“Las pre­gun­tas fun­da­men­ta­les sobre el capi­ta­lis­mo vuel­ven a plan­tear­se” – La otra Anda­lu­cía

Anwar Shaikh es uno de los prin­ci­pa­les eco­no­mis­tas radi­ca­les del mun­do, cuyo tra­ba­jo ha cues­tio­na­do la for­ma en que pen­sa­mos sobre el capi­ta­lis­mo. En una entre­vis­ta con David Zacha­riah para Jaco­bin, Shaikh ofre­ce una con­ci­sa visión gene­ral de las ideas expues­tas en su fun­da­men­tal libro Capi­ta­lis­mo: com­pe­ten­cia, con­flic­to, cri­sis .

Capi­ta­lis­mo: Com­pe­ten­cia, Con­flic­to, Cri­sis (2016) ha sido amplia­men­te acla­ma­do como uno de los tra­ba­jos más impor­tan­tes de teo­ría eco­nó­mi­ca de la izquier­da en muchos años. Shaikh, miem­bro fun­da­dor de la Unión de Eco­no­mis­tas Polí­ti­cos Radi­ca­les y autor de muchos ensa­yos influ­yen­tes (inclui­da una céle­bre intro­duc­ción a las teo­rías sobre las cri­sis capi­ta­lis­tas), ha ense­ña­do eco­no­mía en la New School de Nue­va York duran­te más de cua­tro déca­das.

En su obra mag­na, Shaikh se basa en los escri­tos de Adam Smith, David Ricar­do, Karl Marx y John May­nard Key­nes para expli­car una amplia gama de carac­te­rís­ti­cas de las eco­no­mías capi­ta­lis­tas, des­de las dife­ren­cias sala­ria­les y el des­em­pleo has­ta el cam­bio téc­no­ló­gi­co y los ciclos recu­rren­tes de las cri­sis eco­no­mi­cas. Capi­ta­lis­mo: com­pe­ten­cia, con­flic­to, cri­sis pres­cin­de de muchos de los con­cep­tos que sus­ten­tan la teo­ría eco­nó­mi­ca con­ven­cio­nal, pero tam­bién cues­tio­na algu­nas de las teo­rías más influ­yen­tes entre los mar­xis­tas en la actua­li­dad, al encon­trar que tie­nen poca base en el tra­ba­jo del pro­pio Marx.

David Zacha­riah habló recien­te­men­te con Anwar Shaikh sobre la diná­mi­ca del capi­ta­lis­mo y sus lími­tes. Su con­ver­sa­ción ha sido edi­ta­da para mayor cla­ri­dad y bre­ve­dad.

Ante­ce­den­tes

-Ini­cial­men­te te for­mas­te como inge­nie­ro. ¿Qué te hizo orien­tar­te hacia la eco­no­mía polí­ti­ca?

Mis padres siem­pre fue­ron pro­gre­sis­tas. Mi her­mano, mi her­ma­na y yo reci­bi­mos una edu­ca­ción uni­ver­si­ta­ria, que era muy cos­to­sa para una fami­lia pakis­ta­ní. Nos tra­ta­ron como igua­les. Mi madre era bas­tan­te femi­nis­ta y mi padre tam­bién era pro­gre­sis­ta en ese sen­ti­do, por lo que tenía­mos la noción de que todos debe­rían tener los mis­mos dere­chos. Eso te da algu­na orien­ta­ción en la vida.

Los inge­nie­ros creen que pue­den arre­glar cual­quier cosa en el mun­do, pero, por supues­to, no es cier­to. Comen­cé a tra­ba­jar en Kuwait: mi padre esta­ba des­ti­na­do allí como fun­cio­na­rio pakis­ta­ní. Tra­ba­jé en el desier­to, don­de la tem­pe­ra­tu­ra era bru­tal. Había indios, pakis­ta­níes, pales­ti­nos, egip­cios y jor­da­nos, todos tra­ba­jan­do en aquel calor sin nin­gún tipo de pro­tec­ción, mien­tras que noso­tros los inge­nie­ros podía­mos al menos reti­rar­nos a la som­bra asfi­xian­te de un edi­fi­cio de blo­ques de cemen­to (que no tenía aire acon­di­cio­na­do).

Me pare­cía que era un ejem­plo irre­ba­ti­ble de lo que me preo­cu­pa­ba de los enor­mes nive­les de des­igual­dad en el mun­do, solo que en este caso no había res­tric­cio­nes pre­su­pues­ta­rias, ya que Kuwait era extre­ma­da­men­te rico. Eso me lle­vó a refle­xio­nar más sobre esas pre­gun­tas, y en algún momen­to me encon­tré con un eco­no­mis­ta que me per­sua­dió para estu­diar la mate­ria. ¡A veces la vida depen­de de estas peque­ñas cosas!

-Con­se­guis­te tu títu­lo de eco­no­mía en la Uni­ver­si­dad de Colum­bia. ¿Cuá­les fue­ron las acti­vi­da­des polí­ti­cas for­ma­ti­vas duran­te tu tiem­po de estu­dian­te?

Me matri­cu­lé en 1967, cuan­do el acti­vis­mo con­tra la gue­rra de Viet­nam esta­ba en ple­na efer­ves­cen­cia. Hubo una huel­ga en la uni­ver­si­dad, orga­ni­za­da por los Estu­dian­tes para una Socie­dad Demo­crá­ti­ca, con­tra un plan para cons­truir un gim­na­sio uni­ver­si­ta­rio en un par­que local en Har­lem que tam­bién era uti­li­za­do por la comu­ni­dad afro­ame­ri­ca­na al otro lado del par­que. Esta­ba vivien­do y ense­ñan­do en Har­lem en ese momen­to, y sen­tí que este plan era com­ple­ta­men­te inapro­pia­do, así que me uní a la huel­ga.

-¿Crees que tu for­ma­ción pre­via como inge­nie­ro te dio algu­na ven­ta­ja como eco­no­mis­ta?

Me dio una ven­ta­ja al tra­tar de ver los sis­te­mas en su con­jun­to. Comen­cé como inge­nie­ro aero­náu­ti­co: debes enten­der que eres par­te de un gran sis­te­ma, y tam­bién debes enten­der cómo fun­cio­na, si vas a ope­rar den­tro de ese sis­te­ma (y tal vez cam­biar­lo). Eso va en con­tra de la lógi­ca de la eco­no­mía orto­do­xa, don­de se par­te de los ele­men­tos indi­vi­dua­les y se inten­ta cons­truir una expli­ca­ción a par­tir de ahí.

Des­de el comien­zo de mis estu­dios de eco­no­mía, la des­crip­ción orto­do­xa del mun­do no tenía sen­ti­do para mí. Vinien­do de Pakis­tán, y des­pués de via­jar por Mala­sia, Áfri­ca y Amé­ri­ca del Nor­te, sim­ple­men­te no podía acep­tar la idea de que las per­so­nas actúan de una for­ma total­men­te egoís­ta, des­co­nec­ta­das unas de otras, y que solo se preo­cu­pen por las mer­can­cías.

