Ven­cer a las tor­tu­ras

Bal­se­ro­ren­tzat eta tor­tu­ra­tu dituz­ten guz­tien­tzat

La memo­ria his­tó­ri­ca, acom­pa­ña­da de una briz­na de sen­ti­do crí­ti­co, siem­pre ha hecho tem­blar a los pala­di­nes del orden públi­co. Ade­más hay que cons­ta­tar que la memo­ria es inú­til y poco ren­ta­ble en una socie­dad basa­da en el dine­ro y el con­su­mo.

El tra­ba­jo de la memo­ria con­lle­va nor­mal­men­te la crí­ti­ca en su seno: la his­to­ria nos ense­ña que lo que hoy pare­ce inmu­ta­ble no lo es siem­pre. La his­to­ria nos ense­ña que nada está fijo y que nin­gu­na socie­dad, nin­gún impe­rio es eterno.

Prohi­bien­do y pri­van­do a la juven­tud de este tra­ba­jo de memo­ria algu­nos tra­tan tam­bién de ocul­tar este aspec­to. En su obra Pri­son­niers de gue­rre Alleg nos dice: Lo que les moles­ta no es la tor­tu­ra sino que se sepa que se prac­ti­ca1

Pre­sen­ta­ción

Antes de seguir es con­ve­nien­te saber que los casos de tor­tu­ra pro­ba­dos en Eus­kal Herria suman ya 5.657 según Eus­kal Memo­ria2 y que la Coor­di­na­do­ra para la Pre­ven­ción y Denun­cia de la Tor­tu­ra (CPDT) en su Infor­me de 2015 docu­men­ta 232 casos de tor­tu­ra en el Esta­do espa­ñol3. A fina­les de 2014 la CPDT cons­ta­tó que entre 2004 y 2014 hubo 6.621 denun­cias por tor­tu­ra y tra­tos deni­gran­tes, 833 per­so­nas muer­tas bajo cus­to­dia del Esta­do, y que, sin embar­go, entre 2001 y 2012 las con­de­na­das por diver­sos hechos de vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal son 752, la mitad de ellas como deli­to de fal­tas4. Hay que tener en cuen­ta que no se denun­cian todas las tor­tu­ras por razo­nes varias, la fun­da­men­tal es el mie­do a las repre­sa­lias.

Dicho esto, pode­mos pasar a la defi­ni­ción de la Con­ven­ción con­tra la Tor­tu­ra, en su reso­lu­ción 3946 de 10 de diciem­bre de 1984, en el artícu­lo 1, dice así:

A los efec­tos de la pre­sen­te Con­ven­ción, se enten­de­rá por el tér­mino tor­tu­ra todo acto por el cual se infli­ja inten­cio­na­da­men­te a una per­so­na dolo­res o sufri­mien­tos gra­ves, ya sean físi­cos o men­ta­les, con el fin de obte­ner de ella o de un ter­ce­ro infor­ma­ción o una con­fe­sión, de cas­ti­gar­la por un acto que haya come­ti­do, o se sos­pe­che que ha come­ti­do, o de inti­mi­dar o coac­cio­nar a esa per­so­na o a otras, o por cual­quier razón basa­da en cual­quier tipo de dis­cri­mi­na­ción, cuan­do dichos dolo­res o sufri­mien­tos sean infli­gi­dos por un fun­cio­na­rio públi­co u otra per­so­na en el ejer­ci­cio de fun­cio­nes públi­cas, a ins­ti­ga­ción suya, o con su con­sen­ti­mien­to o aquies­cen­cia. No se con­si­de­ra­rán tor­tu­ras los dolo­res o sufri­mien­tos que sean con­se­cuen­cia úni­ca­men­te de san­cio­nes legí­ti­mas, o que sean inhe­ren­tes o inci­den­ta­les a estas5.

Para los fines de nues­tra ponen­cia esta defi­ni­ción de la tor­tu­ra, sien­do váli­da en su denun­cia del papel del Esta­do en gene­ral, tie­ne sin embar­go una limi­ta­ción que ire­mos des­cu­brien­do en las pági­nas que siguen. Nos refe­ri­mos a que en la vida dia­ria, en las explo­ta­cio­nes y opre­sio­nes de todo tipo, es muy sutil y tras­pa­sa­ble la fron­te­ra que sepa­ra a un amplio y cre­cien­te con­jun­to de pre­sio­nes, ame­na­zas, chan­ta­jes, malos tra­tos, etc., psi­co­ló­gi­cos y físi­cos, visi­bles e invi­si­bles, con efec­tos des­truc­to­res no inme­dia­tos sino media­tos y has­ta a lar­go pla­zo, para ter­mi­nar en las mil for­mas de tor­tu­ra no reco­no­ci­das ofi­cial­men­te.

Deci­mos esto por­que, por deba­jo de los acuer­dos inter­na­cio­na­les entre Esta­dos, exis­ten otras reali­da­des más oscu­ras, amar­gas y trá­gi­cas, en las que ope­ran múl­ti­ples vio­len­cias fre­cuen­te­men­te sen­ti­das por sus víc­ti­mas como tor­tu­ras. Son ellas las que hacen de las refle­xio­nes crí­ti­cas sobre las tor­tu­ras una fuen­te de pen­sa­mien­to como dice Alfon­so Sas­tre6. Por­que es cues­tión de pen­sa­mien­to, vamos a emplear un con­cep­to dia­léc­ti­co de tor­tu­ra que nos per­mi­ta mover­nos por los infier­nos de las tor­tu­ras, en plu­ral, y de las pro­fe­sio­nes e ins­ti­tu­cio­nes que faci­li­tan su prác­ti­ca: Hay psi­có­lo­gos que son tor­tu­ra­do­res acti­vos con sus con­se­jos espe­cia­li­za­dos, no son pasi­vos sino que for­man par­te del pro­ce­so ente­ro de la tor­tu­ra7; tam­bién los médi­cos inter­vie­nen direc­ta8 o indi­rec­ta­men­te en las tor­tu­ras, como vol­vió a con­fir­mar­se en Esta­dos Uni­dos tras los aten­ta­dos del 11‑S de 2001.

La mejo­ra de las téc­ni­cas de tor­tu­ra es tan vie­ja como ella mis­ma y res­pon­de al hecho de que pese a toda su vio­len­cia des­truc­to­ra, siem­pre ha habi­do per­so­nas que la han aguan­ta­do, al menos no con­fe­san­do lo fun­da­men­tal. Una de las mejo­ras intro­du­ci­das por el capi­ta­lis­mo tenía y tie­ne el obje­ti­vo de lle­var la tor­tu­ra al inte­rior de la per­so­na, a sus más ínti­mos sen­ti­mien­tos para rom­per su iden­ti­dad: este es el papel de la psi­co­lo­gía, de la psi­quia­tría, del psi­co­aná­li­sis y de la medi­ci­na en gene­ral antes, duran­te y des­pués de las sesio­nes de tor­tu­ra. Aun así, no siem­pre triun­fan.

Un poco de his­to­ria

Las tor­tu­ras se han ido endu­re­cien­do y mul­ti­pli­can­do en sus con­te­ni­dos y for­mas según lo exi­gían las nece­si­da­des de las cla­ses explo­ta­do­ras. Una de las pri­me­ras prác­ti­cas sis­te­má­ti­cas en este sen­ti­do deci­si­vo es la del Anti­guo Egip­to. P. Reader9 nos expli­ca la quín­tu­ple impor­tan­cia que tuvo el faraón Keops (-2589 a ‑2566) en el muy racio­nal y pen­sa­do sal­va­jis­mo de las tor­tu­ras.

Una lec­ción con­sis­te en la actua­li­dad de muchos de sus méto­dos ya que una de las tor­tu­ras que se apli­ca­ban en el Egip­to Anti­guo a los escla­vos fuer­tes y rebel­des era de la atar­los y azo­tar­les las manos y las plan­tas de los pies: esta mis­ma tor­tu­ra sigue prac­ti­cán­do­se tras más de 4606 años, como lo hemos expe­ri­men­ta­do en la prác­ti­ca y lo con­fir­man cien­tos de decla­ra­cio­nes. Quie­re esto decir que por deba­jo de las suce­si­vas mejo­ras en las tor­tu­ras, estas man­tie­nen sin embar­go una iden­ti­dad esen­cial: hacer daño, cau­sar dolor, pro­vo­car sufri­mien­to en la per­so­na tor­tu­ra­da, y ate­mo­ri­zar, gene­rar el mie­do a sufrir­las en las per­so­nas que le cono­cen o que se ente­ra­rán que ha sido some­ti­da a tor­men­tos.

