Méxi­co. Los mucha­chos que derro­ta­ron al neo­li­be­ra­lis­mo

*Juan de Dios Her­nán­dez Monge/​Resu­men Latinoamericano/​3 de mar­zo de 2020

A 2 déca­das de la his­tó­ri­ca huel­ga estu­dian­til del CGH, el balan­ce es posi­ti­vo. Aún con incum­pli­mien­tos de las auto­ri­da­des, trai­cio­nes, repre­sio­nes y retro­ce­sos, la lucha valió la pena. Hoy la UNAM man­tie­ne abier­tas su puer­tas para ofre­cer edu­ca­ción públi­ca y gra­tui­ta gra­cias a la lucha de 1999 – 2000

Hace 21 años pare­cía que el neo­li­be­ra­lis­mo cam­pea­ría en la Unier­si­dad Nacio­nal Autó­no­ma de Méxi­co (UNAM). La pri­va­ti­za­ción de la edu­ca­ción públi­ca pare­cía inmi­nen­te. El “plan Bar­nés” (17 de diciem­bre 1998) repre­sen­ta­ba el ini­cio de ese pro­ce­so. La refor­ma al Regla­men­to Gene­ral de Pagos (RGP) del 15 de mar­zo de 1999, para incre­men­tar el pago de la cuo­ta semes­tral de 20 cen­ta­vos a 15 sala­rios míni­mos para bachi­lle­ra­to y 20 para licen­cia­tu­ra, fue el aci­ca­te que levan­tó a una gene­ra­ción de estu­dian­tes de la UNAM.

En 1999 la lla­ma­da comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria esta­ba inhi­bi­da. Tan­to, que pare­cía pos­tra­da. A esta gene­ra­ción de estu­dian­tes la lla­ma­ban des­pec­ti­va­men­te la “gene­ra­ción X”; otros, la “gene­ra­ción per­di­da”. Sin embar­go, y con todo en con­tra, des­de el momen­to que se cono­ció la inten­ción de aumen­tar las cuo­tas ini­ció el pro­ce­so orga­ni­za­ti­vo de estu­dian­tes más sig­ni­fi­ca­ti­vo des­de 1968. El movi­mien­to estu­dian­til pron­to alcan­zó un pri­mer con­sen­so: inte­grar la Asam­blea Estu­dian­til Uni­ver­si­ta­ria (AEU), con una estruc­tu­ra hori­zon­tal y rota­ti­va, que pron­to tuvo repre­sen­ta­ción de prác­ti­ca­men­te todas las Escue­las, Cole­gios, Cen­tros, Facul­ta­des e Ins­ti­tu­tos de la UNAM; des­de las escue­las desa­rro­lla­ron una gran capa­ci­dad de movi­li­za­ción; fren­te a la opi­nión públi­ca adqui­rie­ron una legi­ti­mi­dad incues­tio­na­ble; hubo una par­ti­ci­pa­ción masi­va, cien­tos de miles mar­chan­do en las calles des­de antes de que la AEU tras­cen­die­ra en el Con­se­jo Gene­ral de Huel­ga (CGH) el 20 de abril de 1999. Estos mucha­chos resul­ta­ron ser lo mejor de la juven­tud mexi­ca­na, enten­die­ron con luci­dez su momen­to his­tó­ri­co y con su entre­ga, gene­ro­si­dad y com­pro­mi­so, han escri­to una de las pági­nas más her­mo­sas de la his­to­ria nacio­nal.

No se tra­ta­ba de dine­ro. El CGH defen­dió la gra­tui­dad de la edu­ca­ción como prin­ci­pio cons­ti­tu­cio­nal, tra­du­ci­do en la frac­ción IV del Artícu­lo Ter­ce­ro como: “Toda la edu­ca­ción que el Esta­do impar­ta será gra­tui­ta”. Por eso no fun­cio­nó el chan­ta­je de decir­les: todos los estu­dian­tes ya ins­cri­tos no paga­rán cuo­tas. Los mucha­chos dije­ron al uní­sono: Atrás vie­ne mi her­mano, mi pri­mo y des­pués ven­drán mis hijos. Tam­po­co les fun­cio­nó a los buró­cra­tas el haber reba­ja­do a la mitad las cuo­tas, inclu­so el hacer­las volun­ta­rias. Por eso la lucha del CGH fue una lucha prin­ci­pis­ta, defen­die­ron el prin­ci­pio de gra­tui­dad de la edu­ca­ción; sabían bien que la pri­va­ti­za­ción de la edu­ca­ción públi­ca en Méxi­co era un desig­nio de la Orga­ni­za­ción para la Coope­ra­ción y el Desa­rro­llo Eco­nó­mi­cos (OCDE), del Ban­co Mun­dial (BM) y del Fon­do Mone­ta­rios Iter­na­cio­nal (FMI), entes del impe­rio que con­si­de­ran la gra­tui­dad de la edu­ca­ción como una ano­ma­lía en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta, más noto­rio en el neo­li­be­ra­lis­mo de fina­les del siglo XX.

