a algún fugi­ti­vo arre­pen­ti­do, ya que su regre­so ponía en peli­gro a todo el grupo.

El abo­li­cio­nis­ta Tho­mas Garret la lla­mó “Moses” (Moi­ses) por­que guia­ba a su pue­blo a la “Tie­rra Prometida”.

Se dice que se ofre­cía por ella una recom­pen­sa de 40 mil dóla­res, lo que pare­ce exa­ge­ra­do, ya que años des­pués el gobierno fede­ral ofre­ce­ría una recom­pen­sa de 25 mil dóla­res por cual­quier infor­ma­ción sobre los cons­pi­ra­do­res en el ase­si­na­to de Abraham Lin­coln. Es posi­ble que esto fue­ra un mito crea­do años des­pués para ayu­dar­le a tener una pen­sión de gue­rra. En los dia­rios de la épo­ca no se men­cio­na tal recompensa.

El abo­li­cio­nis­ta radi­cal John Brown dijo de ella: “una de las per­so­nas más valien­tes del con­ti­nen­te; gene­ral Tub­man, así la lla­ma­mos aquí” (9). Estu­vo vin­cu­la­da con sus pla­nes para rea­li­zar una incur­sión al arse­nal de Har­per Ferry, pero su esta­do de salud no le per­mi­tió par­ti­ci­par. La rebe­lión fra­ca­só y Brown fue ahor­ca­do acu­sa­do de alta traición.

En 1859 el sena­dor abo­li­cio­nis­ta William H. Seward le ven­dió por 1200 dóla­res un terreno en Auburn (New York), don­de cons­tru­yó su vivien­da e ins­ta­ló a su fami­lia. Por enton­ces la ciu­dad era el cen­tro de la lucha antiesclavista.

Par­ti­ci­pó en la Gue­rra de Sece­sión Ame­ri­ca­na (1861−1865) como par­te de las fuer­zas de la Unión en con­tra de los Esta­dos Con­fe­de­ra­dos sure­ños. Fue en un pri­mer momen­to enfer­me­ra, don­de se des­ta­có por sus cono­ci­mien­tos que per­mi­tían evi­tar infec­cio­nes y ampu­tacio­nes de miem­bros. Estu­vo bajo el man­do de varios gene­ra­les, entre ellos Ben­ja­min But­ter, que había ayu­da­do a esca­par a varios escla­vos, y David Hun­ter, miem­bro del movi­mien­to abo­li­cio­nis­ta. Cuan­do el pre­si­den­te Abraham Lin­coln repren­dió a Hun­ter por libe­rar escla­vos, Harriet lo con­de­nó por su fal­ta de ini­cia­ti­va para aca­bar con la escla­vi­tud en el sur nor­te­ame­ri­cano: “Dios no per­mi­ti­rá que el señor Lin­coln ven­za al Sur has­ta que no haga lo correc­to” (10).

El 22 de julio de 1862 el pre­si­den­te Lin­coln pre­pa­ró una decla­ra­ción anun­cian­do la libe­ra­ción de algu­nos escla­vos, y leyó esta Pro­cla­ma de Eman­ci­pa­ción a su gabi­ne­te, hallan­do una fría des­apro­ba­ción. El sena­dor Seward seña­ló que tal anun­cio en un momen­to en que la Unión esta­ba sien­do derro­ta­da en los cam­pos de bata­lla sería vis­to como una acción deses­pe­ra­do de un gobierno cons­cien­te de que no podía ganar la gue­rra y, por lo tan­to, tra­ta­ba de pro­vo­car una rebe­lión de escla­vos. Pri­me­ro, la Unión debía obte­ner una gran vic­to­ria para que la eman­ci­pa­ción pare­cie­ra un ges­to gene­ro­so del ven­ce­dor. Lin­coln estu­vo de acuer­do con esto (11).

Ante esta fal­ta de acción del gobierno, Tub­man expre­só que: “El señor Lin­coln es un gran hom­bre, y yo soy una pobre negra; pero el negro pue­de decir­le a Lin­coln cómo aho­rrar dine­ro y vidas jóve­nes. Él pue­de hacer­lo libe­ran­do a los negros. Supon­ga­mos que una asque­ro­sa ser­pien­te está en el sue­lo. Ella te muer­de. Tu gen­te asus­ta­da te envía al médi­co para que te cure la heri­da y no mue­ras; pero la ser­pien­te con­ti­núa rodeán­do­te tu pier­na y mien­tras el doc­tor te está curan­do ella te vuel­ve a mor­der. El doc­tor te cura esa mor­de­du­ra, pero mien­tras lo hace la ser­pien­te vuel­ve a mor­der­te y segui­rá hacién­do­lo has­ta que la mates. Eso es lo que debe­ría saber el señor Lin­coln” (12).

