Ale­jan­dro, te vamos a extra­ñar

Pablo Yanes /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​22 de mar­zo de 2020

El mar­tes pasa­do murió Ale­jan­dro Nadal, bri­llan­te eco­no­mis­ta crí­ti­co cuyas colum­nas de todos los miér­co­les en La Jor­na­da, sis­te­má­ti­ca­men­te repro­du­ci­das en la edi­ción domi­ni­cal de Sin Per­mi­so, cons­ti­tuían un pun­to de refe­ren­cia para la com­pren­sión a pro­fun­di­dad de los más diver­sos acon­te­ci­mien­tos, siem­pre des­de una mira­da que supo com­bi­nar el rigor teó­ri­co, el sen­ti­do de opor­tu­ni­dad y la bue­na plu­ma.

Aun más, los tra­ba­jos de Ale­jan­dro Nadal sabían des­en­tra­ñar en los hechos recien­tes, en las noti­cias del día, las raí­ces estruc­tu­ra­les, la evo­lu­ción his­tó­ri­ca y los supues­tos teó­ri­cos en que se sus­ten­ta­ban. Sabía, como decían los clá­si­cos, ir con sol­tu­ra y flui­dez de la esen­cia a la apa­ren­cia, de lo abs­trac­to a lo con­cre­to y a la inver­sa. Siem­pre supo ver la estruc­tu­ra en la coyun­tu­ra.

Publi­có su colum­na de mane­ra inin­te­rrum­pi­da por alre­de­dor de 30 años para ali­men­tar el deba­te, enri­que­cer la agen­da públi­ca e ilu­mi­nar aspec­tos que para la mayo­ría de noso­tros podían pasar des­aper­ci­bi­dos.

Entre las muchas vir­tu­des de sus tra­ba­jos qui­sie­ra des­ta­car algu­nas.

Fue un agu­do pole­mis­ta cuyo cono­ci­mien­to de las posi­cio­nes teó­ri­cas que obje­ta­ba, de mane­ra des­ta­ca­da el pen­sa­mien­to neo­clá­si­co, cono­cía a pro­fun­di­dad y con rigor. Su cono­ci­mien­to de las diver­sas corrien­tes teó­ri­cas de la dis­ci­pli­na eco­nó­mi­ca (mar­xis­ta, key­ne­sia­na, pos­key­ne­sia­na, neo­clá­si­ca) era nota­ble y por ello per­mi­tía un deba­te de altu­ra, infor­ma­do, racio­nal y, al mis­mo tiem­po, vigo­ro­so y com­pro­me­ti­do.

Nun­ca se limi­tó a la crí­ti­ca de las polí­ti­cas sino que lla­mó la aten­ción sobre la rele­van­cia de des­en­tra­ñar los supues­tos teó­ri­cos en los que se basa­ban y, supues­ta­men­te, sus­ten­ta­ban. No se cons­tri­ñó a con­si­de­rar erró­neas y noci­vas cier­tas polí­ti­cas, sino que se empe­ñó en ir más allá y mos­trar así los erro­res y fala­cias de las teo­rías que les daban sopor­te. No sólo nos dijo en muchas oca­sio­nes que el rey esta­ba des­nu­do, sino que tam­bién lo esta­ban las polí­ti­cas, dis­cur­sos y narra­ti­vas que lo jus­ti­fi­ca­ban, acom­pa­ña­ban y bar­ni­za­ban.

Ale­jan­dro Nadal fue un inno­va­dor. Nun­ca con­si­de­ró a la dis­ci­pli­na eco­nó­mi­ca como un cor­pus cerra­do, un decá­lo­go o un dog­ma, empe­zan­do con la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca, posi­ción a la que era más cer­cano y afín y por ello mis­mo cues­tio­na­dor y refle­xi­vo. No solo for­mu­ló crí­ti­cas poten­tes a los supues­tos de la teo­ría del equi­li­brio gene­ral, crí­ti­ca cuya per­ti­nen­cia es hoy más que evi­den­te, sino que colo­có en la mesa de deba­tes asun­tos de gran rele­van­cia que ponen de cabe­za supues­tos asu­mi­dos en el pen­sa­mien­to iner­cial, tales como la rela­ción entre aho­rro e inver­sión, o entre depó­si­tos y cré­di­tos; en los últi­mos años dedi­có bue­na par­te de su esfuer­zo a la cons­truc­ción de una teo­ría del dine­ro endó­geno que obli­ga a repen­sar el papel de los ban­cos cen­tra­les y de los supues­tos con­ven­cio­na­les sobre la ofer­ta mone­ta­ria.