El CGH luchó por cons­truir futu­ro y triun­fó. Des­de el acia­go 6 de febre­ro de 2000 al día de hoy han pasa­do por sus aulas y labo­ra­to­rios varios millo­nes de com­pa­ñe­ros uni­ver­si­ta­rios que abre­van, aún sin saber­lo, de ese triun­fo his­tó­ri­co del CGH.

En la his­to­ria de la lucha social ni el triun­fo ni la derro­ta son defi­ni­ti­vos, hay movi­mien­tos apa­ren­te­men­te triun­fan­tes, que en reali­dad han sido derro­ta­dos. Hay otros apa­ren­te­men­te derro­ta­dos que resul­tan triun­fan­tes. Tra­ta­ré de expli­car­me.

La huel­ga del Comi­té Estu­dian­til Uni­ver­si­ta­rio (CEU), de 1986 con­tra el “plan Car­pi­zo”, tam­bién por el inten­to de aumen­tar las cuo­tas en la UNAM, resul­tó apa­ren­te­men­te triun­fan­te por­que logró parar el aumen­to de cuo­tas, pero no pudo lograr la abro­ga­ción del Regla­men­to Gene­ral de Pagos. Lo más impor­tan­te es que el CEU ganó, ade­más, la posi­bi­li­dad de refun­dar la UNAM, para lo cual habría de rea­li­zar­se un Con­gre­so Gene­ral Uni­ver­si­ta­rio (CGU), reso­lu­ti­vo, demo­crá­ti­co y repre­sen­ta­ti­vo. Sin embar­go, al dife­rir­se su rea­li­za­ción has­ta 1990, la buro­cra­cia ope­ró y dise­ño un Con­gre­so “a modo”, que garan­ti­zó la derro­ta del CEU en él. Per­mí­tan­me resal­tar sola­men­te tres pun­tos. Uno, la COCU (Comi­sión Orga­ni­za­do­ra del Con­gre­so Uni­ver­si­ta­rio) hizo par­te del CGU al Con­se­jo Uni­ver­si­ta­rio en pleno: como dele­ga­dos ex ofi­cio, fue­ron más del 40 por cien­to de los dele­ga­dos al Con­gre­so. Dos, la COCU esta­ble­ció que para que hubie­ra acuer­do se reque­ri­ría el 75 por cien­to de los votos. Tres, hubo una sobre­rre­pre­sen­ta­ción de la buro­cra­cia uni­ver­si­ta­ria y una subrre­pre­sen­ta­ción de la comu­ni­dad aca­dé­mi­ca, es decir, de estu­dian­tes y pro­fe­so­res, lo que garan­ti­zó que no hubie­ra acuer­dos por no alcan­zar tres cuar­tas par­tes de los votos. Vale la pena seña­lar que hubo en el Con­gre­so sólo un acuer­do que alcan­zó más del 80 por cien­to de los votos: la des­apa­ri­ción del Tri­bu­nal Uni­ver­si­ta­rio, por con­si­de­rar­lo un tri­bu­nal espe­cial prohi­bi­do en la Cons­ti­tu­ción mexi­ca­na. Éste úni­co acuer­do del Con­gre­so Uni­ver­si­ta­rio de 1990 nun­ca ha sido cum­pli­do, hoy con­ti­núa fun­cio­nan­do como ins­tru­men­to de repre­sión, de cor­te inqui­si­to­rial, en con­tra de los estu­dian­tes y pro­fe­so­res.

