Femi­nis­mo. Nosotrxs, que no éra­mos nada y nos hemos con­ver­ti­do en todo, cons­trui­re­mos un mun­do nue­vo y mejor

Vijay Prashad /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano /​6 de mar­zo de 2020

Para Ernes­to Car­de­nal (1925−2020), que se ha ido a entre­gar pan­fle­tos clan­des­ti­nos en el cie­lo.

El 8 de mar­zo de 1917 (23 de febre­ro según el anti­guo calen­da­rio juliano), cien muje­res en las fábri­cas tex­ti­les de Petro­gra­do deci­die­ron irse a huel­ga; fue­ron a las otras fábri­cas y lla­ma­ron a sus com­pa­ñerxs tra­ba­ja­dorxs a que salie­ran a la calle. Muy pron­to, alre­de­dor de 200.000 tra­ba­ja­dorxs, lide­radxs por las muje­res, mar­cha­ron por las calles. “Aba­jo la gue­rra”, gri­ta­ron, y “sin pan no hay tra­ba­jo”. Esta huel­ga puso en mar­cha una serie de pro­tes­tas que final­men­te que­bra­ron el Esta­do zaris­ta e inau­gu­ra­ron la Revo­lu­ción rusa.

Frauentag, Germany, 1930.

Frauen­tag (Día de la mujer), Ale­ma­nia, 1930.

Sie­te años antes del comien­zo de la Revo­lu­ción rusa, la mar­xis­ta ale­ma­na Cla­ra Zet­kin pro­pu­so a la 2ª Con­fe­ren­cia Inter­na­cio­nal de Muje­res Socia­lis­tas en Copenha­gue (Dina­mar­ca) que se con­me­mo­ra­ra un Día Inter­na­cio­nal de la Mujer todos los años. Esco­gie­ron el 8 de mar­zo para con­me­mo­rar la “Revo­lu­ción de mar­zo” de 1848 en Euro­pa, cuan­do las monar­quías fue­ron for­za­das a acep­tar nomi­nal­men­te el sufra­gio uni­ver­sal. A par­tir de 1911, fue­ron las muje­res socia­lis­tas quie­nes rea­li­za­ron encuen­tros y mani­fes­ta­cio­nes el 8 de mar­zo como par­te de su cam­pa­ña, pri­me­ro por el sufra­gio y lue­go —des­pués de 1914— para ter­mi­nar con la gue­rra. Enfren­ta­ron una repre­sión terri­ble, qui­zás aún más fuer­te en el Impe­rio zaris­ta. Pero eso no las detu­vo.

Cuan­do todo el con­se­jo edi­to­rial de Rabot­nit­sa (‘La mujer tra­ba­ja­do­ra’) fue arres­ta­do antes de la pro­tes­ta del 8 de mar­zo de 1914, Anna Eli­za­ro­va —her­ma­na de Lenin— reu­nió rápi­da­men­te a algunxs com­pa­ñerxs, pro­du­je­ron el perió­di­co y lue­go se encar­ga­ron de dis­tri­buir doce mil copias ese día. Para esas muje­res socia­lis­tas, el Día Inter­na­cio­nal de la Mujer fue una demos­tra­ción pode­ro­sa con­tra la bru­ta­li­dad de la gue­rra y la indig­ni­dad del patriar­ca­do. En medio de los acon­te­ci­mien­tos de 1917, Eka­te­ri­na Pavlov­na Tara­so­va, una diri­gen­te bol­che­vi­que, recuer­da que una tra­ba­ja­do­ra le dijo: “Nosotrxs, que no éra­mos nada y nos hemos con­ver­ti­do en todo, cons­trui­re­mos un mun­do nue­vo y mejor”.

Clara Zetkin and her comrades at the 2nd International Congress of Communist Women, Moscow, 1921.

Cla­ra Zet­kin y sus com­pa­ñerxs en el 2º Con­gre­so Inter­na­cio­nal de Muje­res Comu­nis­tas, Mos­cú, 1921.

