Marx como etnó­lo­go

Duran­te el siglo XIX, la antro­po­lo­gía se trans­for­mó de cien­cia casi neta­men­te filo­só­fi­ca en cien­cia domi­nan­te­men­te empí­ri­ca1. Las corrien­tes filo­só­fi­cas, a prin­ci­pios del XIX, eran prin­ci­pal­men­te idea­lis­tas y están aso­cia­das a los nom­bres de Kant, Fich­te, Sche­lling y Hegel. Estas escue­las de antro­po­lo­gía, que se exten­die­ron por toda Euro­pa, fue­ron, con una peque­ña enmien­da en el caso de Kant, espe­cu­la­ti­vas, pose­yen­do poca inves­ti­ga­ción empí­ri­ca2. La escue­la hege­lia­na se divi­dió en dos ramas: la rama de la izquier­da y la rama de la dere­cha. Karl Marx, duran­te su juven­tud, par­ti­ci­pó en estas corrien­tes de pen­sa­mien­to, pri­me­ro como miem­bro de la rama izquier­dis­ta de la escue­la hege­lia­na, y más tar­de, como crí­ti­co de la mis­ma escue­la, aun­que a lo lar­go de toda su vida siem­pre se con­si­de­ró dis­cí­pu­lo de Hegel.

Duran­te las déca­das de 1830 y 1840, los hege­lia­nos de izquier­da, entre los que sobre­sa­len Bruno Bauer, Lud­wig Feuer­bach, el socia­lis­ta (des­pués sio­nis­ta) Moi­sés Hess, Arnold Ruge, el poe­ta Hein­rich Hei­ne y Marx mis­mo, tra­ta­ron de los pro­ble­mas de la antro­po­lo­gía filo­só­fi­ca tal como ellos los enten­dían: la alie­na­ción del hom­bre de sí mis­mo, de la natu­ra­le­za y de su espe­cie. Con­si­de­ra­ron que la alie­na­ción era (en for­ma varia­da) extra­ña­mien­to, dis­tan­cia­mien­to u opo­si­ción. Toma­ron direc­ta­men­te de Hegel el con­cep­to de que el hom­bre se hace a sí mis­mo. Muchos de ellos se refie­ren a un acto men­tal, a que el hom­bre se hace a sí mis­mo hacién­do­se obje­to, o bien hacién­do­se el obje­to de su pro­pio pen­sa­mien­to. El pen­sa­mien­to bási­co de esta escue­la era que, de todas las cria­tu­ras, solo el hom­bre se vuel­ve cons­cien­te de sí mis­mo, y este acto de auto­con­cien­cia es nues­tra for­ma de obje­ti­var­nos a noso­tros mis­mos, de hacer­nos obje­to, y, por lo tan­to, de crear­nos3. Marx, a la vez que expu­so las varias posi­cio­nes de la alie­na­ción huma­na y del hom­bre hacién­do­se a sí mis­mo, obje­ti­ván­do­se tam­bién las con­tra­pu­so. Duran­te los años de 1843 – 1846, Marx desa­rro­lló el con­cep­to de que el hom­bre es un ser social, lo que sig­ni­fi­có una con­tra­vuel­ta revo­lu­cio­na­ria del pen­sa­mien­to de aque­lla épo­ca, sobre todo, por­que Marx opo­nía a dos escue­las de pen­sa­mien­to. La pri­me­ra de estas era la escue­la de Lud­wig Feuer­bach, quien sos­tu­vo que el hom­bre es hom­bre en vir­tud de su ser gené­ri­co o gat­tungs­we­sen; es decir, su mem­bre­cía en la espe­cie huma­na como un todo, a tra­vés de com­par­tir la esen­cia huma­na o su natu­ra­le­za esen­cial, y, por lo tan­to, en la gene­ral, huma­ni­dad de sus espe­cies. Marx estu­vo de acuer­do en que com­par­ti­mos la común huma­ni­dad de las espe­cies; pero negó en sus Manus­cri­tos eco­nó­mi­co-filo­só­fi­cos y en sus Tesis sobre Feuer­bach que tuvié­se­mos una esen­cia huma­na mís­ti­ca, eté­rea, abs­trac­ta4. Más bien, Marx sos­tu­vo que el hom­bre es hom­bre en vir­tud de su vida en socie­dad, así como por su común huma­ni­dad. Hacia el final de este pri­mer perio­do, Marx lle­gó a la con­clu­sión de que, en reali­dad, esta­mos cons­ti­tui­dos por nues­tras rela­cio­nes en la socie­dad. Estas rela­cio­nes entran den­tro de nues­tra com­po­si­ción como seres huma­nos y, al mis­mo tiem­po, somos for­ma­dos y deter­mi­na­dos por nues­tra mem­bre­cía en la espe­cie como un todo. Sin embar­go, y esta es la tran­si­ción a uno de sus pen­sa­mien­tos más carac­te­rís­ti­cos duran­te el res­to de su vida, el hom­bre ha logra­do la tran­si­ción de sus carac­te­rís­ti­cas ani­ma­les a sus carac­te­rís­ti­cas huma­nas por medio del tra­ba­jo, es decir, por nues­tro tra­ba­jo con­cre­to en nues­tros alre­de­do­res natu­ra­les y por­que nues­tras manos los trans­for­man de acuer­do con nues­tros deseos y pro­pó­si­tos.

