Pales­ti­na. Israel enve­ne­na sis­te­má­ti­ca­men­te a un millón de meno­res pales­ti­nos

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​20 de mar­zo de 2020 –

Hace seis meses seis aldeas pales­ti­nas tenían agua corrien­te. El ejér­ci­to de Israel, “el más moral del mun­do”, puso fin a esa situa­ción.

Si desea saber de qué se tra­ta la caza de bru­jas del IHRA (Alian­za Inter­na­cio­nal para el Recuer­do del Holo­caus­to) y el anti­se­mi­tis­mo del par­ti­do Labo­ris­ta, enton­ces lea los tres artícu­los siguien­tes. La vida huma­na no es posi­ble sin agua y es por eso que Israel está ponien­do las mayo­res difi­cul­ta­des posi­bles para que los pales­ti­nos ten­gan acce­so direc­to a agua lim­pia y corrien­te. La inten­ción detrás del enve­ne­na­mien­to de las fuen­tes de agua pales­ti­nas, el robo del agua de sus acuí­fe­ros y la des­truc­ción de las tube­rías de agua que per­mi­ten la trans­mi­sión del agua es sim­ple: el tras­va­se a los judíos.

La male­vo­len­cia de Israel para que los pales­ti­nos no obten­gan agua, de modo que se vean obli­ga­dos a pagar­la, tie­ne por fina­li­dad la lim­pie­za étni­ca. Pero si te atre­ves a decir esto Jon Lans­man, Owen Jones y Jen­nie Formby te lla­ma­rán «anti­se­mi­ta». Es lo que se lla­ma una “excu­sa».

La defi­ni­ción falli­da de IHRA de «anti­se­mi­tis­mo» da una expli­ca­ción de «anti­se­mi­tis­mo»:

“Hacer acu­sa­cio­nes men­da­ces, des­hu­ma­ni­za­do­ras, demo­ni­za­das o este­reo­ti­pa­das sobre los judíos como tales o al poder de los judíos como colec­ti­vo como ‑espe­cial­men­te pero no exclu­si­va­men­te- el mito de una cons­pi­ra­ción judía mun­dial o de judíos que con­tro­lan los medios, la eco­no­mía, el Gobierno u otras ins­ti­tu­cio­nes socia­les”.

Pai­sa­je lunar de Gaza des­pués del bom­bar­deo israe­lí

Uno de estos «mitos este­reo­tí­pi­cos» sobre los judíos es que en la épo­ca medie­val enve­ne­na­ron los pozos de los no judíos. Según Wiki­pe­dia, «fue una de las tres acu­sa­cio­nes anti­se­mi­tas más gra­ves hechas con­tra los judíos duran­te ese perío­do«.

No hay duda de que las acu­sa­cio­nes hechas con­tra los judíos en la Edad Media care­cían de fun­da­men­to. Fue pro­duc­to de la supers­ti­ción, el anti­se­mi­tis­mo cris­tiano y la nece­si­dad de un chi­vo expia­to­rio para expli­car, por ejem­plo, la pes­te negra.

Las acu­sa­cio­nes pales­ti­nas de robo de agua y enve­ne­na­mien­to son tra­ta­das de “anti­se­mi­tas” por el dere­chis­ta Jeru­sa­lem Post de Israel debi­do a fal­sas acu­sa­cio­nes con­tra judíos en la Edad Media

Sin embar­go Israel no es un judío. Es un Esta­do colo­nial, “judío” solo en la medi­da en que los judíos tie­nen pri­vi­le­gios. Tam­bién es un hecho docu­men­ta­do que Israel enve­ne­na pozospales­ti­nos, agua y tie­rras de cul­ti­vo.

En febre­ro de 2015, el enton­ces Teso­re­ro de la Jun­ta de Dipu­tados, Lau­ren­ce Brass, vio un auto­mó­vil oxi­da­do que los colo­nos habían empu­ja­do a un pozo pales­tino. Según el IHRA, Lau­ren­ce Brass es anti­se­mi­ta, ¡por infor­mar de lo que vio!

Brass, que había hecho un via­je a Cis­jor­da­nia, vio cosas que lo sor­pren­die­ron. Sin embar­go fue cri­ti­ca­do cruel y amar­ga­men­te por haber habla­do.

Brass es un sio­nis­ta libe­ral, miem­bro de Yachad con una casa en Israel. No es de izquier­das, sin embar­go lo que des­cri­bió debe­ría haber lle­ga­do a la Jun­ta como pro­tes­ta en caso de haber teni­do algún sen­ti­do de éti­ca y valo­res, en lugar de ver su papel como Socie­dad de Soli­da­ri­dad Israe­lí. En cam­bio, Brass se vio obli­ga­do a renun­ciar.

Como demos­tró el caso de Lau­ran­ce Brass, no pue­de opo­ner­se al tra­to racis­ta de Israel a los pales­ti­nos y seguir sien­do un fun­cio­na­rio de la Jun­ta de Dipu­tados.

Brass des­cri­bió al Jewish Chro­ni­cle en un artícu­lo, el teso­re­ro de la Jun­ta de Dipu­tados “sor­pren­di­do” por la visi­ta a Cis­jor­da­nia,  su expe­rien­cia en Susi­ya:

“El por­ta­voz de la aldea nos dijo que esta­ba muy preo­cu­pa­do ante la posi­bi­li­dad de que los colo­nos ata­ca­ran a los niños pales­ti­nos loca­les en su camino a la escue­la.

«Ape­nas 48 horas des­pués de que nos fué­se­mos, una niña de seis años de la aldea veci­na de Atu­wa­ni fue ingre­sa­da en el hos­pi­tal con heri­das en la cabe­za des­pués de ser lapi­da­da en su camino a la escue­la, tal como nos habían adver­ti­do.

«Me sor­pren­dió que este tipo de com­por­ta­mien­to no sea con­tro­la­do por las FDI».

Brass agre­gó que el recuer­do per­ma­nen­te de su visi­ta sería «la vis­ta de un vie­jo auto oxi­da­do arro­ja­do al pozo del pue­blo, evi­tan­do así que los luga­re­ños ten­gan agua dul­ce».

“Tam­po­co sabía ante­rior­men­te que, en la mayo­ría de las seña­les de trá­fi­co en el área, las pala­bras en ára­be se han borra­do deli­be­ra­da­men­te. Tam­po­co había apre­cia­do pre­via­men­te el núme­ro cada vez mayor de pues­tos de avan­za­da de colo­nos que han sur­gi­do en toda el Área C, que, aun­que es ile­gal, nadie pare­ce dis­pues­to a evi­tar­lo”.

Brass dijo:

“La exis­ten­cia mise­ra­ble de los aldea­nos pales­ti­nos que cono­ci­mos per­ma­ne­ce­rá con­mi­go por mucho tiem­po. Era difí­cil con­ci­liar que está­ba­mos cele­bran­do el fes­ti­val de la liber­tad mien­tras aque­llos aldea­nos sobre­vi­vían en un entorno tan mise­ra­ble. Regre­sé muy depri­mi­do».

