Doce apun­tes sobre mar­xis­mo (IX de XII)

En esta nove­na entre­ga del total de doce para el colec­ti­vo inter­na­cio­na­lis­ta Paki­to Arria­ran vere­mos el impac­to de las luchas de libe­ra­ción anti­im­pe­ria­lis­ta en el desa­rro­llo del mar­xis­mo como matriz teó­ri­ca pre­sen­te en todas las resis­ten­cias con­tra la injus­ti­cia. La déci­ma entre­ga tra­ta­rá sobre la implo­sión de la URSS.

La inaca­ba­ble for­ma­ción del mar­xis­mo se enfren­tó des­de su ini­cio a con­tra­dic­cio­nes que pare­cían no tener rela­ción algu­na con la lucha obre­ra. Las reivin­di­ca­cio­nes de las nacio­nes opri­mi­das, sobre todo si eran colo­nias, eran y son las más difí­ci­les, por­que, en lo que res­pec­ta a la explo­ta­ción de la mujer y de la infan­cia, una par­te del socia­lis­mo utó­pi­co ya la com­ba­tían des­de la déca­da de 1830. Pero el mar­xis­mo euro­cén­tri­co no acep­ta que la his­to­ria es dia­léc­ti­ca y ten­den­cial, no mecá­ni­ca, como se com­prue­ba en la pra­xis de los pue­blos, en el lla­ma­do Ter­cer Mun­do.

Des­de 1921 la URSS tenía un pac­to con los nacio­na­lis­tas demó­cra­ta-bur­gue­ses y a la vez con el enton­ces dimi­nu­to PCCh que aca­ba­ba de fun­dar­se en ese mis­mo año. En 1923 la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal envió un dele­ga­do al Kuo­min­tang por la alian­za estra­té­gi­ca entre el PCCh y el nacio­na­lis­mo bur­gués para uni­fi­car Chi­na. Para man­te­ner la alian­za, el PCCh debía entre­gar un lis­ta­do de sus miem­bros al Kuo­min­tang, no debía hacer huel­gas ni luchas en los terri­to­rios libe­ra­dos por el Kuo­min­tang… La URSS renun­cia­ba a las ganan­cias arran­ca­das a Chi­na duran­te el zaris­mo y pasa­ba a tra­tar de igual a igual a la «nue­va Chi­na» ayu­dán­do­la con ase­so­ra­mien­to y armas. Des­de 1924 se inten­si­fi­ca­ron las movi­li­za­cio­nes que, con alti­ba­jos extre­mos, lle­va­rían a la vic­to­ria en 1949, des­bor­dan­do al mar­xis­mo euro­peo, a la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal y al grue­so de comu­nis­tas e inte­lec­tua­les for­ma­dos en la cul­tu­ra occi­den­tal, excep­to al gru­pi­to en el que mili­ta­ba Mao des­de 1921. La indus­trio­sa Can­tón era en 1925 el núcleo de la inmi­nen­te revo­lu­ción, mien­tras que la cam­pe­si­na Junan, en la que actua­ba el gru­po de Mao, avan­za­ba hacia una situa­ción de doble poder que per­mi­tía al cam­pe­si­na­do ata­car a los seño­res de la gue­rra.

