«Algu­nas ideas sobre Piketty»

Tho­mas Piketty ha escri­to un libro lla­ma­do El Capi­tal en el Siglo XXI que ha cau­sa­do un cier­to revue­lo. Defien­de los impues­tos pro­gre­si­vos y un impues­to glo­bal sobre la rique­za como la úni­ca for­ma de con­tra­rres­tar las ten­den­cias hacia la crea­ción de una for­ma de capi­ta­lis­mo «patri­mo­nial» mar­ca­da por lo que cali­fi­ca como des­igual­da­des de rique­za y ren­ta «ate­rra­do­ras». A su vez, docu­men­ta de una for­ma minu­cio­sa y difí­cil de refu­tar, cómo la des­igual­dad social tan­to en rique­za como en ren­ta ha evo­lu­cio­na­do a lo lar­go de dos siglos, con un énfa­sis par­ti­cu­lar en el rol de la rique­za. Des­tru­ye la idea amplia­men­te exten­di­da de que el capi­ta­lis­mo de libre mer­ca­do extien­de la rique­za y que el mayor bas­tión en la defen­sa de liber­ta­des indi­vi­dua­les. El capi­ta­lis­mo de libre mer­ca­do, cuan­do se hayan ausen­tes las inter­ven­cio­nes redis­tri­bu­ti­vas del Esta­do pro­du­ce olgar­quías anti­de­mo­crá­ti­cas, tal y como demues­tra Piketty. Esta demos­tra­ción ha dado alas a la indig­na­ción libe­ral mien­tras que ha enfu­re­ci­do al Wall Street Jour­nal.

El libro se ha pre­sen­ta­do a veces como el sus­ti­tu­to del siglo XXI a la obra del XIX de mis­mo títu­lo de Karl Marx. Piketty ha nega­do que ésta sea su inten­ción, lo cual pare­ce jus­to dado que su libro no tra­ta en abso­lu­to del capi­tal. No nos expli­ca por qué se pro­du­jo el crash de 2008, ni por qué le está cos­tan­do tan­to tiem­po salir a la gen­te del mis­mo bajo la car­ga doble del des­em­pleo pro­lon­ga­do y los millo­nes de hoga­res desahu­cia­dos. No nos ayu­da a enten­der por qué el cre­ci­mien­to se halla aho­ra mis­mo ralen­ti­za­do en los Esta­dos Uni­dos en com­pa­ra­ción con Chi­na, ni por qué Euro­pa se halla atra­pa­da entre las polí­ti­cas de aus­te­ri­dad y el estan­ca­mien­to eco­nó­mi­co. Lo que piketty nos mues­tra median­te esta­dís­ti­cas (y cier­ta­men­te esta­mos en deu­da con él y sus cole­gas por ello) es que el capi­tal ha ten­di­do a crear, a lo lar­go de su his­to­ria, nive­les cada vez mayo­res de des­igual­dad. Esto, para mucho de noso­tros, no es nin­gu­na noti­cia. Era exac­ta­men­te la con­clu­sión teó­ri­ca de Marx en el volu­men pri­me­ro de su ver­sión de El Capi­tal. Piketty no resal­ta esto, lo cual no es nin­gu­na sor­pre­sa, ya que para defen­der­se de varias acu­sa­cio­nes de la pren­sa de dere­chas de que se tra­ta de un crip­to­mar­xis­ta, ya ha seña­la­do en varias entre­vis­tas que no ha leí­do El Capi­tal de Marx.

Piketty reco­ge muchos datos para apo­yar sus argu­men­tos. Su expli­ca­ción de las dife­ren­cias entre ren­ta y rique­za es útil y con­vin­cen­te. Y desa­rro­lla una defen­sa razo­na­ble de los impues­tos sobre suce­sio­nes, la tri­bu­ta­ción pro­gre­si­va y un impues­to glo­bal a la rique­za como un posi­ble antí­do­to (aun­que con toda segu­ri­dad, invia­ble polí­ti­ca­men­te) a la cre­cien­te con­cen­tra­ción de rique­za y poder.

Pero ¿por qué se pro­du­ce esta ten­den­cia a una mayor des­igual­dad a medi­da que pasa el tiem­po? A par­tir de sus datos (con­di­men­ta­dos con algu­nas intere­san­tes alu­sio­nes lite­ra­rias a Jau­ne Aus­ten y Bal­zac) deri­va una ley mate­má­ti­ca para expli­car lo que pasa: la ince­san­te acu­mu­la­ción de rique­za por par­te del famo­so uno por cien­to (un tér­mino popu­la­ri­za­do gra­cias al movi­mien­to «Occupy», por supues­to) es debi­do al sim­ple hecho de que la tasa de retor­nos del capi­tal ® siem­pre supera a la tasa de cre­ci­mien­to de ren­ta (g). Piketty dice que ésta es y ha sido siem­pre la «con­tra­dic­ción cen­tral» del capital.

Pero una perio­di­ci­dad esta­dís­ti­ca de este tipo difí­cil­men­te pue­de cons­ti­tuir una expli­ca­ción ade­cua­da, y mucho menos una ley. Así que ¿qué fuer­zas pro­du­cen y man­tie­nen dicha con­tra­dic­ción? Piketty no nos lo dice. La ley es la ley y pun­to. Marx obvia­men­te habría atri­bui­do la exis­ten­cia de dicha ley al des­equi­li­brio de poder entre capi­tal y tra­ba­jo. Y esa expli­ca­ción toda­vía se sos­tie­ne. El decli­ve cons­tan­te en la par­ti­ci­pa­ción del tra­ba­jo en la ren­ta nacio­nal des­de los años 70 se deri­va del poder polí­ti­co y eco­nó­mi­co en deca­den­cia del tra­ba­jo mien­tras que el capi­tal movi­li­za­ba tec­no­lo­gía, des­em­pleo, des­lo­ca­li­za­cio­nes y polí­ti­cas anti-tra­ba­jo (como las de Mar­ga­ret That­cher y Ronald Reagan) para aplas­tar a su opo­si­ción. Como Alan Budd, un ase­sor de Mar­ga­ret That­cher, con­fe­só en un des­cui­do, las polí­ti­cas con­tra la infla­ción de los años 80 resul­ta­ron ser una «muy bue­na for­ma de aumen­tar el des­em­pleo, y aumen­tar el des­em­pleo fue una for­ma extre­ma­da­men­te atrac­ti­va de redu­cir la fuer­za de la cla­se tra­ba­ja­do­ra… lo que se dise­ño allí fue, en tér­mi­nos mar­xis­tas, una cri­sis del capi­ta­lis­mo que recrea­ba un ejér­ci­to de reser­va del tra­ba­jo y que ha per­mi­ti­do a los capi­ta­lis­tas gene­rar gran­des bene­fi­cios des­de enton­ces». La dife­ren­cia en remu­ne­ra­ción entre un tra­ba­ja­dor pro­me­dio y un alto direc­ti­vo esta­ba alre­de­dor de 30:1 en 1970. Hoy en día se halla fácil­men­te sobre los 300:1 y en el caso de McDonald’s, sobre los 1.200:1.

Pero en el volu­men segun­do de El Capi­tal (el cual Piketty no ha leí­do, a pesar de que ale­gre­men­te lo dese­che) Marx seña­ló que la ten­den­cia del capi­tal a la depre­sión sala­rial en algún momen­to lle­ga a res­trin­gir la capa­ci­dad del mer­ca­do de absor­ber el pro­duc­to del pro­pio capi­tal. Henry Ford reco­no­ció este dile­ma hace tiem­po, cuan­do ins­ti­tu­yó los 5 dóla­res por día para sus tra­ba­ja­do­res para, según decía, aumen­tar la deman­da de los con­su­mi­do­res. Muchos pen­sa­ron que la fal­ta de deman­da efec­ti­va era lo que se halla­ba tras la Gran Depre­sión de los años 30. Esto es lo que ins­pi­ró las polí­ti­cas expan­si­vas key­ne­sia­nas des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial y pro­du­jo como resul­ta­do cier­ta reduc­ción en las des­igual­da­des de ren­ta (aun­que no tan­to en las de rique­za) jun­to a un cre­ci­mien­to esti­mu­la­do por una inten­sa deman­da. Pero esta solu­ción des­can­sa­ba en el empo­de­ra­mien­to rela­ti­vo del tra­ba­jo y la cons­truc­ción de un «esta­do social» (según el tér­mino que usa Piketty) finan­cia­do por una tri­bu­ta­ción pro­gre­si­va. «Y así» escri­be «duran­te el perio­do 1932 – 1980, casi medio siglo, el mayor impues­to fede­ral sobre la ren­ta en los Esta­dos Uni­dos era como pro­me­dio del 81 por cien­to». Y esto no limi­ta­ba de nin­gu­na for­ma el cre­ci­mien­to (otra de las prue­bas que Piketty apor­ta para refu­tar ideas de la derecha).

Hacia el final de los años 60, esta­ba cla­ro para muchos capi­ta­lis­tas que nece­si­ta­ban hacer algo acer­ca del poder exce­si­vo del tra­ba­jo. Y así, la reti­ra­da de Key­nes del pan­teón de eco­no­mis­tas res­pe­ta­bles, la tran­si­ción al pen­sa­mien­to de Mil­ton Fried­man, la cru­za­da para esta­bi­li­zar cuan­do no redu­cir los impues­tos, para des­mon­tar el esta­do social y para cas­ti­gar a las fuer­zas del tra­ba­jo. Des­pués de 1980, los tipos impo­si­ti­vos máxi­mos des­cen­die­ron y las ganan­cias de capi­tal –una de las mayo­res fuen­tes de ren­ta de los ultra-ricos– tri­bu­ta­ban a un índi­ce mucho infe­rior en los Esta­dos Uni­dos, cana­li­zan­do de el flu­jo de rique­za de for­ma inten­sa hacia el uno por cien­to. Pero el impac­to en el cre­ci­mien­to, según mues­tra Piketty, fue negli­gi­ble. Así que el «goteo» [tric­kle down]1 de los bene­fi­cios des­de los ricos al res­to (otra de las creen­cias favo­ri­tas de la dere­cha) no fun­cio­na. Nada de esto fue el resul­ta­do de una ley mate­má­ti­ca. Todo era política.

Pero enton­ces, la rule­ta dio una vuel­ta ente­ra y la pre­gun­ta se con­vir­tió en: ¿dón­de está la deman­da? Piketty igno­ra de for­ma sis­te­má­ti­ca esta pre­gun­ta. En los años 90, la res­pues­ta fue esca­mo­tea­da gra­cias a una enor­me expan­sión del cré­di­to, inclu­yen­do la exten­sión de las finan­cas hipo­te­ca­rias a los mer­ca­dos sub-pri­me. Pero la bur­bu­ja resul­tan­te esta­ba con­de­na­da a esta­llar, tal y como hizo entre el 2007 – 2008, lle­ván­do­se con­si­go a Leh­man Brothers y al sis­te­ma de cré­di­to. Sin embar­go, los índi­ces de bene­fi­cios y la con­cen­tra­ción aún mayor de rique­za pri­va­da se recu­pe­ra­ron muy rápi­da­men­te des­pués de 2009, mien­tras el res­to del mun­do aún lo seguía pasan­do mal. Los índi­ces de bene­fi­cios empre­sa­ria­les están aho­ra tan altos como siem­pre en los Esta­dos Uni­dos. Las empre­sas están sen­ta­das sobre mon­to­nes de bille­tes, y se nie­gan a gas­tar­los por­que las con­di­cio­nes del mer­ca­do no son sólidas.

La for­mu­la­ción que hace Piketty de la ley mate­má­ti­ca escon­de más de lo que reve­la acer­ca de las polí­ti­cas de cla­se que están en jue­go. Tal y como Warren Buf­fet seña­ló: «por supues­to que hay una lucha de cla­ses, y es mi cla­se, la de los ricos, los que la están libran­do, y vamos ganan­do». Una de las for­mas cla­ve de medir esta vic­to­ria son las des­igual­da­des de rique­za y ren­ta cre­cien­tes del uno por cien­to res­pec­to al res­to del mundo.

Hay, con ello, un pro­ble­ma cen­tral al argu­men­to de Piketty. Y éste des­can­sa en la defi­ni­ción erró­nea que hace del capi­tal. El capi­tal es un pro­ce­so, no una cosa. Es un pro­ce­so de cir­cu­la­ción en el cual el dine­ro se uti­li­za para crear más dine­ro a menu­do, pero no exclu­si­va­men­te, a tra­vés de la explo­ta­ción de la fuer­za de tra­ba­jo. Piketty defi­ne el capi­tal como el stock de todos los valo­res que son pro­pie­dad pri­va­da de los indi­vi­duos, cor­po­ra­cio­nes y gobier­nos, y que pue­den ser­vir para el comer­cio en el mer­ca­do, sin impor­tar si estos valo­res están sien­do uti­li­za­dos o no. Esto inclu­ye los terre­nos, la pro­pie­dad inmo­bi­lia­ria y los dere­chos de pro­pie­dad inte­lec­tua­les, así como tam­bién mi colec­ción de obras de arte y joye­ría. El cómo deter­mi­nar el valor de todas estas cosas es un pro­ble­ma téc­ni­co difí­cil al que toda­vía no se ha dado una solu­ción satis­fac­to­ria. A fin de cal­cu­lar una tasa de retorno, r, tene­mos que dis­po­ner pri­me­ro de una for­ma de otor­gar valor al capi­tal ini­cial. Por des­gra­cia, no hay for­ma de valo­rar­lo inde­pen­dien­te­men­te del valor de los bie­nes y ser­vi­cios que se usa para pro­du­cir, o de por cuán­to se pue­de ven­der en el mer­ca­do. El con­jun­to de la escue­la neo­clá­si­ca de eco­no­mía (que es la base de las ideas de Piketty) está basa­do en una tau­to­lo­gía. La tasa de retorno del capi­tal depen­de de for­ma cru­cial en el índi­ce de cre­ci­mien­to por­que el capi­tal se valo­ra en base a lo que pro­du­ce y no según lo que se ha uti­li­za­do para su pro­duc­ción. Su valor está alta­men­te influen­cia­do por las con­di­cio­nes espe­cu­la­ti­vas y pue­de ver­se dis­tor­sio­na­do por la famo­sa «exu­be­ran­cia irra­cio­nal» que Greens­pan supo detec­tar como carac­te­rís­ti­ca de los mer­ca­dos de accio­nes y vivien­da. Si qui­ta­mos las casas y la pro­pie­dad inmo­bi­lia­ria –y eso sin hablar del valor de las colec­cio­nes de arte de los hed­ge fun­ders– de la defi­ni­ción de capi­tal (y la razón para incluir­las es bas­tan­te flo­ja) enton­ces la expli­ca­ción de Piketty para las des­igual­da­des cre­cien­tes en rique­za y ren­ta se des­mo­ro­na, inclu­so aun­que su des­crip­ción del esta­do de las des­igual­da­des en el pasa­do y el pre­sen­te toda­vía per­ma­nez­ca en pie.

