Lecciones farianas

Los dos volú­me­nes de Memo­rias Faria­nas (Edi­to­rial La Impren­ta, Bogo­tá 2018) pre­sen­tan las entre­vis­tas rea­li­za­das por Jesús San­trich a mili­tan­tes que han dado loa­bles ejem­plos de dig­ni­dad. Como siem­pre, la mejor mane­ra de desa­rro­llar su poten­cial es leyén­do­los a la luz del pre­sen­te y de las pers­pec­ti­vas de futu­ro. Des­cu­bri­re­mos enton­ces que sigue sien­do actual la anti­gua y clá­si­ca adver­ten­cia de que la his­to­ria pue­de ense­ñar a evi­tar desas­tres de difí­cil solu­ción. Por ejem­plo, casi al final del segun­do volu­men se deta­lla la lar­ga lis­ta de falli­dos inten­tos de «paz», inclu­so ponién­do­les nom­bres: «paz masa­cra­da», «paz para derro­ta­dos», «posi­bi­li­da­des de paz» abor­ta­das des­de el inte­rior del Esta­do, «paz frus­tra­da», «diá­lo­go y paz como per­fi­dia de un régi­men perverso»…(vol. 2, pp. 175–204) Y la pre­gun­ta que nos corroe es: tenien­do en cuen­tas tan­tas «paces» fari­sai­cas y tram­po­sas: ¿cómo debe­mos deno­mi­nar a la que ha vuel­to a fra­ca­sar aho­ra?

Pero empe­ce­mos por el prin­ci­pio: «Si ana­li­za­mos el con­tex­to eco­nó­mi­co de 1923 a 1928 en el que se da un incre­men­to de las fuer­zas pro­duc­ti­vas como con­se­cuen­cia, entre otras cosas, de la expan­sión cafe­te­ra, del enor­me incre­men­to de divi­sas como pro­duc­to del flu­jo de dóla­res por con­cep­to del robo de Pana­má […] con­lle­vó un final de déca­da con una Colom­bia con carac­te­rís­ti­cas de un país de estruc­tu­ra social capi­ta­lis­ta, ya con una cla­se obre­ra dife­ren­cia­da» (vol. 2, p. 13). A con­se­cuen­cia de ello, se agu­di­za el con­flic­to entre la bur­gue­sía en ascen­so y los lati­fun­dis­tas tra­di­cio­na­les. Las luchas del pro­le­ta­ria­do, si bien en aumen­to, siguen cen­tra­das en la reduc­ción de pre­cios bási­cos y en la subida sala­rial. El cho­que entre bur­gue­sía y terra­te­nien­tes, más la apa­ri­ción de un pro­le­ta­ria­do cada vez más com­ba­ti­vo hace que «lo que sobre­vie­ne es una explo­sión de con­flic­tos socia­les y la evi­den­cia­ción de la inca­pa­ci­dad de la hege­mo­nía con­ser­va­do­ra para solu­cio­nar­los» (vol. 2, p. 14).

No debe sor­pren­der por tan­to que en junio de 1929 se pro­du­je­ran fuer­tes pro­tes­tas con­tra la corrup­ción del régi­men y que fue­ran aplas­ta­das por la repre­sión bru­tal: «Esto indi­ca que, cla­ro, el movi­mien­to de masas es una con­di­ción indis­pen­sa­ble para los cam­bios socia­les, y ello no lo pier­de de vis­ta el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio, solo que lo que tam­bién demues­tra la his­to­ria es que si no hay un res­pal­do arma­do a esta resis­ten­cia de las masas, no hay garan­tía de freno a los abu­sos del régi­men que repre­sen­ta los mez­qui­nos intere­ses de la oli­gar­quía» (vol. 2, p. 17). Empie­zan, así, a sen­tar­se las bases de lo que suce­de­rá más tar­de, cuan­do las pro­tes­tas popu­la­res, obre­ras, cam­pe­si­nas, indí­ge­nas… mues­tren una y otra vez sus lími­tes orga­ni­za­ti­vos al no saber ni poder dar el sal­to a la inter­re­la­ción de todas las for­mas de con­quis­ta de la liber­tad.

