Direc­tri­ces para el movi­mien­to comu­nis­ta femenino

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El comu­nis­mo, el gran eman­ci­pa­dor del sexo feme­nino, no pue­de ser sola­men­te el resul­ta­do de la lucha común de las muje­res de todas las cla­ses por la refor­ma del sis­te­ma bur­gués en la direc­ción indi­ca­da por las rei­vin­di­ca­cio­nes femi­nis­tas, no pue­de ser sola­men­te el resul­ta­do de una lucha con­tra la posi­ción social pri­vi­le­gia­da del sexo mas­cu­lino. El comu­nis­mo sólo y úni­ca­men­te pue­de ser rea­li­za­do median­te la lucha común de las muje­res y hom­bres del pro­le­ta­ria­do explo­ta­do con­tra los pri­vi­le­gios, el poder de los hom­bres y muje­res de las cla­ses posee­do­ras y explo­ta­do­ras. El obje­ti­vo de esta lucha de cla­ses es la supera­ción de la socie­dad bur­gue­sa, del capi­ta­lis­mo. En esta lucha el pro­le­ta­ria­do pue­de estar segu­ro de con­se­guir la vic­to­ria si logra des­pe­da­zar el poder de la bur­gue­sía explo­ta­do­ra median­te accio­nes revo­lu­cio­na­rias de masas, si logra des­pe­da­zar el domi­nio de cla­se de la bur­gue­sía sobre la eco­no­mía y el Esta­do median­te la con­quis­ta del poder polí­ti­co y la ins­tau­ra­ción de su dic­ta­du­ra de cla­se en el sis­te­ma de con­se­jos (soviets). El esta­dio ini­cial inevi­ta­ble de la socie­dad comu­nis­ta for­ma­da por tra­ba­ja­do­res con igua­les dere­chos e igua­les debe­res no es la demo­cra­cia bur­gue­sa, sino su supera­ción median­te el domi­nio de cla­se pro­le­ta­rio, median­te el Esta­do pro­le­ta­rio. En la lucha por la con­quis­ta del poder del Esta­do, las cla­ses domi­nan­tes y explo­ta­do­ras ponen en movi­mien­to, con­tra la van­guar­dia del pro­le­ta­ria­do, los ins­tru­men­tos más bru­ta­les de su dic­ta­du­ra de cla­se. Las accio­nes de masas de los explo­ta­dos y de los opri­mi­dos desem­bo­can en la gue­rra civil.
La vic­to­ria del pro­le­ta­ria­do gra­cias a las accio­nes de masas revo­lu­cio­na­rias y a la gue­rra civil, no pue­de con­ce­bir­se sin la par­ti­ci­pa­ción cons­cien­te, entre­ga­da y resuel­ta de las muje­res per­te­ne­cien­tes al pue­blo tra­ba­ja­dor. Estas, de hecho, repre­sen­tan la mayo­ría, o a la enor­me mayo­ría, de la pobla­ción tra­ba­ja­do­ra de casi todos los paí­ses desa­rro­lla­dos, y su papel en la eco­no­mía social y en la fami­lia es a menu­do deci­si­vo para el éxi­to de las luchas de cla­se entre explo­ta­do­res y explo­ta­dos, así como para el com­por­ta­mien­to de los mis­mos pro­le­ta­rios en esta lucha. La con­quis­ta del poder polí­ti­co por par­te del pro­le­ta­ria­do debe ser tam­bién obra de las pro­le­ta­rias comu­nis­tas. Este mis­mo prin­ci­pio sigue sien­do váli­do des­pués de la con­so­li­da­ción de la dic­ta­du­ra de la cla­se pro­le­ta­ria, para la cons­truc­ción del sis­te­ma de con­se­jos, para la cons­truc­ción del comu­nis­mo. Esta pro­fun­da y gigan­tes­ca trans­for­ma­ción de la socie­dad, de su base eco­nó­mi­ca, de todas sus ins­ti­tu­cio­nes, de toda la vida moral y cul­tu­ral, no pue­de ser posi­ble sin la acti­va e ilu­mi­na­da par­ti­ci­pa­ción de las masas de muje­res comu­nis­tas. La cola­bo­ra­ción de estas masas repre­sen­ta no sólo una impor­tan­te con­tri­bu­ción a la rea­li­za­ción del comu­nis­mo, sino tam­bién una rica apor­ta­ción de mul­ti­for­mes ser­vi­cios. Este tra­ba­jo es una pre­mi­sa para el nece­sa­rio incre­men­to de la rique­za social de la socie­dad y para el aumen­to, mejo­ra y pro­fun­di­za­ción de su cultura.
Del mis­mo modo como la lucha de cla­se revo­lu­cio­na­ria del pro­le­ta­ria­do en cada país es una lucha inter­na­cio­nal y alcan­za su cima en la revo­lu­ción mun­dial, tam­bién la lucha revo­lu­cio­na­ria de las muje­res con­tra el capi­ta­lis­mo y con­tra su esta­dio supe­rior de desa­rro­llo, el impe­ria­lis­mo, la lucha por la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do y la con­so­li­da­ción de la dic­ta­du­ra de cla­se y del sis­te­ma de con­se­jos, deben ser enten­di­das a nivel internacional.

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