El recha­zo de Marx a la teo­ría labo­ral del valor

Se cree gene­ral­men­te que Marx adap­tó la teo­ría labo­ral del valor de Ricar­do como un con­cep­to fun­da­men­tal para sus estu­dios sobre la acu­mu­la­ción del capi­tal. Dado que la teo­ría labo­ral del valor ha sido des­acre­di­ta­da de mane­ra gene­ral, se ha sos­te­ni­do a menu­do con auto­ri­dad que las teo­rías de Marx no mere­cen la pena. Esa teo­ría corres­pon­de a Ricar­do, que reco­no­ció que era pro­fun­da­men­te pro­ble­má­ti­ca, aun mien­tras insis­tía que la cues­tión del valor era crí­ti­ca para el estu­dio de la eco­no­mía polí­ti­ca. En las pocas oca­sio­nes don­de Marx comen­tó este asun­to1 se refie­re a la «teo­ría del valor» y no a la teo­ría labo­ral del valor. Así pues, ¿en qué con­sis­tía la teo­ría del valor dis­tin­ti­va de Marx, y cómo difie­re de la teo­ría labo­ral del valor?

La res­pues­ta (como es usual) es com­pli­ca­da en sus deta­lles, pero sus linea­mien­tos pue­den ser recons­trui­dos a par­tir de la estruc­tu­ra del libro pri­me­ro de El Capi­tal2.

Marx comien­za esa obra con un examen de la apa­rien­cia super­fi­cial del valor de uso y del valor de cam­bio en el acto mate­rial del inter­cam­bio de mer­can­cías, y pos­tu­la la exis­ten­cia del valor (una rela­ción inma­te­rial pero obje­ti­va) tras el aspec­to cuan­ti­ta­ti­vo del inter­cam­bio de valor. Este valor es toma­do ini­cial­men­te como un refle­jo del tra­ba­jo social (abs­trac­to) cua­ja­do en las mer­can­cías (capí­tu­lo 1). Como una nor­ma regu­la­to­ria del mer­ca­do, el valor pue­de exis­tir, según Marx, sólo cuan­do y don­de el inter­cam­bio de mer­can­cías se ha con­ver­ti­do en «un acto social nor­mal». Esta nor­ma­li­za­ción depen­de de la exis­ten­cia de rela­cio­nes de pro­pie­dad pri­va­da, indi­vi­duos jurí­di­cos y mer­ca­dos per­fec­ta­men­te com­pe­ti­ti­vos (capí­tu­lo 2). Un tal mer­ca­do pue­de fun­cio­nar sólo con el sur­gir de for­mas mone­ta­rias (capí­tu­lo 3) que faci­li­ten y lubri­quen las rela­cio­nes de inter­cam­bio de mane­ra efi­cien­te, a la vez que pro­vean de un vehícu­lo con­ve­nien­te para alma­ce­nar valor. El valor no pue­de exis­tir sin su repre­sen­ta­ción. En el capí­tu­lo 43 Marx mues­tra que sólo en un sis­te­ma don­de el fin y el obje­to de la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca es la pro­duc­ción de mer­can­cías el inter­cam­bio se con­vier­te en nece­sa­rio y a la vez en un acto social nor­mal. Es la cir­cu­la­ción del dine­ro como capi­tal (capí­tu­lo 5) la que con­so­li­da las con­di­cio­nes para la crea­ción de la for­ma de valor dis­tin­ti­va del capi­tal como una nor­ma regu­la­to­ria. Pero la cir­cu­la­ción del capi­tal pre­su­po­ne la exis­ten­cia pre­via del tra­ba­jo asa­la­ria­do como una mer­can­cía que pue­de ser com­pra­da y ven­di­da en el mer­ca­do (capí­tu­lo 6). Cómo el tra­ba­jo se con­vir­tió en una tal mer­can­cía antes del sur­gi­mien­to del capi­ta­lis­mo es el tema de la sec­ción 7 de El Capi­tal, que tra­ta de la acu­mu­la­ción pri­mi­ti­va u ori­gi­nal.

