La pró­xi­ma rece­sión: ¿la cul­pa es del coro­na­vi­rus?

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Estoy segu­ro de que cuan­do ter­mi­ne este desas­tre, la eco­no­mía domi­nan­te y las auto­ri­da­des afir­ma­rán que fue una cri­sis exóge­na que no tie­ne nada que ver con defec­tos inhe­ren­tes en el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta y la estruc­tu­ra social de la socie­dad. La cul­pa fue del virus. Este fue el argu­men­to de la teo­ría eco­nó­mi­ca con­ven­cio­nal des­pués de la Gran Rece­sión de 2008 – 2009 y se repe­ti­rá en 2020.

Mien­tras escri­bo, la pan­de­mia de coro­na­vi­rus (como aho­ra se lla­ma ofi­cial­men­te) toda­vía no ha alcan­za­do su pico. Apa­ren­te­men­te, tras comen­zar en Chi­na (aun­que hay algu­na evi­den­cia de que tam­bién pudo haber comen­za­do en otros luga­res), se ha exten­di­do ya por todo el mun­do. El núme­ro de infec­cio­nes es mayor fue­ra de Chi­na que den­tro. Los casos en Chi­na han ido dis­mi­nu­yen­do has­ta dete­ner­se; en otros luga­res toda­vía hay un aumen­to expo­nen­cial.

Esta cri­sis bio­ló­gi­ca ha crea­do páni­co en los mer­ca­dos finan­cie­ros. Los mer­ca­dos bur­sá­ti­les han caí­do has­ta un 30% en el espa­cio de sema­nas. El mun­do de fan­ta­sía de que cada acti­vo finan­cie­ro podía cre­cer con cos­tes de endeu­da­mien­to cada vez más bajos ha ter­mi­na­do.

COVID-19 pare­ce ser un «des­co­no­ci­do des­co­no­ci­do», como el colap­so finan­cie­ro glo­bal del tipo «cis­ne negro» que des­en­ca­de­nó la Gran Rece­sión hace más de diez años. Pero COVID-19, al igual que ese colap­so finan­cie­ro, no es real­men­te un rayo que cai­ga de la nada: un «shock» externo que afec­ta a una eco­no­mía capi­ta­lis­ta en armo­nio­so cre­ci­mien­to. Inclu­so antes de que ocu­rrie­ra la pan­de­mia, en la mayo­ría de las prin­ci­pa­les eco­no­mías capi­ta­lis­tas, tan­to en el lla­ma­do mun­do desa­rro­lla­do como en las eco­no­mías «en desa­rro­llo» del «Sur Glo­bal», la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca se esta­ba fre­nan­do, y algu­nas eco­no­mías se con­traía la pro­duc­ción nacio­nal y la inver­sión, y muchos otras esta­ban al bor­de.

COVID-19 fue el pun­to de infle­xión. Una ana­lo­gía es ima­gi­nar una pila de are­na que se acu­mu­la has­ta un pico; enton­ces los gra­nos de are­na comien­zan a des­li­zar­se; y lue­go lle­ga un cier­to pun­to que con una par­tí­cu­la de are­na más, toda la pila de are­na se cae. Si eres pos­key­ne­siano, qui­zás pre­fie­ras lla­mar a esto un «momen­to Minsky», en honor de Hyman Minsky, quien argu­men­tó que el capi­ta­lis­mo pare­ce ser esta­ble has­ta que deja de ser­lo, por­que la esta­bi­li­dad gene­ra ines­ta­bi­li­dad. Un mar­xis­ta diría, sí, hay ines­ta­bi­li­dad, pero esa ines­ta­bi­li­dad se con­vier­te en una ava­lan­cha perió­di­ca­men­te debi­do a las con­tra­dic­cio­nes sub­ya­cen­tes en el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta con fines de lucro.

Ade­más, de otra mane­ra, COVID-19 no era un «des­co­no­ci­do des­co­no­ci­do». A prin­ci­pios de 2018, duran­te una reu­nión en la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud en Gine­bra, un gru­po de exper­tos (del R&D Blue­print) acu­ñó el tér­mino «Enfer­me­dad X»: pre­di­je­ron que la pró­xi­ma pan­de­mia sería cau­sa­da por un nue­vo pató­geno des­co­no­ci­do que no había toda­vía entra­do en con­tac­to con la pobla­ción huma­na. La enfer­me­dad X pro­ba­ble­men­te resul­ta­ría de un virus ori­gi­na­do en ani­ma­les y sur­gi­ría en algún lugar del pla­ne­ta don­de el desa­rro­llo eco­nó­mi­co pone en con­tac­to a per­so­nas y vida sil­ves­tre.

