Crear comunas para ganar la calle

Lecciones de la historia

Rober­to Per­día ha publi­ca­do un tex­to muy opor­tuno sobre cómo com­ba­tir el capi­ta­lis­mo y a la vez sobre cómo avan­zar en la pre­fi­gu­ra­ción del socia­lis­mo en la medi­da de lo posi­ble tenien­do en cuen­ta que nos hacen mal­vi­vir en una pri­sión a la que el capi­tal lla­ma «demo­cra­cia». El libro, con un títu­lo que lo sugie­re todo: Pri­sio­ne­ros de esta demo­cra­cia (Argen­ti­na, agos­to 2018) que, con el nº 1, inau­gu­ra la serie de Cua­der­nos de For­ma­ción de Resu­men Lati­noa­me­ri­cano, un paso fun­da­men­tal cono­cien­do el amplio espec­tro de colec­ti­vos y per­so­nas a las que lle­ga este pres­ti­gio­so medio digi­tal que tam­bién se difun­de en len­gua ingle­sa.

La actua­li­dad del libro y el acier­to de Resu­men Lati­noa­me­ri­cano son inne­ga­bles: asis­ti­mos a lo que pue­de ser el reini­cio de una nue­va olea­da de luchas en un capi­ta­lis­mo que ha gene­ra­li­za­do las peo­res «for­mas demo­crá­ti­cas» de explo­ta­ción y tam­bién lo ha hecho con las dic­ta­to­ria­les. La suble­va­ción nacio­nal cata­la­na, ecua­to­ria­na, hai­tia­na… la revuel­ta per­ma­nen­te de los cha­le­cos ama­ri­llos, el resur­gir de la lucha de cla­ses en Esta­dos Uni­dos con for­mas y con­te­ni­dos idén­ti­cos a los que tam­bién emer­gen en otros Esta­dos, la recu­pe­ra­ción popu­lar en Nues­tra­mé­ri­ca y en varios paí­ses nor­te­afri­ca­nos son solo algu­nos indi­cios del des­per­tar del fan­tas­ma del comu­nis­mo.

Inclu­so en Eus­kal Herria, en don­de apa­ren­ta­ba rei­nar esa «nor­ma­li­dad social» tan ansia­da por el refor­mis­mo, vuel­ve la lucha de cla­ses en sus for­mas clá­si­cas y actua­les. Rober­to Per­día ofre­ce una alter­na­ti­va con­tra­ria a aque­lla con­sig­na de «sacar el con­flic­to de la calle y lle­var­lo al par­la­men­to»: orga­ni­zar y expan­dir el con­flic­to en la calle median­te la recu­pe­ra­ción de la terri­to­ria­li­dad obre­ra y popu­lar auto­or­ga­ni­za­da en comu­nas, para des­de ellas, si se vie­ra nece­sa­rio, lle­var el con­flic­to al par­la­men­to, pero siem­pre supe­di­ta­do a la lucha de cla­ses. La recons­truc­ción del terri­to­rio social –ganar la calle– es uno de los secre­tos de la nue­va olea­da de luchas que vuel­ven a ulu­lar como una bella sin­fo­nía roja.

Ganar la calle exi­ge auto­or­ga­ni­zar el nue­vo terri­to­rio mate­rial y sim­bó­li­co en el que el pue­blo obre­ro recrea su auto­con­cien­cia sobre las ceni­zas del ante­rior que el capi­tal des­tru­yó con su con­tra­ofen­si­va mun­dial lan­za­da en los años ochen­ta del siglo pasa­do. Si pudié­ra­mos hacer aho­ra una sín­te­sis de la his­to­ria de los movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios des­de fina­les del siglo XVIII, conec­tán­do­los con las luchas popu­la­res de las ciu­da­des y comu­nas medie­va­les des­de el siglo XIV, y con toda la expe­rien­cia de las comu­nas pre­ca­pi­ta­lis­tas, vol­ve­ría­mos a ver la impor­tan­cia deci­si­va del terri­to­rio mate­rial y sim­bó­li­co en el que la huma­ni­dad explo­ta­da se auto­or­ga­ni­za. Lla­mé­mos­les comi­tés, asam­bleas, ante­igle­sias, con­ce­jos, ayun­ta­mien­tos, casas-gran­des, comu­nas, con­se­jos, soviets, repú­bli­cas, etc. Por deba­jo de esas dife­ren­cias flu­ye la vita­li­dad del terri­to­rio social en el que se auto­or­ga­ni­za el poder de los y las explo­ta­das por la pro­pie­dad pri­va­da.

Resu­men Lati­noa­me­ri­cano ha sabi­do eva­luar la diná­mi­ca de las con­tra­dic­cio­nes del capi­tal para encar­gar a Rober­to Per­día este pri­mer núme­ro de sus Cua­der­nos de For­ma­ción, méri­to –que no acier­to– que nos per­mi­te abrir un libro que la izquier­da euro­pea y en espe­cial la de aque­llos paí­ses res­pon­sa­bles por su his­to­ria y por su pre­sen­te de la sobre explo­ta­ción de otros pue­blos, debe leer con lupa auto­crí­ti­ca ya que vie­ne a ser, por un lado, un com­pen­dio de las apor­ta­cio­nes de las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias de Nues­tra­mé­ri­ca y, por otro, lado una valio­sa apor­ta­ción crea­ti­va a los deba­tes y a las prác­ti­cas que vuel­ven a esce­na tras el augu­ra­do fra­ca­so del refor­mis­mo que se ocul­ta­ba deba­jo del pom­po­so nom­bre de «socia­lis­mo del siglo XXI».

No debe­mos estu­diar esta obra por sim­ple moda de soli­da­ri­dad pro­gre, al esti­lo de las oene­gés bien­in­ten­cio­na­das, por­que para tan poco no hace fal­ta rigor auto­crí­ti­co nin­guno. Nece­si­ta­mos hacer­lo por­que la lucha entre el capi­tal y el tra­ba­jo es una lucha a nivel mun­dial, y aun­que las dis­tan­cias entre, por ejem­plo, Eus­kal Herria y Argen­ti­na sean gran­des, sin embar­go, la bur­gue­sía vas­co-espa­ño­la se enri­que­ce aho­ra mis­mo gra­cias a que el euro impe­ria­lis­mo ase­gu­ra la trans­fe­ren­cia de valor entre ambos extre­mos, empo­bre­cien­do al de allí y enri­que­cien­do al de aquí.

O sea, a la lucha vas­ca tam­bién le afec­ta para bien o para mal el que avan­cen o retro­ce­dan las luchas de nues­tras her­ma­nas y her­ma­nos de cla­se argen­ti­nos. Por esto es nece­sa­rio estu­diar sus apor­ta­cio­nes teó­ri­cas, des­cu­bri­re­mos muchas prác­ti­cas comu­nes que sur­gen de esa uni­dad mun­dial bási­ca que iden­ti­fi­ca a las cla­ses explo­ta­das. Aho­ra bien, lo pri­me­ro que debe­mos evi­tar es el error del euro­cen­tris­mo, de creer que el res­to del mun­do debe seguir a pies jun­ti­llas los sen­de­ros que el pro­le­ta­ria­do occi­den­tal abrió y por los que tran­si­ta mal que peor. Para evi­tar este error de con­se­cuen­cias trá­gi­cas, hemos de estu­diar la his­to­ria con­cre­ta de los pue­blos macha­ca­dos des­de, al menos, la irrup­ción del colo­nia­lis­mo en la segun­da mitad del siglo XV.

Rober­to Per­día nos resu­me los momen­tos deci­si­vos en la for­ma­ción de lo que aho­ra deno­mi­na­mos Argen­ti­na des­de media­dos del siglo XVI, resal­tan­do la resis­ten­cia tenaz de los pue­blos ori­gi­na­rios y de sus for­mas comu­na­les que se nega­ban a entre­gar sus tie­rras y cul­tu­ras, sus iden­ti­da­des, a los inva­so­res, recor­dan­do la rebe­lión andi­na de fina­les del siglo XVIII. Aho­ra mis­mo, cuan­do hemos segui­do segun­do a segun­do la enési­ma suble­va­ción del pue­blo de Ecua­dor con­tra el impe­ria­lis­mo, el FMI y sus laca­yos, vemos la con­ti­nui­dad pro­fun­da de las resis­ten­cias con­tra el «geno­ci­dio cons­ti­tu­yen­te» –feliz expre­sión que el autor reto­ma– como la base de la Argen­ti­na actual que fue toman­do cuer­po gra­cias a trai­cio­nes suce­si­vas de las oli­gar­quías crio­llas que defrau­da­ron los deseos popu­la­res, de 1810, de una inde­pen­den­cia ple­na no solo de Espa­ña sino de otras poten­cias, fun­da­men­tal­men­te de Gran Bre­ta­ña.

En el Con­gre­so de Tucu­mán de 1816 se ana­li­zó crear un poder incai­co con capi­tal en Cuz­co, posi­bi­li­tan­do una amplia tie­rra libe­ra­da con el nom­bre de Pro­vin­cias Uni­das de Suda­mé­ri­ca. De haber triun­fa­do este pro­yec­to revo­lu­cio­na­rio, el des­tino de Suda­mé­ri­ca y pro­ba­ble­men­te de toda Nues­tra­mé­ri­ca hubie­ra sido muy dife­ren­te. Pero las cla­ses ricas regio­na­les bus­ca­ban sus pro­pios y exclu­si­vos Esta­dos, pro­vo­can­do luchas fra­tri­ci­das ins­ti­ga­das tam­bién por poten­cias extran­je­ras. La cons­ti­tu­ción de 1853 fue el resul­ta­do de aque­llos cam­ba­la­ches de las cla­ses ricas, por­que:

Más allá de la liber­tad para usar el puer­to, los repre­sen­tan­tes de esos mis­mos sec­to­res no tenían mayor inte­rés en cam­biar las con­di­cio­nes socia­les y eco­nó­mi­cas exis­ten­tes. Mini­mi­za­ron la par­ti­ci­pa­ción pro­ta­gó­ni­ca de los sec­to­res popu­la­res. Los indí­ge­nas, los negros y los crio­llos pobres sem­bra­ron con su san­gre los terri­to­rios nues­tro-ame­ri­ca­nos para que aque­llos comer­cian­tes rea­li­za­ran sus intere­ses. (p. 36)

La expo­si­ción de las lec­cio­nes de la his­to­ria no se limi­ta solo a Argen­ti­na. Hemos vis­to cómo el autor cita­ba la gran rebe­lión andi­na diri­gi­da por Con­dor­can­qui de 1780. Tam­bién nos recuer­da la revo­lu­ción hai­tia­na ini­cia­da en 1791, que en 1805 apro­bó la Cons­ti­tu­ción más radi­cal has­ta el momen­to, y que en 1825 el colo­nia­lis­mo fran­cés lle­vó vein­ti­cin­co bar­cos de gue­rra a Hai­tí para obli­gar­les a pagar una «repa­ra­ción» por las pér­di­das fran­ce­sas, anti­gua poten­cia ocu­pan­te: has­ta 1883 el pue­blo de Hai­tí estu­vo pagan­do el «pre­cio» de su liber­tad. Cita el Con­gre­so Anfic­tió­ni­co de Pana­má de 1826 en el que Bolí­var había pues­to tan­tas espe­ran­zas, boi­co­tea­do por Esta­dos Uni­dos, Gran Bre­ta­ña… y por las bur­gue­sías lati­noa­me­ri­ca­nas que ya enton­ces les obe­de­cían. Y el autor escri­be: «Al regre­so de sus dele­ga­dos, Bolí­var les pre­gun­ta: ¿Tene­mos gobierno y ejér­ci­to úni­cos? Ante su res­pues­ta nega­ti­va, mur­mu­ró: ¡Hemos fra­ca­sa­do!» (p. 36)

Varias veces, Rober­to Per­día insis­te en que fue­ron aque­llas derro­tas de los pro­yec­tos con­tra­rios a las poten­cias colo­nia­lis­tas las que impu­sie­ron el con­te­ni­do depen­dien­te del capi­ta­lis­mo de Nues­tra­mé­ri­ca:

Es por ello que con­quis­ta, colo­nia, inde­pen­den­cia, inmi­gra­ción, pobla­ción y cul­tu­ra nati­va no son un pasa­do ya supe­ra­do de nues­tra his­to­ria. En su desa­rro­llo dia­léc­ti­co for­man par­te de un pre­sen­te que no ha sido capaz de sin­te­ti­zar­las asu­mien­do el rol que tuvo cada una de ellas. Esta es otra de las carac­te­rís­ti­cas de este esta­do-nación. En él se expre­san estas limi­ta­cio­nes del pasa­do que influ­yen en nues­tra men­gua­da inde­pen­den­cia nacio­nal, en el casi inexis­ten­te res­pe­to de los pue­blos nati­vos y en la cri­sis e invia­bi­li­dad de sus ins­ti­tu­cio­nes actua­les. (p. 37)

Crítica del posibilismo

Estas son los con­di­cio­nan­tes socio­his­tó­ri­cos que debe­mos tener en cuen­ta para enten­der lo que se plan­tea en el libro. Por ejem­plo, los efec­tos de la cri­sis sis­té­mi­ca, civi­li­za­to­ria, que mina el capi­ta­lis­mo tie­nen una dure­za con­cre­ta con el pue­blo obre­ro de Argen­ti­na pre­ci­sa­men­te por los con­di­cio­nan­tes vis­tos. La crí­ti­ca que se hace de la demo­cra­cia bur­gue­sa es impla­ca­ble; duran­te esa crí­ti­ca vamos vien­do cómo pode­mos apren­der de la expe­rien­cia argen­ti­na a pesar de las enor­mes dife­ren­cias socio­his­tó­ri­cas arri­ba apun­ta­das, por­que Rober­to Per­día resal­ta una carac­te­rís­ti­ca de la demo­cra­cia bur­gue­sa común a Argen­ti­na y a Eus­kal Herria: las pro­me­sas que hacen los par­ti­dos elec­to­ra­lis­tas y que lo más pro­ba­ble es que no sean cum­pli­das, que que­den en pro­me­sas o peor aún, en men­ti­ras dichas para enga­ñar a incau­tos. El autor hace muy bien uti­li­zan­do un ejem­plo cru­do: «el cíni­co reco­no­ci­mien­to de Car­los Menem: “Si hubie­se dicho lo que iba a hacer, nadie me hubie­se vota­do”» (p. 59). Hay que recor­dar que Car­los Menem fue pre­si­den­te de Argen­ti­na entre 1989 y 1999, apli­can­do polí­ti­cas aus­te­ri­ci­das que empo­bre­cie­ron al pue­blo y enri­que­cie­ron a una bur­gue­sía corrup­ta.

La demo­cra­cia bur­gue­sa se sos­tie­ne en bue­na medi­da sobre la men­ti­ra y la mani­pu­la­ción, tam­bién en Argen­ti­na y en Eus­kal Herria. Sola­men­te la izquier­da revo­lu­cio­na­ria dice lo que pien­sa hacer en el par­la­men­to si es que ha deci­di­do ir a ese ins­tru­men­to del capi­tal, y si pue­de decir­lo abier­ta­men­te sin sufrir repre­sión. La socio­lo­gía elec­to­ral, el mer­ca­do del voto, la tele polí­ti­ca y la mani­pu­la­ción psi­co­ló­gi­ca de masas cono­cen a gran­des ras­gos el pre­cio medio del voto con­ve­nien­te­men­te «tra­ba­ja­do» por la indus­tria del con­trol social de masas que sabe bus­car en el big data lo que nece­si­ta. Rober­to Per­día, en base a los más recien­tes estu­dios al res­pec­to, nos advier­te que:

Según recien­tes inves­ti­ga­cio­nes rea­li­za­das en la Uni­ver­si­dad de Cam­brid­ge, con 100 likes se pue­de cono­cer la per­so­na­li­dad, la orien­ta­ción sexual, el ori­gen étni­co, la opi­nión polí­ti­ca, la reli­gión, gra­do de inte­li­gen­cia, con­su­mo de dro­gas y cons­ti­tu­ción fami­liar de una per­so­na. Con 150 «me gus­ta», median­te un algo­rit­mo, se podría cono­cer y pre­de­cir el com­por­ta­mien­to de una per­so­na mucho mejor de lo que pue­de hacer­lo su pare­ja. Con 250 likes de face­book, ni el pro­pio intere­sa­do sabe lo que la estruc­tu­ra infor­má­ti­ca pue­de cono­cer de dicha per­so­na. (p. 71)

La mani­pu­la­ción psi­co­po­lí­ti­ca tie­ne ins­tru­men­tos des­co­no­ci­dos hace trein­ta años que per­mi­ten a las fuer­zas bur­gue­sas más pode­ro­sas guiar par­te de la irra­cio­na­li­dad de la estruc­tu­ra psí­qui­ca colec­ti­va hacia el for­ta­le­ci­mien­to del sis­te­ma. ¿Quie­re esto decir que la izquier­da ha de renun­ciar para siem­pre a la inter­ven­ción elec­to­ral como par­te supe­di­ta­da a la estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria? Una demos­tra­ción de la vali­dez del tex­to de Rober­to Per­día la encon­tra­mos casi al final cuan­do desa­rro­lla tres refle­xio­nes sobre la ido­nei­dad o no de luchar den­tro de la demo­cra­cia bur­gue­sa. Aho­ra debe­mos espe­rar por­que para com­pren­der la pro­fun­di­dad de los tres pun­tos, antes debe­mos seguir la lógi­ca que los sos­tie­ne. Y una pri­me­ra e inex­cu­sa­ble medi­da que debe­mos rea­li­zar, es el recha­zo explí­ci­to del posi­bi­lis­mo:

Los cul­to­res de dicho posi­bi­lis­mo se reivin­di­can prag­má­ti­cos y rea­lis­tas, que «hacen lo que se pue­de…». De un modo iró­ni­co, cíni­co y resig­na­do, esa idea se ha ins­ta­la­do en la calle bajo la expre­sión: «Es lo que hay». Car­ga­dos de lúdi­cos diag­nós­ti­cos de la reali­dad, siem­pre eli­gen «el mal menor…». Guia­dos por esos prin­ci­pios, ter­mi­nan sien­do lógi­cos repro­duc­to­res del sis­te­ma que cues­tio­nan y cri­ti­can. Caren­tes de una ver­da­de­ra auto­crí­ti­ca, no ponen en duda sus pen­sa­mien­tos; y solo espe­ran enan­car­se en la lógi­ca resis­ten­cia de los pue­blos para reite­rar –una vez más– ese incon­du­cen­te «posi­bi­lis­mo». (p. 75)

El refor­mis­mo, el posi­bi­lis­mo y el prag­ma­tis­mo son tres corrien­tes polí­ti­cas que sur­gie­ron a fina­les del siglo XIX en Ale­ma­nia, Fran­cia y Esta­dos Uni­dos, y que con el tiem­po han con­flui­do en una sola. Des­pués, al calor de las órde­nes y de las ofer­tas de la indus­tria cul­tu­ral, la cas­ta inte­lec­tual ha mul­ti­pli­ca­do las ofer­tas: ya sabe­mos en qué han que­da­do tan­tas pro­me­sas de lograr defi­ni­ti­va­men­te la «hege­mo­nía de los nue­vos suje­tos socia­les» para trans­for­mar la reali­dad sin lucha revo­lu­cio­na­ria. El autor ha resu­mi­do en nue­ve pun­tos las cons­tan­tes del posi­bi­lis­mo argen­tino, en la pági­na 76; pen­sa­mos que apren­de­re­mos mucho si las adap­ta­mos a Eus­kal Herria:

Pri­me­ra: No cues­tio­nar real­men­te los meca­nis­mos de explo­ta­ción capi­ta­lis­ta vigen­te es una par­te vital de la matriz de ese pen­sa­mien­to en mate­ria eco­nó­mi­ca y una de las razo­nes de su fra­ca­so, que ter­mi­na con­so­li­dan­do el saqueo de nues­tra rique­za y la explo­ta­ción de los tra­ba­ja­do­res. El refor­mis­mo posi­bi­lis­ta y prag­má­ti­co quie­re aumen­tar votos y esca­ños, y hablar de la dure­za de la explo­ta­ción asa­la­ria­da o no asa­la­ria­da pero impres­cin­di­ble para la bur­gue­sía, pue­de espan­tar­los; la solu­ción es ser­mo­near sobre demo­cra­cia, dere­cho, jus­ti­cia… de mane­ra abs­trac­ta y poli­sé­mi­ca para fas­ci­nar a sec­to­res de la peque­ña y has­ta media­na bur­gue­sía; la lucha sis­te­má­ti­ca en fábri­cas, escue­las, ser­vi­cios, barrios, etc., con­tra todas las explo­ta­cio­nes con­cre­tas en las que se mate­ria­li­za la uni­dad y lucha de con­tra­rios entre el capi­tal y el tra­ba­jo, cuan­do se rea­li­za, es aban­do­na­da en manos del sin­di­ca­to y de las orga­ni­za­cio­nes secun­da­rias, y nun­ca lle­va­da a las ins­ti­tu­cio­nes, al par­la­men­to… para no asus­tar al voto poten­cial.

Segun­da: El estrac­ti­vis­mo y el con­su­mis­mo son dos aspec­tos inse­pa­ra­bles de su pro­ce­der polí­ti­co-eco­nó­mi­co. Una de las fuen­tes de la acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria de capi­tal en Eus­kal Herria fue el estrac­ti­vis­mo de mine­ral de hie­rro entre fina­les del siglo XIX y comien­zos del XX. Aho­ra ha vuel­to otro «estrac­ti­vis­mo»: el de la fuer­za de tra­ba­jo cua­li­fi­ca­da que tie­ne que bus­car explo­ta­do­res en el extran­je­ro que les den más sala­rio por­que los de la bur­gue­sía vas­co-espa­ño­la son una mise­ria. La ideo­lo­gía con­su­mis­ta no com­ba­ti­da por el refor­mis­mo refuer­za la alie­na­ción de esos jóve­nes que en vez de luchar en y por su pue­blo y cla­se, se esca­pan bus­can­do un explo­ta­dor «más jus­to», pero sin inte­grar­se en la lucha de cla­ses del pue­blo que los reci­be.

Ter­ce­ra: La con­cen­tra­ción y extran­je­ri­za­ción eco­nó­mi­ca y los pri­vi­le­gios del capi­tal finan­cie­ro, fue­ron efec­to de sus polí­ti­cas. En la Eus­kal Herria penin­su­lar la izquier­da vas­ca fue el cen­tro motor de la resis­ten­cia al capi­tal finan­cie­ro y a la desin­dus­tria­li­za­ción que este exi­gía. Aho­ra lo es tam­bién en muchas explo­ta­cio­nes con­cre­tas sin olvi­dar las apor­ta­cio­nes de gru­pos de izquier­da esta­tal; pero el nue­vo refor­mis­mo elec­to­ra­lis­ta ha aban­do­na­do la estra­te­gia inde­pen­den­tis­ta y socia­lis­ta que daba pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca y cohe­ren­cia pro­gra­má­ti­ca a todas las expre­sio­nes con­cre­tas de resis­ten­cia pre­ci­sa­men­te cuan­do la nue­va cri­sis mun­dial exi­ge una deci­di­da pra­xis con­cien­cia­do­ra.

Cuar­ta: Un cier­to feti­chis­mo del Esta­do lle­va a con­si­de­rar­lo como el fac­tor prác­ti­ca­men­te exclu­yen­te de los cam­bios a pro­du­cir. La des­truc­ción del Esta­do del capi­tal es una exi­gen­cia inelu­di­ble, simul­tá­nea a la cons­truc­ción de un poder obre­ro y popu­lar tran­si­to­rio basa­do en la demo­cra­cia socia­lis­ta, comu­na lo lla­ma­ron Marx y Engels des­de 1871. Las nacio­nes opri­mi­das, intere­sa­da­men­te neu­tra­li­za­das como «nacio­nes sin Esta­do», tene­mos la urgen­te nece­si­dad de cons­truir nues­tra comu­na como úni­co recur­so para avan­zar al socia­lis­mo.

Quin­ta: Como legí­ti­mos here­de­ros del pen­sa­mien­to de la moder­ni­dad euro­cén­tri­ca, con­si­de­ran las ideas de «pro­gre­so» y «desa­rro­llo» (fun­da­do en los datos de sobre «cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co») como cla­ves de la socie­dad y de la vida huma­na. El pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co lle­vó has­ta media­dos de la déca­da de 1980 una titá­ni­ca lucha con­tra el plan de ins­ta­lar cua­tro cen­tra­les nuclea­res en un área de 17.234 km2, bajo con­trol espa­ñol. De haber triun­fa­do el plan, enton­ces sería la zona más nuclea­ri­za­da del mun­do, tenien­do en cuen­ta que a muy pocos kiló­me­tros fun­cio­na­ba la cen­tral de Garo­ña. La ideo­lo­gía del «pro­gre­so» y del «desa­rro­llo» legi­ti­ma­ba tama­ña bar­ba­ri­dad que el pue­blo hizo fra­ca­sar. Aque­lla lar­ga lec­ción ha deja­do una con­cien­cia eco­lo­gis­ta prác­ti­ca apre­cia­ble en muchos com­por­ta­mien­tos socia­les, pero el paso a la reta­guar­dia del inde­pen­den­tis­mo socia­lis­ta, per­dien­do vigen­cia actual, más la pre­sión casi aplas­tan­te de las nue­vas for­mas capi­ta­lis­tas, así como otros fac­to­res, favo­re­cen la recu­pe­ra­ción del desa­rro­llis­mo.

Sex­ta: El tema de la corrup­ción por par­te de algu­nos diri­gen­tes pro­gre­sis­tas, hábil­men­te mane­ja­do des­de ese gran corrup­tor que es el sis­te­ma capi­ta­lis­ta y sus per­so­ne­ros, es un acto de trai­ción a lo que dicen repre­sen­tar y pro­cla­man que­rer rea­li­zar. En la Eus­kal Herria bajo domi­na­ción espa­ño­la, el eufe­mis­mo deno­mi­na­do «tran­si­ción demo­crá­ti­ca» des­de la dic­ta­du­ra mili­tar a la monar­quía impues­ta por los mili­ta­res logró que cen­te­na­res de «pro­gre­sis­tas» e inclu­so lucha­do­res anti­fran­quis­tas se con­vir­tie­ran en poco tiem­po en defen­so­res de esa monar­quía mili­tar al ser coop­ta­dos como fun­cio­na­rios, tra­ba­ja­do­res públi­cos, etc., de las nue­vas ins­ti­tu­cio­nes regio­na­les que el capi­tal nece­si­ta­ba urgen­te­men­te para apa­ren­tar el cam­bio. Las abun­dan­tes corrup­cio­nes clá­si­cas ocul­ta­ron esa degra­da­ción corrup­ta de la pro­gre­sía que se inte­gró con bue­nos suel­dos en la «demo­cra­cia» impues­ta olvi­dán­do­se de la demo­cra­cia real. Aho­ra mis­mo, una de las cau­sas de la pro­fun­da cri­sis polí­ti­ca en el Esta­do espa­ñol nace de la alta corrup­ción que pudre la polí­ti­ca ofi­cial y la gran bur­gue­sía, y de la peque­ña corrup­ción de los nue­vos refor­mis­mos y gru­pos de extre­ma dere­cha capa­ces de todo con tal de sen­tar­se en un sillón.

Sép­ti­ma: Tam­bién nos mete­re­mos en la frus­tra­ción que deja este modo de pen­sar y actuar en las cues­tio­nes polí­ti­co-ins­ti­tu­cio­na­les, con una demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va ale­ja­da del pue­blo, sus aspi­ra­cio­nes y nece­si­da­des. A gran­des ras­gos, en Eus­kal Herria sur, ha habi­do tres momen­tos de frus­tra­ción: uno, cuan­do el refor­mis­mo se arro­di­lló ante la monar­quía impues­ta por la dic­ta­du­ra, legi­ti­mán­do­la, lo que hizo que cien­tos de anti­fran­quis­tas, socia­lis­tas y comu­nis­tas se hun­die­ran en el des­con­cier­to y otros se corrom­pie­ran, como hemos vis­to antes. Otro, cuan­do una par­te de la izquier­da aber­tza­le se des­com­pu­so des­de la segun­da mitad de la déca­da de 1980 y algu­nos sec­to­res se inte­gra­ron en el apa­ra­to de Esta­do, des­plo­me para­le­lo al de gru­pos meno­res de izquier­da revo­lu­cio­na­ria. Y el ter­ce­ro, la que han pade­ci­do cien­tos de mili­tan­tes al impo­ner­se la «nue­va estra­te­gia». En las tres frus­tra­cio­nes se des­cu­bre la quie­bra del refe­ren­te polí­ti­co estra­té­gi­co que guia­ba a sus mili­tan­cias y que vie­ron cómo la nue­va polí­ti­ca se aco­mo­da­ba a la «demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va».

Octa­va: Su paso deja el sal­do de una débil y autén­ti­ca orga­ni­za­ción y pro­ta­go­nis­mo del pue­blo. Ello impi­de el des­plie­gue de sus poten­cia­li­da­des y olvi­da aquel vie­jo prin­ci­pio de que: ¡Solo el pue­blo sal­va­rá al pue­blo! En todas par­tes suce­de lo mis­mo: cuan­do la orga­ni­za­ción o par­ti­do refe­ren­cial se hun­de, gira al cen­tro, par­te de su mili­tan­cia que­da per­ple­ja, des­con­cer­ta­da… y con fre­cuen­cia desis­te y aban­do­na la mili­tan­cia. Según sea la his­to­ria, memo­ria, con­cien­cia y con­tex­to, se tar­da­rá un tiem­po para que la lucha vuel­va a los nive­les ante­rio­res.

Nove­na: Tam­po­co debe­mos elu­dir la con­si­de­ra­ción del abis­mo que media entre su dis­cur­so car­ga­do de «bue­nas inten­cio­nes», jun­to a una prác­ti­ca que ter­mi­na por repro­du­cir el sis­te­ma impe­ran­te. No hace fal­ta que nos exten­da­mos en las «bue­nas inten­cio­nes» del posi­bi­lis­mo que pro­me­te de todo en la cam­pa­ña elec­to­ral, pero que se olvi­da de lo pro­me­ti­do a los pocos días, inten­tan­do man­te­ner o recu­pe­rar la con­fian­za del elec­to­ra­do pro­me­tién­do­le nue­vas mara­vi­llas.

Vemos cómo son apli­ca­bles en lo esen­cial a Eus­kal Herria las nue­ve carac­te­rís­ti­cas del pro­gre­sis­mo posi­bi­lis­ta argen­tino y con diver­sas pre­ci­sio­nes lo son tam­bién para Occi­den­te siem­pre y cuan­do hable­mos de izquier­da revo­lu­cio­na­ria. Un estu­dio más sutil y con­cre­to debe­mos hacer cuan­do el autor, Rober­to Per­día, se detie­ne en los logros demo­crá­ti­cos de Cuba, Boli­via, Vene­zue­la, Argen­ti­na en 1945–1955, y la pri­me­ra Cons­ti­tu­ción de la pro­vin­cia del Cha­co de 1951, que no pode­mos siquie­ra sin­te­ti­zar en su quin­tae­sen­cia por­que nos lle­va­ría dema­sia­do tiem­po al tener que ana­li­zar las dife­ren­cias cua­li­ta­ti­vas de todos ellos con Eus­kal Herria: nos divi­den y opri­men dos Esta­dos que nos tro­cean en tres terri­to­rios con muy dis­tin­tas admi­nis­tra­cio­nes con leyes, sis­te­mas con­ta­bles, edu­ca­ti­vos, admi­nis­tra­ti­vos, etc., muy dife­ren­tes; las leyes que nos impo­nen están pen­sa­das para impe­dir cual­quier cen­tra­li­dad nacio­nal; no tene­mos repre­sen­ta­ti­vi­dad inter­na­cio­nal algu­na, etc., mien­tras que Cuba, Boli­via, Vene­zue­la y Argen­ti­na ya eran Esta­dos inde­pen­dien­tes antes de esas valio­sas expe­rien­cias.

Construir territorio comunal

Para los pue­blos opri­mi­dos que debe­mos des­truir el Esta­do ocu­pan­te y crear un poder comu­nal cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­te, Rober­to Per­día hace apor­ta­cio­nes vita­les sobre la terri­to­ria­li­dad del poder comu­nal, sobre el ancla­je de la auto­or­ga­ni­za­ción en un terri­to­rio que la cla­se tra­ba­ja­do­ra quie­re libe­rar. La rai­gam­bre en el terri­to­rio es deci­si­va por­que es uno de los mejo­res mar­ca­do­res del avan­ce, estan­ca­mien­to o retro­ce­so de la lucha popu­lar. Un peque­ño cen­tro social de barrio, una coope­ra­ti­va de pro­duc­ción y con­su­mo, una asam­blea veci­nal, una aso­cia­ción de cul­tu­ra rela­cio­na­da con algu­na o algu­nas asam­bleas de taller o fábri­ca, una radio­te­le­vi­sión local auto­ges­tio­na­da, un colec­ti­vo de edu­ca­ción sexual, una gim­na­sio de auto­de­fen­sa anti patriar­cal y anti­rra­cis­ta, una uni­ver­si­dad popu­lar conec­ta­da con algún cen­tro edu­ca­ti­vo ofi­cial…, son pri­me­ros avan­ces en la auto­or­ga­ni­za­ción que pue­den dar con­te­ni­do y for­ma a lo que supo­ne la comu­na:

La comu­na supo­ne un tipo de orga­ni­za­ción que va más allá de las pro­pues­tas para una refor­ma esta­tal, de raíz euro­cén­tri­ca, que el pro­gre­sis­mo vie­ne for­mu­lan­do […] lo estra­té­gi­co es la orga­ni­za­ción del pue­blo y lo que se pro­po­ne en su orga­ni­za­ción en esta pers­pec­ti­va comu­nal. Pen­sar el futu­ro des­de la lógi­ca de las comu­nas, es hacer­lo tenien­do en vis­ta la comu­ni­dad y no el mer­ca­do. Para hacer­lo reali­dad, ade­más de la volun­tad explí­ci­ta pues­ta en esa direc­ción, se requie­re un lar­go tiem­po de lucha y orga­ni­za­ción […] La cons­truc­ción de la comu­na adqui­ri­rá peso reivin­di­ca­ti­vo y dimen­sión polí­ti­ca, en la medi­da en que se logra avan­zar en la terri­to­ria­li­za­ción de las luchas socia­les. (pp. 118–119)

Terri­to­ria­li­zar una lucha social quie­re decir conec­tar­la con otros gru­pos que tam­bién actúan en ese espa­cio urbano, en la vida en el barrio popu­lar, etc.; en suma, el espa­cio pro­duc­ti­vo-repro­duc­ti­vo inme­dia­to en el que se libran esos y otros con­flic­tos, en sín­te­sis: «domi­nar la calle» en sen­ti­do gene­ral, que es el espa­cio deci­si­vo en el que se deci­den los pri­me­ros momen­tos de la vic­to­ria de la rebe­lión con­tra la tira­nía. Por terri­to­rio comu­nal debe­mos enten­der aque­llas zonas en las que la auto­or­ga­ni­za­ción de colec­ti­vos ha per­mi­ti­do y a la vez exi­ge su auto­ges­tión direc­ta, de base y hori­zon­tal para que esa auto­or­ga­ni­za­ción se expan­da. Un colec­ti­vo o red de gru­pos que no se auto­ges­tio­ne, que no se ges­tio­ne des­de su inte­rior y según su pro­yec­to estra­té­gi­co, está con­de­na­do a la des­apa­ri­ción o a la inte­gra­ción en el sis­te­ma al que dice com­ba­tir.

Al fin y al cabo, ges­tio­nar­se así mis­mo es y exi­ge el ejer­ci­cio de la auto­de­ter­mi­na­ción, de deci­dir sin inje­ren­cias ni con­di­cio­nan­tes exter­nos qué se quie­re hacer y cómo hacer­lo. Pero más tem­prano que tar­de se demues­tra que un terri­to­rio social auto­or­ga­ni­za­do, auto­ges­tio­na­do y auto­de­ter­mi­na­do no sir­ve de nada cuan­do se desahu­cian vivien­das, se cie­rran loca­les libe­ra­dos, el poder impo­ne la gen­tri­fi­ca­ción y la poli­cía per­mi­te la dro­ga y la delin­cuen­cia mafio­sa, pero repri­me a la juven­tud y a colec­ti­vos socia­les, el terror patriar­cal pro­li­fe­ra a fal­ta de medi­das en con­tra, las empre­sas des­tro­zan la eco­lo­gía urba­na, el poder muni­ci­pal recha­za todas las pro­pues­tas veci­na­les exi­gien­do ser­vi­cios y espa­cios públi­cos, etc. Ante estos y otros ata­ques del capi­tal, el terri­to­rio popu­lar empie­za a des­com­po­ner­se por fal­ta de auto­de­fen­sa.

Lle­ga­dos a este pun­to, Rober­to Per­día hace muy bien en adver­tir­nos sobre la tram­pa que se escon­de deba­jo de la inmen­sa mayo­ría de las medi­das bur­gue­sas, sean reac­cio­na­rias o refor­mis­tas, con­tra el empo­bre­ci­mien­to inhe­ren­te al capi­ta­lis­mo. La terri­to­ria­li­za­ción comu­nal pue­de dete­ner­se y retro­ce­der has­ta su extin­ción si el poder logra impo­ner la tram­pa de las «ayu­das con­tra la pobre­za». Muchos orga­nis­mos del capi­tal, la ONU, el Esta­do, ofi­ci­nas públi­cas, gran­des ban­cos y empre­sas, gru­pos reli­gio­sos, etc., actúan «con­tra la pobre­za» des­de el asis­ten­cia­lis­mo más neu­tro que no ata­ca la cau­sa: el capi­tal. Nos pare­ce muy per­ti­nen­te la crí­ti­ca del autor al ingre­so ciu­da­dano uni­ver­sal y a su varian­te el «ingre­so uni­ver­sal» a todos los «ciu­da­da­nos», como «solu­cio­nes» que no solu­cio­nan nada y des­ar­man la con­cien­cia del pro­le­ta­ria­do. Tam­bién tie­ne razón el autor cuan­do insis­te en que el recha­zo a estos méto­dos de coop­ta­ción no impli­ca la abso­lu­ta nega­ti­va a uti­li­zar crí­ti­ca­men­te los sis­te­mas asis­ten­cia­les del Esta­do y otras ins­ti­tu­cio­nes bur­gue­sas: se tra­ta de un uso crí­ti­co des­ti­na­do a impul­sar la estra­te­gia de doble poder, del «poder dual»:

De todos modos, la ideas que for­mu­la­mos no nie­gan el apro­ve­cha­mien­to de estas polí­ti­cas asis­ten­cia­lis­tas por par­te del actual Esta­do. Por el con­tra­rio, se pro­po­ne crear alter­na­ti­vas que le arran­quen todas las con­ce­sio­nes posi­bles a este sis­te­ma esta­tal, mien­tras va cons­tru­yen­do otra moda­li­dad de víncu­los entre las per­so­nas y de estas con la natu­ra­le­za, su pacha­ma­ma.

El suje­to, el más diná­mi­co terri­to­rial­men­te hablan­do, es en reali­dad un suje­to his­tó­ri­co en tran­si­ción que, en la medi­da que vaya orga­ni­zan­do al pue­blo de un deter­mi­na­do terri­to­rio, irá adqui­rien­do sig­ni­fi­ca­ción polí­ti­ca y capa­ci­dad de tras­mi­tir su expe­rien­cia a otros sec­to­res.

Por eso, la idea comu­nal no se ago­ta en el terri­to­rio de los actua­les des­po­seí­dos; es una pro­pues­ta que se extien­de hacia la pers­pec­ti­va de cons­truir las ciu­da­des comu­na­les y el pro­pio Esta­do comu­nal.

Eso, que pode­mos deno­mi­nar la cons­truc­ción de un poder dual, se ins­cri­be en lo que pode­mos deno­mi­nar su voca­ción de poder. Des­de él vamos a poner en ejer­ci­cio la volun­tad de gober­nar y legis­lar sobre un deter­mi­na­do espa­cio físi­co, y, más allá que no cuen­te con la ins­ti­tu­cio­na­li­dad esta­tal, va ten­sio­nan­do hacia la cons­truc­ción de su pro­pia ins­ti­tu­cio­na­li­dad. Eso es la acu­mu­la­ción cons­ti­tu­yen­te, o cons­truc­ción del poder popu­lar. (pp. 123–124)

La terri­to­ria­li­za­ción del poder popu­lar aumen­ta en la medi­da en que más y más gru­pos, colec­ti­vos y movi­mien­tos per­te­ne­cien­tes al pue­blo obre­ro se inte­gran en el blo­que de poder que, como su pro­pio nom­bre indi­ca, se auto­de­fi­ne como una fuer­za que cons­tru­ye poder popu­lar a la vez que des­tru­ye poder bur­gués, es decir, que pone en el cen­tro la famo­sa «cues­tión del poder». Vemos que exis­te un abis­mo entre las inquie­tu­des de la pro­gre­sía occi­den­tal por la «demo­cra­cia» y la direc­ción direc­ta del blo­que de poder hacia la lla­ve de la liber­tad: el poder comu­nal. O si que­re­mos decir­lo más cru­da­men­te: la demo­cra­cia abs­trac­ta y hue­ca con­tra el poder de la cla­se tra­ba­ja­do­ra y, más en con­cre­to, el poder de la mujer tra­ba­ja­do­ra den­tro del poder del pue­blo obre­ro. Rober­to Per­día dedi­ca cua­tro pági­nas (pp. 124–127) a la cues­tión del poder socio­po­lí­ti­co de la mujer tra­ba­ja­do­ra y a la urgen­cia de unir el mun­do de la repro­duc­ción con el de la pro­duc­ción:

Si logra­mos fun­dir ambas cues­tio­nes en torno a la idea de la repro­duc­ción de la vida y la bús­que­da de la feli­ci­dad, en lugar del poder y del dine­ro, es pro­ba­ble que este­mos alum­bran­do un mun­do mejor, con un femi­nis­mo popu­lar que haga que el nue­vo poder esté deter­mi­na­do por una mira­da feme­ni­na […] Las orga­ni­za­cio­nes socia­les y el poder popu­lar, por medio de las comu­nas, pue­den ser los luga­res de prue­ba don­de estas cues­tio­nes mues­tren, con el paso del tiem­po, sus pri­me­ros y más efec­ti­vos logros. Esto es par­te de la revo­lu­ción coti­dia­na que, aspi­ra­mos, se pue­da poner en mar­cha. (p. 127)

El blo­que de poder avan­za­rá en la medi­da en que se extien­da, por un lado, la revo­lu­ción coti­dia­na por entre los entre­si­jos de la domi­na­ción patriar­co-bur­gue­sa, car­co­mién­do­la en sus raí­ces; y, por otro lado, aumen­te el poder de base de los gru­pos mili­tan­tes en su avan­ce terri­to­rial:

En este sen­ti­do no se pro­po­ne la idea tra­di­cio­nal de una «zona libe­ra­da», tal como se entien­de en la lucha gue­rri­lle­ra de tipo rural. Aquí se pro­po­ne otro tipo de meca­nis­mo: se tra­ta de cons­truir zonas polí­ti­ca­men­te autó­no­mas, don­de el poder popu­lar esté radi­ca­do en la pro­pia expre­sión del pue­blo terri­to­rial­men­te orga­ni­za­do, para sus accio­nes en mate­ria de pro­duc­ción, salud, edu­ca­ción, vivien­da y la nece­sa­ria auto­de­fen­sa de sus dere­chos e ins­ti­tu­cio­nes.

En defi­ni­ti­va, se tra­ta de la pues­ta en prác­ti­ca del sis­te­ma de doble poder. Uno, el cons­trui­do actual­men­te vigen­te; otro, el cons­ti­tu­yen­te, asen­ta­do en el pue­blo que va orga­ni­zan­do un nue­vo sis­te­ma ins­ti­tu­cio­nal que le per­mi­ta aten­der sus nece­si­da­des coti­dia­nas.

Esta cons­truc­ción no supo­ne negar los víncu­los con otro tipo de orga­ni­za­cio­nes por reivin­di­ca­cio­nes sec­to­ria­les, que pue­den lle­gar a abar­car todo el terri­to­rio nacio­nal (agua, medio ambien­te, mine­ría, bos­ques, gla­cia­res, defen­sa de los pue­blos ori­gi­na­rios), ni tam­po­co con estra­te­gias que ten­gan por obje­ti­vo la orga­ni­za­ción y res­pues­ta de la pobla­ción fren­te al sis­te­ma opre­sor (fren­tes socia­les y polí­ti­cos, huel­gas, pro­ce­sos insu­rrec­cio­na­les).

Aquí se hará refe­ren­cia a lo que ocu­rre en el terri­to­rio local, los muni­ci­pios y la orga­ni­za­ción barrial, don­de –hoy– nos intere­sa desa­rro­llar las cate­go­rías de ese blo­que de poder para la cons­truc­ción del poder comu­nal.

Es aquí don­de des­ta­ca­mos la orga­ni­za­ción de los desocu­pa­dos, los tra­ba­ja­do­res en «negro», los del tra­ba­jo infor­mal. En esta cons­truc­ción se hará visi­ble lo que tene­mos dicho sobre el rol sig­ni­fi­ca­ti­vo de la mujer. Todos estos sec­to­res, prác­ti­ca­men­te exclui­dos del actual sis­te­ma, pue­den cons­ti­tuir­se –como tra­ba­ja­do­res de la eco­no­mía popu­lar– en el suje­to social más diná­mi­co del terri­to­rio local. (pp. 129–130)

Nadie debe creer que el poder comu­nal es un movi­mien­to exclu­si­vo de los sec­to­res de la eco­no­mía sumer­gi­da e infor­mal, de las y los tra­ba­ja­do­res des­em­plea­dos. No: «Ade­más de los sec­to­res ya des­crip­tos, ese blo­que de poder –que tam­bién es un poder de cla­se– supo­ne la par­ti­ci­pa­ción de los tra­ba­ja­do­res orga­ni­za­dos en el mis­mo terri­to­rio (sin­di­ca­tos, comi­sio­nes inter­nas, cuer­pos de dele­ga­dos, agru­pa­cio­nes)». (p. 130) Como poder de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, la comu­na adquie­re un con­te­ni­do revo­lu­cio­na­rio anta­gó­ni­co con el Esta­do bur­gués y con sus ins­ti­tu­cio­nes, con­tra­dic­ción que se agu­di­za­rá en la medi­da en que el blo­que de poder inte­gre tan­to a peque­ños comer­cian­tes, pro­fe­sio­nes libe­ra­les, etc., con las pre­cau­cio­nes que ello exi­ge cono­cien­do el com­por­ta­mien­to his­tó­ri­co de estos «sec­to­res medios», a los pue­blos ori­gi­na­rios, a las nacio­nes opri­mi­das.

Rober­to Per­día se cui­da mucho en caer en el error del espon­ta­neís­mo que nie­ga la nece­si­dad de la dia­léc­ti­ca entre orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria y auto­or­ga­ni­za­ción popu­lar:

Es por ello que, de nin­gu­na mane­ra, se pue­de escin­dir ese poder local de la pers­pec­ti­va gene­ral. Eso deman­da una pla­ta­for­ma común, una orga­ni­za­ción de tipo revo­lu­cio­na­rio, don­de se arti­cu­len las pers­pec­ti­vas loca­les no solo entre sí, sino jun­to a otros meca­nis­mos de lucha y orga­ni­za­ción que lo hagan par­ti­ci­pa­ti­vo de una trans­for­ma­ción nacio­nal y regio­nal. De ahí que esa cons­truc­ción terri­to­rial no solo no sea opues­ta, sino que pue­de trans­for­mar­se en prin­ci­pal ani­ma­do­ra de otras for­mas de lucha anti-sis­te­ma […] La cues­tión es orga­ni­zar en el terri­to­rio local el anta­go­nis­mo social y polí­ti­co con­tra el actual mode­lo y sus lacras, que carac­te­ri­zan a la socie­dad de cla­ses del capi­ta­lis­mo. […] Se tra­ta de un mode­lo de cons­truc­ción dife­ren­cia­do del auto­no­mis­mo esen­cia­lis­ta o de un pro­gre­sis­mo refor­mis­ta. Se tra­ta de ir pre­fi­gu­ran­do el futu­ro en la cons­truc­ción coti­dia­na. […] El Che plan­tea­ba que en la cons­truc­ción del Poder Popu­lar, era nece­sa­rio desa­rro­llar los «gér­me­nes de socia­lis­mo» que están pre­sen­tes en el pue­blo, aten­dien­do a las expec­ta­ti­vas del mis­mo. (p. 133)

Resumen

Las apor­ta­cio­nes de Rober­to Per­día dan un sal­to ade­lan­te des­pués de lo ante­rior, que es mucho, lan­zán­do­nos once carac­te­rís­ti­cas muy sin­té­ti­cas que reco­rren las expe­rien­cias del poder popu­lar lle­va­das a su nivel teó­ri­co.

Una: Se tra­ta de la orga­ni­za­ción de sec­to­res popu­la­res. Las dos cla­ses fun­da­men­ta­les del capi­ta­lis­mo son la bur­gue­sía y el pro­le­ta­ria­do, pero exis­ten tam­bién la media­na y peque­ña bur­gue­sía, las mal lla­ma­das «cla­ses medias», el cam­pe­si­na­do, etc. Cada cla­se o frac­ción de cla­se se mues­tra de for­ma muy dife­ren­te según la his­to­ria de sus socie­da­des con­cre­tas, com­ple­ji­dad que se mul­ti­pli­ca al exis­tir la opre­sión patriar­co-bur­gue­sa y la nacio­nal; pero siem­pre exis­te una uni­dad y lucha de con­tra­rios entre el capi­tal y el tra­ba­jo en lo uni­ver­sal. Para abar­car esta diver­si­dad de for­mas en las que se pre­sen­ta y actúa la cla­se pro­le­ta­ria, se han crea­do con­cep­tos fle­xi­bles y abar­ca­do­res: sec­to­res popu­la­res, pue­blo obre­ro, pue­blo tra­ba­ja­dor, nación tra­ba­ja­do­ra, masas popu­la­res, etc., que deben ser enten­di­dos en su espe­cí­fi­ca lucha socio­his­tó­ri­ca, pero que a pesar de eso siem­pre nos remi­ten a ese anta­go­nis­mo mun­dial. Por esto, las comu­nas inte­gran la rica com­ple­ji­dad de los «sec­to­res popu­la­res», al igual que los soviets y los con­se­jos conec­ta­dos en el terri­to­rio inte­gran las múl­ti­ples for­mas de lucha de cla­ses entre el tra­ba­jo y el capi­tal.

Dos: Que lo hacen en fun­ción de sus varia­das reivin­di­ca­cio­nes de todo tipo. Es la inter­re­la­cio­na­da mul­ti­pli­ci­dad de las explo­ta­cio­nes, opre­sio­nes y domi­na­cio­nes que sufren las muchas for­mas en las que se pre­sen­ta en con­cre­to la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra, la que expli­ca las «varia­das reivin­di­ca­cio­nes de todo tipo» que obje­ti­va­men­te tien­den a coor­di­nar­se en los terri­to­rios en los que actúan las comu­nas, con­se­jos, soviets, asam­bleas, comi­tés, etc. Ini­cial­men­te, son rela­cio­nes pun­tua­les, tác­ti­cas y cir­cuns­cri­tas a la lucha par­ti­cu­lar, pero con la con­cien­cia­ción que da la expe­rien­cia y la teo­ría, se avan­za hacia una coor­di­na­ción estra­té­gi­ca, que es la que ver­da­de­ra­men­te teme el Esta­do. «Casual­men­te» una de las carac­te­rís­ti­cas del refor­mis­mo es negar­se a impul­sar esa uni­dad estra­té­gi­ca que res­pe­ta la auto­no­mía de las luchas, boi­co­teán­do­la o rom­pién­do­la, e inco­mu­ni­can­do total­men­te cada lucha de las demás, para así lle­var­la al redil bur­gués.

Tres: Que cons­ti­tu­yen sus dere­chos con­fron­tan­do con el poder cons­ti­tui­do. Es la prác­ti­ca la que ense­ña qué es el dere­cho con­cre­to que se plas­ma en el dere­cho y la jus­ti­cia popu­lar como ante­sa­la del futu­ro dere­cho socia­lis­ta. Por ejem­plo, el dere­cho popu­lar de seña­lar en la calle, públi­ca­men­te, a vio­la­do­res, racis­tas, fas­cis­tas, corrup­tos, explo­ta­do­res, etc.; este dere­cho con­cre­to del pue­blo es jus­to lo con­tra­rio del dere­cho bur­gués a la men­ti­ra que ejer­ce a dia­rio con su pren­sa y sus medios de alie­na­ción. El dere­cho al abor­to libre y gra­tui­to, a la edu­ca­ción, sani­dad, trans­por­te, infra­es­truc­tu­ras… solo se des­cu­bren en su mate­ria­li­dad cuan­do se lucha por ellos. La bur­gue­sía siem­pre inten­ta fal­si­fi­car o borrar la his­to­ria que ense­ña que los dere­chos con­cre­tos solo se han con­se­gui­do con la inter­ven­ción rec­to­ra del pue­blo tra­ba­ja­dor, asus­tan­do así al capi­tal y obli­gán­do­le a ceder, Por esto es tan impor­tan­te que la comu­na man­ten­ga actua­li­za­da la memo­ria his­tó­ri­ca y la teo­ría revo­lu­cio­na­ria.

Cua­tro: Que cons­tru­yen de un modo autó­no­mo, res­pec­to al poder esta­tal de su mar­co terri­to­rial; esto no sig­ni­fi­ca igno­rar al Esta­do, sino man­te­ner la auto­no­mía en medio de esa ten­sión per­ma­nen­te. El pro­ce­so que va de la auto­or­ga­ni­za­ción a la auto­de­fen­sa, que tran­si­ta por la auto­ges­tión y la auto­de­ter­mi­na­ción, se desa­rro­lla fue­ra del con­trol del Esta­do, aun­que como ya se ha dicho inten­tan­do uti­li­zar todo aque­llo que pue­da ser uti­li­za­do para refor­zar la comu­na. Siem­pre hay que dudar de cual­quier pro­me­sa esta­tal por­que siem­pre tie­ne la inten­ción de divi­dir y des­ani­mar para, una vez logra­do, ata­car con más fuer­za has­ta des­truir los dere­chos con­quis­ta­dos.

Cin­co: Que en ese terri­to­rio van cons­tru­yen­do expre­sio­nes de un poder dual res­pec­to al pro­pio poder esta­tal cons­ti­tui­do. Un peque­ño colec­ti­vo barrial orga­ni­za algu­nas denun­cias que tie­nen éxi­to: se for­ma un con­tra­po­der local con capa­ci­da­des redu­ci­das. Con menos erro­res que acier­tos, amplía su implan­te terri­to­rial y sus razo­nes, ayu­dan­do a crear un movi­mien­to que empie­za a ser una auto­or­ga­ni­za­ción comu­nal. Sur­ge un pro­ble­ma gra­ve: una trans­na­cio­nal quie­re con­ver­tir un terreno en su ver­te­de­ro de resi­duos en don­de la comu­na tenía pen­sa­do crear un cen­tro social mul­ti­uso: sur­ge una cri­sis de poder dual o de doble poder en una cues­tión deci­si­va para la comu­na, pero tam­bién para la gran empre­sa. El cen­tro social es impres­cin­di­ble para ven­cer la dro­ga y la incul­tu­ra, para hacer reunio­nes, para todo… En fases de ascen­so popu­lar, la crea­ción de con­tra­po­de­res es fre­cuen­te según la rela­ción de fuer­zas, pero pocos de ellos logran con­fluir en un poten­te movi­mien­to estruc­tu­ra­do de poder dual, que tal vez pue­da lle­gar a ser la ante­sa­la de la revo­lu­ción.

Seis: Que ese poder dual va cre­cien­do en varios sen­ti­dos: arti­cu­lan­do diver­sos intere­ses reivin­di­ca­ti­vos (salud, edu­ca­ción, vivien­da, pro­duc­ción, entre otros) y avan­za­do polí­ti­ca­men­te sobre el poder esta­tal de dicho terri­to­rio, sin negar la posi­bi­li­dad de lle­gar a cons­truir sis­te­mas de segu­ri­dad o auto­de­fen­sa pro­pios que pon­gan freno al mono­po­lio de la vio­len­cia esta­tal o para­es­ta­tal. La posi­bi­li­dad de crear auto­de­fen­sa se con­vier­te en nece­si­dad des­de el momen­to en el que la bur­gue­sía se per­ca­ta del peli­gro real de los ini­cia­les con­tra­po­de­res. La vio­len­cia esta­tal dosi­fi­ca sus repre­sio­nes en estos pri­me­ros momen­tos, pero es muy fre­cuen­te que lan­ce la vio­len­cia para­es­ta­tal, los mato­nes de la patro­nal, el neo­fas­cis­mo y el fas­cis­mo, los gru­pos para­mi­li­ta­res… todos ellos con­tro­la­dos por el Esta­do. Son muchas las for­mas de auto­de­fen­sa: pací­fi­ca, no vio­len­ta, desobe­dien­cia civil y boi­co­teo pasi­vo, uti­li­za­ción de la lega­li­dad, movi­li­za­cio­nes de masas, etc., pero su efec­ti­vi­dad últi­ma, en el momen­to deci­si­vo, depen­de tan­to de cómo estén inser­tas en una estra­te­gia que inter­re­la­cio­na todas las for­mas de auto­de­fen­sa, y de cómo el poder dual esté orga­ni­za­do y deci­di­do a lle­var has­ta el final su auto­de­fen­sa total en la situa­ción extre­ma.

Sie­te: En esa cons­truc­ción es don­de las com­pa­ñe­ras han demos­tra­do su capa­ci­dad de par­ti­ci­pa­ción pro­ta­gó­ni­ca, que habrá que incen­ti­var y ase­gu­rar­le que no se obtu­re su pre­sen­cia en los nive­les de direc­ción. Las muje­res tra­ba­ja­do­ras han sido y son muchas veces las per­so­nas que fuer­zan con sus ini­cia­ti­vas que las resis­ten­cias den un sal­to cua­li­ta­ti­vo hacia ade­lan­te, abrien­do la nue­va y más radi­cal fase de lucha ofen­si­va; tam­bién han sido las que fre­cuen­te­men­te han asu­mi­do los sitios defen­si­vos más peli­gro­sos. No hace fal­ta decir que, ade­más, su tarea inter­na en las huel­gas, en los movi­mien­tos, en las mar­chas popu­la­res, etc., es deci­si­va. Pero la his­to­ria la escri­ben los hom­bres, sobre todo los aca­dé­mi­cos de dere­chas, y eso se nota en el momen­to de cono­cer­se el pro­ta­go­nis­mo de las muje­res tra­ba­ja­do­ras.

Ocho: Los exclui­dos del sis­te­ma, los asa­la­ria­dos y tra­ba­ja­do­res de todo tipo son sus com­po­nen­tes socia­les bási­cos, por­que son ellos los que tie­nen la posi­bi­li­dad de cues­tio­nar la repro­duc­ción del actual sis­te­ma. Como hemos dicho arri­ba, la diver­si­dad múl­ti­ple en las que se expre­sa la huma­ni­dad explo­ta­da por el capi­tal, al final de su aná­li­sis nos remi­te siem­pre a la cla­se esen­cial, el pro­le­ta­ria­do, que es el com­po­nen­te social bási­co del poder comu­nal en su avan­ce a Esta­do comu­nal, según lo defi­ne Rober­to Per­día. Esta pre­ci­sión es cru­cial por­que sin ella cae­mos en los muchos refor­mis­mos que ase­gu­ran, por un lado, que «el pro­le­ta­ria­do ha muer­to» sien­do sus­ti­tui­do por «nue­vos suje­tos socia­les» muy dife­ren­tes entre sí, con lo que des­apa­re­ce la lucha de cla­ses; y, por otro lado, ase­gu­ran que por ello mis­mo es impo­si­ble desa­rro­llar la pro­pues­ta nove­na que hace el autor.

Nue­ve: Para ase­gu­rar la con­ti­nui­dad de esta pers­pec­ti­va de acu­mu­la­ción, su cons­truc­ción no debe ser aje­na a la tría­da: pro­duc­ción, dis­tri­bu­ción, con­su­mo (de la pro­duc­ción para el mer­ca­do a la pro­duc­ción para la comu­ni­dad). Una cri­sis par­ti­cu­lar de doble poder, de poder dual, siem­pre es cor­ta por­que o ven­ce el pro­le­ta­ria­do o el pro­le­ta­ria­do es ven­ci­do. Para mul­ti­pli­car las fuer­zas de los sec­to­res popu­la­res que siguen a la cla­se obre­ra, se ha con­fir­ma­do que esta ha de hacer­se due­ña de todo el cir­cui­to que empie­za en la pro­duc­ción y aca­ba no en la amplia­ción del bene­fi­cio capi­ta­lis­ta, sino en el con­su­mo comu­nal, que deci­de qué par­te de lo pro­du­ci­do vuel­ve a la pro­duc­ción para mejo­rar aún más las con­di­cio­nes de vida del pue­blo. Este dile­ma siem­pre sur­ge en las coope­ra­ti­vas, en las fábri­cas recu­pe­ra­das, en cual­quier comu­na que quie­ra ser una «isla socia­lis­ta en un cre­cien­te archi­pié­la­go de islas socia­lis­tas». Lo tie­ne muy difí­cil por­que se enfren­tan sin ape­nas poder socio­po­lí­ti­co a la raíz del capi­ta­lis­mo: pro­du­cir bie­nes, valo­res de uso, sin pro­pie­dad pri­va­da y sin mer­can­cía, aun­que sea a muy poca esca­la: pero has­ta ese peque­ño embrión es un peli­gro inacep­ta­ble para la bur­gue­sía.

Diez: Otras cues­tio­nes que no podrán fal­tar a la hora de arti­cu­lar los intere­ses comu­nes en el terri­to­rio están vin­cu­la­dos a la apro­pia­ción popu­lar del sis­te­ma de salud; a las polí­ti­cas en mate­ria de salud; al hábi­tat y vivien­da; a la rea­li­za­ción de las polí­ti­cas de géne­ro y juven­tud; a la recu­pe­ra­ción del terri­to­rio de manos del nar­co­trá­fi­co; al desa­rro­llo de las nece­si­da­des de auto­de­fen­sas. No crea­mos que son nece­si­da­des exclu­si­vas del mal lla­ma­do «ter­cer mun­do»: la devas­ta­ción social gene­ra­li­za­da la está lle­van­do a pri­mer orden en el impe­ria­lis­mo, en don­de el empo­bre­ci­mien­to ya es admi­ti­do como estruc­tu­ral y cre­cien­te. La muy reac­cio­na­ria Aca­de­mia Sue­ca ha dado los Nobel de eco­no­mía a tres téc­ni­cos en cari­dad y asis­ten­cia­lis­mo de limos­nas a los «pobres», para apa­ren­tar que el capi­ta­lis­mo pue­de mejo­rar el dra­ma de varios miles de millo­nes de per­so­nas en el mun­do.

Once: Por últi­mo, cómo vin­cu­lar la edi­fi­ca­ción del poder comu­nal y su rela­ción con el muni­ci­pio y las elec­cio­nes loca­les. Sobre esta cues­tión tan deba­ti­da siem­pre, el autor nos pro­po­ne las exi­gen­cias míni­mas para lograr una par­ti­ci­pa­ción elec­to­ral efi­caz par­tien­do de la expe­rien­cia argen­ti­na y lati­noa­me­ri­ca­na en bue­na medi­da:

  1. Cuan­do exis­te una fuer­za social sufi­cien­te­men­te desa­rro­lla­da social, polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca­men­te, para com­pren­der el rol de esa par­ti­ci­pa­ción en el espa­cio geo­grá­fi­co (muni­ci­pio, depar­ta­men­to, pro­vin­cia, nación) en el que se da esa com­pe­ten­cia. En este caso, colo­ca­mos la impor­tan­cia del poder social acu­mu­la­do como una cues­tión bási­ca para deter­mi­nar si hay con­di­cio­nes para la par­ti­ci­pa­ción elec­to­ral. Pero, ade­más, resul­ta nece­sa­rio que esa fuer­za esté polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca­men­te pre­pa­ra­da para dar ese paso. No son pocos los ejem­plos his­tó­ri­cos de fuer­zas que dila­pi­da­ron su cau­dal de repre­sen­ta­ción social y polí­ti­ca en aras de una par­ti­ci­pa­ción don­de ter­mi­na­ron dilu­yén­do­se y entre­gan­do cua­dros para ter­mi­nar, ese acto, con­so­li­dan­do la con­ti­nui­dad de lo que decían com­ba­tir.

  2. Dado que es muy común que esa par­ti­ci­pa­ción se de en el mar­co de un fren­te, alian­za o coa­li­ción elec­to­ral, habrá que ase­gu­rar­se que la mis­ma no ten­ga posi­cio­nes anta­gó­ni­cas con nues­tro pro­yec­to y nos per­mi­ta una par­ti­ci­pa­ción pro­ta­gó­ni­ca, que res­pe­te la fuer­za que se repre­sen­ta y la posi­bi­li­dad de expre­sar la matriz de ese pen­sa­mien­to revo­lu­cio­na­rio. Ello supo­ne dos temas que habrá que medir en cada caso. En pri­mer lugar, que la cam­pa­ña elec­to­ral pue­da ser un perío­do de acu­mu­la­ción de fuer­zas que, por guar­dar cohe­ren­cia con nues­tro pen­sa­mien­to, per­mi­ta sos­te­ner­se más allá del acer­ca­mien­to pro­pio de la cam­pa­ña elec­to­ral, que sue­le dis­per­sar­se ter­mi­na­do el acto elec­to­ral. El segun­do aspec­to tie­ne que ver con la posi­bi­li­dad de con­se­guir algún nivel de repre­sen­ta­ción, en ese caso de ase­gu­rar­se la posi­bi­li­dad que la mis­ma ten­ga la posi­bi­li­dad de expre­sar los intere­ses cons­trui­dos social­men­te.

  3. Otra posi­bi­li­dad de par­ti­ci­pa­ción apa­re­ce como con­ve­nien­te o nece­sa­ria cuan­do las elec­cio­nes no son más que la «escri­ba­nía» que ins­ti­tu­cio­na­li­za el poder social y polí­ti­co alcan­za­do. Dos típi­cos ejem­plos his­tó­ri­cos de esta actua­ción son, en el nivel nacio­nal, las elec­cio­nes que colo­ca­ron al gobierno de Héc­tor Cám­po­ra en 1973 y en Nues­tra Amé­ri­ca el caso de Hugo Chá­vez en Vene­zue­la en 1998.

    En con­cre­to, y bajo las con­di­cio­nes actua­les, pare­ce muy difí­cil la par­ti­ci­pa­ción orgá­ni­ca de las dife­ren­tes orga­ni­za­cio­nes deno­mi­na­das socia­les, aun­que su fun­ción es polí­ti­ca, en los pro­ce­sos elec­to­ra­les más ampli­fi­ca­dos: nacio­na­les o pro­vin­cia­les. (pp. 177–178)

Recor­de­mos que el libro que rese­ña­mos y estas tres refle­xio­nes sobre si par­ti­ci­par o no en las ins­ti­tu­cio­nes bur­gue­sas, se basa sobre todo en la expe­rien­cia argen­ti­na y en menor medi­da, aun­que tam­bién, en la lati­noa­me­ri­ca­na. Tenien­do esto pre­sen­te, sin embar­go, es inne­ga­ble la actua­li­dad del pro­ble­ma por varios moti­vos: uno, en todas par­tes la bur­gue­sía vacía de poder efec­ti­vo a las ins­ti­tu­cio­nes ele­gi­das por sufra­gio y con­cen­tra el poder real en los apa­ra­tos de Esta­do y cada vez más en pode­res para y extra esta­ta­les, ade­más de que poten­cia la inde­pen­den­cia de las gran­des cor­po­ra­cio­nes trans­na­cio­na­les y sus lob­bies, tejien­do redes de poder fle­xi­ble entre frac­cio­nes bur­gue­sas esta­ta­les inac­ce­si­bles al poder tes­ti­mo­nial del sufra­gio par­la­men­ta­rio.

Ade­más, el desa­rro­llo de la indus­tria de la mani­pu­la­ción psi­co­po­lí­ti­ca de masas refuer­za y a la vez ocul­ta el vacia­mien­to de las ins­ti­tu­cio­nes bur­gue­sas, crean­do nue­vos obs­tácu­los que fre­nan la con­cien­cia­ción revo­lu­cio­na­ria según cri­te­rios ya supe­ra­dos. Por no exten­der­nos, la deses­truc­tu­ra­ción social que está impo­nien­do el capi­tal al rom­per la cen­tra­li­dad espa­cio-tem­po­ral de la coti­dia­nei­dad obre­ra y popu­lar típi­ca de la fase key­ne­sia­na y Tay­lor-for­dis­ta, mul­ti­pli­ca las nue­vas difi­cul­ta­des de la izquier­da para recom­po­ner la con­cien­cia de cla­se para sí en el capi­ta­lis­mo pre­sen­te.

En este con­tex­to es sui­ci­da seguir con los plan­tea­mien­tos elec­to­ra­lis­tas ante­rio­res a fina­les del siglo XX. Una de las muchas vir­tu­des de este pri­mer cua­derno de for­ma­ción de Resu­men Lati­noa­me­ri­cano es que, como hemos dicho al comien­zo, mues­tra cómo se pue­den actua­li­zar des­de la pers­pec­ti­va de la comu­na una de las mejo­res bazas his­tó­ri­cas de la huma­ni­dad explo­ta­da: la recu­pe­ra­ción de la terri­to­ria­li­dad mate­rial de la con­cien­cia, aho­ra que el capi­tal se lan­za a la des­te­rri­to­ria­li­za­ción abso­lu­ta –aun­que impo­si­ble– para impo­ner la –tam­bién impo­si­ble– des­ma­te­ria­li­za­ción abso­lu­ta del sis­te­ma en base al mito de la supues­ta «cuar­ta revo­lu­ción tec­no­cien­tí­fi­ca».

Fren­te a tan­to enga­ño que fas­ci­na al refor­mis­mo y que en reali­dad le hun­de aún más en el agu­je­ro negro del elec­to­ra­lis­mo par­la­men­ta­ris­ta tal como exis­tía has­ta la déca­da de 1980, la recons­truc­ción de los espa­cios mate­ria­les de la coti­dia­nei­dad pro­le­ta­ria y de los sec­to­res popu­la­res es una tarea urgen­te y nece­sa­ria.

Iña­ki Gil de San Vicen­te

Eus­kal Herria, 19 de octu­bre de 2019

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