La Historia absuelve a ETA

ETA acaba de pedir perdón, en un comunicado. No es la primera vez que lo hace, aunque esta vez ha sido de manera inusualmente amplia y tratando de no dejar ninguna duda, sobre su arrepentimiento. O las menos posibles. Aunque en mi opinión, ha sido como mínimo, una sobreactuación sobre anteriores posiciones. En las que siempre se han lamentado los llamados daños colaterales. En especial, los causados a víctimas no culpables o indirectas. Pero de forma más escueta y menos emocional. Tal vez por esto, ni estas ni otras manifestaciones del arrepentimiento de ETA, han dejado contentos a muchos de sus acérrimos enemigos. Pero tampoco a alguno de sus amigos.

No podemos decir, como están diciendo los más tímidos, aquello de que «La historia absolverá (o no) a ETA». Porque la Historia ya lo ha hecho. ETA ya ha sido «perdonada» por la Historia. Los historiadores «antifranquistas» ya justificaron o absolvieron a ETA. En los años setenta y primeros ochenta. Y lo hicieron abundantemente, con toda clase de detalles y lujo de explicaciones. Aunque luego, con el plan ZEN y el reparto autonómico del presupuesto, llegaron las ofertas y carantoñas del poder. Las mercedes que se pagan por cualquier trabajo «orgánico». De donde viene lo de «mercenarios». Trabajos tasados, que pronto escondieron o transformaron las anteriores y abundantes menciones favorables. 

Muchos de quienes hoy son sus enemigos declarados y la insultan o criminalizan todos los días (o casi), con el objeto de cobrar a fin de mes, comprendían mejor a ETA y la aceptaban en los años de la transición y primeros años ochenta. Escribían de ETA, como factor del cambio o como hecho histórico. O el fenómeno histórico más importante del franquismo. Incluso como alma de la resistencia. Icono de España. Referencia y núcleo. Cantera y paso obligado de toda una generación de militantes políticos y sindicales, en los años 70, etc.

Incluso la Ley de Amnistía (1977) aceptaba sus acciones armadas, como «hechos de intencionalidad política». Con lo cual fueron excarcelados todos sus presos. Cualquiera que hubieran sido las consecuencias de sus actos. Es decir, el poder legislativo, el judicial y el intelectual, estaban de acuerdo en señalar a ETA como una organización armada, que causaba muertos y víctimas, pero cuya «intencionalidad política» la hacía acreedora a los beneficios de la Ley de Amnistía y al beneplácito de los intelectuales.

Estaríamos ante toda una larga lista de historiadores, políticos, sociólogos, antropólogos, periodistas etc. cuyos adjetivos favorables y sus otras lisonjas políticas, serían difíciles de justificar ahora. Al menos por los mismos autores. Muchos de los cuales siguen en activo. Aunque en el lado contrario. En el de los arrepentidos o conversos. Tratando de que no reaparezcan y se olviden sus pecados juveniles. Sin tener que dar explicaciones del porqué de sus cambios.

Sin embargo, en primer lugar, habría que decir que ETA ha sido absuelta por el pueblo. Por su pueblo. Pero no solo por el pueblo vasco. Sino también por una parte de los españoles. Lo ha sido y lo sigue siendo, al menos en Euskalherria, en imnumerables ocasiones. Manifestación tras manifestación. Concentración tras concentración. Muchos días de todas las semanas. De todos los años. Desde hace muchos. La última, ayer 21 de abril de 2018, en Bilbao, con unos 20.000 asistentes. Gritando «Presoak kalera. Amnistía Osoa!».

No hay más que dar un vistazo a ese Informe Foronda, de 2013, encargado por el Gobierno Vasco, a sus historiadores orgánicos, en el marco de su campaña contra ETA. Al que no le queda otro remedio que reconcer que mientras un 76-82 % de los «asesinatos» de ETA, según la época, careció de respuesta en forma de movilización social o de protesta. En cambio, «todos los asesinatos de miembros de ETA contaron con réplicas en forma de huelgas y manifestaciones». Se refiere al periodo anterior a 1997, cuando todavía la intoxicación del plan ZEN no había dado frutos.

