“El femi­nis­mo es la pun­ta de dia­man­te de una insur­gen­cia inter­na­cio­nal”. Entre­vis­ta a Sil­via Federici

Por Vic­to­ria Fur­ta­do y Maria­na Menén­dez /​27 febre­ro 2020

Foto: Vic­to­ria Furtado

Mien­tras alre­de­dor del mun­do se pre­pa­ra la cuar­ta huel­ga femi­nis­ta en cien­tos de reunio­nes, acti­vi­da­des y asam­bleas, escu­char a Sil­via Fede­ri­ci resul­ta ins­pi­ra­dor. En un impás de su andar por el mun­do com­par­tien­do cla­ves y con­ta­gian­do fuer­za, Sil­via nos reci­bió en su casa de Nue­va York para con­ver­sar sobre la actua­li­dad de las luchas femi­nis­tas, las revuel­tas popu­la­res de los últi­mos meses, las ten­sio­nes del femi­nis­mo con la izquier­da y los pun­tos más des­ta­ca­dos de su últi­mo libro. 

En
los últi­mos años has esta­do via­jan­do y en per­ma­nen­te con­tac­to con
com­pa­ñe­ras y orga­ni­za­cio­nes femi­nis­tas de Amé­ri­ca Lati­na y Euro­pa. ¿Cómo
ves la lucha femi­nis­ta hoy?

Es un momen­to muy
impor­tan­te, muy par­ti­cu­lar. No solo en Amé­ri­ca Lati­na, aun­que allí se ve
con más impac­to, es un momen­to en el que se da el encuen­tro del
movi­mien­to femi­nis­ta, con toda su diver­si­dad, con las luchas populares,
con los movi­mien­tos socia­les que, des­de los años ochen­ta, han cre­ci­do en
res­pues­ta al ajus­te estruc­tu­ral, a la polí­ti­ca extrac­ti­vis­ta, al
neo­li­be­ra­lis­mo. Este encuen­tro sur­ge de una situa­ción con­cre­ta muy
fuer­te, que es que todas estas polí­ti­cas han impac­ta­do sobre todo en las
muje­res y en la repro­duc­ción de la vida. Enton­ces las muje­res están en
pri­mer lugar no solo como víc­ti­mas del des­po­jo sino tam­bién como
lucha­do­ras, como pro­ta­go­nis­tas de la resis­ten­cia. Y ade­más de
pro­ta­go­ni­zar la resis­ten­cia han nece­si­ta­do hacer cuen­tas con los hombres
de los movi­mien­tos, de las orga­ni­za­cio­nes mix­tas. Y es aquí que se da
el encuen­tro con el femi­nis­mo, el apor­te del feminismo. 

Se ha
crea­do así un femi­nis­mo nue­vo, un femi­nis­mo que yo creo que es muy
pode­ro­so por­que tie­ne una mira­da anti­ca­pi­ta­lis­ta que reco­no­ce toda una
his­to­ria de opre­sión, tie­ne una mira­da des­co­lo­ni­zan­te. Es un movimiento
que, al fin, abar­ca todos los aspec­tos de la vida. No es un movimiento
que se foca­li­za en el tra­ba­jo como se entien­de tra­di­cio­nal­men­te, es
decir, vin­cu­la­do a la pro­duc­ción, sino que se preo­cu­pa por el cam­po, por
el cuer­po, por lo que pasa en la comu­ni­dad. Y no es solamente
opo­si­ción, es un movi­mien­to que cons­tru­ye. Yo creo que esta es su gran
fuer­za, es lo que le ha per­mi­ti­do cre­cer en estos años a pesar de que la
ola de fas­cis­mo, de la dere­cha sigue cre­cien­do. Cre­ce por­que está
crean­do una infra­es­truc­tu­ra nue­va que nun­ca se ha vis­to en los
movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios domi­na­dos por los hom­bres: toda esta
crea­ti­vi­dad, la capa­ci­dad de recu­pe­rar sabe­res tra­di­cio­na­les, de crear
ligá­me­nes afectivos. 

Yo creo que es un movi­mien­to que tiene
bases muy fuer­tes, por eso sigue suman­do a muje­res que lle­gan de lugares
dife­ren­tes, como en Argen­ti­na y Uru­guay: de las organizaciones
sin­di­ca­les, de la eco­no­mía soli­da­ria, a las com­pa­ñe­ras indí­ge­nas, a las
cam­pe­si­nas. Esto es una fuer­za. El movi­mien­to femi­nis­ta es el que trae
las luchas hoy, en Amé­ri­ca Lati­na sin duda, pero esto, en forma
dife­ren­te, está pasan­do tam­bién en otros lugares.

Pre­ci­sa­men­te,
en los últi­mos meses hubo en Amé­ri­ca Lati­na una serie de levantamientos
popu­la­res en defen­sa de una vida dig­na. Qui­zás los casos más cla­ros son
Chi­le y Ecua­dor, pero no son los úni­cos. ¿Cómo pode­mos leer estos
pro­ce­sos de lucha des­de una pers­pec­ti­va femi­nis­ta que pon­ga en el centro
la repro­duc­ción de la vida?

Yo creo que es importante
una pers­pec­ti­va femi­nis­ta exac­ta­men­te por eso, por­que se enfo­ca en lo
que es más fun­da­men­tal, sea como obje­ti­vo o como con­di­ción de la lucha:
el cam­bio de la repro­duc­ción de la vida coti­dia­na, de la reproducción
social ‑no sola­men­te de la repro­duc­ción domés­ti­ca- en todos los lugares.
Por­que repro­duc­ción sig­ni­fi­ca tra­ba­jo domés­ti­co, sexualidad,
afec­ti­vi­dad, sig­ni­fi­ca tam­bién medioam­bien­te, natu­ra­le­za, el cam­po, la
agri­cul­tu­ra, la cul­tu­ra, la educación. 

El femi­nis­mo toca una
gama muy vas­ta de temá­ti­cas vin­cu­la­das a la repro­duc­ción de la vida que
son el fun­da­men­to de cual­quier cam­bio social, que son el fun­da­men­to de
cual­quier lucha. No pue­de haber una lucha exi­to­sa sin cam­biar estos que
son los aspec­tos más impor­tan­tes de la vida. Por eso yo creo que en
estos levan­ta­mien­tos que se han dado en Chi­le, en Ecua­dor, la
par­ti­ci­pa­ción de las muje­res es muy impor­tan­te; sobre todo miran­do a
lar­go pla­zo, miran­do estos movi­mien­tos no como una rebe­lión momentánea
que maña­na va a caer, sino como movi­mien­tos que expre­san una revuelta
muy pro­fun­da, que expre­san un decir “bas­ta ya” muy pro­fun­do con este
sis­te­ma tan injus­to, tan vio­len­to. Y pen­san­do a lar­go pla­zo la
pers­pec­ti­va y las acti­vi­da­des de las muje­res son fundamentales.

Estas
luchas femi­nis­tas de las que esta­mos hablan­do, anti­ca­pi­ta­lis­tas o de un
femi­nis­mo popu­lar, se preo­cu­pan por una diver­si­dad de asun­tos. Se
intere­san no solo por los pro­ble­mas de las muje­res sino por el conjunto
de las rela­cio­nes socia­les y con la natu­ra­le­za. No obs­tan­te, muchas
veces se inten­ta ubi­car nues­tras voces de muje­res en lucha como sector,
como si solo pudié­se­mos hablar de los temas de las muje­res. En
par­ti­cu­lar este es un con­flic­to con la izquier­da. ¿Cómo valo­rás la
rela­ción entre el femi­nis­mo y la izquierda?

Yo creo que
esto es muy fun­da­men­tal, creo que la izquier­da no quie­re ver. Los
intere­ses mas­cu­li­nos vuel­ven cie­gos a los hom­bres que pro­yec­tan sobre
las muje­res lo que es su pro­pia situa­ción: son ellos que representan
sola­men­te un sec­tor, un tipo par­ti­cu­lar de lucha. Lo que me parece
impor­tan­te del movi­mien­to femi­nis­ta es que ha abier­to los ojos y ha
des­cu­bier­to todo el uni­ver­so de la repro­duc­ción de la vida. Es un
movi­mien­to que ver­da­de­ra­men­te mira no sola­men­te un sec­tor de la vida de
los tra­ba­ja­do­res, un sec­tor del pro­le­ta­ria­do en el capi­ta­lis­mo, sino que
mira en su tota­li­dad. En los años seten­ta, al comien­zo, se habla­ba de
repro­duc­ción como tra­ba­jo domés­ti­co, pero en las últi­mas tres décadas
hemos vis­to que repro­duc­ción es todo. Es el cul­ti­vo, las semi­llas, el
cam­po, la salud, la edu­ca­ción, la crian­za, la cali­dad del aire, los
entra­ma­dos afec­ti­vos, etc. 

El apor­te del femi­nis­mo ha sido
tam­bién seña­lar las des­igual­da­des, por­que el capi­ta­lis­mo es producción
de esca­sez, no pro­duc­ción de pros­pe­ri­dad, y pro­duc­ción de desigualdades.
El capi­ta­lis­mo pro­du­ce no sola­men­te mer­can­cías sino tam­bién divi­sio­nes y
jerar­quías como su con­di­ción pri­ma­ria de exis­ten­cia. Por eso el
femi­nis­mo nos da una pers­pec­ti­va más amplia, que no es sec­to­rial sino
que mira la tota­li­dad de la vida. Cla­ro que habla­mos de un feminismo
anti­ca­pi­ta­lis­ta, no un femi­nis­mo de esta­do crea­do por las Naciones
Uni­das y los gobier­nos para reclu­tar muje­res para las nue­vas for­mas de
desa­rro­llo capi­ta­lis­ta. Es muy impor­tan­te cla­ri­fi­car esto por­que hoy
tam­bién hay un femi­nis­mo de esta­do, un femi­nis­mo ins­ti­tu­cio­nal. No
habla­mos de estos feminismos.

A menos de un mes del 8 de
mar­zo, en muchos paí­ses se están pre­pa­ran­do, paros, movi­li­za­cio­nes y
accio­nes. ¿Cuá­les son los desa­fíos de cara a la pró­xi­ma huel­ga feminista
y, más en gene­ral, para man­te­ner abier­to este tiem­po de lucha?

Para
mí lo más impor­tan­te es siem­pre el pro­ce­so, no la fecha, sino el
pro­ce­so de cons­truc­ción. El 8 de mar­zo es la mani­fes­ta­ción de lo que se
ha hecho, es un momen­to sim­bó­li­co muy impor­tan­te, pero lo más importante
es lo que se cons­tru­ye en el pro­ce­so de con­tac­tar muje­res que, aunque
muchas veces tie­nen intere­ses comu­nes, no se encuen­tran, el pro­ce­so de
crear nue­vos espa­cios. Tam­bién es un momen­to de pro­fun­di­zar en lo que
queremos. 

Enton­ces, por un lado, crear en con­cre­to nue­vas formas
de orga­ni­za­ción, nue­vos espa­cios, por­que el espa­cio es fundamental,
tener luga­res don­de pode­mos encon­trar­nos. Por otro lado, el pro­gra­ma, lo
que que­re­mos, por­que toda­vía tene­mos muchas cosas por defi­nir. Por
ejem­plo, toda­vía se habla muy poco en el femi­nis­mo de la situa­ción de la
infan­cia, que para mí es trá­gi­ca hoy, es una situa­ción de cri­sis muy
fuer­te. Nece­si­ta­mos arti­cu­lar más nues­tro pro­gra­ma, sea en for­ma de
opo­si­ción a lo que se está hacien­do, sea en for­ma de cons­truc­ción, de
com­pren­der lo que que­re­mos, qué tipo de socie­dad y rela­cio­nes queremos.
Y, como siem­pre, el ter­cer obje­ti­vo es supe­rar las divi­sio­nes de todo
tipo que toda­vía exis­ten entre las muje­res: racia­les, de la diversidad
sexual, de edad entre jóve­nes y mayo­res, etc. Este es un obje­ti­vo muy
impor­tan­te por­que la divi­sio­nes y las jerar­quías son lo que más nos
debi­li­ta y el arma más poten­te que tie­nen para crear nue­vos conflictos,
para mos­trar que tene­mos intere­ses dife­ren­tes, para hacer que nuestras
ener­gías se dis­per­sen en luchas sec­ta­rias entre nosotras.

Ya que lo men­cio­nás, ¿cómo ves las rela­cio­nes inter­ge­ne­ra­cio­na­les en el movi­mien­to feminista?

Soy
opti­mis­ta, por­que he via­ja­do mucho y veo que en Espa­ña, en Argen­ti­na o
aquí mis­mo, en Nue­va York, a mis char­las lle­gan muje­res jóve­nes. Yo
ten­go seten­ta y sie­te años y en mis pre­sen­ta­cio­nes la mayo­ría, el
ochen­ta por cien­to son muje­res muy jóve­nes, de die­ci­nue­ve, vein­te años.
Me pare­ce que hay un deseo de conec­tar. En los años seten­ta, en los
movi­mien­tos mix­tos se decía “nun­ca con­fíes en nadie que tie­ne más de
trein­ta años”. Y bueno, yo pue­do enten­der por qué, pero afortunadamente
eso no pasa aho­ra con el feminismo. 

Hay un deseo de comprender,
de conec­tar­se con per­so­nas mayo­res. Aun­que toda­vía la pro­ble­má­ti­ca de
los mayo­res se está tocan­do muy super­fi­cial­men­te. Hoy los mayo­res, y
sobre todo las muje­res mayo­res, viven una cri­sis muy fuer­te. Muchas de
ellas tra­ba­ja­ron toda su vida ayu­dan­do a los hom­bres a vivir y a morir, y
cuan­do ellas nece­si­tan ayu­da por­que no pue­den tra­ba­jar más, no tienen
recur­sos por­que la mayor par­te de su vida la han pasa­do tra­ba­jan­do sin
nin­gu­na ganan­cia. En Esta­dos Uni­dos, las muje­res mayo­res son las que
mayor­men­te pue­blan los refu­gios del esta­do. Son situaciones
ver­da­de­ra­men­te trá­gi­cas, sobre todo las de quie­nes no son
auto­su­fi­cien­tes, que muchas veces viven en con­di­cio­nes terri­bles. Yo
creo que esto, como la situa­ción de la infan­cia, no se ha problematizado
lo sufi­cien­te en el movi­mien­to femi­nis­ta. A pesar de que el movimiento
reúne hoy a muje­res de varias eda­des, toda­vía es una pro­ble­má­ti­ca que
debe ser inclui­da. Por­que si habla­mos de vio­len­cia, la mise­ria económica
y afec­ti­va en la que viven tan­tas muje­res mayo­res es una for­ma de
violencia.

La lucha femi­nis­ta está sien­do muy fuer­te en
muchas par­tes del mun­do, pero al mis­mo tiem­po hay un avan­ce, conservador
en el mejor de los casos, direc­ta­men­te fas­cis­ta en otros. ¿Cómo hacemos
una lec­tu­ra femi­nis­ta de este proceso? 

Si pone­mos esta
vio­len­cia de hoy en el con­tex­to del siglo vein­te, sin irnos al siglo
die­ci­séis o die­ci­sie­te, pode­mos ver que el capi­ta­lis­mo, en cual­quie­ra de
sus fases de desa­rro­llo recien­te, ha sido siem­pre muy vio­len­to: dos
gue­rras mun­dia­les don­de murie­ron casi cin­cuen­ta millo­nes de per­so­nas, la
tor­tu­ra de masas como sis­te­ma de domi­nio en Amé­ri­ca Lati­na a par­tir de
los sesen­ta, todas las gue­rras que tan­to gobier­nos demó­cra­tas como
repu­bli­ca­nos de Esta­dos Uni­dos han impul­sa­do, etc. Pien­so que es
impor­tan­te con­tex­tua­li­zar esto para no pen­sar que es una nove­dad, para
ver que, sobre todo cuan­do se sien­te ame­na­za­do, hos­ti­ga­do, el
capi­ta­lis­mo nece­si­ta des­ple­gar esta violencia. 

Y hoy el
capi­ta­lis­mo se sien­te ame­na­za­do. En pri­mer lugar, por­que hace años se
que­jan de que el nivel de ganan­cia no es sufi­cien­te, enton­ces es un
capi­ta­lis­mo en cri­sis. En segun­do lugar, por­que hay un avan­ce, por­que el
femi­nis­mo es la pun­ta de dia­man­te de una insur­gen­cia inter­na­cio­nal. Son
años y años de insur­gen­cia con­ti­nua. Des­de la pri­ma­ve­ra ára­be hasta
hoy, es una insur­gen­cia que siem­pre nece­si­ta de más tor­tu­ra, guerra,
cár­cel. Enton­ces veo toda esta vio­len­cia como una res­pues­ta que no es
una nove­dad, sino la res­pues­ta usual del capi­ta­lis­mo que se sien­te en
cri­sis, que sien­te que sus fun­da­men­tos están en peli­gro y se enfren­ta a
movi­mien­tos inter­na­cio­na­les que, sin estar coor­di­na­dos tie­nen las mismas
temá­ti­cas. Por­que de Bra­sil a Chi­le, pasan­do por Ecua­dor, Líbano,
Hai­tí, hay una resis­ten­cia al empo­bre­ci­mien­to, a la mise­ria, a la
vio­len­cia poli­cial y del estado. 

No es casual que cuan­do las
com­pa­ñe­ras en Chi­le dije­ron “el vio­la­dor eres tú”, con un gran coraje,
por­que hacer esto en Chi­le no es lo mis­mo que hacer­lo en otros países,
esto ha cir­cu­la­do inme­dia­ta­men­te. Esta inter­na­cio­na­li­za­ción y
cir­cu­la­ción inme­dia­ta de las pre­gun­tas, obje­ti­vos, con­sig­nas, for­mas de
orga­ni­za­ción, nos dice que hay una insur­gen­cia, un decir “bas­ta” que es
muy gene­ral. Pien­so que los Bol­so­na­ro y todas estas ini­cia­ti­vas de la
igle­sia y eco­nó­mi­cas son una res­pues­ta. No se pue­de impo­ner una
aus­te­ri­dad bru­tal, un des­po­jo bru­tal por años y años, expul­sar a
millo­nes de per­so­nas de sus tie­rras, sin orga­ni­zar un enor­me dispositivo
de vio­len­cia.

MÁS ALLÁ DE LA PERIFERIA DE LA PIEL

Aca­ba
de publi­car­se “Beyond the periphery of the skin”, tu últi­mo libro [1].
Allí con­tra­po­nés una noción de cuer­po tal y como ha sido pen­sa­da por el
capi­ta­lis­mo ‑es decir, como máqui­na de tra­ba­jar y, en el caso de las
muje­res, como máqui­na de procrear‑, con el cuer­po tal y como ha
con­ce­bi­do por la ima­gi­na­ción radi­cal colec­ti­va, en par­ti­cu­lar por el
femi­nis­mo a par­tir de los seten­ta. ¿Qué sig­ni­fi­ca hoy el cuer­po como
cate­go­ría de acción social y política?

Me gus­ta la idea
de cuer­po-terri­to­rio por­que inme­dia­ta­men­te nos da una ima­gen colectiva.
No sola­men­te por­que es el pri­mer lugar de defen­sa y conec­ta el discurso
del cuer­po con el dis­cur­so de la tie­rra, de la natu­ra­le­za, sino porque
pone el dis­cur­so del cuer­po como una cues­tión colec­ti­va. Enton­ces, el
dis­cur­so del cuer­po es sobre quién gobier­na a quién, sobre quién tiene
el poder de deci­dir sobre nues­tras vidas. 

Yo pien­so que esta es
una de las pre­gun­tas fun­da­men­ta­les, de fon­do en la lucha. Por­que hay un
esta­do que quie­re con­tro­lar cada minu­to, no sola­men­te en el tra­ba­jo. En
el caso de las muje­res, inva­de nues­tro cuer­po, nues­tra realidad
coti­dia­na, de for­ma cada vez más inten­sa y más opre­si­va que en el caso
de los hom­bres. El pro­ble­ma del abor­to es muy ejem­plar. Enton­ces yo creo
que pen­sar el cuer­po des­de una mira­da femi­nis­ta hoy es particularmente
cru­cial para deter­mi­nar quién tie­ne la posi­bi­li­dad de deci­dir sobre
nues­tra vida. 

Cuer­po sig­ni­fi­ca vida, sig­ni­fi­ca reproducción,
sig­ni­fi­ca afec­ti­vi­dad. Todo rodea la temá­ti­ca del cuer­po: la comi­da, el
sexo, la crian­za, la pro­crea­ción. Enton­ces la lucha por el cuer­po es la
lucha por los aspec­tos más fun­da­men­ta­les de la vida. Por eso creo que
asom­bra a tan­tas muje­res con una inten­si­dad tan fuer­te, por­que aquí se
deci­de quién es el patrón de nues­tra vida, ¿somos noso­tras o es el
estado?

Pero vos enfa­ti­zás en recla­mar el cuer­po de forma
colec­ti­va, en recu­pe­rar la capa­ci­dad de deci­sión colec­ti­va sobre
nues­tras vidas…

Sí, capa­ci­dad colectiva,
abso­lu­ta­men­te. Solas somos derro­ta­das. Por eso hay que salir de la casa
por la lucha. No por el tra­ba­jo, salir de la casa por la lucha, salir de
la casa para jun­tar­se, salir de la casa para enfren­tar­se a todos los
pro­ble­mas que tene­mos solas.

La idea de ir más allá de la
peri­fe­ria de la piel tie­ne que ver con pos­tu­lar una noción expansiva
del cuer­po. Para eso dis­cu­tís el cuer­po expan­si­vo con­ce­bi­do por Bajtín,
que se expan­de median­te la apro­pia­ción e inges­ta de lo que está más allá
de él, y pro­po­nés una idea igual­men­te expan­si­va pero de naturaleza
radi­cal­men­te dis­tin­ta. Hablás de una “con­ti­nui­dad mági­ca” con otros
orga­nis­mos vivos y de un cuer­po que reúne lo que el capi­ta­lis­mo ha
divi­di­do. En ese sen­ti­do, ¿el cuer­po sería el pun­to de par­ti­da para
pen­sar la interdependencia?

No pien­so en un cuer­po que
quie­re apro­piar­se, sino en un cuer­po que quie­re conec­tar­se. No quiere
comer el mun­do, quie­re conec­tar­se con el mun­do. La mira­da del siglo
die­ci­séis y die­ci­sie­te, del rena­ci­mien­to sobre el cuer­po no lo entendía
como algo com­ple­ta­men­te ais­la­do, no era una isla sino que era abierto.
Podía ser afec­ta­do por la luna, por los astros, por el vien­to. Ese
cuer­po que es expan­si­vo por­que no está sepa­ra­do del aire, del agua. Y
tam­bién está ínti­ma­men­te conec­ta­do con el cuer­po de los otros. La
expe­rien­cia del amor y del sexo es ejem­plar, pero no es la úni­ca que
mues­tra como con­ti­nua­men­te somos afec­ta­dos y nues­tro cuer­po cam­bia. La
tra­di­ción del mal de ojo, por ejem­plo, tie­ne que ver con que los otros
te pue­den hacer sufrir, o te pue­den hacer feliz, te cambian.

No
pode­mos pen­sar el cuer­po como los capi­ta­lis­tas lo pien­san, como lo
pien­sa la cien­cia hoy, es decir, un cuer­po que es com­ple­ta­men­te máquina,
que es un agre­ga­do de célu­las, y cada célu­la tie­ne su pro­gra­ma, cada
gen tie­ne su pro­gra­ma, no es algo orgá­ni­co. Mi mira­da y mi inten­to es
pro­mo­ver una visión del cuer­po que va exac­ta­men­te al con­tra­rio de la
mira­da que domi­na hoy en la cien­cia. Cada vez más, se inten­ta ais­lar el
cuer­po en peque­ños peda­zos, cada uno con su carac­te­rís­ti­ca. Es una
frag­men­ta­ción. Pien­so en el frac­king, hoy cuan­do los cien­tí­fi­cos piensan
al cuer­po hacen una espe­cie de frac­king epis­te­mo­ló­gi­co que dis­gre­ga el
cuerpo.

Para mí, el cuer­po se debe reco­nec­tar con los animales,
con la natu­ra­le­za, con los otros. Este es el camino para nuestra
feli­ci­dad y salud cor­po­ral. Por­que la infe­li­ci­dad, pre­ci­sa­men­te, incluye
el cer­ca­mien­to del cuer­po. Hay un cer­ca­mien­to no sola­men­te de la
tie­rra, como he escri­to en El Cali­bán y la Bru­ja, sino tam­bién de los
cuer­pos. Cada vez más nos hacen sen­tir que no pode­mos depen­der de los
otros, que a los otros hay que tener­les mie­do. Este individualismo
exas­pe­ra­do, que se ha acen­tua­do con el neo­li­be­ra­lis­mo, es verdaderamente
mise­ra­ble. Nos hace morir, por­que es una vida con­cep­tua­li­za­da en el
nom­bre del mie­do, del temor, en vez de ver que la rela­ción con los otros
es un gran enri­que­ci­mien­to.

El últi­mo tex­to del libro,
“On Joy­ful Mili­tancy”, es espe­cial­men­te her­mo­so. Allí opo­nés dos ideas
de mili­tan­cia: una mili­tan­cia ale­gre, que nos hace sen­tir bien y conecta
con nues­tros deseos, ver­sus una polí­ti­ca y una mili­tan­cia tristes.

Para
mí la mili­tan­cia tris­te es una mili­tan­cia que no tie­ne futu­ro, pero
exis­te. Yo creo que la mili­tan­cia domi­na­da por los hom­bres es una
mili­tan­cia tris­te, es una mili­tan­cia como tra­ba­jo alie­na­do, es una
mili­tan­cia don­de se pien­sa “debo ir a otra reu­nión” como quien piensa
“debo ir a tra­ba­jar”. Es ese com­pa­ñe­ro que sien­te la sumi­sión histórica,
no le gus­ta, no tie­ne entu­sias­mo, no le da nada, pero lo hace como un
deber, como una obli­ga­ción. Esto no es cons­truir otra sociedad. 

Se
pue­den correr ries­gos, pero eso es dife­ren­te. A veces se corren riesgos
por­que hacer­lo te da algo, te cam­bia la vida. Pero te cam­bia aho­ra, no
en un futu­ro, no en vein­te años qui­zás, te cam­bia aho­ra. Para mí esto es
cons­truir un mun­do nue­vo. No se tra­ta sola­men­te de decir “no”. La vida
se cam­bia en la for­ma como empe­za­mos a rela­cio­nar­nos dife­ren­te con otras
per­so­nas y a des­cu­brir cosas de noso­tros mis­mos. Por­que cambiamos,
hacien­do rela­cio­nes dife­ren­tes cam­bia­mos. Y yo creo que la vida es tan
tris­te para la mayo­ría de las per­so­nas en el mun­do que no van a agregar
otra tris­te­za, pre­fie­ren morir a la noche miran­do la tele­vi­sión en lugar
de ir a una reu­nión don­de todo sea dolor o aburrimiento. 

Lo que des­de el femi­nis­mo esta­mos nom­bran­do como polí­ti­ca del deseo sería un poco la antí­te­sis de esta mili­tan­cia triste…

Exac­ta­men­te.
Y es la crea­ti­vi­dad, la crea­ti­vi­dad de la mili­tan­cia. Yo esto lo he
expe­ri­men­ta­do pro­fun­da­men­te por­que me acuer­do de la dife­ren­cia que vi,
en pocos años, cuan­do las muje­res deja­ron los movi­mien­tos con hombres,
los movi­mien­tos mix­tos. Las muje­res cam­bia­ron así (da vuel­ta las palmas
de las manos). Empe­za­ron a hablar, a can­tar, a crear, a dibu­jar. ¡Fue
como una explo­sión de crea­ti­vi­dad increí­ble! Antes hacían todo el
tra­ba­jo domés­ti­co de las orga­ni­za­cio­nes. ¡Se ha hecho tan­to trabajo
domés­ti­co en los movi­mien­tos con los hom­bres! Y por fin lue­go fue muy
dife­ren­te, se vol­vió un pla­cer.
 

[1] Fede­ri­ci, Sil­via. 2020. “Beyond the Periphery of the
Skin: Rethin­king, Rema­king and Reclai­ming the Body in Contemporary
Capi­ta­lism”. Oakland, PM Press.

fuen­te: ZUR

Itu­rria /​Fuen­te

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