Para la mayo­ría de las per­so­nas, el con­fi­na­mien­to soli­ta­rio es el peor cas­ti­go que pue­das ima­gi­nar, apar­te de la tor­tu­ra físi­ca direc­ta. Pero en la eco­no­mía orto­do­xa, el indi­vi­duo soli­ta­rio y con­fi­na­do es el suje­to ideal. ¡Qué extra­ño!

Des­igual­dad

-Pase­mos a algu­nos temas cen­tra­les de la des­igual­dad eco­nó­mi­ca y la redis­tri­bu­ción. Los eco­no­mis­tas radi­ca­les han expli­ca­do típi­ca­men­te las per­sis­ten­tes des­igual­da­des glo­ba­les en tér­mi­nos de inter­cam­bio des­igual, capi­ta­lis­tas mono­po­lis­tas o coer­ción impe­rial extra­eco­nó­mi­ca. Por el con­tra­rio, tu has argu­men­ta­do que la prin­ci­pal fuer­za cau­sal que repro­du­ce tales des­igual­da­des es la com­pe­ten­cia capi­ta­lis­ta mis­ma. ¿Pue­des expli­car cómo tu teo­ría difie­re de las expli­ca­cio­nes con­ven­cio­na­les?

Cuan­do estás en el Sur Glo­bal, pien­sas en el Cen­tro como una enti­dad que tie­ne algún tipo de plan. Eso es cier­to has­ta cier­to pun­to, como lo deja cla­ro la his­to­rial de poten­cias impe­ria­les como Gran Bre­ta­ña. Pero la natu­ra­le­za del capi­ta­lis­mo some­te a los pla­ni­fi­ca­do­res impe­ria­les y a los pro­pios capi­ta­lis­tas a pre­sio­nes per­sis­ten­tes, lo que Smith, Ricar­do y Marx lla­ma­ron las “leyes de la eco­no­mía polí­ti­ca”, que están más allá de su con­trol direc­to. Y las ten­den­cias resul­tan­tes tam­bién se impo­nen al Cen­tro mis­mo. Eso me lle­vó a pen­sar, ¿a qué fuer­zas están some­ti­dos inclu­so los capi­ta­lis­tas y sus repre­sen­tan­tes en el sis­te­ma esta­tal?

Cuan­do se estu­dia la his­to­ria del capi­ta­lis­mo, se obser­van muchas ten­den­cias, como la recu­rren­cia de las depre­sio­nes eco­nó­mi­cas, que ocu­rren inde­pen­dien­te­men­te de las inten­cio­nes sub­je­ti­vas de la gen­te. Leer a Marx me dio la sen­sa­ción de que podría haber una base para expli­car estas cosas, y expli­car a con­ti­nua­ción las des­igual­da­des regio­na­les y glo­ba­les des­de esa base. Eso no es negar el peso del impe­ria­lis­mo, pero no creo que deba­mos expli­car­lo en tér­mi­nos de mono­po­li­za­ción o inter­cam­bio des­igual en el sen­ti­do tra­di­cio­nal.

Pasé quin­ce o vein­te años ense­ñan­do los tres volú­me­nes de El Capi­tal de Marx, tra­tan­do de extraer y desa­rro­llar su teo­ría eco­nó­mi­ca y apli­car­la al mun­do moderno. Me pare­ció que la expli­ca­ción con­ven­cio­nal del “mono­po­lio” se basa­ba en la teo­ría neo­clá­si­ca. Solía estar en con­tac­to con los eco­no­mis­tas mar­xis­tas Paul Sweezy y Harry Mag­doff , que tra­ba­ja­ban a solo man­za­nas de la New School. Recuer­do haber­les pre­gun­ta­do qué que­rían decir por “mono­po­lio” y, por lo tan­to, por com­pe­ten­cia.

Su res­pues­ta fue bási­ca­men­te que la com­pe­ten­cia es lo que expli­ca la eco­no­mía neo­clá­si­ca. Me pare­ció increí­ble que redu­je­ran la noción de com­pe­ten­cia de Marx a la de Mil­ton Fried­man. Habían rele­ga­do la com­pe­ten­cia a una eta­pa leja­na del capi­ta­lis­mo, una visión que fue avan­za­da por el muy influ­yen­te eco­no­mis­ta mar­xis­ta Rudolf Hil­fer­ding a prin­ci­pios del siglo XX.

Creo que las mis­mas fuer­zas com­pe­ti­ti­vas que pro­du­cen un desa­rro­llo des­igual den­tro de las eco­no­mías nacio­na­les tam­bién pro­du­cen des­igual­da­des regio­na­les o trans­na­cio­na­les. La dife­ren­cia es que den­tro de las eco­no­mías nacio­na­les más avan­za­das, el esta­do está bajo pre­sión para inter­ve­nir a fin de miti­gar estos des­equi­li­brios, ya que son una ame­na­za para todo el sis­te­ma. En una eco­no­mía mun­dial domi­na­da por el impe­ria­lis­mo, los esta­dos fuer­tes pue­den optar por repri­mir las luchas con­tra la des­igual­dad por la fuer­za, duran­te perío­dos de tiem­po con­si­de­ra­bles.

-Tu tra­ba­jo mas recien­te demues­tra que el nivel y la varia­ción de la des­igual­dad de ingre­sos den­tro de las eco­no­mías orga­ni­za­das a nivel nacio­nal se pue­den pre­de­cir solo a par­tir de las fuen­tes de ingre­sos. ¿Por qué?

No lo he des­cu­bier­to yo: es el resul­ta­do de apli­car el tra­ba­jo del físi­co Vic­tor Yako­ven­ko y sus cola­bo­ra­do­res, que habían comen­za­do a bus­car datos sobre la des­igual­dad. Yako­ven­ko tuvo la inte­li­gen­te idea de divi­dir a las per­so­nas que per­ci­ben ingre­sos en dos gru­pos dis­tin­tos: el 90 – 95% por cien­to infe­rior y el seg­men­to supe­rior. Resul­ta que los ingre­sos del seg­men­to infe­rior pro­vie­nen prin­ci­pal­men­te de la fuer­za de tra­ba­jo, mien­tras que la capa supe­rior deri­va sus ingre­sos casi por com­ple­to de la pro­pie­dad. Demos­tra­ron que las ren­tas del tra­ba­jo y las ren­tas de los pro­pie­ta­rios tie­nen dos dis­tri­bu­cio­nes dis­tin­tas, en todo momen­to y en todos los paí­ses avan­za­dos.

Una vez le pre­gun­té a Yako­ven­ko cómo selec­cio­nó estos dos patro­nes dife­ren­cia­les para los datos y su rela­ción con el tra­ba­jo y los ingre­sos de los pro­pie­ta­rios. Res­pon­dió: “¿Qué quie­res decir? Fui edu­ca­do en Rusia, ¡sabe­mos de cla­ses! Tam­bién tra­tó de expli­car estos patro­nes en tér­mi­nos de físi­ca de par­tí­cu­las, es decir, afir­mó que eran aná­lo­gos a las coli­sio­nes de par­tí­cu­las en cier­tas con­di­cio­nes. Para mí no tenía sen­ti­do. La rela­ción entre el tra­ba­jo asa­la­ria­do y el capi­tal es sin duda una espe­cie de “coli­sión”, pero no como par­tí­cu­las en coli­sión.

