Argen­ti­na. Coro­na­vi­rus: un deto­na­dor de la cri­sis poten­cia­do por el lucro

Por Clau­dio Katz * /​Resu­men Latinoamericano/​16 de mar­zo de 2020 . — — — —

Muchos sugie­ren que el desem­pe­ño acep­ta­ble de la eco­no­mía fue abrup­ta­men­te alte­ra­do por el coro­na­vi­rus. Tam­bién esti­man que la pan­de­mia pue­de pro­vo­car el reini­cio de un colap­so seme­jan­te al 2008. Pero en esa opor­tu­ni­dad fue inme­dia­ta­men­te visi­ble la cul­pa­bi­li­dad de los ban­que­ros, la codi­cia de los espe­cu­la­do­res y los efec­tos de la des­re­gu­la­ción neo­li­be­ral. Aho­ra […]

Muchos sugie­ren que el desem­pe­ño acep­ta­ble de la eco­no­mía fue abrup­ta­men­te alte­ra­do por el coro­na­vi­rus. Tam­bién esti­man que la pan­de­mia pue­de pro­vo­car el reini­cio de un colap­so seme­jan­te al 2008. Pero en esa opor­tu­ni­dad fue inme­dia­ta­men­te visi­ble la cul­pa­bi­li­dad de los ban­que­ros, la codi­cia de los espe­cu­la­do­res y los efec­tos de la des­re­gu­la­ción neo­li­be­ral. Aho­ra sólo se dis­cu­te el ori­gen y las con­se­cuen­cias de un virus, como si eco­no­mía fue­ra otro pacien­te afec­ta­do por el terre­mo­to sani­ta­rio.

En reali­dad, el coro­na­vi­rus deto­nó las fuer­tes ten­sio­nes pre­vias de los mer­ca­dos y los enor­mes des­equi­li­brios que acu­mu­la el capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo. Acen­tuó una des­ace­le­ra­ción de la eco­no­mía que ya había debi­li­ta­do a Euro­pa y jaquea­ba a Esta­dos Uni­dos.

El divor­cio entre esa retrac­ción y la con­ti­nua­da eufo­ria de las Bol­sas anti­ci­pa­ba el esta­lli­do de la típi­ca bur­bu­ja, que perió­di­ca­men­te infla y pin­cha Wall Street. El coro­na­vi­rus ha pre­ci­pi­ta­do ese des­plo­me, que no obe­de­ce a nin­gu­na con­va­le­cen­cia impre­vis­ta. Sólo repi­te la cono­ci­da pato­lo­gía de la finan­cia­ri­za­ción.

A dife­ren­cia del 2008, la nue­va la bur­bu­ja no se loca­li­za en el endeu­da­mien­to de las fami­lias o en la fra­gi­li­dad de los ban­cos. Se con­cen­tra en los pasi­vos de las gran­des empre­sas (deu­da cor­po­ra­ti­va) y en las obli­ga­cio­nes de muchos esta­dos (deu­da sobe­ra­na). Ade­más, hay serias sos­pe­chas sobre la salud de los fon­dos de inver­sión, que aumen­ta­ron su pre­pon­de­ran­cia en la com­pra-ven­ta de bonos.

La eco­no­mía capi­ta­lis­ta gene­ra esos tem­blo­res y nin­gu­na vacu­na pue­de atem­pe­rar las con­vul­sio­nes que des­ata la ambi­ción por el lucro. Pero la mise­ria, el des­em­pleo y los sufri­mien­tos popu­la­res que pro­vo­can esos terre­mo­tos han que­da­do aho­ra dilui­dos por el terror que sus­ci­ta la pan­de­mia.

Tam­bién la caí­da del pre­cio del petró­leo ante­ce­dió al tsu­na­mi sani­ta­rio. Dos gran­des pro­duc­to­res (Rusia y Ara­bia Sau­di­ta) y un juga­dor de peso (Esta­dos Uni­dos), dispu­tan la fija­ción del pre­cio de refe­ren­cia del com­bus­ti­ble. Esa riva­li­dad que­bran­tó el orga­nis­mo que con­te­nía la des­va­lo­ri­za­ción del cru­do (OPEP más 10).

La sobre­pro­duc­ción que pre­ci­pi­ta ese aba­ra­ta­mien­to del petró­leo es otro des­equi­li­brio sub­ya­cen­te. El exce­den­te de mer­can­cías ‑que se extien­de a los insu­mos y las mate­rias pri­mas- es la cau­sa de la gran bata­lla que enfren­ta a Esta­dos Uni­dos con Chi­na.