Dos, Keops tor­tu­ra­ba a los escla­vos de mane­ra sofis­ti­ca­da por­que inten­ta­ba que no murie­ran bajo los tor­men­tos ya que le eran más úti­les como fuer­za de tra­ba­jo viva, más ren­ta­bles, has­ta que morían por puro ago­ta­mien­to, ham­bre o enfer­me­dad. En la his­to­ria de las tor­tu­ras espa­ño­la ha habi­do fases en este sen­ti­do: duran­te la Inqui­si­ción las muer­tes por tor­tu­ras no impor­ta­ban mucho, ni tam­po­co duran­te las dic­ta­du­ras; en la lla­ma­da demo­cra­cia los tor­tu­ra­do­res deben andar con más cui­da­do. Pero la lec­ción fun­da­men­tal de Keops es que las socie­da­des que tie­nen poca fuer­za de tra­ba­jo explo­ta­ble, o pocas escla­vas y escla­vos han de man­te­ner­los vivos en la medi­da de lo posi­ble para expri­mir­les has­ta el últi­mo alien­to. Las tor­tu­ras no debe des­truir la fuer­za de tra­ba­jo por­que serían rui­no­sas.

Tres, las tor­tu­ras tam­bién ser­vían a la pro­to-cien­cia del momen­to ya que los escla­vos sufrían tre­pa­na­ción para inves­ti­gar sus cere­bros a fin de sanar los dolo­res de cabe­za de sus amos. Esta prác­ti­ca, como vere­mos, fue de nue­vo recu­pe­ra­da en el capi­ta­lis­mo por los nazis y los mili­ta­ris­tas japo­ne­ses, y más tar­de por la CIA para inten­tar aplas­tar a Viet­nam y pro­du­cir ase­si­nos men­tal­men­te pro­gra­ma­dos median­te elec­tro­dos intro­du­ci­dos en su cere­bro; aho­ra tam­bién se pue­den intro­du­cir detec­to­res a dis­tan­cia en el cuer­po del tor­tu­ra­do para, una vez dro­ga­do, dejar­lo en liber­tad y seguir sus pasos. Con cier­tas dife­ren­cias, estas tor­tu­ras en su for­ma mor­tal tam­bién se apli­can con­tra niños y niñas de los paí­ses empo­bre­ci­dos extir­pán­do­les órga­nos que lue­go se ven­de­rán en el mer­ca­do de la salud pri­va­da capi­ta­lis­ta.

Cua­tro, Keops ela­bo­ró un varia­do sis­te­ma repre­si­vo: si un escla­vo ata­ca­ba a un vee­dor o capa­taz, otros cien reci­bían vein­ti­cin­co lati­ga­zos, de este modo logra­ba que se espia­sen y dela­ta­sen entre ellos. Es un méto­do repre­si­vo adap­ta­do a las escue­las fran­quis­tas para per­se­guir la len­gua vas­ca: la niña o niño pilla­do hablan­do eus­ka­ra reci­bía un aro que se con­ver­tía en cas­ti­go al final del día si no se lo pasa­ba a otra niña o niño al que oía hablar su len­gua mater­na, así se vigi­la­ban, repri­mían y dela­ta­ban para no sufrir el cas­ti­go.

Y cin­co, las tor­tu­ras dosi­fi­ca­das para man­te­ner vivos a los escla­vos se con­ver­tían en exter­mi­nio masi­vo cuan­do estos se suble­va­ban: enton­ces no había pie­dad ni per­dón. Tras aplas­tar una rebe­lión el gene­ral Mel-Ra tor­tu­ró has­ta la muer­te a diez de sus diri­gen­tes con una cruel­dad inhu­ma­na pero muy medi­ta­da por­que se obli­gó a otros escla­vos a par­ti­ci­par en los tor­men­tos has­ta que los diri­gen­tes morían. El más cono­ci­do, Zagah, duró vein­ti­dós días. Esta quin­ta carac­te­rís­ti­ca es una cons­tan­te en la his­to­ria: las tor­tu­ras y otras for­mas de vio­len­cia se apli­can con cier­ta mesu­ra, inclu­so se prac­ti­ca el palo y la zanaho­ria pero has­ta un lími­te insal­va­ble: las tor­tu­ras se con­vier­ten en masa­cre masi­va cuan­do los opri­mi­dos quie­ren rom­per sus cade­nas.

En la épo­ca de Keops la mayo­ría inmen­sa de escla­vas y escla­vos pro­ve­nían de los pue­blos inva­di­dos. La sofis­ti­ca­ción egip­cia del sis­te­ma repre­si­vo y de la tor­tu­ra indi­ca, al menos, dos cosas: una, que Egip­to encon­tra­ba difi­cul­ta­des para dis­po­ner de más escla­vos para sus­ti­tuir a los que morían, lo que podría indi­car la fuer­te resis­ten­cia de los pue­blos a la ocu­pa­ción egip­cia; y otra que, ade­más, esa sofis­ti­ca­ción era nece­sa­ria por­que las escla­vas y escla­vos debían inten­tar rebe­lar­se colec­ti­va o indi­vi­dual­men­te con algu­na fre­cuen­cia a pesar de los tor­men­tos: por tan­to, aun estan­do muy desa­rro­lla­dos no debían ser todo­po­de­ro­sos.

Sal­van­do las dis­tan­cias espa­cio-tem­po­ra­les, las lec­cio­nes del Egip­to Anti­guo son váli­das para el pre­sen­te, sobre todo la de los lími­tes de la efec­ti­vi­dad de la tor­tu­ra. Como tam­bién pue­de ser­lo el del pro­ce­so de for­ma­ción de poli­cías y tor­tu­ra­do­res. Los egip­cios sin­tie­ron cier­ta repug­nan­cia a emplear nacio­na­les para este ingra­to ofi­cio, como lo indi­ca que el nom­bre que daban a la poli­cía, ya en una épo­ca tar­día como el impe­rio nue­vo, era el mis­mo con el que desig­na­ban a tri­bus suda­ne­sas, aun­que más ade­lan­te, en la últi­ma épo­ca pare­ce que había tam­bién egip­cios10. Pare­ce que no fue el úni­co pue­blo que se resis­tió a emplear tor­tu­ra­do­res y poli­cías de su mis­ma nacio­na­li­dad, por ejem­plo los grie­gos.

Tal vez la razón fue­ra que toda­vía no se habían desa­rro­lla­do ple­na­men­te las cla­ses socia­les y per­vi­vie­ra aun cier­ta iden­ti­dad colec­ti­va que no acep­ta­ba poli­cías autóc­to­nos. En Roma, por ejem­plo, solo podían ser tor­tu­ra­dos los escla­vos, no los ciu­da­da­nos por muy cam­pe­si­nos empo­bre­ci­dos y rebel­des que fue­ran: a estos se les mata­ba rápi­da­men­te. En la Comu­ni­dad Autó­no­ma Vas­ca o Euz­ka­di tam­bién se han prac­ti­ca­do tor­tu­ras autóc­to­nas pre­fi­rien­do los méto­dos que no dejan mar­ca […] su peri­cia en la apli­ca­ción de méto­dos psi­co­ló­gi­cos11, como vere­mos más ade­lan­te. Es la expan­sión de la pro­pie­dad pri­va­da a cos­ta de la pro­pie­dad colec­ti­va o común la que hace que las cla­ses domi­nan­tes recu­rran a las peo­res bru­ta­li­da­des, tor­tu­ras y vio­len­cias. Y como la pri­me­ra for­ma de pro­pie­dad fue la que con­vir­tió a la mujer en pro­pie­dad pri­va­da del hom­bre, eso expli­ca que la tor­tu­ra sexual fue­ra simul­tá­nea al triun­fo de la pro­pie­dad pri­va­da:

Las deno­mi­na­das nacio­nes y pue­blos civi­li­za­dos han uti­li­za­do la fero­ci­dad sexual como medio para ator­men­tar y dis­ci­pli­nar psi­co­ló­gi­ca­men­te a los pue­blos ocu­pa­dos de todo el mun­do. El espa­ñol vio­ló y mató a cien­tos de miles de seres huma­nos, al igual que Ale­jan­dro Magno. Los roma­nos emplea­ron sis­te­má­ti­ca­men­te actos de vio­len­cia eró­ti­ca como un medio para pena­li­zar y per­se­guir a los ple­be­yos. De hecho, los impe­rios deben con­tro­lar a sus súb­di­tos, tan­to en casa como en el extran­je­ro12.