El con­cep­to de capi­tal como pro­ce­so ­ – como valor en movi­mien­to– basa­do en la com­pra de la fuer­za de tra­ba­jo y de medios de pro­duc­ción está inex­tri­ca­ble­men­te entre­te­ji­do con el sur­gi­mien­to de la for­ma del valor. Una sen­ci­lla pero cru­da ana­lo­gía para el argu­men­to de Marx podría ser ésta: el cuer­po humano depen­de para su vita­li­dad de la circulació0n de la san­gre, que no tie­ne exis­ten­cia fue­ra del cuer­po humano. Los dos fenó­me­nos son mutua­men­te cons­ti­tu­yen­tes de cada uno de ellos. La for­ma­ción del valor igual­men­te no pue­de ser enten­di­da fue­ra del pro­ce­so de cir­cu­la­ción que la aco­ge. La inter­de­pen­den­cia mutua den­tro de la tota­li­dad de la cir­cu­la­ción de capi­tal es lo que impor­ta. En el caso del capi­tal, sin embar­go, el pro­ce­so apa­re­ce no sólo como auto-repro­du­ci­do (cícli­co) sino tam­bién como auto-expan­si­vo (la for­ma espi­ral de la acu­mu­la­ción). Esto es así por­que la bús­que­da de bene­fi­cio y de plus­va­lor pro­pul­sa el inter­cam­bio de mer­can­cías, que a su vez pro­mue­ve y sos­tie­ne a la for­ma de valor. El valor por tan­to se con­vier­te en una nor­ma regu­la­do­ra inser­ta­da en la esfe­ra del inter­cam­bio sólo bajo con­di­cio­nes de acu­mu­la­ción de capi­tal.

Aun­que los pasos en el argu­men­to son com­pli­ca­dos, pare­ce que Marx ha hecho poco más que sin­te­ti­zar y for­ma­li­zar la teo­ría labo­ral del valor de Ricar­do inser­tán­do­la en la tota­li­dad de la cir­cu­la­ción y de la acu­mu­la­ción como se mues­tra en la figu­ra 1. La sofis­ti­ca­ción y ele­gan­cia del argu­men­to han lle­va­do a muchos segui­do­res de Marx a pen­sar que éste era el final de la his­to­ria. Si esto fue­ra así mucha de la crí­ti­ca lan­za­da con­tra la teo­ría del valor de Marx esta­ría jus­ti­fi­ca­da. Pero esto no es el final. Es de hecho el comien­zo. La espe­ran­za de Ricar­do era que la teo­ría labo­ral del valor pudie­ra pro­veer una base para enten­der la for­ma­ción de los pre­cios. Es esta espe­ran­za la que un aná­li­sis sub­se­cuen­te ha roto de for­ma tan ruda y com­ple­ta. Muy pron­to Marx com­pren­dió que esta era una espe­ran­za impo­si­ble, a pesar de que a menu­do pasó (sos­pe­cho que por razo­nes tác­ti­cas) de los valo­res a los pre­cios en sus pre­sen­ta­cio­nes como si fue­ran apro­xi­ma­da­men­te la mis­ma cosa. En otras ins­tan­cias estu­dió las diver­gen­cias sis­te­má­ti­cas. En el libro 1 Marx reco­no­ce que cosas como la con­cien­cia, el honor y la tie­rra no cul­ti­va­da pue­den tener un pre­cio pero no valor. En el libro 3 de El Capi­tal explo­ra como la igua­la­ción de la tasa de bene­fi­cio en el mer­ca­do lle­va­ría a las mer­can­cías a inter­cam­biar­se no a sus valo­res sino a los así lla­ma­dos «pre­cios de pro­duc­ción».