Ini­cial­men­te, espe­ra­ba que las fuer­zas que gene­ra­ban dife­ren­cias de géne­ro y racia­les dis­tor­sio­na­ran la dis­tri­bu­ción del ingre­so para las muje­res y las per­so­nas negras en los Esta­dos Uni­dos, pero no era el caso. El géne­ro y la raza solo influían en el nivel de dis­tri­bu­ción del ingre­so, no en su for­ma. Que­ría expli­car cómo podía ser así, y comen­cé a tra­ba­jar con estu­dian­tes gra­dua­dos para deri­var estos patro­nes de la noción bási­ca en Smith, Ricar­do y Marx de que las tasas de sala­rios y ganan­cias están suje­tas a un pro­ce­so de igua­la­ción.

Los tra­ba­ja­do­res se tras­la­dan o “mue­ven” de áreas de sala­rios bajos a altos. Sin embar­go, encuen­tran muchos obs­tácu­los en el camino. Algu­nos lo logran, otros no; algu­nos regre­san a don­de comen­za­ron, algu­nos se que­dan en los pun­tos inter­me­dios; otros toda­vía ter­mi­nan con un sala­rio más bajo que sus ingre­sos ante­rio­res, y así suce­si­va­men­te. Este pro­ce­so de dis­per­sión se cono­ce como “difu­sión”. Uti­li­zan­do los prin­ci­pios de la difu­sión deri­va­da, demos­tra­mos que las dis­tri­bu­cio­nes obser­va­das de los ingre­sos sala­ria­les y de la pro­pie­dad pue­den dedu­cir­se teó­ri­ca­men­te.

-Aun­que las orga­ni­za­cio­nes labo­ra­les pue­den cam­biar la dis­tri­bu­ción gene­ral del ingre­so de los bene­fi­cios a favor de los sala­rios, las tasas sala­ria­les dife­ren­cia­les aún per­sis­ten en toda la eco­no­mía. Muchos eco­no­mis­tas res­pon­sa­bi­li­zan a la seg­men­ta­ción de los mer­ca­dos labo­ra­les de ello. Tu teo­ría, por el con­tra­rio, pre­di­ce que las empre­sas más inten­si­vas en capi­tal ten­de­rán a tener tasas sala­ria­les más altas, con cual­quier fuer­za sin­di­cal orga­ni­za­da. ¿Cuá­les son las prin­ci­pa­les razo­nes de tales dife­ren­cia­les?

Este argu­men­to fue desa­rro­lla­do por mi anti­guo alumno, el pro­fe­sor Howard Bot­wi­nick, que des­pués de la uni­ver­si­dad fue tra­ba­ja­dor meta­lúr­gi­co. En su pos­te­rior inves­ti­ga­ción de pos­gra­do, plan­teó la pre­gun­ta: “¿Cuá­les son los lími­tes para las luchas obre­ras por las tasas sala­ria­les?” Cuan­do se orga­ni­za sin­di­cal­men­te, se sabe que hay lími­tes en la pre­sión que se pue­de ejer­cer sin que­brar a la pro­pia empre­sa. Howard que­ría demos­trar que estos lími­tes pue­den deri­var­se de una teo­ría de la com­pe­ten­cia real. Resu­mió sus esfuer­zos en un libro bri­llan­te titu­la­do Des­igual­da­des per­sis­ten­tes.

Howard argu­men­tó que hay que dis­tin­guir entre las empre­sas de bajo cos­te que esta­ble­cen los pre­cios y las otras empre­sas que se ven obli­ga­das a acep­tar esos pre­cios a tra­vés de la pre­sión de la com­pe­ten­cia mis­ma. Las empre­sas de bajo cos­te tie­nen más espa­cio para absor­ber cos­tes sala­ria­les más altos. Ade­más, los cos­tes más bajos a menu­do se logran a tra­vés de una mayor inten­si­dad de capi­tal. Esto sig­ni­fi­ca que tie­nen una can­ti­dad de mano de obra pro­por­cio­nal­men­te menor, por lo que si los sala­rios aumen­tan, los cos­tes tota­les de tales empre­sas ten­de­rán a aumen­tar menos que los del res­to.

-Los esta­dos de bien­es­tar redis­tri­bu­ti­vos a menu­do se han carac­te­ri­za­do, tan­to des­de la pers­pec­ti­va de la izquier­da como de la dere­cha, como ins­ti­tu­cio­nes que “gra­van a los ricos”. Tu aná­li­sis com­pa­ra­ti­vo de los dife­ren­tes esta­dos de bien­es­tar de la pos­gue­rra sugie­re una ima­gen dis­tin­ta.

Con mi alumno Ahmet Tonak comen­za­mos a tra­ba­jar en esta cues­tión por­que los inte­lec­tua­les de izquier­da ‑Samuel Bow­les y Her­bert Gin­tis, por ejemplo‑, habían argu­men­ta­do que la tri­bu­ta­ción de los ricos era la base del esta­do de bien­es­tar. Era una supo­si­ción muy común en la izquier­da. Me sor­pren­dió des­cu­brir que casi toda la redis­tri­bu­ción tie­ne lugar den­tro de la pro­pia cla­se tra­ba­ja­do­ra: los tra­ba­ja­do­res de mayo­res ingre­sos pagan impues­tos, y esos fon­dos lue­go se redis­tri­bu­yen a los tra­ba­ja­do­res más pobres.

La dife­ren­cia entre lo que los tra­ba­ja­do­res como cla­se reci­ben en sani­dad, edu­ca­ción, apo­yo a sus ingre­sos, etc., y lo que pagan en impues­tos, es algo que lla­ma­mos el “sala­rio social neto”. Des­cu­bri­mos que era bas­tan­te peque­ño en los Esta­dos Uni­dos, mien­tras que en Sue­cia, con su esta­do de bien­es­tar social­de­mó­cra­ta y sus altos gas­tos socia­les, el sala­rio social neto era efec­ti­va­men­te cero. ¡Eso nos sor­pren­dió mucho!

Fun­da­men­tos teó­ri­cos

-Los deba­tes polí­ti­cos gene­ra­les entre dere­cha e izquier­da a menu­do están ancla­dos en escue­las de pen­sa­mien­to riva­les: la eco­no­mía neo­clá­si­ca por el lado de la ofer­ta ver­sus la eco­no­mía key­ne­sia­na por el lado de la deman­da. Tu posi­ción es que la ren­ta­bi­li­dad de las empre­sas capi­ta­lis­tas regu­la tan­to la ofer­ta como la deman­da y, por lo tan­to, una visión por el “lado del bene­fi­cio” es más apro­pia­da. ¿Qué quie­res decir con esto?

Key­nes dice pri­me­ro que las deci­sio­nes de inver­sión gobier­nan la deman­da agre­ga­da, pero, a dife­ren­cia de muchos de sus segui­do­res, con­ti­núa argu­men­tan­do que la ren­ta­bi­li­dad neta, la dife­ren­cia entre la tasa de inte­rés y la tasa de ren­di­mien­to, regu­la las inver­sio­nes comer­cia­les. Si se bus­ca hacer nue­vas inver­sio­nes, se bus­can opor­tu­ni­da­des con la tasa de ren­di­mien­to neta más alta. La tasa de inte­rés es la tasa de ren­di­mien­to míni­ma, ya que es lo que se con­se­gui­ría sim­ple­men­te colo­can­do los fon­dos para inver­sión en el ban­co.