El 17 de sep­tiem­bre de 1862 se pro­du­jo la Bata­lla de Anti­etam, la más san­grien­ta de toda la gue­rra con 23 mil muer­tos en un solo día, en don­de el gene­ral unio­nis­ta Geor­ge McCle­llan obli­gó a reti­rar­se al gene­ral con­fe­de­ra­do Robert Lee. La bata­lla de Anti­etam fue un empa­te, según con­si­de­ra­cio­nes estric­ta­men­te mili­ta­res, pero, pues­to que Lee se vio obli­ga­do a huir y renun­ciar a su plan de inva­dir terri­to­rio fede­ral, estra­té­gi­ca­men­te fue una vic­to­ria de la Unión. El 22 de sep­tiem­bre, cin­co días des­pués de la bata­lla, Abraham Lin­coln anun­ció que, como medi­da de gue­rra basa­da en sus pode­res de Coman­dan­te en Jefe, los escla­vos de todas las regio­nes ocu­pa­das por las fuer­zas con­fe­de­ra­das serían libres des­de el 1° de enero de 1863 (13).

La Pro­cla­ma­ción de Eman­ci­pa­ción tuvo esca­sos efec­tos prác­ti­cos en lo con­cer­nien­te a los escla­vos. En aque­llas zonas don­de la escla­vi­tud era legal y esta­ban con­tro­la­das por las fuer­zas de la Unión, la Pro­cla­ma­ción no se apli­ca­ba. Solo decla­ra­ba la abo­li­ción de la escla­vi­tud en los Esta­dos bajo con­trol de la Con­fe­de­ra­ción. Por lo tan­to, la pro­cla­ma­ción no libe­ró a nin­gún escla­vo. Sin embar­go jugo un papel muy impor­tan­te en pre­dis­po­ner la opi­nión públi­ca a favor de la cau­sa unio­nis­ta y evi­tó la inter­ven­ción direc­ta de Gran Bre­ta­ña para apo­yar la inde­pen­den­cia de la Con­fe­de­ra­ción (14). Harriet Tub­man tam­bién lo con­si­de­ró un paso impor­tan­te para la abo­li­ción de la esclavitud.

La gue­rra toda­vía dura­ría dos años más y las muje­res negras juga­rían un impor­tan­te papel en el triun­fo de la Unión. Tub­man ofre­ció su expe­rien­cia y habi­li­da­des para la cau­sa y reali­zó incur­sio­nes en hacien­das al fren­te de tro­pas negras y blan­cas. Duran­te el asal­to de Com­bahee River, el 2 de junio de 1863, libe­ró a 750 esclavos.

El 9 abril de 1865 la Con­fe­de­ra­ción se rin­dió tras ser derro­ta­da en la Bata­lla de Appo­mat­tox y el país fue uni­fi­ca­do bajo el lide­raz­go del nor­te capi­ta­lis­ta. El 31 de enero, antes de fina­li­zar la gue­rra, el Con­gre­so había apro­ba­do con los dos ter­cios de los votos nece­sa­rios la 13° Enmien­da a la Cons­ti­tu­ción que ponía fin a la escla­vi­tud legal, y el 6 de diciem­bre fue rati­fi­ca­da por los Esta­dos miem­bros de la Unión, ya que los Esta­dos rebel­des esta­ban bajo ocu­pa­ción mili­tar has­ta que se resol­vie­ra su rein­cor­po­ra­ción. El pre­si­den­te Lin­coln no lle­gó a ver esto por­que el 14 de abril fue ase­si­na­do por un fun­da­men­ta­lis­ta sureño.

Aun­que la escla­vi­tud había sido abo­li­da, poco cam­bió la vida para la pobla­ción negra. Duran­te su via­je en tren al Esta­do de New York, el revi­sor le orde­nó que se reti­ra­ra al vagón para fuma­do­res. Al negar­se fue agre­di­da por el fun­cio­na­rio, que lle­gó a rom­per­le el bra­zo. En Auburn se ocu­pó de cui­dar a su fami­lia, tra­ba­jó en varios empleos para ayu­dar a sus padres ancia­nos y alo­jó hués­pe­des. Uno de esos hués­pe­des fue el vete­rano de gue­rra Nel­son Davis, 22 años más joven con el con­tra­jo matri­mo­nio en 1869 y adop­ta­rían una niña, Gertie.

Su ami­ga Sarah Brand­fotf publi­có en 1869 Sce­nes in the life of Harriet Tub­man, que le pro­por­cio­nó a Harriet 1200 dóla­res para ter­mi­nar de pagar sus deu­das, y en 1886 Harriet: the Moses of her People.

En las últi­mas déca­das del siglo XX se vin­cu­ló al movi­mien­to sufra­gis­ta, que recla­ma­ba el voto feme­nino, lle­gan­do a tra­ba­jar con la acti­vis­ta blan­ca Susan B. Anthony. En una oca­sión una mujer blan­ca le pre­gun­tó si creía que las muje­res debían votar, a lo que con­tes­tó: “He sufri­do lo sufi­cien­te como para creer­lo” (15). En 1886 pro­nun­ció el dis­cur­so de aper­tu­ra de la Fede­ra­ción Nacio­nal de Muje­res Afro­ame­ri­ca­nas. Tam­bién se vin­cu­ló a la Igle­sia Epis­co­pal Meto­dis­ta Afri­ca­na Sion, que actual­men­te la con­si­de­ra san­ta y la inclu­ye en su libro de ora­cio­nes. En 1903 donó su pro­pie­dad para que se cons­tru­ye­ra una resi­den­cia para per­so­nas negras ancia­nas e indi­gen­tes. La Igle­sia deci­dió cobrar 100 dóla­res para acep­tar el ingre­so a la resi­den­cia, lo que frus­tró a Harriet. De todas for­mas par­ti­ci­pó en la inau­gu­ra­ción del Hogar el 23 de junio de 1908.

Por enton­ces su salud había empeo­ra­do. En 1890 le rea­li­za­ron una ope­ra­ción cere­bral por la lesión reci­bi­da de joven, en la que se negó a reci­bir anes­te­sia y solo mor­dió una bala como había vis­to hacer a los sol­da­dos en la guerra

En 1911 fue admi­ti­da en el hogar que había ayu­da­do a crear. Había fra­ca­sa­do todos los inten­tos por obte­ner una pen­sión de vete­ra­na de gue­rra, y solo reci­bió una por su espo­so a fines del siglo XIX. En ese hogar falle­ció de neu­mo­nía el 10 de mar­zo de 1913, sumi­da en la pobre­za pero rodea­da de la soli­da­ri­dad de muchas personas.

La lucha de Harriet Tub­man influ­yó en los movi­mien­tos por los dere­chos civi­les del siglo XX y hoy es con­si­de­ra­da una de las per­so­nas más influ­yen­tes de la his­to­ria nor­te­ame­ri­ca­na. Su hogar en Auburn fue demo­li­do en 1944, pero en su lugar se levan­tó un Museo que hon­ra su lega­do. En 2016 el Depar­ta­men­to del Teso­ro de los Esta­dos Uni­dos anun­ció que inclui­ría su ros­tro en los bille­tes de 20 dóla­res en sus­ti­tu­ción del pre­si­den­te Andrew Jack­son, defen­sor de la escla­vi­tud y res­pon­sa­ble de las depor­ta­cio­nes de indí­ge­nas que cau­sa­ron la muer­te de 4000 personas.

Fuen­te: http://​www​.harriet​-tub​man​.org/​2​0​-​d​o​l​l​a​r​-​b​i​ll/
Foto de por­ta­da: Fuen­te http://​www​.harriet​-tub​man​.org/

Biblio­gra­fía:

(1) Brad­ford, Sarah H.; Sce­nes of life of Harriet Tub­man, Auburn, W.J. Moses Prin­ter, 1869, pp. 14- 15.
(2) Brad­ford, Sarah H.; Sce­nes of life…, p. 19.
(3) Harriet Tub­man His­to­ri­cal Society; “Whats was the Under­ground Rail­road?”, http://​www​.harriet​-tub​man​.org/​u​n​d​e​r​g​r​o​u​n​d​-​r​a​i​l​r​o​ad/.
(4) Harriet Tub­man His­to­ri­cal Society; “Whats was the Under­ground Rail­road?”, http://​www​.harriet​-tub​man​.org/​u​n​d​e​r​g​r​o​u​n​d​-​r​a​i​l​r​o​ad/.
(5) Asi­mov, Isaac; Los Esta­dos Uni­dos des­de 1816 has­ta la Gue­rra Civil, Madrid, Alian­za, 2000.
(6) Zinn, Howard; La otra his­to­ria de los Esta­dos Uni­dos des­de 1492 has­ta el pre­sen­te, Hiru, 1997, p. 161 y 173.
(7) Zinn, Howard; La otra his­to­ria de los Esta­dos Uni­dos…, p. 169.
(8) Zinn, Howard; La otra his­to­ria de los Esta­dos Uni­dos…, p. 160.(9) “Tub­man, Harriet”, Enci­clo­pae­dia Bri­tan­ni­ca, vol. XII, 15º edi­ción, 1995.
(10) Cita­do en: http://​ana​to​mia​de​lahis​to​ria​.com/​2​0​1​5​/​1​0​/​h​a​r​r​i​e​t​-​t​u​b​m​a​n​-​l​u​c​h​a​-​y​-​d​i​g​n​i​d​ad/.
(11) Asi­mov, Isaac; Los Esta­dos Uni­dos des­de 1816…
(12) Cita­do en: “Harriet Tub­man”, articu­lo en Wiki­pe­dia, www​.wiki​pe​dia​.org.
(13) La mis­ma se pue­de leer en: Harriet Tub­man His­to­ri­cal Society: http://​www​.harriet​-tub​man​.org/​t​h​e​-​e​m​a​n​c​i​p​a​t​i​o​n​-​p​r​o​c​l​a​m​a​t​i​on/
(14)Asimov, Isaac; Los Esta­dos Uni­dos des­de 1816…

(15) Cita­do en: http://​ana​to​mia​de​lahis​to​ria​.com/​2​0​1​5​/​1​0​/​h​a​r​r​i​e​t​-​t​u​b​m​a​n​-​l​u​c​h​a​-​y​-​d​i​g​n​i​d​ad/

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