Perú. “No nos exclu­yan de los pla­nes de emer­gen­cia ante el COVID-19”

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 15 de abril de 2020

Haci­na­mien­to, jus­ti­cia inefi­cien­te, buro­cra­cia y otros males que agra­van la situa­ción de los reclu­sos del país en medio de la pan­de­mia. A con­ti­nua­ción, un tes­ti­mo­nio anó­ni­mo des­de el penal de varo­nes de Q’enqoro, en Cusco.

En medio de la pan­de­mia del COVID-19, la pobla­ción peni­ten­cia­ria es una de las más vul­ne­ra­bles por las con­di­cio­nes de sobre­po­bla­ción de las cár­ce­les ade­más de las inefi­cien­cias del sis­te­ma judicial.

Con un pro­me­dio de haci­na­mien­to car­ce­la­rio del 130% en Perú y casos que inclu­so pue­den supe­rar el 400% (como el penal Sari­ta Colo­nia), has­ta el momen­to ya son cin­co los reos falle­ci­dos por el COVID-19 en el país.

Ante este esce­na­rio, des­de el penal de varo­nes de Q’enqoro, en Cus­co, com­par­ti­mos el tes­ti­mo­nio anó­ni­mo de un reclu­so, quien da fe de estas con­di­cio­nes que ade­más se han agra­va­do en el con­tex­to de la emergencia.

“No todos somos delin­cuen­tes, cri­mi­na­les ni corrup­tos. Esta­mos tam­bién las víc­ti­mas del sis­te­ma defec­tuo­so del poder judi­cial”, expli­ca el reo, pidien­do que la pobla­ción peni­ten­cia­ria no sea exclui­da de los pla­nes de emer­gen­cia ante el COVID-19.

Asi­mis­mo, pide que el Ins­ti­tu­to Nacio­nal Peni­ten­cia­rio (INPE) agi­li­ce los trá­mi­tes buro­crá­ti­cos y los libe­re de cos­to para aque­llos inter­nos que están por cum­plir sus penas con reden­ción, estu­dios o trabajo.

A con­ti­nua­ción, la car­ta diri­gi­da a las autoridades.

A todas las auto­ri­da­des competentes

Escri­be un com­pa­trio­ta peruano des­de el inte­rior del penal de varo­nes en Cus­co, cono­ci­do tam­bién como “Q’enqoro”. Debo con­fe­sar que no ha sido fácil tomar la deci­sión de escri­bir esta car­ta, y mucho menos aún con­te­ner el temor e incer­ti­dum­bre que vie­nen gene­ran­do la situa­ción adver­sa por la que esta­mos atravesando.

Han trans­cu­rri­do 28 días des­de que un domin­go por la noche el pre­si­den­te Mar­tín Viz­ca­rra die­ra un men­sa­je a la nación ponien­do en mar­cha el “Esta­do de Emer­gen­cia Sani­ta­ria” a nivel nacio­nal para luchar con­tra un enemi­go invi­si­ble al ojo humano, que no cono­ce de cla­ses socia­les, creen­cias reli­gio­sas, cul­tu­ra y demás cla­si­fi­ca­cio­nes que la civi­li­za­ción ha crea­do para divi­dir a la espe­cie humana.

Lue­go del lacó­ni­co y con­tun­den­te dis­cur­so cada uno de mis com­pa­ñe­ros de cua­dra se sumió en sus pen­sa­mien­tos muy ínti­mos. En sus mira­das eva­si­vas pude intuir que el mie­do inva­día sus ya esca­sas espe­ran­zas de poder abra­zar a sus hijos, sus padres, sus her­ma­nos, sus espo­sas. A la maña­na siguien­te los diá­lo­gos entre los inter­nos se mul­ti­pli­ca­ban entre las posi­bi­li­da­des de cam­bios en el méto­do de con­trol, vigi­lan­cia y reso­cia­li­za­ción que rea­li­za el per­so­nal admi­nis­tra­ti­vo del INPE.

Los días trans­cu­rrie­ron difí­ci­les has­ta que lle­ga­ron nue­vas dis­po­si­cio­nes para endu­re­cer la emer­gen­cia sani­ta­ria. Pudi­mos escu­char la decla­ra­ción duran­te esta­do de emer­gen­cia del toque de que­da. Muchos de mis com­pa­ñe­ros, mucha­chos que aún no han ter­mi­na­do la secun­da­ria, anal­fa­be­tos y reos pri­ma­rios en su mayo­ría, no enten­die­ron lo que esta­ba suce­dien­do, pero todos intuían que algo muy malo esta­ba pasan­do y que noso­tros no está­ba­mos sien­do con­si­de­ra­dos den­tro del “gran plan de protección”.

Uno reco­bra los áni­mos cuan­do escu­cha que no lo han olvi­da­do, cuan­do lo con­si­de­ran como un ser humano con dere­chos que cree haber perdido. 

Una sema­na antes de empe­za­do el esta­do de emer­gen­cia ya habían prohi­bi­do el régi­men de visi­tas para los inter­nos del penal, visi­tas que son de vital impor­tan­cia en la salud men­tal y físi­ca de cada interno, tan­to por el sopor­te emo­cio­nal y la posi­bi­li­dad de tener una ali­men­ta­ción media­na­men­te equi­li­bra­da, como por el apor­te eco­nó­mi­co que nos brin­dan nues­tras fami­lias para sobre­vi­vir con dig­ni­dad den­tro del penal; dine­ro que bien sir­ve para la adqui­si­ción de agua, algu­nos ali­men­tos com­ple­men­ta­rios, así como los efec­tos de nues­tro aseo per­so­nal, entre otras muchas cosas. Por el con­tra­rio, los pagos por reden­ción se man­tie­nen sin que se con­ta­bi­li­ce los días redi­mi­dos, gene­ran­do un gran pro­ble­ma eco­nó­mi­co y emo­cio­nal para noso­tros y nues­tras familias.

Las sema­nas trans­cu­rrie­ron sin que algún espe­cia­lis­ta hicie­ra men­ción sobre los pena­les y sus ingen­tes can­ti­da­des de per­so­nas vul­ne­ra­bles. Has­ta que escu­cha­mos en la radio la entre­vis­ta a la pre­si­den­ta del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal don­de habla­ba sobre la situa­ción de los pre­sos en el Perú.

Uno reco­bra los áni­mos cuan­do escu­cha que no lo han olvi­da­do, cuan­do lo con­si­de­ran como un ser humano con dere­chos que cree haber per­di­do. Per­ma­ne­ci­mos aten­tos a dis­tin­tas emi­so­ras y noti­cie­ros de señal abier­ta, pero sobre noso­tros no se vol­vió a decir más, o muy poco, olvi­dan­do el peli­gro que corre­mos por las pési­mas situa­cio­nes de las cár­ce­les en el país.

Más toda­vía, des­pués de las medi­das adop­ta­das por el INPE por evi­tar la pro­pa­ga­ción del virus, sus­pen­die­ron el tra­ba­jo del per­so­nal admi­nis­tra­ti­vo y docen­te para sal­va­guar­dar sus vidas y las de sus fami­lias, clau­su­ran­do el uso de ambien­tes como la biblio­te­ca y algu­nos talle­res de tra­ba­jo, gene­ran­do con esto más aglo­me­ra­ción en los espa­cios restantes.

El temor por el con­ta­gio es mayor cuan­do el per­so­nal de segu­ri­dad del INPE con­ti­núa con su trán­si­to nor­ma­li­za­do, yen­do y vinien­do de la ciu­dad a la peni­ten­cia­ría. Bas­ta que un guar­dia con­tra­je­se el virus para des­atar el caos den­tro del penal. 

Cada día nos reúnen dos veces a más de 600 inter­nos para el con­teo dia­rio en un patio que alber­ga a 50 per­so­nas; des­pués del con­teo ruti­na­rio somos 300 quie­nes, sin mayor opción, nos aglo­me­ra­mos den­tro de los pasi­llos con esca­sa ven­ti­la­ción e iluminación.

Even­tual­men­te los guar­dias apa­re­cen con guan­tes y mas­ca­ri­llas sucias a fuer­za del sobre­uso dia­rio. Den­tro del esfuer­zo del per­so­nal del INPE por man­te­ner el orden, olvi­da­ron res­guar­dar los obje­tos sus­cep­ti­bles a la tras­mi­sión del nue­vo coro­na­vi­rus. Si antes de la sus­pen­sión de visi­tas tenía­mos cin­co telé­fo­nos por cada 100 per­so­nas, aho­ra los tene­mos a dos por cada 100, don­de cada maña­na se for­man lar­gas filas que pue­den durar 30 minu­tos de espe­ra sin guar­dar el metro de dis­tan­cia suge­ri­do por la OMS; logra­mos hablar con nues­tras fami­lias cua­tro minu­tos colo­can­do los auri­cu­la­res del telé­fono muy cer­ca del ros­tro (para oír mejor) y la boca lue­go de que estos han sido usa­dos por más de 40 per­so­nas a lo lar­go del día.

Como bien seña­lé arri­ba, el temor por el con­ta­gio es mayor cuan­do el per­so­nal de segu­ri­dad del INPE con­ti­núa con su trán­si­to nor­ma­li­za­do, yen­do y vinien­do de la ciu­dad a la peni­ten­cia­ría. Bas­ta que un guar­dia con­tra­je­se el virus para des­atar el caos den­tro del penal.

Por todo lo expues­to en esta car­ta, y des­pués de medir la situa­ción real de los inter­nos des­de aden­tro, supli­co a las auto­ri­da­des com­pe­ten­tes tomen la deci­sión de imple­men­tar un plan de emer­gen­cia con la pobla­ción penal del país, pues no todos somos delin­cuen­tes, cri­mi­na­les ni corrup­tos. Habe­mos víc­ti­mas del sis­te­ma defec­tuo­so del poder judi­cial y el aban­dono del esta­do y todos los perua­nos mere­ce­mos res­pe­to por nues­tras vidas.

Que el sen­ti­do huma­ni­ta­rio de las auto­ri­da­des nos brin­den la segu­ri­dad y el res­pal­do que mere­ce­mos. Des­de aquí aden­tro pedi­mos que el INPE agi­li­ce los trá­mi­tes buro­crá­ti­cos libres de cos­to para inter­nos que están a puer­tas de cum­plir sus penas con reden­ción por estu­dio o tra­ba­jo; es muy pro­ba­ble que el 40% de la pobla­ción penal esté den­tro del tiem­po para rea­li­zar este beneficio.

Los meca­nis­mos para resol­ver estos trá­mi­tes admi­nis­tra­ti­vos están en manos del Ins­ti­tu­to Nacio­nal Peni­ten­cia­rio. Invo­ca­mos a los tra­ba­ja­do­res que pon­gan de su par­te y de su tiem­po para ayu­dar a bus­car solu­cio­nes a las gran­des difi­cul­ta­des que enfren­ta nues­tra nación.

Con la espe­ran­za pues­ta en su aten­ción, espe­ra­mos ser par­te del plan de pro­tec­ción que el gobierno vie­ne desarrollando.

Cus­co, 10 de abril de 2020

Fuen­te: SERVINDI

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