Pero, ETA habría sido absuelta también por las urnas. Si aceptamos como tal, el que este mismo pueblo haya votado las opciones políticas (generalmente las listas de la izquierda abertzale), que ETA apoyaba explícitamente. E incluso, que uno de sus presos asistiera, como candidato, a una sesión de investidura en el parlamento vascongado. Autorizado por el juez. También que, en alguna de las listas, que ETA apoyaba, a veces figuraran exmiembros de la organización. Además, el apoyo electoral tuvo algunos «picos» espectaculares como, por ejemplo, las elecciones europeas de 1987 o las autonómicas de 1999. Incluso el hecho, todavía actual, de ocupar numerosas alcaldías por toda Euskalherria, probaría este apoyo popular. Continuado y existente desde 1978.

ETA ha sido reconocida también, no sin cierto cinismo, por esos políticos que marcan, en su favor populista, las divisorias éticas. Del tipo, «la muerte de Carrero (si) y el atentado de Hipercor (no)». El «ajusticiamiento» de Manzanas, vale. La muerte de Pardiñes, no vale. Eran, son, quienes decían, y escribían, con un evidente interés parcial, que contra Franco valía todo. Pero contra ellos, no. Porque, como sabemos en virtud de un milagro político, una vez que ellos alcanzan el poder, el poder se democratiza.

La violencia histórica engendró a ETA

Pero lo que de ver­dad absuel­ve a ETA es la His­to­ria. Por­que ETA ha sido, y es, una cria­tu­ra his­tó­ri­ca. Y des­de este pun­to de vis­ta, des­de la His­to­ria, se pue­de sus­cri­bir sin nin­gún repa­ro que ETA no engen­dró la vio­len­cia. Sino que la vio­len­cia his­tó­ri­ca ejer­ci­da por Espa­ña, con­tra el pue­blo vas­co, engen­dró a ETA. Es tam­bién lo que escri­bió T.Monzón, en 1980.

ETA, ya la ima­gi­nó Sabino Ara­na, cuan­do dise­ñó polí­ti­ca­men­te un enfren­ta­mien­to his­tó­ri­co mor­tal, entre inva­so­res espa­ño­les y vas­cos inva­di­dos. Su pri­mer libro rela­ta­ba una bata­lla entre vas­cos y cas­te­lla­nos. Sus demás tex­tos, no hicie­ron otra cosa que pro­bar la inva­sión ile­gí­ti­ma y vio­len­ta de los terri­to­rios vas­cos por los espa­ño­les. Y fun­da­men­tar el dere­cho de los inva­di­dos a libe­rar­se por los mis­mo medios.

ETA la soña­ron Eli Gallas­te­gi, los abe­rri y los men­di­goi­za­les jagi-jagis­tas, en los años 20 y 30 del siglo pasa­do, cuan­do lle­ga­ron a la con­clu­sión que lo que te qui­tan por la fuer­za, solo por la fuer­za se pue­de recu­pe­rar. Cuan­do se pre­pa­ra­ban como fuer­za para­mi­li­tar, para «libe­rar Eus­ka­di».

Y a ETA la creó (des­de lue­go, con­tra su volun­tad) el gobierno del sotis­ta Agui­rre, que envia­ba a sus guda­ris a defen­der la liber­tad vas­ca. A los mon­tes ata­ca­dos por el ejér­ci­to de Mola y Fran­co. Cuan­do lo que defen­dían en reali­dad, enga­ña­dos, eran el Esta­tu­to y los acuer­dos con el gobierno espa­ñol.
ETA, que nació a fina­les de los 50, final­men­te la engen­dró la dic­ta­du­ra polí­ti­co-mili­tar del fran­quis­mo. Que con­ta­ba con la impa­ga­ble pasi­vi­dad his­tó­ri­ca y las lar­gas vaca­cio­nes del 36, del par­ti­do de Sota o del PSOE. Que deten­tan el poder vas­con­ga­do, en rigu­ro­sa exclu­si­va, des­de 1981. Es decir, que ETA nació tam­bién como con­se­cuen­cia de la jubi­la­ción o exce­den­cia de un exi­lio iner­te. En el que se habían aco­mo­da­do los esta­tu­tis­tas vas­con­ga­dos, espe­ran­do que se murie­ra Fran­co. O que alguien le mata­ra.