Pero Marx no esta­ba intere­sa­do pri­ma­ria­men­te en la for­ma­ción de los pre­cios. Tenía unas prio­ri­da­des dife­ren­tes. Los capí­tu­los 5 a 20 del libro 1 des­cri­ben con minu­cio­so deta­lle las con­se­cuen­cias para el tra­ba­ja­dor de vivir y tra­ba­jar en un mun­do don­de rige la ley del valor, cons­ti­tui­da a tra­vés de la gene­ra­li­za­ción y la nor­ma­li­za­ción del inter­cam­bio en el mer­ca­do. Esta es la famo­sa tran­si­ción, al final del capí­tu­lo 4, don­de Marx nos invi­ta a dejar la esfe­ra de la cir­cu­la­ción, «un ver­da­de­ro Edén de los dere­chos huma­nos inna­tos« don­de «lo que allí impe­ra­ba era la liber­tad, la igual­dad, la pro­pie­dadBentham«. Y así nos sumer­gi­mos en «la ocul­ta sede de la pro­duc­ción», don­de vere­mos «no sólo cómo el capi­tal pro­du­ce, sino tam­bién cómo se pro­du­ce el capi­tal». Ade­más, es solo aquí don­de vere­mos cómo se for­ma el valor.

Las leyes coer­ci­ti­vas de la com­pe­ten­cia en el mer­ca­do fuer­zan a los capi­ta­lis­tas indi­vi­dua­les a exten­der al máxi­mo la jor­na­da labo­ral, ame­na­zan­do la vida y el bien­es­tar del tra­ba­ja­dor en ausen­cia de cual­quier fuer­za con­tra­pues­ta, tal como la legis­la­ción para limi­tar la exten­sión de la jor­na­da labo­ral (capí­tu­lo 8). En capí­tu­los con­se­cuen­tes, estas mis­mas leyes coer­ci­ti­vas empu­jan al capi­tal a bus­car inno­va­cio­nes tec­no­ló­gi­cas y orga­ni­za­cio­na­les, a movi­li­zar y a apro­piar­se de las capa­ci­da­des de coope­ra­ción y de divi­sión del tra­ba­jo inhe­ren­tes de los tra­ba­ja­do­res, a dise­ñar maqui­na­ria y sis­te­mas de pro­duc­ción fabril, a movi­li­zar las capa­ci­da­des de edu­ca­ción, cono­ci­mien­to, cien­cia y tec­no­lo­gía, todo en la bús­que­da de plus­va­lor rela­ti­vo. El efec­to agre­ga­do (capí­tu­lo 23) es el de dis­mi­nuir el esta­tus del tra­ba­ja­dor, el de un ejér­ci­to indus­trial de reser­va, endu­re­cer las con­di­cio­nes de mise­ria abyec­ta y de deses­pe­ra­ción entre las cla­ses tra­ba­ja­do­ras y con­de­nar a gran par­te de ellas a vivir bajo con­di­cio­nes de repro­duc­ción social que son mise­ra­bles en extre­mo.

Esto es a lo que se refie­re Dia­ne Elson, en su artícu­lo semi­nal sobre el tema, como la «teo­ría valo­ra­ti­va del tra­ba­jo» [value theory of labour]. Una teo­ría que se cen­tra en las con­se­cuen­cias del valor ope­ran­do como una nor­ma regu­la­do­ra en el mer­ca­do por la expe­rien­cia de tra­ba­ja­do­res con­de­na­dos por su situa­ción a tra­ba­jar para el capi­tal. Estos capí­tu­los expli­can tam­bién por qué Ber­tell Oll­man con­si­de­ra que la teo­ría del valor de Marx es una teo­ría de la alie­na­ción del tra­ba­jo en la pro­duc­ción más que un fenó­meno del mer­ca­do4.