La enfer­me­dad X pro­ba­ble­men­te se con­fun­di­ría con otras enfer­me­da­des al comien­zo del bro­te y se pro­pa­ga­ría rápi­da y silen­cio­sa­men­te; explo­tan­do redes de via­jes y comer­cio huma­nas, lle­ga­ría a múl­ti­ples paí­ses y frus­tra­ría la con­ten­ción. La enfer­me­dad X ten­dría una tasa de mor­ta­li­dad más alta que la gri­pe esta­cio­nal, pero se pro­pa­ga­ría tan fácil­men­te como la gri­pe. Sacu­di­ría los mer­ca­dos finan­cie­ros inclu­so antes de alcan­zar el esta­do de pan­de­mia. En pocas pala­bras, Covid-19 es la enfer­me­dad X.

Como argu­men­tó el bió­lo­go socia­lis­ta, Rob Walla­ce, las pla­gas no son solo par­te de nues­tra cul­tu­ra; son cau­sa­das​por ella. La Pes­te Negra se exten­dió a Euro­pa a media­dos del siglo XIV con el cre­ci­mien­to del comer­cio a lo lar­go de la Ruta de la Seda. Han sur­gi­do nue­vas cepas de gri­pe de la gana­de­ría. El Ébo­la, SARS, MERS y aho­ra Covid-19 se han rela­cio­na­do con la vida sil­ves­tre. Las pan­de­mias gene­ral­men­te comien­zan como virus en ani­ma­les que sal­tan a las per­so­nas cuan­do entra­mos en con­tac­to con ellos. Estos efec­tos secun­da­rios están aumen­tan­do expo­nen­cial­men­te a medi­da que nues­tra hue­lla eco­ló­gi­ca nos acer­ca a la vida sil­ves­tre en áreas remo­tas y el comer­cio de vida sil­ves­tre lle­va a estos ani­ma­les a los cen­tros urba­nos. La cons­truc­ción de carre­te­ras, la defo­res­ta­ción, el des­bro­ce de tie­rras y el desa­rro­llo agrí­co­la sin pre­ce­den­tes, así como los via­jes y el comer­cio glo­ba­li­za­dos, nos hacen extre­ma­da­men­te sus­cep­ti­bles a los pató­ge­nos como los coro­na­vi­rus.

Exis­te un deba­te ton­to entre los eco­no­mis­tas con­ven­cio­na­les sobre si el impac­to eco­nó­mi­co de COVID-19 es un «shock de ofer­ta» o un «shock de deman­da». La escue­la neo­clá­si­ca dice que es un shock de ofer­ta por­que detie­ne la pro­duc­ción; los key­ne­sia­nos quie­ren argu­men­tar que es real­men­te un shock de deman­da por­que las per­so­nas y las empre­sas no gas­ta­rán en via­jes, ser­vi­cios, etc.

Pero pri­me­ro, como se argu­men­tó ante­rior­men­te, no es real­men­te un «shock» en abso­lu­to, sino el resul­ta­do inevi­ta­ble del impul­so del capi­tal para obte­ner ganan­cias en la agri­cul­tu­ra y la explo­ta­ción de la natu­ra­le­za y del esta­do ya débil de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta en 2020.

Y segun­do, comien­za con la ofer­ta, no con la deman­da como los key­ne­sia­nos dicen. Como escri­bió Marx: «Has­ta los niños saben que una nación que deja de fun­cio­nar, no ya un año, sino inclu­so unas sema­nas, pere­ce­ría». (K. Marx a Kugel­mann, Lon­dres, 11 de julio de 1868). La pro­duc­ción, el comer­cio y la inver­sión son lo pri­me­ro que se detie­nen cuan­do las tien­das, las escue­las y los nego­cios se cie­rran para con­te­ner la pan­de­mia. Por supues­to, si las per­so­nas no pue­den tra­ba­jar y las empre­sas no pue­den ven­der, enton­ces los ingre­sos dis­mi­nu­yen y el gas­to se derrum­ba y eso pro­du­ce un «shock de deman­da». De hecho, es el guión de todas las cri­sis capi­ta­lis­tas: comien­zan con una con­trac­ción de la ofer­ta y ter­mi­nan con una caí­da en el con­su­mo, no al revés.

Aquí hay una visión gene­ral (y pre­ci­sa) de la ana­to­mía de las cri­sis.

Algu­nos opti­mis­tas en el mun­do finan­cie­ro argu­men­tan que el shock de COVID-19 en los mer­ca­dos bur­sá­ti­les ter­mi­na­rá como el 19 de octu­bre de 1987. En ese lunes negro, el mer­ca­do bur­sá­til se des­plo­mó muy rápi­da­men­te, inclu­so más que aho­ra, pero en cues­tión de meses vol­vió a subir y se fue arri­ba. El actual secre­ta­rio del Teso­ro de los Esta­dos Uni­dos, Ste­ven Mnu­chin, está segu­ro de que el páni­co finan­cie­ro ter­mi­na­rá como en 1987. «Sabes, recuer­do a las per­so­nas que com­pra­ron accio­nes des­pués del colap­so en 1987, las per­so­nas que com­pra­ron accio­nes des­pués de la cri­sis finan­cie­ra», con­ti­nuó. «Para los inver­so­res a lar­go pla­zo, esta será una gran opor­tu­ni­dad de inver­sión.» «Este es un pro­ble­ma a cor­to pla­zo. Pue­den pasar un par de meses, pero vamos a supe­rar esto y la eco­no­mía será más fuer­te que nun­ca», dijo el secre­ta­rio del Teso­ro.

Los comen­ta­rios de Mnu­chin fue­ron repe­ti­dos por el ase­sor eco­nó­mi­co de la Casa Blan­ca, Larry Kud­low, quien ins­tó a los inver­so­res a capi­ta­li­zar el vaci­lan­te mer­ca­do bur­sá­til por los temo­res del coro­na­vi­rus. «Los inver­so­res a lar­go pla­zo debe­rían pen­sar seria­men­te en com­prar estas gan­gas», des­cri­bien­do el esta­do de la eco­no­mía esta­dou­ni­den­se como «sóli­do». Kud­low real­men­te repi­tió lo mis­mo que dijo solo dos sema­nas antes del colap­so finan­cie­ro glo­bal de sep­tiem­bre de 2008: «para aque­llos de noso­tros que pre­fe­ri­mos mirar hacia ade­lan­te, a tra­vés del para­bri­sas, las pers­pec­ti­vas de los mer­ca­dos de valo­res están mejo­ran­do cada vez más».

El colap­so de 1987 se atri­bu­yó al aumen­to de las hos­ti­li­da­des en el Gol­fo Pér­si­co que lle­vó a un aumen­to en los pre­cios del petró­leo, el temor a tasas de inte­rés más altas, un mer­ca­do alcis­ta de cin­co años sin una correc­ción sig­ni­fi­ca­ti­va y la intro­duc­ción del comer­cio compu­tari­za­do. Pero aun­que la eco­no­mía era fun­da­men­tal­men­te «sana», no duró. De hecho, la ren­ta­bi­li­dad del capi­tal en las prin­ci­pa­les eco­no­mías esta­ba aumen­tan­do y no alcan­zó su pun­to máxi­mo has­ta fines de la déca­da de 1990 (aun­que hubo una caí­da en 1991). Así que 1987 fue lo que Marx lla­mó un «colap­so finan­cie­ro» puro debi­do a la ines­ta­bi­li­dad inhe­ren­te a los mer­ca­dos de capi­tal espe­cu­la­ti­vos.

Pero ese no es el caso en 2020. Esta vez, el colap­so en el mer­ca­do de valo­res será segui­do por una rece­sión eco­nó­mi­ca como en 2008. Por­que, como he argu­men­ta­do en artícu­los ante­rio­res, aho­ra la ren­ta­bi­li­dad del capi­tal es baja y las ganan­cias glo­ba­les son está­ti­cas en el mejor de los casos, inclu­so antes de la erup­ción de COVID-19. El comer­cio y la inver­sión mun­dia­les han esta­do dis­mi­nu­yen­do, no aumen­tan­do. Los pre­cios del petró­leo han colap­sa­do, no subi­do. Y el impac­to eco­nó­mi­co de COVID-19 afec­ta pri­me­ro a la cade­na de sumi­nis­tros, no en los ines­ta­bles mer­ca­dos finan­cie­ros.

¿Cuál será la mag­ni­tud de la rece­sión por venir? Hay un exce­len­te artícu­lo de Pie­rre-Oli­vier Gou­rin­chas que mode­la el impac­to pro­ba­ble. Mues­tra el dia­gra­ma de salud pan­dé­mi­co habi­tual hacien­do las cur­vas. Sin nin­gu­na acción, la pan­de­mia toma la for­ma de la cur­va de la línea roja, lo que lle­va a una gran can­ti­dad de casos y muer­tes. Con la apli­ca­ción de la cua­ren­te­na y el ais­la­mien­to social, el pico de la cur­va (azul) pue­de retra­sar­se y mode­rar­se, inclu­so si la pan­de­mia se pro­lon­ga más tiem­po. Esto supues­ta­men­te redu­ce el rit­mo de la infec­ción y el núme­ro de muer­tes.

La polí­ti­ca de salud públi­ca debe apun­tar a «apla­nar la cur­va» impo­nien­do drás­ti­cas medi­das de dis­tan­cia­mien­to social y pro­mo­vien­do hábi­tos de salud para redu­cir la tasa de transmisión.Actualmente, Ita­lia está siguien­do el enfo­que chino de blo­queo total, inclu­so si pue­de estar cerran­do las puer­tas cuan­do el virus ya se ha dis­pa­ra­do. El Rei­no Uni­do está inten­tan­do un enfo­que muy arries­ga­do de auto­a­is­la­mien­to de las per­so­nas vul­ne­ra­bles y per­mi­tien­do que los jóve­nes y los sanos se infec­ten para desa­rro­llar la lla­ma­da «inmu­ni­dad colec­ti­va» y evi­tar que el sis­te­ma de salud se vea abru­ma­do. Este enfo­que impli­ca bási­ca­men­te des­car­tar a los vie­jos y vul­ne­ra­bles por­que van a morir de todos modos si se infec­tan y evi­tar un blo­queo total que daña­ría la eco­no­mía (y las ganan­cias). El enfo­que de los Esta­dos Uni­dos con­sis­te bási­ca­men­te en no hacer nada: no rea­li­zar prue­bas masi­vas, no auto­ais­lar­se, no can­ce­lar even­tos públi­cos; solo espe­rar que la gen­te se enfer­me y lue­go lidiar con los casos mas gra­ves.

Podría­mos lla­mar a este últi­mo enfo­que la res­pues­ta mal­thu­sia­na. El más reac­cio­na­rio de los eco­no­mis­tas clá­si­cos a prin­ci­pios del siglo XIX fue el reve­ren­do Tho­mas Mal­thus, quien argu­men­tó que había dema­sia­das per­so­nas pobres «impro­duc­ti­vas» en el mun­do, por lo que las pla­gas y enfer­me­da­des regu­la­res eran nece­sa­rias e inevi­ta­bles para hacer que las eco­no­mías fue­ran más pro­duc­ti­vas.

El perio­dis­ta con­ser­va­dor bri­tá­ni­co Jeremy War­ner ha defen­di­do lo mis­mo para la pan­de­mia de Covid-19 que «prin­ci­pal­men­te mata a los ancia­nos». «Para sim­pli­fi­car, des­de una pers­pec­ti­va eco­nó­mi­ca com­ple­ta­men­te desin­te­re­sa­da, el COVID-19 podría inclu­so resul­tar leve­men­te bene­fi­cio­so a lar­go pla­zo al eli­mi­nar des­pro­por­cio­na­da­men­te a los depen­dien­tes mayo­res.» Y res­pon­de a las crí­ti­cas: «Obvia­men­te, para los afec­ta­dos es una tra­ge­dia huma­na cual­quie­ra sea la edad, pero esta es un artícu­lo sobre eco­no­mía, no la suma de las mise­rias huma­nas». De hecho, por eso Marx lla­mó «la filo­so­fía de la mise­ria» a la eco­no­mía de prin­ci­pios del siglo XIX.

La razón por la cual los gobier­nos de Esta­dos Uni­dos. Y Gran Bre­ta­ña no impon­drán (toda­vía) medi­das dra­co­nia­nas, como even­tual­men­te en Chi­na y aho­ra en Ita­lia (tar­día­men­te) y en otros luga­res, es por­que inevi­ta­ble­men­te aumen­ta­rá la cur­va de rece­sión macro­eco­nó­mi­ca. Con­si­de­re Chi­na o Ita­lia: aumen­tar las dis­tan­cias socia­les ha reque­ri­do cerrar escue­las, uni­ver­si­da­des, la mayo­ría de las empre­sas no esen­cia­les y pedir a la mayo­ría de la pobla­ción en edad labo­ral que se que­de en casa. Si bien algu­nas per­so­nas pue­den tra­ba­jar des­de casa, esto sigue sien­do una peque­ña frac­ción de la fuer­za labo­ral en gene­ral. Inclu­so si tra­ba­jar des­de casa es una opción, la inte­rrup­ción a cor­to pla­zo del tra­ba­jo y las ruti­nas fami­lia­res es impor­tan­te y pue­de afec­tar a la pro­duc­ti­vi­dad. En resu­men, la mejor polí­ti­ca de salud públi­ca hun­de a la eco­no­mía en una para­da repen­ti­na. Un shock de ofer­ta.

El daño eco­nó­mi­co sería con­si­de­ra­ble. Gou­rin­chas inten­ta mode­lar el impac­to. Supo­ne que, en rela­ción con una línea de base, las medi­das de con­ten­ción redu­cen la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca en un 50% duran­te un mes y un 25% duran­te otro mes, des­pués de lo cual la eco­no­mía vuel­ve a la línea de base. «Ese esce­na­rio aún daría un gol­pe masi­vo a las prin­ci­pa­les cifras del PIB, con una dis­mi­nu­ción del cre­ci­mien­to de la pro­duc­ción anual del orden del 6,5% en rela­ción con el año ante­rior. ¡Extien­da el cie­rre un 25% solo otro mes y la dis­mi­nu­ción en el cre­ci­mien­to de la pro­duc­ción anual (en rela­ción con el año ante­rior) alcan­za­ría casi el 10%!» Como pun­to de com­pa­ra­ción, la dis­mi­nu­ción en el cre­ci­mien­to de la pro­duc­ción en los Esta­dos Uni­dos duran­te la «Gran Rece­sión» de 2008 – 2009 fue de alre­de­dor del 4,5%. Gou­rin­chas con­clu­ye que «esta­mos a pun­to de pre­sen­ciar una rece­sión que podría supe­rar a la Gran Rece­sión».

En el pico de la Gran Rece­sión, la eco­no­mía de los Esta­dos Uni­dos des­truía empleos a razón de 800.000 tra­ba­ja­do­res por mes, pero la gran mayo­ría de las per­so­nas toda­vía esta­ban emplea­das y tra­ba­jan­do. La tasa de des­em­pleo alcan­zó su pun­to máxi­mo en «solo» un 10%. Por el con­tra­rio, el coro­na­vi­rus está crean­do una situa­ción en la que, duran­te un bre­ve perío­do de tiem­po, es posi­ble que el 50% o más de las per­so­nas no pue­dan tra­ba­jar. El impac­to en la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca es com­pa­ra­ti­va­men­te mucho mayor.

El resul­ta­do es que la eco­no­mía, como el sis­te­ma de salud, enfren­ta el pro­ble­ma de cómo «apla­nar la cur­va». La cur­va roja tra­za la pro­duc­ción per­di­da duran­te una rece­sión agu­da e inten­sa, ampli­fi­ca­da por las deci­sio­nes eco­nó­mi­cas de millo­nes de agen­tes eco­nó­mi­cos que inten­tan pro­te­ger­se redu­cien­do el gas­to, pos­po­nien­do la inver­sión, recor­tan­do el cré­di­to y, en gene­ral, con­tra­yén­do­se.

¿Qué hacer para apla­nar la cur­va? Los ban­cos cen­tra­les pue­den y están pro­por­cio­nan­do liqui­dez de emer­gen­cia al sec­tor finan­cie­ro. Los gobier­nos pue­den imple­men­tar medi­das fis­ca­les espe­cí­fi­cas dis­cre­cio­na­les o pro­gra­mas más amplios para apo­yar la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca. Estas medi­das podrían ayu­dar a «apla­nar la cur­va eco­nó­mi­ca», es decir, limi­tar las pér­di­das eco­nó­mi­cas, como en la cur­va azul, al man­te­ner a los tra­ba­ja­do­res remu­ne­ra­dos y emplea­dos para que pue­dan pagar las fac­tu­ras o retra­sar­las o can­ce­lar­las por un perío­do. Las peque­ñas empre­sas podrían ser finan­cia­das para resis­tir la tor­men­ta y los ban­cos res­ca­ta­dos, como en la Gran Rece­sión.

