1.286 veces España

La actual Cons­ti­tu­ción espa­ño­la se com­po­ne de un bre­ve preám­bu­lo, en el que no se hace nin­gu­na alu­sión al régi­men ante­rior. Y se expre­sa el deseo de la Nación de esta­ble­cer un sis­te­ma de con­vi­ven­cia demo­crá­ti­ca y liber­ta­des. Esta ley tie­ne 169 artícu­los y ocu­pa die­ci­séis pági­nas del BOE. Ade­más inclu­ye cua­tro dis­po­si­cio­nes fina­les tran­si­to­rias, una dero­ga­to­ria y otra final. El trá­mi­te cons­ti­tu­cio­nal fue com­ple­jo y con dife­ren­cias nota­bles. Pero en nin­gún momen­to estu­vo en peli­gro una posi­ble invo­lu­ción. Nin­guno de los socios y ami­gos, que fir­ma­ron los Pac­tos de la Mon­cloa (1977) insi­nuó siquie­ra que podía rom­per­se la baraja.

La Cons­ti­tu­ción está tra­ba­da con nume­ro­sas con­tra­dic­cio­nes. No podía ser de otra for­ma. Para empe­zar: no había enton­ces, y sigue sin haber, una idea cla­ra, con­tun­den­te o al menos con­sen­sua­da sobre lo que es Espa­ña. Ni siquie­ra que sea. Para unos es una nación. Para otros es una patria. Para muchos es sólo un Esta­do. Para la pro­pia Cons­ti­tu­cion no se sabe muy bien qué es. Aun­que la Car­ta de 1978 se preo­cu­pa­ba de ana­li­zar­la, no entra­ba en su defi­ni­ción. Según la Cons­ti­tu­ción, Espa­ña exis­te. Pero no «es». O es solo una exis­ten­cia. Se que­da en la mera com­pro­ba­ción de su dis­cu­ti­da exis­ten­cia. Pero no entra, ni arries­ga, en la defi­ni­ción de su esen­cia. Muchos dirán que no tenía que hacer­lo. Menos, con un asun­to tan com­pli­ca­do que hubie­ra dado lugar a pro­ble­mas. En prin­ci­pio, por­que nadie que­ría iden­ti­fi­car­se con la fran­quis­ta «una, gran­de y… san­gre». Y casi todos, esta­ban dis­pues­tos a ceder, para apro­ve­char­se de la nue­va situa­ción de repar­to que se abría con la muer­te de la dictadura.

En todo caso, el artícu­lo 1 del Títu­lo Pre­li­mi­nar dice que «Espa­ña se cons­ti­tu­ye en un Esta­do social y demo­crá­ti­co de Dere­cho…» Lo que, cla­ra­men­te no es una defi­ni­ción esen­cial, sino fun­cio­nal. La inse­gu­ri­dad par­la­men­ta­ria sobre el con­cep­to Espa­ña con­du­jo a un amplio deba­te, en la Comi­sión cons­ti­tu­cio­nal, lue­go exten­di­do al pleno del Con­gre­so. La his­te­ria por sal­var cons­ti­tu­cio­nal­men­te la into­ca­ble uni­dad de Espa­ña, impues­ta por las armas en varias oca­sio­nes des­de el siglo XVIII, se refle­jó en las actas de este deba­te. La pala­bra Espa­ña apa­re­ce regis­tra­da 1.286 veces. A su lado, las «con­flic­ti­vas» Eus­ka­di o Cata­lun­ya, apa­re­cen solo en 387 y 366 ano­ta­cio­nes, res­pec­ti­va­men­te. Esto des­ve­la que los miem­bros favo­ra­bles a la uni­dad espa­ño­la tuvie­ron que esfor­zar­se mas de lo pre­vis­to, para demos­trar a sus inter­lo­cu­to­res y cole­gas par­la­men­ta­rios, las vir­tu­des intrín­se­cas del con­cep­to Espa­ña. Es decir de ser espa­ñol, mas allá de la his­to­ria. Y de la impro­ba­ble defi­ni­ción de su esencia.