Pero la pro­duc­ti­vi­dad y la inten­si­dad del tra­ba­jo están cam­bian­do per­pe­tua­men­te bajo las pre­sio­nes de la com­pe­ten­cia en el mer­ca­do (como se des­cri­be en los últi­mos capí­tu­los de El Capi­tal [libro 1]). Esto sig­ni­fi­ca que la for­mu­la­ción del valor en el pri­mer capí­tu­lo de El Capi­tal que­da revo­lu­cio­na­do por lo que sigue. El valor se con­vier­te en una conec­ti­vi­dad inte­rior (una rela­ción inter­na o dia­léc­ti­ca) ines­ta­ble y evo­lu­cio­nan­do per­pe­tua­men­te entre el valor como es defi­ni­do en el domi­nio de la cir­cu­la­ción en el mer­ca­do y el valor como sien­do rede­fi­ni­do cons­tan­te­men­te median­te revo­lu­cio­nes en el domi­nio de la pro­duc­ción. Ante­rior­men­te, en los Grun­dris­se (vol. 2, pp. 216 – 230)5, Marx había inclu­so espe­cu­la­do, en un famo­so «frag­men­to sobre las máqui­nas», que el cono­ci­mien­to humano incor­po­ra­do en el capi­tal fijo disol­ve­ría el sig­ni­fi­ca­do del valor a menos que hubie­ra fuer­zas o razo­nes que obli­guen a res­tau­rar­lo6. En el libro 3 de El Capi­tal Marx saca gran par­ti­do a esto sobre los valo­res, lle­gan­do a la tesis de la tasa de bene­fi­cio des­cen­den­te. La rela­ción con­tra­dic­to­ria entre el valor defi­ni­do en el mer­ca­do y el valor recons­trui­do por las trans­for­ma­cio­nes en el pro­ce­so labo­ral es cen­tral en el pen­sa­mien­to de Marx.

La cam­bian­te pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo es, por supues­to, un ras­go cla­ve en todas las for­mas de aná­li­sis eco­nó­mi­co. En el caso de Marx, sin embar­go, no es la pro­duc­ti­vi­dad labo­ral físi­ca enfa­ti­za­da por la eco­no­mía polí­ti­ca clá­si­ca y neo­clá­si­ca la que impor­ta. Esto colo­ca la rela­ción inter­na entre bús­que­da de plus­va­lor rela­ti­vo (median­te inno­va­cio­nes tec­no­ló­gi­cas y orga­ni­za­cio­na­les) y los valo­res del mer­ca­do en el cen­tro de la teo­ría del valor de Marx.

Una pri­me­ra cala en la teo­ría del valor de Marx, con­clu­yo, se cen­tra en la uni­dad con­tra­dic­to­ria y en cons­tan­te cam­bio entre lo que tra­di­cio­nal­men­te se refe­ría como teo­ría del valor en la esfe­ra del mer­ca­do (como se plan­tea en los pri­me­ros cua­tro capí­tu­los de El Capi­tal) y la teo­ría valo­ra­ti­va del tra­ba­jo en la esfe­ra de la pro­duc­ción (como se ana­li­za en los capí­tu­los 5 a 23 de El Capi­tal).

Pero los mate­ria­les pre­sen­ta­dos en el capí­tu­lo 25 de El Capi­tal sugie­ren que no es sólo la expe­rien­cia en el pro­ce­so labo­ral lo que está en jue­go en la teo­ría del valor. Marx des­cri­be las con­di­cio­nes de repro­duc­ción social de todos aque­llos degra­da­dos en el ejér­ci­to indus­trial de reser­va por la acción de la ley gene­ral de la acu­mu­la­ción del capi­tal (el tema del capí­tu­lo 23). Cita los infor­mes ofi­cia­les rela­ti­vos a la salud públi­ca en la Ingla­te­rra rural (en espe­cial los de un cier­to doc­tor Hun­ter) y otras ver­sio­nes de la vida dia­ria en Irlan­da y Bél­gi­ca, jun­to a la ver­sión de Engels en La con­di­ción de la cla­se obre­ra ingle­sa en 1844. El con­sen­so de todos estos infor­mes era que esas con­di­cio­nes de repro­duc­ción social de este seg­men­to de la cla­se obre­ra eran pero­res que nada de lo que se había oído bajo el feu­da­lis­mo. Las horro­ro­sas con­di­cio­nes de nutri­ción, alo­ja­mien­to, edu­ca­ción, masi­fi­ca­ción, rela­cio­nes de géne­ro y des­pla­za­mien­to per­pe­tuo que­da­ban exa­cer­ba­das por polí­ti­cas de aten­ción social (muy nota­ble­men­te las Leyes de pobres en Gran Bre­ta­ña). Que­da regis­tra­do el inquie­tan­te dato de que la nutri­ción entre los reclu­sos de las cár­ce­les era mejor que la de la gen­te empo­bre­ci­da fue­ra (¡este es aún el caso en los Esta­dos Uni­dos!). Esto abre el camino hacia una impor­tan­te exten­sión de la teo­ría del valor de Marx. Las con­se­cuen­cias de una inten­si­fi­ca­ción de la com­pe­ten­cia capi­ta­lis­ta en el mer­ca­do (inclu­yen­do la bús­que­da de plus­va­lor rela­ti­vo median­te cam­bios tec­no­ló­gi­cos) pro­du­ce al empeo­ra­mien­to de las con­di­cio­nes de repro­duc­ción social de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras (o de seg­men­tos sig­ni­fi­ca­ti­vos de las mis­mas) si no se plan­tean fuer­zas o polí­ti­cas públi­cas com­pen­sa­do­ras para con­tra­rres­tar tales efec­tos.

