El Capital, un libro que asusta al capital… y al reformismo

«Cri­ti­car es juz­gar con valen­tía, es iden­ti­fi­car méri­tos y debi­li­da­des; des­ve­lar lo ocul­to, actuar de for­ma abier­ta y no dog­má­ti­ca; lla­mar a las cosas por su nom­bre. Es una acti­vi­dad que impli­ca ries­gos por­que el ser humano (autor tam­bién de las obras cri­ti­ca­das) es un ser con­tra­dic­to­rio y orgu­llo­so que cons­tru­ye, inven­ta y pro­gre­sa, pero teme los jui­cios que pue­dan des­cu­brir sus erro­res y debi­li­da­des. La crí­ti­ca es, por natu­ra­le­za, polé­mi­ca; gene­ra dis­cor­dias y enemi­gos, pero tam­bién ami­gos. Pue­de pro­du­cir ideas y cono­ci­mien­tos, así como cam­bios, siem­pre nece­sa­rios, en las obras y en los seres huma­nos. De ahí que lo nor­mal es que el poder esta­ble­ci­do o domi­nan­te tra­te siem­pre de supri­mir o de ocul­tar la crí­ti­ca […] Ser crí­ti­co no es fácil. Por eso no exis­ten cur­sos ni rece­tas para for­mar crí­ti­cos como sí los hay para eva­lua­do­res. Tam­po­co hay o se pue­den cons­truir ins­tru­men­tos para hacer crí­ti­ca como sí hay cues­tio­na­rios, esca­las y téc­ni­cas para hacer inves­ti­ga­cio­nes. Y es poco pro­ba­ble que una ins­ti­tu­ción o per­so­na se arries­gue a pro­por­cio­nar recur­sos para desa­rro­llar una crí­ti­ca de sí mis­ma, pero muy pro­ba­ble que sí lo haga para cri­ti­car al enemi­go.»1

Naciones oprimidas estudian El Capital

El títu­lo de este libri­to sur­ge del desa­rro­llo del ter­cer capí­tu­lo del borra­dor sobre «La urgen­cia de la pra­xis polí­ti­ca de El Capi­tal», que esta­ba en pro­ce­so de ela­bo­ra­ción final tras una lar­ga fase de dis­cu­sión colec­ti­va sos­te­ni­da en Cata­lun­ya, en Eus­kal Herria y en Gali­za a fina­les de 2018. Aho­ra lo pre­sen­ta­mos en for­ma digi­tal a la espe­ra de que más ade­lan­te se publi­que en for­ma­to libro con un aña­di­do en el que se ana­li­za­rán los acon­te­ci­mien­tos acae­ci­dos entre ambos momen­tos.

Fijé­mo­nos en algo que pue­de pasar des­aper­ci­bi­do: los deba­tes se han rea­li­za­do y se rea­li­zan en nacio­nes opri­mi­das. Colec­ti­vos de tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res con nive­les de con­cien­cia nacio­nal no espa­ño­la han vis­to la nece­si­dad de una lec­tu­ra polí­ti­ca de El Capi­tal, una lec­tu­ra no deter­mi­na­da pre­via­men­te por el mol­de ideo­ló­gi­co del esta­ta­lis­mo cen­tra­lis­ta y nacio­na­lis­ta de la izquier­da espa­ño­la. ¿Cómo expli­car­lo?

Una de las carac­te­rís­ti­cas de la lec­tu­ra polí­ti­ca de cual­quier obra, y sobre todo de las mar­xis­tas, es la exi­gen­cia de conec­tar­la siem­pre con otras obras del mis­mo autor o auto­ra rea­li­za­das en ese con­tex­to. Esta exi­gen­cia meto­do­ló­gi­ca es tan­to más estric­ta cuan­to que se rela­cio­na con pro­ble­má­ti­cas como «polí­ti­ca», «eco­no­mía» y «opre­sión nacio­nal», y otros con­cep­tos impres­cin­di­bles para mos­trar la con­ca­te­na­ción tan­to entre ellos como con el de «Esta­do». La evo­lu­ción teó­ri­ca de Marx y Engels hacia El Capi­tal, tuvo uno de sus ini­cios en la defen­sa del joven Engels, de enero de 1841, de una nación ale­ma­na inde­pen­dien­te y uni­fi­ca­da, libre en todos los sen­ti­dos, por­que esa sería la úni­ca garan­tía para la con­quis­ta de «todos los pro­gre­sos polí­ti­cos y socia­les»2. Dos años des­pués Marx loa­ría el poten­cial eman­ci­pa­dor que con­tie­ne el «sen­ti­mien­to de ver­güen­za nacio­nal»3 de los pue­blos opri­mi­dos que les lan­za hacia ade­lan­te como lo hace un león heri­do.

Los avan­ces cla­ros en su crí­ti­ca del capi­ta­lis­mo, que aho­ra obvia­mos, le per­mi­tie­ron a Marx, siem­pre en unión con su com­pa­ñe­ra Jenny y con Engels, ela­bo­rar la nun­ca sufi­cien­te­men­te pon­de­ra­da obra El die­ciocho Bru­ma­rio de Luis Bona­par­te, de diciem­bre de 1851 y mar­zo de 1852, en la que deta­lla inclu­so con bri­llan­tez lite­ra­ria cómo duran­te las cri­sis se agu­di­za la lucha entre la bur­gue­sía y su con­cep­to de «nación» y la «nación tra­ba­ja­do­ra»4. Hemos recu­rri­do a esta obra por­que mues­tra per­fec­ta­men­te la dia­léc­ti­ca entre polí­ti­ca, eco­no­mía, cues­tión nacio­nal y Esta­do, en la que las con­tra­dic­cio­nes «endó­ge­nas» del capi­ta­lis­mo deter­mi­nan a medio y lar­go pla­zo a las demás. A. Ner­vo Coda­to ha estu­dia­do pre­ci­sa­men­te cómo en El die­ciocho Bru­ma­rio de Luis Bona­par­te abre y sin­te­ti­za un lar­go perío­do entre 1852 y 1859 en el que Marx y Engels per­fec­cio­nan el méto­do que inter­co­nec­ta los múl­ti­ples nive­les de la reali­dad, pero des­de el movi­mien­to interno de las con­tra­dic­cio­nes del capi­tal5, mos­tran­do cómo es impo­si­ble sepa­rar el Marx «eco­nó­mi­co» del «polí­ti­co», aun reco­no­cien­do los diver­sos rit­mos y nive­les de ambas pro­ble­má­ti­cas den­tro de su uni­dad supe­rior.

Mien­tras redac­ta­ba los Grun­dris­se en 1857–1858, deci­si­vos para escri­bir lue­go El Capi­tal, fir­ma­ba con Engels demo­le­do­ras crí­ti­cas del colo­nia­lis­mo y de la explo­ta­ción de los pue­blos, y Engels escri­bió un impac­tan­te artícu­lo sobre la lucha deses­pe­ra­da del pue­blo arge­lino con­tra los fran­ce­ses6, país que nun­ca olvi­da­rían y al que vol­ve­ría Marx poco antes de morir. A la vez, Marx ana­li­za en los Grun­dris­se la men­ta­li­dad gana­do­ra del ya enton­ces «pue­blo en su apo­geo indus­trial», el yan­qui, fren­te a los ingle­ses; expo­nien­do la impor­tan­cia rela­ti­va que tie­nen las «pre­dis­po­si­cio­nes racia­les», el cli­ma, la fer­ti­li­dad del sue­lo, etc., para el desa­rro­llo de la eco­no­mía y, más ade­lan­te, al estu­diar las con­di­cio­nes his­tó­ri­cas gene­ra­les del ori­gen de la eco­no­mía y de la pro­pie­dad, cita en pri­mer lugar al «con­quis­ta­dor que vive del tri­bu­to»7, es decir a la pri­me­ra for­ma esta­ble de explo­ta­ción de un pue­blo con­quis­ta­do que debe pagar un tri­bu­to a la poten­cia ocu­pan­te.

Cuan­do avan­za­ba en El Capi­tal, mili­ta­ba inten­sa­men­te en la Pri­me­ra Inter­na­cio­nal fun­da­da en 1864. F. Less­ner8 escri­bió cómo en 1865 Marx insis­tía en las reunio­nes del Con­se­jo Gene­ral sobre la deci­si­va impor­tan­cia de la inde­pen­den­cia de Polo­nia para impul­sar la polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria en Euro­pa. A fina­les de 1865 Marx escri­bió al menos dos car­tas a Engels denun­cian­do las bru­ta­li­da­des bri­tá­ni­cas al repri­mir la rebe­lión de los jor­na­le­ros y peque­ños cam­pe­si­nos de Jamai­ca, rela­cio­nan­do la opre­sión de Jamai­ca con la de Irlan­da9. En el mis­mo año de la publi­ca­ción del libro I, Marx le escri­bía a Engels sobre la opre­sión irlan­de­sa pre­gun­tán­do­se «¿qué acon­se­ja­re­mos noso­tros a los obre­ros ingle­ses?». La res­pues­ta fue: los obre­ros ingle­ses deben luchar por «la diso­lu­ción de la Unión» y los obre­ros irlan­de­ses deben crear: «1) Gobierno pro­pio e inde­pen­dien­te de Ingla­te­rra. 2) Una revo­lu­ción agra­ria. 3) Tari­fas adua­ne­ras pro­tec­cio­nis­tas con­tra Ingla­te­rra»10.

La opre­sión nacio­nal tan­to en Euro­pa como en los con­ti­nen­tes aplas­ta­dos por el saqueo colo­nial era una de las gran­des preo­cu­pa­cio­nes de Marx y Engels en su lar­ga mili­tan­cia 11, en los años de redac­ción de El Capi­tal y, pos­te­rior­men­te, has­ta poco antes de su muer­te. Los deba­tes en el movi­mien­to obre­ro euro­peo sobre la opre­sión de Polo­nia y la gue­rra civil nor­te­ame­ri­ca­na en la que se juga­ba, entre otras, la libe­ra­ción de la escla­vi­tud y, en el fon­do, el pro­ble­ma etno-nacio­nal y etno-cul­tu­ral múl­ti­ple que ello impli­ca­ba, esta­ban a flor de piel poco antes de fun­dar­se la Pri­me­ra Inter­na­cio­nal12, jus­to cuan­do Marx escri­bía los borra­do­res de El Capi­tal. En sus artícu­los, Marx sos­tie­ne, por ejem­plo, que no se pue­de per­mi­tir que «vein­te millo­nes de hom­bres libres» se dejen domi­nar por una oli­gar­quía de tres­cien­tos mil escla­vis­tas y que en reali­dad es un pro­ble­ma que ata­ñe a la «polí­ti­ca nacio­nal de la Unión»13. En otro artícu­lo sos­tie­ne que esa oli­gar­quía uti­li­za a los escla­vos para ava­sa­llar la inde­pen­den­cia de comu­ni­da­des libres que se rigen por leyes que toda­vía no están bajo el con­trol escla­vis­ta14.

La lógi­ca de la opre­sión nacio­nal apa­re­ce expues­ta en el caso irlan­dés nada menos que en las pági­nas dedi­ca­das a la deci­si­va «ley gene­ral de la acu­mu­la­ción del capi­tal»15, a la que vol­ve­re­mos por su impor­tan­cia. Y la com­ple­ji­dad de las dis­tin­tas for­mas de opre­sión etno-nacio­nal apa­re­ce en El Capi­tal en la refe­ren­cia direc­ta a las con­tra­dic­cio­nes de cla­se den­tro de la lucha nacio­nal esco­ce­sa: «Pero los bra­vos esco­ce­ses habrían de pagar toda­vía más cara aque­lla ido­la­tría román­ti­ca de mon­ta­ñe­ses por los “cau­di­llos” de sus cla­nes» que trai­cio­na­ron la inde­pen­den­cia de Esco­cia nego­cian­do con la indus­tria ingle­sa de la pes­ca, con lo que: «los esco­ce­ses fue­ron arro­ja­dos de sus casas por segun­da vez»16. Su crí­ti­ca a los «cau­di­llos» esco­ce­ses demues­tra el segui­mien­to per­ma­nen­te que hacía de las luchas de los pue­blos e indi­ca cómo siem­pre las ana­li­za­ba des­de sus con­tra­dic­cio­nes socia­les inter­nas: la ven­ta de los dere­chos nacio­na­les al inva­sor que hacían y hacen sus cla­ses pro­pie­ta­rias para man­te­ner sus pri­vi­le­gios aumen­tan­do sus pro­pie­da­des si fue­se posi­ble a cos­ta del empo­bre­ci­mien­to de sus con­na­cio­na­les.

Un estu­dio sin las gafas de plo­mo del dog­ma­tis­mo esta­ta­lis­ta per­mi­te des­cu­brir esa inquie­tud per­ma­nen­te por deba­jo de la for­ma exter­na de redac­ción. Hay par­tes en el libro I en el que la opre­sión nacio­nal es abier­ta­men­te per­cep­ti­ble, como en el capí­tu­lo XXV sobre la colo­ni­za­ción17 en el que se ana­li­za el pro­ce­so de expro­pia­ción de la tie­rra al pue­blo colo­ni­za­do para enri­que­cer a la metró­po­li capi­ta­lis­ta. De una for­ma sub­te­rrá­nea, la explo­ta­ción de los pue­blos está pre­sen­te en las seis medi­das prin­ci­pa­les que con­tra­rres­tan la tam­bién deci­si­va «ley de la ten­den­cia decre­cien­te de la cuo­ta de ganan­cia»18. Y si bucea­mos un poco más en las rela­cio­nes entre opre­sión nacio­nal, Esta­do, acu­mu­la­ción, legis­la­ción fabril, maqui­nis­mo, etcé­te­ra, des­de la vía de inves­ti­ga­ción abier­ta por Labi­ca19, des­cu­bri­re­mos argu­men­tos sub­te­rrá­neos peli­gro­sos para el capi­tal y el refor­mis­mo por­que mues­tran la opre­sión nacio­nal como par­te esen­cial de la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta.

Por lo que es com­pren­si­ble que, dada la agu­di­za­ción de la cri­sis estruc­tu­ral del Esta­do espa­ñol y el ahon­da­mien­to de sus pro­ble­mas nacio­na­les inter­nos, colec­ti­vos cata­la­nes, vas­cos y gale­gos quie­ran inde­pen­di­zar­se tam­bién teó­ri­ca­men­te hacien­do una lec­tu­ra polí­ti­ca no depen­dien­te de las ata­du­ras ideo­ló­gi­cas esta­ta­lis­tas. Esto tam­bién expli­ca que, si bien en las dis­cu­sio­nes ini­cia­les el capí­tu­lo ter­ce­ro del borra­dor lle­va­ba el títu­lo de «El Capi­tal, un libro que asus­ta al capi­tal», lue­go lo pre­ci­sa­re­mos más. Duran­te este reco­rri­do, en nues­tra par­ti­cu­lar espi­ral del cono­ci­mien­to, hemos com­pren­di­do que debe­mos ampliar el títu­lo, que aho­ra es: «El Capi­tal, un libro que asus­ta al capi­tal… y al refor­mis­mo». ¿Por qué?

Odio imperialista a El Capital

La razón es fácil de enten­der: El Capi­tal tam­bién asus­ta al refor­mis­mo por dos razo­nes; una, por­que demues­tra la inuti­li­dad reac­cio­na­ria de sus enso­ña­cio­nes; y, otra, por­que el refor­mis­mo de los Esta­dos opre­so­res de pue­blos asu­me la ideo­lo­gía nacio­na­lis­ta de la bur­gue­sía que opri­me a esos pue­blos. Para este refor­mis­mo nacio­nal­men­te opre­sor es inacep­ta­ble la lec­tu­ra polí­ti­ca de El Capi­tal por­que des­cu­bre que la opre­sión de pue­blos que ejer­ce su Esta­do es refor­za­da por la ideo­lo­gía nacio­na­lis­ta que el refor­mis­mo asu­me, con­vir­tién­do­se en agen­te legi­ti­ma­dor de la opre­sión nacio­nal. Inclu­so se lle­ga a casos en los que la lla­ma­da izquier­da del Esta­do nie­ga el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos tra­ba­ja­do­res que luchan por su inde­pen­den­cia de cla­se, socia­lis­ta. Para esta «izquier­da» la lec­tu­ra polí­ti­ca de El Capi­tal es inacep­ta­ble.

Marx insis­tió varias veces en la fina­li­dad polí­ti­co-prác­ti­ca de su obra. Antes de publi­car El Capi­tal, advir­tió que sus inves­ti­ga­cio­nes sin­te­ti­za­das en la Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca, de comien­zos de 1859, bus­ca­ban des­truir la influen­cia del socia­lis­mo proud­ho­niano en el movi­mien­to obre­ro, a la vez que expli­ca­ba a Wey­de­me­yer las «razo­nes polí­ti­cas» que jus­ti­fi­ca­ban retra­sar el ter­cer capí­tu­lo, pre­ci­sa­men­te «sobre “el capi­tal”»20. La lucha prác­ti­ca y polí­ti­ca con­tra el refor­mis­mo proud­ho­niano ya esta­ba pre­sen­te antes de este libro, como se com­prue­ba en el borra­dor de 1857–1858 o Grun­dris­se21.

Dejan­do por cono­ci­das otras decla­ra­cio­nes suyas al res­pec­to, como las car­ta a Klings de fina­les de 1864 y a Bec­ker de comien­zos de 1867 en las que habla de gol­pes y de misi­les con­tra la bur­gue­sía, sí es con­ve­nien­te recor­dar lo que res­pon­de a S. Meyer sobre por qué no le había con­tes­ta­do antes a su car­ta, Marx le expli­ca que ha dedi­ca­do su vida y su salud, y la de su fami­lia, a escri­bir el libro y aña­de: «Si uno resol­vie­ra ser un buey, podría, des­de lue­go, dar la espal­da a las ago­nías de la huma­ni­dad y mirar por su pro­pio pelle­jo»22.

Era muy cons­cien­te –tam­bién Engels– de que su obje­ti­vo revo­lu­cio­na­rio se enfren­ta­ba a muer­te con los de la bur­gue­sía, que pro­te­gía con mucho celo su domi­na­ción ideo­ló­gi­ca: «En eco­no­mía polí­ti­ca, la libre inves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca tie­ne que luchar con enemi­gos que otras cien­cias no cono­cen. El carác­ter espe­cial de la mate­ria inves­ti­ga­da levan­ta con­tra ella las pasio­nes más vio­len­tas, más mez­qui­nas y más repug­nan­tes que anidan en el pecho humano: las furias del inte­rés pri­va­do. La vene­ra­ble Igle­sia angli­ca­na, por ejem­plo, per­do­na de mejor gra­do que se nie­guen 38 de sus 39 artícu­los de fe que el que le pri­ven de un 139 de sus ingre­sos pecu­nia­rios»23. La Igle­sia angli­ca­na era una fuer­za polí­ti­ca deci­si­va en la legi­ti­ma­ción del colo­nia­lis­mo bri­tá­ni­co, por lo que los ata­ques a la Igle­sia enfu­re­cían a la cla­se domi­nan­te.

Marx y Engels eran muy cons­cien­tes, por tan­to, del odio que la bur­gue­sía sen­tía hacia ellos. En una car­ta a Marx de 11 de abril de 1867, Engels habla­ba de la «cana­lla lite­ra­ria, de cuyo odio con­cien­zu­do con­tra noso­tros tene­mos sobra­das prue­bas». En su corres­pon­den­cia de sep­tiem­bre de 1867 opi­nan sobre la posi­bi­li­dad de que El Capi­tal fue­ra prohi­bi­do en Pru­sia24 por su con­te­ni­do revo­lu­cio­na­rio. Engels sabía que El Capi­tal era el cen­tro de la dia­na de los ata­ques bur­gue­ses, fue­ran o no refor­mis­tas, con­tra el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio. En 1893, Engels escri­bió a Sor­ge sobre el refor­mis­mo de los fabia­nos bri­tá­ni­cos en sus tra­pi­cheos con los libe­ra­les, pero: «En medio de toda cla­se de basu­ra han hecho algu­nos bue­nos escri­tos de pro­pa­gan­da, en reali­dad lo mejor en su tipo es de los ingle­ses. Pero en cuan­to apli­can su tác­ti­ca espe­cí­fi­ca de ocul­tar la lucha de cla­ses, todo se tor­na podri­do. De aquí tam­bién su odio sec­ta­rio con­tra Marx y todos noso­tros: debi­do a la lucha de cla­ses»25. El odio sec­ta­rio no ha des­apa­re­ci­do en más de un siglo: recien­te­men­te ha vuel­to a ser gol­pea­da a mar­ti­lla­zos la tum­ba de Marx en Lon­dres26.

Por eso dedi­có en 1894 el Pró­lo­go del libro III a mos­trar, ade­más de la igno­ran­cia de Achi­lles Loria, sobre todo su fina­li­dad polí­ti­ca, ya que, como advir­tió Engels des­de el prin­ci­pio: «En nues­tra agi­ta­da épo­ca ocu­rre como en el siglo XVI: en las mate­rias rela­cio­na­das con los intere­ses públi­cos solo exis­ten teó­ri­cos puros en el cam­po de la reac­ción y eso es lo que expli­ca que estos seño­res no sean tam­po­co ver­da­de­ros teó­ri­cos, sino sim­ples apo­lo­gis­tas de la reac­ción»27.

Los «teó­ri­cos puros» no eran otra cosa que la encar­na­ción en cas­ta inte­lec­tual de la ideo­lo­gía abs­trac­ta que Marx cri­ti­ca­ra impla­ca­ble­men­te des­de sus ini­cios revo­lu­cio­na­rios y que deja­ría con­cre­ta­da en las Tesis sobre Feuer­bach. D. Har­vey sos­tie­ne que los inte­lec­tua­les bur­gue­ses, sean reac­cio­na­rios o refor­mis­tas, los eco­no­mis­tas libe­ra­les:

Odian las con­tra­dic­cio­nes. No enca­ja con su cos­mo­vi­sión. A los eco­no­mis­tas les encan­ta enfren­tar lo que lla­man pro­ble­mas, por­que los pro­ble­mas tie­nen solu­cio­nes. Las con­tra­dic­cio­nes no […] los eco­no­mis­tas no tie­nen idea de cómo enfren­tar estas con­tra­dic­cio­nes. Mien­tras tan­to Marx nos recuer­da que esta con­tra­dic­ción está en la natu­ra­le­za de la acu­mu­la­ción de capi­tal. Y esta con­tra­dic­ción pro­du­ce las cri­sis perió­di­cas, que cobran vidas y crean mise­ria. Estos tipos de fenó­me­nos deben ser abor­da­dos. Y la eco­no­mía tra­di­cio­nal ni siquie­ra tie­ne los ins­tru­men­tos teó­ri­cos que expli­quen las cri­sis28.

Vea­mos rápi­da­men­te tres razo­nes que expli­can ese odio de cla­se y esa inca­pa­ci­dad para estu­diar las con­tra­dic­cio­nes. La pri­me­ra, la que nos remi­te al con­te­ni­do revo­lu­cio­na­rio de la dia­léc­ti­ca, que: «Redu­ci­da a su for­ma racio­nal, pro­vo­ca la cóle­ra y es el azo­te de la bur­gue­sía y de sus por­ta­vo­ces ruti­na­rios, por­que en la inte­li­gen­cia y expli­ca­ción posi­ti­va de lo que exis­te abri­ga a la par la inte­li­gen­cia de su nega­ción, de su muer­te for­zo­sa; por­que, crí­ti­ca y revo­lu­cio­na­ria por esen­cia, enfo­ca todas las for­mas actua­les en pleno movi­mien­to, sin omi­tir, por tan­to, lo que tie­ne de pere­ce­de­ro y sin dejar­se inti­mi­dar por nada»29.

La segun­da, un año des­pués de la pri­me­ra edi­ción de El Capi­tal, Marx dice a Engels que «solo sus­ti­tu­yen­do los dog­mas en con­tro­ver­sia por los hechos en con­flic­to y las con­tra­dic­cio­nes reales que for­man su fun­da­men­to ocul­to, pode­mos trans­for­mar la eco­no­mía polí­ti­ca en una cien­cia posi­ti­va»30.

Y la ter­ce­ra, expli­can­do la opi­nión de Marx sobre la rara e impro­ba­ble posi­bi­li­dad de que la revo­lu­ción social fue­se pací­fi­ca al menos en Ingla­te­rra, Engels ter­mi­na insis­tien­do que Marx «cla­ro está que tam­po­co se olvi­da­ba nun­ca de aña­dir que no era de espe­rar que la cla­se domi­nan­te ingle­sa se some­tie­se a esta revo­lu­ción pací­fi­ca y legal sin una “pros­la­very rebe­llion”, sin una “rebe­lión proes­cla­vis­ta”»31. Ten­dre­mos que memo­ri­zar estas pala­bras por­que vol­ve­re­mos a ellas al final.

Recor­de­mos cómo Marx había adver­ti­do en 1867 de que la «vene­ra­ble» Igle­sia angli­ca­na no tole­ra­ría que se le expro­pia­se siquie­ra el 139 de sus rique­zas, y cuan­do vein­te años des­pués Engels ana­li­za la remo­ta posi­bi­li­dad de que el socia­lis­mo se ins­tau­ra­se pací­fi­ca­men­te –cues­tión a la que vol­ve­ría Lenin en 1917 – , de inme­dia­to nos recuer­da que Marx sos­te­nía «que no era de espe­rar» tal cosa, sino que lo más pro­ba­ble era que antes el capi­tal orga­ni­za­se una con­tra­rre­vo­lu­ción.

Ten­ga­mos en cuen­ta que estas refle­xio­nes sobre el odio de cla­se al mar­xis­mo, el poder reac­cio­na­rio de la Igle­sia y su imbri­ca­ción con el Esta­do, la con­tra­rre­vo­lu­ción, la crí­ti­ca radi­cal inhe­ren­te a la dia­léc­ti­ca, etcé­te­ra, son inter­nas a El Capi­tal, una de cuyas carac­te­rís­ti­cas con­sis­te en afir­mar que el pen­sa­mien­to supera los dog­mas solo median­te la lucha de con­tra­rios en el inte­rior de los «hechos en con­flic­to», que for­man el «fun­da­men­to ocul­to» de la reali­dad. Estas y otras decla­ra­cio­nes de Marx y Engels sobre la dia­léc­ti­ca han dado pie a deba­tes per­ma­nen­tes que, por la para­do­ja de la mis­ma iden­ti­dad de lucha de con­tra­rios del capi­ta­lis­mo, no se extin­gui­rá nun­ca por­que los deba­tes ideo­ló­gi­cos y teó­ri­cos, ade­más de ser siem­pre polí­ti­cos, res­pon­den en su auto­no­mía rela­ti­va a la obje­ti­vi­dad de la lucha de cla­ses como tota­li­dad. Para faci­li­tar una com­pren­sión plu­ral de los deba­tes, ofre­ce­mos algu­nos tex­tos32.

No pue­de negar­se que, vis­to lo vis­to, el méto­do de El Capi­tal es incon­ci­lia­ble con el méto­do vul­gar, for­ma­lis­ta, de la ideo­lo­gía bur­gue­sa. Enton­ces, la pre­gun­ta es: ¿qué carac­te­ri­za al mar­xis­mo para unir «cien­cia» y lucha de cla­ses dan­do como resul­ta­do una pra­xis que asus­ta al capi­tal y a sus sier­vos?

Antes de deta­llar más la res­pues­ta vea­mos varias pis­tas dadas por Engels y Marx. Una es muy cono­ci­da por­que fue dicha en el fune­ral de Marx en 1883: la cien­cia es una fuer­za revo­lu­cio­na­ria. La otra está extraí­da de una lar­ga car­ta de 1890 en la que des­pués de repa­sar suce­si­vos mitos y creen­cias, y los ini­cios de cono­ci­mien­to, dice que: «La his­to­ria de la cien­cia es la his­to­ria de la eli­mi­na­ción gra­dual de estos dis­pa­ra­tes o de su reem­pla­zo por nue­vos pero ya menos absur­dos dis­pa­ra­tes»33. La ter­ce­ra es de 1894, pero solo se entien­de des­de la que aca­ba­mos de pre­sen­tar, y dice así: «Tam­bién Marx come­tió erro­res de cálcu­lo y a pesar de ello tie­ne razón en lo fun­da­men­tal»34. Lo deci­si­vo es des­cu­brir el núcleo del pro­ble­ma, lo fun­da­men­tal, e ir agran­dán­do­lo aun­que se come­tan erro­res de cálcu­lo. Más ade­lan­te vol­ve­re­mos a esta cues­tión: los erro­res de Marx eran secun­da­rios y pasa­je­ros, sien­do prio­ri­ta­rio el méto­do en des­cu­brir la iden­ti­dad y con­ti­nui­dad del capi­ta­lis­mo.

Se ha cri­ti­ca­do a Engels por cier­ta into­xi­ca­ción posi­ti­vis­ta por estas y otras ideas, pero ade­más de que hay que con­tex­tua­li­zar siem­pre cual­quier deba­te, en el caso de Engels es nece­sa­rio recor­dar que a fina­les de 1891 afir­mó que:

Es impo­si­ble pres­cin­dir de Hegel […] lo prin­ci­pal es la doc­tri­na de la esen­cia: la solu­ción de las con­tra­dic­cio­nes abs­trac­tas en su pro­pia ines­ta­bi­li­dad, en que ape­nas uno se atie­ne a uno solo de los lados, este se trans­for­ma imper­cep­ti­ble­men­te en el otro, etc. […] Recuer­do cuán­to me preo­cu­pa­ba al prin­ci­pio esta mis­ma inse­pa­ra­bi­li­dad de iden­ti­dad y dife­ren­cia, si bien nun­ca pode­mos dar un paso sin tro­pe­zar con ella […] La dia­léc­ti­ca de Hegel está inver­ti­da por­que supo­ne ser el «auto­de­sa­rro­llo del pen­sa­mien­to», del cual la dia­léc­ti­ca de los hechos es por tan­to solo un refle­jo; mien­tras que en reali­dad la dia­léc­ti­ca de nues­tra cabe­za solo es un refle­jo del desa­rro­llo real que se cum­ple en el mun­do de la natu­ra­le­za y de la his­to­ria huma­na siguien­do for­mas dia­léc­ti­cas. […] Ahí tie­ne usted la cons­truc­ción abs­trac­ta, en las que las ideas más bri­llan­tes y las trans­mu­ta­cio­nes con fre­cuen­cia muy impor­tan­tes, como la de cali­dad en can­ti­dad y vice­ver­sa, son redu­ci­das al apa­ren­te auto­de­sa­rro­llo de un con­cep­to a par­tir de otro35.

Sobre este mis­mo asun­to, R. Pie­dra Aren­ci­bia expli­có que Engels se hubie­ra enfren­ta­do sin con­tem­pla­cio­nes a la dege­ne­ra­ción buro­crá­ti­ca de Sta­lin, en espe­cial sobre la minus­va­lo­ra­ción de la liber­tad huma­na y de la polí­ti­ca en la cien­cia, en el deve­nir social, etc., debi­do a la pre­emi­nen­cia de las fuer­zas pro­duc­ti­vas: «Engels, ante tal absur­da idea, for­mu­la­ba con iro­nía la pre­gun­ta retó­ri­ca: “¿Por qué lucha­mos pues por la dic­ta­du­ra polí­ti­ca del pro­le­ta­ria­do si el poder polí­ti­co es eco­nó­mi­ca­men­te impo­ten­te”? En ver­dad, inclu­so cuan­do escri­bía sobre los temas más “espe­cu­la­ti­vos” de la dia­léc­ti­ca natu­ral, “el pen­sa­mien­to de Engels siem­pre estu­vo ani­ma­do por un pro­gra­ma revo­lu­cio­na­rio, por un deseo de alcan­zar la eman­ci­pa­ción de toda la huma­ni­dad”»36.

Estas ideas refuer­zan y con­fir­man las de Marx des­de su juven­tud has­ta su vejez. En 1843 dijo: «Exi­gi­mos de la crí­ti­ca sobre todo que se com­por­te de mane­ra crí­ti­ca res­pec­to de sí mis­ma y que no pase por alto las difi­cul­ta­des de su obje­to»37. La crí­ti­ca exi­ge liber­tad de movi­mien­tos para demos­trar los lími­tes del cono­ci­mien­to, la impo­ten­cia del dog­ma­tis­mo, las ser­vi­dum­bres de la buro­cra­cia tec­no­cien­tí­fi­ca a la lógi­ca del bene­fi­cio capi­ta­lis­ta… Pero la crí­ti­ca mar­xis­ta tie­ne su éti­ca. El 1 de abril de 1865, en ple­na redac­ción de los manus­cri­tos de El Capi­tal, dejó escri­to el núcleo de su visión éti­ca en for­ma de res­pues­tas lacó­ni­cas a una entre­vis­ta, que esta­mos citan­do38, sobre la duda metó­di­ca, Espar­ta­co y Kepler. Marx no ocul­ta­ba su machis­mo: la debi­li­dad era su cua­li­dad más pre­fe­ri­da en las muje­res y la fuer­za en los hom­bres, mien­tras que la sen­ci­llez le era la más apre­cia­da en gene­ral. Pero asu­mía valo­res deci­si­vos: la uni­dad de obje­ti­vos, como ras­go carac­te­rís­ti­co; el ser­vi­lis­mo como defec­to más detes­ta­do, la lucha como ideal de feli­ci­dad, la sumi­sión como idea de des­gra­cia y la cre­du­li­dad como el defec­to que mejor tole­ra­ba; su máxi­ma favo­ri­ta: nada de lo humano me es ajeno; su color pre­fe­ri­do: el rojo; su pro­fe­ta pre­fe­ri­do: Esqui­lo, Sha­kes­pea­re, Goet­he; su pro­sis­ta pre­fe­ri­do: Dide­rot…

Este era el sis­te­ma de valo­res, nor­mas y mora­li­dad sobre la des­gra­cia de la sumi­sión, el ser­vi­lis­mo como defec­to detes­ta­ble, la lucha como ideal de feli­ci­dad, la soli­da­ri­dad huma­na como máxi­ma de vida… que regían su pra­xis vital, sus valo­res cen­tra­les. Sin ellos y sin la liber­tad que sos­tie­nen, el méto­do crí­ti­co, cien­tí­fi­co, no pue­de desa­rro­llar­se, se asfi­xia en la pará­li­sis impues­ta. En 1870 se deba­tía en algu­nos medios inte­lec­tua­les sobre el méto­do de Marx que había sor­pren­di­do por su efec­ti­vi­dad. Un crí­ti­co reco­no­ció que el autor de El Capi­tal se movía con «la más rara liber­tad» en el terreno empí­ri­co, méri­to que Marx atri­bu­yó al «méto­do dia­léc­ti­co»39.

Sin embar­go, el sis­te­ma tec­no­cien­tí­fi­co que ha cons­trui­do el capi­ta­lis­mo se basa, según A. Rush, en sie­te res­tric­cio­nes al libre movi­mien­to de la crí­ti­ca: 1) dis­gre­gar y sepa­rar las inves­ti­ga­cio­nes, rom­per la inte­gra­li­dad del pen­sa­mien­to, para supe­di­tar los avan­ces ais­la­dos a las nece­si­da­des del bene­fi­cio empre­sa­rial; 2) pri­va­ti­zar la cien­cia y exten­der el secre­to de inves­ti­ga­ción, de los resul­ta­dos; 3) pri­mar el indi­vi­dua­lis­mo y la desunión entre tra­ba­ja­do­res de la cien­cia en un con­tex­to de cre­cien­te des­em­pleo; 4) jerar­quía ver­ti­cal y empre­sa­rial entre la mino­ría diri­gen­te muy bien paga­da y el «“pro­le­ta­ria­do cien­tí­fi­co” y docen­te mal paga­do»; 5) espe­cia­li­za­ción en dis­ci­pli­nas dife­ren­cia­das para aumen­tar los bene­fi­cios y el con­trol social, com­ba­tien­do la visión teó­ri­ca; y 6) difu­sión del idea­lis­mo, del prag­ma­tis­mo, del post­mo­der­nis­mo en con­tra del mate­ria­lis­mo y la dia­léc­ti­ca40.

Ade­más, y sobre todo, esta maqui­na­ria tec­no­cien­tí­fi­ca está en fun­ción de garan­ti­zar la explo­ta­ción patriar­cal cons­tru­yen­do «men­ti­ras» cien­tí­fi­cas, como han demos­tra­do S. Gar­cía Dau­der y Eula­lia Pérez Sede­ño41 a lo lar­go de una impre­sio­nan­te inves­ti­ga­ción que debe ser estu­dia­da y divul­ga­da masi­va­men­te. Son muchos los obs­tácu­los que impi­den a la mujer que tra­ba­ja en la tec­no­cien­cia desa­rro­llar una crí­ti­ca radi­cal de sus raí­ces socia­les e his­tó­ri­cas pro­fun­das, muros de con­ten­ción que se bana­li­zan con el tópi­co de «techo de cris­tal» y que va más allá de la actual «trans­for­ma­ción neo­li­be­ral de la cien­cia»42. El poder cen­sor de las revis­tas pseu­do­cien­tí­fi­cas, «publi­ca­cio­nes pre­da­do­ras»43, refuer­za los intere­ses de la indus­tria far­ma­céu­ti­ca, inter­vie­nen en la com­pe­ten­cia entre ellas y las estruc­tu­ras de poder inter­nas a la explo­ta­ción asa­la­ria­da en la tec­no­cien­cia. El capi­tal far­ma­céu­ti­co tie­ne tan­to poder que logra que sea el Esta­do el que sufra­gue el 62% de los cos­tos de la inves­ti­ga­ción, que­dán­do­se la far­main­dus­tria con los bene­fi­cios: nue­ve de las diez empre­sas más finan­cia­das entre 2010 y 2016 son far­ma­céu­ti­cas44.

A pesar de todo esto, la cien­cia en su sen­ti­do radi­cal es una fuer­za revo­lu­cio­na­ria por­que, bien diri­gi­da, pue­de redu­cir el sufri­mien­to humano que tie­ne su raíz en la pro­pie­dad pri­va­da, demos­tran­do a dia­rio que, guia­da por el poder popu­lar, la cien­cia ace­le­ra­ría expo­nen­cial­men­te la libe­ra­ción huma­na. Pero en manos de la bur­gue­sía la cien­cia es una par­te del capi­tal cons­tan­te para inten­si­fi­car la acu­mu­la­ción amplia­da y, a la vez, debi­li­tar al movi­mien­to obre­ro. En esta con­tra­dic­ción entre el méto­do de pen­sa­mien­to cien­tí­fi­co-crí­ti­co y la tec­no­cien­cia capi­ta­lis­ta, las per­so­nas come­ten erro­res, pero a la lar­ga y aun­que muy tar­de muchas veces, la obje­ti­vi­dad de la pra­xis social vali­da de una for­ma u otra la «gota de ver­dad» que hay en esos «erro­res de cálcu­lo».

Pode­mos pasar aho­ra a tres res­pues­tas más deta­lla­das. Una con­sis­te en los cin­co pun­tos de R. Levins sobre cómo debe­ría ser la cien­cia, con espe­cial inte­rés en el pri­me­ro por­que engar­za direc­ta­men­te con lo dicho por Engels en 1894: «1) sería fran­ca­men­te par­ti­dis­ta. Pro­po­ne­mos la hipó­te­sis de que son erró­neas todas las teo­rías que pro­mue­van, jus­ti­fi­quen o tole­ren la injus­ti­cia. El error pue­de estar en los datos, en su inter­pre­ta­ción o en su apli­ca­ción, pero si inda­ga­mos lo que es erró­neo, ello nos con­du­ci­rá a la ver­dad». Los otros cua­tro pun­tos son: 2) la cien­cia sería demo­crá­ti­ca; 3) la cien­cia pros­pe­ra cuan­do se une a las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y «movi­mien­tos alter­na­ti­vos»; 4) la cien­cia tie­ne que ser dia­léc­ti­ca; y 5) la cien­cia tie­ne que ser auto­rre­fle­xi­va, que se auto­cri­ti­ca. Y Levins con­clu­ye: «Este es un pro­gra­ma que va en con­tra de las ten­den­cias pre­va­le­cien­tes en la cien­cia, la edu­ca­ción y la tec­no­lo­gía, no es solo un reto inte­lec­tual sino tam­bién uno de índo­le polí­ti­ca, que exi­ge de noso­tros resis­tir las pre­sio­nes del nue­vo orden del mun­do»45.

En otro tex­to, este mis­mo autor expo­ne la «pro­po­si­ción con­tra­dic­to­ria» que con­sis­te en reco­no­cer que, por un lado, exis­te la cien­cia en cuan­to méto­do de encon­trar «ver­da­des reales sobre el mun­do» y, por otro lado, la cien­cia como apa­ra­to de domi­na­ción impe­ria­lis­ta, seña­lan­do que «las con­tra­dic­cio­nes no se resuel­ven. Cier­ta­men­te no se pue­de esta­ble­cer un cons­truc­to ver­bal que eli­mi­ne esa con­tra­dic­ción, por­que en la vida las con­tra­dic­cio­nes no se resuel­ven con fór­mu­las inte­lec­tua­les. La solu­ción de la con­tra­dic­ción entre la cien­cia como cre­ci­mien­to del cono­ci­mien­to humano y la cien­cia como ideo­lo­gía de la opre­sión, solo se logra con la revo­lu­ción polí­ti­ca»46 y más ade­lan­te sos­tie­ne que las nacio­nes opri­mi­das que se inde­pen­di­zan nece­si­tan desa­rro­llar su pro­pia cien­cia: «hacer inno­va­cio­nes, ir en una direc­ción dife­ren­te en la orga­ni­za­ción social de la cien­cia, en la for­ma de resol­ver pro­ble­mas, en la meto­do­lo­gía que se emplea»47.

La segun­da nos la ofre­ce Zeleny al sin­te­ti­zar en cin­co pun­tos el méto­do de Marx: 1) cadu­ci­dad his­tó­ri­ca de todo lo exis­ten­te; 2) con­di­cio­na­mien­to recí­pro­co y recí­pro­ca pene­tra­ción de las cate­go­rías lógi­cas que no están ais­la­das ni fija­das; 3) rela­ti­vi­za­ción de la con­tra­po­si­ción de lo rela­ti­vo y lo abso­lu­to; 4) des­truc­ción de la vali­dez abso­lu­ta de deter­mi­na­das for­mas del pen­sa­mien­to pre­mar­xis­ta; y 5) cap­ta­ción de la depen­den­cia de las cate­go­rías y for­mas lógi­cas res­pec­to a las for­mas de exis­ten­cia de la socie­dad, en evo­lu­ción his­tó­ri­ca48. Y la ter­ce­ra es de Dus­sel tam­bién en otros cin­co pun­tos: 1) la crí­ti­ca de toda eco­no­mía; 2) el desa­rro­llo del con­cep­to de tra­ba­jo vivo y de tra­ba­jo obje­ti­va­do como capi­tal; 3) la cons­truc­ción de cate­go­rías nue­vas que sur­gen de las con­tra­dic­cio­nes; 4) la acla­ra­ción éti­ca de toda eco­no­mía posi­ble; y 5) la con­cien­cia del pro­le­ta­ria­do, su fun­ción prác­ti­co-polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria, obje­ti­va49.

Lo bási­co de este méto­do ya se insi­nua­ba en los tex­tos ini­cia­les de la déca­da de 1840 con una radi­ca­li­dad crí­ti­ca que afec­ta­ba no solo a las dis­qui­si­cio­nes epis­te­mo­ló­gi­cas de la bur­gue­sía sino inclu­so al con­cep­to de «ver­dad», a la onto­lo­gía, al cono­ci­mien­to de la reali­dad. En 1845 Engels dice que «la bur­gue­sía no debe decir la ver­dad, pues de otro modo pro­nun­cia­ría su pro­pia con­de­na»50. Acer­ta­ba de pleno por­que des­de la mitad de la déca­da de 1790 la bur­gue­sía bri­tá­ni­ca endu­re­ció la repre­sión con­tra quie­nes divul­ga­sen el con­te­ni­do crí­ti­co laten­te en la teo­ría de A. Smith, inclui­do el des­tie­rro a Aus­tra­lia51. El capi­ta­lis­mo bri­tá­ni­co tenía páni­co al con­ta­gio de la revo­lu­ción bur­gue­sa fran­ce­sa de 1789 y toma­ba medi­das para pro­te­ger­se; com­pren­día que la teo­ría del valor de A. Smith, pese a sus lími­tes de cla­se, podría ayu­dar a la radi­ca­li­za­ción social52 y, por tan­to, debía prohi­bir el cono­ci­mien­to de su poten­cial crí­ti­co laten­te. Según N. David­son:

La bur­gue­sía iba adqui­rien­do expe­rien­cia en la ocul­ta­ción de hue­llas y en dis­traer la aten­ción des­vián­do­la hacia ras­tros fal­sos, al menos allí don­de ya domi­na­ba el capi­ta­lis­mo, rees­cri­bien­do la his­to­ria de su pro­pio ascen­so revo­lu­cio­na­rio al poder de for­ma que cada momen­to con­cre­to pare­cie­ra una revo­lu­ción polí­ti­ca más que social. Con otras pala­bras, en la épo­ca en que Marx y Engels comen­za­ron a estu­diar la cues­tión, el pen­sa­mien­to bur­gués había comen­za­do a rein­ter­pre­tar las gran­des revo­lu­cio­nes en tér­mi­nos que daban énfa­sis a la «liber­tad» o a la con­se­cu­ción de un gobierno cons­ti­tu­cio­nal, que a la «pro­pie­dad» o a la eli­mi­na­ción de tra­bas para el esta­ble­ci­mien­to de un nue­vo orden eco­nó­mi­co53.

Las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas con visos de triun­fo se ini­cia­ron a la par de la lla­ma­da «revo­lu­ción cien­tí­fi­ca» en la que muchas per­so­nas tuvie­ron que enfren­tar­se al terror inqui­si­to­rial, sien­do ase­si­na­das bas­tan­tes de ellas tras tor­men­tos rea­li­za­dos en nom­bre del dios cató­li­co, y sufrien­do otras más seve­ras medi­das repre­si­vas. Por ejem­plo, Kepler, admi­ra­do por Marx como vere­mos, podría ser defi­ni­do aho­ra como «mili­tan­te» por la liber­tad cien­tí­fi­ca y social, tenien­do que supe­rar duras situa­cio­nes que hubie­ran des­ani­ma­do a cual­quie­ra, lo que crea «vene­ra­ción, por la per­so­na­li­dad, la per­se­ve­ran­cia y el talen­to de Kepler»54. J. D. Ber­nal par­te del prin­ci­pio según el cual: «No exis­te rama de la acti­vi­dad huma­na que depen­da más del man­te­ni­mien­to de la liber­tad que la cien­cia. Para otras ocu­pa­cio­nes, la liber­tad es una ven­ta­ja; para la cien­cia, es una nece­si­dad indis­pen­sa­ble»55. El autor avan­za a la demos­tra­ción his­tó­ri­ca:

La crea­ción de la cien­cia, tal como la cono­ce­mos aho­ra, es obra del Rena­ci­mien­to y coin­ci­de con el momen­to en que se rom­pen las liga­du­ras de las res­tric­cio­nes cle­ri­ca­les y feu­da­les en todas las esfe­ras. Los cam­peo­nes de la nue­va cien­cia –Bruno, Ser­vet, Gali­leo– fue­ron tam­bién refor­ma­do­res socia­les y reli­gio­sos. La lucha por la liber­tad inte­lec­tual era tan polí­ti­ca como cien­tí­fi­ca»56, y tam­bién éti­ca, aña­di­mos noso­tros: «Es exac­to, por otra par­te, que Gali­leo no fue tor­tu­ra­do, sola­men­te le fue­ron mos­tra­dos los ins­tru­men­tos de tor­tu­ra»57.

Aun­que Gali­leo clau­di­có, sin embar­go siguió hacien­do cien­cia en una espe­cie de «clan­des­ti­ni­dad inte­lec­tual» tan fre­cuen­te en muchas per­so­nas que, bajo regí­me­nes de terror, pro­si­guen con su titá­ni­co esfuer­zo. Aque­lla cien­cia ini­cial anun­cia­ba a pesar de sus limi­ta­cio­nes y depen­den­cias, una nue­va pra­xis de la liber­tad que ha lle­ga­do a ser anta­gó­ni­ca con el capi­ta­lis­mo. Duran­te esta resis­ten­cia, el movi­mien­to radi­cal demos­tró con luchas con­cre­tas los efec­tos nega­ti­vos que aca­rrea «el con­trol de la cien­cia por el capi­ta­lis­mo […] En cada uno de los casos, quie­nes saca­ban par­ti­do de la cien­cia eran los ricos y, a menu­do, eran los pobres y opri­mi­dos o los paí­ses del Ter­cer Mun­do los que lo sufrían como con­se­cuen­cia»58. Debe­mos leer a Lina Rosen­baum cuan­do nos con­vo­ca a resis­tir los inten­tos de la Admi­nis­tra­ción Trump orien­ta­dos hacia «supre­sión de la cien­cia»59 y su suplan­ta­ción por idea­lis­mos, por creen­cias eso­té­ri­cas y mis­té­ri­cas, por exo­tis­mos reli­gio­sos… por­que, como ase­gu­ra Emily Hol­den, la polí­ti­ca de Trump está ganan­do la bata­lla a la cien­cia60.

En la invo­lu­ción reac­cio­na­ria y anti­cien­tí­fi­ca del pen­sa­mien­to bur­gués, la dia­léc­ti­ca refor­za­da con El Capi­tal –cuyo méto­do es anta­gó­ni­co al de la «cien­cia enaje­na­da»61– mues­tra que la auto­no­mía real de la cien­cia siem­pre tie­ne, pese a todo, un ancla­je en la lucha de cla­ses. Este imbri­ca­ción con la tota­li­dad de las con­tra­dic­cio­nes del sis­te­ma es más o menos direc­ta o indi­rec­ta según qué con­tra­dic­cio­nes sean, pero siem­pre exis­te. Tal depen­den­cia hacia la mate­ria­li­dad siem­pre en movi­mien­to de lo obje­ti­vo des­tro­za todo dog­ma­tis­mo, toda quie­tud y toda excu­sa de neu­tra­li­dad cíni­ca­men­te a‑política.

E. Renault lo expli­ca así: «la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca no admi­te ni méto­dos pre­de­ter­mi­na­dos […] ni esque­ma teó­ri­co orga­ni­za­ti­vo […] sino que recu­rre a dife­ren­tes ope­ra­do­res lógi­cos y crí­ti­cos exi­gi­dos por el desa­rro­llo de su inves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca y por la bús­que­da de sus obje­ti­vos polí­ti­cos»62. Si lee­mos a Marx y Engels con aprio­ris­mos pre­de­ter­mi­na­dos no com­pren­de­re­mos por qué en el libro I de El Capi­tal la «polí­ti­ca» está ape­nas pre­sen­te y por qué tene­mos que leer­lo como par­te de la tota­li­dad. Aun así, en el libro I toma­do en ais­la­do la polí­ti­ca está pre­sen­te en su sen­ti­do mar­xis­ta, Según F. Jame­son:

Pero la fuer­za y el logro cons­truc­cio­nal de El Capi­tal con­sis­ten pre­ci­sa­men­te en evi­den­ciar que las «injus­ti­cias y desigual­da­des» for­man par­te estruc­tu­ral de este sis­te­ma total, con lo cual nun­ca pue­den ser refor­ma­das. En un sis­te­ma en el que lo eco­nó­mi­co y lo polí­ti­co se han fusio­na­do, las tác­ti­cas tales como las que se imple­men­tan en la regu­la­ción guber­na­men­tal son meras cons­truc­cio­nes ver­ba­les y retó­ri­ca ideo­ló­gi­ca, pues­to que por defi­ni­ción su fun­ción y pro­pó­si­to con­sis­ten en ayu­dar a que el sis­te­ma fun­cio­ne mejor. El argu­men­to en favor de la regu­la­ción es un argu­men­to en favor de un con­trol más efi­cien­te del sis­te­ma eco­nó­mi­co, con el obje­to de pre­ve­nir o evi­tar su colap­so. Tal como lo anun­ció hace mucho tiem­po Stan­ley Aro­no­witz, la voca­ción de la social­de­mo­cra­cia, como opues­ta a una diver­si­dad de par­ti­dos fac­cio­sos, con­sis­te en tener siem­pre pre­sen­tes los intere­ses tota­les del capi­ta­lis­mo y man­te­ner su fun­cio­na­mien­to gene­ral63.

Si el libro I es el menos «polí­ti­co» de los tres, ello es debi­do a la lógi­ca del méto­do emplea­do que exi­ge avan­zar en el inte­rior del pro­ble­ma, en este caso el capi­ta­lis­mo, siem­pre al rit­mo del movi­mien­to de sus con­tra­dic­cio­nes, empe­zan­do por la for­ma inme­dia­ta­men­te per­cep­ti­ble, la mer­can­cía, para pene­trar en sus pro­fun­di­da­des. Como expli­ca, W. F. Haug, el méto­do cien­tí­fi­co mar­xis­ta debe pro­ce­der en la mis­ma direc­ción que el pro­ce­so que inves­ti­ga; nun­ca espe­rar a que este haya con­clui­do para pen­sar­lo a pos­te­rio­ri, sino en la mis­ma diná­mi­ca inter­na. Este autor sos­tie­ne que en la dia­léc­ti­ca mar­xis­ta hay dos com­po­nen­tes uni­dos, el obje­ti­vo que se desa­rro­lla en la «recons­truc­ción gené­ti­ca» del pro­ce­so que se inves­ti­ga en su mis­mo desa­rro­llo, y el sub­je­ti­vo, que no es otro que la «filo­so­fía prác­ti­ca del mar­xis­mo», de modo que las luchas socia­les y polí­ti­cas como la for­ma de vivir la vida for­man una uni­dad que nos remi­te al «arte de vivir»64, que con­sis­te en la capa­ci­dad de impul­sar las ten­den­cias revo­lu­cio­na­rias que exis­ten en la uni­dad y lucha de con­tra­rios.

El «arte de vivir» es cen­tral en la visión mar­xis­ta, sig­ni­fi­ca lo mis­mo que la «filo­so­fía de la pra­xis» tan bien des­cri­ta por Sán­chez Váz­quez que sin­te­ti­za­mos en esta fra­se: «la prác­ti­ca como fin de la teo­ría»65, y a la que vol­ve­re­mos al final de este tex­to cuan­do nos enfren­te­mos a la reali­dad obje­ti­va de las vio­len­cias, en plu­ral. La prio­ri­dad últi­ma y defi­ni­ti­va de la prác­ti­ca sobre la teo­ría es incues­tio­na­ble en el mar­xis­mo por­que la lec­ción de la his­to­ria mues­tra que el refor­mis­mo, el uto­pis­mo y el teo­ri­cis­mo se sus­ten­tan en el des­pre­cio de la prác­ti­ca. Como vere­mos al final, las apor­ta­cio­nes de Sán­chez Váz­quez cuan­do pro­fun­di­za has­ta la cul­tu­ra grie­ga clá­si­ca para expli­car la prio­ri­dad de la prác­ti­ca66 como garan­tía últi­ma de la obje­ti­vi­dad, nega­da de una u otra for­ma por el teo­ri­cis­mo, el uto­pis­mo y el refor­mis­mo. Esto nos lle­va al mis­mo con­cep­to mate­ria­lis­ta de la dia­léc­ti­ca des­de sus orí­ge­nes en la filo­so­fía, cues­tión vital para el mar­xis­mo y para la vida y la liber­tad huma­na, como vere­mos al con­cluir este tex­to.

Una de las acep­cio­nes del ini­cial tér­mino de dia­léc­ti­ca en la filo­so­fía pre­so­crá­ti­ca era la de liber­tad, opción en momen­tos crí­ti­cos, acción común, de lucha, etc., en momen­tos de cri­sis extre­ma, cuan­do la incer­ti­dum­bre sur­ge por­que el cho­que de con­tra­rios aún no ha cerra­do todas las opcio­nes, impo­nien­do solo una. Lo enten­de­mos mejor leyen­do la pre­gun­ta que se hace V. Fay y la res­pues­ta que él mis­mo ofre­ce:

¿Es que el pro­pio Marx ha con­si­de­ra­do como inva­ria­bles y rígi­das las leyes eco­nó­mi­cas? Por el con­tra­rio, Marx siem­pre sub­ra­yó su carác­ter rela­ti­vo, defi­nién­do­las como leyes «ten­den­cia­les» de alcan­ce limi­ta­do […] Algu­nos dog­má­ti­cos que se dicen segui­do­res de Marx olvi­dan fácil­men­te que, para él, no exis­ten leyes abso­lu­tas, como tam­po­co exis­te cer­ti­dum­bre abso­lu­ta de la auto­des­truc­ción del capi­ta­lis­mo67.

El auto­ma­tis­mo meca­ni­cis­ta de algu­nas izquier­das y del refor­mis­mo bus­can ampa­ro en la creen­cia deter­mi­nis­ta de que el capi­ta­lis­mo ni siquie­ra implo­sio­na­rá por sus con­tra­dic­cio­nes, sino que fene­ce­rá en una senec­tud pací­fi­ca dan­do paso al socia­lis­mo sin vio­len­cia algu­na. A lo sumo se podía ace­le­rar su enve­je­ci­mien­to median­te refor­mas pau­la­ti­nas más o menos sua­ves. Pero no exis­te la cer­ti­dum­bre abso­lu­ta de la auto­des­truc­ción del capi­ta­lis­mo. La incer­ti­dum­bre rela­ti­va sobre el resul­ta­do últi­mo de la pra­xis es con­sus­tan­cial al mar­xis­mo y se expre­sa en la divi­sa pre­fe­ri­da de Marx: De ómni­bus dubi­tan­dum68 (Hay que dudar de todo), lo que nos lle­va al con­cep­to de «ver­dad» –dia­léc­ti­ca entre lo con­cre­to, lo obje­ti­vo, lo rela­ti­vo y lo abso­lu­to – , que no pode­mos desa­rro­llar aho­ra. Lo fun­da­men­tal es que este deba­te solo se resuel­ve, en últi­ma ins­tan­cia, median­te la prác­ti­ca social. La pra­xis inci­de en la múl­ti­ple inter­ac­ción entre lo rela­ti­vo y lo abso­lu­to que se libra en la pug­na entre cer­ti­dum­bre e incer­ti­dum­bre, en don­de la casua­li­dad, el azar, la con­tin­gen­cia… inter­vie­nen inclu­so deci­si­va­men­te a cor­to pla­zo:

Des­de lue­go, sería muy cómo­do hacer la his­to­ria uni­ver­sal si la lucha se pudie­ra empren­der solo en con­di­cio­nes infa­li­ble­men­te favo­ra­bles. De otra par­te, la his­to­ria ten­dría un carác­ter muy mís­ti­co si las «casua­li­da­des» no desem­pe­ña­ran nin­gún papel. Como es natu­ral, las casua­li­da­des for­man par­te del cur­so gene­ral del desa­rro­llo y son com­pen­sa­das por otras casua­li­da­des. Pero la ace­le­ra­ción o la len­ti­tud del desa­rro­llo depen­den en gra­do con­si­de­ra­ble de esas «casua­li­da­des», entre las que figu­ra el carác­ter de los hom­bres que enca­be­zan el movi­mien­to al ini­ciar­se este69.

Lle­ga­mos así al sem­pi­terno mis­te­rio de la nece­si­dad, el deter­mi­nis­mo, la cau­sa­li­dad y la liber­tad, tam­bién del inde­ter­mi­nis­mo, la incer­te­za, el azar, la casua­li­dad… cate­go­rías que luchan entre sí por­que lo hacen sus anta­gó­ni­cas con­cep­cio­nes éti­co-polí­ti­cas. Según El Capi­tal va desen­vol­vien­do en un pro­ce­so que no tie­ne fin la made­ja de la pro­duc­ción, de la cir­cu­la­ción y de la cri­sis, y con­for­me ese avan­ce teó­ri­co se sos­tie­ne en y es refor­za­do por otros tex­tos simul­tá­neos que des­tri­pan la polí­ti­ca feroz y san­grien­ta de la bur­gue­sía, en este via­je a los hor­nos pro­fun­dos del capi­tal vamos des­cu­brien­do cómo el mis­te­rio de la liber­tad –y el del mal: mys­te­rium iniqui­ta­tis– se resuel­ve median­te la lucha de cla­ses. El mal, la iniqui­dad, no es un mis­te­rio inso­lu­ble sino de pra­xis revo­lu­cio­na­ria. De la mis­ma for­ma en que es la lucha polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria la que resuel­ve en la prác­ti­ca la con­tra­dic­ción entre la cien­cia como medio de liber­tad y la cien­cia impe­ria­lis­ta, tam­bién es la lucha polí­ti­ca la que resuel­ve en defi­ni­ti­va el pro­ble­ma del mal.

Los jui­cios de valor sobre lo «bueno», los nor­ma­ti­vos sobre lo «jus­to» y los mora­les sobre el «deber», así como el recha­zo o la acep­ta­ción del feti­chis­mo de la mer­can­cía, son par­te acti­va en la lucha a favor o con­tra el comu­nis­mo70. No pode­mos exten­der­nos aho­ra en las dife­ren­cias y simi­li­tu­des entre la evo­lu­ción de la éti­ca y de la moral, con sus jui­cios sobre lo «bueno», lo «jus­to», el «deber», etc., y el sur­gi­mien­to y evo­lu­ción de la cate­go­ría valor, del dine­ro, de la mer­can­cía y del valor de cam­bio. El mate­ria­lis­mo his­tó­ri­co se fue crean­do median­te la lucha con­tra la explo­ta­ción y con­tra la éti­ca de la explo­ta­ción, y simul­tá­nea­men­te ela­bo­ra­ba la crí­ti­ca teó­ri­ca del valor, que es cen­tral por­que se preo­cu­pa de las rela­cio­nes que las per­so­nas esta­ble­cen entre ellas mis­mas, o sea las rela­cio­nes entre las cla­ses anta­gó­ni­cas, que son las fun­da­men­ta­les mien­tras que no lo son las rela­cio­nes téc­ni­cas o las medi­das de eco­no­mía de medios. Marx tam­po­co se preo­cu­pa en hacer una «teo­ría de los pre­cios», etc., no bus­có estos obje­ti­vos por­que:

Marx fue un cien­tí­fi­co social crí­ti­co cuyo tra­ba­jo reba­sa y recha­za las barre­ras que sepa­ran a las dis­ci­pli­nas aca­dé­mi­cas. Las cues­tio­nes cru­cia­les para Marx con­cier­nen a la estruc­tu­ra inter­na y a las fuen­tes de esta­bi­li­dad y cri­sis del capi­ta­lis­mo, y a cómo el deseo de cam­biar­las pue­de desa­rro­llar­se en for­ma de una acti­vi­dad (revo­lu­cio­na­ria) trans­for­ma­ti­va exi­to­sa. Estas cues­tio­nes con­ti­núan sien­do váli­das en el siglo XXI71.

Vere­mos al final del pre­sen­te tex­to cómo las cues­tio­nes que plan­tea­ron Marx y Engels son más cru­cia­les aho­ra que a fina­les del siglo XIX. Pre­ci­sa­men­te es esto lo que con­fir­ma que El Capi­tal es lo que se deno­mi­na «pra­xeo­lo­gía» –«Ni teo­ría pura, pues, ni mero pro­gra­ma polí­ti­co»72 – , espi­ral inaca­ba­ble de la prác­ti­ca que se pien­sa crí­ti­ca­men­te así mis­ma en su auto­de­sa­rro­llo. Des­de esta visión, El Capi­tal es una obra-pro­ce­so que nie­ga la lógi­ca for­mal en algo bási­co: no tie­ne «fin», o mejor, su «fin» solo lle­ga­rá con el final del capi­ta­lis­mo. Esto es lo que apre­cia posi­ti­va­men­te Engels en su comen­ta­rio sobre Wer­ner Som­bart: «Es la pri­me­ra vez que un pro­fe­sor uni­ver­si­ta­rio ale­mán con­si­gue ver en las obras de Marx, en gene­ral, lo que Marx real­men­te dijo; la pri­me­ra vez que decla­ra que la crí­ti­ca del sis­te­ma mar­xis­ta no pue­de con­sis­tir en refu­tar­lo –esto es “bueno para el arri­bis­mo polí­ti­co” – , sino solo en desa­rro­llar­lo para supe­rar­lo»73. Si bien Engels recal­ca las debi­li­da­des de las tesis de Som­bart y sos­tie­ne que Marx habría deta­lla­do más sus ideas si hubie­se teni­do tiem­po.

En un apén­di­ce a este Com­ple­men­to al pró­lo­go escri­to en 1895, poco antes de su muer­te, Engels seguía desa­rro­llan­do El Capi­tal en un arti­cu­li­to de inne­ga­ble actua­li­dad –La Bol­sa– en el que sigue la expan­sión del capi­tal-dine­ro, en con­cre­to la Bol­sa que en 1865 era un «ele­men­to secun­da­rio» y que, tres déca­das des­pués:

[…] tien­de a con­cen­trar toda la pro­duc­ción, tan­to la indus­trial como la agrí­co­la, y todo el comer­cio, lo mis­mo los medios de comu­ni­ca­ción que la fun­ción del cam­bio, en manos de los ele­men­tos bur­sá­ti­les. Hacien­do de la Bol­sa la repre­sen­tan­te más des­ta­ca­da de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta […] Ade­más, la colo­ni­za­ción. Esta es, hoy, una sim­ple sucur­sal de la Bol­sa al ser­vi­cio de la cual las poten­cias euro­peas se han repar­ti­do Áfri­ca hace un par de años y los fran­ce­ses han con­quis­ta­do Túnez y Ton­kín. Áfri­ca, arren­da­da direc­ta­men­te a com­pa­ñías (Níger, Sud-áfri­ca, el Áfri­ca ale­ma­na del Sud­oes­te y del Este) y Mas­cho­na­landNatad­land ocu­pa­das por la Bol­sa de Rodas74.

En La Bol­sa, Engels repa­sa el desa­rro­llo capi­ta­lis­ta en el últi­mo ter­cio del siglo XIX, con­fir­man­do la valía del méto­do interno de El Capi­tal, sien­do en sí una par­te más de esta obra por­que avan­za en el inte­rior de la agu­di­za­ción de las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo. De hecho, ade­lan­ta con­te­ni­dos bási­cos del deba­te sobre el impe­ria­lis­mo que comen­za­ría con Hob­son en 1902. Nece­si­ta­ría­mos varias pági­nas para mos­trar cómo se pre­sen­tan en 2019 los sie­te apar­ta­dos muy sin­té­ti­ca­men­te resu­mi­dos por Engels, de los cua­les solo hemos trans­cri­to el sép­ti­mo y últi­mo, dada su sobre­co­ge­do­ra vigen­cia. La omni­po­ten­cia de la Bol­sa en la actua­li­dad se ha vis­to con­fir­ma­da por el neo-colo­nia­lis­mo sobre una Gre­cia for­mal­men­te inde­pen­dien­te75 pero saquea­da por la Bol­sa euro­ale­ma­na. H. Hou­ben ha apor­ta­do una exce­len­te inves­ti­ga­ción sobre las trans­for­ma­cio­nes del capi­tal finan­cie­ro a lo lar­go de la his­to­ria capi­ta­lis­ta, demos­tran­do que, a pesar de la finan­cia­ri­za­ción, sigue sien­do el mis­mo modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta76.

Crítica del valor y socialismo

El Capi­tal se sus­ten­ta en la teo­ría del valor que es incom­pren­si­ble sin la teo­ría del feti­chis­mo, como ha demos­tra­do Nés­tor Kohan, espe­cial­men­te en la dimen­sión cuan­ti­ta­ti­va-cua­li­ta­ti­va del valor, ya que el deci­si­vo lado cua­li­ta­ti­vo des­cu­bre la «cosi­fi­ca­ción, enaje­na­ción y reifi­ca­ción de las rela­cio­nes socia­les ori­gi­na­das en un tipo de socia­li­dad indi­rec­ta del tra­ba­jo humano glo­bal media­do por el inter­cam­bio de mer­ca­do y el equi­va­len­te gene­ral»77. Sobre este poder feti­chi­zan­te de la dimen­sión cua­li­ta­ti­va del valor se levan­tan de inme­dia­to las rela­cio­nes de poder opre­si­vo que con­tro­la la lucha de cla­ses den­tro de los pará­me­tros impues­tos por el Esta­do del capi­tal, que diri­ge la «vio­len­cia como poten­cia eco­nó­mi­ca»78 hacia la inhu­ma­ni­dad de la acu­mu­la­ción amplia­da del capi­tal, etcé­te­ra. Más aún, la dimen­sión cua­li­ta­ti­va del valor nos des­cu­bre tam­bién una de las cau­sas socia­les del refor­mis­mo y de las «meta­fí­si­cas “post”», de Berns­tein a Hollo­way, de Alt­hus­ser al euro­co­mu­nis­mo79.

La teo­ría del valor y la teo­ría del feti­chis­mo tie­nen un inne­ga­ble con­te­ni­do polí­ti­co en el que nos exten­de­re­mos lue­go, pero aho­ra sí nece­si­ta­mos seguir recu­rrien­do a N. Kohan para com­ple­tar este tema:

Todas las cate­go­rías de la eco­no­mía polí­ti­ca, como cien­cia social, son rela­cio­nes. La teo­ría de Marx demues­tra que son con­si­de­ra­das «cosas» por el pro­ce­so feti­chis­ta que se expli­ca a su vez por sus raí­ces socia­les y obje­ti­vas. Para no caer en el feti­chis­mo, y por lo tan­to en la ahis­to­ri­ci­dad, Marx nece­si­ta cons­truir polí­ti­ca­men­te una nue­va lógi­ca de rela­cio­nes (apo­yán­do­se en la tra­di­ción rela­cio­nal dia­léc­ti­ca de Herá­cli­to y Hegel), dis­tin­ta de la lógi­ca sus­tan­cial atri­bu­ti­va aris­to­té­li­co-leib­ni­zia­na («cosa»-característica de esta «cosa»; es decir: suje­to-pre­di­ca­do)80.

Debe­mos saber que: «El con­cep­to de valor en Marx es el más con­tro­ver­ti­do de todo su pen­sa­mien­to»81, por­que, como expli­ca A. Jap­pe: «La crí­ti­ca del valor ha roto radi­cal­men­te con la dico­to­mía entre base y super­es­truc­tu­ra; no en nom­bre de una supues­ta “plu­ra­li­dad” de fac­to­res, sino apo­yán­do­se en la crí­ti­ca mar­xia­na del feti­chis­mo. El feti­chis­mo de la mer­can­cía no es una fal­sa con­cien­cia, una mis­ti­fi­ca­ción, sino una for­ma de exis­ten­cia social total, que se sitúa por enci­ma de toda sepa­ra­ción entre repro­duc­ción mate­rial y fac­to­res men­ta­les por­que deter­mi­na las pro­pias for­mas de pen­sar y de actuar. Com­par­te estos ras­gos con otras for­mas de feti­chis­mo, tal como la con­cien­cia reli­gio­sa. Podría por eso ser carac­te­ri­za­do como un a prio­ri; que, sin embar­go, no es onto­ló­gi­co, como en Kant, sino his­tó­ri­co y suje­to a la evo­lu­ción. Esta inda­ga­ción sobre los códi­gos gene­ra­les de cada épo­ca his­tó­ri­ca sal­va­guar­da al mis­mo tiem­po, con­tra la frag­men­ta­ción intro­du­ci­da por el enfo­que poses­truc­tu­ra­lis­ta y pos­mo­derno, una pers­pec­ti­va uni­ta­ria»82.

En otro tex­to, Jap­pe dice:

el valor, inclu­so en la for­ma que pare­ce más inocen­te –a saber, «vein­te metros de tela tie­nen el valor de un tra­je» – , es ya la cau­sa y la con­se­cuen­cia de una for­ma­ción social en la que los hom­bres no regu­lan cons­cien­te­men­te sus rela­cio­nes de pro­duc­ción […] Allí don­de este inter­cam­bio no está media­ti­za­do por la acti­vi­dad social cons­cien­te, sino por el auto­mo­vi­mien­to del valor, es nece­sa­rio hablar de una alie­na­ción del víncu­lo social. El valor mis­mo, en la for­ma visi­ble del dine­ro, se ha con­ver­ti­do en una for­ma social de orga­ni­za­ción; sus leyes se han trans­for­ma­do en las leyes de la media­ción social.

Y A. Jap­pe cita al Marx de los Gru­dris­se: «El dine­ro mis­mo es la comu­ni­dad y no pue­de sopor­tar otra supe­rior a él»83.

Que la huma­ni­dad tome en sus manos cons­cien­tes y libres su pro­pio des­tino exi­ge por tan­to des­truir la «comu­ni­dad del dine­ro», des­truir el valor por­que va «con­tra la comu­ni­dad huma­na [… (Por­que)…] la vida social mis­ma se vuel­ve abs­trac­ta»84. La crí­ti­ca mar­xis­ta del capi­ta­lis­mo expli­ca que exis­te una «impo­si­bi­li­dad obje­ti­va» de resol­ver la con­tra­dic­ción entre la natu­ra­le­za social del tra­ba­jo y la apro­pia­ción pri­va­da de su pro­duc­to que se expre­sa en la for­ma ele­men­tal del valor, con­tra­dic­ción irre­so­lu­ble, una anti­no­mia, asu­mi­da como tal por el mar­xis­mo, lo que expli­ca que «El úni­co méto­do real de reso­lu­ción de esta anti­no­mia es una revo­lu­ción socia­lis­ta, eli­mi­nan­do la natu­ra­le­za pri­va­da de la apro­pia­ción del pro­duc­to del tra­ba­jo social, la apro­pia­ción median­te el mer­ca­do de mer­can­cías»85. Es el pro­pio autor, E. V. Ilyen­kov, el que remar­ca con letra negri­lla esta deci­si­va cita. Este autor no duda en lla­mar «rebe­lión mar­xis­ta» a su crí­ti­ca de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta, expre­sa­da así en tér­mi­nos filo­só­fi­cos:

En la teo­ría de Marx, no solo la sus­tan­cia del valor, el tra­ba­jo, fue enten­di­da (Ricar­do tam­bién alcan­zó este enten­di­mien­to); sino que, por pri­me­ra vez, el valor fue simul­tá­nea­men­te enten­di­do como el suje­to de todo desa­rro­llo; esto es, una reali­dad desa­rro­llán­do­se por medio de sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas en un sis­te­ma com­ple­to de for­mas eco­nó­mi­cas. Ricar­do falló al enten­der este últi­mo pun­to. Para alcan­zar tal enten­di­mien­to, se tie­ne que tener el pun­to de vis­ta del mate­ria­lis­mo dia­léc­ti­co con­cien­te […] El aná­li­sis de Marx des­cu­bre en el valor en sí, en la cate­go­ría bási­ca del desa­rro­llo teó­ri­co, la posi­bi­li­dad de aque­llas con­tra­dic­cio­nes, las cua­les sur­gen en una for­ma explí­ci­ta sobre la super­fi­cie del capi­ta­lis­mo desa­rro­lla­do, como cri­sis des­truc­ti­va de sobre­pro­duc­ción, como un más agu­do anta­go­nis­mo entre el exce­so de rique­za en un polo de la socie­dad y pobre­za inso­por­ta­ble, por el otro; como una lucha de cla­ses direc­ta, final­men­te resuel­ta a tra­vés de la revo­lu­ción86.

En el cora­zón del impe­ria­lis­mo y en ple­na ofen­si­va lla­ma­da neo­li­be­ral, des­de fina­les de los años seten­ta, resur­gió la nece­si­dad de la lec­tu­ra polí­ti­ca de El Capi­tal desa­rro­llan­do las apor­ta­cio­nes ante­rio­res. Harry Clea­ver estu­dió cómo la lucha con­tra el valor en su for­ma de valor de cam­bio entre con­su­mi­do­res, eco­lo­gis­tas, tra­ba­ja­do­ras y tra­ba­ja­do­res pre­ca­ri­za­dos, gru­pos con­tra el ham­bre y el empo­bre­ci­mien­to, etcé­te­ra, median­te «robos» –recu­pe­ra­cio­nes– en tien­das, impa­go y otras for­mas de resis­ten­cia87 que no son nue­vas en la his­to­ria de la lucha de cla­ses y que siem­pre reapa­re­cen en las cri­sis. El autor demues­tra que el valor de uso y el valor de cam­bio son pen­sa­dos y vivi­dos de for­ma anta­gó­ni­ca entre el tra­ba­jo y el capi­tal:

Estos dos aspec­tos mues­tran tam­bién la con­tra­dic­ción doble carac­te­rís­ti­ca de las rela­cio­nes de cla­se en el capi­ta­lis­mo. El valor de uso y el valor de cam­bio se opo­nen en una uni­dad con­tra­dic­to­ria en la mis­ma for­ma que la cla­se capi­ta­lis­ta y la cla­se tra­ba­ja­do­ra están opues­tas y uni­das […] los dos aspec­tos sugie­ren dos pers­pec­ti­vas de cla­se dife­ren­tes. Más fun­da­men­tal­men­te, la visión de la mer­can­cía como valor de uso es la pers­pec­ti­va de la cla­se tra­ba­ja­do­ra […] El capi­tal con­tem­pla estas mis­mas mer­can­cías pri­mor­dial­men­te como valo­res de cam­bio: meros medios para el fin de incre­men­tar­se a sí mis­mo y a su con­trol social por la vía de la rea­li­za­ción de plus­va­lía y ganan­cia88.

El aná­li­sis del valor, el con­te­ni­do polí­ti­co sub­ya­cen­te al tra­ba­jo abs­trac­to, etcé­te­ra, des­cu­bre las manio­bras del capi­tal para rom­per la uni­dad de la cla­se pro­le­ta­ria y, a la vez, las difi­cul­ta­des de esta para recons­truir­la median­te el acer­ca­mien­to pau­la­tino de las diver­sas luchas con­cre­tas que solo se va logran­do median­te la «inter­ac­ción polí­ti­ca de luchas dife­ren­tes, no resu­mien­do una lucha en otra»89. Una de las vir­tu­des de la lec­tu­ra polí­ti­ca de El Capi­tal es su insis­ten­cia en la extre­ma com­ple­ji­dad del pro­le­ta­ria­do, su crí­ti­ca del «mar­xis­mo uni­la­te­ral […] con poca rela­ción con los movi­mien­tos reales en la socie­dad»90: la rique­za poli­fa­cé­ti­ca de la lucha de cla­ses está ausen­te, sepa­ra­da de El Capi­tal que en reali­dad es una «tota­li­dad».

M. A. Lebo­witz sos­tie­ne que el «mar­xis­mo uni­la­te­ral» solo pien­sa en un «pro­le­ta­ria­do abs­trac­to», lo que impo­si­bi­li­ta des­cu­brir el poten­cial polí­ti­co de las luchas de cla­ses con­cre­tas. E. Barot vie­ne a decir lo mis­mo cuan­do plan­tea la nece­si­dad de «no hacer del pro­le­ta­ria­do un con­cep­to rígi­do»91 sino que, por un lado, exi­ge el empleo de la dia­léc­ti­ca entre lo gene­ral, o sea, el pro­le­ta­ria­do como la cla­se social mayo­ri­ta­ria en el capi­ta­lis­mo mun­dial por­que es la pobla­ción que tie­ne que ven­der su fuer­za de tra­ba­jo por un sala­rio para sobre­vi­vir; y, por otro lado, las expre­sio­nes par­ti­cu­la­res, con­cre­tas que esa cla­se pro­le­ta­ria adquie­re en cada país, cir­cuns­tan­cia, perío­do, según su espe­cí­fi­ca his­to­ria nacio­nal, esta­tal e inter­na­cio­nal de lucha de cla­ses socio­eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, cul­tu­ral…

Sin exten­der­nos dema­sia­do y recor­dan­do por nues­tra par­te lo dicho arri­ba por G. Labi­ca sobre el papel del Esta­do en El Capi­tal, K. H. Roth y A. Ebbing­haus publi­ca­ron su cele­bé­rri­mo estu­dio sobre la inter­ac­ción entre la lucha de cla­ses y la con­tra­ofen­si­va bur­gue­sa ale­ma­na duran­te casi un siglo92, mos­tran­do la dia­léc­ti­ca entre eco­no­mía, polí­ti­ca y lucha de cla­ses. Años más tar­de, y des­de una pers­pec­ti­va algo dife­ren­te, A. Shaikh tam­bién insis­te en el papel del Esta­do y de la com­pe­ten­cia entre capi­ta­lis­tas como dos de los fac­to­res que pue­den faci­li­tar la recu­pe­ra­ción de la cri­sis93. Insis­tir en los efec­tos del cai­nis­mo bur­gués, de la com­pe­ten­cia entre empre­sa­rios, es otra for­ma direc­ta de intro­du­cir la polí­ti­ca en la eco­no­mía median­te el papel del Esta­do como «capi­ta­lis­ta colec­ti­vo» que, empe­ro, tien­de a defen­der los intere­ses de la frac­ción bur­gue­sa más pode­ro­sa.

Al poco de esta­llar la cri­sis de 2007, y ante el abso­lu­to des­con­cier­to de la eco­no­mía polí­ti­ca bur­gue­sa y de sus ins­ti­tu­cio­nes, Suzan­ne de Brun­hoff se per­mi­tió el lujo de una peque­ña «ven­gan­za inte­lec­tual», muy jus­ti­fi­ca­da por demás, ante las idio­te­ces engreí­das e igno­ran­tes de la cas­ta inte­lec­tual anti­mar­xis­ta. De Brun­hoff94 sim­ple­men­te recor­dó lo muy actual de lo dicho por Marx sobre la dia­léc­ti­ca entre el capi­tal finan­cie­ro, los Esta­dos y el capi­ta­lis­mo en su con­jun­to, insis­tien­do en la per­ma­nen­te movi­li­dad con­tra­dic­to­ria de estos com­po­nen­tes pero hacien­do espe­cial hin­ca­pié en el nudo gor­diano: la explo­ta­ción asa­la­ria­da, el capi­tal finan­cie­ro y el Esta­do, es decir, el cora­zón polí­ti­co impe­ria­lis­ta para, median­te la explo­ta­ción de la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra, ampliar la acu­mu­la­ción y cen­tra­li­za­ción del capi­tal.

La úni­ca lec­tu­ra posi­ble de El Capi­tal es por tan­to la lec­tu­ra polí­ti­ca, es decir, la que se desen­vuel­ve siem­pre den­tro de los pará­me­tros con­cep­tua­les deter­mi­na­dos por la reali­dad de la lucha de cla­ses que nos remi­te siem­pre a la teo­ría del valor. Más aún, como expli­ca M. R. Krát­ke, la úni­ca for­ma de desa­rro­llar y resol­ver las cues­tio­nes inaca­ba­das –por inaca­ba­bles– que dejó Marx en El Capi­tal es intro­du­cien­do lo polí­ti­co y lo his­tó­ri­co en esos pro­ble­mas95, superan­do el dog­ma neo­clá­si­co –y neo­li­be­ral– que exclu­ye la polí­ti­ca de la eco­no­mía, cali­fi­cán­do­la de «exóge­na». Pero, en pri­mer lugar, ¿qué es la polí­ti­ca? Lenin dijo que la polí­ti­ca es la eco­no­mía con­cen­tra­da, y tie­ne toda la razón. La polí­ti­ca, al ser eco­no­mía con­cen­tra­da, refle­ja todas las con­tra­dic­cio­nes socia­les en su desen­vol­vi­mien­to desigual y com­bi­na­do, en sus par­tes y en su todo, y siem­pre pone el acen­to deci­si­vo en el secre­to de la eco­no­mía capi­ta­lis­ta: la explo­ta­ción social y la pro­pie­dad bur­gue­sa. A. Calli­ni­cos expli­ca que el con­cep­to mar­xis­ta de «polí­ti­ca»96 rom­pe, nie­ga y supera el con­cep­to bur­gués basa­do en la total sepa­ra­ción de las diver­sas par­tes de la reali­dad capi­ta­lis­ta. Y, en segun­do lugar, ¿qué es una «lec­tu­ra polí­ti­ca» de El Capi­tal?

Cédric Durant nos da la res­pues­ta en su estu­dio sobre el capi­tal fic­ti­cio al demos­trar el con­te­ni­do polí­ti­co de los bene­fi­cios finan­cie­ros: «[…] bene­fi­cios polí­ti­cos que deri­van de un flu­jo de ingre­sos hacia las finan­zas media­do por las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas. Estos bene­fi­cios polí­ti­cos se des­do­blan, a su vez, en dos cate­go­rías. Por una par­te, los flu­jos de intere­ses en el caso de la deu­da públi­ca; por otra par­te, aque­llos pro­duc­tos polí­ti­cos de esta­bi­li­dad finan­cie­ra»97. Los bene­fi­cios polí­ti­cos que pro­du­ce el capi­tal fic­ti­cio gene­ran tam­bién «la lógi­ca pro­pia de los bene­fi­cios de alie­na­ción que se deri­va prin­ci­pal­men­te de la rela­ción de endeu­da­mien­to de los hoga­res asa­la­ria­dos»98. Exten­dien­do este estu­dio polí­ti­co del capi­tal fic­ti­cio al con­cep­to de des­po­se­sión, el autor con­clu­ye:

Englo­ba las diver­sas moda­li­da­des median­te las que el sec­tor finan­cie­ro extrae ingre­sos de la pobla­ción, ya sea indi­rec­ta­men­te, a tra­vés de los bene­fi­cios polí­ti­cos, ya sea direc­ta­men­te, median­te los bene­fi­cios de alie­na­ción. El con­cep­to de para­si­tis­mo remi­te aquí a los ingre­sos extraí­dos de los bene­fi­cios empre­sa­ria­les por enti­da­des a todas luces aje­nas al pro­ce­so de pro­duc­ción […] La cues­tión del inter­cam­bio desigual remi­te a la capa­ci­dad de las empre­sas del Nor­te para remu­ne­rar los acto­res finan­cie­ros gra­cias a las ganan­cias pre­ce­den­tes de rela­cio­nes mer­can­ti­les asi­mé­tri­cas con res­pec­to a sus pro­vee­do­res, en par­ti­cu­lar, los de los paí­ses del Sur. Inno­va­ción, des­po­se­sión y para­si­tis­mo, tales son las lógi­cas socia­les que sub­ya­cen en los bene­fi­cios finan­cie­ros99.

Recor­de­mos que C. Durant expli­ca «cómo las finan­zas se apro­pian de nues­tro futu­ro», es decir, cómo la for­ma para­si­ta­ria del capi­tal, las finan­zas y en espe­cial su for­ma fic­ti­cia, expro­pian el futu­ro de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras median­te el desa­rro­llo del con­te­ni­do polí­ti­co sub­ya­cen­te a la lógi­ca capi­ta­lis­ta. Por tan­to, impe­dir que nos qui­ten el futu­ro, o mejor dicho cons­truir noso­tros nues­tro futu­ro solo es posi­ble aca­ban­do con el capi­tal fic­ti­cio y por tan­to con el capi­ta­lis­mo en sí. Esto nos lle­va direc­ta­men­te al pro­ble­ma de la pra­xis revo­lu­cio­na­ria aho­ra que todas las con­tra­dic­cio­nes están agu­di­za­das al máxi­mo.

Savas Michael-Mat­sas ha segui­do los esfuer­zos de la inte­lec­tua­li­dad bur­gue­sa más reac­cio­na­ria e influ­yen­te que en verano de 2018 opi­na­ba sobre la actua­li­dad de El Capi­tal en dia­rios tales como New York Times, Eco­no­mist, Finan­cial Times, etc.: des­con­cier­to y mie­do ante el poder teó­ri­co de Marx y sus efec­tos polí­ti­cos. Lo pri­me­ro por­que esa poten­cia ana­lí­ti­ca y sin­té­ti­ca no cua­dra en sus esque­mas está­ti­cos, for­ma­les; y lo segun­do, el mie­do, por­que es una polí­ti­ca orien­ta­da al futu­ro que late en la uni­dad y lucha de con­tra­rios anta­gó­ni­cos des­ve­la­da en la teo­ría del valor. Por eso, Michael-Mat­sas escri­be:

Sin una crí­ti­ca de la teo­ría del valor tra­ba­jo de la eco­no­mía polí­ti­ca clá­si­ca, como Marx alcan­zó en su obra máxi­ma, Das Kapi­tal, es impo­si­ble tener una con­cep­ción cien­tí­fi­ca de las media­cio­nes entre valor, dine­ro, capi­tal dine­ro, cré­di­to y finan­zas. Por esta razón, Marx es más actual que nun­ca antes como la brú­ju­la teó­ri­ca y guía meto­do­ló­gi­ca indis­pen­sa­ble en la cri­sis de hoy, his­tó­ri­ca, estruc­tu­ral y sis­té­mi­ca del capi­tal glo­ba­li­za­do. […] Es el decli­ve his­tó­ri­co de la rela­ción de valor mis­ma como prin­ci­pio regu­la­dor de la vida socio-eco­nó­mi­ca bajo el capi­ta­lis­mo que se mani­fies­ta a sí mis­mo en el impas­se finan­cie­ro-eco­nó­mi­co pre­sen­te con todas sus impli­ca­cio­nes catas­tró­fi­cas. La glo­ba­li­za­ción capi­ta­lis­ta de las últi­mas tres déca­das que lle­vó a la implo­sión de 2007 ha impul­sa­do a sus extre­mos este con­flic­to en mar­cha en la rela­ción inver­ti­da entre medio y pro­pó­si­to. La sobre­acu­mu­la­ción de capi­tal exa­cer­ba­da por la libe­ra­li­za­ción y la glo­ba­li­za­ción de las finan­zas alcan­za­ron un pun­to cru­cial de incom­pa­ti­bi­li­dad irre­con­ci­lia­ble con las deman­das acu­cian­tes, ili­mi­ta­das de lo que Marx lla­ma el pro­ce­so vivoLebens­pro­zess– de la socie­dad, inclu­yen­do la natu­ra­le­za viva. Con­tra toda for­ma de dis­tor­sio­nes eco­no­mi­cis­tas del pseu­do-mar­xis­mo mecá­ni­co de la Segun­da Inter­na­cio­nal y el esta­li­nis­mo, tene­mos que com­pren­der de nue­vo que la vida es la cate­go­ría cen­tral de la teo­ría revo­lu­cio­na­ria de Marx100.

Aho­ra, en el capi­ta­lis­mo del siglo XXI, el «pro­ce­so vivo» está some­ti­do a tales pre­sio­nes que la posi­bi­li­dad de desas­tre pue­de dar el sal­to a pro­ba­bi­li­dad de des­truc­ción101. La vida, como «cate­go­ría cen­tral», está en cues­tión por la irra­cio­na­li­dad inhe­ren­te al valor. Y es en estas situa­cio­nes-lími­te cuan­do, de nue­vo, apre­cia­mos la lógi­ca de la liber­tad que une el mar­xis­mo con todas las resis­ten­cias huma­nas con­tra la opre­sión. Marx admi­ra­ba a Espar­ta­co y a Kepler102, dos refe­ren­tes revo­lu­cio­na­rios en apa­rien­cia incom­pa­ti­bles –un escla­vo de los siglos ‑II y ‑I, y un cien­tí­fi­co de los siglos XVI-XVII, del que hemos habla­do arri­ba– pero que prac­ti­ca­ban la esen­cia de la vida como opción por la liber­tad en momen­tos crí­ti­cos, como vere­mos.

Crítica de la mercancía y socialismo

La res­pues­ta bur­gue­sa en su sen­ti­do puro, reac­cio­na­rio, a la apa­ri­ción y ascen­so de la pra­xis mar­xis­ta, había sur­gi­do en la déca­da de 1870 antes de la obra mag­na de Berns­tein en 1899, cuan­do asus­ta­da por el auge de la lucha de cla­ses com­pren­de que la teo­ría eco­nó­mi­ca clá­si­ca, la de Smith, Ricar­do, etc., tan admi­ra­da por Marx y Engels, se podía vol­ver en par­te con­tra el capi­ta­lis­mo. Hemos vis­to arri­ba cómo la cla­se domi­nan­te, asus­ta­da por que una lec­tu­ra abier­ta de A. Smith podía ayu­dar a la radi­ca­li­za­ción social, impu­so su prohi­bi­ción con duras penas. De hecho, eso ya esta­ba suce­dien­do con la influen­cia de y las crí­ti­cas a David Ricar­do de la izquier­da bri­tá­ni­ca del pri­mer cuar­to del siglo XIX, que ade­lan­ta­ron ideas valio­sas sobre la defi­ni­ción del valor-tra­ba­jo, etc., como Ch. Hall, W. Thom­pson, J. Gray, Th. Hodgs­kin, J. F. Bray y otros103.

La corrien­te mar­gi­na­lis­ta o neo­clá­si­ca, aun­que es más correc­to lla­mar­la «eco­no­mía vul­gar» si la com­pa­ra­mos con los clá­si­cos antes cita­dos, sur­ge de la nece­si­dad de com­ba­tir la lucha de cla­ses en el últi­mo ter­cio del siglo XIX. La eco­no­mía vul­gar coin­ci­de con la clá­si­ca, con la de Smith y otros, en el recha­zo libe­ral del inter­ven­cio­nis­mo del Esta­do cuan­do supo­ne algu­na mejo­ra para el pro­le­ta­ria­do. En este sen­ti­do tan actual, el mar­gi­na­lis­mo asu­me la inhu­ma­ni­dad de la escue­la de Mal­t­hus104 pero la refuer­za con un aban­dono explí­ci­to de cual­quier estu­dio cien­tí­fi­co del capi­ta­lis­mo por­que inten­ta expli­car­lo solo según los gus­tos indi­vi­dua­les de con­su­mo, aho­rro, enri­que­ci­mien­to…, es la tesis de la «pre­fe­ren­cia sub­je­ti­va» que anu­la toda reali­dad obje­ti­va. El lla­ma­do «neo­li­be­ra­lis­mo» imple­men­ta­do defi­ni­ti­va­men­te por Gran Bre­ta­ña y Esta­dos Uni­dos en 1979–1980105 se basa en una sopa ecléc­ti­ca de tesis de estas escue­las aus­tría­cas, ale­ma­nas y nor­te­ame­ri­ca­nas que bus­can una páti­na de cien­ti­fi­ci­dad a la som­bra de la «escue­la mate­má­ti­ca»106.

Como vemos, El Capi­tal y la tota­li­dad de la crí­ti­ca mar­xis­ta de la eco­no­mía polí­ti­ca era ata­ca­da por la pin­za reac­cio­na­ria-refor­mis­ta, apro­xi­ma­da­men­te en la mis­ma épo­ca, por­que des­de 1879 auto­res social­de­mó­cra­tas como Höch­berg, Schramm, Berns­tein y otros habían empe­za­do la demo­li­ción. Lo más sig­ni­fi­ca­ti­vo era que los dos extre­mos de la tena­za se basa­ban en filo­so­fías que nos remi­ten a Kant, a Mach y a escue­las posi­ti­vis­tas con un recha­zo sin palia­ti­vos de la dia­léc­ti­ca. Con mati­ces y con dife­ren­tes focos de aten­ción, esta pos­tu­ra reapa­re­ce perió­di­ca­men­te con fuer­za cuan­do la lucha de cla­ses ame­na­za al poder bur­gués.

El grue­so del socia­lis­mo utó­pi­co y del refor­mis­mo, por ejem­plo, huían de la cues­tión crí­ti­ca de la des­truc­ción del poder y plan­tea­ban el gra­dua­lis­mo pací­fi­co median­te, por ejem­plo, la len­ta tran­si­ción impul­sa­da por las coope­ra­ti­vas, etc. Berns­tein lo pre­go­na­ba abier­ta­men­te107. B. Gus­tafs­son ha segui­do el pro­ce­so de sur­gi­mien­to del revi­sio­nis­mo y ha mar­ca­do tres áreas en las que este y el mar­xis­mo cho­ca­ron y siguen cho­can­do aho­ra: la teo­ría del valor y de la plus­va­lía; la filo­so­fía como ele­men­to de la pra­xis y el papel deci­si­vo de la dia­léc­ti­ca en su inte­rior; y la con­cep­ción mate­ria­lis­ta de la his­to­ria108. La cues­tión del Esta­do y de la demo­cra­cia bur­gue­sa apa­re­ce una y otra vez a lo lar­go de su inves­ti­ga­ción. Para con­tex­tua­li­zar lo que real­men­te esta­ba en lucha en aque­llos años es con­ve­nien­te saber que, en 1909, el todo­po­de­ro­so empre­sa­rio ale­mán W. Rat­he­nau dijo que «tres­cien­tas per­so­nas, que se cono­cen muy bien entre sí, diri­gen los des­ti­nos eco­nó­mi­cos del con­ti­nen­te»109.

La ideo­lo­gía refor­mis­ta en cual­quie­ra de sus for­mas sien­te páni­co al méto­do de El Capi­tal por­que le demues­tra que el evo­lu­cio­nis­mo lineal y gra­dua­lis­ta refuer­za a la bur­gue­sía. Según Ros­dolsky, la estruc­tu­ra de El Capi­tal es «esen­cial­men­te dia­léc­ti­ca», en ella tie­nen una gran fun­ción «los con­cep­tos meto­do­ló­gi­cos toma­dos de Hegel»110. En otro tex­to mucho más exten­so, Ros­dolsky insis­te en el deci­si­vo papel de la dia­léc­ti­ca en la obra de Marx y aña­de una pre­ci­sión vital para enten­der el enfren­ta­mien­to entre el refor­mis­mo y El Capi­tal: «Según Marx era la barre­ra de cla­ses de la eco­no­mía de Smith y Ricar­do el ele­men­to del cual deri­va­ba, en últi­ma ins­tan­cia, la “fal­ta de sen­ti­do teó­ri­co para la con­cep­ción de las dife­ren­cias for­ma­les de las rela­cio­nes eco­nó­mi­cas” que le es pro­pia»111, lo que les lle­va­ba a menos­pre­ciar la dia­léc­ti­ca entre for­ma y con­te­ni­do, su inter­ac­ción mutua.

Poco des­pués, Ros­dolsky expli­ca que, para Marx, Ricar­do come­te el error de creer que las for­mas socia­les de la eco­no­mía bur­gue­sa son las «for­mas dadas»112, eter­nas, ina­mo­vi­bles, mien­tras de lo que se tra­ta es de cap­tar su movi­mien­to interno, su cam­bio per­ma­nen­te, su his­to­ri­ci­dad y su cadu­ci­dad. Ricar­do se que­da en el aná­li­sis de lo externo, Marx pro­fun­di­za a la géne­sis de lo interno. Son, enton­ces, «barre­ras de cla­ses» las que con­di­cio­nan las for­mas de pen­sa­mien­to, el empleo de la dia­léc­ti­ca o su des­pre­cio y nega­ción. No es de extra­ñar por tan­to que Berns­tein, el teó­ri­co por anto­no­ma­sia del refor­mis­mo, ata­ca­ra en 1899 a la dia­léc­ti­ca acu­sán­do­la de vio­len­ta en el sen­ti­do blan­quis­ta y has­ta hege­liano, sos­te­nien­do que la ley de la con­tra­dic­ción no tie­ne sen­ti­do, que el «volun­ta­ris­mo» vio­len­to de la dia­léc­ti­ca no es socia­lis­ta, que se pue­de y debe avan­zar al socia­lis­mo sin revo­lu­cio­nes vio­len­tas113. E. Man­del se refie­re a la lar­ga serie de ideó­lo­gos bur­gue­ses que, des­de Berns­tein has­ta Pop­per y eco­no­mis­tas bur­gue­ses, se obs­ti­nan en decir que la dia­léc­ti­ca es «meta­fí­si­ca», «mis­ti­fi­ca­do­ra», «inú­til»114… No es difí­cil des­cu­brir este inten­to de rom­per toda cone­xión entre Marx y Hegel des­de el alt­hus­se­ris­mo115 y el euro­co­mu­nis­mo has­ta refor­mis­mos más recien­tes.

La ter­gi­ver­sa­ción refor­mis­ta de El Capi­tal bus­ca tam­bién des­ac­ti­var la con­tra­dic­ción explo­si­va que da con­te­ni­do y for­ma a la mer­can­cía. Pode­mos decir que la mer­can­cía, con todo lo que impli­ca, es el goz­ne sobre el que giran las dos pin­zas del ali­ca­te reac­cio­na­rio-refor­mis­ta que pre­ten­de aplas­tar el poten­cial crí­ti­co de El Capi­tal. Un goz­ne que sí exi­ge, al menos, una acla­ra­ción sufi­cien­te de la tan odia­da dia­léc­ti­ca. Por ejem­plo, W. Fritz Haug ha teni­do que dedi­car die­ciocho pági­nas a la expli­ca­ción peda­gó­gi­ca de la mer­can­cía para hacer com­pren­si­ble este párra­fo a quie­nes no domi­nan lo bási­co de la dia­léc­ti­ca:

En ade­lan­te habrá que dis­tin­guir cla­ra­men­te, siem­pre que se men­cio­ne la mer­can­cía, si se habla de la mer­can­cía como valor de uso o como valor de cam­bio o como uni­dad del valor de uso y del valor de cam­bio. Pues la mer­can­cía es tan­to lo uno como lo otro como tam­bién ambas cosas a la vez116.

Care­ce­mos de espa­cio para dedi­car die­ciocho pági­nas a la expli­ca­ción de la mer­can­cía, así que lo inten­ta­re­mos hacer solo con sie­te ejem­plos sobre el poder opre­si­vo inser­to en la mer­can­cía que es, entre otras cosas, el «mun­do de la apa­rien­cia». V. Rie­ser tie­ne escri­to un bri­llan­te artícu­lo sobre la mane­ra con la que el capi­ta­lis­mo gene­ra y rege­ne­ra una «apa­rien­cia» que suplan­ta a la reali­dad, que impi­de que esta se vea fácil­men­te, que obli­ga a un esfuer­zo de pra­xis sin el cual la «apa­rien­cia» sigue pare­cien­do la reali­dad obje­ti­va mis­ma para la mayo­ría de la cla­se tra­ba­ja­do­ra y de la socie­dad en su con­jun­to:

La reali­dad social capi­ta­lis­ta está estruc­tu­ra­da de modo tal que pone de relie­ve algu­nas carac­te­rís­ti­cas, exclu­yen­do otras que están en las raí­ces de las pri­me­ras y que son las úni­cas que pue­den expli­car­las. La pri­me­ras cons­ti­tu­yen la «apa­rien­cia» del sis­te­ma: son carac­te­rís­ti­cas obje­ti­vas, reales, pero al mis­mo tiem­po con­du­cen a una inter­pre­ta­ción del sis­te­ma que se fun­da solo sobre ellas y que no tie­ne en cuen­ta otras carac­te­rís­ti­cas fun­da­men­ta­les que cons­ti­tu­yen la esen­cia del sis­te­ma y son por tan­to indis­pen­sa­bles para su defi­ni­ción117.

V. Rie­ser deta­lla los meca­nis­mos que gene­ran y rege­ne­ran la «apa­rien­cia», empe­zan­do por «el pri­me­ro y más cele­bre» de ellos, el de la mer­can­cía, siguien­do por el de la pro­duc­ción y cir­cu­la­ción, por el del sala­rio, por el de la famo­sa «fór­mu­la tri­ni­ta­ria» y ter­mi­nan­do con el de la pro­duc­ción de valor en la fábri­ca y el uso capi­ta­lis­ta de las máqui­nas; sobre esta base, pue­de afir­mar que: «la dimen­sión común de las dis­tin­tas “apa­rien­cias” del sis­te­ma con­sis­te, en efec­to, en enmas­ca­rar los “con­fi­nes his­tó­ri­cos” del capi­ta­lis­mo y en pre­sen­tar sus leyes como leyes eter­nas del fun­cio­na­mien­to de toda eco­no­mía, de toda socie­dad»118.

V. Rie­ser se extien­de lue­go más exten­sa­men­te sobre el papel de la eco­no­mía polí­ti­ca en la pro­duc­ción de la «apa­rien­cia» capi­ta­lis­ta, insis­tien­do en el papel de la teo­ría del valor-tra­ba­jo y su apli­ca­ción inte­gral «a todo el fun­cio­na­mien­to del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, es decir, en la ela­bo­ra­ción de una teo­ría de la plus­va­lía como pro­duc­to de la explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo obre­ra»119. Lle­ga­mos así defi­ni­ti­va­men­te al con­te­ni­do polí­ti­co de la teo­ría y del méto­do mar­xis­ta: la dia­léc­ti­ca entre la lucha de cla­ses, la plus­va­lía y la teo­ría del valor-tra­ba­jo. V. Rie­ser pro­fun­di­za en esta cues­tión cen­tral: «el con­cep­to de “apa­rien­cia” no fue ela­bo­ra­do por Marx con una fina­li­dad espe­cí­fi­ca­men­te socio­ló­gi­ca […] la impor­tan­cia social de la “apa­rien­cia” per­ma­ne­cía, en el fon­do de este aná­li­sis, como un pro­ble­ma de impor­tan­cia cru­cial para Marx, no solo en el plano cien­tí­fi­co, sino en el polí­ti­co»120.

Deve­lar la «apa­rien­cia» es una tarea polí­ti­ca por­que es cien­tí­fi­co-crí­ti­ca, y vice­ver­sa. Tene­mos por ejem­plo el caso de la demo­cra­cia abs­trac­ta, que es la apa­rien­cia exter­na de la demo­cra­cia-bur­gue­sa, que a su vez es la apa­rien­cia que ocul­ta la dic­ta­du­ra de cla­se del capi­tal sobre el tra­ba­jo, que se ocul­ta a su vez en el feti­chis­mo de la mer­can­cía. J. Harri­son escri­bió lo que sigue a fina­les de la déca­da de 1970, pala­bras pre­mo­ni­to­rias vien­do la efi­ca­cia con la que la demo­cra­cia apa­ren­te ha ocul­ta­do la bru­ta­li­dad neo­li­be­ral:

El mun­do legal, por tan­to, es un mun­do de mer­can­cías. San­ti­fi­ca y regu­la los prin­ci­pio del mer­ca­do […] En la socie­dad capi­ta­lis­ta, las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas que se con­si­de­ran nor­ma­les –o que al menos se pre­sen­tan como el ideal por el que hay que luchar– tam­bién refle­jan las acti­vi­da­des del mer­ca­do. La demo­cra­cia par­la­men­ta­ria es un refle­jo del inter­cam­bio de mer­can­cías. Con elec­cio­nes rea­li­za­das en base al sufra­gio uni­ver­sal exis­te un sis­te­ma de liber­tad e igual­dad indi­vi­dual en el nivel de la elec­ción, o del cam­bio, de un gobierno. Los indi­vi­duos votan de for­ma indi­vi­dual y ais­la­da […] Bajo el capi­ta­lis­mo, los tra­ba­ja­do­res no tie­nen nin­gún con­trol del pro­ce­so real de gobierno. Una vez que se ha ele­gi­do un gobierno, toda la auto­ri­dad está en sus manos. No exis­te nin­gu­na impli­ca­ción demo­crá­ti­ca en la eje­cu­ción del poder esta­tal […] Inclu­so las áreas de la vida con­si­de­ra­das pri­va­das y per­so­na­les están estruc­tu­ra­das por los prin­ci­pios del mer­ca­do121.

El autor ana­li­za cómo las rela­cio­nes sexua­les y afec­ti­vas, fami­lia­res, se mue­ven den­tro de la dic­ta­du­ra del mer­ca­do, cómo están mer­can­ti­li­za­das, y afir­ma que el feti­chis­mo de la mer­can­cía logra «el encu­bri­mien­to de la explo­ta­ción»122.

Destruir las apariencias

Sabien­do que la mer­can­cía es el pri­me­ro y más impor­tan­te medio de pro­duc­ción de la «apa­rien­cia» que nece­si­ta impe­rio­sa­men­te el capi­tal para ocul­tar su esen­cia explo­ta­do­ra y sus con­tra­dic­cio­nes, debe­mos empe­zar por inten­tar acla­rar los borro­sos ini­cios de la mer­can­cía en los modos de pro­duc­ción pre­ca­pi­ta­lis­tas. La explo­ta­ción de la mujer pue­de ser defi­ni­da como la pri­me­ra mer­can­cía huma­na en la his­to­ria por­que tenía un valor de uso sexo-eco­nó­mi­co inne­ga­ble y un valor de cam­bio en las tran­sac­cio­nes entre cla­nes, tri­bus y socie­da­des, mer­ca­do que gira­ba –y gira– entre otras cosas alre­de­dor del valor sim­bó­li­co y el pre­cio sexo-eco­nó­mi­co de la vir­gi­ni­dad123 como sello de garan­tía de pro­pie­dad patriar­cal. Según J. Atta­li:

La apro­pia­ción de muje­res, como cual­quier otra for­ma de pose­sión, no siem­pre se rea­li­za res­pe­tan­do un ritual, sino que se hace a menu­do por la gue­rra y por la fuer­za. Así, a fines del IV mile­nio a. de J. C., cuan­do los pro­to-indio-arios, expul­sa­dos por la inva­sión de los mon­go­les nóma­das, se orga­ni­zan en pue­blos pode­ro­sos que tie­nen algo que defen­der y se dotan con carros de com­ba­te y con escu­dos, tal vez los pri­me­ros. Casi por todas par­tes, las jefa­tu­ras gue­rre­ras afir­man la supe­rio­ri­dad de los hom­bres y se apo­de­ran de las muje­res de otros cla­nes que se con­vier­ten en cosas, en bie­nes mue­bles, en obje­tos de trá­fi­co y de acu­mu­la­ción. Por eso, en sáns­cri­to, la pala­bra vivâha, que sig­ni­fi­ca «matri­mo­nio», deri­va de vivah, que sig­ni­fi­ca «rap­tar»124.

Este comer­cio humano sur­ge, a gran­des ras­gos, con los embrio­nes de la ley del valor que, según la infor­ma­ción que tenía Engels en 1894, se remon­ta­ba a hace 5.000 o 6.000 años y que inves­ti­ga­cio­nes recien­tes tien­den a atra­sar inclu­so más, épo­ca lar­ga de triun­fo defi­ni­ti­vo del patriar­ca­do. En el trán­si­to del tra­ba­jo libre al tra­ba­jo explo­ta­do y de este al tra­ba­jo asa­la­ria­do en su for­ma capi­ta­lis­ta, se va ges­tan­do lo que afir­ma Fede­ri­ci sobre que, para la mujer, la sexua­li­dad siem­pre ha sido un tra­ba­jo125, sin valo­rar aho­ra otras tesis de la auto­ra. Por lo que sabe­mos has­ta aho­ra, tie­ne razón Móni­ca Zas Mar­co cuan­do dice que «La Odi­sea fue el pri­mer mani­fies­to de domi­na­ción mas­cu­li­na sobre la liber­tad de expre­sión de la mujer»126. El femi­nis­mo socia­lis­ta –Flo­ra Tris­tán, por ejem­plo– siem­pre ha ido muy por delan­te con res­pec­to al femi­nis­mo bur­gués y refor­mis­ta. Marx y Engels, y Jenny, dije­ron que:

Para el bur­gués, su mujer no es otra cosa que un ins­tru­men­to de pro­duc­ción. Oye decir que los ins­tru­men­tos de pro­duc­ción deben ser de uti­li­za­ción común y, natu­ral­men­te, no pue­de por menos de pen­sar que las muje­res corre­rán la mis­ma suer­te de la socia­li­za­ción. No sos­pe­cha que se tra­ta pre­ci­sa­men­te de aca­bar con esa situa­ción de la mujer como sim­ple ins­tru­men­to de pro­duc­ción […] Es evi­den­te, por otra par­te, que con la abo­li­ción de las rela­cio­nes de pro­duc­ción actua­les des­apa­re­ce­rá la comu­ni­dad de las muje­res que de ella se deri­va, es decir, la pros­ti­tu­ción ofi­cial y no ofi­cial127.

Los femi­nis­mos refor­mis­tas nece­si­tan negar el hecho his­tó­ri­co de que solo el mar­xis­mo y, en con­cre­to, la revo­lu­ción bol­che­vi­que y todas las que le han segui­do han acer­ta­do en las cau­sas de la explo­ta­ción patriar­cal y la han com­ba­ti­do radi­cal­men­te en la medi­da de sus posi­bi­li­da­des: la producción/​reproducción de la fuer­za de tra­ba­jo128, como demues­tra Tit­hi Bhat­ta­char­ya. Por su par­te, P. Chat­to­padh­yay ha ras­trea­do la impre­sio­nan­te abun­dan­cia de refe­ren­cias direc­tas de Marx a la opre­sión y explo­ta­ción de la mujer, obvian­do las indi­rec­tas, espar­ci­das por su obra, y eso sin con­tar a Engels. El pro­ble­ma sur­ge, como siem­pre, de que la mayo­ría inmen­sa de comen­ta­ris­tas de Marx des­co­no­cen o recha­zan su méto­do dia­léc­ti­co, lo que les lle­va a erro­res de bul­to como el de la creen­cia de un Marx indi­fe­ren­te a la explo­ta­ción patriar­cal, por no decir, de un Marx direc­ta­men­te patriar­cal.

De la minu­cio­sa inves­ti­ga­ción rea­li­za­da por P. Chat­to­padh­yay, aquí y aho­ra, nos que­da­mos con esta cita: «Marx valo­ra­ba la nece­si­dad de exis­ten­cia de orga­ni­za­cio­nes inde­pen­dien­tes de muje­res para defen­der sus dere­chos espe­cí­fi­cos»129. Una orga­ni­za­ción inde­pen­dien­te exi­ge una polí­ti­ca de libe­ra­ción inde­pen­dien­te de la polí­ti­ca opre­so­ra: encon­tra­mos de nue­vo el con­te­ni­do polí­ti­co de la teo­ría mar­xis­ta sobre la eman­ci­pa­ción de la mujer, algo inacep­ta­ble por el femi­nis­mo refor­mis­ta130.

Des­de esta raíz his­tó­ri­ca avan­za­mos al segun­do ejem­plo, el de la tota­li­dad en la que se desen­vuel­ven con­cep­tos como «capi­tal» y «mer­can­cía», siem­pre des­de la visión polí­ti­ca de El Capi­tal:

El Capi­tal se ocu­pa del capi­tal. ¿Pero qué es el capi­tal? En la con­cep­ción de Marx, el capi­tal era sobre todo una rela­ción social, más espe­cí­fi­ca­men­te una rela­ción social de lucha entre las cla­ses de una socie­dad bur­gue­sa: la cla­se capi­ta­lis­ta y la cla­se tra­ba­ja­do­ra […] Para acla­rar esta rela­ción debe enten­der­se que la lucha de cla­ses se refie­re a la for­ma en que la cla­se capi­ta­lis­ta impo­ne la for­ma mer­can­cía a la masa de la pobla­ción, obli­gan­do a la gen­te a ven­der una par­te de su vida como fuer­za de tra­ba­jo en for­ma mer­can­til para sobre­vi­vir y ganar algún acce­so a la rique­za social. En otras pala­bras, la gran mayo­ría de la gen­te se ve colo­ca­da en una situa­ción en la que está obli­ga­da a tra­ba­jar para no morir­se de ham­bre […] median­te la for­ma mer­can­cía, el tra­ba­jo en la for­ma alie­na­da, «muer­ta» de los pro­duc­tos y del valor que crea se deno­mi­na a sí mis­mo («tra­ba­jo vivien­te») como capi­tal. En este sen­ti­do, pode­mos ver tam­bién al capi­tal den­tro del tra­ba­jo como una cla­se par­ti­cu­lar de dis­tor­sión social en la que una cla­se muy espe­cí­fi­ca de acti­vi­dad social –el tra­ba­jo– asu­me una exis­ten­cia espec­tral en su for­ma muer­ta y domi­na toda la acti­vi­dad social impo­nien­do cada vez más tra­ba­jo. En efec­to, pode­mos defi­nir el capi­tal como un sis­te­ma social basa­do en la impo­si­ción del tra­ba­jo a tra­vés de la for­ma mer­can­cía131.

Segui­mos, en el ter­cer ejem­plo, ana­li­zan­do el «mun­do esqui­zo­fré­ni­co» al que se refie­re D. Ben­saïd cuan­do deta­lla la impo­ten­cia del for­ma­lis­mo ante la uni­dad de con­tra­rios que bulle en la mer­can­cía como célu­la de la socie­dad bur­gue­sa:

En el prin­ci­pio era la mer­can­cía. En su apa­ren­te bana­li­dad, la más peque­ña mesa, el más minúscu­lo reloj, el pla­to más peque­ño, la nuez que con­tie­ne, en cuan­to mer­can­cía, todo el mun­do den­tro de ella: noches, pla­ni­cies, ríos y mon­ta­ñas, y un ejér­ci­to de sol­da­dos arma­dos […] Bas­ta abrir­la para que sal­ga de ella, como el pañue­lo y el cone­jo del som­bre­ro del mago, una serie de cate­go­rías que ven su par: valor de uso y valor de cam­bio; tra­ba­jo con­cre­to y abs­trac­to; capi­tal cons­tan­te y capi­tal varia­ble; capi­tal fijo y capi­tal cir­cu­lan­te. Un mun­do esqui­zo­fré­ni­co, per­pe­tua­men­te des­do­bla­do entre can­ti­dad y cua­li­dad; pri­va­do y públi­co; hom­bre y ciu­da­dano […] el gran pro­di­gio del dine­ro que, pare­ce, crea dine­ro: en el prin­ci­pio de la rique­za esta­ba el cri­men de la extor­sión de la plus­va­lía, o sea, ¡el robo del tiem­po de tra­ba­jo for­za­do no paga­do al obre­ro!132

El cuar­to ejem­plo es la expli­ca­ción de R. Vega Can­tor tam­bién sobre la mer­can­cía:

Como la mer­can­cía es la célu­la eco­nó­mi­ca y social del capi­ta­lis­mo, su aná­li­sis y com­pren­sión es esen­cial para enten­der fenó­me­nos tan diver­sos como las gue­rras con­tem­po­rá­neas (tras las cua­les aso­ma el con­trol del petró­leo, un pro­duc­to natu­ral con­ver­ti­do en mer­can­cía), las cri­sis eco­nó­mi­cas (con la sobre­pro­duc­ción y no rea­li­za­ción de las mer­can­cías), los desas­tres hidro­geo­ló­gi­cos de nues­tros días (por la mer­can­ti­li­za­ción, entre otras, de las sel­vas, bos­ques, ríos y sis­te­mas eco­ló­gi­cos del mun­do), la cri­sis de los Esta­dos nacio­na­les (obli­ga­dos a ple­gar­se al «libre comer­cio», un eufe­mis­mo para dejar entrar y salir mer­can­cías), el ham­bre en el mun­do (ya que los ali­men­tos se han trans­for­ma­do en bie­nes mer­can­ti­les y quien no tie­ne como com­prar­los no es un «ciu­da­dano sol­ven­te» que la mejor con­tri­bu­ción que pue­de hacer­le a la «civi­li­za­ción capi­ta­lis­ta» es morir­se de ham­bre) y así suce­si­va­men­te133.

El quin­to ejem­plo, sobre el poder opre­sor de la mer­can­cía, está sin­te­ti­za­do por estas pala­bras de D. Taba­rovsky: «El poder ya entien­de la len­gua como una mer­can­cía […] el cono­ci­mien­to ínti­mo de la len­gua no con­sis­te en apli­car el dic­cio­na­rio, en ser lin­güis­ta en el sen­ti­do nor­ma­ti­vo, sino en enten­der cómo ope­ra el poder en la len­gua»134. Esta visión nos per­mi­te com­pren­der tan­to la uti­li­za­ción patriar­cal de la len­gua como poder de opre­sión de la mujer tra­ba­ja­do­ra, como a su vez la uti­li­za­ción de la len­gua como poder de opre­sión nacio­nal de los pue­blos, espe­cial­men­te con­tra la mujer tra­ba­ja­do­ra nacio­nal­men­te opri­mi­da.

El sex­to y últi­mo ejem­plo tra­ta sobre la mer­can­ti­li­za­ción de la natu­ra­le­za, sobre la catás­tro­fe socio­eco­ló­gi­ca que se ave­ci­na a pasos agi­gan­ta­dos. Se ha con­ver­ti­do en un tópi­co decir que Marx y Engels no tuvie­ron en cuen­ta esta pro­ble­má­ti­ca. En reali­dad y siguien­do a M. Hus­son, en su lar­ga obra pode­mos encon­trar una com­ple­ja evo­lu­ción en tres fases que en momen­tos se entre­mez­clan: la pro­me­tei­ca, la pro­duc­ti­vis­ta y la meta­bó­li­ca, más desa­rro­lla­da en El Capi­tal. Una razón fun­da­men­tal de sus difi­cul­ta­des y ambi­güe­da­des ini­cia­les es que depen­dían de los pro­gre­si­vos avan­ces cien­tí­fi­cos de modo que, tenien­do en cuen­ta el esta­do de la cien­cia de la épo­ca, debe­mos decir que eran «eco­lo­gis­tas pre­ma­tu­ros»135, que aun así avan­za­ron mucho más de lo que se cree a sim­ple vis­ta, como han demos­tra­do D. Taglia­vi­ni e I. Sab­ba­te­lla136.

Un repa­so rápi­do solo de El Capi­tal, sin ana­li­zar otras obras, demues­tra que la con­cep­ción mar­xis­ta de la natu­ra­le­za y de la espe­cie huma­na como par­te de ella es cua­li­ta­ti­va­men­te supe­rior a la del eco­lo­gis­mo refor­mis­ta. Tér­mi­nos cla­ves como «sos­te­ni­bi­li­dad», «frac­tu­ra meta­bó­li­ca», etc., for­man el esque­le­to con­cep­tual de la teo­ría de Marx y Engels137 y no solo de El Capi­tal.

El libro I de El Capi­tal hace una impre­sio­nan­te crí­ti­ca de los efec­tos del maqui­nis­mo con­tra la cla­se obre­ra, crí­ti­ca incues­tio­na­ble en lo teó­ri­co y vali­da­da con el tiem­po al haber­se mul­ti­pli­ca­do la «depau­pe­ra­ción moral» y la «dege­ne­ra­ción inte­lec­tual»138. Para el mar­xis­mo, la cri­sis es socio­eco­ló­gi­ca y no mera­men­te eco­ló­gi­ca por­que ade­más de tener su ori­gen en la irra­cio­na­li­dad capi­ta­lis­ta, tam­bién y sobre todo des­tro­za a la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra explo­ta­da139. Por esto, Marx insis­te:

Al igual que en la indus­tria urba­na, en la moder­na agri­cul­tu­ra la inten­si­fi­ca­ción de la fuer­za pro­duc­ti­va y la más rápi­da movi­li­za­ción del tra­ba­jo se con­si­gan a cos­ta de devas­tar y ago­tar la fuer­za de tra­ba­jo del obre­ro. Ade­más, todo pro­gre­so, rea­li­za­do en la agri­cul­tu­ra capi­ta­lis­ta, no es sola­men­te un pro­gre­so en el arte de esquil­mar al obre­ro, sino tam­bién en el arte de esquil­mar la tie­rra, y cada paso que se da en la inten­si­fi­ca­ción de su fer­ti­li­dad den­tro de un perío­do de tiem­po deter­mi­na­do, es a la vez un paso dado en el ago­ta­mien­to de las fuen­tes peren­nes que ali­men­tan dicha fer­ti­li­dad. Este pro­ce­so de ani­qui­la­ción es tan­to más rápi­do cuan­to más se apo­ya en un país, como ocu­rre por ejem­plo con los Esta­dos Uni­dos de Amé­ri­ca, sobre la gran indus­tria, como base de su desa­rro­llo. Por tan­to, la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta solo sabe desa­rro­llar la téc­ni­ca y la com­bi­na­ción del pro­ce­so social de pro­duc­ción soca­van­do al mis­mo tiem­po las dos fuen­tes ori­gi­na­les de toda rique­za: la tie­rra y el hom­bre140.

Antes de pasar al núcleo polí­ti­co del eco­co­mu­nis­mo, e inci­dien­do en lo dicho arri­ba, Marx aña­de: «La gran pro­pie­dad de la tie­rra mina la fuer­za de tra­ba­jo en la últi­ma región a que va a refu­giar­se su ener­gía natu­ral y don­de se acu­mu­la como fon­do de reser­va para la reno­va­ción de la ener­gía vital de las nacio­nes: en la tie­rra mis­ma […] el sis­te­ma indus­trial aca­ba roban­do tam­bién las ener­gías de los tra­ba­ja­do­res del cam­po, a la par que la indus­tria y el comer­cio sumi­nis­tran a la agri­cul­tu­ra los medios para el ago­ta­mien­to de la tie­rra»141. Aho­ra sí pode­mos abrir las com­puer­tas del eco­co­mu­nis­mo: «Ni la socie­dad en su con­jun­to, ni la nación ni todas las socie­da­des que coexis­tan en un momen­to dado, son pro­pie­ta­rias de la tie­rra. Son, sim­ple­men­te, sus posee­do­ras, sus usu­fruc­tua­rias, lla­ma­das a usar­la como boni patres fami­lias y a tras­mi­tir­la mejo­ra­da a las futu­ras gene­ra­cio­nes»142.

La natu­ra­le­za y la espe­cie huma­na, en meta­bo­lis­mo con ella, no son una mer­can­cía en pro­pie­dad del capi­ta­lis­mo: no son pro­pie­dad pri­va­da de nadie sino de las «futu­ras gene­ra­cio­nes». Es decir, dado que por «futu­ras gene­ra­cio­nes» debe­mos enten­der el hori­zon­te visi­ble pero nun­ca alcan­za­ble, la natu­ra­le­za y la espe­cie huma­na deben ser pro­pie­ta­rias de ellas mis­mas de este mis­mo ins­tan­te, des­de ya. Quie­re esto decir que la estra­te­gia comu­nis­ta debe inte­grar des­de hoy mis­mo en sus tác­ti­cas pre­sen­tes la lucha por la socia­li­za­ción de natu­ra­le­za, direc­ta­men­te con­tra cual­quier for­ma de pro­pie­dad pri­va­da que la mer­can­ti­li­ce. En 1872, Marx lo dice así en 1872:

La pro­pie­dad de la tie­rra es la fuen­te ori­gi­nal de toda rique­za y se ha con­ver­ti­do en el gran pro­ble­ma de cuya solu­ción depen­de el por­ve­nir de la cla­se obre­ra […] Si la con­quis­ta ha crea­do el dere­cho natu­ral para una mino­ría, a la mayo­ría no le que­da más que reunir sufi­cien­tes fuer­zas para tener el dere­cho natu­ral de recon­quis­tar lo que se le ha qui­ta­do. […] La nacio­na­li­za­ción de la tie­rra pro­du­ci­rá un cam­bio com­ple­to en las rela­cio­nes entre el tra­ba­jo y el capi­tal y, al fin y a la pos­tre, aca­ba­rá por ente­ro con el modo capi­ta­lis­ta de pro­duc­ción tan­to en la indus­tria como en la agri­cul­tu­ra. Enton­ces des­apa­re­ce­rán las dife­ren­cias y los pri­vi­le­gios de cla­se jun­ta­men­te con la base eco­nó­mi­ca en la que des­can­san. La vida a cos­ta de tra­ba­jo ajeno será cosa del pasa­do. ¡No habrá más Gobierno ni Esta­do sepa­ra­do de la socie­dad! La agri­cul­tu­ra, la mine­ría, la indus­tria, en fin, todas las ramas de la pro­duc­ción se orga­ni­za­rán gra­dual­men­te de la for­ma más ade­cua­da. La cen­tra­li­za­ción nacio­nal de los medios de pro­duc­ción será la base nacio­nal de una socie­dad com­pues­ta de la unión de pro­duc­to­res libres e igua­le, dedi­ca­dos a un tra­ba­jo social con arre­glo a un plan gene­ral y racio­nal. Tal es la meta huma­na a la que tien­de el gran movi­mien­to eco­nó­mi­co del siglo XIX143.

Una mane­ra muy bien resu­mi­da de con­cluir este apar­ta­do es citan­do a David Pilling que sin­te­ti­za la irra­cio­nal y cri­mi­nal esen­cia del capi­ta­lis­mo en una defi­ni­ción demo­le­do­ra y con­ci­sa de lo que sus eco­no­mis­tas deno­mi­nan Pro­duc­to Inte­rior Bru­to: «Al PIB le gus­ta la con­ta­mi­na­ción, el deli­to y las gue­rras»144.

Crisis y derrumbe o revolución

Marx y Engels enten­die­ron siem­pre que las leyes socia­les son ten­den­cia­les, que depen­den de la lucha de cla­ses y que esta es más intrin­ca­da de lo que pare­ce a sim­ple vis­ta. Una de las carac­te­rís­ti­cas del méto­do mar­xis­ta que más des­orien­tan al for­ma­lis­mo, y que este más recha­za, es su insis­ten­cia en la his­to­ri­ci­dad del pen­sa­mien­to que va uni­da a la ten­den­cia­li­dad, tal como hemos remar­ca­do des­de el prin­ci­pio. Des­de siem­pre se ha dicho que El Capi­tal está equi­vo­ca­do en su mis­mo pro­yec­to interno por­que Marx no pudo aca­bar­lo, lo que demos­tra­ría que el error anida­ba en el mis­mo pro­yec­to ini­cial, que par­tía de bases fal­sas, inde­mos­tra­bles y de ahí la impo­si­bi­li­dad de su autor para «aca­bar» la obra. Pero este argu­men­to se vuel­ve con­tra la cas­ta inte­lec­tual por­que con­fir­ma que el pen­sa­mien­to va por detrás de las con­tra­dic­cio­nes en movi­mien­to.

M. A. Lebo­witz insis­te con sus pro­pias cur­si­vas que «el capi­tal no es sim­ple­men­te un momen­to de la com­pren­sión de la tota­li­dad, del capi­ta­lis­mo como un todo; es tam­bién un momen­to en la lucha revo­lu­cio­na­ria de los tra­ba­ja­do­res para ir más allá del capi­tal»145. Tan­to en el momen­to espe­cí­fi­co de la com­pren­sión de la tota­li­dad capi­ta­lis­ta, como en el de la tota­li­dad de la lucha revo­lu­cio­na­ria, en ambos momen­tos que for­man una uni­dad dia­léc­ti­ca, el méto­do que los estu­dia ha de estar tam­bién en movi­mien­to y, por tan­to, no pue­de ser un méto­do «cerra­do», «aca­ba­do», sino en auto­po­ie­sis.

Aho­ra bien, dado que El Capi­tal es un momen­to den­tro de un pro­ce­so de lucha de cla­ses, es una espe­cie de libro-pro­ce­so, la pre­gun­ta que sur­ge es ¿cómo fue toman­do cuer­po? Según Man­del, entre octu­bre de 1842 y el comien­zo de sus estu­dios en París en 1844 «se inter­ca­lan dos años duran­te los cua­les el joven Marx hará el balan­ce de dos movi­mien­tos –la filo­so­fía hege­lia­na y el socia­lis­mo utó­pi­co– que supe­ra­rá para for­mu­lar su doc­tri­na de una for­ma defi­ni­ti­va. El tér­mino “supe­rar” debe enten­der­se aquí en sen­ti­do hege­liano, dia­léc­ti­co, que impli­ca que todo lo que es váli­do de las posi­cio­nes supe­ra­das que­da con­ser­va­do en las nue­vas posi­cio­nes»146. Se tra­ta de un desa­rro­llo per­ma­nen­te de las con­tra­dic­cio­nes, lo que hace que la teo­ría no encuen­tre nun­ca su fin, mien­tras que el sis­te­ma exis­ta.

M. Postone lo expre­sa así: «La diná­mi­ca his­tó­ri­ca del capi­ta­lis­mo pro­du­ce cons­tan­te­men­te lo nue­vo, al tiem­po que repro­du­ce lo idén­ti­co»147. Entra­mos de lleno en las dife­ren­cias entre la lógi­ca for­mal y la lógi­ca dia­léc­ti­ca. La pri­me­ra no está capa­ci­ta­da para cap­tar el desa­rro­llo de lo nue­vo en lo gene­ral, en lo que iden­ti­fi­ca a pro­ce­sos en apa­rien­cia dife­ren­tes pero idén­ti­cos en su esen­cia, en lo que les es común en su inte­rior, por deba­jo de sus expre­sio­nes exter­nas148. El desa­rro­llo cons­tan­te de lo nue­vo refuer­za la resis­ten­cia de la iden­ti­dad de la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta si la pra­xis revo­lu­cio­na­ria no lograr demos­trar la uni­dad inter­na de ambos. Des­cu­brir esa uni­dad exi­ge un per­ma­nen­te estu­dio crí­ti­co, interno al movi­mien­to per­ma­nen­te de las con­tra­dic­cio­nes. Es por esto que Olga Fer­nán­dez Ríos defi­ne a El Capi­tal como a la vez: «pun­to de lle­ga­da y de con­ti­nui­dad»149.

La con­ti­nui­dad de fon­do en la diná­mi­ca de las con­tra­dic­cio­nes, con sus for­mas nue­vas, impac­ta en los vai­ve­nes de la lucha de cla­ses, lo que se mues­tra feha­cien­te­men­te en el avan­ce, el estan­ca­mien­to de la redac­ción de los borra­do­res de El Capi­tal, e inclu­so el cam­bio de direc­ción, abrien­do otras vías y dejan­do en segun­do lugar las ante­rio­res. Pero nada de lo valio­so ya des­cu­bier­to era aban­do­na­do, desecha­do. Dus­sel lo expli­ca así:

La uni­dad dia­léc­ti­ca del desa­rro­llo del con­cep­to de capi­tal exi­gía a Marx saber el resul­ta­do cla­ra­men­te para poder com­pren­der la expo­si­ción del comien­zo –¡era una obra arti­cu­la­da dia­léc­ti­ca­men­te!– Pero en cada final (en 1858, 1863 y 1865), Marx nue­va­men­te se encon­tra­ba incon­for­me con los logros alcan­za­dos. Esto le con­du­jo a escri­bir en cua­tro oca­sio­nes El Capi­tal, y la últi­ma que­dó defi­ni­ti­va­men­te incon­clu­sa […] Aun­que las cosas se com­pli­ca­ron prác­ti­ca y teó­ri­ca­men­te para Marx, la obra esen­cial había ido a la con­cien­cia de los opri­mi­dos en esta edad del mun­do. Lo demás es res­pon­sa­bi­li­dad de muchos que debe­rán con­ti­nuar en el futu­ro la tarea empren­di­da y tam­bién en el pre­sen­te lati­noa­me­ri­cano. No fue un fra­ca­so: fue un triun­fal ini­cio150.

La incon­clu­sión de El Capi­tal es una reali­dad admi­ti­da des­de fina­les del siglo XIX. No es nada nue­vo y no con­tra­di­ce en nada a las teo­rías del con­cep­to y de la ver­dad de la dia­léc­ti­ca, sino que con­fir­ma que el cono­ci­mien­to es una espi­ral expan­si­va social­men­te deter­mi­na­da. G. Car­che­di en su dis­cu­sión con M. Hein­rich, P. Murray, etc., está de acuer­do con el pri­me­ro en que El Capi­tal está «incom­ple­to», es el resul­ta­do de un «lar­go pro­ce­so de auto cla­ri­fi­ca­ción, y pue­de inter­pre­tar­se de dife­ren­tes mane­ras», pero aña­de que esto: «[…] no impli­ca nece­sa­ria­men­te que sea inter­na­men­te con­tra­dic­to­rio o ambi­va­len­te, en espe­cial en cues­tio­nes de fun­da­men­tal impor­tan­cia […] el pun­to es si una inter­pre­ta­ción está pre­sen­te que uni­fi­que decla­ra­cio­nes apa­ren­te­men­te con­tra­dic­to­rias en un todo cohe­ren­te»151.

¿Cómo pue­den uni­fi­car­se tesis apa­ren­te­men­te con­tra­dic­to­rias en un todo cohe­ren­te? Vol­ve­mos a la lógi­ca dia­léc­ti­ca. G. Car­che­di se había ade­lan­ta­do a esta pre­gun­ta al decir sobre M. Hein­rich y otros miem­bros de esa corrien­te que lo que les fal­ta:

[…] es la visión dia­léc­ti­ca de Marx de la reali­dad social, la visión de la reali­dad social como un flu­jo tem­po­ral de fenó­me­nos con­tra­dic­to­rios que pasan de ser deter­mi­nan­tes a ser deter­mi­na­dos, y vice­ver­sa, y que emer­gen con­ti­nua­men­te de un esta­do poten­cial para hacer­se rea­li­za­dos, y lue­go regre­sar al esta­do poten­cial. Lo que les fal­ta es la visión de los fenó­me­nos socia­les como rea­li­za­dos y poten­cia­les, así como deter­mi­nan­tes y deter­mi­na­dos, suje­tos a cons­tan­te movi­mien­to y cam­bio […] Es en este sen­ti­do que pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción for­man una uni­dad, una con­tra­dic­to­ria uni­dad en deter­mi­na­ción […] [la teo­ría de Marx] se basa en la rela­ción dia­léc­ti­ca entre pro­duc­ción y repro­duc­ción152.

Las con­tra­dic­cio­nes en su flu­jo tem­po­ral, en su trán­si­to de una for­ma a otra y vice­ver­sa, obli­gan a la pra­xis al per­ma­nen­te estu­dio de esa uni­dad y lucha de con­tra­rios. Esto hace que el pen­sa­mien­to nun­ca pue­da dar­se por cerra­do defi­ni­ti­va­men­te, nun­ca con­clu­ye ni nun­ca que­da «com­ple­ta­do» en su for­ma abso­lu­ta y está­ti­ca. Muchas per­so­nas asu­mie­ron la res­pon­sa­bi­li­dad de pro­fun­di­zar en lo que ni Marx ni Engels pudie­ron hacer por lo que aca­ba­mos de ver. Podría­mos decir inclu­so que, de algu­na for­ma, no tuvie­ron más reme­dio que aco­me­ter esa tarea por­que les obli­ga­ba el movi­mien­to de las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo, los ata­ques del refor­mis­mo y de la bur­gue­sía, es decir, las nece­si­da­des de la lucha revo­lu­cio­na­ria. Este fue el caso, por ejem­plo, del estu­dio del impe­ria­lis­mo, tér­mino que no apa­re­ce en los escri­tos de Marx y Engels aun­que sus «ele­men­tos cons­ti­tu­ti­vos»153 se encon­tra­ban ya en estos auto­res, sien­do desa­rro­lla­dos pos­te­rior­men­te, avan­ce que a su vez lle­va­rá al sur­gi­mien­to de otra corrien­te, la teo­ría de la depen­den­cia154, que tam­bién se sus­ten­ta en par­te en los deba­tes sobre el impe­ria­lis­mo.

Pero a modo de ejem­plo vamos a seguir a gran­des ras­gos la ela­bo­ra­ción de uno de los com­po­nen­tes bási­cos de la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis: el lla­ma­do deba­te «derrum­be o revo­lu­ción»155: ¿Hay que espe­rar a que el capi­ta­lis­mo se hun­da por sí mis­mo o por la pacien­te refor­ma pací­fi­ca que vaya borran­do sus vicios y desa­rro­llan­do sus vir­tu­des, o hay que des­truir­lo median­te la revo­lu­ción? Este inte­rro­gan­te nos guia­rá en lo que fal­ta de tex­to. La res­pues­ta apa­re­ce en los pri­me­ros tex­tos de Marx y Engels y lle­ga a pre­sen­tar­se de for­ma cru­da en Filo­so­fía de la mise­ria de 1847: «¿Hay que asom­brar­se de que una socie­dad, fun­da­da sobre la opo­si­ción de cla­se, ter­mi­ne en con­tra­dic­ción bru­tal, en un cho­que cuer­po a cuer­po como desen­la­ce final?»156.

En el Mani­fies­to comu­nis­ta de 1848, se dice: «opre­so­res y opri­mi­dos se enfren­ta­ron siem­pre, man­tu­vie­ron una lucha cons­tan­te, vela­da unas veces y otras fran­ca y abier­ta; lucha que ter­mi­nó siem­pre con la trans­for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria de toda la socie­dad o el hun­di­mien­to de las cla­ses en pug­na»157. Y más ade­lan­te:

Las rela­cio­nes bur­gue­sas de pro­duc­ción y de cam­bio, las rela­cio­nes bur­gue­sas de pro­pie­dad, toda esta socie­dad bur­gue­sa moder­na, que ha hecho sur­gir como por encan­to tan poten­tes medios de pro­duc­ción y de cam­bio, se ase­me­ja al mago que ya no es capaz de domi­nar las poten­cias infer­na­les que ha des­en­ca­de­na­do con sus con­ju­ros […] Duran­te las cri­sis, una epi­de­mia social, que en cual­quier épo­ca ante­rior hubie­ra pare­ci­do absur­da, se extien­de sobre la socie­dad: la epi­de­mia de la super­pro­duc­ción. La socie­dad se encuen­tra súbi­ta­men­te retro­traí­da a un esta­do de súbi­ta bar­ba­rie: diría­se que el ham­bre, que una gue­rra devas­ta­do­ra mun­dial le han pri­va­do de todos los medios de sub­sis­ten­cia; la indus­tria y el comer­cio pare­cen ani­qui­la­dos. […] y cada vez que las fuer­zas pro­duc­ti­vas sal­van este obs­tácu­lo, pre­ci­pi­tan en el des­or­den a toda la socie­dad bur­gue­sa y ame­na­zan la exis­ten­cia de la socie­dad bur­gue­sa. Las rela­cio­nes bur­gue­sas resul­tan dema­sia­do estre­chas para con­te­ner las rique­zas crea­das en su seno. ¿Cómo ven­ce esta cri­sis la bur­gue­sía? De una par­te, por la des­truc­ción obli­ga­da de una masa de fuer­zas pro­duc­ti­vas; de otra, por la con­quis­ta de nue­vos mer­ca­dos y la explo­ta­ción más inten­sa de los anti­guos. ¿De qué modo lo hace, pues? Pre­pa­ran­do cri­sis más exten­sas y más vio­len­tas y dis­mi­nu­yen­do los medios de pre­ve­nir­las158.

Debe decir­se que el núcleo del mar­xis­mo es la teo­ría de las cri­sis del capi­tal, tan­to en sus for­mas cor­tas como en sus momen­tos de explo­sión estruc­tu­ral, sis­té­mi­ca, de civi­li­za­ción o como que­ra­mos deno­mi­nar­las aho­ra mis­mo, por­que todas las for­mas e inten­si­da­des de las cri­sis y sus res­pec­ti­vos pro­ce­sos cícli­cos, de fases o de hon­das de incu­ba­ción y esta­lli­do, nos remi­ten más tem­prano que tar­de a la crí­ti­ca mar­xis­ta. M. Roberts159 ha deta­lla­do en unas bri­llan­tes pági­nas, que no pode­mos sin­te­ti­zar aho­ra, la inter­ac­ción sinér­gi­ca de las sub-cri­sis y de las cri­sis en sus esta­lli­dos vol­cá­ni­cos como tota­li­dad que las sub­su­me e inte­gra en perío­do de extre­ma agu­di­za­ción de la lucha de cla­ses:

Al lle­gar a una deter­mi­na­da fase de desa­rro­llo, las fuer­zas pro­duc­ti­vas mate­ria­les de la socie­dad entran en con­tra­dic­ción con las rela­cio­nes de pro­duc­ción exis­ten­tes, o, lo que no es más que la expre­sión jurí­di­ca de esto, con las rela­cio­nes de pro­pie­dad den­tro de las cua­les se han desen­vuel­to has­ta allí. De for­mas de desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, estas rela­cio­nes se con­vier­ten en tra­bas suyas. Y se abre una épo­ca de revo­lu­ción social. […] Las rela­cio­nes bur­gue­sas de pro­duc­ción son la últi­ma for­ma anta­gó­ni­ca del pro­ce­so social de pro­duc­ción; anta­gó­ni­ca, no en el sen­ti­do de un anta­go­nis­mo indi­vi­dual, sino de un anta­go­nis­mo que pro­vie­ne de las con­di­cio­nes socia­les de vida de los indi­vi­duos. Pero las fuer­zas pro­duc­ti­vas que se desa­rro­llan en el seno de la socie­dad bur­gue­sa brin­dan, al mis­mo tiem­po, las con­di­cio­nes mate­ria­les para la solu­ción de ese anta­go­nis­mo. Con esta for­ma­ción social se cie­rra, por tan­to, la pre­his­to­ria de la socie­dad huma­na160.

Si bien la obra ente­ra de Marx y Engels tra­ta direc­ta o indi­rec­ta­men­te sobre las cri­sis y de la revo­lu­ción, es sobre todo en dos capí­tu­los cla­ves de El Capi­tal don­de apa­re­ce expues­ta en su base: uno es la «ley gene­ral de la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta» y, otro, la «ley de la ten­den­cia decre­cien­te de la cuo­ta de ganan­cia», ya cita­dos arri­ba. Vol­ve­re­mos al ter­mi­nar este tex­to al poten­cial revo­lu­cio­na­rio que se con­cen­tra en estos capí­tu­los a la hora de pasar a la acción. Como vere­mos, el sen­ti­do mis­mo del tér­mino «dia­léc­ti­ca» es inse­pa­ra­ble des­de su ori­gen del momen­to de optar por la espe­ra pasi­va o la acción para cam­biar su rum­bo; recor­de­mos que exis­te una cone­xión inter­na entre «dia­léc­ti­ca» y «cri­sis», sobre todo en su for­ma extre­ma, la gue­rra. Recor­de­mos que en 1874 Engels «pro­fe­ti­zó» la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial:

Para Pru­sia-Ale­ma­nia no hay posi­bi­li­dad de hacer otra gue­rra que no sea mun­dial. Y sería una gue­rra mun­dial de mag­ni­tud des­co­no­ci­da has­ta aho­ra, de una poten­cia inusi­ta­da. De ocho a diez millo­nes de sol­da­dos se ani­qui­la­rán mutua­men­te y, ade­más, se engu­lli­rá toda Euro­pa, deján­do­la tan devas­ta­da, como jamás lo habían hecho las nubes de lan­gos­ta. La devas­ta­ción pro­du­ci­da por la Gue­rra de los Trein­ta Años con­den­sa­da en tres o cua­tro años y exten­di­da a todo el con­ti­nen­te; el ham­bre, las epi­de­mias, el embru­te­ci­mien­to de las tro­pas y tam­bién de las masas popu­la­res, pro­vo­ca­dos por la agu­da nece­si­dad, el des­qui­cia­mien­to insal­va­ble de nues­tros meca­nis­mo arti­fi­cial en el comer­cio, la indus­tria y el cré­di­to; todo ello ter­mi­na con la ban­ca­rro­ta gene­ral; el derrum­be de los vie­jos Esta­dos y de su sabi­du­ría esta­tal ruti­na­ria –una quie­bra de tal mag­ni­tud, que las coro­nas esta­rán tira­das a doce­nas por el pavi­men­to y no se encon­tra­rá a nadie que las levan­te – ; una impo­si­bi­li­dad abso­lu­ta de pre­ver cómo ter­mi­na­rá todo esto y quién sal­drá ven­ce­dor de la lucha. Solo un resul­ta­do no deja lugar a dudas: el ago­ta­mien­to total y la crea­ción de las con­di­cio­nes para la vic­to­ria defi­ni­ti­va de la cla­se obre­ra161.

En 1874 Engels y Marx esta­ban aún digi­rien­do las lec­cio­nes de la Comu­na de 1871 y en 1875 Marx escri­bi­ría el deci­si­vo borra­dor Crí­ti­ca del Got­ha. En 1877 Engels empe­zó a publi­car en fas­cícu­los el Anti-Düh­ring en don­de lee­mos: «La moder­na nave de com­ba­te no es solo un pro­duc­to de la gran indus­tria moder­na, sino has­ta una mues­tra de la mis­ma; es una fábri­ca flo­tan­te –aun­que cier­ta­men­te, una fábri­ca des­ti­na­da sobre todo a dila­pi­dar dine­ro»162. Como ha suce­di­do con otras muchas tesis de ambos ami­gos, esta ha empe­za­do a ser ple­na­men­te enten­di­da una vez que se ha cer­ti­fi­ca­do el fra­ca­so del key­ne­sia­nis­mo y, en espe­cial en su for­ma mili­tar.

Pero las pala­bras de Engels tie­nen un alcan­ce más pro­fun­do para nues­tro obje­ti­vo por­que mues­tran la estruc­tu­ra repre­si­va ente­ra a la que se enfren­ta la revo­lu­ción: un todo con sus par­tes eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas y mili­ta­res, ade­más de cul­tu­ra­les, que fun­cio­na como una «fábri­ca», es decir, que, por un lado, exis­te para pro­du­cir valor y plus­va­lía al mar­gen de los cam­bios for­ma­les per­ma­nen­tes del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta; y, por otro lado, una «fábri­ca» que dila­pi­da dine­ro, mer­ma la tasa de bene­fi­cio y agu­di­za con ello las con­tra­dic­cio­nes del capi­tal faci­li­tan­do el resur­gi­mien­to perió­di­co de las cri­sis. Se deba­te sobre si Kautsky se basó de algún modo en estas y otras tesis para, en 1892, intro­du­cir la siguien­te fra­se en el pro­gra­ma de Erfurt: «debe­mos avan­zar hacia el socia­lis­mo o caer de nue­vo en la bar­ba­rie», idea que Rosa Luxem­burg pre­sen­ta­ría como «avan­ce al socia­lis­mo o regre­sión a la bar­ba­rie»163, en el Folle­to de Junius de 1915.

Rosa no tuvo una espe­cie de ins­pi­ra­ción súbi­ta para recu­pe­rar en ple­na gue­rra mun­dial el prin­ci­pio de la acción revo­lu­cio­na­ria. Su evo­lu­ción mili­tan­te le lle­va­ba a ello, sobre todo mien­tras escri­bía La acu­mu­la­ción del capi­tal, obra que la buro­cra­cia del par­ti­do retra­só todo lo que pudo, has­ta invierno de 1912164, por­que cho­ca­ba fron­tal­men­te con sus intere­ses de cir­cuns­cri­bir la acción polí­ti­ca al mar­co par­la­men­ta­rio, rele­gan­do la lucha de cla­ses. Aun­que la par­te más deba­ti­da de La acu­mu­la­ción del capi­tal ha sido la que tra­ta sobre los esque­mas de repro­duc­ción expues­tos por Marx en el libro II de El Capi­tal, en el fon­do, y rela­cio­na­do con ello, había otras dos cues­tio­nes inacep­ta­bles para la buro­cra­cia: la crí­ti­ca de la pasi­vi­dad par­la­men­ta­ris­ta basa­da en la ineluc­ta­bi­li­dad del «derrum­be» pací­fi­co del capi­ta­lis­mo, lo que anu­la­ba la nece­si­dad de la lucha revo­lu­cio­na­ria según la buro­cra­cia, y el ascen­so impa­ra­ble del mili­ta­ris­mo, lo que exi­gía según Rosa ampliar e inten­si­fi­car la lucha revo­lu­cio­na­ria.

En reali­dad, lo que esta­ba en jue­go en el inte­rior de tan­tos mati­ces más o menos acer­ta­dos sobre los esque­mas de repro­duc­ción era la deci­si­va teo­ría de la cri­sis165 y el papel de la lucha revo­lu­cio­na­ria en ella. El nom­bre del deba­te: «derrum­be o revo­lu­ción» nos da una idea muy cla­ra de la inte­rro­gan­te: ¿hay que espe­rar a que el sis­te­ma implo­sio­ne por sí mis­mo, o hay que hacer­lo explo­tar con la mecha de la lucha revo­lu­cio­na­ria apro­ve­chan­do su caos y debi­li­dad? En agos­to 1914 pare­cía haber des­apa­re­ci­do para siem­pre toda posi­bi­li­dad no la de la derro­ta de la bur­gue­sía sino ni siquie­ra de parar la gue­rra. En abril de 1915, mes en el que Rosa redac­ta el Folle­to de Junius, el futu­ro se ve toda­vía más lejano. Pero en solo un año apa­re­ce el males­tar en las tro­pas, lue­go algu­nos moti­nes y las revo­lu­cio­nes de febre­ro octu­bre de 1917 en Rusia.

En 1919, Preobraz­hens­ki y Buja­rin pro­fun­di­za­ron aún más en este deba­te con el eslo­gan «caos o comu­nis­mo»166: de 1915 a 1919 se había mul­ti­pli­ca­do la leta­li­dad de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, había esta­lla­do la olea­da revo­lu­cio­na­ria de 1917 y el capi­tal finan­cie­ro mos­tra­ba sin tapu­jos su odio anti­so­cia­lis­ta. En dege­ne­ra­ción social­de­mó­cra­ta, el «socia­lis­mo» sal­vó a la bur­gue­sía des­de 1914 y en espe­cial des­de 1917, por lo que había lle­ga­do el momen­to, pen­sa­ban los bol­che­vi­ques, de avan­zar de la con­sig­na «socia­lis­mo o bar­ba­rie» a la de «comu­nis­mo o caos». La olea­da de lucha de cla­ses pre­rre­vo­lu­cio­na­rias y revo­lu­cio­na­rias del momen­to –Ale­ma­nia, Ita­lia, Hun­gría, Fin­lan­dia, Esta­do espa­ñol…– fue con­te­ni­da o derro­ta­da gra­cias entre otras cosas al fas­cis­mo y al mili­ta­ris­mo, y a la Segun­da Inter­na­cio­nal. El deba­te sobre «derrum­be o revo­lu­ción» tenía por tan­to un vital con­te­ni­do polí­ti­co. En 1929, H. Gross­mann optó por la dia­léc­ti­ca entre la lucha de cla­ses que, con sus con­quis­tas redu­ce la tasa de bene­fi­cio y la acu­mu­la­ción de capi­tal, y la pro­pia diná­mi­ca inter­na de ten­den­cia al aumen­to de com­po­si­ción orgá­ni­ca del capi­tal167.

La buro­cra­ti­za­ción de la URSS y ascen­so del fas­cis­mo des­de los años vein­te cerra­ron el deba­te. El nazis­mo y la Segun­da Gue­rra Mun­dial le die­ron la pun­ti­lla. Tuvo que venir la cri­sis de fina­les de los años sesen­ta para que se divul­ga­ra, los avan­ces inte­lec­tua­les que gru­pos mar­xis­tas habían rea­li­za­do en aque­llas peno­sas con­di­cio­nes. Así en 197, V. Fay sos­te­nía que cada épo­ca estu­dia­ba El Capi­tal «des­de una luz dife­ren­te»168 y enu­me­ra cin­co cues­tio­nes deba­ti­das has­ta ese año.

Una, hacia 1888 el deba­te radi­ca­ba en la auto des­truc­ción del capi­ta­lis­mo. Dos, a raíz de la cri­sis de 1929 se deba­tió sobre todo «la fal­sa teo­ría de la cri­sis gene­ral del capi­ta­lis­mo que debía con­du­cir al hun­di­mien­to del sis­te­ma. Tres, el deba­te que se man­tu­vo antes de 1939 sobre los bene­fi­cios dife­ren­cia­les ha adqui­ri­do actua­li­dad por su impor­tan­cia para enten­der el impe­ria­lis­mo en los años sesen­ta. Cua­tro, la crí­ti­ca de que El Capi­tal está des­fa­sa­do pre­ci­sa­men­te por los cam­bios mono­po­lis­tas habi­dos has­ta 1972, sin dar­se cuen­ta lo crí­ti­cos que Marx ya había teo­ri­za­do sobre los mono­po­lios en 1846–1847. Y cin­co, los «muy nume­ro­sos» ata­ques por­que erró en sus «pre­vi­sio­nes “catas­tró­fi­cas”», en espe­cial sobre el empo­bre­ci­mien­to inevi­ta­ble, sin tener en cuen­ta que Marx ya corri­gió esta lagu­na ini­cial en 1864, dos años antes de la publi­ca­ción del libro I de El Capi­tal.

La brus­ca agu­di­za­ción de la cri­sis en 1973 replan­teó los deba­tes sobre el final del capi­ta­lis­mo. Ter­mi­na­ban los lla­ma­dos «trein­ta glo­rio­sos», nom­bre que ocul­ta­ba una reali­dad más som­bría ya que duran­te esos años la bur­gue­sía occi­den­tal solo se había dedi­ca­do a «huir hacia delan­te»169, de modo que las con­tra­dic­cio­nes vol­vie­ron a esta­llar inclu­so con más fuer­za en esa mitad de los años seten­ta.

Debe­mos con­tex­tua­li­zar un poco este resur­gi­mien­to del deba­te teó­ri­co para com­pren­der su pro­fun­di­dad y lo que real­men­te esta­ba en jue­go. El agra­va­mien­to del con­tex­to mun­dial des­de media­dos de los años seten­ta, que era par­te de la estra­te­gia eco­nó­mi­ca y polí­ti­co-mili­tar desata­da defi­ni­ti­va­men­te por el impe­ria­lis­mo con la dic­ta­du­ra de Pino­chet en Chi­le, gene­ró una situa­ción que bor­dea­ba la gue­rra nuclear y con ella actua­li­za­ba total­men­te el dile­ma «comu­nis­mo o caos».

La incer­ti­dum­bre ante el futu­ro lle­gó a nive­les supe­rio­res a los de la «cri­sis de los misi­les» en la Cuba de 1963. El impe­ria­lis­mo tomó medi­das como la denun­cia­da por Euge­nio del Río: el ries­go de gue­rra en Euro­pa jus­ti­fi­ca­ba drás­ti­cos recor­tes de los dere­chos socia­les inclu­so en socie­da­des demo­crá­ti­co-bur­gue­sas como la sue­ca, en don­de se supo que en 1981 el ejér­ci­to se entre­na­ba para diver­sos obje­ti­vos, entre ellos el de repri­mir a los social­de­mó­cra­tas y a los comu­nis­tas170 en caso de gue­rra con la URSS. La ver­bo­rrea pro­pa­gan­dís­ti­ca sobre el «desar­me»171 ocul­ta­ba la mili­ta­ri­za­ción impa­ra­ble del capi­ta­lis­mo en su inte­rior y tam­bién con­tra la URSS, como úni­ca alter­na­ti­va a la cri­sis de bene­fi­cios que se arras­tra­ba des­de hacía unos años172. Ciñén­do­nos a Euro­pa occi­den­tal entre 1968 y 1985, fue­ron salien­do a la luz públi­ca algu­nas de las pun­tas del gigan­tes­co ice­berg de los ejér­ci­tos secre­tos de la OTAN y otros apa­ra­tos de terror y pro­vo­ca­ción fas­cis­ta: Sue­cia, Ita­lia, Esta­do espa­ñol, Ale­ma­nia Fede­ral, Bél­gi­ca, Dina­mar­ca, Tur­quía, Norue­ga, Sui­za, etcé­te­ra173.

Por la mis­ma épo­ca, jun­to a la mili­ta­ri­za­ción y al terror de los ser­vi­cios secre­tos, la Comi­sión Tri­la­te­ral publi­ca­ba sus infor­mes sobre el dete­rio­ro de la «demo­cra­cia occi­den­tal» a la vez que, sin luz ni publi­ci­dad, inter­ve­nía sobre los pue­blos rebel­des; así en 1973 lan­zó una cam­pa­ña sobre los lími­tes, defi­cien­cias y peli­gros para la «demo­cra­cia» en Euro­pa174 que sen­ta­ba las bases para la pos­te­rior con­tra­ofen­si­va mal lla­ma­da neo­li­be­ral. Tam­bién se impul­sa­ba el post­mo­der­nis­mo como ideo­lo­gía que nega­ba tan­to la exis­ten­cia de las con­tra­dic­cio­nes capi­ta­lis­tas como la posi­bi­li­dad de la revo­lu­ción: Lyo­tard, Fou­cault, Derri­da, Deleu­ze, Guat­ta­ri, Bart­hes, Vat­ti­mo… fue­ron aupa­dos a las super­ven­tas de libros pero, en com­pa­ra­ción al rigor teó­ri­co mar­xis­ta, el post­mo­der­nis­mo fue un retro­ce­so inte­lec­tual bajo la super­fi­cia­li­dad dema­gó­gi­ca muy per­ni­cio­sa para la izquier­da175, mani­pu­lan­do fre­cuen­te­men­te la cien­cia por auto­res como Lacan, Kris­te­va, Iri­ga­ray, Bau­dri­llard, Viri­lio… que desa­rro­lla­ron una «for­ma anti­rra­cio­na­lis­ta de pen­sa­mien­to» con cla­ros con­te­ni­dos polí­ti­cos176.

Una de las tareas polí­ti­cas del post­mo­der­nis­mo era locul­tar la inhu­ma­ni­dad neo­li­be­ral: Mar­ga­ret That­cher era lla­ma­da «la ladro­na de leche, ya que había inten­ta­do reti­rar este ali­men­to de los come­do­res esco­la­res públi­cos»177. Para lograr este obje­ti­vo, la CIA y otros apa­ra­tos impe­ria­lis­tas tenían fren­tes de inter­ven­ción en la gue­rra cul­tu­ral en los que no vamos a exten­der­nos por ser ya muy cono­ci­dos, aun­que no pode­mos dejar de recor­dar a inte­lec­tua­les de «izquier­da» como Lacan178 y otros que cum­plie­ron un papel exce­len­te­men­te remu­ne­ra­do.

Des­de fina­les de los años sesen­ta, ade­más, la deri­va refor­mis­ta se refor­za­ba en los par­ti­dos comu­nis­tas ofi­cia­les, antes de la ofi­cia­li­za­ción del euro­co­mu­nis­mo. La moda estruc­tu­ra­lis­ta ter­mi­nó por disol­ver en mero gra­dua­lis­mo la dog­má­ti­ca esta­li­nis­ta. E. Alba­mon­te y M. Maie­llo han deta­lla­do este pro­ce­so ponien­do en relie­ve, entre otras cosas, cómo «la dis­cu­ti­ble soli­dez» de las tesis de Alt­hus­ser sobre los apa­ra­tos ideo­ló­gi­cos de Esta­do con­du­cen a una peli­gro­sa ambi­va­len­cia: no dis­cer­nir entre demo­cra­cia bur­gue­sa y fas­cis­mo, y creer que el Esta­do bur­gués pue­de ser con­quis­ta­do por el pro­le­ta­ria­do «por par­tes»179.

A esta eva­nes­cen­cia se le aña­dió al áci­do disol­ven­te de la his­to­ria como «pro­ce­so sin suje­to», es decir, la reduc­ción de las cla­ses socia­les acti­vas en la lucha de cla­ses y en las gue­rras de libe­ra­ción nacio­nal de cla­se, a meros gui­ño­les mani­pu­la­dos por la «obje­ti­vi­dad» de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. El efec­to sinér­gi­co de tan­tos erro­res sobre la estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria fue demo­le­dor, a pesar de que mili­tan­tes como G. Mury, cri­ti­can­do dura­men­te la moda estruc­tu­ra­lis­ta y reivin­di­can­do el suje­to revo­lu­cio­na­rio, sos­tu­vie­ran con har­ta razón que «el mar­xis­mo es una filo­so­fía del hom­bre. Pero del hom­bre com­ba­ti­vo y no de la víc­ti­ma dolo­ro­sa. Una filo­so­fía del enfren­ta­mien­to, no de la resig­na­ción, fren­te al sufri­mien­to pro­pio y ajeno»180.

Es en este con­tex­to cuan­do en 1976 que, en el libro arri­ba cita­do sobre las dispu­tas acer­ca de El Capi­tal, Man­del pro­fun­di­za en la ten­den­cia hacia la cua­si abso­lu­ta meca­ni­za­ción de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, Man­del sos­te­nía que la sus­ti­tu­ción de fuer­za de tra­ba­jo huma­na por máqui­nas oca­sio­na­rá a la lar­ga una caí­da de la pro­duc­ción total de valor, aun­que no de for­ma «inme­dia­ta» por­que la alta pro­duc­ti­vi­dad de las máqui­nas pue­de com­pen­sar duran­te un tiem­po ese des­cen­so. Sin embar­go, expli­ca Man­del, a la lar­ga man­te­ner los bene­fi­cios y la pro­duc­ción de valor exi­ge expri­mir los sala­rios y las con­di­cio­nes de vida al máxi­mo, cosa impo­si­ble por­que exis­te un lími­te bio­ló­gi­co de nece­si­da­des vita­les obje­ti­vas:

De mane­ra que la exten­sión de la auto­ma­ti­za­ción más allá de un din­tel deter­mi­na­do lle­va, pri­me­ro, a una reduc­ción del volu­men glo­bal del valor pro­du­ci­do y, lue­go, a una reduc­ción del volu­men glo­bal del plus­va­lor pro­du­ci­do. Esto a su vez des­en­ca­de­na una «cri­sis de derrum­be» cuá­dru­ple com­bi­na­da: una enor­me cri­sis de baja de la tasa de ganan­cia; una enor­me cri­sis de rea­li­za­ción (el aumen­to de la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo que impli­ca el robo­tis­mo expan­de la masa de valo­res de uso pro­du­ci­dos en pro­por­ción aún mayor que la pro­por­ción en que redu­ce los sala­rios reales, y una cre­cien­te par­te de esos valo­res de uso resul­ta inven­di­ble); una enor­me cri­sis social; y una enor­me cri­sis de «recon­ver­sión» (o dicho de otro modo, de la capa­ci­dad del capi­ta­lis­mo para adap­tar) a tra­vés de la des­va­lo­ria­ción, las for­mas espe­cí­fi­cas de des­truc­ción que ame­na­zan no solo a la super­vi­ven­cia de la civi­li­za­ción huma­na sino has­ta la super­vi­ven­cia físi­ca de la huma­ni­dad o de la vida en el pla­ne­ta181.

Man­del pro­si­gue expo­nien­do los des­truc­ti­vos efec­tos del irra­cio­na­lis­mo capi­ta­lis­ta: des­em­pleo y paro, mar­gi­na­ción, auto­ri­ta­ris­mo, res­tric­ción de dere­chos demo­crá­ti­cos y de liber­ta­des, cri­sis mul­ti­for­mes, lo que plan­tea de for­ma cada vez más agu­da que «la bar­ba­rie, como un resul­ta­do posi­ble del derrum­be del sis­te­ma, es una pers­pec­ti­va mucho más con­cre­ta y pre­ci­sa hoy que en los años vein­te y trein­ta […] En tales cir­cuns­tan­cias, la lucha por un desen­la­ce socia­lis­ta adquie­re la sig­ni­fi­ca­ción de una lucha por la super­vi­ven­cia mis­ma de la civi­li­za­ción y de la raza huma­na»182.

Des­pués, el autor expli­ca el orden temá­ti­co de El Capi­tal: «Si el libro pri­me­ro de El Capi­tal es el más famo­so y difun­di­do, y el segun­do el des­co­no­ci­do, el ter­ce­ro es el más con­tro­ver­ti­do»183. Tales con­tras­tes nos dan una idea muy apro­xi­ma­da de los entre­mez­cla­mien­tos en los deba­tes sobre El Capi­tal, que nun­ca cesa­rán por­que las con­tra­dic­cio­nes que saca a la luz siem­pre están en movi­mien­to, agu­di­zán­do­se cada vez más. El libro III es el más con­tro­ver­ti­do por una razón ele­men­tal: por­que tra­ta de la cri­sis, de las pers­pec­ti­vas his­tó­ri­cas del capi­ta­lis­mo, aun­que el I y el II «tie­nen una tre­men­da can­ti­dad de dina­mi­ta inte­lec­tual diri­gi­da con­tra la socie­dad bur­gue­sa y su ideo­lo­gía domi­nan­te»184.

El pri­me­ro se cen­tra en la exi­gen­cia obje­ti­va de pro­duc­ción cre­cien­te de plus­va­lor expli­can­do que a la vez y por eso mis­mo la bur­gue­sía crea simul­tá­nea­men­te al pro­le­ta­ria­do como uni­dad y lucha de con­tra­rios. El segun­do, se cen­tra en la impo­si­bi­li­dad del capi­ta­lis­mo para garan­ti­zar defi­ni­ti­va­men­te y para siem­pre su repro­duc­ción amplia­da. Y el ter­ce­ro, según Man­del, Marx:

[…] inten­ta res­pon­der a la pre­gun­ta «¿Adón­de va el capi­ta­lis­mo?» Se pro­po­ne mos­trar que las cri­sis son par­tes intrín­se­cas («inma­nen­te») del sis­te­ma; que ni los esfuer­zos de capi­ta­lis­tas indi­vi­dua­les ni los de las auto­ri­da­des públi­cas pue­den evi­tar que esta­llen cri­sis. Inten­ta mos­trar que meca­nis­mos intrín­se­cos, que no es posi­ble supe­rar ni abo­lir la pro­pie­dad pri­va­da, la com­pe­ten­cia, la ganan­cia y la pro­duc­ción de mer­can­cías (la eco­no­mía de mer­ca­do), lle­van nece­sa­ria­men­te a un derrum­be final. No hace fal­ta sub­ra­yar que este vere­dic­to es into­le­ra­ble para los capi­ta­lis­tas y sus defen­so­res185.

Que­da así asen­ta­do que la cues­tión de la cri­sis es la más nega­da por la bur­gue­sía sea con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria o refor­mis­ta, lo que se demos­tra­ba en la viru­len­cia de sus ata­ques al mar­xis­mo. En res­pues­ta, en 1979 G. Tula recu­rrió a la perio­di­za­ción que Marra­mao hace de tres fases del deba­te sobre la teo­ría del «derrum­be» del capi­ta­lis­mo, en su Pró­lo­go al libro de H. Gross­mann. Según Marra­mao, has­ta 1978, la pri­me­ra fase, que es la «clá­si­ca» se desa­rro­lla en la déca­da de 1890 y tie­ne su tesis fuer­te en el «catas­tro­fis­mo» inevi­ta­ble defen­di­do por H. Cunow. La segun­da fase empie­za en 1905 sobre el papel de la huel­ga de masas en el «nue­vo» sis­te­ma impe­ria­lis­ta y se man­ten­dría has­ta 1924. La ter­ce­ra fase y últi­ma, según el lími­te tem­po­ral de 1978, comien­zo de la segun­da mitad de los años vein­te en el momen­to de mayor auge del «catas­tro­fis­mo»186 de la Ter­ce­ra Inter­na­cio­nal que mar­ca todo un perío­do.

No es casual que en 1979 se reedi­ta­ra el tex­to de Gross­mann: el gol­pe de Pino­chet en 1973 y el terror sub­si­guien­te anun­ció lo que se ave­ci­na­ba; el mone­ta­ris­mo apli­ca­do por la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na des­de 1975, el mis­mo año en el que se publi­ca­ba el sinies­tro y ame­na­za­dor infor­me de la Comi­sión Tri­la­te­ral sobre los ries­gos que ame­na­za­ban a la «demo­cra­cia», todo anun­cia­ba el neo­li­be­ra­lis­mo des­de 1979: el impe­ria­lis­mo ini­cia­ba la «con­tra­rre­vo­lu­ción con­ser­va­do­ra»187. Es enton­ces cuan­do D. Har­vey estu­dió en 1982 esta ofen­si­va rela­cio­nán­do­la con los lími­tes del capi­ta­lis­mo, con el papel del impe­ria­lis­mo, de los Esta­dos y con­si­guien­te­men­te de las gue­rras, en con­cre­to de la ten­den­cia a la «gue­rra total como la for­ma final de deva­lua­ción»188, de des­truc­ción de valor.

En las mis­mas fechas, E. Thom­pson con­mo­cio­nó la pla­ci­dez inte­lec­tual bur­gue­sa y refor­mis­ta con su teo­ría del exter­mi­nis­mo como «últi­mo esta­dio de la civi­li­za­ción»189. Pro­ba­ble­men­te, la civi­li­za­ción no fue exter­mi­na­da enton­ces por­que la buro­cra­cia rusa comen­zó su giro al capi­ta­lis­mo. Recor­de­mos que la rei­na Isa­bel II de Gran Bre­ta­ña tenía gra­va­do en 1983 un dis­cur­so ofi­cial anun­cian­do el esta­lli­do de la Ter­ce­ra Gue­rra Mun­dial. Recor­de­mos tam­bién que en 1987 suce­dió el devas­ta­dor «lunes negro» del 19 de octu­bre en el que la Bol­sa mun­dial se pul­ve­ri­zó casi tan­to como en 1929. e suce­dió la no menos devas­ta­do­ra «cri­sis del tequi­la» de 1994 en Méxi­co… Así las cosas, en ese mis­mo año J. M. Vidal Villa indi­ca­ba que el capi­ta­lis­mo esta­ba entran­do en una nue­va fase, más bru­tal y mun­dia­li­za­da, que demos­tra­ba «las fala­cias de los para­dig­mas neo­clá­si­cos»190.

Con el peli­gro de holo­caus­to nuclear tran­si­to­ria­men­te supe­ra­do por la des­apa­ri­ción de la URSS, en 1996 se enco­ra­ji­nó el cho­que teó­ri­co-polí­ti­co entre la ideo­lo­gía bur­gue­sa y el mar­xis­mo acer­ca de la cri­sis. Resu­mién­do­lo mucho, en ese año un gru­po de auto­res refor­mis­tas admi­tían que la teo­ría eco­nó­mi­ca «no es cien­cia neu­tra y téc­ni­ca sin más […] La socie­dad capi­ta­lis­ta se carac­te­ri­za por la desigual­dad y la dife­ren­cia social y no exis­ten, por tan­to, medi­das de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca que favo­rez­can a todos por igual […] La inca­pa­ci­dad es más evi­den­te en las lla­ma­das nue­vas teo­rías que emer­gen de los años seten­ta (mone­ta­ris­mo, expec­ta­ti­vas racio­na­les, eco­no­mías de ofer­ta) aun­que en reali­dad se sos­tie­nen en vie­jos supues­tos neo­clá­si­cos»191. Y más ade­lan­te:

Hay que par­tir de la base de que, des­de el pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co y eco­ló­gi­co, tasas de cre­ci­mien­to como las habi­das en la edad de oro del mun­do desa­rro­lla­do no serán fac­ti­bles en el futu­ro. Para com­ba­tir el des­em­pleo, el sub­de­sa­rro­llo y la pobre­za, no cabe otra solu­ción que dis­tri­buir la rique­za y la ren­ta entre las nacio­nes y den­tro de ellas […] la cien­cia eco­nó­mi­ca ha dado sufi­cien­tes mues­tras a lo lar­go de su exis­ten­cia de equi­vo­car­se en la pre­dic­ción, ya que se encuen­tra limi­ta­da en su capa­ci­dad pre­dic­ti­va, por ser una cien­cia social y encon­trar­se suje­ta a acon­te­ci­mien­tos que no solo depen­den de los hechos eco­nó­mi­cos, sino de pro­pues­tas polí­ti­cas y de accio­nes de los seres huma­nos192.

Como vemos, en 1996 asu­mían que el cre­ci­mien­to sería men­guan­te, que la teo­ría eco­nó­mi­ca sufría limi­ta­cio­nes inter­nas pro­ve­nien­tes de su mis­ma esen­cial social que le hace depen­dien­te de la acción huma­na social y polí­ti­ca, pero no cita­ban ni la lucha de cla­ses ni las cri­sis capi­ta­lis­tas: solo pedían, implo­ra­ban más bien, que se dis­tri­bu­ye­se la rique­za y la ren­ta sin tocar para nada la pro­pie­dad bur­gue­sa. Pero en ese 1996 L. Gill dedi­ca­ba las cin­cuen­ta y dos pági­nas del capí­tu­lo XII de su exten­so e impres­cin­di­ble libro a la «Cri­sis». Repa­só las más impor­tan­tes tesis al res­pec­to dife­ren­tes u opues­tas a la de Marx, así como los deba­tes y las crí­ti­cas que esta ha reci­bi­do has­ta el año des­de la izquier­da, el refor­mis­mo y la bur­gue­sía, y tam­bién dedi­ca unas pági­nas a la teo­ría de las ondas o fases lar­gas en la evo­lu­ción del capi­ta­lis­mo. Y afir­ma­ba que:

Las cri­sis no son acci­den­tes coyun­tu­ra­les atri­bui­bles a cau­sas exte­rio­res o a «cho­ques alea­to­rios», o inclu­so a una mala ges­tión de la eco­no­mía, lo que deja­ría enten­der que serían evi­ta­bles. Por el con­tra­rio, son momen­tos inevi­ta­bles de la acu­mu­la­ción del capi­tal, de la carre­ra con­tra­rre­loj entre la baja ten­den­cial de la tasa de ganan­cia y el aumen­to de la tasa de plus­va­lía y la com­po­si­ción orgá­ni­ca del capi­tal. La cri­sis es la expre­sión perió­di­ca de una valo­ra­ción insu­fi­cien­te del capi­tal […] Mar­can una deten­ción o una ralen­ti­za­ción de la acu­mu­la­ción, un momen­to nece­sa­rio cuya fun­ción es res­ta­ble­cer las con­di­cio­nes para una sufi­cien­te ren­ta­bi­li­dad del capi­tal y per­mi­tir la reanu­da­ción de la acu­mu­la­ción […] las cri­sis no son sola­men­te posi­bles, sino nece­sa­rias. Su nece­si­dad sur­ge doble­men­te: de su inevi­ta­bi­li­dad y de su indis­pen­sa­bi­li­dad. Son nece­sa­rias, en pri­mer lugar, en el sen­ti­do de que el cur­so nor­mal de la acu­mu­la­ción con­du­ce a ellas nece­sa­ria­men­te o de mane­ra inevi­ta­ble; al ser el resul­ta­do de la valo­ra­ción insu­fi­cien­te del capi­tal y de la caí­da de la tasa de ganan­cia que impli­ca el aumen­to de la pro­duc­ti­vi­dad, expre­san así perió­di­ca­men­te un blo­queo inevi­ta­ble de la acu­mu­la­ción. Son nece­sa­rias, en segun­do lugar, en el sen­ti­do de la fun­ción indis­pen­sa­ble de sanea­mien­to que lle­van a cabo por la des­truc­ción de valo­res y la res­tau­ra­ción de la ren­ta­bi­li­dad que de ellas se des­pren­de, hacien­do posi­ble la reanu­da­ción de la acu­mu­la­ción193.

Los hechos inme­dia­ta­men­te pos­te­rio­res con­fir­ma­ron sus pala­bras: en 1997 se hun­die­ron los famo­sos «tigres asiá­ti­cos» –Tai­lan­dia, Corea del Sur, Indo­ne­sia y Mala­sia – , ejem­plo del «nue­vo capi­ta­lis­mo sin cri­sis». Mien­tras, Japón, enton­ces la segun­da eco­no­mía del mun­do, se estan­ca­ba des­de hacía varios años. En el año 2000, dos auto­res mar­xis­tas advir­tie­ron que se apro­xi­ma­ba otra «gran depre­sión» por­que el capi­ta­lis­mo era una «máqui­na ave­ria­da»194 gri­pa­da por deu­das cre­cien­tes, retro­ce­so de la acti­vi­dad y ten­den­cia a la baja. Des­pués vino el esta­lli­do de la bur​bu​ja​.com y el corra­li­to de Argen­ti­na en 2001 que inter­ac­tuan­do sinér­gi­ca­men­te con otras cri­sis meno­res como el «páni­co bur­sá­til» de sep­tiem­bre de 2001, con­flu­ye­ron en el caos sor­pre­si­vo y des­con­cer­tan­te ya que: «antes de 2007, nin­gu­na estra­te­gia ofi­cial de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca pre­di­jo una cri­sis»195.

Los gran­des Esta­dos impe­ria­lis­tas se vol­ca­ron con todos sus medios para dete­ner la caí­da y reac­ti­var las ganan­cias. La tos­ca pro­pa­gan­da neo­li­be­ral de que el Esta­do había deja­do de ser útil para la eco­no­mía glo­ba­li­za­da, sal­tó hecha añi­cos. Vol­vió a demos­trar­se que la defi­ni­ción del Esta­do como «for­ma polí­ti­ca del capi­tal»196 es tan váli­da y correc­ta como la de que el Esta­do es la «máqui­na de la obe­dien­cia»197. De hecho, según sos­tie­ne L. Panitch, sin los Esta­dos no hubie­ra podi­do impo­ner­se la glo­ba­li­za­ción198 que ha esta­lla­do con la cri­sis, en la que esos mis­mos Esta­dos endu­re­cen sus ata­ques al pro­le­ta­ria­do. La defi­ni­ción de Marx de que el Esta­do es la fuer­za con­cen­tra­da y orga­ni­za­da de la socie­dad bur­gue­sa, a la que debe­re­mos vol­ver más ade­lan­te, es per­ma­nen­te­men­te veri­fi­ca­da.

Apro­ve­chan­do los duros gol­pes a los dere­chos demo­crá­ti­cos a raíz del 11 de sep­tiem­bre de 2001, la bur­gue­sía yan­qui recor­tó aún más los ya débi­les dere­chos socia­les para trans­fe­rir a capi­ta­lis­tas pri­va­dos masas gigan­tes­cas de bie­nes públi­cos, y otro tan­to suce­dió en el res­to de Esta­dos. Nada más que esta trans­fu­sión de san­gre tra­ba­ja­do­ra al vam­pi­ro bur­gués empe­zó a reac­ti­var un poco el capi­ta­lis­mo, su pren­sa sobre­di­men­sio­nó al máxi­mo la peque­ña recu­pe­ra­ción, que con­fir­ma­ba ade­más la teo­ría mar­xis­ta de la cri­sis, que con­tra­ata­có afir­man­do en 2011 que: «la reali­dad de seis déca­das de polí­ti­cas eco­nó­mi­cas des­ti­na­das a evi­tar los perío­dos de cri­sis no pare­ce res­pal­dar de nin­gu­na for­ma la idea de que pue­da eli­mi­nar­se el ciclo comer­cial y, con él, los perío­dos corres­pon­dien­tes de cri­sis y des­em­pleo masi­vo»199.

Para 2013 M. Hus­son había des­cu­bier­to cua­tro gran­des con­tra­dic­cio­nes agu­di­za­das des­de 2007: 1) Dile­ma del repar­to: ¿res­ta­ble­ci­mien­to de la ren­ta­bi­li­dad o empleo? 2) Dile­ma de la glo­ba­li­za­ción: ¿reab­sor­ción de los des­equi­li­brios o cre­ci­mien­to mun­dial. 3) Dile­ma pre­su­pues­ta­rio: ¿reab­sor­ción de los défi­cits o gas­tos socia­les. 4) Dile­ma euro­peo: ¿cada cual por su lado o coor­di­na­ción? Y con­clu­ye: «El con­jun­to de estos dile­mas dibu­ja una “regu­la­ción caó­ti­ca” que corres­pon­de al avan­ce a tien­tas del capi­ta­lis­mo entre dos impo­si­bi­li­da­des: impo­si­bi­li­dad (y recha­zo) de vol­ver al capi­ta­lis­mo rela­ti­va­men­te regu­la­do de los «trein­ta glo­rio­sos»; impo­si­bi­li­dad de res­ta­ble­cer las con­di­cio­nes de fun­cio­na­mien­to del mode­lo neo­li­be­ral, por­que este se basa­ba en la hui­da hacia ade­lan­te hoy aca­ba­da»200.

¿Qué fuer­za irra­cio­nal cau­sa la «regu­la­ción caó­ti­ca» que según M. Hus­son carac­te­ri­za al capi­ta­lis­mo sobre todo des­de 2007? Una res­pues­ta váli­da nos la ofre­ció en 2014 X. Arri­za­ba­lo que rea­li­za un segui­mien­to de la his­to­ria del capi­ta­lis­mo, cen­trán­do­se en cómo las con­tra­dic­cio­nes del capi­tal esta­llan en luchas de cla­ses fero­ces que, fre­cuen­te­men­te, dan paso a gue­rras que ani­qui­lan masas ingen­tes de valor, o en otros casos a fas­cis­mo y regí­me­nes mili­ta­ris­tas y dic­ta­to­ria­les. Ello es debi­do a que el capi­ta­lis­mo se mue­ve por el impul­so de tres con­tra­dic­cio­nes:

En pri­mer lugar, la con­cen­tra­ción y cen­tra­li­za­ción del capi­tal, con su coro­la­rio de oli­go­po­li­za­ción de los mer­ca­dos. En segun­do lugar, su inter­na­cio­na­li­za­ción comer­cial finan­cie­ra y pro­duc­ti­va. En ter­cer lugar, el desa­rro­llo desigual y com­bi­na­do al que dan lugar (úni­co mar­co en el que se pue­de enten­der el fenó­meno de la depen­den­cia y sub­de­sa­rro­llo de deter­mi­na­das regio­nes). Final­men­te y como ten­den­cia que mar­ca a todas las demás, liga­da direc­ta­men­te al des­cen­so ten­den­cial de la tasa de ganan­cia, el pro­ce­so de acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta pre­sen­ta inevi­ta­ble­men­te una tra­yec­to­ria fluc­tuan­te e irre­gu­lar en el cur­so de su repro­duc­ción, cuya prin­ci­pal con­cre­ción son las cri­sis, y que exi­ge una ten­den­cia cons­tan­te al aumen­to de la tasa de plus­va­lía: es decir, de la explo­ta­ción201.

Sobre esta base, el autor está en con­di­cio­nes de res­pon­der a la inte­rro­gan­te que él mis­mo for­mu­la: «¿Desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas en el capi­ta­lis­mo del siglo XX o inevi­ta­bi­li­dad de una des­truc­ción cada vez mayor?». Es una pre­gun­ta cru­cial:

Bajo el pre­do­mi­nio de las rela­cio­nes de pro­duc­ción capi­ta­lis­tas, las con­tra­dic­cio­nes no van a dejar de acre­cen­tar­se. El aumen­to de la pro­duc­ti­vi­dad que se pue­de espe­rar del aumen­to de la cua­li­fi­ca­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, que se apo­ya en los avan­ces cien­tí­fi­cos y téc­ni­cos que ella mis­ma hace posi­ble, supo­ne de for­ma auto­má­ti­ca la posi­bi­li­dad de mayor pro­duc­ción de valo­res de uso. Pero se tra­ta sola­men­te de una posi­bi­li­dad que, ade­más, no podrá mate­ria­li­zar­se por­que el obje­ti­vo del capi­tal es su valo­ra­ción, no la pro­duc­ción de valo­res de uso. Y dicha valo­ra­ción se enfren­ta a difi­cul­ta­des cre­cien­tes que fun­da­men­tan la ley del des­cen­so ten­den­cial de la tasa de ganan­cia, de modo que para tra­tar de con­tra­rres­tar­las se requie­re de una explo­ta­ción cada vez en aumen­to, «res­tau­rar la rela­ción correc­ta entre el tra­ba­jo nece­sa­rio y el plus­tra­ba­jo, sobre la cual en últi­ma ins­tan­cia se fun­da­men­ta todo». [Cita de Marx.]202

La nece­si­dad impe­rio­sa de aumen­tar la explo­ta­ción nos remi­te siem­pre al pro­ble­ma de la pra­xis revo­lu­cio­na­ria con­tra esa explo­ta­ción o, dicho de otro modo, al deba­te sobre «derrum­be o revo­lu­ción». G. Cali­ga­ris203 hizo un repa­so de su his­to­ria has­ta el pre­sen­te, des­de sus pri­me­ros pasos en la Rusia de fina­les del siglo XIX; pasan­do por las dispu­tas, en la Ale­ma­nia entre 1898 y 1902 más espe­cí­fi­ca­men­te sobre la «teo­ría del derrum­be»; el deba­te con Rosa Luxem­burg que se pro­lon­gó has­ta 1924, más allá de su ase­si­na­to a comien­zos de 1919; el deba­te de Gross­mann en el que par­ti­ci­pa­ron, has­ta 1934, auto­res como Mat­tik, Pan­ne­koek y Korsch, prin­ci­pal­men­te. Como resu­men, el autor pro­po­ne recu­pe­rar la dia­léc­ti­ca de la tota­li­dad para supe­rar los erro­res que se deri­van de la sepa­ra­ción entre las mal lla­ma­das con­tra­dic­cio­nes «inter­nas», o tam­bién «endó­ge­nas», y mal lla­ma­das con­tra­dic­cio­nes «exter­nas» o «exóge­nas».

Para no exten­der­nos aho­ra en esta cues­tión a la que vol­ve­re­mos al final, sola­men­te cita­mos la res­pues­ta de M. Roberts a la pre­gun­ta que plan­tea él mis­mo: «¿Ha cadu­ca­do el capi­ta­lis­mo?»:

El capi­ta­lis­mo no se extin­gui­rá por sí mis­mo. Las cri­sis e inclu­so un derrum­be son inhe­ren­tes al sis­te­ma, por la con­tra­dic­ción prin­ci­pal a este modo de pro­duc­ción, que es la acu­mu­la­ción por obte­ner bene­fi­cios en vez de para satis­fa­cer nece­si­da­des. Pero, por otro lado, el capi­ta­lis­mo pue­de recu­pe­rar­se y vol­ver a empe­zar «endó­ge­na­men­te» cuan­do una can­ti­dad sufi­cien­te de capi­tal vie­jo haya sido des­trui­da (en valor, o a veces físi­ca­men­te) para per­mi­tir un nue­vo perío­do de ren­ta­bi­li­dad cre­cien­te.

El capi­ta­lis­mo solo pue­de ser reem­pla­za­do por un nue­vo sis­te­ma de orga­ni­za­ción social median­te la acción cons­cien­te de los seres huma­nos y, en con­cre­to, de la mayo­ría de la huma­ni­dad (la cla­se tra­ba­ja­do­ra glo­bal). Sin esa acción cons­cien­te, el capi­ta­lis­mo pue­de seguir avan­zan­do a trom­pi­co­nes, o pue­de que la socie­dad aca­be sumién­do­se de nue­vo en la bar­ba­rie. Y con «bar­ba­rie» me refie­ro a una caí­da drás­ti­ca de la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo y de las con­di­cio­nes de vida has­ta nive­les pre­ca­pi­ta­lis­tas204.

Contradicciones explosivas y crisis

Solo la acción cons­cien­te de la cla­se tra­ba­ja­do­ra glo­bal pue­de impe­dir que cai­ga­mos en la bar­ba­rie o en un caos sis­té­mi­co. Al final del ter­cer capí­tu­lo veía­mos que la vida corre aho­ra el mayor peli­gro poten­cial que nun­ca antes y citá­ba­mos a un alto mili­tar yan­qui que decía que esta­ba dis­pues­to a emplear el arse­nal nuclear don­de hicie­ra fal­ta. La expe­rien­cia mues­tra que la des­truc­ción de fuer­zas pro­duc­ti­va, de valor, de bie­nes y, sobre todo, de per­so­nas, es la for­ma de sali­da habi­tual de las cri­sis capi­ta­lis­tas205, y cuan­to más duras y sal­va­jes son estas más sal­va­jes y duras son las «solu­cio­nes» bur­gue­sas. R. Car­can­ho­lo estu­dió esta diná­mi­ca inte­gran­do las apor­ta­cio­nes de auto­res como Dumé­nil y Levy, F. Ches­nais, Vir­gi­nia Fon­tes y M. Hus­som. Su con­clu­sión es que en base a la «teo­ría dia­léc­ti­ca del valor» pue­de decir­se que: «no hay posi­bi­li­dad de retorno a un capi­ta­lis­mo menos vio­len­to del que sufri­mos hoy. Supo­ner lo con­tra­rio es vivir en un mun­do de ilu­sio­nes»206.

G. Car­che­di ha deta­lla­do con minu­cio­si­dad la ten­den­cia a la baja de la tasa media de ganan­cia pese a la imple­men­ta­ción de las con­tra-ten­den­cias que debe­rían dete­ner la caí­da e ini­ciar la recu­pe­ra­ción de la ganan­cia. En base a su inves­ti­ga­ción el autor ade­lan­tó a fina­les de 2016 los tres fun­da­men­ta­les cata­li­za­do­res que agra­va­rán la cri­sis mun­dial: la gue­rra comer­cial, las gue­rras con­ven­cio­na­les loca­les sobre todo en bus­ca de recur­sos, y el ascen­so de la extre­ma dere­cha207. Cada vez más ana­lis­tas sos­tie­nen algo pare­ci­do a que «el colap­so ace­cha»208. En una de sus últi­mas inves­ti­ga­cio­nes sobre la deri­va mun­dial, J. Beins­tein vol­vió a demos­trar la decli­na­ción ten­den­cial de la tasa de ganan­cia que, por mil veri­cue­tos no linea­les ni auto­má­ti­cos, ten­den­cia­les, con­du­ce a nue­vas cri­sis y a la «deca­den­cia de la civi­li­za­ción bur­gue­sa»209.

Andrés Pique­ras nos recuer­da un com­po­nen­te más de la cri­sis estruc­tu­ral muy impor­tan­te: los pro­fun­dos efec­tos des­es­ta­bi­li­za­do­res y de debi­li­ta­mien­to de los medios de inte­gra­ción del capi­tal al dis­mi­nuir impa­ra­ble­men­te la lla­ma­da «cla­se media». En 1998, antes de la Lar­ga Cri­sis que sor­pren­dió total­men­te a la eco­no­mía orto­do­xa, la «cla­se media» real era solo el 6,7% de la pobla­ción aun­que su alie­nan­te influen­cia ideo­ló­gi­ca era mucho mayor. La devas­ta­ción social des­tro­za ese col­chón amor­ti­gua­dor del mito de la «cla­se media» como esca­le­ra de ascen­so social; de este modo, el anta­go­nis­mo de cla­se es cada día más visi­ble en todo el mun­do y el capi­ta­lis­mo no pue­de ocul­tar su exte­nua­ción210.

Des­de una pers­pec­ti­va más gene­ral, un infor­me recien­te con­fir­ma lo expues­to por A. Pique­ras: la «cla­se media» del Esta­do espa­ñol ha per­di­do 10 pun­tos de ren­ta des­de el año 2000, son las muje­res y las niñas las más empo­bre­ci­das y un bur­gués dis­fru­ta de 11 años más de vida que una pro­le­ta­ria211. El anta­go­nis­mo capi­tal-vida, ya teo­ri­za­do en la segun­da mitad del siglo XIX, se agu­di­za al extre­mo. En 2018, los vein­ti­séis hom­bres más ricos del mun­do poseían más rique­zas que 3.800 millo­nes de per­so­nas: una con­fir­ma­ción inhu­ma­na de la vera­ci­dad de la ley gene­ral de la acu­mu­la­ción expues­ta en el libro I de El Capi­tal.

F. Louçã, por su par­te, nom­bra tres gran­des ries­gos para 2019: el incre­men­to de la des­re­gu­la­ción finan­cie­ra, el cre­ci­mien­to de la deu­da glo­bal y «la pan­di­lla de gober­nan­tes del mun­do»212. F. Louçã se está refi­rien­do a un pro­ble­ma que pue­de lle­gar a ser cru­cial: la inca­pa­ci­dad polí­ti­ca de la frac­ción bur­gue­sa impe­ria­lis­ta hege­mó­ni­ca para aglu­ti­nar alre­de­dor de ella al grue­so de la bur­gue­sía occi­den­tal para evi­tar mayo­res ten­sio­nes o, por el con­tra­rio, para for­zar­les a obe­de­cer a la estra­te­gia de la Admi­nis­tra­ción Trump en su cre­cien­te mili­ta­ris­mo213 para refor­zar el cer­co total a la alian­za euro­asiá­ti­ca. Las dis­qui­si­cio­nes sobre si Trump será echa­do de la Casa Blan­ca214 por las pre­sio­nes de un hete­ro­gé­neo blo­que de fuer­zas socio­po­lí­ti­cas, mues­tran el gra­do de ten­sio­nes intra­bur­gue­sas. Otro ejem­plo cla­mo­ro­so de la cri­sis de direc­ción polí­ti­ca lo tene­mos en la impo­ten­cia del Bre­xit, en la que no nos exten­de­mos por obvia.

Pero no se tra­ta solo de debi­li­dad polí­ti­ca sino tam­bién de des­con­cier­to cul­tu­ral, como se apre­cia en las recien­tes decla­ra­cio­nes a favor del «socia­lis­mo» de Fuku­ya­ma, has­ta ante­ayer defen­sor faná­ti­co del neo­li­be­ra­lis­mo. En su comen­ta­rio a las decla­ra­cio­nes de Fuku­ya­ma, A. Woods sos­tie­ne que:

El capi­ta­lis­mo sig­ni­fi­ca gue­rra. Podría decir­se que el mun­do nun­ca ha esta­do en una situa­ción tan ines­ta­ble. De hecho, mien­tras la URSS exis­tió, había una rela­ti­va esta­bi­li­dad, refle­jan­do el rela­ti­vo equi­li­brio de poder entre Rusia y los Esta­dos Uni­dos. Pero el orden del Vie­jo Mun­do se ha derrum­ba­do y no hay nada que lo reem­pla­ce […] Esta cri­sis está des­ti­na­da a durar bas­tan­te tiem­po. Sobre la base del capi­ta­lis­mo, no hay solu­ción. Los gobier­nos subirán y baja­rán y los pén­du­los osci­la­rán de izquier­da a dere­cha, y de dere­cha a izquier­da, refle­jan­do una bús­que­da cada vez más deses­pe­ra­da de las masas por encon­trar una sali­da a la cri­sis. […] Una cosa está muy cla­ra. La bur­gue­sía no tie­ne idea de cómo salir de esta cri­sis. Sus repre­sen­tan­tes polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos mues­tran todos los ras­gos de con­fu­sión y des­orien­ta­ción pro­pios de una cla­se que ha sobre­vi­vi­do a su vida útil his­tó­ri­ca, una cla­se que no tie­ne futu­ro y que es poco cons­cien­te de ello215.

Para M. Roberts las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo del siglo XXI, son: 1) Desigual­dad cre­cien­te. 2) Cre­ci­mien­to de la pro­duc­ti­vi­dad, a la baja. 3) ¿Estan­ca­mien­to per­ma­nen­te? 4) Ren­ta­bi­li­dad: el indi­ca­dor de salud. 5) ¿El capi­ta­lis­mo en fase ter­mi­nal? 6) Robot, IA y fuer­za labo­ral. 7) Cam­bio cli­má­ti­co y capi­ta­lis­mo. Y, 8) ¿Cri­sis o derrum­be?216. Fijé­mo­nos en que uti­li­za las inte­rro­gan­tes cuan­do plan­tea las tres deci­si­vas, las que depen­den de la acción revo­lu­cio­na­ria. Par­tien­do de este aná­li­sis más ade­lan­te se atre­vió a pro­nos­ti­car que: «La des­ace­le­ra­ción del cre­ci­mien­to de los bene­fi­cios y un aumen­to del cos­te de la deu­da (cor­po­ra­ti­va), jun­to con todos los fac­to­res polí­ti­co-eco­nó­mi­ca de una gue­rra comer­cial inter­na­cio­nal entre Chi­na y Esta­dos Uni­dos, sugie­ren que la pro­ba­bi­li­dad de una rece­sión glo­bal en 2019 nun­ca ha sido mayor des­de el final de la Gran Rece­sión en 2009»217.

Vol­va­mos a fijar­nos en que en esta cita no ase­gu­ra doc­tri­na­ria y tajan­te­men­te que se pro­du­ci­rá una rece­sión glo­bal sino que la hace depen­der de la dia­léc­ti­ca de la tota­li­dad mun­dial, en la que inci­den las luchas polí­ti­co-eco­nó­mi­cas. Muchos repre­sen­tan­tes de la alta bur­gue­sía opi­nan que la eco­no­mía ha lle­ga­do al lími­te del cre­ci­mien­to: así lo dice nada menos que Janet Henry218. Scholz, minis­tro ale­mán de Finan­zas ase­gu­ra que se ha aca­ba­do la épo­ca de las vacas gor­das219, mien­tras que Chi­na regis­tra la tasa de cre­ci­mien­to más baja des­de 1990. Gran par­te de la direc­ción bur­gue­sa reto­ma la tesis del estan­ca­mien­to secu­lar idea­da en la cri­sis de 1929 en Esta­dos Uni­dos: así se pre­ten­día sepa­rar total­men­te la mala mar­cha de la eco­no­mía de las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo. Hay que tener en cuen­ta que para la eco­no­mía con­ven­cio­nal un aumen­to del PIB de entre 2,5% y 3% es ya una «rece­sión téc­ni­ca»220 que con­fir­ma el títu­lo del infor­me del Ban­co Mun­dial: «Los cie­los se oscu­re­cen». Pau­la Bach221, sin embar­go, des­mon­tó pun­to a pun­to la tesis del estan­ca­mien­to demos­tran­do que el capi­ta­lis­mo nun­ca esta­ba «quie­to» sino que amplia­ba sus con­tra­dic­cio­nes, pro­vo­ca­ba gue­rras, aumen­ta­ba la explo­ta­ción, ten­sio­na­ba los con­flic­tos inter­na­cio­na­les, lo que exi­gía sepa­rar níti­da­men­te el refor­mis­mo del mar­xis­mo e incre­men­tar la lucha revo­lu­cio­na­ria.

Las con­tra­dic­cio­nes de todo tipo son azu­za­das por varios pro­ble­mas estruc­tu­ra­les muy comen­ta­dos ya por su agra­va­mien­to dia­rio. Acce­der y apro­piar­se de los recur­sos cada vez más esca­sos es uno de los deto­nan­tes más incon­tro­la­bles222 por­que nos enfren­ta­mos al ago­ta­mien­to de los recur­sos mate­ria­les, no solo de los ener­gé­ti­cos. La inves­ti­ga­ción de W. Dierckx­sens de hace unos años es aún más alar­man­te por­que el pano­ra­ma no ha hecho más que empeo­rar:

El posi­ble fin mine­ral del pla­ne­ta Tie­rra cons­ti­tu­ye una rela­ti­va nove­dad cien­tí­fi­ca inter­na­cio­nal de alar­man­tes con­se­cuen­cias. Antes de enfren­tar una cri­sis ener­gé­ti­ca, la huma­ni­dad enfren­ta­rá una cri­sis de esca­sez gene­ra­li­za­da de mine­ra­les. En pocas déca­das, nues­tra civi­li­za­ción habrá con­su­mi­do los com­bus­ti­bles fósi­les y dis­per­sa­do los mejo­res mate­ria­les por el pla­ne­ta sin posi­bi­li­dad real de recu­pe­ra­ción. El colap­so sis­té­mi­co es cada vez más evi­den­te, a menos que se ges­tio­ne de for­ma radi­cal­men­te dis­tin­ta el recur­so mine­ral. El pro­ce­so de reci­cla­je podrá pos­po­ner el pico pero no lo evi­ta­rá. De los 57 mine­ra­les exis­ten­tes, 11 (casi el 20%) ya lle­ga­ron a su máxi­ma extrac­ción: mer­cu­rio (1962), telu­rio (1984), plo­mo (1986), cad­mio (1989), pota­sio (1989), fos­fa­to (1989), talio (1995), sele­nio (1994), zir­co­nio (1994), renio (1998) y galio (2002). Y más de la mitad de los mine­ra­les lle­ga­rán a su pun­to máxi­mo de extrac­ción en los pró­xi­mos trein­ta años223.

Tam­bién en 2011, R. Fer­nán­dez Durán bos­que­jó las carac­te­rís­ti­cas ele­men­ta­les de la quie­bra que esta­ba sufrien­do el capi­ta­lis­mo des­de el siglo XXI. No ana­li­za tan­to como W. Dierckx­sens el ago­ta­mien­to de las mate­rias pri­mas bási­cas e insus­ti­tui­bles, que hemos vis­to arri­ba, pero sí ana­li­za el ago­ta­mien­to del cru­do de petró­leo y del car­bón, en un mun­do que exi­ge cada día con­su­mos ener­gé­ti­cos más altos, más irra­cio­na­les. Sos­tie­ne que se lle­ga­rá al «caos sis­té­mi­co» y a la pro­li­fe­ra­ción de las gue­rras para saquear los recur­sos cada vez más esca­sos y enca­re­ci­dos224 por la acu­mu­la­ción sinér­gi­ca del «trián­gu­lo dia­bó­li­co» –cri­sis ener­gé­ti­ca, calen­ta­mien­to o cam­bio cli­má­ti­co y colap­so eco­ló­gi­co – , más la deu­da mun­dial en ascen­so y la fra­gi­li­dad finan­cie­ra abo­ca­da a un derrum­be, etcé­te­ra.

El «trián­gu­lo dia­bó­li­co» no es recien­te, no sur­gió úni­ca­men­te con la mal lla­ma­da «era indus­trial» sino en los albo­res del capi­ta­lis­mo. La bur­gue­sía quie­re hacer­nos creer que es el «hom­bre» abs­trac­to e intem­po­ral el cul­pa­ble, y algu­nos de sus ideó­lo­gos ha inven­ta­do el tér­mino de «antro­po­ceno», pero F. Ches­nais entre otras muchas per­so­nas crí­ti­cas ha demos­tra­do que el ver­da­de­ro cul­pa­ble, el capi­ta­lo­ceno, se ini­ció con los albo­res del colo­nia­lis­mo mer­can­til, con la tra­ta de escla­vos y con la eco­no­mía de plan­ta­ción225. No desa­rro­lla­mos más esta cues­tión por­que la hemos tra­ta­do en uno de los temas en el capí­tu­lo quin­to, aun­que sí que­re­mos recal­car que, ante las difi­cul­ta­des cre­cien­tes que fre­nan la acu­mu­la­ción de capi­tal, las bur­gue­sías mul­ti­pli­can la des­truc­ción de la vida: para 2012 el des­hie­lo de Groen­lan­dia era casi cua­tro veces más rápi­do que en 2003226.

La pro­fun­di­za­ción de la cri­sis ini­cia­da en 2007 está mul­ti­pli­can­do los con­flic­tos227 de toda índo­le, agu­di­za­dos por la hui­da hacia ade­lan­te228 del impe­ria­lis­mo en su deses­pe­ra­ción por abrir una nue­va fase expan­si­va. Si el siglo XX fue deno­mi­na­do el de las gue­rras por­que «para el capi­ta­lis­mo, la gue­rra es la con­ti­nua­ción del mer­ca­do por otros medios»229, lo que lle­va­mos de siglo XXI lo supera ya con cre­ces. Peor, todo sugie­re que la bur­gue­sía yan­qui está asu­mien­do que «Esta­dos Uni­dos debe pre­pa­rar­se para una gue­rra “terri­ble” y “devas­ta­do­ra” con Rusia y Chi­na»230, refor­zan­do lo vis­to ante­rior­men­te sobre la pre­dis­po­si­ción del res­pon­sa­ble mili­tar nor­te­ame­ri­cano a arro­jar «la bom­ba» cuan­do hicie­ra fal­ta.

La inves­ti­ga­do­ra Nadia Belén Bus­tos ha ana­li­za­do el papel de la gue­rra per­ma­nen­te en la actua­li­dad, insis­tien­do en que su cau­sa pri­me­ra es la ten­den­cia decre­cien­te de la tasa de ganan­cia por­que el capi­tal cons­tan­te cre­ce más que el capi­tal varia­ble, lo que le obli­ga a apli­car múl­ti­ples estra­te­gias «para relan­zar las con­di­cio­nes de acu­mu­la­ción», entre las que la auto­ra des­ta­ca los desa­rro­llos actua­les de las con­tra­me­di­das cita­das por Marx que pue­den con­tra­rres­tar la ley ten­den­cial de la caí­da de la ganan­cia231. Más ade­lan­te pre­sen­ta un grá­fi­co en el que se apre­cia cómo en 1980 había un índi­ce de 5 en los enfren­ta­mien­tos y cómo ha lle­ga­do a uno de 15 en 2017, estan­do su pico más alto en 2000–2001 con un índi­ce de 18, siguién­do­le 2008–2009 con uno de 17: en la mayo­ría de estas gue­rras Esta­dos Uni­dos inter­vino con tro­pas, o bom­bar­deos, o dine­ro, o entre­na­mien­to o inva­sión direc­ta232.

Ade­más, las bases nor­te­ame­ri­ca­nas y el núme­ro de tro­pas en el extran­je­ro han aumen­ta­do de 900 y 188.100 en 2010 a 1.054 y 300.000 en 2017, sin con­tar las apro­xi­ma­da­men­te 6.000 tro­pas esta­cio­na­das en Cen­troá­fri­ca que pue­den ascen­der a 7.500 en 2018, aun­que se tra­ta de cifras esti­ma­das por ser infor­ma­ción «sen­si­ble»233. Este incre­men­to de la pre­sen­cia mili­tar yan­qui en Cen­troá­fri­ca res­pon­de a razo­nes obvias: los recur­sos vita­les para las nue­vas tec­no­lo­gías, parar el acce­so de Chi­na a la región, etc. Pero lo deci­si­vo es que la pug­na con Chi­na Popu­lar y con Rusia, ade­más de la cues­tión de la ener­gía y de las mate­rias pri­mas, tam­bién se cen­tra en indus­trias cla­ve como la auto­mo­triz, la quí­mi­ca y la side­rúr­gi­ca, lo que tam­bién afec­ta a Ale­ma­nia. En suma:

La gue­rra apa­re­ce como pun­to cul­mi­nan­te de la exa­cer­ba­ción de la com­pe­ten­cia entre las dis­tin­tas frac­cio­nes bur­gue­sas, que bus­can mejo­rar la acu­mu­la­ción de capi­tal. Es decir, exis­te una ten­den­cia al cre­ci­mien­to de los con­flic­tos en el mun­do, fun­da­men­tal­men­te por­que el avan­ce de la cri­sis en el últi­mo tiem­po impul­só la des­com­po­si­ción de los Esta­dos más débi­les y por lo tan­to un aumen­to de los enfren­ta­mien­tos a nivel mun­dial. El epi­cen­tro de estos con­flic­tos son los Esta­dos de Orien­te Medio y Áfri­ca. Fren­te a esta situa­ción, diver­sas poten­cias inter­vie­nen para dispu­tar el con­trol del terri­to­rio y recur­sos cla­ve. Esta­dos Uni­dos es el prin­ci­pal actor inter­vi­nien­te, pero no el úni­co. Esta­dos Uni­dos ya no con­ser­va la hege­mo­nía impe­ria­lis­ta mun­dial, ya que este poder se ve dispu­tado por el impe­ria­lis­mo ale­mán y chino234.

Dejan­do aho­ra de lado a Chi­na Popu­lar, la pre­po­ten­cia nor­te­ame­ri­ca­na en Euro­pa y en Ale­ma­nia ha lle­ga­do a tales nive­les que el excan­ci­ller Ger­hard Schro­der lle­gó a afir­mar que Esta­dos Uni­dos tra­ta a su país como «un país ocu­pa­do»235, y más recien­te­men­te M. Maier ha escri­to que: «Al emba­ja­dor esta­dou­ni­den­se en Ale­ma­nia, Richard Gre­nell, le gus­ta creer­se colo­ni­za­dor y su com­por­ta­mien­to reve­la las ver­da­de­ras inten­cio­nes de Washing­ton en Euro­pa»236. Aquí debe­mos recor­dar lo dicho más arri­ba de que los deba­tes que asen­ta­ron la teo­ría del impe­ria­lis­mo se desa­rro­lla­ban sobre ideas rai­za­les ya pre­sen­tes en El Capi­tal y en otros tex­tos. Hemos vis­to que la ley ten­den­cial de des­cen­so de la tasa de ganan­cia, expues­ta en su libro III, es la razón pri­me­ra de la cri­sis y de la mili­ta­ri­za­ción impe­ria­lis­ta, del endu­re­ci­mien­to de las pug­nas inter­im­pe­ria­lis­tas y de los cre­cien­tes peli­gros de gue­rra.

El paten­te enfa­do de las gran­des poten­cias euro­peas con res­pec­to a Esta­dos Uni­dos, pue­de trans­for­mar­se en males­tar237 si los yan­quis inten­si­fi­can su mili­ta­ri­za­ción neo­fas­cis­ta en la fron­te­ra Este con Rusia y su nue­vo rear­me nuclear y con­ven­cio­nal des­ti­na­do a una gue­rra nuclear loca­li­za­da en Euro­pa pero no en Esta­dos Uni­dos. Pero las ten­sio­nes inter­im­pe­ria­lis­tas occi­den­ta­les que ya emer­gen nun­ca lle­ga­rán a ser con­tra­dic­cio­nes anta­gó­ni­cas polí­ti­co-mili­ta­res por­que la supre­ma­cía yan­qui es abru­ma­do­ra. La ver­da­de­ra ame­na­za radi­ca en que el lla­ma­do «Reloj del Apo­ca­lip­sis», panel de segui­mien­to del peli­gro de gue­rra mun­dial cal­cu­lan­do los minu­tos que fal­tan para el holo­caus­to a las 0 horas del día, afir­ma que: «Des­de 2011 no ha deja­do de apro­xi­mar­se a la media­no­che. Las 23h55 en 2014, las 23h57 en 2015, las 23h57 y 30 segun­dos en 2017»238.

¿Cómo impe­dir que el capi­ta­lis­mo se pre­ci­pi­te a la catás­tro­fe? Muy sim­ple y a la vez muy com­ple­jo pero urgen­te­men­te nece­sa­rio: F. Ches­nais nos pro­po­ne sem­brar la cóle­ra obre­ra y popu­lar: «Sem­brar los gér­me­nes de la cóle­ra –siem­pre que esté diri­gi­da con­tra el capi­ta­lis­mo real­men­te exis­ten­te– y apo­yar­la cuan­do esta­lla en los muchos terre­nos en que las desigual­da­des pro­vo­can indig­na­ción es, mien­tras se espe­ra que el hori­zon­te se acla­re, una tarea polí­ti­ca coti­dia­na. Nun­ca se me hubie­ra ocu­rri­do, en otros tiem­pos, ter­mi­nar un artícu­lo polí­ti­co de esta mane­ra. Pero así esta­mos»239.

La pro­pues­ta de Ches­nais es muy valio­sa y tam­bién lo es la de María Jesús Izquier­do en lo refe­ren­te a cómo com­ba­tir al sis­te­ma patriar­co-bur­gués que edu­ca a la mujer en la pasi­vi­dad, en la doci­li­dad, la edu­ca para dar pena y pro­du­cir com­pa­sión, cuan­do de lo que se tra­ta es que la mujer apren­da a dar mie­do240 al hom­bre, la úni­ca for­ma real­men­te deci­si­va de hacer­se res­pe­tar. Esta pro­pues­ta es esen­cial­men­te idén­ti­ca a la mar­xis­ta y a las de todos los movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios. Vere­mos cómo en 1881, dos años antes de su falle­ci­mien­to, Marx afir­ma­ba que había que asus­tar a la bur­gue­sía.

Los fracasos del reformismo

Pare­ce que F. Ches­nais está sor­pren­di­do por el ten­sio­na­mien­to que están adqui­rien­do los anta­go­nis­mos socia­les en los últi­mos años, tan­to que se ha con­ven­ci­do de la nece­si­dad de que las cla­ses y pue­blos explo­ta­dos se orga­ni­cen para exten­der e inten­si­fi­cas la cóle­ra, la ira con­tra la opre­sión. La pro­pues­ta de Mª J. Izquier­do tie­ne tam­bién este fon­do por­que la diná­mi­ca de dar mie­do ter­mi­na fre­cuen­te­men­te gene­ran­do situa­cio­nes de extre­ma ten­sión. Por esto sus lla­ma­mien­tos a la resis­ten­cia dura son tan­to más valio­sos por­que se rea­li­zan en medio de un domi­nio cua­si abso­lu­to de la ideo­lo­gía refor­mis­ta y paci­fis­ta, que vamos a resu­mir aho­ra con algu­nos ejem­plos sig­ni­fi­ca­ti­vos por su actua­li­dad.

Duran­te los años más inso­por­ta­bles de la cri­sis, dos libros masi­va­men­te difun­di­dos divul­ga­ron la pasi­vi­dad con­for­mis­ta: uno de 2011 expo­nía 115 medi­das key­ne­sia­nas y posteu­ro­co­mu­nis­ta que abar­ca­ban des­de la nº 1 que era nada menos que movi­li­zar­se para ins­tau­rar un «gobierno mun­dial que per­mi­tie­ra com­pen­sar y redu­cir el poder de los gru­pos pri­va­dos inter­na­cio­na­les, así como faci­li­tar la ins­tau­ra­ción de un mun­do dife­ren­te», has­ta la nº 115 que pedía la «refor­ma cons­ti­tu­cio­nal que haga que todos los car­gos públi­cos que ten­gan fun­ción de repre­sen­ta­ti­vi­dad sean elec­tos y que impi­dan el carác­ter here­da­ble de los pues­tos repre­sen­ta­ti­vos»241. Las 115 pro­pues­tas son un géli­do engru­do de socia­lis­mo utó­pi­co, key­ne­sia­nis­mo ele­men­tal, post-euro­co­mu­nis­mo, ciu­da­da­nis­mo blan­do y repu­bli­ca­nis­mo ver­gon­zan­te, etc., que en modo alguno pre­ten­de ata­car los pila­res del capi­tal y del Esta­do espa­ñol que le sos­tie­ne.

En 2013 se publi­có una lar­ga con­ver­sa­ción entre dos repre­sen­tan­tes del refor­mis­mo duro y blan­do. Sin exten­der­nos en los pun­tos en común –ausen­cia del socia­lis­mo y de la nece­si­dad de socia­li­zar las fuer­zas pro­duc­ti­vas, ausen­cia del dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción, etc. – , solo apre­cia­mos dos dife­ren­cias: una, Julio Angui­ta defen­día la nece­si­dad de salir­se de la Unión Euro­pea mien­tras que J. C. Mone­de­ro defen­día la nece­si­dad de per­ma­ne­cer den­tro242; y otra, J. Angui­ta defen­día el dere­cho de rebe­lión y J. C. Mone­de­ro el paci­fis­mo.

Pero Julio Angui­ta defen­día el dere­cho de rebe­lión des­de la ideo­lo­gía de los dere­chos huma­nos bur­gue­ses, que él asu­me en su for­ma ofi­cial y abs­trac­ta de la Decla­ra­ción Uni­ver­sal de la ONU24324339 sin refe­rir­se en nin­gún momen­to a los dere­chos con­cre­tos socia­lis­tas. Las refe­ren­cias his­tó­ri­cas que hace Julio Angui­ta al dere­cho de rebe­lión corres­pon­den a las tesis tomi­tas, a esco­lás­ti­cos como Suá­rez, a los ideó­lo­gos bur­gue­ses del siglo XVII como Loc­ke y a las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas del siglo XVIII244. Ocul­ta la exten­sa y pro­fun­da teo­ría mar­xis­ta de la vio­len­cia, y menos aún pro­fun­di­za en cómo orga­ni­zar la rebe­lión para que sea lo más efec­ti­va posi­ble con el menor daño posi­ble. Se tra­ta, por tan­to, de una sim­ple diva­ga­ción demo­cra­ti­cis­ta que rehu­ye cual­quier apro­xi­ma­ción a la reali­dad, por no hablar de la prác­ti­ca.

Ambos libros eran par­te del uni­ver­so ideo­ló­gi­co refor­mis­ta que en la pri­me­ra déca­da del siglo XXI tenía una de sus expre­sio­nes más suti­les en T. Negri. Anselm Jap­pe inclu­ye la obra Impe­rio de Hardt y Negri en lo que él defi­ne como «la últi­ma mas­ca­ra­da del mar­xis­mo tra­di­cio­nal», por­que, según Jap­pe, ambos auto­res ter­mi­nan acep­tan­do la lógi­ca del capi­tal, no com­ba­ten sus rela­cio­nes de pro­pie­dad: «El lími­te del capi­ta­lis­mo resi­de para Negri y Hardt en la sub­je­ti­vi­dad de los explo­ta­dos y no en las con­tra­dic­cio­nes inter­nas del capi­ta­lis­mo». Más aún, esta sub­je­ti­vi­dad es, sobre todo, la del lla­ma­do «tra­ba­jo inma­te­rial», lo que expli­ca que:

Impe­rio se diri­ge a un públi­co muy pre­ci­so en tér­mi­nos socio­ló­gi­cos: sugie­re a las nue­vas capas medias que se ganan el pan en el sec­tor «crea­ti­vo» –infor­má­ti­ca, publi­ci­dad, indus­tria cul­tu­ral– que ellas repre­sen­tan el nue­vo suje­to de trans­for­ma­ción de la socie­dad. El comu­nis­mo será hecho reali­dad por un micro ejér­ci­to de empren­de­do­res de la infor­má­ti­ca245.

Pues bien, de mane­ra pare­ci­da como Hart y Negri inten­ta­ron dar otra ima­gen menos bru­tal del impe­ria­lis­mo, más bene­vo­len­te, Hollo­way pro­pa­gó la fan­ta­sía de que era posi­ble hacer la revo­lu­ción sin tomar el poder. Sin entrar aquí en esos deli­rios246, avan­za­mos has­ta 2014 cuan­do irrum­pió T. Pik­kety inten­tan­do lavar la cara del capi­ta­lis­mo asu­mien­do algu­nos sus devas­ta­do­res efec­tos pero silen­cian­do sus raí­ces pro­fun­das, sus cau­sas irra­cio­na­les e incon­tro­la­bles. Pero: «Tho­mas Piketty es una varian­te de demó­cra­ta social-bien­es­ta­ris­ta mol­dea­do, y por mucho, por el New Deal nor­te­ame­ri­cano»247. Poco antes, Pau­la Bach había inclui­do a Piketty en el reba­ño del refor­mis­mo, des­de Berns­tein has­ta Pode­mos, pre­ci­san­do que:

La línea divi­so­ria entre refor­mis­mo y mar­xis­mo es si ante estas con­di­cio­nes estruc­tu­ra­les es admi­si­ble ima­gi­nar un esce­na­rio refor­mis­ta de lar­go pla­zo o si ese anhe­lo ame­na­za trans­for­mar­se en una nue­va tram­pa que impon­drá al movi­mien­to obre­ro y a las masas pobres nue­vos sufri­mien­tos e infi­ni­tas penu­rias. El ries­go no con­sis­te en sos­te­ner, por supues­to, que el desa­rro­llo de la lucha de cla­ses podrá con­se­guir nue­vas con­quis­tas. El peli­gro es creer que pue­dan con­se­guir­se, a lar­go pla­zo, bajo el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta. Siry­za, Pode­mos y los gobier­nos pos­neo­li­be­ra­les de Amé­ri­ca Lati­na han tra­ba­ja­do y tra­ba­jan para ami­la­nar al movi­mien­to de masas pos­tu­lán­do­se como los reden­to­res del capi­tal. Su acción es per­ver­sa por­que lejos de «empo­de­rar­las», mili­tan para que dejen de con­fiar en sus pro­pias fuer­zas248.

Tam­bién en 2014 salió al mer­ca­do una pro­pues­ta de alter­na­ti­va glo­bal para crear otra socie­dad pos­te­rior al fin del cre­ci­mien­to capi­ta­lis­ta. R. Hein­berg reúne una impre­sio­nan­te masa de datos sobre el ago­ta­mien­to de recur­sos pero tam­bién sobre el decli­ve eco­nó­mi­co des­de la déca­da de 1970 en ade­lan­te que, con alti­ba­jos, se man­tie­ne: para inten­tar con­te­ner esa caí­da sur­gió un «“sis­te­ma ban­ca­rio en la som­bra” bási­ca­men­te sin regu­la­ción»249, que se ha con­ver­ti­do en poder fác­ti­co supe­rior a la mayo­ría de los Esta­dos. Pues bien, tras una api­so­na­do­ra de datos, el autor echa mar­cha atrás y en vez de lle­var la lógi­ca de su méto­do has­ta el final –por ejem­plo, ¿cómo aca­bar con la «ban­ca en la som­bra»? ¿Socia­li­zán­do­lo como ban­co públi­co bajo poder obre­ro? – , retro­ce­de al refor­mis­mo más insí­pi­do con su pro­pues­ta de que hay que «ges­tio­nar la con­tra­dic­ción, rede­fi­nir el pro­gre­so»250.

Las con­tra­dic­cio­nes no se ges­tio­nan: se hacen esta­llar agu­di­zan­do su lucha de con­tra­rios inter­na. El pro­gre­so no se rede­fi­ne sino que gra­cias al esta­lli­do de la con­tra­dic­ción sur­ge otro desa­rro­llo social cua­li­ta­ti­va­men­te mejor. Pero este sal­to exi­ge la des­truc­ción del poder de la bur­gue­sía, de su «ban­ca en la som­bra»… lo que a su vez exi­ge una estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria de auto­or­ga­ni­za­ción popu­lar apo­ya­da por orga­ni­za­cio­nes pro­le­ta­rias. ¿Qué pro­po­ne el autor que no uti­li­za los con­cep­tos mar­xis­tas sino la ideo­lo­gía domi­nan­te en una ver­sión pro­gre? Por de pron­to, desa­rro­llar gru­pos ciu­da­da­nos que sean pacien­tes por­que, según el gene­tis­ta P. C. Why­brow, cita­do por el autor, los nor­te­ame­ri­ca­nos tie­nen un fuer­te ins­tin­to con­su­mis­ta y empren­de­dor por­que «son des­cen­dien­tes de inmi­gran­tes con una alta fre­cuen­cia del “ale­lo explo­ra­dor y bus­ca­dor de la nove­dad D4‑7” en el sis­te­ma recep­tor de dopa­mi­na»251, tex­tual.

Los gru­pos ciu­da­da­nos deben asu­mir esta pecu­lia­ri­dad gené­ti­ca de la bur­gue­sía yan­qui y, con pacien­cia, ir «adap­tán­do­la» por­que no solo exis­ten lími­tes en nues­tro «cere­bro indi­vi­dual» sino tam­bién en la «psi­co­lo­gía de las orga­ni­za­cio­nes»:

Las orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas, por ejem­plo, tien­den a fomen­tar una cul­tu­ra en la que los que están den­tro (los polí­ti­cos) son ani­ma­dos a decir a los que están fue­ra (la gen­te) lo que estos últi­mos quie­ren oír, rete­nien­do al mis­mo tiem­po la infor­ma­ción sobre pro­ble­mas que no se pue­den solu­cio­nar sin un sacri­fi­cio sus­tan­cial, o pro­ble­mas de los que no se pue­de echar la cul­pa a otros polí­ti­cos com­pe­ti­do­res252.

Supe­rar estas barre­ras psi­co­ló­gi­cas y gené­ti­cas exi­ge mucho tiem­po por­que jus­to aho­ra esta­mos entran­do en la quin­ta y últi­ma fase de la evo­lu­ción huma­na, la de una socie­dad en «esta­do esta­cio­na­rios, sos­te­ni­ble y reno­va­ble». Las ante­rio­res han sido: la con­quis­ta del fue­go, el desa­rro­llo del len­gua­je, la agri­cul­tu­ra y la indus­tria­li­za­ción basa­da en el car­bón y el petró­leo253. Como se apre­cia, es una visión tec­no­lo­gi­cis­ta y lineal de la his­to­ria en la que no cabe la dia­léc­ti­ca. Este evo­lu­cio­nis­mo que recha­za la con­tra­dic­ción sus­ten­ta la tác­ti­ca que pro­po­ne el autor:

Los eco­no­mis­tas alter­na­ti­vos argu­men­tan que el genuino bene­fi­cio de las empre­sas (su capa­ci­dad de reunir capi­tal para con­se­guir pro­pó­si­tos social­men­te úti­les) se podría con­se­guir mejor median­te coope­ra­ti­vas –que tie­nen una lar­ga his­to­ria de éxi­tos. Las coope­ra­ti­vas de aho­rro y cré­di­to son ban­cos coope­ra­ti­vos; algu­nas empre­sas de ser­vi­cio públi­co ope­ran como coope­ra­ti­vas; y hay tam­bién coope­ra­ti­vas de vivien­das, indus­tria­les y agrí­co­las. Los siguien­tes sie­te prin­ci­pios son cen­tra­les para el movi­mien­to coope­ra­ti­vo:

1) Mem­bre­sía volun­ta­ria y abier­ta. 2) Con­trol demo­crá­ti­co de los miem­bros. 3) Par­ti­ci­pa­ción eco­nó­mi­ca de los miem­bros. 4) Auto­no­mía e inde­pen­den­cia. 5) Edu­ca­ción, for­ma­ción e infor­ma­ción. 6) Coope­ra­ción entre coope­ra­ti­vas y 7) Preo­cu­pa­ción por la comu­ni­dad.

Las coope­ra­ti­vas tie­nen el poten­cial de evi­tar la sobre­ex­plo­ta­ción de los recur­sos al colo­car otros valo­res, inclui­dos los intere­ses de las gene­ra­cio­nes futu­ras por enci­ma de los bene­fi­cios254.

Marx dijo que las coope­ra­ti­vas demues­tran que la cla­se obre­ra no nece­si­ta patro­nes, es decir que la eco­no­mía pue­de fun­cio­nar sin la cla­se bur­gue­sa. Para que no se extien­da esta ver­dad, el refor­mis­mo y la bur­gue­sía impo­nen al coope­ra­ti­vis­mo obje­ti­vos muy limi­ta­dos por leyes que le obli­gan a mover­se siem­pre den­tro del capi­ta­lis­mo, como en este caso, anu­lan­do así su poten­cial eman­ci­pa­dor. Des­de lue­go que R. Hein­berg ofre­ce más pro­pues­tas como las de limi­tar las ganan­cias obte­ni­bles en la extrac­ción de recur­sos, gra­var los gas­tos de con­ta­mi­na­ción y con­su­mo ener­gé­ti­co, limi­tar la desigual­dad de ingre­sos, fle­xi­bi­li­dad de jor­na­da y favo­re­cer a los paí­ses con eco­no­mías sos­te­ni­bles para que man­ten­gan la com­pe­ti­ti­vi­dad con los que no apli­can medi­das sos­te­ni­bles255, etc. Pero al igual que con el coope­ra­ti­vis­mo refor­mis­ta, el res­to de pro­pues­tas nun­ca se diri­gen a las pro­ble­mas cru­cia­les de la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, al Esta­do y sus medios, a la demo­cra­cia bur­gue­sa y sus lími­tes, a la plus­va­lía y explo­ta­ción social, a la pla­ni­fi­ca­ción colec­ti­va o a la bur­gue­sa…

Acer­cán­do­nos al pre­sen­te, en 2015, se publi­có un exten­so pero vacío libro con el suge­ren­te títu­lo de Común que nos recuer­da la auto­crí­ti­ca de Engels en 1875 cuan­do dijo que él y Marx debe­rían haber uti­li­za­do el tér­mino de Comu­na en vez del de Esta­do por­que el pri­me­ro refle­ja mucho mejor la esen­cia del comu­nis­mo que el segun­do. Pero en el libro que aho­ra tra­ta­mos no es así ni mucho menos, pese a haber sido pre­sen­ta­do como la pana­cea defi­ni­ti­va para lle­gar al bien común gene­ra­li­za­do evi­tan­do la revo­lu­ción comu­nis­ta. El núcleo del libro apa­re­ce en el decá­lo­go del apar­ta­do «Ins­ti­tuir lo inapro­pia­ble» y sobre todo en el pun­to nº 8 que trans­cri­bi­mos ínte­gro:

Como prin­ci­pio polí­ti­co, el común tie­ne voca­ción de pre­va­le­cer tan­to en la esfe­ra social como en la esfe­ra polí­ti­ca públi­ca. No se tra­ta, por tan­to, de limi­tar por ade­lan­ta­do la pri­ma­cía de esta últi­ma esfe­ra aban­do­nan­do toda la esfe­ra de la pro­duc­ción y de los inter­cam­bios a la gue­rra de los intere­ses pri­va­dos o al mono­po­lio del Esta­do. Pero, debi­do a su carác­ter de prin­ci­pio polí­ti­co, el común tam­po­co cons­ti­tu­ye un nue­vo «modo de pro­duc­ción», ni un «ter­ce­ro» que se inter­pon­ga entre el mer­ca­do y el Esta­do para for­mar un ter­cer sec­tor de la eco­no­mía jun­to a lo pri­va­do y lo públi­co. Al no impli­car la pri­ma­cía del común la supre­sión de la pro­pie­dad pri­va­da, a for­tio­ri no impo­ne la supre­sión del mer­ca­do. Lo que impo­ne, por el con­tra­rio, es su subor­di­na­ción a los comu­nes y, en este sen­ti­do, la limi­ta­ción del dere­cho de pro­pie­dad y del mer­ca­do, no sim­ple­men­te sus­tra­yen­do cier­tas cosas del inter­cam­bio comer­cial para reser­var­las al uso común, sino supri­mien­do el dere­cho de abu­sar (ius abu­ten­di), en vir­tud del cual una cosa que­da ente­ra­men­te libra­da a la volun­tad egoís­ta de su pro­pie­ta­rio256.

Que el impe­ria­lis­mo no se inquie­te, pue­de dor­mir tran­qui­lo por­que el «común» no bus­ca ser el futu­ro modo de pro­duc­ción comu­nis­ta; por lo tan­to, no quie­te aca­bar con el mer­ca­do y con la pro­pie­dad pri­va­da, ni mucho menos des­truir el Esta­do bur­gués y crear un Esta­do obre­ro en pro­ce­so de auto­ex­tin­ción que, median­te la demo­cra­cia socia­lis­ta, ace­le­re la extin­ción del valor, del tra­ba­jo abs­trac­to, de la mer­can­cía, del dine­ro, etcé­te­ra. Es más, los con­cep­tos mar­xis­tas ape­nas apa­re­cen en las casi sete­cien­tas pági­nas. El «común» quie­re que los pro­pie­ta­rios de «cosas» no abu­sen egoís­ta­men­te de sus rique­zas, que res­pe­ten el «común». Pero ¿qué es lo común? Lea­mos:

Nos auto­ri­za­mos a hablar de los comu­nes para desig­nar, no aque­llo que es común, sino aque­llo que es toma­do a car­go por una acti­vi­dad de pues­ta en común, esto es, lo que por ella es con­ver­ti­do en común. Nin­gu­na cosa es común por sí o por natu­ra­le­za, solo las prác­ti­cas colec­ti­vas deci­den en últi­ma ins­tan­cia en cuan­to al carác­ter común de una cosa o de un con­jun­to de cosas257.

Ocu­rre que la cla­se tra­ba­ja­do­ra, el cam­pe­si­na­do, el estu­dian­ta­do… recu­pe­ran las empre­sas, los cam­pos, las escue­las y uni­ver­si­da­des; ocu­rre que las muje­res explo­ta­das se movi­li­zan en todas par­tes y jun­to con su vecin­da­rio ocu­pan par­ques, tien­das, cor­tan auto­pis­tas, crean cen­tros socia­les; ocu­rre que las nacio­nes opri­mi­das luchan para echar a los inva­so­res y libe­rar su país… No se enfren­tan a la repre­sión, al des­pi­do labo­ral y al empo­bre­ci­mien­to por las huel­gas para lograr que «cosas» sean comu­nes, sino para recu­pe­rar la pro­pie­dad colec­ti­va, común y comu­nal de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, de la Ban­ca, de la natu­ra­le­za pri­va­ti­za­da, de la salud y la cul­tu­ra, de la pro­pia nación. Ocu­rre que el pue­blo tra­ba­ja­dor quie­re disol­ver las fuer­zas repre­si­vas y el ejér­ci­to, hacer jus­ti­cia socia­lis­ta con­tra jue­ces y tor­tu­ra­do­res, y orga­ni­zar el pue­blo es armas pues­tas en «común»: no son «cosas», es auto­de­fen­sa para aplas­tar la con­tra­rre­vo­lu­ción.

La cues­tión de las luchas popu­la­res por la defen­sa de los bie­nes comu­nes reco­rre la his­to­ria de la lucha de cla­ses y la his­to­ria de los socia­lis­mos, y tie­ne rela­cio­nes direc­tas con los deba­tes sobre el coope­ra­ti­vis­mo, pro­ble­má­ti­ca que no pode­mos desa­rro­llar aquí. La natu­ra­le­za refor­mis­ta de la mayo­ría del movi­mien­to hacia lo «común» ha sido de nue­vo con­va­li­da­da por las decla­ra­cio­nes de Toni Negri. Des­pués de expli­car por qué hay que man­te­ner la Unión Euro­pea ya que «si cae Euro­pa, las poten­cias que están por enci­ma no tar­da­rán en comér­se­la. Se meren­da­rán cada uno de nues­tros paí­ses como la Troi­ka se ha meren­da­do a Gre­cia», sos­tie­ne que:

Para encon­trar una uni­dad hay que reanu­dar un dis­cur­so de refor­mis­mo duro y radi­cal en Euro­pa. Este es el úni­co camino que pode­mos reco­rrer. […] una jus­ti­cia fis­cal radi­cal –no pue­de ser que los patro­nos no paguen impues­tos– que impli­que una pro­gre­si­vi­dad altí­si­ma de los impues­tos; una ele­va­ción del sala­rio medio y de las ren­tas del tra­ba­jo y la intro­duc­ción de una ren­ta bási­ca de ciu­da­da­nía. […] El comu­nis­mo con­sis­te en poner en común esas for­mas de vida en las que nos encon­tra­mos coope­ran­do, en hacer­las capa­ces de un esfuer­zo, de una lucha y de una cons­truc­ción. Por­que hoy el pro­ble­ma es el de la cons­truc­ción del común. Cuan­do hoy tra­ba­jas en red, sabes per­fec­ta­men­te lo que es el común. ¿Cómo se gobier­na esa red? Los patro­nos la gobier­nan indi­vi­dua­li­zan­do, se tra­ta de gober­nar­la comu­na­li­zán­do­la. Y este es un pro­ble­ma que pare­ce difí­cil, pero en reali­dad no lo es tan­to, pero pasa por una toma de con­cien­cia. El común en sí ya exis­te, el común para sí hay que inven­tar­lo o mejor dicho, hay que inven­tar el pasa­je de uno a otro258.

En el mar­xis­mo, el avan­ce de la con­cien­cia-en-sí a la con­cien­cia-para-sí requie­re de una simul­ta­nei­dad de luchas, fuer­zas orga­ni­za­das y estra­te­gias de toma del poder y de des­truc­ción del Esta­do del capi­tal que no pode­mos expo­ner aho­ra. T. Negri retro­ce­de al evo­lu­cio­nis­mo pre­mar­xis­ta cuan­do cree que pue­de lle­gar­se al comu­nis­mo sim­ple­men­te «comu­na­li­zan­do» la red sin citar el pro­ble­ma crí­ti­co de la pro­pie­dad pri­va­da.

Otra línea de ata­que fue la moda del lla­ma­do «post­ca­pi­ta­lis­mo», divul­ga­da por P. Mason que se esfor­zó en des­acre­di­tar con sibi­lino y sua­ve vitrio­lo cual­quier alter­na­ti­va socia­lis­ta, pero sobre la base de una tre­men­da igno­ran­cia –¿o mala fe?– que se com­prue­ba, entre muchos ejem­plos, en esta fra­se: «El mar­xis­mo, por su insis­ten­cia en el pro­le­ta­ria­do como motor de la trans­for­ma­ción, ten­dió a igno­rar la cues­tión de cómo ten­drían que cam­biar los seres huma­nos para que sur­gie­ra el post­ca­pi­ta­lis­mo»259. A la pre­gun­ta sobre en qué con­sis­te real­men­te el «post­ca­pi­ta­lis­mo» en lo que res­pec­ta a la pro­pie­dad pri­va­da, a la ley del valor, a la plus­va­lía, al Esta­do, al impe­ria­lis­mo, etc., el autor res­pon­de con el silen­cio dicien­do que para lle­gar al post­ca­pi­ta­lis­mo «nece­si­ta­mos solu­cio­nes estruc­tu­ra­les y no solo eco­nó­mi­cas» pero que tal cosa debe estar den­tro del «refor­mis­mo revo­lu­cio­na­rio»260.

Lle­ga­dos a este pun­to vie­nen al recuer­do los deba­tes mar­xis­tas sobre el papel de las con­quis­tas socia­les que mejo­ran las con­di­cio­nes del pue­blo, le crean cons­cien­cia y espe­ran­za y for­ta­le­cen sus orga­ni­za­cio­nes, con­quis­tas «refor­mis­tas» guia­das por la estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria, pero las «refor­mas revo­lu­cio­na­rias» de Mason no van por ahí, se guían por esta quín­tu­ple estra­te­gia: 1) enten­der las limi­ta­cio­nes de la volun­tad huma­na de poder; 2) sos­te­ni­bi­li­dad eco­ló­gi­ca; 3) tran­si­ción no sola­men­te eco­nó­mi­ca. Ten­drá que ser una tran­si­ción huma­na; 4) ata­car el pro­ble­ma des­de todos los ángu­los; y 5) maxi­mi­zar el poder de la infor­ma­ción261.

Vea­mos: las «limi­ta­cio­nes de la volun­tad huma­na de poder» no son abs­trac­tas, depen­den del con­tex­to socio­his­tó­ri­co. La sos­te­ni­bi­li­dad eco­ló­gi­ca depen­de de medi­das polí­ti­cas y eco­nó­mi­cas que afec­tan a cla­ses socia­les anta­gó­ni­cas y a Esta­dos impe­ria­lis­tas y pue­blos domi­na­dos. Vis­ta a esca­la mun­dial, la «tran­si­ción huma­na» rea­li­za­da por los paí­ses que han inten­ta­do rom­per con el capi­ta­lis­mo y avan­zar al socia­lis­mo no tie­ne pun­to de com­pa­ra­ción por sus logros con­cre­tos y pal­pa­bles con la bru­ta­li­dad del capi­ta­lis­mo real­men­te exis­ten­te. Una de las carac­te­rís­ti­cas de la dia­léc­ti­ca mar­xis­ta es «ata­car el pro­ble­ma des­de todos los ángu­los»: el lla­ma­do «holis­mo» por los dia­léc­ti­cos de la Gre­cia Anti­gua. Y lle­var el poder de la infor­ma­ción al máxi­mo es lo mis­mo que la demo­cra­cia direc­ta, sovié­ti­ca, con­se­jis­ta, basa­da en la pro­pie­dad socia­lis­ta de los medios de infor­ma­ción. ¿Enton­ces?

Sin embar­go, para Mason y el post­ca­pi­ta­lis­mo, todo se pue­de decir con un glo­bo hin­cha­ble lleno de abs­trac­cio­nes poli­sé­mi­cas que nun­ca en ensu­cian con la lucha de cla­ses en el capi­ta­lis­mo actual; por ejem­plo: para ir redu­cien­do la deu­da «bajo la direc­ción de un gobierno que se adhi­rie­ra al post­ca­pi­ta­lis­mo, se podría hacer que el Esta­do, el sec­tor de la gran empre­sa pri­va­da y las gran­des cor­po­ra­cio­nes empre­sa­ria­les públi­cas per­si­guie­ran fines radi­cal­men­te dife­ren­tes de los actua­les y sin nece­si­dad de apli­car cam­bios cos­to­sos, pues estos podrían inci­dir bási­ca­men­te en el ámbi­to de la regu­la­ción e ir acom­pa­ña­dos (y for­ta­le­ci­dos) por un pro­gra­ma radi­cal diri­gi­do a ami­no­rar la deu­da»262. Ante esta mara­vi­lla de pro­gra­ma solo bal­bu­cea­mos una duda: ¿y dón­de que­da la reali­dad?

Según Mason el mer­ca­do «no tie­ne por qué ser el enemi­go» en una socie­dad «muy inter­co­nec­ta­da en red». O tam­bién: «No exis­te razón algu­na para abo­lir los mer­ca­dos por decre­to siem­pre y cuan­do, cla­ro está, abo­la­mos tam­bién los des­equi­li­brios de poder que se ocul­tan bajo el con­cep­to de “libre mer­ca­do” […] Pero para con­tro­lar la tran­si­ción ten­dría­mos que enviar seña­les cla­ras al sec­tor pri­va­do. Una de las más impor­tan­tes sería la siguien­te: que la ganan­cia se deri­va del empren­di­mien­to no de las ren­tas»263. Tras leer esto se com­pren­de defi­ni­ti­va­men­te por qué hablá­ba­mos de la tre­men­da igno­ran­cia de Mason con res­pec­to al mar­xis­mo: su ideo­lo­gía inte­gra la pro­pa­gan­da reac­cio­na­ria sobre el «empren­di­mien­to» que ocul­ta la diná­mi­ca cla­sis­ta del capi­ta­lis­mo y legi­ti­ma al empre­sa­ria­do y un neo­key­ne­sia­nis­mo que supri­ma lo «malo» del mer­ca­do y desa­rro­lle lo «bueno».

Son muy abun­dan­tes las con­fe­ren­cias, artícu­los y libros que inten­tan argu­men­tar que es fac­ti­ble vol­ver al lla­ma­do «Esta­do del bien­es­tar», reju­ve­ne­cién­do­lo264. Son pro­pues­tas que si bien pue­den fre­nar un poco el empeo­ra­mien­to de las con­di­cio­nes de vida y tra­ba­jo de las cla­ses explo­ta­das, en modo alguno pre­ten­den arran­car las raí­ces pro­fun­das del capi­ta­lis­mo. Los refor­mis­mos varios nece­si­tan aga­rrar­se como sea al mito key­ne­siano, rein­ter­pre­tán­do­lo para sos­te­ner sus pro­gra­mas. En estas pági­nas esta­mos vien­do cómo en la pra­xis con­flu­yen e influ­yen los valo­res huma­nos, la éti­ca, la vida coti­dia­na, etc., con las teo­rías o ideo­lo­gías que se tie­nen.

Key­nes era, en los valo­res y accio­nar dia­rio, lo anta­gó­ni­co a la pra­xis mar­xis­ta. En lo polí­ti­co era un furi­bun­do anti­co­mu­nis­ta y en lo teó­ri­co su obse­sión fue crear una vacu­na que sal­va­se al impe­ria­lis­mo y en espe­cial a su admi­ra­da monar­quía bri­tá­ni­ca. Su tesis del Esta­do regu­la­dor tenía esa fun­ción265 que, sin embar­go, no le ha ser­vi­do al capi­tal para ter­mi­nar defi­ni­ti­va­men­te con sus cri­sis aun­que sí para expri­mir a la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra. Para ser rela­ti­va­men­te efec­ti­vo el key­ne­sia­nis­mo exi­ge la alie­na­ción con­su­mis­ta del pro­le­ta­ria­do y la vigi­lan­cia-con­trol de la izquier­da revo­lu­cio­na­ria266, la pasi­vi­dad sumi­sa de los pue­blos saquea­dos por el impe­ria­lis­mo y la mili­ta­ri­za­ción capi­ta­lis­ta. No es casua­li­dad que los famo­sos «trein­ta glo­rio­sos», para­dig­ma del key­ne­sia­nis­mo, fue­ran inse­pa­ra­bles de la OTAN, de la mal lla­ma­da «gue­rra fría», de las atro­ces dic­ta­du­ras anti­co­mu­nis­tas.

Estos son algu­nos de los requi­si­tos que, uni­dos a medi­das fis­ca­les, etc., pue­den con­te­ner duran­te un tiem­po la ley ten­den­cial de caí­da de la tasa media de ganan­cia. Todo ello es impo­si­ble sin «paz social» en la metró­po­lis impe­ria­lis­ta y sin una vio­len­cia sis­te­má­ti­ca con­tra los pue­blos saquea­dos. El refor­mis­mo ocul­ta esta ensan­gren­ta­da lec­ción his­tó­ri­ca y por eso su apo­lo­gía del estric­to paci­fis­mo es «suma­men­te inmo­ral»267. Sin embar­go, A. Gar­cía Line­ra opi­na que no, que la «nue­va izquier­da» debe asu­mir la ideo­lo­gía demo­crá­ti­co-bur­gue­sa:

[…] todo gobierno pro­gre­sis­ta es, por lo gene­ral, de cor­ta dura­ción. Excep­cio­nal­men­te podrá durar un poco más, pero no hay que temer eso por­que la otra opción es la fuer­za. Pero eso sería vio­len­tar lo que es una con­quis­ta de las izquier­das actua­les: la recu­pe­ra­ción de las liber­ta­des aso­cia­ti­vas, de pen­sa­mien­to, de opi­nión… Las lla­ma­das liber­ta­des bur­gue­sas for­man par­te del patri­mo­nio de las nue­vas izquier­das, que lle­gan al poder con elec­cio­nes y lo pier­den con elec­cio­nes. Eso es muy intere­san­te. Antes se decía que había que lle­gar al gobierno como fue­ra, con lucha arma­da, y lue­go no per­der­lo nun­ca aun­que hubie­ra que pasar por enci­ma de las cabe­zas de muchos opo­si­to­res268.

La tesis de Gar­cía Line­ra tie­ne una con­tra­dic­ción inter­na que la anu­la total­men­te: por un lado dice que la «nue­va izquier­da» asu­me las liber­ta­des bur­gue­sas, pero por otro lado renun­cia al dere­cho de defen­sa vio­len­ta ante la injus­ti­cia, el dere­cho de rebe­lión, que era una de las bases de los dere­chos bur­gue­ses269: deca­pi­tar al rey, a la noble­za, a los obis­pos270… expro­piar­les sus bie­nes para enri­que­cer a la bur­gue­sía revo­lu­cio­na­ria. Gar­cía Line­ra debe res­pon­der a estas pre­gun­tas: ¿Se equi­vo­có la bur­gue­sía holan­de­sa, ingle­sa, yan­qui y fran­ce­sa, por citar solo a estos paí­ses, cuan­do luchó con fero­ci­dad san­grien­ta con­tra el abso­lu­tis­mo? ¿Por qué estas bur­gue­sías tenían dere­cho a la rebe­lión y la «nue­va izquier­da» recha­za ese dere­cho? ¿Debía la revo­lu­ción cuba­na haber devuel­to el poder a la bur­gue­sía pro­yan­qui? ¿Se equi­vo­có Allen­de cuan­do se negó a armar al pro­le­ta­ria­do y pre­ten­dió des­ar­mar a las orga­ni­za­cio­nes revo­lu­cio­na­rias, aun cuan­do le advir­tie­ron de la inmi­nen­cia del gol­pe mili­tar de Pino­chet? ¿Debía resis­tir Siria el ata­que impe­ria­lis­ta? ¿Debe el pre­si­den­te vene­zo­lano ceder a las ame­na­zas fas­cis­tas?

Se nos dirá que Gar­cía Line­ra no plan­tea estas cues­tio­nes por­que se ciñe solo a los casos en los que los gobier­nos «pro­gre­sis­tas» pier­den las elec­cio­nes guber­na­men­ta­les. Pero aquí radi­ca la cegue­ra his­tó­ri­ca, el retro­ce­so de la «nue­va izquier­da» en la épo­ca de Berns­tein, o inclu­so en la épo­ca del Marx joven. En efec­to, exis­te un hilo rojo que enla­za al Marx de comien­zos de la déca­da de 1840 con todas las resis­ten­cias popu­la­res, cam­pe­si­nas y obre­ras en defen­sa de los bie­nes comu­nes y, por tan­to, con la Boli­via de 2019. Jus­to con 24 años de edad, Marx que­dó impre­sio­na­do por la repre­sión feroz que sufrían las niñas y niños, las per­so­nas empo­bre­ci­das que «roba­ban» leña y otros recur­sos en las tie­rras que hacía poco habían sido comu­na­les pero que ya esta­ban pri­va­ti­za­das. Ni pre­ca­vi­do ni mie­do­so, defi­nió a la poli­cía como un cuer­po repre­si­vo cuyo «deber pro­fe­sio­nal es la bru­ta­li­dad»271 y lue­go aña­día ade­lan­tán­do­se más de un siglo a Fou­cault:

Esta lógi­ca, que trans­for­ma a los ser­vi­do­res del pro­pie­ta­rio foral en auto­ri­da­des del Esta­do, trans­for­ma a las auto­ri­da­des del Esta­do en ser­vi­do­res del pro­pie­ta­rio fores­tal. La divi­sión del Esta­do, la fun­ción de cada uno de los fun­cio­na­rios admi­nis­tra­ti­vos, todo tie­ne que salir­se de qui­cio para que todo se reba­je a un medio del pro­pie­ta­rio fores­tal y su inte­rés apa­re­ce como el alma que deter­mi­na todo el meca­nis­mo. Todos los órga­nos del Esta­do se trans­for­man en oídos, bra­zos y pier­nas con los que el inte­rés del pro­pie­ta­rio fores­tal oye, espía, cal­cu­la, pro­te­ge, coge y corre272.

Marx se refie­re al pro­ce­so que hace que la bru­ta­li­dad se apli­que como últi­mo recur­so del Esta­do, que emplea sus medios de con­trol, vigi­lan­cia y repre­sión para defen­der el inte­rés del capi­ta­lis­mo, en este caso en la pri­va­ti­za­ción de bie­nes comu­na­les. Lo que nos intere­sa aho­ra, ade­más, es que en aque­llos años Marx había sen­ta­do una de las bases teó­ri­cas que lue­go serían siem­pre con­fir­ma­das: al mar­gen de si había y hay que expro­piar mon­tes comu­na­les o apli­car «gol­pes blan­dos»273 para derro­tar «demo­crá­ti­ca­men­te» a gobier­nos lega­les, al mar­gen de ello, una fun­ción esen­cial del Esta­do del capi­tal es la de, pri­me­ro, impe­dir que triun­fen los gobier­nos «pro­gre­sis­tas»; segun­do, si han triun­fa­do, coop­tar­los, inte­grar­los, ame­dren­tar­los… y, ter­ce­ro, derro­car­los a poder ser «demo­crá­ti­ca­men­te» o median­te cual­quier otro medio por sal­va­je que sea. El per­ma­nen­te cho­que fron­tal entre, por un lado, los inten­tos de inte­gra­ción lati­noa­me­ri­ca­na y, por el lado con­tra­rio, la polí­ti­ca sis­te­má­ti­ca de Esta­dos Uni­dos para desin­te­grar Nues­tra­mé­ri­ca274 sin repa­rar en bru­ta­li­da­des, da la razón a Marx y se la nie­ga a Gar­cía Line­ra.

La vie­ja «nue­va izquier­da» paci­fis­ta de siem­pre, y con ella Gar­cía Line­ra, debie­ran extraer las lec­cio­nes per­ti­nen­tes del impre­sio­nan­te libro de V. Acos­ta sobre la his­to­ria de Esta­dos Uni­dos y, sobre todo, del final de su capí­tu­lo V en don­de sin­te­ti­za su his­to­ria des­de fina­les del siglo XIX has­ta la Admi­nis­tra­ción Trump: la incom­pa­ti­bi­li­dad entre demo­cra­cia socia­lis­ta e impe­ria­lis­mo yan­qui se mues­tra en la doc­tri­na del «Des­tino Mani­fies­to» que a su vez se sos­tie­ne ideo­ló­gi­ca­men­te en el fun­da­men­ta­lis­mo cal­vi­nis­ta y mani­queo275. Debie­ran refle­xio­nar sobre estas pala­bras de V. Acos­ta:

Como cual­quier otro impe­rio del pasa­do, los Esta­dos Uni­dos se nie­gan a acep­tar su len­ta deca­den­cia por­que aún son una eco­no­mía gran­de y pode­ro­sa y capaz de ame­na­zar a todo rival real o posi­ble con la úni­ca res­pues­ta que cono­cen: con la agre­si­vi­dad y la ame­na­za mili­tar; por­que se siguen con­si­de­ran­do la pri­me­ra poten­cial mili­tar del mun­do, la nación indis­pen­sa­ble y el nue­vo y defi­ni­ti­vo pue­blo ele­gi­do […] El mun­do ten­drá que bus­car la for­ma de enfren­tar­lo e impe­dir­lo276.

La vie­ja y siem­pre fra­ca­sa­da «nue­va izquier­da» paci­fis­ta no quie­re ni pue­de enfren­tar­se al impe­ria­lis­mo para demos­trar­le que debe asu­mir su derro­ta. Gar­cía Line­ra nos quie­re con­ven­cer que pode­mos lle­gar al socia­lis­mo median­te la cons­truc­ción colec­ti­va de opi­nión, de modo que, al igual que ase­gu­ra­ban los vie­jos refor­mis­mos, la bur­gue­sía ter­mi­na­rá auto con­ven­cién­do­se que le resul­ta más ren­ta­ble ceder su pro­pie­dad pri­va­da a cam­bio de una pací­fi­ca «jubi­la­ción» como cla­se explo­ta­do­ra. Pero la reali­dad des­tro­za esta fan­ta­sía.

Las violencias y El Capital

En su estu­dio sobre cómo El Capi­tal des­cu­bre las con­tra­dic­cio­nes socia­les, H. Kowal­zik y H. Malorny afir­man que: «La des­apa­ri­ción del capi­ta­lis­mo no suce­de en su pro­pio cur­so, no en la for­ma de un derrum­ba­mien­to auto­má­ti­co, sino por medio de la lucha orga­ni­za­da de la cla­se obre­ra […] Las expe­rien­cias de la his­to­ria corro­bo­ran la demos­tra­ción teó­ri­ca de Marx de que es impo­si­ble cre­cer pau­la­ti­na y pací­fi­ca­men­te hacia el inte­rior en el socia­lis­mo sin eli­mi­nar el capi­ta­lis­mo por vías revo­lu­cio­na­rias […] Solo la revo­lu­ción socia­lis­ta y la cons­truc­ción de la socie­dad socia­lis­ta pue­den eli­mi­nar las con­tra­dic­cio­nes capi­ta­lis­tas»277.

Ambos auto­res actua­li­zan la lar­ga expe­rien­cia his­tó­ri­ca ya enun­cia­da en for­ma pre-teó­ri­ca con diver­sos nive­les de con­cre­ción en tex­tos ante­rio­res al mar­xis­mo. Los cam­bios acae­ci­dos entre fina­les del siglo XVIII y el pri­mer ter­cio del siglo XIX se plas­ma­ron por ejem­plo en los anar­quis­mos y, sobre todo, en la gran­de­za heroi­ca y en los lími­tes del blan­quis­mo y del comu­nis­mo utó­pi­co278. La revo­lu­ción de 1848 con­fir­mó las lec­cio­nes de las luchas de 1830 y aña­dió nue­vas expe­rien­cias. Sin duda, la más deci­si­va de todas ellas es la que hemos apun­ta­do bre­ve­men­te arri­ba sobre la teo­ría de la cri­sis, del final del capi­ta­lis­mo, de su derrum­be auto­má­ti­co o de la nece­si­dad de la revo­lu­ción socia­lis­ta para ace­le­rar y diri­gir las cri­sis y los derrum­bes tran­si­to­rios hacia el comu­nis­mo, o sea, el pro­ble­ma del papel de la pra­xis revo­lu­cio­na­ria en sus momen­tos deci­si­vos: la vio­len­cia orga­ni­za­da para des­truir el Esta­do bur­gués. Hay que par­tir de los hechos:

La apa­ri­ción y desa­rro­llo de la vio­len­cia en las rela­cio­nes socia­les se haya vin­cu­la­da a fac­to­res obje­ti­vos –el impe­rio de la pro­pie­dad pri­va­da y la divi­sión de la socie­dad en cla­ses– que han hecho impo­si­ble has­ta aho­ra la solu­ción de las con­tra­dic­cio­nes fun­da­men­ta­les por vía pací­fi­ca. La lucha de cla­ses se desa­rro­lla his­tó­ri­ca­men­te con un coefi­cien­te mayor o menor de vio­len­cia, pero la expe­rien­cia his­tó­ri­ca demues­tra que cuan­do se halla en peli­gro la exis­ten­cia de la cla­se domi­nan­te, esta no vaci­la en recu­rrir a las for­mas vio­len­tas más extre­mas, inclu­so al terror masi­vo, pues nin­gu­na cla­se social está dis­pues­ta a aban­do­nar volun­ta­ria­men­te el esce­na­rio de la his­to­ria279.

Como hemos dicho, para media­dos del siglo XIX, por ejem­plo en el Mani­fies­to comu­nis­ta, esta expe­rien­cia his­tó­ri­ca ya esta­ba fusio­na­da en el inte­rior de la teo­ría mar­xis­ta. Según las pro­ble­má­ti­cas, su pre­sen­cia es públi­ca y abier­ta, como en el cada día más actual Men­sa­je del Comi­té Cen­tral a la Liga de los Comu­nis­tas de 1850, pero casi siem­pre ocul­ta­do:

Es evi­den­te que en los futu­ros con­flic­tos san­grien­tos, al igual que en todos los ante­rio­res, serán sobre todo los obre­ros los que ten­drán que con­quis­tar la vic­to­ria con su valor, reso­lu­ción y espí­ri­tu de sacri­fi­cio. En esta lucha, al igual que en las ante­rio­res, la masa peque­ño­bur­gue­sa man­ten­drá una acti­tud de espe­ra, de irre­so­lu­ción e inac­ti­vi­dad tan­to tiem­po como le sea posi­ble, con el pro­pó­si­to de que, en cuan­to que­de ase­gu­ra­da la vic­to­ria, uti­li­zar­la en bene­fi­cio pro­pio, invi­tar a los obre­ros a que per­ma­nez­can tran­qui­los y retor­nen al tra­ba­jo, evi­tar los lla­ma­dos exce­sos y des­po­jar al pro­le­ta­ria­do de los fru­tos de la vic­to­ria. No está en manos de los obre­ros impe­dir que la peque­ña bur­gue­sía demo­crá­ti­ca pro­ce­da de este modo, pero sí está en su poder difi­cul­tar la posi­bi­li­dad de impo­ner­se al pro­le­ta­ria­do en armas y dic­tar­les unas con­di­cio­nes bajo las cua­les la domi­na­ción de los demó­cra­tas bur­gue­ses lle­ve des­de el prin­ci­pio el ger­men de su caí­da, faci­li­tan­do así con­si­de­ra­ble­men­te su ulte­rior sus­ti­tu­ción por el poder del pro­le­ta­ria­do. Duran­te el con­flic­to e inme­dia­ta­men­te des­pués de ter­mi­na­da la lucha, los obre­ros deben pro­cu­rar, ante todo y en cuan­to sea posi­ble, con­tra­rres­tar los inten­tos con­tem­po­ri­za­do­res de la bur­gue­sía y obli­gar a los demó­cra­tas a lle­var a la prác­ti­ca sus actua­les fra­ses terro­ris­tas. Deben actuar de tal mane­ra que la exci­ta­ción revo­lu­cio­na­ria no sea repri­mi­da de nue­vo inme­dia­ta­men­te des­pués de la vic­to­ria. Por el con­tra­rio, han de inten­tar man­te­ner­la tan­to tiem­po como sea posi­ble. Los obre­ros no solo no deben opo­ner­se a los lla­ma­dos exce­sos, a los actos de ven­gan­za popu­lar con­tra indi­vi­duos odia­dos o con­tra edi­fi­cios públi­cos que el pue­blo solo pue­de recor­dar con odio, no solo deben tole­rar tales actos, sino que deben asu­mir la direc­ción de los mis­mos280.

Y un poco des­pués:

Se pro­ce­de­rá inme­dia­ta­men­te a armar a todo el pro­le­ta­ria­do con fusi­les, cara­bi­nas, caño­nes y muni­cio­nes; es pre­ci­so opo­ner­se al resur­gi­mien­to de la vie­ja mili­cia bur­gue­sa diri­gi­da con­tra los obre­ros. Don­de no pue­dan ser toma­das estas medi­das, los obre­ros deben tra­tar de orga­ni­zar­se inde­pen­dien­te­men­te como guar­dia pro­le­ta­ria, con jefes y un Esta­do Mayor Cen­tral ele­gi­do por ellos mis­mos, y poner­se a las órde­nes no del Gobierno, sino de los con­se­jos muni­ci­pa­les revo­lu­cio­na­rios crea­dos por los mis­mos obre­ros. Don­de los obre­ros tra­ba­jen en empre­sas del Esta­do, debe­rán pro­cu­rar su arma­men­to y orga­ni­za­ción en cuer­pos espe­cia­les con man­dos ele­gi­dos por ellos mis­mos o bien como uni­da­des que for­men par­te de la guar­dia pro­le­ta­ria. Bajo nin­gún pre­tex­to entre­ga­rán sus armas y muni­cio­nes; todo inten­to de desar­me será recha­za­do, en caso de nece­si­dad, por la fuer­za de las armas. Des­truc­ción de la influen­cia de los demó­cra­tas bur­gue­ses sobre los obre­ros; for­ma­ción inme­dia­ta de una orga­ni­za­ción inde­pen­dien­te y arma­da de la cla­se obre­ra; crea­ción de unas con­di­cio­nes que, en la medi­da de lo posi­ble, sean lo más duras y com­pro­me­te­do­ras para la domi­na­ción tem­po­ral e inevi­ta­ble de la demo­cra­cia bur­gue­sa: tales son los pun­tos prin­ci­pa­les que el pro­le­ta­ria­do, y por tan­to la Liga, deben tener pre­sen­tes duran­te la pró­xi­ma insu­rrec­ción y des­pués de ella281.

Marx y Engels escri­bie­ron esto cuan­do aún pen­sa­ban que la olea­da revo­lu­cio­na­ria de 1848 podía entrar en una segun­da y deci­si­va fase. El que ocu­rrie­ra lo con­tra­rio al acti­var­se una expan­sión eco­nó­mi­ca hacien­do retro­ce­der a la cla­se obre­ra, no les hizo recha­zar la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar del Men­sa­je sino, al con­tra­rio, estu­diar las razo­nes pro­fun­das de una recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca que había sal­va­do al capi­ta­lis­mo for­ta­le­cien­do su poder282. De esos estu­dios sur­gió El Capi­tal tal cual lo pudie­ron redac­tar.

Resul­ta escla­re­ce­dor que quie­nes ase­gu­ran que el mar­xis­mo no dis­po­ne de una teo­ría del poder, silen­cien, olvi­den u ocul­ten el Men­sa­je de 1850 y la tota­li­dad de la obra de ambos ami­gos. En El Capi­tal la teo­ría del poder en su esen­cia apa­re­ce de mane­ra con­tun­den­te en el capí­tu­lo dedi­ca­do a la jor­na­da de tra­ba­jo: «Nos encon­tra­mos, pues, ante una anti­no­mia, ante dos dere­chos encon­tra­dos, san­cio­na­dos y acu­ña­dos por la ley que rige el cam­bio de mer­can­cías. Entre dere­chos igua­les y con­tra­rios, deci­de la fuer­za»283. ¿Y qué decir de la defi­ni­ción del capi­tal como «régi­men coac­ti­vo»284 que Marx hace cuan­do ana­li­za la plus­va­lía abso­lu­ta? Coac­ción y fuer­za en el mis­mo núcleo de la vida del capi­tal. Fuer­za y coac­ción que no podrían exis­tir sin el Esta­do, sin su polí­ti­ca y vio­len­cia para sos­te­ner una dic­ta­du­ra de cla­se que tie­ne una de sus anclas de suje­ción en el mar­ca­do de tra­ba­jo285 y en la tría­da de empo­bre­ci­mien­to, vio­len­cia y mie­do286. Es cier­to que la dic­ta­du­ra de cla­se se difu­mi­na tras la demo­cra­cia bur­gue­sa, sobre todo por el feti­chis­mo de la mer­can­cía, etc., pero nun­ca des­apa­re­ce en los tiem­pos de «paz» y siem­pre reapa­re­ce cuan­do sur­gen pro­ble­mas que ralen­ti­zan o fre­nan los bene­fi­cios.

En el impre­sio­nan­te capí­tu­lo XIII dedi­ca­do a la maqui­na­ria y a la gran indus­tria, se citan pila­res del Esta­do en cuan­to tal des­de su ori­gen his­tó­ri­co, pila­res que hemos vis­to ante­rior­men­te como la coac­ción y la obe­dien­cia: Marx cita en la nota 7 las medi­das repre­si­vas en la Edad Media ale­ma­na con­sis­ten­tes en el dis­co de made­ra que se ponía a los sier­vos alre­de­dor del cue­llo para que no pudie­ran lle­var­se hari­na a la boca mien­tras molían el grano del señor287. «Robar» hari­na al patrón era lucha de cla­ses, tan­to enton­ces como aho­ra, y el poder esta­tal feu­dal –dife­ren­te al bur­gués– apli­ca­ba esas medi­das coac­ti­vas, del mis­mo modo en que el Esta­do bur­gués pru­siano –dife­ren­te al feu­dal– de la déca­da de 1830 repri­mía el «robo» de leña por los cam­pe­si­nos ate­ri­dos de frío en los bos­ques que habían sido comu­na­les antes de ser pri­va­ti­za­dos, como denun­ció el joven Marx288, según hemos vis­to arri­ba.

En reali­dad, cuan­do las cla­ses explo­ta­das «roban» al patrón están recu­pe­ran­do lo que les per­te­ne­ce: una vio­len­cia jus­ta con­tra la injus­ta, cho­que media­ti­za­do por le acción polí­ti­ca, repre­si­va e ideo­ló­gi­ca del Esta­do domi­nan­te. Unas pági­nas más ade­lan­te, Marx expo­ne el pro­ce­so de sur­gi­mien­to de la con­cien­cia nacio­nal irlan­de­sa en res­pues­ta a la opre­sión bri­tá­ni­ca: «Con la acu­mu­la­ción de ren­tas en Irlan­da pro­gre­sa la acu­mu­la­ción de irlan­de­ses en Nor­te­amé­ri­ca. El irlan­dés, des­alo­ja­do de su tie­rra por las ove­jas y los bue­yes, reapa­re­ce al otro lado del océano con­ver­ti­do en feniano»289, es decir, en un movi­mien­to clan­des­tino de resis­ten­cia arma­da que pre­pa­ra­ba una insu­rrec­ción nacio­nal. Los irlan­de­ses vuel­ven a su país para des­truir con su vio­len­cia la vio­len­cia del Esta­do ocu­pan­te: la razón sus­tan­ti­va hay que bus­car­la en la acu­mu­la­ción de capi­tal ren­tis­ta bri­tá­ni­co. No se tra­ta de un caso ais­la­do y menos úni­co. Es la diná­mi­ca inter­na del capi­tal en expan­sión la que la gene­ra des­de el sur­gi­mien­to de este modo de pro­duc­ción.

Según Marx:

Las diver­sas eta­pas de la acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria tie­nen su cen­tro, por orden cro­no­ló­gi­co más o menos pre­ci­so, en Espa­ña, Por­tu­gal, Holan­da, Fran­cia e Ingla­te­rra. Es aquí, en Ingla­te­rra, don­de a fines del siglo XVII se resu­men y sin­te­ti­zan sis­te­má­ti­ca­men­te en el sis­te­ma colo­nial, el sis­te­ma de la deu­da públi­ca, el moderno sis­te­ma tri­bu­ta­rio y el sis­te­ma pro­tec­cio­nis­ta. En par­te, estos méto­dos se basan, como ocu­rre con el sis­te­ma colo­nial, en la más ava­sa­lla­do­ra de las fuer­zas. Pero todos ellos se valen del poder del Esta­do, de la fuer­za con­cen­tra­da y orga­ni­za­da de la socie­dad, para ace­le­rar a pasos agi­gan­ta­dos el pro­ce­so de trans­for­ma­ción del régi­men feu­dal de pro­duc­ción en el régi­men capi­ta­lis­ta y acor­tar los inter­va­los. La vio­len­cia es la coma­dro­na de toda socie­dad vie­ja que lle­va en sus entra­ñas otra nue­va. Es, por eso mis­mo, una poten­cia eco­nó­mi­ca290.

Marx enu­me­ra las for­mas, fases y méto­dos suce­si­vos para el desa­rro­llo capi­ta­lis­ta en los que la vio­len­cia del Esta­do ha sido deci­si­va: colo­nia­lis­mo, deu­da públi­ca, tri­bu­ta­ción y pro­tec­cio­nis­mo, que desa­rro­lla des­pués, como el de la deu­da públi­ca y a una de sus expre­sio­nes que es la «deu­da nacio­nal» que con­trae la bur­gue­sía. Lo que aho­ra nos intere­sa sobre todo es el sor­pren­den­te sig­ni­fi­ca­do actual de estas pala­bras suyas: «Des­de el momen­to mis­mo de nacer, los gran­des ban­cos, ador­na­dos con títu­los nacio­na­les, no fue­ron más que socie­da­des de espe­cu­la­do­res pri­va­dos que coope­ra­ban con los gobier­nos y que, gra­cias a los pri­vi­le­gios que estos les otor­ga­ban, esta­ban en con­di­cio­nes de ade­lan­tar­les dine­ro»291.

E. Tous­saint ha estu­dia­do en pro­fun­di­dad cómo la deu­da públi­ca era un ins­tru­men­to de domi­na­ción inter­na­cio­nal ya cuan­do Marx escri­bía las pala­bras ante­rio­res. En aque­lla épo­ca impe­rios como el zaris­ta, el oto­mano y el chino esta­ban per­dien­do su sobe­ra­nía debi­do a las cre­cien­tes deu­das con­traí­das con el capi­tal ban­ca­rio del momen­to. Las pre­sio­nes de los acree­do­res eran tan sal­va­jes que fue­ron uno de los deto­nan­tes de la revo­lu­ción polí­ti­ca en Tur­quía y de las revo­lu­cio­nes socia­les en Rusia y Chi­na. Tous­saint dice: «La cri­sis de la déca­da de 1870 con­lle­vó a Vene­zue­la a un ver­da­de­ro enfren­ta­mien­to con los impe­ria­lis­tas nor­te­ame­ri­ca­nos, ale­ma­nes, ingle­ses y fran­ce­ses. Estas poten­cias man­da­ron en 1902 a Vene­zue­la una flo­ta marí­ti­ma mul­ti­di­men­sio­nal de gue­rra. Esta arma­da blo­queó el puer­to de Cara­cas para lograr un acuer­do sobre el reem­bol­so de la deu­da con­traía por Vene­zue­la. Este país aca­bó con los últi­mos pagos en 1843»292.

Duran­te casi medio siglo, la inde­pen­den­cia de Vene­zue­la for­mal­men­te reco­no­ci­da estu­vo res­trin­gi­da por las exi­gen­cias del capi­tal finan­cie­ro inter­na­cio­nal. La diná­mi­ca de fon­do de este ava­sa­lla­mien­to está expli­ca­da en El Capi­tal varian­do sus for­mas con los años, pero no su natu­ra­le­za y menos aún sus terri­bles efec­tos: véa­se Gre­cia o Argen­ti­na293, por citar solo dos casos. Des­cri­bien­do muy grá­fi­ca­men­te los impres­cin­di­bles estu­dios de E. Tous­saint sobre la deu­da públi­ca, F. Cór­do­ba Itu­rre­gui expli­ca que los pue­blos endeu­da­dos por sus bur­gue­sías mal­vi­ven atra­pa­dos «entre bui­tres y garras»294. Son los Esta­dos impe­ria­lis­tas los que con la tota­li­dad de sus fuer­zas de mani­pu­la­ción, alie­na­ción, chan­ta­je y vio­len­cia hacen que el capi­tal finan­cie­ro suje­te entre sus garras de bui­tre espe­cu­la­dor a los pue­blos que explo­ta.

Antes de res­pon­der a la pre­gun­ta de cómo aca­bar con los bui­tres y sus garras, debe­mos con­cre­tar más lo que ver­da­de­ra­men­te está en jue­go con la deu­da públi­ca y con la ente­ra diná­mi­ca de explo­ta­ción capi­ta­lis­ta, que no es otra cosa que trans­cen­der la pro­pie­dad pri­va­da bur­gue­sa ins­tau­ran­do la pro­pie­dad comu­nis­ta. Aquí, en esta deci­si­va cues­tión, Marx vuel­ve a recor­dar­nos la valía de la dia­léc­ti­ca y dice:

El sis­te­ma de apro­pia­ción capi­ta­lis­ta que bro­ta del régi­men capi­ta­lis­ta de pro­duc­ción y, por tan­to, la pro­pie­dad pri­va­da capi­ta­lis­ta, es la pri­me­ra nega­ción de la pro­pie­dad pri­va­da indi­vi­dual, basa­da en el pro­pio tra­ba­jo. Pero la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta engen­dra, con la fuer­za inexo­ra­ble de un pro­ce­so natu­ral, su pri­me­ra nega­ción. Es la nega­ción de la nega­ción. Esta no res­tau­ra la pro­pie­dad pri­va­da ya des­trui­da, sino una pro­pie­dad indi­vi­dual que reco­ge los pro­gre­sos de la era capi­ta­lis­ta: una pro­pie­dad indi­vi­dual basa­da en la coope­ra­ción y en la pose­sión colec­ti­va de la tie­rra y de los medios de pro­duc­ción pro­du­ci­dos por el pro­pio tra­ba­jo295.

La ley de la nega­ción de la nega­ción expli­ca el pro­ce­so por el que par­tes de lo vie­jo se man­tie­nen sub­su­mi­das en lo nue­vo. La pro­pie­dad colec­ti­va de la tie­rra y de las fuer­zas pro­duc­ti­vas son la nega­ción de la pro­pie­dad bur­gue­sa, que a su vez es la nega­ción de la pro­pie­dad comu­nal en la que exis­tía la pro­pie­dad indi­vi­dual basa­da en el pro­pio tra­ba­jo. La ley de la nega­ción de la nega­ción, esen­cial en la dia­léc­ti­ca, es por ello mis­mo com­ba­ti­da a muer­te por la bur­gue­sía –aun­que con­fir­ma­da por la cien­cia– ya que, ade­más de otras razo­nes, tam­bién en lo social mues­tra el papel de la vio­len­cia, bien para impe­dir el trán­si­to cua­li­ta­ti­vo de la pro­pie­dad bur­gue­sa a la comu­nis­ta, bien para ace­le­rar­lo. El Men­sa­jeCir­cu­lar de 1850, del que hemos extrac­ta­do unos tro­zos, es una con­fir­ma­ción del papel crea­ti­vo de la vio­len­cia en la nega­ción de la nega­ción: «Para noso­tros no es cues­tión refor­mar la pro­pie­dad pri­va­da, sino abo­lir­la; paliar los anta­go­nis­mos de cla­se, sino abo­lir las cla­ses; mejo­rar la socie­dad exis­ten­te, sino esta­ble­cer una nue­va»296.

El colo­nia­lis­mo, la deu­da públi­ca, la tri­bu­ta­ción y el pro­tec­cio­nis­mo se impu­sie­ron negan­do con des­qui­cian­te vio­len­cia esta­tal los sis­te­mas comu­na­les de pro­duc­ción, el modo escla­vis­ta y el feu­dal. La nega­ción revo­lu­cio­na­ria del capi­ta­lis­mo abre la puer­ta para recu­pe­rar for­mas comu­na­les en un mun­do sin colo­nia­lis­mo, sin deu­da públi­ca, si tri­bu­ta­ción y sin leyes pro­tec­cio­nis­tas del impe­ria­lis­mo con­tra la huma­ni­dad empo­bre­ci­da. Son las con­tra­dic­cio­nes inter­nas de la pro­pie­dad capi­ta­lis­ta las que faci­li­tan ese sal­to. Por ello mis­mo, la bur­gue­sía inten­ta actuar sobre esas con­tra­dic­cio­nes para abor­tar con la vio­len­cia inhu­ma­na el par­to de la nue­va socie­dad, del comu­nis­mo.

Una demos­tra­ción más, de entre los milla­res dis­po­ni­bles del poten­cial heu­rís­ti­co de El Capi­tal, apa­re­ce en su libro III. Marx se da el gus­ta­zo de resol­ver­les a los bur­gue­ses sus dudas de por qué no se ha hun­di­do aún la tasa de bene­fi­cio: los eco­no­mis­tas no podían resol­ver el enig­ma de por qué habien­do cre­ci­do tan­to el capi­tal fijo en las tres últi­mas déca­das –de media­dos de los años trein­ta a media­dos de los sesen­ta – , sin embar­go no se había des­plo­ma­do la ganan­cia por el las­tre plo­mi­zo cre­cien­te del capi­tal fijo. Marx les expli­ca que «ello se debe, indu­da­ble­men­te, al jue­go de influen­cias que con­tra­rres­tan y neu­tra­li­zan los efec­tos de esta ley gene­ral, dán­do­le sim­ple­men­te el carác­ter de una ten­den­cia». Y les cita las seis más impor­tan­tes: «1) Aumen­to del gra­do de explo­ta­ción del tra­ba­jo. 2) Reduc­ción del sala­rio por deba­jo de su valor. 3) Aba­ra­ta­mien­to de los ele­men­tos que for­man el capi­tal cons­tan­te. 4) La super­po­bla­ción rela­ti­va. 5) El comer­cio exte­rior. Y 6) Aumen­to del capi­tal-accio­nes»297.

Como hemos vis­to, en 1895 y poco antes de morir, en su obri­ta La Bol­sa Engels lla­mó la aten­ción sobre el espec­ta­cu­lar incre­men­to del capi­tal-accio­nes, según el tér­mino emplea­do por Marx, y su cre­cien­te e impa­ra­ble poder en for­ma de capi­tal finan­cie­ro. En 1991, en medio de la implo­sión de la URSS, P. Alba­rra­cín recu­pe­ró el pres­ti­gio de la crí­ti­ca mar­xis­ta demos­tran­do la natu­ra­le­za irra­cio­nal del capi­ta­lis­mo. Expli­có cómo la ley ten­den­cial de la caí­da de la tasa media de ganan­cia demues­tra por qué sobre­vie­ne «a lar­go pla­zo el desas­tre» ya que sur­ge de «una ten­den­cia que expre­sa un con­jun­to de rela­cio­nes entre la acu­mu­la­ción de capi­tal, el cre­ci­mien­to de su com­po­si­ción orgá­ni­ca y el pro­gre­so de la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo y de la explo­ta­ción»298.

Tar­de o tem­prano sur­ge o resur­ge la resis­ten­cia a la explo­ta­ción. La cla­se bur­gue­sa lo sabe por expe­rien­cia pro­pia e his­tó­ri­ca, con­tra­ata­can­do con muchas medi­das sien­do las seis más impor­tan­tes a fina­les del siglo XIX las expues­tas en El Capi­tal. En su libro, P. Alba­rra­cín pre­sen­tó las cua­tro medi­das más impor­tan­tes a fina­les del siglo XX para reac­ti­var la tasa media de ganan­cia: a) el aumen­to de la tasa de explo­ta­ción de la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra por la bur­gue­sía; b) ahon­dar en el avan­ce del impe­ria­lis­mo para redu­cir el pre­cio del capi­tal cons­tan­te y de las mate­rias pri­mas, aumen­tar la trans­fe­ren­cia de valor al cen­tro impe­ria­lis­ta e incre­men­tar el comer­cio exte­rior con los paí­ses explo­ta­dos; c) el aumen­to de la rota­ción del capi­tal redu­cien­do el tiem­po nece­sa­rio para la rea­li­za­ción del bene­fi­cio; y d) aumen­tar la inter­ven­ción del Esta­do en bene­fi­cio de la bur­gue­sía y en detri­men­to del pro­le­ta­ria­do299.

A pesar de haber trans­cu­rri­do casi siglo y medio entre ambos libros, no exis­ten dife­ren­cias sus­tan­cia­les sobre las con­tra­me­di­das bur­gue­sas, del mis­mo modo en que estas no han varia­do en el ter­cio de siglo recien­te. De hecho, sigue actuan­do el vie­jo topo que ora­da los cimien­tos del capi­ta­lis­mo. El accio­nar de la ley gene­ral de la acu­mu­la­ción de capi­tal y de la ley de la caí­da ten­den­cial de la tasa media de ganan­cia es incues­tio­na­ble a estas altu­ras, por mucho que le pese al refor­mis­mo. M. Roberts lo demues­tra hacien­do hin­ca­pié en dos con­tra­dic­cio­nes ele­men­ta­les del capi­ta­lis­mo: la depau­pe­ra­ción y la catás­tro­fe socio eco­ló­gi­ca300. La tri­ple explo­ta­ción de la mujer tra­ba­ja­do­ra301 tam­bién lo con­fir­ma. Otra con­fir­ma­ción la tene­mos en el hecho de que la deses­pe­ra­da libe­ra­li­za­ción finan­cie­ra lan­za­da sin vuel­ta atrás des­de media­dos de los años ochen­ta no ha logra­do insu­flar nue­va vida al capi­ta­lis­mo, sino alar­gar los pro­ble­mas de su seni­li­dad, de mane­ra que la Comi­sión Euro­pea sos­tie­ne que el retro­ce­so eco­nó­mi­co augu­ra­do para este 2019 es debi­do tam­bién a la «ten­sión polí­ti­ca y social»302, es decir, a la lucha de cla­ses.

A. Casa­no­va y R. Herre­ra ya habían ade­lan­ta­do en 2016 una correc­ta y acer­ta­da expli­ca­ción de las ten­den­cias fuer­tes del capi­ta­lis­mo actual:

La cri­sis ape­la a la gue­rra, que se inte­gra al ciclo eco­nó­mi­co como for­ma extre­ma de des­truc­ción del capi­tal, pero tam­bién polí­ti­ca­men­te, como medio para repro­du­cir las con­di­cio­nes de man­do de las altas finan­zas sobre el con­jun­to del sis­te­ma […] El com­ple­jo mili­tar-indus­trial con­ti­núa desem­pe­ñan­do un papel cla­ve, pero colo­ca­do aho­ra bajo el con­trol de las altas finan­zas, cuya influen­cia sobre las empre­sas de arma­men­to cre­ce y se mani­fies­ta en la toma del con­trol de la estruc­tu­ra de pro­pie­dad de su capi­tal por inver­so­res ins­ti­tu­cio­na­les que están a la vez domi­na­dos por los oli­go­po­lios finan­cie­ros. […] Para lograr el relan­za­mien­to de un ciclo de expan­sión en el cen­tro del sis­te­ma mun­dial, la cri­sis que sufri­mos debe­ría des­truir gigan­tes­cos mon­tos de capi­tal fic­ti­cio, amplia­men­te para­si­ta­rio. No obs­tan­te, como lo hemos seña­la­do, las con­tra­dic­cio­nes son hoy día bas­tan­te difí­ci­les de resol­ver por el capi­tal, por­que una des­va­lo­ra­ción seme­jan­te lo pon­dría en ries­go de derrum­be total. La actual situa­ción pare­ce ser el ini­cio de un lar­go pro­ce­so de dege­ne­ra­ción del esta­do actual del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, oli­go­pó­li­co y finan­cia­ri­za­do; un pro­ce­so que amplía la pers­pec­ti­va de tran­si­ción, con la lucha de cla­ses com­ple­ji­zán­do­se y endu­re­cién­do­se aún más303.

Lle­ga­dos a este pun­to, debe­mos recor­dar el lar­go deba­te sobre derrum­be o revo­lu­ción y, más exac­ta­men­te, sobre la fase exter­mi­nis­ta, sobre los dile­mas comu­nis­mo o caos y socia­lis­mo o bar­ba­rie, sobre el mili­ta­ris­mo impa­ra­ble, sobre el bru­jo que no pue­de domi­nar los males desata­dos con sus con­ju­ros, o sobre la mutua des­truc­ción de las cla­ses en lucha… Debe­mos recor­dar­los por­que sur­gen en res­pues­ta a la ley gene­ral de acu­mu­la­ción y a la ley de la caí­da ten­den­cial, por­que son estas con­tra­dic­cio­nes las que han lle­va­do al mun­do a la cri­sis des­cri­ta en la cita ante­rior y por­que nos enfren­tan al momen­to deci­si­vo de exten­der la pra­xis revo­lu­cio­na­ria según el dicho de que «para evi­tar lo impen­sa­ble, com­pro­me­tá­mo­nos a hacer lo impo­si­ble»304, con el matiz de que lo impen­sa­ble ya es pen­sa­ble y que es ya posi­ble lo impo­si­ble.

Estrategia político-militar y El Capital

Dos de las corrien­tes sub­te­rrá­neas que ali­men­ta­ron el pro­ce­so inaca­ba­ble de redac­ción de El Capi­tal fue­ron la cul­tu­ra grie­ga clá­si­ca y la estra­te­gia mili­tar estu­dia­das ambas crí­ti­ca­men­te, des­de la pers­pec­ti­va del comu­nis­mo mar­xis­ta que se esta­ba for­man­do. Care­ce­mos de espa­cio para ana­li­zar el papel de la gue­rra en la cul­tu­ra grie­ga clá­si­ca y en el modo escla­vis­ta de pro­duc­ción. En Gre­cia, gue­rra y cul­tu­ra for­ma­ban una uni­dad sobre todo en lo refe­ren­te a la obten­ción de escla­vas305 y jun­to con Roma eran «socie­da­des gue­rre­ras» en las que el papel de las muje­res era el de «cria­do­ras de futu­ros sol­da­dos»306. G. Novack nos ofre­ce esta intere­san­te des­crip­ción de Ate­nas en aque­lla épo­ca:

Lo carac­te­rís­ti­co de la socie­dad ate­nien­se no era la cal­ma, sino la lucha. Las pro­lon­ga­das y vic­to­rio­sas gue­rras de defen­sa nacio­nal ele­va­ron el orgu­llo, la con­fian­za en sí mis­mos y la auto­es­ti­ma de los ate­nien­ses; las intri­gas y las gue­rras impe­ria­lis­tas con las ciu­da­des-esta­do riva­les les impul­sa­ron a apro­ve­char, cuan­do no a ago­tar, todas sus ener­gías; las vas­tas rami­fi­ca­cio­nes de sus empre­sas comer­cia­les y colo­ni­za­do­ras, las dispu­tas de los liti­gan­tes ante los tri­bu­na­les, las con­tien­das elec­to­ra­les, las luchas frac­cio­na­les y las revuel­tas civi­les, sig­ni­fi­ca­ban una con­vul­sión cons­tan­te. Un men­sa­je­ro de los corin­tios decía a los lace­de­mo­nios que los ate­nien­ses «lle­ga­ban al mun­do y no se con­ce­dían nin­gún des­can­so a sí mis­mos ni se lo con­ce­dían a los demás»307.

El joven Marx apren­dió que el fun­da­men­to de la cul­tu­ra de la rebe­lión se encon­tra­ba en Epi­cu­ro. De for­ma más sis­te­má­ti­ca en su bri­llan­te expo­si­ción de B. Farring­ton del sig­ni­fi­ca­do peren­ne de este filó­so­fo grie­go que vivió entre los siglos ‑IV y ‑III, del cual nos ofre­ce esta cita: «Vana es la pala­bra del filó­so­fo que no sabe ali­viar al hom­bre que sufre»308. La pala­bra como arma de libe­ra­ción, o según B. Farring­ton, Epi­cu­ro: «En toda cir­cuns­tan­cia, des­car­tó la auto­ri­dad ava­sa­lla­do­ra del legis­la­dor en favor del prin­ci­pio del asen­ta­mien­to volun­ta­rio»309.

Para sobre­vi­vir en ese con­tex­to de simul­tá­nea gue­rra social y con­ven­cio­nal que los mis­mos grie­gos habían ayu­da­do a crear, no tuvie­ron más reme­dio que dar un sal­to cua­li­ta­ti­vo en con­te­ni­do y for­ma de la dis­ci­pli­na. Según G. Par­ker, la dis­ci­pli­na era la prin­ci­pal ven­ta­ja y carac­te­rís­ti­ca de los ejér­ci­tos occi­den­ta­les, que hacían una gue­rra feroz, atroz, bre­ve e impla­ca­ble, a dife­ren­cia de la de otros muchos pue­blos que más que sol­da­dos eran gue­rre­ros. Ade­más de la dis­ci­pli­na, tam­bién juga­ron a favor de los grie­gos y de occi­den­te en gene­ral la tec­no­lo­gía, la agre­si­vi­dad, la inno­va­ción y la finan­cia­ción310. Pare­ce que G. Par­ker se refie­re a las carac­te­rís­ti­cas del capi­ta­lis­mo, de hecho algo en esen­cia pare­ci­do al capi­tal ban­ca­rio ya exis­tía en la Gre­cia clá­si­ca como reco­no­cían Marx y Engels, aun­que no se había impues­to el modo capi­ta­lis­ta de pro­duc­ción.

Marx y muchos mar­xis­tas estu­dia­ban minu­cio­sa­men­te todas las face­tas y rela­cio­nes de la gue­rra311: hemos vis­to la genial equi­pa­ra­ción de un aco­ra­za­do con una fábri­ca, la esen­cia de la civi­li­za­ción del capi­tal. Pero inclu­so años antes, en 1849, había escri­to lo siguien­te de la gue­rra por la inde­pen­den­cia de Ita­lia:

Des­de un prin­ci­pio los pia­mon­te­ses han come­ti­do un error enor­me al no opo­ner a los aus­tría­cos más que el ejér­ci­to regu­lar y al que­rer lle­var una gue­rra ordi­na­ria, solo con­ve­nien­te des­de el pun­to de vis­ta bur­gués, hones­to. Un pue­blo que quie­re con­quis­tar su inde­pen­den­cia no debe limi­tar­se a los medios ordi­na­rios de gue­rra. La suble­va­ción en masa, la gue­rra revo­lu­cio­na­ria y la gue­rri­lla por todas par­tes: esos son los medios que pue­den per­mi­tir a un pue­blo peque­ño ven­cer a uno gran­de; solo de ese modo un ejér­ci­to débil pue­de man­te­ner ergui­da la cabe­za ante otro más fuer­te y mejor orga­ni­za­do […] Esta des­ven­ta­ja no ten­dría nin­gún alcan­ce si inme­dia­ta­men­te des­pués de la bata­lla per­di­da, hubie­ra esta­lla­do una gue­rra autén­ti­ca­men­te revo­lu­cio­na­ria, si la par­te del ejér­ci­to ita­liano que se halla intac­ta se hubie­ra pro­cla­ma­do acto segui­do como nudo de una suble­va­ción nacio­nal de las masas, si la gue­rra estra­té­gi­ca hones­ta de los ejér­ci­tos se hubie­ra con­ver­ti­do en una ver­da­de­ra gue­rra del pue­blo312.

En sus estu­dios, como vemos, fue­ron sen­tan­do las bases de la uni­dad entre polí­ti­ca y arte mili­tar, y mar­can­do las con­tra­dic­cio­nes anta­gó­ni­cas entre la pra­xis mili­tar del pue­blo explo­ta­do y la de la bur­gue­sía, como se mues­tra muy escla­re­ce­do­ra­men­te en este aná­li­sis sobre la gue­rra pru­sia­na con­tra Napo­león en la que el pue­blo demos­tró una heroi­ca capa­ci­dad crea­ti­va: «[…] los inmen­sos recur­sos que extrae el país con­quis­ta­do de la enér­gi­ca resis­ten­cia popu­lar cau­sa­ron un impre­sión tan gran­de en Gnei­se­nau, que duran­te varios años estu­dió cómo orga­ni­zar mejor esa resis­ten­cia»; lue­go, des­cri­bien­do los sis­te­mas de encua­dra­mien­to de los volun­ta­rios gue­rri­lle­ros en el sis­te­ma del Lands­turn, esta­ble­ci­do en abril de 1813, escri­be: «A fin de pre­pa­rar­se para la lucha sagra­da de la auto­de­fen­sa, en la que todos los medios se jus­ti­fi­can», y con­clu­ye: «Por suer­te para Napo­león I, esa ley ape­nas se cum­plía. El rey esta­ba asus­ta­do de su pro­pia obra. No corres­pon­día en abso­lu­to al espí­ri­tu pru­siano per­mi­tir que el pro­pio pue­blo com­ba­tie­se al mar­gen de las órde­nes reales. Gnei­se­nau se enfu­re­ció, pero al final tuvo que arre­glár­se­las sin el Lands­turns»313.

Engels expli­ca aquí las diver­sas estra­te­gias polí­ti­co-mili­ta­res de la bur­gue­sía pru­sia­na a comien­zos del siglo XIX. Las cla­ses explo­ta­das aún no habían desa­rro­lla­do su estra­te­gia pro­pia, pero la frac­ción más con­ser­va­do­ra de la bur­gue­sía pru­sia­na sí sabía por expe­rien­cia e his­to­ria que debía impe­dir por cual­quier medio la inde­pen­den­cia polí­ti­co-mili­tar del pue­blo, ya en cier­nes en el Lands­turn. Todas las cla­ses domi­nan­tes se han preo­cu­pa­do por impe­dir­lo des­de, por poner una fecha, los anti­guos per­sas314, has­ta el pre­sen­te, pasan­do por la Edad Media cuan­do en el II Con­ci­lio de Letrán de 1139 se prohi­bió al pue­blo el uso de la balles­ta –arma demo­crá­ti­ca por su bajo pre­cio y leta­li­dad315– bajo pena de exco­mu­nión.

El refor­mis­mo com­pren­dió al ins­tan­te que el avan­ce del mar­xis­mo con­lle­va­ba una estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar incon­ci­lia­ble con el paci­fis­mo. El embrión del par­ti­do social­de­mó­cra­ta ale­mán esta­ba vigi­la­do polí­ti­ca­men­te por los ser­vi­cios secre­tos de Bis­marck que habían infil­tra­do al pin­tor Eichler nada menos que en el car­go de pre­si­den­te del comi­té orga­ni­za­dor316 del pri­mer Par­ti­do Socia­lis­ta ale­mán en 1863. Este agen­te infil­tra­do pro­pa­gó la idea de que el Esta­do era un ins­tru­men­to neu­tral que podía y que­ría ayu­dar al pro­le­ta­ria­do a mejo­rar su suer­te por medio del coope­ra­ti­vis­mo y otros méto­dos, de mane­ra que la ins­tau­ra­ción de la «jus­ti­cia social» se rea­li­za­ría pací­fi­ca y nor­mal­men­te.

Com­pren­de­mos así la ira de Engels:

Liebk­necht me aca­ba de hacer una juga­rre­ta. Ha cogi­do de mi intro­duc­ción de los artícu­los de Marx sobre la Fran­cia de 1848–1850 todo lo que podía ser­vir­le para sos­te­ner la tác­ti­ca pací­fi­ca y anti vio­len­ta a cual­quier pre­cio que pre­di­ca des­de hace tiem­po. Pero esta tác­ti­ca yo no la pre­di­co más que para la Ale­ma­nia de hoy y aun con reser­vas. Pero en Fran­cia, Bél­gi­ca, Ita­lia, Aus­tria, esta tác­ti­ca no debe­ría seguir­se en su con­jun­to y para Ale­ma­nia pue­de con­ver­tir­se en inapli­ca­ble maña­na317.

Hemos cita­do tam­bién a Engels cuan­do en 1886 vol­vía sobre el deba­te de Marx con los paci­fis­tas, recor­dan­do que: «Cla­ro está que tam­po­co se olvi­da­ba nun­ca de aña­dir que no era de espe­rar que la cla­se domi­nan­te ingle­sa se some­tie­se a esta revo­lu­ción pací­fi­ca y legal sin una “pros­la­very rebe­llion”, sin una “rebe­lión proes­cla­vis­ta”»318. Sabe­mos tam­bién que la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na cen­su­ró y ocul­tó ideas de Engels sobre la posi­bi­li­dad y nece­si­dad de las insu­rrec­cio­nes socia­les vio­len­tas a fina­les del siglo XIX en las gran­des ciu­da­des319 para des­au­to­ri­zar la vio­len­cia revo­lu­cio­na­ria. Sin embar­go, el vere­dic­to de la his­to­ria ha vuel­to a dar la razón a Engels: las insu­rrec­cio­nes siguen sien­do posi­bles, como se demos­tró en 1905, des­de 1917, en la Segun­da Gue­rra Mun­dial y des­pués, pero tam­bién vuel­ven a dar visos de agi­ta­ción en la nue­va olea­da de movi­li­za­cio­nes que hacen de lo urbano un «cam­po de bata­lla»320 des­de fina­les del siglo XX y espe­cial­men­te des­de 2011, siem­pre en las socie­da­des impe­ria­lis­tas.

Por su valor teó­ri­co hay que citar al menos dos veces a Rosa Luxem­burg; una, cuan­do expli­ca en 1906 la dia­léc­ti­ca entre vio­len­cia obre­ra y el par­la­men­ta­ris­mo social­de­mó­cra­ta:

El terreno de la lega­li­dad bur­gue­sa del par­la­men­ta­ris­mo no es sola­men­te un cam­po de domi­na­ción para la cla­se capi­ta­lis­ta, sino tam­bién un terreno de lucha, sobre el cual tro­pie­zan los anta­go­nis­mos entre pro­le­ta­ria­do y bur­gue­sía. Pero del mis­mo modo que el orden legal para la bur­gue­sía no es más que una expre­sión de su vio­len­cia, para el pro­le­ta­ria­do la lucha par­la­men­ta­ria no pue­de ser más que la ten­den­cia a lle­var su pro­pia vio­len­cia al poder. Si detrás de nues­tra acti­vi­dad legal y par­la­men­ta­ria no está la vio­len­cia de la cla­se obre­ra, siem­pre dis­pues­ta a entrar en acción en el momen­to opor­tuno, la acción par­la­men­ta­ria de la social­de­mo­cra­cia se con­vier­te en un pasa­tiem­po tan espi­ri­tual como extraer agua con una espu­ma­de­ra. Los aman­tes del rea­lis­mo, que sub­ra­yan los «posi­ti­vos éxi­tos» de la acti­vi­dad par­la­men­ta­ria de la social­de­mo­cra­cia para uti­li­zar­los como argu­men­tos con­tra la nece­si­dad y la uti­li­dad de la vio­len­cia en la lucha obre­ra, no notan que esos éxi­tos, por más ínfi­mos que sean, solo pue­den ser con­si­de­ra­dos como los pro­duc­tos del efec­to invi­si­ble y laten­te de la vio­len­cia321.

Y otra cuan­do argu­men­ta, tam­bién en 1906, que ya se ha supe­ra­do la fase his­tó­ri­ca de la revo­lu­ción bur­gue­sa y se ha ini­cia­do la fase de la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do en Ale­ma­nia:

Pre­ci­sa­men­te por­que el orden legal bur­gués ha exis­ti­do tan­to tiem­po en Ale­ma­nia, por­que ha teni­do tiem­po de ago­tar­se y de lle­gar a su fin, por­que la demo­cra­cia y el libe­ra­lis­mo bur­gués han teni­do tiem­po de morir, aquí ya ni se pue­de hablar de revo­lu­ción bur­gue­sa. Por eso, en el perío­do de luchas polí­ti­cas popu­la­res en Ale­ma­nia, el obje­ti­vo últi­mo his­tó­ri­ca­men­te nece­sa­rio no pue­de ser sino la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do […] esta tarea no pue­de rea­li­zar­se de gol­pe; se con­su­ma­rá en una eta­pa de gigan­tes­cas luchas socia­les322.

Estas refle­xio­nes de Rosa Luxem­burg como las res­tan­tes, por ejem­plo las de Lenin sobre el arte de la insu­rrec­ción a raíz de la revo­lu­ción de 1905, o las de Trotsky sobre la revo­lu­ción per­ma­nen­te en esta épo­ca, etc., res­pon­den al sim­ple hecho de que la diná­mi­ca capi­ta­lis­ta evo­lu­cio­na­ba den­tro de los pará­me­tros gene­ra­les expues­tos en El Capi­tal y en cual­quier obra mar­xis­ta has­ta fina­les del siglo XIX, como hemos vis­to arri­ba con la «pro­fe­cía» de Engels sobre una pró­xi­ma y terri­ble gue­rra mun­dial. El trán­si­to muy con­vul­so de la fase colo­nial a la fase impe­ria­lis­ta impli­ca­ba nue­vas con­tra­dic­cio­nes que, a su vez, pro­vo­ca­ban nue­vos deba­tes: revo­lu­ción per­ma­nen­te, impe­ria­lis­mo y capi­tal finan­cie­ro, opre­sión nacio­nal y colo­nia­lis­mo «bueno», mate­ria­lis­mo y filo­so­fía de la cien­cia, teo­ría de la orga­ni­za­ción y expon­ta­neís­mo, refor­ma o revo­lu­ción, papel de la juven­tud tra­ba­ja­do­ra revo­lu­cio­na­ria, opre­sión de la mujer y socia­lis­mo… Por ejem­plo, el tex­to de Karl Liebk­necht sobre mili­ta­ris­mo de comien­zos de 1907 empie­za sacan­do a la luz una con­ver­sa­ción pri­va­da de Bis­marck en 1892 en la que decía:

La cues­tión social­de­mó­cra­ta es una cues­tión mili­tar […] ¿Qué suce­de­rá si estas tro­pas se nie­gan a dis­pa­rar con­tra sus padres y her­ma­nos, tal como lo ha orde­na­do el Kai­ser? […] Nos encon­tra­mos con algo pare­ci­do a la Comu­na de París. El Kai­ser se ame­dren­tó. Me dijo que no que­ría que le lla­ma­ran «Prín­ci­pe metra­lla» como a su abue­lo y menos aún al prin­ci­pio de su rei­na­do, «estar hun­di­do en san­gre has­ta la rodi­lla». Yo le con­tes­té enton­ces: «¡Su Majes­tad debe­rá hun­dir­se toda­vía más pro­fun­da­men­te si retro­ce­de aho­ra!»323.

Bis­marck –Can­ci­ller de Hie­rro– tenía razón: es mejor ame­tra­llar a tiem­po que enfren­tar­se más tar­de a revo­lu­cio­nes como las ale­ma­nas de 1918–1921 y 1923, y tener que recu­rrir al nazis­mo en 1933 para aplas­tar esa fase de lucha de cla­ses. Liebk­necht com­ple­ta la fra­se de Bis­marck con sus pro­pias cur­si­vas: «La cues­tión social­de­mó­cra­ta –en tan­to en cuan­to cues­tión polí­ti­ca– es, en últi­ma ins­tan­cia, una cues­tión mili­tar»324. Más ade­lan­te dice: «el mili­ta­ris­mo se ha con­ver­ti­do en el eje alre­de­dor del cual gira cada vez más nues­tra vida polí­ti­ca, social y eco­nó­mi­ca, y cómo es el ins­ti­ga­dor ocul­to que hace bai­lar a las mario­ne­tas de la come­dia capi­ta­lis­ta alre­de­dor del dine­ro, su pun­to cen­tral»325. Sobre esta base mues­tra cómo el dere­cho del sable, del fusil y de los caño­nes actúa con­tra la lucha polí­ti­ca del pro­le­ta­ria­do326.

No pode­mos exten­der­nos en estos y otros deba­tes inter­re­la­cio­na­dos, pero del mis­mo modo que las revo­lu­cio­nes y gue­rras gene­ra­ron avan­ces en el mar­xis­mo, la gue­rra mun­dial de 1914–1918 fue deci­si­va has­ta ese momen­to ya que, en lo rela­cio­na­do con El Capi­tal y la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar, los estu­dios de Lenin abrie­ron una fase nue­va. R. Duna­yevs­ka­ya sos­tie­ne que uno de sus méri­tos fue el de apli­car la nega­ción de la nega­ción como núcleo de su méto­do dia­léc­ti­co, méto­do deci­si­vo sin el cual no hubie­ra ela­bo­ra­do sus teo­rías del impe­ria­lis­mo, de la opre­sión nacio­nal, del Esta­do, de la filo­so­fía revo­lu­cio­na­ria, etc., des­de 1914 has­ta su Tes­ta­men­to327 y has­ta la teo­ría de la «orga­ni­za­ción»328, todo ello inse­pa­ra­ble de sus tam­bién deci­si­vas apor­ta­cio­nes sobre la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar. Recor­de­mos que en El Capi­tal Marx tam­bién recu­rre a la ley dia­léc­ti­ca de la nega­ción de la nega­ción, como hemos vis­to. O. Braun sos­tie­ne que «sin duda lo pri­me­ro que atra­jo a Lenin fue­ron los ele­men­tos dia­léc­ti­cos pre­sen­tes en el inte­rior del pen­sa­mien­to de Clau­se­witz»329.

E. Alba­mon­te y M. Maie­llo han segui­do el avan­ce en con­cre­ción de la estra­te­gia mili­tar en las diver­sas corrien­tes socia­lis­tas y en el mar­xis­mo, has­ta lle­gar a 1915, cuan­do irrum­pe Lenin con su lec­tu­ra crí­ti­ca de Clau­se­witz des­de y para las con­tra­dic­cio­nes aña­di­das por el impe­ria­lis­mo y la gue­rra de 1914, más agu­das que las que estu­dia­ron Marx y Engels. Ambos auto­res tie­nen toda la razón cuan­do actua­li­zan a Lenin: la gue­rra sigue sien­do un medio para un fin polí­ti­co, el post­mo­der­nis­mo –Fou­cault y otros escri­to­res– nie­ga la estra­te­gia, las situa­cio­nes revo­lu­cio­na­rias no caen del cie­lo, una polí­ti­ca sin estra­te­gia es una mise­ria, la estra­te­gia tam­bién es el arte de «crear poder» y la vic­to­ria es una tarea estra­té­gi­ca330.

J. Salem sos­tie­ne lo mis­mo sobre Lenin. La pri­me­ra de sus seis tesis sobre Lenin es con­clu­yen­te: «La revo­lu­ción es una gue­rra y la polí­ti­ca es, de mane­ra gene­ral, com­pa­ra­ble al arte mili­tar» y pone como ejem­plos muchos tex­tos en los que Lenin habla de per­der espa­cio para ganar tiem­po, trans­for­mar la gue­rra inter­im­pe­ria­lis­ta en gue­rra civil, la dia­léc­ti­ca polí­ti­ca de la con­ti­nui­dad entre paz-gue­rra-paz y gue­rra-paz-gue­rra, la expli­ca­ción de la NEP como «línea de reti­ra­da» y sobre todo: «Lenin, cuan­do habla del par­ti­do obre­ro, recu­rre fre­cuen­te­men­te a metá­fo­ras mili­ta­res. Por­que los par­ti­dos socia­lis­tas nos son clu­bes de dis­cu­sión, sino orga­ni­za­cio­nes del pro­le­ta­ria­do en lucha»331.

La ter­ce­ra tesis dice así: «Una revo­lu­ción está hecha por una “serie” de bata­llas; corres­pon­de al par­ti­do de van­guar­dia faci­li­tar en cada eta­pa una con­sig­na adap­ta­da a la situa­ción obje­ti­va; a él incum­be reco­no­cer el “momen­to opor­tuno” de la insu­rrec­ción»332. Y en la quin­ta, des­pués de hablar del papel de las refor­mas y de los incum­pli­mien­tos de la bur­gue­sía de las refor­mas pac­ta­das por­que con ellas man­tie­ne su poder, dice que: «los ejér­ci­tos derro­ta­dos apren­den mucho», y aña­de: «Marx dijo en 1848 y en 1871 que hay momen­tos en la revo­lu­ción en que el hecho de aban­do­nar sin com­ba­te una posi­ción al enemi­go, des­mo­ra­li­za más a las masas que una derro­ta sufri­da en com­ba­te»333.

Una de las dispu­tas incon­ci­lia­bles entre refor­mis­mo y mar­xis­mo en lo que con­cier­ne a la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar es la de la via­bi­li­dad his­tó­ri­ca del paci­fis­mo. Lenin no huyó del pro­ble­ma: «En Rusia, por con­di­cio­nes excep­cio­na­les, pue­de desa­rro­llar­se pací­fi­ca­men­te la revo­lu­ción […] Solo hay en todo el mun­do un país –y ese país es Rusia– que pue­de hoy, en un terreno de cla­se, con­tra los capi­ta­lis­tas, dar los pasos nece­sa­rios para poner fin a las gue­rras impe­ria­lis­tas, sin nece­si­dad de una revo­lu­ción san­grien­ta»334. Lenin defen­dió esta posi­bi­li­dad abier­ta en varios tex­tos has­ta que se cer­cio­ró de que esa posi­bi­li­dad había con­clui­do335. Con­ven­ci­do ya de que la revo­lu­ción no podía ser pací­fi­ca, de que debía recu­rrir a la vio­len­cia, en su deba­te con Kautsky con­tex­tua­li­zó la tesis de Marx de que en Ingla­te­rra y Nor­te­amé­ri­ca era posi­ble el triun­fo pací­fi­co entre 1870 y 1880, demos­tran­do que las con­di­cio­nes socia­les de 1918 eran total­men­te dife­ren­tes por tres razo­nes en el borra­dor que esta­ba pre­pa­ran­do: «En pri­mer lugar, inclu­so en aquel momen­to, Marx con­si­de­ra­ba excep­cio­nal esta posi­bi­li­dad; en segun­do lugar, enton­ces no exis­tía el capi­ta­lis­mo mono­po­lis­ta, es decir, el impe­ria­lis­mo; en ter­cer lugar, allí, en Ingla­te­rra y Nor­te­amé­ri­ca, no exis­tían –como exis­ten aho­ra– cama­ri­llas mili­ta­res como apa­ra­to fun­da­men­tal de la máqui­na bur­gue­sa del Esta­do»336; y en el tex­to ofi­cial, lo expre­sa así: «la dic­ta­du­ra revo­lu­cio­na­ria del pro­le­ta­ria­do es vio­len­cia con­tra la bur­gue­sía; esta vio­len­cia se hace par­ti­cu­lar­men­te nece­sa­ria, según lo han expli­ca­do con todo deta­lle y múl­ti­ples veces Marx y Engels (par­ti­cu­lar­men­te en La gue­rra civil en Fran­cia y en la intro­duc­ción a esta obra), por la exis­ten­cia del mili­ta­ris­mo y de la buro­cra­cia. ¡Estas ins­ti­tu­cio­nes pre­ci­sa­men­te, en Ingla­te­rra y en Nor­te­amé­ri­ca pre­ci­sa­men­te, y pre­ci­sa­men­te en la déca­da de los seten­ta del siglo XIX, cuan­do Marx hizo su obser­va­ción, no exis­tían! (Aun­que aho­ra exis­ten tan­to en uno como en el otro país.)»337

D. Fern­bach es de la opi­nión de que, si bien Marx pen­sa­ba que había algu­nas posi­bi­li­da­des pací­fi­cas, eran «casos excep­cio­na­les a la regla gene­ral»338. Ya hemos vis­to la res­pues­ta de Lenin a Kautsky mar­can­do las dife­ren­cias con­tex­tua­les entre el momen­to de Marx y el de 1917. Por su par­te, S. Moo­re tras estu­diar sis­te­má­ti­ca­men­te a Marx, Engels y Lenin en todo lo rela­cio­na­do con la demo­cra­cia, las vio­len­cias y la tran­si­ción pací­fi­ca al socia­lis­mo, sos­tie­ne con total razón que:

El pun­to en cues­tión no es la posi­bi­li­dad de una tran­si­ción pací­fi­ca al socia­lis­mo en cual­quier cir­cuns­tan­cia his­tó­ri­ca, sino su posi­bi­li­dad bajo las cir­cuns­tan­cias nor­ma­les de la demo­cra­cia capi­ta­lis­ta. Los refor­mis­tas sos­tie­nen la posi­bi­li­dad de la tran­si­ción pací­fi­ca bajo cir­cuns­tan­cias nor­ma­les. Lenin argu­ye su impo­si­bi­li­dad bajo dichas cir­cuns­tan­cias; pero insis­te en que el desa­rro­llo con­cre­to de los esta­dos indi­vi­dua­les crea cir­cuns­tan­cias agu­da­men­te diver­gen­tes de las nor­ma­les, y reco­no­ce que exis­ten cir­cuns­tan­cias excep­cio­na­les en que pue­de ser fac­ti­ble la tran­si­ción pací­fi­ca. Admi­tir la posi­bi­li­dad de la tran­si­ción pací­fi­ca no es refor­mis­mo sino mar­xis­mo. Es refor­mis­mo pro­cla­mar esa posi­bi­li­dad abs­tra­yén­do­la de las con­di­cio­nes con­cre­tas, eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas, que la deter­mi­nan. Es refor­mis­mo apli­car afir­ma­cio­nes cier­tas para situa­cio­nes his­tó­ri­cas par­ti­cu­la­res a situa­cio­nes deci­si­va­men­te dife­ren­tes, bajo cober­tu­ra de las tri­via­li­da­des libe­ra­les sobre el sufra­gio uni­ver­sal339.

Las con­di­cio­nes con­cre­tas ense­ñan que, has­ta aho­ra, la tran­si­ción pací­fi­ca al socia­lis­mo no se ha logra­do en nin­gu­na par­te, aun­que en casi todos esos pro­ce­sos ha habi­do fuga­ces momen­tos en los que la ilu­sión paci­fis­ta pare­cía ser fac­ti­ble, esfu­mán­do­se al ins­tan­te. Las cau­sas del fra­ca­so del paci­fis­mo y del refor­mis­mo pudi­mos leer­las en las últi­mas citas de El Capi­tal que hemos ofre­ci­do, que ense­ñan en for­ma de teo­ría «dura», lo que ver­da­de­ra­men­te se deci­de cuan­do cho­can a muer­te la pro­pie­dad bur­gue­sa y la pro­pie­dad pro­le­ta­ria. Vea­mos aho­ra cin­co blo­ques de expli­ca­cio­nes más peda­gó­gi­cas de la mis­ma ense­ñan­za his­tó­ri­ca rea­li­za­das al fra­gor de la lucha revo­lu­cio­na­ria.

El pri­me­ro: poco más de un mes antes de ser ase­si­na­do jun­to con Rosa Luxem­burg, en enero de 1919 por la alian­za mili­ta­ris­ta entre social­de­mó­cra­tas y pro­to nazis, Karl Liebk­necht publi­có un impac­tan­te artícu­lo titu­la­do Armas para la revo­lu­ción en el que ade­más de adver­tir sobre el furi­bun­do «odio anti­bol­che­vi­que» que impul­sa­ba a esa alian­za, pro­po­nía una serie de medi­das urgen­tes que de hecho ins­tau­ra­ban una dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do, del pue­blo en armas:

Las masas pro­le­ta­rias deben ser arma­das de inme­dia­to para que la revo­lu­ción se halle con­ve­nien­te­men­te arma­da para poder resis­tir cual­quier ata­que y para rea­li­zar todas sus tareas. Deben estar equi­pa­das mili­tar­men­te.

Las siguien­tes medi­das deben ser adap­ta­das de inme­dia­to.

Apar­tar de los con­se­jos de sol­da­dos a todos los ofi­cia­les y demás miem­bros de las cla­ses domi­nan­tes, sus­ti­tu­yén­do­los por sol­da­dos revo­lu­cio­na­rios pro­ba­dos.

Supre­sión inme­dia­ta del poder de man­do y su sus­ti­tu­ción por una orga­ni­za­ción demo­crá­ti­ca del ejér­ci­to, tam­bién y sobre todo, entre las tro­pas del fren­te con eli­mi­na­ción de todos los ofi­cia­les con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios.

Pro­pa­gan­da enér­gi­ca e inme­dia­ta entre las masas de sol­da­dos, par­ti­cu­lar­men­te entre las tro­pas del fren­te, en favor de la revo­lu­ción social.

Entre­ga inme­dia­ta de armas a los tra­ba­ja­do­res revo­lu­cio­na­rios y sol­da­dos pro­le­ta­rios, cons­ti­tu­ción de una mili­cia obre­ra y, a par­tir de su sec­tor más acti­vo, una guar­dia roja; tam­bién el desar­me de todo ele­men­to no pro­le­ta­rio-revo­lu­cio­na­rio.

Si el gobierno per­sis­te en el olvi­do de sus debe­res, las masas se verán obli­ga­das a actuar por sí mis­mas340.

Antes de pasar al segun­do, de Lenin, es nece­sa­rio con­tex­tua­li­zar el momen­to en el que se hizo, no solo por la apu­ra­da situa­ción de la revo­lu­ción bol­che­vi­que some­ti­da a inva­sión de fuer­zas inter­na­cio­na­les en apo­yo de la con­tra­rre­vo­lu­ción, sino tam­bién en la Ale­ma­nia en lucha en la que esta­ban sien­do ase­si­na­das miles de muje­res y hom­bres, entre ellas Rosa y Liebk­necht, por la alian­za entre los mili­ta­res de extre­ma dere­cha y los paci­fis­tas social­de­mó­cra­tas. G. Badia demos­tró que los «mayo­ri­ta­rios», los paci­fis­tas, pre­pa­ra­ron meticu­losa­men­te la masa­cre de los revo­lu­cio­na­rios «mino­ri­ta­rios», los vio­len­tos, median­te una ata­que mili­tar «amplia­men­te desea­do» por los paci­fis­tas o «mayo­ri­ta­rios»341.

El segun­do es de Lenin, meses des­pués de los ase­si­na­tos de Rosa y Karl, pre­sen­ta­da median­te pre­gun­tas que envía a los obre­ros de la Repú­bli­ca de los Con­se­jos de Bavie­ra de 27 de abril de 1919, intere­sán­do­se por si:

[…] han for­ma­do los Con­se­jos de los obre­ros y sir­vien­tes por sec­to­res de la ciu­dad, si han arma­do a los obre­ros, si han des­ar­ma­do a la bur­gue­sía, si han apro­ve­cha­do los alma­ce­nes de ropa y de otros artícu­los y pro­duc­tos para ayu­dar inme­dia­ta y amplia­men­te a los obre­ros, sobre todo a los bra­ce­ros y a los cam­pe­si­nos pobres, si han expro­pia­do las fábri­cas y las rique­zas a los capi­ta­lis­tas en Múnich, asi­mis­mo las hacien­das agrí­co­las capi­ta­lis­tas de sus alre­de­do­res, si han abo­li­do las hipo­te­cas y el pago de arrien­do para los peque­ños cam­pe­si­nos, si han dupli­ca­do o tri­pli­ca­do los sala­rios a los bra­ce­ros y a los peo­nes, si han con­fis­ca­do todo el papel y todas las impren­tas con el obje­to de edi­tar octa­vi­llas popu­la­res y perió­di­cos para las masas, si han implan­ta­do la jor­na­da de seis horas para que los obre­ros dedi­quen otras dos o tres a la ges­tión públi­ca, si han estre­cha­do a la bur­gue­sía de Múnich para alo­jar inme­dia­ta­men­te a los obre­ros en casas ricas, si han toma­do en sus manos todos los ban­cos, si han toma­do rehe­nes de la bur­gue­sía, si han fija­do una ración de comes­ti­bles más ele­va­da para los obre­ros que para la bur­gue­sía, si han movi­li­za­do total­men­te a los obre­ros para la defen­sa y para hacer pro­pa­gan­da ideo­ló­gi­ca por las aldeas de los con­tor­nos. La apli­ca­ción, con la mayor pron­ti­tud posi­ble y en la mayor esca­la, de estas y otras medi­das seme­jan­tes, con­ser­van­do los Con­se­jos de los obre­ros y de los bra­ce­ros y, en orga­nis­mos apar­te, los de los peque­ños cam­pe­si­nos, su ini­cia­ti­va pro­pia, deben refor­zar la situa­ción de uste­des. Es nece­sa­rio esta­ble­cer un impues­to extra­or­di­na­rio para la bur­gue­sía y con­ce­der a los obre­ros, a los bra­ce­ros y a los peque­ños cam­pe­si­nos, en segui­da y a toda cos­ta, una mejo­ría real de su situa­ción342.

El ter­ce­ro son dos citas de Trotsky quien con otras pala­bras, pero tam­bién en un momen­to crí­ti­co, une en la prác­ti­ca la pro­pues­ta de Liebk­necht sobre el pue­blo en armas y las pre­gun­tas de Lenin a los con­se­jos obre­ros. Una, «Si la direc­ción de la gue­rra no es el fuer­te del pro­le­ta­ria­do y si la Inter­na­cio­nal obre­ra no vale más que para las épo­cas pací­fi­cas, hay que des­pe­dir­se de la revo­lu­ción y el socia­lis­mo, pues la gue­rra es uno de los fuer­tes del gobierno capi­ta­lis­ta, que, con toda segu­ri­dad no per­mi­ti­rá que el pro­le­ta­ria­do con­quis­te el poder sin gue­rrear […] La gue­rra no era el pun­to fuer­te de la Comu­na. Por esta razón fue aplas­ta­da. ¡Y cuán des­pia­da­da­men­te!»343. Y la otra es la aren­ga del crea­dor del Ejér­ci­to Rojo a los com­ba­tien­tes poco antes de una deci­si­va bata­lla por el con­trol de un nudo de comu­ni­ca­cio­nes estra­té­gi­co mues­tra cómo y por qué la lucha revo­lu­cio­na­ria se libra por obje­ti­vos muy mate­ria­les:

[…] se tra­ta de saber a quién per­te­ne­ce­rán las casas, los pala­cios, las ciu­da­des, el sol, el cie­lo: si per­te­ne­ce­rán a las gen­tes del tra­ba­jo, a los obre­ros, a los cam­pe­si­nos, los pobres, o a la bur­gue­sía y los terra­te­nien­tes, los cua­les han inten­ta­do de nue­vo, domi­nan­do el Vol­ga y el Ural, domi­nar al pue­blo obre­ro344.

El Ejér­ci­to Rojo ganó la bata­lla y ase­gu­ró que el sol y el cie­lo serían pro­pie­dad del pue­blo obre­ro. Devol­vió a la cla­se tra­ba­ja­do­ra, al cam­pe­si­na­do, a las muje­res explo­ta­das lo que era suyo, lo que habían crea­do con su esfuer­zo siem­pre al bor­de del ago­ta­mien­to. Poco des­pués, en un país mucho más indus­tria­li­za­do que Rusia, el movi­mien­to obre­ro se lan­zó a con­quis­tar y diri­gir las fábri­cas median­te su demo­cra­cia de con­se­jos y así lle­ga­mos al cuar­to con dos citas de Grams­ci sobre las tareas de los gru­pos comu­nis­tas, de verano-oto­ño de 1920:

El Par­ti­do, en cuan­to com­pues­to por obre­ros revo­lu­cio­na­rios, lucha jun­to con la masa, se encuen­tra inmer­so en la reali­dad de fue­go que es la lucha revo­lu­cio­na­ria; pero como encar­na la doc­tri­na mar­xis­ta, la lucha es para los obre­ros del par­ti­do lucha cons­cien­te de un fin pre­ci­so y deter­mi­na­do, volun­tad cla­ra, dis­ci­pli­na pre­for­ma­da en las cons­cien­cias y en las volun­ta­des. Los obre­ros del par­ti­do son así en el Esta­do obre­ro una van­guar­dia indus­trial, del mis­mo modo que son una van­guar­dia revo­lu­cio­na­ria en el perío­do de la lucha por la ins­tau­ra­ción del poder pro­le­ta­rio: el entu­sias­mo revo­lu­cio­na­rio se tras­la­da aho­ra al cam­po de la pro­duc­ción […] a tra­vés de los gru­pos de fábri­ca, el nue­vo modo de tra­ba­jo y de pro­duc­ción, úni­co que pue­de defi­ni­ti­va­men­te sofo­car el capi­ta­lis­mo y que repre­sen­ta, por tan­to, la cul­mi­na­ción de la lucha de cla­ses revo­lu­cio­na­ria empe­za­da con la toma del poder polí­ti­co y con el con­trol del tra­ba­jo y de la pro­duc­ción345.

Se tra­ta de «defi­ni­ti­va­men­te sofo­car el capi­ta­lis­mo» asfi­xián­do­lo en su pro­pia res­pi­ra­ción, en su cora­zón explo­ta­dor de la fuer­za de tra­ba­jo para obte­ner plus­va­lía y ganan­cia, y hacer­lo «con la toma del poder polí­ti­co y con el con­trol del tra­ba­jo y de la pro­duc­ción». Para el capi­tal, esto es la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do; para la huma­ni­dad explo­ta­da es la demo­cra­cia socia­lis­ta. ¿Cómo? Grams­ci res­pon­de: crean­do el Esta­do de la cla­se obre­ra, e inme­dia­ta­men­te pre­ci­sa: «Solo el pro­le­ta­ria­do es capaz de crear un Esta­do fuer­te y temi­do […] median­te un nue­vo órgano de dere­cho públi­co, el sis­te­ma de los soviets»346. Un Esta­do obre­ro fuer­te y temi­do por la bur­gue­sía, sos­te­ni­do en el poder de los soviets.

El quin­to blo­que está for­ma­do por dos citas de Mao. En mayo de 1938 dijo que «el prin­ci­pio bási­co de la gue­rra es con­ser­var las fuer­zas pro­pias y des­truir las del enemi­go»347, por ser incon­ci­lia­ble con el paci­fis­mo. Y a fina­les de 1938 Mao insis­tía en que «la popu­la­ri­za­ción de los cono­ci­mien­tos mili­ta­res es una tarea urgen­te. De aho­ra en ade­lan­te, debe­mos pres­tar aten­ción a todas estas cosas y la teo­ría de la gue­rra y de la estra­te­gia es la base de todo estu­dio mili­tar. Esti­mo nece­sa­rio des­per­tar el inte­rés por el estu­dio de la teo­ría mili­tar y lla­mar a todos los mili­tan­tes del Par­ti­do a pres­tar aten­ción al estu­dio de los pro­ble­mas mili­ta­res»348.

Lle­ga­dos aquí es con­ve­nien­te vol­ver al Mani­fies­to comu­nis­ta de 1848 cuan­do pro­po­ne a las cla­ses tra­ba­ja­do­ras la uti­li­za­ción de su fuer­za esta­tal obre­ra para apli­car una polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria que dina­mi­te las estruc­tu­ras capi­ta­lis­tas:

El pro­le­ta­ria­do se val­drá de su domi­na­ción polí­ti­ca para ir arran­can­do gra­dual­men­te a la bur­gue­sía todo el capi­tal, para cen­tra­li­zar todos los ins­tru­men­tos de pro­duc­ción en manos del Esta­do, es decir, del pro­le­ta­ria­do orga­ni­za­do como cla­se domi­nan­te, y para aumen­tar con la mayor rapi­dez posi­ble la suma de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Esto, natu­ral­men­te, no podrá cum­plir­se al prin­ci­pio más que por una vio­la­ción des­pó­ti­ca del dere­cho de pro­pie­dad y de las rela­cio­nes bur­gue­sas de pro­duc­ción, es decir, por la adop­ción de medi­das que des­de el pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co pare­ce­rán insu­fi­cien­tes e insos­te­ni­bles, pero que en el cur­so del movi­mien­to se sobre­pa­sa­rán a sí mis­mas y serán indis­pen­sa­bles como medio para trans­for­mar radi­cal­men­te todo el modo de pro­duc­ción349.

Con esta lec­tu­ra des­cu­bri­re­mos una cohe­ren­cia his­tó­ri­ca que se pro­fun­di­za teó­ri­ca­men­te en El Capi­tal, y que se man­tie­ne has­ta el últi­mo Marx, como se apre­cia en la car­ta escri­ta dos años antes de su muer­te: «Un gobierno socia­lis­ta no pue­de poner­se a la cabe­za de un país si no exis­ten las con­di­cio­nes nece­sa­rias para que pue­da tomar inme­dia­ta­men­te las medi­das acer­ta­das y asus­tar a la bur­gue­sía lo bas­tan­te para con­quis­tar las pri­me­ras con­di­cio­nes de una vic­to­ria con­se­cuen­te»350. Hay que asus­tar a la bur­gue­sía, según el últi­mo Marx de 1881, que man­tie­ne la lógi­ca revo­lu­cio­na­ria de cua­ren­ta años antes. Ya cono­ce­mos las cen­su­ras que sufrió Engels a manos de la social­de­mo­cra­cia por man­te­ner sus ideas revo­lu­cio­na­rias.

La con­ti­nui­dad de medio siglo sería más ade­lan­te desa­rro­lla­da por revo­lu­cio­na­rias y revo­lu­cio­na­rios como R. Luxem­burg, Liebk­necht, Lenin, Trotsky, Grams­ci, Mao… Una cons­tan­te que les iden­ti­fi­ca es la cer­ti­dum­bre de que el paci­fis­mo es incom­pa­ti­ble con la liber­tad y con la éti­ca, que no cabe en una estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria que por ello mis­mo es polí­ti­co-mili­tar. Lo que esta­ba y está en jue­go, des­de los cie­los y el sol has­ta las casas, fábri­cas y pala­cios, sin olvi­dar­nos de las armas, era y es la vida mis­ma. El capi­tal no se va a ren­dir pací­fi­ca­men­te a las «gen­tes del tra­ba­jo», sui­ci­dán­do­se como cla­se nuclea­da por vein­ti­séis hom­bres que poseen más rique­zas que las que poseen 3.800 millo­nes de per­so­nas351. Antes mori­rá matan­do. Esta es la vali­dez de la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar.

Fue en este con­tex­to que la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta edi­tó en 1928 un libro fir­ma­do con el pseu­dó­ni­mo de Neu­berg en el que exper­tos polí­ti­co-mili­ta­res estu­dia­ban la expe­rien­cia insu­rrec­cio­nal en Esto­nia, Ham­bur­go, Can­tón y Shang­hai, y a par­tir de ahí y de otras luchas, extraían lec­cio­nes muy valio­sas sobre el arte de la insu­rrec­ción:

La insu­rrec­ción arma­da, como una de las for­mas de la lucha de cla­se del pro­le­ta­ria­do, está en el cen­tro del sis­te­ma de Marx y Engels […] Negar la nece­si­dad y la fata­li­dad de la insu­rrec­ción arma­da y, en gene­ral, de la lucha arma­da del pro­le­ta­ria­do con­tra las cla­ses domi­nan­tes, es negar for­zo­sa­men­te la lucha de cla­ses en su con­jun­to, negar la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do y, como con­se­cuen­cia, adul­te­rar los fun­da­men­tos mis­mos del mar­xis­mo revo­lu­cio­na­rio, redu­cir­lo a una doc­tri­na repug­nan­te de la no resis­ten­cia […] La expe­rien­cia de la gue­rra y del perío­do de pos­gue­rra demues­tra, sin que haya lugar a duda, que los líde­res de la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na están dis­pues­tos a hacer toda cla­se de sacri­fi­cios por defen­der la repú­bli­ca bur­gue­sa con­tra el pro­le­ta­ria­do revo­lu­cio­na­rio. Acep­tan con gran entu­sias­mo el car­go de can­cer­be­ros y lo desem­pe­ñan con el mayor celo352.

En 1937, poco antes de esta­llar la gue­rra mun­dial Trotsky escri­bió sobre y con­tra el paci­fis­mo:

Las lla­ma­das orga­ni­za­cio­nes paci­fis­tas, inclui­das las orga­ni­za­cio­nes obre­ras, no cons­ti­tu­yen el menor obs­tácu­lo para la gue­rra […] El úni­co fac­tor que impi­de hoy el esta­lli­do de la gue­rra es el temor que sien­ten los gobier­nos ante la revo­lu­ción social. El pro­pio Hitler lo ha dicho muchas veces. […] cuan­to más revo­lu­cio­na­ria es la cla­se obre­ra, más se opo­ne a la cla­se domi­nan­te impe­ria­lis­ta, más le impi­de rea­li­zar su desig­nio de hacer una nue­va divi­sión del mun­do median­te la fuer­za arma­da […] De par­te de Japón es una gue­rra de rapi­ña y de par­te de Chi­na es una gue­rra de defen­sa nacio­nal […] Es por eso que no pode­mos sen­tir sino lás­ti­ma u odio por quie­nes, ante la gue­rra chino-japo­ne­sa, decla­ran que están con­tra todas las gue­rras […] Al par­ti­ci­par en la legí­ti­ma y pro­gre­si­va gue­rra nacio­nal con­tra la inva­sión japo­ne­sa, las orga­ni­za­cio­nes obre­ras deben man­te­ner su inde­pen­den­cia polí­ti­ca del gobierno de Chiang Kai-shek […] el reme­dio no con­sis­te en que las orga­ni­za­cio­nes obre­ras se pro­nun­cien «con­tra todas las gue­rras» y se cru­cen de bra­zos en acti­tud de trai­ción pasi­va, sino en que par­ti­ci­pen en la gue­rra, ayu­dan­do mate­rial y moral­men­te al pue­blo chino y edu­can­do simul­tá­nea­men­te a las masas de cam­pe­si­nos y obre­ros en el espí­ri­tu de la inde­pen­den­cia total del Kuo­min­tang y su gobierno […] Un paci­fis­ta que man­tie­ne la mis­ma acti­tud hacia Chi­na que hacia Japón en esta horri­ble gue­rra, es igual al que iden­ti­fi­ca un lock-out con una huel­ga. La cla­se obre­ra está en con­tra del lock-out de los explo­ta­do­res y a favor de la huel­ga de los explo­ta­dos353.

La inde­pen­den­cia polí­ti­ca de la cla­se tra­ba­ja­do­ra es la úni­ca garan­tía de que, si no come­te otros erro­res, no sea al final derro­ta­da por su bur­gue­sía en alian­za con el impe­ria­lis­mo. La inde­pen­den­cia polí­ti­ca con­sis­te en no supe­di­tar­se a los intere­ses de la bur­gue­sía, en no obe­de­cer sus órde­nes de des­mo­vi­li­za­ción y de sumi­sión de las nue­vas leyes bur­gue­sas. La his­to­ria ense­ña que:

La mayo­ría de las nue­vas nacio­nes que des­mo­vi­li­za­ron y des­ar­ma­ron a sus pobla­cio­nes aca­ba­ron sien­do pre­sa de inter­ven­cio­nes mili­ta­res impul­sa­das a menu­do por la pre­sión impe­ria­lis­ta. A comien­zos de la déca­da de 1950, el gobierno esta­dou­ni­den­se empe­zó a asu­mir la res­pon­sa­bi­li­dad de la defen­sa de los intere­ses empre­sa­ria­les fren­te a los inten­tos de nacio­na­li­za­ción de la pro­duc­ción empren­di­dos por las nue­vas nacio­nes354.

La estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar tie­ne la ven­ta­ja, entre otras, que ana­li­za estas derro­tas como «bata­llas» per­di­das den­tro de la inaca­ba­ble «gue­rra de cla­ses». Clau­se­witz afir­ma­ba que «la derro­ta nun­ca es abso­lu­ta»355, ver­dad tan­to más cier­ta para las derro­tas que sufre el pro­le­ta­ria­do, por­que su con­di­ción de exis­ten­cia no es otra que la explo­ta­ción de por vida debi­do a que su mal­vi­ven­cia es la base de vida de la bur­gue­sía: por ello, tras cada hun­di­mien­to tar­de o tem­prano resur­ge como el ave Fénix. La rapi­dez de recu­pe­ra­ción depen­de en bue­na medi­da de que la con­cien­cia sub­je­ti­va del pro­le­ta­ria­do sea una fuer­za obje­ti­va mate­rial­men­te orga­ni­za­da capaz de supe­rar la «peque­ña polí­ti­ca» tac­ti­cis­ta del refor­mis­mo y expan­dir la «gran polí­ti­ca» y la «gran estra­te­gia» sos­te­ni­da en una base teó­ri­ca con­tras­ta­da y auto­crí­ti­ca356 diri­gi­das a la des­truc­ción del Esta­do bur­gués y la cons­truc­ción del poder obre­ro.

Cólera, ira, odio y dialéctica

Cuan­do Ches­nais lla­ma a acti­var el sen­ti­mien­to de cóle­ra con­tra la injus­ti­cia lo hace por­que es un sen­ti­mien­to bas­tan­te más pro­fun­do y pode­ro­so que la sim­ple indig­na­ción. Cuan­do Mª J. Izquier­do lla­ma a meter mie­do al sis­te­ma patriar­co-bur­gués lo hace por­que sabe que, en los momen­tos deci­si­vos, solo el mie­do para­li­za al opre­sor. No es nada nue­vo en la his­to­ria revo­lu­cio­na­ria, que fre­cuen­te­men­te ha reivin­di­ca­do la nece­si­dad de la ira, la cóle­ra y el odio con­tra el opre­sor, hacer que este sien­ta mie­do de la explo­ta­da. como fuer­zas psi­co­ló­gi­cas libe­ra­do­ras, así como que siem­pre ha denun­cia­do impla­ca­ble­men­te el odio de cla­se que la bur­gue­sa tie­ne hacia el pro­le­ta­ria­do como hemos vis­to al comien­zo de este tex­to. Hemos vis­to has­ta aho­ra bas­tan­tes expre­sio­nes revo­lu­cio­na­rias de cóle­ra y odio. Pode­mos aumen­tar­las cuan­to que­ra­mos: de la ira y de la cóle­ra con­tra la opre­sión, aplau­dien­do el odio a los inva­so­res fran­ce­ses del pue­blo arge­lino357; o afir­man­do en la Ale­ma­nia de 1875 que «el odio es más nece­sa­rio que el amor –al menos por el momen­to»358.

Cite­mos, por ejem­plo, a Lenin: «El Par­ti­do Obre­ro Social­de­mó­cra­ta Letón (sec­ción del POSDR) publi­ca nor­mal­men­te su perió­di­co con una tira­da de 30.000 ejem­pla­res. En la sec­ción ofi­cial se inser­tan las lis­tas de espías, cuya supre­sión es deber para cada per­so­na hon­ra­da. Los que ayu­dan a la poli­cía son decla­ra­dos “enemi­gos de la revo­lu­ción” que deben ser eje­cu­ta­dos y res­pon­der, ade­más, con sus bie­nes»359. Lea­mos al Che:

El odio como fac­tor de lucha; el odio intran­si­gen­te al enemi­go, que impul­sa más allá de las limi­ta­cio­nes natu­ra­les del ser humano y lo con­vier­te en una efec­ti­va, vio­len­ta, selec­ti­va y fría máqui­na de matar. Nues­tros sol­da­dos tie­nen que ser así; un pue­blo sin odio no pue­de triun­far sobre un enemi­go bru­tal. Hay que lle­var la gue­rra has­ta don­de el enemi­go la lle­ve: a su casa, a sus luga­res de diver­sión; hacer­la total. Hay que impe­dir­le tener un minu­to de tran­qui­li­dad, un minu­to de sosie­go fue­ra de sus cuar­te­les y aun den­tro de los mis­mos: ata­car­lo don­de quie­ra que se encuen­tre: hacer­lo sen­tir una fie­ra aco­sa­da por cada lugar que tran­si­te. Enton­ces su moral irá deca­yen­do. Se hará más bes­tial toda­vía, pero se nota­rán los sig­nos del decai­mien­to que aso­ma360.

Deli­be­ra­da­men­te hemos recu­rri­do a la expe­rien­cia de la pra­xis deci­si­va para con­tras­tar el mar­xis­mo con el refor­mis­mo de for­ma radi­cal. La estra­te­gia his­tó­ri­ca del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio hace de la sub­je­ti­vi­dad enco­le­ri­za­da una lúci­da fuer­za mate­rial obje­ti­va que va actuan­do en cada con­flic­to por insig­ni­fi­can­te que fue­re, pene­tran­do en sus más hon­das con­tra­dic­cio­nes y radi­ca­li­zán­do­las hacia la toma del poder. La izquier­da no inven­ta aquí nada cua­li­ta­ti­va­men­te nue­vo.

Clau­se­witz ele­vó al ran­go de ver­dad teó­ri­ca la lar­ga expe­rien­cia de la gue­rra en la que el odio del pue­blo al enemi­go361 que le opri­me es uno de los com­po­nen­tes de la «mara­vi­llo­sa tri­ni­dad» que reco­rre inter­na­men­te a muchas gue­rras a pesar de sus múl­ti­ples dife­ren­cias for­ma­les y espa­cio-tem­po­ra­les, sien­do los otros dos la dia­léc­ti­ca del azar y de la pro­ba­bi­li­dad que depen­den de la for­ma­ción del Ejér­ci­to y la capa­ci­dad polí­ti­ca del Esta­do, por­que la gue­rra es una prác­ti­ca polí­ti­ca. Más ade­lan­te Clau­se­witz pre­sen­ta los «fac­to­res mora­les» como el pri­me­ro de los ele­men­tos de la estra­te­gia y entre las «prin­ci­pa­les poten­cias mora­les» cita al entu­sias­mo, el fer­vor faná­ti­co y las creen­cias y opi­nio­nes362, o sea el «fac­tor sub­je­ti­vo».

Natu­ral­men­te, Clau­se­witz no podía cono­cer la dia­léc­ti­ca mar­xis­ta de la pro­ba­bi­li­dad, del azar, de la inter­ac­ción entre lo obje­ti­vo y lo sub­je­ti­vo, etc., pero, como apre­cia­ron Lenin y otros mar­xis­tas, sí tenía una men­te ágil y pro­fun­da sufi­cien­te para entre­ver el accio­nar de las con­tra­dic­cio­nes de los pro­ce­sos que estu­dia­ba. Sabe­mos que los «fac­to­res mora­les» son vita­les en la prác­ti­ca por­que pue­den impul­sar­la o arrui­nar­la. Sán­chez Váz­quez resu­me en tres pun­tos la impor­tan­cia vital de la prác­ti­ca –en el sen­ti­do dia­léc­ti­co mate­ria­lis­ta– en aras al obje­ti­vo y a fin de desa­rro­llar el cono­ci­mien­to y la liber­tad huma­na, de los «fac­to­res mora­les» revo­lu­cio­na­rios: «a) por­que su fin es deter­mi­na­do por la prác­ti­ca; b) por­que la prác­ti­ca deter­mi­na el esta­tus del obje­to a cono­cer (o sea, el hom­bre cono­ce un mun­do o en un mun­do pro­du­ci­do por él, por su acti­vi­dad prác­ti­ca) y c) por­que la prác­ti­ca no es exte­rior a la teo­ría, una sim­ple apli­ca­ción de esta, sino ele­men­to fun­da­dor de ella»363.

La prác­ti­ca de la liber­tad y del cono­ci­mien­to está a su vez en pug­na per­ma­nen­te con el azar y la con­tin­gen­cia, con la impre­vi­si­bi­li­dad mayor o menor del por­ve­nir. No es casual que fue­ra Engels el que más desa­rro­lla­ra esta pro­ble­má­ti­ca. Muy pro­ba­ble­men­te fue­ra la per­so­na de la segun­da mitad del siglo XIX que mejor inte­gra­ba en un «con­jun­to artís­ti­co», dia­léc­ti­ca­men­te ela­bo­ra­do, gran­des cono­ci­mien­tos mili­ta­res, eco­nó­mi­cos, filo­só­fi­cos, cien­tí­fi­cos… R. Pie­dra Aren­ci­bia repa­sa las acu­sa­cio­nes de «deter­mi­nis­mo eco­nó­mi­co» que se lan­za con­tra Engels, pero resu­me así su con­cep­ción de liber­tad: «La liber­tad, enten­di­da como con­trol cons­cien­te de nues­tra acti­vi­dad y sus efec­tos, requie­re no solo del cono­ci­mien­to de la nece­si­dad, sino tam­bién, según Engels, de la acción revo­lu­cio­na­ria»364.

Hemos dicho arri­ba que la cul­tu­ra grie­ga clá­si­ca y el arte de la gue­rra han sido dos de las corrien­tes del saber humano que han ali­men­ta­do a El Capi­tal. La con­cep­ción de la liber­tad, del cono­ci­mien­to y de la acción que hemos vis­to nos remi­te al ori­gen del pen­sa­mien­to dia­léc­ti­co pre­so­crá­ti­co, para ceñir­nos solo a lo que aho­ra se lla­ma Occi­den­te. El pro­pio con­cep­to de «con­jun­to artís­ti­co»365 cons­trui­do dia­léc­ti­ca­men­te que Marx uti­li­za para defi­nir la ela­bo­ra­ción de El Capi­tal pro­vie­ne de los fun­da­men­tos de la esté­ti­ca grie­ga clá­si­ca y hace refe­ren­cia a la belle­za que debe tener una obra huma­na cua­li­ta­ti­va­men­te nue­va. El arte, algo tan «sub­je­ti­vo», tam­bién es una fuer­za revo­lu­cio­na­ria «obje­ti­va». A. F. Her­nán­dez Solís, ha escri­to lo siguien­te:

El arte y la polí­ti­ca van de la mano, el arte pasa por el ima­gi­na­rio colec­ti­vo, pasa por el ejer­ci­cio del poder. La ima­gen es algo tre­men­da­men­te pode­ro­so, la vis­ta es nues­tro sen­ti­do más desa­rro­lla­do, enton­ces la ima­gen es capaz de hacer revo­lu­cio­nes, de sos­te­ner gobier­nos y de levan­tar pue­blos. Hay una rela­ción fun­da­men­tal entre polí­ti­ca y arte, esa es una par­te de la uti­li­dad del arte.

Esta idea del «arte por el arte» me pare­ce una toma­du­ra de pelo, de entra­da por­que el artis­ta está inmer­so en una rela­ción coti­dia­na a lo lar­go de toda su vida con otros seres huma­nos, que se basan en rela­cio­nes polí­ti­cas, socia­les y eco­nó­mi­cas, y des­de ahí es don­de crea arte. No hay un arte ais­la­do, todo res­pon­de a un momen­to his­tó­ri­co, res­pon­de a una iden­ti­dad, res­pon­de a una bio­gra­fía, res­pon­de a un mon­tón de aspec­tos que tie­nen que ver con lo social y lo polí­ti­co. No pode­mos sepa­rar el arte y la polí­ti­ca, el ser humano no se pue­de divi­dir.

En este sen­ti­do el arte tam­bién se vuel­ve una herra­mien­ta de cons­truc­ción polí­ti­ca muy pode­ro­sa. Tam­bién de mani­pu­la­ción y de con­trol social, fuer­tí­si­ma, por eso paí­ses como Esta­dos Uni­dos o como Fran­cia le apues­tan tan­to a sus estra­te­gias cul­tu­ra­les. La mis­ma CIA tie­ne un depar­ta­men­to cul­tu­ral, en don­de se impul­san estra­te­gias cul­tu­ra­les hacia Amé­ri­ca Lati­na y el res­to del mun­do, lo vie­nen hacien­do des­de los años cin­cuen­ta, des­de la Gue­rra Fría. Han mina­do y han infil­tra­do a otras cul­tu­ras impo­nién­do­les sus cáno­nes artís­ti­cos, hacién­do­las a su modo. Es más fácil mani­pu­lar un pue­blo que some­ter­lo por la fuer­za, al final lo vas a some­ter, pero es más sen­ci­llo por­que ya le recon­fi­gu­ras­te su lugar, su his­to­ria, su cul­tu­ra y su for­ma de ser366.

Pues bien, sin dar­nos cuen­ta nos hemos situa­do en la gue­rra de Tro­ya, en la Ilía­da, y en los per­so­na­jes de Héc­tor y Aqui­les tal cual los escri­tu­ró Home­ro. Es pro­ba­ble que de aque­lla gue­rra real o míti­ca sur­gie­ra o gra­cias a ella se con­fir­ma­ra defi­ni­ti­va­men­te una nue­va con­cep­ción de la socie­dad some­ti­da a tales pre­sio­nes que no tuvo más reme­dio que optar. Una de las pri­me­ras acep­cio­nes del tér­mino «dia­léc­ti­ca» sur­gió enton­ces y se ha man­te­ni­do has­ta aho­ra en el mar­xis­mo, como tér­mino que deno­ta la capa­ci­dad y el deber de luchar por la liber­tad, asu­mien­do la incer­te­za del futu­ro, la pro­ba­bi­li­dad de la muer­te.

Según L. Sichi­ro­llo, en Home­ro, Arquí­lo­co y Safo, que vivie­ron entre los siglos ‑VIII y ‑VII, el tér­mino dia­léc­ti­ca hacía alu­sión a sepa­rar, divi­dir en dos, dis­tri­buir… y tam­bién tra­ba­jar en común con influen­cia recí­pro­ca, esta­ble­cer algo de común acuer­do, ani­mar­se y exhor­tar­se mutua­men­te367. Vemos que «dia­léc­ti­ca» es un con­cep­to que sur­ge en res­pues­ta a la com­ple­ji­dad cre­cien­te de las rela­cio­nes socia­les en todos los sen­ti­dos y, sobre todo, para com­pren­der los pro­ce­sos de inter­ac­ción colec­ti­va en base a unos obje­ti­vos de soli­da­ri­dad, de apo­yo mutuo. Es un tér­mino que deno­ta movi­mien­to, com­ple­ji­dad, inter­ac­ción para supe­rar obs­tácu­los y crear cosas nue­vas por­que «el resul­ta­do de ese deba­te (diá­lo­go entre dos per­so­nas o gru­pos de per­so­nas) repor­te recí­pro­ca satis­fac­ción, vaya más allá de los dos pun­tos de par­ti­da»368.

Por esto y des­de enton­ces, la dia­léc­ti­ca recha­za las «líneas duras y rígi­das»369 ya que estas impi­den crear lo nue­vo al ser inca­pa­ces de com­pren­der la evo­lu­ción, el movi­mien­to. D. Ben­saïd: «Las cien­cias socia­les tie­nen que ver en esta pers­pec­ti­va con las cien­cias de la evo­lu­ción, don­de el futu­ro, some­ti­do a pará­me­tros varia­bles, es impre­vi­si­ble sin ser inde­ter­mi­na­do; don­de las sin­gu­la­ri­da­des his­tó­ri­cas divi­den el futu­ro y lo rami­fi­can en nume­ro­sos cana­les. De ahí un cono­ci­mien­to his­tó­ri­co, más com­pren­si­vo que pre­dic­ti­vo, de los des­lum­bra­mien­tos de lo real. Bas­ta poco para ver que se abran empal­mes y bifur­ca­cio­nes que ofre­cen a cada situa­ción una mul­ti­pli­ci­dad de sali­das posi­bles»370. De entre esa mul­ti­pli­ci­dad de posi­bi­li­da­des, la pra­xis lucha por mate­ria­li­zar la que ace­le­ra la supera­ción de la injus­ti­cia.

Pero es en la Ilía­da de Home­ro en don­de mejor vemos el sen­ti­do revo­lu­cio­na­rio de «dia­léc­ti­ca»: «Este ver­bo se repi­te siem­pre en los momen­tos en que el pro­ta­go­nis­ta se halla en una ten­sión extre­ma, al lími­te de tomar una deci­sión, o bien cuan­do una deli­be­ra­ción incons­cien­te no se ha mani­fes­ta­do toda­vía de modo ple­na­men­te cons­cien­te, es decir, cons­cien­cia de la opo­si­ción, de la alte­ri­dad del hom­bre res­pec­to de la situa­ción, así como del hom­bre res­pec­to a Dios o a un hecho. Se tra­ta­ría de indi­car que sur­ge el con­cep­to de la elec­ción y de la liber­tad»371.

De todos los casos que narra la Ilía­da en los que apa­re­ce la dia­léc­ti­ca como momen­to de ele­gir o no ele­gir arries­gar­se por la liber­tad, es el de Héc­tor, cuan­do acep­ta luchar a muer­te con Aqui­les, el que mejor expre­sa el con­te­ni­do revo­lu­cio­na­rio de la dia­léc­ti­ca en sus orí­ge­nes his­tó­ri­cos: Tro­ya se defien­de de los inva­so­res aun­que cada día con menos visos de vic­to­ria por­que son infe­rio­res en cam­po abier­to. Deba­ten sobre la con­ve­nien­cia de pro­te­ger­se tras las mura­llas, sobre sus pros y con­tras; pero Héc­tor está deci­di­do a luchar fue­ra de las mura­llas nada menos que con­tra Aqui­les. Lea­mos a Sichi­ro­llo:

Su refle­xión tie­ne lugar en dos pla­nos: si cede a los encan­tos de sus ami­gos ten­drá ver­güen­za eter­na, pues son dema­sia­dos tro­ya­nos los que han caí­do por cul­pa suya; por su bien no le que­da otro reme­dio que enfren­tar­se con­tra Aqui­les y ven­cer o morir. La otra posi­bi­li­dad es pre­sen­tar­se a Aqui­les des­ar­ma­do y con­ce­der­le favo­ra­bles con­di­cio­nes de paz, ¿pero cómo pue­de su cora­zón tener en cuen­ta una idea seme­jan­te? Aqui­les lo aplas­ta­ría como a una mujer. Es nece­sa­rio acep­tar la lucha372.

Héc­tor ha sope­sa­do todas las varia­bles, no ha recha­za­do su res­pon­sa­bi­li­dad, lo sub­je­ti­vo, la ver­güen­za por sus erro­res le mar­ti­llea su con­cien­cia angus­tia­da por la pro­xi­mi­dad de la muer­te y emer­ge el pro­fun­do machis­mo del patriar­ca­do; pero tam­bién sabe que no pue­de ceder a las exi­gen­cias impe­ria­lis­tas de Aqui­les; el orgu­llo de ser tro­yano le lle­va tam­bién a la resis­ten­cia. La dia­léc­ti­ca es pre­ci­sa­men­te esto: la pra­xis de optar por una sali­da libe­ra­do­ra den­tro de la uni­dad y lucha de con­tra­rios. No pode­mos por menos que, en este pun­to cen­tral, acor­dar­nos tan­to de Marx como de Lenin. Del pri­me­ro, aque­llas pala­bras que con­fir­man lo aquí vis­to y que han sido per­ma­nen­te­men­te con­fir­ma­das por los hechos:

Le ase­gu­ro que, por muy poco orgu­llo nacio­nal que se ten­ga, la ver­güen­za nacio­nal se sien­te has­ta en Holan­da. Inclu­so el últi­mo holan­dés es un ciu­da­dano com­pa­ra­do con el pri­me­ro de los ale­ma­nes […] Para una revo­lu­ción no bas­ta con la ver­güen­za: Yo le res­pon­do: la ver­güen­za es ya una revo­lu­ción, es real­men­te la vic­to­ria de la Revo­lu­ción fran­ce­sa sobre el patrio­tis­mo ale­mán que le ven­ció en 1813. La ver­güen­za es una for­ma de ira, de ira con­te­ni­da. Y si una nación ente­ra se aver­gon­za­ra real­men­te, sería como un león reple­gán­do­se para sal­tar373.

Y del segun­do, de Lenin, aque­llas otras del final de su vida, en mayo de 1921, cuan­do com­ba­te con­tra las ter­gi­ver­sa­cio­nes meca­ni­cis­ta, obje­ti­vis­ta y buro­crá­ti­ca de la dia­léc­ti­ca, expli­can­do entre otras cosas que la vida es lucha en la que se pier­den y ganan bata­llas: «Esto es una gue­rra y, por supues­to, a veces pue­de haber derro­tas. ¿Pero dón­de se ha vis­to que en una gue­rra, inclu­so la más vic­to­rio­sa, no haya habi­do derro­tas? Lo mis­mo pasa aquí, pue­de hacer derro­tas pero es nece­sa­rio luchar»374.

Héc­tor repre­sen­ta­ba en ese momen­to a la nación tro­ya­na y al final opta por la vio­len­cia defen­si­va con­tra la vio­len­cia impe­ria­lis­ta, que es la opción lógi­ca del méto­do de la dia­léc­ti­ca. Pero Héc­tor es humano y duda un ins­tan­te antes del com­ba­te, huye dan­do varias vuel­tas a Tro­ya. Enton­ces, la dio­sa Ate­nea le enga­ña hacién­do­le creer que es otro com­ba­tien­te a su favor, aumen­tan­do su cer­ti­dum­bre de vic­to­ria y redu­cien­do su incer­ti­dum­bre. Y Aqui­les lo mata.

Si deja­mos de lado la mito­lo­gía de dio­sas y dio­ses, no debie­ra sor­pren­der­nos la iden­ti­dad de fon­do entre la dia­léc­ti­ca tro­ya­na y la mar­xis­ta en lo que hace refe­ren­cia al rigor metó­di­co en el pro­ce­so de pen­sar y de actuar, de optar libre­men­te por la liber­tad a pesar de los ries­gos que con­lle­va. Ima­gi­ne­mos que un hecho casual, for­tui­to, por ejem­plo, un tro­pie­zo invo­lun­ta­rio de Aqui­les lo hubie­ra derri­ba­do al sue­lo deján­do­le inde­fen­so fren­te a un gol­pe mor­tal de Héc­tor: tal vez hubie­se cam­bia­do en algo posi­ti­vo la his­to­ria de Tro­ya. Sin embar­go, no acae­ció ese azar, pero había que inten­tar­lo. Muchas luchas colec­ti­vas e indi­vi­dua­les se han enfren­ta­do a ese dile­ma: lan­zar­se a la acción que pue­de mejo­rar la vida, o con­ti­nuar en la pasi­vi­dad que segui­rá des­tru­yen­do la vida. La pri­me­ra opción con­sis­te en «rea­li­zar las facul­ta­des esen­cia­les de la per­so­na en el acto mis­mo de trans­for­mar la reali­dad»375. La efec­ti­vi­dad de la acción aumen­ta­rá en la medi­da en la que haya sido pla­ni­fi­ca­da con ante­rio­ri­dad: sur­ge así la tác­ti­ca y la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar.

Los con­tem­po­rá­neos de Home­ro pen­sa­ban que el autor de la Ilía­da era el que ini­cia­ba la pla­ni­fi­ca­ción tác­ti­ca. Más tar­de, en la pri­me­ra mitad del siglo ‑V Eneas el Tác­ti­co376 escri­be una espe­cie de enci­clo­pe­dia de la que solo ha sobre­vi­vi­do el libro dedi­ca­do a la defen­sa de las pla­zas fuer­tes, es decir, el pun­to basal sobre el que se sos­tie­ne la cer­ti­dum­bre rela­ti­va de vic­to­ria. Lue­go Vege­cio en el siglo IV sin­te­ti­za toda esta abru­ma­do­ra expe­rien­cia his­tó­ri­ca en el apo­teg­ma: si quie­res la paz, pre­pá­ra­te para la gue­rra. A la hora de prac­ti­car la dia­léc­ti­ca de la liber­tad optan­do por la nece­si­dad de la lucha, es con­ve­nien­te redu­cir el azar y la con­tin­gen­cia pre­vien­do lo más posi­ble la mar­cha del acon­te­ci­mien­to.

Mil seis­cien­tos años des­pués de Vege­cio, Trotsky resu­mió así el méto­do del ejér­ci­to con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio de Deni­kin en el verano de 1919: «Todo está con­ce­bi­do a base de la sor­pre­sa, de la impre­vi­si­bi­li­dad, del terror»377. La opre­sión nece­si­ta aumen­ta lo impre­vi­si­ble, lo sor­pre­si­vo para para­li­zar a la huma­ni­dad con la angus­tia y el terror que ello gene­ra. Com­pren­de­mos pues la iden­ti­dad entre una de las pri­me­ras acep­cio­nes de la pala­bra «dia­léc­ti­ca» en la Gre­cia Anti­gua y la dia­léc­ti­ca mar­xis­ta, que está esen­cial­men­te uni­da a la cues­tión que aca­ba­mos de ver: no tene­mos cer­ti­dum­bre abso­lu­ta de nada, por lo que debe­mos redu­cir lo más posi­ble la incer­te­za para que nues­tra deci­sión de lucha pue­da con­cluir en vic­to­ria superan­do la intrin­ca­da con­ca­te­na­ción de cau­sas y aza­res, de nece­si­da­des y con­tin­gen­cias.

La nece­si­dad impe­rio­sa de la estra­te­gia polí­ti­co-mili­tar sur­ge de esta expe­rien­cia his­tó­ri­ca. E. Alba­mon­te y M. Maie­llo han lle­va­do al capi­ta­lis­mo actual la dia­léc­ti­ca tro­ya­na, la pra­xis de Héc­tor, mos­trán­do­nos que lo que se tra­ta­ba en Tro­ya y lo que se tra­ta en la lucha socia­lis­ta no es otra cosa que la «rela­ción medios-fines y la reduc­ción de la incer­ti­dum­bre» median­te cua­tro pre­cau­cio­nes ele­men­ta­les: «En pri­mer lugar, defi­nir el obje­ti­vo polí­ti­co. En segun­do lugar, con­si­de­rar el pode­río tan­to de las cla­ses enemi­gas como de la cla­se obre­ra. En ter­cer lugar, con­si­de­rar el carác­ter de las direc­cio­nes polí­ti­cas de las cla­ses que repre­sen­tan y sus apti­tu­des. En cuar­to lugar, cuá­les son los alia­dos con los que cuen­ta cada ban­do y qué efec­tos ten­drá el desa­rro­llo de esta lucha en las alian­zas»378. Son las exi­gen­cias míni­mas para redu­cir la incer­ti­dum­bre.

Lo más pro­ba­ble es que, en su con­tex­to, tan­to los tro­ya­nos como los inva­so­res siguie­sen uno a uno los cua­tro pasos vis­tos arri­ba. Leyen­do la Ilía­da des­de la pers­pec­ti­va polí­ti­co-mili­tar actual se des­cu­bren muchas prue­bas de ello que sor­pren­den por su pro­fun­di­dad ana­lí­ti­ca, exac­ta­men­te lo mis­mo que nos ocu­rre cuan­do estu­dia­mos El Capi­tal des­de esa pers­pec­ti­va: des­cu­bri­mos que ella está pre­sen­te en su méto­do interno.

Es por todo esto que El Capi­tal asus­ta al capi­tal y al refor­mis­mo.

Iña­ki Gil de San Vicen­te

Eus­kal Herria, 12 de febre­ro de 2019

  1. V. Mora­les Sán­chez: Cien­cia vs. téc­ni­ca y sus modos de pro­duc­ción, El perro y la rana, Cara­cas, 2007, pp.108–109.
  2. Augus­to Cor­nu: Car­los Marx. Fede­ri­co Engels, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 1975, tomo 1, pp. 343–352.
  3. K. Marx: Car­ta de Ruge, mar­zo de 1843, OME, Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 1978, tomo 5, pp. 165–166.
  4. K. Marx: El die­ciocho Bru­ma­rio de Luís Bona­par­te, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1978, tomo I, p. 453.
  5. Adriano Ner­vo Coda­to: «Leyen­do a Marx a la luz de Marx: la rela­ción entre eco­no­mía y polí­ti­ca en los tex­tos de los años cin­cuen­ta», Herra­mien­ta, Bue­nos Aires, nº 31, mar­zo de 2006, pp. 149–166.
  6. F. Engels: «Arge­lia», Sobre el colo­nia­lis­mo, PyP, Cór­do­ba, Argen­ti­na, nº 37, 1973, pp. 163–162.
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  8. H. M. Enzens­ber­ger: Con­ver­sa­cio­nes con Marx y Engels, Anagra­ma, Bar­ce­lo­na 2009, pp. 229–230.
  9. «K. Marx a F. Engels, 20 de noviem­bre y 2 de diciem­bre de 1865», Sobre el colo­nia­lis­mo, PyP, Cór­do­ba, Argen­ti­na, nº 37, 1973, pp. 299–300.
  10. «K. Marx a F. Engels, 30 de noviem­bre de 1867», Sobre el colo­nia­lis­mo, op. cit., pp. 302–303.
  11. Clau­dio Katz: Marx y la peri­fe­ria, 28 de mar­zo de 2016 (https://​www​.lahai​ne​.org/​m​u​n​d​o​.​p​h​p​/​m​a​r​x​–​y​–​l​a​–​p​e​r​i​f​e​ria).
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  15. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, pp. 593–606.
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  21. Enri­que Dus­sel: La pro­duc­ción teó­ri­ca de Marx, El perro y la rana, Cara­cas, 2010, p. 284.
  22. «K. Marx a S. Meyer, 30 de abril de 1867», Corres­pon­den­cia, op. cit., p. 184.
  23. K. Marx: «Pró­lo­go a la pri­me­ra edi­ción», El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. XV.
  24. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, pp. 689–690.
  25. «F. Engels a Sor­ge, 13 de enero de 1893», Corres­pon­den­cia, op. cit., p. 402.
  26. La tum­ba de Karl Marx en Lon­dres, ata­ca­da a mar­ti­lla­zos, 5 de febre­ro de 2019 (https://​www​.eldia​rio​.es/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​t​u​m​b​a​–​K​a​r​l​–​M​a​r​x​–​a​t​a​c​a​d​a​–​m​a​r​t​i​l​l​o​_​0​_​8​6​4​7​6​4​4​0​0​.​h​tml).
  27. F. Engels: «Pró­lo­go de 1894», El Capi­tal, op. cit., tomo III, pp. 7–8.
  28. Daniel Den­vir y David Har­vey: ¿Por­qué «El Capi­tal» de Marx sigue sien­do impor­tan­te, 28 de diciem­bre de 20018 (https://​www​.lahai​ne​.org/​m​u​n​d​o​.​p​h​p​/​i​p​o​r​–​q​u​e​–​e​l​–​c​a​p​i​t​a​l​-de).
  29. K. Marx: «Post­fa­cio a la segun­da edi­ción (1873)», El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. XXI.
  30. «K. Marx a F. Engels, 10 de octu­bre de 1868», Corres­pon­den­cia, op. cit. p. 209.
  31. F. Engels: «Pró­lo­go a la edi­ción ingle­sa», 5 de noviem­bre de 1886, El Capi­tal, op. cit., p. XXXIII.
  32. Julia Expó­si­to: La dia­léc­ti­ca del capi­tal (https://​herra​mien​ta​.com​.ar/​a​r​t​i​c​u​l​o​.​p​h​p​?​i​d​=​2​867); Rolan­do Asta­ri­ta: Mar­xis­mo sin dia­léc­ti­ca (https://​rolan​doas​ta​ri​ta​.blog/​2​0​1​2​/​0​2​/​1​0​/​e​l​–​m​a​r​x​i​s​m​o​–​s​i​n​–​d​i​a​l​e​c​t​i​ca/); Juan Dal Maso: Dia­léc­ti­ca y mar­xis­mo: Isaak Illich Rubin y el feti­chis­mo de la mer­can­cía (https://​www​.laiz​quier​da​dia​rio​.com/​D​i​a​l​e​c​t​i​c​a​–​y​–​m​a​r​x​i​s​m​o​–​I​s​a​a​k​–​I​l​l​i​c​h​–​R​u​b​i​n​–​y​–​e​l​–​f​e​t​i​c​h​i​s​m​o​–​d​e​–​l​a​–​m​e​r​c​a​n​cia); J. Leo­nar­do Medei­ros: Marx y la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca: la nega­ción como fun­da­men­to de la crí­ti­ca (https://​herra​mien​ta​.com​.ar/​a​r​t​i​c​u​l​o​.​p​h​p​?​i​d​=​2​637); Car­los Pérez Soto: Sobre la rela­ción entre Hegel y Marx (https://​mar​xis​mo​cri​ti​co​.com/​2​0​1​8​/​1​1​/​2​6​/​s​o​b​r​e​–​l​a​–​r​e​l​a​c​i​o​n​–​e​n​t​r​e​–​h​e​g​e​l​–​y​–​m​a​rx/).
  33. «F. Engels a J. Boch, 2 de setiem­bre de 1890», Corres­pon­den­cia, op. cit., p. 385.
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  41. S. Gar­cía Dau­der y Eula­lia Pérez Sede­ño: La «men­ti­ras» cien­tí­fi­cas sobre las muje­res, Cata­ra­ta, Madrid 2017.
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  43. Eli­sa Silió: Revis­tas pseu­do­cien­tí­fi­cas para engor­dar currícu­los aca­dé­mi­cos, 13 de enero de 2019 (https://​elpais​.com/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​2​0​1​9​/​0​1​/​1​2​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​1​5​4​7​3​2​0​6​2​4​_​4​6​5​8​5​1​.​h​tml).
  44. La mayor par­te de la inver­sión en I+D en salud la hace el Esta­do, pero el bene­fi­cio es para las fama­céu­ti­cas, 29 de noviem­bre de 2019 (https://​www​.publi​co​.es/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​i​n​v​e​r​s​i​o​n​–​s​a​l​u​d​–​m​a​y​o​r​–​p​a​r​t​e​–​i​n​v​e​r​s​i​o​n​–​i​–​d​–​s​a​l​u​d​–​b​e​n​e​f​i​c​i​o​–​f​a​r​m​a​c​e​u​t​i​c​a​s​.​h​tml).
  45. Richard Levins: «Cuan­do la cien­cia nos falla», Marx Aho­ra, nº 11/​2001, La Haba­na, pp. 142–143.
  46. Richard Levins: «La cien­cia cla­sis­ta y la ver­dad cien­tí­fi­ca», Marx Aho­ra, La Haba­na, nº 422016, p. 149.
  47. Richard Levins: Ídem, p. 151.
  48. Jin­drich Zele­ný: La estruc­tu­ra lógi­ca de El Capi­tal de Marx, Gri­jal­bo, Bar­ce­lo­na 1974, pp. 50–51.
  49. Enri­que Dus­sel: Hacia un Marx des­co­no­ci­do, Siglo XXI, Méxi­co, 2008, pp. 285 y ss.
  50. F. Engels: La situa­ción de la cla­se obre­ra en Ingla­te­rra, Crí­ti­ca, OME 6, Bar­ce­lo­na 1978, p. 280.
  51. Neil David­son: Trans­for­mar el mun­do, Pasa­do & Pre­sen­te, Bar­ce­lo­na 2013, pp. 144–148.
  52. Eric Tous­saint: Adam Smith y los cha­le­cos ama­ri­llo, 30 de diciem­bre de 2018 (https://​www​.lahai​ne​.org/​m​u​n​d​o​.​p​h​p​/​a​d​a​m​–​s​m​i​t​h​–​y​–​l​o​s​–​c​h​a​l​e​cos).
  53. Neil David­son: Trans­for­mar el mun­do, Pasa­do & Pre­sen­te, Bar­ce­lo­na 2013, p. 169.
  54. Hubert Kri­vi­ne: La Tie­rra. De los mitos al saber, Biblio­te­ca Buri­dán, Bar­ce­lo­na 2012, p. 190.
  55. John D. Ber­nal: La liber­tad de la nece­si­dad, Ayu­so, Madrid 1975, tomo I, p. 183.
  56. John D. Ber­nal: Ídem, tomo I, pp. 183–184.
  57. Hubery Kri­vi­ne: La Tie­rra. De los mitos al saber, Biblio­te­ca Buri­dán, Bar­ce­lo­na 2012, p. 234.
  58. Jon Beck­with: «El movi­mien­to cien­tí­fi­co radi­cal en los Esta­dos Uni­dos», Cien­cia y tec­no­lo­gía, Edit. Revo­lu­ción, Madrid 1990, p. 173.
  59. Lina Rosen­baum: Resis­tir la supre­sión de la cien­cia, 7 de abril de 2017 (https://​vien​to​sur​.info/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​2​445).
  60. Emily Hol­den: La cien­cia está per­dien­do la bata­lla con­tra los intere­ses polí­ti­cos del gobierno de Trump, 20 de enero de 2019 (https://​www​.eldia​rio​.es/​t​h​e​g​u​a​r​d​i​a​n​/​p​e​r​d​i​e​n​d​o​–​i​n​t​e​r​e​s​e​s​–​p​o​l​i​t​i​c​o​s​–​A​d​m​i​n​i​s​t​r​a​c​i​o​n​–​T​r​u​m​p​_​0​_​8​5​7​7​6​5​0​6​8​.​h​tml).
  61. Miguel Ale­jan­dro Hayes Mar­tí­nez: La cien­cia enaje­na­da, 28 de junio de 2018 (http://​rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​4​3​472).
  62. Emma­nuel Renault: «¿Qué hay de dia­léc­ti­co en El Capi­tal de Marx?», Marx. Releer El Capi­tal, Akal, Madrid 2012, p. 62.
  63. Fre­dric Jame­son: Repre­sen­tar El Capi­tal. Una lec­tu­ra del tomo 1, FCE, Argen­ti­na, 2013, p. 180.
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  66. Adol­fo Sán­chez Váz­quez: «El pun­to de vis­ta de la prác­ti­ca en la filo­so­fía», Filo­so­fía y cir­cuns­tan­cias, Área de Cul­tu­ra, Mála­ga 1996, pp. 113–128.
  67. Víc­tor Fay: «Pre­sen­ta­ción», Leyen­do El Capi­tal, Fun­da­men­tos, Madrid 1972, p. 12.
  68. Jean Elleins­tein: Marx, su vida, su obra, Argos Ver­ga­ra, Bar­ce­lo­na 1985, p. 286.
  69. K. Marx a L. Kugel­mann del 17 de abril de 1871, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1978, tomo II, p. 445.
  70. Willian Ash: Mar­xis­mo y moral, Edi­cio­nes Era, Méxi­co, 1969, pp. 119–151.
  71. Ben Fine y Alfre­do Saad-Fil­ho: El Capi­tal de Marx, FCE, Méxi­co, 2010, p. 30.
  72. Jaco­bo Muños: «¿Qué es el mar­xis­mo?», Lec­tu­ras de filo­so­fía con­tem­po­rá­nea, Mate­ria­les, Bar­ce­lo­na 1978, p. 119.
  73. F. Engels: Com­ple­men­to al pró­lo­go, El Capi­tal, op. cit., tomo III, p. 27.
  74. F. Engels: «La Bol­sa», Com­ple­men­to al pró­lo­go, El Capi­tal, op. cit., tomo III, pp. 40–42.
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  76. Hen­ri Hou­ben: El nue­vo capi­tal finan­cie­ro, 13 de sep­tiem­bre de 2018 (https://​www​.boltxe​.eus/​e​l​–​n​u​e​v​o​–​c​a​p​i​t​a​l​–​f​i​n​a​n​c​i​e​ro/).
  77. Nés­tor Kohan: Nues­tro Marx, Un Grano de Maíz, Cara­cas 2011, pp. 603–608.
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  97. Cédric Durant: El capi­tal fic­ti­cio. Cómo las finan­zas se apro­pian de nues­tro futu­ro, NED, Bar­ce­lo­na 2018, p. 111.
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  126. Móni­ca Zas Mar­co: Lo que Mary Beard nos ense­ñó sobre la miso­gi­nia clá­si­ca (y actual), 25 de mayo de 2016 (https://​www​.eldia​rio​.es/​c​u​l​t​u​r​a​/​f​e​m​i​n​i​s​m​o​/​M​a​r​y​–​B​e​a​r​d​–​x​e​n​o​f​o​b​i​a​–​m​i​s​o​g​i​n​i​a​–​s​o​c​i​a​l​_​0​_​5​1​9​6​9​8​3​4​1​.​h​tml).
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  136. D. Taglia­vi­ni e I. Sab­ba­te­lla: Mar­xis­mo eco­ló­gi­co: ele­men­tos fun­da­men­ta­les para la crí­ti­ca de la eco­no­mía-polí­ti­ca-eco­ló­gi­ca, julio de 2011 (http://​www​.mien​tras​tan​to​.org/​b​o​l​e​t​i​n​–​1​0​2​/​e​n​s​a​y​o​/​m​a​r​x​i​s​m​o​–​e​c​o​l​o​g​i​c​o​–​e​l​e​m​e​n​t​o​s​–​f​u​n​d​a​m​e​n​t​a​l​e​s​–​p​a​r​a​–​l​a​–​c​r​i​t​i​c​a​–​d​e​–​l​a​–​e​c​o​n​o​m​i​a​–​p​o​l​i​tic).
  137. John Bellamy Fos­ter: La eco­lo­gía de Marx, Vien­to Sur – El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2004, p. 251 y ss.
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  140. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, pp. 423–424.
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  163. Ian Angus: El ori­gen del eslo­gan «Socia­lis­mo o Bar­ba­rie» de Rosa Luxem­burg, 14 de noviem­bre de 2014 (https://​mar​xis​mo​cri​ti​co​.com/​2​0​1​4​/​1​1​/​1​4​/​e​l​–​o​r​i​g​e​n​–​d​e​l​–​e​s​l​o​g​a​n​–​s​o​c​i​a​l​i​s​m​o​–​o​–​b​a​r​b​a​r​ie/).
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  176. Alan Sokal y Jean Bric­mont: Impos­tu­ras inte­lec­tua­les, Pai­dós, Bar­ce­lo­na 1999, pp. 215–223.
  177. Daniel Ber­na­bé: La tram­pa de la diver­si­dad, Akal, Madrid 2018, p. 68.
  178. AA.VV.: El «izquier­dis­mo con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio» es un vie­jo dise­ño de la CIA que sigue en ple­na actua­li­dad, 6 de febre­ro de 2019 (https://​movi​mien​to​po​li​ti​co​de​re​sis​ten​cia​.blogs​pot​.com/​2​0​1​9​/​0​2​/​e​l​–​i​z​q​u​i​e​r​d​i​s​m​o​–​c​o​n​t​r​a​r​r​e​v​olu).
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  181. E. Man­del: El Capi­tal. Cien años de con­tro­ver­sias en torno a la obra de Karl Marx, Siglo XXI, Méxi­co, 1985, p. 239.
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  186. Jor­ge Tula: «Pró­lo­go», La ley de la acu­mu­la­ción y del derrum­be del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, Siglo XXI, Méxi­co, 1979, pp. XI-XII.
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  188. David Har­vey: Los lími­tes del capi­ta­lis­mo y la teo­ría mar­xis­ta, FCE, Méxi­co, 1990, pp. 416–446.
  189. E. Thom­pson: «Notas sobre el exter­mi­nis­mo, últi­mo esta­dio de la civi­li­za­ción» y «Rec­ti­fi­ca­ción: Sobre las “Notas sobre el exter­mi­nis­mo, últi­mo esta­dio de la civi­li­za­ción”», Comu­nis­mo, Madrid, nº 8, 1982, y nº 9, 1983, res­pec­ti­va­men­te.
  190. José María Vidal Villa: «Mun­dia­li­za­ción de la eco­no­mía vs. Esta­do cen­tra­lis­ta», La eco­no­mía mun­dial en los 90, FUHEM-Ica­ria, Madrid 1994, pp. 73–97.
  191. C. Ber­zo­sa, P. Bus­te­lo y J. de la Igle­sia: Estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca mun­dial, Sín­te­sis, Madrid 1996, pp. 70–71.
  192. C. Ber­zo­sa, P. Bus­te­lo y J. de la Igle­sia: Ídem, p. 491.
  193. Louis Gill: Fun­da­men­tos y lími­tes del capi­ta­lis­mo, Trot­ta, Madrid 2002, pp. 540–541.
  194. Jean-Louis Gom­beaud y Mau­ri­ce Décai­llot: El regre­so de la gran depre­sión, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2000, pp. 170 y ss.
  195. Michael Roberts: La lar­ga depre­sión, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2017, pp. 91 y ss.
  196. A. C. Diners­tein: «Reco­bran­do la mate­ria­li­dad: el des­em­pleo y la sub­je­ti­vi­dad invi­si­ble del tra­ba­jo», El tra­ba­jo en deba­te, Edit. Herra­mien­ta, Bue­nos Aires 2009, pp. 243–268.
  197. Pier Pao­lo Por­ti­na­ro: Esta­do, Edi­cio­nes Nue­va Visión, Bue­nos Aires 2003, pp. 86–91.
  198. Leo Panitch: Los Esta­dos son los «auto­res» de la glo­ba­li­za­ción capi­ta­lis­ta, 6 de febre­ro de 2015 (https://​mar​xis​mo​cri​ti​co​.com/​2​0​1​5​/​0​2​/​0​6​/​l​o​s​–​e​s​t​a​d​o​s​–​s​o​n​–​l​o​s​–​a​u​t​o​r​e​s​–​d​e​–​l​a​–​g​l​o​b​a​l​i​z​a​c​i​o​n​–​c​a​p​i​t​a​l​i​s​t​a​–​e​n​t​r​e​v​i​s​t​a​–​a​–​l​e​o​–​p​a​n​i​t​ch/).
  199. J. A. Tapia y Rolan­do Asta­ri­ta: La Gran Rece­sión y el capi­ta­lis­mo del siglo XXI, Cata­ra­ta, Madrid 2011, p. 252.
  200. Michel Hus­son: El capi­ta­lis­mo en diez lec­cio­nes, Vien­to Sur, Bar­ce­lo­na 2013, pp. 263–265.
  201. Xabier Arri­za­ba­lo Mon­to­ro: Capi­ta­lis­mo y eco­no­mía mun­dial, IME, Madrid 2014, p. 666.
  202. Xabier Arri­za­ba­lo Mon­to­ro: Ídem, p. 539.
  203. Gas­tón Cali­ga­ris: «Revi­san­do el deba­te mar­xis­ta sobre el “derrum­be” del capi­ta­lis­mo. Una crí­ti­ca meto­do­ló­gi­ca», Izquier­das, San­tia­go de Chi­le, nº 39, abril de 2018, pp. 182–208.
  204. Michael Roberts: La lar­ga depre­sión, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2017, p. 339.
  205. Anwar Shaikh: Valor, acu­mu­la­ción y cri­sis, RyR, Bue­nos Aires 2006, pp. 307 y ss.
  206. Rei­nal­do Car­can­ho­lo: «Inter­pre­ta­cio­nes sobre el capi­ta­lis­mo actual, cri­sis eco­nó­mi­ca y gas­tos mili­ta­res», El colap­so de la glo­ba­li­za­ción, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2011, pp. 86- 87.
  207. Gugliel­mo Car­che­di: El ago­ta­mien­to de la fase his­tó­ri­ca actual del capi­ta­lis­mo, 16 de enero de 2017 (https://​mar​xis​mo​cri​ti​co​.com/​2​0​1​7​/​0​1​/​1​6​/​e​l​–​a​g​o​t​a​m​i​e​n​t​o​–​d​e​–​l​a​–​f​a​s​e​–​h​i​s​t​o​r​i​c​a​–​a​c​t​u​a​l​–​d​e​l​–​c​a​p​i​t​a​l​i​s​mo/).
  208. Eduar­do Mon­tes de Oca: El colap­so ace­cha, 26 de octu­bre de 2018 (http://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​4​8​234).
  209. Jor­ge Beins­tein: Karl Marx: temas pen­dien­tes, 20 de diciem­bre de 2018 (https://​beins​tein​.lahai​ne​.org/​b​2​–​i​m​g​/​B​e​i​n​s​t​e​i​n​_​C​o​n​f​e​r​e​n​c​i​a​m​a​g​i​s​t​r​a​l​_​z​a​c​a​t​e​c​a​s​.​pdf).
  210. Andrés Pique­ras: Hemos lle­ga­do a un pun­to de exte­nua­ción del capi­ta­lis­mo, Kri­ti­ca, 20 de enero de 2019 (https://​kao​sen​la​red​.net/​h​e​m​o​s​–​l​l​e​g​a​d​o​–​a​–​u​n​–​p​u​n​t​o​–​d​e​–​e​x​t​e​n​u​a​c​i​o​n​–​d​e​l​–​c​a​p​i​t​a​l​i​s​mo/).
  211. Una de cada seis fami­lias de cla­se media cayó en la pobre­za por la cri­sis y no ha resur­gi­do, 21 de enero de 2019 (https://​www​.publi​co​.es/​e​c​o​n​o​m​i​a​/​s​e​i​s​–​f​a​m​i​l​i​a​s​–​c​l​a​s​e​–​m​e​d​i​a​–​c​a​y​o​.​h​tml).
  212. Fran­cis­co Louçã: Tres ries­gos para 2019, 3 de enero de 2019 (https://​vien​to​sur​.info/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​4​482).
  213. EE.UU. aumen­tó sus gas­tos mili­ta­res y tro­pas en ultra­mar en 2018, 18 de diciem­bre de 2018 (http://​www​.resu​men​la​ti​noa​me​ri​cano​.org/​2​0​1​8​/​1​2​/​1​8​/​e​e​–​u​u​–​a​u​m​e​n​t​o​–​s​u​s​–​g​a​s​t​o​s​–​m​i​l​i​t​a​r​e​s​–​y​–​t​r​o​p​a​s‑e).
  214. Lan­ce Sel­fa: EEUU: ¿Cae­rá Trump en 2019?, 6 de enero de 2019 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​e​e​u​u​–​c​a​e​r​a​–​t​r​u​m​p​–​e​n​–​2​019).
  215. Alan Woods: Fuku­ya­ma cam­bia de opi­nión: «el socia­lis­mo debe­ría vol­ver», noviem­bre de 2018 (https://​www​.mar​xist​.com/​f​u​k​u​y​a​m​a​–​c​a​m​b​i​a​–​d​e​–​o​p​i​n​i​o​n​–​e​l​–​s​o​c​i​a​l​i​s​m​o​–​d​e​b​e​r​i​a​–​v​o​l​v​e​r​.​htm).
  216. Michael Roberts: La lar­ga depre­sión, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2017, pp. 295–340.
  217. Michael Roberts: Pre­vi­sio­nes eco­nó­mi­cas para 2019, 29 de diciem­bre de 2018 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​p​r​e​v​i​s​i​o​n​e​s​–​e​c​o​n​o​m​i​c​a​s​–​p​a​r​a​–​2​019).
  218. David Fer­nán­dez: El cre­ci­mien­to mun­dial ha toca­do techo, 30 de diciem­bre de 2018 (https://​elpais​.com/​e​c​o​n​o​m​i​a​/​2​0​1​8​/​1​2​/​2​8​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​1​5​4​5​9​9​5​1​7​4​_​9​6​3​1​1​4​.​h​tml).
  219. «La épo­ca de vacas gor­das se aca­ba», dice el minis­tro ale­mán de Finan­zas, 7 de enero de 2019 (https://​www​.lne​.es/​e​c​o​n​o​m​i​a​/​2​0​1​9​/​0​1​/​0​7​/​e​p​o​c​a​–​v​a​c​a​s​–​g​o​r​d​a​s​–​a​c​a​b​a​–​d​i​c​e​/​2​4​0​6​8​2​4​.​h​tml).
  220. Die­go Herranz: Los mer­ca­dos emer­gen­tes domi­na­rán la eco­no­mía mun­dial en 2030, 21 de enero de 2019 (https://​www​.publi​co​.es/​e​c​o​n​o​m​i​a​/​m​e​r​c​a​d​o​s​–​e​m​e​r​g​e​n​t​e​s​–​d​o​m​i​n​a​r​a​n​–​e​c​o​n​o​m​i​a​–​m​u​n​d​i​a​l​–​2​0​3​0​.​h​tml).
  221. Pau­la Bach: Estan­ca­mien­to secu­lar, fun­da­men­tos y diná­mi­ca de la cri­sis, 11 de enero de 2016 (http://​www​.estra​te​giain​ter​na​cio​nal​.org/​E​s​t​a​n​c​a​m​i​e​n​t​o​–​s​e​c​u​l​a​r​–​f​u​n​d​a​m​e​n​t​o​s​–​y​–​d​i​n​a​m​i​c​a​–​d​e​–​l​a​–​c​r​i​sis).
  222. Rafael Poch: La situa­ción es mucho más peli­gro­sa que en la Gue­rra Fría, 3 de noviem­bre de 2018 (https://​www​.lahai​ne​.org/​m​u​n​d​o​.​p​h​p​/​l​a​–​s​i​t​u​a​c​i​o​n​–​e​s​–​m​u​c​h​o​–​mas).
  223. W. Dierckx­sens: «Pobla­ción, fuer­za de tra­ba­jo y rebe­lión en el siglo XXI. ¿De las revuel­tas popu­la­res de 1848 en Euro­pa a la rebe­lión mun­dial actual?», El colap­so de la glo­ba­li­za­ción, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2011, p. 185.
  224. Ramón Fer­nán­dez Durán: La Quie­bra del Capi­ta­lis­mo Glo­bal: 2000–2030, Virus, Madrid 2011, pp. 67–71.
  225. Fra­nçois Ches­nais: Capi­ta­lis­mo y cam­bio cli­má­ti­co, 26 de diciem­bre de 2018 (https://​vien​to​sur​.info/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​4​466).
  226. El hie­lo de Groen­lan­dia se derri­te cua­tro veces más rápi­do que en 2003, 22 de enero de 2019 (https://​www​.publi​co​.es/​c​i​e​n​c​i​a​s​/​d​e​s​h​i​e​l​o​–​h​i​e​l​o​–​g​r​o​e​n​l​a​n​d​i​a​–​d​e​r​r​i​t​e​–​c​u​a​t​r​o​–​v​e​c​e​s​–​r​a​p​i​d​o​–​2​0​0​3​.​h​tml).
  227. Michel Hus­son: Cri­sis eco­nó­mi­ca y des­ór­de­nes mun­dia­les, 30 de sep­tiem­bre de 2018 (https://​vien​to​sur​.info/​s​p​i​p​.​p​h​p​?​a​r​t​i​c​l​e​1​4​204).
  228. Der­nan­do Bos­si Rojas: El impe­ria­lis­mo huyen­do hacia ade­lan­te, 1 de octu­bre de 2018 (http://​ques​tion​di​gi​tal​.com/​e​l​–​i​m​p​e​r​i​a​l​i​s​m​o​–​h​u​y​e​n​d​o​–​h​a​c​i​a​–​a​d​e​l​a​n​te/).
  229. Gabriel Kol­ko: El siglo de las gue­rras, Pai­dós, Bar­ce­lo­na 2005, p. 343.
  230. André Damon: Panel bipar­ti­dis­ta: EUA debe pre­pa­rar­se para una gue­rra «terri­ble» y «devas­ta­do­ra» con Rusia y Chi­na, 17 de noviem­bre de 2018 (https://​www​.wsws​.org/​e​s​/​a​r​t​i​c​l​e​s​/​2​0​1​8​/​1​1​/​1​7​/​m​i​l​i​–​n​1​7​.​h​tml).
  231. Nadia Belén Bus­tos: «Gue­rra per­ma­nen­te. El ascen­so de la con­flic­ti­vi­dad mun­dial y la estra­te­gia del impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano», Cua­der­nos de Mar­te, Argen­ti­na, año 9, nº 15, julio-diciem­bre 2018, p. 285.
  232. Nadia Belén Bus­tos: Ídem, p. 290.
  233. Nadia Belén Bus­tos: Ídem, pp. 308–390.
  234. Nadia Belén Bus­tos: Ídem, pp. 313–314.
  235. Excan­ci­ller ale­mán denun­cia que Esta­dos Uni­dos actúa en Ale­ma­nia como en país ocu­pa­do, 20 de noviem­bre de 2018 (https://​www​.vol​tai​re​net​.org/​a​r​t​i​c​l​e​2​0​4​0​1​8​.​h​tml).
  236. El emba­ja­dor de EEUU se cree colo­ni­za­dor en Ale­ma­nia, 14 de enero de 2019 (https://​mun​do​.sput​nik​news​.com/​p​o​l​i​t​i​c​a​/​2​0​1​9​0​1​1​4​1​0​8​4​7​1​3​0​3​1​–​e​m​b​a​j​a​d​o​r​–​e​e​u​u​–​a​l​e​m​a​n​ia-).
  237. Alex Lan­dier: Amar­gas ten­sio­nes entre Esta­dos Uni­dos y Euro­pa mar­can el cen­te­na­rio del armis­ti­cio de la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial en París, 13 de noviem­bre de 2018 (https://​www​.wsws​.org/​e​s​/​a​r​t​i​c​l​e​s​/​2​0​1​8​/​1​1​/​1​3​/​a​r​m​i​–​n​1​3​.​h​tml).
  238. El Bole­tín de Cien­tí­fi­cos Ató­mi­cos dice que esta­mos a dos minu­tos del fin del mun­do, 24 de enero de 2019 (https://​www​.eles​pec​ta​dor​.com/​n​o​t​i​c​i​a​s​/​c​i​e​n​c​i​a​/​e​l​–​b​o​l​e​t​i​n​–​d​e​–​c​i​e​n​t​i​f​i​c​o​s​–​a​t​o​m​i​c​o​s​–​d​i​c​e​–​q​u​e​–​e​s​t​a​m​o​s​–​d​o​s​–​m​i​n​u​t​o​s​–​d​e​l​–​f​i​n​–​d​e​l​–​m​u​n​d​o​–​a​r​t​i​c​u​l​o​–​8​3​5​886).
  239. Fra­nçois Ches­nais: ¿El capi­ta­lis­mo se ha encon­tra­do con lími­tes infran­quea­bles?, 28 de enero de 2017 (https://​herra​mien​ta​.com​.ar/​a​r​t​i​c​u​l​o​.​p​h​p​?​i​d​=​2​640).
  240. María Jesús Izquier­do: Nos entre­nan en gus­tar, en dar pena, tene­mos que entre­nar­nos en dar mie­do, 11 de febre­ro de 2019 (http://​www​.izquier​da​dia​rio​.es/​M​a​r​i​a​–​J​e​s​u​s​–​I​z​q​u​i​e​r​d​o​–​N​o​s​–​e​n​t​r​e​n​a​n​–​e​n​–​g​u​s​t​a​r​–​e​n​–​d​a​r​–​p​e​n​a​–​t​e​n​e​m​o​s​–​q​u​e​–​e​n​t​r​e​n​a​r​n​o​s​–​e​n​–​d​a​r​–​m​i​edo).
  241. Vice­nç Nava­rro, Juan Torres López y Alber­to Gar­zón Espi­no­sa: Hay Alter­na­ti­vas, Sequi­tur, Madrid 2011, pp. 209–224.
  242. Julio Angui­ta y Juan Car­los Mone­de­ro: A la izquier­da de lo posi­ble, Ica­ria, Bar­ce­lo­na 2013, pp. 103–107.
  243. Julio Angui­ta y Juan Car­los Mone­de­ro: Ídem, p. 87.
  244. Julio Angui­ta y Juan Car­los Mone­de­ro: Ídem, pp. 90–91.
  245. Anselm Jap­pe: Las aven­tu­ras de la mer­can­cía, Pepi­tas de Cala­ba­za, Logro­ño 2016, p, 127.
  246. Daniel Ben­saïd: ¿La revo­lu­ción sin el poder?, febre­ro de 2003 (http://​daniel​ben​said​.org/​L​a​–​r​e​v​o​l​u​c​i​o​n​–​s​i​n​–​e​l​–​p​o​d​e​r​?​l​a​n​g​=fr).
  247. James K. Gal­braith: Refle­xio­nes meto­do­ló­gi­cas y polí­ti­cas sobre «El Capi­tal del siglo XXI» y el con­cep­to de «capi­tal», 8 de junio de 2016 (https://​www​.lahai​ne​.org/​e​s​t​_​e​s​p​a​n​o​l​.​p​h​p​/​r​e​f​l​e​x​i​o​n​e​s​–​m​e​t​o​d​o​l​o​g​i​c​a​s​–​y​–​p​o​l​i​t​i​c​a​s​-so).
  248. Pau­la Bach: Desigual­dad, cri­sis y uto­pía refor­mis­ta, 30 de junio de 2015 (http://​ban​de​ra​ro​ja​.blogs​pot​.com/​2​0​1​5​/​0​6​/​d​e​s​i​g​u​a​l​d​a​d​–​c​r​i​s​i​s​–​y​–​u​t​o​p​i​a​–​r​e​f​o​r​m​i​s​t​a​.​h​tml).
  249. Richard Hein­berg: El final del cre­ci­mien­to, El Vie­jo Topo, Bar­ce­lo­na 2014, pp. 84 y ss.
  250. Richard Hein­berg: Ídem, pp. 283 y ss.
  251. Richard Hein­berg: Ídem, p. 322.
  252. Richard Hein­berg: Ídem, p. 324.
  253. Richard Hein­berg: Ídem, pp. 346–348.
  254. Richard Hein­berg: Ídem, pp. 311–312.
  255. Richard Hein­berg: Ídem, pp. 308–309.
  256. Chris­tian Laval y Pie­rre Dar­dot: Común, Gedi­sa, Bar­ce­lo­na 2015, pp. 663–664.
  257. Chris­tian Laval y Pie­rre Dar­dot: Ídem, p. 662.
  258. Nuria Ala­bao y Raúl Sán­chez Cedi­llo: Anto­nio Negri: Hay que reanu­dar un dis­cur­so de refor­mis­mo duro y radi­cal en Euro­pa, 16 de enero de 2019 (https://​ctxt​.es/​e​s​/​2​0​1​9​0​1​1​6​/​P​o​l​i​t​i​c​a​/​2​3​9​5​6​/​A​n​t​o​n​i​o​–​N​e​g​r​i​–​e​n​t​r​e​v​i​s​t​a​–​f​a​s​c​i​s​m​o​–​e​u​r​o​p​a​–​o​p​e​r​a​i​s​m​o​–​N​u​r​i​a​–​A​l​a​b​a​o​–​R​a​u​l​–​S​a​n​h​c​e​z​–​C​e​d​i​l​l​o​.​htm).
  259. Paul Mason: Post­ca­pi­ta­lis­mo. Hacia el nue­vo futu­ro, Pai­dós, Bar­ce­lo­na 2016, p. 311.
  260. Paul Mason: Ídem, p. 337.
  261. Paul Mason: Ídem, pp. 343–345.
  262. Paul Mason: Ídem, p. 358.
  263. Paul Mason: Ídem, p. 358.
  264. Juan A. Gimeno: Reju­ve­ne­cer el Esta­do de bien­es­tar, 23 de enero de 2019 (https://​ctxt​.es/​e​s​/​2​0​1​9​0​1​2​3​/​P​o​l​i​t​i​c​a​/​2​4​0​6​4​/​J​u​a​n​–​A​–​G​i​m​e​n​o​–​E​c​o​n​o​m​i​s​t​a​s​–​s​i​n​–​F​r​o​n​t​e​r​a​s​–​E​s​t​a​d​o​–​d​e​–​b​i​e​n​e​s​t​a​r​–​e​c​o​n​o​m​i​a​.​htm).
  265. AA.VV.: His­to­ria de las doc­tri­nas eco­nó­mi­cas, Edi­to­rial Pue­blo y Edu­ca­ción, La Haba­na 1980, tomo 2, pp. 1100–1106.
  266. K. H. Roth y Ange­li­ka Ebbing­haus: El «otro» movi­mien­to obre­ro, Tra­fi­can­tes de Sue­ños, Madrid 2011, pp. 261 y ss.
  267. Terry Eagle­ton: Por qué Marx tenía razón, Penín­su­la, 2011, p. 177.
  268. Fran­cis­co de Zára­te: Entre­vis­ta a Álva­ro Gar­cía Line­ra: El patri­mo­nio de la nue­va izquier­da es no lle­gar al poder con la lucha arma­da sino con la cons­truc­ción colec­ti­va de opi­nión, 27 de noviem­bre de 2018 (https://​www​.eldia​rio​.es/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​g​o​b​i​e​r​n​o​–​p​r​o​g​r​e​s​i​s​t​a​–​g​e​n​e​r​a​l​–​c​o​r​t​a​–​d​u​r​a​c​i​o​n​_​0​_​8​3​8​5​1​6​9​6​7​.​h​tml).
  269. J. Loc­ke: Ensa­yo sobre el gobierno civil, Orbis nº 10, Bar­ce­lo­na 1983, pp. 144–145.
  270. S. Zizek: Robes­pie­rre, vir­tud y terror, Akal, Madrid 2010, p. 157.
  271. K. Marx: «Los Deba­tes sobre la Ley acer­ca del Robo de Leña», En defen­sa de la liber­tad. Los artícu­los de la Gace­ta Rena­na 1842–1843, Fer­nan­do Torres Edi­tor, Valen­cia 1983, p. 219.
  272. K. Marx: Ídem, p. 226.
  273. Tomás Ara­ya: La USAID y los gol­pes blan­dos en Amé­ri­ca Lati­na, 18 de mayo de 2018 (https://​dever​dad​di​gi​tal​.com/​a​r​t​i​c​u​l​o​/​2​2​5​9​6​/​l​a​–​u​s​a​i​d​–​y​–​l​o​s​–​g​o​l​p​e​s​–​b​l​a​n​d​o​s​–​e​n​–​a​m​e​r​i​c​a​–​l​a​t​i​na/).
  274. Alber­to Prie­to Rozos: Amé­ri­ca Lati­na. Tran­si­cio­nes, inte­gra­ción y socia­lis­mo, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 2016, pp. 54–114.
  275. Vla­di­mir Acos­ta: El Mons­truo y sus Entra­ñas, Edi­to­rial Galac, Cara­cas 2017, pp. 349–427.
  276. Vla­di­mir Acos­ta: Ídem, p. 730.
  277. Heinz Kowal­zik y Heinz Malorny: «El aná­li­sis de Marx de las con­tra­dic­cio­nes capi­ta­lis­tas en El Capi­tal», Marx Aho­ra, nº 44, La Haba­na 2017, pp. 15–16.
  278. G. Man­del: «El lugar del mar­xis­mo en la his­to­ria», Escri­tos, Cata­ra­ta, Madrid 2005, pp. 87 y ss.
  279. Adol­fo Sán­chez Vás­quez: Filo­so­fía de la pra­xis, Gri­jal­bo, Méxi­co, 1967, p. 305.
  280. K. Marx y F. Engels: Men­sa­je del Comi­té Cen­tral a la Liga de los Comu­nis­ta, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1984, tomo I, pp. 184–185.
  281. K. Marx y F. Engels: Ídem, p. 186.
  282. Franz Meh­ring: Car­los Marx, Gri­jal­bo, Bar­ce­lo­na 1973, pp. 210–217.
  283. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. 180.
  284. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. 248.
  285. Jor­ge Moruno Dan­zi: El mer­ca­do de tra­ba­jo es una dic­ta­du­ra, 18 de diciem­bre de 2108 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​p​r​i​n​t​p​d​f​/​t​e​x​t​o​s​/​e​l​–​m​e​r​c​a​d​o​–​d​e​–​t​r​a​b​a​j​o​–​e​s​–​u​n​a​–​d​i​c​t​a​d​u​r​a​–​e​n​t​r​e​v​i​sta).
  286. Eduar­do Camín: Capi­ta­lis­mo: dis­cur­so del mie­do, sala­rios que bajan y vio­len­cia que aumen­ta, 6 de febre­ro de 2019 (https://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​5​2​131).
  287. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. 305.
  288. K. Marx: «Los Deba­tes sobre la Ley acer­ca del Robo de Leña», En Defen­sa de la liber­tad. Los artícu­los de la Gace­ta Rena­na 1842–1843, Fer­nan­do Torres Edi­tor, Valen­cia 1983, pp. 215–216.
  289. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, pp. 605–606.
  290. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, pp. 638–639.
  291. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. 642.
  292. Eric Tous­saint: La bol­sa o la vida. Las finan­zas con­tra los pue­blos, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 2003, pp. 97 y ss.
  293. Eduar­do Luci­ta: La domi­na­ción a tra­vés de la deu­da, 7 de febre­ro de 2019 (https://​www​.lahai​ne​.org/​m​u​n​d​o​.​p​h​p​/​l​a​–​d​o​m​i​n​a​c​i​o​n​–​a​–​t​r​a​v​e​s​-de).
  294. Félix Cór­do­ba Itu­rre­gui: Entre bui­tres y garras: la deu­da como arma de domi­na­ción, 18 de enero de 2019 (http://​www​.cadtm​.org/​E​n​t​r​e​–​b​u​i​t​r​e​s​–​y​–​g​a​r​r​a​s​–​l​a​–​d​e​u​d​a​–​c​o​m​o​–​a​r​m​a​–​d​e​–​d​o​m​i​n​a​c​ion).
  295. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. 649.
  296. K. Marx y F. Engels: Cir­cu­lar del Comi­té Cen­tral a la Liga Comu­nis­ta (https://​www​.mar​xists​.org/​e​s​p​a​n​o​l​/​m​–​e​/​1​8​5​0​s​/​5​0​_​c​i​r​c​.​htm).
  297. K. Marx: El Capi­tal, op. cit., tomo III, pp. 232–239.
  298. Jesús Alba­rra­cin: La eco­no­mía de mer­ca­do, Trot­ta, Madrid 1991, pp. 99–101.
  299. Jesús Alba­rra­cin: Ídem, pp. 101–103.
  300. Michael Roberts: Davos: char­lan­do sobre el cli­ma y la desigual­dad, 2 de febre­ro de 2019 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​d​a​v​o​s​–​c​h​a​r​l​a​n​d​o​–​s​o​b​r​e​–​e​l​–​c​l​i​m​a​–​y​–​l​a​–​d​e​s​i​g​u​a​l​dad).
  301. Comu­nis­tas de Cas­ti­lla: Tesis femi­nis­ta: la tri­ple explo­ta­ción, 30 de octu­bre de 2018 (https://​www​.lahai​ne​.org/​e​s​t​_​e​s​p​a​n​o​l​.​p​h​p​/​t​e​s​i​s​–​f​e​m​i​n​i​s​t​a​–​l​a​–​t​r​i​p​l​e​–​e​x​p​l​o​t​a​c​ion).
  302. Lluís Pelli­cer: La ten­sión polí­ti­ca y social las­tran la zona euro y Bru­se­las revi­sa a la baja las pre­vi­sio­nes de 2019, 7 de febre­ro de 2019 (https://​elpais​.com/​e​c​o​n​o​m​i​a​/​2​0​1​9​/​0​2​/​0​7​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​1​5​4​9​5​3​1​8​3​4​_​6​7​9​0​3​1​.​h​tml).
  303. Antoi­ne Casa­no­va y Rémy Herre­ra: «Refle­xio­nes sobre las cri­sis», Marx Aho­ra, La Haba­na, nº 412016, p. 25.
  304. Nico­lás Hae­rin­ger y Maxi­me Com­bes: «Para evi­tar lo impen­sa­ble, com­pro­me­tá­mo­nos a hacer lo impo­si­ble», Vien­to Sur, Bar­ce­lo­na, nº 142, año XXIV, octu­bre de 2015, pp. 58–66.
  305. Pepe Rodrí­guez: Dios nació mujer, Edic. Sine­qua­non, Bar­ce­lo­na 1999, p. 293.
  306. Sarah B. Pome­roy: Dio­sas, rame­ras, espo­sas y escla­vas, Akal, 1987, p. 252.
  307. Geor­ge Novack: Los orí­ge­nes del mate­ria­lis­mo, Edit. Plu­ma, Bogo­tá 1977, pp. 157–158.
  308. B. Farring­ton: La rebe­lión de Epi­cu­ro, Edi­cio­nes de Cul­tu­ra Popu­lar, Bar­ce­lo­na 1968, p. 109.
  309. B. Farring­ton: Ídem, p. 110.
  310. Geof­frey Par­ker: «Impla­ca­bles y fero­ces», His­to­ria 16, nº 250, febre­ro de 1997, p. 66.
  311. Cle­men­te Anco­na: «La influen­cia de “De la gue­rra de Clau­se­witz” en el pen­sa­mien­to mar­xis­ta de Marx y Lenin», Clau­se­witz en el pen­sa­mien­to mar­xis­ta, PyP, Méxi­co, 1979, pp. 7–38.
  312. K. Marx y F. Engels: «Sobre los medios de lle­var la gue­rra del pue­blo por la inde­pen­den­cia», Lucha de gue­rri­llas, Júcar, Bar­ce­lo­na 1980, pp. 37–39.
  313. F. Engels: «Los gue­rri­lle­ros pru­sia­nos», Temas mili­ta­res, Equi­po Edi­to­rial, San Sebas­tián 1968, pp. 274–279.
  314. Nick Sekun­da: El ejér­ci­to per­sa 560–330 A. C., Edic. del Pra­do, Ejér­ci­tos y Bata­llas, nº 38, 1994, p. 23.
  315. Vicen­te Segre­lles: Armas que con­mo­vie­ron al mun­do, AFHA, Bar­ce­lo­na 1973, p. 40.
  316. J. Droz: «Los orí­ge­nes de la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na», His­to­ria Gene­ral del Socia­lis­mo, Des­tino, Bar­ce­lo­na 1976, tomo 1, p. 481.
  317. F. Engels, cita­do por Josep Fon­ta­na: La his­to­ria de los hom­bres, Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2001, p. 162.
  318. F. Engels: «Pró­lo­go a la edi­ción ingle­sa», 5 de noviem­bre de 1886, El Capi­tal, op. cit., tomo I, p. XXXIII.
  319. G. Man­del: Crí­ti­ca del euro­co­mu­nis­mo, Fon­ta­ma­ra, Bar­ce­lo­na 1978, pp. 233–237.
  320. Ana Mén­dez de Andés: «El espa­cio públi­co como cam­po de bata­lla», Vien­to Sur, Bar­ce­lo­na, nº 137, Año XXIV, febre­ro de 2015, pp. 48–56.
  321. Rosa Luxem­burg: «Una vez más el expe­ri­men­to bel­ga», Deba­te sobre la huel­ga de masas, PyP, nº 62, Car­ta­go, Argen­ti­na, 1975, p. 110.
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  323. Karl Liebk­necht: «Mili­ta­ris­mo y anti­mi­li­ta­ris­mo», Anto­lo­gía, Ica­ria, Bar­ce­lo­na 1977, p. 38.
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  327. R. Duna­yevs­ka­ya: Filo­so­fía y revo­lu­ción. De Hegel a Sar­tre y de Marx a Mao, Siglo XXI, 2009, pp. 105–106.
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  329. Otto Braun: «Intro­duc­ción», Clau­se­witz en el pen­sa­mien­to mar­xis­ta, PyP, Méxi­co, 1979, pp. 41 y ss.
  330. Emi­lio Alba­mon­te y Matías Maie­llo: Estra­te­gia socia­lis­ta y arte mili­tar, IPS, Bue­nos Aires 2017, pp. 19–40.
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  332. Jean Salem: Ídem, pp. 58–80.
  333. Jean Salem: Ídem, p. 81.
  334. V. I. Lenin: I Con­gre­so de toda Rusia de los soviets de Dipu­tados obre­ros y sol­da­dos, Obras com­ple­tas, Pro­gre­so, Mos­cú, tomo 32, pp. 289–290.
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  340. Karl Liebk­necht: «Armas para la revo­lu­ción», Anto­lo­gía, Ica­ria, Bar­ce­lo­na 1977, pp. 211–214.
  341. Gil­bert Badia: Los espar­ta­quis­tas, Edit. Mateu, Bar­ce­lo­na 1971, vol. I, pp. 271–284.
  342. V. I. Lenin: Salu­do a la Repú­bli­ca de los Con­se­jos de Bavie­ra, Obras com­ple­tas, Pro­gre­so, Mos­cú 1984, tomo 38, pp. 343–344.
  343. L. Trotsky: El Anti­Kautsky, Obras esco­gi­das, Fun­da­men­tos, Madrid 1977, tomo II, pp. 75–111.
  344. L. Trotsky: «Los sig­ni­fi­ca­dos de la toma de Kazán en el cur­so de la gue­rra civil», Escri­tos mili­ta­res, Rue­do Ibé­ri­co, París 1976, tomo 1, p. 253.
  345. A. Grams­ci: «Los gru­pos comu­nis­tas», Anto­lo­gía, Siglo XXI, Méxi­co, 1980, pp. 96–97.
  346. A. Grams­ci: «El Par­ti­do Comu­nis­ta», Anto­lo­gía, op. cit., p. 113.
  347. Mao Tse-Tung: Pro­ble­mas estra­té­gi­cos de la gue­rra de gue­rri­llas con­tra el Japón, Obras esco­gi­das, Fun­da­men­tos, Madrid 1974, tomo 2, pp. 77–78.
  348. Mao Tse-Tung: Pro­ble­mas de la gue­rra y de la estra­te­gia, Obras esco­gi­das, op. cit., tomo 2, p. 240.
  349. K. Marx y F. Engels: El Mani­fies­to del Par­ti­do Comu­nis­ta, op. cit., p. 129.
  350. «K. Marx a Dome­la Nieu­wen­huy del 22 de febre­ro de 1881», La insu­rrec­ción arma­da, Boltxe libu­ruak, Bil­bao 2013, p. 36.
  351. Ale­jan­dro Bra­vo: Esto es el capi­ta­lis­mo: los 26 más ricos poseen más rique­za que 3.800 millo­nes de per­so­nas, 22 de enero de 2019 (https://​www​.laiz​quier​da​dia​rio​.cl/​E​s​t​o​–​e​s​–​e​l​–​c​a​p​i​t​a​l​i​s​m​o​–​l​o​s​–​2​6​–​m​a​s​–​r​i​c​o​s​–​p​o​s​e​e​n​–​m​a​s​–​r​i​q​u​e​z​a​–​q​u​e​–​3​–​8​0​0​–​m​i​l​l​o​n​e​s​–​d​e​–​p​e​r​s​o​nas).
  352. A. Neu­berg: La insu­rrec­ción arma­da, Boltxe libu­ruak, Bil­bao 2013, p. 27.
  353. L. Trotsky: «Chi­na y el paci­fis­mo», La segun­da revo­lu­ción chi­na, Plu­ma, Bogo­tá 1976, pp. 171–173.
  354. Vijay Pras­had: Las nacio­nes oscu­ras, Penín­su­la, Bar­ce­lo­na 2012, p. 237.
  355. Emi­lio Alba­mon­te y Matías Maie­llo: Estra­te­gia socia­lis­ta y arte mili­tar, IPS, Bue­nos Aires 2017, p. 484.
  356. Emi­lio Alba­mon­te y Matías Maie­llo: Ídem, pp. 478 y ss.
  357. F. Engels: «Arge­lia», Sobre el colo­nia­lis­mo, PyP, nº 37, Argen­ti­na, Cór­do­ba 1973, p. 155.
  358. F. Engels: Car­ta a Piotr Lavro­vih Lavrov, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1978, tomo III, p. 504.
  359. V. I. Lenin: La gue­rra de gue­rri­llas, Obras com­ple­tas, Pro­gre­so, Mos­cú 1984, tomo 14, pp. 1–12.
  360. Che Gue­va­ra: «Men­sa­je a los pue­blos del mun­do a tra­vés de la Tri­con­ti­nen­tal», Escri­tos y Dis­cur­sos, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 1985, tomo 9, p. 369.
  361. Carl von Clau­se­witz: De la Gue­rra, Edi­cio­nes Ejér­ci­to, Madrid 1980, pp. 45–46.
  362. Carl von Clau­se­witz: Ídem, p. 164.
  363. Adol­fo Sán­chez Váz­quez: «En pun­to de vis­ta de la prác­ti­ca en la filo­so­fía», Filo­so­fía y cir­cuns­tan­cias, Área de Cul­tu­ra, Mála­ga 1996, p. 126.
  364. Rod­ney Pie­dra Aren­ci­bia: Mar­xis­mo y dia­léc­ti­ca de la natu­ra­le­za, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 2016, p. 78.
  365. «K. Marx, car­ta a F. Engels del 31 de julio de 1865», Corres­pon­den­cia, Car­ta­go, Argen­ti­na, 1973, p. 173.
  366. Aldo Fabián Her­nán­dez Solís: El arte como cam­po de lucha y el mura­lis­mo comu­ni­ta­rio, 2 de noviem­bre de 2016 (http://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​1​8​658).
  367. Livio Sichi­ro­llo: Dia­léc­ti­ca, Labor, Bar­ce­lo­na 1976, p. 15.
  368. Livio Sichi­ro­llo: Ídem, p. 19.
  369. F. Engels: Dia­léc­ti­ca de la natu­ra­le­za, Akal, Madrid 1978, p. 171.
  370. D. Ben­saïd: Marx intem­pes­ti­vo, Herra­mien­ta, Bue­nos Aires 2003, p. 449.
  371. Livio Sichi­ro­llo: Dia­léc­ti­ca, op. cit., p. 20.
  372. Livio Sichi­ro­llo: Ídem, p. 21.
  373. K. Marx: Car­ta de Ruge, mar­zo de 1843, OME, Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 1978, tomo 5, pp. 165–166.
  374. V. I. Lenin: Dis­cur­so de resu­men de la dis­cu­sión del infor­me sobre el impues­to en espe­cies, Obras com­ple­tas, Pro­gre­so, Mos­cú 1984, tomo 43, p. 334.
  375. Terry Eagle­ton: Por qué Marx tenía razón, Penín­su­la, Bar­ce­lo­na 2011, p. 125.
  376. Yvon Gar­lan: La Gue­rra en la Anti­güe­dad, Alde­ba­rán, Madrid 2003, p. 11.
  377. L. Trotsky: «La auda­cia de la deses­pe­ra­ción», Escri­tos mili­ta­res, Rue­do Ibé­ri­co, París 1976, tomo 2, p. 272.
  378. Emi­lio Alba­mon­te y Matías Maie­llo: Estra­te­gia socia­lis­ta y arte mili­tar, op. cit., pp. 461–462.

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