Sin mayo­res pre­ci­sio­nes aho­ra, casi al mis­mo tiem­po se desa­rro­lló la pro­pie­dad pri­va­da den­tro de un mis­mo pue­blo, escin­dién­do­se en cla­ses explo­ta­do­ras y explo­ta­das. Para seguir con Egip­to las pri­me­ras luchas de cla­ses inter­nas a la socie­dad egip­cia apa­re­cen al ini­cio de la Dinas­tía V entre el ‑2494 y el ‑234513, poco des­pués del faraón Keops, que había aplas­ta­do revuel­tas de pue­blos escla­vi­za­dos, pero que no podía aca­bar defi­ni­ti­va­men­te con sus resis­ten­cias. Esta­ban así dadas las bases para que la lucha de cla­ses en todos sus con­te­ni­dos –patriar­cal, etno-nacio­nal y social– se agu­di­za­ran al son de las con­tra­dic­cio­nes y con ellas las tor­tu­ras y repre­sio­nes. Las cla­ses explo­ta­do­ras apren­die­ron de la his­to­ria: tras el exter­mi­nio de más de 100.000 per­so­nas en Gua­te­ma­la por un gol­pe mili­tar orga­ni­za­do por la CIA en 1954 para impe­dir la refor­ma agra­ria diri­gi­da por un gobierno demo­crá­ti­ca­men­te ele­gi­do, un gene­ral decla­ró que: Bas­ta con matar al 30% de la pobla­ción para obte­ner la paz14, sin embar­go la resis­ten­cia popu­lar y la lucha gue­rri­lle­ra vol­vie­ron a recu­pe­rar­se.

Hay que decir que exis­te una dife­ren­cia sus­tan­cial entre las tor­tu­ras de los pue­blos mal lla­ma­dos pri­mi­ti­vos y las tor­tu­ras de los pue­blos civi­li­za­dos, como la Inqui­si­ción, por ejem­plo, para la que era muy impor­tan­te obte­ner infor­ma­ción de la per­so­na tor­tu­ra­da. Car­los Tupac lo expli­ca así:

N. Davies mues­tra cómo la tor­tu­ra euro­pea tenía un sig­ni­fi­ca­do más pro­fun­do que el que tuvo la tor­tu­ra que prac­ti­ca­ban los iro­que­ses, por ejem­plo, ya que la euro­pea bus­ca­ba arran­car con­fe­sio­nes, lo que le lle­va­ba a alar­gar los tor­men­tos duran­te perio­dos muchí­si­mos más pro­lon­ga­dos, ade­más de que jus­ti­fi­ca­ba esas atro­ci­da­des basán­do­se muchas veces en la más míni­ma insi­nua­ción, sos­pe­cha o prue­ba. Demues­tra cómo los Autos de Fe de la Inqui­si­ción no esta­ban en modo alguno limi­ta­dos, como lo esta­ban los sacri­fi­cios azte­cas, por un calen­da­rio ritual que impe­día rea­li­zar más de uno al mes, mien­tras que en la civi­li­za­da Euro­pa bas­ta­ba que se hubie­ra reu­ni­do a un núme­ro de sos­pe­cho­sos para tor­tu­rar, juz­gar y, con toda pro­ba­bi­li­dad, que­mar­los; es decir, era un acto de masas más fre­cuen­te y nor­ma­li­za­do que el azte­ca. Ade­más, resul­ta casi deci­si­vo cons­ta­tar que muchas de las téc­ni­cas de tor­tu­ras de los pue­blos ame­ri­ca­nos pro­vie­nen de los inva­so­res euro­peos, que las impor­ta­ron y las ense­ña­ron con su prác­ti­ca, como que­mar vivas a las per­so­nas. En la suble­va­ción de 1597 de los indios Hua­le, de Geor­gia, con­tra los espa­ño­les por el mal tra­to que reci­bían, fue hecho pri­sio­ne­ro un frai­le al que se le some­tió a una paro­dia de hogue­ra inqui­si­to­rial, pero los indios no pren­die­ron fue­ro a la made­ra15.

En la Edad Media, las tor­tu­ras y todas las for­mas de vio­len­cia, mie­do e inti­mi­da­ción eran coti­dia­nas. Según Newark, el cli­ma de mie­do e intri­ga en las cor­tes medie­va­les, era: El cau­di­llo man­tie­ne su poder median­te la ame­na­za de muer­te y des­truc­ción […]. Sobre­vi­vir y triun­far en la cor­te de un cau­di­llo sig­ni­fi­ca com­pe­tir en un rue­do de terror per­pe­tuo. Se nece­si­ta ser una per­so­na extra­or­di­na­ria. Algu­nos son inte­li­gen­tes, algu­nos son duros y algu­nos están locos16. Más espe­luz­nan­te aún es esta des­crip­ción: En las cos­tum­bres medie­va­les eran corrien­tes los cas­ti­gos cor­po­ra­les horro­ro­sos. Pro­ce­dían de la tra­di­ción ger­ma­na y roma­na, y fue­ron refor­za­dos por la poca fre­cuen­cia del encar­ce­la­mien­to a prin­ci­pios de la Edad Media, y por la amplia publi­ci­dad que se daba a las eje­cu­cio­nes públi­cas como medio para repri­mir el cri­men17.

Pero la lucha con­tra la tor­tu­ra tam­bién exis­tió en la Edad Media. En la rica Flo­ren­cia de fina­les del siglo XIV se libra­ron áspe­ras luchas de cla­ses que anun­cia­ban ya algu­nas de las cons­tan­tes que se desa­rro­lla­rían pos­te­rior­men­te. El nor­te de Ita­lia fue la cuna prin­ci­pal del capi­ta­lis­mo inci­pien­te, y las cla­ses patri­cias y bur­gue­sías comer­cia­les apli­ca­ban las tor­tu­ras para des­truir las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res del movi­mien­to Ciom­pi. La tenaz lucha de los Ciom­pi con­si­guió aca­bar con las deten­cio­nes arbi­tra­rias y con las tor­tu­ras18, ade­más de otras con­quis­tas socio­eco­nó­mi­cas y cul­tu­ra­les.

Horst Herrmann des­cri­be con deta­lle los ins­tru­men­tos de tor­tu­ra de la Edad Media, y aña­de: Son millo­nes las muje­res que fue­ron que­ma­das –¡algu­nas en hor­nos epis­co­pa­les!– o tan mal­tra­ta­das por los ver­du­gos que el sol tras­lu­cía a tra­vés de ellas19. Enten­de­mos mejor la fero­ci­dad de estas prác­ti­cas al haber leí­do pági­nas antes que fre­cuen­te­men­te se apli­ca­ba a la víc­ti­ma la tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca que le fue apli­ca­da a Gali­leo en el siglo XVII:

A las víc­ti­mas les eran mos­tra­dos los apa­ra­tos de tor­tu­ra antes de que los ver­du­gos entra­sen en acción. Este pro­ce­der –reco­men­da­do por la Inqui­si­ción como terri­tio– sur­tía efec­tos muy a menu­do. Es un méto­do de com­pro­ba­da efi­cien­cia y se prac­ti­ca hoy en día en muchas salas de tor­tu­ra. Ver, com­pren­der y temer20.

Terri­tio quie­re decir inti­mi­da­ción, o sea: tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca pre­ven­ti­va que inten­ta ate­rro­ri­zar a la per­so­na, des­tro­zar su con­cien­cia, anu­lar su volun­tad de resis­ten­cia hacién­do­le que cola­bo­re. Este méto­do ya era emplea­do en la Chi­na Anti­gua, en la que los tor­tu­ra­do­res habla­ban antes con las víc­ti­mas. Gali­leo, que sabía cómo el jesui­ta Belar­mino había orde­na­do que­mar vivo a Gior­dano Bruno años antes, clau­di­có de pala­bra ante la terri­ble efec­ti­vi­dad de la terri­tio, renun­ció duran­te un bre­ve tiem­po a la ver­dad cien­tí­fi­ca y se libró de las tor­tu­ras físi­cas y tal vez de la muer­te en la hogue­ra, para con­ti­nuar lue­go con sus inves­ti­ga­cio­nes.