De la mis­ma for­ma que la teo­ría valo­ra­ti­va del tra­ba­jo es bási­ca para el acer­ca­mien­to de Marx al valor, «una teo­ría valo­ra­ti­va de la repro­duc­ción social» apa­re­ce como un impor­tan­te foco de estu­dio. Este es el pano­ra­ma que abre Marx en los últi­mos apar­ta­dos del capí­tu­lo 23 del libro pri­me­ro de El Capi­tal. Este es el cen­tro de aten­ción de esas femi­nis­tas mar­xis­tas que han tra­ba­ja­do con ahín­co duran­te los últi­mos cua­ren­ta años para cons­truir una teo­ría ade­cua­da de la repro­duc­ción social7.

Marx cita (El Capi­tal, libro 1, notas en pp. 840 – 841) un infor­me ofi­cial sobre las con­di­cio­nes de vida de la mayo­ría de los tra­ba­ja­do­res en Bél­gi­ca que se vie­ron ellos mis­mos for­za­dos «a vivir más mise­ra­ble­men­te que los pri­sio­ne­ros» de las cár­ce­les. Tales tra­ba­ja­do­res recu­rren «a expe­dien­tes cuyo secre­to nadie cono­ce sal­vo el obre­ro, comien­do pan de cen­teno en vez de pan de tri­go, comien­do poca car­ne o nin­gu­na, hacien­do lo mis­mo con la man­te­ca y los con­di­men­tos; apre­tu­jan­do a su fami­lia en una o dos pie­zas en las que mucha­chos y mucha­chas duer­men jun­tos, a menu­do en el mis­mo jer­gón de paja, eco­no­mi­zan­do en la ves­ti­men­ta, en la ropa blan­ca y en los artícu­los de lim­pie­za, renun­cian­do a los espar­ci­mien­tos domi­ni­ca­les, en una pala­bra, resig­nán­do­se a las pri­va­cio­nes más peno­sas. Una vez alcan­za­do ese lími­te extre­mo, el menor aumen­to de pre­cios en los medios de sub­sis­ten­cia, una sus­pen­sión del tra­ba­jo, una enfer­me­dad, acre­cien­tan la mise­ria del tra­ba­ja­dor y lo arrui­nan por com­ple­to. Las deu­das se acu­mu­lan, no se le con­ce­de más cré­di­to, los ves­ti­dos, los mue­bles más nece­sa­rios emi­gran hacia la casa de empe­ños, y final­men­te la fami­lia soli­ci­ta su ins­crip­ción en la lis­ta de indi­gen­tes». Si éste es el típi­co resul­ta­do de la acción de la ley capi­ta­lis­ta de la acu­mu­la­ción de valor enton­ces hay una pro­fun­da con­tra­dic­ción entre las empeo­ra­das con­di­cio­nes de la repro­duc­ción social y la nece­si­dad del capi­tal de expan­dir el mer­ca­do per­pe­tua­men­te. Como Marx dice en el libro 2 de El Capi­tal, la ver­da­de­ra raíz de las cri­sis capi­ta­lis­tas estri­ba en la supre­sión de sala­rios y en la reduc­ción de la masa de pobla­ción al esta­do de indi­gen­tes sin blan­ca. Si no hay mer­ca­do no hay valor. Las con­tra­dic­cio­nes plan­tea­das des­de el pun­to de vis­ta de la teo­ría de la repro­duc­ción social por los valo­res tal como se rea­li­zan en el mer­ca­do son múl­ti­ples. Si, por ejem­plo, no hay tra­ba­ja­do­res salu­da­bles, edu­ca­dos, dis­ci­pli­na­dos y for­ma­dos en el ejér­ci­to de reser­va, enton­ces no pue­de ya inter­pre­tar su papel.

Las rela­cio­nes dia­léc­ti­cas entre pro­ce­sos de mer­ca­do com­pe­ti­ti­vos, pro­duc­ción de plus­va­lor y repro­duc­ción social emer­gen como mutua­men­te cons­ti­tu­ti­vas, pero son ele­men­tos de for­ma­ción de valor pro­fun­da­men­te con­tra­dic­to­rios. Un tal mar­co de aná­li­sis ofre­ce una intri­gan­te mane­ra de pre­ser­var las espe­ci­fi­ci­da­des y dife­ren­cias al nivel teó­ri­co de la teo­ría del valor sin aban­do­nar el con­cep­to de tota­li­dad que el capi­tal recons­tru­ye per­pe­tua­men­te median­te sus prác­ti­cas.

Otras modi­fi­ca­cio­nes, exten­sio­nes y ela­bo­ra­cio­nes de la teo­ría del valor nece­si­tan ser con­si­de­ra­das. La ten­sa y con­tra­dic­to­ria rela­ción entre pro­duc­ción y rea­li­za­ción des­can­sa en el hecho de que el valor depen­de de la exis­ten­cia de caren­cias, nece­si­da­des y deseos res­pal­da­das por la capa­ci­dad de pagar en una pobla­ción de con­su­mi­do­res. Tales caren­cias, nece­si­da­des y deseos están pro­fun­da­men­te implan­ta­dos en el mun­do de la repro­duc­ción social. Sin ellos, como sos­tie­ne Marx en el pri­mer capí­tu­lo de El Capi­tal, no hay valor. Esto intro­du­ce la idea del «no-valor» o «anti-valor» en la dis­cu­sión. Sig­ni­fi­ca tam­bién que la dis­mi­nu­ción de sala­rios a casi nada será con­tra­pro­du­cen­te para la rea­li­za­ción del valor y del plus­va­lor en el mer­ca­do. El aumen­to de sala­rios para ase­gu­rar el «con­su­mo racio­nal» des­de el pun­to de vis­ta del capi­tal y la colo­ni­za­ción de la vida dia­ria como terreno para el con­su­mis­mo son cru­cia­les para la teo­ría del valor.

Lo que ocu­rre, más aún, cuan­do la pre­sun­ción de la com­pe­ten­cia per­fec­ta da paso al mono­po­lio en gene­ral y a la com­pe­ten­cia mono­pó­li­ca inhe­ren­te a la orga­ni­za­ción espa­cial de la cir­cu­la­ción del capi­tal plan­tea otro con­jun­to de pro­ble­mas a resol­ver en el mar­co del valor. He suge­ri­do recien­te­men­te, siguien­do algu­nas rele­van­tes for­mu­la­cio­nes de Marx, que la usual acep­ta­ción de la idea de una úni­ca expre­sión de valor sea reem­pla­za­da reco­no­cien­do una varie­dad de regí­me­nes de valor dis­tin­ti­va­men­te regio­na­les den­tro de la eco­no­mía glo­bal.

La for­ma del valor de Marx, con­clu­yo, no es un ful­cro inmó­vil y esta­ble en el agi­ta­do mun­do del capi­tal, sino una métri­ca cam­bian­te e ines­ta­ble empu­ja­da aquí y allá por la anar­quía del inter­cam­bio del mer­ca­do, por revo­lu­cio­na­rias trans­for­ma­cio­nes en las tec­no­lo­gías y en las for­mas orga­ni­za­cio­na­les, por prác­ti­cas evo­lu­ti­vas de repro­duc­ción social, y por masi­vas trans­for­ma­cio­nes en las caren­cias, nece­si­da­des y deseos de pobla­cio­nes ente­ras expre­sa­das median­te las cul­tu­ras de la vida dia­ria. Esto va mucho más allá de lo que Ricar­do tenía en men­te, y mucho más allá igual­men­te de la con­cep­ción del valor atri­bui­da común­men­te a Marx.

