Tes­ti­go de car­go: Crí­ti­ca de “La sec­ta del gati­llo” de José Celes­tino Campusano

Argen­ti­na /​Lea Ross /​La luna con gati­llo /​Resu­men Latinoamericano

La pri­me­ra pelí­cu­la argen­ti­na hecha en video 360 gra­dos, logra en algu­nos momen­tos efec­ti­vi­zar lo lúdi­co fren­te a un tema muy serio. Será visi­ble vía web has­ta el vier­nes 17 de abril

Por Lea Ross

Antes de las pro­yec­cio­nes de los Lumiè­re, des­ti­na­do a un gru­po supe­rior a una per­so­na, ya exis­tían apa­ra­tos audio­vi­sua­les para el aco­mo­do de un solo indi­vi­duo como espec­ta­dor, entre ellos el kines­tos­co­pio impul­sa­do por Tho­mas Edi­son. Hoy, para­dó­ji­ca­men­te, par­te de la bús­que­da de nue­vas pers­pec­ti­vas des­de el cine pare­cie­ra retor­nar a ese perío­do pre-cine­ma­to­grá­fi­co, como si acep­ta­ra que todo públi­co se redu­ce a una dimen­sión hoga­re­ña. Más toda­vía si se quie­re sacar pro­ve­cho a cier­tos avan­ces téc­ni­cos que empu­jen a un rol más acti­vo del espectador/​a, como es el caso del video inmer­si­vo. Se tra­ta de aquel sis­te­ma de fil­ma­ción que gra­ba simul­tá­nea­men­te todas las direc­cio­nes des­de su pun­to de refe­ren­cia, per­mi­tien­do que duran­te la pro­yec­ción se habi­li­te el tras­la­do manual del encua­dre. Defi­nir qué par­te del cam­po encua­drar es una tarea indi­vi­dual, como el videojuego.

La cas­ta del gati­llo (2019) es la pri­me­ra pelí­cu­la hecha con ésta tec­no­lo­gía. Diri­gi­da por José Celes­tino Cam­pu­sano, un refe­ren­te de la cine­ma­to­gra­fía conur­ba­na, y co-escri­ta por el perio­dis­ta sobre crí­me­nes poli­cia­les Ricar­do Ragen­dor­fer, el fil­me tra­ta de las andan­zas de dis­tin­tos suje­tos invo­lu­cra­dos en la “mal­di­ta poli­cía” bonae­ren­se, en par­ti­cu­lar con uno de sus mato­nes. Allí apa­re­ce­rá ofi­cia­les corrup­tos, date­ros, pros­ti­tu­tas, fio­los, empre­sa­rios, entre otras figuras.

La deci­sión ética/​estética del debut argen­tino del video 360 gra­dos en una pelí­cu­la don­de tra­ta de la maqui­na­ria cri­mi­nal de las fuer­zas poli­cia­les se logra com­pren­der­la en algu­nas de sus esce­nas. Empe­zan­do por la sen­sa­ción de encie­rro den­tro de la pro­pia comi­sa­ría. En esa efec­ti­vi­dad, ya sea den­tro de una ofi­ci­na o en un cala­bo­zo, Cam­pu­sano logra que con esa vis­ta pano­rá­mi­ca, móvil a dis­cre­ción del espec­ta­dor, gene­re esa sen­sa­ción de encie­rro o claus­tro­fo­bia, otor­gan­do un “sin sali­da” cla­ve para la com­pren­sión del modo de fun­cio­na­mien­to del cri­men orga­ni­za­do de natu­ra­le­za policial.

A esto se le suman algu­nos momen­tos a cie­lo abier­to, don­de se inclu­ye una de las eje­cu­cio­nes que hace alu­sión al títu­lo rodolf owalshiano de la pelí­cu­la. Allí, el pun­to de vis­ta posi­cio­na­do por la cáma­ra, por más movi­mien­to que se haga, es inde­fec­ti­ble­men­te ému­lo al de un tes­ti­go invi­si­ble, pero a la vez impo­ten­te, fren­te a un acto aberrante.

De ésta mane­ra, esas sen­sa­cio­nes logran ser fil­ma­das, efec­ti­vi­zán­do­se por la reac­ción emo­cio­nal del que mira la pan­ta­lla, sumán­do­le a su acto motriz de tras­la­dar el cua­dro. A pesar que en otras esce­nas no logra­rían ser cum­pli­das. Inclu­yen­do algu­na toma de baja dura­ción, cuya fun­cio­na­li­dad pare­cie­ra ser solo como tran­si­ción para una esce­na y otra. Y otras tan­to, que otor­gan una car­ga de dra­ma­tis­mo, pero más pen­sa­da para una cáma­ra con­ven­cio­nal, como los con­flic­tos fami­lia­res y del inte­rior de una clínica.

Pero en cier­ta mane­ra, la pelí­cu­la por sí no se limi­ta a un logro a medias en cuan­to a apor­te de su didac­tis­mo. Es tam­bién un gati­lla­zo sobre la con­cep­ción de la ima­gen cine­ma­to­grá­fi­ca fren­te a aque­llo de lo real. Por­que no es solo una impo­si­ción de una temá­ti­ca no tan ela­bo­ra­da en el cine argen­tino; ya que de ser así, la his­to­ria habría pues­to en esce­na a pibes ase­si­na­dos por la poli­cía como pro­ta­go­nis­tas y no como cri­mi­na­les de poca mon­ta que “cobran peaje”.

Como en otros pro­yec­tos cam­pu­so­nia­nos, el direc­tor de Vikin­go sub­ra­ya la máxi­ma de André Bazin, que defi­nía al cine como el arte de lo real, siem­pre y cuan­do alcan­za­ba su ple­ni­tud. Pero lo que es la ple­ni­tud de lo real, solo se alcan­za con des­ci­frar las dis­tin­tas sub­je­ti­vi­da­des pre­sen­tes en dis­tin­tos pun­tos espa­cia­les y tem­po­ra­les. Entre ellas, aquel conur­bano que pade­ce la explo­ta­ción del apa­ra­to poli­cial. Y es en esas sen­sa­cio­nes fil­ma­das obtie­nen su for­ma, aun cuan­do no apa­re­cen como per­so­na­jes. Bas­tan­te nota­ble sabien­do lo últi­mo es siem­pre el camino más fácil.

Final­men­te, Cam­pu­sano no deja atrás lo que es la ruta del dine­ro, muchas veces que que­da fue­ro de cam­po (inclu­yen­do la tele­vi­sión), y cuan­do lo hace, expo­ne a per­so­na­jes dis­tor­sio­na­dos o cari­ca­tu­res­cos. En nues­tro caso, es de des­ta­car el pri­mer momen­to don­de se fil­ma la secuen­cia del inte­rior de un auto­mó­vil en movi­mien­to, don­de via­jan dos de los bene­fi­cia­dos por el dine­ro en negro, que es una ver­da­de­ra prue­ba fíl­mi­ca. Fren­te a esa impo­si­ción de cum­plir aque­lla regla que si un per­so­na­je habla debe estar en el cua­dro, el pro­pio espec­ta­dor ten­drá la posi­bi­li­dad de dar su giro de 180 gra­dos para con­tem­plar el con­tras­ta­ble de unas edi­fi­ca­cio­nes en el hori­zon­te, fren­te a los comer­cios del barrio. Al final del diá­lo­go, los per­so­na­jes expli­ci­tan estar des­lum­bran­do de sus “ganan­cias”.

La cas­ta del gati­llo es un ejer­ci­cio fíl­mi­co intere­san­te en más de un momen­to. Inclu­so, expo­nien­do sus lími­tes físi­cos y socia­les. Por­que lamen­ta­ble­men­te, los deba­tes que pue­da moto­ri­za­rá no podrán ser com­par­ti­dos por alguien que ten­ga­mos sen­ta­do al lado de la pan­ta­lla, a penas ter­mi­ne la función.

Aquí para ver la pelí­cu­la, dis­po­ni­ble has­ta el vier­nes 17 de abril, ver aquí con la con­tra­se­ña: LSDG2019

Itu­rria /​Fuen­te

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