«La muer­te de muje­res en las maqui­las recuer­da a la fase del perio­do de acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria» – Entre­vis­ta a Sil­via Federici

El aná­li­sis femi­nis­ta de la eta­pa de la tran­si­ción del feu­da­lis­mo al capi­ta­lis­mo y del tra­ba­jo repro­duc­ti­vo no asa­la­ria­do como sos­tén del sis­te­ma capi­ta­lis­ta han con­ver­ti­do a Sil­via Fede­ri­ci, escri­to­ra, acti­vis­ta y pro­fe­so­ra de la Uni­ver­si­dad de Hofs­tra de Nue­va York, en un refe­ren­te para com­pren­der la inter­co­ne­xión entre la cri­sis sis­té­mi­ca del capi­tal y el incre­men­to de las dife­ren­tes for­mas de vio­len­cias hacia las muje­res. Su paso por Ecua­dor para par­ti­ci­par en dife­ren­tes encuen­tros con la aca­de­mia y movi­mien­tos femi­nis­tas duran­te el pasa­do mes de mayo, per­mi­tió una con­ver­sa­ción en la que de mane­ra crí­ti­ca ana­li­za la actua­li­za­ción direc­ta e indi­rec­ta de la caza de bru­jas y las con­se­cuen­cias de las polí­ti­cas extrac­ti­vis­tas sobre las vidas y los cuer­pos de las muje­res en Amé­ri­ca Latina.

La cri­sis del sis­te­ma ha teni­do un gra­ve impac­to para las muje­res en diver­sos aspec­tos, pero tam­bién de mane­ra dife­ren­cia­da según terri­to­rios. ¿Cuá­les son las con­se­cuen­cias que se pue­den iden­ti­fi­car a nivel glo­bal tan­to en el ámbi­to del tra­ba­jo como en el reproductivo?

La cri­sis capi­ta­lis­ta ha sig­ni­fi­ca­do cosas muy dife­ren­tes para las muje­res, según los luga­res del mun­do, pero igual­men­te exis­ten ele­men­tos comu­nes. Las muje­res hoy se enfren­tan de una for­ma muy dife­ren­te, pero con­tun­den­te, con una cri­sis muy fuer­te de la repro­duc­ción a todos los nive­les como con­se­cuen­cia del fra­ca­so del esta­do de bien­es­tar, el fra­ca­so del sala­rio mas­cu­lino, el de la polí­ti­ca del pleno empleo, que ha obli­ga­do a muchas muje­res a salir de la casa, tomar un segun­do tra­ba­jo que se ha aña­di­do al tra­ba­jo domés­ti­co no paga­do, así que aho­ra la jor­na­da labo­ral de las muje­res es una jor­na­da sin fin. Las muje­res hoy deben tra­ba­jar fue­ra y den­tro de la casa para recu­pe­rar todos los cor­tes de los ser­vi­cios socia­les que el esta­do ya no rea­li­za. En Esta­dos Uni­dos, las muje­res se encuen­tran en una cri­sis exis­ten­cial, per­so­nal y colec­ti­va, muy fuer­te, y se han con­ver­ti­do en las mayo­res con­su­mi­do­ras de anti­de­pre­si­vos. El núme­ro de sui­ci­dios de muje­res se ha ele­va­do y se cal­cu­la que la espe­ran­za de vida de una mujer pro­le­ta­ria sin recur­sos es cin­co años menor que la de su madre. A nivel más inter­na­cio­nal, las muje­res de las áreas rura­les de Amé­ri­ca Lati­na y de Áfri­ca se encuen­tran con un ata­que muy gra­ve al terri­to­rio, lo que impli­ca un impac­to espe­cí­fi­co hacia ellas. Se tra­ta de una agre­sión a las for­mas de cul­ti­vo de sub­sis­ten­cia, que para muchas muje­res son una mane­ra de tener auto­no­mía del mer­ca­do y sus­ten­tar a su fami­lia en un con­tex­to social don­de la comu­ni­da­des han sido des­mo­ne­ta­ri­za­das como con­se­cuen­cia del ajus­te estruc­tu­ral, con el des­em­pleo, y muchas veces con el des­po­jo de la tie­rra que poseían.