Sin embar­go el lobby de Israel, per­so­nas que como Luke Akehurst, reci­ben gran­des sala­rios, defien­den este com­por­ta­mien­to. Su argu­men­to es que es «ile­gal» cons­truir tube­rías de agua. Es extra­ño que no se pro­ce­se a los colo­nos judíos. ¡Más extra­ño aún, el ejér­ci­to israe­lí nun­ca entró en un asen­ta­mien­to y des­tru­yó sus tube­rías de agua!

Los pro­pa­gan­dis­tas sio­nis­tas como Gerald Stein­berg  de la ONG semi­fas­cis­ta Moni­tor y el exdipu­tado labo­ris­ta Eric Moon­man  ata­ca­ron a Brass por hablar.

Por­que si te atre­ves a men­cio­nar al “Lobby de Israel”, Jen­nie Formby, Lans­man y su fiel por­ta­voz Owen Jones, te acu­sa­rán de “anti­se­mi­tis­mo” como lo hará Nare­ser Osei (nareser.​[email protected]​newham.​gov.​uk ), la des­pre­cia­ble mujer prin­ci­pal caza­do­ra de bru­jas socia­lis­tas y sim­pa­ti­zan­tes pales­ti­nos en la sede de South­si­de del par­ti­do Labo­ris­ta.

Al renun­ciar, Brass dijo:

«En los últi­mos seis años ha habi­do innu­me­ra­bles oca­sio­nes en las que he esta­lla­do para cri­ti­car a la admi­nis­tra­ción israe­lí, pero me he con­te­ni­do.

«Quie­ro estar libe­ra­do de las cade­nas de car­gos para con­tri­buir al deba­te más amplio sobre el Medio Orien­te, así como sobre los pro­ble­mas polí­ti­cos crí­ti­cos que con­si­de­ro impor­tan­tes aquí en casa».

Lle­ga­mos a la situa­ción absur­da, como resul­ta­do de la fal­sa cam­pa­ña de anti­se­mi­tis­mo, ¡de que algo podría ser anti­se­mi­ta inclu­so si es ver­dad! La idea de que el anti­se­mi­tis­mo se basa en la ver­dad es en sí mis­ma anti­se­mi­ta, pero esa es la situa­ción en la que la adop­ción del IHRA ha lle­va­do al Par­ti­do Labo­ris­ta.

Una exca­va­do­ra israe­lí se dedi­ca a des­truir la infra­es­truc­tu­ra del agua: esta es la razón por la cual el ejér­ci­to de Israel es “el más moral del mun­do”

Des­truc­ción de la infra­es­truc­tu­ra pales­ti­na del agua

¿Qué posi­ble razón podría haber para que las fuer­zas israe­líes lle­guen uti­li­zan­do la fuer­za, con equi­pos de exca­va­ción, a la aldea de Tuwa­ni en las coli­nas del sur de Hebrón, para des­en­te­rrar tube­rías finan­cia­das por la Unión Euro­pea que se han ten­di­do para sumi­nis­trar agua a seis aldeas y más de mil per­so­nas?

Si desea saber por qué Israel es un Esta­do de apartheid, enton­ces todo lo que nece­si­ta hacer es con­tras­tar las colo­nias con su sumi­nis­tro ili­mi­ta­do de agua (roba­da) con la esca­sez de agua que expe­ri­men­tan las comu­ni­da­des pales­ti­nas.

De esto se tra­ta real­men­te la cam­pa­ña de anti­se­mi­tis­mo de la Jun­ta de Dipu­tados. Des­pués de todo la sec­ción 3 (era) de la Cons­ti­tu­ción de la Jun­ta en sus Obje­ti­vos, Pro­pó­si­tos y Poder con­tie­ne la siguien­te cláu­su­la:

“Tome las medi­das apro­pia­das que se encuen­tren den­tro de su poder para pro­mo­ver la segu­ri­dad, el bien­es­tar y la exis­ten­cia de Israel”.

La “preo­cu­pa­ción” de la Jun­ta de Dipu­tados sobre el anti­se­mi­tis­mo es en reali­dad una ocu­pa­ción y defen­sa de Israel de lo correc­to o inco­rrec­to. La Jun­ta nun­ca ha cri­ti­ca­do el racis­mo en Israel y menos aún la ideo­lo­gía sio­nis­ta que lo jus­ti­fi­ca.

Niños pales­ti­nos lle­nan garra­fas de plás­ti­co con agua pota­ble de un ven­de­dor en Khan You­nis. (AP)

Solo hay una pre­gun­ta que uno debe hacer, ¿qué tipo de Esta­do des­arrai­ga­ría y des­trui­ría las tube­rías que lle­van agua lim­pia a una aldea pales­ti­na?

Es una medi­da de la fal­ta de valen­tía de la Unión Euro­pea, que en lugar de asu­mir el cos­to del equi­po que des­tru­ye­ron las sub­ven­cio­nes que le dan a Israel, con­ti­núan defen­dién­do­lo como una «demo­cra­cia».

Sin embar­go debe­mos recor­dar que no solo los pales­ti­nos en los terri­to­rios ocu­pa­dos sufren esca­sez de agua. La mitad de las aldeas ára­bes de Israel están “no reco­no­ci­das” y eso sig­ni­fi­ca que no tie­nen alcan­ta­ri­lla­do ni nin­gún otro tipo de ins­ta­la­ción, inclui­das la elec­tri­ci­dad y el agua corrien­te. ¿Podría pasar esto a una comu­ni­dad judía? Por supues­to que no. Israel es un Esta­do judío y por lo tan­to TODAS las comu­ni­da­des judías son reco­no­ci­das auto­má­ti­ca­men­te.

Este es el tipo de racis­mo vis­ce­ral que el Par­ti­do Labo­ris­ta defien­de hoy en su lucha con­tra el «anti­se­mi­tis­mo».

Tony Greens­tein

Hace seis meses estos pue­blos pales­ti­nos tenían agua corrien­te. Israel aca­bó con eso.

Duran­te seis meses los aldea­nos pales­ti­nos que viven en tie­rras de Cis­jor­da­nia ‑que Israel con­si­de­ra un cam­po de tiro cerra­do- vie­ron su sue­ño de hacer correr el agua. Enton­ces la Admi­nis­tra­ción Civil le puso fin.