Al sos­te­ner que el hom­bre es una arma­zón de rela­cio­nes socia­les, Marx se opu­so a una segun­da escue­la de pen­sa­mien­to, la de los eco­no­mis­tas del siglo XVIII, los físió­cra­tas en par­ti­cu­lar y los teó­ri­cos polí­ti­cos aso­cia­dos con ellos. Esta escue­la pro­pu­so una teo­ría del hom­bre abs­tra­yén­do­lo de sus rela­cio­nes socia­les, un Robin­son Cru­soe ais­la­do en su isla, una con­cep­ción fan­tás­ti­ca según Marx5. El hom­bre, decía Marx, tie­ne que ser con­si­de­ra­do úni­ca­men­te en su con­tex­to social, como un miem­bro de la socie­dad. Al prin­ci­pio, Marx aún for­mu­la­ba su con­cep­to en for­ma abs­trac­ta, rela­ti­vo a la espe­cie huma­na como un todo. Más tar­de, cuan­do se opu­so a los eco­no­mis­tas polí­ti­cos clá­si­cos, hizo sus refe­ren­cias a la eco­no­mía y a la socie­dad en for­ma más con­cre­ta. Karl Korsch ha seña­la­do que este méto­do de pro­ce­der, de lo abs­trac­to a lo con­cre­to, fue apli­ca­do en for­ma gene­ral por Marx en todos sus tra­ba­jos. Este paso, de lo abs­trac­to a lo con­cre­to, no es solo un modo de expre­sión, sino que es un paso dia­léc­ti­co. El paso es un pro­ce­so cons­tan­te de trans­for­ma­ción de un suje­to, de un esta­do con­cre­to a otro esta­do, su nega­ción. Uno podría enten­der la for­mu­la­ción del paso de lo abs­trac­to a lo con­cre­to por Marx como mera retó­ri­ca, en don­de una ilus­tra­ción con­cre­ta es bus­ca­da para una fór­mu­la abs­trac­ta; pero esto sería un error. El paso de lo abs­trac­to a lo con­cre­to no es solo asun­to de esti­lo, sino más bien un cons­tan­te pro­fun­di­zar del pen­sa­mien­to de Marx en rela­ción con su esti­lo. Sus pen­sa­mien­tos devi­nie­ron en más con­cre­tos y prác­ti­cos, tan­to en pers­pec­ti­vas, como en las acti­vi­da­des sur­gi­das alre­de­dor de ellas. Simul­tá­nea­men­te, se con­vir­tie­ron cada vez más en pen­sa­mien­tos crí­ti­cos. El méto­do de Marx de com­po­si­ción y con­tro­ver­sia fue, a un tiem­po, una com­po­nen­te de su pen­sa­mien­to.

Tam­bién el paso de Marx de lo abs­trac­to a lo con­cre­to tomó otra for­ma. A prin­ci­pios del siglo XIX, el hom­bre fue ana­li­za­do úni­ca­men­te como un ser abs­trac­to, es decir, como un ser gené­ri­co, por todos los que escri­bían acer­ca de él. Para estar segu­ros, el estu­dio de los pue­blos pri­mi­ti­vos comen­zó duran­te los siglos XVII y XVIII; la colec­ción de Pere­gri­na­jes de Samuel Pur­chas y los Via­jes de Richard Hay­kluyt, más los infor­mes de los jesui­tas y del padre Lafi­tou, fue­ron amplia­men­te leí­dos. Pero los apli­ca­ron como abs­trac­cio­nes Hob­bes, Mon­tes­quieu, Rous­seau y los demás filó­so­fos del con­tra­to social, de la ley y el dere­cho natu­ral, en don­de se hacen vagas refe­ren­cias al hom­bre en esta­do de natu­ra­le­za6. Tal uso no es solo un asun­to de esti­lo, sino de con­te­ni­do, que comen­zó a des­apa­re­cer con­for­me los estu­dios sobre cam­pe­si­nos (en el siglo XIX), de Ens­chut, Vuk Karad­zic, Csa­plo­wícs, Olufs­sen, Hans­sen, Haxthau­sen, Mau­rer y Le Play, y los estu­dios sobre la socie­dad pri­mi­ti­va y pue­blos no euro­peos de A. Batian, E. B. Tylor, L. H. Mor­gan y otros, fue­ron desa­rro­lla­dos7. El estu­dio de la socie­dad pri­mi­ti­va fue impul­sa­do prin­ci­pal­men­te des­de el pun­to de vis­ta de la civi­li­za­ción euro­pea; a la vez que los peli­gros del etno­cen­tris­mo, la xeno­fo­bia y la supe­rio­ri­dad racial, comen­za­ron a notar­se y Marx lla­mó la aten­ción sobre esto como una espe­cial agu­de­za.

Duran­te el perio­do a que nos refe­ri­mos, el via­je­ro casual se trans­for­mó en un etnó­gra­fo pro­fe­sio­nal y el inte­rés obje­ti­vo, o el inte­rés así lla­ma­do de las cien­cias antro­po­ló­gi­cas y etno­ló­gi­cas, domi­nó sobre los intere­ses polí­ti­cos, eco­nó­mi­cos, con­fe­sio­na­les y misio­ne­ros inme­dia­tos. La ocu­pa­ción pro­fe­sio­nal en los pue­blos pri­mi­ti­vos (estoy usan­do los tér­mi­nos pro­fe­sio­nal y pri­mi­ti­vo en el más amplio sen­ti­do de la pala­bra) fue impul­sa­do, en aquel tiem­po, por la fun­da­ción de socie­da­des cul­tas, museos, cáte­dras aca­dé­mi­cas y uni­ver­si­ta­rias, depar­ta­men­tos y comi­sio­nes de gobierno, fun­da­cio­nes pri­va­das, ofi­ci­nas, perió­di­cos y revis­tas. Como resul­ta­do de este incre­men­to nota­ble de acti­vi­dad y la cre­cien­te fami­lia­ri­dad y cono­ci­mien­to del asun­to, sobre­vino un cam­bio en la natu­ra­le­za de los escri­tos sobre la socie­dad pri­mi­ti­va. Solo tene­mos que com­pa­rar los escri­tos de Adam Fer­gu­son y Lord Kames, en el siglo XVIII, con los de W. Cook Tyler en el XIX, para notar este cam­bio. Las refe­ren­cias a la socie­dad pri­mi­ti­va ya no se hicie­ron en tér­mi­nos abs­trac­tos o en for­ma de gene­ra­li­za­cio­nes vagas, sino que fue­ron hechas por nom­bre y con la men­ción de carac­te­rís­ti­cas par­ti­cu­la­res. Marx, que había leí­do a Fer­gu­son y Tyler, notó estos cam­bios, y tomó par­te en ellos, mien­tras que sus mis­mos escri­tos fue­ron trans­for­mán­do­se de una antro­po­lo­gía filo­só­fi­ca en una antro­po­lo­gía empí­ri­ca.

Algu­nos auto­res que hablan sobre Marx, tan­to bió­gra­fos como teó­ri­cos, pien­san que, cer­ca del año de 1845, Marx sufrió una expe­rien­cia com­pa­ra­ble a la visión de San Pablo en el camino a Damas­co y des­cu­brió las leyes del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co. Nada pue­de estar más ale­ja­do de la ver­dad que esto últi­mo. Pri­me­ro, el con­cep­to de mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co, aun­que lo cono­ció a tra­vés de Engels, le fue extra­ño y no tuvo que ver nada con él. Segun­do, en una nota auto­bio­grá­fi­ca muy bre­ve, que data de 1859, Marx escri­bió acer­ca del desa­rro­llo de sus ideas, entre 1842 y 1848. En este escri­to nota­mos su pro­pia con­cien­cia de con­ti­nui­dad y dis­con­ti­nui­dad en su desa­rro­llo inte­lec­tual: sus últi­mas ideas mues­tran, tan­to la con­ti­nui­dad de sus tesis pri­mi­ge­nias, como la dis­con­ti­nui­dad de aquel enton­ces en ade­lan­te.