Las tor­tu­ras masi­vas de la Inqui­si­ción no con­si­guie­ron aca­bar ni con el libre­pen­sa­mien­to e ideo­lo­gía bur­gue­sa, ni con las resis­ten­cias de las muje­res cam­pe­si­nas acu­sa­das de bru­je­ría. Fue el ascen­so bur­gués el que des­bor­dó la inhu­ma­ni­dad medie­val mien­tras que sus­ti­tuía sus ya obso­le­tas for­mas de explo­ta­ción por otras más ade­cua­das. Una tor­tu­ra inhu­ma­na que ha sido aban­do­na­da es la del des­pe­da­za­mien­to21, muy uti­li­za­da por la Inqui­si­ción espa­ño­la; pero gra­cias a la tec­no­cien­cia del tor­men­to, bue­na par­te de sus efec­tos se logran de for­ma lim­pia y bara­ta como vere­mos más ade­lan­te. Por no exten­der­nos, exis­ten muchas tor­tu­ras des­de la Anti­güe­dad que uti­li­zan el agua, y la moder­ni­za­ción de esta tor­tu­ra por Esta­dos Uni­dos22 ha dado pie a un pro­fun­do deba­te que se ha agu­di­za­do al salir Trump en defen­sa de esa for­ma de tor­tu­ra.

La expe­rien­cia acu­mu­la­da por la Inqui­si­ción fue un ver­da­de­ro fon­do de sabi­du­ría para los sis­te­mas repre­si­vos impe­ria­lis­tas. Inclu­so un dia­rio espa­ñol de dere­chas ha reco­no­ci­do la impor­tan­cia que tuvo para la CIA la dege­ne­ra­da tor­tu­ra inqui­si­to­rial, y ha sin­te­ti­za­do en diez las tor­tu­ras actua­les que guar­dan algu­na rela­ción con las de la Inqui­si­ción, como la del agua:

  1. ence­rrar a una per­so­na en soli­ta­rio;
  2. la ame­na­za de sufrir dolor es más efec­ti­va que el dolor mis­mo;
  3. las ame­na­zas de muer­tes son inú­ti­les;
  4. si quie­re sobre­vi­vir el tor­tu­ra­do debe con­fe­sar;
  5. el dolor exce­si­vo pue­de lle­var a con­fe­sio­nes fal­sas;
  6. es muy efec­ti­vo cam­biar la per­cep­ción del tiem­po;
  7. for­zar posi­cio­nes incó­mo­das;
  8. hay que ame­na­zar con tor­tu­rar a sus fami­lia­res,
  9. hay que evi­tar momen­tos de tre­gua y lle­var­los a la exte­nua­ción, y
  10. las ame­na­zas fun­cio­nan mejor cuan­do son expli­ca­das racio­nal­men­te23.

La diná­mi­ca socio­eco­nó­mi­ca que expli­ca esta evo­lu­ción no es otra que el len­to ascen­so de la bur­gue­sía y el len­to retro­ce­so del feu­da­lis­mo, como hemos dicho. Son cono­ci­das sufi­cien­te­men­te las tesis de Fou­cault sobre el ori­gen de la vigi­lan­cia, la pri­sión y el cas­ti­go, así que no nos exten­de­mos sobre ellas ni en sus limi­ta­cio­nes24. P. Reader deta­lla el pro­ce­so de I+D+i, por lla­mar­lo así, de la inven­ción de la gui­llo­ti­na duran­te la revo­lu­ción bur­gue­sa fran­ce­sa. Toda­vía en 1784 se tor­tu­ra­ba públi­ca­men­te has­ta la muer­te en París, pero ya se deba­tían entre los círcu­los pro­gre­sis­tas algu­nas ideas para aca­bar con los des­cuar­ti­za­mien­tos y otras tor­tu­ras. Solo muy pocos años des­pués ya fun­cio­na­ba la gui­llo­ti­na, el méto­do cien­tí­fi­co desa­rro­lla­do des­de el siglo XVII fue mejo­ra­do con la gui­llo­ti­na: se emplea­ron cadá­ve­res para hacer las prue­bas por­que se que­ría que tuvie­ra la máxi­ma cali­dad ins­tru­men­tal el día de su estreno25.

La lógi­ca capi­ta­lis­ta del terror con­tro­la­do y supe­di­ta­do a otros medios de coer­ción sor­da, de coop­ta­ción y de apa­rien­cia demo­crá­ti­ca, se iba impo­nien­do. La tor­tu­ra no des­apa­re­ció sino que, como se verá, fue revi­sa­da bajo la racio­na­li­dad tec­no­eco­nó­mi­ca. Marx lo expre­só así en el libro I de El Capi­tal, edi­ta­do en 1867:

Véa­se, pues, cómo des­pués de ser vio­len­ta­men­te expro­pia­dos y expul­sa­dos de sus tie­rras y con­ver­ti­dos en vaga­bun­dos, se enca­ja­ba a los anti­guos cam­pe­si­nos, median­te leyes gro­tes­ca­men­te terro­ris­tas, a fuer­za de palos, de mar­cas a fue­go y de tor­men­tos, en la dis­ci­pli­na que exi­gía el sis­te­ma de tra­ba­jo asa­la­ria­do. No bas­ta con que las con­di­cio­nes de tra­ba­jo cris­ta­li­cen en uno de los polos como capi­tal y en el polo con­tra­rio como hom­bres que no tie­nen nada que ven­der más que su fuer­za de tra­ba­jo. Ni bas­ta tam­po­co con obli­gar a éstos a ven­der­se volun­ta­ria­men­te. En el trans­cur­so de la pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, se va for­man­do una cla­se obre­ra que, a fuer­za de edu­ca­ción, de tra­di­ción, de cos­tum­bres, se some­te a las exi­gen­cias de este régi­men de pro­duc­ción como a las más lógi­cas leyes natu­ra­les. La orga­ni­za­ción del pro­ce­so capi­ta­lis­ta de pro­duc­ción ya desa­rro­lla­do ven­ce todas las resis­ten­cias; la exis­ten­cia cons­tan­te de una super­po­bla­ción rela­ti­va man­tie­ne la ley de la ofer­ta y de la deman­da de tra­ba­jo a tono con las nece­si­da­des de explo­ta­ción del capi­tal, y la pre­sión sor­da de las con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas sella el poder de man­do del capi­ta­lis­ta sobre el obre­ro. Toda­vía se emplea, de vez en cuan­do, la vio­len­cia direc­ta, extra­eco­nó­mi­ca; pero sólo en casos excep­cio­na­les26.

Debe­mos enten­der que Marx habla de la excep­cio­na­li­dad de la vio­len­cia direc­ta en una obra dedi­ca­da fun­da­men­tal­men­te a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca y no tan­to al aná­li­sis de la lucha de cla­ses en su esen­cia polí­ti­ca. Cuan­do Marx y Engels hacen estos aná­li­sis pres­tan más aten­ción al papel de la vio­len­cia direc­ta en la his­to­ria, de modo que su carác­ter excep­cio­nal des­apa­re­ce bajo una aplas­tan­te reali­dad de vio­len­cia reac­cio­na­ria. Quie­re esto decir que la lucha de cla­ses real, la que tie­ne como obje­ti­vo la des­truc­ción del poder bur­gués y la colec­ti­vi­za­ción de sus pro­pie­da­des, es una reali­dad abier­ta o laten­te, pero una reali­dad. Dicho de otro modo: las masa­cres, tor­tu­ras, cár­ce­les y des­tie­rros no garan­ti­zan la vic­to­ria defi­ni­ti­va del capi­tal sobre la huma­ni­dad explo­ta­da.