Los dos prin­ci­pa­les deter­mi­nan­tes de la cri­sis actual ‑finan­cia­ri­za­ción y sobre­pro­duc­ción- afec­tan a todas las fir­mas, que empa­pe­la­ron con títu­los los mer­ca­dos o se endeu­da­ron, para ges­tio­nar los exce­den­tes inven­di­bles. El coro­na­vi­rus es total­men­te ajeno a esos des­equi­li­brios, pero su apa­ri­ción encen­dió la mecha de un arse­nal satu­ra­do de mer­can­cías y dine­ro.

Varios espe­cia­lis­tas han des­ta­ca­do tam­bién cómo las trans­for­ma­cio­nes capi­ta­lis­tas de las últi­mas cua­tro déca­das inci­den sobre la mag­ni­tud de la pan­de­mia. Obser­van que las con­ta­mi­na­cio­nes ante­rio­res- sepa­ra­das por lap­sos pro­lon­ga­dos- irrum­pen aho­ra con mayor fre­cuen­cia. Ocu­rrió con el SARS (2002−03), la gri­pe por­ci­na H1N1 (2009), el MERS (2012), el Ébo­la (2014−16), el zika (2015) y el den­gue (2016).

Es muy visi­ble la cone­xión de esos bro­tes con la urba­ni­za­ción. El haci­na­mien­to de la pobla­ción y su for­za­da pro­xi­mi­dad mul­ti­pli­ca la dise­mi­na­ción de los gér­me­nes. Tam­bién resul­ta evi­den­te el efec­to de la glo­ba­li­za­ción, que incre­men­tó en for­ma expo­nen­cial el núme­ro de via­je­ros y la con­si­guien­te expan­sión de los con­ta­gios a todos los rin­co­nes del pla­ne­ta. La for­ma en que el coro­na­vi­rus ha pro­vo­ca­do en pocas sema­nas el colap­so de la avia­ción, el turis­mo y los cru­ce­ros es un con­tun­den­te retra­to de ese impac­to.

El capi­ta­lis­mo ha glo­ba­li­za­do en for­ma ver­ti­gi­no­sa muchas acti­vi­da­des lucra­ti­vas, sin exten­der esa remo­de­la­ción de las fron­te­ras al sis­te­ma sani­ta­rio. Al con­tra­rio, con las pri­va­ti­za­cio­nes y los ajus­tes fis­ca­les se afian­zó la des­pro­tec­ción en todos los paí­ses, fren­te a enfer­me­da­des que se mun­dia­li­zan con inusi­ta­da velo­ci­dad.

Algu­nos estu­dio­sos tam­bién recuer­dan, que lue­go SARS fue­ron dese­cha­dos varios pro­gra­mas de inves­ti­ga­ción para cono­cer y pre­ve­nir los nue­vos virus. Pre­va­le­cie­ron los intere­ses de los con­glo­me­ra­dos far­ma­céu­ti­cos, que prio­ri­zan la ven­ta de medi­ca­men­tos a los enfer­mos sol­ven­tes. Un ejem­plo paté­ti­co de esta pri­ma­cía del lucro se obser­vó en Esta­dos Uni­dos al comien­zo de la pan­de­mia con el cobro del test de detec­ción del coro­na­vi­rus. Esa ausen­cia de gra­tui­dad redu­jo el cono­ci­mien­to de los casos, en un momen­to cla­ve para el diag­nós­ti­co.

Otros exper­tos des­ta­can cómo se ha des­trui­do el hábi­tat de muchas espe­cies sil­ves­tres, para for­zar la indus­tria­li­za­ción de acti­vi­da­des agro­pe­cua­rias. Esa devas­ta­ción del medio ambien­te ha crea­do las con­di­cio­nes para la muta­ción ace­le­ra­da o la fabri­ca­ción nue­vos virus.

Chi­na ha sido un epi­cen­tro de esos cam­bios. En nin­gún otro país con­ver­gió en for­ma tan ver­ti­gi­no­sa la urba­ni­za­ción, con la inte­gra­ción a las cade­nas glo­ba­les de valor y la adop­ción de nue­vas nor­mas de ali­men­ta­ción.

En la cre­ma del esta­blish­ment el coro­na­vi­rus ya recreó el mis­mo temor que inva­dió a todos los gobier­nos, duran­te el colap­so finan­cie­ro del 2008. Por eso se repi­ten las con­duc­tas y se prio­ri­za el soco­rro de las gran­des empre­sas. Pero exis­ten muchas dudas sobre la efi­ca­cia actual de ese libre­to.

Con meno­res tasas de inte­rés se inten­ta con­tra­rres­tar el des­plo­me del nivel de acti­vi­dad. Pero el cos­to del dine­ro ya se ubi­ca en un piso que tor­na incier­to el efec­to reac­ti­va­dor del nue­vo aba­ra­ta­mien­to. Las mis­mas incóg­ni­tas gene­ran la inyec­ción masi­va de dine­ro y la reduc­ción de impues­tos.