Este movi­mien­to de su pen­sa­mien­to lo encon­tra­re­mos al expli­car su con­cep­to del lugar del hom­bre en la natu­ra­le­za y de la rela­ción entre natu­ra­le­za y cul­tu­ra. En la Ideo­lo­gía ale­ma­na (1845−1846), Marx tra­tó la común trans­for­ma­ción del hom­bre, del esta­do ani­mal, por su tra­ba­jo. Más aún, en esta pri­me­ra eta­pa, el lugar de los deseos y nece­si­da­des huma­nas es plan­tea­do como natu­ral y en este esta­do son encon­tra­dos por la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca. Así, la espe­cie huma­na se rela­cio­na con la natu­ra­le­za trans­for­mán­do­la para el uso humano, por la crea­ción de valo­res de uso, obje­tos con­cre­tos que encuen­tran a nues­tras nece­si­da­des. Los antro­pó­lo­gos de hoy son bien cons­cien­tes del pro­ble­ma del lugar del hom­bre en la natu­ra­le­za y de la rela­ción entre natu­ra­le­za y cul­tu­ra, por­que los antro­pó­lo­gos han con­ver­ti­do a estos com­ple­jos pro­ble­mas en par­te de su pro­ble­má­ti­ca par­ti­cu­lar. En sus escri­tos de la déca­da de los cua­ren­ta, Marx aún no tenía un con­cep­to cla­ro de la rela­ción del hom­bre con la natu­ra­le­za. Toda­vía en el pri­mer volu­men de El Capi­tal, escri­to vein­te años des­pués, Marx con­ti­nuó man­te­nien­do la idea de un ele­men­to bio­ló­gi­co-natu­ral que él mis­mo intro­du­jo direc­ta­men­te en su con­cep­ción de las rela­cio­nes huma­nas en la socie­dad. Las cas­tas y los gre­mios fue­ron allí des­cri­tos como sub­sis­ten­tes debi­do a fac­to­res here­di­ta­rios, y se defi­nió la heren­cia, no en el sen­ti­do social, sino en el bio­ló­gi­co. Final­men­te, Marx vol­vió a tomar el pro­ble­ma de las cas­tas en sus Cua­der­nos de notas etno­ló­gi­cas. En estos cua­der­nos la cas­ta es pre­sen­ta­da como algo social exclu­si­va­men­te; están total­men­te incor­po­ra­das a las rela­cio­nes socio-cul­tu­ra­les de los hom­bres y sepa­ra­das de cual­quier sig­ni­fi­ca­do bio­ló­gi­co con­cre­to. Esto impli­ca que el fac­tor bio­ló­gi­co de la heren­cia apa­re­ce sólo indi­rec­ta­men­te, sien­do encu­bier­to en leyes socio-cul­tu­ra­les, o en las prác­ti­cas de hom­bres y muje­res en la socie­dad.

Los estu­dios etno­ló­gi­cos de Marx comen­za­ron en su juven­tud, cuan­do leyó a Char­les de Bros­ses sobre el feti­chis­mo y a Chris­toph Mei­ners sobre reli­gión com­pa­ra­da. Estu­dió antro­po­lo­gía con Hen­drik Stef­fens, un filó­so­fo natu­ra­lis­ta que en aquel enton­ces ense­ña­ba en la uni­ver­si­dad de Ber­lín. Marx con­ti­nuó sus lec­tu­ras etno­ló­gi­cas en el Museo Bri­tá­ni­co, y en la pre­pa­ra­ción de El Capi­tal hace refe­ren­cias a E. B. Tyler. En su corres­pon­den­cia de esa mis­ma épo­ca, escri­bió crí­ti­cas sobre Char­les Dar­win y Adol­fo Bas­tian, entre otros. Sin embar­go, no fue sino has­ta 1870, cuan­do empe­zó a ocu­par­se en el estu­dio de la etno­lo­gía y desa­rro­lló sus ideas en for­ma sis­te­má­ti­ca. Has­ta ese momen­to, su etno­lo­gía fue más bien una refe­ren­cia a sus estu­dios de eco­no­mía (Tyler), his­to­ria medie­val (G. L. Mau­rer) y la cues­tión cam­pe­si­na en Euro­pa y Asia (A. Haxthau­sen y M. N. Kova­lesky). Kova­lesky, un soció­lo­go ruso, posi­ti­vis­ta com­tiano, pro­fe­sor de juris­pru­den­cia y expul­sa­do por sus ideas libe­ra­les, hizo amis­tad con Marx. Kova­lesky nun­ca pro­fe­só las ideas polí­ti­cas de Marx, pero per­ma­ne­ció sien­do uno de sus «ami­gos cien­tí­fi­cos». El espe­cia­lis­ta en estu­dios del Cáu­ca­so, Vse­vo­lod Miller, había reco­men­da­do a Kova­lesky la lec­tu­ra de Mor­gan, y en un via­je a Esta­dos Uni­dos, en 1870, Kova­lesky regre­só con un ejem­plar del libro de Mor­gan que pasó a Marx8.