En 1920, la líder bol­che­vi­que Ale­xan­dra Kollon­tai escri­bió que las muje­res en la Repú­bli­ca Sovié­ti­ca tenían dere­chos, inclu­yen­do el dere­cho al voto, pero que “la vida mis­ma no ha cam­bia­do en abso­lu­to. Ape­nas esta­mos en el pro­ce­so de luchar por el comu­nis­mo y esta­mos rodeadxs del mun­do que hemos here­da­do del pasa­do oscu­ro y repre­si­vo”. Lo que esta­ba por delan­te era la lucha. El año siguien­te, el 2º Con­gre­so Inter­na­cio­nal de Muje­res Comu­nis­tas esta­ble­ció el 8 de mar­zo como la fecha para el Día Inter­na­cio­nal de la Mujer. Final­men­te fue adop­ta­do —gra­cias al tra­ba­jo de la Fede­ra­ción Demo­crá­ti­ca Inter­na­cio­nal de Muje­res— por las Nacio­nes Uni­das en 1977.

Los orí­ge­nes de aquel día se encuen­tran en per­so­nas como Nina Agadzha­no­va, la bol­che­vi­que miem­bro del con­se­jo edi­to­rial de Rabot­nit­sa, quien más tar­de escri­bió la mara­vi­llo­sa pelí­cu­la El aco­ra­za­do Potem­kin. Ella sal­tó fren­te a un tran­vía el 8 de mar­zo de 1917, le qui­tó las lla­ves al con­duc­tor y decla­ró que la ciu­dad de Petro­gra­do esta­ba en huel­ga.

Para desa­rro­llar la tra­ma del pen­sa­mien­to femi­nis­ta socia­lis­ta, nues­tro equi­po del Ins­ti­tu­to Tri­con­ti­nen­tal de Inves­ti­ga­ción Social publi­ca­rá una serie de estu­dios sobre la his­to­ria de las muje­res en nues­tras luchas. El estu­dio ini­cial, publi­ca­do esta sema­na para con­me­mo­rar el 8 de mar­zo, esta­ble­ce las bases de esta serie de tex­tos. Ofre­ce un aná­li­sis de las con­di­cio­nes que enfren­tan las muje­res en nues­tros tiem­pos y de las luchas que lide­ran con­tra los regí­me­nes de aus­te­ri­dad y la gue­rra. Hay aná­li­sis deta­lla­dos de Lati­noa­mé­ri­ca, India y Sudá­fri­ca, no solo sobre la peli­gro­sa situa­ción social, sino tam­bién sobre las for­mas orga­ni­za­ti­vas de lucha que se han desa­rro­lla­do en res­pues­ta a estas con­di­cio­nes adver­sas. Como dice nues­tro equi­po: “nos intere­sa par­ti­cu­lar­men­te seña­lar los pro­ce­sos de resis­ten­cia de carác­ter popu­lar, femi­nis­ta y pro­gre­sis­ta de los paí­ses de los tres con­ti­nen­tes del sur glo­bal, para iden­ti­fi­car las carac­te­rís­ti­cas de las luchas libra­das en nues­tro tiem­po, ins­pi­ra­das en el lega­do com­ba­ti­vo deja­do por las muje­res a lo lar­go del siglo XX”. Lean este tex­to aten­ta­men­te y com­pár­tan­lo en sus movi­mien­tos y redes. Duran­te los pró­xi­mos meses irán salien­do los siguien­tes núme­ros de esta serie.

Hace cua­tro años, el 2 de mar­zo de 2016, sica­rios a suel­do ase­si­na­ron a Ber­ta Cáce­res, quien era una de las líde­res del Con­se­jo Cívi­co de Orga­ni­za­cio­nes Popu­la­res e Indí­ge­nas de Hon­du­ras (COPINH). Cáce­res y el COPINH lucha­ron con­tra la cons­truc­ción de una repre­sa en el río Gual­car­que en la zona occi­den­tal de Hon­du­ras. La empre­sa que esta­ba cons­tru­yen­do la repre­sa —Desa­rro­llos Ener­gé­ti­cos Socie­dad Anó­ni­ma (DESA)— la ata­có usan­do todo lo poder del Esta­do hon­du­re­ño. La poli­cía y los mili­ta­res del país hicie­ron guar­dia en el sitio, y fue­ron ex miem­bros de las fuer­zas arma­das de Hon­du­ras quie­nes ase­si­na­ron a Cáce­res. La evi­den­cia en el jui­cio con­tra estos tres hom­bres mos­tró la pro­fun­da com­pli­ci­dad del Esta­do de Hon­du­ras en su con­jun­to, inclu­yen­do al actual gobierno diri­gi­do por Juan Orlan­do Her­nán­dez. El 2009, el gobierno esta­dou­ni­den­se —jun­to con la oli­gar­quía hon­du­re­ña— derro­có al gobierno pro­gre­sis­ta de Manuel Zela­ya; en su lugar pusie­ron a los ins­tru­men­tos pre­fe­ri­dos de la oli­gar­quía y EE.UU.: el ultra­de­re­chis­ta Par­ti­do Nacio­nal, al que per­te­ne­cen per­so­nas como Her­nán­dez. Ber­ta Cáce­res no fue solo ase­si­na­da por esos sica­rios, sino por los efec­tos de un gol­pe de Esta­do que esta­ble­ció un gobierno de impu­ni­dad.

