Elec­cio­nes, tra­di­ción socia­lis­ta y una pre­gun­ta-pro­ble­ma

Dado que el país está entran­do en la cam­pa­ña elec­to­ral, me pare­ce con­ve­nien­te recor­dar el cri­te­rio que tra­di­cio­nal­men­te guia­ba a los par­ti­dos socia­lis­tas, o al menos, a sus alas mar­xis­tas revo­lu­cio­na­rios, en elec­cio­nes legis­la­ti­vas. La cues­tión me pare­ce nece­sa­ria en tan­to en algu­nos gru­pos mar­xis­tas pare­ce pri­mar el afán de con­se­guir votos y ban­cas por sobre cual­quier otra con­si­de­ra­ción. En cier­tos casos inclu­so se pone el acen­to en el «caris­ma» y la cara boni­ta de los can­di­da­tos, y se pro­cu­ra que estos luz­can como «esta­dis­tas» ante la opi­nión públi­ca, con pro­pues­tas «via­bles y razo­na­bles». La con­tra­par­ti­da es que no se seña­la con la sufi­cien­te fir­me­za, en los medios públi­cos ‑por­que la pren­sa par­ti­da­ria es otra cosa‑, las limi­ta­cio­nes insal­va­bles del par­la­men­ta­ris­mo. Con­cre­ta­men­te, no se dice con cla­ri­dad que los pro­ble­mas fun­da­men­ta­les de las masas tra­ba­ja­do­res no se solu­cio­nan votan­do leyes (un caso con­cre­to de cre­ti­nis­mo par­la­men­ta­rio, aquí).

En opo­si­ción a estos cri­te­rios, en lo que sigue pre­sen­to dos pasa­jes que sin­te­ti­zan la tra­di­ción socia­lis­ta de par­ti­ci­pa­ción en elec­cio­nes par­la­men­ta­rias. En ambos el eje es la tarea de agi­ta­ción y pro­pa­gan­da de las ideas del socia­lis­mo, y se refie­ren exclu­si­va­men­te a las elec­cio­nes legis­la­ti­vas.

El pri­me­ro es de Wilheim Liebk­necth, líder de la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na:

Las revo­lu­cio­nes no se hacen con­si­guien­do el per­mi­so de los altos pode­res que tie­nen la auto­ri­dad; el ideal socia­lis­ta no pue­de ser alcan­za­do en el mar­co del Esta­do actual; debe derro­car el Esta­do para ase­gu­rar la posi­bi­li­dad de vida. Nin­gu­na paz con el Esta­do actual. Fue­ra la ado­ra­ción del sufra­gio uni­ver­sal y direc­to. Tome­mos par­te con toda nues­tra ener­gía, como lo hemos hecho has­ta aho­ra, en las elec­cio­nes. Pero use­mos las elec­cio­nes solo como un medio de agi­ta­ción, y no deje­mos de seña­lar que la urna nun­ca pue­de ser la cuna del Esta­do demo­crá­ti­co. El sufra­gio uni­ver­sal no alcan­za­rá su influen­cia final y deci­si­va sobre el Esta­do y la socie­dad has­ta des­pués de que haya sido defi­ni­ti­va­men­te eli­mi­na­do el Esta­do poli­cial y mili­tar (The Spee­ches of Wilhelm Liebk­necht, vol. 7, Voi­ces of Revolt, New York, Inter­na­tio­nal Publishers, 1928, http://​ger​manhis​tory​docs​.ghi​-dc​.org/​d​o​c​p​a​g​e​.​c​f​m​?​d​o​c​p​a​g​e​_​i​d​=​2​820).

El segun­do pasa­je es de Lenin, muy influen­cia­do por Liebk­necht y la social­de­mo­cra­cia ale­ma­na; obsér­ve­se el carác­ter gene­ral del cri­te­rio:

Si para los poli­ti­cas­tros bur­gue­ses de todos los paí­ses, des­de los kade­tes rusos has­ta los «libre­pen­sa­do­res» ale­ma­nes o los «radi­ca­les» demo­crá­ti­co­bur­gue­ses de Fran­cia, lo más impor­tan­te es el éxi­to inme­dia­to, lo más impor­tan­te es ganar una ban­ca de dipu­tado, para un par­ti­do socia­lis­ta lo más impor­tan­te es la pro­pa­gan­da y la agi­ta­ción entre las masas, lo más impor­tan­te es la defen­sa de las ideas del socia­lis­mo y de una con­se­cuen­te y abne­ga­da lucha por una demo­cra­cia com­ple­ta (Las elec­cio­nes en Peters­bur­go, sep­tiem­bre de 1909, Obras com­ple­tas, Car­ta­go, t. 16, p. 20).

Dejo plan­tea­do, por últi­mo, una pre­gun­ta-pro­ble­ma: ¿deben los mar­xis­tas pre­sen­tar­se a car­gos eje­cu­ti­vos? Si lo hacen, ¿no está asu­mien­do con ello que un gobierno «socia­lis­ta», sin aca­bar con el Esta­do, pue­de trans­for­mar la socie­dad en un sen­ti­do socia­lis­ta? ¿O se pre­ten­de cam­biar la natu­ra­le­za de cla­se del Esta­do median­te refor­mas elec­to­ra­les? Ade­más, ¿no sería un men­sa­je de rup­tu­ra ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca con la bur­gue­sía y la peque­ña bur­gue­sía pre­sen­tar­se solo a las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias, expli­can­do abier­ta­men­te por qué los mar­xis­tas no toma­mos res­pon­sa­bi­li­dad algu­na de con­duc­ción en el Esta­do bur­gués?

Rolan­do Asta­ri­ta

10 de mayo de 2017

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