La situa­ción lími­te a par­tir de la cual sec­to­res socia­les ini­cian la lucha arma­da es el ase­si­na­to de Jor­ge Elié­cer Gai­tán, diri­gen­te del ala pro­gre­sis­ta del libe­ra­lis­mo. En febre­ro de 1948 Gai­tán orga­ni­zó la gigan­tes­ca Mar­cha del Silen­cio con dece­nas de miles de asis­ten­tes por­tan­do ban­de­ras negras, de luto, en honor de los ase­si­na­dos por la dere­cha (vol. 2, p. 209). Tal demos­tra­ción de fuer­za popu­lar le legi­ti­mó para avan­zar en medi­das demo­crá­ti­cas y socia­les que bene­fi­cia­ban al pue­blo y limi­ta­ban los pri­vi­le­gios de la cla­se domi­nan­te y del impe­ria­lis­mo yan­qui, que deci­den ase­si­nar­lo «con­tan­do con la sinies­tra mano de Washing­ton» en abril de ese año (vol. 2, p. 25).

Fue­ron varios los par­ti­dos que crea­ron gue­rri­llas, sien­do las dos corrien­tes polí­ti­cas más impor­tan­tes la libe­ral y la comu­nis­ta, de la que sal­drían las FARC-EP. «El pue­blo sabe que nues­tra lucha nació para enfren­tar las injus­ti­cias, para que el cam­pe­sino, el indí­ge­na, la gen­te más pobre y des­am­pa­ra­da sean res­pe­ta­dos, que no se aten­te con­tra sus vidas, que se les reco­noz­ca el dere­cho a la vivien­da, a la salud, a la edu­ca­ción y a la tie­rra, sí, a la tie­rra, la tie­rra para tra­ba­jar­la y hacer­la pro­du­cir en bene­fi­cio de todos […] Yo soy fariano, soy un revo­lu­cio­na­rio, duran­te toda mi vida he com­ba­ti­do por una Colom­bia mejor, don­de impe­re la jus­ti­cia social. Soy un con­ven­ci­do de que eso es posi­ble lograr­lo» (vol. 1, pp. 180–181).

En un prin­ci­pio, ambas corrien­tes esta­ble­cie­ron una alian­za para derri­bar la dic­ta­du­ra e ins­tau­rar una demo­cra­cia bur­gue­sa avan­za­da. Los comu­nis­tas bus­ca­ban crear y expan­dir el Fren­te Demo­crá­ti­co para aunar fuer­zas con­tra las injus­ti­cias en aumen­to. La alian­za con las gue­rri­llas libe­ra­les era ten­sa por­que estas sabían de la supe­rio­ri­dad de los comu­nis­tas en orga­ni­za­ción, dis­ci­pli­na y auto­su­fi­cien­cia (vol. 2, pp. 20–21), por­que para los revo­lu­cio­na­rios: «El orden y la dis­ci­pli­na eran el arma pri­mor­dial, en con­tras­te con el ban­do­le­ris­mo que iba carac­te­ri­zan­do a los gue­rri­lle­ros libe­ra­les de los Loai­za. Mien­tras que en estos rei­na­ba el indi­vi­dua­lis­mo, todo era bien de todos, inclu­so lo recu­pe­ra­do en com­ba­te por uno u otro gue­rri­lle­ro. Estas dife­ren­cias hicie­ron que cada vez las accio­nes con­jun­tas tuvie­ran más com­pli­ca­cio­nes y se die­ra el dis­tan­cia­mien­to pro­gre­si­vo» (vol. 1, p. 64).

