México.Pandemia de Covid-19 gene­ra mie­do, ansie­dad, estrés y depre­sión en los niños

Indra Ciri­go /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 2 de abril de 2020

El encie­rro deri­va­do de las medi­das de miti­ga­ción del bro­te pan­dé­mi­co de Covid-19 pro­du­ce mie­do, ansie­dad, estrés e inclu­so depre­sión en los meno­res de edad. Ello por­que están expues­tos a la psi­co­sis social. Exper­tos expli­can las medi­das que deben adop­tar los padres y tuto­res para evi­tar que el lla­ma­do a que­dar­se en casa deri­ve en tras­tor­nos psi­co­ló­gi­cos

Mie­do, ansie­dad, estrés e inclu­so depre­sión son los pade­ci­mien­tos a los que están expues­tos los meno­res de edad por el aumen­to de casos de Covid-19 en el país y la cre­cien­te psi­co­sis social por la pro­pa­ga­ción de infor­ma­ción a la que tie­nen acce­so –prin­ci­pal­men­te en redes socia­les– y comen­ta­rios sobre la enfer­me­dad en su entorno más pró­xi­mo.

Para com­ba­tir esta situa­ción, exper­tos afir­man que lo prin­ci­pal duran­te esta eta­pa de “sana dis­tan­cia” es ave­ri­guar qué es lo que los infan­tes saben y cono­cer sus dudas; a par­tir de esto, expli­car­les todo lo rela­ti­vo a la pan­de­mia por el coro­na­vi­rus.

Ante el esce­na­rio que enfren­ta Méxi­co –al entrar en la fase 2 del bro­te pan­dé­mi­co del coro­na­vi­rus – , espe­cia­lis­tas en el tra­ba­jo con meno­res en edad esco­lar reco­mien­dan con­ver­sar con los niños de mane­ra sen­ci­lla, cla­ra, con un len­gua­je apro­pia­do a su edad y sin men­tir sobre la situa­ción actual.

La doc­to­ra Ele­na Cal­de­rón Cana­les –inves­ti­ga­do­ra del Cole­gio de Peda­go­gía de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Auto­no­mía de Méxi­co (UNAM)– indi­ca que lo pri­me­ro es ave­ri­guar lo que los infan­tes ya saben sobre el tema, ya que es muy pro­ba­ble que, en su vida coti­dia­na, inclu­so los más peque­ños, hayan escu­cha­do con­ver­sa­cio­nes, obser­va­do a las per­so­nas usar cubre­bo­cas o vis­to en la tele­vi­sión noti­cas al res­pec­to.

“Hay que par­tir de lo que los niños ya cono­cen e infor­mar hechos sim­ples, tra­tan­do de acla­rar sus dudas y preo­cu­pa­cio­nes. A los niños más peque­ños les pue­den pre­gun­tar: ¿has escu­cha­do de la nue­va enfer­me­dad?, ¿qué dice la gen­te? Con los más gran­des se pue­den hacer pre­gun­tas más espe­cí­fi­cas: ¿qué dicen tus ami­gos del coro­na­vi­rus?, ¿has reci­bi­do infor­ma­ción al res­pec­to?, ¿qué dicen las noti­cias? A par­tir de estas pre­gun­tas, los mis­mos niños pue­den guiar la con­ver­sa­ción hacia lo que les intere­sa saber del tema. Hay que estar pre­pa­ra­dos para dar infor­ma­ción que los tran­qui­li­ce y que sea cer­te­ra: no es reco­men­da­ble satu­rar­los de infor­ma­ción”.

En entre­vis­ta con Con­tra­lí­nea, la doc­to­ra en psi­co­lo­gía expli­ca que duran­te la con­ver­sa­ción es impor­tan­te recor­dar­les las accio­nes sobre las que pue­den tener con­trol; por ejem­plo, lavar­se las manos, estor­nu­dar o toser como han indi­ca­do las auto­ri­da­des de salud (en el ángu­lo inte­rior del bra­zo o estor­nu­do de eti­que­ta).

Para la maes­tra Rebe­ca Caba­lle­ro Álva­rez, inves­ti­ga­do­ra del Cole­gio de Peda­go­gía de la UNAM, cual­quier infan­te nece­si­ta ser infor­ma­do inde­pen­dien­te­men­te de la edad que ten­gan.

“Gene­ral­men­te las y los adul­tos que están en torno al ámbi­to más cer­cano de los infan­tes sue­len expli­car­les a par­tir de la pro­pia nece­si­dad y per­cep­ción del adul­to y enton­ces más bien lo que hay que hacer es par­tir de lo que los chi­qui­tos saben y cono­cen. […] Entre más gran­des sean, tie­nen mayor acce­so a la infor­ma­ción y enton­ces lo que apli­ca es pre­gun­tar­les qué saben, qué han leí­do, qué cono­cen y tra­tar de acla­rar dudas o evi­tar que ten­gan nocio­nes erró­neas del virus o lo que pue­de pasar en tér­mi­nos del con­ta­gio”.

La maes­tra en peda­go­gía indi­ca que otro pun­to impor­tan­te es con­si­de­rar cómo se sien­ten. “A veces, en el caso de los niños no sola­men­te es un tema de acla­rar infor­ma­ción, sino de aten­der una nece­si­dad emo­cio­nal. En reali­dad los chi­cos pue­den tener mie­do, estar asus­ta­dos o tener incer­ti­dum­bre, y no tan­to una nece­si­dad de cono­ci­mien­tos sino una nece­si­dad de aten­ción emo­cio­nal”.

Por su par­te, Luis Xochihua Díaz –pedia­tra infec­tó­lo­go – expli­ca a Con­tra­lí­nea que los padres y tuto­res tie­nen herra­mien­tas a su alcan­ce para afron­tar esta situa­ción: el Fon­do de las Nacio­nes Uni­das para la Infan­cia (UNICEF) ha emi­ti­do una serie de con­se­jos sobre cómo hablar con los niños sobre el coro­na­vi­rus para que pue­dan enfren­tar esta situa­ción.

“Prin­ci­pal­men­te los comu­ni­ca­dos nos acon­se­jan ini­ciar la con­ver­sa­ción pre­gun­tan­do a los niños qué saben sobre la enfer­me­dad: muchos de ellos lo van dibu­jan­do, lo van rela­tan­do median­te cuen­tos o algu­na otra acti­vi­dad que uti­li­zan, sobre todo diá­lo­gos entre dibu­jos que ellos pue­den hacer y que favo­re­ce que haya cier­ta dis­cu­sión”. El exper­to con­si­de­ra que lo impor­tan­te es tener fuen­tes exper­tas, sobre todo con gran can­ti­dad de imá­ge­nes.

Ade­más, advier­te que los adul­tos deben bus­car mane­ras para iden­ti­fi­car la acti­tud de los meno­res, ya que cuan­do los niños ven un cam­bio de con­duc­ta en los adul­tos pue­den pre­sen­tar ansie­dad leve, mode­ra­da o muy seve­ra; angus­tia; alte­ra­cio­nes en el sue­ño; con­su­mo de sus uñas, o insom­nio.

Caba­lle­ro Álva­rez expli­ca que la infor­ma­ción bási­ca que se le pue­de dar al menor de edad en prin­ci­pio es las prác­ti­cas bási­cas de pre­ven­ción, el tema de lavar­se las manos, de cómo hacer­lo ade­cua­da­men­te, cómo cubrir­se al toser o estor­nu­dar.

Expli­ca­cio­nes sobre el coro­na­vi­rus

Expli­car el tema es fun­da­men­tal para redu­cir la expo­si­ción al estrés. Para Lau­ra Patri­cia Cer­van­tes Medrano –direc­to­ra de la Uni­dad de Edu­ca­ción Espe­cial y Edu­ca­ción Inclu­si­va (UDEEI) 15, de la Secre­ta­ría de Edu­ca­ción Públi­ca (SEP)– el empleo de com­pa­ra­cio­nes es muy útil en este tipo de con­tin­gen­cias.

“Hay que expli­car­les que es un virus como otra enfer­me­dad que pade­ce­mos, que a veces nos due­le la cabe­za, la gar­gan­ta, tene­mos cata­rro y es por­que tene­mos un virus, […] pero que éste es más peli­gro­so y por eso tene­mos las medi­das como lavar­se las manos, el estor­nu­do de eti­que­ta, no tocar­se la cara ni meter­se los dedos a la boca”.

Agre­ga que hay que expli­car­les a los niños que, al ser con­ta­gio­so, es nece­sa­rio tener medi­das pre­ven­ti­vas y, aun­que en casa se ten­gan todos los cui­da­dos, aun así no se pue­de man­te­ner un con­tac­to tan direc­to para el bien de la salud.

Por su par­te, el doc­tor Xochihua Díaz advier­te que hay que tener mucho cui­da­do cuan­do uno tie­ne el ante­ce­den­te de algún falle­ci­mien­to o algu­na mala noti­cia en el núcleo fami­liar don­de se encuen­tran.

“Tene­mos que ser muy obje­ti­vos y con mucha vera­ci­dad para que los niños ten­gan la con­fian­za y pue­dan enten­der este pade­ci­mien­to, ya que esta enfer­me­dad tie­ne de algu­na for­ma una evo­lu­ción muy benig­na: la gran mayo­ría de oca­sio­nes no cau­sa la muer­te, pero en la pobla­ción vul­ne­ra­ble, que son los abue­li­tos, lle­ga a tener des­en­la­ces fata­les con una alta mor­ta­li­dad”.

La doc­to­ra Rebe­ca Caba­lle­ro Álva­rez tam­bién advier­te que lo mejor es no expli­car­les mane­jan­do cifras y núme­ros de con­ta­gios o de falle­ci­mien­tos, por­que en reali­dad no les hace mucho sen­ti­do.

“No sig­ni­fi­ca que no les hable­mos de que pue­de haber gen­te que inclu­so pier­da la vida por ese tipo de virus pero, insis­to, todo depen­de de lo que ellos saben y de lo que ellos nece­si­tan saber. Por ejem­plo, el niño pue­de decir: ten­go mie­do de que se mue­ra mi abue­li­ta, enton­ces ahí sí habría que hablar­le y decir­le que es pro­ba­ble que un adul­to mayor como su abue­li­ta, si se con­ta­gia, tie­ne más ries­go, pero no nece­sa­ria­men­te. O pue­de haber otro niño que lo que quie­re saber es si su perro se va a infec­tar”.

Ais­la­mien­to por Covid-19

Para expli­car­les a los meno­res de edad la ins­tru­men­ta­ción de la jor­na­da de Sana Dis­tan­cia que sus­pen­dió las cla­ses duran­te 1 mes y pide man­te­ner un ale­ja­mien­to físi­co para dis­mi­nuir el ries­go de con­ta­gio y pro­te­ger a los adul­tos mayo­res, no se debe olvi­dar agre­gar que este no con­tac­to físi­co no tie­ne que ver con el no afec­to, expo­ne Rebe­ca Caba­lle­ro Álva­rez.

“El tema fun­da­men­tal con los niños y niñas es la par­te afec­ti­va, que ellos y ellas se sien­tan que­ri­dos, pro­te­gi­dos y en com­pa­ñía. […] La lógi­ca sería expli­car­les que es una medi­da pre­ven­ti­va pero que no pasa por el des­afec­to, sino al con­tra­rio, sigue habien­do este cui­da­do, pro­cu­ra­ción y cari­ño y habría que hacer un ejer­ci­cio de crea­ti­vi­dad para hacer­les sen­tir esa sen­sa­ción de com­pa­ñía y pro­tec­ción”.

Para la doc­to­ra en psi­co­lo­gía Ele­na Cal­de­rón Cana­les, man­te­ner un cons­tan­te diá­lo­go con los niños per­mi­te que cuen­ten sus preo­cu­pa­cio­nes. “Hay que fomen­tar la con­ver­sa­ción y para ello no sólo están las pre­gun­tas que pue­den hacer­les: tam­bién pue­den pedir a los niños que hagan dibu­jos o jue­gos median­te los cua­les pue­dan expre­sar­se”.

Por su par­te, la maes­tra Caba­lle­ro Álva­rez men­cio­na que es un reto de crea­ti­vi­dad de los adul­tos a car­go de los meno­res el encon­trar for­mas lúdi­cas para lle­var a cabo la vida coti­dia­na.

“Lúdi­co no es sólo que jue­guen, que pue­den esta­ble­cer hora­rios de jue­go y demás, pero tam­bién pue­den empe­zar a esta­ble­cer otro tipo de coti­dia­ni­dad; por ejem­plo, a par­tir de invo­lu­crar­se más en las labo­res domés­ti­cas, no nece­sa­ria­men­te tie­nen que ser pesa­das, pue­den ser par­te de esta for­ma de dar­le la vuel­ta al estrés y dar­les peque­ñas res­pon­sa­bi­li­da­des de acuer­do a su edad: des­de cosas como ten­der su cama has­ta qui­zás ser las o los encar­ga­dos de estar vigi­lan­do que el papel de baño está por ter­mi­nar­se o del gel anti­bac­te­rial o ver si hay sufi­cien­te jabón para que la fami­lia se siga lavan­do las manos”.

Agre­ga que de esta for­ma se van invo­lu­cran­do en prác­ti­cas de pre­ven­ción con­tra el Covid-19, pero tam­bién en otras prác­ti­cas de tra­ba­jo domés­ti­co de for­ma ama­ble don­de tie­nen una míni­ma res­pon­sa­bi­li­dad, pero son par­te de la pro­cu­ra­ción fami­lia.

“Los padres de los niños tie­nen que invo­lu­crar­se más en tér­mi­nos de desa­rro­llar pla­nes dia­rios para qué hacer con el menor y evi­tar que se depri­ma o estre­se y eso impli­ca un invo­lu­cra­mien­to de los adul­tos a car­go. No se pue­de pen­sar en dar­le acti­vi­da­des al niño o la niña y que eso es sufi­cien­te: par­ti­cu­lar­men­te en este momen­to es nece­sa­rio invo­lu­crar­se en estas acti­vi­da­des con ellos y ellas”, expli­ca Caba­lle­ro Álva­rez.

Agre­ga que el esta­ble­ci­mien­to de las ruti­nas es fun­da­men­tal para que los infan­tes entien­dan la situa­ción de cua­ren­te­na. “Esto impli­ca seguir­se levan­tan­do a la hora a la que iban a la escue­la, a hacer sus comi­das en el hora­rio que tenían, hacer acti­vi­da­des lúdi­cas, pero tam­bién esco­la­res. Inclu­so des­de el pre­es­co­lar, si iban de 9 a 12, en ese mis­mo hora­rio se van a hacer acti­vi­da­des que impli­quen recor­tar, ilu­mi­nar, dibu­jar; si van a la pri­ma­ria, un día ven cosas de espa­ñol o de mate­má­ti­cas”.

Advier­te que el adul­to a car­go del cui­da­do del menor en este perio­do de con­tin­gen­cia tie­ne que estar dis­pues­to a inver­tir tiem­po, por­que evi­den­te­men­te lo más sen­ci­llo es dejar que el niño se com­por­te como si estu­vie­ra en un perio­do vaca­cio­nal, pero sería insos­te­ni­ble en 15 días.

Por su par­te, Cer­van­tes Medrano expli­ca que las ruti­nas ayu­dan por­que les dan estruc­tu­ra: saber lo que vas a hacer duran­te el día gene­ra menor ansie­dad al dar un orden y pla­nea­ción para que el menor sepa qué le toca hacer en cada momen­to del día eli­mi­nan­do así la incer­ti­dum­bre.

Los exper­tos con­sul­ta­dos coin­ci­den en que hay muchas acti­vi­da­des para rea­li­zar en casa que ayu­da­rán a man­te­ner una bue­na salud men­tal en el menor duran­te la cua­ren­te­na, que depen­de­rán de la edad e intere­ses tan­to de los padres como de los meno­res.

“En inter­net se pue­den encon­trar muchas opcio­nes para que los padres y madres pue­dan orga­ni­zar un calen­da­rio sen­ci­llo. Por ejem­plo, pre­pa­rar los ali­men­tos o dise­ñar el menú de la sema­na se pue­de con­ver­tir en una cla­se de cien­cias, leer dia­ria­men­te, rea­li­zar expe­ri­men­tos sen­ci­llos, y con los más gran­des pue­de ser una opor­tu­ni­dad para fomen­tar las voca­cio­nes cien­tí­fi­cas, inves­ti­gar cómo se ela­bo­ra una vacu­na, qué hacen los epi­de­mió­lo­gos, los cien­tí­fi­cos”, indi­ca Cal­de­rón Cana­les.

Res­pec­to de este tema, Caba­lle­ro Álva­rez pro­po­ne que los padres pue­den uti­li­zar los palos de esco­ba o tubos de papel que se van des­ocu­pan­do para hacer bra­zos exten­di­dos “y jugar a que no nos pode­mos tocar pero hace­mos estos bra­zos para así poder seguir jun­tos y en el abra­zo, o hacer los jue­gos de los telé­fo­nos de anta­ño y poner un hilo y comu­ni­car­se en dife­ren­tes par­tes de la casa, pre­ci­sa­men­te en esta lógi­ca de que al estar en este no con­tac­to físi­co no impli­ca que este­mos ale­ja­do en tér­mi­nos afec­ti­vos”.

Lau­ra Patri­cia Cer­van­tes Medrano reco­mien­da que una for­ma sen­ci­lla de expli­car­le a los meno­res es uti­li­zar cuen­tos como “Rosa con­tra el virus”, crea­do por el Cole­gio Ofi­cial de la Psi­co­lo­gía de Madrid, o el cuen­to “¡Hola!, soy un virus, pri­mo de la gri­pa y el res­fria­do, y me lla­mo coro­na­vi­rus”, crea­do por la psi­có­lo­ga Manue­la Moli­na, los cua­les se encuen­tran de mane­ra gra­tui­ta en pla­ta­for­mas digi­ta­les.

Pro­te­ger­los de las fake news

Uno de los mayo­res pro­ble­mas en este con­tex­to tie­ne que ver con la des­in­for­ma­ción. Para Ele­na Cal­de­rón Cana­les, en la mayo­ría de los casos las madres y padres son los fil­tros para las noti­cias fal­sas y las men­ti­ras: ellos son los res­pon­sa­bles de man­te­ner­se infor­ma­dos, siem­pre a tra­vés de fuen­tes con­fia­bles. De esta for­ma podrán brin­dar a los niños la infor­ma­ción que requie­ran.

“Con los niños más gran­des, cuan­do sea el caso, se pue­de fomen­tar el pen­sa­mien­to crí­ti­co, ana­li­zan­do el tipo de infor­ma­ción que reci­ben y ense­ñar­los a bus­car en los sitios indi­ca­dos y con los más peque­ños, en la medi­da de lo posi­ble hay que redu­cir la expo­si­ción a las noti­cias o a la infor­ma­ción que reci­bi­mos por otros medios”.

Al res­pec­to, Rebe­ca Caba­lle­ro Álva­rez indi­ca que el pri­mer paso es que los adul­tos en el ambien­te más inme­dia­to de los niños tam­bién evi­ten las noti­cias fal­sas. “Es muy impor­tan­te que los padres o adul­tos cer­ca­nos estén bien infor­ma­dos y no se dejen lle­var por rumo­res, ya que los niños y niñas en reali­dad se van a dar cuen­ta del nivel de estrés que los pro­pios adul­tos ten­gan. Por eso es indis­pen­sa­ble que éstos tra­ten de man­te­ner­se infor­ma­dos y tra­ten de man­te­ner la cal­ma”.

Rebe­ca Caba­lle­ro agre­ga que es fun­da­men­tal el invo­lu­cra­mien­to de los adul­tos en este perio­do en que los niños ten­drán que estar por un tiem­po pro­lon­ga­do en casa. Ade­más, dice, los adul­tos deben ser hones­tos.

“Una for­ma de infor­mar a los niños sobre el Covid-19 y cual­quier otro tema es hablar siem­pre con la ver­dad y de for­ma sen­ci­lla y cla­ra, y reco­no­cer cuan­do no se cono­ce algo: decir­le al niño que se des­co­no­ce, pero se pue­de bus­car y se vuel­ve una opor­tu­ni­dad de hacer esa bús­que­da en con­jun­to.”

Expli­ca que la hones­ti­dad es impor­tan­te, pues a veces se pien­sa que enga­ñar a los niños es pro­te­ger­los, pero lo mejor es bus­car la mane­ra más aser­ti­va de decir­les las cosas para no gene­rar un temor.

“Es fun­da­men­tal que estén muy cla­ros los adul­tos de cuá­les son las fuen­tes fia­bles de infor­ma­ción y que inclu­so estas bús­que­das las pue­dan hacer en con­jun­to: entre más gran­de sea el niño y la niña hay una mayor posi­bi­li­dad de revi­sar pági­nas web jun­tos, de ver qué noti­cias pue­den mirar jun­tos. Entre más peque­ños sean inclu­so se pue­de con­tro­lar más el acce­so que tie­nen. Hay que estar con ellos por­que si los deja­mos con el celu­lar, tablet, compu­tado­ra o tele­vi­sión para que se entre­ten­gan hay una posi­bi­li­dad ele­va­dí­si­ma de que sigan sien­do bom­bar­dea­dos por ‘n’ can­ti­dad de infor­ma­ción que no nece­sa­ria­men­te en verí­di­ca. Enton­ces esa posi­bi­li­dad de que se res­trin­ga el uso indis­cri­mi­na­do de los apa­ra­tos es par­te de pre­ve­nir de que estén en con­tac­to con la infor­ma­ción fal­sa”.

Por su par­te, el pedia­tra infec­tó­lo­go Xochihua Díaz indi­ca que es impor­tan­te recor­dar que no todos los niños tie­nen un cri­te­rio muy jui­cio­so sobre la infor­ma­ción que hay en inter­net, ya que hay muchí­si­ma que pue­de ser ten­den­cio­sa, dife­ren­te o con otro tipo de obje­ti­vos.

“La pobla­ción debe tener la mejor infor­ma­ción, de la fuen­te más veraz para tener las medi­das de pre­ven­ción de esta infec­ción viral que hoy en día pro­vo­can esta pan­de­mia y que está cam­bian­do el pro­yec­to de vida de todos al menos por los pró­xi­mos 3 meses”.

Fuen­te: Con­tra­Lí­nea

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