Inde­pen­den­cia y tác­ti­ca marxista

En su tác­ti­ca polí­ti­ca, los mar­xis­tas defien­den todas aque­llas pos­tu­ras demo­crá­ti­cas que la bur­gue­sía no ha lle­va­do a cabo. Esto pasa, entre otras cosas, por la defen­sa de los dere­chos civi­les, del desa­rro­llo indus­trial, etc.

Luchan, pues, por alcan­zar los intere­ses inme­dia­tos de la cla­se obre­ra, pero en el movi­mien­to actual repre­sen­tan al mis­mo tiem­po el futu­ro del movimiento

— Marx y Engels, Mani­fies­to Comunista

.

Lo que los dife­ren­cia es que al mis­mo tiem­po defien­den las tesis del socia­lis­mo cien­tí­fi­co y revolucionario.

De este modo, por ejem­plo, el Par­ti­do Comu­nis­ta Ale­mán actuó «con­jun­ta­men­te con la bur­gue­sía con­tra la monar­quía abso­lu­ta» (íbid). O en Fran­cia se adhi­rie­ron al Par­ti­do Socia­lis­ta Demo­crá­ti­co fren­te a los con­ser­va­do­res, «sin por ello aban­do­nar el dere­cho de man­te­ner una posi­ción crí­ti­ca fren­te a las fra­ses y las ilu­sio­nes pro­ve­nien­tes de la tra­di­ción revo­lu­cio­na­ria» (íbid). Actuar de otra for­ma sig­ni­fi­ca­ría caer en el sec­ta­ris­mo pequeñoburgués.

Así, la izquier­da debe defen­der los dere­chos civi­les (sufra­gio, liber­tad de reu­nión y mani­fes­ta­ción, dere­cho de huel­ga…) más que la bur­gue­sía que los vino a parir, cul­mi­nan­do inclu­so las tareas inaca­ba­das que a los capi­ta­lis­tas les corres­pon­den como cla­se, sin por ello renun­ciar a sus prin­ci­pios comunistas.

El dere­cho civil pri­mi­ge­nio, el más bási­co, es el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción. Cier­ta­men­te, las nacio­nes son la for­ma que adop­ta el Esta­do bur­gués, el mer­ca­do común de la bur­gue­sía. Pero es tam­bién la pri­me­ra pla­za que deben con­quis­tar los tra­ba­ja­do­res. Y como vemos, los comu­nis­tas defien­den los logros demo­crá­ti­co-bur­gue­ses que son tam­bién triun­fos de las masas ¿O aca­so debe­ría­mos prohi­bir los dere­chos huma­nos por apa­re­cer duran­te la revo­lu­ción francesa?

Sin eufe­mis­mos, deci­mos que «por auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes se entien­de su sepa­ra­ción esta­tal de las colec­ti­vi­da­des de otra nación, se entien­de la for­ma­ción de un Esta­do Nacio­nal inde­pen­dien­te» (Lenin, El Dere­cho de las Nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción). El capi­ta­lis­mo siem­pre exi­gió de la crea­ción de esta for­ma de Esta­dos, y es su ten­den­cia natu­ral, sien­do que «el Esta­do de com­po­si­ción nacio­nal hete­ro­gé­nea es atra­so o excep­ción» (íbid). Espa­ña, con una bur­gue­sía atra­sa­da depen­dien­te de las finan­zas extran­je­ras y de las finan­zas del Esta­do, es un buen ejem­plo de ello.
Fácil­men­te se podría argu­men­tar la exis­ten­cia de la bur­gue­sía cata­la­na, que en su jus­ta corres­pon­den­cia sería igual de explo­ta­do­ra que la Espa­ño­la y que, por lo tan­to, se debe recha­zar todo movi­mien­to de inde­pen­den­cia, de crea­ción de nue­vos países.