Entre el final de 1880 y media­dos de 1881, Marx comen­zó el estu­dio de La socie­dad anti­gua de Mor­gan; a esto, agre­gó direc­ta­men­te los estu­dios de Sir John Budd Phear, La aldea Aryan en la India y Cey­lán (1880) y el libro de Sir Henry Mai­ne, Lec­tu­ras sobre la his­to­ria anti­gua de las ins­ti­tu­cio­nes (1875). Todos estos estu­dios fue­ron resu­mi­dos in exten­so y ano­ta­dos con comen­ta­rios crí­ti­cos por Marx. Pos­te­rior­men­te, en 1882, es decir, cua­tro meses antes de su muer­te, Marx vol­vió a sus estu­dios etno­ló­gi­cos y resu­mió un tra­ba­jo de Sir John Lub­boc (Lord Ave­bury), El ori­gen de la civi­li­za­ción y la con­di­ción pri­mi­ti­va del hom­bre (1870). Todos estos cua­tro tra­ba­jos son de carác­ter doc­tri­na­rio evo­lu­cio­nis­ta. El evo­lu­cio­nis­mo de Mor­gan es bien cono­ci­do de los antro­pó­lo­gos; la idea de Mai­ne sobre el movi­mien­to pro­gre­si­vo de las socie­da­des a par­tir de un sta­tus de con­tra­to, no es menos cono­ci­da; Lub­bock fue dis­cí­pu­lo y ami­go de Dar­win, y Phear se sitúa total­men­te al lado de Mai­ne. De cual­quier mane­ra, todos estos auto­res no for­man una escue­la. Mor­gan y Mai­ne difie­ren, en la pri­ma­cía de las for­mas fami­lia­res patriar­cal y matriar­cal; Kova­lesky estu­vo del lado de Mai­ne; Mor­gan y J . F. McLen­nan dis­cre­pa­ron en la con­cep­ción de este últi­mo acer­ca de la endo­ga­mia y la exo­ga­mia. Lub­bock adop­tó las tesis de McLen­nan sobre esta últi­ma con­tro­ver­sia. Mor­gan y Dar­win sos­tu­vie­ron pun­tos de vis­ta dife­ren­tes sobre el sig­ni­fi­ca­do de la hor­da pri­mor­dial en la pre­his­to­ria de la fami­lia huma­na9. Engels estu­vo del lado de Mor­gan en estos asun­tos.

Marx acep­tó la teo­ría de Mor­gan sobre la gen en la tran­si­ción de la socie­dad pri­mi­ti­va a la socie­dad civi­li­za­da; pero no tuvo en cuen­ta el con­cep­to a que esto últi­mo fue incor­po­ra­do: la teo­ría de Mor­gan del pro­gre­so des­de la socie­tas a la civi­tas, o del plano social al plano civil. Marx adop­tó la teo­ría de Mor­gan sobre la fami­lia, como opues­ta a la de McLen­nan y Lub­bock; más toda­vía, la des­crip­ción de Mor­gan de la evo­lu­ción de la fami­lia, que es muy com­ple­ja, fue tam­bién adop­ta­da por Marx. De acuer­do con Mor­gan, la evo­lu­ción de la fami­lia pro­ce­de a lo lar­go de varias líneas que no retor­nan a nin­gu­na de ellas, o hacia una fuen­te común y con fina­les cerra­dos. Así, el caso extre­mo del poder patriar­cal en la fami­lia roma­na se con­si­de­ró sepa­ra­da de la línea prin­ci­pal de desa­rro­llo de la fami­lia mono­gá­mi­ca; la anti­gua fami­lia judía fue, a su vez, tra­ta­da como un pro­ble­ma apar­te. Marx adop­tó el ger­men de este pun­to de vis­ta mul­ti­li­neal, aña­dien­do más datos toma­dos de sus estu­dios sobre etno­lo­gía clá­si­ca. A pesar de su posi­ción gene­ral favo­ra­ble a Mor­gan, Marx cri­ti­có algu­nas de las gene­ra­li­za­cio­nes de Mor­gan y las cali­fi­có de espe­cu­la­ti­vas, y él mis­mo se man­tu­vo ale­ja­do del orga­ni­cis­mo de Mor­gan, o sea la ten­den­cia a inter­pre­tar la teo­ría social en tér­mi­nos bio­ló­gi­cos. Esto últi­mo es muy sig­ni­fi­ca­ti­vo, sobre todo por la opi­nión con­tra­ria de Engels, lo que será comen­ta­do pos­te­rior­men­te.

Duran­te el siglo XIX sur­gió una fuer­te con­tro­ver­sia sobre la for­ma bási­ca del hom­bre y la socie­dad, sobre si somos, como espe­cies, indi­vi­dua­lis­tas o colec­ti­vis­tas. Ya he habla­do antes de las dife­ren­cias entre Marx, por un lado, y los eco­no­mis­tas polí­ti­cos clá­si­cos, por el otro, y de uno de los aspec­tos de esta cues­tión, es decir, el mode­lo hipo­té­ti­co basa­do en Robin­son Cru­soe. El filó­so­fo fran­cés Abbé Con­di­llac sos­tu­vo que uno pue­de tomar a un ser des­pro­vis­to de toda sen­sa­ción y de ahí agre­gar­le el sen­ti­do de la vis­ta, del oído, etcé­te­ra, has­ta lograr que sea un hom­bre com­ple­to. Aun así, esta imi­ta­ción de hom­bre de Con­di­llac no fue seña­la­da como un ser humano vivien­te, sino como una esta­tua. Mon­tes­quieu, Rous­seau, Hob­bes, Ques­nay y otros auto­res de aquel tiem­po pen­sa­ron, sin embar­go, que uno pue­de ima­gi­nar­se a un ser humano des­pro­vis­to, des­nu­do, de rela­cio­nes socia­les, de vida social, incor­po­rán­do­las pos­te­rior­men­te. El indi­vi­duo exis­te antes que la socie­dad, argu­men­ta­ron, y la socie­dad se crea por con­tra­to entre los indi­vi­duos. La prio­ri­dad del indi­vi­duo fue seña­la­da por Her­bert Spen­cer, los kan­tia­nos, los rous­seau­nia­nos, los dar­wi­nis­tas socia­les y los par­ti­da­rios de Hob­bes. La prio­ri­dad de la comu­ni­dad, de la colec­ti­vi­dad y de la vida social y comu­nal fue seña­la­da por los socia­lis­tas utó­pi­cos y los comu­ni­ta­rios utó­pi­cos; por los comu­nis­tas Marx y Peter Kro­pot­kin en su ata­que con­tra Tho­mas Henry Hux­ley. Emi­le Durkheim con­tra­pu­so a la comu­ni­dad, la socia­bi­li­dad; y el colec­ti­vis­mo, al indi­vi­dua­lis­mo de Fous­tel de Coulan­ges; de acuer­do con Durkheim, el todo pre­ce­de a las par­tes. En par­te por esta razón exis­te una rela­ción no ins­trui­da entre la cien­cia social y el socia­lis­mo. Uno debe tener siem­pre pre­sen­te que la opo­si­ción entre Gemeins­chaftGesells­chaft, o entre la comu­ni­dad y la socie­dad, es tras­la­da­da a la are­na polí­ti­ca como la opo­si­ción entre comu­nis­mo y el socia­lis­mo, pues­to que cada uno de este par de pala­bras tie­ne la mis­ma raíz.

