Chi­le. Mariano Puga: Una man­za­na roja, entre la pri­sión y la tor­tu­ra

Alex Fuen­tes Díaz /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​15 de mar­zo de 2020

Había una vez dos hom­bres jóve­nes que esta­ban for­mán­do­se en la escue­la de ofi­cia­les del ejér­ci­to en San­tia­go de Chi­le. Uno pro­ce­día de un ori­gen humil­de, mien­tras que el otro pro­ve­nía de la aris­to­cra­cia, de la bur­gue­sía. Con los años el pri­me­ro fue cono­ci­do como el gene­ral que diri­gió un san­grien­to gol­pe mili­tar que aplas­tó las espe­ran­zas en un mun­do mejor en la tie­rra que com­par­tían millo­nes de seres huma­nos. Él se lla­ma­ba Augus­to José Ramón Pino­chet Ugar­te, más cono­ci­do como Augus­to Pino­chet, creía que todo lo que hacía era volun­tad de Dios. Murió el año 2006. Pino­chet no se fue tal vez direc­ta­men­te al infierno, pero sí pasó a la his­to­ria como uno de los moder­nos car­ni­ce­ros de la huma­ni­dad. El otro tenía una visión del mun­do que le lle­vó a aban­do­nar la for­ma­ción de que­rer ser ofi­cial y dejar atrás la bue­na vida para con­ver­tir­se en cura. Con el tiem­po Mariano Puga se trans­for­mó en cura obre­ro. Duran­te la jun­ta mili­tar de Pino­chet se des­ta­có como un incan­sa­ble com­ba­tien­te en con­tra de los crí­me­nes de lesa huma­ni­dad. Mariano Puga fue des­pre­cia­do por los de su cla­se, pero admi­ra­do por los de la cla­se opues­ta.

Era el año 1975, yo había sido rap­ta­do por la Ges­ta­po de Pino­chet (DINA) y se me man­te­nía ais­la­do en un con­ven­to de mon­jas que la dic­ta­du­ra había con­ver­ti­do en una cár­cel secre­ta de Tor­tu­ras , en don­de los rap­ta­dos podían ”des­apa­re­cer” sin dejar hue­llas. Pues­to que a mí se me tenía ais­la­do, nun­ca hubo pri­sio­ne­ros en las cel­das con­ti­nuas a la mía. Sin embar­go, una maña­na escu­ché un rui­do en la cel­da colin­dan­te. Me acer­qué a la pared. Pre­gun­té con cui­da­do a tra­vés de los barro­tes de la ven­ta­na: quién está ahí?……. No nos podía­mos ver, pero podía­mos escu­char­nos. El hom­bre fue dere­cho al grano:”…….. Me lla­mo Mariano Puga y soy cura……. tra­ba­jo la mitad del día como obre­ro de la cons­truc­ción y la otra mitad como cura en la pobla­ción ……Esta­ba efec­tuan­do la misa y pre­di­ca­ba que Jesús siem­pre estu­vo del lado de los opri­mi­dos…… Habían allí unas espo­sas de unos gene­ra­les. Lue­go lle­ga­ron unos agen­tes de civil y me detu­vie­ron…… Pri­me­ro me tras­la­da­ron a Villa Gri­mal­di y ano­che me deja­ron en este lugar….”

Yo había pasa­do ya por Villa Gri­mal­di, era uno de los luga­res de tor­tu­ra secre­tos de la dic­ta­du­ra en don­de muchos mili­tan­tes de izquier­da eran tor­tu­ra­das como si se tra­ta­se de un tra­ba­jo a des­ta­jo. Me que­dé ató­ni­to; la repre­sión era amplia, ni has­ta los curas se deja­ba tran­qui­los…??? Comen­za­mos a hablar un poco, el cura me con­tó sobre sí mis­mo. Yo dije muy poco sobre mí, no me atre­vía a men­cio­nar la acti­vi­dad polí­ti­ca que me había lle­va­do has­ta ese lugar. Pen­sé que al cura lo deja­rían libre den­tro de poco, y al mis­mo tiem­po esta­ba con­ven­ci­do de que yo no tenía nin­gu­na posi­bi­li­dad de salir con vida de las garras de la DINA, en cual­quier momen­to podía ”des­apa­re­cer” al igual que miles de otros que ya lo habían hecho antes.

Mariano Puga memo­ri­zó un núme­ro de telé­fono, si él era libe­ra­do se comu­ni­ca­ría con mi fami­lia para decir de que a pesar de todo yo esta­ba con vida. El día ante­rior otro pre­so, al que se había obli­ga­do a una cruel cola­bo­ra­ción y por lo tan­to goza­ba de pri­vi­le­gios, me había dado una man­za­na. Eso es un capí­tu­lo apar­te, como saca­do del rea­lis­mo mági­co de la lite­ra­tu­ra. En cual­quier caso, con la ayu­da del len­gua­je, el pre­so me dijo que había escon­di­do una man­za­na para mí en un estan­que del baño. “……Le ofre­cí por lo tan­to a Mariano la mitad de la man­za­na, pero él se negó y dijo …..que me la comie­ra yo, ya que yo había esta­do solo duran­te dos meses….- Le dije que los cris­tia­nos acos­tum­bran a com­par­tir en for­ma soli­da­ria y que a pesar de que yo era ateo que­ría com­par­tir con él. No nos podía­mos ver, solo escu­char vaga­men­te nues­tras voces ….. cada uno se comió media man­za­na…..”

Al día siguien­te Mariano ya no esta­ba en la cel­da. Cuan­do por fin me tras­la­da­ron a un cam­po de con­cen­tra­ción ‚y fui reco­no­ci­do como pre­so polí­ti­co me encon­tré con cien­tos de otros pre­sos polí­ti­cos. Recién enton­ces me ente­ré de que el cura había cum­pli­do la misión….. Él había con­tac­ta­do a mi fami­lia y les había dicho que yo esta­ba con vida….. Me ima­gino que gra­cias a él sal­vé con vida, es más estoy segu­ro de ello !

El año 2000 visi­té Chi­le, y en una opor­tu­ni­dad escu­ché a alguien men­cio­nar el nom­bre del cura. Reac­cio­né de mane­ra casi ins­tin­ti­va y logré hacer­me de un núme­ro de telé­fono, lla­mé lo más rápi­do que pude. El cura esta­ba de via­je, se encon­tra­ba en Bra­sil por lo que dejé mi núme­ro y un reca­do:” …….salu­dos de la cel­da núme­ro nue­ve, la man­za­na…….” Unas sema­nas más tar­de me lla­mó Mariano Puga y que­da­mos de acuer­do en ver­nos. Él tra­ba­ja­ba como cura en una pobla­ción en don­de se decía que era peli­gro­so lle­gar de noche. Un com­pa­ñe­ro que tra­ba­ja­ba de taxis­ta me lle­vó. En el camino le pedí al com­pa­ñe­ro que detu­vie­ra el auto, com­pré una man­za­na y pedí que me la par­tie­ran en dos mita­des igua­les. A un par de mis seres más que­ri­dos y a mí, nos dejó lue­go afue­ra de la puer­ta en el lugar don­de esta­ba el cura. Nun­ca había vis­to a Mariano y tenía una curio­si­dad enor­me de ver­lo. Está­ba­mos increí­ble­men­te con­ten­tos de poder vernos…..recuerdo que nos mirá­ba­mos deta­lla­da­men­te y que inte­rior­men­te nos pre­gun­tá­ba­mos unas cuan­tas cosas…..Él era alto, rubio y de ojos azu­les. Char­la­mos lar­go, fun­da­men­tal­men­te de los pre­sos que habían ”des­apa­re­ci­do” pero tam­bién de aquel momen­to en el con­ven­to de mon­jas. Cuan­do lle­gó la hora de decir adiós saqué la man­za­na que lle­va­ba escon­di­da ….y le ofre­cí la mitad de la man­za­na a él…… Vi como unas lágri­mas se aso­ma­ron en sus ojos y eso me lle­nó de una pro­fun­da emo­ción, una manzana….un sím­bo­lo. Me dijo:”…. yo no me la pue­do comer, la voy enra­mar y poner en un cua­dro….” De algu­na mane­ra me lo decía en serio ! Me man­tu­ve fir­me ! Y ambos comi­mos la manzana…..Mientra yo viva me acom­pa­ña­rá este recuer­do inol­vi­da­ble.

