El tema racial: un balan­ce necesario

Cuba ya no es una nación racis­ta como lo fue antes de 1959.

Pero 500 años de colonialismo no se borran en 58 años de revolución, por muy radical que esta haya podido ser, y que lo ha sido. Máxime también, si los errores, voluntarios e involuntarios cometidos en el tratamiento del tema, son innegables porque han sido reales.

¿Cuáles han sido esos errores? A mi modesto entender entre los más importantes, los siguientes:
  • Solo Fidel Cas­tro, des­de el pro­pio año de 1959, comen­zó a tra­tar el tema, espe­cial­men­te cuan­do en mar­zo de 1959, en varias opor­tu­ni­da­des, hablo fuer­te­men­te sobre el mis­mo. Vol­vién­do­lo a tra­tar en la Igle­sia de Har­lem, Nue­va York, Esta­dos Uni­dos, años más tar­de, cuan­do men­cio­nó nues­tro idea­lis­mo de con­si­de­rar que el asun­to se solu­cio­na­ría rápi­da­men­te y lan­zan­do el con­cep­to de «dis­cri­mi­na­ción objetiva». 
  • El coman­dan­te Ernes­to Gue­va­ra muy tem­pra­na­men­te lo men­cio­nó en la Uni­ver­si­dad de Las Villas. 
  • El coman­dan­te Raúl Cas­tro lo tra­tó en una reu­nión del Buró Pro­vin­cial del Par­ti­do en San­tia­go de Cuba, cele­bra­da en 1986. Pos­te­rior­men­te lo vol­vió a tra­tar en el recien­te Con­gre­so de la UJC. Hablan­do del mis­mo como una ver­güen­za a más de 50 años de revolución. 
  • Pero el tema, en reali­dad, nun­ca ha sido obje­to de un tra­ta­mien­to sis­te­má­ti­co en el dis­cur­so polí­ti­co de la revo­lu­ción, como debió haber sido duran­te todos estos años. 
  • Tam­po­co debió haber sido víc­ti­ma del idea­lis­mo y el volun­ta­ris­mo polí­ti­co que lo pro­cla­ma­ron como un pro­ble­ma resuel­to en 1962. 

Por eso el tema racial, por más de 40 años debió sobre­vi­vir den­tro de la encru­ci­ja­da for­ma­da por las cir­cuns­tan­cias siguientes:

  • Al decla­rar el tema como resuel­to en 1962, eso lo anu­ló para su estu­dio cien­tí­fi­co, deba­te o recla­ma­ción alguna. 
  • Los tem­pra­nos ata­ques de la con­tra­rre­vo­lu­ción crea­ron un ambien­te polí­ti­co interno en Cuba en el que no había espa­cio para deba­tir sobre un tema que nos podía dividir. 
  • La polí­ti­ca social de la revo­lu­ción, aun­que enfo­ca­da en la pobre­za, fue sufi­cien­te para que todos los pobres, blan­cos, negros y mes­ti­zos, sin­tie­ran que sus vidas mejo­ra­ban de mane­ra sen­si­ble. Dán­do­le a los negros en par­ti­cu­lar la segu­ri­dad y la con­fian­za de que la revo­lu­ción no los abandonaría. 

Hoy, al cerrar 58 años del triun­fo de la revo­lu­ción, hemos avan­za­do con­si­de­ra­ble­men­te en el tra­ta­mien­to del tema racial, pero aun de mane­ra insuficiente.

Solo 58 años después de triunfo de la revolución, una mujer negra, por primera vez, asoma su rostro en el Noticiero nacional de Televisión. Y me pregunto, ¿es eso un logro? Sin dudas que lo es; pero es también una vergüenza. Que hayamos tenido que esperar 58 años de una revolución radical, para que apareciera un rostro negro, dentro de un papel estelar, en nuestra televisión nacional.

Pero algunos errores aún no se superan. Estamos trabajando en ellos, pero no pueden ser dados aun como solucionados. Entre ellos:
  • Aun­que nos reco­no­ce­mos como una socie­dad mes­ti­za; aun ese mes­ti­za­je se bate con los las­tres de una «hege­mo­nía blan­ca» que no aca­ba de aban­do­nar su espa­cio. Obser­ván­do­se a cada paso los meca­nis­mos a tra­vés de los cua­les pre­ten­de per­pe­tuar­se. En los medios, la pren­sa escri­ta en par­ti­cu­lar, el ballet, las uni­ver­si­da­des, la acti­vi­dad pri­va­da, el turis­mo, los altos car­gos en el esta­do, cier­tas áreas de la cul­tu­ra, la cali­dad del empleo, etc. 
  • En nues­tras Ins­ti­tu­cio­nes de Escue­la Pri­ma­ria aún no se men­cio­na el color. Dejan­do que sean la calle y la fami­lia, los que lo men­cio­nen, pre­jui­cia­da­men­te, tomán­do­nos la delan­te­ra en la for­ma­ción edu­ca­cio­nal de nues­tros niños y jóvenes. 
  • Las cos­tum­bres, la fra­seo­lo­gía popu­lar, el blan­quea­mien­to, aun pre­sen­tan una fuer­te dosis de ten­den­cia hacia lo «blan­co», que tam­bién se mani­fies­ta en la edu­ca­ción, fal­tan­do una for­ma­ción hacia la rique­za poli­cro­ma­ti­ca de nues­tra cul­tu­ra. Que se mani­fies­ta en lo poco que estu­dia­mos Áfri­ca, Asia y Medio Orien­te. Raí­ces de nues­tra cul­tu­ra. Y ni pen­sar que algún día poda­mos tener un inte­rés por el estu­dio de las len­guas africanas. 
  • Aun en casi nin­gu­na de nues­tras uni­ver­si­da­des el tema de las Rela­cio­nes Racia­les es obje­to de tra­ta­mien­to aca­dé­mi­co y cien­tí­fi­co. Tra­yen­do como resul­ta­do una socie­dad mul­ti­co­lor que no se estu­dia así mis­ma. Por tan­to, que no asu­me su iden­ti­dad integralmente. 
  • Nues­tra pren­sa escri­ta ape­nas refle­ja nada que ten­ga que ver con el tema racial. 
  • Nues­tra tele­vi­sión, en lo que más hemos avan­za­do, aun no exis­ten sufi­cien­tes pro­duc­tos que edu­quen a nues­tra gen­te en el tema racial. 
  • Vivi­mos aun den­tro de un ambien­te social en el que hablar del tema, con­ti­núa sien­do obje­to de dis­gus­to y no pocas veces de des­apro­ba­ción y descontento. 
  • Aun se obser­va una preo­cu­pan­te igno­ran­cia sobre el tema, en nues­tros medios en gene­ral. Por lo que su tra­ta­mien­to espre­fe­ren­te­men­te super­fi­cial y prejuiciado. 
  • Den­tro de la socie­dad civil cuba­na, ha veni­do lográn­do­se pau­la­ti­na­men­te un pro­ce­so de agru­pa­mien­to para el estu­dio y tra­ta­mien­to del tema racial. Tales como los pro­yec­tos comu­ni­ta­rios, aso­cia­cio­nes cul­tu­ra­les que tra­tan el tema, pero sin que ello ten­ga un reco­no­ci­mien­to guber­na­men­tal explí­ci­to, sino que más bien sub­sis­ten den­tro de un cier­to ran­go de tole­ran­cia y per­mi­si­bi­li­dad oficial. 
  • No se jus­ti­fi­ca que a nivel esta­tal o guber­na­men­tal no exis­ta aun un depar­ta­men­to, ins­ti­tu­to, o sec­ción par­la­men­ta­ria, que atien­da el tema racial en nues­tro país. Obser­ván­do­se una preo­cu­pa­ción guber­na­men­tal por su aten­ción, pero que no adop­ta expre­sión ofi­cial en las estruc­tu­ras que diri­gen a la socie­dad cuba­na. Pro­du­cién­do­se cier­ta dis­cri­mi­na­ción cuan­do en lo que al tema racial se refie­re, com­pa­ra­do con la aten­ción que se brin­da a la cues­tión reli­gio­sa, la homo­se­xua­li­dad y la homo­fo­bia, etc. 
  • Nues­tro sis­te­ma esta­dís­ti­co nacio­nal prác­ti­ca­men­te igno­ra la nece­si­dad de colo­rear las varia­bles demo­grá­fi­cas y sus resul­ta­dos eco­nó­mi­cos, socia­les, cul­tu­ra­les y polí­ti­cos. De modo que los cen­sos no refle­jan fiel­men­te las carac­te­rís­ti­cas que dis­tin­guen a los miem­bros de la socie­dad cuba­na. Con el con­si­guien­te resul­ta­do nega­ti­vo para las inves­ti­ga­cio­nes socia­les y la direc­ción cien­tí­fi­ca de la socie­dad. Lo que trae como resul­ta­do, que asu­mir­nos como pue­blo, que sería uno de los obje­ti­vos más impor­tan­tes de nues­tra edu­ca­ción, no tie­ne lugar aun den­tro de ella. 
  • Solo recien­te­men­te hemos comen­za­do a revi­sar nues­tros pro­gra­mas y libros de his­to­ria, para dar espa­cio mere­ci­do en los mis­mos al tema de la pre­sen­cia negra y mes­ti­za en la for­ma­ción de nues­tra nación, su cul­tu­ra e historia. 
  • El tema no for­ma par­te aun de la agen­da de nin­gu­na de las orga­ni­za­cio­nes polí­ti­cas, de masas y sin­di­ca­les. Por lo que des­co­no­ce­mos toda­vía cual sería la reac­ción que pro­vo­ca­ría una dis­cu­sión masi­va del tema. Aun­que si es posi­ble cono­cer el des­con­ten­to que pro­vo­ca su no discusión. 

No obs­tan­te, se va ganan­do con­cien­cia de la nece­si­dad de no pro­lon­gar más la dis­cu­sión del tema; sacán­do­lo del enclaus­tra­mien­to inte­lec­tual y polí­ti­co en que se encuen­tra; pero exis­te tam­bién mucho temor por las divi­sio­nes que ello pudie­ra pro­vo­car. Cuan­do cree­mos que el com­po­nen­te de divi­sión ya avan­za, en la mis­ma medi­da en que muchas per­so­nas, negros en par­ti­cu­lar, no dejan de expre­sar su dis­gus­to ante una situa­ción que se arras­tra por siglos y aun no se asu­me una acti­tud prác­ti­ca radi­cal para que la gen­te comien­ce a sen­tir que de ver­dad el pro­ble­ma se está resol­vien­do. Sien­do el tema racial, lamen­ta­ble­men­te, el que con menos radi­ca­li­dad se ha enfren­ta­do la revo­lu­ción cuba­na. Habién­do­lo asu­mi­do, pero con cor­ta­pi­sas, temor, des­con­fian­za, igno­ran­cia, etc.

Donde podría estar la explicación, de que hayamos logrado ser algo eficientes y hasta no poco exitosos en el tratamiento del tema de la mujer en particular, las religiones, el anciano y el niño; algo de lo logrado en el tema del homosexualismo y la homofobia, dentro de una sociedad todavía profundamente machista, pero que no hayamos logrado avanzar lo suficiente en el tema racial.

Creo que lo anterior es resultado, de que ninguno de nuestros problemas sociales está tan traspasado por los asuntos de clase, los prejuicios que dejó la esclavitud, las imperfecciones de la construcción de nuestro modelo social y el neocolonialismo, aun subyacente, como lo está el tema racial.

Razón por la cual, aunque no los hayamos solucionado aun, en todos los temas sociales mencionados hemos avanzado, pero solo en el racial hemos tendido en ocasiones a retroceder. Observándose en el mismo marcadores históricos que nos han llevado desde su comportamiento antes de 1959, a la radicalidad de su planteamiento en los años 60, el idealismo y voluntarismo de los años 70 y 80, hasta su necesaria reconsideración, a partir de los años 90. Momento este último, dentro del cual, parece haberse asentado ya una conciencia relativamente fuerte de que el tema no puede volver a ser abandonado.

Lo anterior  me es posible observarlo con mucha claridad, cuando me percato de las diferencias de opiniones que crean mis artículos. Dado que algunos los consideran como muy radicales; mientras otros creen que están en la linea correcta. Por lo cual, consigo conocer que me muevo en una frontera en la que es necesario andar con mucha cautela para no hacer daño. Observando siempre, a fondo, con detenimiento y honestamente la realidad, para lograr ser lo más objetivo posible.

Cuando me siento en ese punto mencionado más arriba, nada me detiene respecto a lo que debo decir o escribir.

No es posible tampoco dejar de observar la realidad de que el tema racial no se encuentra para nada al margen de la guerra cultural que ya Estados Unidos libra contra nosotros. Habiéndonos referido a este asunto en múltiples ocasiones.

Es que precisamente por lo explicado en este artículo, que el tema racial sea  tal vez, entre nuestros temas sociales, el de mayor sensibilidad política. Dado que el mismo abarca, desde la identidad y la condición social del individuo, pasando por su reconocimiento, hasta llegar a la oportunidad económica, especialmente el empleo, del cual depende su nivel de vida.

Por eso es tan sensible el asunto de la fuerza laboral en el turismo, dentro del cual, sin dudas, los negros no ocupan una posición ventajosa. O es tan sensible el tema de su presencia en los medios, en particular dentro de la televisión, o dentro del ballet, este último tan cuestionado, hasta hace muy poco tiempo, por la casi no presencia de negros.

Sin dudas, el tema racial ha avanzado considerablemente dentro de la sociedad cubana. Donde antes apenas se podía hablar del mismo, era ignorado y reprimido. Aunque todavía, en cualquier lugar de nuestra geografía podemos toparnos con la existencia de los tres problemas. Pero tratándose entonces de situaciones que se baten en retirada.

No obstante, si en algo es posible retroceder, es en este tema, respecto al cual se muestra todavía un nada despreciable nivel de rechazo a su tratamiento. En todo los sectores y niveles de la sociedad cubana. Tanto del gobierno, como del estado y la sociedad civil. El partido, las organizaciones políticas y de masas y sectores de la sociedad cubana, de todos los colores.

No debemos hacernos ilusiones con que todas las puertas se abren para mirar hacia el tema. Hoy se abren muchísimas más, pero otras permanecen cerradas. Idealismos con este tema, más nunca.

27 de diciembre de 2017

<em>Esteban Morales</em>

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