Pero sigue habien­do un alto ries­go de una cri­sis finan­cie­ra. En los Esta­dos Uni­dos, la deu­da cor­po­ra­ti­va ha aumen­ta­do y se con­cen­tra en bonos emi­ti­dos por las com­pa­ñías más débi­les (BBB o infe­rior).

Y el sec­tor ener­gé­ti­co está sien­do gol­pea­do por par­ti­da doble por­que los pre­cios del petró­leo se han des­plo­ma­do. Las pri­mas de ries­go de bonos (el cos­to de los prés­ta­mos) se han dis­pa­ra­do en los sec­to­res de ener­gía y trans­por­te.

La fle­xi­bi­li­dad mone­ta­ria cier­ta­men­te no será sufi­cien­te para apla­nar la cur­va. Las tasas de inte­rés del ban­co cen­tral ya están cer­ca, en o por deba­jo de cero. Y las enor­mes inyec­cio­nes de cré­di­to o dine­ro en el sis­te­ma ban­ca­rio ten­drán un efec­to a con­tra­pe­lo muy limi­ta­do sobre la pro­duc­ción y la inver­sión. El finan­cia­mien­to bara­to no ace­le­ra­rá la cade­na de sumi­nis­tro ni hará que la gen­te quie­ra via­jar de nue­vo. Tam­po­co ayu­da­rá a las ganan­cias cor­po­ra­ti­vas si los clien­tes no gas­tan.

La prin­ci­pal miti­ga­ción eco­nó­mi­ca ten­drá que venir de la polí­ti­ca fis­cal. Las agen­cias inter­na­cio­na­les como el FMI y el Ban­co Mun­dial han ofre­ci­do 50 mil millo­nes de dóla­res. Los gobier­nos nacio­na­les están ya lan­zan­do varios pro­gra­mas de estí­mu­lo fis­cal. El gobierno del Rei­no Uni­do anun­ció un gran gas­to en su últi­mo pre­su­pues­to y el Con­gre­so de los Esta­dos Uni­dos acor­dó un paque­te de gas­to de emer­gen­cia.

Pero, ¿será sufi­cien­te para apla­nar la cur­va si dos meses de cie­rres recor­tan la mayo­ría de las eco­no­mías en un asom­bro­so 10%? Nin­guno de los paque­tes fis­ca­les actua­les se acer­ca al 10% del PIB. De hecho, en la Gran Rece­sión, solo Chi­na inyec­tó tal can­ti­dad. Las pro­pues­tas del gobierno del Rei­no Uni­do ascien­den a solo el 1,5% del PIB como máxi­mo, mien­tras que las de Ita­lia son del 1,4% y las de Esta­dos Uni­dos de menos del 1%.

Exis­te la posi­bi­li­dad de que a fines de abril haya­mos vis­to un pico en el núme­ro total glo­bal de casos y empie­ce a dis­mi­nuir. Eso es lo que los gobier­nos espe­ran y pla­nean. Si ocu­rre ese esce­na­rio opti­mis­ta, el coro­na­vi­rus no des­apa­re­ce­rá. Se con­ver­ti­rá en otro pató­geno simi­lar a la gri­pe (del que sabe­mos poco) que nos afec­ta­rá cada año como sus pre­de­ce­so­res. Pero inclu­so dos meses de cie­rres pro­vo­ca­rán gra­ves daños eco­nó­mi­cos. Y los paque­tes de estí­mu­lo mone­ta­rio y fis­cal pla­nea­dos no van a evi­tar una cri­sis pro­fun­da, inclu­so si redu­cen la «cur­va» en cier­ta medi­da. Lo peor está por venir.

Michael Roberts, reco­no­ci­do eco­no­mis­ta mar­xis­ta bri­tá­ni­co, que ha tra­ba­ja­dor trein­ta años en la City lon­di­nen­se como ana­lis­ta eco­nó­mi­co y publi­ca el blog The Next Reces­sion.

20 de mar­zo de 2020

Fuen­te: https://​the​nex​tre​ces​sion​.word​press​.com/​2​0​2​0​/​0​3​/​1​5​/​i​t​-​w​a​s​-​t​h​e​-​v​i​r​u​s​-​t​h​a​t​-​d​i​d​-​it/

Tra­duc­ción: G. Bus­ter

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