Salud de la mujer y represión patriarcal

«La vio­len­cia, la opre­sión sobre las muje­res ha sido la más dura­de­ra, la más exten­di­da en el tiem­po, por lo que cree­mos nece­sa­rio dete­ner­nos en los pro­ce­sos his­tó­ri­cos que lo han ori­gi­na­do. Enten­der cómo empe­zó el patriar­ca­do, al menos en sus aspec­tos más esen­cia­les, cómo con­ti­nuó y sus cau­sas, nos ayu­da­rán a rever­tir esta situa­ción a tra­vés del cono­ci­mien­to y la acción. El sis­te­ma patriar­cal supu­so, y aún supo­ne, una situa­ción de opre­sión y sufri­mien­to de las muje­res,… que requie­re un esfuer­zo de supe­rar obje­ti­va y sub­je­ti­va­men­te toda una pra­xis que ha pesa­do sobre las cabe­zas de muje­res –y de hom­bres– duran­te mile­nios»1.

Introducción

El con­te­ni­do de este escri­to, y de la char­la pre­sen­ta­ción que lo ha moti­va­do, se cen­tra en un apar­ta­do del tex­to tan can­den­te y, por des­gra­cia, de suma actua­li­dad como la opre­sión de las muje­res por par­te de las socie­da­des hete­ro­pa­triar­ca­les. Nos gus­ta­ría que la char­la supon­ga un encuen­tro don­de com­par­tir y refle­xio­nar entre todas las per­so­nas que sin­ta­mos una espe­cial inquie­tud y ganas de tra­ba­jar sobre este tema. Una cues­tión vital para las muje­res y con inne­ga­bles con­se­cuen­cias para su salud, a nivel indi­vi­dual y como gru­po. De ahí el lema: Si nos tocan a una, nos tocan a todas, tie­ne todo el sig­ni­fi­ca­do de soli­da­ri­dad y resis­ten­cia ante el sufri­mien­to e injus­ti­cia vivi­da por las muje­res.

Qué duda cabe que nues­tras socie­da­des machis­tas se carac­te­ri­zan en pri­mer lugar por la situa­ción de poder mas­cu­lino –que se ejer­ce cons­cien­te o incons­cien­te­men­te– sobre la pobla­ción feme­ni­na. Y en el otro lado la lucha que en sus múl­ti­ples varian­tes ejer­ci­tan y deben desa­rro­llar las muje­res para libe­rar­se de su yugo. Al igual que la lucha de la cla­se tra­ba­ja­do­ra por su libe­ra­ción o la de un pue­blo opri­mi­do con­tra el esta­do que lo opri­me, son las muje­res las que toman cons­cien­cia de su situa­ción y las que pri­me­ro resis­ten des­de tiem­pos inme­mo­ria­les. Igual­men­te ocu­rre con las luchas de las cla­ses popu­la­res, que son pre­do­mi­nan­te­men­te pro­ta­go­nis­tas de su pro­ce­so de libe­ra­ción. Como tam­bién son los pue­blos y sus gobier­nos (ayu­da­do por gobier­nos ami­gos) los que tie­nen legi­ti­mi­dad para luchar con­tra el terror y domi­na­ción que pre­ten­den impo­ner las poten­cias occi­den­ta­les, como está ocu­rrien­do en Siria o Yemen.

Fren­te al mito de que las muje­res son machis­tas y repro­duc­to­ras de la ideo­lo­gía domi­nan­te, que tie­ne su par­te de ver­dad, esa medio-ver­dad está ocul­tan­do, –y jus­ti­fi­can­do–, lo fun­da­men­tal, los bene­fi­cios desigua­les de los hom­bres, su res­pon­sa­bi­li­dad en per­pe­tuar una diná­mi­ca de pri­vi­le­gio y poder. Lo que no qui­ta que exis­tan hom­bres, como tam­bién exis­ten per­so­nas per­te­ne­cien­tes a cla­ses socia­les pri­vi­le­gia­das, que son cons­cien­tes y, tan­to en su vida per­so­nal como social, par­ti­ci­pan en las luchas de libe­ra­ción de las muje­res. Pero el pro­ta­go­nis­mo y la ini­cia­ti­va es, y debe ser, de las muje­res, de otra for­ma esta­ría­mos repro­du­cien­do los roles de domi­na­ción que son los que tra­ta­mos de erra­di­car.

Nos gus­ta­ría, tam­bién, resal­tar la impor­tan­cia de rela­cio­nar la lucha con­tra el machis­mo y las opre­sio­nes de cla­ses, de etnia o de orien­ta­ción sexual ya que, como vere­mos a lo lar­go del tex­to, sus cau­sas se enla­zan y por ello sus inter­ven­cio­nes ter­mi­na­rían unién­do­se más tem­prano que tar­de. Igual que una socie­dad socia­lis­ta que esté superan­do la opre­sión de una cla­se sobre otra no tie­ne nin­gún sen­ti­do sin un pro­ce­so para­le­lo de empo­de­ra­mien­to de la mujer ocu­pan­do un lugar pre­pon­de­ran­te en la nue­va socie­dad, vemos impo­si­ble una socie­dad don­de se res­pe­te a la mujer y se siga inva­dien­do pue­blos, opri­mien­do a las cla­ses más humil­des y des­pre­cian­do sus mani­fes­ta­cio­nes cul­tu­ra­les más pro­fun­das.

Por otro lado, con­si­de­ra­mos impres­cin­di­ble aunar la lucha indi­vi­dual, gru­pal y comu­nal y en todos los fren­tes en don­de nos encon­tre­mos. Es una tota­li­dad que tie­ne que tener una cohe­ren­cia míni­ma, ser, por ejem­plo, una mujer mili­tan­te y defen­so­ra de los pue­blos y de la natu­ra­le­za es ser una mujer acti­va y empo­de­ra­da fren­te a su pare­ja, padre o hijos varo­nes. Y en el cen­tro de tra­ba­jo o de ocio, en todos los ámbi­tos de la socie­dad don­de vivi­mos. De resis­ten­cia en las duras con­di­cio­nes actua­les, y para lograr­la nos debe­mos apo­yar en otras com­pa­ñe­ras, madres o hijas. Por­que defen­de­mos la igual­dad como per­so­nas en todas los aspec­tos de la vida per­so­nal y social. Y en esa defen­sa debe­mos orga­ni­zar­nos en la medi­da de nues­tras posi­bi­li­da­des y cir­cuns­tan­cias socia­les.

Abor­da­re­mos las con­di­cio­nes obje­ti­vas, y por tan­to tam­bién sub­je­ti­vas, que nos demues­tran la pro­fun­da desigual­dad que en nues­tras socie­da­des sigue exis­tien­do entre hom­bres y muje­res. La tre­men­da domi­na­ción hete­ro­pa­triar­cal mues­tra que, en esta socie­dad capi­ta­lis­ta, lo que se dice no se hace. Los avan­ces que hemos logra­do no son nada sufi­cien­tes, pero sin olvi­dar que los logros son pro­duc­tos de luchas y sacri­fi­cios. La visi­bi­li­dad, el dere­cho al voto, la con­quis­ta de posi­cio­nes socia­les, las con­quis­tas obre­ras y cam­pe­si­nas, el poder y capa­ci­dad de resis­ten­cia de un sec­tor cada vez mayor de muje­res que son ejem­plo de ente­re­za y cohe­ren­cia, de lucha; aun­que sus vidas sean mucho más com­pli­ca­das. Luchas no exen­tas de dolor por la incom­pren­sión de la socie­dad machis­ta y de todo el apa­ra­to esta­tal que los apo­yan. Situa­ción que ocu­rre inclu­so den­tro de las dis­tin­tas mili­tan­cias de izquier­da. Sien­do cons­cien­tes que es un tema amplio y pro­fun­do, his­tó­ri­ca­men­te deter­mi­na­do, por lo que empe­za­re­mos por el prin­ci­pio.

La creación del patriarcado

Nadie pue­de negar que el patriar­ca­do es un pro­ce­so his­tó­ri­co: Esto es, tie­ne un comien­zo y, por tan­to, pue­de tener un fin. Hay con­sen­so en que dicho pro­ce­so se ini­ció con la divi­sión sexual del tra­ba­jo en los anti­guos gru­pos huma­nos caza­do­res-reco­lec­to­res, esen­cial para su super­vi­ven­cia: La repro­duc­ción –el naci­mien­to de niños y niñas y sus pri­me­ros cui­da­dos– per­mi­tía que el gru­po no se extin­guie­ra2. Esta pri­me­ra divi­sión sexual del tra­ba­jo se pro­du­jo en situa­ción de cier­ta igual­dad, pero con­for­me las socie­da­des se fue­ron desa­rro­llan­do y acu­mu­lan­do pro­duc­ción se fue ges­tan­do y acen­tuan­do la divi­sión social, la apa­ri­ción de cla­ses socia­les y las luchas por los terri­to­rios más ricos. En este pro­ce­so, la sexua­li­dad de las muje­res, es decir, sus capa­ci­da­des sexua­les y repro­duc­ti­vas, se con­vir­tió en una mer­can­cía.

La inves­ti­ga­do­ra Ger­da Ler­ner des­ta­ca las con­tri­bu­cio­nes de Fede­ri­co Engels y del mar­xis­mo en gene­ral sobre este tema pero cri­ti­ca las corrien­tes mar­xis­tas que insis­ten en subor­di­nar las rela­cio­nes de sexo a las rela­cio­nes de cla­se3. El desa­rro­llo de la agri­cul­tu­ra duran­te el neo­lí­ti­co impul­só el inter­cam­bio de muje­res entre tri­bus, no solo para evi­tar las gue­rras a tra­vés de alian­zas matri­mo­nia­les, sino tam­bién por­que las socie­da­des con más muje­res podían pro­du­cir más pobla­ción, más fuer­za pro­duc­ti­va. La auto­ra des­ta­ca como hechos más pro­ba­bles en los orí­ge­nes del patriar­ca­do el aumen­to de la gue­rra entre tri­bus duran­te perio­dos de esca­sez eco­nó­mi­ca que pro­pi­cia­ra el ascen­so al poder de los hom­bres con éxi­tos mili­ta­res. La tri­bu que tuvie­ra más chi­cas que chi­cos incre­men­ta­ría más rápi­da­men­te su pobla­ción, ase­gu­ran­do su super­vi­ven­cia, lo que lle­va a supo­ner que la pri­me­ra apro­pia­ción de pro­pie­dad pri­va­da fue la del tra­ba­jo repro­duc­tor de las muje­res4. Más allá de que fue pri­me­ro si la pro­pie­dad pri­va­da y la for­ma­ción de cla­ses socia­les o la domi­na­ción de la muje­res, el hecho es que la acu­mu­la­ción o exce­den­te de pro­duc­ción, la sofis­ti­ca­ción de las gue­rras y sus boti­nes, inclui­do la con­quis­ta de muje­res por par­te de las éli­tes mili­ta­res mas­cu­li­nas, fue­ron ele­men­tos esen­cia­les en el ori­gen del patriar­ca­do.

Con la for­ma­ción de los pri­me­ros esta­dos, las socie­da­des ya eran más com­ple­jas y pre­sen­ta­ban una divi­sión sexual del tra­ba­jo que no solo se basa­ba en las dife­ren­cias bio­ló­gi­cas, sino tam­bién en las jerár­qui­cas y en el poder de algu­nos hom­bres sobre otros hom­bres y sobre todas las muje­res. Los tes­ti­mo­nios his­tó­ri­cos, nos seña­la Ger­da, hacen pen­sar que el pro­ce­so de escla­vi­za­ción se desa­rro­lló con las pri­sio­ne­ras de gue­rra. A cada pue­blo le lle­vó su tiem­po per­ca­tar­se de que se podía redu­cir a la escla­vi­tud a los seres huma­nos y con­tro­lar­los por otros medios dis­tin­tos a la fuer­za bru­ta. En el caso de las muje­res uno de esos medios fue la vio­la­ción de las pri­sio­ne­ras con el fin de domi­nar­las a ellas y cas­trar a sus hom­bres (en los casos que fue­ran ani­qui­la­dos total­men­te en la con­quis­ta). De hecho, la prác­ti­ca de vio­lar a las muje­res es un ras­go carac­te­rís­ti­co de las gue­rras y las con­quis­tas des­de el segun­do mile­nio antes de nues­tra era (ANE) has­ta el pre­sen­te. Pero vea­mos lo que dice Ger­da Ler­ner sobre la escla­vi­tud feme­ni­na:

Pien­so que la escla­vi­tud sexual de las muje­res cau­ti­vas fue en reali­dad el pri­mer paso hacia el desa­rro­llo y la ela­bo­ra­ción de ins­ti­tu­cio­nes patriar­ca­les, tales como el matri­mo­nio patriar­cal, y su ideo­lo­gía con­co­mi­tan­te de depo­si­tar el honor feme­nino en la castidad….Al subor­di­nar a las muje­res de su pro­pio gru­po y más tar­de a las cau­ti­vas, los hom­bres apren­die­ron el poder sim­bó­li­co del con­trol sexual sobre los otros hom­bres y ela­bo­ra­ron el len­gua­je sim­bó­li­co con el que expre­sar domi­nio y crear una cla­se de per­so­nas psi­co­ló­gi­ca­men­te escla­vi­za­das5.

La escla­vi­tud que se desa­rro­lló con los boti­nes de gue­rra repre­sen­tó una mez­cla de racis­mo y sexis­mo a la vez, y con­so­li­dó la for­ma­ción de cla­ses socia­les. Es por eso que la cla­se no es una cons­truc­ción apar­te del géne­ro, sino que más bien la cla­se se expre­sa en fun­ción del géne­ro. Es una rela­ción no lineal en don­de la cla­se domi­nan­te era por defi­ni­ción mas­cu­li­na y en las dis­tin­tas cla­ses socia­les la domi­na­ción mas­cu­li­na esta­ba ase­gu­ra­da por los dis­tin­tos pode­res de la épo­ca. Y al igual que las reli­gio­nes con sus sim­bo­lo­gías han apo­ya­do y poten­cia­do a las cla­ses domi­nan­tes de los dife­ren­tes modos de pro­duc­ción has­ta la actua­li­dad, la opre­sión de la mujer fue igual­men­te jus­ti­fi­ca­da con toda una serie de ideas reli­gio­sas y creen­cias que per­mi­tió que la supe­rio­ri­dad y poder mas­cu­lino se vie­ra como natu­ral6.

Pero, ¿cómo se trans­for­mó el sis­te­ma patriar­cal en la for­ma­ción de nues­tro sis­te­ma socio-polí­ti­co actual?

Los orígenes del capitalismo y la caza de brujas

Para ayu­dar­nos a enten­der como la for­ma­ción del capi­ta­lis­mo supu­so un recru­de­ci­mien­to de la repre­sión patriar­cal, resul­ta impres­cin­di­ble el minu­cio­so estu­dio de Sil­via Fede­ri­ci: El Cali­bán y la bru­ja. Muje­res, cuer­po y acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria. En este libro se argu­men­ta como la caza de bru­jas que tor­tu­ró y ase­si­nó a miles de muje­res en la Euro­pa de los siglos XVI y XVII, fue una de las medi­das cru­cia­les para inten­si­fi­car la opre­sión con­tra las muje­res en el sur­gi­mien­to del capi­ta­lis­mo, y que las con­fi­nó aún más en el tra­ba­jo repro­duc­ti­vo7. Pre­via­men­te, la cri­sis demo­grá­fi­ca pro­vo­ca­da por la pes­te negra y las ham­bru­nas diez­ma­ron a la pobla­ción, un 30–40% de la pobla­ción euro­pea, y cam­bió pro­fun­da­men­te la vida social y polí­ti­ca de la Euro­pa de los siglos XIV y XV. Fue un perio­do don­de las jerar­quías socia­les y su dis­ci­pli­na se debi­li­ta­ron; la gen­te no se preo­cu­pa­ba por tra­ba­jar para el señor feu­dal ni aca­tar las regu­la­cio­nes socia­les y sexua­les. Al diez­mar­se la mano de obra, su cos­te cre­ció y se for­ta­le­ció la deter­mi­na­ción de la gen­te por libe­rar­se de las ata­du­ras del domi­nio feu­dal. Fue­ron siglos de enfren­ta­mien­tos y poder tan­to del cam­pe­si­na­do como de los emplea­dos de la ciu­dad, inclui­das las muje­res8.

Esta situa­ción pro­vo­có la res­pues­ta de las cla­ses domi­nan­tes, los inqui­si­do­res amplia­ron sus acu­sa­cio­nes a media­dos del siglo XIV y a prin­ci­pios del siglo XV, la bru­ja se con­vir­tió en el obje­ti­vo de la per­se­cu­ción con­tra la lla­ma­da here­jía, per­so­nas de las cla­ses rura­les y urba­nas bajas que pro­pug­na­ban la igual­dad. A fina­les del siglo XV se pro­du­ce una auten­ti­ca con­tra­rre­vo­lu­ción que actuó en todos los aspec­tos de la vida social y polí­ti­ca y que afec­tó espe­cial­men­te a las muje­res. En algu­nos Esta­dos, como el fran­cés, se dejó de con­si­de­rar deli­to la vio­la­ción si las víc­ti­mas eran de cla­se baja. Se creó un ambien­te inten­sa­men­te misó­gino y la pobla­ción se iba insen­si­bi­li­zan­do fren­te a la vio­len­cia con­tra las muje­res. Se ins­ti­tu­cio­na­li­zó la pros­ti­tu­ción e inclu­so la Igle­sia lo vio como una acti­vi­dad legí­ti­ma, que pasó a ser admi­nis­tra­do por el Esta­do como for­ma de fre­nar las prác­ti­cas sexua­les orgiás­ti­cas y un reme­dio para la sodo­mía, así como tam­bién un medio para pro­te­ger la vida fami­liar9.

