De la inte­gra­ción com­pa­si­va a la asi­mi­la­ción auto­ri­ta­ria. Apén­di­ce del libro de Pie­rre Teva­nian «La méca­ni­que raciste»

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La reedi­ción de La Méca­ni­que racis­te [La mecá­ni­ca racis­ta], actua­li­za­da, con un pró­lo­go aña­di­do y un capí­tu­lo nue­vo, lle­ga en el momen­to opor­tuno tenien­do en cuen­ta la secuen­cia his­tó­ri­ca mun­dial y nacio­nal que es la nues­tra y las com­ple­jas cues­tio­nes que plan­tea. El libro El cho­que de civi­li­za­cio­nes de Samuel Hun­ting­ton, publi­ca­do en 1996, abre esta secuen­cia impo­nien­do un esque­ma esen­cia­lis­ta, por una par­te, y nue­vos ros­tros del racis­mo, por otra. Des­de enton­ces este esque­ma se ha vuel­to mediá­ti­ca y polí­ti­ca­men­te hege­mó­ni­co, y tie­nen como con­se­cuen­cia la impo­si­ción de un mar­co para pen­sar lo real en tér­mi­nos de iden­ti­dad, de «valo­res de la Repú­bli­ca», de asi­mi­la­ción, etc. Este mar­co de pen­sa­mien­to reduc­tor obli­ga a per­ci­bir la inmi­gra­ción como pro­ble­ma, el islam como peli­gro y la iden­ti­dad «nacio­nal» como ame­na­za­da. Con­tri­bu­ye así a crear las con­di­cio­nes de una «dere­chi­za­ción» de la socie­dad fran­ce­sa e inclu­so de un pro­ce­so de «fas­ci­za­ción». Esta sim­ple cons­ta­ta­ción bas­ta para des­ta­car la actua­li­dad de la demos­tra­ción de Pie­rre Teva­nian. Toda­vía más que en el momen­to en que se publi­có por pri­me­ra vez las tesis de esta obra per­mi­ten enten­der los pro­ce­sos que fun­cio­nan en nues­tra socie­dad y los retos fun­da­men­ta­les que reve­lan. Lo que quie­ro des­ta­car aquí es la uti­li­dad social y polí­ti­ca de este libro, a la luz de las diná­mi­cas socia­les e ideo­ló­gi­cas que se han des­ple­ga­do des­de su pri­me­ra edición.

Con­cep­to, per­cep­to, afecto

El racis­mo es un edi­fi­cio con­cep­tual que expre­sa una con­cep­ción del mun­do: una arqui­tec­tu­ra pira­midal de la socie­dad en la que las dife­ren­cias, reales o supues­tas, legi­ti­man una des­igual­dad de tra­to. La dife­ren­cia plan­tea­da como pre­mi­sa del razo­na­mien­to racis­ta lle­va como con­clu­sión a la legi­ti­ma­ción de la des­igual­dad, tras una serie de ope­ra­cio­nes que Pie­rre Teva­nian deno­mi­na dife­ren­cia­ción, peyo­ra­ción, foca­li­za­ción y esen­cia­li­za­ción. El epi­so­dio polí­ti­co y mediá­ti­co del bur­ki­ni, que agi­tó el cerra­do mun­do mediá­ti­co duran­te el verano de 2016, ilus­tra per­fec­ta­men­te este pro­ce­so. Mien­tras que nues­tras pla­yas refle­jan en la mul­ti­pli­ci­dad de indu­men­ta­rias (des­de el baña­dor al slip, del biki­ni al mono­ki­ni), la diver­si­dad de rela­cio­nes con el cuer­po y unas modas de con­su­mo a la ori­lla del mar, bas­tó una cir­cu­lar muni­ci­pal para que un atuen­do pre­ci­so se con­vir­tie­ra en una «dife­ren­cia» esen­cial y sig­ni­fi­ca­ti­va. Ade­más, es indu­da­ble que esta cons­truc­ción de una dife­ren­cia por medio de las cir­cu­la­res, las decla­ra­cio­nes polí­ti­cas y los comen­ta­rios mediá­ti­cos se des­ple­gó en el regis­tro de la peyo­ra­ción. Se nos dijo que el bur­ki­ni trans­mi­te una visión retró­gra­da de la mujer, es tes­ti­mo­nio de una ofen­si­va «sala­fis­ta»1 y repre­sen­ta una ame­na­za para el orden públi­co. Evi­den­te­men­te, esta peyo­ra­ción se ali­men­tó de una foca­li­za­ción (que hacía des­apa­re­cer detrás del obje­to «bur­ki­ni» a las per­so­nas que sim­ple­men­te que­rían acce­der al dere­cho a bañar­se) y de una esen­cia­li­za­ción (todas estas muje­res se redu­je­ron a una homo­ge­nei­dad de moti­va­ción, de com­por­ta­mien­to, de men­sa­je). Por últi­mo, la prohi­bi­ción de acce­der a la pla­ya ates­ti­gua una des­igual­dad de tra­ta­mien­to en el dere­cho de acce­so al ocio.

Pero el racis­mo no es solo un con­cep­to, nos recuer­da Pie­rre Teva­nian, tam­bién es un per­cep­to, es decir, un modo de per­cep­ción cons­trui­do his­tó­ri­ca y social­men­te, trans­mi­ti­do e inte­rio­ri­za­do por la cul­tu­ra. Muchas obras con­tem­po­rá­neas han pues­to en evi­den­cia la for­ma como las repre­sen­ta­cio­nes socia­les del ára­be, del negro y del musul­mán fue­ron for­ja­das por varios siglos siglos de escla­vi­tud y de colo­ni­za­ción. Sin embar­go, estos ima­gi­na­rios here­da­dos no bas­tan para expli­car su per­sis­ten­cia a lo lar­go del tiem­po y menos aún sus muta­cio­nes. No solo esta­mos en pre­sen­cia de un «pasa­do que no pasa»2 o de una «trans­fe­ren­cia de memo­ria»3, sino que se tra­ta más bien de una revi­vi­fi­ca­ción acti­va de las repre­sen­ta­cio­nes del pasa­do con fines con­tem­po­rá­neos. En mi opi­nión es uno de los ele­men­tos que expli­can el paso a lo lar­go de la déca­da de 1980 del racis­mo anti­ára­be a la isla­mo­fo­bia. Lo que es radi­cal­men­te nue­vo en los acon­te­ci­mien­tos del verano de 2016 no son las cir­cu­la­res anti­bur­ki­ni, sino el hecho de que se hayan podi­do corres­pon­der a una cier­ta «deman­da social». Unos ciu­da­da­nos o ciu­da­da­nas se toma­ron el tiem­po de lla­mar a los poli­cías muni­ci­pa­les para seña­lar la pre­sen­cia de muje­res que lle­va­ban bur­ki­ni. Otros y otras aplau­die­ron a los poli­cías muni­ci­pa­les que exi­gían a estas muje­res que se cam­bia­ran de ropa o aban­do­na­ran la pla­ya4. En otras pala­bras: los per­cep­tos racis­tas se han exten­di­do, arrai­ga­do y bana­li­za­do tan­to en una par­te del cuer­po social que aho­ra pro­du­cen una «deman­da» que, a su vez, la ofer­ta mediá­ti­ca y polí­ti­ca no deja de trans­mi­tir y ampli­fi­car. Esta­mos cla­ra­men­te ante los efec­tos de varias déca­das de esen­cia­li­za­ción del islam y de estig­ma­ti­za­ción de los musul­ma­nes en los dis­cur­sos públicos.

Otra apor­ta­ción esen­cial de La Méca­ni­que racis­te es des­ta­car que el racis­mo no es solo una rela­ción con el otro sino tam­bién una rela­ción con uno mis­mo. En la «secuen­cia bur­ki­ni», por seguir con este ejem­plo, lo que se ha mani­fes­ta­do es una pos­tu­ra sub­je­ti­va par­ti­cu­lar, una afir­ma­ción auto­ri­ta­ria fuer­te, que expre­sa sin mode­ra­ción el sen­ti­mien­to de actuar por una bue­na cau­sa. De creer a los adver­sa­rios del bur­ki­ni, se tra­ta­ría de defen­der los dere­chos de las muje­res, la Repú­bli­ca, el lai­cis­mo; en resu­men, de pro­mo­ver un «racis­mo res­pe­ta­ble»5. Este racis­mo siem­pre pro­ce­de de la mis­ma mane­ra: sus pro­mo­to­res se des­cri­ben como pro­tec­to­res de «valo­res» posi­ti­vos uni­ver­sa­les y remi­ten a los obje­ti­vos de sus ata­ques a la esfe­ra de la nega­ti­vi­dad y de la peli­gro­si­dad. En suma, los afec­tos racis­tas se han ins­ta­la­do a favor de cam­pa­ñas polí­ti­cas y mediá­ti­cas inin­te­rrum­pi­das que cons­tru­yen al islam como un «pro­ble­ma» y a los musul­ma­nes como una «ame­na­za». Y este pro­ce­so de legi­ti­ma­ción ha cons­trui­do final­men­te un «noso­tros» que se plan­tea como por­ta­dor de pro­gre­so, en lucha con­tra un «ellos» defi­cien­te, per­ver­ti­do y amenazante.

Hay que des­ta­car aquí la para­do­ja que reve­la este «verano del bur­ki­ni»: rara­men­te habían sido tan fuer­tes los efec­tos de inver­sión de lo real. Aun­que el hecho de lle­var bur­ki­ni sig­ni­fi­ca una volun­tad de acce­der a un espa­cio común, se rein­ter­pre­tó como un acto de sepa­ra­tis­mo. Aun­que mar­ca un inten­to de con­ci­liar el acce­so a un dere­cho común con una sub­je­ti­vi­dad espe­cí­fi­ca (que ata­ñe a la fe, a la rela­ción con el cuer­po y/​o la rela­ción con el pudor), se estig­ma­ti­zó como un pro­yec­to que ame­na­za el «vivir jun­tos». Esta inver­sión de lo real ilus­tra las ambi­güe­da­des de dicho «vivir jun­tos» y su dimen­sión intrín­se­ca­men­te no igua­li­ta­ria. Es otro pun­to impor­tan­te que des­ta­ca Pie­rre Teva­nian: hay múl­ti­ples mane­ras de «vivir jun­tos», más o menos igua­li­ta­rias, y la valo­ri­za­ción abs­trac­ta y por sí mis­ma del estar jun­tos ocul­ta a menu­do la elu­sión de la cues­tión igua­li­ta­ria, inclu­so la pro­mo­ción de un mode­lo de socie­dad no igua­li­ta­ria. Nun­ca recor­da­re­mos lo sufi­cien­te que una par­te de los escla­vos vivía «con» sus amos, pero en una estruc­tu­ra pira­midal de base no igua­li­ta­ria, opre­si­va y criminal.

En resu­men, como ana­li­za La Méca­ni­que racis­te, este verano la tri­ple dimen­sión del racis­mo en tér­mi­nos de con­cep­to, de per­cep­to y de afec­to encon­tró una ilus­tra­ción casi caricaturesca.

La con­mi­na­ción a la invisibilidad

La des­igual­dad y la domi­na­ción nece­si­tan para repro­du­cir­se hacer invi­si­bles social­men­te a los gru­pos domi­na­dos. A la inver­sa, las diná­mi­cas de la igual­dad se tra­du­cen inevi­ta­ble­men­te en una visi­bi­li­dad social más impor­tan­te. Des­de los aná­li­sis sobre el movi­mien­to obre­ro a los tra­ba­jos sobre la escla­vi­tud, pasan­do por las inves­ti­ga­cio­nes sobre la inmi­gra­ción o sobre los movi­mien­tos femi­nis­tas y homo­se­xua­les, un con­jun­to de obras con­se­cuen­tes ates­ti­gua esta rela­ción lógi­ca entre igual­dad y visi­bi­li­dad por una par­te y entre des­igual­dad e invi­si­bi­li­dad por otra. En efec­to, la domi­na­ción es tan­to más fuer­te cuan­to que se hace invi­si­ble (e innom­bra­ble) invi­si­bi­li­zan­do a sus víc­ti­mas. En el ter­cer capí­tu­lo de su libro Pie­rre Teva­nian insis­te con razón en esta rela­ción entre (des)igualdad e (in)visibilidad, tan­to en la lla­ma­da cues­tión del velo como en todas las cons­truc­cio­nes racis­tas, y su aná­li­sis de los tres cuer­pos de excep­ción (cuer­po invi­si­ble, cuer­po invá­li­do y cuer­po furio­so) nos per­mi­te a su vez enten­der bien lo que se juga­ba en torno al biki­ni: algo así como una lla­ma­da al orden, como una con­mi­na­ción a vol­ver a la invi­si­bi­li­dad. Jean-Pie­rre Che­vè­ne­ment, cata­pul­ta­do al pues­to de pre­si­den­te de una impro­ba­ble «Fun­da­ción para un Islam de Fran­cia» al aca­bar la polé­mi­ca esti­val, no pudo expre­sar­lo más cla­ra­men­te al pedir públi­ca­men­te a los musul­ma­nes «dis­cre­ción».

Pie­rre Teva­nian des­ta­ca con razón que esta nece­si­dad esta­tal de reafir­mar, for­ma­li­zar y solem­ni­zar la con­mi­na­ción a la invi­si­bi­li­dad tie­ne algo de reco­no­ci­mien­to de debi­li­dad. Vie­ne en res­pues­ta a la prác­ti­ca social de los subal­ter­nos que tuvie­ron la osa­día de inva­dir unos espa­cios, unas esfe­ras y unas esca­las has­ta enton­ces reser­va­das a otros, a ima­gen de la mili­tan­te afro­es­ta­dou­ni­den­se Rosa Parks que en 1955 recha­zó la invi­si­bi­li­dad a la que esta­ba asig­na­da ins­ta­lán­do­se en las pri­me­ras filas de un auto­bús. Aho­ra resul­ta coti­diano que la pre­ten­sión de estar pre­sen­tes en las «pri­me­ras filas» de nues­tra socie­dad se expre­se osten­si­ble­men­te y con total indis­cre­ción. Por supues­to, la situa­ción esta­dou­ni­den­se en la déca­da de 1950 no es idén­ti­ca a la fran­ce­sa de la de 2010: en Esta­dos Uni­dos la prohi­bi­ción era explí­ci­ta y esta­ba reco­gi­da en una ley de un Esta­do, mien­tras que en la Fran­cia de hoy es implí­ci­ta y está con­de­na­da por el dere­cho. Sin embar­go, esta dife­ren­cia de enver­ga­du­ra no pue­de ocul­tar los pun­tos comu­nes a todas las situa­cio­nes no igua­li­ta­rias: la asig­na­ción a un lugar subal­terno, su inte­rio­ri­za­ción y des­pués su cues­tio­na­mien­to cuan­do se reúnen cier­tas con­di­cio­nes (his­tó­ri­cas, socio­ló­gi­cas, polí­ti­cas) que, a su vez, sus­ci­tan una lla­ma­da al orden vio­len­ta. Sin mini­mi­zar el lugar de los com­por­ta­mien­tos indi­vi­dua­les en los pasos de fron­te­ras socia­les hacia espa­cios has­ta enton­ces prohi­bi­dos, lo que se expre­sa en estos momen­tos de cues­tio­na­mien­to es un pro­ce­so socio­ló­gi­co, el cual indu­ce la irre­ver­si­bi­li­dad de esta nue­va visi­bi­li­dad y de estas insis­ten­tes pre­ten­sio­nes a la igual­dad. A este res­pec­to la con­clu­sión de La Méca­ni­que racis­te es par­ti­cu­lar­men­te per­ti­nen­te: no hay que inter­pre­tar la agre­si­vi­dad de los defen­so­res del orden no igua­li­ta­rio exclu­si­va­men­te como un signo nega­ti­vo. Pre­ci­sa­men­te por­que se sien­te ame­na­za­do, el orden social domi­nan­te reac­cio­na tan bru­tal­men­te. Como expli­ca Chris­ti­ne Delphy, unos y unas domi­na­das pro­vo­can escán­da­lo debi­do a que al visi­bi­li­zar­se hacen visi­bles al mis­mo tiem­po los fal­sos pre­tex­tos de la «regla real» que rige nues­tra socie­dad no igua­li­ta­ria6. Fren­te a un pro­ce­so social irre­ver­si­ble, el últi­mo recur­so de los bene­fi­cia­ros de esta des­igual­dad es, como ocu­rre a menu­do, la reafir­ma­ción auto­ri­ta­ria de la «regla» que algu­nos edi­to­ria­lis­tas y res­pon­sa­bles polí­ti­cos defien­den cada vez más explí­ci­ta y bru­tal­men­te. Por reto­mar la fór­mu­la de Pie­rre Teva­nian, lo que se empren­de enton­ces es, por una par­te, una «carre­ra de velo­ci­dad» entre una diná­mi­ca socio­ló­gi­ca pro­fun­da de recha­zo de los luga­res asig­na­dos y, por otra, el pro­yec­to polí­ti­co de man­te­ni­mien­to de la domi­na­ción por todos los medios. A pesar de los acen­tos fas­ci­zan­tes de su cam­pa­ña elec­to­ral, la vic­to­ria de Donald Trump en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de noviem­bre de ilus­tra per­fec­ta­men­te esta carre­ra de velocidad. 

En otros escri­tos he cali­fi­ca­do de momen­to de cam­bio radi­cal la «Mar­cha por la igual­dad y con­tra el racis­mo», que mar­có el ini­cio de la déca­da de 1980. Por supues­to, muchas luchas ante­rio­res die­ron tes­ti­mo­nio de la volun­tad polí­ti­ca de salir de la invi­si­bi­li­dad y al hacer­lo, de la des­igual­dad. Estas luchas pio­ne­ras, empren­di­das por unos pre­cur­so­res a pesar de que no se habían reu­ni­do todas las con­di­cio­nes para que se efec­tua­ra el cam­bio radi­cal, habían con­tri­bui­do a reu­nir las con­di­cio­nes de un paso masi­vo y gene­ra­cio­nal a la visi­bi­li­dad. Y es lo que se pro­du­jo en el momen­to de la Mar­cha: toda una gene­ra­ción sur­gi­da de la migra­ción pos­co­lo­nial pasó de la invi­si­bi­li­dad inte­rio­ri­za­da a la visi­bi­li­dad rei­vin­di­ca­da7. Así, para los hijos inmi­gra­dos naci­dos o socia­li­za­dos en Fran­cia la Mar­cha sig­ni­fi­ca socio­ló­gi­ca­men­te el final dela «inmi­gri­tud», esta pos­tu­ra sub­je­ti­va que con­sis­te en per­ci­bir­se y con­si­de­rar­se «extran­je­ro» en su pro­pio país. Estos hijos lle­gan a los mer­ca­dos socia­les (del tra­ba­jo, de la vivien­da, del ocio) en la déca­da de 1980 y se enfren­tan a las mis­mas dis­cri­mi­na­cio­nes que sus padres a pesar de que se saben, se viven y se per­ci­ben como fran­ce­ses. Esta pre­vi­si­ble muta­ción socio­ló­gi­ca es lo que hace esta­llar la inte­rio­ri­za­ción de la asig­na­ción a luga­res subal­ter­nos y sus­ci­ta espon­tá­nea­men­te una exi­gen­cia de visi­bi­li­dad, es decir, de igual­dad. Hay que recor­dar estos reta­zos de his­to­ria para hacer enten­der que no habrá una vuel­ta masi­va al cuer­po invi­si­ble, por reto­mar el con­cep­to de Pie­rre Teva­nian, a menos que se tra­te de una vio­len­cia social y esta­tal radi­cal y de gran magnitud. 

Des­de la déca­da de 1980 la muta­ción socio­ló­gi­ca en la rela­ción con la visi­bi­li­dad se tra­du­jo en una bús­que­da de cana­les de expre­sión polí­ti­cos, des­de el «Lla­ma­mien­to de los indí­ge­nas de la Repú­bli­ca» en 2005 a la «Mar­cha de la dig­ni­dad» en 2015 pasan­do por la emer­gen­cia de múl­ti­ples colec­ti­vos mili­tan­tes: Front uni des immi­gra­tions et des quar­tiers popu­lai­res (FUIQP), Par­ti des Indi­gè­nes de la Répu­bli­que (PIR), Collec­tif con­tre l’islamophobie en Fran­ce (CCIF), La voix des Rroms, Stop le con­trô­le au faciès, Urgen­ce notre poli­ce assas­si­ne, Mwa­si… Más allá de la diver­si­dad de los suje­tos de movi­li­za­ción y a pesar de las diver­gen­cias de aná­li­sis y de estra­te­gia lo que se expre­sa a tra­vés de estos colec­ti­vos es un paso a lo polí­ti­co por medio de la visi­bi­li­za­ción de con­di­cio­nes y de rei­vin­di­ca­cio­nes has­ta enton­ces invisibilizadas.

Este recha­zo de los luga­res asig­na­dos, ins­cri­to a la vez en las pos­tu­ras bana­les de lo coti­diano y en las for­mas de expre­sión polí­ti­ca colec­ti­va, se ha enfren­ta­do al para­dig­ma inte­gra­cio­nis­ta domi­nan­te, tan­to a la izquier­da como a la dere­cha del table­ro polí­ti­co, en un mer­ca­do de incau­tos que La Méca­ni­que racis­te des­cri­be toman­do pres­ta­do de Jac­ques Ran­ciè­re su con­cep­to de «malen­ten­di­do»: unos exi­gen igual­dad, otros res­pon­den por medio de la inte­gra­ción, la inser­ción, la inclu­sión… Unos rei­vin­di­can la trans­for­ma­ción de un sis­te­ma no igua­li­ta­rio, otros plan­tean la nece­si­dad de ayu­dar a una trans­for­ma­ción de las per­so­nas. Unos pro­po­nen una exi­gen­cia de trans­for­ma­ción social glo­bal, otros res­pon­den por medio de la pro­mo­ción indi­vi­dual y el eli­tis­mo republicano.

El segun­do capí­tu­lo de La Méca­ni­que racis­te ana­li­za bien esta lógi­ca inte­gra­cio­nis­ta, que pro­po­ne una sali­da del cuer­po invi­si­ble pero vol­vien­do a asig­nar los suje­tos al papel del cuer­po lisia­do. Pie­rre Teva­nian men­cio­na varios ejem­plos edi­fi­can­tes de esta cons­truc­ción de un cuer­po lisia­do des­cri­to como enfer­mo o inma­du­ro. Men­cio­nan­do a unos jóve­nes «divi­di­dos entre dos cul­tu­ras» e insis­tien­do en su supues­ta «inca­pa­ci­dad para atra­ve­sar lo peri­fé­ri­co», una pro­fu­sión de aná­li­sis pseu­do­cien­tí­fi­cos y de pala­bre­rías cul­tu­ra­lis­tas, retrans­mi­ti­dos des­de hace tres déca­das por unos medios de comu­ni­ca­ción com­pla­cien­tes, se exi­me (y nos exi­me) de plan­tear la cues­tión de la igual­dad. Sin olvi­dar otros aná­li­sis, tan poco serios y tan omni­pre­sen­tes mediá­ti­ca­men­te, que con­vier­ten las revuel­tas de los barrios popu­la­res, deno­mi­na­das «dis­tur­bios», en aco­me­ti­das juve­ni­les de vio­len­cia des­pro­vis­tas de toda sig­ni­fi­ca­ción polí­ti­ca y a las jóve­nes que lle­van pañue­lo en sim­ples víc­ti­mas dóci­les del patriar­ca­do, de la tra­di­ción o del fana­tis­mo reli­gio­so. El resul­ta­do es siem­pre el mis­mo: la nega­ción de las rei­vin­di­ca­cio­nes igualitarias.

Esta lógi­ca inte­gra­cio­nis­ta ha sido tan hege­mó­ni­ca que la afir­ma­ción de sí mis­mo solo podía pasar por la inso­len­cia, la des­me­su­ra, la rei­vin­di­ca­ción del estig­ma. Lo ates­ti­gua la his­to­ria de las luchas anti­rra­cis­tas y lo con­fir­ma la lite­ra­tu­ra refe­ren­te a las domi­na­cio­nes: la recu­rren­cia de estas fases de afir­ma­ción de sí mis­mo, que hacen tam­ba­lear la hege­mo­nía de un sis­te­ma de domi­na­ción, anun­cia la reu­nión de las con­di­cio­nes que hacen posi­ble la lucha polí­ti­ca por la igual­dad. Sali­da de la invi­si­bi­li­dad, rei­vin­di­ca­ción de la pala­bra polí­ti­ca, des­cor­te­sía: encon­tra­mos aquí el recha­zo de las tres carac­te­rís­ti­cas que ofre­ce Abdel­ma­lek Sayad para carac­te­ri­zar la con­di­ción del inmi­gra­do en el «pen­sa­mien­to de Esta­do»8, es decir, la invi­si­bi­li­dad, el apo­li­ti­cis­mo y la cortesía.

El regre­so vio­len­to del reprimido

La déca­da de 2000 encon­tró a la socie­dad fran­ce­sa en esta con­tra­dic­ción entre un sis­te­ma de domi­na­ción que per­du­ra y unos gru­pos domi­na­dos que rom­pie­ron con la inte­rio­ri­za­ción de los luga­res asig­na­dos. Hay dos mane­ras de reac­cio­nar ante esta con­tra­dic­ción: la vuel­ta al pasa­do o la crea­ción del futu­ro, la reafir­ma­ción vio­len­ta del sis­te­ma de domi­na­ción o su cues­tio­na­mien­to, aun­que sea par­cial. Por razo­nes sobre las que vol­ve­ré, lo que se impu­so es la segun­da opción. Des­de las múl­ti­ples ofen­si­vas con­tra el «islam» (sobre todo las leyes en con­tra del pañue­lo y el niqab de 2004 y 2010) has­ta la espan­to­sa secuen­cia «bur­ki­ni» del verano de 2016, pasan­do por la ley de 2005 sobre el «papel posi­ti­vo» de la colo­ni­za­ción, el escán­da­lo de 2009 sobre la iden­ti­dad nacio­nal, la cam­pa­ña de 2015 que impo­nía a la socie­dad fran­ce­sa «ser Char­lie» o los deba­tes de 2016 sobre el colo­nia­lis­mo como «un acto de com­par­tir nues­tra cultura»(François Fillon) y sobre «nues­tros ances­tros galos»(Nicolas Sar­kozy), lo que se afir­ma en cada oca­sión res­pon­de a una mis­ma lógi­ca: bus­car en el pasa­do la solu­ción al pre­sen­te. Una lógi­ca reac­cio­na­ria, en el sen­ti­do lite­ral del término.

En defi­ni­ti­va, al dis­cur­so «gene­ro­so» fren­te al cuer­po lisia­do suce­de una res­pues­ta «fir­me», bru­tal, cuyo obje­ti­vo es cons­tre­ñir un cuer­po que en ade­lan­te se entien­de como furio­so y ame­na­zan­te. La inte­gra­ción com­pa­si­va cede el paso a la asi­mi­la­ción auto­ri­ta­ria. El dis­cur­so sobre la excep­cio­na­li­dad repu­bli­ca­na fran­ce­sa se tiñe cada vez más cla­ra­men­te con los colo­res de una iden­ti­dad retró­gra­da, que exal­ta «nues­tros ances­tros galos» y «nues­tras raí­ces judeo­cris­tia­nas». Este regre­so vio­len­to del repri­mi­do mar­ca la exi­gen­cia auto­ri­ta­ria de un regre­so a los luga­res asig­na­dos y el recha­zo de la igualdad. 

No es la pri­me­ra vez que asis­ti­mos a este tipo de muta­ción. Pie­rre Teva­nian recuer­da con razón que en 2003 las chi­cas que lle­va­ban pañue­lo pasa­ron en la repre­sen­ta­ción domi­nan­te del esta­tu­to de cuer­po lisia­do, víc­ti­ma de los padres y her­ma­nos, al de cuer­po furio­so, por­ta­es­tan­dar­te acti­vo del fana­tis­mo reli­gio­so, y que, para­le­la­men­te, unos años antes los jóve­nes sur­gi­dos de la colo­ni­za­ción habían pasa­do del esta­tu­to de «beur9 ama­ble» que se diso­cia­ba de sus padres al de «chus­ma» por­ta­do­ra de delin­cuen­cia, de vio­len­cia y de «fal­ta de civis­mo». Cada vez que se recha­za un lugar asig­na­do sur­ge el cuer­po furio­so, recuer­da Teva­nian, y lo que des­de la publi­ca­ción de La Méca­ni­que racis­te se ha per­pe­tua­do en una esca­la­da mor­tí­fe­ra es este ciclo sinies­tro de meta­mor­fo­sis del cuer­po de excep­ción. El umbral cua­li­ta­ti­vo que qui­zá se ha fran­quea­do des­de enton­ces en la pro­duc­ción de un cuer­po furio­so es la difu­sión de un nue­vo sen­ti­do común que ale­ga un carác­ter abso­lu­ta­men­te irra­cio­nal e inex­pli­ca­ble de algu­nos com­por­ta­mien­tos, algu­nos actos y algu­nas pobla­cio­nes. Ya no se tra­ta de un des­acuer­do sobre las expli­ca­cio­nes pro­pues­tas, que pue­de abrir un deba­te con­tra­dic­to­rio, sino de remi­tir al «otro» a una alte­ri­dad abso­lu­ta, una irra­cio­na­li­dad total, una «furia» sin cau­sa­li­da­des. «Estoy har­to de quie­nes bus­can per­ma­nen­te­men­te excu­sas y expli­ca­cio­nes cul­tu­ra­les o socio­ló­gi­cas a lo que ha pasa­do», decla­ra­ba el 26 de noviem­bre ante el Sena­do el pri­mer minis­tro Manuel Valls legi­ti­man­do así la per­cep­ción de una par­te de la pobla­ción fran­ce­sa como inac­ce­si­ble a la razón. Estas pala­bras alu­dían a los auto­res de los aten­ta­dos que se habían pro­du­ci­do en el país unos días antes, pero esta lógi­ca solo pue­de sus­ci­tar un pro­ce­so de con­ta­gio. Así, se tien­de a enten­der como carac­te­rís­ti­cas esen­cia­les de los indi­vi­duos y fue­ra de toda cau­sa­li­dad social la delin­cuen­cia, la revuel­ta de los barrios popu­la­res, la sobre­rre­pre­sen­ta­ción de pobla­cio­nes raci­za­das en las esta­dís­ti­cas del fra­ca­so esco­lar, de la encar­ce­la­ción o de la hos­pi­ta­li­za­ción psi­quiá­tri­ca. Y la úni­ca res­pues­ta que se apor­ta fren­te a seme­jan­tes suje­tos irra­cio­na­les y furio­sos es la repre­sión vio­len­ta. Por con­si­guien­te, no es de extra­ñar que la cam­pa­ña pre­si­den­cial se haya cen­tra­do en temas como el islam y los musul­ma­nes, la defen­sa dela «iden­ti­dad fran­ce­sa», la auto­ri­dad del Esta­do ame­na­za­da y que hay que restablecer…

No hay que sub­es­ti­mar los peli­gros de esta evo­lu­ción. La vio­len­cia de los dis­cur­sos lla­ma a la vio­len­cia de los actos. El racis­mo ideo­ló­gi­co no se desa­rro­lla tan­to tiem­po y tan pode­ro­sa­men­te sin sus­ci­tar pasos al acto. Por ello me pare­ce que se pue­de hablar de la «cons­truc­ción pro­gre­si­va de las con­di­cio­nes del pogro­mo»10. Sin duda no hemos lle­ga­do a ello toda­vía y nada es inevi­ta­ble en los pro­ce­sos socia­les y polí­ti­cos, pero la lógi­ca domi­nan­te lle­va a esos extre­mos. En defi­ni­ti­va, todo depen­de­rá de nues­tra capa­ci­dad colec­ti­va de impo­ner otra lógi­ca bus­can­do en el futu­ro la solu­ción a las cues­tio­nes del pre­sen­te. Una capa­ci­dad que supo­ne una cier­ta lec­tu­ra de lo real y de sus retos: las cues­tio­nes que se plan­tean son las de la jus­ti­cia y de la igual­dad, y no la de la iden­ti­dad, sea gala o no.

La esce­na social y polí­ti­ca ha cam­bia­do con­si­de­ra­ble­men­te debi­do a este arrai­go de las estig­ma­ti­za­cio­nes polí­ti­cas y mediá­ti­cas en una par­te del cuer­po social. Con­tra­rres­tar un pro­ce­so que tie­ne todas las carac­te­rís­ti­cas de una fas­ci­za­ción supo­ne pen­sar unas alian­zas polí­ti­cas que no den pie en abso­lu­to ni a las lógi­cas «inte­gra­cio­nis­tas» ni al «fra­ter­na­lis­mo» que trans­mi­ten quie­nes no han renun­cia­do a sus pri­vi­le­gios. La tan anhe­la­da por muchos con­ver­gen­cia de las luchas solo es posi­ble sobre una base igua­li­ta­ria: de nues­tra capa­ci­dad para rea­li­zar esta tarea depen­de el resul­ta­do de la carre­ra de velo­ci­dad enta­bla­da entre una diná­mi­ca igua­li­ta­ria y su con­tra­fue­go fascizante.

El desen­fre­na­do recha­zo de lo real social

En el ter­cer capí­tu­lo de su libro Pie­rre Teva­nian des­ta­ca que la vuel­ta con fuer­za del dis­cur­so asi­mi­la­cio­nis­ta auto­ri­ta­rio no es sino la defen­sa del pri­vi­le­gio blan­co, que jun­to con la cla­se y el sexo es uno de los fun­da­men­tos de la con­cep­ción pira­midal de la socie­dad (la cla­se, el sexo y la raza se arti­cu­lan aquí como fun­da­men­tos de los dife­ren­tes nive­les de la pirá­mi­de). No obs­tan­te, no se tra­ta de una sim­ple vuel­ta a una lógi­ca asi­mi­la­cio­nis­ta sino de una actua­li­za­ción a par­tir de las preo­cu­pa­cio­nes de las cla­ses domi­nan­tes con­tem­po­rá­neas. En efec­to, esta vuel­ta se efec­túa des­de hace más de una déca­da por medio de un inten­to de ins­tru­men­ta­li­za­ción con fines racis­tas tan­to del femi­nis­mo como de la lucha de la cla­se obre­ra. Ese es el sen­ti­do del dis­cur­so repu­bli­ca­nis­ta que ape­la a la uni­dad nacio­nal fren­te a los peli­gros que ame­na­zan a las muje­res, la nación y/​o el lai­cis­mo… Una uni­dad nacio­nal que supe­ra­ría las divi­sio­nes de cla­se y ocul­ta­ría el sexis­mo sis­té­mi­co: ese es el ver­da­de­ro pro­yec­to de las ope­ra­cio­nes ideo­ló­gi­cas de Esta­do que fue­ron tan­to «Ni putas ni sumi­sas» en 2003 como el «Espí­ri­tu del 11 de enero» en 2015. 

Este repu­bli­ca­nis­mo pasa por un for­ta­le­ci­mien­to de la divi­sión entre un «noso­tros» abso­lu­ti­za­do y un «ellos» tam­bién abso­lu­ti­za­do. El tema de la iden­ti­dad nacio­nal ame­na­za­da des­de el inte­rior no es sino una con­se­cuen­cia lógi­ca del for­ta­le­ci­mien­to de una divi­sión iden­ti­ta­ria en vez de una divi­sión social y polí­ti­ca sin embar­go vivaz, como ates­ti­gua el movi­mien­to de 2016 con­tra la «ley laboral». 

Este neo­rre­pu­bli­ca­nis­mo pasa tam­bién por la inte­gra­ción en el «noso­tros» nacio­nal de las dimen­sio­nes antes exclui­das. Así, Manuel Valls decla­ra­ba el 29 de agos­to de 2016: «¡Marian­ne, tie­ne el seno des­nu­do por­que ali­men­ta al pue­blo, no lle­va velo por­que es libre!¡Eso es la Repú­bli­ca!». Al trans­for­mar el femi­nis­mo en com­ba­te iden­ti­ta­rio igno­ran­do la his­to­ria de las luchas y la reali­dad per­sis­ten­te del sexis­mo sis­té­mi­co se pro­du­ce una ins­tru­men­ta­li­za­ción del femi­nis­mo con fines racis­tas. La dere­cha y la extre­ma dere­cha no se enga­ñan: tam­bién desa­rro­llan pro­fe­sio­nes de fe «femi­nis­tas» para afir­mar una dife­ren­cia abso­lu­ta entre «ellos» y «noso­tros».

Si unas moti­va­cio­nes suce­si­vas y coyun­tu­ra­les expli­can cada nue­va pie­dra del muro levan­ta­do entre un «ellos» y un «noso­tros» (des­viar una cóle­ra peda­gó­gi­ca, ins­tru­men­ta­li­zar un mie­do al futu­ro duran­te un escru­ti­nio elec­to­ral, jus­ti­fi­car una nue­va inter­ven­ción mili­tar en Áfri­ca u Orien­te Pró­xi­mo), las mar­cas en el cuer­po social son dura­de­ras y con cada epi­so­dio se arrai­gan más pro­fun­da­men­te, con lo que empeo­ran cada vez más una ten­sión social car­ga­da de peli­gros. Así pues, de lo que se tra­ta es ni más ni menos que de una inca­pa­ci­dad colec­ti­va de tener en cuen­ta la Fran­cia con­tem­po­rá­nea tal como es, plu­ral tan­to en el plano étni­co como en el con­fe­sio­nal. Se deno­mi­na agno­sia a la inca­pa­ci­dad del cere­bro para reco­no­cer un estí­mu­lo sen­so­rial y podría­mos cali­fi­car de agno­sia social esta inca­pa­ci­dad colec­ti­va, pro­du­ci­da por tres déca­das de estig­ma­ti­za­cio­nes, para acep­tar la reali­dad de una Fran­cia múl­ti­ple y diversa.

La nos­tal­gia de imperio

Un espec­tro reco­rre el deba­te polí­ti­co actual, el espec­tro de la III Repú­bli­ca, podría­mos decir para­fra­sean­do a Marx y Engels. Tan­to en la dere­cha como en la izquier­da se men­cio­na sin cesar la III Repú­bli­ca como mode­lo, la edad de oro que hay que recu­pe­rar, la raíz que hay que revi­vir. Aho­ra bien, en muchos aspec­tos este perio­do se carac­te­ri­zó por la cons­truc­ción de los con­tes­ta­ta­rios en cuer­po furio­so. Jules Ferry expli­ca­ba la Comu­na de París por medio de la «locu­ra del ase­dio»11, con la con­se­cuen­cia lógi­ca de la apro­ba­ción de la repre­sión san­grien­ta. El mis­mo Jules Ferry jus­ti­fi­có la empre­sa colo­nial jerar­qui­zan­do a la huma­ni­dad en «razas infe­rio­res» y «razas supe­rio­res». Por últi­mo, Jules Ferry men­cio­nó las misio­nes de la escue­la públi­ca en unos tér­mi­nos car­ga­dos de sen­ti­do: difun­dir «la reli­gión de la patria, una reli­gión que no tie­ne disi­den­tes» (dis­cur­so de Nancy el 18 de agos­to de 1881). 

No es ano­dino que las refe­ren­cias his­tó­ri­cas men­cio­na­das para tra­tar cues­tio­nes con­tem­po­rá­neas se hayan bus­ca­do en ese momen­to par­ti­cu­lar que es la III Repú­bli­ca, que tam­bién estu­vo obse­sio­na­da por el mie­do a la con­tes­ta­ción social popu­lar, des­de la Comu­na de París has­ta el Fren­te Popu­lar. Tam­bién se enfren­tó a la com­pe­ten­cia eco­nó­mi­ca con las demás poten­cias capi­ta­lis­tas y ape­ló al cho­vi­nis­mo como herra­mien­ta del «patrio­tis­mo eco­nó­mi­co». Tam­bién empren­dió gue­rras colo­nia­les para defen­der por la fuer­za los intere­ses de su cla­se domi­nan­te. En defi­ni­ti­va, la nos­tal­gia que hoy cons­ta­ta­mos en los dis­cur­sos polí­ti­cos y mediá­ti­cos no es sino una nos­tal­gia de impe­rio. Aho­ra bien, recor­de­mos que el impe­rio es indi­so­cia­ble de una polí­ti­ca racis­ta. La polí­ti­ca exte­rior y la polí­ti­ca inte­rior están rela­cio­na­das: no se pue­de pre­ten­der jus­ti­fi­car unas gue­rras exte­rio­res con unos argu­men­tos civi­li­za­cio­na­les, esen­cia­lis­tas, isla­mó­fo­bos sin que inci­da en la mane­ra de per­ci­bir a nues­tros con­ciu­da­da­nos que por su reli­gión real o supues­ta, su color de piel y/​o sus orí­ge­nes se rela­cio­nan con los paí­ses a los que se envía a nues­tro ejército.

Pie­rre Teva­nian lo recal­ca con razón en la con­clu­sión: lejos de ser un sim­ple impul­so natu­ral el racis­mo es una pro­duc­ción cul­tu­ral, social, jurí­di­ca y polí­ti­ca que sir­ve a cier­tos intere­ses y per­ju­di­ca a otros. Era ver­dad ayer y lo sigue sien­do hoy. Pero lo que cam­bia son los peli­gros del momen­to actual, que en muchos sen­ti­dos se pare­ce al que Grams­ci des­cri­bía cuan­do afir­ma­ba «el vie­jo mun­do se mue­re, el nue­vo tar­da en apa­re­cer y en ese cla­ros­cu­ro sur­gen los mons­truos»12.

Es urgen­te con­tra­rres­tar la emer­gen­cia de estos mons­truos. La con­tra­ofen­si­va de los par­ti­da­rios de la igual­dad se enfren­ta a unas prue­bas y unas difi­cul­ta­des de enver­ga­du­ra: el pro­ce­so de fas­ci­za­ción no deja de aumen­tar, la «lepe­ni­za­ción de los espí­ri­tus» se ha desa­rro­lla­do con­si­de­ra­ble­men­te, se mul­ti­pli­can los pasos al acto racis­tas, el con­tex­to de mie­do vin­cu­la­do a los aten­ta­dos terro­ris­tas favo­re­ce las ten­ta­cio­nes tota­li­ta­rias, la vio­len­cia del Esta­do con­tra el movi­mien­to social lle­ga a unas cotas iné­di­tas des­de hace tiem­po… Sin embar­go, las difi­cul­ta­des más impor­tan­tes están en otro lugar, en el seno mis­mo del cam­po anti­rra­cis­ta en su acep­ción más amplia: ancla­je débil en las cla­ses popu­la­res, rela­cio­nes dis­ten­di­das con el movi­mien­to sin­di­cal y, más amplia­men­te, con los movi­mien­tos socia­les, impo­si­ción de los esque­mas cul­tu­ra­lis­tas y de los enfo­ques que des­cri­ben el racis­mo como un fenó­meno individual.

Para reac­cio­nar no par­ti­mos de cero, ni mucho menos. Se pue­den cons­ta­tar pro­gre­sos indu­da­bles: una con­cien­cia más agu­da de los retos y pro­ce­sos que fun­cio­nan en las per­so­nas raci­za­das pero tam­bién en muchos mili­tan­tes anti­rra­cis­tas, una preo­cu­pa­ción mayor entre las nue­vas aso­cia­cio­nes por tener en cuen­ta no una sola domi­na­ción sino el com­ple­jo de domi­na­ción cla­se-raza-sexo, nue­vas ini­cia­ti­vas que se ins­cri­ben en la volun­tad de cons­truir un «anti­rra­cis­mo polí­ti­co», una mayor par­ti­ci­pa­ción de la juven­tud de los barrios popu­la­res en las dife­ren­tes movi­li­za­cio­nes, una can­ti­dad cada vez mayor de pro­duc­cio­nes cul­tu­ra­les en línea con la gra­ve­dad de la situa­ción (en el domi­nio del rap, por supues­to, pero tam­bién del cine, el tea­tro y la lite­ra­tu­ra), ini­cia­ti­vas de soli­da­ri­dad espon­tá­neas más fre­cuen­tes fren­te a actos isla­mó­fo­bos, fren­te a la caza de los gita­nos o la repre­sión con­tra los refu­gia­dos… Esta­mos, efec­ti­va­men­te, en la «carre­ra de velo­ci­dad» que men­cio­na Pie­rre Teva­nian. El cam­po de la igua­lad pue­de ganar a con­di­ción, y vol­ve­mos a citar a Grams­ci, de com­bi­nar el «pesi­mis­mo de la inte­li­gen­cia» con el «opti­mis­mo de la volun­tad»13.

Saïd Boua­ma­ma

Abril de 2017

[Tra­du­ci­do del fran­cés para Boltxe por Bea­triz Mora­les Bastos] 

  1. Poco impor­ta la cohe­ren­cia del razo­na­mien­to sobre este aspec­to del «bur­ki­ni estan­dar­te del sala­fis­mo». La soció­lo­ga Nilü­fer Göle pone de relie­ve que el hecho de lle­var esta pren­da (a seme­jan­za de otras prác­ti­cas, como el con­su­mo de jamón halal o la diver­si­dad de mane­ras de lle­var el pañue­lo) es un «arre­glo» entre la fe y la moda occi­den­tal con el obje­ti­vo y el efec­to de per­mi­tir «a las muje­res nadar y, por con­si­guien­te, con­quis­tar nue­vos espa­cios» (véa­se Natha­lie Sarthou-Lajus: Enquê­te sur les «musul­mans ordi­nai­res» d’Europe. Entre­tien avec Nilü­fer Göle, Étu­des, enero de 2016, p. 91.
  2. La expre­sión fue uti­li­za­da pri­me­ro por Éric Conan y Henry Rous­so a pro­pó­si­to de Vichy antes de ser uti­li­za­da para la colo­ni­za­ción en gene­ral y para la gue­rra de Arge­lia en par­ti­cu­lar (véa­se Éric Conan y Henry Rous­so: Vichy, un pas­sé qui ne pas­se pas, Fayard, París, 1994).
  3. Ben­ja­min Sto­ra: Le Trans­fert d’une mémoi­re. De «l’Algérie fra­nçai­se» au racis­me anti-ara­be, La Décou­ver­te, París, 2001.
  4. El perio­dis­ta Geor­ges Mat­tei recuer­da que el 17 de octu­bre de 1961 varios ciu­da­da­nos indi­ca­ron a los poli­cías dón­de esta­ban escon­di­dos los mani­fes­tan­tes que huían de la repre­sión (Libé­ra­tion, 7 de octu­bre de 1980). Des­de enton­ces no hemos teni­do situa­cio­nes aná­lo­gas sig­ni­fi­ca­ti­vas. (N. de la t.: Se refie­re a la mani­fes­ta­ción pací­fi­ca con­vo­ca­da por el FLN arge­lino en París para pro­tes­tar con­tra el toque de que­da impues­to a todos las per­so­nas arge­li­nas resi­den­tes en la región pari­si­na. La mani­fes­ta­ción fue bru­tal­men­te repri­mi­da y cau­só entre 70 y 200 muertos.)
  5. Saïd Boua­ma­ma: L’Affaire du fou­lard isla­mi­que. La pro­duc­tion d’un racis­me res­pec­ta­ble, Le Geai Bleu, Rou­baix, 2004.
  6. Chris­ti­ne Delphy: Clas­ser, domi­ner. Qui sont les «autres»?, La Fabri­que, París, 2007.
  7. Saïd Boua­ma­ma: Dix ans de mar­che des Beurs. Chro­ni­que d’un mou­ve­ment avor­té, Des­clée De Brou­wer, París, 1994.
  8. Abdel­ma­lek Sayad: Immi­gra­tion et «pen­sée d’État», Actes de la recher­che en scien­ces socia­les, vol.129, nº 1, 1999.
  9. «Beur» es el tér­mino con el que se desig­na a los hijos de inmi­gran­tes magre­bíes naci­dos en Fran­cia. Sue­le tener un carác­ter peyo­ra­ti­vo. (N. de la t.)
  10. Saïd Boua­ma­ma: «Leçons et con­sé­quen­ces d’un été révé­la­teur: la cons­truc­tion pro­gres­si­ve des con­di­tions d’un pogro­me», Le blog de Saïd Boua­ma­ma (https://​boua​ma​mas​.word​press​.com), 31 de agos­to de 2016. [Véa­se en cas­te­llano https://​www​.boltxe​.eus/​l​e​c​c​i​o​n​e​s​-​c​o​n​s​e​c​u​e​n​c​i​a​s​-​v​e​r​a​n​o​-​r​e​v​e​l​a​d​o​r​-​l​a​-​c​o​n​s​t​r​u​c​c​i​o​n​-​p​r​o​g​r​e​s​i​v​a​-​l​a​s​-​c​o​n​d​i​c​i​o​n​e​s​-​s​e​-​p​r​o​d​u​z​c​a​n​-​p​o​g​r​o​m​os/]
  11. Jules Ferry afir­ma al expli­car las cau­sas de la Comu­na de París: «Entre las cau­sas deter­mi­nan­tes de la insu­rrec­ción yo situa­ría en pri­mer lugar un esta­do moral de la pobla­ción pari­si­na que de bue­na gana cali­fi­ca­ría de “locu­ra del ase­dio”». Decla­ra­ción ante la comi­sión par­la­men­ta­ria sobre las cau­sas de la Comu­na, Tex­tes his­to­ri­ques 18712 à 1914, Dela­gra­ve, París, 1966, p. 52.
  12. La fór­mu­la cita­da es la más uti­li­za­da. La ver­sión ori­gi­nal es: «La cri­sis con­sis­te pre­ci­sa­men­te en el hecho de que lo anti­guo mue­re y lo nue­vo no pue­de nacer: duran­te ese inte­rregno se obser­van los fenó­me­nos mór­bi­dos más varia­dos». Anto­nio Grams­ci: Cahiers de Pri­son, Cahier 3, párra­fo 34, Galli­mard, París, 1983.
  13. Anto­nio Grams­ci: car­ta a Car­lo del 19 de diciem­bre de 1929, car­ta 139, Let­tres de pri­son, Galli­mard, París, 1971.

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