A tales argu­men­tos hay que decir:

  1. Las masas tra­ba­ja­do­ras pue­den enca­be­zar la van­guar­dia de un pro­ce­so de inde­pen­den­cia, encau­zán­do­lo hacia sus intere­ses inme­dia­tos y futuros.
  2. Para librar­se de la bur­gue­sía cata­la­na, qui­zás haya que librar­se pri­me­ro de la oli­gar­quía espa­ño­la, sien­do que los pro­ce­sos his­tó­ri­cos no ocu­rren todos en orden, sino que se sue­len entre­la­zar los pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios. De hecho, las gran­des revo­lu­cio­nes mun­dia­les par­tie­ron des­de pro­ce­sos demo­crá­ti­co-bur­gue­ses de inde­pen­den­cia, al igual que muchos movi­mien­tos de carác­ter revo­lu­cio­na­rio par­tie­ron de la defen­sa inme­dia­ta de dere­chos civi­les, como los movi­mien­tos anti-apartheid o anti-racistas.
  3. No posi­cio­nar­se ante lo que Lenin deno­mi­nó «tareas inme­dia­tas» del pue­blo es dejar en manos de la bur­gue­sía (la cual bajo el impe­ria­lis­mo no es ya inde­pen­den­tis­ta, sino mera­men­te nacio­na­lis­ta, como la bur­gue­sía cata­la­na que bus­ca sim­ple­men­te una mejor comi­sión) el con­trol de la polí­ti­ca y del Estado.

Pero aten­da­mos a las pala­bras de Lenin:

Des­de el pun­to de vis­ta de las rela­cio­nes nacio­na­les, el Esta­do nacio­nal es el que ofre­ce, sin duda algu­na, las con­di­cio­nes más favo­ra­bles para el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo. Lo cual no quie­re decir, natu­ral­men­te, que seme­jan­te Esta­do, eri­gi­do sobre las rela­cio­nes bur­gue­sas pue­da excluir la explo­ta­ción y la opre­sión de las nacio­nes. Quie­re decir tan sólo que los mar­xis­tas no pue­den per­der de vis­ta los pode­ro­sos fac­to­res eco­nó­mi­cos que ori­gi­nan las ten­den­cias a crear Esta­dos nacio­na­les. Quie­re decir que la «auto­de­ter­mi­na­ción de las nacio­nes» en el pro­gra­ma de los mar­xis­tas, no pue­de tener, des­de el pun­to de vis­ta his­tó­ri­co-eco­nó­mi­co, otra sig­ni­fi­ca­ción que la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca, la inde­pen­den­cia Esta­tal, la for­ma­ción de un Esta­do nacio­nal (íbid).

¡Ahí está el quid de la cues­tión! El error garra­fal de recha­zar la inde­pen­den­cia de un país por­que bajo ese nue­vo país se darían las mis­mas con­di­cio­nes de explo­ta­ción bur­gue­sa, equi­va­le a con­fun­dir la auto­de­ter­mi­na­ción polí­ti­ca, Esta­tal, con la depen­den­cia eco­nó­mi­ca en cuan­to a la lucha de cla­ses. Es tan fácil de reba­tir como decir: se recha­za la inde­pen­den­cia por­que bajo la bur­gue­sía cata­la­na el pue­blo esta­ría opri­mi­do, hay muchos recor­tes socia­les etc., ¡para defen­der la opre­sión con­jun­ta de la bur­gue­sía cata­la­na y espa­ño­la bajo el mar­co de un Esta­do nacio­nal filofranquista!

Se nos dice: apo­yan­do el dere­cho a la sepa­ra­ción, apo­yáis el nacio­na­lis­mo bur­gués de las nacio­nes opri­mi­das […] noso­tros con­tes­ta­mos: no, pre­ci­sa­men­te a la bur­gue­sía es a quien le impor­ta aquí una solu­ción «prác­ti­ca» […] por cuan­to la bur­gue­sía de una nación opri­mi­da lucha con­tra la opre­so­ra, por tan­to noso­tros esta­mos siem­pre, en todos los casos y con más deci­sión que nadie, a favor, ya que somos los enemi­gos más intré­pi­dos y con­se­cuen­tes de la opre­sión (íbid).

Se defien­de la inde­pen­den­cia polí­ti­ca y Esta­tal si tal es la volun­tad del pue­blo, se defien­de el dere­cho civil más bási­co de todos (la sobe­ra­nía) al mis­mo tiem­po que se resal­ta la nece­si­dad de aca­bar con ambas bur­gue­sías, con la nece­si­dad impe­rio­sa de nacio­na­li­zar la ban­ca y orga­ni­zar el con­trol social de la pro­duc­ción huma­na, en vez del con­trol de la pro­duc­ción sobre la socie­dad mis­ma por par­te del capi­tal. Una vez más: «luchan, pues, por alcan­zar los intere­ses inme­dia­tos de la cla­se obre­ra, pero en el movi­mien­to actual repre­sen­tan al mis­mo tiem­po el futu­ro del movi­mien­to» (Marx y Engels, Mani­fies­to Comu­nis­ta). Cabría des­ta­car que en Cata­lu­ña, es al final el pue­blo el que es doble­men­te opri­mi­do, más allá de las pug­nas eco­nó­mi­cas entre las dos naciones.

Recha­zar un posi­cio­na­mien­to equi­va­le a recha­zar­los a ambos. Este dog­ma­tis­mo es repe­ti­do tan­to por medios de la dere­cha (la mal­va­da bur­gue­sía cata­la­na que roba al pue­blo) como por la izquier­da peque­ño­bur­gue­sa «radi­cal» o no, que se vis­te con las ínfu­las del «inter­na­cio­na­lis­mo».

Lo típi­co de la pri­me­ra épo­ca [del capi­ta­lis­mo] es el des­per­tar de los movi­mien­tos nacio­na­les y la incor­po­ra­ción a ellos del cam­pe­si­na­do […] Lo típi­co de la segun­da épo­ca es la ausen­cia de movi­mien­tos demo­crá­ti­co-bur­gue­ses de masas […] pone en el pri­mer plano el anta­go­nis­mo entre el capi­tal fun­di­do a esca­la inter­na­cio­nal y el movi­mien­to obre­ro inter­na­cio­nal. Cla­ro que ni la uno ni la otra épo­ca están sepa­ra­das entre sí por una mura­lla, sino liga­da por nume­ro­sos esla­bo­nes de tran­si­ción […] No pue­de ni hablar­se de que los mar­xis­tas de un país deter­mi­na­do pro­ce­dan a ela­bo­rar el pro­gra­ma nacio­nal sin tener en cuen­ta todas las con­di­cio­nes gene­ra­les y Esta­ta­les con­cre­tas (Lenin, op. cit.).

Así pues, es nues­tro deber plan­tear­nos las par­ti­cu­la­ri­da­des his­tó­ri­cas de Espa­ña bajo el ala del impe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano. Bas­te decir que des­de el desa­rro­llis­mo de los años 60, e inclu­so mucho antes, la bur­gue­sía espa­ño­la cre­ció bajo el ampa­ro de las finan­zas del Esta­do y del cré­di­to y el turis­mo extran­je­ro, al tiem­po que los peque­ños islo­tes de indus­tria (Cata­lu­ña, País Vas­co…) cre­cían hiper­tro­fia­dos y a la pos­tre, tam­bién depen­dien­tes. No hay un genuino pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio demo­crá­ti­co-bur­gués en toda su exten­sión. Ade­más, bajo el fran­quis­mo las mino­rías nacio­na­les se repri­mie­ron como par­te de la polí­ti­ca del terror gene­ra­li­za­do. E inclu­so se dan sor­pren­den­tes seme­jan­zas com­pa­ra­ti­vas, como el hecho de que «el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo y el nivel gene­ral de cul­tu­ra son con fre­cuen­cia más altos en la peri­fe­ria “aló­ge­na” que en el cen­tro del Esta­do» (íbid).

O sea, que el pro­ce­so de inde­pen­den­cia abri­ría las puer­tas a una mejor situa­ción para la lucha de cla­ses, para enfren­tar a esa «tra­ma», o «cas­ta», o «eli­tes diri­gen­tes» o cual­quier otro eufe­mis­mo pudo­ro­so que emplee la izquier­da social­de­mó­cra­ta. Pues­to que abri­ría una bre­cha en el ya de por sí debi­li­ta­do Esta­do espa­ñol, pon­dría en sol­fa y cues­tio­na­mien­to el régi­men exis­ten­te, abri­ría luchas encar­ni­za­das inclu­so entre las bur­gue­sías, etc. Se da la iro­nía de que la inde­pen­den­cia de Cata­lu­ña podría ser más impor­tan­te para las masas españolas.

Tal tác­ti­ca es la que se debe seguir, y no sim­ple­men­te negar la mayor sin enten­der la com­ple­ji­dad de los movi­mien­tos socia­les. Lenin, siguien­do el prin­ci­pio estra­té­gi­co de Marx y Engels, afir­ma­ba que:

La cla­se obre­ra sólo apo­ya a la bur­gue­sía en aras de la paz nacio­nal […] en bene­fi­cio de la igual­dad de dere­chos, en bene­fi­cio de la situa­ción más favo­ra­ble para la lucha de cla­ses. Por eso, pre­ci­sa­men­te […] los pro­le­ta­rios pro­pug­nan una polí­ti­ca de prin­ci­pios en el pro­ble­ma nacio­nal, pres­tan­do a la bur­gue­sía siem­pre un apo­yo sólo con­di­cio­nal (Lenin, op. cit.).

En el caso actual que nos ocu­pa, la bur­gue­sía nacio­nal cata­la­na no es inde­pen­den­tis­ta, sólo es nacio­na­lis­ta, es decir, sólo desea mayo­res garan­tías en el cha­la­neo esta­tal. Por su par­te, la oli­gar­quía espa­ño­la, atra­sa­da e inci­vi­li­za­da, care­ce de la habi­li­dad de los impe­ria­lis­tas ingle­ses, que son capa­ces de entrar­le bien al jue­go demo­crá­ti­co, per­mi­tien­do hacer un refe­rén­dum debi­do a su supe­rio­ri­dad coyun­tu­ral al poseer los medios de comu­ni­ca­ción mayo­ri­ta­rios y el poder eco­nó­mi­co, etc. La bur­gue­sía espa­ño­la sólo com­pren­de la tác­ti­ca del palo.

Suman­do dos y dos vere­mos que el Esta­do espa­ñol jamás per­mi­ti­rá un pro­ce­so de inde­pen­den­cia y la bur­gue­sía cata­la­na jamás adop­ta­rá una posi­ción revo­lu­cio­na­ria. Así, la inde­pen­den­cia cata­la­na sólo podrá ser enca­be­za­da por las masas popu­la­res que, orga­ni­za­das, serán las úni­cas capa­ces de enfren­tar­se al gol­pis­mo español.

Tal esta­do de cosas es, por el momen­to, impo­si­ble. No exis­te nin­gún par­ti­do mar­xis­ta en Cata­lu­ña que ten­ga fuer­za ni desa­rro­llo sufi­cien­te ni que sea capaz de subor­di­nar sus rei­vin­di­ca­cio­nes nacio­na­les «a los intere­ses de la lucha de cla­ses» (ídem) e «ir más allá del prac­ti­cis­mo del “sí” o el “no”» (ídem). «Al pro­le­ta­ria­do le impor­ta, en ambos casos, garan­ti­zar el desa­rro­llo de su cla­se […] Por eso el pro­le­ta­ria­do se limi­ta a la rei­vin­di­ca­ción nega­ti­va, por decir­lo así, de reco­no­cer el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción, sin garan­ti­zar nada a nin­gu­na nación ni com­pro­me­ter­se a dar­le nada a expen­sas de otra nación» (ídem).

Aquí tene­mos el ver­da­de­ro posi­cio­na­mien­to socia­lis­ta. Fren­te al mer­ca­deo de nacio­nes que impo­ne el capi­ta­lis­mo, fren­te al impe­ria­lis­mo, los enemi­gos del nacio­na­lis­mo, los tra­ba­ja­do­res, impo­nen una igual­dad entre las nacio­nes sin pri­vi­le­gios ni debe­res entre ellas. Es así como se defi­ne el inter­na­cio­na­lis­mo: no como la nega­ción de los pue­blos a la auto­de­ter­mi­na­ción, sino como la inde­pen­den­cia de los pue­blos para refor­zar la lucha de cla­ses a esca­la mun­dial, para ahon­dar en la coli­ga­ción libre de las masas con­tra una mino­ría de explo­ta­do­res. «Para que algo esté libre­men­te uni­do, debe estar libre­men­te separado»(Teodoro Santana).

O, reite­ran­do una vez más en nues­tra tác­ti­ca, «el pro­le­ta­ria­do se opo­ne a seme­jan­te prac­ti­cis­mo: al reco­no­cer la igual­dad de dere­chos y el dere­cho igual a for­mar un Esta­do nacio­nal, apre­cia y colo­ca por enci­ma de todo la unión de los pro­le­ta­rios de todas las nacio­nes, eva­luan­do toda rei­vin­di­ca­ción nacio­nal y toda sepa­ra­ción nacio­nal con la mira pues­ta en la lucha de cla­se de los obre­ros» (Lenin, op. cit.).

Vemos pues la res­pues­ta ante el argu­men­to de «abo­lir las fron­te­ras en vez de crear­las». ¡Para abo­lir las fron­te­ras, pri­me­ro debe haber nacio­nes libres de la inje­ren­cia extran­je­ra! Abo­lir los paí­ses a tra­vés de la uni­dad de unos sobre otros. ¿En qué se dife­ren­cia eso de la «uni­dad» del impe­ria­lis­mo, que tam­bién abo­ga­ba por abo­lir las vie­jas fron­te­ras y crear una sola gran nación? Para «abo­lir las fron­te­ras», se defien­den las fron­te­ras españolas.

Por no hablar de aque­llos que defien­den la uni­dad de Espa­ña por­que esta­mos en Euro­pa, «lo que hay que hacer es pro­fun­di­zar en la Unión Euro­pea». Sí, se debe defen­der la unión de Euro­pa. Pero la unión de los tra­ba­ja­do­res, no de la ban­ca noreu­ro­pea sobre los Esta­dos del sur. Al final, se defien­de la Unión Euro­pea, es decir, los intere­ses de los ban­cos ale­ma­nes, es decir, el nacio­na­lis­mo ale­mán y la depen­den­cia española.

Al tiem­po, es el par­ti­do revo­lu­cio­na­rio el que defien­de los intere­ses en con­jun­to de todas las masas, sin dis­tin­ción nacio­nal: «uni­dad de los pro­le­ta­rios de todas las nacio­nes del lugar dado, con pro­pa­gan­da y agi­ta­ción en todos los idio­mas del pro­le­ta­ria­do local, con lucha con­jun­ta de los obre­ros de todas las nacio­nes con­tra cua­les­quie­ra pri­vi­le­gios nacio­na­les, con auto­no­mía de las orga­ni­za­cio­nes loca­les y regio­na­les del Par­ti­do» (Lenin, Tesis sobre la cues­tión nacio­nal). Ese es el ver­da­de­ro posi­cio­na­mien­to polí­ti­co mar­xis­ta, don­de es el par­ti­do el que actúa como van­guar­dia con­jun­ta de los obre­ros de todos los paí­ses, en vez de negar el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción en nom­bre del «inter­na­cio­na­lis­mo» afin­cán­do­se así en el sec­ta­ris­mo nacio­nal domi­nan­te. Des­co­no­cer esta doble tác­ti­ca lle­va a repe­tir una vez más los argu­men­tos de la derecha.

Evi­den­te­men­te, no es cues­tión de garan­ti­zar de for­ma gené­ri­ca todas las vías de desa­rro­llo nacio­nal, pues depen­de de las cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas, el balan­ce geo­po­lí­ti­co, la lucha de cla­ses inter­na­cio­nal, etc. «Vamos a por nues­tro obje­ti­vo de cla­se por todas las vías posi­bles […] Así, por ejem­plo, depen­de de mil fac­to­res, des­co­no­ci­dos de ante­mano, si a Ucra­nia le cabrá en suer­te for­mar un Esta­do inde­pen­dien­te. Y como no que­re­mos “hacer con­je­tu­ras” vanas, esta­mos fir­me­men­te a favor de lo que es indu­da­ble: el dere­cho de Ucra­nia a seme­jan­te Estado»(Lenin, op. cit.).

Esta pos­tu­ra, que es la correc­ta pos­tu­ra inter­na­cio­na­lis­ta, que­dó muy bien refle­ja­da en el Con­gre­so de Lon­dres de 1896: «por una par­te, se reco­no­ce, sin el menor rodeo ni dejar lugar a ter­gi­ver­sa­ción algu­na, el pleno dere­cho de todas las nacio­nes a la auto­de­ter­mi­na­ción; por otra par­te, se exhor­ta de for­ma no menos explí­ci­ta a los obre­ros a la uni­dad inter­na­cio­nal de su lucha de cla­se» (íbid).

Y por si que­da­ba algu­na duda, no más bas­te recor­dar el pun­to núme­ro 2 de la decla­ra­ción de dere­chos de los pue­blos de Rusia en el octu­bre revo­lu­cio­na­rio: «Dere­cho de los pue­blos de Rusia a la libre auto­de­ter­mi­na­ción, has­ta su sepa­ra­ción y cons­ti­tu­ción de Esta­dos inde­pen­dien­tes» (Reed, Diez días que estre­me­cie­ron al mun­do).

Teo­do­ro Nelson

10 de sep­tiem­bre de 2017

Fuen­te: http://​www​.teo​do​ro​nel​son​.com/

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