Argen­ti­na. En defen­sa del default: la úni­ca sali­da sobe­ra­na y efec­ti­va

 Por Eduar­do Luci­ta* /​ Resu­men Latinoamericano/​14 de mar­zo 2020 .-

El país sufre una coyun­tu­ra eco­nó­mi­co-social com­ple­ja por pro­ble­mas estruc­tu­ra­les anti­guos y por los últi­mos cua­tro años de eco­no­mía de mer­ca­do y nego­cia­dos al por mayor. 

La deu­da tie­ne un peso social y polí­ti­co que con­di­cio­na toda polí­ti­ca esta­tal. Aún con el apo­yo del FMI a su estra­te­gia nego­cia­do­ra ‑deu­da impa­ga­ble e insus­ten­ta­ble- la debi­li­dad nego­cia­do­ra del gobierno es mayor que en 200405. En aquel enton­ces se venía de un default decla­ra­do que duró tres años y medio, lo que tuvo un peso deci­si­vo fren­te a los acree­do­res, que ade­más esta­ban muy dis­tri­bui­dos. Hoy el país está en default vir­tual ‑com­bi­na pagos con reper­fi­la­mien­tos- mien­tras que un por­cen­tual impor­tan­te de la deu­da está en car­te­ras de fon­dos de inver­sión, que des­pués de la cri­sis mun­dial del 2008 se han con­cen­tra­do y son mucho más pode­ro­sos que enton­ces. Suman­do sus acreen­cias tie­nen la capa­ci­dad de hacer caer todo inten­to de rees­truc­tu­ra­ción, como lo demos­tra­ron en el recien­te caso de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires y en el reper­fi­la­mien­to del bono nacio­nal AF20 ‑una suer­te de casos tes­ti­gos- ya que tie­nen la capa­ci­dad de impe­dir se lle­gue al 75 por cien­to o más, según los bonos, que exi­gen las cláu­su­las de acción colec­ti­va.

¿Acuer­dos, qué acuer­dos?

En este con­tex­to es posi­ble que fun­cio­ne el acuer­do con el FMI: pos­ter­ga­ción de pagos, equi­li­brio fis­cal por cua­tro años y supe­rá­vit pri­ma­rio del 1 por cien­to a par­tir del 2024. Con los bonis­tas pri­va­dos tal vez se acuer­de un perío­do de gra­cia de tres años con qui­tas de capi­tal y pos­ter­ga­ción del pago de intere­ses (capi­ta­li­za­bles) y tal vez algu­nos pagos anua­les en efec­ti­vo. Todo pen­sa­do para que a par­tir del ter­cer año el país pue­da regre­sar a los mer­ca­dos «volun­ta­rios» de cré­di­to, ya que es difí­cil que el sal­do del sec­tor externo gene­re los dóla­res nece­sa­rios para hacer fren­te los ven­ci­mien­tos. En sín­te­sis vol­ver a endeu­dar­se para seguir pagan­do. En este esque­ma la reduc­ción impor­tan­te de los intere­ses y la mag­ni­tud de la qui­ta de capi­tal son deci­si­vas para que la eco­no­mía vuel­va a cre­cer.

Sin embar­go ¿qué garan­ti­za que al cabo de cin­co años no ten­ga­mos una nue­va cri­sis de deu­da? Se reque­ri­ría enton­ces un nue­vo res­ca­te del Fon­do y se corre el ries­go de ingre­sar en una secuen­cia que se reali­men­ta­ría sola ‑res­ca­te tras res­ca­te, tipo Gre­cia- ya que los acree­do­res exi­gi­rán ajus­te sobre ajus­te para garan­ti­zar sus cobros, lo que pro­fun­di­za­ría la rece­sión e impe­di­ría recu­pe­rar la eco­no­mía. Pero podría ser que los pode­ro­sos fon­dos de inver­sión no acep­ten una qui­ta mayor al 10 por cien­to, exi­jan cobrar algo en efec­ti­vo, redu­cir poco o nada la car­ga de intere­ses y cono­cer el acuer­do con el Fon­do antes que fir­mar su pro­pio acuer­do. En este caso serían los pro­pios fon­dos los que pro­vo­ca­rían el default. Si así fue­ra la eco­no­mía se dis­lo­ca­ría, el dólar blue esta­ría por las nubes y el pre­cio de los bonos se derrum­ba­ría, dejan­do todo a mer­ced de los bui­tres. Tie­nen expe­rien­cia, saben que Argen­ti­na es «paga­do­ra serial» y que solo sería cues­tión de hacer jui­cio y espe­rar…

Pero ¿Qué pue­de suce­der si fren­te a la intran­si­gen­cia de los fon­dos el gobierno deci­de una acción sobe­ra­na y decla­ra su pro­pio default? Esto es, sus­pen­de uni­la­te­ral­men­te los pagos e ini­cia una inves­ti­ga­ción inte­gral.