El 13 de febre­ro de 2019, las fuer­zas israe­líes lle­ga­ron cer­ca de la aldea de a‑Tuwani en las coli­nas del sur de Hebrón. Las fuer­zas uti­li­za­ron equi­pos de exca­va­ción para des­en­te­rrar y des­truir el tra­mo de tube­ría, que se colo­có solo unos meses atrás y sumi­nis­tró agua a más de 1,000 pales­ti­nos. Los resi­den­tes dicen que, sin el sis­te­ma, «el agua se ha con­ver­ti­do en el mayor gas­to de todas las fami­lias». (Ami­ra Hass, Ha’aretz, 22 feb 2019)

El sue­ño que se hizo reali­dad en for­ma de una línea de agua de dos pul­ga­das, era dema­sia­do bueno para ser reali­dad. Duran­te apro­xi­ma­da­men­te seis meses 12 aldeas pales­ti­nas de Cis­jor­da­nia en las coli­nas del sur de Hebrón dis­fru­ta­ron de agua lim­pia y corrien­te. Eso fue has­ta el 13 de febre­ro, cuan­do lle­gó per­so­nal de la Admi­nis­tra­ción Civil israe­lí, acom­pa­ña­do de sol­da­dos y la Poli­cía de Fron­te­ras y un par de exca­va­do­ras.

Las tro­pas des­en­te­rra­ron las tube­rías, las cor­ta­ron, las par­tie­ron y obser­va­ron los cho­rros de agua que bro­ta­ban. Se des­per­di­cia­ron unos 350 metros cúbi­cos de agua. De una red de 20 kiló­me­tros de lar­go (12 millas), la Admi­nis­tra­ción Civil con­fis­có los res­tos y sec­cio­nes de un total de apro­xi­ma­da­men­te seis kiló­me­tros de tube­rías. Los car­ga­ron en cua­tro camio­nes de basu­ra estam­pa­dos con el nom­bre del subur­bio de Tel Aviv Ramat Gan en ellos.

El tra­ba­jo de demo­li­ción duró seis horas y media. La cons­truc­ción de la red de líneas de agua había lle­va­do unos cua­tro meses. Había sido un cla­ro acto de rebe­lión civil en el espí­ri­tu de Mahat­ma Gandhi y Mar­tin Luther King con­tra una de las prohi­bi­cio­nes más bru­ta­les que Israel impo­ne a las comu­ni­da­des pales­ti­nas en el Área C, la por­ción de Cis­jor­da­nia bajo con­trol israe­lí total. Impi­de que los pales­ti­nos se engan­chen a la infra­es­truc­tu­ra hídri­ca exis­ten­te.

Un poco de his­to­ria

Las cue­vas urba­nas en la región de la aldea Masa­fer Yat­ta al sur de Hebrón y las anti­guas cis­ter­nas uti­li­za­das para reco­ger el agua de llu­via con­fir­man la afir­ma­ción de los resi­den­tes loca­les de que sus aldeas han exis­ti­do duran­te déca­das, mucho antes de la fun­da­ción del Esta­do de Israel. En la déca­da de 1970 Israel decla­ró unos 30.000 dunams (7.500 acres) en el área de tiro 918.

En 1999, en el mar­co de las nego­cia­cio­nes entre Israel y la Auto­ri­dad Pales­ti­na, el ejér­ci­to expul­só a los resi­den­tes de las aldeas y demo­lió sus estruc­tu­ras y cis­ter­nas de agua. El Gobierno afir­mó que los resi­den­tes esta­ban inva­dien­do el cam­po de tiro, a pesar de que estas eran sus tie­rras y habían vivi­do en el área mucho antes de que Israel cap­tu­ra­ra Cis­jor­da­nia.

Cuan­do el asun­to fue lle­va­do ante el Tri­bu­nal Supe­rior de Jus­ti­cia, el tri­bu­nal apro­bó un retorno par­cial a las aldeas, pero no per­mi­tió la cons­truc­ción o cone­xio­nes a la infra­es­truc­tu­ra de ser­vi­cios públi­cos. Los inten­tos de media­ción fra­ca­sa­ron por­que el Esta­do exi­gía que los resi­den­tes aban­do­na­ran sus aldeas, vivie­ran en la ciu­dad cis­jor­da­na de Yat­ta y fue­ran a pas­tar sus reba­ños y tra­ba­jar sus tie­rras solo unos pocos días espe­cí­fi­cos al año.

Pero los resi­den­tes con­ti­nua­ron vivien­do en sus hoga­res, arries­gán­do­se a reda­das mili­ta­res y accio­nes de demo­li­ción, inclui­da la demo­li­ción de ins­ta­la­cio­nes públi­cas como escue­las, clí­ni­cas e inclu­so baños. Renun­cian a mucho para man­te­ner su esti­lo de vida de pas­to­res, pero no pue­den renun­ciar al agua.

«La tem­po­ra­da de llu­vias se ha acor­ta­do mucho en los últi­mos años, a solo unos 45 días al año», expli­có Nidal You­nes, pre­si­den­te del con­se­jo de aldeas Masa­fer Yat­ta. “En el pasa­do, no lle­na­mos inme­dia­ta­men­te las cis­ter­nas con agua de llu­via, lo que per­mi­tía lavar­las y lim­piar­las pri­me­ro. Como la can­ti­dad de llu­via ha dis­mi­nui­do, las per­so­nas alma­ce­na­ron agua de inme­dia­to. Resul­ta que el agua sucia dañó a las ove­jas y al pue­blo».

La gran pie­za ausen­te del plan Kush­ner: el agua

Una razón por la que los pales­ti­nos recha­za­ron rápi­da­men­te el defec­tuo­so plan de paz de Esta­dos Uni­dos fue que no hace nada para abor­dar sus recla­mos por los dere­chos de agua. (Keith John­son, 4 de febre­ro de 2020).

Entre muchos otros aspec­tos pro­ble­má­ti­cos del plan de paz de la admi­nis­tra­ción Trump para Medio Orien­te, una falla evi­den­te es su fal­ta de aten­ción seria a la polé­mi­ca cues­tión de cómo divi­dir los pre­cio­sos recur­sos de agua entre israe­líes y pales­ti­nos.

Una de las muchas razo­nes por las que el lide­raz­go pales­tino des­es­ti­mó la pro­pues­ta fue que incluía una deman­da de los pales­ti­nos de ceder la Cis­jor­da­nia rica en agua y todo el Valle del Jor­dán a Israel.

“Lo que me sor­pren­dió cuan­do miré el plan es lo des­pro­vis­to que esta­ba de un con­tex­to his­tó­ri­co. No hubo reco­no­ci­mien­to de los acuer­dos pasa­dos​que tra­ta­ban sobre el agua o reco­no­ci­mien­to de los pasos que se habían imple­men­ta­do para per­mi­tir el inter­cam­bio de agua, o el reco­no­ci­mien­to de los dere­chos al agua», dijo Eri­ka Weinthal, exper­ta en polí­ti­ca y con­flic­tos por el agua de la Uni­ver­si­dad de Duke.

El acce­so al agua ha sido duran­te déca­das el núcleo del con­flic­to pales­tino israe­lí y de muchas ten­sio­nes regio­na­les en gene­ral. La región ári­da tie­ne sumi­nis­tros limi­ta­dos de agua que tie­nen una deman­da cada vez mayor para la agri­cul­tu­ra y el agua exis­ten­te se com­par­te en gran medi­da a tra­vés de las fron­te­ras nacio­na­les, inclui­do el río Jor­dán y los acuí­fe­ros sub­te­rrá­neos crí­ti­cos en Cis­jor­da­nia y cer­ca de la Fran­ja de Gaza.