Pero resul­ta que Marx dice lo mis­mo: la “la tasa de ganan­cia indus­trial”, la dife­ren­cia entre la tasa de ganan­cia y la tasa de inte­rés, es lo que moti­va las inver­sio­nes. Enton­ces sur­ge la pre­gun­ta: ¿cómo se rela­cio­na la teo­ría de Marx con la teo­ría de la deman­da efec­ti­va que pode­mos encon­trar en la obra de Key­nes?

He tra­ta­do de demos­trar cómo se pue­de cons­truir una teo­ría macro­eco­nó­mi­ca sobre la mis­ma base que la micro­eco­no­mía, que ana­li­za el com­por­ta­mien­to de la empre­sa capi­ta­lis­ta. Pri­me­ro, las empre­sas se dedi­can a la pro­duc­ción (crear ofer­ta) sobre la base de la ren­ta­bi­li­dad a cor­to pla­zo. Para pro­du­cir, deben com­prar mate­rias pri­mas, con­tra­tar tra­ba­ja­do­res, com­prar bie­nes de inver­sión y dis­tri­buir divi­den­dos e intere­ses a sus pro­pie­ta­rios y pres­ta­mis­tas. Por lo tan­to, las deci­sio­nes basa­das en las ganan­cias para crear ofer­ta gene­ran la deman­da de mate­rias pri­mas y, a tra­vés de los pagos de sala­rios, divi­den­dos e intere­ses, gene­ran la deman­da de con­su­mo.

Al mis­mo tiem­po, la ren­ta­bi­li­dad a lar­go pla­zo regu­la la deman­da de inver­sión. En otras pala­bras, la ren­ta­bi­li­dad regu­la tan­to la ofer­ta (pro­duc­ción) como la deman­da. Por supues­to, un gran núme­ro de empre­sas y con­su­mi­do­res hacen esto indi­vi­dual­men­te, por lo que la ofer­ta y la deman­da agre­ga­das solo se rela­cio­nan entre sí a tra­vés de un pro­ce­so de erro­res y ajus­tes que lla­mo “regu­la­ción tur­bu­len­ta”. Por lo tan­to, la macro­eco­no­mía real no se sitúa ni del lado de la ofer­ta ni de la deman­da: sino del lado de las ganan­cias.

-Su recien­te libro Capi­ta­lis­mo desa­rro­lla una con­cep­ción de la com­pe­ten­cia de mer­ca­do “real” que recha­za los fun­da­men­tos orto­do­xos y hete­ro­do­xos con­ven­cio­na­les. ¿Por qué es tan impor­tan­te en su libro este tema?

He tra­ta­do de mos­trar que pue­des expli­car una gran varie­dad de fenó­me­nos des­de el pun­to de vis­ta de la com­pe­ten­cia. Por supues­to, la pre­gun­ta es: ¿qué idea de com­pe­ten­cia pue­des usar? La teo­ría de la “com­pe­ten­cia per­fec­ta” es fran­ca­men­te absur­da, y posi­ble­men­te esté dise­ña­da para repre­sen­tar al capi­ta­lis­mo como un sis­te­ma social ideal. Cuan­do se va más allá, aún que­da la pre­gun­ta de cómo las coli­sio­nes entre las empre­sas regu­lan sus resul­ta­dos.

Esa es la teo­ría de la com­pe­ten­cia real. Marx la pre­sen­tó de for­ma elíp­ti­ca en el Volu­men III de El Capi­tal, pero tam­bién está implí­ci­ta en los volú­me­nes ante­rio­res. La ela­bo­ré y la desa­rro­llé para expli­car los patro­nes obser­va­dos de pre­cios rela­ti­vos, tasas de cam­bio, balan­zas comer­cia­les inter­na­cio­na­les, tasas de inte­rés, pre­cios de bonos y accio­nes, cre­ci­mien­to y deman­da efec­ti­va, empleo y des­em­pleo, cri­sis recu­rren­tes y ten­den­cias a la des­igual­dad Siem­pre con­fron­to la teo­ría con los hechos.

Antes me pre­gun­tas­te cómo ser inge­nie­ro influ­ye en mi enfo­que de la teo­ría eco­nó­mi­ca. Bueno, ¡a los inge­nie­ros les preo­cu­pa expli­car los fenó­me­nos empí­ri­cos! No es bueno tener una teo­ría de cómo vue­lan los avio­nes. Si no pue­des hacer que vue­len en la prác­ti­ca, enton­ces no eres un buen inge­nie­ro.

-Hablan­do de fun­da­men­tos teó­ri­cos, ¿qué ves en las teo­rías de Adam Smith, David Ricar­do y John May­nard Key­nes que com­ple­men­ten las de Karl Marx?

Marx reco­no­ció su deu­da con Smith y Ricar­do. Bas­ta con mirar su teo­ría de la com­pe­ten­cia y la apro­pia­ción del pro­duc­to por capi­ta­lis­tas y terra­te­nien­tes, que com­par­te ele­men­tos fun­da­men­ta­les que pode­mos encon­trar en Smith y Ricar­do.

Algu­nos mar­xis­tas tien­den a des­car­tar la rela­ción entre estos tres pen­sa­do­res. Eso sig­ni­fi­ca dejar de lado los cua­ren­ta años de tra­ba­jo que Marx hizo sobre las ten­den­cias reales del capi­ta­lis­mo. Los mar­xis­tas pare­cen sen­tir­se satis­fe­chos con los con­cep­tos de explo­ta­ción ‑que entien­den como un pro­ce­so abs­trac­to, una con­cep­ción seria­men­te inade­cua­da, en mi opinión‑, y de alie­na­ción.

Pero, ¿por qué Marx se preo­cu­pó por cosas como el “ejér­ci­to de reser­va de tra­ba­jo”, “cir­cui­tos de capi­tal”, “esque­mas de repro­duc­ción”, “pre­cios de pro­duc­ción”, “ren­ta dife­ren­cial y abso­lu­ta”, etc. ¿Podría haber sido un “buen” mar­xis­ta si se hubie­se limi­ta­do a la “plus­va­lía”, la “explo­ta­ción” y el “feti­chis­mo de la mer­can­cía”, dedi­can­do el res­to de su vida a la polí­ti­ca? En mi opi­nión, el enfo­que mar­xis­ta con­ven­cio­nal minus­va­lo­ra y redu­ce el tra­ba­jo de Marx a una serie par­ti­cu­lar de temas con los que los mar­xis­tas se han sen­ti­do cómo­dos.

Esto se debe en par­te a que no es nece­sa­rio lidiar con la com­pe­ten­cia y todos los fenó­me­nos com­ple­jos a los que da lugar si se comien­za con la asun­ción del mono­po­lio. Esta es la línea orto­do­xa den­tro de la teo­ría mar­xis­ta, que recha­zo.

-Un crí­ti­co de tu libro cues­tio­nó tu adop­ción de la teo­ría del valor clá­si­ca mar­xis­ta, en la cual la nece­si­dad de fuer­za de tra­ba­jo en la pro­duc­ción es la fuen­te de ganan­cias. Según este comen­ta­ris­ta, esta teo­ría no pare­cía tener rele­van­cia para tu mode­lo eco­nó­mi­co en gene­ral. ¿Esta­ba equi­vo­ca­do?