La fuer­za arma­da libe­ral «Era una gue­rri­lla con un com­por­ta­mien­to muy dife­ren­te del nues­tro, se con­du­cían muy a la libre […] no tenían soli­dez en su direc­ción, enton­ces era un poco com­pli­ca­do poner­se de acuer­do con todos, y lo que noso­tros más deseá­ba­mos era ver cómo se defi­nía un acuer­do de uni­dad (vol. 1, p. 118). Esta dife­ren­cia entre indi­vi­dua­lis­mo bur­gués soli­da­ri­dad comu­nis­ta fue una de las razo­nes por las que, en el momen­to de la trai­ción libe­ral, muchos de sus gue­rri­lle­ros asu­mie­sen los valo­res comu­nis­tas inte­grán­do­se en sus uni­da­des (vol. 1, p. 42).

Pero no cai­ga­mos en inter­pre­ta­cio­nes idí­li­cas de la vida en la gue­rri­lla, por­que «otra cosa tie­ne que ver con el tra­to que los gue­rri­lle­ros se dan entre sí. Me ima­gi­na­ba que no había nin­gún tipo de dis­cor­dia entre ellos, y eso me lo ima­gi­né al ver el tra­to tan espe­cial que siem­pre tie­nen los com­ba­tien­tes con la pobla­ción. Resul­ta que, si bien hay fra­ter­ni­dad, en medio de ella hay dis­cu­sio­nes, crí­ti­cas fuer­tes, etc. Otras cosas coin­ci­dían con la idea que traía de la vida civil, pero la reali­dad siem­pre des­bor­da lo que uno ima­gi­na, como por ejem­plo lo dura que es la vida gue­rri­lle­ra y los sacri­fi­cios que hay que hacer» (vol. 2, p. 74). Por esto mis­mo, para man­te­ner la armo­nía, era deci­si­va la peda­go­gía de la prác­ti­ca: «Maru­lan­da daba ejem­plo de sacri­fi­cio como el pri­me­ro y des­de el comien­zo ense­ñó y prac­ti­có prin­ci­pios de igual­dad y de jus­ti­cia, ahí lo que se con­se­guía lle­ga­ba al cam­pa­men­to, o don­de estu­vié­ra­mos, y era de todos» (vol. 1, p. 168).

La bur­gue­sía pre­sio­na a los libe­ra­les para que ata­quen a los comu­nis­tas. El impe­ria­lis­mo yan­qui nece­si­ta explo­tar Colom­bia y dete­ner el aumen­to de las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias en Nues­tra Amé­ri­ca. Una vez más, se con­fir­ma que no exis­te bur­gue­sía con­se­cuen­te­men­te demo­crá­ti­ca. En verano de 1952 la gue­rri­lla libe­ral adu­ce que la gue­rri­lla comu­nis­ta está a las órde­nes de la URSS, rom­pe súbi­ta­men­te las rela­cio­nes y la ata­ca por sor­pre­sa «mien­tras que los comu­nis­tas bus­ca­ban el diá­lo­go y lo moti­va­ban inter­na­men­te» (vol.1, p. 68). La cam­pa­ña de des­pres­ti­gio con­tra los comu­nis­tas ini­cia­da por los libe­ra­les con­sis­tía, entre otras cosas, tam­bién en deno­mi­nar­les como «sucios o comu­nes» mien­tras que ellos se pre­sen­ta­ban como «los lim­pios» (vol. 1, p. 71) La uti­li­za­ción sis­te­má­ti­ca de estos con­cep­tos en la gue­rra cul­tu­ral y psi­co­ló­gi­ca tenía como obje­ti­vo diri­gir en bene­fi­cio del Esta­do el hecho de que «La pobla­ción comen­ta­ba, en medio de supers­ti­cio­nes, que los gue­rri­lle­ros esta­ban “reza­dos”, tra­ba­ja­ban con el dia­blo, o sabían cosas raras para que no les entra­ra el plo­mo» aun­que el heroís­mo y el tra­to de la gue­rri­lla levan­ta­ba mucha sim­pa­tía en el pue­blo (vol. 2, p. 58).