Esa geo­lo­gía y geo­gra­fía ayu­dan a expli­car por qué los con­flic­tos por el agua han esta­do detrás de muchos de los enfren­ta­mien­tos más agu­dos de la región duran­te siglos, e inclu­so mile­nios, des­de la épo­ca en que los bíbli­cos Isaac y los filis­teos lucha­ron por el acce­so a los pozos de agua. Más recien­te­men­te el expri­mer minis­tro israe­lí Ariel Sha­ron cul­pó al agua de pro­vo­car la Gue­rra de los Seis Días en 1967.

Des­de 1967 el agua ha segui­do sien­do un aspec­to alta­men­te irri­tan­te en el con­flic­to pales­tino israe­lí, en par­te por­que Israel hizo del con­trol del acce­so al agua una pie­dra angu­lar de su enfo­que hacia los pales­ti­nos. Para los pales­ti­nos en Cis­jor­da­nia el acce­so al agua está abso­lu­ta­men­te limi­ta­do, con impac­tos catas­tró­fi­cos en los agri­cul­to­res, cuyos cam­pos de agua de llu­via pro­du­cen cose­chas más peque­ñas y menos valio­sas que los exu­be­ran­tes cam­pos de sus veci­nos ricos en agua. En la Fran­ja de Gaza la situa­ción es real­men­te gra­ve: más del 90 por cien­to del agua no es apta para el con­su­mo humano y el úni­co acuí­fe­ro está sien­do inva­di­do por agua de mar.

«El agua siem­pre se men­cio­na como uno de los temas cen­tra­les del con­flic­to, no tan alto como Jeru­sa­lén o la cues­tión de los refu­gia­dos, pero siem­pre ha sido uno de los temas cen­tra­les», dijo Cli­ve Lip­chin, direc­tor del Cen­tro de Ges­tión de Aguas Trans­fron­te­ri­zas del Ins­ti­tu­to Ara­va de Estu­dios Ambien­ta­les en Israel.

Por lo tan­to, es extra­ño que no haya una dis­cu­sión real de cómo com­par­tir los recur­sos hídri­cos entre Israel y los pales­ti­nos en el plan pro­pues­to el mes pasa­do por Jared Kush­ner, el yerno del pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos Donald Trump. (Aun­que dado que Kush­ner se negó deli­be­ra­da­men­te a dis­cu­tir algo de la his­to­ria de la región mien­tras tra­ba­ja­ba en el plan, pue­de que no sea tan sor­pren­den­te). El agua fue el ter­ce­ro de los sie­te pila­res prin­ci­pa­les del acuer­do de paz de 1994 entre Israel y Jor­da­nia, y el agua fue un par­te cen­tral de los Acuer­dos de Oslo de 1995, lo más cer­ca que las dos par­tes han lle­ga­do a fina­li­zar un acuer­do que, even­tual­men­te, vería la crea­ción de un Esta­do pales­tino.

En con­tras­te al agua se le asig­nó un solo párra­fo en el plan de Kush­ner, jus­to des­pués de los pla­nes para cons­truir un com­ple­jo turís­ti­co en el Mar Muer­to. Déca­das de peleas amar­gas sobre quién debe­ría tener acce­so a cuán­ta agua, y años de uso del agua por par­te de Israel como una herra­mien­ta para refor­zar la via­bi­li­dad de sus asen­ta­mien­tos en Cis­jor­da­nia mien­tras estran­gu­lan a los agri­cul­to­res pales­ti­nos, se des­car­ta­ron en el plan de la Casa Blan­ca: «Las par­tes tra­ba­ja­rán jun­tas de bue­na fe para ges­tio­nar los deta­lles con res­pec­to a los pro­ble­mas de tra­ta­mien­to de aguas y aguas resi­dua­les«.

El res­to de los acuer­dos rela­cio­na­dos con los dere­chos al agua y su asig­na­ción en los Acuer­dos de Oslo siguen vigen­tes has­ta el día de hoy. Pero el agua sigue sien­do un tema can­den­te entre israe­líes y pales­ti­nos por dos gran­des razo­nes.

La pri­me­ra, los com­pro­mi­sos de Oslo en el papel con res­pec­to al acce­so de los pales­ti­nos al agua nun­ca fue­ron con­su­ma­dos en el espe­ra­do acuer­do final. Eso ha deja­do a Israel con el con­trol final del acce­so al agua de los pales­ti­nos, ya sea des­de el valle del Jor­dán o des­de el abun­dan­te acuí­fe­ro de la mon­ta­ña. Los nue­vos pozos pales­ti­nos, por ejem­plo, los sis­te­mas de rie­go o las plan­tas de aguas resi­dua­les requie­ren la apro­ba­ción israe­lí, que casi nun­ca lle­ga, dejan­do la infra­es­truc­tu­ra hídri­ca de los pales­ti­nos lamen­ta­ble­men­te sub­de­sa­rro­lla­da en com­pa­ra­ción con la de sus veci­nos colo­nos. Según algu­nas esti­ma­cio­nes, los israe­líes usan más del 80 por cien­to del agua en Cis­jor­da­nia, dejan­do solo una frac­ción para los pales­ti­nos. [En otras pala­bras, los colo­nos, que repre­sen­tan el 20% de la pobla­ción, usan el 80% del agua – TG]

En segun­do lugar, la cri­sis del agua solo se ha agu­di­za­do en los 25 años des­de que se fir­ma­ron los acuer­dos de Oslo. La pobla­ción pales­ti­na ha cre­ci­do y con ella la deman­da de agua, mien­tras que las asig­na­cio­nes israe­líes de dere­chos de agua acor­da­das en la déca­da de 1990 ape­nas han cam­bia­do, seña­ló Lip­chin.

Es por eso que la pro­pues­ta de la Admi­nis­tra­ción de Trump, que habla mucho de inyec­tar a la eco­no­mía pales­ti­na a tra­vés de la inver­sión inter­na­cio­nal y la crea­ción de zonas manu­fac­tu­re­ras de alta tec­no­lo­gía, es dis­cor­dan­te para muchos exper­tos. No tie­ne en cuen­ta los requi­si­tos fun­da­men­ta­les que los pales­ti­nos en Gaza nece­si­tan sim­ple­men­te para encon­trar agua lim­pia para beber y bañar­se o que los agri­cul­to­res de Cis­jor­da­nia nece­si­tan regar los cul­ti­vos que podrían pro­por­cio­nar sus­ten­to.

