La liber­tad es atea

Pone­mos a dis­po­si­ción públi­ca el libro de recien­te publi­ca­ción en Boltxe Libu­ruak «La liber­tad es atea». Tam­bién está dis­po­ni­ble en nues­tra tien­da la ver­sión en papel y dos ver­sio­nes elec­tró­ni­cas, una con una peque­ña apor­ta­ción a Boltxe Libu­ruak para que poda­mos con­ti­nuar con nues­tra labor edi­to­rial y otra total­men­te gra­tui­ta.

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Mien­tras Engels desa­rro­lla­ba el ateís­mo, León XIII avan­za­ba en las rela­cio­nes «con los gobier­nos cons­cien­tes de la con­tri­bu­ción del cato­li­cis­mo en el orden social en una épo­ca de temo­res revo­lu­cio­na­rios»1, como lo había hecho con Ale­ma­nia en 1888. En 1891 publi­ca­ba la encí­cli­ca Rerum Nova­rum en la que el Vati­cano cho­ca­ba fron­tal­men­te con el socia­lis­mo, pero pedía a la patro­nal y al Esta­do que fue­ran más res­pe­tuo­sos con los obre­ros y cam­pe­si­nos. Aun­que al prin­ci­pio muchos curas fue­ron rea­cios en par­te por­que esta nue­va línea cho­ca­ba apa­ren­te­men­te mucho con la del Pío IX, con el tiem­po y ante la nece­si­dad de con­te­ner el avan­ce de la izquier­da, la Igle­sia amplió los gru­pos de acción cató­li­ca en muchas áreas: por ejem­plo los lla­ma­dos «huer­tos obre­ros» en pue­blos y ciu­da­des con los que algu­nas fami­lias mejo­ra­ban su ali­men­ta­ción y aumen­ta­ban un poco la entra­da de dine­ro, tam­bién se poten­cia­ron las coope­ra­ti­vas, los cur­sos edu­ca­ti­vos, las mutua­li­da­des de prés­ta­mos y de sani­dad2… Para 1903 estos gru­pos se asen­ta­ban en la Euro­pa indus­trial y en Esta­dos Uni­dos.

Rerum Nova­rum defen­día la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, con­de­na­ba la lucha de cla­ses, no iba a la raíz del capi­ta­lis­mo como era la explo­ta­ción asa­la­ria­da, era paci­fis­ta y jus­ti­fi­ca­ba la repre­sión vio­len­ta de la lucha obre­ra si esta tras­pa­sa­ba lo per­mi­ti­do por la bur­gue­sía. No debe sor­pren­der, enton­ces, que sec­to­res cató­li­cos y de otras corrien­tes cris­tia­nas opta­ran por el «cris­tia­nis­mo social» que se basa­ba en citas de la Biblia, en escri­tos y con­de­nas de la rique­za «exce­si­va» de los «padres» de la Igle­sia, etc., que eran la base del «socia­lis­mo autén­ti­co», úni­ca fuer­za capaz de ven­cer a las «cla­ses egoís­tas»3. El «socia­lis­mo cris­tiano» era par­te de la corrien­te his­tó­ri­ca de los mesia­nis­mos anti­guos, las here­jías mile­na­ris­tas medie­va­les, de par­tes del socia­lis­mo utó­pi­co y anun­cia­ba la teo­lo­gía de la libe­ra­ción, corrien­te que tie­ne el méri­to de luchar con­tra la injus­ti­cia, pero para­li­za­da por el ancla de plo­mo de atri­buir la cau­sa del mal al idea­lis­mo del «peca­do».

La bur­gue­sía menos obtu­sa aplau­dió la Rerum Nova­rum por­que, por fin, la Igle­sia dis­po­nía de una estra­te­gia y de tác­ti­cas movi­li­za­do­ras para defen­der al capi­tal den­tro de la cla­se tra­ba­ja­do­ra ampa­rán­do­se en dios. Pero la bur­gue­sía y los cris­tia­nos más mio­pes con­tra­ata­ca­ron ani­ma­dos por las que­jas de gran­des empre­sa­rios y lati­fun­dis­tas, y de la san­ta buro­cra­cia de Amé­ri­ca Lati­na que pre­sio­nó a Roma. En muchos luga­res habían sur­gi­do rei­vin­di­ca­cio­nes popu­la­res de más «jus­ti­cia social» que se legi­ti­ma­ban en la encí­cli­ca Rerum Nova­rum de 1891, y eso era inacep­ta­ble. Solo una déca­da des­pués, en 1901, León XIII fir­mó otra encí­cli­ca, la Gra­ves de Com­mu­ni, revi­san­do a la baja casi todos los prin­ci­pios de 1891 que moles­ta­ban a los más con­ser­va­do­res y lo peor fue que des­au­to­ri­zó al «socia­lis­mo cris­tiano» y limi­tó la acción de la «demo­cra­cia cris­tia­na» a la cari­dad den­tro del pue­blo, no a la toma del poder polí­ti­co4.

Si León XIII tenía pre­sio­nes por la dere­cha, tam­bién las tenía, pero de signo dife­ren­te por el cato­li­cis­mo nor­te­ame­ri­cano for­ma­do en una cul­tu­ra anglo­sa­jo­na en la que era muy fuer­te el cris­tia­nis­mo sur­gi­do de las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas, lo que hacía que exis­tie­ra un rece­lo social al cato­li­cis­mo como «reli­gión into­le­ran­te»5 por­que muchos de los colo­nos des­de el siglo XVII habían hui­do de las atro­ci­da­des vati­ca­nas. Ante el impac­to que esta­ba tenien­do el Mani­fies­to comu­nis­ta en las cla­ses tra­ba­ja­do­ras de Esta­dos Uni­dos, en 1882 se fun­dó el gru­po Caba­lle­ros de Colón para opo­ner­se a los obre­ros del colec­ti­vo Caba­lle­ros del Tra­ba­jo. La Igle­sia yan­qui evo­lu­cio­na­ba por su cuen­ta del dios medie­val implan­ta­do des­de Roma al dios bur­gués implan­ta­do por los pro­tes­tan­tes, cal­vi­nis­tas y otras ver­sio­nes anti feu­da­les: era la lógi­ca férrea de las nece­si­da­des de alie­na­ción del capi­tal en Esta­dos Uni­dos. León XIII lo com­pren­dió en par­te y en par­te cedió6.

La Igle­sia nor­te­ame­ri­ca­na tam­bién com­pren­dió que muchos de sus clien­tes eran de cul­tu­ra cató­li­ca tra­di­cio­nal –emi­gran­tes ita­lia­nos, irlan­de­ses, sud­ame­ri­ca­nos, etc.– y atem­pe­ró su adap­ta­ción al dios bur­gués. Pero las diver­sas igle­sias y sec­tas ape­nas pro­tes­ta­ron y mucho menos se movi­li­za­ron entre 1873 y 1898 con­tra las leyes que lega­li­za­ban la sobre­ex­plo­ta­ción de color con un halo de «cons­ti­tu­cio­na­li­dad» que se ampa­ró en el racis­ta e incon­ce­bi­ble lema, «Sepa­ra­dos pero igua­les»7, vigen­te has­ta 1954. Las y los ita­lia­nos, irlan­de­ses, sud­ame­ri­ca­nos, etc., sufrían un racis­mo menos duro que el de las y los afri­ca­nos, y la Igle­sia cató­li­ca actuó de bál­sa­mo opiá­ceo nor­ma­li­zán­do­lo entre sus clien­tes. Las igle­sias tam­po­co se unie­ron acti­va­men­te a la lucha obre­ra en alza y, menos aun, cuan­do el pre­si­den­te Cle­ve­land man­dó el ejér­ci­to a aplas­tar a tiros la gran huel­ga8 de 1894 en Chica­go.

Pío X fue pon­tí­fi­ce de 1903 a 1914 y su lema fue: «Nihil inno­va­tur nisi quod tra­dic­tium est» o «Con­tra las nove­da­des, fide­li­dad a la tra­di­ción»9. Ace­le­ró el giro reac­cio­na­rio de León XIII des­de 1901, sobre todo en el sen­ti­do de una mayor movi­li­za­ción cató­li­ca en la calle y en la polí­ti­ca con­tra la moder­ni­dad y con­tra el socia­lis­mo. Para ello, en 1904, levan­tó la prohi­bi­ción de votar que impu­so Pío IX a los cató­li­cos ita­lia­nos10 para ampliar así la pre­sión polí­ti­ca. Los comi­tés obre­ros cató­li­cos, los «sin­di­ca­tos blan­cos», etc., debían ser ofi­cial­men­te con­fe­sio­na­les11, lo que les ais­la­ba de una cla­se obre­ra cada vez más lai­ca e incre­yen­te, pero les for­ta­le­cía en su dis­ci­pli­na inter­na. Su ascen­so al trono de Pedro con­fir­ma­ba lo ante­rior­men­te dicho por Marx sobre los méto­dos de la Igle­sia del medie­vo para cap­tar sir­vien­tes muy aptos, como hemos vis­to en pági­nas ante­rio­res. En la Ita­lia de fina­les del siglo XIX, la cap­ta­ción se había amplia­do:

Los cam­pe­si­nos del Véne­to, para des­em­ba­ra­zar­se de una boca y adqui­rir un sos­tén, con­sa­gra­ban a uno de sus hijos a la carre­ra ecle­siás­ti­ca. A ese hijo cam­pe­sino ves­ti­do de sota­na le pro­te­gía, habi­tual­men­te, el terra­te­nien­te luga­re­ño, por con­si­de­ra­cio­nes nada idea­lis­tas, supo­nía que el sacer­do­te, por sen­ti­mien­to de gra­ti­tud, debía defen­der los intere­ses de su vale­dor y le pres­ta­ría apo­yo en los plei­tos con los cam­pe­si­nos. Pre­ci­sa­men­te así se com­por­tó el joven clé­ri­go Sar­to12.

En efec­to, Pio X no apo­yó solo a los terra­te­nien­tes sino que apo­yó fun­da­men­tal­men­te a la bur­gue­sía impe­ria­lis­ta, como vere­mos, pero con la inten­ción de recu­pe­rar y ampliar el per­di­do poder terre­nal de la Igle­sia. La Com­pa­ñía de Jesús era su bra­zo eje­cu­tor: «Fue en esa épo­ca cuan­do el padre Wernz, gene­ral de la Orden, escri­bió: “El esta­do está bajo la juris­dic­ción de la igle­sia; por tan­to, la auto­ri­dad secu­lar está en suje­ción a la auto­ri­dad ecle­siás­ti­ca y tie­ne que obe­de­cer­la”»13. Era tal la pre­sen­cia jesui­ta en el Vati­cano que se comen­ta­ba que no había dife­ren­cia entre el «papa blan­co» y el «papa negro». Se deba­te sobre cuál era la estra­te­gia del «papa negro» con res­pec­to al cho­que per­ma­nen­te en los capi­ta­lis­mos fran­cés y ale­mán: todo pare­ce indi­car que opta­ba por Ale­ma­nia en vez de por Fran­cia14, por­que la indus­tria de la pri­me­ra muy supe­rior a la de la segun­da enri­que­cía más al Vati­cano tan­to en lo mate­rial como en lo espi­ri­tual.

En 1905 esta­lló la revo­lu­ción en Rusia a la vez que gran­des luchas obre­ras tuvie­ron lugar en otros Esta­dos. Rosa Luxem­burg, enfu­re­ci­da por el com­por­ta­mien­to reac­cio­na­rio de las igle­sias cris­tia­nas, defen­dien­do a los ricos, escri­bió:

Des­de que los obre­ros empren­die­ron en nues­tro país –al igual que en Rusia– la lucha incan­sa­ble con­tra el gobierno de los zares y con­tra los explo­ta­do­res capi­ta­lis­tas, oímos cada vez más a menu­do que los sacer­do­tes pre­di­can con­tra los mili­tan­tes obre­ros. Nues­tro cle­ro diri­ge sus ata­ques de mane­ra espe­cial­men­te dura con­tra los socia­lis­tas, inten­tan­do por todos los medios deni­grar­los a los ojos de los obre­ros. Cada vez se repi­te más el caso de tra­ba­ja­do­res cre­yen­tes que van los domin­gos y días fes­ti­vos a la igle­sia para oír ser­mo­nes y hallar con­sue­lo reli­gio­so y, en lugar de ello, tie­nen que escu­char un dis­cur­so áspe­ro, y has­ta vio­len­to, sobre la polí­ti­ca y sobre los socia­lis­tas. En lugar de for­ta­le­cer a los hom­bres que van a la igle­sia lle­nos de fe y que se hallan ape­na­dos y empo­bre­ci­dos por su dura vida, los clé­ri­gos se des­atan en impro­pe­rios con­tra los obre­ros en huel­ga o con­tra los que com­ba­ten al gobierno. Les exhor­tan a sopor­tar la mise­ria y la opre­sión con humil­dad y resig­na­ción y hacen, en fin, de igle­sia y púl­pi­to, un lugar de agi­ta­ción polí­ti­ca15.

Rosa Luxem­burg sigue expli­can­do la polí­ti­ca de la social­de­mo­cra­cia hacia la reli­gión, que res­pe­ta escru­pu­lo­sa­men­te la liber­tad de creen­cia de las per­so­nas, que lucha por la fra­ter­ni­dad y la igual­dad, por la jus­ti­cia, y que por eso sabe que no se pue­de ni se quie­re for­zar las creen­cias indi­vi­dua­les. Insis­te en que el cle­ro ata­ca al socia­lis­mo, aun­que al defen­der a los ricos, a la explo­ta­ción y a la opre­sión están «en mani­fies­ta opo­si­ción a la doc­tri­na cris­tia­na», pero Rosa Luxem­burg tam­bién reco­no­ce que:

De todas for­mas hay tam­bién curas dife­ren­tes. Los hay lle­nos de bon­dad y com­pa­sión, que no bus­can el lucro, que están dis­pues­tos a ayu­dar don­de obser­van nece­si­dad. Pero todo el mun­do admi­te que son excep­cio­nes. Son cuer­vos blan­cos. La mayo­ría de los sacer­do­tes son­ríen y hacen humil­des reve­ren­cias ante los ricos y pode­ro­sos, a los que per­do­nan calla­da­men­te todas las injus­ti­cias y todos los vicios […] Esta cla­ra con­tra­dic­ción entre el pro­ce­der del cle­ro y la doc­tri­na cris­tia­na tie­ne que sor­pren­der a cual­quier obre­ro que refle­xio­ne16.

Rosa Luxem­burg desa­rro­lla la his­to­ria del cris­tia­nis­mo, lle­na de con­tra­dic­cio­nes y, lle­gan­do al final, expli­ca que la social­de­mo­cra­cia lucha por ins­tau­rar el comu­nis­mo, la eli­mi­na­ción de las cla­ses y la abo­li­ción total de la explo­ta­ción de unos por otros:

Esta es pre­ci­sa­men­te la razón de que las cla­ses posee­do­ras, que viven hoy de la explo­ta­ción obre­ra, mues­tren un odio tan gran­de hacia la social­de­mo­cra­cia, hacia la ilus­tra­ción de los obre­ros y hacia el movi­mien­to obre­ro. Aho­ra bien, el cle­ro, más toda­vía, la igle­sia ente­ra per­te­ne­ce igual­men­te a esas cla­ses domi­nan­tes. Todas esas inmen­sas rique­zas que han sido obte­ni­das sin tra­ba­jo pro­pio, median­te la explo­ta­ción y en detri­men­to del pue­blo tra­ba­ja­dor. […] Los sacer­do­tes odian hoy al pue­blo ilus­tra­do, al que lucha por sus dere­chos y por la igual­dad entre los hom­bres, tan­to como los pará­si­tos capi­ta­lis­tas, ya que ins­tau­rar aho­ra la igual­dad y abo­lir la explo­ta­ción sig­ni­fi­ca­ría el gol­pe de gra­cia para un cle­ro que vive pre­ci­sa­men­te de la explo­ta­ción y de la des­igual­dad17.