Dos de los casos excep­cio­na­les a los que se refe­ría Marx fue­ron las luchas de libe­ra­ción de Cuba y Fili­pi­nas. No pode­mos expo­ner aho­ra la situa­ción socio­eco­nó­mi­ca de ambos pue­blos a fina­les del siglo XIX, pocos años des­pués de publi­car­se El Capi­tal, así que nos cen­tra­mos en la excep­cio­na­li­dad de las dos luchas y en el papel de la vio­len­cia direc­ta, extra­eco­nó­mi­ca, del terro­ris­mo y de la tor­tu­ra. Duran­te la gue­rra de inde­pen­den­cia cuba­na que con­clu­yó en 1898, murie­ron apro­xi­ma­da­men­te 300.000 per­so­nas de todas las eda­des y sexos; de ellas solo 12.000, un 4% del total, per­te­ne­cían al Ejér­ci­to Liber­ta­dor, mien­tras que el 96% res­tan­te, unas 288.000, eran per­so­nas civi­les, des­ar­ma­das, de las cua­les 260.000 murie­ron de tor­tu­ra, malos tra­tos, ham­bre y enfer­me­dad en los cam­pos de con­cen­tra­ción espa­ño­les siguien­do la estra­te­gia de Recon­cen­tra­ción idea­da por el gene­ral Wey­ler y que se ade­lan­tó a los cam­pos de exter­mi­nio nazis27.

En cuan­to a Fili­pi­nas, se cal­cu­la que murie­ron 600.000 per­so­nas de aquel país en la gue­rra de 1898 – 1910 con­tra la ocu­pa­ción nor­te­ame­ri­ca­na28, que siguió a la lar­ga ocu­pa­ción espa­ño­la. Las tor­tu­ras espa­ño­las habían sido estre­me­ce­do­ras con­tra los pue­blos de Cuba y Fili­pi­nas, como con­tra las demás nacio­nes ocu­pa­das, pero no logra­ron derro­tar sus luchas de libe­ra­ción.

La tor­tu­ra como metá­fo­ra

El perío­do que va de la revo­lu­ción bol­che­vi­que de 1917 a la derro­ta del nazi-fas­cis­mo en 1945 ace­le­ra la diná­mi­ca que lle­ga­rá a la situa­ción pre­sen­te en la que la moder­ni­za­ción tec­no­cien­cia de las tor­tu­ras no hace sino refor­zar la tesis de Nao­mi Klein de la tor­tu­ra como metá­fo­ra29 del capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo, defi­ni­do por esta auto­ra como capi­ta­lis­mo del desas­tre.

De hecho, la metá­fo­ra ya era real en el nazis­mo: sus exper­tos en tor­tu­ra sabían bien cómo selec­cio­nar en los cam­pos de exter­mi­nio a fie­les cola­bo­ra­do­res que les sim­pli­fi­ca­ban y aho­rra­ban el tra­ba­jo. Exis­te una des­crip­ción estre­me­ce­do­ra de alguien que ha estu­dia­do dete­ni­da­men­te esta situa­ción, y que debe apa­re­cer escri­ta en todos los tex­tos de éti­ca y dig­ni­dad huma­na:

Y tú, pobre pri­sio­ne­ro, te doble­gas y empu­ñas el bas­tón para gol­pear a tus seme­jan­tes, a los mise­ra­bles como tú, para mere­cer el honor de un pun­ta­pié por par­te de tu patrón y una reba­na­da de pan sucio, humi­llán­do­te como un perro, pen­san­do que aquel mun­do no ha de aca­bar nun­ca, dan­do implí­ci­ta­men­te la razón a quie­nes te opri­men30.

Sin embar­go, la metá­fo­ra tenía una debi­li­dad inter­na: den­tro de muchos cam­pos de exter­mi­nio se crea­ron orga­ni­za­cio­nes clan­des­ti­nas que aguan­ta­ron todas las bru­ta­li­da­des y has­ta pre­pa­ra­ron fugas e insu­rrec­cio­nes. Del mis­mo modo, la cien­cia de la tor­tu­ra nazi no arra­só la resis­ten­cia de los pue­blos ocu­pa­dos. Tam­po­co lo con­si­guió la inhu­ma­ni­dad japo­ne­sa, que usa­ba a los pri­sio­ne­ros como blan­cos de tiro, car­ne viva para apren­der a mane­jar la espa­da y la bayo­ne­ta, a cien­tos de miles de muje­res como escla­vas sexua­les, como chi­vos expia­to­rios de las frus­tra­cio­nes y agre­si­vi­da­des de las tro­pas31: se tra­ta­ba de maxi­mi­zar su explo­ta­ción has­ta la muer­te para aho­rrar en todos los sen­ti­dos.

En su sen­ti­do bási­co, la tor­tu­ra pasó de su fase empí­ri­ca y arte­sa­nal a su fase cien­tí­fi­ca duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial y, a par­tir de aquí, el lar­go impe­ria­lis­mo no ha hecho sino enri­que­cer­la. Un ejem­plo lo tene­mos en la mejo­ra –en el sen­ti­do ins­tru­men­tal e inhu­mano– en el empleo de los elec­tro­dos, las des­car­gas eléc­tri­cas, el elec­troshock, etc. El impe­ria­lis­mo fran­cés los uti­li­zó masi­va­men­te en las atro­ci­da­des que come­tía con­tra las nacio­nes que lucha­ban por recon­quis­tar su liber­tad en Indo­chi­na y Arge­lia, Xabier Maka­za­ga lo ha expli­ca­do con rigor, sobre todo entre 1945 y 1962:

Los fran­ce­ses con­vir­tie­ron la tor­tu­ra en su prin­ci­pal arma duran­te sus gue­rras colo­nia­les, no solo para arran­car infor­ma­ción a los dete­ni­dos sino tam­bién para con­tro­lar a toda la pobla­ción. Su doble dis­cur­so pro­vo­ca­ba que, mien­tras que sus sol­da­dos tor­tu­ra­ban impu­ne­men­te a los colo­ni­za­dos, las auto­ri­da­des de la Repú­bli­ca nega­ban a sus ciu­da­da­nos el empleo de estas téc­ni­cas32.

La cita con la que enca­be­za­mos esta ponen­cia está extraí­da de una de las apor­ta­cio­nes de 2010 al libri­to La ques­tion de 1957, rápi­da­men­te prohi­bi­do y reti­ra­do de las libre­rías fran­ce­sas. Su autor, Hen­ri Alleg, era mili­tan­te comu­nis­ta fran­cés en Arge­lia tor­tu­ra­do por los para­cas de su país. Des­cri­be así el efec­to de las des­car­gas: la mor­de­du­ra sal­va­je de una bes­tia que me arran­ca­ba la piel a tiras33. Uno de los téc­ni­cos en elec­troshock fue has­ta 1945 tor­tu­ra­dor nazi, pro­te­gi­do y reci­cla­do des­de enton­ces por el ejér­ci­to fran­cés, lo mis­mo que otra tor­tu­ra­do­ra nazi que tra­ba­ja­ba para Esta­dos Uni­dos y Ale­ma­nia Fede­ral34.

Pero los nazis no eran los úni­cos en desa­rro­llar la cien­cia del elec­troshock, Esta­dos Uni­dos tam­bién expe­ri­men­tó con los elec­tro­dos duran­te ese perío­do apa­ren­te­men­te con fines cura­ti­vos: La psi­quia­tría yan­qui apren­dió mucho duran­te la Segun­da Gue­rra Mun­dial al tra­tar a los heri­dos psí­qui­cos, a los des­mo­ra­li­za­dos y con los ner­vios ago­ta­dos. Los psi­quia­tras tra­ba­ja­ban inten­sa­men­te por­que en la medi­da de lo posi­ble, los enfer­mos men­ta­les debían regre­sar a la tien­da, a la fábri­ca o al fren­te35. Ade­más de este obje­ti­vo eco­nó­mi­co y mili­tar, tam­bién se desa­rro­lla­ría al poco tiem­po el espe­cí­fi­ca­men­te repre­si­vo: los elec­tro­dos no solo como tor­tu­ra sino como mani­pu­la­ción de la per­so­na­li­dad a dis­tan­cia.

Den­tro de su pro­gra­ma MK-Ultra de 1953, los méto­dos de la CIA para que el lava­do de cere­bro fue­ra efec­ti­vo exi­gían de una pre­sión psi­co­ló­gi­ca cui­da­do­sa­men­te cal­cu­la­da. Esto incluía el uso de la repe­ti­ción, el hos­ti­ga­mien­to y la humi­lla­ción36, y tam­bién se pro­ba­ron los efec­tos de dro­gas –LSD, mes­ca­li­na, cocaí­na e inclu­so nico­ti­na37– no solo en las inves­ti­ga­cio­nes en Esta­dos Uni­dos sino tam­bién en Gran Bre­ta­ña y Ale­ma­nia Fede­ral. Pre­ci­sa­men­te en Ber­lín, la CIA con­ta­ba con varios pros­tí­bu­los para obte­ner infor­ma­ción de los clien­tes38.

Para esta épo­ca el Esta­do fran­cés ins­truía sobre tor­tu­ras a regí­me­nes lati­no­ame­ri­ca­nos y a Esta­dos Uni­dos. Al menos des­de fina­les de la déca­da de 1950, y mani­fies­ta­men­te des­de 1959, exper­tos fran­ce­ses ense­ña­ban méto­dos de tor­men­to com­pro­ba­dos en Arge­lia e Indo­chi­na, pero que hun­dían sus raí­ces en la lar­ga expe­rien­cias colo­nia­lis­ta –recor­de­mos la denun­cia de Ho Chi Minh a las tor­tu­ras fran­ce­sas39 en 1925– y en las lec­cio­nes nazis, de modo que des­de 1961 los yan­quis apren­dían de tor­tu­ra­do­res fran­ce­ses40 den­tro de un plan que lle­ga­ba has­ta Argen­ti­na país en el que toda­vía en 1980 actua­ban los exper­tos galos.

La ayu­da fran­ce­sa fue deci­si­va para que en 1963 la CIA dis­pu­sie­ra del pri­mer manual de tor­men­to deno­mi­na­do Kubark41. Lo nece­si­ta­ba para repri­mir más efec­ti­va­men­te las cre­cien­tes luchas anti­im­pe­ria­lis­tas que reco­rrían el mun­do. El colo­nia­lis­mo fran­cés sabía des­de comien­zos del siglo XIX, por la expe­rien­cia repre­si­va del gene­ral Bugeaud42, que con la mera vio­len­cia tor­tu­ra­do­ra era impo­si­ble sojuz­gar a un pue­blo y que era nece­sa­rio com­ple­men­tar­la con accio­nes cul­tu­ra­les, de coop­ta­ción y de alian­zas con sec­to­res socia­les enri­que­ci­dos. En la inmen­sa mayo­ría de los casos, las tor­tu­ras y otras vio­len­cias han sido el palo que refuer­za la efi­ca­cia de la zanaho­ria. Pero cuan­do la segun­da falla, las tor­tu­ras y otras vio­len­cias se des­cu­bren como los úni­cos méto­dos para ate­rrar a la pobla­ción […] Los medios silen­cian la vio­len­cia o carac­te­ri­zan como terro­ris­mo las accio­nes de los opo­si­to­res43.

Para enton­ces la CIA expe­ri­men­ta­ba con cien­tos de lobo­to­mías44, y en esas fechas comen­zó una estra­te­gia de terror con­tra Viet­nam con el obje­ti­vo de ase­si­nar a cuan­tos más gue­rri­lle­ros mejor, pero tam­bién con el de matar a quie­nes los soco­rrían. El plan bus­ca­ba exter­mi­nar a un míni­mo de mil gue­rri­lle­ros al mes y cap­tu­rar a dos mil para some­ter­los a inte­rro­ga­to­rios45. Los civi­li­za­dos tor­tu­ra­do­res yan­quis anes­te­sia­ban al pri­sio­ne­ro antes de tre­pa­nar­le el crá­neo e ins­ta­lar elec­tro­dos en el cere­bro bajo una luz insu­fi­cien­te que tuvo que ser refor­za­da con más lám­pa­ras. Rápi­da­men­te se lle­na­ron todas las camas des­ti­na­das a las tre­pa­na­cio­nes, elec­tro­dos y lobo­to­mías rea­li­za­das sobre pri­sio­ne­ras y pri­sio­ne­ros anes­te­sia­dos. Gottlieb, cien­tí­fi­co y alto res­pon­sa­ble de la CIA, tra­ba­ja­ba según el méto­do Tay­lor-for­dis­ta:

Tras­la­da­ban a los hom­bres a una sala vacía con­ti­gua y allí los deja­ban en el sue­lo para que fue­ran recu­pe­rán­do­se. A media noche el sue­lo esta­ba lleno de pri­sio­ne­ros en diver­so esta­do de recu­pe­ra­ción. Gottlieb cir­cu­ló entre los hom­bres y colo­có una bayo­ne­ta jun­to a cada uno de ellos. Des­pués se diri­gió a una habi­ta­ción con­ti­gua y empe­zó a mani­pu­lar los inte­rrup­to­res de una caja negra para trans­mi­tir seña­les a los elec­tro­dos implan­ta­dos […] que­ría que los elec­tro­dos esti­mu­la­ran la vio­len­cia en los hom­bres has­ta el pun­to que uti­li­za­ran las bayo­ne­tas para ata­car­se entre sí. Gottlieb dijo que, si lo logra­ba, habría crea­do ase­si­nos por encar­go […] la caja negra podía mejo­rar­se has­ta tener un alcan­ce de un kiló­me­tro y medio. A esa dis­tan­cia sería posi­ble infil­trar un ase­sino en la zona de un blan­co des­pre­ve­ni­do y orde­nar­le que mata­ra. […] Los pri­sio­ne­ros se limi­ta­ron a sen­tar­se, tocán­do­se las heri­das de la cabe­za, sin dar mues­tras de vio­len­cia. El cien­tí­fi­co orde­nó a los vigi­lan­tes que se los lle­va­ran. Des­pués les pega­ron un tiro y que­ma­ron sus cadá­ve­res46.

Más tar­de, el direc­tor de la CIA en 1977, el almi­ran­te Tur­ner, decla­ró que la agen­cia había rea­li­za­do 149 estu­dios sobre el con­trol de la men­te entre los años 50 y 60, con la par­ti­ci­pa­ción 200 cien­tí­fi­cos de 44 uni­ver­si­da­des, 3 pri­sio­nes, 12 hos­pi­ta­les, 12 fun­da­cio­nes y otros ins­ti­tu­tos, con unos gas­tos de 25 millo­nes de dóla­res47. Duran­te la inva­sión de Viet­nam y más tar­de en la gue­rra sucia de 1984 en Bei­rut, el doc­tor Gottlieb expli­ca­ba que para matar a una per­so­na el acci­den­te for­tui­to es la téc­ni­ca más efi­caz. Cuan­do se eje­cu­ta bien, cau­sa poco revue­lo y se inves­ti­ga super­fi­cial­men­te48. Ade­más, la CIA acon­se­jó al pre­si­den­te Reagan que hicie­ra una cam­pa­ña de pro­pa­gan­da inter­na­cio­nal dicien­do que todos los paí­ses enemi­gos de Esta­dos Uni­dos –Cuba, URSS, Irán, etc.– tor­tu­ra­ban a su disi­den­cia49.

Hay que saber que como siem­pre en la his­to­ria de los impe­ria­lis­mos, la tor­tu­ra sexual era una par­te esen­cial de la estra­te­gia terro­ris­ta:

En Viet­nam, la vio­la­ción se usa­ba común­men­te como un arma de gue­rra. En su tra­ba­jo bri­llan­te y com­ple­to Mata lo que se mue­va: la ver­da­de­ra gue­rra esta­dou­ni­den­se en Viet­nam, Nick Ter­se nos recuer­da el lega­do bru­tal de vio­len­cia sexual en el sudes­te asiá­ti­co deja­do por los Esta­dos Uni­dos. Sol­da­dos esta­dou­ni­den­ses vio­la­ron a miles de niños; algu­nos fue­ron ase­si­na­dos, sus cadá­ve­res muti­la­dos. Muje­res viet­na­mi­tas eran común­men­te some­ti­das a vio­la­cio­nes en gru­po, tor­tu­ra sexual y ase­si­na­to. En algu­nas oca­sio­nes, las tro­pas esta­dou­ni­den­ses ata­ca­ron sexual­men­te a muje­res viet­na­mi­tas mien­tras obli­ga­ban a sus hijos a mirar, para even­tual­men­te ase­si­nar a ambos50.