Si se imple­men­ta­ra algu­na ver­sión de la pro­pues­ta de Trump, inclui­da la ane­xión de Israel de todo el valle del río Jor­dán, esas des­igual­da­des en el agua solo cre­ce­rían. Weinthal ha escri­to ante­rior­men­te sobre el agua-segu­ro, don­de Israel con­tro­la el acce­so al recur­so vital para refor­zar su pro­pia segu­ri­dad y debi­li­tar la de las comu­ni­da­des pales­ti­nas.

«Este es un plan que con­ti­núa igno­ran­do cual­quier for­ma de diplo­ma­cia efec­ti­va, man­te­nien­do el agua y la infra­es­truc­tu­ra como rehe­nes del con­flic­to en lugar de prio­ri­zar las nece­si­da­des huma­nas bási­cas de la pobla­ción pales­ti­na», dijo. «Final­men­te, el agua es una nece­si­dad huma­na bási­ca y un dere­cho humano bási­co que no debe ser rehén del con­flic­to o que prio­ri­za a una de las par­tes».

¿Podría la tec­no­lo­gía res­ca­tar y poner fin a la anti­gua lucha por los pozos y el agua? En los últi­mos años Israel ha dado gran­des pasos para refor­zar su pro­pia segu­ri­dad hídri­ca gra­cias a las gran­des inver­sio­nes en plan­tas de desa­li­ni­za­ción, que con­vier­ten el agua de mar del Medi­te­rrá­neo en otra fuen­te de agua dul­ce. El plan de Trump tam­bién habla de nue­vas gran­des inver­sio­nes de ambas par­tes en plan­tas de desa­li­ni­za­ción que podrían pro­por­cio­nar amplios sumi­nis­tros de agua con el obje­ti­vo, tal vez, de esqui­var la lucha por los valio­sos recur­sos de agua sub­te­rrá­nea y eli­mi­nar uno de los obs­tácu­los para un acuer­do final.

Lip­chin, del Ins­ti­tu­to Ara­va, no lo acep­ta. Dijo:

«La desa­li­ni­za­ción nun­ca eli­mi­na­rá el agua como fuen­te de con­flic­to». Si bien es un hecho que en Israel el agua es mucho más segu­ra debi­do a tec­no­lo­gías que inclu­yen la desa­li­ni­za­ción, Israel nun­ca renun­cia­rá a sus dere­chos sobre los recur­sos natu­ra­les, siem­pre ten­drá prio­ri­dad para el agua y siem­pre será con­si­de­ra­do el regu­la­dor en cual­quier cri­sis que pue­da sur­gir».

La visión del plan de una Pales­ti­na prós­pe­ra, pací­fi­ca y flo­re­cien­te ‑inclu­so bajo la tute­la de la segu­ri­dad israe­lí y con poco acce­so al mun­do exte­rior- es difí­cil de esta­ble­cer con un Esta­do futu­ro que segui­rá sien­do total­men­te depen­dien­te de su vecino para acce­der al agua, que es un recla­mo legí­ti­mo, dijo Lip­chin. El agua, tan­to como el con­trol sobre las fron­te­ras y el espa­cio aéreo que tam­bién fal­tan en el plan Trump, es de lo que está hecha la sobe­ra­nía.

«Si estás hablan­do de un esta­do via­ble e inde­pen­dien­te, obvia­men­te nece­si­tas tener con­trol sobre tus recur­sos natu­ra­les», dijo. «¿Qué tipo de Esta­do será este?»

Keith John­son es escri­tor senior en Polí­ti­ca Exte­rior. Twit­ter: @KFJ_FP

Israel está enve­ne­nan­do sis­te­má­ti­ca­men­te a un millón de niños pales­ti­nos

Tra­ba­ja­do­res médi­cos pales­ti­nos atien­den a los niños heri­dos, miem­bros de una fami­lia don­de seis murie­ron en un ata­que aéreo israe­lí en el cen­tro de la Fran­ja de Gaza el 14 de noviem­bre de 2019. (Foto de AFP)

Gaza se ha vuel­to «inha­bi­ta­ble» no debi­do a un desas­tre eco­ló­gi­co o la mala admi­nis­tra­ción pales­ti­na de la tie­rra, sino por­que Israel eli­ge des­truir­la por todos los medios: enve­ne­na­mien­to, ham­bre, enfer­me­dad, pobre­za, negli­gen­cia médi­ca e inva­sión, mien­tras el mun­do per­ma­ne­ce en silen­cio. (Lea esto para ver ejem­plos de atro­ci­da­des, por Robert Inla­kesh)

Aho­ra hemos entra­do en 2020, el año en que los exper­tos de las Nacio­nes Uni­das (ONU) pre­di­je­ron que Gaza se con­ver­ti­ría en un lugar en el sería impo­si­ble vivir. Pero la tris­te reali­dad no solo es que esos mis­mos exper­tos dije­ron que en Gaza ya no se podría vivir en 2017, sino que aho­ra la pobla­ción de dos millo­nes de per­so­nas que resi­de en Gaza está bajo la ame­na­za real de geno­ci­dio.

Sara Roy, del Cen­tro de Estu­dios de Orien­te Medio de la Uni­ver­si­dad de Har­vard, con­si­de­ra­da la prin­ci­pal aca­dé­mi­ca de la eco­no­mía de Gaza, escri­bió que «los seres huma­nos ino­cen­tes, en su mayo­ría jóve­nes, están sien­do enve­ne­na­dos len­ta­men­te en Gaza por el agua que beben y pro­ba­ble­men­te por el sue­lo en el que plan­tan». Así que ana­li­ce­mos esa decla­ra­ción, con base en los datos dis­po­ni­bles para noso­tros.

Hechos sobre el terreno

La pobla­ción de la Fran­ja de Gaza es de más de dos millo­nes de habi­tan­tes, de los cua­les más del 50% son meno­res de 18 años. Según la ONU el noven­ta y sie­te por cien­to del agua de Gaza no se pue­de beber y solo el 10% de la pobla­ción de Gaza tie­ne acce­so a agua lim­pia. Si toma­mos estas esta­dís­ti­cas y las ana­li­za­mos crí­ti­ca­men­te, eso sig­ni­fi­ca­ría que, según esti­ma­cio­nes con­ser­va­do­ras, solo el 40% de los meno­res de Gaza está con­su­mien­do agua apta para el con­su­mo humano. Esto sig­ni­fi­ca que los padres en la Fran­ja de Gaza se ven obli­ga­dos a tomar la deci­sión de per­mi­tir que sus hijos beban agua con­ta­mi­na­da para que pue­dan sobre­vi­vir.

Israel, que ha impues­to un blo­queo ile­gal a Gaza des­de 2006 ‑aun­que los pro­pa­gan­dis­tas sio­nis­tas afir­man que comen­zó en junio de 2007, lo cual es inco­rrec­to- está obli­ga­do por la ley inter­na­cio­nal a pro­por­cio­nar a Gaza la capa­ci­dad de man­te­ner­se. Gaza no es un esta­do, no es un terri­to­rio sobe­rano en sí mis­mo. Según la ONU Gaza cons­ti­tu­ye par­te de lo que se lla­ma terri­to­rios ocu­pa­dos pales­ti­nos, con el foco aquí en la pala­bra «ocu­pa­do».

