Méxi­co. Covid-19 expo­ne des­man­te­la­mien­to del sec­tor salud por gobier­nos del PRI y PAN

Mar­tín Espar­za /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 17 de abril de 2020

La cri­sis deri­va­da del cre­ci­mien­to expo­nen­cial de pacien­tes infec­ta­dos por el virus SARS-CoV‑2 en Méxi­co des­nu­dó qui­zás el más letal de los efec­tos del neo­li­be­ra­lis­mo: el des­man­te­la­mien­to de un sec­tor del que depen­den la salud y la vida de millo­nes de mexi­ca­nos. Si bien des­de el arri­bo al poder de Miguel de la Madrid Hur­ta­do, en 1982, los hos­pi­ta­les públi­cos, tan­to los des­ti­na­dos a la aten­ción de tra­ba­ja­do­res ampa­ra­dos en la segu­ri­dad social del apar­ta­do “A” como del “B”, y los de la Secre­ta­ría Salud, enfo­ca­dos a aten­der a la pobla­ción en gene­ral, comen­za­ron un gra­dual decli­ve tan­to en su infra­es­truc­tu­ra, equi­pa­mien­to y per­so­nal espe­cia­li­za­do, fue en los gobier­nos panis­tas don­de se les dio la pun­ti­lla con la subro­ga­ción de diver­sos ser­vi­cios como el de las guar­de­rías que deri­vó en tra­ge­dias como la de la Guar­de­ría ABC de Her­mo­si­llo, Sono­ra, don­de per­die­ron la vida 49 niños y 106 resul­ta­ron con secue­las de por vida.

El défi­cit no solo de camas sino de medi­ca­men­tos, médi­cos y enfer­me­ras tor­nó la aten­ción médi­ca en Méxi­co en una qui­me­ra cons­ti­tu­cio­nal de mora­les con­se­cuen­cias. Des­de el arri­bo al poder de Vicen­te Fox en el 2000, los panis­tas encon­tra­ron en la subro­ga­ción de ser­vi­cios un nego­cio ren­ta­ble a cos­ti­llas de la salud de los mexicanos.

Con el nar­co­go­bierno de Feli­pe Cal­de­rón las cosas lle­ga­ron a extre­mos de cinis­mo homi­ci­da, cuan­do se per­mi­tió que bode­gas inse­gu­ras fue­ran habi­li­ta­das como guar­de­rías para que fami­lia­res de la enton­ces pri­me­ra dama Mar­ga­ri­ta Zava­la, y has­ta gober­na­do­res, obtu­vie­ran millo­na­rios ingre­sos con con­tra­tos fir­ma­dos con el Segu­ro Social. Tales fue­ron los casos de Mar­cia Matil­de Alta­gra­cia Gómez del Cam­po y el exgo­ber­na­dor de Sono­ra, Eduar­do Bours.

A la fecha bas­ta con acu­dir a cual­quier sala de urgen­cias del ISSSTE, IMSS o de los hos­pi­ta­les del sec­tor salud, o a las clí­ni­cas de aten­ción fami­liar, para cons­ta­tar el esta­do de quie­bra abso­lu­ta que pri­va en la aten­ción a la salud de millo­nes de personas.

Razón más que sufi­cien­te para que la apa­ri­ción del coro­na­vi­rus en Méxi­co pusie­ra en evi­den­cia al ende­ble sis­te­ma de salud ofi­cial y, de cara a la terri­ble reali­dad, el aban­dono en que se tuvo por déca­das a un sec­tor que en cual­quier país del pri­mer mun­do es de pri­mer orden. La tec­no­cra­cia neo­li­be­ral ter­mi­nó de ver a la aten­ción médi­ca, par­te fun­da­men­tal de la segu­ri­dad social y de los dere­chos huma­nos, como una ape­te­ci­ble mina de oro.

El sis­te­ma de salud en rui­nas que ates­ti­gua todo el país, es pro­duc­to del bru­tal des­man­te­la­mien­to del sec­tor que por seis sexe­nios care­ció de la aten­ción y los recur­sos públi­cos nece­sa­rios para su for­ta­le­ci­mien­to y cre­ci­mien­to. Si bien es cier­to que año con año los gobier­nos neo­li­be­ra­les se jac­ta­ron de ele­var los pre­su­pues­tos en la mate­ria, tam­bién lo es que bue­na par­te de esos recur­sos fue­ron devo­ra­dos por la corrup­ción y las subro­ga­cio­nes de las que ya hablamos.

No pue­de con­ce­bir­se que en el pasa­do sexe­nio se hayan que­da­do a medio cons­truir dece­nas de hos­pi­ta­les por todo el terri­to­rio nacio­nal y que muchos de los que fue­ron inau­gu­ra­dos resul­ta­ran noso­co­mios uti­li­za­dos como tin­gla­dos para el luci­mien­to per­so­nal de diver­sos polí­ti­cos que tuvie­ron la osa­día de cor­tar lis­tos en uni­da­des médi­cas que care­cían de los equi­pos más esen­cia­les, pero sobre todo de médi­cos y enfermeras.

El cri­te­rio emplea­do por los neo­li­be­ra­les para jus­ti­fi­car la entre­ga de diver­sos ser­vi­cios a empre­sas pri­va­das fue que se aho­rra­ban cuan­tio­sos recur­sos al era­rio, lo cual ha resul­ta­do una fala­cia por­que con los mul­ti­mi­llo­na­rios des­pil­fa­rros bien se hubie­ran podi­do com­prar el equi­po y cos­tear al per­so­nal para aten­der a los pacien­tes que requie­ren tra­ta­mien­tos de hemo­diá­li­sis, por citar uno de tan­tos casos.

A la fecha hay una bru­tal des­pro­por­ción entre el núme­ro de camas des­ti­na­das a la hos­pi­ta­li­za­ción, urgen­cias y tera­pia inten­si­va en ins­ti­tu­cio­nes como el IMSS y el ISSSTE y el núme­ro de sus derechohabientes.

Deje­mos que las cifras hablen: para aten­der a unos 88 millo­nes de dere­cho­ha­bien­tes en todo el país, el Segu­ro Social y el ISSSTE cuen­tan ape­nas con unas 12 mil camas; 3 mil 800 de este total se des­ti­nan al área de urgen­cia, razón por la que se expli­can las tétri­cas esce­nas difun­di­das des­de hace lar­go tiem­po en las redes socia­les, de pacien­tes tira­dos en el sue­lo en espe­ra de ser aten­di­dos. Des­de ya varios años, la deman­da supera con cre­ces a la ofer­ta hos­pi­ta­la­ria. Y ni qué decir de la capa­ci­dad para aten­der a sus salas de tera­pia inten­si­va, don­de ambas ins­ti­tu­cio­nes ape­nas y con­ta­bi­li­zan mil 553 camas.

En lo que res­pec­ta a la Secre­ta­ría de Salud, enti­dad encar­ga­da de brin­dar aten­ción médi­ca a por lo menos unos 40 millo­nes de mexi­ca­nos que sub­sis­ten en la infor­ma­li­dad y no tie­nen acce­so al IMSS o al ISSSTE, y for­man par­te de la pobla­ción más vul­ne­ra­ble, el núme­ro de camas para aten­ción hos­pi­ta­la­ria es de 39 mil 400 camas; otras 5 mil son para urgen­cias y mil 553 para tera­pia intensiva.

Se entien­de así por qué el temor de que un cre­ci­mien­to expo­nen­cial de casos de Covid-19 en Méxi­co pue­da reba­sar la capa­ci­dad de hos­pi­ta­les públi­cos. Ade­más, a tal défi­cit de camas hay que sumar­le la caren­cia de sufi­cien­tes equi­pos para aten­der a los pacien­tes que requie­ran de una aten­ción espe­cia­li­za­da para sal­var sus vidas. En todo el sec­tor salud hay ape­nas 5 mil 523 de estos apa­ra­tos; el IMSS cuen­ta con 2 mil 896; ISSSTE 330, y la Secre­ta­ría de Salud 2 mil 53.

De ahí la urgen­cia de com­prar­los a Chi­na u otro país que pue­da sur­tir­los con la pre­mu­ra que ame­ri­ta la actual emer­gen­cia sani­ta­ria, como otros tan­tos insu­mos de los que care­ce el per­so­nal de los noso­co­mios guber­na­men­ta­les, que están expues­tos a ser con­ta­gia­dos por la ausen­cia de care­tas y cubrebocas.

Pero no solo es en mate­ria de camas y equi­pos don­de hay gra­ves caren­cias, las cifras reve­lan que en nues­tro país las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas del sec­tor salud care­cen de per­so­nal sufi­cien­te para aten­der a millo­nes de habi­tan­tes. De acuer­do con cifras ofi­cia­les, se requie­ren de unos 200 mil médi­cos más y 250 mil enfer­me­ras para brin­dar una mejor aten­ción a la pobla­ción en su con­jun­to, sea o no asegurada.

Preo­cu­pa el saber que para aten­der la actual con­tin­gen­cia solo exis­tan en los hos­pi­ta­les públi­cos mil espe­cia­lis­tas en tera­pia inten­si­va. El ren­glón de la salud debe­rá tener apo­yos prio­ri­ta­rios y sufi­cien­tes, por­que sin duda que miles de mexi­ca­nos per­de­rán sus empleos por la cri­sis eco­nó­mi­ca que ven­drá como con­se­cuen­cia en la para­li­za­ción de la eco­no­mía. Unos 350 mil ya que­da­ron en cesan­tía y la cifra podría dis­pa­rar­se has­ta un millón de nue­vos desempleados.

Será la Secre­ta­ría de Salud la enti­dad que debe­rá absor­ber para su aten­ción médi­ca a los mexi­ca­nos que deja­rán de coti­zar al IMSS o al ISSSTE. De ahí la urgen­te nece­si­dad de for­ta­le­cer en su con­jun­to al sec­tor salud del país.

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