Bra­sil. Conoz­ca el femi­nis­mo cam­pe­sino popu­lar: la agen­da de las muje­res sin tie­rra

Por Cris­tia­ne Sam­paio /​Resumen Lati­no­ame­ri­cano /​Brasil de Fato | 8 de mar­zo de 2020

Acu­ña­do en la déca­da de 2000, el con­cep­to ayu­da a ilu­mi­nar y guiar el via­je de los mili­tan­tes rura­les.

Muje­res del MST par­ti­ci­pan en el 1er Encuen­tro Nacio­nal de Muje­res sin Tie­rra, en Bra­si­lia – Matheus Alves

Si, en los últi­mos años, la ola femi­nis­ta se ha apo­de­ra­do de las zonas urba­nas, y las muje­res han demar­ca­do fuer­te­men­te sus posi­cio­nes en los espa­cios más dife­ren­tes de con­vi­ven­cia polí­ti­ca y social, en las zonas rura­les, los cam­pe­si­nos tam­po­co rehu­yen la lucha.

Espa­cio de inten­sa voca­li­za­ción de las deman­das polí­ti­cas, el cam­po es hoy el esce­na­rio de una lucha femi­nis­ta apar­te, que no per­ma­ne­ce en silen­cio ante las deman­das de las muje­res en la ciu­dad, sino que se suma a ellas al mis­mo tiem­po que teje su pro­pio camino, ancla­do en sus sin­gu­la­ri­da­des. de vida y lucha. Fue des­de este enten­di­mien­to que Bra­sil comen­zó a tra­tar, en la his­to­ria recien­te, con el lla­ma­do «femi­nis­mo popu­lar cam­pe­sino», uno de los temas que se des­ta­can en el 1er Encuen­tro Nacio­nal de Muje­res Sin Tie­rra.

“Es un cam­pe­sino por­que lle­ga y lle­ga a la vida de las muje­res cam­pe­si­nas, por­que el femi­nis­mo, en gene­ral, sigue sien­do muy aca­dé­mi­co, aun­que el femi­nis­mo de cual­quier tipo es para la liber­tad de las muje­res. Los cam­pe­si­nos tie­nen una espe­ci­fi­ci­dad de tra­ba­jar en el cam­po, de luchar. Es otra for­ma de vida y el [femi­nis­mo cam­pe­sino popu­lar] se cons­tru­ye día a día, en cada momen­to en que nues­tras muje­res luchan ”, expli­ca Ros­me­ri Wit­cel, des­de la coor­di­na­ción peda­gó­gi­ca de la Escue­la Nacio­nal Flo­res­tan Fer­nan­des (ENFF), y agre­ga que Esta lucha tie­ne lugar más direc­ta­men­te a tra­vés de la acción.

“Las per­so­nas son muy exi­gen­tes sobre dón­de han escri­to el femi­nis­mo cam­pe­sino. No exis­te, por­que lo esta­mos cons­tru­yen­do en la prác­ti­ca. Esa es la dife­ren­cia. Enten­de­mos que, si es popu­lar, no pue­de ser par­te del deba­te teó­ri­co, don­de las muje­res de la cla­se tra­ba­ja­do­ra aún no están en su tota­li­dad «, enfa­ti­za la sin tie­rra Lour­des Vicen­te, que ense­ña peda­go­gía en el Ins­ti­tu­to Fede­ral de Cea­rá (IFCE). )

Ros­me­ri Wit­cel seña­la que el movi­mien­to tam­bién bus­ca incluir, en los deba­tes sobre igual­dad de géne­ro, los dife­ren­tes seg­men­tos de muje­res rura­les, como los indí­ge­nas, qui­lom­bo­las, ade­más de los pro­pios sin tie­rra, entre otros. Los mili­tan­tes entien­den que, vivien­do en el cam­po, estas muje­res nece­si­tan abor­dar sus par­ti­cu­la­ri­da­des.

“Viven de una mane­ra más ais­la­da. La vio­len­cia es más fácil de suce­der y se vuel­ve más invi­si­ble, por ejem­plo, inclu­so en las áreas don­de tie­nen su hogar ”, ejem­pli­fi­ca.

His­to­ria

El con­cep­to de femi­nis­mo cam­pe­sino popu­lar comen­zó en 2005, cuan­do el Con­gre­so del Movi­mien­to de Tra­ba­ja­do­res Rura­les Sin Tie­rra (MST) reci­bió, entre los par­ti­ci­pan­tes, un por­cen­ta­je del 42% de las muje­res, algo sin pre­ce­den­tes has­ta enton­ces.

Allí, un mís­ti­co que reu­nió a más de 2 mil cam­pe­si­nos tocó a los sin tie­rra y ayu­dó a oxi­ge­nar los sue­ños de las muje­res del país, que comen­za­ron a dis­cu­tir más enér­gi­ca­men­te la direc­ción de las movi­li­za­cio­nes que esta­ban hacien­do. A par­tir de esto, sur­gió la nece­si­dad de cons­truir una lucha más espe­cí­fi­ca­men­te cen­tra­da en la reali­dad rural.