Ade­más, los tres pri­me­ros siglos del capi­ta­lis­mo, del siglo XVI al XVIII, la bur­gue­sía emer­gen­te cre­ció impo­nien­do la escla­vi­tud y nue­vas for­mas de tra­ba­jo for­za­do (en Ingla­te­rra la escla­vi­tud no se abo­lió has­ta el siglo XVIII). En el Nue­vo Mun­do, mul­ti­tud de per­so­nas die­ron su vida sacan­do pla­ta y mer­cu­rio de las minas, en Euro­pa orien­tal se ori­gi­nó una segun­da ser­vi­dum­bre, en la occi­den­tal se die­ron los cer­ca­mien­tos10 y la caza de bru­jas (que demo­ni­zó cual­quier for­ma de con­trol de la nata­li­dad y de la sexua­li­dad no pro­crea­ti­va). Se extien­de el con­trol del Esta­do a cual­quier aspec­to de la repro­duc­ción: Sexua­li­dad, pro­crea­ción y sobre la vida fami­liar: polí­ti­cas pro-nata­lis­tas para aumen­tar la pobla­ción (se nece­si­ta­ban per­so­nas para la pro­duc­ción y las gue­rras) y comien­zo del regis­tro demo­grá­fi­co11; fomen­to y pro­tec­ción del matri­mo­nio y la fami­lia para el cui­da­do de los meno­res; divi­sión del pro­le­ta­ria­do feu­dal –lucha de los hom­bres con­tra las muje­res–; edu­ca­ción alie­na­da y some­ti­da al tra­ba­jo que comien­za en la casa. Aspec­tos esen­cia­les de la acu­mu­la­ción pri­mi­ti­va que nece­si­ta el capi­ta­lis­mo inci­pien­te. Todo ello jun­to a una recia dis­ci­pli­na social que ata­ca­ba la cul­tu­ra popu­lar de aque­lla épo­ca, la socia­bi­li­dad y sexua­li­dad colec­ti­va, depor­tes, dan­zas, fes­te­jos y ritos gru­pa­les.

Los jui­cios a las bru­jas por crí­me­nes repro­duc­ti­vos fue una con­se­cuen­cia de las altas tasas de mor­ta­li­dad infan­til de los siglos XVI y XVII, debi­do a la pobre­za y des­nu­tri­ción; y la preo­cu­pa­ción por el tama­ño de la pobla­ción y la crea­ción de fuer­za de tra­ba­jo de la nue­va cla­se capi­ta­lis­ta, la nacien­te bur­gue­sía. Un inten­to de poner el cuer­po de la mujer al ser­vi­cio de la repro­duc­ción y acu­mu­la­ción de fuer­za del tra­ba­jo en la épo­ca mer­can­ti­lis­ta12. Vemos, como en dife­ren­tes con­tex­tos his­tó­ri­cos y polí­ti­cos, las muje­res han sido fre­cuen­te­men­te for­za­das a pro­crear en con­tra de su volun­tad ade­más de ver­se some­ti­das a polí­ti­cas nata­lis­tas y pre­sio­nes oscu­ran­tis­tas, reli­gio­sas, que han coar­ta­do su posi­bi­li­dad de deci­dir sobre su pro­pio cuer­po y sexua­li­dad. Tam­bién para el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo fue fun­da­men­tal la cons­truc­ción de un nue­vo orden patriar­cal, que hacía que las muje­res fue­ran sir­vien­tas de la fuer­za de tra­ba­jo mas­cu­li­na13.

Pos­te­rior­men­te, el avan­ce del capi­ta­lis­mo adop­tó nue­vas for­mas e intere­ses siem­pre con el obje­to del máxi­mo bene­fi­cio eco­nó­mi­co. Así, al comien­zo del siglo XIX, la bur­gue­sía indus­trial no dudó en uti­li­zar masi­va­men­te la mano de obra feme­ni­na e infan­til, muy bara­ta, para aumen­tar la pro­duc­ción que nece­si­ta­ba las nue­vas indus­trias. Aho­ra no se duda­ba en cues­tio­nar (al menos par­cial­men­te) la auto­ri­dad pater­na y mari­tal, para con­ver­tir a las muje­res en «tra­ba­ja­do­ras libres» de ven­der su fuer­za de tra­ba­jo sin la auto­ri­za­ción de sus mari­dos.

Tras este bre­ve reco­rri­do his­tó­ri­co de dos hitos impor­tan­tes en la con­for­ma­ción del sis­te­ma hete­ro­pa­triar­cal actual, al menos en el ámbi­to occi­den­tal, pode­mos esbo­zar como las con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas han sido –y son– esen­cia­les para man­te­ner dicha opre­sión. Con­di­cio­nes ambas, que se unen más cla­ra­men­te cuan­do la cla­se en el poder uti­li­za el terror, la vio­len­cia abier­ta o sote­rra­da sobre las muje­res, para doble­gar­las cuan­do las medi­das ante­rio­res no resul­tan sufi­cien­tes. Vio­len­cia que se mues­tra en toda su cru­de­za con los femi­ni­ci­dios, vio­la­cio­nes y tra­ta de muje­res.

Condiciones objetivas: la desigualdad económica y social

Los estu­dios son con­sis­ten­tes al res­pec­to, las muje­res tie­nen mayor tasa de des­em­pleo14 y menor tasa de pobla­ción acti­va, res­pec­to a los hom­bres. Datos del Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Esta­dís­ti­ca (INE) mues­tran que, en el Esta­do espa­ñol, ellas ganan casi un 23% menos de media al año por igual tra­ba­jo, desigual­dad que se da en mayor medi­da en el sec­tor pri­va­do y que se acre­cien­ta fun­da­men­tal­men­te por­que los hom­bres reci­ben más com­ple­men­tos sala­ria­les y horas extra­or­di­na­rias que las muje­res. Esta bre­cha sala­rial aumen­ta con la edad de las muje­res, su gra­do de res­pon­sa­bi­li­dad y mayor for­ma­ción aca­dé­mi­cahttp://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=10888).">15. Tam­bién los datos de Euros­tat, con una meto­do­lo­gía algo dife­ren­te al INE, sigue cons­ta­tan­do esa bre­cha sala­rial que aún es mayor en paí­ses como Esto­nia, Aus­tria, Repú­bli­ca Che­ca, Ale­ma­nia y Eslo­va­quiahttp://economia.elpais.com/economia/2016/03/07/actualidad/1457378340_855685.html).">16.

El ini­cio de la cri­sis (del año 2008) agu­di­za la pre­ca­rie­dad eco­nó­mi­ca y social que afec­tó antes y en mayor medi­da a la pobla­ción feme­ni­na. Esto ha pro­vo­ca­do el aumen­to de la bre­cha sala­rial en los últi­mos años jun­to con el incre­men­to de las desigual­da­des socia­les, la pobla­ción pobre aumen­ta, y son más pobres, y la pobla­ción rica dis­mi­nu­ye, y es mucho más rica. Ade­más, las muje­res siguen tenien­do, como en el pasa­do, una mayor pro­por­ción de tra­ba­jo even­tual y a tiem­po par­cial. Los empleos son de menor cua­li­fi­ca­ción, menos remu­ne­ra­dos, lo que hace que su situa­ción eco­nó­mi­ca y social es de mayor vul­ne­ra­bi­li­dad y depen­den­cia. Estos datos se repi­ten en el mis­mo sen­ti­do en otros luga­res del mun­do.

En Anda­lu­cía en el año 2015 la tasa de acti­vi­dad fue solo del 66% en hom­bres, y aun menor, 52%, en las muje­res. Sobre estas cifras tan bajas de per­so­nas anda­lu­zas que se ins­cri­ben en las ofi­ci­nas del INEM (Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Empleo) con la espe­ran­za de encon­trar tra­ba­jo remu­ne­ra­do, ya que el res­to ni siquie­ra lo inten­tan, las muje­res se lle­van la peor par­te. De esa pobla­ción acti­va, la tasa de des­em­pleo es del 29% en hom­bres y del 34% en muje­reshttp://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/iea/consultasActividad.jsp?CodOper=25&sub=63165).">17. Cifras escan­da­lo­sas si tene­mos en cuen­ta que, ade­más, los sub­si­dios por des­em­pleo son, pese al tópi­co, de los más bajos del Esta­do espa­ñol. La pobla­ción anda­lu­za, espe­cial­men­te feme­ni­na, vive una tre­men­da situa­ción de pobre­za y pre­ca­rie­dad eco­nó­mi­ca y social, con todas las con­se­cuen­cias que para su salud y bien­es­tar tie­ne.

Si nos cen­tra­mos en el gru­po de más edad, vol­ve­mos a encon­trar que las muje­res, que viven solas en una alta pro­por­ción, tie­nen menos recur­sos eco­nó­mi­cos. Las pen­sio­nes de jubi­la­ción –de mayor cuan­tía eco­nó­mi­ca– se abo­nan mayo­ri­ta­ria­men­te a los hom­bres y las de viu­de­dad (de mucho menor apor­te eco­nó­mi­co) es abru­ma­do­ra­men­te mayor en las muje­res. Y no sólo este hecho esta­ble­ce las dife­ren­cias entre los ingre­sos que per­ci­ben unas y otros. Exis­te un efec­to de géne­ro, en el sen­ti­do de que aún den­tro del mis­mo tipo de pres­ta­ción se mani­fies­tan dife­ren­cias nota­bles en las ingre­sos eco­nó­mi­cas entre muje­res y hom­breshttp://www.juntadeandalucia.es/salud/export/sites/csalud/galerias/documentos/p_4_p_3_prevencion/sexualidad_envejecimiento.pdf).">18.

Esta situa­ción estruc­tu­ral de desigual­dad socio-eco­nó­mi­ca tie­ne su corres­pon­den­cia con la menor par­ti­ci­pa­ción en la vida públi­ca, social y polí­ti­ca; y que su pro­ta­go­nis­mo y poder en todas las esfe­ras de la vida sea, obvia­men­te, menor. Las muje­res siguen sien­do las que mayo­ri­ta­ria­men­te se ocu­pan del tra­ba­jo del hogar y son las prin­ci­pa­les cui­da­do­ras. Por supues­to que hay hom­bres que rea­li­zan estas tareas pero el lar­go pro­ce­so his­tó­ri­co don­de solo ellas ser­vían para este tipo de tra­ba­jo y no ser­vían para otros con­si­de­ra­dos de poder y pres­ti­gio social se ha per­pe­tua­do duran­te siglos.

Esta tre­men­da ima­gen de desigual­dad que emer­ge cla­ra­men­te en pleno siglo XXI es suma­men­te útil al sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Por­que las tareas domés­ti­cas en el ámbi­to fami­liar siguen sien­do esen­cia­les para la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo, tra­ba­jos que nun­ca les ha intere­sa­do trans­for­mar com­ple­ta­men­te en pro­fe­sio­nes remu­ne­ra­das y/​o en pro­duc­tos que se ven­den en el mer­ca­do. Se man­tie­ne y poten­cia que los hom­bres y las muje­res inte­rio­ri­cen, entre otras, que hay una pre­dis­po­si­ción natu­ral de las muje­res para hacer estas tareas. Lo que jus­ti­fi­ca polí­ti­cas que des­pla­zan la res­pon­sa­bi­li­dad del bien­es­tar social del Esta­do e ins­ti­tu­cio­nes colec­ti­vas, a la «inti­mi­dad» de la fami­lia. Cuan­do se nece­si­ta mano de obra, bus­can a las muje­res y les pagan menos que a los hom­bres, lo que tam­bién pro­vo­ca la dis­mi­nu­ción de todos los sala­rios y el Esta­do rea­li­za aque­llos ser­vi­cios que per­mi­tan a las muje­res libe­rar­se de algu­nas de sus res­pon­sa­bi­li­da­des. Y cuan­do no se nece­si­ta mano de obra, se reen­vía a las muje­res a sus casas, don­de se encuen­tra su ver­da­de­ro espa­ciohttp://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/comanne_patriarcado.pdf).">19.

No exis­te aún nin­gún país en el mun­do, inclu­so entre los lla­ma­dos avan­za­dos, en el que –como ya hemos comen­ta­do– el sala­rio de las muje­res sea igual al sala­rio de los hom­bres. Prác­ti­ca­men­te todos los son­deos prue­ban que la mayo­ría de las tra­ba­ja­do­ras son deman­dan­tes de un tra­ba­jo a tiem­po com­ple­to (pese a que ellas tie­nen una mayor pro­por­ción de tra­ba­jos even­tua­les y a tiem­po par­cial). La reduc­ción cre­cien­te de ser­vi­cios como las guar­de­rías, o la pri­va­ti­za­ción de otros como las resi­den­cias para las per­so­nas ancia­nas, mul­ti­pli­can los obs­tácu­los que encuen­tra la mujer que tra­ba­ja. Al rele­gar­las a las tareas domés­ti­cas, per­mi­ti­rá a los capi­ta­lis­tas jus­ti­fi­car la sobre­ex­plo­ta­ción sala­rial de las muje­res con el argu­men­to de que su tra­ba­jo será menos pro­duc­ti­vo que el de los hom­bres (absen­tis­mo por emba­ra­zo, lac­tan­cia, cui­da­do de meno­res y per­so­nas enfer­mas, entre otras). Es la cues­tión del sala­rio com­ple­men­ta­rio que expli­ca la actual y cons­tan­te bre­cha sala­rial. Así dis­po­nen de mano de obra más bara­ta y más fle­xi­ble en fun­ción de las fluc­tua­cio­nes del mer­ca­do.

Las muje­res en el Esta­do espa­ñol cubren estas enor­mes insu­fi­cien­cias que debe­rían ser res­pon­sa­bi­li­dad del Esta­do y sus admi­nis­tra­cio­nes, ori­gen del incre­men­to de las enfer­me­da­des por estrés en las muje­res o el enor­me des­cen­so de la nata­li­dad, de las más bajas del mun­do. La mujer den­tro de la fami­lia debe cui­dar a los meno­res y jóve­nes, a sus pare­jas y a los ancia­nos, y el 53% tie­ne que com­pa­gi­nar estas tareas con su tra­ba­jo en el mer­ca­do labo­ral. Una enor­me car­ga de res­pon­sa­bi­li­dad, y de pér­di­da de salud, pro­vo­ca­da por la casi nula ayu­da esta­tal. Hechos que con­tras­tan con el dis­cur­so ofi­cial de nues­tros gober­nan­tes muy pro fami­liar, muy repre­sor sobre el dere­cho a deci­dir de las muje­res sobre su cuer­po, pero los ser­vi­cios de ayu­da a la fami­lia bri­llan por su ausen­ciahttp://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/poder-genero-ademas-poder-clase-explica-tambien-subdesarrollo-social-espana-parte-2/20170301131438137259.html).">20.

Con la des­lo­ca­li­za­ción de las indus­trias en el nor­te de Áfri­ca, en Amé­ri­ca Lati­na o en Asia, la patro­nal ha reclu­ta­do a jóve­nes muje­res en el mer­ca­do de tra­ba­jo. Estas jóve­nes obre­ras sobre­ex­plo­ta­das han podi­do obte­ner algo de inde­pen­den­cia finan­cie­ra con res­pec­to a los hom­bres de la fami­lia y aumen­tar sus exi­gen­cias de nue­vas liber­ta­des. Sin embar­go, es el mis­mo capi­ta­lis­mo el que man­tie­ne la ins­ti­tu­ción fami­liar tra­di­cio­nal que tie­ne un papel fun­da­men­tal en la repro­duc­ción de las divi­sio­nes (y de la jerar­quía) entre las dife­ren­tes cla­ses socia­les y entre los géne­ros a los que se les asig­na fun­cio­nes eco­nó­mi­cas y socia­les dife­ren­tes. Es por esto que den­tro del sis­te­ma capi­ta­lis­ta no se podrá con­se­guir la libe­ra­ción de las muje­res, de todas las muje­res. Lo que hace indis­pen­sa­ble que las luchas femi­nis­tas con­tra la opre­sión patriar­cal y la lucha de los asa­la­ria­dos y asa­la­ria­das con­tra la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta tie­ne que con­ver­ger a pesar de las difi­cul­ta­deshttp://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/comanne_patriarcado.pdf).">21.

Una ideología al servicio del sistema heteropatriarcal

Siem­pre resul­ta más evi­den­te la exis­ten­cia de una desigual­dad socio-eco­nó­mi­ca de las muje­res a tra­vés de la cifras que se ofre­cen y que mues­tra su mayor pobre­za y pre­ca­rie­dad labo­ral, mayor dedi­ca­ción a los cui­da­dos y al tra­ba­jo domés­ti­co, o cuan­do emer­gen los casos de mal­tra­to, abu­sos y femi­ni­ci­dios que las esta­dís­ti­cas ofi­cia­les no pue­den obviar. Pero esta situa­ción obje­ti­va de opre­sión y rele­go al ámbi­to más pri­ma­rio de la vida social ha nece­si­ta­do de toda una ideo­lo­gía que ha defen­di­do, y defien­de, los roles pro­pios de muje­res y hom­bres. Roles don­de la ima­gen de la mujer debe ser de subor­di­na­ción al hom­bre, de bue­na ama de casa y de obje­to sexual. De sumi­sión, debi­li­dad y depen­den­cia, lo opues­to de la ima­gen de fuer­za y poder que se sigue adju­di­can­do a los hom­bres.

Y esta socia­li­za­ción nos lle­ga a todas las per­so­nas a tra­vés de múl­ti­ples medios de comu­ni­ca­ción, y con tal fuer­za, que se ancla, se arrai­ga en nues­tra men­te, cons­cien­te e incons­cien­te­men­te. Ahí estri­ba su difi­cul­tad, se repi­te con insis­ten­cia que la edu­ca­ción es fun­da­men­tal para con­se­guir la igual­dad real, pero ¿quién edu­ca a los edu­can­dos? Es cla­ro que todos los cana­les de lucha y peda­go­gía para el cam­bio son esen­cia­les, no lo nega­mos, pero se debe acom­pa­ñar de accio­nes, hechos, polí­ti­cas y leyes que real­men­te actúen con­tra unas con­di­cio­nes sub­je­ti­vas (y por supues­to obje­ti­vas), con­tra la pre­sión ideo­ló­gi­ca al ser­vi­cio de las cla­ses domi­nan­tes, que son las que man­tie­ne y per­pe­túa, de for­ma abier­ta o sote­rra­da, la opre­sión hete­ro­pa­triar­cal que va de la mano de la opre­sión de cla­se.

Una mues­tra pal­pa­ble de este rele­go a la nada de las muje­res a lo lar­go de la his­to­ria es la eli­mi­na­ción, la ausen­cia de una his­to­ria de muje­res; ellas no exis­tían si no era a expen­sas o como ele­men­to secun­da­rio y adjun­to al de los hom­bres, cons­ti­tu­yen­do toda una fala­cia andro­cén­tri­ca que ha per­pe­tua­do cons­truc­cio­nes men­ta­les misó­gi­nas tan­to en los hom­bres como en las muje­res. Y que tam­bién ha ser­vi­do para inter­pre­tar de for­ma machis­ta el pro­ce­so de homi­ni­za­ción, don­de al hom­bre se le da un papel acti­vo y fun­da­men­tal, mien­tras que a la mujer se le ads­cri­be a un papel pasi­vo y en su fun­ción de cui­da­do­ra ence­rra­da en el supues­to y estre­cho círcu­lo fami­liar22. El impre­sio­nan­te libro de Caro­li­na Mar­tí­nez Puli­doEl papel de la mujer en la evo­lu­ción huma­na23, des­mon­ta esa gran men­ti­ra del hom­bre acti­vo y caza­dor, y que fue la caza el hecho fun­da­men­tal en el pro­ce­so de homi­ni­za­ción al apor­tar las pro­teí­nas ani­ma­les que daría un impul­so al desa­rro­llo del cere­bro.

En dicho tex­to, Caro­li­na Mar­tí­nez Puli­do des­ta­ca las con­tri­bu­cio­nes ines­ti­ma­bles de inves­ti­ga­do­ras que des­de diver­sas dis­ci­pli­nas demues­tran todo lo con­tra­rio, la impor­tan­cia que tuvo la mujer en la ali­men­ta­ción vege­tal y de peque­ños ani­ma­les, el carro­ñeo y la nece­si­dad de una lar­ga crian­za para el desa­rro­llo del cere­bro, por lo que tuvie­ron que ser deci­si­vas en la ali­men­ta­ción, mejo­ra de la comu­ni­ca­ción oral y en la crea­ción de uten­si­lios para el trans­por­te de los peque­ños. Igual­men­te se des­mon­ta otro mito, el de la mono­an­dria feme­ni­na, fren­te a la polian­dria mas­cu­li­na, con prue­bas con­tun­den­tes sobre una mujer reco­lec­to­ra y acti­va en la elec­ción de su pare­ja o pare­jas y la fle­xi­bi­li­dad de los roles sexua­les.

En todas las eta­pas his­tó­ri­cas, los aná­li­sis se han vis­to impreg­na­dos de un mar­ca­do ses­go andro­cén­tri­co que retro­ali­men­tan esas con­di­cio­nes sub­je­ti­vas que se tie­nen en la actua­li­dad. De esta for­ma la mujer ha sopor­ta­do ser ads­cri­ta al rol secun­da­rio, sexis­ta y cui­da­dor, en épo­cas anti­guas don­de aún no exis­tía opre­sión patriar­cal. O sim­ple­men­te ha sido redu­ci­da a la nada en los dife­ren­tes momen­tos his­tó­ri­cos pos­te­rio­res. Y lo que nun­ca se ha vis­to a lo lar­go de los siglos y, aun­que aho­ra se vea un poco, es suma­men­te difí­cil de visi­bi­li­zar, por­que la pro­pia invi­si­bi­li­dad de las muje­res a lo lar­go de la his­to­ria no se reco­no­ce como tal. Como se ha comen­ta­do, en los orí­ge­nes del capi­ta­lis­mo se cons­tru­ye una ideo­lo­gía que con­fi­nó aún más a las muje­res en el cubo de la his­to­ria para uti­li­zar­la como repro­duc­ción de mano de obra bara­ta para las nue­vas indus­trias.

En nues­tra his­to­ria más cer­ca­na y en un ámbi­to más indi­vi­dual nos encon­tra­mos muje­res que han vivi­do una infan­cia y ado­les­cen­cia bajo la cul­tu­ra fami­liar de madres muy pode­ro­sas. Y esa cir­cuns­tan­cia pese a la socie­dad fas­cis­ta del fran­quis­mo que les tocó vivir y sus escue­las retró­gra­das, cató­li­cas y roma­nas, las con­vir­tie­ron en muje­res empo­de­ra­das y rebel­des fren­te a los hom­bres y el sis­te­ma hete­ro­pa­triar­cal en gene­ral. Pero el caso no son los casos ya que lo habi­tual era vivir el machis­mo tam­bién en las casas. Por­que el con­tex­to fami­liar bebe del social y polí­ti­co, con toda su pro­pa­gan­da misó­gi­na y de imá­ge­nes sexis­tas que se refuer­zan con­ti­nua­men­te. Las muje­res hemos abier­to los ojos en cir­cuns­tan­cias y con­tex­tos muy diver­sos, como diver­sas son las mani­fes­ta­cio­nes de esta opre­sión. Des­de las más per­so­na­les y fami­lia­res, vien­do a sus pro­ge­ni­to­res aco­bar­da­dos y uni­dos para man­te­ner la como­di­dad bur­gue­sa y una ima­gen hipó­cri­ta de unión. Des­pués las muje­res se lan­zan al mun­do, sus estu­dios (en el mejor de los casos), su vida labo­ral y vuel­ven a com­pro­bar que su fami­lia hete­ro­pa­triar­cal tam­bién está en la uni­ver­si­dad, en el cen­tro de tra­ba­jo, en la vida de ocio, inclu­so en orga­ni­za­cio­nes o movi­mien­tos de izquier­da. En todos los res­qui­cios de nues­tra socie­dad.

Esta poten­te ideo­lo­gía que pene­tra por todos los veri­cue­tos de la vida social pro­yec­ta, por ejem­plo, una ima­gen sexis­ta de la mujer que tie­ne como uno de sus expo­nen­tes el ideal de belle­za feme­ni­na cons­trui­do des­de hace déca­das por las cla­ses domi­nan­tes (hom­bres, blan­cos y ricos) de los paí­ses occi­den­ta­les. Cuan­do por la pan­ta­lla de la tele­vi­sión salen esas muje­res de una del­ga­dez extre­ma, nada salu­da­bles, y maqui­lla­das para dar una ima­gen de lan­gui­dez y como de tris­te­za ausen­te, de pasi­vi­dad, no pode­mos por menos de recor­dar los casos dra­má­ti­cos de anore­xia ner­vio­sa y buli­mia, que como pro­fe­sio­na­les sani­ta­rias hemos cono­ci­do. Pero todo esto no es pro­duc­to del azar, esta ima­gen sexis­ta de fra­gi­li­dad, sumi­sión y debi­li­dad ha sido lite­ral­men­te cons­trui­da por todo un apa­ra­to ideo­ló­gi­co en el poder que le sir­ve para per­pe­tuar la opre­sión sobre las muje­res.

Tene­mos el caso de la indus­tria de Holly­wood que des­de prin­ci­pios del siglo XX hacía adel­ga­zar a sus actri­ces has­ta 20 kilos, a pesar de que lle­ga­ban con un peso abso­lu­ta­men­te nor­mal y salu­da­ble, ade­más de blan­quear­las la piel y maqui­llar­las como muñe­cas. Esta situa­ción se ha man­te­ni­do en el tiem­po y ha cons­trui­do unos cáno­nes de supues­ta belle­za en un medio, el cine, de gran influen­cia en la mayo­ría de la pobla­ción mas­cu­li­na y feme­ni­na. Ejem­plos hay muchí­si­mos, hace pocos días escu­cha­mos en las noti­cias que una tra­ba­ja­do­ra de una empre­sa pri­va­da en Gran Bre­ta­ña es des­pe­di­da por no lle­var zapa­tos de tacón (de entre 5 y 10 cen­tí­me­tros de alto), la empre­sa se defien­de dicien­do que era exi­gen­cia del con­tra­tohttp://www.cuatro.com/noticias/sociedad/tacones_altos-empresa-sexismo-Reino_Unido_0_2178225196.html).">24. A con­ti­nua­ción salen nue­vas noti­cias de la mul­ti­tud de empre­sas que exi­gen a las muje­res lle­var taco­nes, ir maqui­lla­das y ves­ti­das muy feme­ni­nas.