En cam­bio, la huel­ga del CGH no obs­tan­te que fue rota vio­len­ta­men­te por el Ejér­ci­to dis­fra­za­do de poli­cía, el gol­pe de mano fas­cis­ta fue pre­pa­ra­do por Juan Ramon de la Fuen­te, en las cloa­cas del gobierno fede­ral a don­de per­te­ne­ce. El rom­pi­mien­to ocu­rrió en dos eta­pas, la pri­me­ra el 1 de febre­ro de 2000 en el plan­tel 3 de la Escue­la Nacio­nal Pre­pa­ra­to­ria. El segun­do gol­pe fue aún más bru­tal, ocu­rrió el 6 de febre­ro siguien­te, en el Audi­to­rio Che Gue­va­ra, duran­te la ple­na­ria del CGH. Así el porro per­fu­ma­do, cum­plien­do los desig­nios impe­ria­les, estre­nó con­tra los mucha­chos a la Poli­cía Fede­ral Pre­ven­ti­va (PFP). Suma­ron 998 pre­sos. Así vis­to el hecho ais­la­do pare­ce­ría que el CGH fue derro­ta­do; sin embar­go, al ana­li­zar el con­tex­to, pode­mos obser­var que el carác­ter emi­nen­te­men­te pací­fi­co del movi­mien­to, la legi­ti­mi­dad que resul­ta de defen­der los prin­ci­pios cons­ti­tu­cio­na­les y de defen­der la auto­no­mía uni­ver­si­ta­ria, que esta­ban sien­do vul­ne­ra­dos por el rec­tor y por el Esta­do, hizo total­men­te injus­ti­fi­ca­do el gol­pe de mano repre­si­vo.

El rom­pi­mien­to de la huel­ga del CGH no sig­ni­fi­có su derro­ta, pero el impac­to fue bru­tal. Ade­más de los pre­sos del 1 y 6 de febre­ro, publi­ca­ron en la pren­sa una lis­ta de casi 500 órde­nes de aprehen­sión en con­tra de estu­dian­tes, pro­fe­so­res y padres de fami­lia. La ocu­pa­ción mili­tar de todas las ins­ta­la­cio­nes de la UNAM nos obli­gó lle­var a la clan­des­ti­ni­dad el movi­mien­to. Los ope­ra­ti­vos de la poli­cía para eje­cu­tar las deten­cio­nes, crea­ron un cli­ma de terror en la ciu­dad y el movi­mien­to se vol­có por la liber­tad de los pre­sos polí­ti­cos.

Aún y cuan­do el 10 de diciem­bre de 1999, en el Pala­cio de Mine­ría, se fir­ma­ron los acuer­dos sobre las deman­das de los mucha­chos, una de las cua­les era la rea­li­za­ción de un nue­vo Con­gre­so Gene­ral Uni­ver­si­ta­rio, reso­lu­ti­vo, repre­sen­ta­ti­vo y demo­crá­ti­co, sin embar­go al haber que­da­do su rea­li­za­ción a la dis­cre­cio­na­li­dad de la buro­cra­cia adop­ta­ron una moda­li­dad o simu­la­ción a la que lla­ma­ron “Con­gre­so por eta­pas”. Con ese pro­ce­der, frus­tra­ron la posi­bi­li­dad real de refun­dar nues­tra Uni­ver­si­dad; sig­ni­fi­có que se impu­so la fuer­za del Esta­do por enci­ma de la fuer­za de la razón. Sin embar­go la jus­te­za de sus plan­tea­mien­tos, la ampli­tud del movi­mien­to y el hecho de que los mucha­chos esta­ban defen­dien­do el patri­mo­nio más pre­cia­do de la socie­dad mexi­ca­na, con­vir­tie­ron al CGH en el pri­mer movi­mien­to social triun­fan­te fren­te al neo­li­be­ra­lis­mo en Méxi­co, en las pos­tri­me­rías del siglo XX. Aún cuan­do el triun­fo es par­cial, el plan Bar­nés fue dete­ni­do. Los seis pun­tos del Plie­go Peti­to­rio (replan­tea­do) que habían sido acep­ta­dos por Rec­to­ría fue­ron incum­pli­dos. De la Fuen­te trai­cio­nó su pala­bra empe­ña­da en los acuer­dos del 10 de diciem­bre en el Pala­cio de Mine­ría, uno de los acuer­dos refie­re pre­ci­sa­men­te que: la úni­ca vía de solu­ción de la huel­ga del CGH tenía que ser pací­fi­ca y dada por los uni­ver­si­ta­rios; en lugar de eso el porro per­fu­ma­do metió a la cár­cel a sus legí­ti­mos inter­lo­cu­to­res a los que había reco­no­ci­do públi­ca­men­te.

De la Fuen­te siem­pre negó haber soli­ci­ta­do la inter­ven­ción de la fuer­za públi­ca, sin embar­go, no fue capaz de pro­tes­tar siquie­ra por la fla­gran­te vio­la­ción de la auto­no­mía uni­ver­si­ta­ria. La úni­ca voz que se levan­tó para pro­tes­tar por la incur­sión mili­tar en la UNAM fue la de don Pablo Gon­zá­lez Casa­no­va, quien dig­na­men­te renun­ció a la direc­ción del Ins­ti­tu­to de Inves­ti­ga­cio­nes Socia­les.

Juan Ramon de la Fuen­te fue ungi­do rec­tor de la UNAM el 17 de noviem­bre de 1999, saca­do del gabi­ne­te pre­si­den­cial, des­de un ini­cio actúo en for­ma hipó­cri­ta, ya que apa­ren­ta­ba volun­tad de diá­lo­go, pero al mis­mo tiem­po man­da­ba gol­pea­do­res para agre­dir a los com­pa­ñe­ros que hacían guar­dias en las escue­las; ini­ció una cam­pa­ña de medios, paga­da, para tra­tar de des­pres­ti­giar al CGH; tejió una red de alian­zas, se alió con los “mode­ra­dos” del PRD y con los sec­to­res más reac­cio­na­rios den­tro y fue­ra de la uni­ver­si­dad; alen­tó a las lla­ma­das “muje­res de blan­co”; con­vo­có a los inves­ti­ga­do­res y a los “pro­fe­so­res emé­ri­tos”, para dise­ñar un “plan ins­ti­tu­cio­nal” que le die­ra cober­tu­ra a la sali­da vio­len­ta que se pre­pa­ra­ba; la Pro­cu­ra­du­ría Gene­ral de la Repú­bli­ca (PGR) giró cien­tos de cita­to­rios; inclu­si­ve Rec­to­ría orde­nó la reten­ción ile­gal de sala­rios a pro­fe­so­res que fue­ran par­te del movi­mien­to. Toda una esca­la­da al tiem­po que con­vo­ca­ba al diá­lo­go públi­co con el CGH, para lo cual el día 18 de noviem­bre nom­bró una “Comi­sión de Encuen­tro” que esta­ble­ció con­tac­to con el CGH el 22 de noviem­bre y el 29 en el Pala­cio de Mine­ría ini­ció el Diá­lo­go Públi­co entre los repre­sen­tan­tes del rec­tor y los 120 repre­sen­tan­tes del CGH. El 10 de diciem­bre se fir­ma­ron los úni­cos acuer­dos.

El 4 de febre­ro de 2000, en el “pala­cio de la inqui­si­ción” (anti­gua escue­la de medi­ci­na) se reunió con el CGH, por últi­ma vez, el porro per­fu­ma­do impues­to por el gobierno fede­ral como rec­tor duran­te la gran huel­ga estu­dian­til, Juan Ramón de la Fuen­te (hoy en día emba­ja­dor de Méxi­co ante la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das). Se tra­ta­ba de hacer creer a la opi­nión públi­ca que por la “intran­si­gen­cia del CGH” la úni­ca opción era la repre­si­va: rom­per la huel­ga en toda la UNAM igual que en “pre­pa 3”. La deci­sión esta­ba toma­da, el gol­pe de mano fas­cis­ta se pre­pa­ra­ba con pre­mu­ra.

Los 251 dete­ni­dos el día 1 (en la Pre­pa­ra­to­ria) eran pre­sen­ta­dos como rehe­nes del Esta­do, como mone­das de cam­bio.

El 4 de febre­ro, De la Fuen­te con­vo­có al CGH, pero aho­ra úni­ca­men­te a tra­vés de una peque­ña comi­sión de 10 dele­ga­dos y “cua­tro de apo­yo”. Como telón de fon­do está el hecho de que des­de el 10 de diciem­bre, cuan­do se habían alcan­za­do los pri­me­ros y úni­cos acuer­dos en el Pala­cio de Mine­ría, don­de ya habían acep­ta­do el plie­go peti­to­rio y al CGH como úni­co inter­lo­cu­tor váli­do, inclu­yen­do la rea­li­za­ción de un Con­gre­so Gene­ral Uni­ver­si­ta­rio, con carác­ter reso­lu­ti­vo. Sin embar­go, por un error tác­ti­co (1 mil sillas) y una pro­vo­ca­ción (al día siguien­te de la fir­ma, ape­drea­ron y rom­pie­ron los vidrios de la emba­ja­da de Esta­dos Uni­dos), la Rec­to­ría se levan­tó de la mesa y no había regre­sa­do al diá­lo­go con el CGH, has­ta este día.

Antes de que entra­ra la comi­sión, afue­ra de la anti­gua Escue­la de Medi­ci­na, se pro­pu­so que pudié­ra­mos acom­pa­ñar a la comi­sión los dos ase­so­res del CGH que está­ba­mos pre­sen­tes. Así el doc­tor Luis Javier Garri­do Pla­tas y el que esto escri­be entra­mos a la reunión. En una mesa lar­ga ya se encon­tra­ban: Juan Ramón de la Fuen­te; a su dere­cha, el tene­bro­so Luis de la Barre­da, ombuds­man del enton­ces Dis­tri­to Fede­ral; José Luis Sobe­ra­nes, pre­si­den­te de la Comi­sión Nacio­nal de los Dere­chos Huma­nos (CNDH); el inefa­ble José Narro (ope­ra­dor); Fede­ri­co Reyes Hero­les (opi­nó­cra­ta); Fer­nan­do Serrano Miga­llón, que era el abo­ga­do gene­ral de la UNAM, entre otros.

Aho­ra, en una posi­ción de fuer­za, des­pués del ple­bis­ci­to cuyos resul­ta­dos fue­ron mediá­ti­ca­men­te ter­gi­ver­sa­dos para hacer creer que una “mayo­ría” del 38 por cien­to repre­sen­ta­ba en reali­dad al 85 por cien­to de la “comu­ni­dad uni­ver­si­ta­ria”, cíni­ca­men­te dijo el rec­tor al CGH: Levan­ten la huel­ga y libe­ro a los estu­dian­tes pre­sos. Cual­quier otra cosa sig­ni­fi­ca­ba que, otra vez, usa­rían a la fuer­za públi­ca para rom­per la huel­ga del CGH con un gol­pe de mano, de cor­te fas­cis­ta.

De inme­dia­to De la Fuen­te plan­teó el ulti­má­tum a los mucha­chos, les ofre­ció libe­rar a los pre­sos polí­ti­cos, a cam­bio de que, en ese momen­to, levan­ta­ran la huel­ga. Era evi­den­te que la comi­sión de los 10 no tenía facul­tad para levan­tar la huel­ga. Sin embar­go, en un esfuer­zo deses­pe­ra­do, a pro­pues­ta de los ase­so­res, con­si­de­ran­do que los Ins­ti­tu­tos, el Esta­dio Olím­pi­co y la zona cul­tu­ral no fue­ron cerra­dos por el CGH (los cerró Bar­nes), se pro­pu­so que como mues­tra de bue­na fe y de la volun­tad del CGH para levan­tar la huel­ga, en ese momen­to se entre­ga­rían esas ins­ta­la­cio­nes. Duran­te la reunión, des­pués de cada pro­pues­ta, Narro toma­ba el telé­fono, se salía y al regre­so se acer­ca­ba a De la Fuen­te; algo le decía al oído, se reti­ra­ba y de la Fuen­te decía: No, ¡tie­nen que levan­tar la huel­ga!

Cuan­do se hizo la pro­pues­ta de entre­gar los espa­cios cerra­dos por Bar­nés, de ini­cio el rec­tor reco­no­ció su via­bi­li­dad y acep­tó que se for­ma­ra una comi­sión redac­to­ra de la pro­pues­ta, en ese momen­to sur­gió una tenue luz que ilu­mi­nó la mesa. Sin embar­go muy pron­to fui­mos lla­ma­dos, de urgen­cia, a la mesa. El rec­tor, de pie, anun­ció que se reti­ra­ba por­que una mani­fes­ta­ción enor­me mar­cha­ba al “pala­cio de la inqui­si­ción” y no iba a tole­rar pre­sio­nes. Para qui­tar el pre­tex­to ofre­ci­mos que la mar­cha regre­sa­ría al zóca­lo (que era su des­tino ori­gi­nal). Así cuan­do lle­gó la avan­za­da, venía el Cen­tro Libre de expe­ri­men­ta­ción Tea­tral y Artís­ti­ca (CLETA) al fren­te con su camión, con soni­do. La Comi­sión de los 10 y Luis Javier Garri­do me pidie­ron subir al tol­do del camión. Des­de ahí tra­té de hacer­me oír, pero el baru­llo era enor­me y no se escu­cha­ba nada. Enton­ces me arro­di­llé y a gri­tos pude hacer que se corrie­ra la voz de SILENCIO, fue como mági­co, se fue hacien­do el silen­cio. Con­for­me les expli­ca­ba que tenían que dar media vuel­ta y regre­sar, tra­té de trans­mi­tir el sen­ti­do de urgen­cia, la gra­ve­dad y fra­gi­li­dad del momen­to. Creo que lo logré. La mar­cha regre­só al Zóca­lo y se reins­ta­ló la mesa.

Sin embar­go cuan­do regre­sa­mos a la mesa, de inme­dia­to el rec­tor seña­ló que no había otra alter­na­ti­va para el CGH. Lo úni­co que acep­ta­ría era que se levan­ta­ra la huel­ga en ese momen­to. La Comi­sión de los 10 insis­tía en que esa deci­sión tenía que ser toma­da por la ple­na­ria del CGH, mis­ma que sería con­vo­ca­da de inme­dia­to. No obs­tan­te, el rec­tor se levan­tó de la mesa y se reti­ró. Minu­tos antes nos avi­sa­ron que la CNDH había publi­ca­do un Comu­ni­ca­do anun­cian­do el rom­pi­mien­to de las plá­ti­cas “por la intran­si­gen­cia del CGH”. Si algu­na duda que­da­ba, así que­dó de mani­fies­to el papel de cori­feos y com­par­sas, sim­ple­men­te para legi­ti­mar el gol­pe de mano fas­cis­ta. Cuan­do sali­mos del “pala­cio de la inqui­si­ción”, a la una de la maña­na del 5 de febre­ro, la suer­te esta­ba echa­da, el CGH sería repri­mi­do.

Los pre­sos del 1 de febre­ro fue­ron con­sig­na­dos ante los Juz­ga­dos Segun­do y Sex­to de Dis­tri­to en Mate­ria Penal. El Minis­te­rio Públi­co los acu­só de los siguien­tes deli­tos: 1) Terro­ris­mo; 2) Sabo­ta­je; 3) Motín; 4) Aso­cia­ción Delic­tuo­sa; 5) Lesio­nes; 6) Robo cali­fi­ca­do; 7) Daño en Pro­pie­dad Aje­na; y 8) Des­po­jo agra­va­do. Por si fue­ra poco, ade­más les fin­ca­ron la cali­fi­ca­ti­va de “Peli­gro­si­dad Social”, que si bien no es un deli­to sí fue sufi­cien­te para evi­tar la liber­tad bajo fian­za de los mucha­chos. De inme­dia­to ambos jue­ces des­es­ti­ma­ron por datos insu­fi­cien­tes las acu­sa­cio­nes de terro­ris­mo y sabo­ta­je; sin embar­go el Juez Segun­do ini­ció la cau­sa penal 8/​2000 por los deli­tos de: motín, aso­cia­ción delic­tuo­sa, lesio­nes, robo cali­fi­ca­do, daño en pro­pie­dad aje­na y des­po­jo; el Juez Sex­to abrió la cau­sa penal 7/​2000, úni­ca­men­te por los deli­tos de motín y des­po­jo, sien­do sobre­seí­da la cau­sa penal por el deli­to de des­po­jo, lo que per­mi­tió la liber­tad bajo fian­za de los mucha­chos. Fue tan exce­si­va la acu­sa­ción que el pro­pio pro­cu­ra­dor gene­ral tuvo que salir a decla­rar que se había tra­ta­do de un exce­so y aun­que los jue­ces ya lo habían hecho, orde­nó el sobre­sei­mien­to de terro­ris­mo y de sabo­ta­je; ade­más la UNAM se desis­tió par­cial­men­te del deli­to de daño en pro­pie­dad aje­na, dejan­do a seis mucha­chos la acu­sa­ción de ese deli­to.

Al ama­ne­cer del 6 de febre­ro se ini­ció una de las más gra­ves vio­la­cio­nes a la auto­no­mía uni­ver­si­ta­ria y a las garan­tías indi­vi­dua­les en Méxi­co, que fue­ron sus­pen­di­das de fac­to, un juez de con­sig­na, recién nom­bra­do expro­fe­so, simu­ló haber leí­do y estu­dia­do 10 mil hojas tama­ño ofi­cio, en unas cuan­tas horas, para jus­ti­fi­car el libra­mien­to de algu­nas órde­nes de aprehen­sión, dic­ta­das tam­bién por el Juez Segun­do de Dis­tri­to, en la cau­sa penal 202000, por el deli­to de des­po­jo agra­va­do, denun­cia­do por Igna­cio Bur­goa, Raúl Carran­ca y Othón Pérez, que a su vez sir­vie­ron de pre­tex­to para eje­cu­tar una reda­da ile­gal en el Audi­to­rio Che Gue­va­ra, don­de esta­ba reuni­da la ple­na­ria del CGH, el resul­ta­do fue de otros 747 pre­sos polí­ti­cos. En esta cau­sa penal la defen­sa soli­ci­tó y obtu­vo el sobre­sei­mien­to del deli­to de des­po­jo.

Lle­gó el momen­to en que téc­ni­ca­men­te los mucha­chos alcan­za­ban el dere­cho a la liber­tad bajo fian­za. Sin embar­go, el Minis­te­rio Públi­co seguía sos­te­nien­do la cali­fi­ca­ti­va de “peli­gro­si­dad social”, medi­da uni­la­te­ral pero ava­la­da por los jue­ces que impe­día su libe­ra­ción. Por ello la defen­sa argu­men­tó que el Minis­te­rio Públi­co Fede­ral había omi­ti­do ofre­cer prue­bas para acre­di­tar­la, por ello había incu­rri­do en incom­pro­ba­ción de la cali­fi­ca­ti­va. Cuan­do el juez acep­tó reti­rar la cali­fi­ca­ti­va de peli­gro­si­dad social se abrie­ron las puer­tas de la cár­cel para todos los dete­ni­dos, excep­to para cin­co, a quie­nes les fue reti­ra­da pos­te­rior­men­te y obtu­vie­ron tam­bién su liber­tad el 7 de junio de 2000.

Des­pués de este apre­ta­do balan­ce, sin dejar de reco­no­cer que el cos­to social de la gran huel­ga del CGH fue enor­me; nos cos­tó la vida de dos estu­dian­tes del Cole­gio de Cien­cias y Huma­ni­da­des (CCH), uno del plan­tel Nau­cal­pan, atro­pe­lla­do antes de la huel­ga y el ase­si­na­to de Ale­jan­dra Tri­gue­ros Luz, del plan­tel Orien­te, ocu­rri­do el día de la pri­me­ra mani­fes­ta­ción del CGH.

Cerran­do la uni­ver­si­dad por 10 meses, en huel­ga, hoy man­tie­ne abier­tas sus puer­tas para sus her­ma­nos; y a 20 años de dis­tan­cia, son los hijos del CGH los que hoy dis­fru­tan la edu­ca­ción públi­ca y gra­tui­ta por la que lucha­mos hace 2 déca­das. A fuer­za de gol­pes nos hicie­ron fuer­tes; con las pro­vo­ca­cio­nes y la cár­cel por defen­der la edu­ca­ción públi­ca y gra­tui­ta, esta gene­ra­ción se res­ca­tó a sí mis­ma, escri­bien­do una de las pági­nas más her­mo­sas de la his­to­ria nacio­nal. ¿Valió la pena la huel­ga y la luca del CGH? ¡Sí, valió la pena y lo vol­ve­ría a hacer!

* Juris­ta inte­gran­te del Colec­ti­vo de Abo­ga­dos Zapa­tis­tas y de la Liga de Abo­ga­dos 1 de Diciem­bre; cate­drá­ti­co de his­to­ria y de dere­cho en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Autó­no­ma de Méxi­co

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