Según el IV Con­ve­nio de Gine­bra, el dere­cho inter­na­cio­nal exi­ge a Israel que brin­de a Gaza y Cis­jor­da­nia la capa­ci­dad de man­te­ner un entorno de habi­ta­bi­li­dad. Israel argu­men­ta­rá, sin embar­go, que Gaza espe­cí­fi­ca­men­te no está ocu­pa­da, que se reti­ró en 2005. Sin embar­go Israel aún con­tro­la el regis­tro de la pobla­ción, las entra­das y sali­das, todas las impor­ta­cio­nes y expor­ta­cio­nes, la esfe­ra elec­tro­mag­né­ti­ca, las líneas de armis­ti­cio (lo que Israel lla­ma la fron­te­ra), las aguas terri­to­ria­les, el espa­cio aéreo y el mono­po­lio de la elec­tri­ci­dad en Gaza. Israel con­tro­la Gaza de prin­ci­pio a fin, lo que sig­ni­fi­ca que, si bien Israel no decla­ra una ocu­pa­ción, es una ane­xión del terri­to­rio de fac­to.

Reali­da­des impac­tan­tes

Más de 108.000 metros cúbi­cos de aguas resi­dua­les sin tra­tar flu­yen hacia el Medi­te­rrá­neo des­de Gaza. Esto se debe a la fal­ta de ener­gía para la plan­ta de desa­li­ni­za­ción de Gaza y la fal­ta de mate­rial de cons­truc­ción nece­sa­rio para expan­dir­se, lo que se debe a las polí­ti­cas de Israel hacia el encla­ve cos­te­ro ase­dia­do. La situa­ción es tan gra­ve que no solo el agua de mar de Gaza está muy con­ta­mi­na­da, pro­vo­can­do muer­tes tan recien­te­men­te como el año pasa­do, sino tam­bién la plan­ta de desa­li­ni­za­ción con sede en Aska­lan (Ash­ke­lon) de Israel detie­ne perió­di­ca­men­te las ope­ra­cio­nes debi­do a la con­ta­mi­na­ción, lo que demues­tra que Israel está dis­pues­to a poner la puri­fi­ca­ción del 20% de su pro­pia agua en peli­gro para cas­ti­gar a la Fran­ja de Gaza.

El pro­ble­ma de la con­ta­mi­na­ción del agua tam­bién es una enfer­me­dad. Gideon Grum­berg, fun­da­dor y direc­tor de “Eco­pea­ce” de Israel, dijo al Jeru­sa­lem Post en 2016 que Gaza es una bom­ba de relo­je­ría para el cóle­ra y las epi­de­mias de tifoi­dea. Des­de enton­ces varios exper­tos han pedi­do reite­ra­da­men­te un cam­bio en la fal­ta de agua lim­pia de Gaza. Si no se rea­li­za un cam­bio en 2020, Gaza podría con­ver­tir­se en un semi­lle­ro de enfer­me­da­des como pasa en Yemen, tam­bién debi­do a un blo­queo impues­to ile­gal­men­te.

Más allá del pro­ble­ma del agua tam­bién hay muchos otros pro­ble­mas que afec­tan a Gaza, todos los cua­les se deben al ase­dio impues­to ile­gal­men­te por Israel des­de hace casi 15 años. Más del 80% de la pobla­ción de Gaza depen­de de la ayu­da ali­men­ta­ria inter­na­cio­nal para sobre­vi­vir, con Israel apli­can­do una polí­ti­ca de «poner a la pobla­ción de Gaza a die­ta», lo que impli­ca que Israel cuen­ta la inges­ta míni­ma de calo­rías para que la pobla­ción de Gaza se man­ten­ga con vida. Israel, por supues­to, con­tro­la la ayu­da ali­men­ta­ria que ingre­sa a la Fran­ja de Gaza e inclu­so obtie­ne ganan­cias de ella. Las res­tric­cio­nes que Israel apli­ca a los ali­men­tos que ingre­san a Gaza tam­bién se uti­li­zan como una herra­mien­ta polí­ti­ca para cas­ti­gar a los pales­ti­nos por sus actos de resis­ten­cia con­tra Israel.

Las esti­ma­cio­nes con­ser­va­do­ras, según las Nacio­nes Uni­das, tam­bién indi­can que la tasa de des­em­pleo juve­nil de Gaza está cer­ca de alcan­zar el 70%, con una tasa gene­ral de des­em­pleo regis­tra­da de alre­de­dor del 50%. Israel tam­bién ha blo­quea­do repe­ti­da­men­te a los pacien­tes de cán­cer pales­ti­nos para que no entren a Israel para reci­bir un tra­ta­mien­to que les sal­ve la vida. No solo esto, sino que, debi­do a la fal­ta de ener­gía en Gaza, los moni­to­res car­día­cos y las máqui­nas de rayos X no son con­fia­bles. En el pri­mer semes­tre de 2019 el Minis­te­rio de Salud de Gaza, que tie­ne un pre­su­pues­to regu­lar de $ 40 millo­nes al año, solo tenía 10 millo­nes de dóla­res en sumi­nis­tros dis­po­ni­bles y en julio (2019) hizo unaadver­ten­cia de una esca­sez sin pre­ce­den­tes de medi­ca­men­tos e insu­mos médi­cos. Según la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud, 39% de las soli­ci­tu­des de Gaza para pacien­tes con cán­cer para salir de la Fran­ja blo­quea­da en 2018 fue­ron dene­ga­dos.

Un hom­bre y un niño pales­ti­nos nave­gan por las calles de la ciu­dad de Gaza inun­da­das de aguas resi­dua­les. (Moham­med Salem /​Reuters)

La pobla­ción de Gaza está some­ti­da a las aguas resi­dua­les que inun­dan regu­lar­men­te, des­pués de la llu­via, las calles y cau­san enfer­me­da­des, espe­cial­men­te entre la pobla­ción más pobre. Inclu­so los más aco­mo­da­dos finan­cie­ra­men­te, de la pobla­ción de Gaza, algu­nos de los cua­les resi­den en áreas como la ciu­dad de Gaza (nores­te de Gaza), están per­dien­do su rique­za. Espe­cí­fi­ca­men­te, los resi­den­tes del área de al-Rimal, quie­nes muchos con­si­de­ran que viven en una zona de pres­ti­gio, tie­nen que huir a luga­res como Estam­bu, o con­ver­tir­se en refu­gia­dos en el extran­je­ro y están per­dien­do los acti­vos de sus fami­lias debi­do a la fal­ta de ingre­sos.

