De la V Asam­blea al mar­xis­mo vas­co (II)

El tes­ta­men­to de Arga­la

Crí­ti­ca del esta­ta­lis­mo

En 1977, Arga­la vol­ve­ría a recor­dar que la lucha de la izquier­da inde­pen­den­tis­ta era incon­ce­bi­ble para la izquier­da espa­ño­la. Lo que real­men­te dijo Lenin sobre el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes fue uno de los deba­tes más enco­na­dos y dura­de­ros, de hecho sigue abier­to en la actua­li­dad por­que aún no se ha resuel­to. Para ter­mi­nar este capí­tu­lo y pre­pa­rar el siguien­te, es bueno ade­lan­tar­nos un poco en el tiem­po y citar a Arga­la. Refi­rién­do­se a las opues­tas for­mas de inter­pre­tar a Lenin que tenían ETA VI y ETA V en el momen­to de su esci­sión en verano de 1970:

Estan­do de acuer­do –con ETA VI– con su aná­li­sis acer­ca de la opre­sión del pue­blo vas­co, recha­za­ba por com­ple­to las con­se­cuen­cias que de dicho aná­li­sis extraían. Su esque­ma, copia exac­ta del apli­ca­do por Lenin en la URSS, lo encon­tra­ba erró­neo en Eus­ka­di. Los pue­blos, y den­tro de ellos cada sec­tor, no optan en un momen­to, sino con­ti­nua­men­te en un pro­ce­so a lo lar­go del cual pue­den cam­biar sus opcio­nes si así lo acon­se­ja­se la reali­dad cir­cun­dan­te. No era el Esta­do dic­ta­to­rial fran­quis­ta con su acer­va­do cen­tra­lis­mo e impe­ria­lis­mo espa­ñol la úni­ca cau­sa de la exis­ten­cia de la opción inde­pen­den­tis­ta, sino tam­bién la incom­pren­sión his­tó­ri­ca­men­te demos­tra­da por los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les fren­te a la cues­tión vas­ca. La opción inde­pen­den­tis­ta era la expre­sión polí­ti­ca de la afir­ma­ción nacio­nal de los sec­to­res popu­la­res con con­cien­cia nacio­nal que iban día a día amplián­do­se. El pue­blo vas­co ha teni­do oca­sión de com­pro­bar a lo lar­go de su his­to­ria que una revo­lu­ción socia­lis­ta a nivel de Esta­do no es la solu­ción auto­má­ti­ca de su opre­sión nacio­nal; que los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les están dema­sia­do impreg­na­dos del nacio­na­lis­mo bur­gués espa­ñol. Por otra par­te, el logro de la inde­pen­den­cia exi­gía la derro­ta del Esta­do espa­ñol por lo menos en Eus­ka­di, es decir una ver­da­de­ra revo­lu­ción polí­ti­ca que solo podía lle­var­se a cabo por las capas popu­la­res bajo la direc­ción de la cla­se obre­ra, una capaz de asu­mir hoy en Eus­ka­di, con todas sus con­se­cuen­cias, la direc­ción de un pro­ce­so de tal enver­ga­du­ra. Pre­ci­sa­men­te, este asu­mir la cues­tión vas­ca por la cla­se obre­ra es lo que ha posi­bi­li­ta­do el resur­gi­mien­to nacio­nal de Eus­ka­di.

Mis pos­te­rio­res rela­cio­nes con, como repre­sen­tan­te de ETA, repre­sen­tan­tes de diver­sos par­ti­dos obre­ros revo­lu­cio­na­rios espa­ño­les, no sir­vie­ron sino para con­fir­mar esta visión. Dichos par­ti­dos no enten­dían la cues­tión vas­ca sino como un pro­ble­ma, un pro­ble­ma moles­to que con­vie­ne hacer des­apa­re­cer. Siem­pre me pare­ció ver que la uni­dad de «Espa­ña» era para ellos tan sagra­da como para la bur­gue­sía espa­ño­la. Jamás lle­ga­ban a enten­der que el carác­ter nacio­nal que adop­ta­ba la lucha de cla­ses en Eus­ka­di fue­se un fac­tor revo­lu­cio­na­rio; por el con­tra­rio, no era para ellos sino una nota dis­cor­dan­te en el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio espa­ñol que aspi­ra­ban orques­tar1.

Varias son las afir­ma­cio­nes que debe­mos des­ta­car aquí por su impor­tan­cia para el tema de nues­tro tex­to. La pri­me­ra es la feliz expre­sión de Arga­la sobre la «copia exac­ta» de las tesis de Lenin para la URSS. Es muy posi­ble que Arga­la hubie­ra estu­dia­do al Lenin de los Cua­der­nos filo­só­fi­cos en los que des­tro­za cual­quier creen­cia de que pue­de copiar­se exac­ta­men­te la reali­dad. Las mani­pu­la­cio­nes y men­ti­ras intere­sa­das sobre el supues­to meca­ni­cis­mo de la lla­ma­da «teo­ría del refle­jo» se hun­den con una sim­ple lec­tu­ra de Lenin. De hecho, si se inter­pre­ta­se la revo­lu­ción bol­che­vi­que con las gafas de plo­mo del meca­ni­cis­mo inhe­ren­te de la «copia exac­ta» de la teo­ría revo­lu­cio­na­ria ante­rior a 1917 ocu­rri­ría que el Octu­bre Rojo con­tra­de­cía esa lógi­ca, la rom­pía, y plan­tea­ba una visión nue­va. Grams­ci se per­ca­tó de ello al defi­nir a la revo­lu­ción rusa como una «revo­lu­ción con­tra El Capi­tal», es decir, que era una revo­lu­ción que nega­ba el «mar­xis­mo» en cuan­to dog­ma meca­ni­cis­ta de la II Inter­na­cio­nal.

Es en este sen­ti­do dia­léc­ti­co que Grams­ci dice que los bol­che­vi­ques no son «mar­xis­tas»: «[…] Si los bol­che­vi­ques renie­gan de algu­nas afir­ma­cio­nes de El Capi­tal, no renie­gan, en cam­bio, de su pen­sa­mien­to inma­nen­te, vivi­fi­ca­dor. No son «mar­xis­tas», y eso es todo; no han levan­ta­do sobre las obras del maes­tro una exte­rior doc­tri­na de afir­ma­cio­nes dog­má­ti­cas e indis­cu­ti­bles. Viven el pen­sa­mien­to mar­xis­ta, el que nun­ca mue­re […] Marx ha pre­vis­to lo pre­vi­si­ble. No podía pre­ver la gue­rra euro­pea»2. Lenin, o mejor decir los bol­che­vi­ques, pudie­ron apli­car el méto­do inma­nen­te del mar­xis­mo, su dia­léc­ti­ca de lo con­cre­to, por­que expre­sa­ban lo pro­fun­do de la nación rusa, de su «lar­ga his­to­ria»3de expe­rien­cia clan­des­ti­na anti­za­ris­ta que había for­ja­do pau­tas de com­por­ta­mien­to váli­das que incues­tio­na­ble­men­te habían pene­tra­do en los hábi­tos de la cul­tu­ra popu­lar.

Trotsky expli­có por qué y cómo Lenin refle­ja­ba los valo­res de la nación cam­pe­si­na y obre­ra rusa, valo­res que se sos­tie­nen median­te «una cone­xión orgá­ni­ca indi­so­lu­ble con la vida popu­lar, una cone­xión que bro­ta de los orí­ge­nes más pro­fun­dos […] Nues­tro pasa­do nacio­nal ha pre­pa­ra­do este hecho […] Por cami­nos des­co­no­ci­dos, no expli­ca­dos aún por la cien­cia, a tra­vés de los que se mode­la la per­so­na­li­dad del hom­bre, Lenin tomó de su nacio­na­lis­mo todo lo que nece­si­tó para la mayor acción revo­lu­cio­na­ria que han vis­to los siglos»4. Mariá­te­gui deta­lló así la impre­sión que le cau­só Lenin: «Su dia­léc­ti­ca es una dia­léc­ti­ca de com­ba­te, sin ele­gan­cia, sin retó­ri­ca, sin orna­men­to. No es la dia­léc­ti­ca uni­ver­si­ta­ria de un cate­drá­ti­co sino la dia­léc­ti­ca des­nu­da de un polí­ti­co revo­lu­cio­na­rio […] la diser­ta­ción de Lenin ha sido más ori­gi­nal, más gue­rre­ra, más pene­tran­te»5.

Ori­gi­na­li­dad, radi­ca­li­dad y pro­fun­di­dad, tres adje­ti­vos cer­te­ros para defi­nir el méto­do dia­léc­ti­co que le per­mi­tió a Lenin des­cu­brir y mos­trar por un lado la inter­ac­ción per­ma­nen­te entre la opre­sión nacio­nal y el impe­ria­lis­mo; y por otro lado, por el deci­si­vo lado de la pro­fun­di­dad, de la capa­ci­dad para bajar has­ta las raí­ces de los sen­ti­mien­tos, recuer­dos, refe­ren­tes y deseos del pue­blo, esa capa­ci­dad de Lenin para con­ce­bir lo incon­ce­bi­ble hizo que: «No en vano Ple­ja­nov, el Bund, los men­che­vi­ques, los social­de­mó­cra­tas occi­den­ta­les, etc., gri­ta­ban escan­da­li­za­dos que los plan­tea­mien­tos de Lenin, su estra­te­gia, eran con­tra­rios al mar­xis­mo, que sus ideas eran esla­vo­fi­lis­mo y popu­lis­mo enmas­ca­ra­dos con el mar­xis­mo»6. En efec­to, como dice J. Villa­nue­va:

Lenin reco­no­ce expre­sa­men­te en nume­ro­sas de sus obras y siem­pre en tér­mi­nos muy elo­gio­sos la deu­da del nue­vo movi­mien­to mar­xis­ta revo­lu­cio­na­rio con las gene­ra­cio­nes y orga­ni­za­cio­nes popu­lis­tas ante­rio­res […] Lenin se apo­ya en la tra­di­ción popu­lis­ta para resal­tar que la tarea polí­ti­ca más inme­dia­ta es la con­quis­ta de la liber­tad median­te el derro­ca­mien­to revo­lu­cio­na­rio del zaris­mo […] De aque­llos mili­tan­tes reco­ge­rá la preo­cu­pa­ción obse­si­va por orga­ni­zar un par­ti­do serio, com­ba­ti­vo, pro­fe­sio­na­li­za­do en su dedi­ca­ción por com­ple­to a la revo­lu­ción, capaz de desa­rro­llar todos los méto­dos de la acti­vi­dad cons­pi­ra­ti­va; reco­ge­rá la nece­si­dad impe­rio­sa de crear una orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria de com­ba­te, insis­tien­do en que este tipo de orga­ni­za­ción es impres­cin­di­ble para cual­quier ten­den­cia revo­lu­cio­na­ria que pien­sa real­men­te en una lucha seria7.

Tan­to el popu­lis­mo ruso como la esla­vo­fi­lia se carac­te­ri­za­ban por rei­vin­di­car los valo­res posi­ti­vos y revo­lu­cio­na­rios sub­ya­cen­tes en la tra­di­ción cam­pe­si­na y de la cul­tu­ra esla­va en su base común: la posi­bi­li­dad tomar impul­so de las lec­cio­nes de la resis­ten­cia a la expan­sión opre­si­va del capi­ta­lis­mo euro­cén­tri­co impul­sa­do por el Esta­do zaris­ta recu­rrien­do sobre todo al terror y al ejér­ci­to, con algu­nas sua­vi­za­cio­nes lega­les ais­la­das.

Como vere­mos más ade­lan­te, aquí radi­ca­ba una de las inno­va­cio­nes más pro­me­te­do­ras del mar­xis­mo des­de la déca­da de 1870 y, a la vez, una de las más tena­ces resis­ten­cias del meca­ni­cis­mo dog­má­ti­co.

Tam­bién radi­ca aquí uno de los gran­des avan­ces de Lenin con res­pec­to al suje­to de la revo­lu­ción y de la inde­pen­den­cia socia­lis­ta: la per­ma­nen­te inter­ac­ción entre pro­le­ta­ria­do cons­cien­te, pro­le­ta­ria­do sin con­cien­cia de cla­se o «incons­cien­te», cam­pe­si­na­do, arte­sa­na­do, peque­ña bur­gue­sía… Es muy pro­ba­ble que Arga­la hubie­ra leí­do las pocas pero com­pac­tas pági­nas de Lenin sobre la suble­va­ción irlan­de­sa de Pas­cua de 1916.

La revo­lu­ción socia­lis­ta en Euro­pa no pue­de ser otra cosa que una explo­sión de la lucha de masas de todos y cada uno de los opri­mi­dos y des­con­ten­tos. En ella par­ti­ci­pa­rán inevi­ta­ble­men­te par­tes de la peque­ña bur­gue­sía y de los obre­ros atra­sa­dos –sin esa par­ti­ci­pa­ción no es posi­ble una lucha de masas, no es posi­ble revo­lu­ción algu­na–, que apor­ta­rán al movi­mien­to, tam­bién de modo inevi­ta­ble, sus pre­jui­cios, sus fan­ta­sías reac­cio­na­rias, sus debi­li­da­des y sus erro­res. Pero obje­ti­va­men­te ata­ca­rán al capi­tal, y la van­guar­dia cons­cien­te de la revo­lu­ción, el pro­le­ta­ria­do avan­za­do, expre­san­do esta ver­dad obje­ti­va de la lucha de masas de pela­je y voces dis­tin­tas, abi­ga­rra­da y apa­ren­te­men­te des­mem­bra­da, podrá unir­la y diri­gir­la, tomar el poder, adue­ñar­se de los ban­cos, expro­piar los trusts, odia­dos por todos (¡aun­que por moti­vos dis­tin­tos!), y apli­car otras medi­das dic­ta­to­ria­les, que lle­van, con­si­de­ra­das en con­jun­to, al derro­ca­mien­to de la bur­gue­sía y a la vic­to­ria del socia­lis­mo, vic­to­ria que no podrá «depu­rar­se» en el acto, ni mucho menos, de la esco­ria peque­ño­bur­gue­sa8.

Estas pala­bras están escri­tas a raíz de la «terri­ble belle­za» de la Rebe­lión de Pas­cua en Irlan­da de 1916, que demos­tró la inca­pa­ci­dad de la izquier­da euro­pea para enten­der la lógi­ca pro­fun­da de las luchas nacio­na­les:

La izquier­da euro­pea denun­ció la Suble­va­ción de Pas­cua, sobre todo por­que no pudo com­pren­der su sen­ti­do. ¿Qué hacia un dis­ci­pli­na­do inte­lec­tual mar­xis­ta y líder sin­di­cal como James Con­nolly toman­do las armas jun­tos a unos nacio­na­lis­tas mís­ti­cos como Padraig Pear­se y Joseph Mary Plun­kett? Uno de los pocos radi­ca­les que enten­dió lo que pasó fue V. I. Lenin, que cali­fi­có las crí­ti­cas de la rebe­lión como «mons­truo­sa­men­te pedan­tes». Lo que tan­to Con­nolly como Lenin com­pren­die­ron fue que el levan­ta­mien­to refle­ja­ba una socie­dad pro­fun­da­men­te dis­tor­sio­na­da por el colo­nia­lis­mo. A dife­ren­cia de muchas otras par­tes de Euro­pa, en Irlan­da dife­ren­tes cla­ses y pun­tos de vis­ta pudie­ron encon­trar un terreno común pre­ci­sa­men­te por­que tenían una expe­rien­cia simi­lar: no impor­ta­ba cuál fue­ra su edu­ca­ción, sus recur­sos, al final todos eran irlan­de­ses, y eran en todos los sen­ti­dos tra­ta­dos como infe­rio­res por quie­nes les gober­na­ban9.

Arga­la y ETA V esta­ban can­sa­dos de las per­ma­nen­te acu­sa­cio­nes de «radi­ca­les peque­ño­bur­gue­ses» lan­za­das por ETA Berri, Célu­las Rojas y ETA VI. Pero ETA V enten­día per­fec­ta­men­te a Lenin, la nece­si­dad de inte­grar pacien­te­men­te y en la medi­da de lo posi­ble a sec­to­res no con­cien­cia­dos de la cla­se obre­ra y de la peque­ña bur­gue­sía nacio­na­lis­ta. Y a dife­ren­cia de las tres esci­sio­nes hizo un esfuer­zo sis­te­má­ti­co en espe­cial, des­de 1977, con la Mesa de Altsa­su10por ampliar y refor­zar movi­mien­tos popu­la­res, sin­di­ca­les, cul­tu­ra­les, etc., que encua­dren esas masas para, con la peda­go­gía de la prác­ti­ca, ayu­dar­les a supe­rar sus pre­jui­cios y fan­ta­sías reac­cio­na­rias. Y lo logró como nos indi­có Jus­to de la Cue­va, pero las tres esci­sio­nes, que tan­to decían ser las úni­cas leni­nis­tas com­pa­ra­das con ETA V, ni siquie­ra ini­cia­ron ese esfuer­zo de ancla­je en esas frac­cio­nes del pue­blo tra­ba­ja­dor y de la peque­ña bur­gue­sía con sen­ti­mien­tos nacio­na­les vas­cos.

Mar­xis­mo nacio­na­li­za­do

Hemos plan­tea­do la posi­bi­li­dad de que Arga­la hubie­ra leí­do los Cua­der­nos filo­só­fi­cos de Lenin, ¿pero leyó a Mariá­te­gui? La pre­gun­ta es impor­tan­te por­que su res­pues­ta nos amplía la visión del pro­ble­ma que tra­ta­mos por­que ¿sabía Arga­la que Mariá­te­gui había escri­to aque­llo de que la revo­lu­ción no sería nun­ca «ni cal­co ni copia» de un mode­lo externo, sino «crea­ción heroi­ca» de las cla­ses y pue­blos explo­ta­dos en el Perú y por exten­sión a Amé­ri­ca Lati­na? Un pun­to cen­tral de la estra­te­gia de Mariá­te­gui era el de fusio­nar las luchas de los pue­blos ori­gi­na­rios con las luchas de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras for­ma­das en el pen­sa­mien­to euro­peo bien por su ori­gen emi­gran­te bien por­que sien­do autóc­to­nas habían per­di­do su iden­ti­dad andi­na al tener que emi­grar a la ciu­dad. Mariá­te­gui va al cen­tro del pro­ble­ma, el de la pro­pie­dad de la tie­rra, pero valo­ran­do tam­bién el papel deci­si­vo de la cul­tu­ra y la len­gua, de la tra­di­ción popu­lar for­ma­da duran­te siglos en lo que él defi­nía como «comu­nis­mo inkai­co» pero some­ti­da a la sobre­ex­plo­ta­ción más sal­va­je por los gran­des terra­te­nien­tes. Mariá­te­gui no sobres­ti­ma­ba el «comu­nis­mo inkai­co» por­que sabía que esta­ba bajo el con­trol del «régi­men auto­crá­ti­co de los inkas»11.

Más ade­lan­te vere­mos cómo el dog­ma esta­li­nis­ta euro­peo recha­zó la defen­sa de la lucha de libe­ra­ción vas­ca. Mariá­te­gui tuvo que pelear con­tra la mis­ma cerra­zón pero en peo­res con­di­cio­nes. Mien­tras que en Eus­kal Herria la fuer­za de la izquier­da inde­pen­den­tis­ta y el des­pres­ti­gio cre­cien­te de la izquier­da espa­ño­la faci­li­ta­ron la supera­ción de esos fre­nos, en el Perú de fina­les de los años vein­te las pre­sio­nes del euro­cen­tris­mo de la III Inter­na­cio­nal eran aplas­tan­tes por­que Mariá­te­gui re-abría un camino de avan­ce al socia­lis­mo basa­do en las con­tra­dic­to­rias diná­mi­cas nacio­na­les «por lo que no se podían impor­tar y repe­tir mecá­ni­ca­men­te los razo­na­mien­tos de los revo­lu­cio­na­rios euro­peos»12 que ya en esos años de 1928 – 1930 seguían fiel­men­te las direc­tri­ces de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta. Según Nar­ci­so Isa Con­de estas son las nue­ve apor­ta­cio­nes hechas por Mariá­te­gui para el mar­xis­mo lati­no­ame­ri­cano:

  1. Aden­trar­se en la cul­tu­ra indí­ge­na y cono­cer sus gran­des valo­res.

  2. Recu­pe­rar las expe­rien­cias del comu­nis­mo agra­rio, de la vida comu­ni­ta­ria y de las rela­cio­nes de los ayllus con el Esta­do incai­co como posi­ble apor­te a un socia­lis­mo indo­ame­ri­cano.

  3. Dar­le un gran valor a la prác­ti­ca, a la acción, en la crea­ción del pen­sa­mien­to revo­lu­cio­na­rio y vice­ver­sa.

  4. No limi­tar­se a un mode­lo úni­co de par­ti­do, ni enten­der su crea­ción y desa­rro­llo suje­to a pre­cep­tos pre­via­men­te defi­ni­dos. Enten­der la orga­ni­za­ción de los (as) revo­lu­cio­na­rios (as) como un fac­tor a crear en el seno de las masas, al inte­rior de los suje­tos y acto­res socia­les poten­cial­men­te revo­lu­cio­na­rios, y al com­pás de sus luchas. Asu­mir­lo como pro­ce­so pacien­te­men­te con­du­ci­do al inte­rior de la cla­se tra­ba­ja­do­ra del pue­blo y nun­ca sepa­ra­do de él.

  5. Resis­tir­se a la con­si­de­ra­ción del pro­le­ta­ria­do como un ente abs­trac­to, sin espe­ci­fi­ci­dad, sin varie­dad. Igual los demás acto­res o suje­tos socia­les de la revo­lu­ción.

  6. Pon­de­rar el poten­cial revo­lu­cio­na­rio, la con­di­ción total o par­cial­men­te pro­le­ta­ria del cam­pe­si­na­do y de los pue­blos indí­ge­nas. Con­ce­bir la cla­se más que por su estric­ta com­po­si­ción social, por su capa­ci­dad de enfren­ta­mien­to y con­fron­ta­ción con el orden domi­nan­te.

  7. Asu­mir la diver­si­dad de acto­res socia­les revo­lu­cio­na­rios en el par­ti­do socia­lis­ta (obre­ros, pro­le­ta­rios agrí­co­las, cam­pe­si­nos pobres, arte­sa­nos, inte­lec­tua­les hones­tos).

  8. Pro­po­ner un socia­lis­mo que nun­ca se desa­rro­lla­ra ni a cos­ta del cam­pe­si­na­do, ni de las espe­ci­fi­ci­da­des nacio­na­les.

  9. Ges­tar el par­ti­do socia­lis­ta como pro­yec­to revo­lu­cio­na­rio de masas, con núcleos de cua­dros en su inte­rior, al mar­gen e inde­pen­dien­te­men­te de las direc­cio­nes de la Komin­tern 13.

Vere­mos en su momen­to qué sor­pren­den­tes simi­li­tu­des e iden­ti­da­des exis­ten en la evo­lu­ción de la V Asam­blea de ETA como pro­ce­so lar­go, tal como expli­ca­mos en su tiem­po14, y el resu­men rea­li­za­do por Isa Con­de del pen­sa­mien­to de Mariá­te­gui. No debe sor­pren­der­nos esas «coin­ci­den­cias» por­que ambas diná­mi­cas de lucha de libe­ra­ción nacio­nal de cla­se se basan en la «nacio­na­li­za­ción del mar­xis­mo» tal como la expre­sa M. Bruck­mann, que sos­tie­ne que, con razón, se ha defi­ni­do al avan­ce de Lenin, y de otros mar­xis­tas como Grams­ci y Mariá­te­gui, como uno de los pasos en las adap­ta­cio­nes del mar­xis­mo a los con­tex­tos nacio­na­les15, es decir, el pro­ce­so por el cual el mar­xis­mo en su for­ma teó­ri­co-abs­trac­ta gene­ral se con­cre­ta en y se adap­ta a las dife­ren­tes cul­tu­ras nacio­na­les, a la his­to­ria de los pue­blos, a sus matri­ces socia­les, adap­ta­ción impres­cin­di­ble para el triun­fo revo­lu­cio­na­rio.

Pen­sa­mos noso­tros que las adap­ta­cio­nes del mar­xis­mo a los con­tex­tos nacio­na­les han sido más que las rea­li­za­das por estos tres revo­lu­cio­na­rios, pudién­do­las exten­der a las expe­rien­cias chi­na, viet­na­mi­ta o cuba­na16, aun­que tam­bién debe­mos incluir las luchas nacio­na­les en la Euro­pa impe­ria­lis­ta, como la vas­ca, la cata­la­na, la bre­to­na, la irlan­de­sa, la pola­ca, la cor­sa… y tam­bién las resis­ten­cias arma­das con­tra la ocu­pa­ción nazi­fas­cis­ta de Euro­pa, gue­rras de gue­rri­llas diri­gi­das en la mayo­ría inmen­sa por las izquier­das revo­lu­cio­na­rias y sos­te­ni­das por los pue­blos tra­ba­ja­do­res. La Segun­da Gue­rra Mun­dial apor­tó una serie de lec­cio­nes casi deci­si­vas sobre la opre­sión nacio­nal que han sido sis­te­má­ti­ca­men­te silen­cia­das por la izquier­da dog­má­ti­ca y el refor­mis­mo.