El dine­ro, los terre­nos, la pro­pie­dad inmo­bi­lia­ria, las fábri­cas y las máqui­nas que no se uti­li­zan de for­ma pro­duc­ti­va no son capi­tal. Si la tasa de retorno del capi­tal que se uti­li­za es alta, es por­que una par­te del capi­tal se reti­ra de la cir­cu­la­ción y a efec­tos prác­ti­cos, está de huel­ga. Res­trin­gir el sumi­nis­tro de capi­tal a las inver­sio­nes nue­vas (un fenó­meno que pode­mos obser­var que ocu­rre aho­ra mis­mo) garan­ti­za una alta tasa de retorno en el capi­tal que sí que está en cir­cu­la­ción. La crea­ción de esta esca­sez arti­fi­cial no es algo que sólo hagan las com­pa­ñías petro­le­ras para garan­ti­zar sus altas tasas de retorno: es lo que hace todo capi­tal cuan­do tie­ne la opor­tu­ni­dad de hacer­lo. Esto es lo que se halla tras la ten­den­cia para que la tasa de retorno del capi­tal (no impor­ta cómo se defi­na o mida) siem­pre supere la tasa de cre­ci­mien­to de ren­ta. Es así como el capi­tal garan­ti­za su pro­pia repro­duc­ción, sin que le impor­ten las des­afor­tu­na­das con­se­cuen­cias que pue­da tener para el res­to de noso­tros. Y es así como vive la cla­se capitalista.

Hay muchas cosas valio­sas en los datos ofre­ci­dos por Piketty. Pero su expli­ca­ción de por qué las des­igual­da­des y las ten­den­cias oli­gár­qui­cas aumen­tan incu­rre en un error de bul­to. Sus pro­pues­tas para reme­diar dichas des­igual­da­des son ino­cen­tes, si no utó­pi­cas. Y cier­ta­men­te, no ha idea­do un mode­lo que expli­que el capi­tal del siglo XXI. Para ello, toda­vía nece­si­ta­mos a un Marx, o a su equi­va­len­te actual.

David Har­vey

21 de mayo de 2014

  1. Tric­kle down eco­no­mics es un tér­mino uti­li­za­do en los Esta­dos Uni­dos para refe­rir­se, en sen­ti­do peyo­ra­ti­vo, a las polí­ti­cas eco­nó­mi­cas que sos­tie­nen que, bene­fi­cian­do a los miem­bros más ricos de la socie­dad, en par­ti­cu­lar median­te la eli­mi­na­ción de impues­tos, su rique­za «gotea­rá» o «cala­rá» hacia las capas más bajas de la socie­dad (por ejem­plo, por­que supues­ta­men­te un empre­sa­rio con un alto nivel de ingre­sos se sen­ti­rá más cómo­do lle­van­do a cabo ini­cia­ti­vas eco­nó­mi­cas, con­tra­tan­do, etc.). A menu­do sue­len aso­ciar­se con las ideas que se englo­ban en el tér­mino amplio de «Reaga­no­mics» o polí­ti­cas eco­nó­mi­cas ini­cia­das en la épo­ca Reagan. (N. del T.)

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