Lenin, igual­men­te sor­pren­di­do por la reac­ción de las igle­sias, tam­bién ana­li­zó las razo­nes his­tó­ri­cas de la «nie­bla reli­gio­sa» que hace per­der la orien­ta­ción a las cla­ses explo­ta­das. Defien­de que debe ins­tau­rar­se una sepa­ra­ción estric­ta entre el Esta­do y las reli­gio­nes en las escue­las, etc., en defi­ni­ti­va en todo, y que la reli­gión sea un dere­cho pri­va­do pro­te­gi­do como una liber­tad bási­ca. Aho­ra bien, sigue Lenin:

La reli­gión no es un asun­to pri­va­do con res­pec­to al par­ti­do del pro­le­ta­ria­do socia­lis­ta. Nues­tro par­ti­do es la unión de lucha­do­res cons­cien­tes y avan­za­dos por la eman­ci­pa­ción de la cla­se obre­ra. Esta unión no pue­de ni debe per­ma­ne­cer indi­fe­ren­te ante la incons­cien­cia, la igno­ran­cia o el oscu­ran­tis­mo bajo la for­ma de creen­cias reli­gio­sas. Exi­gi­mos la com­ple­ta sepa­ra­ción de la igle­sia y del Esta­do para luchar con­tra la nie­bla reli­gio­sa con un arma pura­men­te ideo­ló­gi­ca y sola­men­te ideo­ló­gi­ca, con nues­tra pren­sa y nues­tra pala­bra […] Nues­tro pro­gra­ma se basa en una con­cep­ción cien­tí­fi­ca del mun­do, pre­ci­sa­men­te en la con­cep­ción mate­ria­lis­ta. Por eso, la expli­ca­ción de nues­tro pro­gra­ma com­pren­de tam­bién, de modo nece­sa­rio, la expli­ca­ción de las ver­da­de­ras raí­ces his­tó­ri­cas y eco­nó­mi­cas de la nie­bla reli­gio­sa. Nues­tra pro­pa­gan­da inclu­ye obli­ga­to­ria­men­te la pro­pa­gan­da del ateís­mo […] La uni­dad de esta ver­da­de­ra lucha revo­lu­cio­na­ria de la cla­se opri­mi­da por crear el paraí­so en la tie­rra tie­ne para noso­tros más impor­tan­cia que la uni­dad de cri­te­rio de los pro­le­ta­rios acer­ca del paraí­so en el cie­lo. He aquí por qué no pro­cla­ma­mos y ni debe­mos pro­cla­mar nues­tro ateís­mo en nues­tro pro­gra­ma; he ahí por qué no prohi­bi­mos ni debe­mos prohi­bir el acer­ca­mien­to a nues­tro par­ti­do de los pro­le­ta­rios que con­ser­van toda­vía unos u otros ves­ti­gios de los vie­jos pre­jui­cios […] En todo caso, opon­dre­mos a ella la pré­di­ca de la soli­da­ri­dad pro­le­ta­ria y de la con­cep­ción cien­tí­fi­ca del mun­do, una pré­di­ca sere­na, fir­me y pacien­te, aje­na a cual­quier ati­za­mien­to de diver­gen­cias secun­da­rias18.

La revo­lu­ción de 1905 había con­fir­ma­do al cris­tia­nis­mo el abis­mo insal­va­ble que le enfren­ta­ba al socia­lis­mo y más en el caso de la Igle­sia cató­li­ca, que «des­de los días de Pio Nono, el Vati­cano alen­ta­ba la des­con­fian­za hacia la social­de­mo­cra­cia como pre­cur­so­ra del socia­lis­mo y por tan­to del comu­nis­mo»19. La resis­ten­cia den­tro y fue­ra del Vati­cano al dog­ma de la infa­li­bi­li­dad esta­ba soca­van­do la obe­dien­cia cie­ga, que tam­bién era gol­pea­da por los cam­bios pro­fun­dos moti­va­dos por el trán­si­to del capi­ta­lis­mo colo­nia­lis­ta al impe­ria­lis­ta. Así, entre 1907 y 1910, suce­si­vos docu­men­tos, con­de­nas y exco­mu­nio­nes lan­za­das por Pio X barrie­ron la corrien­te moder­nis­ta den­tro de la Igle­sia, obli­gan­do a los sacer­do­tes a rea­li­zar un jura­men­to anti moder­nis­ta. Sien­do esta repre­sión muy gra­ve, peor des­de el pun­to de vis­ta radi­cal­men­te humano, es la deci­sión de 1904 de «invi­tar» a los cató­li­cos a que reci­bie­sen dia­ria­men­te el sacra­men­to de la comu­nión, que en sí era refor­zar la prác­ti­ca del ritual del sacri­fi­cio, del cani­ba­lis­mo «tran­subs­tan­cia­do»20.

Cuan­do los cató­li­cos aumen­ta­ron su fuer­za de tra­ba­jo gra­cias a la ener­gía adqui­ri­da por la dia­ria «comu­nión sagra­da», Pio X supri­mió de un plu­ma­zo, en 1911, muchas fies­tas21[78921 que corres­pon­dían al cris­tia­nis­mo medie­val, adap­tan­do la tem­po­ra­li­dad cató­li­ca a las cie­gas nece­si­da­des del capi­ta­lis­mo: se tra­ta­ba de ampliar las horas de explo­ta­ción del pro­le­ta­ria­do. Inclu­so en la orto­do­xa bur­gue­sía zaris­ta rusa, enfren­ta­da en muchos temas con el Vati­cano, sen­tó muy bien el drás­ti­co recor­te papal de los dere­chos de la cla­se obre­ra cató­li­ca, recor­te que daña­ba en reali­dad al con­jun­to del pro­le­ta­ria­do. En 1954, Pio X fue cano­ni­za­do en medio de la mal lla­ma­da gue­rra fría, y cuan­do en Ita­lia los comu­nis­tas eran fuer­tes elec­to­ral­men­te. Care­ce­mos de espa­cio para ana­li­zar si tama­ño retro­ce­so al auto­ri­ta­ris­mo proim­pe­ria­lis­ta pudo influir siquie­ra indi­rec­ta­men­te en el retro­ce­so de afi­lia­dos a otras igle­sias: en 1911, la Igle­sia angli­ca­na cali­fi­ca­ba de alar­man­te «que la cla­se media edu­ca­da, espe­cial­men­te los jóve­nes, están per­dien­do por com­ple­to el con­tac­to con la Casa de Dios»22.

La lucha de cla­ses en Ale­ma­nia iba en aumen­to des­de 1909 y la radi­ca­li­za­ción de los par­ti­dos tam­bién se expre­sa­ba en el cho­que entre el ateís­mo mar­xis­ta y la reli­gión cris­tia­na en cual­quie­ra de sus moda­li­da­des. En una sesión del Par­la­men­te ale­mán en Ber­lín se libró un fuer­te encon­tro­na­zo entre Karl Liebk­ne­chet y un repre­sen­tan­te de la dere­cha, von Kar­doff, en la sesión de 22 de mar­zo de 1912, trans­cri­to en un bri­llan­te artícu­lo titu­la­do Rezar y… matar23. El autor expli­ca lo que enfren­ta a la juven­tud obre­ra mili­tan­te con la juven­tud bur­gue­sa reac­cio­na­ria, cómo se edu­ca cada una de ellas, cómo inter­vie­nen en polí­ti­ca y cómo entien­den las opues­tas vio­len­cias de cla­se: la reli­gión ense­ña a la juven­tud bur­gue­sa a rezar y… matar a la juven­tud obre­ra. K. Liebk­necht sería ase­si­na­do jun­to con Rosa Luxem­burg y cien­tos de comu­nis­tas cuan­do el ejér­ci­to diri­gi­do por la mis­ma social­de­mo­cra­cia aplas­tó la revo­lu­ción de invierno de 1918.

La gue­rra de 1914 – 1918 demos­tró de nue­vo, pero con muchí­si­ma más cru­de­za que el dios cris­tiano esta­ba roto en múl­ti­ples par­ti­dos capi­ta­lis­tas enfren­ta­dos mor­tal­men­te. Todas las monar­quías eran cris­tia­nas, pero man­da­ron a sus cris­tia­nos pue­blos a dego­llar­se mutua­men­te y con res­pec­to a los Esta­dos beli­ge­ran­tes debe­mos decir lo mis­mo. Sin embar­go: «Las creen­cias y las afi­lia­cio­nes reli­gio­sas no repre­sen­ta­ron nin­gún papel en los ali­nea­mien­tos. De un lado lucha­ban la Ale­ma­nia pro­tes­tan­te, la cató­li­ca Aus­tria, la Bul­ga­ria orto­do­xa y la Tur­quía musul­ma­na. Del otro, la Gran Bre­ta­ña pro­tes­tan­te, Fran­cia e Ita­lia cató­li­cas, y Rusia orto­do­xa»24.

La leta­li­dad de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial uni­da a la inca­pa­ci­dad bur­gue­sa para ter­mi­nar la gue­rra antes de que se radi­ca­li­za­sen muchas rei­vin­di­ca­cio­nes dor­mi­das, gene­ró una olea­da de luchas, revo­lu­cio­nes y con­tra­rre­vo­lu­cio­nes que vol­vie­ron a mos­trar el con­te­ni­do de cla­se de las reli­gio­nes. La revo­lu­ción bol­che­vi­que de 1917 cogió por sor­pre­sa prác­ti­ca­men­te a todo el mun­do, a Lenin el pri­me­ro. La Igle­sia y los cris­tia­nis­mos fue­ron sus enemi­gos faná­ti­cos des­de su mis­mo ini­cio, aun­que el gobierno de comi­sa­rios del pue­blo fue extre­ma­da­men­te cau­to con la reli­gión y con las igle­sias orto­do­xas y cató­li­ca una vez que puso en prác­ti­ca la ele­men­tal medi­da demo­crá­ti­ca de sepa­rar las igle­sias del Esta­do. El Vati­cano apa­ren­tó res­pe­tar el hecho de que en Rusia y en casi toda Euro­pa del este el cris­tia­nis­mo orto­do­xo era el domi­nan­te, pero aun así bus­có infil­trar espías en la URSS, sien­do des­cu­bier­to el jesui­ta d’Herbigny25 que fue expul­sa­do en 1922.

Pero el anti­co­mu­nis­mo de las igle­sias se vol­ca­ría inme­dia­ta­men­te con­tra el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio en la Euro­pa capi­ta­lis­ta. La obse­sión anti­co­mu­nis­ta se hizo enfer­mi­za una vez que la revo­lu­ción bol­che­vi­que empe­zó a rea­li­zar una expli­ca­ción cien­tí­fi­ca del ateís­mo mar­xis­ta, como por ejem­plo la publi­ca­ción de La dia­léc­ti­ca de la natu­ra­le­za en 1925, libro escri­to por Engels con la ayu­da direc­ta de Marx, y otros muchos tex­tos entre los que debe des­ta­car­se los Cua­der­nos filo­só­fi­cos de Lenin en los que el mate­ria­lis­mo es defi­ni­do en su exac­ta cua­li­dad como auto­mo­vi­mien­to:

La iden­ti­dad de los con­tra­rios (qui­zá fue­se más correc­to decir su «uni­dad», aun­que la dife­ren­cia entre los tér­mi­nos iden­ti­dad y uni­dad no tie­ne aquí una impor­tan­cia par­ti­cu­lar. En cier­to sen­ti­do ambos son correc­tos) es el reco­no­ci­mien­to (des­cu­bri­mien­to) de las ten­den­cias con­tra­dic­to­rias, mutua­men­te exclu­yen­tes, opues­tas, de todos los fenó­me­nos y pro­ce­sos de la natu­ra­le­za (inclu­so el espí­ri­tu y la socie­dad). La con­di­ción para el cono­ci­mien­to de todos los pro­ce­sos del mun­do es su auto­mo­vi­mien­to, en su desa­rro­llo espon­tá­neo, en su vida real, es el cono­ci­mien­to de los mis­mos como uni­dad de con­tra­rios. El desa­rro­llo es la «lucha» de con­tra­rios. Las dos con­cep­cio­nes fun­da­men­ta­les (¿o dos posi­bles?, ¿o dos his­tó­ri­ca­men­te obser­va­bles?) del desa­rro­llo (evo­lu­ción) son: el desa­rro­llo como aumen­to y dis­mi­nu­ción, como repe­ti­ción; y el desa­rro­llo como uni­dad de con­tra­rios (la divi­sión de la uni­dad en con­tra­rios mutua­men­te exclu­yen­tes y su rela­ción recí­pro­ca).

En la pri­me­ra con­cep­ción del movi­mien­to, el auto­mo­vi­mien­to, su fuer­za impul­so­ra, su fuen­te, su moti­vo, que­da en la som­bra (o se con­vier­te a dicha fuen­te en exte­rior: dios, suje­to, etc.). En la segun­da con­cep­ción se diri­ge la aten­ción prin­ci­pal pre­ci­sa­men­te hacia el cono­ci­mien­to de la fuen­te del «auto» movi­mien­to.

La pri­me­ra con­cep­ción es iner­te, páli­da y seca. La segun­da es viva. Solo ella pro­por­cio­na la cla­ve para el «auto­mo­vi­mien­to» de todo lo exis­ten­te; solo ella da la cla­ve para los «sal­tos», para la «rup­tu­ra de con­ti­nui­dad», para la «trans­for­ma­ción en el con­tra­rio», para la des­truc­ción de lo vie­jo y el sur­gi­mien­to de lo nue­vo.

La uni­dad (coin­ci­den­cia, iden­ti­dad, igual­dad de acción) de los con­tra­rios es con­di­cio­nal, tem­po­ra­ria, rela­ti­va. La lucha de los con­tra­rios mutua­men­te exclu­yen­tes es abso­lu­ta, como son abso­lu­tos el desa­rro­llo y el movi­mien­to26.

Dia­léc­ti­ca y dios son mutua­men­te exclu­yen­tes. Por esto, por la tarea de la URSS en recu­pe­rar, pro­du­cir y edi­tar tex­tos ateos –al mar­gen aho­ra de otras cues­tio­nes– para la for­ma­ción polí­ti­co-filo­só­fi­ca del movi­mien­to obre­ro, de las luchas de libe­ra­ción de las nacio­nes opri­mi­das y para la eman­ci­pa­ción de la mujer tra­ba­ja­do­ra, era tan peli­gro­sa para las bur­gue­sías y sus apa­ra­tos reli­gio­sos. Pero la fuer­za del mar­xis­mo era ante­rior al asen­ta­mien­to defi­ni­ti­vo de la URSS. Así, a fina­les de 1918, cuan­do el poder sovié­ti­co se deba­tía entre la vida y la muer­te, Grams­ci ya había ana­li­za­do la rápi­da cri­sis de des­com­po­si­ción del Esta­do ita­liano y del cato­li­cis­mo. Como mar­xis­ta, sabía que las nue­vas con­tra­dic­cio­nes socia­les a la fuer­za pene­tran en la Igle­sia: las ten­den­cias moder­nis­tas y demo­crá­ti­cas pal­pi­ta­ban pese al con­trol interno y a la repre­sión exte­rior, pero, sobre todo:

La gue­rra ha ace­le­ra­do este pro­ce­so de diso­lu­ción inter­na del mito reli­gio­so y de las doc­tri­nas legi­ti­mis­tas […] Los cató­li­cos se afe­rran a la reali­dad que esca­pa a su con­trol. El mito reli­gio­so, como con­cien­cia difu­sa que infor­ma con sus valo­res a todas las acti­vi­da­des y orga­nis­mos de la vida inte­lec­tual y colec­ti­va, se disuel­ve tan­to en Ita­lia como en otros luga­res y se con­vier­te en un par­ti­do polí­ti­co defi­ni­do. Se hace lai­co, renun­cia a su uni­ver­sa­li­dad, para tra­du­cir­se en la volun­tad prác­ti­ca de una cla­se bur­gue­sa con­cre­ta, que, median­te la con­quis­ta del poder del Esta­do, se pro­po­ne, ade­más de la con­ser­va­ción de sus pri­vi­le­gios gene­ra­les de cla­se, el man­te­ni­mien­to de los pri­vi­le­gios par­ti­cu­la­res de sus miem­bros27.

La dia­léc­ti­ca apli­ca­da por Grams­ci le per­mi­tía cono­cer el «auto­mo­vi­mien­to» polí­ti­co del Vati­cano deter­mi­na­do por las nue­vas con­tra­dic­cio­nes. La bur­gue­sía se pre­pa­ra­ba para derro­tar el avan­ce del socia­lis­mo y del comu­nis­mo en Ita­lia, estu­dian­do tam­bién lo que suce­día en el res­to de Euro­pa y espe­cial­men­te en Ale­ma­nia, por­que el Vati­cano esta­ba al tan­to del efec­to de la revo­lu­ción bol­che­vi­que en la cla­se obre­ra euro­pea. El car­de­nal Pace­lli, futu­ro Pío XII, cere­bro del Con­cor­da­to fir­ma­do con los nazis en 1933, cono­cía muy bien Ale­ma­nia don­de había pasa­do varios años. Entre mar­zo y abril de 1919, en ple­na cri­sis revo­lu­cio­na­ria, Pace­lli demos­tró su odio hacia el «judaís­mo bol­che­vi­que» con expre­sio­nes racis­tas inclu­so con­tra la for­ma físi­ca de los comu­nis­tas y se opu­so con todas sus fuer­zas a que la Bri­ga­da Roja de Múnich recu­pe­ra­ra para el pro­le­ta­ria­do el lujo­so coche del Nun­cio28: la pro­pie­dad vati­ca­na era into­ca­ble para la empo­bre­ci­da cla­se tra­ba­ja­do­ra que se juga­ba su des­tino en esos días y que sería al poco tiem­po aplas­ta­da por la con­tra­rre­vo­lu­ción.