De hecho, una bue­na par­te del libro se basa en la teo­ría del valor tra­ba­jo. Demues­tro que los pre­cios rela­ti­vos a la Smith y Ricar­do están domi­na­dos por los valo­res de la fuer­za de tra­ba­jo. Lo que lla­ma­ron tiem­po de tra­ba­jo direc­to e indi­rec­to, Marx lo lla­mó tiem­po de tra­ba­jo abs­trac­to. He escri­to mucho sobre eso antes. Tam­bién abor­do la cues­tión plan­tea­da por el pro­pio Marx, de las dos fuen­tes dife­ren­tes de bene­fi­cio agre­ga­do: el bene­fi­cio basa­do en la plus­va­lía y el bene­fi­cio basa­do en las trans­fe­ren­cias de rique­za y valor. Si se par­te de la teo­ría del poder de mono­po­lio, no hay que lidiar con estos pro­ble­mas.

-Tu aná­li­sis de la diná­mi­ca capi­ta­lis­ta se cen­tra en las ten­den­cias y las limi­ta­cio­nes que sur­gen de los capi­ta­lis­tas y sus empre­sas. Los crí­ti­cos podrían argu­men­tar que las ins­ti­tu­cio­nes esta­ta­les y las orga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les sim­ple­men­te jue­gan un papel secun­da­rio en su aná­li­sis. En con­se­cuen­cia, que care­ce de rele­van­cia estra­té­gi­ca para los movi­mien­tos polí­ti­cos invo­lu­cra­dos en la lucha de cla­ses. ¿Qué dirías en res­pues­ta a este argu­men­to?

Para hablar sobre la inter­ven­ción esta­tal y la orga­ni­za­ción sin­di­cal, pri­me­ro deben esta­ble­cer­se las leyes de gra­ve­dad a las que se enfren­tan. Si crees que el sis­te­ma se basa en el mono­po­lio, que se ha con­ver­ti­do en un sagra­do nos­trum de la eco­no­mía mar­xis­ta, enton­ces todo gira entorno al poder del esta­do y el poder del capi­tal con­tra el tra­ba­jo.

Des­de mi pun­to de vis­ta, nada, ni siquie­ra los pro­pios capi­ta­lis­tas, tie­nen ese tipo de poder, por­que las reglas impues­tas sobre el tra­ba­jo y el capi­tal pro­vie­nen de la crea­ción de ganan­cias y la com­pe­ten­cia de los capi­ta­les, que Marx vin­cu­la espe­cí­fi­ca­men­te entre sí. Un esta­do pue­de inter­ve­nir para redis­tri­buir los ingre­sos y opo­ner­se tan­to al capi­tal como al tra­ba­jo. Impul­sa­do por las luchas de los tra­ba­ja­do­res, tam­bién pue­de inter­ve­nir para cons­truir un sis­te­ma de bien­es­tar. Pero estas inter­ven­cio­nes siguen estan­do fun­da­men­tal­men­te limi­ta­das por su impac­to en la ren­ta­bi­li­dad de las empre­sas.

Per­mí­te­me ilus­trar esos lími­tes hacien­do refe­ren­cia al argu­men­to de Marx sobre el ejér­ci­to de reser­va del tra­ba­jo. Comien­za pre­gun­tan­do: supon­ga­mos que el cre­ci­mien­to es tan alto que este ejér­ci­to de reser­va de tra­ba­ja­do­res des­em­plea­dos comien­za a ago­tar­se, ¿qué suce­de enton­ces? Los mer­ca­dos de tra­ba­jo se hacen más rígi­dos y los sala­rios ten­de­rán a aumen­tar, lo cual es bueno para los tra­ba­ja­do­res.

Pero si los sala­rios aumen­tan en rela­ción con la pro­duc­ti­vi­dad, enton­ces la ren­ta­bi­li­dad cae, lo que ace­le­ra la meca­ni­za­ción en cur­so en las empre­sas y dis­mi­nu­ye las tasas gene­ra­les de cre­ci­mien­to. La des­ace­le­ra­ción del reclu­ta­mien­to de mano de obra a tra­vés del cre­ci­mien­to y el des­pla­za­mien­to cre­cien­te de tra­ba­ja­do­res a tra­vés de la meca­ni­za­ción, repon­drán el ejér­ci­to de reser­va. Estos son efec­tos de retro­ali­men­ta­ción inhe­ren­tes a las ope­ra­cio­nes capi­ta­lis­tas mis­mas.

Te daré otro ejem­plo clá­si­co. Se pue­de crear empleo aumen­tan­do la deman­da efec­ti­va a tra­vés del gas­to públi­co. De hecho, eso es lo que Hitler y Roo­se­velt hicie­ron en la déca­da de 1930, y ambos gobier­nos tuvie­ron un enor­me éxi­to a la hora de redu­cir el des­em­pleo.

Ello podría suge­rir que todo lo refe­ren­te a la ren­ta­bi­li­dad y el ejér­ci­to de reser­va del tra­ba­jo es irre­le­van­te. Pero cuan­do mira­mos más de cer­ca, pode­mos ver que fue­ron las con­di­cio­nes de gue­rra lo que per­mi­tie­ron que tan­to el régi­men nazi como la admi­nis­tra­ción Roo­se­velt blo­quea­ran los efec­tos nor­ma­les de retro­ali­men­ta­ción: no se per­mi­tió que los sala­rios y los pre­cios aumen­ta­ran, la pro­duc­ti­vi­dad aumen­tó dra­má­ti­ca­men­te y las tasas de inte­rés se man­tu­vie­ron bajas. De ahí el sal­to en la deman­da y el empleo finan­cia­dos por el défi­cit, lo que dio un impul­so sig­ni­fi­ca­ti­vo a la ren­ta­bi­li­dad y las inver­sio­nes.

Sin embar­go, en los años sesen­ta y seten­ta, las polí­ti­cas simi­la­res dise­ña­das para esti­mu­lar el cre­ci­mien­to deja­ron de fun­cio­nar des­pués de un tiem­po: la ren­ta­bi­li­dad cayó, el des­em­pleo vol­vió y la infla­ción des­pe­gó. De hecho, esto pue­de pre­de­cir­se uti­li­zan­do la teo­ría de Marx del ejér­ci­to de reser­va del tra­ba­jo y los lími­tes de cre­ci­mien­to implí­ci­tos en sus esque­mas de repro­duc­ción eco­nó­mi­ca.

En otras pala­bras, si se desea inter­ve­nir en apo­yo de los tra­ba­ja­do­res, hay que ele­gir entre dos opcio­nes: man­te­ner un aumen­to más rápi­do de la pro­duc­ti­vi­dad que de los sala­rios reales (lo que yo lla­mo el “ejem­plo sue­co”) o evi­tar que aumen­ten sala­rios, pre­cios, y tasas de inte­rés (con­ge­lan­do el fun­cio­na­mien­to nor­mal del mer­ca­do). Eso te da un res­pi­ro por un tiem­po, pero si no entien­des lo que estás hacien­do, ¡los tra­ba­ja­do­res ter­mi­nan pagan­do el pre­cio! Este tipo de aná­li­sis expli­ca los pará­me­tros o lími­tes de la lucha sin­di­cal.