El dólar y los bonos del teso­ro de Esta­dos Uni­dos se han con­ver­ti­do nue­va­men­te en el prin­ci­pal refu­gio de los capi­ta­les, que bus­can pro­tec­ción fren­te a la cri­sis. Pero la pri­me­ra poten­cia está coman­da­da en la actua­li­dad por un man­da­ta­rio bru­tal, que uti­li­za­rá esos recur­sos para el pro­yec­to impe­rial de res­tau­rar la hege­mo­nía nor­te­ame­ri­ca­na.

Por esa razón, a dife­ren­cia del 2008 pre­va­le­ce una total ausen­cia de coor­di­na­ción fren­te al colap­so que sobre­vue­la a la eco­no­mía. La sin­to­nía que exhi­bía el G 20 ha sido reem­pla­za­da por las deci­sio­nes uni­la­te­ra­les que adop­tan las poten­cias. Se ha impues­to un prin­ci­pio defen­si­vo de sal­va­ción a cos­ta del vecino.

No sólo Esta­dos Uni­dos defi­ne medi­das sin con­sul­tar a Euro­pa (sus­pen­sión de vue­los), sino que los pro­pios paí­ses del vie­jo con­ti­nen­te actúan por su pro­pia cuen­ta, olvi­dan­do la per­te­nen­cia a una aso­cia­ción común. Todas las con­se­cuen­cias de una glo­ba­li­za­ción de la eco­no­mía ‑en el vie­jo mar­co de los esta­dos nacio­na­les- aflo­ran en el tem­blor actual. Nadie sabe cómo lidia­rá el capi­ta­lis­mo con este esce­na­rio.

Las terri­bles con­se­cuen­cias de la cri­sis para la eco­no­mía lati­no­ame­ri­ca­na están a la vis­ta. El des­plo­me de los pre­cios de las mate­rias pri­mas es com­ple­men­ta­do por masi­vas sali­das de capi­tal y gran­des deva­lua­cio­nes de la mone­da en Bra­sil, Chi­le o Méxi­co. El colap­so que pade­ce Argen­ti­na comien­za a trans­for­mar­se en un espe­jo de pade­ci­mien­tos para toda la región.

Es evi­den­te que el coro­na­vi­rus gol­pea­rá a los más empo­bre­ci­dos y pro­du­ci­rá tra­ge­dias inima­gi­na­bles, si lle­ga a los paí­ses con sis­te­mas de salud inexis­ten­tes, dete­rio­ra­dos o demo­li­dos. Por la ele­va­da con­ta­gio­si­dad de la pan­de­mia y su fuer­te impac­to sobre las per­so­nas mayo­res, la estruc­tu­ra hos­pi­ta­la­ria ya tras­ta­bi­lla en las eco­no­mías avan­za­das.

En el debut del coro­na­vi­rus se mul­ti­pli­ca­ron los cues­tio­na­mien­tos al com­por­ta­mien­to de los dis­tin­tos gobier­nos. Hubo fuer­tes indi­cios de irres­pon­sa­bi­li­dad, ocul­ta­mien­to de datos o demo­ras en la pre­ven­ción, para no afec­tar los nego­cios. Pero la drás­ti­ca reac­ción pos­te­rior comien­za a apro­xi­mar­se a un mane­jo de eco­no­mía de gue­rra. En ese vira­je ha inci­di­do el con­ta­gio sufri­do por varios miem­bros de la éli­te de minis­tros, geren­tes y figu­ras del espec­tácu­lo.

Tam­bién los medios de comu­ni­ca­ción osci­lan entre el ocul­ta­mien­to de los pro­ble­mas y el estí­mu­lo del terror colec­ti­vo. Algu­nos extre­man ese mie­do para pro­pa­gar ale­ga­tos racis­tas, hos­ti­li­zar a Chi­na o deni­grar a los inmi­gran­tes. Pero todos acha­can al coro­na­vi­rus la res­pon­sa­bi­li­dad de la cri­sis, como si el capi­ta­lis­mo fue­ra ajeno a la con­vul­sión en cur­so.

Los pode­ro­sos bus­can chi­vos expia­to­rios para excul­par­se de los dra­mas que ori­gi­nan, poten­cian o enmas­ca­ran. El coro­na­vi­rus es el gran peli­gro del momen­to, pero el capi­ta­lis­mo es la enfer­me­dad per­du­ra­ble de la socie­dad actual. 

* El autor es eco­no­mis­ta, inves­ti­ga­dor del CONICET, pro­fe­sor de la UBA, miem­bro del EDI. Su pági­na web es: www​.lahai​ne​.org/​k​atz

Itu­rria /​Fuen­te

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *