Cró­ni­ca des­de aden­tro de la vio­len­cia calle­je­ra (Vene­zue­la)

Los medios dicen muchas cosas sobre Vene­zue­la en estos días. ¿Qué suce­de real­men­te? ¿Cuá­les son los obje­ti­vos de la derecha?

No son más de cua­tro­cien­tos. Se divi­den en tres: la van­guar­dia, que es la par­te que bus­ca la con­fron­ta­ción con la poli­cía; una masa fluc­tuan­te que corre hacia los cor­do­nes de segu­ri­dad cuan­do pare­cen ganar la pul­sea­da y vuel­ve a las corri­das unos pocos segun­dos des­pués ante los gases; y la reta­guar­dia, que obser­va, come ras­pa­do, con­ver­sa, comen­ta el show en desa­rro­llo. Para ellos no lo es: se tra­ta de una bata­lla con­tra la dic­ta­du­ra que los repri­me. Están con­ven­ci­dos, viven su épica.

La dis­tri­bu­ción geo­grá­fi­ca es la siguien­te: la reta­guar­dia se sitúa en los alre­de­do­res de la pla­za, sobre la ave­ni­da prin­ci­pal; la masa fluc­tuan­te se encuen­tra a par­tir de media cua­dra más ade­lan­te has­ta la zona don­de no lle­gan los humos de los gases; la van­guar­dia bus­ca acer­car­se al cor­dón de poli­cía que impi­de el paso hacia la auto­pis­ta, tiran bom­bas molo­tov, pie­dras, has­ta que no aguan­tan y replie­gan. Ese sec­tor colo­ca las gua­yas, el acei­te en el piso, arma las bom­bas detrás de una pared. Entre ellos ‑la masa y la van­guar­dia, todos enca­pu­cha­dos- se abra­zan como héroes.

La esce­na se repi­te incan­sa­ble­men­te duran­te horas. Exis­ten momen­to de eufo­ria colec­ti­va, gene­ra­da por la adre­na­li­na, la sen­sa­ción de la epo­pe­ya. Enton­ces arran­can por­to­nes, los cru­zan sin sen­ti­do en las calles, rom­pen car­te­les lumi­no­sos, jun­tan pie­dras y pie­dras, las gol­pean sobre el zinc, se dan áni­mo, corren de a muchos hacia la poli­cía. A los pocos segun­dos regre­san más rápi­do de lo que fue­ron, con las mis­mas pie­dras y molo­tov en las manos. Corren más de lo que confrontan.

Hay otros per­so­na­jes: los moto­ri­za­dos soli­da­rios que sacan a alguien dema­sia­do expues­to a los gases, los veci­nos que recar­gan las bote­llas de agua, los curio­sos que se detie­nen a obser­var, los ven­de­do­res de agua y limo­nes, los moto­ta­xis­tas a la espe­ra de pasajeros.

No exis­te lide­raz­go visi­ble. Algu­nos logran gene­rar una suer­te de con­duc­ción que rápi­da­men­te se des­va­ne­ce, sir­ve para orien­ta­cio­nes en momen­tos de caos, como cuan­do quie­ren lin­char a alguien por pedir que le bajen dos. Vis­to des­de afue­ra resul­ta difí­cil saber quién diri­ge. ¿Alguien diri­ge real­men­te? ¿O la estruc­tu­ra de célu­las que está al fren­te fun­cio­na de mane­ra autó­no­ma con la úni­ca orden de con­fron­tar y des­tro­zar has­ta el can­san­cio? Por­que la bata­lla es por can­san­cio. La poli­cía aguan­ta en su esqui­na duran­te horas. Has­ta que deci­de avan­zar una o dos cua­dras has­ta con­cen­trar a los cen­te­na­res. Para eso aumen­ta la can­ti­dad de gases y la dis­tan­cia a la cual los lan­za. ¿Qué debe­ría hacer? El esque­ma de la dere­cha con­sis­te en ir a bus­car el cho­que para lue­go mos­trar­se como víc­ti­mas que resisten.

***

Vol­vie­ron las gua­rim­bas. ¿Cuál es su obje­ti­vo? Es nece­sa­rio deter­mi­nar­lo para saber si logran fra­ca­sos o vic­to­rias. Resul­ta poco pro­ba­ble pen­sar que la corre­la­ción de fuer­zas plan­tea­da en Alta­mi­ra o los dife­ren­tes focos de vio­len­cia pue­da per­mi­tir­les rebal­sar a la poli­cía. No tie­nen esa fuer­za. Eso podría hacer­lo una pue­bla­da. Su pro­ble­ma es que son pocos: el momen­to de auge rela­ti­vo de la auto­pis­ta dura has­ta las pri­me­ras pie­dras, lue­go son a veces cua­tro­cien­tos, a veces cin­cuen­ta, a veces menos.

El plan no pare­ce ser enton­ces lle­gar al oes­te de la ciu­dad. Aun­que lo enun­cien, aren­guen a la gen­te a ir en bús­que­da de las ins­ti­tu­cio­nes ‑para que­mar­las, como lo hicie­ron el sába­do. Nece­si­tan gene­rar el hecho mediá­ti­co y para eso, se sabe, no es nece­sa­ria la masi­vi­dad. Bas­ta ver los videos que cir­cu­lan: están hechos de pri­me­ros pla­nos, ros­tros, accio­nes indi­vi­dua­les o de peque­ños gru­pos. Logran con­ven­cer a muchos de aquí hay una repre­sión feroz, y son una mul­ti­tud en las calles. No hace fal­ta ser miles para ins­ta­lar una idea. Bas­ta tener varios focos de vio­len­cia, trans­mi­tir­los en simul­tá­neo, crear rumo­res y bus­car las mejo­res imá­ge­nes ‑una mujer joven con la ban­de­ra de Vene­zue­la que jun­ta un gas, por ejemplo.

Matriz comu­ni­ca­cio­nal, caos e incer­ti­dum­bre. Como la que se vivió en la noche del lunes: lle­ga­ron repor­tes de varios pun­tos del este de Cara­cas, Bar­qui­si­me­to, Valen­cia, imá­ge­nes de que­ma de un camión de la Misión Neva­do, un edi­fi­cio de Cval, un local del Psuv, audios con rela­tos de pos­tes de luz tum­ba­dos en la auto­pis­ta, cor­tes de calles en el este con per­so­nas arma­das, incen­dios de basu­ra, focos de vio­len­cia, mie­do, des­con­cier­to. Si ese es el obje­ti­vo enton­ces lo cum­plen. Se sumer­ge a las sub­je­ti­vi­da­des, las redes, los telé­fo­nos, las conversaciones.

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¿Cuál es la dife­ren­cia con el 2014? El méto­do has­ta aho­ra es simi­lar: pun­tos espe­cí­fi­cos de des­tro­zos y con­fron­ta­ción en el este de la ciu­dad. Dan rien­da suel­ta a su base más radi­cal, a las célu­las entre­na­das para eso. Resul­ta poco pro­ba­ble pen­sar que esa meto­do­lo­gía logre con­vo­car masi­vi­dad: ya se sabe que las movi­li­za­cio­nes desem­bo­can en gases, pie­dras, gua­yas, acei­te, incer­ti­dum­bre cre­cien­te, posi­bles muer­tos ‑las gua­rim­bas tuvie­ron por sal­do 43 víc­ti­mas. Por eso su debi­li­dad es la per­di­da de base y el des­gas­te. Como en el 2014. Su esque­ma así plan­tea­do tie­ne un lími­te, aun­que tal vez logren acu­mu­lar más gen­te para fechas pun­tua­les, como el anun­cia­do 19 de abril.

La prin­ci­pal con­di­ción que pare­ce haber cam­bia­do es la inter­na­cio­nal. Las decla­ra­cio­nes del Coman­do Sur de los Esta­dos Uni­dos el pasa­do vier­nes son la mues­tra más cla­ra. Fue­ron dadas en simul­tá­neo con el bom­bar­deo uni­la­te­ral a Siria. Gran par­te de la ofen­si­va calle­je­ra de la dere­cha está hecha para el fren­te exte­rior, para eso las imá­ge­nes, las denun­cias de repre­sión, per­se­cu­ción, de un supues­to e inexis­ten­te gas tóxi­co. Son lo que piden los alia­dos y finan­cis­tas para apre­tar el ace­le­ra­dor en la Orga­ni­za­ción de Esta­dos Ame­ri­ca­nos, en cada uno de los paí­ses don­de gobier­na la dere­cha en el con­ti­nen­te, en Esta­dos Uni­dos y Europa.

Ahí resi­de una fuer­za que no tenían en el 2014. En aquel enton­ces fal­ta­ba toda­vía un año para que Barack Oba­ma decla­ra­ra a Vene­zue­la como ame­na­za. Sin embar­go tam­po­co pare­cie­ra sufi­cien­te ‑hoy- para dar vuel­ta el esce­na­rio y lograr el quie­bre bus­ca­do. ¿Enton­ces qué? Sin barria­das para una pue­bla­da ni Fuer­za Arma­da Nacio­nal Boli­va­ria­na que acom­pa­ñe, ¿cómo pien­san rom­per el lími­te del 2014? Nue­va­men­te la pre­gun­ta: ¿cuál es su obje­ti­vo? ¿Tum­bar al gobierno por la fuer­za, pro­fun­di­zar el des­gas­te gene­ral que exis­te en el país, ace­le­rar los comi­cios electorales?

No se debe sub­es­ti­mar el plan en mar­cha. Tam­po­co nom­brar­lo con pala­bras que le que­dan gran­des. Lo que han ini­cia­do es nue­va­men­te una meto­do­lo­gía de vio­len­cia abier­ta, des­tro­zos, con­fron­ta­ción calle­je­ra y polí­ti­ca, un cua­dro de des­en­la­ces incier­tos. En Alta­mi­ra no había un pue­blo como tan­to les gus­ta decir. Eran pocos, aun­que las imá­ge­nes logren dar la impre­sión de ser muchos. Orga­ni­za­dos y pre­pa­ra­dos, sí. Tam­bién con altos nive­les de impro­vi­sa­ción y de actos ridícu­los. Son la base de la dere­cha gol­pis­ta, ves­ti­da con esté­ti­ca de rebeldía.

Mar­co Teruggi 

12 de abril de 2017

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