Y en este con­tex­to, tam­bién se da un ata­que hacia el cuer­po de las muje­res y su autonomía…

Sí, tam­bién exis­te un nue­vo ata­que direc­ta­men­te con­tra el cuer­po de la mujer, con­tra su capa­ci­dad repro­duc­ti­va, con­tra su capa­ci­dad de con­tro­lar la pro­crea­ción, un ata­que que es dife­ren­te según los luga­res. En otros casos, las muje­res se enfren­tan, por ejem­plo, a la este­ri­li­za­ción. Duran­te los años noven­ta hubo una cam­pa­ña de este­ri­li­za­ción bru­tal es muchas par­tes de Áfri­ca, de India, de Indo­ne­sia. En estos paí­ses se rea­li­zan los safa­ris de la este­ri­li­za­ción, don­de se jun­ta­ban muje­res dán­do­le a cam­bio peque­ñas cosas, como arroz, para con­ven­cer­las de que debían ligar o cor­tar las trom­pas. Había mie­do a que estas muje­res fue­ran a pro­crear una gene­ra­ción de jóve­nes más com­ba­ti­va. Yo creo que estos pro­gra­mas de este­ri­li­za­ción están conec­ta­dos como una res­pues­ta a las luchas de las nue­vas gene­ra­cio­nes de los terri­to­rios colo­ni­za­dos, gene­ra­cio­nes que se pro­po­nían, como pro­yec­to polí­ti­co, recu­pe­rar la rique­za robada.

En otros luga­res, se prohí­be el abor­to, como en Ecua­dor, que no sola­men­te sig­ni­fi­ca prohi­bir a la mujer el con­trol sobre su cuer­po, es par­te de toda una polí­ti­ca para con­tro­lar el tra­ba­jo de las muje­res, para poner una vez más su sumi­sión a los hom­bres de la casa y a su sexua­li­dad, y su capa­ci­dad repro­duc­ti­va al con­trol de los hom­bres y del esta­do. Esto es un pro­ce­so que se pue­de docu­men­tar a nivel inter­na­cio­nal. En Esta­dos Uni­dos, muchos esta­dos han apro­ba­do leyes que inten­tan con­tro­lar la vida y el com­por­ta­mien­to de las muje­res cuan­do están emba­ra­za­das. Se esta­ble­cen pena­li­za­cio­nes por com­por­ta­mien­tos que no son acep­ta­dos, así, en muchos hos­pi­ta­les don­de van las muje­res que no tie­nen recur­sos, se rea­li­za un test de san­gre des­pués del par­to, y en caso de iden­ti­fi­car algu­na anor­ma­li­dad, se les envían a pri­sión acu­sa­das de sabo­tear la vida del futu­ro naci­do. Muje­res emba­ra­zas que han sufri­do acci­den­tes de coche han sido arres­ta­das por irresponsables.

Se tra­ta de un nue­vo ata­que como el que se pro­du­jo en el perio­do de la acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria, y que pasa por el tra­ba­jo, por el acce­so de las muje­res a la tie­rra y a su cuer­po. Es una súper explo­ta­ción. Aho­ra las muje­res deben tra­ba­jar fue­ra del hogar, den­tro del hogar y tra­ba­jar tam­bién en indus­trias que son for­mas de escla­vi­za­ción, como la maqui­la, las muje­res han sido la car­ne de cañón de la des­es­truc­tu­ra­ción indus­trial del mun­do con la maqui­li­za­ción del tra­ba­jo. Las muje­res jóve­nes han sido des­ti­na­das a con­su­mir su cuer­po, con­su­mir su vida, en estas nue­vas plan­ta­cio­nes indus­tria­les, don­de se dan for­mas de tra­ba­jo ver­da­de­ra­men­te esclavizantes.