Tor­tu­ras en Eus­kal Herria

Los méto­dos de tor­tu­ra del Esta­do espa­ñol han sido muy bien estu­dia­dos aun­que sus con­clu­sio­nes demo­le­do­ras son poco cono­ci­das entre otras razo­nes por la estric­ta polí­ti­ca de silen­cio infor­ma­ti­vo. Xabier Maka­za­ga fecha en 1988 el ini­cio de una estra­te­gia de ocul­ta­ción de las tor­tu­ras por­que las movi­li­za­cio­nes popu­la­res y la exis­ten­cia de orga­nis­mos de denun­cia y escla­re­ci­mien­to esta­ban superan­do la cen­su­ra y el silen­cio mediá­ti­co. Para ocul­tar las tor­tu­ras, el Esta­do empe­zó a tras­la­dar a las pri­sio­ne­ras y pri­sio­ne­ros a Madrid. Los medios de pren­sa tam­bién ayu­da­ban en la ocul­ta­ción: en 1992 el TAT hizo un estu­dio de la polí­ti­ca infor­ma­ti­va de los gran­des medios sobre la tor­tu­ra lle­gan­do a la con­clu­sión que los dia­rios El País, el Correo Espa­ñolDeia, este últi­mo el voce­ro del PNV, silen­cia­ban la reali­dad de las tor­tu­ras51.

El mis­mo estu­dio fue rea­li­za­do una déca­da más tar­de, en 2002, pero con una varian­te, se com­pa­ró el espa­cio dedi­ca­do en la pren­sa dia­ria a la denun­cia de las tor­tu­ras espe­luz­nan­tes sufri­das por Unai Romano, cono­ci­das por la difu­sión de unas foto­gra­fías que mos­tra­ban su cuer­po, con la tala de dos de los pinos del bos­que de Oma en Biz­kaia, árbo­les pin­ta­dos por Agus­tín Iba­rro­la. Los resul­ta­dos del estu­dio mos­tra­ban que que­da­ba muy cla­ro que el caso del bos­que de Oma tuvo muchí­si­ma más impor­tan­cia en la pren­sa de mayor difu­sión que el caso Romano, aun­que en el pri­me­ro fue­ran unos pinos los que sufrie­ron la agre­sión y en el segun­do una per­so­na de car­ne y hue­so52.

A la efec­ti­vi­dad del muro de plo­mo que ocul­ta las tor­tu­ras, malos tra­tos, veja­cio­nes, etcé­te­ra, hay que sumar­le la efi­ca­cia de la resis­ten­cia psi­co­ló­gi­ca y emo­cio­nal de fran­jas socia­les a acep­tar las inne­ga­bles evi­den­cias de la tor­tu­ra, ya que de inme­dia­to sur­gen pre­gun­tas: ¿lle­ga­rá a gol­pear­nos la tor­tu­ra? ¿Son los nues­tros los que tor­tu­ran? ¿Es jus­ti­fi­ca­ble la tor­tu­ra fren­te a los terro­ris­tassepa­ra­tis­tas, y en qué gra­do? Vere­mos que uno de los obje­ti­vos de la tor­tu­ra es pro­du­cir mie­do, pasi­vi­dad ate­mo­ri­za­da. Gabriel Kess­ler ha inves­ti­ga­do sobre los sen­ti­mien­tos de temor e inse­gu­ri­dad en la Argen­ti­na toda­vía impac­ta­da por la dic­ta­du­ra ante el aumen­to de los deli­tos: las fuer­zas con­ser­va­do­ras piden la vuel­ta del auto­ri­ta­ris­mo esta­tal sin lími­te alguno53. Lo bási­co de su estu­dio sir­ve para todo el capi­ta­lis­mo: la vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal refuer­za la inse­gu­ri­dad para­li­zan­te, efec­to que sólo pue­de ser supe­ra­do por el avan­ce de los dere­chos demo­crá­ti­cos54.

Pues bien, esta inse­gu­ri­dad emo­cio­nal y polí­ti­ca, este mie­do a la ver­dad, más la ideo­lo­gía con­ser­va­do­ra hace que sec­to­res socia­les se nie­guen a acep­tar las tor­tu­ras rea­li­za­das por la Ertzain­tza, poli­cía auto­nó­mi­ca pres­ta­da por el Esta­do espa­ñol al Gobierno Vas­co. Fren­te a esto, la con­clu­sión de G. Kess­ler de avan­zar en los dere­chos se vuel­ve una nece­si­dad urgen­te. Para escla­re­cer la reali­dad y ace­le­rar el avan­ce demo­crá­ti­co, Xabier Maka­za­ga ha deta­lla­do las tor­tu­ras físi­cas y psi­co­ló­gi­cas infrin­gi­das a un pri­sio­ne­ro por este cuer­po repre­si­vo en 199655. En su Infor­me sobre la tor­tu­ra en 2001, Tor­tu­ta­ren Aur­ka­ko Tal­dea (TAT) cons­ta­ta­ba sobre la Ertzain­tza que habría que des­ta­car que se decan­ta por la uti­li­za­ción de la tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca […] de todos modos casi en la mitad de los casos com­bi­nan méto­dos físi­cos y psi­co­ló­gi­cos56. Más ade­lan­te des­cri­bía los efec­tos psi­co­ló­gi­cos de la tor­tu­ra:

  1. Reex­pe­ri­men­ta­ción del trau­ma. El suje­to revi­ve el trau­ma, es decir, no lo recuer­da, sino que vuel­ve a expe­ri­men­tar­lo.
  2. Evi­ta­ción con dos tipos de sín­to­mas: a) Los sín­to­mas de la evi­ta­ción pro­pia­men­te dichos: se evi­tan las per­so­nas, los luga­res, etc., que recuer­dan el hecho. b) Los de carác­ter diso­cia­ti­vo: a tra­vés de ellos se con­si­gue un embo­ta­mien­to psí­qui­co. Serían los siguien­tes: inca­pa­ci­dad de recor­dar algo rela­cio­na­do con el hecho trau­má­ti­co, pér­di­da de inte­rés en acti­vi­da­des que antes eran sig­ni­fi­ca­ti­vas, sen­sa­ción de des­pe­go con res­pec­to a los demás, inca­pa­ci­dad de expe­ri­men­tar sen­ti­mien­tos positivos/​afectivos y sen­sa­ción de futu­ro deso­la­dor y des­es­pe­ran­za.
  3. Hiper­ac­ti­va­ción. La hiper­ac­ti­va­ción con­sis­ti­ría en estar siem­pre en guar­dia para evi­tar la repe­ti­ción del hecho trau­má­ti­co. El suje­to nun­ca se sien­te segu­ro. Los sín­to­mas inclu­yen tras­tor­nos del sue­ño, difi­cul­ta­des de con­cen­tra­ción, irri­ta­bi­li­dad, hiper­vi­gi­lan­cia y reac­cio­nes exa­ge­ra­das.

El Infor­me sigue expli­can­do que los efec­tos de la tor­tu­ra ape­nas se guar­dan en la memo­ria explí­ci­ta o narra­ti­va, que pue­de ver­ba­li­zar­los, sino en la memo­ria implí­ci­ta o emo­cio­nal que no recuer­da sino que revi­ve en silen­cio, sin poder expre­sar­lo. El Infor­me con­clu­ye así: Por eso al trau­ma se le lla­ma tam­bién terror sin pala­bras57.

De la mis­ma for­ma en que habla­mos de terror sin pala­bras al defi­nir a la tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca tam­bién pode­mos lla­mar­la heri­da sin san­gre58, e igual­men­te pue­de decir­se que la tor­tu­ra es lo que que­da den­tro59. Prác­ti­ca­men­te la gene­ra­li­dad de los estu­dios sobre las tor­tu­ras coin­ci­den en las con­se­cuen­cias nega­ti­vas que tie­ne en el áni­mo y en la con­cien­cia del pue­blo el terror sin pala­bras, las heri­das sin san­gre, lo que se lle­va den­tro sin poder­lo ver­ba­li­zar y comu­ni­car al entorno. Lo que bus­ca la tor­tu­res es, como dice Tere­sa Cáce­res, impo­ner y exten­der el mie­do a la pala­bra y la impo­si­bi­li­dad de nom­brar60, de decir la ver­dad, de expli­car lo que suce­de.

