Argen­ti­na. Cons­tru­ya­mos el Nun­ca Más a la deu­da exter­na

Por Mario Cafie­ro*, Resu­men Lati­noa­me­ri­cano, 3 mar­zo 2020

Lue­go de déca­das de gol­pes y vio­len­cia polí­ti­ca, la diri­gen­cia argen­ti­na supo cons­truir su «Nun­ca Más». Des­de 1983 pudo orga­ni­zar sus ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas de for­ma demo­crá­ti­ca y per­ma­nen­te. Resuel­ta la orga­ni­za­ción polí­ti­co demo­crá­ti­ca, se dio por sen­ta­do que el bien­es­tar social ven­dría por aña­di­du­ra. Pero las recu­rren­tes cri­sis eco­nó­mi­cas y socia­les que hemos pade­ci­do des­de enton­ces han dado por tie­rra este argu­men­to. Un solo dato: hoy el PBI per cápi­ta es simi­lar a la déca­da del 90. Pocos paí­ses regis­tran este nivel de estan­ca­mien­to. La cien­cia eco­nó­mi­ca no alcan­za a expli­car la ano­ma­lía de un país con inmen­sas rique­zas y tan pobre desem­pe­ño. Las rece­tas eco­nó­mi­cas neo­li­be­ra­les apli­ca­das han sido desas­tro­sas, como este últi­mo inten­to con Macri. Pero cuan­do se apli­ca­ron otras polí­ti­cas, no se acom­pa­ña­ron de un cam­bio de la matriz pro­duc­ti­va y finan­cie­ra. La eco­no­mía argen­ti­na pare­ce un labe­rin­to cuyo reco­rri­do siem­pre ter­mi­na en el mis­mo lugar: deu­da exter­na insos­te­ni­ble, fal­ta de dóla­res y cri­sis con­se­cuen­te. Nos dicen que la cri­sis siem­pre se pre­ci­pi­ta por la sen­ci­lla razón que no tene­mos los dóla­res para pagar la deu­da exter­na. Pero: ¿adón­de se fue­ron los dóla­res que nos pres­ta­ron?

En los datos ofi­cia­les encon­tra­mos la res­pues­ta. El últi­mo infor­me de la Direc­ción de Cuen­tas Inter­na­cio­na­les infor­ma que la Argen­ti­na es acree­do­ra del mun­do en 115.996 millo­nes dóla­res; ya que tie­ne pres­ta­do o inver­ti­do afue­ra del país 387.499 millo­nes de dóla­res y tie­ne una deu­da exter­na de 271.503 millo­nes de dóla­res. Pon­gá­mos­lo así: la eco­no­mía argen­ti­na ‑como un todo- podría pagar ínte­gra­men­te su deu­da exter­na y con­tar ade­más con 115.996 millo­nes de dóla­res de reser­vas, con lo cual no nece­si­ta­ría de nin­gún esfuer­zo para pagar su deu­da exter­na, ni habría la más mini­na incer­ti­dum­bre cam­bia­ria. El pro­ble­ma argen­tino no es enton­ces la fal­ta de dóla­res, sino la inade­cua­da loca­li­za­ción de los mis­mos. El pro­ble­ma resi­de en un sec­tor pri­va­do que ate­so­ra en dóla­res y se los lle­va fue­ra del sis­te­ma finan­cie­ro local. Y un sec­tor públi­co al que siem­pre le fal­tan dóla­res, por­que adeu­da muchos (aun­que no los haya usa­do) por­que sen­ci­lla­men­te los ha sumi­nis­tra­do al sec­tor pri­va­do para que éste los ate­so­re y fugue.

La deu­da exter­na y fuga de capi­ta­les son las dos caras de una mis­ma mone­da y es este meca­nis­mo el que des­tru­ye el sis­te­ma mone­ta­rio y finan­cie­ro local. Al pun­to que hoy en Argen­ti­na la rela­ción entre el dine­ro que cir­cu­la y su PBI es del 27%, se ubi­ca en el pues­to nº 158 del mun­do. O sea que somos un país en extre­ma pobre­za mone­ta­ria-finan­cie­ra nacio­nal y eso es en con­se­cuen­cia lo que aplas­ta a nues­tra eco­no­mía real. El FMI que ya asu­mió su error en apo­yar el insos­te­ni­ble endeu­da­mien­to del gobierno ante­rior, aho­ra debe­ría reco­no­cer que el nudo del pro­ble­ma eco­nó­mi­co argen­tino es la exclu­sión mone­ta­ria y la usu­ra finan­cie­ra.

No hay sali­da al pro­ble­ma de la deu­da si no recons­trui­mos nues­tras ins­ti­tu­cio­nes mone­ta­rias y finan­cie­ras, como hici­mos antes con nues­tras ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­co demo­crá­ti­cas. Par­tien­do de aprehen­der que la mone­da y el cré­di­to son un bien común, tan nece­sa­rio a la vida eco­nó­mi­ca como el agua a la vida bio­ló­gi­ca. Que para ello es nece­sa­rio recu­pe­rar la con­fian­za y que la con­fian­za es impo­si­ble de impor­tar­la. Por tan­to, es nece­sa­rio cons­truir un pac­to entre el capi­tal pro­duc­ti­vo, el tra­ba­jo y el Esta­do, para imple­men­tar sis­te­mas mone­ta­rios digi­ta­les moder­nos, que garan­ti­cen liqui­dez y cré­di­to acor­de al reque­ri­mien­to del sec­tor pro­duc­ti­vo. Es nece­sa­rio vol­ver a las ideas de Key­nes y Sil­vio Gesell, ponien­do al capi­tal finan­cie­ro al ser­vi­cio de la eco­no­mía.

*Mario Cafie­ro, ex dipu­tado nacio­nal, uno de los prin­ci­pa­les impul­so­res de la inves­ti­ga­ción de la deu­da exter­na argen­ti­na y del mega­can­je de 2001,y actual pre­si­den­te del Ins­ti­tu­to Nacio­nal del Aso­cia­ti­vis­mo y la Eco­no­mía Social (INAES).

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