David Har­vey

18 de sep­tiem­bre de 2018

Fuen­te: https://​mar​xis​mo​cri​ti​co​.com/​2​0​1​8​/​0​9​/​1​8​/​e​l​-​r​e​c​h​a​z​o​-​d​e​-​m​a​r​x​-​a​-​l​a​-​t​e​o​r​i​a​-​l​a​b​o​r​a​l​-​d​e​l​-​v​a​l​or/

Ori­gi­nal en inglés: http://​davidhar​vey​.org/​2​0​1​8​/​0​3​/​m​a​r​x​s​-​r​e​f​u​s​a​l​-​o​f​-​t​h​e​-​l​a​b​o​u​r​-​t​h​e​o​r​y​-​o​f​-​v​a​l​u​e​-​b​y​-​d​a​v​i​d​-​h​a​r​v​ey/

[Tra­duc­ción: Jor­ge Juan Man­ri­que]

  1. Ver »Notas sobre Adolph Wag­ner», en Marx, K.: Value: Stu­dies by Marx (ed. A. Drags­tedt), Lon­don: New Park Publi­ca­tions, 1976. [En espa­ñol: «Glo­sas mar­gi­na­les al “Tra­ta­do de eco­no­mía polí­ti­ca” de Adolph Wag­ner», en AA. VV.: Estu­dios sobre el capi­tal, Siglo XXI, 1970, 1976.]
  2. Mucho de lo que sigue se deri­va de Har­vey, D.: Marx, Capi­tal and the Mad­ness of Eco­no­mic Reason, Lon­dres, Pro­fi­le Books; New York, Oxford Uni­ver­sity Press, 2017.
  3. En el ori­gi­nal, David Har­vey hace refe­ren­cia a los capí­tu­los 4 a 6 de la edi­ción ingle­sa que uti­li­za, que corres­pon­den al capí­tu­lo 4 del libro pri­me­ro de la edi­ción en ale­mán de la MEGA2 de El Capi­tal (vol. II/​6), y tam­bién son el capí­tu­lo 4 en la edi­ción de Pedro Sca­ron que usa­mos aquí para las citas (El Capi­tal, libro pri­me­ro, Siglo XXI, 1975). Se han ajus­ta­do las refe­ren­cias de sec­cio­nes y capí­tu­los a esta edi­ción en espa­ñol.
  4. Elson, D. «The Value Theory of Labour,» in Elson, D. (ed.): Value: the Repre­sen­ta­tion of Labour in Capi­ta­lism, Lon­don, CSE Books, 1979; Oll­man, B., Alie­na­tion, Lon­don, Cam­brid­ge Uni­ver­sity Press, 1971.
  5. Karl Marx: Ele­men­tos fun­da­men­ta­les para la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca (Grun­dris­se) 1857 – 1858, vol. 2, Méxi­co. Siglo XXI, 1972, pp. 216 – 230. Tra­duc­ción del ale­mán de Pedro Sca­ron.
  6. El lla­ma­do «frag­men­to sobre las máqui­nas» ha sido amplia­men­te deba­ti­do en los últi­mos años. Véa­se Car­lo Ver­ce­llo­ne, «From For­mal Sub­sum­ption to Gene­ral Inte­llect: Ele­ments for a Mar­xists Reading of the The­sis of Cog­ni­ti­ve Capi­ta­lism», His­to­ri­cal Mate­ria­lism 15 (2007) 13 – 36.
  7. Véan­se los recien­tes resu­men y colec­ción en Bjat­ta­char­ya, T.: Social Repro­duc­tion Theory: Remap­ping Class, Recen­te­ri­ng Oppres­sion, Lon­dres, Plu­to Press, 2017.

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