No es casua­li­dad que M. Bruck­mann cita­ra a Grams­ci como uno de los «nacio­na­li­za­do­res» del mar­xis­mo por­que sus apor­ta­cio­nes a la idea de lo nacio­nal-popu­lar, que entron­ca con la de Marx de la «nación tra­ba­ja­do­ra» enfren­ta­da a la «nación bur­gue­sa», tie­nen un alto poten­cial heu­rís­ti­co. Tam­bién es posi­ble que Arga­la leye­ra a Grams­ci y toma­ra con­cien­cia de la extre­ma­da­men­te com­ple­ja dia­léc­ti­ca entre eco­no­mía y polí­ti­ca, siem­pre media­ti­za­da por la cul­tu­ra de los pue­blos, com­ple­ji­dad que no pue­de ser redu­ci­da a la lógi­ca for­mal ni tam­po­co al cálcu­lo mate­má­ti­co. Según Grams­ci:

Entre la pre­mi­sa (estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca) y la con­se­cuen­cia (cons­ti­tu­ción polí­ti­ca) hay rela­cio­nes nada sim­ples ni direc­tas, y la his­to­ria de un pue­blo no se docu­men­ta solo con los hechos eco­nó­mi­cos. Los nudos cau­sa­les son com­ple­jos y enre­da­dos, ya que para des­atar­los hace fal­ta el estu­dio pro­fun­do y amplio de todas las acti­vi­da­des espi­ri­tua­les y prác­ti­cas, y ese estu­dio no es posi­ble sino des­pués de que los acon­te­ci­mien­tos se hayan sedi­men­ta­do en una con­ti­nui­dad, es decir, mucho tiem­po des­pués de que ocu­rran los hechos […] La his­to­ria no es un cálcu­lo mate­má­ti­co […] La can­ti­dad (estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca) se con­vier­te en ella en cua­li­dad por­que se hace ins­tru­men­to de acción en manos de los hom­bres17.

Uti­li­zan­do este méto­do, Grams­ci pudo expli­car cómo se debía inter­ve­nir en las con­tra­dic­cio­nes que impul­sa­ban la for­ma­ción de la nación popu­lar en cons­tan­te lucha con la nación domi­nan­te, siem­pre den­tro del Esta­do-nación bur­gués. Como para la V Asam­blea, tam­bién para Grams­ci y para el mar­xis­mo dia­léc­ti­co la cul­tu­ra popu­lar jue­ga un papel fun­da­men­tal en este pro­ce­so. Por ejem­plo, Grams­ci denun­cia que el fol­klo­re no es algo «pin­to­res­co» sino que encie­rra una con­cep­ción del mun­do, con su com­po­nen­te reli­gio­sa popu­lar dife­ren­cia­da de la reli­gión ofi­cial, con su moral popu­lar espe­cí­fi­ca… Grams­ci insis­te en que la bur­gue­sía cono­ce esta rique­za del fol­klo­re y la mani­pu­la des­de la pri­me­ra edu­ca­ción18. Las y los revo­lu­cio­na­rios deben luchar por for­ta­le­cer los con­te­ni­dos popu­la­res, pro­gre­sis­tas y radi­ca­les que exis­ten en el fol­klo­re. Por ejem­plo, la insis­ten­cia de Grams­ci en com­ba­tir a los pode­res alie­nan­tes, como la Igle­sia, lo abar­ca todo, tam­bién la cere­mo­nia cris­tia­na de la lla­ma­da «pri­me­ra comu­nión» por sus efec­tos demo­le­do­res sobre la inci­pien­te con­cien­cia infan­til19. Sal­van­do las dis­tan­cias ya que Eus­kal Herria sufría y sufre el poder de una Igle­sia extran­je­ra, debe­mos recor­dar las crí­ti­cas de ETA a la labor des­na­cio­na­li­za­do­ra y alie­nan­te de su buro­cra­cia vati­ca­na.

Arga­la y cual­quier mili­tan­te de la V Asam­blea en cuan­to pro­ce­so lar­go hubie­ran sen­ti­do como pro­pias estas ideas grams­cia­nas, que no se dife­ren­cian en nada esen­cial de las de Ho Chi Minh expues­tas en su tex­to Doce reco­men­da­cio­nes arri­ba vis­to. Uno de los esfuer­zos sis­te­má­ti­cos man­te­ni­dos por la V Asam­blea fue el de imbri­car a su mili­tan­cia teó­ri­ca y polí­ti­ca­men­te for­ma­da en los movi­mien­tos popu­la­res, obre­ros, demo­crá­ti­cos, cul­tu­ra­les en el mis­mo sen­ti­do de lo expues­to por Grams­ci sobre las tareas de los «inte­lec­tua­les» en el impul­so de lo nacio­nal-popu­lar. Es deci­si­vo que Grams­ci ini­cie su artícu­lo sobre el con­cep­to de lo nacio­nal popu­lar cri­ti­can­do los esfuer­zos del fas­cis­mo de 1930 por impo­ner su mode­lo de nación. Para Grams­ci:

Es de obser­var que, en muchas len­guas, nacio­nal y popu­lar son sinó­ni­mos, o casi lo son (es el caso del ruso, y así se mani­fies­ta en ale­mán don­de vol­kisch tie­ne un sig­ni­fi­ca­do más ínti­mo, de raza; y lo mis­mo, en gene­ral, en la len­gua esla­va; en fran­cés, nacio­nal tie­ne un sig­ni­fi­ca­do en el que el tér­mino popu­lar tie­ne un mayor con­te­ni­do polí­ti­co, por­que está liga­do al con­cep­to de sobe­ra­nía, y sobe­ra­nía nacio­nal y sobe­ra­nía popu­lar tie­nen –o han teni­do– el mis­mo valor). En Ita­lia, el tér­mino nacio­nal tie­ne un sig­ni­fi­ca­do ideo­ló­gi­co más res­trin­gi­do y en todo caso no coin­ci­de con el de popu­lar, por­que en Ita­lia los inte­lec­tua­les están ale­ja­dos del pue­blo, es decir, de la nación, y en cam­bio están liga­dos a una tra­di­ción de cas­ta que jamás ha esta­do en la ruta de un fuer­te movi­mien­to polí­ti­co popu­lar o nacio­nal por aba­jo20.

Como se apre­cia, las inter­ac­cio­nes entre nación, pue­blo, polí­ti­ca, poder, etc., es per­ma­nen­te. En espa­ñol «nación» vie­ne del latín natio y del infi­ni­ti­vo nas­cignas­ci cuya eti­mo­lo­gía nos remi­te al indo­euro­peo «gen» o engen­drar, parir, dar a luz. En eus­ka­ra no emplea­mos el tér­mino nación más que cuan­do tene­mos que recu­rrir a la ter­mi­no­lo­gía fran­co-espa­ño­la por­que el tér­mino correc­to es el de «pue­blo» y más con­cre­ta­men­te el de la len­gua y cul­tu­ra que iden­ti­fi­ca a ese pue­blo. Pre­ci­sa­mos esto por­que, en este caso, se reva­lo­ri­za la inter­pre­ta­ción mar­xis­ta de la opre­sión nacio­nal por cuan­to ata­ñe a la iden­ti­dad mis­ma, cul­tu­ral y de auto­iden­ti­dad, de ese pue­blo, y no solo a la explo­ta­ción de su fuer­za de tra­ba­jo y de sus recur­sos natu­ra­les. Aun­que Grams­ci no sufría opre­sión nacio­nal direc­ta, fue cons­cien­te de la impor­tan­cia de la lucha de cla­ses por la inde­pen­den­cia polí­ti­co-cul­tu­ral de la nación popu­lar fren­te a la bur­gue­sa.

Pre­ci­sa­men­te era esa impor­tan­cia de lo polí­ti­co-cul­tu­ral, que reva­lo­ri­za a la lucha de cla­ses en sí mis­ma, la que faci­li­ta la com­pren­sión del pro­ce­so de aumen­to cuan­ti­ta­ti­vo que cul­mi­na en el sal­to cua­li­ta­ti­vo de la lucha mera­men­te eco­nó­mi­ca a la lucha polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria. La inter­pre­ta­ción refor­mis­ta de Grams­ci en gene­ral pero tam­bién en la que aho­ra nos intere­sa, la del pro­ble­ma nacio­nal popu­lar, evi­ta lo más posi­ble refe­rir­se a la «acción en manos de los hom­bres» en su sen­ti­do radi­cal, el de la acción revo­lu­cio­na­ria de la toma del poder. Este no es el caso de Agui­le­ra del Prat que enmar­ca la diná­mi­ca de la cons­truc­ción del blo­que his­tó­ri­co revo­lu­cio­na­rio nacio­nal-popu­lar den­tro de la estra­te­gia de toma del poder del Esta­do para avan­zar hacia otro modo de pro­duc­ción median­te el impul­so cons­cien­te de la demo­cra­cia de base y del Esta­do obre­ro21.

El feti­chis­mo del Esta­do

Arga­la y la V Asam­blea no ten­drían pro­ble­ma alguno en adap­tar la idea grams­cia­na a la reali­dad vas­ca, sobre todo con­si­de­ran­do que en Grams­ci está muy pre­sen­te, aun­que de for­ma dis­con­ti­nua, entre lo eco­nó­mi­co, lo polí­ti­co y lo mili­tar. Pero en Grams­ci sí está pre­sen­te en todo momen­to una crí­ti­ca del feti­chis­mo del Esta­do, como indi­ca J. L. Acan­da22, crí­ti­ca cen­tral en el mar­xis­mo pero aban­do­na­da por el eco­no­mi­cis­mo deter­mi­nis­ta y que es bási­ca para com­pren­der la fuer­za reac­cio­na­ria de los nacio­na­lis­mos de las izquier­das de los Esta­dos opre­so­res de pue­blos, como el espa­ñol y el fran­cés. El feti­chis­mo del Esta­do-nación crea­do por la bur­gue­sía es uno de los ancla­jes irra­cio­na­les más efec­ti­vos del capi­tal en el incons­cien­te polí­ti­co del refor­mis­mo y de la izquier­da de las nacio­nes opre­so­ras, ancla­jes que refuer­zan las reser­vas de irra­cio­na­li­dad del nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta cuan­do se tra­ta aplas­tar a otros pue­blos que quie­ren ser inde­pen­dien­tes, como vere­mos.

El aná­li­sis que Acan­da hace en espe­cial de la vio­len­cia mili­tar en el fas­cis­mo23, como aglu­ti­na­dor de los mie­dos nacio­na­lis­tas bur­gue­ses, vale per­fec­ta­men­te no solo para el fran­quis­mo sino para el régi­men monár­qui­co espa­ñol que sigue aplas­tan­do los dere­chos de los pue­blos: en el fon­do de su fuer­za está el domi­nio irra­cio­nal del feti­chis­mo del Esta­do en el refor­mis­mo y en la izquier­da.

La dis­con­ti­nui­dad exter­na y la con­ti­nui­dad inter­na en Grams­ci son debi­das a las duras con­di­cio­nes car­ce­la­rias que le impo­si­bi­li­ta­ban expo­ner orde­na­da­men­te y de for­ma direc­ta sus pen­sa­mien­tos. J. M. Piot­te ha recons­trui­do esta lógi­ca inter­na del pen­sa­mien­to grams­ciano a la que, pro­ba­ble­men­te, Arga­la y la V Asam­blea no pon­drían gran­des repa­ros una vez adap­ta­da a Eus­kal Herria. Según J. M. Piot­te la rela­ción de fuer­za de lucha entre las cla­ses se pre­sen­ta en prin­ci­pio en su expre­sión de lucha eco­nó­mi­ca, pero advier­te que:

La pri­me­ra con­cep­ción erró­nea, el eco­no­mi­cis­mo, con­sis­te en la creen­cia de que las con­tra­dic­cio­nes fun­da­men­ta­les del sis­te­ma eco­nó­mi­co con­lle­va­rán por sí mis­mas la caí­da del capi­ta­lis­mo; la segun­da, el volun­ta­ris­mo, basa­da en el pen­sa­mien­to de que la acción polí­ti­ca pue­de trans­for­mar la socie­dad, inclu­so aun­que esta acción polí­ti­ca no esté fun­da­da sobre las rela­cio­nes socio­eco­nó­mi­cas fun­da­men­ta­les24.

El momen­to polí­ti­co se carac­te­ri­za por­que todo lo ana­li­za y estu­dia, lo orga­ni­za y lo diri­ge hacia crear las con­di­cio­nes de la supre­ma­cía hege­mó­ni­ca, base del pos­te­rior y deci­si­vo momen­to mili­tar. En este ascen­so nun­ca mecá­ni­co ni lineal se suce­den tres fases, la pri­me­ra es la de la sumi­sión del pue­blo explo­ta­do a la bur­gue­sía, en la que no se cues­tio­na su poder de cla­se. La segun­da fase del momen­to polí­ti­co es la de la lucha sin­di­cal eco­no­mi­cis­ta, por las refor­mas sala­ria­les y socia­les, en la que la cla­se tra­ba­ja­do­ra no com­ba­te la esen­cia del capi­ta­lis­mo sino algu­nas de sus expre­sio­nes más duras e inaguan­ta­bles. La ter­ce­ra fase es en la que «el pro­le­ta­ria­do toma con­cien­cia, por con­si­guien­te, de ese papel de crea­dor de una nue­va civi­li­za­ción y se colo­ca resuel­ta­men­te a la cabe­za del con­jun­to de las masas popu­la­res para luchar con­tra el sis­te­ma bur­gués»25.

El momen­to mili­tar es el deci­si­vo y «suce­de natu­ral­men­te al momen­to polí­ti­co» por la mis­ma lógi­ca inter­na de la uni­dad y lucha de con­tra­rios:

El par­ti­do no recha­za la acción par­la­men­ta­ria, ya que es un medio útil de pro­pa­gan­da y que per­mi­te sobre todo la asi­mi­la­ción de los tra­ba­ja­do­res que toda­vía creen en el sis­te­ma polí­ti­co libe­ral. Pero esta acción se con­ci­be limi­ta­da: por una par­te, el Esta­do, en tan­to que ins­tru­men­to de cla­se, exclu­ye toda posi­bi­li­dad de con­quis­ta demo­crá­ti­ca del poder; por otra par­te, la acción par­la­men­ta­ria no es más que uno de los medios por los cua­les el par­ti­do se liga con las masas popu­la­res para diri­gir­las polí­ti­ca y cul­tu­ral­men­te.

Den­tro del momen­to mili­tar lo téc­ni­co-mili­tar está supe­di­ta­do a lo polí­ti­co-mili­tar, des­de un doble pun­to de vis­ta: a nivel de la orga­ni­za­ción y a nivel de la corre­la­ción de fuer­zas.

Uno de los fac­to­res deci­si­vos de este momen­to está cons­ti­tui­do por la capa­ci­dad de los diri­gen­tes del par­ti­do, la cali­dad y can­ti­dad de los mili­tan­tes movi­li­za­bles para encua­drar a las gran­des masas, o sea, que repo­sa en defi­ni­ti­va en el par­ti­do. El pro­ble­ma de la orga­ni­za­ción mili­tar está con­ce­bi­do de esta for­ma, como una par­te del con­jun­to del tra­ba­jo orga­ni­za­dor lle­va­do a cabo por el par­ti­do26.

Inde­pen­dien­te­men­te de si la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar es insu­rrec­cio­nal, de gue­rra popu­lar, de gue­rri­lla urba­na para for­zar una nego­cia­ción con el ocu­pan­te, etc., al mar­gen de estas dife­ren­cias exis­te siem­pre un momen­to crí­ti­co en el que la fuer­za obre­ra y popu­lar se enfren­ta a la fuer­za bur­gue­sa. Los tres momen­tos del pro­ce­so grams­ciano se orien­tan hacia ese momen­to deci­si­vo por su con­te­ni­do de posi­ble cie­rre de una épo­ca his­tó­ri­ca e ini­cio de otra cua­li­ta­ti­va­men­te supe­rior, o por el con­tra­rio, la derro­ta del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio y su posi­ble exter­mi­nio por mucho tiem­po. Son las nacio­nes opri­mi­das las que más se jue­gan su futu­ro en esos momen­tos por razo­nes obvias, y es por eso que las apor­ta­cio­nes de Grams­ci coin­ci­dían con las ideas de Arga­la y de la V Asam­blea aun­que no las hubie­ran podi­do leer dete­ni­da­men­te por las duras con­di­cio­nes repre­si­vas.

Sí es muy pro­ba­ble que Arga­la hubie­ra leí­do a Trotsky por las mis­mas nece­si­da­des inme­dia­tas de su mili­tan­cia duran­te la esci­sión entre VI y V Asam­blea, bre­ve perío­do duran­te el cual estu­vo bajo la influen­cia de ideas que se desa­rro­lla­rían más en las corrien­tes de la VI y de Célu­las Rojas. Pero los inten­sos y per­ma­nen­tes deba­tes entre la mili­tan­cia de base le orien­ta­ron hacia ETA V. Sin embar­go, aquel bre­ve perío­do le sir­vió a Arga­la para for­mar una men­te abier­ta que es una de las pre­con­di­cio­nes del pen­sa­mien­to dia­léc­ti­co. Por tan­to es muy pro­ba­ble que estu­vie­ra de acuer­do con estas pala­bras de Trotsky sobre la inde­pen­den­cia de Chi­na y, en espe­cial, sobre la dia­léc­ti­ca:

Des­per­tar a los obre­ros, orga­ni­zar­los, dar­les la posi­bi­li­dad de ligar­se a la movi­li­za­ción nacio­nal y a la agra­ria para asu­mir la direc­ción de ambas: esa es nues­tra tarea. Las con­sig­nas inme­dia­tas pro­pias del pro­le­ta­ria­dos (jor­na­da labo­ral, sala­rios, dere­cho a orga­ni­zar­se, etcé­te­ra) deben ser la base de nues­tra agi­ta­ción. Pero con eso no bas­ta. Solo estas tres con­sig­nas pue­den ele­var al pro­le­ta­ria­do a un rol diri­gen­te en la nación: inde­pen­den­cia de Chi­na, la tie­rra a los cam­pe­si­nos pobres, asam­blea cons­ti­tu­yen­te. […]

Los bol­che­vi­ques, que están a favor de la libe­ra­ción nacio­nal con méto­dos revo­lu­cio­na­rios de los pue­blos opri­mi­dos, apo­yan al movi­mien­to de masas por la libe­ra­ción nacio­nal por cual­quier medio, no solo con­tra los impe­ria­lis­tas extran­je­ros sino tam­bién con­tra los explo­ta­do­res bur­gue­ses tipo Kuo­min­tang que par­ti­ci­pan del gobierno nacio­nal. […]

Muchos pro­ble­mas tác­ti­cos y estra­té­gi­cos pare­cen inso­lu­bles si los enfren­ta­mos for­mal­men­te. Pero resul­ta­rán cla­ros si los plan­tea­mos dia­léc­ti­ca­men­te, es decir en el con­tex­to de la lucha viva entre las cla­ses y sus par­ti­dos. La dia­léc­ti­ca revo­lu­cio­na­ria se asi­mi­la mejor en la acción27.

Como veni­mos insis­tien­do, fue la dia­léc­ti­ca de la acción la que mar­ca­ba la vía a seguir entre las per­ma­nen­tes dis­cu­sio­nes, corrien­tes y esci­sio­nes den­tro de ETA. El últi­mo párra­fo de la cita de Trostky resu­me a la per­fec­ción tan­to el abis­mo entre su pen­sa­mien­to ori­gi­na­rio y las pos­te­rio­res deri­vas inte­lec­tua­lis­tas y abs­trac­tas de muchos trots­kis­mos como tam­bién el abis­mo que sepa­ró al trots­kis­mo de VI-LCR con el inci­pien­te mar­xis­mo vas­co de V Asam­blea. For­mal­men­te no exis­tían ape­nas gran­des dife­ren­cias entre los obje­ti­vos de VI y de V en lo que con­cier­ne a la poten­cia­ción de la auto­or­ga­ni­za­ción popu­lar, tal cual las hemos vis­to en Ho Chi Minh, Mariá­te­gui, Grams­ci, Trotsky y como vere­mos lue­go en Rosa Luxem­burg, pero sí había una dife­ren­cia de cali­dad que se mate­ria­li­za­ba con el tiem­po: la inter­ac­ción de todas las for­mas de lucha y el papel de la auto­or­ga­ni­za­ción popu­lar en ella.

Una de las apor­ta­cio­nes del inci­pien­te mar­xis­mo vas­co al con­jun­to del mar­xis­mo mun­dial fue adap­tar a la lucha de cla­ses en el cora­zón y en el cere­bro del impe­ria­lis­mo euro­peo las lec­cio­nes apor­ta­das por las y los revo­lu­cio­na­rios cita­dos. Por ejem­plo la crea­ción de Aber­tza­le Sozia­lis­ta Komi­teak (ASK) que como su nom­bre indi­ca eran komi­tés que agru­pa­ban

[…] en ellos a gen­te muy diver­sa que tra­ba­ja­ba en el cam­po del eus­ke­ra, la amnis­tía, los pro­ble­mas veci­na­les… Arga­la siem­pre vio este tipo de movi­mien­tos con muy bue­nos ojos. La defen­sa del asam­bleís­mo, su con­vic­ción de que el pue­blo orga­ni­za­do en asam­bleas sería el que se libe­ra­ría a sí mis­mo, fue uno de los ejes de su pen­sa­mien­to28.

La auto­eman­ci­pa­ción del pue­blo tra­ba­ja­dor median­te la demo­cra­cia direc­ta de base asam­blea­ria es des­de siem­pre una seña de iden­ti­dad del mar­xis­mo en sí, no de sus dege­ne­ra­cio­nes buro­crá­ti­cas y refor­mis­tas. La V Asam­blea man­ten­drá duran­te mucho tiem­po no solo esta iden­ti­dad sino que la con­cre­ta­rá for­zan­do muchas veces el lími­te de lo posi­ble a las for­mas de acción par­la­men­ta­ria e ins­ti­tu­cio­nal. En un men­sa­je gra­ba­do poco antes de ser ase­si­na­do, des­ti­na­do a la mili­tan­cia de su pue­blo, Arri­go­rria­ga, Arga­la sos­tie­ne que:

Hay que pre­sen­tar­se con una pos­tu­ra que no sea la clá­si­ca de los paí­ses bur­gue­ses en los que nos quie­ren meter. Creo que no se tra­ta de esco­ger unos seño­res para que ellos deci­dan por noso­tros lo que suce­de en el pue­blo sino que se tra­ta de orga­ni­zar a ese pue­blo, de orga­ni­zar­se por barrios, y des­pués los barrios coor­di­nar­se entre sí. Hacer asam­bleas y en las asam­bleas decir cuá­les son los pro­gra­mas a lle­var al ayun­ta­mien­to y cuá­les son las refor­mas muni­ci­pa­les a hacer en el pue­blo, pero esto no sola­men­te para pre­sen­tar­se a las elec­cio­nes sino des­pués tam­bién […]

Es pre­ci­so, por mucha con­fian­za que se ten­ga en quie­nes sal­gan ele­gi­dos, no dejar­les que anden a su aire, no dejar­les sin nin­gún tipo de super­vi­sión, sino por el con­tra­rio, orga­ni­zar­se el pue­blo para con­tro­lar­los cons­tan­te­men­te y para deci­dir lo que más con­vie­ne al pue­blo.

Que los con­ce­ja­les sean sim­ple­men­te unos inter­me­dia­rios y no los que deci­dan lo que le con­vie­ne al pue­blo. Sino que el pue­blo a tra­vés de ellos deci­da lo que le con­vie­ne. […]

Tene­mos que orga­ni­zar­nos den­tro de las fábri­cas, den­tro de los barrios, para que la voz de los tra­ba­ja­do­res se deje oír direc­ta­men­te. Aun­que lle­ga­sen al poder los par­ti­dos socia­lis­tas, si el pue­blo no se orga­ni­za, si los tra­ba­ja­do­res no se orga­ni­zan lo úni­co que con­se­gui­re­mos será crear unos diri­gen­tes, una serie de buró­cra­tas, que con unos años se dis­tan­cia­rán de los tra­ba­ja­do­res y harán otra vez lo que ellos quie­ran como esta­mos vien­do que suce­de en algu­nos paí­ses socia­lis­tas. En la Unión sovié­ti­ca por ejem­plo. La úni­ca for­ma de evi­tar esto, la úni­ca for­ma de con­se­guir que los repre­sen­tan­tes que los tra­ba­ja­do­res esco­gen con­ti­núen sien­do autén­ti­cos repre­sen­tan­tes es que los tra­ba­ja­do­res estén cons­tan­te­men­te enci­ma, que estén cons­tan­te­men­te con­tro­lán­do­les y para esto es indis­pen­sa­ble que nos orga­ni­ce­mos en las fábri­cas, que coor­di­ne­mos fábri­ca con fábri­ca, pue­blo con pue­blo, pro­vin­cia con pro­vin­cia y a nivel nacio­nal. Exac­ta­men­te igual para los pro­ble­mas popu­la­res, para los orga­nis­mos o para cual­quier otro pro­ble­ma que exis­ta. Igual para los arran­tza­les, para los base­rri­ta­rras o para cual­quier sec­tor social de Eus­ka­di. […]29.

En este sen­ti­do, Arga­la y la V Asam­blea tenía muy cla­ro que la demo­cra­cia direc­ta era la deci­si­va y que, una vez ins­tau­ra­da la demo­cra­cia bur­gue­sa y su par­la­men­ta­ris­mo, había que ata­jar cual­quier indi­cio de buro­cra­tis­mo. Tenien­do esto en cuen­ta, y sabien­do que la V Asam­blea inten­ta­ba conec­tar siem­pre de la for­ma más ágil y efec­ti­va en lo polí­ti­co todas las for­mas de acción y de lucha, hemos de reco­no­cer la rai­gam­bre de un luxem­bur­guis­mo esen­cial en el seno de la V Asam­blea:

El terreno de la lega­li­dad bur­gue­sa del par­la­men­ta­ris­mo no es sola­men­te un cam­po de domi­na­ción para la cla­se capi­ta­lis­ta, sino tam­bién un terreno de lucha, sobre el cual tro­pie­zan los anta­go­nis­mos entre pro­le­ta­ria­do y bur­gue­sía. Pero del mis­mo modo que el orden legal para la bur­gue­sía no es más que una expre­sión de su vio­len­cia, para el pro­le­ta­ria­do la lucha par­la­men­ta­ria no pue­de ser más que la ten­den­cia a lle­var su pro­pia vio­len­cia al poder. Si detrás de nues­tra acti­vi­dad legal y par­la­men­ta­ria no está la vio­len­cia de la cla­se obre­ra, siem­pre dis­pues­ta a entrar en acción en el momen­to opor­tuno, la acción par­la­men­ta­ria de la social­de­mo­cra­cia se con­vier­te en un pasa­tiem­po tan espi­ri­tual como extraer agua con una espu­ma­de­ra. Los aman­tes del rea­lis­mo, que sub­ra­yan los «posi­ti­vos éxi­tos» de la acti­vi­dad par­la­men­ta­ria de la social­de­mo­cra­cia para uti­li­zar­los como argu­men­tos con­tra la nece­si­dad y la uti­li­dad de la vio­len­cia en la lucha obre­ra, no notan que esos éxi­tos, por más ínfi­mos que sean, solo pue­den ser con­si­de­ra­dos como los pro­duc­tos del efec­to invi­si­ble y laten­te de la vio­len­cia30.

La opre­sión nacio­nal aña­de valor a estas pala­bras de Rosa Luxem­burg con­fir­ma­das por la his­to­ria des­de 1906 has­ta aho­ra: por un lado, con res­pec­to al par­la­men­ta­ris­mo del Esta­do opre­sor, las nacio­nes opri­mi­das, si deci­den par­ti­ci­par en él, no tie­nen otra alter­na­ti­va que demos­trar con sus per­ma­nen­tes y fuer­tes movi­li­za­cio­nes pro­le­ta­rias o de lo con­tra­rio no se les ten­drá en abso­lu­to en cuen­ta. Por otro lado, y en los res­trin­gi­dos sis­te­mas par­la­men­ta­rios que el Esta­do opre­sor impo­ne en la nación opri­mi­da, otro tan­to. La crea­ción del Par­la­men­to Euro­peo en Bru­se­las actua­li­za aún más a Rosa en esta y otras cues­tio­nes, por­que una izquier­da nacio­nal­men­te opri­mi­da que deci­da meter­se en esa caja de gri­llos debe­rá acti­var al máxi­mo las movi­li­za­cio­nes de su pue­blo y las del res­to de cla­ses y nacio­nes explo­ta­das para inten­tar obte­ner un míni­mo fru­to en el par­la­men­to bur­gués euro­peo.

Impo­ten­cia del esta­ta­lis­mo (I)

Has­ta aquí hemos vis­to muy rápi­da­men­te la crí­ti­ca de Arga­la de que la de VI Asam­blea hacia una «copia exac­ta» de las tesis de Lenin para la URSS apli­cán­do­la dog­má­ti­ca­men­te a Eus­kal Herria. El bre­ve reco­rri­do que hemos hecho por algu­nos revo­lu­cio­na­rios y revo­lu­cio­na­rias nos ha demos­tra­do que, fue­ra del dog­ma, exis­tían apor­ta­cio­nes valio­sas que coin­ci­dían en lo sus­tan­ti­vo con el rum­bo de la V Asam­blea. Pero, antes de pasar a la segun­da crí­ti­ca que rea­li­za Arga­la en el tex­to cita­do arri­ba, debe­mos expo­ner algu­nos pun­tos del méto­do dia­léc­ti­co para com­pren­der más en pro­fun­di­dad el error de ETA Berri y ETA VI que olvi­da­ron que «la sín­te­sis de Marx nun­ca es algo con­su­ma­do, sino algo más bien en pro­ce­so de rea­li­za­ción cons­tan­te»31. Con todos sus pro­ble­mas, fue ETA V la que logró man­te­ner la rea­li­za­ción cons­tan­te de la lucha de libe­ra­ción nacio­nal de cla­se en Eus­kal Herria, por­que, con todas sus limi­ta­cio­nes, com­pren­dió que «un sis­te­ma teó­ri­co se man­tie­ne o cae, no sobre la base de dog­mas pasa­dos, sino por su capa­ci­dad en cap­tar los nue­vos pro­ble­mas a medi­da que se pre­sen­tan, y en dar­les solu­cio­nes via­bles»32.

Ello es debi­do a que exis­te una dia­léc­ti­ca de muta­ciónper­ma­nen­cia33de las estruc­tu­ras capi­ta­lis­tas, así como la apa­ri­ción de lo nue­vo y la per­ma­nen­cia de lo idén­ti­co34. Si nega­mos u olvi­da­mos este méto­do dia­léc­ti­co no vere­mos nun­ca el sur­gi­mien­to de lo nue­vo, de lo que ha muta­do, y cuan­do apa­rez­ca sor­pre­si­va­men­te ante nues­tros ojos per­ple­jos será incon­ce­bi­ble para nues­tro dog­ma por­que habre­mos abso­lu­ti­za­do lo idén­ti­co y lo per­ma­nen­te reba­ján­do­los a lo está­ti­co e inmó­vil.

Aho­ra pode­mos enten­der más cabal­men­te la segun­da crí­ti­ca de Arga­la en su tex­to de 1977, tam­bién lla­ma­do «Tes­ta­men­to»: la incom­pren­sión del lla­ma­do «pro­ble­ma nacio­nal» por las izquier­das espa­ño­las. Arga­la tuvo rela­cio­nes inter­na­cio­na­lis­tas inten­sas con orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias en Madrid y las con­clu­sio­nes a las que lle­gó las dejó escri­tas en su tex­to. El posi­cio­na­mien­to con­tra la lucha inde­pen­den­tis­ta vas­ca del Par­ti­do Comu­nis­ta de Espa­ña fue tajan­te des­de hacía tiem­po y noso­tros lo hemos ana­li­za­do en un exten­so libro al que ya hemos hecho refe­ren­cia. Arga­la y toda ETA en gene­ral, fue siem­pre cons­cien­te de que el Par­ti­do Comu­nis­ta de Espa­ña pen­sa­ba según la ideo­lo­gía de la «recon­ci­lia­ción nacio­nal» entre bur­gue­sía y pro­le­ta­ria­do espa­ño­les, es decir, des­de la supe­di­ta­ción del segun­do al pri­me­ro en el cru­cial con­te­ni­do de cla­se de la «nación espa­ño­la» que incluía en su inte­rior a todos los pue­blos.

Pero el pro­ble­ma era más gra­ve que la com­pren­si­ble fuer­za del nacio­na­lis­mo bur­gués den­tro del PCE. El pro­ble­ma radi­ca­ba –y radi­ca– en que inclu­so la izquier­da escin­di­da del PCE al con­si­de­rar­le con razón refor­mis­ta, tam­bién asu­mía la impres­cin­di­ble uni­dad del Esta­do aun­que dije­ra defen­der el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción. En aquel 1977 el PCE (m‑l) reali­zó su II Con­gre­so en el que en el apar­ta­do sobre el «pro­ble­ma de las nacio­na­li­da­des» asu­mía el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos pero advir­tien­do ese dere­cho tenía que tomar «como base la indes­truc­ti­ble uni­dad de la cla­se obre­ra del todo el Esta­do»35. En ese mis­mo año, el Par­ti­do Comu­nis­ta del Tra­ba­jo (PCT), otra esci­sión por la izquier­da que asu­mía la «espe­ci­fi­ci­dad cul­tu­ral» tra­du­cien­do sus siglas al bable, cata­lán y eus­ka­ra, sos­te­nía que: «Hoy, todo el mun­do reco­no­ce que tan solo en el mar­co de la lucha esta­tal, por un Esta­do demo­crá­ti­co, pue­de resol­ver­se el pro­ble­mas de las nacio­na­li­da­des»36.

Si de las diver­sas ver­sio­nes del mar­xis­mo-leni­nis­mo más estric­to y esta­li­nis­ta pasa­mos a la corrien­te que podría­mos lla­mar con­se­jis­ta, nos encon­tra­mos con que en ese 1977 hablan­do sobre la bur­gue­sía nacio­nal de los pue­blos opri­mi­dos, sobre el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción y sobre el cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co del pro­le­ta­ria­do apli­ca­do a la reso­lu­ción de la cues­tión nacio­nal, decía lo siguien­te:

Las pro­pias «bur­gue­sías nacio­na­les» serían las pri­me­ras en opo­ner­se a tal pues­ta en vigen­cia del dere­cho de las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción, ¡las pri­me­ras en mos­trar­se cen­tra­lis­tas! Pues enton­ces, ¿qué pue­de que­dar al pro­le­ta­ria­do sino levan­tar las ban­de­ras de su pro­pio cen­tra­lis­mo demo­crá­ti­co? Un cen­tra­lis­mo volun­ta­rio de todos los obre­ros del mun­do diri­gien­do sus pro­pias rela­cio­nes socia­les, cui­dán­do­se, por cier­to, de decla­rar explí­ci­ta­men­te que cuan­do su poder se ins­tau­re per­mi­ti­rá, él, si, la rea­li­za­ción de cuan­to deseo a la sepa­ra­ción sur­ja en las masas de cual­quier región37.

El tex­to acer­tó sobre que las «bur­gue­sías nacio­na­les» se nega­rían al dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción en su pleno sen­ti­do. En una pri­me­ra fase, aplau­die­ron el «Esta­do de las auto­no­mías» y duran­te cua­ren­ta años la bur­gue­sía vas­ca, cata­la­na y galle­ga, ade­más de las res­tan­tes, se han enri­que­ci­do feli­ces bajo la pro­tec­ción del Esta­do espa­ñol. Solo des­de hace poco tiem­po una frac­ción de la media­na y peque­ña bur­gue­sía cata­la­na pre­sio­na­da por los cam­bios del capi­ta­lis­mo mun­dial y por el refor­za­mien­to del cen­tra­lis­mo y de la opre­sión espa­ño­la, se movi­li­za para con­quis­tar sus dere­chos nacio­na­les ple­nos, su Esta­do. Sien­do esto cier­to, sin embar­go lo más sig­ni­fi­ca­ti­vo para nues­tro estu­dio radi­ca en la segun­da par­te de la cita: las «regio­nes» deben espe­rar pacien­te­men­te al triun­fo del pro­le­ta­ria­do mun­dial, deben con­fiar en su pro­me­sa de que enton­ces y solo enton­ces, «cuan­do su poder se ins­tau­re per­mi­ti­rá» que las masas de las regio­nes se auto­de­ter­mi­nen si así lo desean. Mien­tras tan­to a espe­rar.

El idea­lis­mo de este segun­do plan­tea­mien­to es abso­lu­to y en su tiem­po, en los deci­si­vos años de 1975 – 1980, cuan­do se impu­so la «tran­si­ción» favo­re­cía cla­ra­men­te al impe­ria­lis­mo espa­ñol. En 1979, uno de los repre­sen­tan­tes ofi­cia­les de la ORT, orga­ni­za­ción maoís­ta, asu­mía en una con­fe­ren­cia dada en un selec­to club la defen­sa del nacio­na­lis­mo espa­ñol «demo­crá­ti­co» ape­lan­do al patrio­tis­mo del ejér­ci­to fran­quis­ta y mar­can­do como uno de los obje­ti­vos cen­tra­les de la «nue­va eta­pa» abier­ta por la Cons­ti­tu­ción monár­qui­ca de 1978 la lucha con­tra el «terro­ris­mo» mani­pu­la­do por la CIA y la KGB38. La «inde­pen­den­cia nacio­nal» espa­ño­la era para este diri­gen­te maoís­ta una prio­ri­dad inse­pa­ra­ble de la lucha con­tra el «terro­ris­mo» ins­ti­ga­do por el exte­rior. En aque­llos momen­tos, la lucha nacio­nal de cla­se del pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co era el fun­da­men­tal des­en­ca­de­nan­te del «terro­ris­mo», pero tam­bién habías otras vio­len­cias defen­si­vas. El diri­gen­te maoís­ta elu­dió cual­quier refe­ren­cia a la reali­dad y acha­có el pro­ble­ma a ser­vi­cios de inte­li­gen­cia exter­nos.

Hemos vis­to que para esta épo­ca las dos esci­sio­nes de ETA habían acep­ta­do el dog­ma de la cen­tra­li­dad esta­tal como requi­si­to para la vic­to­ria de la revo­lu­ción, pos­ter­gan­do la satis­fac­ción de los dere­chos nacio­na­les de los pue­blos opri­mi­dos para des­pués de la crea­ción de un Esta­do revo­lu­cio­na­rio. El nacio­na­lis­mo bur­gués o el inter­na­cio­na­lis­mo abs­trac­to, idea­lis­ta y atem­po­ral no eran patri­mo­nio de la izquier­da espa­ño­la y esta­tal en su glo­ba­li­dad. De hecho, eran y son el idea­rio de las izquier­das euro­peas, sobre todo de los par­ti­dos esta­li­nis­tas. Para cuan­do Arga­la cri­ti­có al nacio­na­lis­mo espa­ñol de izquier­da, la mili­tan­cia aber­tza­le en el exi­lio en Euro­pa ya sufría los efec­tos del nacio­na­lis­mo bur­gués de las izquier­das euro­peas, espe­cial­men­te del Par­ti­do Comu­nis­ta Fran­cés por su queha­cer en tie­rras vas­cas.

Un mes antes de caer ase­si­na­do Arga­la, se publi­có en espa­ñol un com­pen­dio de tex­tos de pres­ti­gio­sos his­to­ria­do­res e inves­ti­ga­do­res cer­ca­nos a o mili­tan­tes del Par­ti­do Comu­nis­ta Fran­cés (PCF) sobre lo que en ese Esta­do impe­ria­lis­ta deno­mi­na­ban «cues­tión regio­nal». En la pre­sen­ta­ción escri­ta en 1976, los edi­to­res espa­ño­les insis­ten en que la expe­rien­cia fran­ce­sa pue­de ser valio­sa para las izquier­das del Esta­do espa­ñol en unos momen­tos en los que se ha agu­di­za­do el «pro­ble­ma nacio­nal y regio­nal» en el Esta­do lle­gán­do­se a la exis­ten­cia de una «corrien­te terro­ris­ta» en el País Vas­co. De lo que se tra­ta, dicen, es de avan­zar a un Esta­do fede­ral y a un «regio­na­lis­mo autén­ti­ca­men­te demo­crá­ti­co»39, para lo cual edi­tan en espa­ñol el libro cita­do.

Sal­vo error nues­tro, solo tres de los ocho auto­res citan al País Vas­co bajo domi­na­ción fran­ce­sa, dos de ellos muy super­fi­cial­men­te y refi­rién­do­se a la len­gua vas­ca, y otro encua­drán­do­lo en la Gas­cu­ña medie­val. El docu­men­to del PCF de 1968 que expo­ne la línea del par­ti­do sobre la «regio­na­li­za­ción» no cita nin­gu­na vez a Eus­kal Herria y ni siquie­ra uti­li­za el tér­mino de «nacio­na­li­dad» y a lo máxi­mo que lle­ga es a pro­po­ner la crea­ción «de un esca­lón regio­nal repre­sen­ta­ti­vo»40, y con­clu­ye:

Esta es la preo­cu­pa­ción que ani­ma, en fin, la Decla­ra­ción de las liber­ta­des que some­te­mos a la dis­cu­sión de todos. Pro­po­ne una demo­cra­cia en la cual todos los aspec­tos eco­nó­mi­cos, socia­les, cul­tu­ra­les, son inse­pa­ra­bles en todos los nive­les de la vida de la nación. Hace el dere­cho a la demo­cra­cia bajo todas sus for­mas y en todas las colec­ti­vi­da­des terri­to­ria­les (comu­nas, depar­ta­men­tos, regio­nes en su artícu­lo 69), así como el dere­cho a la for­ma­ción y a la cul­tu­ra, com­pren­di­da la cul­tu­ra regio­nal (artícu­lo 59), uno de los dere­chos fun­da­men­ta­les, una de las liber­ta­des esen­cia­les del hom­bre y del ciu­da­dano. Por esto se con­tie­nen aquí las con­di­cio­nes para hacer de la uni­dad nacio­nal una reali­dad cua­li­ta­ti­va­men­te dife­ren­te y supe­rior, pues­to que se fun­da en una cua­li­dad supe­rior de la demo­cra­cia41.

La «nación fran­ce­sa» demo­crá­ti­ca y ciu­da­da­na es el hori­zon­te refe­ren­cial del PCF, tan­to que no se plan­tea la exis­ten­cia de nacio­na­li­da­des dife­ren­tes a la fran­ce­sa, y menos aún de nacio­nes no fran­ce­sas, por lo que no tie­ne sen­ti­do ni siquie­ra citar el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción. Sin embar­go, esta cerra­zón abso­lu­ta no logra aca­bar con el pro­ble­ma de la uni­dad de la «nación fran­ce­sa», pro­ble­ma que en su núcleo teó­ri­co no es defi­ni­ti­va­men­te reso­lu­ble por­que per­te­ne­ce al movi­mien­to per­ma­nen­te de las con­tra­dic­cio­nes capi­ta­lis­tas en con­cre­to, y en gene­ral de las con­tra­dic­cio­nes his­tó­ri­cas sur­gi­das con la pro­pie­dad pri­va­da. Uno de los auto­res del libro admi­te que:

Es sig­ni­fi­ca­ti­vo que la auto­rre­fle­xión de una pro­vin­cia o de una región sobre ella mis­ma se reafir­ma en los tiem­pos de opre­sión y de cri­sis, cuan­do el gru­po se sien­te ame­na­za­do y en peli­gro […] La región como la nación, ¿no será tam­bién una «soli­da­ri­dad ple­na­men­te cons­cien­te»? […] Sería nece­sa­rio esta­ble­cer, des­de este pun­to de vis­ta, una cro­no­lo­gía pre­ci­sa de los hechos fun­da­men­ta­les del regio­na­lis­mo, de las fuen­tes y de las acti­vi­da­des en las que se mani­fies­ta. Hay tiem­pos de auge del regio­na­lis­mo y tiem­pos de cri­sis, de letar­go y de rena­ci­mien­to, toda una gama de colo­ri­do que es nece­sa­rio datar […] De este modo se inter­re­la­cio­nan para defi­nir la nación fac­to­res geo­grá­fi­cos e his­tó­ri­cos, lin­güís­ti­cos e ins­ti­tu­cio­na­les, eco­nó­mi­cos y psi­co­ló­gi­cos42.

El autor y el libro en su tota­li­dad mini­mi­za o silen­cia las atro­ci­da­des come­ti­das por la revo­lu­ción fran­ce­sa con­tra las «regio­nes» que se nega­ban a per­der su iden­ti­dad, como es el caso de Eus­kal Herria que sufrió gol­pes bru­ta­les43en un con­tex­to de lucha de cla­ses inter­na y exter­na. La lógi­ca del argu­men­to del autor y del libro en su con­jun­to es la siguien­te: según las cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas las regio­nes refuer­zan o debi­li­tan su con­cien­cia espe­cí­fi­ca, pero la ten­den­cia impues­ta por el desa­rro­llo capi­ta­lis­ta es la de for­zar a las regio­nes a cons­ti­tuir­se en nacio­nes-Esta­do. Lle­ga­do a este pun­to, el autor pare­ce ser cons­cien­te de la difi­cul­tad que mina al nacio­na­lis­mo fran­cés del PCF al tener que pre­ci­sar las dife­ren­cias entre «región» y «nación fran­ce­sa», por lo que en bus­ca de una solu­ción impo­si­ble, recu­rre a la auto­ri­dad de Sta­lin y de su tex­to de 1913, al que vol­ve­re­mos en el capí­tu­lo pró­xi­mo.

El auto­ex­tin­to Par­ti­do Comu­nis­ta Ita­liano (PCI), famo­so duran­te varios lus­tros por su impre­sio­nan­te fuer­za elec­to­ral, pero cono­ci­do tam­bién por algu­nas izquier­das por sus cre­cien­tes ten­den­cias refor­mis­tas y su debi­li­dad teó­ri­co-polí­ti­ca ocul­ta tras la fal­si­fi­ca­ción de Grams­ci, tras su famo­so «nue­vo modo de con­su­mo»44que jus­ti­fi­ca­ba su apo­yo incon­di­cio­nal a la bur­gue­sía ita­lia­na en espe­cial en la repre­sión de las orga­ni­za­cio­nes arma­das revo­lu­cio­na­rias, todo lo cual pre­ci­pi­tó su des­apa­ri­ción. Pero antes hizo un ser­vi­cio «inter­na­cio­na­lis­ta» al nacio­na­lis­mo del PCE. Como tam­bién el PCI era inca­paz de con­ce­bir lo incon­ce­bi­ble de la lucha vas­ca, prohi­bió en 1970 la edi­ción de una entre­vis­ta a ETA que iba a salir en su revis­ta Rinas­ci­ta por­que no le gus­tó la res­pues­ta a la pre­gun­ta de si exis­tía un Par­ti­do Comu­nis­ta de Eus­ka­di:

Exac­to, sí exis­te un Par­ti­do Comu­nis­ta de Eus­ka­di, pero no un Par­ti­do Comu­nis­ta Vas­co, ya que la cali­fi­ca­ción de Eus­ka­di es sim­ple­men­te geo­grá­fi­ca y en abso­lu­to polí­ti­ca. Se lla­ma «de Eus­ka­di» por razo­nes admi­nis­tra­ti­vas que abar­can ade­más solo a una par­te del País Vas­co. El Par­ti­do Comu­nis­ta no fun­cio­na como par­ti­do espe­cí­fi­co de la cla­se obre­ra vas­ca, pues­to que para él la rei­vin­di­ca­ción nacio­nal que­da al mar­gen45.

Impo­ten­cia del esta­ta­lis­mo (II)

Arga­la cono­cía per­fec­ta­men­te la fuer­za del nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta del PCF y la nega­ti­va del PCI a publi­car la entre­vis­ta a ETA, y había vivi­do per­so­nal­men­te la inca­pa­ci­dad del PCE y de la izquier­da espa­ño­la en gene­ral para con­ce­bir que había sido ETA la eje­cu­to­ra de Carre­ro Blan­co: ¿cómo era posi­ble que unos nacio­na­lis­tas peque­ño-bur­gue­ses radi­ca­li­za­dos desa­rro­lla­sen la pra­xis que des­tro­zó la con­ti­nui­dad del fran­quis­mo? La res­pues­ta solo podía dar­se des­de el mar­xis­mo dia­léc­ti­co, no des­de el meca­ni­cis­mo abs­trac­to y libres­co. Por esto, la crí­ti­ca de Arga­la se exten­día tam­bién a la doc­tri­na dog­má­ti­ca que ase­gu­ra­ba que solo un Esta­do mul­ti­na­cio­nal fuer­te y poten­te podría resol­ver para siem­pre la opre­sión nacio­nal. Des­de la pers­pec­ti­va mar­xis­ta-leni­nis­ta estric­ta y tam­bién des­de la con­se­jis­ta, pasan­do por la euro­co­mu­nis­ta, el lla­ma­do «pro­ce­so his­tó­ri­co obje­ti­vo» con­du­cía inevi­ta­ble­men­te a esta creen­cia. Como vere­mos en su momen­to, S. Kal­taj­chian for­mu­ló esta doc­tri­na que fue publi­ca­da en len­gua espa­ño­la en 1986, solo tres años antes de que se desin­te­gra­se la Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca de Ale­ma­nia46, loa­da por el autor por haber supe­ra­do para siem­pre el nacio­na­lis­mo bur­gués y haber desa­rro­lla­do una con­cien­cia nacio­nal ple­na­men­te inter­na­cio­na­lis­ta y socia­lis­ta, for­zan­do la implo­sión de la URSS en la que las irre­suel­tas cues­tio­nes nacio­na­les tam­bién juga­ron un papel cen­tral.

Des­pués de que Arga­la escri­bie­ra su Tes­ta­men­to y de que se publi­ca­se en espa­ñol la tesis del PCF sobre la ten­den­cia his­tó­ri­ca de los regio­na­lis­mos a con­fluir en la «nación fran­ce­sa», en el Esta­do espa­ñol reapa­re­ce el nacio­na­lis­mo en dife­ren­tes ver­sio­nes del mar­xis­mo espa­ñol. En 2001 un gru­po trots­kis­ta rein­ci­de de otra for­ma en los argu­men­tos de LCE-ETA (VI) con­tra el «terro­ris­mo indi­vi­dual» sin poder con­ce­bir la nove­dad orga­ni­za­ti­va del inde­pen­den­tis­mo socia­lis­ta. Mos­tran­do un des­en­fo­que o igno­ran­cia abso­lu­ta del inde­pen­den­tis­mo socia­lis­ta, se dice que: «la inde­pen­den­cia de Eus­ka­di en bases capi­ta­lis­tas es una uto­pía reac­cio­na­ria»47. Al menos de las IV Asam­blea de ETA en 1964, si no antes, se sabía que la inde­pen­den­cia capi­ta­lis­ta era impo­si­ble por­que la bur­gue­sía vas­ca se opo­nía y se opon­dría a ella fron­tal­men­te: los hechos y las decla­ra­cio­nes ofi­cia­les de la bur­gue­sía vas­ca lo han demos­tra­do. Enton­ces… ¿por qué ter­gi­ver­sar la his­to­ria y el idea­rio de ETA?

Tal vez la res­pues­ta últi­ma la encon­tre­mos no en las tópi­cas razo­nes de la nece­sa­ria cen­tra­li­za­ción socio­eco­nó­mi­ca en una Esta­do o Fede­ra­ción Socia­lis­ta de los Pue­blos Ibé­ri­cos, inclui­da Por­tu­gal, como defien­de este gru­po, para avan­zar al socia­lis­mo, sino en algo más pro­fun­do a nivel his­tó­ri­co y con tre­men­das impli­ca­cio­nes cara al futu­ro:

La eco­no­mía espa­ño­la se ha crea­do duran­te mucho tiem­po y cons­ti­tu­ye, con todas sus con­tra­dic­cio­nes y des­ajus­tes, un con­jun­to lógi­co. Las fron­te­ras natu­ra­les del Esta­do espa­ñol, han esta­do his­tó­ri­ca­men­te mar­ca­das por un lado por los Piri­neos, por otro por el mar.

A pesar de todas las dife­ren­cias exis­te una cier­ta comu­ni­dad eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, étni­ca y cul­tu­ral, for­ja­da duran­te siglos. Cual­quier inten­to de rom­per esta comu­ni­dad, nece­sa­ria­men­te ten­dría con­se­cuen­cias nega­ti­vas para todos los pue­blos del Esta­do48.

En el últi­mo capí­tu­lo expon­dre­mos nues­tras razo­nes de por qué es impo­si­ble la revo­lu­ción socia­lis­ta si a la vez no des­apa­re­ce en el basu­re­ro de la his­to­ria lo que este gru­po defi­ne como Esta­do espa­ñol en cuan­to «una cier­ta comu­ni­dad eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, étni­ca y cul­tu­ral, for­ja­da duran­te siglos». Aho­ra segui­mos repa­san­do la insis­ten­te defen­sa del nacio­na­lis­mo espa­ñol en su for­ma repu­bli­ca­na y fede­ral. Como expli­ca­mos en el tex­to sobre el impe­ria­lis­mo del PCE ya rese­ña­do, el nacio­na­lis­mo repu­bli­cano ya esta­ba dado en el pri­mer socia­lis­mo del PSOE a fina­les del siglo XIX, y lue­go se asen­tó defi­ni­ti­va­men­te en la ideo­lo­gía del pri­mer PCE des­de pri­ma­ve­ra de 1937 a par­tir de su fuer­te rai­gam­bre inter­na. El nacio­na­lis­mo repu­bli­cano espa­ñol reapa­re­ce con fuer­za duran­te las cri­sis pro­fun­das del Esta­do, como la cata­la­na. En 2011 se recu­rría al mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co, es decir, a la esen­cia del méto­do mar­xis­ta, para inten­tar demos­trar la supre­ma­cía de Espa­ña sobre los pue­blos49.

En 2013, Paco Fru­tos, exSe­cre­ta­rio Gene­ral del PSUC y del PCE, arre­me­tió de mane­ra insul­tan­te y des­pec­ti­va con­tra los sen­ti­mien­tos nacio­na­les cata­la­nes50cuan­do comen­za­ban a tomar brío. En 2017, Alber­to Gar­zón, diri­gen­te cla­ve en Izquier­da Uni­da y en Uni­dos-Pode­mos, que se decla­ra comu­nis­ta, hizo unas decla­ra­cio­nes que daban la razón a aque­lla bri­llan­te cer­te­za de ETA en 1964 arri­ba cita­da y que repro­du­ci­mos de nue­vo para com­pren­der su pro­fun­do cala­do: «Hemos plan­tea­do en Euro­pa un pro­ble­ma incon­ce­bi­ble. En el mis­mo epi­cen­tro del capi­ta­lis­mo, rene­ga­mos de él y nos decla­ra­mos revo­lu­cio­na­rios socia­les y nacio­na­les»51. Pues bien, Alber­to Gar­zón dijo: «No entien­do a los inde­pen­den­tis­tas cata­la­nes que se dicen de izquier­das»52. El diri­gen­te de la izquier­da nacio­nal espa­ño­la no entien­de, le pare­ce incon­ce­bi­ble, que exis­ta una izquier­da nacio­nal cata­la­na.

En 1964 ETA puso al des­cu­bier­to un pro­ble­ma cru­cial: la capa­ci­dad del pen­sa­mien­to domi­nan­te para con­ce­bir otra reali­dad obje­ti­va –la pra­xis de los pue­blos tra­ba­ja­do­res opri­mi­dos– que no entra en sus esque­mas men­ta­les. Ire­mos des­gra­nan­do las for­mas más gra­ves de este pro­ble­ma cru­cial que sigue apo­yan­do al impe­ria­lis­mo espa­ñol más de medio siglo des­pués de que lo enun­cia­ra ETA. En 2017, ade­más del nacio­na­lis­mo espa­ñol de Izquier­da Uni­da, otro aún más des­ca­ra­da­men­te impe­ria­lis­ta sos­tu­vo que el mode­lo de Esta­do del mar­xis­mo-leni­nis­mo es «la Repú­bli­ca Úni­ca e Indi­vi­si­ble»53; se nos dice tam­bién que «ni Cata­lu­ña ni el País Vas­co son nacio­nes des­de las coor­de­na­das del mar­xis­mo leni­nis­mo»54. Más en gene­ral y a la vez más en lo esen­cial, es decir, en lo tocan­te a los dere­chos con­cre­tos, socia­lis­tas, de las nacio­nes opri­mi­das por el Esta­do espa­ñol:

Será reac­cio­na­rio todo movi­mien­to que abo­gue por la bal­ca­ni­za­ción de Espa­ña, bien por vía terro­ris­ta, bien por vía fede­ra­lis­ta pro «dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción», por muy izquier­dis­ta y «revo­lu­cio­na­rio» o demó­cra­ta que se auto­de­fi­na, pues todo movi­mien­to que defien­da esas posi­cio­nes rom­pe­rá cual­quier posi­bi­li­dad de ele­var a los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les nati­vos y resi­den­tes (inmi­gran­tes) a la con­di­ción de cla­se nacio­nal en Espa­ña […] en Espa­ña, la revo­lu­ción ten­drá dos enemi­gos, que son dos caras del mis­mo tapiz, los ven­de­pa­trias euro­peís­tas de la dere­cha (los de la «Mar­ca Espa­ña») y los rom­pe­pa­trias sepa­ra­tis­tas55.

Y por no repe­tir­nos con ame­na­za­do­ras citas del nacio­na­lis­mo «mar­xis­ta-leni­nis­ta» espa­ñol, lea­mos la últi­ma:

El mode­lo de Esta­do obre­ro que Espa­ña nece­si­ta, siguien­do el mar­xis­mo-leni­nis­mo expues­to en este libro, es una Repú­bli­ca Uni­ta­ria, Uni­ca­me­ral, Cen­tra­lis­ta, Pre­si­den­cia­lis­ta, Socia­lis­ta e Inter­na­cio­na­lis­ta. Solo se esta mane­ra podrá ele­var­se a los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les a la con­di­ción de cla­se nacio­nal. Y solo así podrá conec­tar­se a esa cla­se nacio­nal con la Inter­na­cio­nal. El mun­do, para poder ser trans­for­ma­do, nece­si­ta de un blo­que polí­ti­co obre­ro y socia­lis­ta, lo más homo­gé­neo, pobla­do, rico y exten­di­do posi­ble, a las puer­tas inclu­so del cen­tro de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta. Espa­ña tie­ne la opor­tu­ni­dad, no de lide­rar, pero sí de par­ti­ci­par en la con­for­ma­ción de este blo­que56.

De for­ma algo pare­ci­da a lo que muy correc­ta­men­te se deno­mi­na «nacio­nal cato­li­cis­mo» espa­ñol, y sal­van­do todas las dis­tan­cias, tam­bién podría­mos hablar del «nacio­nal comu­nis­mo» espa­ñol. Del mis­mo modo que el nacio­nal cato­li­cis­mo espa­ñol57, opio cla­ve en la man­se­dum­bre de millo­nes de per­so­nas, nun­ca ha enten­di­do a la Igle­sia popu­lar vas­ca, de base, pese a que nun­ca se ha atre­vi­do a escin­dir­se de la buro­cra­cia espa­ño­la y crear el cato­li­cis­mo vas­co, menos aún el «nacio­nal comu­nis­mo» espa­ñol ha enten­di­do y pue­de enten­der nun­ca al comu­nis­mo de las nacio­nes opri­mi­das que sí lucha­mos para crear nues­tras «nacio­nes tra­ba­ja­do­ras»58inde­pen­dien­tes.

Cuan­do el «nacio­nal comu­nis­mo» espa­ñol cali­fi­ca de reac­cio­na­rias a las luchas de libe­ra­ción de los pue­blos opri­mi­dos está favo­re­cien­do de algu­na mane­ra al nacio­na­lis­mo de su bur­gue­sía esta­tal inclui­da la posi­ble repre­sión de esos pue­blos por el Esta­do: «ya que son reac­cio­na­rios…». Y cuan­do las cali­fi­ca de «sepa­ra­tis­tas» azu­za de algún modo resen­ti­mien­tos de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras de la nación opre­so­ra por­que se les ha hecho creer que el «sepa­ra­tis­mo» aten­ta con­tra la mejo­ra de las con­di­cio­nes de vida: ya que cuan­to más gran­de y pode­ro­so sea el Esta­do mejor podrá aten­der a las nece­si­da­des socia­les, y ya que el «sepa­ra­tis­mo» debi­li­ta al Esta­do, pues enton­ces el «sepa­ra­tis­mo» empeo­ra las con­di­cio­nes de vida del pro­le­ta­ria­do de la nación opre­so­ra. Estos argu­men­tos reapa­re­cen siem­pre que las nacio­nes opri­mi­das avan­zan en sus movi­li­za­cio­nes.

Pero si baja­mos un esca­lón en el baró­me­tro de la into­le­ran­cia espa­ño­la y des­cen­de­mos del «nacio­nal comu­nis­mo» al nacio­na­lis­mo de la izquier­da refor­mis­ta «dura» ape­nas apre­cia­mos cam­bios que no sean de maqui­lla­je, excep­to en los insul­tos y ame­na­zas. Resul­ta curio­so que se rei­vin­di­que el con­fe­de­ra­lis­mo para la Unión Euro­pea pero se pre­ten­da obli­gar a las nacio­nes opri­mi­das por el Esta­do espa­ñol a un fede­ra­lis­mo muy estre­cho59. Los auto­res denun­cian a la Unión Euro­pea con algu­na razón, pero una vez situa­dos en el Esta­do espa­ñol resur­ge el nacio­na­lis­mo: en nin­gún momen­to citan a las nacio­nes opri­mi­das, en nin­gún momen­to citan al dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción, en nin­gún momen­to con­cre­tan un poco sobre qué es eso de «la rein­dus­tria­li­za­ción de Espa­ña a par­tir de la inter­ven­ción públi­ca en la eco­no­mía» y cómo cua­dra con los dere­chos de los pue­blos explo­ta­dos, etc. Los auto­res cie­rran los ojos a la esen­cia his­tó­ri­ca de Espa­ña como cár­cel de pue­blos, pero sí cri­ti­can a la Unión Euro­pea por ello, afir­man­do que «una cosa es segu­ra: el futu­ro de los pue­blos se cons­trui­rá sobre las ceni­zas de esta Unión Euro­pea», mien­tras que noso­tros afir­ma­mos que el futu­ro del socia­lis­mo se cons­trui­rá sobre las ceni­zas de Espa­ña.

La tesis de que los gran­des Esta­dos son indis­pen­sa­bles no ya para el avan­ce al socia­lis­mo pre­vio al comu­nis­mo, que ha que­da­do en una ucro­nía de noches de año­ran­za, sino inclu­so solo para ase­gu­rar la «demo­cra­cia», está ancla­da en una fase de la his­to­ria del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio mun­dial deve­ni­do en refor­mis­mo blan­do, cola­bo­ra­cio­nis­ta con la repre­sión del inde­pen­den­tis­mo socia­lis­ta como es caso del B. Gar­zón y G. Lla­ma­za­res que ni siquie­ra lle­gan a exi­gir una Euro­pa con­fe­de­ral sino úni­ca­men­te fede­ral que inte­gre a una «Espa­ña fede­ral»60como en el caso ante­rior. Nin­guno de los dos, ni el duro ni el blan­do, cues­tio­nan a Espa­ña como tal.

  1. Arga­la: «Pró­lo­go a la edi­ción ori­gi­nal», Los vas­cos, de la nación al Esta­do de J. Apa­la­te­gi, Aste­ro, 2006.
  2. A. Grams­ci: «La revo­lu­ción con­tra “El Capi­tal”», Anto­lo­gía, Siglo XXI, Méxi­co 1980, pp. 34 – 35.
  3. V. I. Lenin: ¿Qué hacer?, Obras com­ple­tas, Pro­gre­so, 1981, Mos­cú, tomo 6, p. 149.
  4. L. Trotsky: Imá­ge­nes de Lenin, ERA, Méxi­co 1970, pp. 12 – 15.
  5. J. C. Mariá­te­gui: «Lenin», Mariá­te­gui: Polí­ti­ca Revo­lu­cio­na­ria, El perro y la rana, Cara­cas 2010, tomo I, pp. 223 – 232.
  6. Anto­nio Fer­nán­dez Ortiz: Octu­bre con­tra El Capi­tal, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2016, p. 98.
  7. Javier Villa­nue­va: Lenin y las nacio­nes , Edi­to­rial Revo­lu­ción, Madrid 1987, pp. 161 – 162.
  8. V. I. Lenin: Balan­ce de la dis­cu­sión sobre la auto­de­ter­mi­na­ción , Obras com­ple­tas, Pro­gre­so, Mos­cú 1984, tomo 30, p. 57.
  9. Con Alli­nan: Una «terri­ble belle­za»: la Rebe­lión de Pas­cua de Irlan­da en 1916 , 24 de mar­zo de 2016 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​u​n​a​-​t​e​r​r​i​b​l​e​-​b​e​l​l​e​z​a​-​l​a​-​r​e​b​e​l​i​o​n​-​d​e​-​p​a​s​c​u​a​-​d​e​-​i​r​l​a​n​d​a​-​e​n​-​1​916).
  10. Iker Casa­no­va: ETA 1858 – 2008 Medio siglo de his­to­ria, Txa­la­par­ta, Tafa­lla 2007, pp. 217 y ss.
  11. J. C. Mariá­te­gui: «7 Ensa­yos de inter­pre­ta­ción de la reali­dad perua­na», Mariá­te­gui: Polí­ti­ca Revo­lu­cio­na­ria, El perro y la rana, Cara­cas 2010, tomo II, p. 79.
  12. Alber­to Flo­res Galin­do: La ago­nía de Mariá­te­gui, El perro y la rana, Cara­cas 2009, p. 65.
  13. Nar­ci­so Isa Con­de: «Pró­lo­go a la edi­ción vene­zo­la­na», La ago­nía de Mariá­te­gui , El perro y la rana, Cara­cas 2009, p. 13.
  14. Iña­ki Gil de San Vicen­te: «La his­to­ria como lucha», ETA: La his­to­ria no se rin­de, Boltxe Libu­ruak, Bil­bo 2018, pp. 11 – 89.
  15. M. Bruck­mann: «José Car­los Mariá­te­gui y la pro­duc­ción de cono­ci­mien­to local», Marx Aho­ra, nº 25, 2008, pp. 163 – 165.
  16. Anto­nio Fer­nán­dez Ortiz: Octu­bre con­tra El Capi­tal, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2016, p. 88.
  17. A. Grams­ci: «Uto­pía», Anto­lo­gía , Siglo XXI, Méxi­co 1980, pp. 44 – 45.
  18. A. Grams­ci: «Obser­va­cio­nes sobre el fol­klo­re», op. cit., pp. 488 – 491.
  19. A. Grams­ci: «La pri­me­ra comu­nión», op. cit., pp. 304 – 305.
  20. A. Grams­ci: «Sobre el con­cep­to de lo nacio­nal popu­lar», La for­ma­ción de los inte­lec­tua­les , Gri­jal­bo, Bar­ce­lo­na 1974, p. 154.
  21. C. R. Agui­le­ra del Prat: Grams­ci y la vía nacio­nal al socia­lis­mo, Akal, Madrid 1985, pp. 11 – 123.
  22. José Luís Acan­da Gon­zá­lez: Tra­du­cir Grams­ci, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 2007, pp. 120 – 129.
  23. José Luís Acan­da Gon­zá­lez: Tra­du­cir Grams­ci,op. cit., pp. 46 – 71.
  24. J. M. Piot­te: El pen­sa­mien­to polí­ti­co de Anto­nio Grams­ci , Cua­der­nos de Cul­tu­ra Revo­lu­cio­na­ria, Bue­nos Aires 1973, p. 102.
  25. J. M. Piot­te: Idem, p. 106.
  26. J. M. Piot­te: Idem , p. 107.
  27. L. Trotsky: «La gue­rra cam­pe­si­na en Chi­na», La segun­da revo­lu­ción Chi­na , Plu­ma, Bogo­tá 1978, pp. 137 – 142.
  28. Iker Casa­no­va-Paul Asen­sio: Arga­la , Txa­la­par­ta, Tafa­lla 1999, p. 274.
  29. Arga­la, sobre ins­ti­tu­cio­nes, 28 de agos­to de 2018 (https://​borro​ka​ga​raia​.word​press​.com/​2​0​1​8​/​0​8​/​2​8​/​a​r​g​a​l​a​– s​o​b​r​e​– i​n​s​t​i​t​u​c​i​o​n​a​l​i​s​mo/​).
  30. Rosa Luxem­burg: «Una vez más el expe­ri­men­to bel­ga», Deba­te sobre la huel­ga de masas , PyP, nº 62, Car­ta­go, Argen­ti­na, 1975, p. 110.
  31. Jaco­bo Muñoz: «Filo­so­fía de la pra­xis y teo­ría gene­ral del méto­do», Lec­tu­ras de filo­so­fía con­tem­po­rá­nea, Cua­der­nos Mate­ria­les, Bar­ce­lo­na 1978, pp. 194 – 195.
  32. Hora­ce B. Davis: Nacio­na­lis­mo y socia­lis­mo, Penín­su­la, Bar­ce­lo­na 1972, p. 272.
  33. G. Dumé­nil y D. Levy: «Las finan­zas capi­ta­lis­tas: rela­cio­nes de pro­duc­ción y rela­cio­nes de cla­se», Las finan­zas capi­ta­lis­tas, Herra­mien­ta, Bue­nos Aires 2009, pp. 159 – 162.
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  40. AA.VV.: Regio­na­lis­mo y capi­ta­lis­mo, Akal, Madrid 1978, p. 29.
  41. AA.VV.: , p. 32.
  42. Albert Soboul: «Pro­ble­ma regio­nal y reali­da­des socia­les del anti­guo régi­men a la revo­lu­ción», Regio­na­lis­mo y capi­ta­lis­moop. cit. , pp. 140 – 141.
  43. Xosé Esté­vez: His­to­ria de Eus­kal Herria, Txa­la­par­ta, Tafa­lla 1996, tomo II, pp. 192 – 197.
  44. Ernest Man­del: «El PC ita­liano, após­tol de la aus­te­ri­dad», Crí­ti­ca del euro­co­mu­nis­mo, Fon­ta­ma­ra, Bar­ce­lo­na 1978, pp. 183 – 206.
  45. AA.VV.: Eus­ka­di eta aska­ta­su­na, op. cit. , tomo 2, p. 149.
  46. S. Kal­taj­chian: El leni­nis­mo sobre las nacio­nes y las nue­vas comu­ni­da­des huma­nas inter­na­cio­na­les, Edi­to­ra Polí­ti­ca, La Haba­na 1986, pp. 343 – 345.
  47. A. Arre­gui, M. Ben­goa, K. Usín y J. Jimeno: Eus­ka­di. Auto­de­ter­mi­na­ción y socia­lis­mo, Aso­cia­ción Cul­tu­ral Eman­ci­pa­ción, Madrid, segun­da edi­ción, 2001, p. 245.
  48. A. Arre­gui, M. Ben­goa, K. Usín y J. Jimeno: Idem , p. 246.
  49. P. Insua Rodrí­guez: El mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co y la cues­tión nacio­nal espa­ño­la, El Cato­ple­pas, nº 109, mar­zo 2011, p. 10.
  50. Paco Fru­tos: Cata­lu­ña, el nacio­na­lis­mo, el inde­pen­den­tis­mo y la izquier­da, 24 de octu­bre de 2013 (http://​fran​cis​co​fru​tos​.blogs​pot​.com/​2​0​1​3​/​1​0​/​c​a​t​a​l​u​n​y​a​-​e​l​-​n​a​c​i​o​n​a​l​i​s​m​o​-​e​l​.​h​tml).
  51. Zutik, Iru­ga­rren sor­ta. 23’n zen­ba­kia, Iru­ña, Docu­men­tos Y,op. cit., tomo 3, p. 263.
  52. Daniel Ríos. «Entre­vis­ta» Alber­to Gar­zón: Por qué soy comu­nis­ta, 23 de octu­bre de 2017 (https://​www​.info​li​bre​.es/​n​o​t​i​c​i​a​s​/​p​o​l​i​t​i​c​a​/​2​0​1​7​/​1​0​/​2​4​/​e​n​t​r​e​v​i​s​t​a​_​g​a​r​zon).
  53. San­tia­go Arme­si­lla: El mar­xis­mo y la cues­tión nacio­nal espa­ño­la, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2017, p. 166.
  54. San­tia­go Arme­si­lla: Idem, p. 207.
  55. San­tia­go Arme­si­lla: Idem , p. 245.
  56. San­tia­go Arme­si­lla: Idem , p. 324.
  57. Jau­me Botey Vallés: «La Igle­sia cató­li­ca y el nacio­na­lis­mo espa­ñol», Nacio­na­lis­mo espa­ñol, Cata­ra­ta, Madrid 2007, pp. 231 – 265.
  58. K. Marx: El die­cio­cho Bru­ma­rio de Luís Bona­par­te, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1978, tomo 1, p. 453.
  59. Héc­tor Illue­ca, Mano­lo Mone­reo y Julio Angui­ta: Sobe­ra­nía, demo­cra­cia y socia­lis­mo, 3 de octu­bre de 2018 (http://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​4​7​270).
  60. Bal­ta­sar Gar­zón y Gas­par Lla­ma­za­res: Por una Espa­ña fede­ral en una Euro­pa fede­ral, 4 de octu­bre de 2018 (https://​www​.eldia​rio​.es/​t​r​i​b​u​n​a​a​b​i​e​r​t​a​/​E​s​p​a​n​a​-​f​e​d​e​r​a​l​-​E​u​r​o​p​a​_​6​_​8​2​1​0​7​7​9​1​5​.​h​tml).

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