Pese a todo, han exis­ti­do avan­ces en la igual­dad y empo­de­ra­mien­to de las muje­res, en su visi­bi­li­za­ción social y polí­ti­ca. Avan­ces que se han pro­du­ci­do por una con­jun­ción de luchas y resis­ten­cias femi­nis­tas indi­vi­dua­les y colec­ti­vas. Aun­que los cam­bios y pro­ce­sos his­tó­ri­cos no son linea­les ni pro­gre­si­vos, de menos a más, como inclu­so des­ta­ca­dos mar­xis­tas ten­dían a plan­tear. Los avan­ces se man­tie­nen en unos aspec­tos (el dere­cho al voto, a una edu­ca­ción públi­ca, leyes de igual­dad), pero en otros se pue­de retro­ce­der (la vio­len­cia machis­ta sutil y per­ver­sa, la ima­gen sexis­ta, la ley del abor­to). Las con­quis­tas de las muje­res en la Repú­bli­ca y el Fren­te Popu­lar, las segó de un hacha­zo el alza­mien­to fas­cis­ta. Y en esos avan­ces y retro­ce­sos, las ense­ñan­zas del pasa­do y las nue­vas con­di­cio­nes en nues­tro medio son ele­men­tos a con­si­de­rar en cada cir­cuns­tan­cia con­cre­ta en una lucha que tie­ne muchos fren­tes, espe­cial­men­te el de la ideo­lo­gía cons­trui­da por las cla­ses diri­gen­tes. Ideo­lo­gía machis­ta que impreg­na la cul­tu­ra social y polí­ti­ca, la cul­tu­ra de los cen­tros esco­la­res y medios de comu­ni­ca­ción y la fami­liar. Mejo­rar y cam­biar la desigual­dad eco­nó­mi­ca y labo­ral, sien­do muy nece­sa­ria, no es sufi­cien­te, hay que cam­biar la men­ta­li­dad, la psi­co­lo­gía, y vivir de acuer­do a ésta. Todo un reto bajo la tre­men­da pre­sión que se ejer­ce sobre la pobla­ción feme­ni­na.

Estas con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas que bre­ve­men­te hemos expues­tos tie­nen su unión más estre­cha, su coro­la­rio, en la vio­len­cia que se ejer­ce sobre las muje­res: La vio­len­cia machis­ta25. Vio­len­cia que ha sido con­ti­núa en la his­to­ria y que repre­sen­ta el núcleo de la domi­na­ción hete­ro­pa­triar­cal para con­se­guir el con­trol del exce­den­te social colec­ti­vo por medio de sus capa­ci­da­des pro­duc­ti­vas y repro­duc­ti­vas: Vida, cono­ci­mien­to, pla­cer y fuer­za de tra­ba­jo.

La violencia contra las mujeres

Solo des­de estos pro­ce­sos his­tó­ri­cos y con­di­cio­nes de opre­sión que hemos tra­ta­do de esbo­zar, se pue­de enten­der la vio­len­cia machis­ta que sufri­mos. Des­de la más sutil y psi­co­ló­gi­ca has­ta la más bru­tal que lle­ga a matar­la, a ella y a los suyos. La agre­sión con­tra la mujer es un con­ti­nuo don­de es difí­cil sepa­rar los pro­ce­sos que la ori­gi­nan tan­to per­so­na­les, socia­les o polí­ti­cos. Por­que muchos de los con­di­cio­nan­tes, desigual­da­des y domi­na­cio­nes que se han comen­ta­do ante­rior­men­te es vio­len­cia con­tra las muje­res y gra­ves pro­ble­mas para su salud físi­ca, psí­qui­ca y social.

La pun­ta del ice­berg de estas vio­len­cias es la agre­sión físi­ca y el ase­si­na­to. Las noti­cias sobre muje­res ase­si­na­das son con­ti­nuas, las ase­si­na­das de todas las eda­des. Fren­te a una terri­ble situa­ción que tie­ne pro­fun­das cau­sas his­tó­ri­cas de domi­na­ción, la lucha y resis­ten­cia de las muje­res las hacen tomar medi­das duras para sepa­rar­se de su pare­ja. Pero cuan­do se encuen­tran con esa situa­ción lími­te, tam­bién se ven des­pro­te­gi­das por un poder polí­ti­co que real­men­te es la cau­sa de lo que está pasan­do. La auto­de­fen­sa y pro­tec­ción de su entorno más cer­cano y de con­fian­za son esen­cia­les, la ayu­da de aso­cia­cio­nes y orga­ni­za­cio­nes loca­les, a par­tir del cual poder salir y visi­bi­li­zar su dra­ma. Recla­mar indi­vi­dual y colec­ti­va­men­te herra­mien­tas jurí­di­cas, eco­nó­mi­cas y socia­les que sean efec­ti­vas en la prác­ti­ca, por­que hoy por hoy son un fra­ca­so. Mien­tras tan­to los aná­li­sis de lo que ocu­rre son sim­plis­tas y derro­tis­tas, mani­pu­la­dos para mos­trar una situa­ción abs­trac­ta y cul­pa­bi­li­za­do­ra (o de vic­ti­mi­za­ción) de las pro­pias muje­res.

Cuan­do se escri­ben estas líneas aca­ban de ase­si­nar a dos muje­res, madre e hija, por el com­pa­ñe­ro sen­ti­men­tal de la madre que no per­mi­tió que la pri­me­ra se sepa­ra­ra de él. Pues bien, un repre­sen­tan­te polí­ti­co que dice va a tomar medi­das (nue­va­men­te abs­trac­tas y sin espe­ci­fi­car) dado el núme­ro de femi­ni­ci­dios que lle­va­mos a estas altu­ras del año, resal­ta en su alo­cu­ción que de todas las muer­tes solo hubo un caso de denun­cia. La denun­cia, sien­do en par­te nece­sa­ria, vuel­ve a con­ver­tir­se en la vari­ta mági­ca de la solu­ción de un tema tan tre­men­do y tan difí­cil de resol­ver de for­ma ais­la­da cuan­do la mujer se encuen­tra en esa tram­pa mor­tal. Mien­tras tan­to, hijas e hijos de madres ase­si­na­das por sus padres pue­den visi­tar al ase­sino de su madre en la cár­cel o no se les deja ser aco­gi­dos por fami­lia­res cer­ca­nos de la madre con todos sus dere­chos de orfan­dad.

Solo en los últi­mos sie­te años, son ya 800 las muje­res ase­si­na­das en el Esta­do espa­ñol y cada 8 horas se pro­du­ce una denun­cia por vio­la­ción. Por­que la vio­len­cia sexual es otra for­ma terri­ble de vio­len­cia. El pro­ble­ma de la tra­ta de muje­res, de la pros­ti­tu­ción for­za­da, es una mues­tra de este ver­da­de­ro cán­cer que se extien­de por todo el terri­to­rio en los miles de club que sal­pi­can nues­tra geo­gra­fía, con des­ca­ro, sin nin­gún tipo de pudor. ¿Por qué se per­mi­te esta situa­ción?, las mafias de la dro­ga y del sexo cam­pan a sus anchas en el desa­rro­lla­do mun­do occi­den­tal, por­que supo­nen sucu­len­tos bene­fi­cios jun­to al del arma­men­to. Los paque­tes de soborno a polí­ti­cos corrup­tos inclu­ye sexo y diver­sión a rau­da­les. Como decía hace poco una perio­dis­ta, exis­te tal deman­da de pros­ti­tu­ción por par­te de los hom­bres en el Esta­do espa­ñol, que se hace nece­sa­rio traer a chi­cas enga­ña­das para ser escla­vas sexua­les y equi­li­brar la ofer­ta de car­ne, la cosi­fi­ca­ción tre­men­da de las muje­res. Ya sabía­mos que vivi­mos en la socie­dad de la liber­tad de la ofer­ta y la deman­da, de la liber­tad indi­vi­dual de la sacro­san­ta pro­pie­dad pri­va­da. Pero los con­di­cio­nan­tes socia­les no deben ocul­tar los indi­vi­dua­les, ¿qué está pasan­do con las mas­cu­li­ni­da­des? ¿Qué está pasan­do con las rela­cio­nes sexo-afec­ti­vas?

Dependencia, independencia e interdependencia: las relaciones sexo-afectivas

Nos intro­du­ci­mos, al menos bre­ve­men­te, en este impor­tan­tí­si­mo asun­to, el de las rela­cio­nes sexo-afec­ti­vas, esen­cial en el tema que esta­mos tra­tan­do y que for­man una par­te fun­da­men­tal de las rela­cio­nes huma­nas. Es habi­tual encon­trar­nos en este tipo de rela­cio­nes el gran pro­ble­ma de la depen­den­cia. Pero luchar con­tra la depen­den­cia no lle­va implí­ci­to, ni tra­ta de reivin­di­car, la inde­pen­den­cia, en su acep­ción de ausen­cia de rela­cio­nes huma­nas y aso­cia­da a esa inde­pen­den­cia machis­ta, muy insa­na, pro­pia de hom­bres que se creen libres de ata­du­ras de todo tipo, inclui­das las amo­ro­sas. Es por ello que reivin­di­ca­mos la inter­de­pen­den­cia que todas la per­so­nas nece­si­ta­mos (nece­si­dad abier­ta y salu­da­ble), tam­bién en las rela­cio­nes sexo-afec­ti­vas.