La pro­pa­gan­da no sur­te efec­to. Pese a lo duro de la situa­ción, los comu­nis­tas se sal­van del desas­tre. La pren­sa y la pro­pa­gan­da ofi­cial lla­ma­ban «chus­ma» a la insur­gen­cia: «Pero la gen­te a la que lla­ma­ban chus­ma en reali­dad lo que hacía era defen­der­se, orga­ni­zar­se para sobre­vi­vir y defen­der su tie­rra. Esa nece­si­dad de defen­der la vida y la tie­rra le daba legi­ti­mi­dad a la lucha de resis­ten­cia y fue su cua­li­fi­ca­ción lo que defi­nió el sur­gi­mien­to de las gue­rri­llas como ejér­ci­tos popu­la­res que defien­den los intere­ses de los más des­fa­vo­re­ci­dos» (vol. 1, p. 155). El Esta­do cons­ta­ta el fra­ca­so de esa pro­pa­gan­da y da nue­vas órde­nes a la gue­rri­lla trai­do­ra: «De hecho, “los lim­pios” diga­mos que cesa­ron su con­fron­ta­ción con­tra los con­ser­va­do­res, pero se pusie­ron al ser­vi­cio del Esta­do para hacer­le la gue­rra a los comu­nis­tas» (vol. 1, p. 206), de modo que estos se que­dan «com­ba­tien­do casi en soli­ta­rio, aho­ra no sola­men­te hacien­do resis­ten­cia al ejér­ci­to, sino defen­dién­do­se de sus anti­guos alia­dos que se ponen a dis­po­si­ción del enemi­go» (vol. 1, p. 78).

De entre las fuer­zas repre­si­vas des­ta­ca­ba por su inhu­ma­ni­dad un jefe apo­da­do el Grin­go: «Este tipo pare­cía cono­cer al dedi­llo las for­mas de la ope­ra­ti­vi­dad gue­rri­lle­ra, y efec­ti­va­men­te, se supo que tiem­po atrás había sido segui­dor del gue­rri­lle­ro libe­ral Peli­gro […] el Grin­go había dado la vol­te­re­ta a sus anti­guos com­pa­ñe­ros de la gue­rri­lla libe­ral, como ban­do­le­ro, has­ta que final­men­te estan­do en la región de la Herre­ra se vin­cu­ló direc­ta­men­te a tra­ba­jar con la con­tra­gue­rri­lla» (vol. 1, p. 129) El Esta­do apli­ca­ba el refrán que dice que no hay mejor cuña que la de la mis­ma made­ra: se tra­ta de una tác­ti­ca ya emplea­da por los inva­so­res espa­ño­les des­de su lle­ga­da, que la habían apren­di­do de la lar­guí­si­ma expe­rien­cia acu­mu­la­da des­de mucho antes, des­de Roma y Gre­cia. Pero, como tam­bién habían apren­di­do de Roma: hay que des­con­fiar siem­pre de los trai­do­res. El Esta­do pro­me­tió el indul­to a la gue­rri­lla libe­ral, y esta acep­to ponién­do­se a sus órde­nes, pero lue­go ase­si­nó a muchos de los arre­pen­ti­dos (vol. 1, pp. 202–206).

La con­tra­ofen­si­va del Ejér­ci­to fue sis­te­má­ti­ca. Como en otros muchos pue­blos alza­dos en auto­de­fen­sa con­tra la opre­sión, las colum­nas gue­rri­lle­ras tenían que salir­se o rom­per los cer­cos mili­ta­res que les hubie­ran exter­mi­na­do: «para las fami­lias, para la pobla­ción civil, eso es algo trau­má­ti­co. Ima­gi­né­mo­nos nada más a las muje­res emba­ra­za­das ahí en la mar­cha, con frio, con ham­bre, con can­san­cio, per­se­gui­dos y de pron­to el dolor ade­lan­ta­do del par­to, ahí mis­mo el dolor de la barri­ga de par­tu­rien­ta sin ser el tiem­po; les toca­ba acu­rru­car­se ahí mis­mo, casi en el camino, al lado de un árbol y de una vez mal­pa­rir. De esos hubo varios casos, como hubo unos tres de muje­res que parie­ron en la mar­cha sin per­der las crías; y era parien­do o mal parien­do y siga cami­nan­do por­que no había otra alter­na­ti­va» (vol. 1, p. 113).