Mor­gan no par­ti­ci­pó direc­ta­men­te en esta con­tro­ver­sia; pero lle­gó al filo de ella en su ale­ga­to en la socie­dad anti­gua. En su libro, Mor­gan deplo­ra el avan­ce de la pro­pie­dad en sí y nota sus efec­tos adver­sos en el carác­ter humano. El cer­co de la pro­pie­dad sobre la men­te huma­na es un asun­to recien­te, de aquí que su influen­cia dis­tor­sio­nan­te no pue­de ser ni per­ma­nen­te ni pro­fun­da10. El avan­ce de la pro­pie­dad en sí, al que se refie­re Mor­gan, ha pro­du­ci­do un efec­to dis­tor­sio­na­dor en la men­te huma­na; pero tal efec­to se ha limi­ta­do, en sus más seve­ras con­se­cuen­cias, a unos pocos pue­blos, en toda la his­to­ria de la huma­ni­dad y ha ocu­rri­do sola­men­te en un espa­cio de tiem­po deter­mi­na­do en la his­to­ria de esos pue­blos. El sur­gi­mien­to del capi­ta­lis­mo en Euro­pa, duran­te las últi­mas cua­tro o cin­co cen­tu­rias, impul­só y acen­tuó cier­tas pro­pen­sio­nes en las socie­da­des que fue­ron engen­dra­das, en for­ma muy gene­ral, a comien­zos de la his­to­ria escri­ta, cuan­do las socie­da­des en el Orien­te se divi­die­ron en cla­ses y sur­gió el Esta­do.

Pero, com­pa­ra­do con el inmen­so perío­do de tiem­po de desa­rro­llo de la huma­ni­dad antes de que ocu­rrie­ran tales hechos y com­pa­ra­do tam­bién con el vas­to núme­ro de socie­da­des y pue­blos en don­de estas expre­sio­nes extre­mas solo se han expe­ri­men­ta­do en for­ma muy leve, el perio­do de tiem­po en que la pro­pie­dad ha sido domi­nan­te en los asun­tos huma­nos, ¿ha sido bre­ve y sus efec­tos en la men­ta­li­dad huma­na super­fi­cia­les. La «carre­ra» de la pro­pie­dad qui­zá esta­ba en su pun­to más alto en los tiem­pos de Mor­gan y duran­te unas pocas déca­das pos­te­rio­res; des­de esa épo­ca, el cer­co de la pro­pie­dad se ha debi­li­ta­do y fue sobre­pa­sa­do en el siglo XIX. Mor­gan colo­có la «carre­ra» de la pro­pie­dad y sus efec­tos en su jus­ta pers­pec­ti­va.

Marx tomó nota de esta par­te de la obra de Mor­gan, en tér­mi­nos que demues­tran su acuer­do; pero no la rela­cio­na con el deba­te indi­vi­duo-colec­ti­vi­dad. Marx reu­nió todos estos pun­tos de vis­ta en un inter­cam­bio con los popu­lis­tas rusos y con la socia­lis­ta Vera Zasu­lich, y tam­bién en varios borra­do­res que supri­mió des­pués. Marx sos­tu­vo que el domi­nio de lo indi­vi­dual, pro­pi­cia­do por el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, deven­drá en la fra­ter­ni­dad e igual­dad de las anti­guas gen­tes (gens). El con­te­ni­do de las rela­cio­nes de la comu­ni­dad arcai­ca será revi­vi­do; pero cam­bia­rá la for­ma. La vida colec­ti­va de las comu­ni­da­des cam­pe­si­nas rusas no moti­va nece­sa­ria­men­te el capi­ta­lis­mo indi­vi­dua­lis­ta; la his­to­ria no nece­si­ta seguir por un solo camino pre­de­ter­mi­na­do11. Marx se refi­rió a Mor­gan como alguien que era par­ti­da­rio del gobierno de Washing­ton y un defen­sor del sta­tu quo. Sin embar­go, dijo tam­bién Marx, Mor­gan sos­tu­vo que las vir­tu­des de las anti­guas gen­tes serían revi­vi­das en una nue­va for­ma: el tes­ti­go de la defen­sa se tomó en tes­ti­go de la acu­sa­ción.

Las varias líneas de pen­sa­mien­to son comen­ta­das por Marx en sus notas rela­ti­vas al tra­ba­jo de Mai­ne, y sobre ello vol­ve­ré más ade­lan­te. Asi­mis­mo, Marx equi­pa­ró las ideas de Mor­gan con las del socia­lis­ta inglés H. M. Hynd­man. Esta secuen­cia de ideas, jun­to con un plan­tea­mien­to incom­ple­to de Frie­di­rich Engels en El ori­gen de la fami­lia, la pro­pie­dad pri­va­da y el Esta­do, (1884), ha dado pie para una mala inter­pre­ta­ción de las ideas polí­ti­cas de Mor­gan. Eduard Berns­tein, el edi­tor de Marx y Engels, cuyo tra­ba­jo trai­go de nue­vo a cola­ción, con­clu­yó que Mor­gan man­te­nía rela­cio­nes con una de las colo­nias fou­rie­ris­tas o utó­pi­cas que, por aquel enton­ces, esta­ban de moda en Esta­dos Uni­dos. L.A. Whi­te, en su pró­lo­go a la edi­ción de La socie­dad anti­gua de Mor­gan, seña­la que este fue un repu­bli­cano, un abo­ga­do de com­pa­ñías ferro­ca­rri­le­ras y que no hay evi­den­cia de que sin­tie­ra sim­pa­tía hacia la cla­se tra­ba­ja­do­ra, hacia los pobres o hacia los de aba­jo.

Los tra­ba­jos de Phear y Mai­ne tie­nen que ser toma­dos en con­jun­to. La acti­tud de Marx hacía Phear fue más prác­ti­ca que teó­ri­ca. Phear, quien había ser­vi­do como juez en la India y en Cey­lán, cono­ció per­fec­ta­men­te la región que hoy es Ban­gla­desh. Su libro no es una etno­gra­fía, en el sen­ti­do moderno del tér­mino, esto es, Phear no des­cri­be una comu­ni­dad en par­ti­cu­lar, sino un tipo gene­ral de comu­ni­dad, la abs­trac­ción de un gran núme­ro de comu­ni­da­des.