Otro­si. Las nacio­na­li­da­des reco­no­ci­das en el artícu­lo 2, cuyos nom­bres se ocul­ta­ron «casual­men­te», aun­que se supo­ne que son (al menos) la vas­ca y la cata­la­na. Y tal vez la galle­ga. Es decir, pre­ci­sa­men­te las que se que­ja­ron y pro­tes­ta­ron (con la boca peque­ña) al ver­se igua­la­das por aba­jo con el res­to de las auto­no­mias, mino­ri­za­das res­pec­to a la nacio­na­li­dad espa­ño­la. Que apa­re­ce como la úni­ca pro­pie­ta­ria del dere­cho a deci­dir, sobre si mis­ma. Y sobre las demás. El hecho de haber teni­do un Esta­tu­to his­tó­ri­co (lue­go anu­la­do por el fran­quis­mo) ape­nas les sir­vió de nada a los com­pla­cien­tes auto­no­mis­tas vas­cos y catalanes.

Café para todos

La Cons­ti­tu­ción, en efec­to y como saben has­ta en las facul­ta­des de His­to­ria, hace de Espa­ña un Esta­do de 17 auto­no­mías. Un café para todos. Una sali­da que no satis­fi­zo a quie­nes, como Euz­ka­di o Cata­lun­ya, ya lo habían sido mucho antes. Y man­te­ni­do en un inope­ran­te e ino­cuo exi­lio. Qui­zá enton­ces se hubie­ran con­for­ma­do con ser las úni­cas auto­no­mías reco­no­ci­das. Y qui­zá, los par­la­men­ta­rios cóm­pli­ces de la ren­di­ción del 78, no supie­ran cómo vol­ver a casa des­pués de la cha­pu­za cons­ti­tu­cio­nal. Todo fue inú­til. Una vez ren­di­da la izquier­da a la eco­no­mía social de mer­ca­do (capi­ta­lis­mo del 78) y sedu­ci­dos los repu­bli­ca­nos por los encan­tos polí­ti­cos de la Coro­na, ya solo que­da­ba resol­ver el asun­to de la des­cen­tra­li­za­ción. Y el reco­no­ci­mien­to, o nega­ción (según se mire) de los dere­chos de las nacio­na­li­da­des his­tó­ri­cas. Que se con­vir­tió en el peor escollo.

Los nacio­na­lis­tas vas­cos y cata­la­nes sos­te­nían que sus nacio­nes tenían el mis­mo dere­cho que Cas­ti­lla-Espa­ña a tener un Esta­do pro­pio y ser nacio­nes inde­pen­dien­tes. Los otros gru­pos, en cam­bio, defen­dían que solo había un colec­ti­vo con ese dere­cho, y que los demás podían ser nacio­na­li­da­des o regio­nes. Reco­no­ci­das pero inte­gra­das en Espa­ña. No solo como Esta­do, sino como Nación úni­ca. La Comi­sión y los ponen­tes cons­ti­tu­cio­na­les se incli­na­ron por esta opción, recha­zan­do inclu­so la peti­ción fora­lis­ta del PNV, que admi­tía regre­sar a la lega­li­dad ante­rior a 1839 y for­mar par­te de Espa­ña, con un sis­te­ma foral y un nue­vo pac­to con la Coro­na. Era una renun­cia his­tó­ri­ca a la inde­pen­den­cia, que hubie­ra enfu­re­ci­do al olvi­da­do fun­da­dor del nacio­na­lis­mo. Y con una fuer­za legal o cons­ti­tu­cio­nal hoy inexis­ten­te. Pero que, a pesar de esto, se recha­zó con el «café para todos» de Suá­rez y su minis­tro Clavero.

Con este recha­zo, la Cons­ti­tu­ción igua­ló a todas las auto­no­mías, menos a la vas­con­ga­da, que se reen­gan­chó a la dis­po­si­ción dero­ga­to­ria, que deja­ba sin vali­dez la dero­ga­ción de los Fue­ros (el cono­ci­do como decre­to de Espar­te­ro de 1839). Pero que no recu­pe­ra­ba su sobe­ra­nia foral ple­na, sino que la hacía pasar por la hor­ca clau­di­na del Esta­tu­to. Aun­que de este modo esta­tu­ta­rio, los prin­ci­pa­les par­ti­dos nacio­na­lis­tas (vas­cos, cata­la­nes, galle­gos) podían man­te­ner la rei­vin­di­ca­ción nacio­nal en sus programas.

Todo se cen­tra­ba final­men­te, en la cíni­ca con­tra­dic­ción del artícu­lo II. El de la «indi­so­lu­ble uni­dad», que Rajoy y sus minis­tros solo citan en su par­te favo­ra­ble. Se olvi­dan (es un decir) que este artícu­lo no solo reco­no­ce la Espa­ña indi­so­lu­ble. Tam­bién lo hace con unas mis­te­rio­sas «nacio­na­li­da­des y regio­nes», que cual­quie­ra sabe…En todo caso, la redac­ción de este artícu­lo y sus deba­tes hicie­ron reco­no­cer a Solé Tura (miem­bro de la comi­sión) que era una ver­da­de­ra sín­te­sis de todas las con­tra­dic­cio­nes del perio­do constitucional.

¿Somos o no somos?

Aun­que Saenz de San­ta­ma­ría se olvi­de decir­lo, la Cons­ti­tu­ción admi­te la exis­ten­cia de varias nacio­na­li­da­des, den­tro del Esta­do. O como dicen los nacio­na­lis­tas espa­ño­les, den­tro de la «Nación espa­ño­la». Lo cual, bien mira­do, debe­ría supo­ner­les un pro­ble­ma a los aman­tes de la Pepa del 78. Por­que pare­ce impo­si­ble, den­tro de la lógi­ca terres­tre occi­den­tal, que una nacio­na­li­dad esté den­tro de otra, sal­vo por medios incon­fe­sa­bles. Es decir, algo como las inva­sio­nes arma­das de Cata­lun­ya, de Eus­ka­di y demás.

Y por­que debe­rían de expli­car qué sig­ni­fi­ca eso de que exis­te la nacio­na­li­dad cata­la­na, pero en tan cla­ra infe­rio­ri­dad res­pec­to a la espa­ño­la que no tie­ne sus mis­mos dere­chos. Esto es, que en cuan­to espa­ño­les (reco­no­ci­dos por la ley) tie­nen dere­cho a deci­dir sobre si mis­mos. O sea, sobre Espa­ña. Pero en cuan­to cata­la­nes (tam­bién reco­no­ci­dos, aun­que a oscu­ras, por la mis­ma Ley) no tie­nen dere­cho a deci­dir sobre Cata­lun­ya. O sea, que lo pri­me­ro que tenían que hacer en Madrid es acla­rar a qué nacio­na­li­da­des se refie­re la Pepa, del cachon­deo, las cenas y las con­tra­dic­cio­nes de Solé-Tura. Y, de una vez por todas, reco­no­cer que son las leyes de con­quis­ta y las armas del con­quis­ta­dor las que defi­nen el esta­tus. El si somos o no somos.

Los vas­cos tam­bién siguen espe­ran­do una expli­ca­ción sobre el sig­ni­fi­ca­do de la anu­la­ción del decre­to de abo­li­ción de Fue­ros. Y cómo se expli­ca que con esta dero­ga­ción no se haya recu­pe­ra­do la sobe­ra­nía foral (que no será mucho, pero algo mas que Esta­tu­to…) en los terri­to­rios vas­cos. Si bien es cier­to, que los aldea­nos ya cree­mos saber el por­qué. Sería por el mane­jo de los dine­ros y su nego­cia­ción por­dio­se­ra en el Cupo. Que gra­cias a la habi­li­dad finan­cie­ra del PNV nos ha hecho ricos. Depen­dien­tes, pero ricos. Es aque­llo que dijo alguien (¿Ara­na?) sobre Sota y los suyos… «No les impor­ta depen­der, lo que no quie­ren es pagar». O, si se quie­re… dame pan y llá­ma­me espa­ñol. A ver, si va a ser «mejor» (o sea, mas ren­ta­ble) seguir comos esta­mos. Y, por supues­to, afi­liar­nos al par­ti­do único.

En fin, todas estas cues­tio­nes que no se resol­vie­ron en 1978, ni des­pués. Y que tam­po­co pare­ce que se tie­nen mucho en cuen­ta aho­ra. Pero de las que segui­re­mos hablan­do, quien saber porqué.

Jose­ma­ri Loren­zo Espinosa

6 de sep­tiem­bre de 2017

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