Some­ti­das a estas tre­men­das pre­sio­nes, los y las gue­rri­lle­ras man­te­nían la pra­xis de la uni­dad soli­da­ria: «Cada quien tie­ne sus mane­ras de pen­sar, de actuar y de sobre­vi­vir en medio de la con­fron­ta­ción; noso­tros lo hace­mos pen­san­do como colec­ti­vo y en el colec­ti­vo. Tra­ta­mos que no haga cama el indi­vi­dua­lis­mo […] otros gru­pos arma­dos caye­ron inmer­sos en múl­ti­ples yerros; el pri­me­ro y más gra­ve fue equi­pa­rar­se al enemi­go, imi­tar­lo en cuan­to a su cruel­dad se refie­re. El empleo de la tor­tu­ra nun­ca será bien reci­bi­do por la socie­dad […] gru­pos arma­dos libe­ra­les […] se con­vir­tie­ron en ban­do­le­ros por­que pro­ce­dían muy mal con la pobla­ción mis­ma que los había apo­ya­do […] pro­ce­dían de mane­ra terri­ble hacién­do­les lo que lla­ma­ban “el cor­te de fra­ne­la y cor­te de cor­ba­ta”, es decir, dego­llan­do a la gen­te» (vol. 1, p. 177).

Aun así y poco a poco, las ini­cia­les colum­nas peque­ñas, mal comu­ni­ca­das entre ellas, sepa­ra­das por dis­tan­cias gran­des y por gran­des obs­tácu­los geo­grá­fi­cos y mili­ta­res, fue­ron con­flu­yen­do has­ta crear las FARC-EP. Entre los obje­ti­vos que se deci­den en el Pro­gra­ma Agra­rio de 1964, des­ta­ca el de «“la con­fis­ca­ción de la pro­pie­dad lati­fun­dis­ta en bene­fi­cio de todo el pue­blo tra­ba­ja­dor”, y su entre­ga gra­tui­ta “a los cam­pe­si­nos que la tra­ba­jan o quie­ran tra­ba­jar­la”». Tam­bién plan­tea «res­pe­tar “la pro­pie­dad de los cam­pe­si­nos ricos” que tra­ba­jen per­so­nal­men­te sus tie­rras» (vol. 2, pp. 34–35). El Plan Estra­té­gi­co de las FARC-EP se ela­bo­ra en la VII Con­fe­ren­cia decla­ran­do que «el pro­ta­go­nis­ta fun­da­men­tal del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio es el pue­blo colom­biano […] exis­te la nece­si­dad de com­bi­nar todas las for­mas de lucha […] La pers­pec­ti­va de ese plan es la cons­truc­ción del socia­lis­mo» (vol. 2, p. 37).

Ha sido la pra­xis revo­lu­cio­na­ria la que ha gene­ra­do que «el pro­yec­to polí­ti­co, eco­nó­mi­co y social de las FARC-EP ha sido ela­bo­ra­do al lado del desa­rro­llo de nues­tra orga­ni­za­ción como estruc­tu­ra arma­da y a la luz de los cam­bios que se sus­ci­tan en la his­tó­ri­ca y con­vul­sio­na­da reali­dad de nues­tro país, y, natu­ral­men­te, a la luz de las trans­for­ma­cio­nes que se suce­den en el mun­do. En ello se han com­bi­na­do la dia­léc­ti­ca de las pala­bras que inter­pre­ta la reali­dad cir­cun­dan­te y los tiros del accio­nar mili­tar gue­rri­lle­ro. Y recuer­da que lo de los tiros no es por capri­cho, por­que nos gus­te la gue­rra. No. La gue­rra no le gus­ta a nadie que ten­ga una con­cep­ción huma­nis­ta como es el caso de los mar­xis­tas-leni­nis­tas, el caso de los faria­nos; sin embar­go, las cla­ses domi­nan­tes en Colom­bia, para solo hablar de nues­tro país, nos han impues­to este camino» (vol. 2, p. 134).