Actual­men­te Gaza sobre­vi­ve con unas pocas horas de elec­tri­ci­dad por día. Esto se debe al hecho de que Israel puso un lími­te a la can­ti­dad de elec­tri­ci­dad que per­mi­te a Gaza, así como al hecho de que Israel ha bom­bar­dea­do y des­trui­do la red y las cen­tra­les eléc­tri­cas de Gaza, en varias oca­sio­nes. La úni­ca plan­ta de ener­gía, par­cial­men­te des­trui­da por los bom­bar­deos en Gaza, tam­bién se encuen­tra en un esta­do semiope­ra­ti­vo debi­do al cor­te de com­bus­ti­ble die­sel de la Fran­ja a prin­ci­pios de 2018, des­pués de que la Auto­ri­dad Pales­ti­na deja­se de pagar el com­bus­ti­ble.

A par­tir de febre­ro de 2018 la Fran­ja de Gaza ha esta­do en «esta­do de emer­gen­cia». Sopor­tan­do, des­de el comien­zo del ase­dio, ocho masa­cres ofen­si­vas mili­ta­res a gran esca­la por par­te de Israel, con cien­tos de bom­bar­deos más peque­ños en los inter­va­los.

Un joven de 17 años en Gaza habría expe­ri­men­ta­do una ocu­pa­ción inter­na israe­lí, un ase­dio cada vez más inten­so duran­te 15 años, ocho masa­cres a gran esca­la, cien­tos de otros ata­ques, tres gue­rras, el zum­bi­do cons­tan­te de avio­nes no tri­pu­la­dos, la muer­te de ami­gos y fami­lia­res, tem­po­ral o per­ma­nen­te, des­pla­za­mien­tos y la lis­ta sigue y sigue.

Para col­mo de males, cuan­do el pue­blo de Gaza mani­fes­tó por medio de miles en mar­chas no vio­len­tas por el retorno, a par­tir del 30 de mar­zo de 2018, el mun­do lo igno­ró y no hizo nada para dete­ner a Israel por el ase­si­na­to de más de 330 mani­fes­tan­tes des­ar­ma­dos y la lesión de apro­xi­ma­da­men­te 40.000 más. Has­ta aho­ra las mani­fes­ta­cio­nes con­ti­núan sema­nal­men­te y nin­gún sol­da­do israe­lí ha muer­to o ha sufri­do heri­das gra­ves.

La resis­ten­cia es un dere­cho

Según el dere­cho inter­na­cio­nal, el pue­blo de Gaza tie­ne todo el dere­cho a usar la fuer­za arma­da para luchar por la auto­de­ter­mi­na­ción y poner fin al ase­dio. Israel no tie­ne dere­cho a la «auto­de­fen­sa», del mis­mo modo que un vio­la­dor no tie­ne dere­cho la auto­de­fen­sa con­tra su víc­ti­ma de vio­la­ción, y la pró­xi­ma vez que escu­che­mos el «dere­cho» de Israel a usar la fuer­za de todos modos, debe­mos saber que quien repi­te esto está con­tra­di­cien­do el Cuar­to Con­ve­nio de Gine­bra.

Foto de archi­vo: Una esce­na calle­je­ra enfo­can­do calle aba­jo a una comu­ni­dad bedui­na en Gaza.

Aviv Kocha­vi dijo recien­te­men­te en un dis­cur­so rela­ti­vo a una futu­ra gue­rra con­tra Gaza que Israel ata­ca­rá com­po­nen­tes eléc­tri­cos, agrí­co­las y otros módu­los estruc­tu­ra­les que según Israel con­tri­bu­yen a man­te­ner a flo­te a Hamás, el par­ti­do gober­nan­te de Gaza. Esto sig­ni­fi­ca que si Israel comien­za una nue­va masa­cre (gue­rra) con­tra Gaza o Hamás, como dirán, sig­ni­fi­ca­rá que todas las esta­dís­ti­cas enu­me­ra­das ante­rior­men­te se ace­le­ra­rán a núme­ros sin pre­ce­den­tes y que Gaza se vol­ve­rá aún más inha­bi­ta­ble.

Las úni­cas pre­gun­tas que aho­ra que­dan por res­pon­der son, ¿qué evi­ta­rá que Israel per­pe­tre un geno­ci­dio com­ple­to sobre el pue­blo de Gaza?, ¿y cómo nos mira­rán las gene­ra­cio­nes futu­ras del mun­do por per­mi­tir hoy que este holo­caus­to ocu­rra con­tra el pue­blo de Pales­ti­na? Israel está enve­ne­nan­do sis­te­má­ti­ca­men­te a un millón de meno­res pales­ti­nos y no hay nada más que un silen­cio ensor­de­ce­dor.

Robert Inla­kesh es un perio­dis­ta, escri­tor y ana­lis­ta polí­ti­co, que ha vivi­do y repor­ta­do des­de la Cis­jor­da­nia pales­ti­na ocu­pa­da. Ha escri­to para publi­ca­cio­nes como Mint Press, Mon­do­weiss, MEMO y varios otros medios. Se espe­cia­li­za en aná­li­sis de Medio Orien­te, en par­ti­cu­lar Pales­ti­na-Israel. Tam­bién tra­ba­ja para Press TV como corres­pon­sal euro­peo.

Pales­ti­nos lle­nan­do bote­llas y bido­nes con agua pota­ble en el cam­po de refu­gia­dos de Al-Sha­ti en el sur de la Fran­ja de Gaza, 22 de mar­zo de 2017. Hosam Salem /​NurPho­to

Un exper­to advier­te de que el noven­ta y sie­te por cien­to del agua pota­ble de Gaza con­ta­mi­na­da por aguas resi­dua­les y sal

Zafrir Rinat, 21 enero 2018

Los habi­tan­tes de Gaza se ven obli­ga­dos a com­prar agua a un pre­cio seis veces mayor que el están­dar de las empre­sas pri­va­das

Casi toda el agua en la Fran­ja de Gaza es no es pota­ble debi­do a la con­ta­mi­na­ción de las aguas resi­dua­les o los altos nive­les de sali­ni­dad, según los datos pre­sen­ta­dos la sema­na pasa­da por un hidró­lo­go que ase­so­ra a la Auto­ri­dad Pales­ti­na del Agua.

Ahmed al-Yaqou­bi dijo que la mayo­ría de los habi­tan­tes de Gaza no beben el agua de los gri­fos debi­do a su mala cali­dad. En cam­bio com­pran agua cara a empre­sas pri­va­das que ope­ran peque­ñas plan­tas de desa­li­ni­za­ción.

Ade­más casi el 90 por cien­to del agua “pota­ble” en Gaza exce­de el están­dar de sali­ni­dad máxi­ma de la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud y se espe­ra que se vuel­va aún más sali­na en los pró­xi­mos años.

Yaqou­bi estu­vo en Israel la sema­na pasa­da para par­ti­ci­par en un deba­te en el Ins­ti­tu­to Ara­va de Estu­dios Ambien­ta­les en el sur de Israel. El exmi­nis­tro pales­tino Taha­ni Abu Daq­qa tam­bién par­ti­ci­pó en la sesión dis­cu­tien­do la cri­sis del agua en Gaza.