Rela­cio­nes de inter­de­pen­den­cia que se con­si­gue muy par­cial­men­te y con mucha difi­cul­tad mien­tras viva­mos en esta socie­dad pro­fun­da­men­te machis­ta y cla­sis­ta que pro­mue­ve el papel del patriar­ca, el jefe de fami­lia, en el entorno fami­liar; y el de las cla­ses domi­nan­tes patriar­ca­les y mas­cu­li­nas en el entorno social y polí­ti­co. Aun­que como todos los extre­mos se tocan, nos encon­tra­mos a gran­des patriar­cas, y jefes domi­na­do­res, que se hallan sub­je­ti­va­men­te domi­na­dos por dis­tin­tas for­mas de rela­cio­nes sexo-afec­ti­vas tóxi­cas y de mal­tra­to. Mien­tras el papel de la mujer se repre­sen­ta como sumi­sa o mani­pu­la­do­ra, pero casi siem­pre depen­dien­te del hom­bre, con la que la mayo­ría de las muje­res no nos sen­ti­mos iden­ti­fi­ca­das. Y esta situa­ción de depen­den­cia entron­ca con las rela­cio­nes de pare­ja que siguen sien­do el sopor­te fun­da­men­tal de nues­tro sis­te­ma capi­ta­lis­ta, la fami­lia nuclear.

Ale­xan­dra Kollon­tai rela­cio­na esta impor­tan­te cues­tión con la cri­sis sexual que se sufría en su épo­ca y recal­ca­ba la nece­si­dad de prac­ti­car una autén­ti­ca revo­lu­ción en el ámbi­to de las rela­cio­nes sexua­les, basa­das en el com­pa­ñe­ris­mo e igual­dad de los sexos, en la soli­da­ri­dad fra­ter­nal de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Pero antes ana­li­za la cri­sis sexual agra­va­da por el egoís­mo, el sen­ti­mien­to de pose­si­vi­dad hacia la pare­ja, o la subor­di­na­ción de un sexo sobre el otro. En este sen­ti­do, Ale­xan­dra nos dice lo siguien­te:

Entre los múl­ti­ples pro­ble­mas que per­tur­ban la inte­li­gen­cia y el cora­zón de la huma­ni­dad, el pro­ble­ma sexual ocu­pa indis­cu­ti­ble­men­te uno de los pri­me­ros puestos…..La huma­ni­dad con­tem­po­rá­nea atra­vie­sa por una cri­sis sexual agu­da en la for­ma, una cri­sis que se pro­lon­ga y que, por tan­to, es mucho más gra­ve y más difí­cil de resol­ver… El estric­to indi­vi­dua­lis­mo y el ais­la­mien­to de la fami­lia nuclear sus­ti­tu­yen el énfa­sis en el tra­ba­jo colec­ti­vo que fue carac­te­rís­ti­co de la estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca tan­to local como regio­nal de la vida ances­tral. Los últi­mos ves­ti­gios de ideas comu­na­les pro­pias, has­ta cier­to pun­to, de todas las for­mas de vida tri­bal fue­ron barri­dos por el prin­ci­pio de com­pe­ten­cia bajo el capi­ta­lis­mo, por los prin­ci­pios triun­fan­tes del indi­vi­dua­lis­mo y de la pro­pie­dad pri­va­da indi­vi­dua­li­za­da, ais­la­da26.

No com­par­tien­do el aná­li­sis etno­cén­tri­co de la auto­ra, ni la sus­ti­tu­ción abso­lu­ta de la vida comu­nal con la indi­vi­dua­lis­ta, ya que la vida comu­nal sigue estan­do muy pre­sen­te en nues­tras vidas, aún más en la vida de comu­ni­da­des no occi­den­ta­les. Si asu­mi­mos ple­na­men­te su visión sobre la gra­ve cri­sis sexual que sigue pro­lon­gán­do­se en el tiem­po. Intere­san­te tam­bién lo que la auto­ra pro­cla­ma en ple­na épo­ca pre-revo­lu­cio­na­ria:

[…] es incom­pren­si­ble e imper­do­na­ble que esta cues­tión vital, esen­cial­men­te vio­len­ta y trá­gi­ca, sea con­si­de­ra­da con tan­ta indi­fe­ren­cia. Entre las múl­ti­ples con­sig­nas fun­da­men­ta­les que la cla­se obre­ra debe tener en cuen­ta para la lucha de la socie­dad futu­ra, tie­ne que incluir­se nece­sa­ria­men­te la de esta­ble­cer rela­cio­nes sexua­les más sanas y que, por tan­to, hagan más feliz a la huma­ni­dad… Es inex­pli­ca­ble e injus­ti­fi­ca­ble que el vital pro­ble­ma sexual se rele­gue hipó­cri­ta­men­te al casi­lle­ro de las cues­tio­nes pura­men­te pri­va­das27.

Y es tra­ta­do con indi­fe­ren­cia, por­que los asun­tos de las rela­cio­nes afec­ti­vos-sexua­les son des­pre­cia­dos como feme­ni­nos y secun­da­rios fren­te a las gran­des cues­tio­nes mas­cu­li­nas de la eco­no­mía y la polí­ti­ca. Nada más lejos de la reali­dad, son aspec­tos esen­cia­les para la eman­ci­pa­ción huma­na y la lucha polí­ti­ca por una nue­va socie­dad, libre de la opre­sión patriar­cal. Y las trans­for­ma­cio­nes nece­sa­rias pasan por la con­quis­ta de la igual­dad eco­nó­mi­ca y social, pero tam­bién por una pro­fun­da y fun­da­men­tal evo­lu­ción de la psi­co­lo­gía huma­na. Por­que la cri­sis sexual, si bien está fuer­te­men­te con­di­cio­na­da por las cir­cuns­tan­cias socio-eco­nó­mi­cas, tam­bién están deter­mi­na­das por la psi­co­lo­gía indi­vi­dua­lis­ta que la bur­gue­sía se ha cui­da­do en cul­ti­var28.

Es por ello, que la cri­sis sexual no pue­de resol­ver­se sin una pro­fun­da trans­for­ma­ción de la psi­co­lo­gía huma­na que si bien se pro­du­ci­rá com­ple­ta­men­te en la nue­va socie­dad, debe empe­zar a resol­ver­se en el pre­sen­te, de hecho ya se está pro­du­cien­do en la actua­li­dad, y en el pasa­do, lo que nues­tra auto­ra lla­mó la mujer nue­va. Seguir tra­ba­jan­do las rela­cio­nes libres y de inter­de­pen­den­cia mutua, resul­ta­do de una amis­tad y cama­ra­de­ría que vaya aca­ban­do con ese atra­pa­mien­to psi­co­ló­gi­co de muchos hom­bres y muje­res. Eli­mi­nan­do fac­to­res rela­cio­na­dos con la ideo­lo­gía bur­gue­sa, el egoís­mo extre­mo, la idea del dere­cho de pro­pie­dad de los com­po­nen­tes de la pare­ja y la desigual­dad físi­ca y emo­cio­nal entre los sexos. Para afron­tar­los debe­mos acu­mu­lar sen­ti­mien­tos de con­si­de­ra­ción y mayor capa­ci­dad de amar, en ese sen­ti­do de entre­ga del que esta­mos hablan­do.

Es, por lo tan­to, un obje­ti­vo tan esen­cial como la lucha mili­tan­te por los cam­bios socia­les, y don­de las per­so­nas más cons­cien­tes y orga­ni­za­das tie­nen que dar más ejem­plo, si cabe. Sien­do cons­cien­te de la impor­tan­cia que este tema mere­ce, esta­re­mos crean­do gér­me­nes de nue­vas orien­ta­cio­nes entre los sexos, estre­cha­men­te uni­dos a los obje­ti­vos de cla­se. La his­to­ria demues­tra que la ideo­lo­gía y moral –tam­bién la sexual– de un gru­po social, la cla­se tra­ba­ja­do­ra, debe rea­li­zar­se en el mis­mo pro­ce­so de lucha de este gru­po con­tra las fuer­zas socia­les adver­sas29.

Con­cep­ción Cruz Rojo

Cádiz, 13 de mar­zo de 2017

[Tex­to escri­to para la char­la-deba­te del pró­xi­mo 16 de mar­zo en la libre­ría-cafe­te­ría: La Clan­des­ti­na.]