Hace poco con­ver­sé con la hija de Ber­ta Cáce­res, Bertha Zúñi­ga Cáce­res, quien me dijo que los últi­mos cua­tro años han sido difí­ci­les para ella per­so­nal­men­te y para el COPINH, que aho­ra coor­di­na. Los sica­rios fue­ron con­de­na­dos a pri­sión, pero los auto­res del ase­si­na­to —los due­ños de DESA y otras per­so­nas en el apa­ra­to esta­tal— no han sido inves­ti­ga­dos ni acu­sa­dos. Pero no es ahí don­de ella está ponien­do su aten­ción. Con el peso de la tra­di­ción femi­nis­ta socia­lis­ta sobre sus hom­bros, Zúñi­ga Cáce­res está enfo­ca­da en la alfom­bra de bien­ve­ni­da que el gobierno de ultra­de­re­cha ha des­ple­ga­do para las empre­sas trans­na­cio­na­les que extraen recur­sos y vul­ne­ran los dere­chos del pue­blo hon­du­re­ño. Tie­ne que haber “una refun­da­ción de Hon­du­ras”, me dijo.

El ase­si­na­to de Ber­ta Cáce­res vino dos años des­pués de que mato­nes irrum­pie­ran en el hogar de Thu­li Ndlo­vu, líder de Abah­la­li base Mjon­do­lo de Sudá­fri­ca. Los líde­res polí­ti­cos loca­les en KwaN­den­ge­zi tenían intere­ses en el desa­rro­llo de pro­yec­tos de vivien­da; Ndlo­vu y Abah­la­li tuvie­ron la auda­cia de crear una orga­ni­za­ción polí­ti­ca de tra­ba­ja­do­ras para con­fron­tar su poder eco­nó­mi­co y polí­ti­co. Por esta razón Ndlo­vu fue ase­si­na­da. El día siguien­te, Abah­la­li publi­có una decla­ra­ción poten­te sobre el ase­si­na­to. “Nues­tro movi­mien­to está en shock, pero no sor­pren­di­do”, escri­bie­ron. “Hemos acep­ta­do que algunxs de nosotrxs mori­rán en esta lucha… Esta­mos enfren­tan­do una gue­rra. La lucha por la tie­rra y la dig­ni­dad con­ti­núa”.

 Miguel Alandia Pantoja, La educación, 1960, el Monumento a la Revolución Nacional, La Paz, Bolivia.

Miguel Alan­dia Pan­to­ja, La edu­ca­ción, 1960, Monu­men­to a la Revo­lu­ción Nacio­nal, La Paz, Boli­via.