Los dos millo­nes de habi­tan­tes de la Fran­ja depen­den casi por com­ple­to del acuí­fe­ro cos­te­ro para sus nece­si­da­des de agua (apar­te de una peque­ña can­ti­dad que Israel envía al área). Sin embar­go, el cre­ci­mien­to de la pobla­ción y la esca­sez de pre­ci­pi­ta­cio­nes han lle­va­do a un exce­so de bom­beo en los últi­mos años.

Yaqou­bi dijo a Haa­retz que si bien la can­ti­dad anual que se pue­de bom­bear sin com­pro­me­ter la capa­ci­dad del acuí­fe­ro de reno­var­se es de unos 60 millo­nes de metros cúbi­cos, en reali­dad se bom­bean alre­de­dor de 200 millo­nes de metros cúbi­cos de agua cada año.

La mitad de esta can­ti­dad es para uso domés­ti­co, y esta es solo la can­ti­dad que la auto­ri­dad pue­de medir, dijo Yaqou­bi. La otra mitad, prin­ci­pal­men­te para la agri­cul­tu­ra, es una esti­ma­ción e inclu­ye agua extraí­da de 5.000 pozos pri­va­dos.

El bom­beo exce­si­vo ha lle­va­do a una fuer­te caí­da en los nive­les de los acuí­fe­ros, lo que a su vez per­mi­te que el agua de mar pene­tre has­ta tres o cua­tro kiló­me­tros (1,9 a 2,5 millas), lo que sali­na la capa freá­ti­ca.

La con­cen­tra­ción de clo­ru­ro (sales) en los pozos de Gaza es de entre 400 y 2.000 mili­gra­mos por litro, mien­tras que el están­dar es de 250 mili­gra­mos por litro. Solo un poco más del 10 por cien­to del agua en Gaza cum­ple con ese están­dar.

El sumi­nis­tro de agua de Gaza tam­bién ha sido amplia­men­te con­ta­mi­na­do por las aguas resi­dua­les. Alre­de­dor del 70 por cien­to de las vivien­das de Gaza están conec­ta­das al sis­te­ma de alcan­ta­ri­lla­do, pero debi­do a un man­te­ni­mien­to defi­cien­te, gran par­te de ese dre­na­je se fil­tra al acuí­fe­ro. Como resul­ta­do, la con­cen­tra­ción de nitra­tos, que son indi­ca­do­res de con­ta­mi­na­ción, ha aumen­ta­do. Hay con­cen­tra­cio­nes dema­sia­do altas de clo­ru­ro o nitra­tos en el 97 por cien­to del agua sumi­nis­tra­da a los resi­den­tes de Gaza.

Debi­do a esta situa­ción, los resi­den­tes de la Fran­ja han recu­rri­do a pro­vee­do­res pri­va­dos para su agua pota­ble. Estos pro­vee­do­res ope­ran 136 peque­ñas plan­tas de desa­li­ni­za­ción que ope­ran cer­ca de pozos y pro­por­cio­nan agua baja en con­ta­mi­nan­tes. Sin embar­go, esta agua cues­ta seis veces más que el agua nor­mal. Para otros usos domés­ti­cos los habi­tan­tes de Gaza depen­den del agua con­ta­mi­na­da, pero inclu­so esa es esca­sa.

Debi­do a la esca­sez de elec­tri­ci­dad, expli­có Yaqou­bi, los pozos no pue­den fun­cio­nar com­ple­ta­men­te y a veces solo fun­cio­nan unas horas al día.

La esca­sez de elec­tri­ci­dad tam­bién impi­de que las plan­tas de tra­ta­mien­to de aguas resi­dua­les de la Fran­ja fun­cio­nen, lo que hace que las aguas resi­dua­les no tra­ta­das flu­yan direc­ta­men­te al mar. Las aguas resi­dua­les lle­gan a las ciu­da­des cos­te­ras israe­líes adya­cen­tes de Ash­ke­lon y Ash­dod, pero pri­me­ro con­ta­mi­nan las pla­yas de Gaza, dijo Yaqou­bi.

Ofi­cial­men­te no se per­mi­te nadar en las pla­yas de Gaza, pero como ese es el úni­co lugar al que la gen­te pue­de ir con fines recrea­ti­vos, lo hacen de todos modos, seña­ló.

En una con­fe­ren­cia sobre la cri­sis del agua en Gaza hace dos sema­nas, patro­ci­na­da por el Ins­ti­tu­to de Estu­dios de Segu­ri­dad Nacio­nal en coope­ra­ción con Eco­Pea­ce, la direc­to­ra de la Auto­ri­dad del Agua de Israel, Gio­ra Shaham, dijo que Israel pla­nea sumi­nis­trar otros 10 millo­nes de metros cúbi­cos de agua a la Fran­ja de Gaza, más allá de los 10 millo­nes de metros cúbi­cos que ya sumi­nis­tra. Sin embar­go no ha podi­do hacer­lo has­ta aho­ra por­que no hay infra­es­truc­tu­ra para con­te­ner el agua.

Yaqou­bi dijo la sema­na pasa­da que la Auto­ri­dad Pales­ti­na del Agua se está pre­pa­ran­do para emi­tir una lici­ta­ción para cons­truir las tube­rías y embal­ses nece­sa­rios para rete­ner el agua que Israel pla­nea enviar a la Fran­ja.

Sin embar­go, la solu­ción a lar­go pla­zo para la cri­sis del agua en Gaza es cons­truir una gran plan­ta desala­do­ra allí. De hecho, uno se encuen­tra actual­men­te en las eta­pas de pla­ni­fi­ca­ción que podrían sumi­nis­trar 135 millo­nes de metros cúbi­cos de agua al año. La Auto­ri­dad Pales­ti­na ha obte­ni­do la mitad de los fon­dos nece­sa­rios de fuen­tes inter­na­cio­na­les y aho­ra está tra­ba­jan­do para ase­gu­rar el res­to de los fon­dos.

Sin embar­go Yaqou­bi advir­tió de que sin elec­tri­ci­dad y fon­dos para el man­te­ni­mien­to la plan­ta desala­do­ra no podrá ope­rar de mane­ra efi­cien­te. Eso tam­bién es cier­to para las nue­vas plan­tas de tra­ta­mien­to de aguas resi­dua­les actual­men­te en cons­truc­ción, agre­gó.

Uno de estas, en el nor­te de la Fran­ja de Gaza, ya se ha com­ple­ta­do, pero es difí­cil de ope­rar debi­do a la fal­ta de elec­tri­ci­dad. La situa­ción eco­nó­mi­ca de los habi­tan­tes de Gaza tam­bién debe mejo­rar, de lo con­tra­rio será impo­si­ble cobrar por la ope­ra­ción y el man­te­ni­mien­to de estas ins­ta­la­cio­nes.

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