  1. Cruz-Rojo, C., Gil de San Vicen­te, I:Dere­chos huma­nos como arma de des­truc­ción masi­va, Boltxe, 2015. p. 385.
  2. El desa­rro­llo cada vez mayor del cere­bro colec­ti­vo del homo sapiens deter­mi­nó que la infan­cia y todo el pro­ce­so de apren­di­za­je fue­ra mayor en los infan­tes huma­nos, esto jun­to al mayor núme­ro de par­tos deter­mi­nó la nece­si­dad de la divi­sión sexual del tra­ba­jo.
  3. Ler­ner, G:El ori­gen del patriar­ca­do, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na, 1990, p. 46.
  4. Ler­ner, G.:El ori­gen del patriar­ca­do, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 1990, p. 83.
  5. Ler­ner, G.:El ori­gen del patriar­ca­do, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 1990, p. 128.
  6. Son muchos los aná­li­sis his­tó­ri­cos y antro­po­ló­gi­cos que mues­tran la fun­ción de la reli­gión como for­ma de cana­li­zar los sen­ti­mien­tos y afec­tos de la gen­te, pero tam­bién como for­ma de man­te­ner la ideo­lo­gía en el poder, inclui­da la patriar­cal. Ger­da Ler­ner hace un desa­rro­llo exhaus­ti­vo de como las dio­sas y los dio­ses se fue­ron trans­for­man­do en un solo dios todo pode­ro­so y varón en la for­ma­ción del patriar­ca­do y las cla­ses socia­les con su rey-dios y empe­ra­do­res varo­nes.
  7. Fede­ri­ci, S.:El Cali­bán y la bru­ja. Muje­res, cuer­po y acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2010, p. 26.
  8. Fede­ri­ci, S.:El Cali­bán y la bru­ja. Muje­res, cuer­po y acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2010, pp. 73–74.
  9. Fede­ri­ci, S.:El Cali­bán y la bru­ja. Muje­res, cuer­po y acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2010, pp. 78–80.
  10. Los cer­ca­mien­tos o pri­va­ti­za­ción de la tie­rra, supu­so ampliar la exten­sión de las pro­pie­da­des de los anti­guos o nue­vos due­ños (nobles o nue­va bur­gue­sía) y la apro­pia­ción de las tie­rras comu­na­les que eran uti­li­za­das por el pue­blo como ayu­das ali­men­ta­rias y de recrea­ción colec­ti­va.
  11. Orga­ni­za­ción de cen­sos, regis­tros de las tasas de mor­ta­li­dad, nata­li­dad y matri­mo­nios. Lo que en la actua­li­dad cons­ti­tu­ye el Regis­tro Civil.
  12. Fede­ri­ci, S.:El Cali­bán y la bru­ja. Muje­res, cuer­po y acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2010, pp. 249–250.
  13. Fede­ri­ci, S.:El Cali­bán y la bru­ja. Muje­res, cuer­po y acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, Edi­to­rial Crí­ti­ca, Bar­ce­lo­na 2010, pp.140–141.
  14. Con­si­de­ra­mos más apro­pia­do hablar de des­em­pleo y no de paro para refe­rir­nos al empleo remu­ne­ra­do, ya que pre­ci­sa­men­te son las muje­res las que más tra­ba­jan en labo­res no remu­ne­ra­das.
  15. Ins­ti­tu­to Nacio­nal del Esta­dís­ti­ca (INE). INEba­se /​Sala­rios, ingre­sos, cohe­sión social (http://​www​.ine​.es/​j​a​x​i​T​3​/​T​a​b​l​a​.​h​t​m​?​t​=​1​0​888).
  16. Ale­jan­dro Bola­ños:La bre­cha sala­rial de géne­ro en Espa­ña, la sex­ta más alta de la Unión Euro­pea, 8 de mar­zo de 2016 (http://​eco​no​mia​.elpais​.com/​e​c​o​n​o​m​i​a​/​2​0​1​6​/​0​3​/​0​7​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​1​4​5​7​3​7​8​3​4​0​_​8​5​5​6​8​5​.​h​tml).
  17. Ins­ti­tu­to de Esta­dís­ti­ca y Car­to­gra­fía de Anda­lu­cía:Encues­ta de Pobla­ción Acti­va. Año 2015 (http://​www​.jun​ta​dean​da​lu​cia​.es/​i​n​s​t​i​t​u​t​o​d​e​e​s​t​a​d​i​s​t​i​c​a​y​c​a​r​t​o​g​r​a​f​i​a​/​i​e​a​/​c​o​n​s​u​l​t​a​s​A​c​t​i​v​i​d​a​d​.​j​s​p​?​C​o​d​O​p​e​r​=​2​5​&​s​u​b​=​6​3​165).
  18. Gómez Bueno, Car­mu­ca; Bre­tin Hélè­ne:Sexua­li­dad y enve­je­ci­mien­to, Con­se­je­ría de Salud, Sevi­lla 2011. p. 26 (http://​www​.jun​ta​dean​da​lu​cia​.es/​s​a​l​u​d​/​e​x​p​o​r​t​/​s​i​t​e​s​/​c​s​a​l​u​d​/​g​a​l​e​r​i​a​s​/​d​o​c​u​m​e​n​t​o​s​/​p​_​4​_​p​_​3​_​p​r​e​v​e​n​c​i​o​n​/​s​e​x​u​a​l​i​d​a​d​_​e​n​v​e​j​e​c​i​m​i​e​n​t​o​.​pdf).
  19. Deni­se Coman­ne:Cómo el patriar­ca­do y el capi­ta­lis­mo refuer­zan en for­ma con­jun­ta la opre­sión de las muje­res, mayo de 2010 (http://​lhblog​.nue​va​ra​dio​.org/​b​2​-​i​m​g​/​c​o​m​a​n​n​e​_​p​a​t​r​i​a​r​c​a​d​o​.​pdf).
  20. Nava­rro V.: Como el poder de géne­ro, ade­más del poder de cla­se, expli­ca tam­bién el sub­de­sa­rro­llo social de Espa­ña (par­te 2),Nue­va tri­bu­na, 1 de mar­zo de 2017 (http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/poder-genero-ademas-poder-clase-explica-tambien-subdesarrollo-social-espana-parte‑2/20170301131438137259.html).
  21. Deni­se Coman­ne:Cómo el patriar­ca­do y el capi­ta­lis­mo refuer­zan en for­ma con­jun­ta la opre­sión de las muje­res, mayo de 2010 (http://​lhblog​.nue​va​ra​dio​.org/​b​2​-​i​m​g​/​c​o​m​a​n​n​e​_​p​a​t​r​i​a​r​c​a​d​o​.​pdf).
  22. Es habi­tual cons­truir socie­da­des del pasa­do aún muy des­co­no­ci­das, con una men­ta­li­dad que es la que pre­do­mi­na en la épo­ca don­de se inves­ti­gan los suce­sos his­tó­ri­cos, como es la hete­ro­pa­triar­cal en el caso que nos ocu­pa. Y, por tan­to, habi­tual ver en los museos a los huma­nos de la his­to­ria anti­gua don­de el hom­bre está de pie y en posi­ción acti­va y de for­ta­le­za y la mujer sen­ta­da, meti­da en la cue­va y cui­dan­do a sus vás­ta­gos.
  23. Mar­tí­nez Puli­do, C. (2003):El papel de la mujer en la evo­lu­ción huma­na, Biblio­te­ca Nue­va, Madrid.
  24. Des­pi­den a una tra­ba­ja­do­ra bri­tá­ni­ca por no lle­var taco­nes. Pre­gun­tó si a los hom­bres se les exi­gía tam­bién ese tipo de zapa­to y la des­pi­die­ron, 12 de mar­zo de 2017 (http://​www​.cua​tro​.com/​n​o​t​i​c​i​a​s​/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​t​a​c​o​n​e​s​_​a​l​t​o​s​-​e​m​p​r​e​s​a​-​s​e​x​i​s​m​o​-​R​e​i​n​o​_​U​n​i​d​o​_​0​_​2​1​7​8​2​2​5​1​9​6​.​h​tml).
  25. Pre­fe­ri­mos el tér­mino vio­len­cia machis­ta por­que mues­tra de for­ma más cla­ra que la vio­len­cia que ejer­cen los hom­bres con­tra las muje­res, es debi­do a toda una ideo­lo­gía jus­ti­fi­ca­do­ra de la opre­sión hete­ro­pa­triar­cal que sole­mos nom­brar como machis­mo.
  26. Kollon­tai, A.:Los fun­da­men­tos socia­les de la cues­tión feme­ni­na y otros escri­tos, En Lucha, 2011, «Intro­duc­ción», pp. 22, 23.
  27. Kollon­tai, A.:Los fun­da­men­tos socia­les de la cues­tión feme­ni­na y otros escri­tos, En Lucha, 2011, «Intro­duc­ción», p. 25.
  28. Kolon­tai, A.:Auto­bio­gra­fía de una mujer sexual­men­te eman­ci­pa­da y otros tex­tos sobre el amor, Libre­ría muje­res horas y Horas la edi­to­rial, Madrid. 2014, p. 124.
  29. Kolon­tai, A.:Auto­bio­gra­fía de una mujer sexual­men­te eman­ci­pa­da y otros tex­tos sobre el amor, Libre­ría muje­res horas y Horas la edi­to­rial, Madrid. 2014, pp. 134, 135.

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