En res­pues­ta, el 26 de mar­zo de 1926 el Kuo­min­tang detu­vo a muchos comu­nis­tas y ase­so­res sovié­ti­cos: aun­que los libe­ró al poco tiem­po, la adver­ten­cia esta­ba rea­li­za­da; en ese verano el Kuo­min­tang lan­zó la Ofen­si­va del Nor­te con la excu­sa de aplas­tar a los Seño­res de la Gue­rra, pero ase­si­nan­do a los miem­bros del PCCh. De fina­les de 1926 a comien­zos de 1927 se libró un deba­te estra­té­gi­co en la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal entre tres líneas: una, la ofi­cial ela­bo­ra­da en el V Con­gre­so de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta, que insis­tía en que la cla­se obre­ra y el cam­pe­si­na­do debían supe­di­tar­se a la bur­gue­sía nacio­na­lis­ta por­que se tra­ta­ba de una «revo­lu­ción demo­crá­ti­ca». Dos, que la cla­se obre­ra debía diri­gir la revo­lu­ción socia­lis­ta, sin supe­di­tar­se a la bur­gue­sía, que era la tesis de la Opo­si­ción de Izquier­das. Y tres, que el cam­pe­si­na­do debía diri­gir al pro­le­ta­ria­do hacia una revo­lu­ción arma­da que devol­vie­se las tie­rras a los cam­pe­si­nos pobres, pero atra­yen­do a la «bur­gue­sía patrió­ti­ca», la tesis Mao. Lue­go vol­ve­re­mos al fon­do de este deba­te por­que mar­có varias de las gran­des estra­te­gias dife­ren­cia­das inse­pa­ra­bles de cual­quier dis­cu­sión sobre la matriz teó­ri­ca mar­xis­ta.

Mien­tras tan­to se exten­día la lucha de cla­ses. En abril de 1927, el Kuo­min­tang «demo­crá­ti­co» masa­cró al pue­blo insu­rrec­to en Shang­hái, y pac­tó con los Seño­res de la Gue­rra una dic­ta­du­ra que liqui­da­ba dere­chos bási­cos. Tras la derro­ta san­grien­ta de la línea ofi­cial, la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal giró brus­ca­men­te a la izquier­da y lan­zó la insu­rrec­ción de Can­tón de diciem­bre 1927 en pleno replie­gue de la lucha de cla­ses: la esca­be­chi­na se pro­pa­go por amplias zonas de Chi­na des­tru­yen­do a casi todas las orga­ni­za­cio­nes, excep­to a las gue­rri­llas cam­pe­si­nas que jus­to pudie­ron resis­tir cin­co ofen­si­vas de exter­mi­nio lan­za­das con­tra ellas por la «bur­gue­sía nacio­nal».

La Lar­ga Mar­cha de fina­les de 1934 fue en reali­dad una reti­ra­da de super­vi­ven­cia has­ta fina­les de octu­bre de 1935. La colum­na iba crean­do «islo­tes de socia­lis­mo» a su paso, redes de resis­ten­cia en la reta­guar­dia capi­ta­lis­ta. Chi­na del nor­te daba un bre­ve refu­gio al Ejér­ci­to Popu­lar has­ta que el Gobierno lan­za­se la ofen­si­va defi­ni­ti­va, pero la inva­sión japo­ne­sa de julio de 1937 lo cam­bió todo. La URSS ayu­dó al Gobierno has­ta 1940, derro­tan­do a los japo­ne­ses en Man­chu­ria, pero no pudo hacer más debi­do a la gue­rra en Euro­pa. Des­de 1940 Esta­dos Uni­dos ayu­dó masi­va­men­te al Gobierno chino, aun­que sabía que este no se enfren­ta­ba a los inva­so­res sino a los comu­nis­tas, su enemi­go de cla­se. El PCCh com­ba­tía a los japo­ne­ses, pero sobre todo en sus líneas de reta­guar­dia, reser­van­do el grue­so de sus fuer­zas para ven­cer al Gobierno chino, aun­que la URSS le pre­sio­na­ba para que endu­re­cie­ra sus ata­ques al Japón. Den­tro del PCCh se pur­gó a los sec­to­res radi­ca­les y se man­tu­vo una polí­ti­ca blan­da hacia la bur­gue­sía dis­pues­ta a cola­bo­rar con su pro­gra­ma o a no resis­tir­se a él.

Con la derro­ta del Japón pare­cía que el Gobierno aca­ba­ría pron­to con los comu­nis­tas, sobre todo cuan­do la URSS le reco­no­ció como úni­ca auto­ri­dad. Pero eran los comu­nis­tas quie­nes reci­bían el apo­yo del pue­blo y de los sec­to­res bur­gue­ses har­tos de la putre­fac­ción corrup­ta del Gobierno. Los envia­dos yan­quis tam­bién adver­tían de lo mis­mo, aun­que se incre­men­ta­se la ayu­da de Esta­dos Uni­dos. Pero enton­ces la URSS advir­tió al PCCh de que no se lan­za­se a la con­quis­ta del poder y que nego­cia­se con la bur­gue­sía. A la vez y como en otros sitios, tam­bién en Chi­na, Esta­dos Uni­dos hizo que los japo­ne­ses ren­di­dos defen­die­ran al capi­tal fre­nan­do el avan­ce comu­nis­ta. La bur­gue­sía, refor­za­da con miles de sol­da­dos yan­quis, pudo recu­pe­rar­se y lan­zar el ata­que gene­ral que le lle­vó a domi­nar el 80% de Chi­na y sus ciu­da­des impor­tan­tes. El PCCh pare­cía al bor­de del exter­mi­nio en la pri­ma­ve­ra de 1947, pero en verano pasó al con­tra­ata­que gra­cias a su supe­rio­ri­dad orga­ni­za­ti­va y de moral, al cre­cien­te apo­yo popu­lar, a la podre­dum­bre del Gobierno y su ejér­ci­to… ini­cian­do la ofen­si­va de fina­les de 1948.

El avan­ce comu­nis­ta, impul­sa­do por una gran movi­li­za­ción popu­lar, era impa­ra­ble. El Gobierno, con al apo­yo de Esta­dos Uni­dos y la URSS, pro­pu­so al PCCh nego­ciar un armis­ti­cio, pero los comu­nis­tas deci­die­ron seguir has­ta tomar el poder. La des­com­po­si­ción del Gobierno era total, huyen­do a la isla de Tai­wán lle­ván­do­se las reser­vas de oro del país, acom­pa­ña­do por emba­ja­do­res, entre ellos el sovié­ti­co. Tras varios retra­sos dic­ta­dos por Mos­cú, y siem­pre con rela­cio­nes «tor­men­to­sas», en diciem­bre de 1949 y enero de 1950 se reunie­ron Sta­lin y Mao. La dele­ga­ción chi­na vol­vió de Rusia moles­ta por el tra­to des­pec­ti­vo sufri­do, aun­que su país fue el más bene­fi­cia­do por los acuer­dos. Con Jrush­chov, la ayu­da a Chi­na lle­gó nada menos que al 7% del PIB de la URSS de entre 1954–1959, pero el giro de la URSS hacia la «coexis­ten­cia pací­fi­ca» a raíz de su XX Con­gre­so en 1956 ten­sio­nó las rela­cio­nes has­ta que se rom­pie­ron, por­que Chi­na Popu­lar le acu­só de revi­sio­nis­mo.

Como hemos dicho, debe­mos dete­ner­nos un poco en el con­te­ni­do de fon­do del deba­te de 1926–1927 sobre la revo­lu­ción chi­na por­que toca pro­ble­mas cen­tra­les del mar­xis­mo. En este deba­te la tesis ofi­cial era que las cla­ses tra­ba­ja­do­ras debían cum­plir el pro­gra­ma de la bur­gue­sía demo­crá­ti­ca. Una de las razo­nes de esta estra­te­gia era que en Chi­na la cla­se obre­ra y el cam­pe­si­na­do nece­si­ta­ban un perío­do de apren­di­za­je para el socia­lis­mo que solo lo podrían obte­ner vivien­do en un régi­men demo­crá­ti­co ins­tau­ra­do median­te la alian­za con la «bur­gue­sía nacio­nal». Pero ya en 1924 Mariá­te­gui escri­bió varios artícu­los sobre por qué «la liber­tad» aban­do­na­ba la Euro­pa capi­ta­lis­ta para expan­dir­se por Asia, Áfri­ca y Amé­ri­ca, pro­fun­di­zan­do la idea de Marx de 1877 sobre que la revo­lu­ción empe­za­ría en Orien­te, abrien­do al menos la duda de que el cam­pe­si­na­do y la cla­se obre­ra sí podían tomar el poder y avan­zar al socia­lis­mo. Más aún, expli­ca­ba que la bur­gue­sía irlan­de­sa había capi­tu­la­do ante Ingla­te­rra en 1921 y que aho­ra –en 1924– el pro­le­ta­ria­do tenía que luchar por la inde­pen­den­cia apo­ya­do por un sec­tor de la peque­ña bur­gue­sía: la lucha obre­ra y la lucha nacio­nal eran ya lo mis­mo.

Mariá­te­gui igno­ra­ba las tesis de Marx y Engels sobre el modo de pro­duc­ción asiá­ti­co y los modos de pro­duc­ción comu­na­les, sobre el poten­cial de la comu­na rusa, sobre las diver­sas vías al socia­lis­mo… Tam­po­co había estu­dia­do la dis­cu­sión de Lenin con los popu­lis­tas, y no sabe­mos si esta­ba al tan­to de su auto­crí­ti­ca de 1920 sobre la India y los soviets. Igno­ra­mos si sabía de la reunión de Bakú de ese año, del Con­gre­so de los Pue­blos de 1922 y de las tesis del IV Con­gre­so de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta sobre las tareas de los comu­nis­tas en las colo­nias, etc. No es pro­ba­ble que hubie­se leí­do las inves­ti­ga­cio­nes de Mao sobre el cam­pe­si­na­do de 1926…

La ver­dad es que el con­tex­to de Nues­tra­mé­ri­ca for­za­ba una refle­xión crea­ti­va de ese cariz para, por ejem­plo, saber qué había sido la revo­lu­ción mexi­ca­na de 1910–1917 en la que bata­llo­nes obre­ros ayu­da­ron a liqui­dar a cam­pe­si­nos revo­lu­cio­na­rios; la repre­sión sal­va­je del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio en la Argen­ti­na de 1919–1921 diri­gi­da por Yri­go­yen, repre­sen­tan­te de la media­na bur­gue­sía «demo­crá­ti­ca»; las luchas en Cuba, Chi­le, Perú, Colom­bia, Ecua­dor… entre 1919–1922; la Colum­na Pres­tes en el Bra­sil de 1925–1927 diri­gi­da por mili­ta­res demó­cra­ta-radi­ca­les, algu­nos de los cua­les se inte­gra­rían en el Par­ti­do Comu­nis­ta; la gue­rra de libe­ra­ción san­di­nis­ta con­tra la ocu­pa­ción yan­qui des­de 1927, igno­ra­da pese a la publi­ci­dad dada por H. Bar­bus­se que des­cri­bió a San­dino como «gene­ral de hom­bres libres». ¿Cuál era el papel de las nacio­nes ori­gi­na­rias, del cam­pe­si­na­do indí­ge­na y mes­ti­zo afro­ame­ri­cano, del pro­le­ta­ria­do de ori­gen indí­ge­na o mes­ti­zo, etc., en esas y otras luchas? ¿Cómo se esta­ba cons­ti­tu­yen­do el pro­le­ta­ria­do en cuan­to cla­se? ¿Cómo había res­pon­di­do la «bur­gue­sía demo­crá­ti­ca»? En 1928, J. A. Mella tam­bién advir­tió de los lími­tes insu­pe­ra­bles de la bur­gue­sía y peque­ña bur­gue­sía lati­noa­me­ri­ca­na, que al final, optan por nego­ciar con el impe­ria­lis­mo trai­cio­nan­do al pue­blo.