Phear escri­bió una intro­duc­ción a su tra­ba­jo sobre la comu­ni­dad en la India y Cey­lán, en el que pre­sen­ta un lar­go esque­ma evo­lu­cio­nis­ta, basa­do con espe­cia­li­dad en W. Boyd Daw­kins, lo que Marx deja sin notar. Las deta­lla­das des­crip­cio­nes de Phear son úti­les, a pesar de su fal­ta de refe­ren­cias direc­tas, y Marx tomó una gran can­ti­dad de notas de estas des­crip­cio­nes. Pos­te­rior­men­te, Marx hizo agu­dos comen­ta­rios sobre la intro­duc­ción de con­cep­tos feu­da­les que hizo Phear den­tro de sus des­crip­cio­nes. Sus obje­cio­nes se refie­ren no solo a la cues­tión del etno­cen­tris­mo, que subor­di­na el con­cep­to de desa­rro­llo en Asia al esque­ma pro­pues­to para Euro­pa; pero, sobre todo, Marx dis­tin­guió el modo de pro­duc­ción feu­dal en Euro­pa, del modo de pro­duc­ción asiá­ti­co, entre la comu­ni­dad euro­pea y la comu­ni­dad asiá­ti­ca, y las for­mas dife­ren­tes de Esta­do en las dos regio­nes. Hoy día, estas dis­tin­cio­nes son de par­ti­cu­lar impor­tan­cia, prin­ci­pal­men­te si se tie­ne en cuen­ta la gran can­ti­dad de lite­ra­tu­ra que está sien­do dedi­ca­da a tra­tar el pro­ble­ma.

Las ideas cen­tra­les de las notas que Marx tomó y el plan­tea­mien­to más explí­ci­to de sus ideas sobre la teo­ría de la evo­lu­ción Aris­tó­te­les no pudo ver, en el ínte­rin, que el con­cep­to de igual­dad huma­na había alcan­za­do la esta­bi­li­dad de un pre­jui­cio popu­lar. No es que se hubie­re logra­do la subs­tan­cia de la igual­dad, del dere­cho y de la liber­tad, sino úni­ca­men­te su for­ma. Solo toman­do estas varias enun­cia­cio­nes en con­jun­to, obte­ne­mos el sen­ti­do de la teo­ría de Marx sobre el lugar del hom­bre en la socie­dad y la direc­ción de los movi­mien­tos socia­les.

Marx reanu­dó sus estu­dios de etno­lo­gía duran­te un año y medio, des­pués de com­ple­tar sus resú­me­nes de Mai­ne. En el inter­ín, no aban­do­nó estos estu­dios, ya que sabe­mos, a tra­vés de su corres­pon­den­cia, que reci­bió un resu­men hecho por Engels para él, del libro de H. Ban­croft, Razas nati­vas de los esta­dos del Paci­fi­co, resu­men que Engels ela­bo­ró mien­tras bro­mea­ba con Marx acer­ca de «dei­ne iro­ke­sen». De aquí, Marx vol­vió al libro de Lub­bock, El ori­gen de la civi­li­za­ción, en don­de los temas prin­ci­pa­les son la reli­gión, la ley, la vida social y la eco­no­mía. EI inte­rés prin­ci­pal de Marx en el libro de Lub­bock lo sus­ci­ta el mate­rial sobre reli­gión que este había reu­ni­do. Marx se bur­ló de los pre­jui­cios etno­cen­tris­tas de Lub­bock, y en este, uno de sus últi­mos escri­tos, Marx escri­bió con «plu­ma lige­ra», hacien­do refe­ren­cia a Sha­kes­pea­re e inter­ca­lan­do lar­gos pasa­jes de Cer­van­tes.

El sis­te­ma de estu­dio de Marx con­sis­tía en tomar exten­sas y sis­te­má­ti­cas notas; omi­tió poco en sus resú­me­nes de las obras de Mor­gan, Phear y Mai­ne. Marx acep­tó la expli­ca­ción de Mor­gan en el caso de los iro­que­ses, pero aña­dió los mate­ria­les sobre la etno­lo­gía de la anti­güe­dad clá­si­ca, difi­rien­do de Mor­gan en algu­nos aspec­tos, Inclu­yó eti­mo­lo­gías lati­nas y grie­gas, así como pasa­jes de Pla­tón, Aris­tó­te­les, los trá­gi­cos grie­gos, César, Táci­to, Julián de Antio­quía, etc. Asi­mis­mo, aña­dió el mate­rial de Mai­ne sobre his­to­ria de Irlan­da; mate­rial sobre la ley hin­dú y etno­gra­fía del cam­pe­si­na­do euro­peo, Las notas sobre Mor­gan fue­ron reor­de­na­das por Marx, de tal for­ma, que del capí­tu­lo sobre la inte­li­gen­cia, en la par­te I, se va direc­ta­men­te a la fami­lia; de allí, a la par­te sobre gobierno; y, final­men­te, a la pro­pie­dad. Mor­gan con­si­de­ró el aspec­to de la fami­lia solo des­pués de exa­mi­nar el pro­ble­ma del gobierno en la socie­dad anti­gua. Marx siguió el orden de las obras de Phear y Mai­ne sin alte­rar­lo.

Mien­tras que las notas sobre Mai­ne, Phear y Lub­bock, son «terra incog­ni­ta» para los antro­pó­lo­gos, las notas de Marx sobre Mor­gan son «terra fir­ma», cono­ci­das por el libro de Engels, El ori­gen de la fami­lia, la pro­pie­dad pri­va­da y el Esta­do. Engels hizo uso explí­ci­to del tra­ba­jo de Marx sobre Mor­gan en cator­ce luga­res y se refie­re al mis­mo en otras oca­sio­nes. Los pun­tos de vis­ta de Engels coin­ci­den con los de Marx en los más de los casos; sin embar­go, el examen de sus dife­ren­cias es muy ins­truc­ti­vo. Este examen comen­zó a hacer­se en 1897, por el nacio­nal-demó­cra­ta ale­mán Hein­rich Cunow, quien seña­ló que Engels reser­vó la ope­ra­ción de las leyes del mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co y con ello la teo­ría de la pre­do­mi­nan­cia del fac­tor eco­nó­mi­co en la historia,para los pue­blos civi­li­za­dos. Esto últi­mo es insos­te­ni­ble sí se juz­ga con cri­te­rio mar­xis­ta, mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co o no mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co. Los leni­nis­tas, no obs­tan­te sus dis­cre­pan­cias con los social-demó­cra­tas, no han acep­ta­do esta con­cep­ción de Engels. Marx mis­mo recha­zó todo encla­ve entre los pue­blos pri­mi­ti­vos y los civi­li­za­dos, toman­do como base las rela­cio­nes de la espe­cie huma­na con la natu­ra­le­za12.

El comien­zo de la crí­ti­ca a la evo­lu­ción uni­li­neal arran­ca con Marx, si se tie­ne en cuen­ta su plan­tea­mien­to de las diver­sas for­mas de evo­lu­ción de la fami­lia entre los roma­nos y los judíos. Tal posi­ción crí­ti­ca no es posi­ble encon­trar­la en Engels, o siguién­do­lo a él, en Kova­lesky. Más aún, en rela­ción con este asun­to, Marx tomó nota de que los anti­guos bre­to­nes pre­sen­ta­ban ins­ti­tu­cio­nes más avan­za­das de lo que se hubie­re espe­ra­do por la apli­ca­ción de otro cri­te­rio. La dife­ren­cia entre lo que era espe­ra­do y lo que fue regis­tra­do se atri­bu­yó a la difu­sión de prác­ti­cas ema­na­das del con­ti­nen­te euro­peo.

Engels sos­tu­vo que el Esta­do había sur­gi­do en for­ma pura entre los grie­gos, por la ope­ra­ción de fac­to­res inter­nos de la socie­dad grie­ga úni­ca­men­te; su ori­gen, por lo tan­to, podía ser tra­ta­do sin refe­ren­cias a fac­to­res exter­nos, tales como la con­quis­ta por ellos o sobre ellos. Esto es his­tó­ri­ca­men­te inco­rrec­to, como ya lo apun­tó Geor­ge Luc­kás, hace cer­ca de cin­cuen­ta años. La exclu­sión del fac­tor de la con­quis­ta, como una posi­bi­li­dad teó­ri­ca en la for­ma­ción del Esta­do, es una sim­pli­fi­ca­ción, tal como Marx lo seña­ló en sus comen­ta­rios sobre la par­te del tra­ba­jo de Mor­gan que se refie­re a la tran­si­ción de for­mas pri­mi­ti­vas de vida a las fomas de vida civi­li­za­da. Más aún, Engels falló en con­ju­gar los fac­to­res sub­je­ti­vos y obje­ti­vos y su papel en la his­to­ria. Por lo que toca al ori­gen del Esta­do, Engels tra­tó del fac­tor sub­je­ti­vo, como la sim­ple ava­ri­cia, como la sim­ple bús­que­da del bien­es­tar y la rique­za (cita a Mor­gan, «el botín y la belle­za») por par­te de los jefes bár­ba­ros. Engels tra­tó tam­bién de la acu­mu­la­ción de la rique­za, que es el fac­tor obje­ti­vo, ade­más de los moti­vos sub­je­ti­vos que con­du­cen a ella o que se deri­van de ella. Mien­tras que uno espe­ra no encon­trar el movi­mien­to dia­léc­ti­co entre lo obje­ti­vo y lo sub­je­ti­vo en el tra­ba­jo de Mor­gan, uno si espe­ra encon­trar­lo en un hom­bre de nota­ble inte­li­gen­cia que, ade­más, había sido com­pa­ñe­ro de Marx duran­te cua­ren­ta años. Pero Engels dejó muy dis­per­so este asun­to en su peque­ño libro, como el dis­jec­ta mem­bre de la dia­léc­ti­ca.

Pron­to se publi­ca­rá un tra­ba­jo titu­la­do The Eth­no­lo­gi­cal. Note­books of Karl Marx, que con­tie­ne la trans­crip­ción de los resú­me­nes de los tra­ba­jos de Mor­gan, Phear, Mai­ne y Lub­bock, en el perio­do que va de 1880 a 1882, jun­to con las notas y comen­ta­rios de Marx sobre estos auto­res y sobre la etno­lo­gía en gene­ral13. Los mate­ria­les manus­cri­tos han sido repro­du­ci­dos en la for­ma en que los dejó Marx, limi­ta­do sola­men­te a las difi­cul­ta­des intrín­se­cas de pasar el manus­cri­to a máqui­na y lue­go a la impren­ta. La intro­duc­ción tra­ta de los aspec­tos de que he habla­do bre­ve­men­te en este tra­ba­jo. El lec­tor podrá encon­trar refe­ren­cias com­ple­tas y una más amplia expo­si­ción de lo que aquí solo ha sido bos­que­ja­do. El lugar que corres­pon­de a los mate­ria­les de estos cua­der­nos de notas, den­tro del cuer­po de ideas de Marx, por un lado, y la his­to­ria de la antro­po­lo­gía, por el otro, no ha sido total­men­te pues­to en cla­ro. Con­si­de­ro que este tra­ba­jo ape­nas ha comen­za­do. Cabe decir que sola­men­te me atu­ve a una vaga insi­nua­ción de la meta que Marx se pro­po­nía alcan­zar; esta podría haber sido escri­bir un tra­ta­do com­ple­to sobre etno­lo­gía. Los fun­da­men­tos de tal tra­ba­jo son des­cri­tos en los Grun­di­se der Kri­tík der Poli­tishen Oeko­no­mie (1857−1858), un plan que Marx aban­do­nó para poder ela­bo­rar El Capi­tal. Pasan­do por alto sus inten­cio­nes res­pec­to a los Cua­der­nos de notas de etno­lo­gía, tene­mos pocas pis­tas de la for­ma de sus estu­dios en gene­ral; con esto últi­mo me refie­ro a su mane­ra de sub­ra­yar, los már­ge­nes de ano­ta­ción, el orde­na­mien­to del mate­rial, el espa­cio rela­ti­vo y abso­lu­to dedi­ca­do a dife­ren­tes sub­tó­pi­cos que no notó, y así por el esti­lo. Las notas de etno­lo­gía fue­ron colo­ca­das den­tro del mis­mo con­tex­to de sus estu­dios sobre colo­nia­lís­mo, y tam­bién en estas mis­mas notas se encuen­tran sus estu­dios sobre his­to­ria medie­val. Pero no pode­mos espe­cu­lar mucho sobre la for­ma, el con­tex­to y la inten­ción de sus estu­dios sobre etno­lo­gía, por­que tales espe­cu­la­cio­nes des­can­sa­rían sobre bases muy frá­gi­les. Por lo que se refie­re al con­te­ni­do, el asun­to ten­drá que ser dis­cu­ti­do en el con­tex­to del mar­xis­mo, por un lado, y en el de la etno­lo­gía, por el otro, a juz­gar por cues­tio­nes que sur­gie­ron aún antes de la publi­ca­ción. La con­tri­bu­ción de este artícu­lo y la bre­ve publi­ca­ción que lo segui­rá son ape­nas el pri­mer paso de una lar­ga jor­na­da.