Macro­di­ná­mi­ca

-La his­to­ria del capi­ta­lis­mo se ha carac­te­ri­za­do por ondas lar­gas de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co. ¿Por qué este cre­ci­mien­to exhi­be una tasa expo­nen­cial, en lugar de una ten­den­cia más len­ta?

El cre­ci­mien­to en el capi­ta­lis­mo es un pro­ce­so de auto­ali­men­ta­ción: no es sim­ple­men­te expo­nen­cial, sino tam­bién cícli­co. En la medi­da en que el sis­te­ma está ali­men­ta­do por una diná­mi­ca inter­na, perió­di­ca­men­te alcan­za lími­tes defi­ni­dos. Una señal de esto es cuan­do el cos­te del oro y otros acti­vos segu­ros aumen­ta más rápi­do que el res­to. Este es el pro­ce­so que Niko­lai Kon­dra­tiev obser­vó por pri­me­ra vez, y final­men­te está regu­la­do por la ren­ta­bi­li­dad del capi­tal.

La pre­gun­ta es, ¿qué ali­men­ta la tasa de cre­ci­mien­to com­pues­ta de la pro­duc­ción? La tasa de ganan­cia es el obje­ti­vo del capi­tal y regu­la la tasa de cre­ci­mien­to del stock de capi­tal. A medi­da que las empre­sas com­pi­ten y cre­cen, re-invier­ten una par­te de sus ganan­cias, por lo que la pro­duc­ción ten­de­rá a seguir la tasa de cre­ci­mien­to com­pues­ta del stock de capi­tal.

-En un mun­do con limi­ta­cio­nes de recur­sos fini­tos, el cre­ci­mien­to expo­nen­cial solo pue­de per­sis­tir si la efi­cien­cia de los recur­sos cre­ce al menos tan rápi­do como la pro­duc­ción. ¿Crees que las eco­no­mías de mer­ca­do capi­ta­lis­tas pue­den supe­rar esta barre­ra por medios endó­ge­nos de cam­bio téc­no­ló­gi­co?

La eco­no­mía orto­do­xa tien­de a ver la ofer­ta de tra­ba­jo como una res­tric­ción de recur­sos fijos y fini­tos. Creo que este pun­to de vis­ta es empí­ri­ca­men­te erró­neo, ya que siem­pre hay per­so­nas fue­ra del ejér­ci­to de reser­va de mano de obra que pue­den par­ti­ci­par: por ejem­plo, el reclu­ta­mien­to de muje­res tra­ba­ja­do­ras duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial, o los tra­ba­ja­do­res migran­tes de todo el mun­do hoy. Sin embar­go, la ofer­ta labo­ral tie­ne impli­ca­cio­nes para la for­ma que asu­me el cam­bio tec­no­ló­gi­co en con­tex­tos par­ti­cu­la­res.

Marx seña­ló que la esca­sez de mano de obra bara­ta en los EEUU con­du­jo a la adop­ción de maqui­na­ria para rom­per pie­dras. Por el con­tra­rio, había una ofer­ta apa­ren­te­men­te infi­ni­ta de tra­ba­ja­do­res irlan­de­ses pobres que podían ser reclu­ta­dos para rea­li­zar este tra­ba­jo ago­ta­dor en Ingla­te­rra, sin men­cio­nar a la pro­pia Irlan­da, por lo que el rit­mo del cam­bio fue infe­rior al de los Esta­dos Uni­dos. Casos como ese ilus­tran la fle­xi­bi­li­dad y varia­bi­li­dad del capi­ta­lis­mo.

¿Cuá­les son los lími­tes inter­nos para el cre­ci­mien­to del capi­ta­lis­mo? Los esque­mas de repro­duc­ción de Marx lo expli­can. El nivel y la ten­den­cia de la ren­ta­bi­li­dad regu­lan tan­to la deman­da como la ofer­ta; cuan­to más se re-invier­te la plus­va­lía, más rápi­do pue­de cre­cer el sis­te­ma. La tasa de cre­ci­mien­to máxi­mo (abs­trac­to) del capi­tal es el pun­to en el que se re-invier­te todo el exce­den­te.

Pero la rela­ción de la plus­va­lía con el capi­tal es sim­ple­men­te la tasa de ganan­cia. ¡Enton­ces el lími­te supe­rior para el cre­ci­mien­to lo esta­ble­ce la tasa de ganan­cia! Esta tasa de cre­ci­mien­to máxi­ma es abs­trac­ta­men­te posi­ble solo cuan­do las tasas de cre­ci­mien­to son igua­les en dife­ren­tes sec­to­res de la eco­no­mía, lo que en la prác­ti­ca es impo­si­ble. Por lo tan­to, a medi­da que la eco­no­mía se acer­ca al máxi­mo cre­ci­mien­to, comien­zan a sur­gir cue­llos de bote­lla en dife­ren­tes sec­to­res y limi­tan el cre­ci­mien­to real.

Cuan­do se tra­ta de recur­sos fini­tos como los com­bus­ti­bles fósi­les, creo que el capi­tal pue­de supe­rar tales barre­ras. Tome­mos el car­bón, por ejem­plo, que fue el com­bus­ti­ble prin­ci­pal del capi­ta­lis­mo duran­te mucho tiem­po. Las empre­sas capi­ta­lis­tas se adap­ta­ron para cam­biar a otros com­bus­ti­bles, mucho antes de que las pre­sio­nes ambien­ta­les entra­ran en acción. Un cam­bio simi­lar para la ener­gía nuclear y solar tam­bién sería fac­ti­ble, pero eso depen­de de un desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co lide­ra­do por el esta­do que pue­da actuar en el inte­rés colec­ti­vo del capi­ta­lis­mo inclu­so cuan­do los capi­ta­lis­tas indi­vi­dua­les no com­pren­dan ese inte­rés.

En ese sen­ti­do, ten­go más con­fian­za en la adap­ta­bi­li­dad del capi­ta­lis­mo que la mayo­ría de los mar­xis­tas. Pero eso no sig­ni­fi­ca que los capi­ta­lis­tas no des­tru­yan el pla­ne­ta en el pro­ce­so, pero eso sería una limi­ta­ción de un tipo dife­ren­te.

-En tu aná­li­sis, las ondas de alzas y bajas eco­nó­mi­cas, las ondas más lar­gas que abar­can unos cua­ren­ta años, se rigen por cam­bios secu­la­res en la ren­ta­bi­li­dad. Defien­des que la ren­ta­bi­li­dad, a su vez, está deter­mi­na­da por tres fac­to­res cen­tra­les: uti­li­za­ción de la capa­ci­dad pro­duc­ti­va, lucha de cla­ses y cam­bio tec­no­ló­gi­co. ¿Están las ondas lar­gas del capi­ta­lis­mo prin­ci­pal­men­te impul­sa­das por el cam­bio tec­no­ló­gi­co que emer­ge y se ago­ta? ¿Qué papel jue­gan los otros dos fac­to­res?

En pri­mer lugar, la uti­li­za­ción de la capa­ci­dad pro­duc­ti­va no desem­pe­ña un papel impor­tan­te a lar­go pla­zo, ya que las empre­sas adap­tan con­ti­nua­men­te la ofer­ta a la deman­da expan­dien­do la pro­duc­ción y ajus­tan­do los inven­ta­rios. Eso no es un lími­te. Ade­más, la lucha de cla­ses por los sala­rios y las con­di­cio­nes de tra­ba­jo (en opo­si­ción a la lucha por la exis­ten­cia del pro­pio capi­ta­lis­mo) está limi­ta­da por la ofer­ta de tra­ba­jo, la tasa de cam­bio tec­no­ló­gi­co, la movi­li­dad del capi­tal, etc. Por lo tan­to, es el nivel y la direc­ción de la ren­ta­bi­li­dad lo que regu­la las ten­den­cias a lar­go pla­zo del desa­rro­llo capi­ta­lis­ta.

-Sobre la base de la teo­ría del des­em­pleo de Marx, has argu­men­ta­do que el des­em­pleo no pue­de ser eli­mi­na­do bajo el capi­ta­lis­mo de mane­ra esta­ble. Es decir, si el des­em­pleo dis­mi­nu­ye, el mayor poder de nego­cia­ción de los tra­ba­ja­do­res afec­ta la ren­ta­bi­li­dad y la dis­po­si­ción de los capi­ta­lis­tas a inver­tir. El des­em­pleo vol­ve­rá, a menos que las deman­das sala­ria­les se man­ten­gan por deba­jo de la tasa de cre­ci­mien­to de la pro­duc­ti­vi­dad. Dicha res­tric­ción sala­rial podría pro­du­cir­se a tra­vés de una lucha de cla­ses inten­si­fi­ca­da por par­te de la cla­se domi­nan­te, o median­te una nego­cia­ción colec­ti­va alta­men­te cen­tra­li­za­da, como lo había hecho ante­rior­men­te el movi­mien­to sin­di­cal sue­co . ¿Sería fac­ti­ble esta estra­te­gia en una eco­no­mía capi­ta­lis­ta avan­za­da hoy?

La Sue­cia de pos­gue­rra y la Ale­ma­nia nazi ejem­pli­fi­can las dos estra­te­gias opues­tas para com­ba­tir el des­em­pleo, a tra­vés de la coor­di­na­ción volun­ta­ria o la coer­ción bru­ta. Todo mi tra­ba­jo teó­ri­co se basa en un estu­dio cui­da­do­so de la evi­den­cia empí­ri­ca, el mis­mo enfo­que adop­ta­do por Smith, Ricar­do, Marx y Key­nes. Ha pasa­do tiem­po des­de que eché un vis­ta­zo al caso sue­co, pero me gus­ta­ría vol­ver a él con dos cosas en men­te: una es cómo Sue­cia abor­dó el cre­ci­mien­to, la pro­duc­ción y el empleo des­de el pun­to de vis­ta de la com­pe­ten­cia real; el otro es cómo se ocu­pó de las trans­fe­ren­cias den­tro de la cla­se tra­ba­ja­do­ra.

-Su teo­ría del des­em­pleo va en con­tra de los defen­so­res de la Teo­ría Mone­ta­ria Moder­na (TMM), quie­nes argu­men­tan que el esta­do pue­de expan­dir la pro­duc­ción eco­nó­mi­ca y eli­mi­nar el des­em­pleo sim­ple­men­te crean­do y gas­tan­do dine­ro del esta­do. La úni­ca limi­ta­ción en este esce­na­rio sería la infla­ción de pre­cios de bie­nes y ser­vi­cios, que según los defen­so­res de TMM podría esca­par de con­trol una vez que se haya alcan­za­do el pleno empleo.

Dejan­do de lado la impli­ca­ción de una dis­ci­pli­na sala­rial coor­di­na­da para man­te­ner esa tra­yec­to­ria, tu aná­li­sis sugie­re que un mayor cre­ci­mien­to pue­de aumen­tar la infla­ción impul­sa­da por los cos­tes mucho antes de que se alcan­ce el pun­to de pleno empleo. ¿Por qué lle­gas a con­clu­sio­nes tan dife­ren­tes?

La idea cen­tral de la TMM, como muchas per­so­nas han obser­va­do, des­afor­tu­na­da­men­te no es nue­va: cuan­do tie­nes dine­ro fidu­cia­rio, el esta­do pue­de impri­mir todo lo que quie­ra. Este no es un des­cu­bri­mien­to “moderno” sino más bien una inven­ción de los colo­nos nor­te­ame­ri­ca­nos, quie­nes des­cu­brie­ron que no podían com­prar cosas por­que no tenían oro y Gran Bre­ta­ña les impe­día obte­ner­lo.

Así que inven­ta­ron un pro­ce­so por el cual con­ven­cie­ron a las per­so­nas de acep­tar dine­ro impre­so sobre la base de que era con­ver­ti­ble en oro en algún momen­to futu­ro. Esto tam­bién con­du­jo a una de las pri­me­ras hiper­in­fla­cio­nes de la his­to­ria. JK Gal­braith escri­bió un her­mo­so libro lla­ma­do Dine­ro: de dón­de vino, a dón­de fue. Un capí­tu­lo en mi libro pro­por­cio­na una crí­ti­ca de la TMM, con res­pec­to no solo a los orí­ge­nes del dine­ro sino tam­bién a sus ope­ra­cio­nes y efec­tos.

En segun­do lugar, a lo lar­go de los años, la TMM ha cam­bia­do su teo­ría de la infla­ción. Ini­cial­men­te, se basó en la noción habi­tual del capi­tal mono­po­lis­ta de que los pre­cios se crean a tra­vés de már­ge­nes esta­bles en los sala­rios mone­ta­rios. Des­de esta pers­pec­ti­va, la infla­ción es pro­duc­to del aumen­to de los sala­rios. Pos­te­rior­men­te, la escue­la de la TMM pare­ce haber vuel­to a la noción key­ne­sia­na de que los pre­cios solo aumen­tan cuan­do la mayor deman­da satis­fa­ce la ofer­ta que está limi­ta­da por el pleno empleo.

Aho­ra, como demues­tro en mi libro, ¡eso sim­ple­men­te no fun­cio­na empí­ri­ca­men­te! Por lo tan­to, debe pre­gun­tar­se qué esta­ble­ce el lími­te para la expan­sión, y eso me lle­va de vuel­ta a los lími­tes inter­nos del cre­ci­mien­to esta­ble­ci­dos por la ren­ta­bi­li­dad que dis­cu­ti­mos antes: si la tasa de ganan­cia está aumen­tan­do, enton­ces la tasa de cre­ci­mien­to tam­bién tie­ne más espa­cio para aumen­tar antes de que comien­ce a alcan­zar esos lími­tes.

Por otro lado, si la tasa de ganan­cia está cayen­do, lo que sin duda fue el caso en la déca­da de 1970, enton­ces los lími­tes se vuel­ven más estric­tos, lo que pro­vo­ca infla­ción si la deman­da agre­ga­da se esti­mu­la con­ti­nua­men­te. Por lo tan­to, cuan­do se uti­li­za el gas­to y el cré­di­to del esta­do, que en prin­ci­pio son ili­mi­ta­dos, para impul­sar la eco­no­mía, se comien­zan a alcan­zar los lími­tes del cre­ci­mien­to, inclu­so si hay un des­em­pleo per­sis­ten­te. Ade­más, el ago­ta­mien­to del ejér­ci­to de reser­va de tra­ba­jo afec­ta a su vez la ren­ta­bi­li­dad, lo que sig­ni­fi­ca que esos lími­tes son aún más estric­tos.

El futu­ro de la eco­no­mía polí­ti­ca

-¿Cómo des­cri­bi­rías el esta­do actual de la eco­no­mía polí­ti­ca mar­xis­ta, espe­cial­men­te en com­pa­ra­ción con tu épo­ca de estu­dian­te gra­dua­do?

Cuan­do era un estu­dian­te gra­dua­do, se esta­ba abrien­do a muchos temas dife­ren­tes, como el impe­ria­lis­mo y el gas­to mili­tar, la explo­ta­ción, el desa­rro­llo des­igual, pre­gun­tas muy cru­cia­les. Por otro lado, ya se había que­da­do atas­ca­da en la idea fun­da­men­tal del mono­po­lio. Me pare­ció que tenía que expli­car las mis­mas cosas, lo que cier­ta­men­te no he ter­mi­na­do de hacer, des­de una base dife­ren­te. Cuan­to más leía a Marx, más dis­tan­te pare­cía su noción de com­pe­ten­cia de la de la eco­no­mía neo­clá­si­ca. En el pro­ce­so, mi insa­tis­fac­ción con los prin­ci­pios de la eco­no­mía polí­ti­ca mar­xis­ta exis­ten­te aumen­tó.

Creo que la eco­no­mía polí­ti­ca mar­xis­ta se estan­có duran­te bas­tan­te tiem­po y se refu­gió en gran medi­da en algu­nos temas muy gas­ta­dos. El resur­gi­mien­to del pen­sa­mien­to neo­li­be­ral supri­mió gran par­te de la ener­gía e inte­rés que habían esti­mu­la­do per­so­nas como Sweezy, Mag­doff, Paul Baran , Ronald Meek , Samir Amin , Cel­so Fur­ta­do y otros. Sin embar­go, las pre­gun­tas fun­da­men­ta­les pare­cen estar vol­vien­do a plan­tear­se.

-¿Qué áreas de inves­ti­ga­ción en eco­no­mía polí­ti­ca crees que son estra­té­gi­ca­men­te más impor­tan­tes para los movi­mien­tos socia­lis­tas en la actua­li­dad?

Estoy segu­ro que lo estra­té­gi­ca­men­te más impor­tan­te varía según los paí­ses y los momen­tos his­tó­ri­cos. Pero sí sos­ten­go que una par­te del movi­mien­to socia­lis­ta debe­ría tra­tar de encon­trar una base cohe­ren­te para la estra­te­gia, y que la teo­ría del mono­po­lio no es la base que nece­si­ta, ya que eso deja muchas cosas abier­tas y por expli­car.

Recuer­do haber asis­ti­do a una con­fe­ren­cia orga­ni­za­da por eco­no­mis­tas del Cari­be y Amé­ri­ca Lati­na. El resur­gi­mien­to de la com­pe­ten­cia los con­mo­cio­nó, ya que habían dado por sen­ta­do que la eco­no­mía glo­bal esta­ba diri­gi­da por mono­po­lis­tas en el Cen­tro. Pen­sa­ban que Esta­dos Uni­dos gober­na­ba el mun­do, pero aho­ra esta­ba expe­ri­men­tan­do pro­ble­mas por­que no podía com­pe­tir con paí­ses como Japón, Corea, Chi­na, Viet­nam, Mala­sia, etc.

Para mí, es impor­tan­te que Esta­dos Uni­dos no pue­da com­pe­tir con los cos­tes más bajos de la eco­no­mía chi­na, a pesar de su tre­men­do poder mili­tar. Por lo tan­to, no se debe supo­ner que el poder en el Cen­tro es un poder ejer­ci­do sobre el capi­ta­lis­mo, sino que es un poder del capi­ta­lis­mo. Es un error aso­ciar todo poder con el poder polí­ti­co. La eco­no­mía radi­cal a menu­do pare­ce con­fe­rir todo el poder al esta­do o al capi­tal, pero siem­pre he argu­men­ta­do que las ganan­cias tie­nen poder sobre ambos, por­que impo­nen sus lími­tes.

Hace tiem­po, un gru­po de com­pa­ñe­ros nos sen­ta­mos y leí­mos las pla­ta­for­mas de todos los prin­ci­pa­les par­ti­dos de izquier­da en los Esta­dos Uni­dos duran­te el siglo XX. Lo que bus­cá­ba­mos era su polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, es decir, cómo enten­dían el fun­cio­na­mien­to de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta (¡una pre­gun­ta que no siem­pre se plan­tea en las pla­ta­for­mas polí­ti­cas!). Des­cu­bri­mos que en casi todos los casos, la teo­ría eco­nó­mi­ca implí­ci­ta de estos par­ti­dos era key­ne­sia­na o pos­key­ne­sia­na. Eso es más obvio cuan­do ves la influen­cia de Baran y Sweezy, quie­nes se basa­ron en el tra­ba­jo de Michał Kalec­ki .

-¿Qué con­se­jo darías a los jóve­nes socia­lis­tas que quie­ren estu­diar eco­no­mía polí­ti­ca?

Mi con­se­jo es tomar a Marx, y a sus pre­de­ce­so­res, más en serio. Marx no afir­mó que fue­ra inde­pen­dien­te de Smith y Ricar­do, como debe­ría que­dar cla­ro en sus Teo­rías de la plus­va­lía. Lo leyó todo, sin men­cio­nar todos los datos sobre indus­trias, sala­rios, etc.

Recien­te­men­te me esca­pé de una con­fe­ren­cia en Man­ches­ter para ir a la Biblio­te­ca Chetham, una de las biblio­te­cas más anti­guas del mun­do de habla ingle­sa. Allí pue­des encon­trar una mesa con una peque­ña pla­ca que dice que fue don­de Marx y Engels se sen­ta­ban cuan­do escri­bie­ron el Mani­fies­to Comu­nis­ta. Ten­go que decir­te que es lo más cer­ca que he esta­do de una expe­rien­cia reli­gio­sa, ¡por­que pude sen­tir el poder de estos dos jóve­nes que se dedi­ca­ron a cam­biar el mun­do!

¿Pero cómo lo hicie­ron? Estu­dia­ron el capi­ta­lis­mo, que era la fuer­za domi­nan­te en el mun­do, enton­ces como aho­ra, y tam­bién estu­dia­ron otros paí­ses. Estos dos jóve­nes eran per­so­na­jes increí­bles: ¡leye­ron todo! No lo hacían por entre­te­ni­mien­to, sino para com­pren­der cien­tí­fi­ca­men­te el mun­do. Pusie­ron las bases de un aná­li­sis de una mane­ra que otros no habían hecho antes. Debe­ría­mos tomar el aspec­to eco­nó­mi­co de su lega­do más en serio.

Fuen­te: Jaco­bin, 6 de abril 2020 /​www​.sin​per​mi​so​.info

Tra­duc­ción: G. Bus­ter

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