Las ideas de Mariá­te­gui en 1929 sobre las posi­bles apor­ta­cio­nes del «comu­nis­mo inkai­ko» al socia­lis­mo se ins­cri­bían en el cau­da­lo­so río con múl­ti­ples afluen­tes que empe­za­ron a explo­rar Marx y Engels des­de la déca­da de 1850. Pero Mariá­te­gui fue obje­to de un duro ata­que por­que sus pro­pues­tas cho­ca­ban con la linea­li­dad mecá­ni­ca ya domi­nan­te en la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal. Era un inten­to de poner puer­tas al mar por­que des­de 1930 mar­xis­tas chi­nos deba­tían sobre si en Chi­na y en Asia el feu­da­lis­mo había sido y era el modo de pro­duc­ción domi­nan­te antes del capi­ta­lis­mo, lo que replan­tea­ba toda la estra­te­gia de la lucha de cla­ses. Tam­bién en Japón se estu­dia­ba el tema al menos has­ta 1935. Pero ya en 1931, el PCUS había orga­ni­za­do el deba­te en Lenin­gra­do sobre la suce­sión de los modos de pro­duc­ción, en el que el modo asiá­ti­co fue borra­do de la his­to­ria inten­tan­do cerrar la vía para inves­ti­ga­cio­nes sobre los modos tri­bu­ta­rio, anti­guo, ger­má­ni­co, andino, mesoa­me­ri­cano, etc.

En 1931 se ofi­cia­li­zó la suce­sión obli­ga­da de comu­nis­mo pri­mi­ti­vo, escla­vis­mo, feu­da­lis­mo y capi­ta­lis­mo; varios de los defen­so­res del modo asiá­ti­co fue­ron «des­apa­re­ci­dos» al poco tiem­po. La dia­léc­ti­ca era expul­sa­da de la his­to­ria. En 1935, el VII Con­gre­so de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta impu­so la estra­te­gia de los fren­tes popu­la­res de supe­di­ta­ción a las «bur­gue­sías nacio­na­les» duran­te la «fase demo­crá­ti­ca» sin la cual nun­ca podría avan­zar­se al socia­lis­mo. El his­to­ria­dor D. Losur­do ha trans­cri­to una con­ver­sa­ción de Sta­lin con Tito: «En nues­tros días el socia­lis­mo es posi­ble inclu­so bajo la monar­quía ingle­sa. La revo­lu­ción no es ya nece­sa­ria en todas par­tes […] Sí, el socia­lis­mo es posi­ble bajo un rey inglés». (Sta­lin, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2011, p. 156.)

Si el socia­lis­mo era posi­ble con la monar­quía, no tenía sen­ti­do la lucha de los pue­blos con­tra el impe­ria­lis­mo por­que les bas­ta­ba con apo­yar la demo­cra­cia bur­gue­sa, como creen los euro­co­mu­nis­tas espa­ño­les que sos­tie­nen al rey impues­to por el dic­ta­dor Fran­co. Pero los comu­nis­tas de Sudá­fri­ca, toda­vía súb­di­tos de la monar­quía ingle­sa, pen­sa­ban en 1945 que se ave­ci­na­ba un enco­na­mien­to de la lucha nacio­nal de cla­se por­que los blan­cos endu­re­ce­rían la explo­ta­ción, y se pre­pa­ra­ron para ello. Mala­sia era des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial la colo­nia más ren­ta­ble para Gran Bre­ta­ña y por eso su rey legi­ti­mó el rear­me del ejér­ci­to ocu­pan­te y la dura repre­sión des­en­ca­de­na­da des­de 1948 con­tra comu­nis­tas y nacio­na­lis­tas mala­yos, y es que Lon­dres no podía per­der Mala­sia como había per­di­do la India, «la joya de la Coro­na»; por eso en Áfri­ca uti­li­zó la ame­na­za y la repre­sión de las resis­ten­cias, el soborno y la coop­ta­ción de las eli­tes dán­do­les la inde­pen­den­cia polí­ti­ca for­mal pero atán­do­las con la depen­den­cia eco­nó­mi­ca.

Mariá­te­gui reac­tua­li­zó un pro­ble­ma que, en su esen­cia, exis­tía allí don­de no se había impues­to la varian­te euro­pea del desa­rro­llo del capi­tal. Don­de Euro­pa cho­có con impe­rios tri­bu­ta­rios capa­ces de resis­tir de algu­na for­ma su inva­sión, pudie­ron sur­gir fuer­tes luchas y revo­lu­cio­nes, y con sus limi­ta­cio­nes, algu­nas bur­gue­sías que aho­ra son subim­pe­ria­lis­tas, sobre todo en Asia; pero en Áfri­ca y en Amé­ri­ca este pro­ce­so fue impo­si­bi­li­ta­do de raíz median­te la ocu­pa­ción y deses­truc­tu­ra­ción de los reinos ára­bes de Nor­te­áfri­ca y Medio Orien­te, y del exter­mi­nio inmi­se­ri­cor­de de los reinos de Cen­tro y Sudá­fri­ca, y en Nues­tra­mé­ri­ca los impe­rios azte­ca e inca, y de la poli­cro­mía de pue­blos comu­na­les, de agri­cul­tu­ra iti­ne­ran­te, caza­do­res-reco­lec­to­res, etc., que vivían des­de Pata­go­nia a Alas­ka. Pero en Áfri­ca y Amé­ri­ca esta masa­cre no impo­si­bi­li­tó, sino que gene­ró deses­pe­ra­das resis­ten­cias que cada vez cono­ce­mos más.

Con sus limi­ta­cio­nes, des­de la segun­da mitad del siglo XIX has­ta 1930, el mar­xis­mo inte­gró polí­ti­ca y teó­ri­ca­men­te esta evo­lu­ción, pero des­de la déca­da de los años 30 la lucha de libe­ra­ción de los pue­blos empe­zó a cho­car con el meca­ni­cis­mo impues­to en Lenin­gra­do y con la supe­di­ta­ción a las «bur­gue­sías nacio­na­les». El desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo depen­dien­te crea­ba nue­vas cla­ses tra­ba­ja­do­ras amal­ga­man­do indí­ge­nas deses­truc­tu­ra­dos, cam­pe­si­nos mes­ti­zos empo­bre­ci­dos, gru­pos afro­des­cen­dien­tes, nue­va emi­gra­ción… con una carac­te­rís­ti­ca bási­ca: la sobre­ex­plo­ta­ción de la mujer tra­ba­ja­do­ra. Algu­nas for­mas de auto­or­ga­ni­za­ción, auto­ges­tión, auto­de­ter­mi­na­ción y auto­de­fen­sa comu­nal, cam­pe­si­na y arte­sa­na de estas cul­tu­ras popu­la­res, y de la mix­tu­ra entre tra­ba­jo cam­pe­sino y urbano-febril, logra­ron supe­rar a veces el fuer­te des­pre­cio engreí­do de la izquier­da euro­pei­za­da, la que deni­gró a Mariá­te­gui.

A la vez, muy con­ta­dos indios, mes­ti­zos, nue­va emi­gra­ción cul­ta, etc., se inser­ta­ban en la peque­ña bur­gue­sía y a veces en la media­na, aun­que les resul­ta­ba casi impo­si­ble inser­tar­se en la bur­gue­sía, en un sis­te­ma sub­su­mi­do en el impe­ria­lis­mo. En estas con­di­cio­nes, la izquier­da for­ma­da en la linea­li­dad mecá­ni­ca, en el des­pre­cio abier­to o disi­mu­la­do a la pro­pia his­to­ria, obse­sio­na­da con la copia y cal­co de lo que creían que era la expe­rien­cia euro­pea para aliar­se con la «bur­gue­sía demo­crá­ti­ca»…, esta izquier­da des­orien­tó, des­vió, con­tu­vo, para­li­zó e hizo emba­rran­car muchas luchas. Una de las razo­nes del fra­ca­so del lla­ma­do «socia­lis­mo del siglo XXI» ha sido el efec­to para­li­zan­te de esta visión tras­plan­ta­da dog­má­ti­ca­men­te a Nues­tra­mé­ri­ca.

Iña­ki Gil de San Vicen­te

Eus­kal Herria, 26 de diciem­bre de 2019

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