Dado que el pro­yec­to orien­ta­do al socia­lis­mo nacía de la pra­xis con­cre­ta en la reali­dad obje­ti­va y con­cre­ta de Colom­bia, por eso mis­mo no era un socia­lis­mo dog­má­ti­co, copia­do del euro­cen­tris­mo, del «ruso­cen­tris­mo» de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta des­de fina­les de la déca­da de 1920. Al con­tra­rio. Uno de los gran­des méri­tos de las FARC-EP y del grue­so del comu­nis­mo dia­léc­ti­co de Nues­tra Amé­ri­ca ha sido demos­trar el pro­fun­do error de par­cia­li­dad e igno­ran­cia euro­cén­tri­ca de Marx y Engels sobre Bolí­var y los pue­blos de Nues­tra Amé­ri­ca:

El mar­xis­mo-leni­nis­mo y el boli­va­ris­mo con­gre­gan prin­ci­pios y pro­pó­si­tos de lucha que se han con­ver­ti­do en patri­mo­nio de la huma­ni­dad den­tro de la pers­pec­ti­va de esa nece­si­dad y ese deber que exis­te de luchar por la uto­pía del mun­do dife­ren­te sin explo­ta­do­res ni explo­ta­dos […] Toda­vía hoy el influ­jo euro­cen­tris­ta se aus­cul­ta en nues­tro pen­sar bus­can­do influen­cias euro­peas y no más; o, peor aún, las diri­gen­cias oli­gár­qui­cas con sus apa­ra­tos ideo­ló­gi­cos de Esta­do apun­tan a ple­gar­nos bajo los sig­nos de la cul­tu­ra y la incul­tu­ra del impe­ria­lis­mo yan­qui. […] El mar­xis­mo-leni­nis­mo y el boli­va­ris­mo, nos dan herra­mien­tas para hacer la bús­que­da de nues­tra iden­ti­dad derro­tan­do per­jui­cios, valo­ran­do las cos­mo­go­nías que sobre­vi­ven al ampa­ro de las tra­di­cio­nes mile­na­rias, en el vien­to de los bos­ques andi­nos, en el seno de la mon­ta­ña que habi­tan nues­tro abo­rí­ge­nes, en las entra­ñas de los palen­ques, de los esce­na­rios bucó­li­cos don­de resis­ten nues­tros cam­pe­si­nos y empo­bre­ci­dos com­pa­trio­tas urba­nos […] La vio­len­cia de esas oli­gar­quías y del impe­ria­lis­mo con su devas­ta­do­ra maqui­na­ria de gue­rra, que inclu­ye armas de des­truc­ción y des­in­for­ma­ción masi­va, nos obli­gan a asu­mir for­mas de orga­ni­za­ción y lucha coor­di­na­das y beli­ge­ran­tes entre todos los revo­lu­cio­na­rios del mun­do. La soli­da­ri­dad y el inter­na­cio­na­lis­mo son un deber, son esen­cia que cual­quier pro­yec­to huma­nis­ta y revo­lu­cio­na­rio (vol. 2, pp. 40–44).

Pro­fun­di­za­cio­nes teó­ri­cas y polí­ti­cas de esta tras­cen­den­cia se rea­li­za­ban al calor de la inter­re­la­ción de todos los méto­dos de auto­de­fen­sa con­tra la opre­sión: gue­rri­lla rural y urba­na, pací­fi­ca, no vio­len­ta, de sabo­ta­je téc­ni­co, de recu­pe­ra­ción de las cul­tu­ras y len­guas de los pue­blos, de con­cien­cia­ción libe­ra­do­ra, de impul­so a las auto­or­ga­ni­za­cio­nes de los colec­ti­vos opri­mi­dos, y siem­pre bajo el peli­gro de la repre­sión, de la tor­tu­ra, del ase­si­na­tos con las téc­ni­cas más cien­tí­fi­ca­men­te inhu­ma­nas:

El país no podía seguir sien­do saquea­do por los capi­ta­lis­tas del mun­do, sino que las rique­zas natu­ra­les debían ser explo­ta­das para resol­ver los pro­ble­mas de salud de las mayo­rías, la aten­ción para los enfer­mos y los vie­ji­tos, la vivien­da, el trans­por­te, y el estu­dio gra­tui­to para todos; debía­mos luchar por­que se aca­ba­ra la vio­len­cia y por­que hubie­ra una ver­da­de­ra refor­ma agra­ria rural y urba­na, que posi­bi­li­ta­ra que todos tra­ba­já­ra­mos con igual­dad de opor­tu­ni­da­des y garan­tías labo­ra­les, oja­lá con el con­trol del Esta­do, pero de un Esta­do decen­te en el que pudie­ra con­fiar toda la ciu­da­da­nía y par­ti­ci­par como la par­te más impor­tan­te de la demo­cra­cia. Enton­ces se que­ría seguir la lucha por reivin­di­ca­cio­nes jus­tas, pero en unas con­di­cio­nes de paz, sin más vio­len­cia, en un esce­na­rio en el que a todo el mun­do se le res­pe­ta­ra la vida (vol. 1, p. 224).

Y así, por estos sen­de­ros de heroís­mo silen­cio­so y públi­ca soli­da­ri­dad emer­gió la expe­rien­cia de la Unión Patrió­ti­ca des­de 1985 has­ta comien­zos de los años 90. Fue un amplio movi­mien­to de masas, un «fenó­meno polí­ti­co nacio­nal que sig­ni­fi­có el des­per­tar de una amplia fran­ja popu­lar mar­gi­na­da» (vol. 2, p. 151) ani­qui­la­da en poco tiem­po median­te una arra­sa­do­ra gue­rra sucia imple­men­ta­da con todos los medios, con un míni­mo de 3.500 ase­si­na­dos según valo­ra­cio­nes ofi­cia­les, pudien­do lle­gar a más de 5.000. Al igual que la Mar­cha del Silen­cio de 1948 mos­tró la rai­gam­bre del movi­mien­to popu­lar, y de ahí su masa­cre, tam­bién la Unión Patrió­ti­ca mos­tra­ba la fuer­za cre­cien­te del pue­blo auto­or­ga­ni­za­do, y por eso el terro­ris­mo esta­tal «se cen­tró en la cabe­za de dicho movi­mien­to» (vol. 2, p. 132).

Pese a tal sal­va­jis­mo silen­cia­do por la «demo­crá­ti­ca» pren­sa trans­na­cio­nal, hay que dejar muy cla­ros que «no ha habi­do épo­ca en la que los comu­nis­tas no hayan bre­ga­do por­que se bus­quen sali­das pací­fi­cas, de diá­lo­go a la gue­rra, y yo le pue­do con­tar inclu­so cuan­tas veces se ha para­do el con­flic­to de par­te de la gue­rri­lla aten­dien­do a esa idea de diá­lo­go, de recon­ci­lia­ción, pero tam­bién cómo nos han trai­cio­na­do los oli­gar­cas […] si algo ha hecho el Par­ti­do Comu­nis­ta es ayu­dar a que la gen­te que ha teni­do que reac­cio­nar con vio­len­cia a la vio­len­cia del régi­men, lo haga den­tro de cier­tos prin­ci­pios, sin degra­dar­se, actuan­do con idea­les nobles y sin opor­tu­nis­mo» (vol. 1, p. 34). Tal cohe­ren­cia éti­ca, que tam­bién es polí­ti­ca, legi­ti­ma a las FARC-EP para bus­car nego­cia­cio­nes median­te las que se solu­cio­na­sen en lo posi­ble injus­ti­cias abe­rran­tes, sabien­do des­de siem­pre que:

En los perío­dos de nego­cia­ción se han rati­fi­ca­do los obje­ti­vos socia­les de la lucha gue­rri­lle­ra en tan­to los plan­tea­mien­tos de quie­nes nos hemos alza­do en armas siem­pre han apun­ta­do, no a bus­car solu­cio­nes o pre­ben­das para los com­ba­tien­tes, sino a encon­trar sali­das al con­flic­to polí­ti­co-social y arma­do con la par­ti­ci­pa­ción deci­di­da de la pobla­ción. En fin, enten­de­mos que la solu­ción polí­ti­ca del con­flic­to social y arma­do debe ser pro­pó­si­to de todos los colom­bia­nos en todos los tiem­pos, pero debe­re­mos tener cla­ro que este no es asun­to que se pue­da mane­jar solo con nues­tras bue­nas inten­cio­nes y nues­tros mejo­res deseos, pues­to que los gobier­nos, en sen­ti­do con­tra­rio a nues­tros anhe­los, como ha que­da­do demos­tra­do en la prác­ti­ca, inclu­so han uti­li­za­do los diá­lo­gos como estra­ta­ge­ma para ganar tiem­po, para hacer la rein­ge­nie­ría del ejér­ci­to que les per­mi­ta con­ti­nuar su sinies­tro jue­go de aven­tu­ras mili­ta­res, en la bús­que­da del aplas­ta­mien­to béli­co de la incon­for­mi­dad, y no de solu­cio­nes sen­sa­tas a los pro­ble­mas socia­les que han engen­dra­do el con­flic­to (vol. 2, p. 173).

Las últi­mas fra­ses de este pará­gra­fo cita­do expli­can el pre­sen­te en Colom­bia, el que San­trich este pri­sio­ne­ro con la inten­ción de que mue­ra en vida en las cár­ce­les yan­quis; el que cen­te­nas de per­so­nas hayan sido ase­si­na­das y otras muchas más hayan teni­do que escon­der­se; el que el Esta­do haya incum­pli­do con frial­dad y pre­me­di­ta­ción todos los acuer­dos refren­da­dos bajo garan­tías ofi­cia­les e inter­na­cio­na­les que aho­ra callan o que endu­re­cen aún más sus ata­ques a una ex gue­rri­lla des­ar­ma­da, inde­fen­sa, divi­di­da y en pro­ce­so de vacia­mien­to; el que la bur­gue­sía esté recu­pe­ran­do con la ayu­da del enva­len­to­na­do nar­co­pa­ra­mi­li­ta­ris­mo las tie­rras anta­ño libe­ra­das con san­gre popu­lar y hoy otra vez en manos del capi­tal; el que Esta­dos Uni­dos ocu­pe mili­tar­men­te Colom­bia y pre­pa­re la inva­sión de Vene­zue­la des­de esa colo­nia…

Sin embar­go, los dos volú­me­nes que hemos resu­mi­do tan rápi­da­men­te tam­bién apor­tan otra lec­ción que es el con­tra­rio dia­léc­ti­co de la rosa social­de­mó­cra­ta del nue­vo emble­ma de las Fuer­za Alter­na­ti­va Revo­lu­cio­na­ria del Común: en el cora­zón del pue­blo tra­ba­ja­dor se reor­ga­ni­za la revo­lu­ción. La razón es fácil de expli­car: la diso­lu­ción ofi­cial de las FARC-EP en su mis­ma iden­ti­dad his­tó­ri­ca no ha supues­to la total diso­lu­ción prác­ti­ca de su mili­tan­cia, de su pro­yec­to, pese a la demo­li­ción de sus valo­res refe­ren­cia­les rea­li­za­da des­de den­tro. Sobre todo, la exis­ten­cia de otras van­guar­dias, en espe­cial el ELN, pue­de faci­li­tar el deba­te auto­crí­ti­co y estra­té­gi­co.

Iña­ki Gil de San Vicen­te

Eus­kal Herria, 25 de octu­bre de 2018

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