Chi­le ”des­per­tó” el 18 de octu­bre del 2019 y en medio de las pro­tes­tas popu­la­res que sacu­dían al régi­men Mario Puga vol­vió a levan­tar su voz. En una car­ta abier­ta al pre­si­den­te Sebas­tian Piñe­ra y a la direc­ción de la Igle­sia Cató­li­ca dijo: ”Somos pre­sos de Pino­chet, somos nues­tros pro­pios pre­sos, los pre­sos de nues­tras pro­pias cár­ce­les (…) Este pue­blo tie­ne dere­cho a des­truir­lo todo por­que al pue­blo todo se lo han des­trui­do. El des­per­tar nun­ca más pue­de vol­ver a morir! (…) Y la igle­sia ape­nas musi­ta decla­ra­cio­nes, la igle­sia ha sido cóm­pli­ce del mer­ca­do”. Mariano Puga elo­gia­ba en la car­ta a los que se habían rebe­la­do para pro­tes­tar con­tra la mise­ria del neo­li­be­ra­lis­mo y arries­ga­do sus vidas por que­rer con­quis­tar la posi­bi­li­dad de otro mun­do mejor. En la car­ta abier­ta el jesui­ta hacía refe­ren­cia ”A la memo­ria sub­ver­si­va de Jesús, una opción radi­cal entre y para los pobres de la tie­rra, la entre­ga de la nue­va noti­cia, El Evan­ge­lio, por la que pagó con su pro­pia vida”.

La noti­cia de que esta­ba ago­ni­zan­do por el cán­cer con­mo­vía a todo un pue­blo, se veía en él a una per­so­na­li­dad que siem­pre tomó par­ti­do por los inde­fen­sos y por una cla­se obre­ra que siem­pre se ha vis­to obli­ga­da a luchar con­tra la explo­ta­ción y la opre­sión. Al igual que el cura revo­lu­cio­na­rio y teó­lo­go de la libe­ra­ción Cami­lo Torres que murió en com­ba­te con el ejér­ci­to de Colom­bia y al ase­si­na­do obis­po cató­li­co Óscar Arul­fo Rome­ro en El Sal­va­dor. Mariano Puga es uno de los ”inpres­cin­di­bles” a los que hacía refe­ren­cia Ber­tol Brecht. Mariano Puga rea­li­za­ba la misa cada domin­go y has­ta el final pre­di­ca­ba que Chi­le había des­per­ta­do, que el des­per­tar his­tó­ri­co de Chi­le no podía vol­ver atrás.

Un sobrino mío que rara vez acos­tum­bra a escri­bir en las redes socia­les escri­bió: Yo no creo en Dios, yo creo en Mariano Puga. Un cán­cer lin­fá­ti­co se lle­vó al final a este gigan­te que había entre noso­tros, él par­tió el 14 de mar­zo. Mariano Puga siem­pre se man­tu­vo fiel a aquel que yo apren­dí a cono­cer cuan­do com­par­ti­mos la man­za­na roja en la pri­sión.

Por Alex Fuen­tes Díaz, sobre­vi­vien­te de la dic­ta­du­ra 

La fotos del encuen­tro entre Mariano Puga y Alex Fuen­tes

Foto Por­ta­da : Museo de la Memo­ria

Pren­sa Opal*

Itu­rria /​Fuen­te

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