Así se com­pren­de que, en pleno ascen­so de Mus­so­li­ni, en 1924, el Vati­cano prohi­bie­ra al Par­ti­do Popu­lar, del que nos habla­ba Grams­ci, acer­car­se a los socia­lis­tas para impe­dir que su alian­za elec­to­ral detu­vie­ra el avan­ce del fas­cis­mo29. Pace­lli actua­ba al uní­sono con su her­mano Fran­ces­co, quien fue­ra el cere­bro del Con­cor­da­to con Mus­so­li­ni en 1929, Con­cor­da­to por el que el Vati­cano sacri­fi­có el cato­li­cis­mo polí­ti­co y social30 que había sido su ancla en las cla­ses explo­ta­das para inten­tar con­te­ner al socia­lis­mo y al comu­nis­mo. Roma, median­te el Con­cor­da­to, repar­tió el poder polí­ti­co-reli­gio­so y eco­nó­mi­co, con el fas­cis­mo de un modo tan ven­ta­jo­so que algu­nos fas­cis­tas mos­tra­ron su enfa­do. Dos gran­des triun­fos del Vati­cano fue­ron: que­dar­se con la edu­ca­ción y man­te­ner la Acción Cató­li­ca libre del con­trol fas­cis­ta31, dos medios de alie­na­ción y movi­li­za­ción de masas reac­cio­na­rias que serían muy impor­tan­tes en la lucha anti­co­mu­nis­ta a par­tir de 1944.

H. Por­te­lli ha estu­dia­do las apor­ta­cio­nes de Grams­ci a la crí­ti­ca de la reli­gión y en el caso espe­cí­fi­co de la fir­ma del Con­cor­da­to con Mus­so­li­ni mues­tra que Grams­ci tam­bién opi­na­ba que el Esta­do fas­cis­ta había capi­tu­la­do ante Roma. Para Grams­ci, los dos mejo­res ideó­lo­gos bur­gue­ses del momen­to en Ita­lia eran el papa y Cro­ce, sien­do Gen­ti­le, el teó­ri­co fas­cis­ta por exce­len­cia, muy infe­rior. Grams­ci insis­te en la vic­to­ria del Vati­cano al man­te­ner su mono­po­lio del sis­te­ma edu­ca­ti­vo32. Y sobre la acción cató­li­ca, Grams­ci afir­ma que la Igle­sia está dis­pues­ta a todo con tal de man­te­ner su poder:

Para esta defen­sa no exclu­ye nin­gún medio, ni la insu­rrec­ción arma­da, ni el aten­ta­do indi­vi­dual, ni la ape­la­ción a la inva­sión extran­je­ra […] Dadas estas pre­mi­sas, el «pen­sa­mien­to social» cató­li­co tie­ne un valor pura­men­te aca­dé­mi­co. Es pre­ci­so estu­diar­lo y ana­li­zar­lo en cuan­to ele­men­to ideo­ló­gi­co nar­co­ti­za­dor ten­den­te a man­te­ner deter­mi­na­dos esta­dos de áni­mo de expec­ta­ti­va pasi­va de tipo reli­gio­so; mas no como ele­men­to de vida polí­ti­ca e his­tó­ri­ca direc­ta­men­te acti­vo. […] es un ele­men­to de reser­va, no de pri­me­ra línea y por ello pue­de en todo momen­to ser «olvi­da­do» prác­ti­ca­men­te y «calla­do», aun sin renun­ciar a él por com­ple­to, por­que podría vol­ver a pre­sen­tar­se la oca­sión en que fue­ra pre­ci­so uti­li­zar­lo. Los cató­li­cos son muy astu­tos, pero me pare­ce que en este caso son «dema­sia­do» astu­tos33.

Grams­ci habla con toda razón de la natu­ra­le­za de reser­va de fuer­za reac­cio­na­ria, irra­cio­nal, que tie­ne el «pen­sa­mien­to social» de la Igle­sia, reser­va movi­li­za­ble en los momen­tos de cri­sis pero que, en los de nor­ma­li­dad, está pasi­va, a la espe­ra. La estric­ta cen­su­ra car­ce­la­ria le obli­ga­ba a Grams­ci a escri­bir con cui­da­do, por eso recu­rre a los tér­mi­nos de «filo­so­fía de la pra­xis» para refe­rir­se al mar­xis­mo, aun­que casi siem­pre logra comu­ni­car lo que quie­re. ¿Cómo ven­cer al poten­cial reac­cio­na­rio que se man­tie­ne en reser­va entre las masas afi­lia­das a la Acción Cató­li­ca? Median­te la peda­go­gía pacien­te sos­te­ni­da en la prác­ti­ca coti­dia­na de la lucha de cla­ses, sin olvi­dar nun­ca que:

La posi­ción de la filo­so­fía de la pra­xis es anti­té­ti­ca a la cató­li­ca. La filo­so­fía de la pra­xis no tien­de a man­te­ner a las «gen­tes sen­ci­llas» en su pri­me­ra filo­so­fía del sen­ti­do común, sino que quie­re con­du­cir­las a una con­cep­ción supe­rior de la vida […] La com­pre­sión crí­ti­ca de uno mis­mo se obtie­ne, pues, a tra­vés de una lucha de «hege­mo­nías» polí­ti­cas, de direc­cio­nes con­tras­tan­tes, pri­me­ro en el cam­po de la éti­ca, des­pués en el de la polí­ti­ca para lle­gar a una ela­bo­ra­ción supe­rior de la pro­pia con­cep­ción de lo real34.

Con res­pec­to a Hitler, aun­que en un prin­ci­pio muchos obis­pos cató­li­cos ale­ma­nes mos­tra­ron serias dudas y algu­nas crí­ti­cas al nazis­mo, en reali­dad estas eran muy sua­ves en con­te­ni­do por­que «la mayo­ría de los obis­pos era monár­qui­ca, odia­ban el libe­ra­lis­mo y la demo­cra­cia mucho más de lo que odia­ban a Hitler […] una vez que Hitler asu­mió el poder, el cato­li­cis­mo ale­mán dese­chó su acti­tud “nega­ti­va” y tuvo una pos­tu­ra de apo­yo acti­vo. […] Un fac­tor de la capi­tu­la­ción cató­li­ca fue sin duda el temor a los lute­ra­nos. Pues si la acti­tud cató­li­ca fren­te a Hitler fue apren­si­va y pusi­lá­ni­me, muchos miem­bros del cle­ro pro­tes­tan­te se mos­tra­ron entu­sias­tas […] En la déca­da de 1920 algu­nos lute­ra­nos dere­chis­tas habían for­ma­do la Fede­ra­ción por una Igle­sia Ale­ma­na, que apun­ta­ba a eli­mi­nar el ante­ce­den­te judío del cris­tia­nis­mo y a crear una reli­gión nacio­nal basa­da en la tra­di­ción ale­ma­na. Des­ta­ca­ban exa­ge­ra­da­men­te los enun­cia­dos anti­se­mi­tas de Lute­ro y su odio a la demo­cra­cia»35.

En mayo de 1933 Henry Lecon­te escri­bió un bre­ve, pre­mo­ni­tor e inten­so artícu­lo sobre las exce­len­tes rela­cio­nes entre el nazis­mo y el Vati­cano bajo el man­da­to de Pío XI, rela­cio­nes ofi­cia­li­za­das poco des­pués, en julio de ese año, con la fir­ma del Con­cor­da­to entre ambas poten­cias, aún vigen­te a día de hoy:

Des­de que Hitler y sus pan­di­llas irrum­pie­ron en Ale­ma­nia, pre­ci­pi­ta­ron a este gran país de 65 millo­nes de almas a la oscu­ri­dad y la bru­ta­li­dad de la Edad Media, per­si­guien­do a la cla­se obre­ra y opri­mien­do al pue­blo judío (y a muchos otros, es ver­dad), el mun­do ente­ro está inmer­so en la indig­na­ción y el estu­por.

Cuan­do digo todo el mun­do, ten­go que hacer una reser­va. Hay un hom­bre en el mun­do, y eso es una total cer­te­za, con­fir­ma­da, con­sa­gra­da, solem­ni­za­da y divi­ni­za­da, al menos un hom­bre, al que Hitler no dejó estu­pe­fac­to, que las ver­gon­zo­sas mise­rias infli­gi­das a 700.000 judíos no indig­na­ron, que la inti­mi­da­ción, las aflic­cio­nes, los encar­ce­la­mien­tos y eje­cu­cio­nes de las cua­les son víc­ti­mas vein­te millo­nes de tra­ba­ja­do­res, no han per­tur­ba­do en sus medi­ta­cio­nes, ni lo han des­via­do de sus con­tem­pla­cio­nes celes­tia­les, ni le han impe­di­do con­ti­nuar su diá­lo­go coti­diano con Dios. Ese hom­bre es el Papa.

[…]

Así que mejor no te se que­je si el Papa en nues­tros días dis­fru­ta de dar­le a Hitler su ben­di­ción. ¿Qué es una ben­di­ción? Lo sabe­mos dema­sia­do bien. Fue com­pra­da, comer­cia­li­za­da, ven­di­da en los vie­jos tiem­pos, en el siglo XVI, al igual que hoy. Papas, carrua­jes vie­jos y un honor inma­cu­la­do. Así enten­di­do enton­ces, ben­de­cir a Hitler es ape­nas un acto de pura ino­cen­cia, como si no hubie­se pasa­do nada36.

Lecon­te expo­ne algu­nas de las incon­ta­bles atro­ci­da­des papa­les: Cons­tan­tino I hizo cla­var cuchi­llos can­den­tes en los ojos del arzo­bis­po de Ráve­na por des­obe­dien­cia. Gre­go­rio V (siglo X) hizo cor­tar los pies, las manos, la nariz, la len­gua y las ore­jas al cón­sul Cres­cen­ti­us y su com­pa­ñe­ro Juan por no com­pla­cer­le, y des­pués los lle­vó en pro­ce­sión por Roma antes de ahor­car­los. Ino­cen­cio III (siglo XIII) man­do que­mar, saquear e incen­diar la ciu­dad de Béziers ase­si­nan­do a 60.000 per­so­nas, y un día orde­nó arro­jar por las ven­ta­nas del pala­cio papal a once per­so­nas que dis­cre­pa­ban de sus opi­nio­nes. Six­to VI (siglo XV) orde­nó acu­chi­llar a Lau­rent y Julien de Medi­ci en una misa duran­te la con­sa­gra­ción de la hos­tia. Ale­jan­dro Bor­gia o Ale­jan­dro VI (siglo XV, ini­cio del XVI) inces­tuo­so, fra­tri­ci­da, ase­sino, usu­re­ro, exper­to en vene­nos, obse­so sexual y padre de bas­tar­dos. Gre­go­rio XIII (siglo XVI) exul­ta­ba de gozo al reci­bir en un lujo­so cofre la cabe­za deca­pi­ta­da del almi­ran­te fran­cés Coligny, rega­lo de Cata­li­na de Médi­cis, ase­si­na­do con otros miles de hugo­no­tes duran­te la Matan­za de San Bar­to­lo­mé en verano-oto­ño de 1572 en el rei­no de Fran­cia…

¿Qué se había pac­ta­do en el Con­cor­da­to? La sumi­sión del Vati­cano al nazis­mo a cam­bio de que el pri­me­ro res­pe­ta­se las inmen­sas pro­pie­da­des mate­ria­les del segun­do, su indus­tria edu­ca­ti­va y sus orga­ni­za­cio­nes polí­ti­co-reli­gio­sas. El artícu­lo 16 del Con­cor­da­to –aún vigen­te– sin­te­ti­za lo que obte­nía Hitler y lo que cedía el dios cató­li­co:

Artícu­lo 16: Los obis­pos, antes de tomar pose­sión de sus dió­ce­sis, pres­ta­rán en manos del lugar­te­nien­te del Reich (Reichss­tatthal­ter) en el Esta­do com­pe­ten­te o bien en manos del Pre­si­den­te del Reich un jura­men­to de fide­li­dad según la siguien­te fór­mu­la: «Delan­te de Dios y sobre los San­tos Evan­ge­lios, juro y pro­me­to, como corres­pon­de a un obis­po, fide­li­dad al Reich ale­mán y al Esta­do… Juro y pro­me­to res­pe­tar y hacer res­pe­tar por mi cle­ro el Gobierno esta­ble­ci­do según las leyes cons­ti­tu­cio­na­les del Esta­do. Preo­cu­pán­do­me, como es mi deber, del bien y del inte­rés del Esta­do ale­mán, en el ejer­ci­cio del sagra­do minis­te­rio que se me ha con­fia­do, tra­ta­ré de impe­dir todo daño que pue­da ame­na­zar­lo»37.

La ver­dad es que la obe­dien­cia del Vati­cano –y del cris­tia­nis­mo ale­mán y en bue­na par­te de Euro­pa en su con­jun­to– a Hitler fue sig­ni­fi­ca­ti­va en lo moral e impor­tan­te para faci­li­tar la prác­ti­ca del terror nazi. Aun así, hubo excep­cio­na­les casos heroi­cos a títu­lo mayor­men­te indi­vi­dual, de opo­si­ción al nazis­mo. Por ejem­plo, la valien­te con­de­na del sal­va­jis­mo del régi­men rea­li­za­da en agos­to de 1941 por el obis­po Cle­mens von Galen, que la RAF bri­tá­ni­ca espar­ció sobre Ale­ma­nia con millo­nes octa­vi­llas, ape­nas sir­vió de algo por­que Pío XII echa­ba un pesa­do capo­te de silen­cio a favor de las dic­ta­du­ras nazi-fas­cis­ta, fran­quis­ta, sala­za­ris­ta, etc., en su encí­cli­ca Mys­ti­ci cor­po­ris en julio de 1943, mien­tras se libra­ba la deci­si­va bata­lla de Kursk entre ale­ma­nes y sovié­ti­cos, en la que «no había nada de nota­ble ni de valien­te»38.

Pero sien­do loa­bles estas resis­ten­cias, exis­tía en el Vati­cano una fuer­za reac­cio­na­ria estruc­tu­ra­da inter­na­men­te, en su raíz buro­crá­ti­ca, que impe­día cual­quier avan­ce en la denun­cia de ideas inhu­ma­nas como el fas­cis­mo, el fran­quis­mo, el racis­mo… En verano de 1938, Pío XI pro­yec­tó escri­bir una encí­cli­ca –Huma­ni Gene­ris Uni­tas39– con­tra el racis­mo, con­tra la per­se­cu­ción de las y los judíos, encar­gan­do su borra­dor a tres jesui­tas. Pío XII orde­nó archi­var­la en octu­bre de 193940 has­ta que casual­men­te fue des­cu­bier­ta en 1967; aun así, la encí­cli­ca no vio la luz has­ta que una revis­ta cató­li­ca nor­te­ame­ri­ca­na la publi­có muy par­cial­men­te41 en diciem­bre de 1972 y enero de 1973.

Con res­pec­to a otras accio­nes de Pío XII en la polí­ti­ca inter­na­cio­nal de 1939, vemos que: «En mar­zo, Hitler se ane­xó la región de Klai­pe­da, terri­to­rio lituano. El papa fin­gió no dar­se cuen­ta. En abril, Mus­so­li­ni lle­vó ade­lan­te la ocu­pa­ción de Alba­nia. Esta nue­va agre­sión del fas­cis­mo ita­liano fue con­de­na­da por todas las per­so­na­li­da­des pro­gre­sis­tas del momen­to, pero el papa no esti­mó nece­sa­rio pro­nun­ciar­se. No qui­so cen­su­rar la ane­xión de Alba­nia, aun­que no podía apro­bar­la públi­ca­men­te. En todo caso, el cle­ro ita­liano aplau­dió, con su con­sen­ti­mien­to, ese acto, lo que sin duda hacía el jue­go a Mus­so­li­ni»42.

La inva­sión del ejér­ci­to inter­na­cio­nal nazi-fas­cis­ta de la URSS fue res­pon­di­da por una movi­li­za­ción masi­va en la que la mayo­ría de las y los cris­tia­nos orto­do­xos opta­ron por la defen­sa de su país. El nazi-fas­cis­mo fue derro­ta­do fun­da­men­tal­men­te por la URSS que mató a unos 4.500.000 inva­so­res mien­tras que los alia­dos solo a unos 500.000 por­que «el Ejér­ci­to Rojo resul­tó ser capaz de resis­tir en las con­di­cio­nes más espan­to­sas ima­gi­na­bles»43. La lucha arma­da clan­des­ti­na en los paí­ses ocu­pa­dos, diri­gi­da en su gran par­te por comu­nis­tas, obs­ta­cu­li­zó mucho los des­plie­gues nazis: los ingle­ses esti­ma­ron que seis de las vein­ti­cin­co divi­sio­nes ale­ma­nas en la Ita­lia de 1944 esta­ban ocu­pa­das en luchar con­tra los par­ti­sa­nos44. Si bien muy pocos sacer­do­tes, curas, mon­jes y mon­jas se arries­ga­ron a títu­lo indi­vi­dual a par­ti­ci­par en la resis­ten­cia, las igle­sias cris­tia­nas per­ma­ne­cie­ron pasi­vas o cola­bo­ran­do.

Las vic­to­rias del Ejér­ci­to Rojo, ya inne­ga­bles des­de comien­zos de 1943, preo­cu­pa­ban al Vati­cano, inquie­to ade­más por el debi­li­ta­mien­to de su pres­ti­gio. Para recu­pe­rar­lo en par­te ini­ció una cam­pa­ña sin nin­gún con­te­ni­do polí­ti­co inme­dia­to en defen­sa de los dere­chos aplas­ta­dos por las dic­ta­du­ras de Mus­so­li­ni, Hitler, Sala­zar, Fran­co, etc. En 1943, Pío XII ani­mó a los exper­tos a pro­fun­di­zar en el estu­dio de la Biblia. Has­ta ese año, las dos úni­cas ver­sio­nes ofi­cia­les del libro eran la tra­duc­ción grie­ga del hebreo rea­li­za­da hacia el siglo III y la tra­duc­ción lati­na del siglo IV45. Sin que­rer­lo, abría las puer­tas a una serie de estu­dios cien­tí­fi­cos que ace­le­ra­rían el des­pres­ti­gio del dog­ma tan celo­sa­men­te defen­di­do des­de aque­llos siglos.