«Es fre­cuen­te que un pro­yec­to de desa­rro­llo lle­gue al cam­po que las muje­res no pidie­ron, así que esto es lo que lla­ma­mos ‘vul­ne­ra­bi­li­dad’, por­que cam­bian las rela­cio­nes de tra­ba­jo y per­de­mos la tie­rra, con­vir­tién­do­nos en emplea­das de alguien que será el nue­vo due­ño de la mis­ma. His­tó­ri­ca­men­te, siem­pre pen­sa­mos en con­tra de este mode­lo de desa­rro­llo, pero a veces no esta­ba vin­cu­la­do a la reali­dad local ”, dice el pro­fe­sor de IFCE.

Agro­ne­go­cios y capi­ta­lis­mo

Agre­ga que el Con­gre­so del MST de 2005 per­mi­tió que esta idea madu­ra­ra más y más, a par­tir de la cual las muje­res rura­les inten­si­fi­ca­ron la lucha con­tra el avan­ce del agro­ne­go­cio, con­si­de­ra­do como el prin­ci­pal adver­sa­rio polí­ti­co de los agri­cul­to­res fami­lia­res por estar aso­cia­dos con el aca­pa­ra­mien­to de tie­rras. tie­rra, con­ta­mi­na­ción del medio ambien­te por pes­ti­ci­das y vio­len­cia en el cam­po. La ofen­si­va vic­ti­mi­za a las comu­ni­da­des indí­ge­nas, sin tie­rra, qui­lom­bo­las, ribe­re­ñas y rura­les en gene­ral.

Ante la nece­si­dad de inten­si­fi­car la lucha con­tra estas prác­ti­cas, la sin tie­rra Lour­des Vicen­te afir­ma que las muje­res en el MST entien­den que la bata­lla a com­ba­tir es prin­ci­pal­men­te con el sis­te­ma que sub­ya­ce a todas estas opre­sio­nes. “Bási­ca­men­te es una lucha con­tra el capi­ta­lis­mo, que ata­ca prin­ci­pal­men­te a las muje­res. No pode­mos esca­par de esto ”, agre­ga.

Popu­la­ri­za­ción

Se basó en este enten­di­mien­to de que la lucha femi­nis­ta expan­dió su para­guas, comen­zan­do a con­vo­car y alber­gar a un mayor núme­ro de muje­res rura­les, en un inten­to de capi­la­ri­zar y masi­fi­car el movi­mien­to. Con ese fin, los mili­tan­tes cam­pe­si­nos han inver­ti­do, espe­cial­men­te en la últi­ma déca­da, en dife­ren­tes accio­nes, como mar­chas, pro­tes­tas, ocu­pa­cio­nes, ade­más de bus­car una mayor inclu­sión de las muje­res en los espa­cios de toma de deci­sio­nes polí­ti­cas.

“Mien­tras par­ti­ci­pan en la lucha, adquie­ren una con­cien­cia de cla­se y entien­den lo que es esta lucha, entien­den que vivi­mos en una socie­dad capi­ta­lis­ta y patriar­cal y que el cam­po es extre­ma­da­men­te vio­la­do en cada momen­to por esa razón. A par­tir de enton­ces, aumen­ta­rán su par­ti­ci­pa­ción en el movi­mien­to ”, dice Itel­vi­na Maria Mazio­lio, líder del MST de Mato Gros­so.

En la mis­ma línea que el avan­ce de la lucha con­tra los agro­ne­go­cios y las polí­ti­cas capi­ta­lis­tas, tam­bién lle­gó la bata­lla por la refor­ma agra­ria popu­lar. La agen­da comen­zó a infec­tar e ins­pi­rar a quie­nes tuvie­ron la opor­tu­ni­dad de cono­cer las ideas pro­pues­tas por las líde­res femi­nis­tas del cam­po, como es el caso de la cam­pe­si­na Joa­na Sil­va.

Ella vino del asen­ta­mien­to Abril Ver­melho, en San­ta Bár­ba­ra (PA), para unir­se a los 3.500 mili­tan­tes que se reúnen estos días en Bra­si­lia en la reu­nión nacio­nal. La cam­pe­si­na dice que la unión de muje­res en torno a esta agen­da es el incen­ti­vo que la hizo cru­zar la mitad de Bra­sil para hon­rar el even­to en la capi­tal fede­ral.

“Por eso hay más de 3.000 muje­res aquí, por eso esta­mos aquí. Ya ten­go 65 años y no me ren­di­ré, estoy luchan­do con­tra todo, aquí y en el cam­po. Creo que es [una cues­tión de] luchar, estar uni­dos y no ren­dir­se, por­que tene­mos que demos­trar que las muje­res tam­bién tie­nen tiem­po, que tam­bién tie­nen el cora­je de tra­ba­jar ”.

Edi­ción: Cris Rodri­gues

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