Argen­ti­na. La soli­da­ri­dad tie­ne cara de madre

Madres Víc­ti­mas de la Tra­ta, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 15 abril 2020

De lunes a vier­nes, a la hora del almuer­zo, lar­gas filas de gen­te des­fi­lan por el pasaje
Ciu­da­de­la en el barrio de Cons­ti­tu­ción para reco­ger, por una ven­ta­na del núme­ro 1249, su
ración de comi­da: “qui­nien­tas cin­cuen­ta racio­nes. Hay per­so­nas en situa­ción de
pros­ti­tu­ción, con gra­ves pro­ble­mas de salud y con niños chi­qui­tos, me piden leche
deses­pe­ra­da­men­te. Tubercu­losis, bajo peso, VIH, etc., etc. …” reve­la Mar­ga­ri­ta Mei­ra, la
mujer que lle­va ade­lan­te este come­dor que resul­ta ser, tam­bién, su pro­pia casa.

Y es que cuan­do las cosas se pusie­ron estruc­tu­ral­men­te difí­ci­les para el barrio y la sociedad
argen­ti­na en gene­ral, tam­bién se pusie­ron difí­ci­les para ella. En sus pro­pias pala­bras, “hacia
1988 comen­zó a des­em­bar­car en la Argen­ti­na el neo­li­be­ra­lis­mo” (cuyas lógi­cas y políticas
venían esbo­zán­do­se des­de los tiem­pos de los suce­si­vos gol­pes mili­ta­res, pero se instalaron
con espe­cial y explí­ci­ta fuer­za en la déca­da de los ’90 lue­go de la asun­ción de Carlos
Menem) Entre otras cosas, la aper­tu­ra de las impor­ta­cio­nes lle­vó a Mar­ga­ri­ta a per­der su
tra­ba­jo como cos­tu­re­ra y a ver su situa­ción eco­nó­mi­ca seria­men­te afec­ta­da. “Cla­ro que lo
mis­mo que me pasa­ba a mí les ocu­rría a mis veci­nos. El ham­bre comen­zó a ser un problema
coti­diano, por lo que deci­dí orga­ni­zar en mi casa un come­dor comu­ni­ta­rio que se llamó
Madres de Cons­ti­tu­ción” Actual­men­te el come­dor dis­po­ne de un sumi­nis­tro pro­vis­to por el
gobierno de la Ciu­dad, aun­que lo que aca­ba suce­dien­do es que el mis­mo resul­ta insuficiente
y Mar­ga­ri­ta y sus cola­bo­ra­do­ras se ven ver­da­de­ra­men­te desbordadas.

Poco o nada sos­pe­cha­ba Mar­ga­ri­ta que tan solo tres años des­pués de la fun­da­ción del
come­dor, en 1991, su hija Susi (cuyo nom­bre hoy pue­de leer­se tatua­do en su bra­zo) sería
secues­tra­da por una red de Tra­ta para ser explo­ta­da sexual­men­te. Fue con la com­pa­ñía y la
cola­bo­ra­ción de su hija que Mar­ga­ri­ta inau­gu­ró el come­dor, y fue, a la vez, el secues­tro y
pos­te­rior ase­si­na­to de Susi lo que dio comien­zo al arduo camino de bús­que­da y lucha que
des­em­bo­có en la defi­ni­ti­va fun­da­ción de Madres Víc­ti­mas de Tra­ta en 2015. Duran­te todos
esos años de dolor por la fal­ta de Susi el come­dor siguió ade­lan­te, y así con­ti­núa en la
actualidad.

Mucho dis­ta la reali­dad social de ser una fies­ta, y poco tie­ne que ver la soli­da­ri­dad con una tarea armo­nio­sa rea­li­za­da algu­na vez a la sema­na para lue­go son­reír delan­te de algu­na cáma­ra foto­grá­fi­ca. Bien lo sabe Mar­ga­ri­ta, que así des­cri­bía la situa­ción del barrio en su libro auto­bio­grá­fi­co que vio la luz el año pasa­do: “Actual­men­te se vive pési­mo por­que tam­po­co hay tra­ba­jo. Quie­nes más sufren son los de menos edad. El otro día le esta­ba dicien­do a un veci­ni­to que estu­die, ya que de otra mane­ra nun­ca iba a tener un buen tra­ba­jo, y muy fres­co me con­tes­tó que más pla­ta iba a ganar en la esqui­na, arre­ba­tan­do celu­la­res o ven­dien­do dro­ga. Y veo que las nenas, en cuan­to se van hacien­do seño­ri­tas, tie­nen a los pro­xe­ne­tas ron­dán­do­les. No estu­dian, no tra­ba­jan, no están bien en la casa, por lo que no les cues­ta mucho a las redes de tra­ta convencerlas.” 

Expe­rien­cias como esta moti­va­ron la deci­sión de esta­ble­cer, en la casa del Pasa­je Ciudadela,
ade­más del come­dor, un cen­tro cul­tu­ral don­de se brin­da­ra apo­yo esco­lar y se realizaran
diver­sas acti­vi­da­des artís­ti­cas para dar a las niñas y niños del barrio un espa­cio segu­ro, que
con­tri­bu­ye­ra a su cre­ci­mien­to en liber­tad y les ale­ja­ra aun­que sea un poco del ace­cho de lxs
explo­ta­dorxs. Actual­men­te la situa­ción del cen­tro es com­pli­ca­da, esen­cial­men­te por fal­ta de
recur­sos y per­so­nal para brin­dar los talle­res. Al pare­cer, Cons­ti­tu­ción es un barrio

aban­do­na­do no sólo en los sen­ti­dos social y eco­nó­mi­co, sino tam­bién en el sen­ti­do cultural
y artís­ti­co, tan fun­da­men­tal para acom­pa­ñar el cre­ci­mien­to de lxs más peque­ñxs en un
con­tex­to de extre­ma vul­ne­ra­bi­li­dad. A esto hay que agre­gar la situa­ción actual, en la cual el
apo­yo esco­lar y las cla­ses onli­ne con moti­vo de la cua­ren­te­na no lle­gan a la infan­cia que
ape­nas si come.

Al hecho de com­ba­tir, como se pue­de, el ham­bre des­de el barrio de lunes a vier­nes duran­te todo el año, con o sin emer­gen­cia sani­ta­ria, a Mar­ga­ri­ta se le aña­de la dolo­ro­sa labor de acom­pa­ñar a las otras Madres, sus com­pa­ñe­ras, en la bús­que­da de sus pro­pias hijas, des­apa­re­ci­das para ser pros­ti­tui­das por las redes de pro­xe­ne­tas y explo­ta­do­res. Las Madres no des­can­san. Nin­gún día del año, ni cin­co minu­tos, ni trein­ta segun­dos. Cuan­do Mar­ga­ri­ta no se encuen­tra entre­gan­do vian­das des­de el come­dor, está luchan­do con sus com­pa­ñe­ras que bus­can a sus hijas, o brin­dan­do asis­ten­cia y asi­lo a jóve­nes en situa­ción de pros­ti­tu­ción que han sufri­do des­alo­jos o se encuen­tran en situa­ción de calle. Todo en la más dolo­ro­sa de las sole­da­des: con una esca­sez de recur­sos insos­te­ni­ble, casi sin aten­ción mediá­ti­ca, por supues­to sin finan­cia­mien­to alguno de par­te de gru­pos de inte­rés eco­nó­mi­co, y sin dema­sia­do tiem­po para andar enor­gu­lle­cién­do­se de sus accio­nes a tra­vés de las redes socia­les. Así rela­ta­ba, en los días pre­vios a Sema­na San­ta, la situa­ción en el come­dor: “Fue una odi­sea, la gen­te se pone en la cola y cuan­do lle­ga no son los que están en la lis­ta. Nos par­te el cora­zón y ahí hace­mos magia todos los días. Damos en vian­das por la ven­ta­na y en bol­sas des­car­ta­bles, no entra­mos nada de la calle. Nos tene­mos que orga­ni­zar para poder entre­gar 1500 vian­das por el feriado.” 

En su céle­bre obra “Patas Arri­ba”, Eduar­do Galeano expre­sa­ba que “A dife­ren­cia de la
soli­da­ri­dad, que es hori­zon­tal y se ejer­ce de igual a igual, la cari­dad se prac­ti­ca de arri­ba a
aba­jo, humi­lla a quien la reci­be y jamás alte­ra ni un poqui­to las rela­cio­nes de poder (…) La
cari­dad no per­tur­ba la injus­ti­cia. Sólo se pro­po­ne disimularla”

Este es un prin­ci­pio que, cons­cien­te o incons­cien­te­men­te, rige toda la acti­vi­dad de la orga­ni­za­ción: el obje­ti­vo útli­mo que Madres Víc­ti­mas de Tra­ta se pro­po­ne es el de des­ar­mar una reali­dad de injus­ti­cia y opre­sión diri­gién­do­se a su mis­ma raíz. Des­ar­ti­cu­lar el entra­ma­do de pro­xe­ne­tas y pros­ti­tu­yen­tes que se bene­fi­cian, cada uno des­de su lugar, de la humi­lla­ción, la vio­la­ción, la tor­tu­ra y la explo­ta­ción sis­te­má­ti­cas de las muje­res en gene­ral, y de las pibas des­apa­re­ci­das en particular. 

Es des­de la soli­da­ri­dad que cada día del año, con o sin pan­de­mia, Mar­ga­ri­ta Mei­ra saca recur­sos de don­de no tie­ne para con­tri­buir a la ali­men­ta­ción de sus veci­nos. Es des­de la soli­da­ri­dad, de igual a igual, en con­di­ción de víc­ti­ma de las mis­mas garras patriar­ca­les que le arran­ca­ron a su hija, que Mar­ga­ri­ta asis­te a las víc­ti­mas del Sis­te­ma Pros­ti­tu­yen­te, y no des­de una cari­dad men­ti­ro­sa que no se plan­tea ni por un segun­do alte­rar las rela­cio­nes de poder vigen­tes y la situa­ción de explo­ta­ción de esas jóve­nes, ayu­dar­las a salir del entra­ma­do que las expri­me para trans­for­mar su salud en ganan­cias exor­bi­tan­tes y res­ti­tuir­las como suje­tos de dere­cho. Es des­de la soli­da­ri­dad, tam­bién, que las volun­ta­rias y los volun­ta­rios que com­po­nen esta orga­ni­za­ción apor­tan su ener­gía físi­ca e inte­lec­tual car­gan­do con el cono­ci­mien­to de las dimen­sio­nes y la bes­tia­li­dad del enemi­go que enfren­tan, y con la cons­tan­cia, en pala­bras de una de las volun­ta­rias, de que “somos pocxs, que no damos abas­to, por­que cola­bo­rar con­tra la tra­ta duele”. 

Ante la cara dolo­ro­sa, com­ple­ja y des­ga­rra­do­ra de un neo­li­be­ra­lis­mo que cas­ti­ga con

ham­bre a los veci­nos de Cons­ti­tu­ción a la vez que se com­bi­na hábil­men­te con los
fun­da­men­tos patriar­ca­les de nues­tra socie­dad para extraer ganan­cias de la mercantilización
de los cuer­pos de nues­tras pibas, la cari­dad de algu­nos gru­pos que se dicen femi­nis­tas no
pue­de pare­cer­nos más que una sim­ple facha­da. Las Madres Víc­ti­mas de Tra­ta saben, las
Madres Víc­ti­mas de Tra­ta entien­den que la entre­ga de ali­men­tos es fun­da­men­tal, pero que
sola y sin lucha con­tra las rela­cio­nes de poder se redu­ce a mera des­via­ción del foco de la
pro­ble­má­ti­ca. Las chi­cas a las que las madres bus­can y las chi­cas a las que las madres
asis­ten en su sali­da del Sis­te­ma Pros­ti­tu­yen­te se encuen­tran en situa­ción de vulnerabilidad
duran­te todo el año, en un con­fi­na­mien­to eterno y obli­ga­do, haya o no cuarentena
obli­ga­to­ria y su situa­ción lími­te, de extre­ma vul­ne­ra­ción no se ago­ta, lamen­ta­ble­men­te, con
asis­ten­cia ali­men­ti­cia, ni con algún vago dic­ta­do de frí­vo­los con­se­jos que pare­cen burlarse
de ellas en la medi­da en que les sugie­ren modos irrea­les y ridícu­los de “aco­mo­dar­se” en
medio de la vul­ne­ra­bi­li­dad y la explotación.

Ante el carác­ter inelu­di­ble­men­te dolo­ro­so y com­ple­jo de esta reali­dad que tras­cien­de por
lejos la actua­li­dad pan­dé­mi­ca, no pue­de pare­cer­nos algo más que hipó­cri­ta el acto de
reser­var el foco mediá­ti­co a la labor cari­ta­ti­va coyun­tu­ral de algu­nos orga­nis­mos, ignorando
por com­ple­to el tra­ba­jo de orga­ni­za­cio­nes como la que tren­zan las madres, que luchan
duran­te todo el año y aten­tan con­tra las bases de la opre­sión social.

Sur­gen de esta refle­xión algu­nas pre­gun­tas. ¿Por qué no men­cio­nan jamás, estos organismos
tan preo­cu­pa­dos por las muje­res en situa­ción de pros­ti­tu­ción, a las chi­cas desaparecidas?
¿Por qué se dedi­can en cam­bio a actos sim­bó­li­cos enga­ño­sos como el de heroi­zar ciertos
hechos his­tó­ri­cos duran­te los cua­les la liber­tad de ele­gir de un gru­po de muje­res en situación
de pros­ti­tu­ción no ha sido más que doble­men­te atro­pe­lla­da? ¿No es esta otra manio­bra más
para dis­fra­zar de armo­nio­sa y libre una reali­dad tor­tu­ra­do­ra que expri­me a sus víc­ti­mas y las
cas­ti­ga con un puni­ti­vis­mo del que dicen rene­gar? ¿No es ésta, en defi­ni­ti­va, la violencia
sim­bó­li­ca de la que debe­ría­mos hablar?

El femi­nis­mo y la con­fron­ta­ción de los pro­ble­mas socia­les que con­lle­va podrían parecer
más fáci­les de dige­rir si sólo hablá­se­mos de fal­sos empo­de­ra­mien­tos; si pudié­ra­mos ser tan
ino­cen­tes de con­si­de­rar “acto­res polí­ti­cos fun­da­men­ta­les” a quie­nes son en realidad
víc­ti­mas de un sis­te­ma polí­ti­co opre­sor inaca­ba­ble­men­te impu­ne; si enal­te­cié­ra­mos como
hechos heroi­cos cier­tos epi­so­dios his­tó­ri­cos que en ver­dad no hacen más que con­fir­mar el
con­ti­nuo ava­sa­lla­mien­to de nues­tros deseos reales y de nues­tra volun­tad, y si nos
con­ten­tá­ra­mos encar­gán­do­nos de los asun­tos de un modo más bien super­fi­cial y pasajero.

De disi­mu­lar la injus­ti­cia con cari­da­des efí­me­ras y cons­truir una facha­da esté­ril que
esca­mo­tea el carác­ter des­ga­rra­dor y pro­fun­da­men­te opre­sor de esta socie­dad que explota
muje­res mien­tras dice defen­der­las ya se encar­gan muy bien los gru­pos pode­ro­sos, esos que
dis­po­nen de dine­ro y de tiem­po para des­can­sar, y que reci­ben finan­cia­mien­to y atención
mediá­ti­ca a mon­to­nes. Lo rele­van­te, y tam­bién lo olvi­da­do en la lucha de las Madres es el
obje­ti­vo de des­truir la injus­ti­cia a fuer­za de soli­da­ri­dad, y así segui­rá sien­do cuan­do la
pan­de­mia haya aca­ba­do y mucho des­pués. Por­que mien­tras exis­tan la opre­sión y la
explo­ta­ción habrá madres, mili­tan­tes y com­pa­ñe­ras dis­pues­tas a des­truir sus bases y a
cons­truir jun­tas una reali­dad jus­ta, de igual a igual.

Equi­po de Comu­ni­ca­ción de Madres Víc­ti­mas de Trata

Itu­rria /​Fuen­te

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