Las muje­res son expul­sa­das de la tie­rra, mar­gi­na­li­za­das, se pena­li­za el cul­ti­vo de sub­sis­ten­cia y el cuer­po tam­bién. Por eso, muchas muje­res en Amé­ri­ca Lati­na hablan de cuer­po y terri­to­rio, por la con­ti­nui­dad que hay en él.

¿Cómo rela­cio­na la cri­sis del sis­te­ma y la explo­ta­ción de los terri­to­rios con la vio­len­cia hacia las muje­res y la caza de brujas?
Una ima­gen muy fuer­te de lo que está ocu­rrien­do a nivel inter­na­cio­nal es el gran aumen­to de la vio­len­cia con­tra las muje­res, un incre­men­to del núme­ro de aten­ta­dos y de abu­sos de for­ma cuan­ti­ta­ti­va, pero tam­bién cua­li­ta­ti­va, por la inten­si­dad de la bru­ta­li­dad: hoy las muje­res se matan, se des­miem­bran, se que­man vivas, se entie­rran… En esta caza de bru­jas de Áfri­ca, las entie­rran vivas, las des­miem­bran con mache­tes. Y son for­mas de vio­len­cia que tam­bién se docu­men­tan en paí­ses como Espa­ña y e Ita­lia. Este fenó­meno tie­ne muchas caras: la vio­len­cia que se usa para ate­rro­ri­zar pobla­cio­nes, para vaciar terri­to­rios que son des­ti­na­dos a la comer­cia­li­za­ción, des­ti­na­dos a la empre­sa mine­ra, es otro tipo de vio­len­cia, es la vio­len­cia de la que habla Rita Sega­to, y que tie­ne como fina­li­dad dar un men­sa­je a la pobla­ción sobre la fal­ta de com­pa­sión y de con­si­de­ra­ción, de mane­ra que se les obli­ga a aban­do­nar el terri­to­rio. Se des­tru­yen a las muje­res para des­truir a la comu­ni­dad, para obli­gar­las a salir. Esta es una vio­len­cia conec­ta­da al tra­ba­jo, como el ase­si­na­to de muje­res en Ciu­dad Juá­rez, muchas de ellas tra­ba­ja­do­ras de la maqui­la, que ha ser­vi­do para para­li­zar su for­ma de orga­ni­za­ción, es un fenó­meno tam­bién de la fron­te­ra y a estas for­mas de súper explo­ta­ción, que al prin­ci­pio habían pro­vo­ca­do pro­tes­tas de las tra­ba­ja­do­ras de la maqui­la, que se habían sofo­ca­do, para­li­za­do, con­tra esta gran vio­len­cia. Y tam­bién está la vio­len­cia de los nar­co­tra­fi­can­tes, de para­mi­li­ta­res… Está la vio­len­cia de los hom­bres, de la fami­lia, por­que los hom­bres des­car­gan sobre las muje­res las frus­tra­cio­nes que lle­gan de su pér­di­da de poder social, y hom­bres que inten­tan recu­pe­rar a tra­vés del cuer­po de las muje­res lo que han per­di­do per­dien­do el sala­rio. Yo decía que en el perio­do de acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria el capi­ta­lis­mo dio las muje­res a los hom­bres como com­pen­sa­ción por la tie­rra que habían per­di­do. Hoy, el cuer­po de las muje­res es sus­ti­tu­to del sala­rio y el empleo que han per­di­do. Hay hom­bres que ven­den a su pare­ja para el tra­ba­jo sexual, que es otro tipo de vio­len­cia, pero todas ellas están conec­ta­das por­que tie­nen sus raí­ces en la des­es­truc­tu­ra­ción del tra­ba­jo impul­sa­do por el neo­li­be­ra­lis­mo, por la rela­ción capi­ta­lis­ta. Me intere­sa sub­ra­yar tam­bién la inter­ac­ción entre vio­len­cia fami­liar, más no pri­va­da, por­que es tole­ra­da y man­da­ta­da por el esta­do, y la vio­len­cia públi­ca e ins­ti­tu­cio­nal. Y me intere­sa sub­ra­yar tam­bién la con­ti­nui­dad entre la vio­len­cia físi­ca del des­mem­bra­mien­to, de la que­ma­du­ra, y de la polí­ti­ca social, por­que el empo­bre­ci­mien­to, la expro­pia­ción, el cor­te de los ser­vi­cios socia­les, deben ser con­si­de­ra­dos for­mas de vio­len­cia. Es impor­tan­te no redu­cir la vio­len­cia a sola­men­te la vio­len­cia direc­ta­men­te físi­ca, que es una medi­da cen­tral para impo­ner todo esto, pero que es par­te inte­gran­te de otras vio­len­cias, que es inte­gra­da, con­fi­gu­ra­da, en toda la orga­ni­za­ción capi­ta­lis­ta del tra­ba­jo y de las rela­cio­nes sociales.