El pre­si­den­te de Hon­du­ras, Her­nán­dez, comen­zó su segun­do man­da­to en 2018 tras acu­sa­cio­nes de frau­de elec­to­ral que pro­vo­ca­ron pro­tes­tas masi­vas en todo el país; Her­nán­dez res­pon­dió con gas lacri­mó­geno y dis­pa­ros. Nadie en la ofi­ci­na de la Orga­ni­za­ción de Esta­dos Ame­ri­ca­nos (OEA) levan­tó una ceja. Her­nán­dez, a pesar de todas las inves­ti­ga­cio­nes en su con­tra sobre nar­co­trá­fi­co, es favo­re­ci­do por el gobierno de Esta­dos Uni­dos. Todo este asun­to del frau­de elec­to­ral es aho­ra pro­fun­da­men­te polí­ti­co, con orga­ni­za­cio­nes como la OEA trans­for­ma­das en armas para debi­li­tar a los gobier­nos de izquier­da. Un nue­vo estu­dio de dos aca­dé­mi­cos del Ins­ti­tu­to de Tec­no­lo­gía de Mas­sa­chu­setts (MIT, por su sigla en inglés) demues­tra que no hubo frau­de en las elec­cio­nes boli­via­nas de 2019. El infor­me “pre­li­mi­nar” de la OEA sobre las elec­cio­nes acu­sa­ba frau­de, lo que fue uti­li­za­do tan­to por el gobierno esta­dou­ni­den­se como por la oli­gar­quía boli­via­na para derro­car al gobierno del Evo Mora­les Ayma. Mora­les está exi­lia­do en Argen­ti­na, la extre­ma dere­cha con­tro­la Boli­via y Washing­ton ha envia­do sus equi­pos de USAID para “moni­to­rear” las elec­cio­nes (para más infor­ma­ción sobre las elec­cio­nes en Boli­via, lea nues­tra Aler­ta roja nº 6). Las con­di­cio­nes para las elec­cio­nes del 3 de mayo son terri­bles, con mucha vio­len­cia con­tra el par­ti­do de Mora­les, el Movi­mien­to Hacia el Socia­lis­mo (MAS), estruc­tu­ra­da en el com­por­ta­mien­to del apa­ra­to esta­tal. Un fun­cio­na­rio finan­cia­do por el gobierno de EE.UU., Sal­va­dor Rome­ro, aho­ra está a car­go de las elec­cio­nes en Boli­via.

¿Qué pro­vo­có la vio­len­cia de la ultra­de­re­cha en Delhi? People’s Dis­patch, 28 de febre­ro de 2020.

El 23 de febre­ro de 2020, gru­pos de ultra­de­re­cha, inci­ta­dos por fun­cio­na­rios elec­tos del Par­ti­do Bha­ra­ti­ya Jana­ta (BJP), se lan­za­ron en con­tra de lxs resi­den­tes musul­manxs del nores­te de Delhi. Has­ta aho­ra, casi cin­cuen­ta per­so­nas han sido ase­si­na­das y miles han sido heri­das y des­pla­za­das. Los hom­bres mar­cha­ron por las calles gri­tan­do con­sig­nas vio­len­tas con el obje­ti­vo de inti­mi­dar a lxs musul­manxs gol­peán­dolxs, matán­dolxs y que­man­do sus casas. La poli­cía de Delhi, con­tro­la­da por el pri­mer minis­tro Naren­dra Modi, se man­tu­vo al mar­gen, cóm­pli­ce de esta terri­ble vio­len­cia pro­vo­ca­da por la dis­cri­mi­na­do­ra ley de ciu­da­da­nía del BJP.

La misión LIFE de Kera­la cons­tru­ye 200.000 casas para la gen­te.

Mien­tras tan­to, en Kera­la, don­de el Fren­te Demo­crá­ti­co de Izquier­da está en el poder, el gobierno —a tra­vés de la misión LIFE— aca­ba de inau­gu­rar 200.000 casas para las per­so­nas en situa­ción de calle. El jefe de gobierno de Kera­la y líder comu­nis­ta, Pina­ra­yi Vija­yan, dijo que su gobierno entre­gó las casas a la gen­te sin pre­gun­tar su cas­ta, reli­gión o ciu­da­da­nía. Solo pre­gun­ta­ron, dijo, “si tenían una casa pro­pia”.

Un lado de la his­to­ria que­ma casas, otro las cons­tru­ye.

Muje­res en lucha, sem­bran­do la resis­ten­cia.

Entre el 5 y el 9 de mar­zo, tres mil mili­tan­tes asis­ti­rán al Pri­mer Encuen­tro Nacio­nal de Muje­res Sin Tie­rra del Movi­mien­to de los Tra­ba­ja­do­res Rura­les Sin Tie­rra (MST) en Bra­sí­lia. Se reu­ni­rán ahí para reafir­mar que son muje­res en lucha y que están “sem­bran­do la resis­ten­cia”. El últi­mo día de su encuen­tro, las muje­res en Méxi­co se irán a huel­ga. Su hash­tag es #UnDía­Sin­No­so­tras.

Hay una línea cla­ra entre la bol­che­vi­que Nina Agadzha­no­va y las muje­res mexi­ca­nas que deten­drán sus pro­pios tran­vías y mar­cha­rán por sus calles.

La Tri­con­ti­nen­tal*

Itu­rria /​Fuen­te

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