Ade­más, pero no menos rele­van­te, hizo apor­ta­cio­nes de pri­me­ra línea sobre polí­ti­cas de inno­va­ción y cam­bio tec­no­ló­gi­co y su papel en los pro­ce­sos de acu­mu­la­ción. Asi­mis­mo, muy pocos eco­no­mis­tas pue­den exhi­bir refle­xio­nes tan sis­te­má­ti­cas y auda­ces sobre eco­no­mía y sus­ten­ta­bi­li­dad. Su com­pro­mi­so con la sus­ten­ta­bi­li­dad lo lle­vó a ser con­si­de­ra­do un espe­cia­lis­ta en temas como el trá­fi­co ile­gal de mar­fil o de espe­cies sil­ves­tres. Sus con­tri­bu­cio­nes a la eco­no­mía polí­ti­ca del calen­ta­mien­to glo­bal deben ser toma­das en cuen­ta de mane­ra muy seria en estos momen­tos que se impo­ne la nece­si­dad de un deba­te pro­fun­do y rigu­ro­so sobre esti­los de desa­rro­llo, así como la urgen­cia de rede­fi­nir las reglas de jue­go a esca­la glo­bal para cons­truir socie­da­des igua­li­ta­rias y sus­ten­ta­bles.

No es por ello casual que el últi­mo artícu­lo de Ale­jan­dro Nadal, escri­to des­de el hos­pi­tal, fue­ra pre­ci­sa­men­te sobre el coro­na­vi­rus y la cri­sis glo­bal del capi­ta­lis­mo, en la que nos adver­tía que el COVID19 era el dis­pa­ra­dor de un pro­ce­so mucho más pro­fun­do y estruc­tu­ral que ya se venía anun­cian­do en los años pre­ce­den­tes.

En tiem­pos recien­tes tuvi­mos una cola­bo­ra­ción estre­cha con Ale­jan­dro Nadal y nos dejó lis­tos para publi­ca­ción dos tra­ba­jos que pró­xi­ma­men­te verán la luz, uno, sobre las res­tric­cio­nes macro­eco­nó­mi­cas al cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co de Méxi­co y otro sobre las orien­ta­cio­nes macro­eco­nó­mi­cas para alcan­zar la sus­ten­ta­bi­li­dad del desa­rro­llo. Ser­vi­rán como un mere­ci­do home­na­je a su memo­ria.

Tuve la opor­tu­ni­dad de con­ver­sar por telé­fono con Ale­jan­dro diez días antes de su falle­ci­mien­to. Pla­ti­ca­mos sobre posi­bles pro­yec­tos futu­ros. Me alec­cio­nó la ente­re­za y sere­ni­dad, humor y cla­ri­dad con la que sobre­lle­va­ba la enfer­me­dad y cómo man­tu­vo has­ta el últi­mo momen­to el opti­mis­mo de la volun­tad.

Sin duda, Ale­jan­dro, hará fal­ta tu cabe­za para refle­xio­nar en estos momen­tos tan com­ple­jos e incier­tos y tu gene­ro­si­dad y cali­dad huma­na para com­par­tir tus hallaz­gos y preo­cu­pa­cio­nes. Te vamos a extra­ñar, y mucho.

Pablo Yanes , Coor­di­na­dor de inves­ti­ga­cio­nes de la sede subre­gio­nal de la CEPAL en Méxi­co. Las opi­nio­nes aquí expre­sa­das pue­den ser no coin­ci­den­tes con las del Sis­te­ma de Nacio­nes Uni­das

SP*

Itu­rria /​Fuen­te

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