En dife­ren­tes paí­ses de Áfri­ca y Asia se han docu­men­ta­do ase­si­na­tos y tor­tu­ras hacia muje­res acu­sa­das de ser bru­jas. ¿Cómo se pre­sen­ta en esta épo­ca la caza de bru­jas y con qué obje­ti­vos se ha pro­du­ci­do esta actualización?

La caza de bru­jas que se cono­ce aho­ra empie­za a actua­li­zar­se en los años ochen­ta, mano a mano con los pro­gra­mas de ajus­te estruc­tu­ral y las polí­ti­cas extrac­ti­vis­tas que actúan de mane­ra con­jun­ta con el apo­yo e inter­ven­ción masi­va en muchas par­tes del mun­do, con un ejér­ci­to de misio­ne­ros pen­te­cos­ta­les finan­cia­dos por las matri­ces más con­ser­va­do­ras de los par­ti­dos de dere­cha de los Esta­dos Uni­dos, coin­ci­dien­do con la des­es­truc­tu­ra­li­za­ción de la eco­no­mía del ter­cer mun­do, pero tam­bién de los paí­ses del pri­mer mundo.

Estos misio­ne­ros lle­ga­ron pre­ten­dien­do hacer mila­gros, con pro­pa­gan­da e intro­du­cien­do la pre­sen­cia de un dia­blo que cons­pi­ra y que se escon­de detrás de todos los males. Estos gru­pos tie­nen estric­tos manua­les de cómo reco­no­cer a una bru­ja. En la tele­vi­sión se difun­den pro­gra­mas que ense­ñan a iden­ti­fi­car­las, mien­tras que en los mer­ca­dos popu­la­res tam­bién hablan de la bru­je­ría. Esto ha sido muy impor­tan­te por­que hay un con­jun­to de fenó­me­nos de empo­bre­ci­mien­to, de migra­ción, de des­frag­men­ta­ción y des­man­te­la­mien­to del teji­do social, como con­se­cuen­cia de la inter­ven­ción extran­je­ra, prin­ci­pal­men­te de com­pa­ñías mine­ras y petro­le­ras que en muchos luga­res cons­pi­ran con los jefes loca­les y con la orga­ni­za­ción pen­te­cos­tal. Muje­res que viven solas, que se sus­ten­tan cul­ti­van­do un tro­zo de tie­rra, empie­zan a ser acu­sa­das de bru­jas y de ser res­pon­sa­bles de todo lo malo que ocu­rre en la comu­ni­dad, como la muer­te de un niño, de un ani­mal o de un acci­den­te de coche. Aho­ra, fami­lia­res de muje­res que tie­nen tie­rra, sobre todo jóve­nes que quie­ren apro­piar­se de esa tie­rra, se con­vier­ten en mer­ce­na­rios de esos otros personajes.

En muchos luga­res, la ausen­cia de asis­ten­cia médi­ca ha sido sus­ti­tui­da por la figu­ra del curan­de­ro. El curan­de­ro moderno es una figu­ra que se pre­sen­ta como alguien capaz de reco­no­cer a las bru­jas. A veces, los jefes loca­les traen curan­de­ros, o a per­so­na­jes que se dicen capa­ces de reco­no­cer a las bru­jas, muje­res que ter­mi­nan sien­do gol­pea­das, tor­tu­ra­das, des­po­ja­das de sus pro­pie­da­des, y ase­si­na­das. En Tan­za­nia, en 2014, casi mil muje­res han sido ase­si­na­das o bru­tal­men­te abu­sa­das, acu­sa­das de ser bru­jas, y es algo que tam­bién ocu­rre en otras par­tes de Áfri­ca, y en otras zonas como India. En Áfri­ca, hay hom­bres ancia­nos acu­sa­dos de ser bru­jos, con el cla­ro obje­ti­vo de con­fis­car su pen­sión. Los jóve­nes acu­sa­ban a per­so­nas mayo­res de ser bru­jos, en el momen­to jus­to en el que estas per­so­nas regre­sa­ban de la ciu­dad con dine­ro, con el obje­ti­vo de con­fis­car su ganan­cia. Vemos de esta mane­ra la cone­xión y com­pli­ci­dad entre estos fenó­me­nos y las polí­ti­cas de des­po­jo, la rela­ción entre el con­tex­to del des­po­jo, del empo­bre­ci­mien­to y de la frag­men­ta­ción de la soli­da­ri­dad social. Y a esto se aña­de una comu­na­li­dad de intere­ses entre los gran­des acto­res, los gobier­nos, con los pla­nes de desa­rro­llo, con su com­pli­ci­dad con las com­pa­ñías mine­ras, petro­le­ras, que están intere­sa­das en des­pla­zar aldeas y comu­ni­da­des ente­ras, o a rea­li­zar for­mas muy con­ta­mi­nan­tes de extrac­ción. Y, en esta situa­ción, una juven­tud sobre todo mas­cu­li­na local que no tie­ne futu­ro, que no ve capa­ci­dad de algún empleo o estu­dio, y que no sabe cómo salir del empo­bre­ci­mien­to, es fácil­men­te reclu­ta­da por los jefes loca­les y por la com­pa­ñía mine­ra para for­mar par­te de su ejér­ci­to pri­va­do. Es decir, ter­mi­nan sien­do uti­li­za­dos para enfren­tar­se a las comu­ni­da­des, sobre todo a las muje­res. Espe­ran­do apro­piar­se de un tro­zo de tie­rra y de los pocos recur­sos que pue­de haber, son los que acu­san direc­ta­men­te a las muje­res de ser brujas.

En Áfri­ca y en India se pro­du­ce una caza de bru­jas bajo acu­sa­ción direc­ta, pero en otras regio­nes del mun­do, como Amé­ri­ca Lati­na, ha iden­ti­fi­ca­do una cri­mi­na­li­za­ción de las prác­ti­cas y sabe­res tradicionales.

Las dife­ren­tes ver­sio­nes de la caza de bru­ja están conec­ta­das. Está la caza de bru­jas que pasa por la acu­sa­ción direc­ta en la que te dicen: “tú eres bru­ja”; pero tam­bién exis­te una caza indi­rec­ta en la que se lle­va a cabo la cri­mi­na­li­za­ción de las prác­ti­cas y sabe­res que no gus­tan al esta­do por­que dan auto­no­mía a las muje­res y no pue­de ejer­cer su con­trol. Jun­to a la cri­mi­na­li­za­ción de estos espa­cios de auto­no­mía se da un con­flic­to inter­ge­ne­ra­cio­nal, que es un con­flic­to de valo­res. Los jóve­nes, tam­bién las muje­res, vin­cu­lan la feli­ci­dad con el desa­rro­llo del con­su­mo, en el mar­co del sis­te­ma capi­ta­lis­ta mone­ta­rio, y ven con des­pre­cio y con recha­zo a sus mayo­res, sobre todo a las muje­res, por­que tie­nen valo­res que con­si­de­ran atra­sa­dos, como amar a la natu­ra­le­za y negar­se a ven­der la tierra.

En mi inves­ti­ga­ción, he encon­tra­do tes­ti­mo­nios de hom­bres mayo­res que afir­man tener mie­do de que un hijo los mate para ven­der su tie­rra y con el dine­ro com­prar un taxi. Lite­ral­men­te, es el pen­sa­mien­to del Ban­co Mun­dial, que ha adop­ta­do la teo­ría del eco­no­mis­ta peruano Her­nan­do de Soto, quien afir­ma que la tie­rra no es ver­da­de­ra­men­te fér­til y que, si hoy hay pobre­za en el mun­do, se debe a que millo­nes de per­so­nas usan la tie­rra para sus­ten­tar­se. Según este pen­sa­mien­to, la tie­rra es fér­til solo cuan­do se usa de mane­ra cola­te­ral, cuan­do se inter­cam­bia con el ban­co por un prés­ta­mo mone­ta­rio con el que se va a impul­sar un nego­cio. Y este es el pen­sa­mien­to de los jóve­nes, ven que el futu­ro está en el dine­ro, no está en los árbo­les, ni en la tie­rra, ni en los animales.

Este des­pre­cio y des­va­lo­ri­za­ción es par­te de un pro­ce­so his­tó­ri­co de des­va­lo­ri­za­ción de las muje­res, de la tie­rra, del pro­ce­so de repro­duc­ción y de des­va­lo­ri­za­ción de la vida, cuan­do la vida solo sir­ve como medi­da de la ganan­cia indi­vi­dual por la acu­mu­la­ción de la rique­za individual.

Las polí­ti­cas extrac­ti­vis­tas y la explo­ta­ción de los terri­to­rios se jus­ti­fi­can en algu­nos paí­ses de Amé­ri­ca Lati­na como un “mal nece­sa­rio” que per­mi­te obte­ner finan­cia­mien­to diri­gi­do al desa­rro­llo social. ¿Qué han supues­to estas polí­ti­cas de mane­ra espe­cí­fi­ca para las mujeres?

Es men­ti­ra que estas accio­nes extrac­ti­vis­tas sobre el terri­to­rio per­mi­tan un desa­rro­llo social, y es una visión que he ela­bo­ra­do a par­tir de muchos encuen­tros con muje­res en Amé­ri­ca Lati­na sobre lo que está suce­dien­do. En algu­nos paí­ses se ofre­cen a cam­bio del des­po­jo bol­sas fami­lia­res, que no pue­den com­pen­sar de nin­gu­na mane­ra la gran catás­tro­fe, el des­pla­za­mien­to y la con­ta­mi­na­ción de la tie­rra en la vida de los pue­blos, en gene­ral, y de las muje­res, en par­ti­cu­lar. La con­ta­mi­na­ción de la tie­rra, impli­ca la pér­di­da de la vida, la cul­tu­ra y los sabe­res, no se deja nada a las siguien­tes gene­ra­cio­nes, de mane­ra que es un ata­que a la vida mis­ma. Esas peque­ñas bol­sas fami­lia­res que se dan en algu­nos paí­ses nun­ca fue­ron pen­sa­das para el bien­es­tar de las muje­res, si no para dar la impre­sión de que se ofre­cía algo a cam­bio y, sobre todo, para des­mo­vi­li­zar la pro­tes­ta que sur­gía del des­po­jo. Se pre­ten­de eli­mi­nar la for­ma más horren­da de empo­bre­ci­mien­to, pero estas bol­sas fami­lia­res nun­ca fue­ron diri­gi­das a cam­biar el modo de pro­duc­ción, a crear una socie­dad más jus­ta. Y me pare­ce, hablan­do con muchas muje­res de Boli­via, pero tam­bién de Sudá­fri­ca, que las polí­ti­cas de las bol­sas fami­lia­res es un están­dar de estos gobier­nos que se dicen pro­gre­sis­tas. Ade­más, los requi­si­tos exi­gi­dos para reci­bir las bol­sas son com­pli­ca­dos y aque­llas muje­res de zonas rura­les que no están fami­lia­ri­za­das con las ins­ti­tu­cio­nes pier­den estas bol­sas que no cam­bian las con­di­cio­nes de vida ni tam­po­co el sis­te­ma de pro­duc­ción. Más bien, pien­san que es una for­ma de con­trol guber­na­men­tal por inte­grar­las en la eco­no­mía mone­ta­ria y con­tro­lar a unas muje­res que esta­ban fue­ra del sis­te­ma. Ade­más, con la caí­da de los ingre­sos como con­se­cuen­cia de la baja­da del pre­cio del petró­leo, es pro­ba­ble que esta medi­da vaya a desaparecer.

Pre­ci­sa­men­te, usted obser­va una rela­ción entre la expro­pia­ción de la tie­rra y la nue­va orga­ni­za­ción de la pro­duc­ción indus­trial, con la maqui­la como úni­co medio de sub­sis­ten­cia para las muje­res que han sufri­do el despojo.

La des­es­truc­tu­ra­ción de la pro­duc­ción indus­trial a nivel glo­bal fue la res­pues­ta a la enor­me lucha de las déca­das de los años sesen­ta y seten­ta con­tra la gran con­cen­tra­ción indus­trial. El des­man­te­la­mien­to de empre­sas, como Fiat, ha deja­do ciu­da­des fan­tas­mas, como Detroit, que ha per­di­do más de la mitad de su pobla­ción, des­pués de que se con­vir­tie­ra en un cen­tro de lucha obre­ra. Es muy intere­san­te ver cómo des­de fina­les de la déca­da de los años ochen­ta se ha recons­trui­do la orga­ni­za­ción del tra­ba­jo a nivel mun­dial, han cerra­do y des­man­te­la­do la gran con­cen­tra­ción indus­trial y la reor­ga­ni­za­ron la pro­duc­ción indus­trial a nivel inter­na­cio­nal con la maqui­la, que es ali­men­ta­da por la expro­pia­ción de la tie­rra. En Amé­ri­ca Lati­na, la expro­pia­ción de la tie­rra es la raíz de la maqui­la, ya que las muje­res jóve­nes no pue­den sus­ten­tar­se con una acti­vi­dad del cam­po que dejó de exis­tir, y ante la fal­ta de opor­tu­ni­da­des se ven obli­ga­das a tra­ba­jar en la maqui­la. Son tra­ba­ja­do­ras cuyos padres per­die­ron la tie­rra o se han endeu­da­do con la polí­ti­ca de Mon­san­to para com­prar las semi­llas. El des­po­jo de la tie­rra, el endeu­da­mien­to de los cam­pe­si­nos, que ha pro­vo­ca­do tan­tos sui­ci­dios, ha sido la base y el fun­da­men­to sobre el cual se ha cons­trui­do la maqui­la, que ha sido el reem­pla­zo de las gran­des con­cen­tra­cio­nes indus­tria­les. La maqui­la es una ins­ti­tu­ción mili­tar, no sola­men­te eco­nó­mi­ca, y en ella se pue­de poner cual­quier con­di­ción de tra­ba­jo: no se per­mi­te la orga­ni­za­ción ni la sin­di­ca­li­za­ción, no exis­ten hora­rios ni pro­tec­ción de los dere­chos. La maqui­la es un ata­que con­tra la salud de las muje­res y un ata­que con­tra los dere­chos huma­nos en gene­ral. Hay que recor­dar cuán­tas muje­res han muer­to por no poder salir de un incen­dio, a cau­sa del cie­rre de puer­tas de la fábri­ca, es algo que recuer­da a la fase del perio­do de acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria. En Fox­conn, la empre­sa que fabri­ca los pro­duc­tos para Apple, tra­ba­jan sesen­ta mil muje­res con unas con­di­cio­nes de tra­ba­jo tan bru­ta­les, que han adop­ta­do el sui­ci­dio des­de los techos de la fábri­ca como estra­te­gia de lucha, y aho­ra has­ta les hacen fir­mar un com­pro­mi­so de que no van a sui­ci­dar­se en el trabajo.

Entre­vis­ta rea­li­za­da por: Mª Cruz Tornay
Fuen­te: http://​www​.revis​ta​pue​blos​.org/​?​p​=​2​1​144
29 de sep­tiem­bre de 2016

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