Law­ren­ce Kader, antro­pó­lo­go y etnó­lo­go socia­lis­ta esta­dou­ni­den­se

[Este tex­to es par­te de Transac­tions of the New York Aca­demy of Scien­ces, serie II, vol. 35, nº 4, abril de 1973, pp. 304 – 314.]

Tra­duc­ción de Andrés Fábre­gas Puig.

  1. Esto es apar­te de la antro­po­lo­gía físi­ca que, como antro­po­lo­gía, fue una cien­cia inde­pen­dien­te en Euro­pa, des­de el siglo XVI.
  2. Kant, I. (1798): Antro­po­lo­gia in prag­ma­tis­cher Hin­sicht. La pri­me­ra par­te es psi­co­ló­gi­ca y filo­só­fi­ca, y tra­ta sobre lo cog­nos­ci­ti­vo, la per­cep­ción, la sen­sa­ción y la moti­va­ción; la par­te segun­da tra­ta sobre los ras­gos del carác­ter: per­so­nal, sexual, racial y gené­ri­co.
  3. Esto está, por supues­to, en opo­si­ción total con el uso mate­ria­lis­ta sim­ple que se encuen­tra en Chil­de, V.G., Man Makes Him­self, y que tam­bién se encuen­tra en algu­nos antro­pó­lo­gos de hoy día.
  4. Marx, K. (1844): Oeko­nom­nish-Phi­bo­sophis­che Manus­krip­te; Marx, K. (1845): The­ses and Feuer­bach.
  5. Marx, K. (1859): Cri­ti­que of Poli­ti­cal Eco­nomy. Intro­duc­tion (agre­ga­da al tra­ba­jo).
  6. Kra­der, L. (1972): The Anth­ro­po­logy of Tomas Hob­bes: leen­ce as a Pri­mi­ti­va Human Con­di­tion. Inter­na­tio­nal Society for the His­tory, of Ideas. III Con­fe­ren­ce, Phi­la­delphia, Pha. Las refe­ren­cias de Rous­seau a los oroo­no­kos, cari­bes y hoten­to­tes en su Dis­cur­so sobre el ori­gen de la des­igual­dad, son muy sim­ples y nada pro­fun­das.
  7. Esto es apar­te de los estu­dios com­pa­ra­ti­vos desarro]lados en el examen de la etno­lo­gía clá­si­ca por Bacho­fen, J., en 1861, Das Mut­te­rrech: cuya impre­sión sobre L.H. Mor­gan y Frie­de­rich Engels fue de natu­ra­le­za dife­ren­te. El estu­dio del cam­pe­si­na­do euro­peo sur­gió a raíz de las refor­mas napo­leó­ni­cas y de los movi­mien­tos de la épo­ca post­na­po­leó­ni­ca.
  8. Tal ejem­plar no estu­vo mucho tiem­po en manos de Marx: su refe­ren­cia biblio­grá­fi­ca pro­vie­ne de un pie de impren­ta de Lon­dres de 1877. Este ejem­plar tam­bién se per­dió, y Engels tuvo que bus­car un reem­pla­zo en enero-febre­ro de 1884.
  9. Ver su resu­men de la pre­his­to­ria de la famí­lia en Mor­gan, L. (1881): Hou­ses and Hou­se­lí­fe of the Ame­ri­can Abon­gi­nes (capí­tu­lo I). No se hace men­ción de la hor­da pro­mis­cua en este tra­ba­jo. Este libro fue pre­pa­ra­do como par­te de la sec­ción V de «La socie­dad anti­gua», pero era dema­sia­do lar­go para incluir­lo allí y se publi­có por sepa­ra­do.
  10. No se pue­de decir que Marx Weber haya acla­ra­do estos pro­ble­mas. Con refe­ren­cia, M. Weber, 1923, His­to­ria eco­nó­mi­ca gene­ral, S. Hell­man y M. Pal­yi, Eds. Weber expre­só su duda de que el pro­ble­ma empí­ri­co de la pro­pie­dad comu­nal ver­sus la pri­va­da pudie­se ser resuel­to (capí­tu­lo 1 al final). Sepa­rar este pro­ble­ma del pro­ble­ma gene­ral evi­ta no sólo su solu­ción, sino tam­bién su dis­cu­sión pos­te­rior.
  11. Ernest Troel­tsch y Karl Pop­per han atri­bui­do a Marx el pun­to de vis­ta de que él había deter­mi­na­do el futu­ro de la huma­ni­dad por el des­cu­bri­mien­to, por su cono­ci­mien­to, de las leyes de la his­to­ria. Con refe­ren­cia, Troelsch, E. (1922): Der His­to­ris­mus und sei­ne Pro­ble­ma: 314 – 361. Pop­per, K. (1945): The Open Society and its Enemies. 11.2. Pop­per, K.: The Poverty of Hís­to­ri­císm (1957). Marx siem­pre estu­vo en con­tra de todo fata­lis­mo, de todo deter­mi­nis­mo his­tó­ri­co y cosas seme­jan­tes. En los Eth­no­lo­gi­cal Note­books y en sus car­tas a Vera Zau­lich expre­só su pun­to de vis­ta de que el capi­ta­lis­mo, el indi­vi­dua­lis­mo, etc., son dis­tor­sio­nes tran­si­to­rias de la natu­ra­le­za huma­na, una con­cep­ción con­tem­pla­da des­de sus pri­me­ros escri­tos, La Intro­duc­ción a la Crí­tica de 1859, los Grun­dis­se, El Capi­tal y en todos sus demás escri­tos.
  12. El pun­to indi­ca­do por los com­pi­la­do­res de las Obras selec­tas de Marx y Engels en Mos­cú, 1955, es que Engels enten­dió repro­duc­ción en su sen­ti­do bio­ló­gi­co y no eco­nó­mi­co. El tra­ba­jo ya ha sido publi­ca­do por Van Gor­cum and Comp., Assen, 1972. (Nota del tra­duc­tor.)
  13. Kra­der, L. (1972): The Eth­no­lo­gi­cal Note­books of Karl Marx, Van Gor­cum & Comp. Assen, The Nether­lands. Ver allí refe­ren­cias sobre la lite­ra­tu­ra jun­to con los tex­tos com­ple­tos de los resú­me­nes de Marx y sus notas.

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