Una deci­sión cohe­ren­te

Esta sali­da es la con­se­cuen­cia lógi­ca y cohe­ren­te de haber decla­ra­do que la deu­da es impa­ga­ble e insos­te­ni­ble. Más aún cuan­do la actual pue­de ampa­rar­se en el dere­cho inter­na­cio­nal bajo el con­cep­to jurí­di­co de «deu­da odio­sa», esto es aque­lla que no ha sido con­traí­da a favor de quie­nes final­men­te tie­nen que hacer­se car­go de su repa­go. No hay corres­pon­den­cia algu­na entre el mon­to de la deu­da de los últi­mos cua­tro años y mejo­ras en la infra­es­truc­tu­ra o en los ser­vi­cios bási­cos, ni en la amplia­ción de la capa­ci­dad pro­duc­ti­va. Por el con­tra­rio hay evi­den­cias de que solo sir­vió para fugar recur­sos esca­sos, para pagar intere­ses sobre intere­ses y deu­das sobre deu­das, sin bene­fi­cio alguno para el pue­blo.

Ade­más está vicia­da de nuli­dad. No es legí­ti­ma, ya que no ha sido auto­ri­za­da por el Con­gre­so Nacio­nal, con el agra­van­te de que no hay nin­gu­na expli­ca­ción razo­na­ble que jus­ti­fi­que un bono a 100 años a tasas usu­ra­rias o los movi­mien­tos que sig­ni­fi­ca­ron la pér­di­da de miles de millo­nes de dóla­res de reser­vas del Ban­co Cen­tral bajo la pre­si­den­cias de Stur­ze­neg­ger y Capu­to, o de por qué se vul­ne­ra­ron los esta­tu­tos del FMI.

En colum­nas ante­rio­res me he exten­di­do sobre los cos­tos de evi­tar un default y de ir a un default orde­na­do, no es nece­sa­rio los repi­ta aho­ra (ver: «¿Y si vamos al default?» y «Pagar o no pagar, esa es la cues­tión»).

Decla­ra­do el default ya no es solo un pro­ble­ma del país sino tam­bién de sus pres­ta­mis­tas. Estos están cubier­tos ya que el ries­go del no pago está asu­mi­do des­de el momen­to mis­mo en que se emi­tie­ron bonos con tasas que más que dupli­ca­ban las de mer­ca­do ‑por algo tan­to énfa­sis en el «ries­go país»-. Se sabe, a mayor ries­go mayo­res tasas.

¿Poco serio?

Una opción sobe­ra­na como la sus­pen­sión uni­la­te­ral de los pagos y la inves­ti­ga­ción sue­le cali­fi­cár­se­la como una idea poco seria, solo de efec­tos pro­pa­gan­dís­ti­cos, inclu­so en estos días deam­bu­la por los círcu­los ofi­cia­lis­tas la biza­rra idea de que «es mejor un mal acuer­do que un default». Inclu­so en el men­sa­je pre­si­den­cial del recien­te pri­me­ro de mar­zo ante la Asam­blea Legis­la­ti­va se men­cio­nó a posi­bi­li­dad de inves­ti­gar qué pasó con los recur­sos de los prés­ta­mos. ¿Por qué no de todo el meca­nis­mo del endeu­da­mien­to?

Más allá de las inten­cio­nes, resul­ta con­cep­cio­nes fun­cio­na­les a los fon­dos y al Fon­do. Por la pri­me­ra al pri­var al país de la posi­bi­li­dad del no pago o de la sus­pen­sión uni­la­te­ral de los pagos se lo deja sin el úni­co poder efec­ti­vo que tie­ne un deu­dor, que es pre­ci­sa­men­te el peso de su deu­da. Por la segun­da se escon­de que la inves­ti­ga­ción deven­dría en abs­trac­to, por­que ¿de qué val­drían los resul­ta­dos de la mis­ma si la deu­da ya se rees­truc­tu­ró y se entre­ga­ron nue­vos bonos? Tal vez meter pre­so a alguien, que no sería poco, pero no mucho más.

La úni­ca sali­da sobe­ra­na efec­ti­va y posi­ble es la sus­pen­sión uni­la­te­ral de los pagos has­ta tan­to se conoz­can los resul­ta­dos de la inves­ti­ga­ción, y se obre en con­se­cuen­cia. Con­vie­ne recor­dar que en la cri­sis está la opor­tu­ni­dad.

*Fuen­te: Inte­gran­te del colec­ti­vo EDI (Eco­no­mis­tas de Izquier­da)/​ANRed /​Ima­gen: Ernes­to Torres

Itu­rria /​Fuen­te

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *