Vene­zue­la. Se rom­pe el «sue­ño ame­ri­cano» de los migran­tes venezolanos

Por Geral­di­na Colot­ti; Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 20 abril 2020

En San Anto­nio del Táchi­ra, la fron­te­ra entre Colom­bia y Vene­zue­la, la cola pare­ce inter­mi­na­ble. Un sol­da­do con bata blan­ca y más­ca­ra revi­sa a las per­so­nas una por una: mide la fie­bre, toma las hue­llas y cla­si­fi­ca a todos en las tien­das para visi­tas de salud. Mien­tras tan­to, una voz en segun­do plano expli­ca todos los pasos que se están toman­do según el pro­to­co­lo de segu­ri­dad pre­ven­ti­vo para el coronavirus.

Miles de vene­zo­la­nos regre­san a sus paí­ses de ori­gen y tam­bién de los Esta­dos Uni­dos. El gobierno ha pedi­do a Trump que sus­pen­da las «san­cio­nes» a la aero­lí­nea Con­via­sa para ir a recu­pe­rar a sus ciu­da­da­nos tam­bién en los Esta­dos Uni­dos. Un avión vene­zo­lano, equi­pa­do para la infec­ción por coro­na­vi­rus, pudo toda­vía ir a recu­pe­rar a los que que­rían regre­sar solo hacia México .

Los vene­zo­la­nos que se fue­ron se vie­ron impul­sa­dos por la situa­ción crí­ti­ca que vivía el país debi­do al blo­queo eco­nó­mi­co y finan­cie­ro impues­to por Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea, y por la pro­pa­gan­da de la opo­si­ción con­tra el gobierno socia­lis­ta. Pron­to, sin embar­go, se die­ron cuen­ta de que el Eldo­ra­do pro­me­ti­do por el capi­ta­lis­mo era abso­lu­ta­men­te papel maché, y aho­ra ha adqui­ri­do los colo­res de la pesadilla.

Para enviar 10 € a la fami­lia en Vene­zue­la, tra­ba­ja­ron sin papa­les, sufrie­ron abu­sos y dis­cri­mi­na­ción, se reu­nie­ron en una habi­ta­ción de la que fue­ron expul­sa­dos aho­ra que el virus les ha impe­di­do pagar el alquiler.

Y aho­ra regre­san, des­pués de dar­se cuen­ta de que, inclu­so si esos 10 euros por un perío­do fue­ran el equi­va­len­te a dos sala­rios míni­mos en Vene­zue­la, en el país boli­va­riano es real­men­te difí­cil morir de ham­bre: por­que todos los ser­vi­cios son prác­ti­ca­men­te gra­tui­tos, comen­zan­do des­de la casa, por­que hay bol­sas de ali­men­tos y sub­si­dios, y por­que, si no pue­de pagar la hipo­te­ca, nadie, por ley, pue­de enviar­lo fue­ra de la casa.

Sobre todo, hay un par­ti­do polí­ti­co, el Par­ti­do Socia­lis­ta Uni­do de Vene­zue­la (PSUV, más de 6 millo­nes de ins­cri­tos) que, en alian­za con otros miem­bros del Gran Polo Patrió­ti­co, como el Par­ti­do Comu­nis­ta o Tupa­ma­ros, orga­ni­za de mane­ra gene­ra­li­za­da y cons­cien­te lo que en los paí­ses capi­ta­lis­tas se lla­ma­ría «socie­dad civil» y, en cam­bio, en el socia­lis­mo boli­va­riano es inme­dia­ta­men­te socie­dad política.

Lo que vemos acti­va­do en Ita­lia en tér­mi­nos de soli­da­ri­dad terri­to­rial o asis­ten­cia reli­gio­sa que sir­ve para con­te­ner el con­flic­to social, en Vene­zue­la como en Cuba es por lo con­tra­rio una orga­ni­za­ción de cla­se: una palan­ca para aumen­tar la con­cien­cia de las masas, se habría dicho una vez.

Para atraer a esos vene­zo­la­nos que el alto pre­cio del petró­leo y la feliz situa­ción polí­ti­ca en la edad de oro del cha­vis­mo habían lle­va­do a per­ci­bir­se como una cla­se media, se puso en mar­cha todo un apa­ra­to de pro­pa­gan­da inter­na­cio­nal. La gran mayo­ría de los que han aban­do­na­do el país son pro­fe­sio­na­les o gra­dua­dos que han podi­do estu­diar de for­ma total­men­te gra­tui­ta gra­cias a la revo­lu­ción bolivariana.

Para irse, pro­ba­ble­men­te ven­die­ron la vivien­da que el gobierno le otor­gó, las compu­tado­ras por­tá­ti­les y el iPad que el gobierno da gra­tis a par­tir de la escue­la pri­ma­ria jun­to con todos los libros, y el auto­mó­vil com­pra­do a pre­cios sub­si­dia­dos. Y tal vez uti­li­za­ron los dóla­res obte­ni­dos en el mer­ca­do para­le­lo, una de las for­mas de la gue­rra eco­nó­mi­ca con la que inten­ta­ron poner de rodi­llas a Venezuela.

El espe­jo para las alon­dras ven­ti­la­das por los EE. UU. y por los paí­ses vasa­llos de Amé­ri­ca Lati­na como Colom­bia fue el mis­mo adop­ta­do con­tra Cuba con la polí­ti­ca de «pies secos, pies moja­dos», una revi­sión de la Ley de Ajus­te con la cual el impe­ria­lis­mo USA deci­dió en 1995 qui­tar­le una ener­gía pre­cio­sa a la revo­lu­ción cuba­na. Adop­ta­da en 1966, sie­te años des­pués de la vic­to­ria de la revo­lu­ción en Cuba, esa ley esti­pu­la­ba que cual­quier per­so­na que aban­do­na­ra la isla ile­gal­men­te obten­dría la resi­den­cia per­ma­nen­te en los Esta­dos Uni­dos des­pués de un año.

En aquel enton­ces, los perió­di­cos esta­ban lle­nos de tes­ti­mo­nios de quie­nes decían mara­vi­llas del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, y seña­la­ban que con los pocos dóla­res que envia­ban a Cuba, podían enri­que­cer a toda una fami­lia. Para enri­que­cer, pre­ci­sa­men­te, por­que en el socia­lis­mo cubano nadie murió de ham­bre, nin­gún niño se vio obli­ga­do a dor­mir en la calle. Había poco, pero ese poco era igual para todos.

Obvia­men­te, los ado­ra­do­res del capi­ta­lis­mo guar­da­ron silen­cio sobre el feroz blo­queo eco­nó­mi­co impues­to a Cuba, así como aho­ra están en silen­cio sobre el blo­queo eco­nó­mi­co-finan­cie­ro igual­men­te mor­tal que, des­pués de la caí­da drás­ti­ca del pre­cio del petró­leo, impi­de que el gobierno boli­va­riano ven­da petró­leo y otros pro­duc­tos de su rique­za para com­prar medi­ci­nas, ali­men­tos y tec­no­lo­gía en el mer­ca­do internacional.

La ley de ajus­te fue con­ce­bi­da en el con­tex­to de la «lucha con­tra el comu­nis­mo» que, con la pro­pa­gan­da con­tun­den­te de com­pa­rar el nivel de vida de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en los dos sis­te­mas polí­ti­cos, tenía como obje­ti­vo des­truir el impul­so nece­sa­rio para el sacri­fi­cio colec­ti­vo de tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res para el socialismo.

Una pro­pa­gan­da pode­ro­sa que, a la lar­ga, ten­drá sus efec­tos en los paí­ses de la Unión Sovié­ti­ca, pero no con Cuba, que toda­vía está dan­do lec­cio­nes de soli­da­ri­dad al mun­do duran­te esta pan­de­mia. «No vini­mos a dar lo que nos que­da, sino a com­par­tir lo que tene­mos», dije­ron los médi­cos cuba­nos a su lle­ga­da a Italia.

La mis­ma lógi­ca es váli­da en el «socia­lis­mo huma­nis­ta» vene­zo­lano, que fue al gobierno a raíz de la resis­ten­cia cuba­na (Chá­vez ganó las elec­cio­nes en diciem­bre de 1998), pero no tomó el poder con las armas. Esto sig­ni­fi­ca que el blo­que social anti­ca­pi­ta­lis­ta y nacio­na­lis­ta, que es mayo­ría en el país, no ha prohi­bi­do la bur­gue­sía y solo ha afec­ta­do un poco la fuer­za de los medios eco­nó­mi­cos de la oli­gar­quía fomen­ta­da por los Esta­dos Unidos.

Esa con­fron­ta­ción que por los cuba­nos vie­ne de afue­ra, los vene­zo­la­nos la tie­nen en su pro­pia casa. Tan­to es así que, como hemos podi­do veri­fi­car muchas veces, en medio de la gue­rra eco­nó­mi­ca, mien­tras los indus­tria­les hacían des­apa­re­cer los pro­duc­tos de las estan­te­rías como en los días de Allen­de en Chi­le, en la urba­ni­za­cio­nes ricas de la capi­tal, los res­tau­ran­tes esta­ban lle­nos, al igual que las tien­das. Y cada vez que el gobierno aumen­ta­ba los sala­rios por decre­to, los pre­cios aumen­ta­ban diez veces, sin nin­gu­na rela­ción, inclu­so con los meca­nis­mos de la eco­no­mía bur­gue­sa. El men­sa­je era cla­ro: con el socia­lis­mo uste­des sufres ham­bre, si nos haces vol­ver a gober­nar nos ocu­pa­re­mos de eso …

Un esfuer­zo titá­ni­co en un mun­do de tibu­ro­nes, el del gobierno de Madu­ro, que tomó las rien­das del país des­pués de la muer­te de Chá­vez. Un esfuer­zo cada vez más soli­ta­rio a medi­da que la inte­gra­ción lati­no­ame­ri­ca­na – basa­da en cri­te­rios que esta­ban a años luz de aque­llos que estran­gu­lan a las cla­ses popu­la­res en la Unión Euro­pea – fue gol­pea­da por el imperialismo.

Al mis­mo tiem­po, comen­zó la bús­que­da de jóve­nes pro­fe­sio­na­les vene­zo­la­nos, con­tra­ta­dos por unos pocos dóla­res para tra­ba­jar muchas horas fren­te a una compu­tado­ra en sus hoga­res en pla­ta­for­mas tec­no­ló­gi­cas inter­na­cio­na­les. Dos palo­mas de un tiro, como dicen: qui­tan de la revo­lu­ción un pre­cio­so «capi­tal social» y redu­cen aún más el cos­to de la mano de obra de cier­tos ser­vi­cios a nivel internacional.

Entre los sec­to­res que han empren­di­do y con­ti­núan hacien­do la gue­rra al socia­lis­mo boli­va­riano, está la cas­ta de los médi­cos y la de los pro­fe­so­res, quie­nes con­si­de­ran que la abo­li­ción de los cupos y de los pri­vi­le­gios en las pro­fe­sio­nes es abso­lu­ta­men­te inso­por­ta­ble. En estos días, en Vene­zue­la, se cele­bran los 11 años des­de la crea­ción de la «Misión Barrio Aden­tro» con la cual, gra­cias a la cola­bo­ra­ción con Cuba, Vene­zue­la pudo lle­var a un médi­co de fami­lia por pri­me­ra vez a los sec­to­res popu­la­res más apar­ta­dos y se crea­ron clí­ni­cas médi­cas gra­tui­tas, los CDI.

Algu­nos médi­cas y médi­cos cuba­nos se han infec­ta­do al tra­tar a pacien­tes con coro­na­vi­rus. Madu­ro lo dijo duran­te el bole­tín médi­co dia­rio, recor­dan­do la impor­tan­cia de la medi­ci­na terri­to­rial y de pro­xi­mi­dad, pre­ven­ti­va y gra­tui­ta que, a dife­ren­cia de lo que está suce­dien­do en Euro­pa y los EE. UU., le per­mi­te hacer tam­po­nes de casa en casa y para detec­ción pre­coz de la pandemia.

Con­tra el Covid-19, Vene­zue­la ha toma­do medi­das drás­ti­cas des­de el prin­ci­pio, con la con­tri­bu­ción fun­da­men­tal de los médi­cos cuba­nos y chi­nos. Por esta razón, a pesar de años de medi­das coer­ci­ti­vas y uni­la­te­ra­les impues­tas por Esta­dos Uni­dos y la Unión Euro­pea, la infec­ción se está con­tro­lan­do y las muer­tes has­ta hoy siguen sien­do 9.

Mien­tras tan­to, sin embar­go, lle­gan a Ita­lia noti­cias mani­pu­la­das y con­fun­di­das y des­con­tex­tua­li­za­das. ¿Cómo es posi­ble que el «dic­ta­dor» Madu­ro, sobre cuya cabe­za aho­ra pesa inclu­so una recom­pen­sa del gen­dar­me nor­te­ame­ri­cano como «tra­fi­can­te de dro­gas» pue­da hacer cosas bue­nas? ¿Cómo es posi­ble que Vene­zue­la, retra­ta­da como «un país en colap­so», pue­da pro­te­ger ade­cua­da­men­te a su pobla­ción e inclu­so dar la bien­ve­ni­da con los bra­zos abier­tos a los que regre­san del exterior?

Ante el colap­so del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, muy evi­den­te en estos tiem­pos de pan­de­mia, ante el chan­ta­je cri­mi­nal de los indus­tria­les y la com­pli­ci­dad de los gru­pos de pre­sión cien­tí­fi­cos y mediá­ti­cos que los apo­yan, el ejem­plo de Vene­zue­la, tal vez inclu­so más que lo cubano, pue­de ser un des­en­ca­de­nan­te bene­fi­cio­so para la lucha de cla­ses, y debe ser des­ac­ti­va­do ade­cua­da­men­te por el imperialismo.

Aquí hay más videos y pro­cla­ma­cio­nes envia­das por la pan­di­lla de Guai­dó y com­pin­ches. En algu­nos, los médi­cos que pare­cen haber sali­do de una revis­ta bri­llan­te dicen que están tra­ba­jan­do en el extran­je­ro para la «inmi­gra­ción vene­zo­la­na». Mien­tras tan­to, el auto­pro­cla­ma­do «pre­si­den­te inte­ri­no» afir­ma haber «paga­do 100 euros a médi­cos vene­zo­la­nos a tra­vés de la Orga­ni­za­ción de Esta­dos Americanos».

Mien­tras tan­to, cir­cu­lan videos de mul­ti­tu­des en la fron­te­ra vene­zo­la­na en los que agi­ta­do­res arma­dos con telé­fo­nos celu­la­res gri­tan con­tra el gobierno de Madu­ro que no le brin­da­ría la asis­ten­cia nece­sa­ria. Lás­ti­ma que estén en el lado colom­biano de la frontera.

¿Por qué el pre­si­den­te colom­biano Duque, que reci­bió ríos de dine­ro de los Esta­dos Uni­dos para «hacer fren­te a la cri­sis huma­ni­ta­ria de los migran­tes vene­zo­la­nos», no los ayu­da a regre­sar a casa aho­ra? Y sobre todo: ¿por qué les impor­ta tan­to vol­ver a esa «dic­ta­du­ra terrible»?

Mien­tras tan­to, cir­cu­lan pro­cla­mas de deser­to­res que invi­tan a Esta­dos Uni­dos, que envió la IV Flo­ta a las cos­tas vene­zo­la­na y mexi­ca­na con el pre­tex­to de «com­ba­tir el nar­co­trá­fi­co», para inva­dir el país. Una invi­ta­ción que los líde­res gol­pis­tas vol­ve­rán a pedir «ofi­cial­men­te», con la com­pli­ci­dad de quie­nes, en Euro­pa, con­ti­núan apo­yan­do el juego.

El nivel de lucha de cla­ses tam­bién se evi­den­cia por la fuer­za con la cual los apa­ra­tos de con­trol ocul­tan o dis­tor­sio­nan la asi­me­tría bási­ca feroz inhe­ren­te a la rela­ción capi­tal-tra­ba­jo y las con­se­cuen­cias que cau­sa. Ante una pan­de­mia con­fi­gu­ra­da como un gigan­tes­co des­en­mas­ca­ra­mien­to glo­bal del capi­ta­lis­mo, estos apa­ra­tos ope­ran a ple­na capa­ci­dad, con­fun­dien­do los cere­bros ya tan con­fu­sos del lec­tor occidental.

Entre las die­tro­lo­gías y la meta­fí­si­ca que, des­pués de la caí­da de la Unión Sovié­ti­ca, expul­sa­ron al mar­xis­mo como cri­te­rio de aná­li­sis, la comu­ni­ca­ción hege­mó­ni­ca repro­du­ce la famo­sa noche en que todas las vacas son negras.

Los domi­na­dos se iden­ti­fi­can con el agre­sor, los lobos se dis­fra­zan de cor­de­ros y todos con­tri­bu­yen al «espec­tácu­lo de emo­cio­nes», un espec­tácu­lo gigan­tes­co en el que se llo­ras por orden de quien diri­ge las san­ti­fi­ca­cio­nes del momento.

Una repre­sen­ta­ción que nece­si­ta un enemi­go en el enési­mo gra­do, que encar­na los temo­res del siglo y los exor­ci­za una vez que la cabe­za del villano ha sido entre­ga­da al cabes­tro del ver­du­go. Obvia­men­te, las gran­des cor­po­ra­cio­nes de medios, lide­ran­do el camino en las gue­rras asi­mé­tri­cas de la cuar­ta y quin­ta gene­ra­ción, pre­pa­ran el escenario.

La noche en que todas las vacas son negras o todos los gatos son gri­ses tam­bién envuel­ve las redes socia­les, en la pica­do­ra de car­ne pos­mo­der­na en la que la rela­ción entre sig­ni­fi­can­te y sig­ni­fi­ca­do pare­ce haber des­apa­re­ci­do, ya que el vie­jo uni­ver­sa­lis­mo que ense­ña­ba a tren­zar los hilos ha sido abolido.

Cuan­to más, en Euro­pa, nos con­ven­cie­ron de que la con­tra­dic­ción ami­go-enemi­go había des­apa­re­ci­do, más el enemi­go real ocu­pó espa­cios y qui­tó el alien­to, de lo eco­nó­mi­co a lo sim­bó­li­co, pasan­do por el robo del len­gua­je inhe­ren­te a los con­cep­tos fuer­tes para ima­gi­nar el futuro.

En gene­ral, el capi­ta­lis­mo no bri­lla por la inven­ti­va, la rece­ta que pro­po­ne es siem­pre la mis­ma, pero los ingre­dien­tes y las herra­mien­tas son refi­na­dos, meta­bo­li­zan­do el pun­to más alto don­de derro­ta­ron al anta­go­nis­ta de ayer y pro­du­cien­do de acuer­do con el espí­ri­tu de la épo­ca la «nou­ve­lle cui­si­ne», una coci­na modernisada.

La noti­cia de hoy es que te han qui­ta­do los ojos para ver inclu­so cuan­do se ven obli­ga­dos a mos­trar­te la reali­dad de las cosas. ¿Pero has­ta cuán­do? En Bér­ga­mo, los ataú­des con­ti­núan amon­to­nán­do­se en con­vo­yes mili­ta­res. Al fren­te de Con­f­in­dus­tria (la Fede­ca­ma­ra ita­lia­na), se eli­gió un repre­sen­tan­te de los que lle­van a los muer­tos a la con­cien­cia, y que aho­ra están impo­nien­do la reaper­tu­ra de inclu­so el 45% de las fábri­cas que habían per­ma­ne­ci­do cerradas.

En Cuba y en el mun­do recor­da­mos la inva­sión de la Bahía de Cochi­nos, lle­va­da a cabo por la CIA con un gru­po de mer­ce­na­rios anti­cas­tris­tas entre el 17 y el 19 de abril de 1961. Lue­go, los Esta­dos Uni­dos fue­ron recha­za­dos y derro­ta­dos, tal como serán derro­ta­dos en Viet­nam el 30 de abril de 1975. Si inva­den Vene­zue­la, podría ter­mi­nar de la mis­ma mane­ra, recha­za­dos por la “furia boli­va­ria­na”. Pero se ten­drá que pagar un pre­cio. Y no solo en Vene­zue­la. Noso­tras y nos­tro­sos tam­bién ten­dre­mos que pagar un pre­cio si tene­mos que con­que­rir nues­tra libertad.

(Publi­ca­do en Ita­lia por el perio­di­co onli­ne Ordi­ne Nuovo)

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