Otro ejem­plo de cola­bo­ra­cio­nis­mo con Hitler, aun­que esta vez más direc­to, fue el acuer­do entre el Vati­cano y Ber­lín por el que se res­pe­ta­ría la sobe­ra­nía del Esta­do Vati­cano y sus 150 pro­pie­da­des en la Roma recién ocu­pa­da por el ejér­ci­to ale­mán en oto­ño de 1943, a cam­bio del silen­cio cola­bo­ra­cio­nis­ta46 de Pío XII. Lo pri­me­ro que hizo el nazis­mo fue exi­gir cin­cuen­ta kilos de oro a la comu­ni­dad judía. El Vati­cano ofre­ció un prés­ta­mo sin intere­ses y sin pla­zo de devo­lu­ción, pero la comu­ni­dad judía reu­nió el oro por su cuen­ta. Alguien hizo correr la men­ti­ra de que el Vati­cano había fun­di­do el oro de cáli­ces, cru­ces y otros orna­men­tos para ayu­dar a los judíos, pero no es ver­dad47. A fina­les de octu­bre se pre­pa­ró la deten­ción y tras­la­do a cam­pos de exter­mi­nio de miles de judíos.

Muchas per­so­nas fue­ron a pedir ayu­da al Vati­cano, pero este per­ma­ne­ció en silen­cio; des­pués, ante las pre­sio­nes, desig­nó a un cura de baja cate­go­ría entre la buro­cra­cia, recha­za­do por eso mis­mo por los nazis que exi­gían la pre­sen­cia de un repre­sen­tan­te de más alta res­pon­sa­bi­li­dad. Pio XII desig­nó al obis­po Alois Hudal que al aca­bar la gue­rra con­se­gui­ría cier­ta fama «como figu­ra cla­ve en la ayu­da a los cri­mi­na­les de gue­rra nazis en su hui­da de la jus­ti­cia a tra­vés de las casas reli­gio­sas de Roma»48, al que vol­ve­re­mos ense­gui­da. Des­de la Segun­da Gue­rra Mun­dial un deba­te intere­sa­do pre­ten­de per­der el tiem­po para no entrar a la cues­tión cen­tral: ¿por qué el Vati­cano no se opu­so fron­tal­men­te al nazi-fas­cis­mo, como lo había hecho con­tra el socia­lis­mo y en comu­nis­mo des­de mucho antes? La res­pues­ta es obvia y la esta­mos desa­rro­llan­do en este capí­tu­lo.

Con­vie­ne saber que el Vati­cano sí pidió la cola­bo­ra­ción de Ale­ma­nia y Japón para repri­mir a pro­tes­tan­tes: en 1943 envió un docu­men­to a Tokio en el que se pedía que se man­tu­vie­ra pre­sos a 528 misio­ne­ros pro­tes­tan­tes hechos pri­sio­ne­ros por los japo­ne­ses en diver­sos luga­res de Asia. «En Eslo­va­quia, el mon­se­ñor Tiso –líder jesui­ta dic­ta­to­rial– tenía liber­tad para per­se­guir a los “her­ma­nos sepa­ra­dos”, aun­que su Esta­do era saté­li­te de Ale­ma­nia, una nación pri­mor­dial­men­te pro­tes­tan­te»49. Recor­de­mos tam­bién el infa­me apo­yo de Pío XII al «atroz régi­men cató­li­co de Croa­cia»50, diri­gi­do por la dic­ta­du­ra del cri­mi­nal Pave­lic, con la par­ti­ci­pa­ción ofi­cial de obis­pos cató­li­cos en su sis­te­ma repre­si­vo geno­ci­da.

Aho­ra se sabe a cien­cia cier­ta cómo se había orga­ni­za­ron las redes de esca­pe –«pasi­llo Vati­cano», «ruta de la ara­ña», «ruta liber­tad»– de cri­mi­na­les nazis antes de su derro­ta en abril-mayo de 1945, a tra­vés de con­ven­tos, parro­quias, casas socia­les, emba­ja­das, etc., del Vati­cano con la vital par­ti­ci­pa­ción de la Espa­ña fran­quis­ta51 hacia Cen­tro y Suda­mé­ri­ca, Esta­dos Uni­dos, Cana­dá, Orien­te Medio… Damos por sabi­do cómo dece­nas de miles de fun­cio­na­rios nazis, poli­cías, jue­ces, mili­ta­res, cien­tí­fi­cos, perio­dis­tas, pro­fe­so­res, sacer­do­tes y obis­pos, téc­ni­cos y sobre todo empre­sa­rios fue­ron inte­gra­dos en la «demo­cra­cia» ale­ma­na occi­den­tal o en la bri­tá­ni­ca y nor­te­ame­ri­ca­na. Inclu­so Fran­cia aco­gió a tor­tu­ra­do­res nazis para apren­der de ellos. En cier­ta for­ma y gra­cias entre otros al obis­po Alois Hudal arri­ba cita­do, la hui­da nazi se reali­zó tan bien gra­cias a las lec­cio­nes apren­di­das en Ita­lia cuan­do la bur­gue­sía dio la pata­da a Mus­so­li­ni:

Inclu­so con Mus­so­li­ni for­mal­men­te depues­to, el rey insis­tía en que «no se pue­de des­man­te­lar el fas­cis­mo de un plu­ma­zo. Se nece­si­ta modi­fi­car­lo gra­dual­men­te a fin de eli­mi­nar esos aspec­tos que se han demos­tra­do noci­vos para el país». Su nue­vo pri­mer minis­tro era el maris­cal Bado­glio. Sus cre­den­cia­les anti­fas­cis­tas no eran mucho mejo­res: tam­bién había apo­ya­do enér­gi­ca­men­te a Mus­so­li­ni y obte­ni­do la pro­mo­ción y el títu­lo de duque de Addis-Abe­ba en el pro­ce­so […] Ingle­ses y ame­ri­ca­nos com­par­tían el mie­do del sta­blish­ment ita­liano a la revo­lu­ción y les per­do­na­ron gus­to­sos sus crí­me­nes del pasa­do, siem­pre y cuan­do Ita­lia aban­do­na­se la coa­li­ción impe­ria­lis­ta rival. En efec­to, Esta­dos Uni­dos había rea­li­za­do apro­xi­ma­cio­nes al rey antes y des­pués de la entra­da de Ita­lia en la Segun­da Gue­rra Mun­dial. La admi­ra­ción de Chur­chill por el Duce data­ba de 1927 y seguía sin dis­mi­nuir en 194352.

No debe extra­ñar­nos la faci­li­dad y has­ta el apo­yo con el que las bur­gue­sías «demo­crá­ti­cas» aco­gie­ron este per­dón prác­ti­co a los cri­mi­na­les. El nazi-fas­cis­mo goza­ba de muchas sim­pa­tías en occi­den­te y des­de siem­pre exis­tía una base de irra­cio­na­li­dad, la tris­te­men­te céle­bre reser­va de la que habla­ba Grams­ci, que era acti­va­da por el poder. Un ejem­plo: en 1940, la Uni­ver­si­dad de Nue­va York ofre­ció un pues­to de pro­fe­sor de filo­so­fía a Ber­trand Rus­sell. De los vein­te miem­bros de la Jun­ta, die­ci­nue­ve acu­die­ron a la reu­nión en la que todos los asis­ten­tes, los die­ci­nue­ve, apro­ba­ron el nom­bra­mien­to. Al día siguien­te de comu­ni­car­se el nom­bra­mien­to ofi­cial, el obis­po Man­ning, de la Igle­sia Epis­co­pal Pro­tes­tan­te se lan­zó a una sucia cam­pa­ña de des­pres­ti­gio de B. Rus­sell y de inti­mi­da­ción a la Jun­ta para que revo­ca­ra su deci­sión. Ame­na­zas y chan­ta­jes logra­ron al final que el poder polí­ti­co-reli­gio­so se salie­ra con la suya anu­lan­do el nom­bra­mien­to por tres razo­nes: que B. Rus­sell era extran­je­ro, que no se le hizo nin­gún examen de eva­lua­ción y que sus ideas «inmo­ra­les» mal­edu­ca­rían a la juven­tud53.

Es com­pren­si­ble, enton­ces, que con esta reser­va de irra­cio­na­li­dad acti­va­da astu­ta­men­te con la excu­sa del «peli­gro comu­nis­ta», se apli­ca­sen las lec­cio­nes ita­lia­nas, con las per­ti­nen­tes adap­ta­cio­nes, a los nazis y, en el otro extre­mo del mun­do, para el grue­so de los cri­mi­na­les japo­ne­ses que habían apli­ca­do tan­ta o más iniqui­dad que los nazis, empe­zan­do por el empe­ra­dor nipón que se libró de todo excep­to de la obli­ga­to­rie­dad de renun­ciar a su supues­ta natu­ra­le­za divi­na. La razón para la mag­na­ni­mi­dad occi­den­tal era la mis­ma que en Ita­lia y Ale­ma­nia: el mie­do al comu­nis­mo que avan­za­ba por Asia, por­que sabía que «el Este es Rojo»54. Al igual que las igle­sias cris­tia­nas y el Vati­cano en con­cre­to no tuvie­ron que res­pon­der por su cola­bo­ra­cio­nis­mo acti­vo o pasi­vo con el nazi-fas­cis­mo, tam­bién los sacer­do­tes sin­toís­tas que­da­ron libres en Japón.

El mis­mo «per­dón cris­tiano» y por las mis­mas razo­nes se con­ce­dió al terror fran­quis­ta, y a la jerar­quía nacio­nal-cató­li­ca, des­de 1975 has­ta hoy. Y ya que habla­mos del Esta­do espa­ñol, K. Desch­ner ha escri­to que:

La pri­me­ra ban­de­ra extran­je­ra que ondeó sobre el cuar­tel gene­ral de Fran­co fue la papal y no tar­dó el Vati­cano en izar a su vez la ense­ña fran­quis­ta. Tam­bién Pío XII, por los días en que Hitler lo hacía des­de Núrem­berg, exhor­tó al mun­do a la lucha con­tra el bol­che­vis­mo, cali­fi­có la ayu­da en bom­bas de sus alia­dos fas­cis­tas de «medios de pro­tec­ción y sal­va­ción» y recha­zó en redon­do, en el verano de 1938, la peti­ción de los gobier­nos fran­cés y bri­tá­ni­co de que se suma­se a la pro­tes­ta con­tra el bom­bar­deo de la pobla­ción civil repu­bli­ca­na. En medio de la gue­rra, por el con­tra­rio, dio a Fran­co, el gene­ral rebel­de, las gra­cias por un tele­gra­ma de home­na­je y mani­fes­tó su pro­fun­da ale­gría de «haber sen­ti­do latir en el men­sa­je de Su Exce­len­cia el sen­ti­mien­to pro­fun­da­men­te arrai­ga­do de la Espa­ña cató­li­ca»55.

Otro de los ser­vi­cios del Vati­cano a Fran­co fue inter­me­diar en la ren­di­ción de la par­te del ejér­ci­to vas­co con­tro­la­da por la cató­li­ca media­na bur­gue­sía del país a las tro­pas ita­lia­nas, en agos­to de 1937. Esta ren­di­ción humi­llan­te fue orga­ni­za­da por la media­na bur­gue­sía vaca, por el que sería Pío XII, por Mus­so­li­ni y Ciano, y por Fran­co56, y cabe ima­gi­nar que los nazis esta­ban al tan­to. Los fas­cis­tas entre­ga­ron los pri­sio­ne­ros ya des­ar­ma­dos a Fran­co, que fusi­ló a muchos de ellos. El 11 de junio de 1939, al poco de aca­bar la gue­rra de exter­mi­nio de la Repú­bli­ca y en medio de un régi­men de terror impla­ca­ble, reci­bió en audien­cia solem­ne en el Vati­cano a 3.000 falan­gis­tas enca­be­za­dos por Serrano Suñer, minis­tro de Asun­tos Exte­rio­res del gobierno fran­quis­ta, cuña­do del dic­ta­dor y figu­ra máxi­ma del ala más pro-nazi del régi­men nacio­nal-cató­li­co. Ellos sabían que la ver­da­de­ra fuer­za vic­to­rio­sa había sido la Igle­sia57, más que los mili­ta­res y falan­gis­tas. Pío XII apo­yó incon­di­cio­nal­men­te la dic­ta­du­ra des­de el pri­mer segun­do, otor­gan­do a Fran­co una de las órde­nes vati­ca­nas más altas, sin este apo­yo no se hubie­ra lle­ga­do nun­ca al siguien­te hecho his­tó­ri­co:

En Espa­ña, las fuer­zas de Fran­co efec­tua­ron unas 180.000 eje­cu­cio­nes. Se ale­gó que se debían al «terror» que, supues­ta­men­te, se había apo­de­ra­do de la zona repu­bli­ca­na. Sin embar­go, los repu­bli­ca­nos solo eje­cu­ta­ron a 38.000 per­so­nas y cer­ca de la mitad en las pri­me­ras seis sema­nas de des­con­trol tras el levan­ta­mien­to de Fran­co. Todos los par­ti­dos de la Repú­bli­ca cri­ti­ca­ron esas eje­cu­cio­nes y se esfor­za­ron –con cier­to éxi­to– por poner­le fin. En la zona rebel­de, en cam­bio, los fusi­la­mien­tos con­ta­ban con la inci­ta­ción ofi­cial y no cesa­ron duran­te toda la gue­rra y des­pués de ella58.

Pasan­do del fran­quis­mo al Vati­cano, una vez con­clui­da la gue­rra, en noviem­bre de 1947 la CIA infor­ma­ba de la debi­li­dad del gobierno ita­liano ante la fuer­za del Par­ti­do Comu­nis­ta y reco­men­da­ba «la ayu­da a los demó­cra­ta-cris­tia­nos y un pro­gra­ma de gue­rra psi­co­ló­gi­ca con­tra los comu­nis­tas, finan­cia­do con fon­dos ocul­tos, para lo cual se “lava­ron” 10 millo­nes de dóla­res de fon­dos cap­tu­ra­dos al Eje, pues­to que aún no se podía dis­po­ner de los de las con­tra­par­ti­das en mone­da ita­lia­na del Plan Marshall»59. La mani­pu­la­ción y com­pra de elec­cio­nes se repe­ti­ría de una u otra for­ma duran­te las déca­das suce­si­vas. La estra­te­gia polí­ti­ca expul­sa­ba a socia­lis­tas y comu­nis­tas de las ins­ti­tu­cio­nes y sus­ti­tuir­los por fas­cis­tas y anti­guos tor­tu­ra­do­res. La gue­rra psi­co­ló­gi­ca inven­ta­ba una serie de men­ti­ras y bulos con­tra la izquier­da. Se des­via­ron bar­cos que lle­va­ban tri­go para Amé­ri­ca Lati­na, tri­go que fue repar­ti­do en Ita­lia con camio­nes con las ban­de­ras yan­quis…

Enton­ces el com­por­ta­mien­to del Vati­cano cam­bió cien­to ochen­ta gra­dos con el ini­cio de la mal lla­ma­da gue­rra fría, ya que: «En con­tras­te con la polí­ti­ca con­ci­lia­do­ra que había desa­rro­lla­do hacia los nazis en la Ale­ma­nia de los años trein­ta, Pace­lli alen­ta­ba aho­ra la resis­ten­cia acti­va y has­ta la muer­te»60 con­tra el comu­nis­mo en los Esta­dos del Este euro­peo. Sin embar­go y como suce­de siem­pre en la his­to­ria de las reli­gio­nes, en la que, a pesar de toda la pre­sión repre­si­va inter­na, sobre­vi­ven cri­cas o, en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias, crí­ti­cas apa­re­cen movi­mien­tos que des­obe­de­cen a la jerar­quía. Tam­bién suce­dió en el pon­ti­fi­ca­do de Pío XII: en las deci­si­vas elec­cio­nes par­la­men­ta­rias en Ita­lia de abril de 1948, fren­te al peli­gro elec­to­ral de las izquier­das comu­nis­tas, del PCI, sobre todo, la polí­ti­ca del Vati­cano «incluía inti­mi­dar a los clé­ri­gos de ideas pro­gre­sis­tas. Pío XII des­con­fia­ba de los ser­vi­do­res de la Igle­sia que habían par­ti­ci­pa­do en el movi­mien­to gue­rri­lle­ro, con­si­de­rán­do­los “ami­gos de los comu­nis­tas”. Sin embar­go, algu­nos sacer­do­tes decla­ra­ron públi­ca­men­te su adhe­sión al Fren­te Nacio­nal anti­fas­cis­ta y, pese a la ins­truc­ción ine­quí­vo­ca del Vati­cano, se nega­ron a “ana­te­ma­ti­zar a los mar­xis­tas”»61.

La des­obe­dien­cia cau­só tal inquie­tud y ner­vio­sis­mo que el Vati­cano pro­me­tió a Esta­dos Uni­dos cas­ti­gar a los sacer­do­tes rebel­des y, en común acuer­do, la CIA y la Igle­sia crea­ron «comi­tés cívi­cos» con 300 sec­cio­nes regio­na­les y 18.000 loca­les para luchar con­tra el comu­nis­mo. La mis­ma tác­ti­ca se exten­dió a Holan­da, Fran­cia, Aus­tria y Bél­gi­ca. Para con­tex­tua­li­zar, hay que saber que bajo la dic­ta­du­ra fas­cis­ta y antes del ini­cio de la gue­rra mun­dial, el Par­ti­do Comu­nis­ta Ita­liano tenía 6.000 mili­tan­tes y al final de la gue­rra ascen­dían a 1.800.0062 implan­ta­dos en la gue­rri­lla, en las fábri­cas, en el cam­po… Enton­ces, a fina­les de 1949, Esta­dos Uni­dos entre­gó 500.000 dóla­res al Vati­cano para la cam­pa­ña anti­co­mu­nis­ta, de modo que no debe extra­ñar­nos que «Pío XII con­ser­va­ra, has­ta su últi­mo día, una acti­tud abier­ta­men­te hos­til e intran­si­gen­te res­pec­to al comu­nis­mo. Exco­mul­gó a los sacer­do­tes que par­ti­ci­pa­ban en el movi­mien­to mun­dial por la paz y exi­gían la prohi­bi­ción del arma ató­mi­ca»63, lo que expli­ca que:

Una cola­bo­ra­ción impor­tan­te fue la de la Igle­sia cató­li­ca, que ha per­mi­ti­do decir en 1947 que «los Esta­dos Uni­dos se habían embar­ca­do en una gue­rra san­ta en alian­za con el Vati­cano», cla­ra­men­te mani­fes­ta­da en la corres­pon­den­cia que man­tu­vie­ron Tru­man y Pío XII. En julio de 1949 se publi­có un decre­to del San­to Ofi­cio que exco­mul­ga­ba a quie­nes defen­die­ran la «doc­tri­na comu­nis­ta, mate­ria­lis­ta o anti­cris­tia­na»; un ges­to de fir­me­za que nun­ca empleó este mis­mo papa fren­te al fas­cis­mo y al nazis­mo64.

Para refor­zar la estra­te­gia con­tra-revo­lu­cio­na­ria se creó la Red Gla­dio con finan­cia­ción de la CIA que for­mó a 600 agen­tes espe­cia­les que a su vez for­ma­ron a otros cen­te­na­res más de segun­do nivel, apo­ya­dos por 130 depó­si­tos de armas algu­nos de ellos ubi­ca­dos en los mis­mos cuar­te­les de la poli­cía. Por si fue­ra poco, este plan era tan com­ple­to que:

Una actua­ción seme­jan­te se plan­teó para Islan­dia, don­de el Par­ti­do Comu­nis­ta ocu­pa­ba un ter­cio de los esca­ños del Par­la­men­to. En 1949 los bri­tá­ni­cos no solo pro­por­cio­na­ron al gobierno islan­dés abun­dan­te mate­rial anti­co­mu­nis­ta para que lo usa­se en la siguien­te cam­pa­ña elec­to­ral, sino que pla­nea­ron con los nor­te­ame­ri­ca­nos una ope­ra­ción de des­em­bar­co «para res­tau­rar el gobierno demo­crá­ti­co», en caso de que los comu­nis­tas lle­ga­ran al poder. Con este fin, los bri­tá­ni­cos reti­ra­ron de Ale­ma­nia una bri­ga­da para­cai­dis­ta, pre­pa­rán­do­la para una actua­ción rápi­da en Islan­dia si fue­se nece­sa­rio65.

Danie­lle Gan­ser ha inves­ti­ga­dor con extre­mo rigor en Los ejér­ci­tos secre­tos de la OTAN qué era la Red Gla­dio y cómo actua­ba jun­to a otras orga­ni­za­cio­nes terro­ris­tas. Pero el nues­tro inte­rés aho­ra es el de seguir la pug­na entre reli­gión y ateís­mo en el con­tex­to pos­te­rior a la Segun­da Gue­rra Mun­dial. De entre los mar­xis­tas que más des­ta­ca­ron en esa épo­ca vamos a recu­rrir a G. Lukács que en su volu­mi­no­sa obra sobre esté­ti­ca (La esté­ti­ca) de 1967 se atre­vió a ana­li­zar una cues­tión muy poco estu­dia­da: el indi­vi­dua­lis­mo egoís­ta de los cre­yen­tes. Sin embar­go, antes de desa­rro­llar ese pun­to, hay que reco­ger por su impor­tan­cia para la crí­ti­ca del feti­chis­mo, esta fra­se: «al hom­bre de la coti­dia­nei­dad el azar le apa­re­ce como algo incal­cu­la­ble que per­tur­ba sus pla­nes»66. Los desig­nios de dios son ines­cru­ta­bles como lo son los de la «mano invi­si­ble del mer­ca­do». El dios-dine­ro impo­ne la con­tin­gen­cia, el azar incal­cu­la­ble al ser humano, al quien solo le que­da la sumi­sión. Esta valio­sa apor­ta­ción se refuer­za con las dos siguien­tes:

Y en la his­to­ria de las reli­gio­nes se apre­cia que la ten­den­cia domi­nan­te apun­ta a la con­ser­va­ción de la prac­ti­ci­dad; por gran­des que sean los sacri­fi­cios, por heroi­cas las adap­ta­cio­nes y has­ta las renun­cias a sí mis­mo que es capaz de pro­mo­ver la teo­di­cea del dolor, su obje­ti­vo final es de todos modos la sal­va­ción del alma indi­vi­dual, de que se tra­te la pre­ser­va­ción subli­ma­da de su pri­va­ti­ci­dad, aun­que el camino pase por una mor­ti­fi­ca­ción de su ele­men­to crea­do, y aun­que aca­rree sen­ti­mien­tos pro­fun­dos e ínti­mos que refie­ran como obje­to a la sal­va­ción de los demás.

[…] El con­ser­va­du­ris­mo social tie­ne pro­fun­da afi­ni­dad con la tras­cen­den­cia reli­gio­sa; a la luz de su obje­ti­vo final, se des­pren­de por sí mis­ma la defen­sa de lo que social­men­te exis­te en un momen­to dado como esta­dio inter­me­dio mera­men­te terre­nal, mien­tras que una trans­for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria del ser social tie­ne que com­pe­tir –lo quie­ra o no– con la tras­cen­den­cia, por­que ambas ten­de­rán a con­se­guir la mayor influen­cia sobre los hom­bres y su con­duc­ta.

[…] La solu­ción que pue­de dar la teo­lo­gía es, por una par­te, la nive­la­ción muy baja de todas las fuer­zas inma­nen­tes huma­nas que tien­den a reba­sar la pri­va­ti­ci­dad al nivel de la cria­tu­ra, o sea, la prue­ba de que esas dife­ren­cias son nulas ante Dios; y, por otra par­te, la radi­cal acen­tua­ción de la rela­ción de la pri­va­ti­ci­dad con la sal­va­ción en el más allá, la acen­tua­ción del humil­de reco­no­ci­mien­to de la natu­ra­le­za crea­da de todo lo mera­men­te humano que hay en el hom­bre a la luz del pre­mio o cas­ti­go que espe­ra en el más allá67.

La crí­ti­ca de Lukács es demo­le­do­ra por­que va direc­ta­men­te a la raíz del egoís­mo del sal­var­se cada cual, indi­vi­dua­lis­mo que sur­ge de la mis­ma natu­ra­le­za de la creen­cia en dios como «padre» que esta­ble­ce rela­cio­nes exclu­si­vas con cada uno de sus «hijos». Este egoís­mo, revi­ta­li­za­do por la refor­ma lute­ra­na y cal­vi­nis­ta con su insis­ten­cia en la lec­tu­ra indi­vi­dual de la Biblia, es per­fec­to para el bur­gués y en espe­cial en los pue­blos explo­ta­dos por el impe­ria­lis­mo: el cris­tiano bur­gués indi­vi­dua­lis­ta no se sien­te res­pon­sa­ble de los pade­ci­mien­tos de su pue­blo como colec­ti­vo, solo, y si aca­so, pue­de sen­tir­se cari­ta­ti­vo hacia un «pobre» sepa­ra­do radi­cal­men­te de la nación tra­ba­ja­do­ra sobre­ex­plo­ta­da por el impe­ria­lis­mo. Como vere­mos, la teo­lo­gía de la libe­ra­ción inten­ta­rá supe­rar este vacío… fra­ca­san­do.

Pero para enten­der su dra­má­ti­ca derro­ta, pri­me­ro debe­mos saber por qué el hedor y la podre­dum­bre del Vati­cano eran cono­ci­dos por todas las can­ci­lle­rías mun­dia­les que tenían emba­ja­do­res en Roma, por los ser­vi­cios secre­tos del mun­do, por la gran ban­ca, por las agen­cias e indus­trias de pren­sa… y por el mis­mo papa de turno. El todo­po­de­ro­so car­de­nal Mar­cin­kus, el «ban­que­ro de dios», decía que «no se pue­de gober­nar la Igle­sia con los Ave María». Rober­to Cal­vi, uno de sus fie­les peo­nes fue encon­tra­do ahor­ca­do deba­jo de un puen­te lon­di­nen­se en 1982 y otro tan fiel como Cal­vi, Miche­le Sin­do­na, mafio­so y de la extre­ma dere­cha, fue enve­ne­na­do en pri­sión en 1986. D. A. Yallop, inves­ti­ga­dor reco­no­ci­do por su rigu­ro­si­dad, defi­nió así a R. Cal­vi:

Su habi­li­dad para pla­near retor­ci­dos pro­yec­tos con los que lim­piar el dine­ro negro de la mafia; sus tra­mo­yas para expor­tar ingen­tes sumas de liras por con­duc­tos ile­ga­les, para eva­dir impues­tos y para ocul­tar el hecho delic­ti­vo de la com­pra de accio­nes en su pro­pio ban­co; su demos­tra­da des­tre­za para mani­pu­lar la bol­sa de Milán, para el cohe­cho, el soborno y la corrup­ción; sus astu­tas arti­ma­ñas para des­viar el cur­so de la jus­ti­cia, dis­po­nien­do un arres­to equi­vo­ca­do aquí, dic­ta­mi­nan­do un ase­si­na­to allá; su talen­to para hacer todas estas cosas y más colo­ca al Caba­lle­ro den­tro de una cla­se de delin­cuen­tes muy espe­cial.

Cal­vi solía acon­se­jar a la gen­te que si que­ría enten­der real­men­te por dón­de se enca­mi­na­ba el mun­do lo mejor que podía hacer era leer la nove­la de Mario Puz­zo, El padrino. Iba con un ejem­plar de la nove­la a todas par­tes, como un sacer­do­te con su Biblia bajo el bra­zo68.

Cal­vi, Sin­do­na y otros peo­nes apli­ca­ban con algu­na auto­no­mía pro­pia los pla­nes del car­de­nal Mar­cin­kus para, dejan­do el menor ras­tro posi­ble, sacar de Ita­lia los cien­tos de cuen­tas ban­ca­rias y nego­cios múl­ti­ples del Vati­cano y lle­var­los a Esta­dos Uni­dos don­de goza­ban de menos impues­tos y con­tro­les; nego­cios como el de la pro­duc­ción de anti­con­cep­ti­vos que el Vati­cano con­de­na­ba en públi­co pero del obte­nía gran­des bene­fi­cios en pri­va­do69. El Ban­co Vati­cano fue fun­da­do duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial y en su acta fun­da­cio­nal cons­ta­ba que sus cuen­tas debían per­te­ne­cer, en su gran mayo­ría, a ins­ti­tu­cio­nes y órde­nes reli­gio­sas. Gra­cias a lo que aho­ra se lla­ma «inge­nie­ría finan­cie­ra», Mar­cin­kus pasó a manos pri­va­das 9.351 cuen­tas de las 11.000 que tenía el Ban­co70. De modo que:

En 1978, el nue­vo papa Juan Pablo I deci­dió hacer lim­pie­za de los «ban­que­ros de Dios», pero murió repen­ti­na­men­te un mes des­pués de su elec­ción. Aun­que Mar­cin­kus era sos­pe­cho­so de su ase­si­na­to, de tener nego­cios con la mafia y la maso­ne­ría, en par­ti­cu­lar con la logia neo­fas­cis­ta P2 de Licio Gelli, a la que per­te­ne­cían tan­to Cal­vi como Sin­do­na, Juan Pablo II le dejó en su pues­to, no solo enton­ces, sino tam­bién en los sie­te años siguien­tes a su impu­tación en 1982 por la quie­bra, que ascen­dió a un total de tres mil qui­nien­tos millo­nes de dóla­res, del Ban­co Ambro­siano pre­si­di­do por Cal­vi, del que el IOR era el mayor accio­nis­ta71.

Juan Pablo I, el papa Lucia­ni, fue ase­si­na­do por­que era una ame­na­za abso­lu­ta para la cas­ta polí­ti­co-reli­gio­sa y eco­nó­mi­ca pro­pie­ta­ria del Vati­cano «Socie­dad Anó­ni­ma». El papa tenía la lis­ta de esta cas­ta, que según D. A. Yallop era maso­na, e iba a depu­rar­la, pero su muer­te lo impi­dió. Tam­bién se enfren­ta­ba a la mayo­ría car­de­na­li­cia en temas impor­tan­tes como el nom­bra­mien­to de nue­vos car­gos, desig­na­cio­nes que man­tie­nen, abren o cie­rras vías polí­ti­ca de alcan­ce en la Igle­sia: de hecho, pocas horas antes de su muer­te sos­tu­vo una dis­cu­sión muy ten­sa por la elec­ción de algu­nos car­gos que ter­mi­nó a gri­tos con varios car­de­na­les. Den­tro y fue­ra del Vati­cano se cono­cía la pre­ca­ria salud del papa, pero sor­pren­den­te­men­te no había nin­gún médi­co de guar­dia en todo el Esta­do Vati­cano, y fue en esa noche cuan­do suce­dió el «acon­te­ci­mien­to mis­te­rio­so», tal cual lo defi­nió el car­de­nal Polet­ti. Las múl­ti­ples peti­cio­nes de que se hicie­ra la autop­sia fue­ron desoí­das por las Curia y Juan Pablos I fue ente­rra­do sin este estu­dio impres­cin­di­ble72. Fue «una de aque­llas muer­tes repen­ti­nas nada infre­cuen­tes en la his­to­ria de los “San­tos Pode­res”»73.

Los rumo­res inme­dia­tos que cau­sa­ron estos hechos siguie­ron a la estu­pe­fac­ción ini­cial al cono­cer­se el dece­so, sobre todo en sus médi­cos per­so­na­les; y se expan­die­ron a la velo­ci­dad de la luz por la inusi­ta­da rapi­dez con la que se orga­ni­zó su embal­sa­ma­mien­to74. Por esto, y por más, «nin­gún médi­co de la Curia asu­mió la res­pon­sa­bi­li­dad de dar fe de su muer­te exten­dien­do el cer­ti­fi­ca­do de defun­ción. Para sofo­car, tran­si­to­ria­men­te al menos, los rumo­res que acer­ca del ase­si­na­to del papa reco­rrían el mun­do ente­ro con la rapi­dez del rayo y des­viar la aten­ción hacia un nue­vo espec­tácu­lo, se eli­gió, con la mayor cele­ri­dad posi­ble al nue­vo suce­sor, ya el 16 de octu­bre»75.

Pero antes de seguir y para dis­po­ner de una visión gene­ral del retro­ce­so auto­ri­ta­rio, tene­mos que saber otra cons­tan­te del papa Wojty­la: la estra­te­gia deli­be­ra­da de mul­ti­pli­car el san­to­ral de la Igle­sia y con él la lis­ta de «mila­gros». En los pri­me­ros tiem­pos, la san­ti­fi­ca­ción como el mejor medio de sub­su­mir el poli­teís­mo en la Igle­sia era fácil y tram­po­sa, y muchos san­tos y san­tas nun­ca exis­tie­ron como per­so­nas reales aun­que sí como tra­di­cio­nes mági­cas de cul­tos agra­rios paga­nos. Simo­nía y san­ti­fi­ca­ción iban fre­cuen­te­men­te uni­dos, jun­to a los intere­ses polí­ti­cos. Ante tan­to escán­da­lo la Igle­sia tuvo que crear en 993 el pri­mer regis­tro ofi­cial. En 1588 se regla­men­ta­ron los méto­dos de san­ti­fi­ca­ción por­que seguían sien­do un cola­de­ro que no aguan­ta­ba la menor inves­ti­ga­ción crí­ti­ca, sobre todo en una épo­ca en la que la racio­na­li­dad cien­tí­fi­ca empe­za­ba a impo­ner­se. Las dudas vol­vie­ron a sur­gir en 1738. Son las exi­gen­cias socio­po­lí­ti­cas las que moti­van las san­ti­fi­ca­cio­nes: en vein­tio­cho años de pon­ti­fi­ca­do, Juan Pablo II san­ti­fi­có «nada menos que a 1.338 bea­tos y 482 san­tos: es decir, él soli­to, más de 1.319 bea­tos y 296 san­tos que todos sus pre­de­ce­so­res des­de 1588»76. Sobre este par­ti­cu­lar R. Daw­kins comen­ta lo siguien­te:

El papa Juan Pablo II hizo más san­tos que todos sus pre­de­ce­so­res de varios siglos jun­tos, y tenía una espe­cial afi­ni­dad por la Vir­gen María. Sus ansias poli­teís­tas se demos­tra­ron dra­má­ti­ca­men­te en 1981, cuan­do sufrió un inten­to de ase­si­na­to en Roma, y atri­bu­yó su super­vi­ven­cia a la inter­ven­ción de Nues­tra Seño­ra de Fáti­ma […] El pun­to más impor­tan­te es que no fue sim­ple­men­te Nues­tra Seño­ra quien, en opi­nión del Papa, guió la bala, sino que fue Nues­tra Seño­ra de Fáti­ma. Pro­ba­ble­men­te, Nues­tra Seño­ra de Lur­des, Nues­tra Seño­ra de Gua­da­lu­pe, Nues­tra Seño­ra de Mod­ju­gor­je, Nues­tra Seño­ra de Aki­ta, Nues­tra Seño­ra de Zei­toun, Nues­tra Seño­ra de Gara­ban­dal y Nues­tra Seño­ra de Knock esta­ban ocu­pa­das en otros asun­tos en ese momen­to77.

Dicen que para mues­tra, un botón. Exac­to. En 1980, Juan Pablo II cano­ni­zó al padre Anchie­ta, jesui­ta que diri­gió la cris­tia­ni­za­ción de zonas de Bra­sil en la segun­da mitad del siglo XVI con el lema de que «la espa­da y la vara de hie­rro son los mejo­res pre­di­ca­do­res»78. Otro botón: «Ni siquie­ra la “ley de Hai­tí” –cien indios muer­tos por cada cris­tiano muer­to– resul­tó final­men­te sufi­cien­te. Para ven­gar a tres jesui­tas que pere­cie­ron a manos de los cari­bes del Ori­no­co, se envia­ron sol­da­dos, según infor­mó el jesui­ta J. Gas­ti en 1685 des­de Suda­mé­ri­ca, “para que mata­sen a cuan­tos cari­bes pudie­sen. No hay medio mejor para ven­cer la fero­ci­dad de los pue­blos bár­ba­ros…”. Y toda­vía en 1812 el jesui­ta Del Coro­nil incul­ca­ba a las tro­pas que salían a com­ba­tir a los rebel­des vene­zo­la­nos: “Matad a todo el que ten­ga más de 17 años”»79.

Tras estos ejem­plos, debe­mos con­si­de­rar que uno de los requi­si­tos para el pro­ce­so de san­ti­fi­ca­ción es que haya exis­ti­do al menos un mila­gro por inter­ce­sión de la per­so­na bea­ti­fi­ca­da o san­ti­fi­ca­da, pero las y los már­ti­res se libran de seme­jan­te esfuer­zo bas­tan­do con demos­trar la auten­ti­ci­dad de su mar­ti­rio. No hace fal­ta decir que este sis­te­ma ade­más de mani­pu­la­ble a pla­cer por la Igle­sia, tam­bién faci­li­ta al poder polí­ti­co «demos­trar» que tal o tales son mere­ce­do­ras de esa gra­cia. Por ejem­plo, el 28 de octu­bre de 2007, sien­do papa Bene­dic­to XVI, nada menos que 498 reli­gio­sos del Esta­do espa­ñol, muer­tos entre 1934 y 1939 por las fuer­zas repu­bli­ca­nas y revo­lu­cio­na­rias, fue­ron decla­ra­dos «már­ti­res de la fe»80. La con­ta­bi­li­dad de la Igle­sia cifra en unos 10.000 el núme­ro de már­ti­res en esos años, de los cua­les solo han sido bea­ti­fi­ca­dos 977 has­ta ese año. La cano­ni­za­ción simul­tá­nea de los bea­tos Juan XXIII y Juan Pablo II el 27 de abril de 2014 fue, sobre todo, una demos­tra­ción de la uni­dad polí­ti­co-reli­gio­sa entre el Vati­cano y el impe­ria­lis­mo.

Ade­más de esto, otro efec­to tan­to o más des­truc­tor de la liber­tad es la irra­cio­na­li­dad inhe­ren­te a la creen­cia en el mila­gro, en fuer­zas sobre­na­tu­ra­les que esca­pan a la capa­ci­dad del cono­ci­mien­to huma­na. Por un lado, la Igle­sia inten­tó qui­tar­se las­tre en su enor­me des­pres­ti­gio por la per­se­cu­ción his­tó­ri­ca al libre­pen­sa­mien­to y a la cien­cia, al elo­giar a Eins­tein en el cen­te­na­rio de su nata­li­cio, en 1879, pasan­do como por sobre ascuas can­den­tes al saber­se que el cien­tí­fi­co había loa­do al socia­lis­mo, defen­día un ateís­mo sui géne­ris, radi­cal­men­te racio­na­lis­ta, y cri­ti­ca­ba con extre­ma dure­za la «mal­dad» de dios y la polí­ti­ca ecle­siás­ti­ca81. Más fácil resul­ta­ba pedir per­dón por la con­de­na a Gali­leo, a quien no tor­tu­ra­ron físi­ca­men­te pero sí psi­co­ló­gi­ca­men­te al ense­ñar­le los ins­tru­men­tos del tor­men­to82.

Pero es impo­si­ble pre­sen­tar a Eins­tein como un cien­tí­fi­co «nor­mal», «clá­si­co», por­que su con­cep­ción de la vida le enfren­ta­ba al dog­ma divino. B. Kuz­netsov, en su bio­gra­fía de Eins­tein, pro­ba­ble­men­te la mejor que se ha escri­to has­ta el momen­to, se detie­ne en el impac­to de la «cien­cia no clá­si­ca», de la que Eins­tein fue uno de los impul­so­res deci­si­vos, sobre el pro­ble­ma de la liber­tad, o sea, del ateís­mo:

La cien­cia no clá­si­ca es una cien­cia que no igno­ra, por prin­ci­pio, los pro­ce­sos indi­vi­dua­les, el des­tino de los indi­vi­duos, la sali­da de los indi­vi­duos más allá de los lími­tes de lo que les es pres­cri­to por una ley macros­có­pi­ca […] Tam­bién hay una situa­ción pare­ci­da en la apli­ca­ción de la cien­cia no clá­si­ca, en la téc­ni­ca, basa­da en la apli­ca­ción de los esque­mas rela­ti­vis­tas y cuán­ti­cos. En esto, como tam­bién en el expe­ri­men­to, el resul­ta­do de la pro­duc­ción lo cons­ti­tu­ye no solo el pro­duc­to y sola­men­te la suce­sión de repe­ti­cio­nes del ciclo, sino tam­bién la inevi­ta­ble varia­ción del ciclo –ade­más, en oca­sio­nes, varia­cio­nes fun­da­men­ta­les–, o sea, el trán­si­to hacia un ciclo en prin­ci­pio nue­vo por sus bases físi­cas y hacia la varia­ción con­co­mi­tan­te de las nocio­nes físi­cas fun­da­men­ta­les […] Los ras­gos carac­te­rís­ti­cos de la cien­cia no clá­si­ca encar­nan el ideal de hom­bre libre acer­ca del cual habla­ba Spi­no­za. Apun­te­mos solo que la cien­cia no clá­si­ca, al igual que toda encar­na­ción no clá­si­ca de una con­cep­ción más gene­ral, de un prin­ci­pio más gene­ral, modi­fi­ca esta con­cep­ción, este prin­ci­pio. La fór­mu­la de Epi­cu­ro era nega­ti­va. La fór­mu­la de Spi­no­za era posi­ti­va. Vin­cu­la­ba la libe­ra­ción del hom­bre del temor a la muer­te y tam­bién el pen­sa­mien­to acer­ca de la muer­te, con la dilui­ción del hom­bre en el todo, en el cos­mos. La rea­li­za­ción de esta con­cep­ción la cam­bia: el hom­bre libre no se dilu­ye en la natu­ra­le­za, sino que la trans­for­ma83.

Como deci­mos, en reali­dad, Juan Pablo II no tenía más reme­dio que hacer ese ges­to tan opor­tu­nis­ta de apa­ren­tar una aper­tu­ra hacia la cien­cia, por­que ya era escan­da­lo­sa la his­to­ria anti cien­tí­fi­ca de la Igle­sia y del cris­tia­nis­mo en gene­ral. Tene­mos el ejem­plo de los inten­tos de mani­pu­la­ción reac­cio­na­ria de la físi­ca y mecá­ni­ca cuán­ti­ca a par­tir de la abso­lu­ti­za­ción del prin­ci­pio de incer­ti­dum­bre de Hei­sen­berg y de la Escue­la de Copenha­gue. B. Rus­sell ya cri­ti­có que algu­nos «apo­lo­gis­tas cris­tia­nos» uti­li­za­ran la físi­ca de los «fenó­me­nos minúscu­los» para apun­ta­lar sus dog­mas84. Los embau­ca­do­res y fal­sa­rios que hacen nego­cio con lo «para­nor­mal», con el «cono­ci­mien­to extra­sen­so­rial» que les per­mi­te «hablar con los muer­tos» que les comu­ni­can el futu­ro, con el poder de los astros85, etc. Esta indus­tria de la mani­pu­la­ción del dolor y de los sen­ti­mien­tos bus­có legi­ti­mi­dad en lo cuán­ti­co, ante la ilu­sión de muchos cris­tia­nos espe­ran­za­dos con que, por fin, la «cien­cia» demos­tra­ba la exis­ten­cia de dios.

Puen­te Ojea repa­só la evo­lu­ción de las creen­cias en los fenó­me­nos para­nor­ma­les des­de 1900, mos­tran­do cómo, en 1920, sur­ge una corrien­te idea­lis­ta que más ade­lan­te, alre­de­dor de 1934, con­si­gue crear un depar­ta­men­to de expe­ri­men­ta­ción en la Uni­ver­si­dad de Duke (Esta­dos Uni­dos). Sobre esta base ofi­cial, la corrien­te idea­lis­ta cre­ce en medio de gran­des dis­cre­pan­cias con la mayo­ría de las y los psi­có­lo­gos con­sul­ta­dos que recha­zan tal mis­ti­cis­mo; pero: «En la déca­da siguien­te, los teó­ri­cos de la para­psi­co­lo­gía comen­za­ron a des­cu­brir la “bico­ca” que algu­nas inter­pre­ta­cio­nes de la físi­ca cuán­ti­ca for­ma­li­za­da por la lla­ma­da inter­pre­ta­ción de Copenha­gue, sobre todo, podían usar para su dis­ci­pli­na»86.

Estos gru­pos que­rían demos­trar la vera­ci­dad de la «hipó­te­sis psi», según la cual exis­ten fuer­zas psi» que no son mate­ria­les, que se mue­ven en un uni­ver­so no mate­rial, por lo que no tie­nen más reme­dio que retor­cer y mani­pu­lar la teo­ría cuán­ti­ca lan­zán­do­se al saco sin fon­do de lo inma­te­rial y, en reali­dad, de algu­na for­ma de mila­gro que nos remi­te a la volun­tad incog­nos­ci­ble e incon­tro­la­ble de espí­ri­tus o de dio­ses. Puen­te Ojea fue direc­to en su crí­ti­ca:

Mien­tras la inves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca no pro­pon­ga una expli­ca­ción satis­fac­to­ria de los fenó­me­nos putati­va­men­te para­nor­ma­les –supri­mien­do su con­di­ción «putati­va» y con­vir­tién­do­los en nor­ma­les–, encon­tra­rán que su para­dig­ma son los fenó­me­nos reli­gio­sos. Enton­ces acre­di­ta­rán su nuli­dad onto­ló­gi­ca y su per­te­nen­cia a otro mun­do, un mun­do sobre­na­tu­ral del cual nada pode­mos saber, ni siquie­ra cono­cer si exis­te. Lo para­nor­mal y lo reli­gio­so for­ma­rán una ecua­ción per­fec­ta, pero para noso­tros una ano­ma­lía incom­pren­si­ble y lite­ral­men­te vacía87.

La uti­li­za­ción opor­tu­nis­ta de la físi­ca cuán­ti­ca con fines mís­ti­cos, eso­té­ri­cos e idea­lis­tas ha sido denun­cia­da muchas veces. V. N. Push­kin y A. P. Dubrov, tras estu­diar exten­sa­men­te la com­ple­ji­dad de los aspec­tos macros­có­pi­cos y micro cuán­ti­cos de la mate­ria­li­dad de la psi­que ani­mal y huma­na, advier­ten que:

Debe seña­lar­se que esta com­ple­ji­dad es uti­li­za­da por algu­nos cien­tí­fi­cos pre­dis­pues­tos al idea­lis­mo para apor­tar un prin­ci­pio mís­ti­co y de ocul­tis­mo a la expli­ca­ción de los ET-psi-fenó­me­nos. El lec­tor impar­cial pue­de ver por sí mis­mo, sin espe­cial cui­da­do, que aquí solo se tra­ta sobre una futu­ra y nue­va inves­ti­ga­ción físi­ca de la esen­cia de los pro­ce­sos psí­qui­cos, sobre una nue­va eta­pa del desa­rro­llo de la cien­cia uni­ver­sal sobre el cere­bro, pero no sobre las creen­cias y el cha­ma­nis­mo, sobre los cri­te­rios mís­ti­cos y el idea­lis­mo88.

Por otro lado, amplian­do la bre­cha entre mate­ria­lis­mo y reli­gión, en esos mis­mos años en los que Juan Pablo II qui­so apa­ren­tar una tenue «aper­tu­ra de espí­ri­tu», se había esta­ble­ci­do la teo­ría de la auto­po­ie­sis de Vare­la y Matu­ra­na des­de 1973 que con otras pala­bras con­fir­ma­ba la dia­léc­ti­ca mate­ria­lis­ta del cono­ci­mien­to: Todo acto de cono­cer trae un mun­do a las manos… todo hacer es cono­cer y todo cono­cer es hacer89. I. Pri­go­gi­ne había reci­bi­do el pre­mio Nobel en 1977 entre otros méri­tos por ense­ñar que la emer­gen­cia de lo nue­vo a par­tir de lo vie­jo –otra ley de la dia­léc­ti­ca– tam­bién se da en la natu­ra­le­za y que: «La acti­vi­dad huma­na crea­ti­va e inno­va­do­ra no es aje­na a la natu­ra­le­za. Se la pue­de con­si­de­rar una amplia­ción y una inten­si­fi­ca­ción de ras­gos ya pre­sen­tes en el mun­do físi­co, que el des­cu­bri­mien­to de los pro­ce­sos ale­ja­dos del equi­li­brio nos han ense­ña­do a des­ci­frar»90. Dicho de otro modo, Engels y Marx tenían razón cuan­do defen­dían la exis­ten­cia de una dia­léc­ti­ca de la natu­ra­le­za, no solo de la socie­dad y del pen­sa­mien­to.

Por si fue­ra poco, las lla­ma­das «cien­cias de la vida» y la bio­lo­gía ani­mal91 daban pasos cua­li­ta­ti­vos, lo que ha per­mi­ti­do, y ha obli­ga­do, a refle­xio­nar sobre la posi­bi­li­dad de que el méto­do cien­tí­fi­co se acer­que cada vez más a des­en­tra­ñar el lla­ma­do «pro­ble­ma de la vida», por­que está más cer­ca de poder crear­la, pri­me­ro, en labo­ra­to­rio y lue­go, tal vez, indus­trial­men­te. M. Anse­de escri­be que: «Tres cien­tí­fi­cos dan un paso esen­cial para cer­ti­fi­car que es posi­ble expli­car el sur­gi­mien­to de los seres vivos sin recu­rrir a fuer­zas sobre­na­tu­ra­les», y lue­go aña­de:

En nues­tro pla­ne­ta hay unas 4.200 reli­gio­nes, todas ellas dife­ren­tes e incom­pa­ti­bles entre sí, así que todo el mun­do es ateo de algu­na mane­ra. Una per­so­na que cree fir­me­men­te en una reli­gión no se tra­ga las otras 4.199. El Corán ase­gu­ra que Alá creó todos los seres vivos a par­tir de agua. El Dios de la Biblia dice: «¡Que pro­duz­ca la tie­rra seres vivien­tes: ani­ma­les domés­ti­cos, ani­ma­les sal­va­jes y rep­ti­les, según su espe­cie!» Y, según un mito del hin­duis­mo, el pri­mer ser vivien­te, el dios Brah­ma, bro­tó de una flor de loto. Los cien­tí­fi­cos, mien­tras tan­to, aca­ban de dar otro paso esen­cial para ave­ri­guar cómo se creó real­men­te la vida y para recrear este pro­ce­so en el labo­ra­to­rio. «Sería la prue­ba defi­ni­ti­va de que la vida emer­ge de la quí­mi­ca y de que no hace fal­ta recu­rrir a nin­gu­na fuer­za sobre­na­tu­ral», resu­me el bio­quí­mi­co Juli Pere­tó, de la Uni­ver­si­dad de Valen­cia92.

Cuan­do se demues­tre que la vida emer­ge como cua­li­dad viva de la quí­mi­ca se con­fir­ma­rá que tenía razón el cien­tí­fi­co sovié­ti­co Opa­rin93 sobre el ori­gen de la vida a par­tir de la «sopa pri­mor­dial», –¿refor­za­da con la hipó­te­sis de la pans­per­mia? – , méri­to logra­do gra­cias a su empleo muy efec­ti­vo de la dia­léc­ti­ca de la «mate­ria». Esta par­te de la inma­nen­cia de la rela­ción objeto/​sujeto, es decir, que solo se expli­ca por la uni­dad pro­ce­sual entre lo «mate­rial» –la quí­mi­ca– y lo «espi­ri­tual», la inte­li­gen­cia como el gra­do más alto por aho­ra de auto­or­ga­ni­za­ción y auto­mo­vi­mien­to –auto­po­ie­sis– de la mate­ria.

P. Char­bon­nat cri­ti­ca el mate­ria­lis­mo bur­do, meta­fí­si­co, de toda una corrien­te, por ejem­plo la de Toni Negri, y expli­ca así la dia­léc­ti­ca objeto/​sujeto inma­nen­te a la mate­ria en su sen­ti­do mar­xis­ta: «Sea cual sea la ver­sión, la atri­bu­ción de seme­jan­te meta­fí­si­ca al mate­ria­lis­mo, del tipo “todo es mate­ria”, silen­cia la dimen­sión inma­nen­tis­ta. En su for­ma cari­ca­tu­res­ca expre­sa un anti­ma­te­ria­lis­mo implí­ci­to. Asi­mi­la el mate­ria­lis­mo a una empre­sa de reduc­ción, cuan­do es ante todo un pen­sa­mien­to de eman­ci­pa­ción»94. Es un pen­sa­mien­to de pra­xis revo­lu­cio­na­ria, eman­ci­pa­do­ra, por­que el suje­to tam­bién deter­mi­na al obje­to sobre todo cuan­do en las cri­sis, en los momen­tos de bi o poli­fur­ca­ción la con­cien­cia, la sub­je­ti­vi­dad orga­ni­za­da, da el sal­to cua­li­ta­ti­vo a fuer­za mate­rial que pue­de deter­mi­nar la diná­mi­ca del obje­to depen­dien­do del des­en­la­ce de la lucha de con­tra­rios uni­dos. P. Char­bon­nat aña­de:

El defec­to de esta mane­ra de con­ce­bir el mate­ria­lis­mo como una prio­ri­dad resi­de en su renun­cia a cual­quier idea de «sal­to» en el deve­nir de las cosas. Atri­bui­da abu­si­va­men­te a Engels o a Lenin, esta defi­ni­ción gno­seo­ló­gi­ca de la pri­ma­cía de la mate­ria no con­vie­ne al mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co. En su defi­ni­ción del Lud­wig Feuer­bach, Engels defi­ne el mate­ria­lis­mo no como una prio­ri­dad del ser sobre el pen­sa­mien­to, en el sen­ti­do en que la pre­ce­den­cia bio­ló­gi­ca bas­ta­ría para ago­tar su rela­ción, sino como una con­cep­ción inma­nen­tis­ta del ori­gen de las cosas. La natu­ra­le­za exis­te por sí mis­ma y encuen­tra en sí mis­ma la razón de sus trans­for­ma­cio­nes. Para Engels, el mate­ria­lis­mo no es una reduc­ción de lo real a los áto­mos, sino un pen­sa­mien­to libe­ra­do de cual­quier enti­dad tras­cen­den­te. Su pro­ble­ma no es saber si la mate­ria es prio­ri­ta­ria sobre el pen­sa­mien­to, o vice­ver­sa, por­que la dia­léc­ti­ca le ha ense­ña­do que estas dos rela­cio­nes de cau­sa­li­dad son igual­men­te ver­da­de­ras: el pen­sa­mien­to es efec­ti­va­men­te el pro­duc­to de una his­to­ria bio­ló­gi­ca y, al mis­mo tiem­po, es capaz de cam­biar el mun­do mate­rial, de deve­nir a su vez la cau­sa, domes­ti­can­do las fuer­zas natu­ra­les por medio del cono­ci­mien­to. Igual­men­te, ima­gi­nar que el tra­ba­jo pro­pia­men­te humano pue­de exis­tir sin el logos, como si uno hubie­ra pre­ce­di­do al otro, y esta­ble­cer una rela­ción cau­sal uni­la­te­ral, es algo ajeno al mate­ria­lis­mo de Marx y Engels. Este últi­mo sigue sien­do un mis­te­rio en la medi­da en que se des­co­no­ce su carác­ter dia­léc­ti­co95.

Como deci­mos, los avan­ces de la cien­cia crí­ti­ca –para dife­ren­ciar­la de la tec­no­cien­cia «nor­mal» que es par­te del capi­tal cons­tan­te, con sus obe­dien­tes tra­ba­ja­do­res asa­la­ria­dos lla­ma­dos «cien­tí­fi­cos»– ya habían des­tro­za­do los reac­cio­na­rios prin­ci­pios de la neo­es­co­lás­ti­ca96 de la segun­da mitad del siglo XX, lo que obli­gó a Juan Pablo II al lava­do de ima­gen. Pero la fe, toda la fe, por cuan­to es eter­na e inmó­vil, dog­má­ti­ca y cerra­da, no pue­de com­pren­der la lógi­ca de estos avan­ces, el hecho de que el mate­ria­lis­mo ha derro­ta­do a Pla­tón:

Es impor­tan­te reco­no­cer el papel que desem­pe­ña el azar, si que­re­mos defi­nir con­ve­nien­te­men­te las cua­li­da­des del inves­ti­ga­dor. Las más deci­si­vas son la fle­xi­bi­li­dad de la men­te, el recha­zo de cual­quier tipo de dog­ma­tis­mo y la suje­ción abso­lu­ta a los hechos, lo que equi­va­le a acep­tar, como ya hemos dicho, la supe­rio­ri­dad de lo real sobre cual­quier otra idea pre­con­ce­bi­da, a acep­tar el cri­te­rio de la obje­ti­vi­dad de una obser­va­ción o la vali­dez de un expe­ri­men­to de otro inves­ti­ga­dor que tra­ba­ja en las mis­mas con­di­cio­nes97.

Esta cita, y el libro del que la extrae­mos, son doble­men­te valio­sos para el deba­te entre la liber­tad y la reli­gión por­que mues­tra el anta­go­nis­mo entre cien­cia y fe en la pra­xis del cono­ci­mien­to crí­ti­co, y cer­ti­fi­ca que la derro­ta del pla­to­nis­mo es tam­bién la de uno de los pila­res bási­cos del cris­tia­nis­mo98. La cien­cia ha pul­ve­ri­za­do la «roca de Pedro» y para ocul­tar­lo el papa elo­gió en abs­trac­to a Eins­tein y a Gali­leo. Una auto­crí­ti­ca con­cre­ta, veraz, le hubie­ra exi­gi­do con­de­nar el capi­ta­lis­mo al que se enfren­tó Eins­tein y el sis­te­ma de opre­sión de la mis­ma Igle­sia, empe­zan­do por la tor­tu­ra, que aplas­tó a Gali­leo. El Vati­cano hizo todo lo con­tra­rio, lo que con­fir­ma su opor­tu­nis­mo: una vez lava­da una par­te de la facha­da y reco­bra­do par­te de su pres­ti­gio, podía refor­zar su defen­sa del capi­ta­lis­mo y defen­der por omi­sión la tor­tu­ra y otras vio­len­cias opre­so­ras.

Ade­más, la mul­ti­pli­ca­ción de los mila­gros y de las per­so­nas san­tas y bea­tas, ali­men­ta­ba la irra­cio­na­li­dad del «pue­blo de dios» y su con­fian­za cie­ga en el «san­to padre» como su vica­rio en la tie­rra. Un ejem­plo deli­ran­te de la mani­pu­la­ción deli­be­ra­da de lo que el léxi­co común cris­tiano lla­ma «fe del car­bo­ne­ro», lo tene­mos en el mon­ta­je de los famo­sos tres secre­tos de Fáti­ma que supues­ta­men­te la vir­gen María rebe­ló a dos niñas y un niño en 1917: gue­rras devas­ta­do­ras, la con­ver­sión de Rusia atea al cris­tia­nis­mo y un aten­ta­do al papa. Duran­te la implo­sión del «socia­lis­mo» de la URSS, en mayo de 1991, Juan Pablo II visi­tó Fáti­ma para agra­de­cer a la vir­gen al menos dos cosas: que le sal­va­ra la vida en el aten­ta­do que sufrió en 1981 y que inter­ce­die­ra ante dios para que este hicie­ra reali­dad la súpli­ca papal rea­li­za­da en 1984 en Roma en la que con­sa­gró el mun­do y Rusia al inma­cu­la­do cora­zón de María. El obje­ti­vo polí­ti­co de la «pere­gri­na­ción» en avión a Fáti­ma en 1991, no se le esca­pa a nadie, pero tam­po­co el obje­ti­vo eco­nó­mi­co por­que las ganan­cias del «turis­mo reli­gio­so»99 son muy con­si­de­ra­bles: en el via­je papal de 2017 los pre­cios se dis­pa­ra­ron un 1.500 por cien.

Hemos dicho arri­ba que lo fun­da­men­tal, aun­que impor­tan­te, no es la exis­ten­cia real o míti­ca de un tal Jesús, de si sobre la base de un per­so­na­je con­cre­to que pudo exis­tir se han cons­trui­do dife­ren­tes y has­ta opues­tos Jesús para lle­nar las nece­si­da­des de las múl­ti­ples corrien­tes cris­tia­nas, sino que real­men­te –sin menos­pre­ciar lo ante­rior– vale para el ateís­mo es lo interno, por qué los cre­yen­tes nece­si­tan un Jesús u otros dio­ses y dio­sas. Así lo enten­dió Juan Pablo II nada más ser nom­bra­do papa: hay que refor­zar la fe en el Jesús de la trans­na­cio­nal vati­ca­na para lo que hizo la doble manio­bra: por un lado, de acti­var lo irra­cio­nal, el mila­gro, pero a la vez apa­ren­tar una aper­tu­ra hacia una cien­cia ampu­tada de toda efec­ti­vi­dad crí­ti­ca. Y por otro lado, arre­me­ter con­tra el mar­xis­mo y con­tra la teo­lo­gía de la libe­ra­ción, repi­tien­do la mis­ma tác­ti­ca que con el irra­cio­na­lis­mo mila­gre­ro: pedir per­dón por algu­nos crí­me­nes de la Igle­sia. Entre 1991 y 2001 mul­ti­pli­có los via­jes inter­na­cio­na­les implo­ran­do per­dón por algu­nas de las atro­ci­da­des con­tra la cien­cia y la filo­so­fía, con­tra las resis­ten­cias «heré­ti­cas» de los pue­blos, con­tra orto­do­xos, judíos y musul­ma­nes100. Mien­tras se per­se­guía den­tro del Vati­cano, se implo­ra­ba per­dón fue­ra.

Juan Pablo I murió el 28 de sep­tiem­bre y solo en die­ci­nue­ve días fue ele­gi­do Juan Pablo II: com­pa­ra­do con otros cón­cla­ves, en este el espí­ri­tu san­to demos­tró una sor­pren­den­te efi­ca­cia. Pero el nue­vo papa tam­bién demos­tró una gran rapi­dez en la apli­ca­ción de su polí­ti­ca. El 28 de enero de 1979 asis­tió a la Ter­ce­ra Con­fe­ren­cia del Epis­co­pa­do latino en Pue­bla. Es casi segu­ro que para ese momen­to el papa ya cono­cie­ra la «reu­nión secre­ta» que el 20 de agos­to de 1978 man­tu­vie­ron la mayo­ría de los car­de­na­les de Amé­ri­ca Lati­na para con­sen­suar una línea común, y aun­que no avan­za­ron mucho sí «se con­vino que se reque­ría un papa con voca­ción pas­to­ral, un hom­bre con mani­fies­ta bea­ti­tud que reco­no­cie­ra las aspi­ra­cio­nes de los pobres y que estu­vie­ra dis­pues­to a com­par­tir el poder, a hacer­lo cole­gia­do»101.

La Igle­sia ame­ri­ca­na cono­cía los sufri­mien­tos de las cla­ses explo­ta­das, de los pue­blos, de las muje­res y de la infan­cia, y tam­bién la fero­ci­dad de las dic­ta­du­ras apo­ya­das por el cen­tro y la dere­cha cató­li­ca. Fue muy comen­ta­da la deten­ción en agos­to de 1976 de nada menos que die­ci­sie­te obis­pos, cua­tro de ellos nor­te­ame­ri­ca­nos, y de otras dece­nas de per­so­nas entre las que se encon­tra­ba Adol­fo Pérez Esqui­vel y su fami­lia, futu­ro pre­mio Nobel de la Paz. La dic­ta­du­ra mili­tar de Ecua­dor les detu­vo en Rio­bam­ba acu­sán­do­les de «reu­nión secre­ta de mili­tan­tes mar­xis­tas con­vo­ca­da clan­des­ti­na­men­te para inten­tar des­es­ta­bi­li­zar el orden»102.

Ese mis­mo año, el gol­pe mili­tar en Argen­ti­na con­fir­ma­ba la lar­ga his­to­ria de cola­bo­ra­ción con el terror de las cla­ses domi­nan­tes, de un sec­tor muy amplio de la jerar­quía cató­li­ca. La visi­ta de Juan Pablo II a Pue­bla era el ini­cio ofi­cial del ata­que a la teo­lo­gía de la libe­ra­ción: «El nue­vo Papa pre­sen­tó en Pue­bla un pro­gra­ma en el tra­di­cio­nal esti­lo de la Igle­sia, omi­tien­do elo­cuen­te­men­te hablar de la exis­ten­cia de dic­ta­du­ras fas­cis­tas en Amé­ri­ca Lati­na, el bár­ba­ro ase­si­na­to o tor­tu­ra de cen­te­na­res de sacer­do­tes y acti­vis­tas cató­li­cos en las cár­ce­les de Pino­chet, Somo­za y otros tira­nos, el papel de Esta­dos Uni­dos en el ava­sa­lla­mien­to de los pue­blos de Amé­ri­ca Lati­na»103.

Tam­bién en 1979, des­ató una nue­va inqui­si­ción con­tra teó­lo­gos pro­gre­sis­tas de Esta­dos Uni­dos, Holan­da, Sui­za, Esta­do fran­cés… que se habían atre­vi­do a pen­sar libre­men­te sobre prohi­bi­cio­nes y tabúes bi mile­na­rios en la Igle­sia: con­trol de la nata­li­dad, sexua­li­da­des, fami­lia, igual­dad de dere­chos den­tro del sacer­do­cio, dog­ma de la infa­li­bi­li­dad papal, etc.104 Como ha demos­tra­do K. Desch­ner la sexua­li­dad es una de las poten­cia­li­da­des y cua­li­da­des huma­nas más repri­mi­das por el cris­tia­nis­mo. La exi­gen­cia del celi­ba­to fue una de las bazas de dis­ci­pli­na­ri­za­ción inter­na más efec­ti­vas y una base psi­co­fí­si­ca muy sóli­da a par­tir de la cual levan­tar los deli­rios mís­ti­cos sado­ma­so­quis­tas de tan­tas san­tos y san­tas, de las fla­ge­la­cio­nes y dis­ci­pli­nas, y de la subli­ma­ción de la poten­cia mate­rial crí­ti­ca de la sexua­li­dad libre hacia el auto­ri­ta­ris­mo vio­len­to y car­ga­do de ansie­da­des y mie­dos. Por eso, K. Desch­ner da en el cla­vo cuan­do se pre­gun­ta «¿“cri­sis del celi­ba­to” o ago­nía del cris­tia­nis­mo?»105.

El papa Juan Pablo II empe­za­ba repri­mien­do den­tro del Vati­cano las refle­xio­nes sobre la rela­ción entre sexua­li­dad y cato­li­cis­mo para, ade­más de dis­ci­pli­nar la car­ne, sobre todo «dis­ci­pli­nar el alma»106 en la feroz orto­do­xia cas­tra­do­ra pau­li­na y agus­ti­nia­na. Una vez enca­de­na­da el «alma» median­te la prohi­bi­ción del sano pla­cer, se podía inten­tar ocul­tar las denun­cias con­tra el cri­mi­nal dic­ta­dor Pino­chet: un gru­po de fami­lia­res de des­apa­re­ci­dos pidió audien­cia papal. Se les negó, las y los chi­le­nos ocu­pa­ron una igle­sia en Roma empe­zan­do una huel­ga de ham­bre, pero Juan Pablo II siguió des­pre­cián­do­les. solo des­pués de que quin­ce igle­sias roma­nas leye­ran una denun­cia del terror fas­cis­ta, redac­ta­da por los chi­le­nos en huel­ga de ham­bre, Juan Pablo II hizo una tibia crí­ti­ca a la dic­ta­du­ra mili­tar, apro­ve­chan­do para ata­car a la vez a Che­cos­lo­va­quia y Kam­pu­chea107.

Pero uno de los obje­ti­vos prio­ri­ta­rios de Roma era vol­ver a con­tro­lar Nues­tra­mé­ri­ca. Des­de el prin­ci­pio, el Vati­cano esta­ba al tan­to del pro­ce­so de recu­pe­ra­ción del lla­ma­do «cris­tia­nis­mo popu­lar» en amplias zonas. Por ejem­plo, cono­cía las dis­cu­sio­nes pro­vo­ca­das por las ponen­cias que se habían pre­sen­ta­do en 1968 en la CELAM de Mede­llín108, sobre todo en la titu­la­da La pas­to­ral de las masas y la pas­to­ral de las eli­tes, que mos­tra­ba la «eter­na» pug­na entre el dios de los pobres y el dios de los ricos den­tro del cris­tia­nis­mo. Con los años, el con­cep­to de «cris­tia­nis­mo popu­lar» será uti­li­za­do con­tra Chá­vez y la revo­lu­ción boli­va­ria­na, por los obis­pos reac­cio­na­rios.

  1. John M. Roberts: Euro­pa des­de 1880 has­ta 1945, Agui­lar, Madrid 1989, p. 76.
  2. AA.VV.: El movi­mien­to obre­ro inter­na­cio­nal, op. cit., tomo 2, pp. 468 – 469.
  3. AA.VV.: «Influen­cia de la Igle­sia sobre el movi­mien­to obre­ro», El movi­mien­to obre­ro inter­na­cio­nal, op. cit., tomo 2, pp. 462 – 463.
  4. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., pp. 39 – 40.
  5. Vla­di­mir Acos­ta: El Mons­truo y sus Entra­ñas, Edic. Galac., Cara­cas 2017, pp. 437 y ss.
  6. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., pp. 30 – 32.
  7. Sha­ron Smith: Fue­go sub­te­rrá­neo, Hiru, Hon­da­rri­bia 2015, pp. 58 y ss.
  8. J. L. Millán Chi­vi­te: «Desa­rro­llo y des­pe­gue de los Esta­dos Uni­dos de Amé­ri­ca», GHU, op. cit., tomo 23, p. 72.
  9. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 54.
  10. Paul Gui­chon­net: «El socia­lis­mo ita­liano de sus orí­ge­nes a 1914», HGS, Des­tino, Bar­ce­lo­na 1979, tomo 2, p. 278.
  11. Jac­ques Droz: «El socia­lis­mo sui­zo en sus orí­ge­nes», HGS, op. cit., tomo 2, p. 345.
  12. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 52.
  13. Edmond Paris: His­to­ria secre­ta de los jesui­tas, op. cit., pp. 120 – 121.
  14. Edmond Paris: Idem., p. 122.
  15. Rosa Luxem­burg: «Igle­sia y socia­lis­mo», Sobre la reli­gión, Ágo­ra, Sala­man­ca 1975, tomo II, p. 192.
  16. Rosa Luxem­burg: Idem., p. 194.
  17. Rosa Luxem­burg: Idem., p. 209.
  18. V. I. Lenin: «El socia­lis­mo y la reli­gión», Sobre la reli­gión, Ágo­ra, Sala­man­ca 1975, tomo II, pp. 264 – 265.
  19. John Corn­well: El Papa de Hitler, Pla­ne­ta, Bar­ce­lo­na 2001, p. 136.
  20. Luis Pala­cios Bañue­los: «Pio X en la San­ta Sede (1903−192)», GHU, Madrid 1986, tomo 22, pp. 87 – 88.
  21. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 59.
  22. John M. Roberts: Euro­pa des­de 1880 has­ta 1945, Agui­lar, Madrid 1989, p. 73.
  23. Karl Liebk­necht: «Rezar y… matar», Sobre la reli­gión, Ágo­ra, Sala­man­ca 1975, tomo II, pp. 236 – 253.
  24. Paul John­son: La his­to­ria del cris­tia­nis­mo, op. cit., p. 536.
  25. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 99.
  26. V. I. Lenin: «Sobre la dia­léc­ti­ca», Cua­der­nos filo­só­fi­cos, Ayu­so, Madrid 1974, pp. 345 – 346.
  27. A. Grams­ci: «Los cató­li­cos ita­lia­nos», Sobre reli­gión, Ágo­ra, Sala­man­ca 1975, p. 556.
  28. John Corn­well: El Papa de Hitler, op. cit., pp. 90 – 97.
  29. John Corn­well: Idem., p. 137.
  30. John Corn­well: Idem., p. 135.
  31. John M. Roberts: Euro­pa des­de 1880 a 1945, Agui­lar, Madrid 1980, pp. 436 – 437.
  32. Hugues Por­te­lli: Grams­ci y la cues­tión reli­gio­sa, Laia, Bar­ce­lo­na 1977, pp. 130 y ss.
  33. A. Grams­ci: «La Acción cató­li­ca», Sobre reli­gión, op. cit., pp. 545 – 546.
  34. A. Grams­ci: «El sen­ti­do común, la reli­gión y la filo­so­fía», Sobre reli­gión, op. cit., pp. 510 – 511.
  35. Paul John­son: La his­to­ria del cris­tia­nis­mo, op. cit., pp. 542 – 544.
  36. Henry Lecon­te: «El Papa ha ben­de­ci­do a Hitler», La tra­ge­dia del pro­le­ta­ria­do ale­mán, Colec­ción Socia­lis­mo y Liber­tad, El Lati­no­ame­ri­cano, nº 153, mar­zo 2019, pp. 94 – 99.
  37. Ricar­do Cor­le­to: La Igle­sia y el nacio­nal-socia­lis­mo ale­mán: El Con­cor­da­to impe­rial de 1933 (https://​lai​cis​mo​.org/​l​a​-​i​g​l​e​s​i​a​-​y​-​e​l​-​n​a​c​i​o​n​a​l​-​s​o​c​i​a​l​i​s​m​o​-​a​l​e​m​a​n​-​e​l​-​c​o​n​c​o​r​d​a​t​o​-​i​m​p​e​r​i​a​l​-​d​e​-​1​9​33/).
  38. John Corn­well: El Papa de Hitler, op. cit., pp. 307 – 309.
  39. Geor­ges Pas­se­leeq y Ber­nard Sue­cheeky: Un silen­cio de la Igle­sia fren­te al fas­cis­mo, PPC, Madrid 1995, pp. 195 – 295.
  40. Geor­ges Pas­se­leeq y Ber­nard Sue­cheeky: Idem., p. 139.
  41. Geor­ges Pas­se­leeq y Ber­nard Sue­cheeky: Idem., p. 41.
  42. I. Gri­gu­lé­vich: El Papa­do – Siglo XX, op. cit., pp. 149 – 150.
  43. Chris Bam­bery: His­to­ria mar­xis­ta de la segun­da gue­rra mun­dial, Pasa­do & Pre­sen­te, Bar­ce­lo­na 2016, p. 193.
  44. Donny Glucks­tein: La otra his­to­ria de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, Ariel, Bar­ce­lo­na 2013, p. 175.
  45. Pepe Rodrí­guez: Men­ti­ras fun­da­men­ta­les de la Igle­sia cató­li­ca, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 1997, p. 35.
  46. John Corn­well: El Papa de Hitler, op. cit., p. 334.
  47. John Corn­well: Idem., p. 335.
  48. John Corn­well: Idem., p. 339.
  49. Edmond Paris: La his­to­ria secre­ta de los jesui­tas, op. cit., pp. 185 – 186.
  50. John Corn­well: El Papa de Hitler, op. cit., p. 278 – 291.
  51. Eric Frat­ti­ni: Altos car­gos del Vati­cano ayu­da­ron a huir a los nazis, 20 de junio de 2019 (https://​www​.liber​tad​di​gi​tal​.com/​c​u​l​t​u​r​a​/​l​i​b​r​o​s​/​2​018 – 06-20/hui­da-de-las-ratas-nazis-eric-frat­ti­ni-vati­cano-1276620745/).
  52. Donny Glucks­tein: La otra his­to­ria de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, op. cit., p. 170.
  53. Ber­trand Rus­sell: Por qué no soy cris­tiano, Edi­to­rial Sud­ame­ri­ca­na, Bue­nos Aires 1973, pp. 211 – 252.
  54. Chris Bam­bery: His­to­ria mar­xis­ta de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, op. cit., pp. 329 – 344.
  55. Karlheinz Desch­ner: Opus Dia­bo­li, Yal­de. Zara­go­za 1990, p. 182.
  56. J. Mª. Loren­zo Espi­no­sa: His­to­ria de Eus­kal Herria, Txa­la­par­ta, Liza­rra 1995, tomo III, p. 215.
  57. Mariano Gamo: «La Igle­sia ganó la Gue­rra Civil, más que el Ejér­ci­to y la Falan­ge», 7 de julio de 2019 (https://​ctxt​.es/​e​s​/​2​0​1​9​0​7​0​3​/​P​o​l​i​t​i​c​a​/​2​7​1​7​6​/​A​n​i​b​a​l​-​M​a​l​v​a​r​-​f​r​a​n​q​u​i​s​m​o​-​g​u​e​r​r​a​-​c​i​v​i​l​-​M​a​r​i​a​n​o​-​G​a​m​o​-​e​n​t​r​e​v​i​s​t​a​-​I​g​l​e​s​i​a​.​htm).
  58. Chris Bam­bery: His­to­ria mar­xis­ta de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, op. cit., p. 281.
  59. Josep Fon­ta­na: Por el bien del impe­rio, Pasa­do & Pre­sen­te, Bar­ce­lo­na 2013, p. 75.
  60. John Corn­well: El Papa de Hitler, op. cit., p. 368.
  61. I. Gri­gu­lé­vich: El Papa­do – Siglo XX, op. cit., pp. 158 – 159.
  62. Donny Glucks­tein: La otra his­to­ria de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, op. cit., p. 181.
  63. I. Gri­gu­lé­vich: El Papa­do – Siglo XX, op. cit., pp. 163 – 164.
  64. Josep Fon­ta­na: Por el bien del impe­rio, op. cit., pp. 75 – 76.
  65. Josep Fon­ta­na: Idem., p. 76.
  66. Georg Lukács: «Vida coti­dia­na, per­so­na pri­va­da y nece­si­dad reli­gio­sa», Sobre reli­gión, Ágo­ra, Sala­man­ca 1975, p. 568.
  67. Georg Lukács: «Vida coti­dia­na, per­so­na pri­va­da y nece­si­dad reli­gio­sa», Sobre reli­gión, op. cit., pp. 580 – 581.
  68. David A. Yallop: En nom­bre de Dios, Pla­ne­ta, Bar­ce­lo­na 1984, pp. 148 – 149.
  69. David A. Yallop: Idem., p. 115.
  70. David A. Yallop: Idem., p. 161.
  71. Pier­gior­gio Odi­fred­di: Por qué no pode­mos ser cris­tia­nos y menos aún cató­li­cos, op. cit., p. 168.
  72. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., pp. 281 – 282.
  73. Karlheinz Desch­ner: Opus Dia­bo­li, op. cit., pp. 230 – 231.
  74. David A. Yallop: En nom­bre de Dios, op. cit., p. 229.
  75. Karlheinz Desch­ner: Opus Dia­bo­li, op. cit., pp. 196 – 197.
  76. Pier­gior­gio Odi­fred­di: Por qué no pode­mos ser cris­tia­nos y menos aún cató­li­cos, op. cit., p, 241.
  77. Richard Daw­kins: El espe­jis­mo de Dios, Espa­sa, Bar­ce­lo­na 2011, p. 44.
  78. Karlheinz Desch­ner: Opus Dia­bo­li, op. cit., p. 243.
  79. Karlheinz Desch­ner: Idem., p. 243.
  80. Pro­cla­ma­dos bea­tos 498 reli­gio­sos espa­ño­les «már­ti­res de la fe», 28 de octu­bre de 2007 (https://​elpais​.com/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​2​0​0​7​/​1​0​/​2​8​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​1​1​9​3​5​2​2​4​0​1​_​8​5​0​2​1​5​.​h​tml).
  81. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 313.
  82. Hubery Kri­vi­ne: La Tie­rra. De los mitos al saber, Biblio­te­ca Buri­dán, Bar­ce­lo­na 2012, p. 234.
  83. B. Kuz­netsov: Eins­tein. Vida. Muer­te. Inmor­ta­li­dad, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 1990, p. 269.
  84. Ber­trand Rus­sell: Por qué no soy cris­tiano, op. cit., p. 47.
  85. Car­men López: Furor por la astro­lo­gía: cómo la ansie­dad por el futu­ro engan­chó a los mile­nials al horós­co­po, 10 de sep­tiem­bre de 2019 (https://​smo​da​.elpais​.com/​m​o​d​a​/​f​u​r​o​r​-​p​o​r​-​l​a​-​a​s​t​r​o​l​o​g​i​a​-​c​o​m​o​-​l​a​-​a​n​s​i​e​d​a​d​-​p​o​r​-​e​l​-​f​u​t​u​r​o​-​e​n​g​a​n​c​h​o​-​a​-​l​o​s​-​m​i​l​l​e​n​i​a​l​s​-​a​l​-​h​o​r​o​s​c​o​po/).
  86. Gon­za­lo Puen­te Ojea: El mito del alma, Siglo XXI, Madrid 2000, p. 477.
  87. Gon­za­lo Puen­te Ojea: Idem., p. 496.
  88. V. N. Pushkin/​A. P. Dubrov: La para­psi­co­lo­gía y las cien­cias natu­ra­les moder­nas, Akal, Madrid 1980, p. 302.
  89. Hum­ber­to Matu­ra­na y Fran­cis­co Vare­la: El árbol del cono­ci­mien­to. Las bases bio­ló­gi­cas del cono­ci­mien­to humano, Deba­te, Madrid 1990, p. 21.
  90. Ilya Pri­go­gi­ne: El fin de las cer­ti­dum­bres, Tau­rus, 1997, p. 78.
  91. R. Kehl: «Las cien­cias de la vida», His­to­ria Gene­ral de las Cien­cias, Orbis, Bar­ce­lo­na 1988, tomo 15, pp. 657 – 714.
  92. Manuel Anse­de: La cien­cia se acer­ca a la crea­ción de la vida en un labo­ra­to­rio, 11 de julio de 2019 (https://​elpais​.com/​e​l​p​a​i​s​/​2​0​1​9​/​0​7​/​1​0​/​c​i​e​n​c​i​a​/​1​5​6​2​7​7​7​9​8​3​_​6​6​8​2​0​5​.​h​tml).
  93. Loren R. Graham: Cien­cia y filo­so­fía en la Unión Sovié­ti­ca, Siglo XXI, Madrid 1976, pp. 248 – 295.
  94. Pas­cal Char­bon­nat: His­to­ria de las filo­so­fías mate­ria­lis­tas, op. cit., p. 490.
  95. Pas­cal Char­bon­nat: Idem., pp. 491 – 492.
  96. Eudal­do For­ment: «La neo­es­co­lás­ti­ca en la segun­da mitad del siglo XX», El lega­do filo­só­fi­co y cien­tí­fi­co del siglo XX, Cáte­dra, Madrid 2005, pp. 519 – 527.
  97. Clau­de Allè­gre: La derro­ta de Pla­tón o la cien­cia en el siglo XX, FCE, Méxi­co 2003, p. 233.
  98. Anto­nio Cas­tro Zafra: Los círcu­los del poder, op. cit., pp. 263 – 264.
  99. Fran­cis­co Cha­cón: La visi­ta del Papa a Fáti­ma dis­pa­ra los pre­cios en Por­tu­gal has­ta un 1.500%, 8 de mayo de 2017 (https://​www​.abc​.es/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​a​b​c​i​-​v​i​s​i​t​a​-​p​a​p​a​-​f​a​t​i​m​a​-​d​i​s​p​a​r​a​-​p​r​e​c​i​o​s​-​p​o​r​t​u​g​a​l​-​h​a​s​t​a​-​1​5​0​0​-​p​o​r​-​c​i​e​n​t​o​-​2​0​1​7​0​5​0​7​1​9​3​0​_​n​o​t​i​c​i​a​.​h​t​m​l​#​v​c​a​=​m​o​d​-​s​u​g​e​r​i​d​o​s​-​p​3​&​v​m​c​=​r​e​l​a​c​i​o​n​a​d​o​s​&​v​s​o​=​l​a​-​v​i​s​i​t​a​-​d​e​l​-​pap).
  100. Fer­nan­do Valle­jo: La puta de Babi­lo­nia, Pla­ne­ta, Méxi­co 2007, pp. 291 – 292.
  101. David A. Yallop: En nom­bre de Dios, op. cit., p. 79.
  102. Anto­nio Ran­gel: Luces y som­bras. Igle­sia, poder y Esta­do en Vene­zue­la, Pequi­ven-Ich, Vene­zue­la, Méri­da 2016, p. 145.
  103. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 294.
  104. I. Gri­gu­lé­vich: Idem., p. 319.
  105. Karlheinz Desch­ner: His­to­ria sexual del cris­tia­nis­mo, op. cit., pp. 191 – 192.
  106. Karlheinz Desch­ner: Idem., pp. 423 – 447.
  107. I. Gri­gu­lé­vich: El papa­do – Siglo XX, op. cit., p. 325.
  108. Anto­nio Ran­gel: Luces y som­bras. Igle­sia, poder y Esta­do en Vene­zue­la, op. cit., pp. 130 y ss.

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