Pero a ETA la crea­ron tam­bién, los tra­ba­ja­do­res y estu­dian­tes vas­cos, de las nue­vas gene­ra­cio­nes que no esta­ban dis­pues­tos a seguir tole­ran­do la iner­cia y quie­tis­mo de sus mayo­res. Tam­bién la crea­ron los nume­ro­sos vas­cos y espa­ño­les, que en diciem­bre de 1970, pro­ta­go­ni­za­ron las pri­me­ras pro­tes­tas polí­ti­cas gene­ra­li­za­das. Con­tra el régi­men mili­tar que había con­de­na­do a 15 de sus miem­bros en el pro­ce­so de Bur­gos. Y la creó la soli­da­ri­dad de cata­la­nes y otros euro­peos, que pro­tes­ta­ron efi­caz­men­te con­tra Fran­co aquel año. Inclu­so una par­te del cle­ro vas­co, que apo­ya­ba a un gru­po nacio­na­lis­ta vas­co, en lucha arma­da con­tra la dic­ta­du­ra.

No tenemos que pedir perdón

De este modo, ETA ha sido res­pon­sa­ble de su pro­pia vio­len­cia. Pero sobre todo, la His­to­ria es res­pon­sa­ble de ETA. Una His­to­ria que es inse­pa­ra­ble de la mal­for­ma­ción impe­rial de Espa­ña. Una His­to­ria de ocu­pa­ción y vio­len­cia de las tie­rras penin­su­la­res e insu­la­res. De la explo­ta­ción y excla­vi­za­ción de todo un sub­con­ti­nen­te ame­ri­cano y varios pue­blos afri­ca­nos. Con la que las dinas­tías (Aus­trias y Bor­bo­nes) crea­ron un impe­rio. Que nadie denun­cia ofi­cial­men­te en Espa­ña. A quien nadie exi­ge peti­cio­nes de per­dón. Segu­ra­men­te por­que es «his­to­ria» de Espa­ña.

Natu­ral­men­te que nadie del actual régi­men, que cuen­ta con muchos ali­via­de­ros, en sus cam­pa­ñas con­tra ETA, va a acep­tar esto. Por­que para toda la caver­na mediá­ti­ca, que es mucha, fuer­te y bien engra­sa­da, la vio­len­cia vas­ca empie­za con Txa­bi Etxe­ba­rrie­ta hace 50 años. Y el con­flic­to polí­ti­co es una inven­ción de la izquier­da aber­tza­le. Que des­apa­re­ce­rá cuan­do des­apa­rez­ca ETA. En su cate­go­ría de ban­da de delin­cuen­tes arma­dos, sin más jus­ti­fi­ca­ción que robar y come­ter crí­me­nes. Pero nadie sabe decir ¿por qué una «cosa» así, ha podi­do durar 50 años?. Algo que ten­dría que haber sido liqui­da­do por la poli­cía, como cual­quier ban­da de mal­he­cho­res, ha sus­ci­ta­do tan­to inte­rés, no sólo poli­cial o judi­cial, sino tam­bién polí­ti­co y social. Por qué se han gas­ta­do tan­tas ener­gías inte­lec­tua­les, se han escri­to tan­tos libros y tan­tos artícu­los para expli­car o cri­ti­car a ETA. Por­qué tan­tas uni­ver­si­da­des y tan­tos cere­bros en ven­ta se han encar­ga­do, de una cua­dri­lla de locos ase­si­nos? Por qué se han cal­cu­la­do en más de 15.000, los posi­bles mili­tan­tes o cola­bo­ra­do­res de esta orga­ni­za­ción. En todos estos años. Con el ries­go, el peli­gro y las con­de­nas que podían tener esta mili­tan­cia.

Estos mis­mos misa­can­ta­nos, son quie­nes citan y leen con­ti­nua­men­te los nom­bres de las 800 víc­ti­mas de ETA. Pero no tie­nen noti­cia ni espa­cio, para las doce­nas de miles vas­cos, muer­tos por las tro­pas espa­ño­las en sus inva­sio­nes. Unos 200.000 en las gue­rras car­lis­tas, del siglo XIX, por defen­der los Fue­ros. Otros 4.000 nava­rros masa­cra­dos, «des­pués» de la gue­rra del 36, por las tro­pas de Mola. Solo por ser repu­bli­ca­nos, rojos o nacio­na­lis­tas. Sin jui­cios y muchos de ellos sin noti­cia, toda­vía, de su para­de­ro.

Tam­po­co recuer­dan, los inte­lec­tua­les orgá­ni­cos del régi­men, a los 1.500 civi­les, bom­bar­dea­dos en Ger­ni­ka (1937). Ni siquie­ra, aun­que los ale­ma­nes hayan pedi­do per­dón por ello. A los más de 300 en Duran­go, muchos de ellos en una igle­sia. Mucho menos citan nun­ca a los mili­tan­tes de ETA, más de 400, muer­tos en esta gue­rra del «nor­te». Alguno de ellos duran­te las tor­tu­ras en comi­sa­ría. Otros muchos en la pecu­liar ley de fugas, embos­ca­das etc.

Para los can­tau­to­res del impe­rio, nin­guno de ellos coti­za como víc­ti­ma. Por­que Espa­ña no tie­ne que pedir per­dón de nada de lo que ha hecho. Es un gran impe­rio des­de los Reyes Cató­li­cos. Que era, ni más ni menos, lo que Dios que­ría. Y lo que los papas ben­de­cían con sus bulas com­pra­das. Entre ellos, el beli­co­so Julio II que ven­dió a Fer­nan­do el Cató­li­co, la jus­ti­fi­ca­ción papal de su inva­sión nava­rra. Nada de eso es repro­ba­ble. Por­que el impe­rio era, y sigue sien­do, una gra­cia de Dios. Y un bien, para los pue­blos ocu­pa­dos. Azo­te y mar­ti­llo de here­jes.

Espa­ña lle­vó, pri­me­ro a Al Alan­da­lus y lue­go a Amé­ri­ca la fe ver­da­de­ra y el idio­ma del impe­rio. Obli­gó a cana­rios (siglo XV) a nava­rros (siglo XVI) a cata­la­nes (siglo XVIII) y vas­cos (siglo XIX) a espa­ño­li­zar­se. ¿Qué más se pue­de pedir… cuan­do «Dios era espa­ñol»? Espa­ña lle­vó por todas par­tes, a quien se deja­ba con­quis­tar (unos pocos, Flan­des, Por­tu­gal… no se deja­ron), la suer­te de ser Espa­ña. Impo­nién­do­les las ben­di­cio­nes de per­te­ne­cer a un gran impe­rio. Y todo desin­te­re­sa­da­men­te. Hacién­do­les el favor de igua­lar­les en con­di­cio­nes a sus her­ma­nos espa­ño­les y de ense­ñar­les la ver­da­de­ra fe.

Todo esto cos­tó, ape­nas unos millo­nes de muer­tos. Pocos para pedir per­dón. Ade­más pasó hace mucho tiem­po y eran muer­tos nece­sa­rios, para con­ver­tir a la fe ver­da­de­ra a medio mun­do. Por eso, Espa­ña no tie­ne que pedir per­dón por nada. Ni por 1492, ni 1512, ni por el 12 de octu­bre, ni por el 18 de julio, ni por la abo­li­ción de las Lagi­za­rrak o por la ocu­pa­ción mili­tar per­ma­nen­te de las tie­rras vas­cas. Ni por el geno­ci­dio cana­rio, la expul­sión y per­se­cu­ción de ára­bes y judíos. O la inva­sión de Cata­lun­ya, con la impo­si­ción del decre­to de Nue­va Plan­ta. Espa­ña todo lo ha hecho bien. Al menos, des­de el Cid cam­pea­dor. Todo demás es «leyen­da negra».

Des­de lue­go, escri­bo todo esto por defor­ma­ción pro­fe­sio­nal. Ya lo sé. Pero tam­bién por­que creo que sin His­to­ria las cosas no se expli­can. O no se expli­can bien. Y por­que, si no sabe­mos his­to­ria, solo sabe­mos lo que dice el gobierno. Y los perió­di­cos, la radio, la tele­vi­sión del régi­men. Es decir, lo que nos dicen todos los días a todas horas, los pape­le­ros y voce­ros del poder. Entre ellas, que ETA es el mal abso­lu­to y que no tie­ne per­dón.

Los gobier­nos y los medios de comu­ni­ca­ción, con sus fal­sas apa­rien­cias y su no menos fal­sas dife­ren­cias, enca­mi­na­das todas a sos­te­ner y apun­ta­lar el mis­mo sis­te­ma que les nutre. Son quie­nes deter­mi­nan cuan­do empie­za o aca­ba la His­to­ria. Según lo que ese día les ha dicho que digan el direc­tor de la cade­na. Que es el que les paga la mer­ced, a fin de mes. Y para ellos la His­to­ria de la vio­len­cia empie­za con Txa­bi, hace 50 años. Es todo lo que nece­si­tan saber para ata­car a ETA. Inclu­so des­pués de muer­ta. Y todo lo que nece­si­ta saber «el pue­blo». Apar­te de la fecha de las pró­xi­mas elec­cio­nes.

Hace unos años, un his­tó­ri­co patrio­ta vas­co (I.G.) falle­ci­do recien­te­men­te, fue con­de­na­do por la Inqui­si­ción espa­ño­la del 78, des­pués de decla­rar a un perio­dis­ta ita­liano, «que los vas­cos (ETA inclui­da) no tenían que pedir per­dón a nadie. Que les tenían que pedir per­dón a ellos». Evi­den­te­men­te tenía razón, por­que un pue­blo ocu­pa­do, opri­mi­do, impe­di­do… no tie­ne que pedir per­dón por defen­der­se. Nadie le dice a Espa­ña que pida, o ten­ga que pedir, per­dón por la Gue­rra de la Inde­pen­den­cia, con­tra la ocu­pa­ción napo­leó­ni­ca. Se lo piden, por otras gue­rras e inva­sio­nes pro­pias. Pero es igual, el impe­rio de la ley o sea, la ley del impe­rio, tie­ne todo a su favor. Empe­zan­do por los medios de des­in­for­ma­ción. Y las leyes de la carre­ra de San Jeró­ni­mo apro­ba­das entre los vivas de los pal­me­ros. Espa­ña no va a pedir nun­ca per­dón por su His­to­ria… ¿Noso­tros, por qué?

No tenemos que pedir perdón

ETA, en cam­bio, si que ha pedi­do per­dón. Y en su peti­ción ha intro­du­ci­do algu­nos aspec­tos intere­san­tes y otros más dudo­sos o dis­cu­ti­bles. Uno de ellos es el con­cep­to de reco­no­ci­mien­to de la «res­pon­sa­bi­li­dad direc­ta». Dejan­do, quie­ro supo­ner, el reco­no­ci­mien­to de la res­pon­sa­bi­li­dad indi­rec­ta para los cul­pa­bles ori­gi­na­rios de la vio­len­cia. Para el pri­me­ro que pegó. Pro­vo­can­do la defen­sa pro­pia del agre­di­do. Por­que dos no se pegan si uno no empie­za. La His­to­ria no mien­te. Y la His­to­ria dice que aquí el que empe­zó y pegó pri­me­ro, fue Espa­ña. Lo hizo, según creen no solo his­to­ria­do­res, sino todos los nacio­na­lis­tas vas­cos.

Sin embar­go, la cues­tión sobre la des­apa­ri­ción de ETA está resuel­ta des­de el año 2011. Lo que ha pasa­do, o está pasan­do, des­de enton­ces es un asun­to de pura for­ma. Inclu­yen­do rue­das de pren­sa, crea­ción de «arte­sa­nos por la paz», esce­ni­fi­ca­ción del desar­me etc. Lo más recien­te, la publi­ca­ción de dos comu­ni­ca­dos segui­dos. Una decla­ra­ción y una nota expli­ca­ti­va. Ambos cen­tra­dos, mayo­ri­ta­ria­men­te, en el reco­no­ci­mien­to de los daños cau­sa­dos. Con una cier­ta exten­sión, que no se corres­pon­de con el esti­lo habi­tual (his­tó­ri­co) de ETA, en sus reivin­di­ca­cio­nes.

Tal vez, entre otras cosas, por eso estas últi­mas notas, ade­más de los con­sa­bi­dos recha­zos, crí­ti­cas e insul­tos habi­tua­les entre los medios de régi­men, y las reno­va­das exi­gen­cias del par­ti­do de Sota, para una mayor humi­lla­ción, han crea­do algún tipo de con­fu­sión. Y crí­ti­cas, en otros medios de la izquier­da aber­tza­le. Algu­nas de estas cons­ta­ban en un bre­ve artícu­lo de Ion Iurren­ba­so, cono­ci­do expre­so de ETA, publi­ca­do en diver­sos blogs.

Algo sig­ni­fi­ca­ti­vo, es que en este deba­te no se dis­cu­te la cues­tión de fon­do del desar­me. No lo hace Iurre­ba­so, ni lo ha hecho (creo) nadie des­de 2011. Al menos en públi­co. Todos damos por cier­to que ETA ha deja­do de ser, des­de enton­ces. No se ha dis­cu­ti­do nun­ca si la «ren­di­ción» y la deci­sión de entre­gar las armas y des­apa­re­cer, es cri­ti­ca­ble, nece­sa­ria, opor­tu­na, con­ve­nien­te o no. Se supo­ne que esto habrá teni­do un lar­go deba­te interno. No exen­to de polé­mi­ca. Pero casi todos en públi­co lo han dado por «bueno».

Lo que si hace Iurre­ba­so, por su par­te, es apun­tar algu­nos defec­tos en los comu­ni­ca­dos. Que son bas­tan­te sig­ni­fi­ca­ti­vos. Aun­que su no pre­sen­cia no alte­ren en últi­ma ins­tan­cia el hecho final: ETA ha deja­do de exis­tir en la prác­ti­ca, des­de el año 2011. Este expre­so apun­ta que ETA ten­dría que haber pedi­do per­dón, tam­bién o en pri­mer lugar, por «mar­char­se» sin cum­plir su obje­ti­vo his­tó­ri­co: la inde­pen­den­cia y el socia­lis­mo. Iurre dice, o quie­re decir, que ya que se pide per­dón a unas víc­ti­mas… Habría otras hipo­té­ti­cas víc­ti­mas, en este caso el pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co, que sufri­rían más con esta sali­da, que con su per­ma­nen­cia has­ta la con­se­cu­ción de los obje­ti­vos fun­da­cio­na­les.

Por otro lado, el comu­ni­ca­do de ETA dice tam­bién que «hace mucho tiem­po» este con­flic­to ten­dría que haber­se solu­cio­na­do. Y aña­de acer­ta­da­men­te «que el sufri­mien­to impe­ra­ba antes de que nacie­ra ETA». O que, la vio­len­cia en nues­tro caso es una vio­len­cia here­da­da. Así que, como decían Arga­la y Mon­zón, es una vio­len­cia no que­ri­da. Pero, al pare­cer, irre­me­dia­ble. ETA tam­bién amplia esta posi­ción con un «oja­lá nada de eso hubie­se ocu­rri­do, oja­lá la liber­tad y la paz hubie­sen echa­do raí­ces en Eus­kal­he­rria hace mucho tiem­po».

Lo que no deja de ser un modo idea­lis­ta de expre­sar una con­vi­ven­cia impo­si­ble. Por­que mien­tras el con­flic­to de la ocu­pa­ción y la nega­ción de la nación vas­ca siga… El pro­ble­ma no des­apa­re­ce. Aun­que lo haga ETA. O dicho de otra for­ma, des­apa­re­ce su pro­ble­ma. El de las poten­cia­les víc­ti­mas y obje­ti­vos de una orga­ni­za­ción arma­da. Pero no el pro­ble­ma polí­ti­co y social, de los vas­cos que se sien­ten ocu­pa­dos, impe­di­dos, opri­mi­dos, depen­dien­tes… Obli­ga­dos a ser lo que no quie­ren ser. Por­que siguen las con­di­cio­nes de anu­la­ción polí­ti­ca y nacio­nal, impues­tas por Espa­ña, des­de el siglo XIX. Agra­va­das con el fran­quis­mo y disi­mu­la­das inten­cio­na­da, mali­cio­sa e inú­til­men­te con la auto­no­mía actual.

En este pun­to, Iurre­ba­so tam­bién se mues­tra en desacuer­do. Ya que entien­de que este «no tenía que haber suce­di­do nun­ca», repre­sen­ta una auto­des­ca­li­fi­ca­ción his­tó­ri­ca. «Un recha­zo, dice, a su pasa­do». Un pedir per­dón, no solo por los daños, sino por la exis­ten­cia mis­ma de la orga­ni­za­ción.

De todos modos, aun­que me pare­ce que hay una cier­ta sobre­ac­tua­ción lite­ral en la peti­ción de per­dón, yo no esta­ría tan segu­ro de que esta fra­se pue­da inter­pre­tar­se de este modo nega­ti­vo. No del todo. Si así fue­ra, es muy gra­ve. Sin embar­go, lo que creo es que ETA podía estar dicien­do, pre­ci­sa­men­te lo con­tra­rio. Tal vez no esté bien expli­ca­do (o bien tra­du­ci­do, en la ver­sión espa­ño­la), pero creo más bien que el comu­ni­ca­do se refie­re a lo que siem­pre hemos sos­te­ni­do. Que si no hubie­ra habi­do con­di­cio­nes anti­de­mo­crá­ti­cas, anti­vas­cas, anti­na­cio­na­les y anti­so­cia­les tan opre­so­ras, en Eus­ka­di, ETA no «hubie­ra suce­di­do nun­ca».

Es cier­to, que pue­de resul­tar un párra­fo equí­vo­co, para algu­nos, pero tam­bién se pue­de leer enten­dien­do que no tenían que haber exis­ti­do unas con­di­cio­nes nacio­na­les inso­por­ta­bles, para los vas­cos. O, inclu­so, des­de otro lado, que si los gobier­nos espa­ño­les hubie­ran acep­ta­do, al menos, dis­cu­tir las ofer­tas y las alter­na­ti­vas KAS, el ciclo de la lucha arma­da pudie­ra haber­se cerra­do en la Tran­si­ción. En la épo­ca de Arga­la. Fue la sober­bia polí­ti­ca del PSOE (Gon­zá­lez-Gue­rra) y el cola­bo­ra­cio­nis­mo de los sotis­tas auto­no­mis­tas, lo que agu­di­zó la fase arma­da del con­flic­to. Deján­do­lo todo a la vic­to­ria mili­tar del Esta­do. Es decir, a la derro­ta mili­tar de ETA. Algo que por cier­to, por mucha fan­tas­ma­da y múscu­lo que exhi­ban los del PP, no ha suce­di­do.

ETA dice «que nadie pue­de cam­biar el pasa­do», cuan­do nadie más que ella ha sufri­do y sigue sufrien­do la mani­pu­la­ción del pasa­do y de la His­to­ria. Como una mer­can­cía en com­pra-ven­ta. Pero, sin duda, su expre­sión se pue­de refe­rir más a que no se pue­de rever­tir el daño cau­sa­do. Espe­cial­men­te en el plano de las per­so­nas o sus fami­lias. No obs­tan­te, como hemos dicho, es bal­dío e inú­til, como tam­bién hace el comu­ni­ca­do, pre­ten­der que esto se con­vier­ta en un reco­no­ci­mien­to mutuo de «daños cau­sa­dos». Espa­ña, el impe­rio, no pue­de reco­no­cer­se en sus daños. Sería tan­to como acep­tar la raíz y el ori­gen de su mal­for­ma­ción nacio­nal.

Por otra par­te, como esta­mos vien­do, oyen­do y leyen­do. Siem­pre es super­fluo, e his­tó­ri­ca­men­te injus­to, dar la razón a los agre­so­res de cual­quier tipo. A los que pegan pri­me­ro. En el caso de Espa­ña, y su cons­truc­ción impe­rial hay un prin­ci­pio: siem­pre tie­ne razón y, cuan­do no la tie­ne… bom­bar­dea. Es lo que está pasan­do, con la inten­ción con­ci­lia­do­ra, sin duda reple­ta de bue­nas inten­cio­nes, de ETA. Que ya se está encon­tran­do con los carro­ñe­ros de radio, pren­sa y tele­vi­sión. Los que no quie­ren la paz, sino la vic­to­ria. El arro­di­llar­se de los ven­ci­dos. Entre insul­tos y veja­cio­nes. Y el reco­no­ci­mien­to de su impe­rio. Que no solo es pro­vi­den­cial, sino into­ca­ble. Y lleno de vir­tu­des demo­crá­ti­cas. Todas la reac­cio­nes de las van­guar­dias mediá­ti­cas, se agru­pan ya bajo las «ban­de­ras vic­to­rio­sas al son ale­gre de la paz». Y lue­go dicen que el himno de Espa­ña no tie­ne letra.

ETA pide tam­bién apa­gar defi­ni­ti­va­men­te las lla­mas de Ger­ni­ka. Pero sabe mejor que nadie, que eso tam­bién es inú­til. Decír­se­lo a alguien que no solo ha con­fis­ca­do el cua­dro sím­bo­lo de Picas­so, sino que lo ha colo­ca­do con agra­vio y ale­vo­sía en un museo con nom­bre de Rei­na. Tam­bién sabe que solo Ale­ma­nia ha pedi­do per­dón por Ger­ni­ka. Espa­ña no. Espa­ña no pue­de pedir per­dón por su labor jus­ti­cie­ra en la Con­tra­his­to­ria. Deja­ría de ser lo que es. Lo que ha sido des­de los Reyes Cató­li­cos, has­ta el vic­to­rio­so ejér­ci­to del 18 de julio. Que sir­vió ara ver­te­brar la nación. Y cuyos suce­so­res direc­tos, toda­vía hoy tie­nen el encar­go de impe­dir la diso­lu­ción de la Una, gran­de y libre.

Tam­bién dice que dan­do una solu­ción «demo­crá­ti­ca» al con­flic­to se podrá cons­truir la paz y lograr la liber­tad. Pero cómo, un país de chan­chu­llos, des­ver­güen­za y corrup­ción polí­ti­ca, va a saber el sig­ni­fi­ca­do de una pala­bra y con­cep­to tan difí­cil tan difí­cil de prac­ti­car, como «demo­cra­cia». Cómo un capi­ta­lis­mo, hoy cre­ci­do con la cri­sis, va a per­mi­tir una solu­ción demo­crá­ti­ca a nin­gún con­flic­to. Cómo se pue­de con­ver­tir en demo­cra­cia la dic­ta­du­ra cons­ti­tu­cio­nal del 78?

Otro de los párra­fos de la crí­ti­ca de Iurre­ba­so alu­de a la inten­ción de ETA pro­me­tien­do que no se repe­ti­rá lo ocu­rri­do. Evi­den­te­men­te, en este pun­to ETA habla en su nom­bre y no en el de los demás. Tam­po­co pue­de saber qué pasa­rá en el futu­ro, si se siguen man­te­nien­do las cir­cuns­tan­cias nega­ti­vas que rodea­ron su apa­ri­ción his­tó­ri­ca. Aun­que Iurre­ba­so crea que esta afir­ma­ción pue­de ser una hipo­te­ca para el futu­ra de la resis­ten­cia vas­ca.

Por últi­mo: Si ETA hubie­ra deja­do de actuar total­men­te, en 2011. Como decía en su comu­ni­ca­do de aquel día. Es decir, si no hubie­ra hecho nada más. Ni más anun­cios. Ni el acto de 2017 en Baio­na. O la publi­ca­ción de estas notas sobre daños… El resul­ta­do hubie­ra sido, en la prác­ti­ca, el mis­mo. Nadie, entre los suyos, le hubie­ra exi­gi­do nada más. Una sim­ple comu­ni­ca­ción garan­ti­zan­do que lo deja«para siem­pre». Y se aca­bó. ¿Por qué enton­ces todo lo demás? ¿Quién o qué, está detrás de las esce­ni­fi­ca­cio­nes pos­te­rio­res?. De las exi­gen­cias que pare­cen per­ju­di­car, más que bene­fi­ciar, a las for­mas de su final. ¿Hay algo que no sabe­mos? Y que el tiem­po y los hechos nos ayu­da­rán a com­pren­der.

El tono gene­ral de los comu­ni­ca­dos es, para mi gus­to polí­ti­co, dema­sia­do con­des­cen­dien­te. A veces roza, con ese pedir per­dón por todo, el lími­te de una cier­ta dig­ni­dad. Se pue­de pedir per­dón, inclu­so de for­ma con­vin­cen­te, sin tan­tas refe­ren­cias y abun­dan­cia de auto­dis­cul­pas. Con una sola vez, hubie­ra sido sufi­cien­te. No es des­de lue­go, el esti­lo de ETA. Y más bien pare­ce, o se ve, la mano de algún apun­ta­dor intere­sa­do. Cues­ta creer que ETA haya escri­to todo esto, sin más. Aun­que es una sim­ple con­je­tu­ra y no ten­go nin­gún dato ni refe­ren­cia, para pen­sar lo con­tra­rio.

En todo caso, en lo que podía­mos estar de acuer­do es en que esta reti­ra­da defi­ni­ti­va de ETA, y su pues­ta en esce­na, con la redac­ción de los comu­ni­ca­dos, etc., no pare­ce la deci­sión de un peque­ño gru­po diri­gen­te. En una orga­ni­za­ción que ha teni­do fre­cuen­tes esci­sio­nes en su his­to­ria, esta toma de deci­sio­nes se habrá hecho, en este tiem­po de sie­te años, con­tan­do con la par­ti­ci­pa­ción y apro­ba­ción de todos los mili­tan­tes. Pre­sos inclui­dos. Lo que para mí al menos, sería sufi­cien­te garan­tía de auten­ti­ci­dad y de acep­ta­ción.

Es cier­to que no pode­mos espe­rar una­ni­mi­dad en algo tan com­pli­ca­do y con­tro­ver­ti­do. Des­pués de tan­to tiem­po. ETA tam­po­co espe­ra­ría que todos estén/​estemos de acuer­do con todo. Pero en cual­quier caso es su deci­sión… Y si lo es. No que­da otra que res­pe­tar­la. Tan­to más si con­lle­va, o pue­de con­lle­var algún tipo de ayu­da a la lucha de los pre­sos y sus fami­lias por la Amnis­tía.

Jose­ma­ri Loren­zo Espi­no­sa

23 de abril de 2018

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