Hemos dicho al comien­zo, al hablar del 11‑S de 2011, que la medi­ci­na en gene­ral apor­ta sus cono­ci­mien­tos al sis­te­ma repre­si­vo. G. Tho­mas expli­ca deta­lla­da­men­te cómo los psi­quia­tras de la CIA dis­cu­ten con los psi­co­ana­lis­tas de la mis­ma orga­ni­za­ción sobre la efec­ti­vi­dad de sus corres­pon­dien­tes teo­rías para aumen­tar los resul­ta­dos de la tor­tu­ra61. Las inves­ti­ga­do­ras Lur­des Mora­za y Mertxe Bas­te­rra, mues­tran cómo son las batas blan­cas las que mejo­ran las téc­ni­cas de tor­tu­ra que apli­can los fun­cio­na­rios del Esta­do, las res­pon­sa­bles de que se inven­ten:

[…] téc­ni­cas de tor­tu­ra que pare­cen no-tor­tu­ra […] el dolor es una estruc­tu­ra com­ple­ja, sub­je­ti­va­men­te per­ci­bi­da y psi­co­ló­gi­ca­men­te con­di­cio­na­da […] Pero la sofis­ti­ca­ción o cien­ti­fi­za­ción, no solo se refie­re a las téc­ni­cas de tor­tu­ra diri­gi­das a infli­gir inten­cio­na­da­men­te dolor físi­co, sino tam­bién –y aquí entra­mos en lo más temi­do, en el terror, pues es des­co­no­ci­do para la inmen­sa mayo­ría y cau­sa un poco de mie­do aden­trar­se en estas pro­fun­di­da­des– dolor psí­qui­co infli­gi­do inten­cio­na­da­men­te por medio de méto­dos estu­dia­dos y com­pro­ba­dos cien­tí­fi­ca­men­te sin uti­li­zar téc­ni­cas de tor­tu­ra físi­ca, es decir, méto­dos psi­co­ló­gi­cos de tor­tu­ra62.

La impo­si­bi­li­dad de comu­ni­car el terror sufri­do que nos ha extir­pa­do las pala­bras, esta no tor­tu­ra, este silen­cia­mien­to total cor­ta de raíz la con­ti­nui­dad y la actua­li­za­ción de la memo­ria popu­lar. Susa­na G. Kauf­man expli­ca cómo es la diná­mi­ca que avan­za de la angus­tia para lle­gar al terror pasan­do por el mie­do y cómo ese desa­rro­llo deter­mi­na la sub­je­ti­vi­dad social63. En su estu­dio sobre los efec­tos del trau­ma cau­sa­do por la tor­tu­ra sobre la memo­ria, María I. Mudrov­cic sos­tie­ne que:

El stress post-trau­má­ti­co es fun­da­men­tal­men­te un des­or­den de la memo­ria. Debi­do a las fuer­tes emo­cio­nes de terror y sor­pre­sa por cier­tos even­tos, la men­te se diso­cia: es inca­paz de regis­trar la heri­da de la psi­que por­que los meca­nis­mos ordi­na­rios de con­cien­cia y cog­ni­ción están des­trui­dos, por lo que dichos acon­te­ci­mien­tos no son incor­po­ra­dos al espa­cio de expe­rien­cia del indi­vi­duo […] El due­lo social se rea­li­za cuan­do el gru­po logra inte­grar el even­to trau­má­ti­co en una narra­ción com­par­ti­da, en defi­ni­ti­va, cuan­do pue­de narrar el mie­do64.

Una de las for­mas más efi­ca­ces que tie­ne el sis­te­ma tor­tu­ra­dor, sea esta­tal, para esta­tal o extra esta­tal, para impe­dir o mini­mi­zar que el pue­blo sis­te­má­ti­ca­men­te tor­tu­ra­do pue­da narrar el mie­do, hablar y supe­rar la para­li­za­ción polí­ti­ca y éti­ca que impo­ne el trau­ma en sec­to­res socia­les, es la de no cas­ti­gar a los tor­tu­ra­do­res, e inclu­so recom­pen­sar­los con el tiem­po65. La impu­ni­dad de los tor­tu­ra­do­res, sus muy livia­nas con­de­nas o, peor, cuan­do la tor­tu­ra es legi­ti­ma­da y pro­te­gi­da66 direc­ta o indi­rec­ta­men­te, enton­ces sus víc­ti­mas siguen pade­cien­do el terror sin pala­bras, y la socie­dad tor­tu­ra­da sigue pade­cien­do el mie­do a hablar por el terror a que vuel­van los tor­tu­ra­do­res. Se tra­ta, en suma, de seguir pro­du­cien­do mie­do:
La pro­duc­ción de mie­do ofi­cial era –y es– la cla­ve de la efi­cien­cia del poder. El poder terre­nal no venía –no vie­ne– al res­ca­te de los seres huma­nos pre­sos del mie­do, pero hacía –hace– por con­ven­cer a sus súb­di­tos que sí lo hace. Para que el poder se con­gra­cia­se y se gana­se su leal­tad al ser duro con lo que aqué­llos temían, pri­me­ro debía pro­du­cir el capi­tal del mie­do. Para que el poder dure, hay que hacer a los seres huma­nos vul­ne­ra­bles, inse­gu­ros y teme­ro­sos, y man­te­ner­los en dicha situa­ción […] Vol­ver a la gen­te inse­gu­ra y sumi­sa fue la tarea que más ocu­pa­dos tuvo a la CIA y al FBI tras los aten­ta­dos del 200167.

El mie­do que pro­du­ce la tor­tu­ra se suma a otros mie­dos gene­ra­dos por los diver­sos sis­te­mas de inti­mi­da­ción que tie­ne el capi­ta­lis­mo, sin olvi­dar­nos de su poder alie­na­dor. Tie­ne tam­bién razón P. Brück­ner cuan­do no duda en decir que la prohi­bi­ción colec­ti­va de bus­car o pre­gun­tar fue­ra del cam­po de los pro­ble­mas abier­tos (los que están per­mi­ti­dos por los esti­los edu­ca­ti­vos auto­ri­ta­rios) pro­vo­ca mie­do en el que se atre­ve a hacer­lo, si es que ha lle­ga­do ya a pro­yec­tar sobre sí mis­mo aque­llas exi­gen­cias de prohi­bi­ción; inclu­so las des­via­cio­nes de un méto­do esta­ble­ci­do, lle­gan a pro­du­cir­le intran­qui­li­dad. Aquí es don­de ter­mi­na la for­ma­ción y comien­za la obe­dien­cia social68.

El mie­do a la pala­bra, el terror sin san­gre en reali­dad es páni­co a la razón, al pen­sa­mien­to libre y crí­ti­co. El irra­cio­nal mie­do a la liber­tad des­tro­za el sen­ti­do racio­nal de la revo­lu­ción y for­ta­le­ce la pato­lo­gía de la obe­dien­cia. Según Terri Eaglet­ton: Las revo­lu­cio­nes tien­den a esta­llar en el momen­to en que casi cual­quier alter­na­ti­va pare­ce pre­fe­ri­ble al esta­do pre­sen­te. En esa situa­ción, no rebe­lar­se es irra­cio­nal69. Pero ocu­rre, como hemos vis­to, que el trau­ma de la tor­tu­ra crea una sumi­sión pasi­va tal que logra mutar la obe­dien­cia irra­cio­nal en racio­nal acep­ta­ción de la obe­dien­cia: la revo­lu­ción se vol­ve­ría así impen­sa­ble, iló­gi­ca e impo­si­ble, ella sería lo irra­cio­nal en sí.

Es inne­ga­ble que un sec­tor social cree que la lucha revo­lu­cio­na­ria es pura irra­cio­na­li­dad y otro sec­tor cree que sien­do racio­nal es impo­si­ble o que exi­ge un sacri­fi­cio tan alto que no mere­ce la pena rea­li­zar­lo. Pero exis­te otra par­te que no pien­sa así, que sabe que la lucha revo­lu­cio­na­ria no solo es racio­nal sino que a la vez y por ello mis­mo es nece­sa­ria; y en los momen­tos de cri­sis estruc­tu­ral este gru­po lle­ga a ser mayo­ri­ta­rio a pesar de las tor­tu­ras y repre­sio­nes que ha sufri­do. ¿Por qué han falla­do enton­ces las tor­tu­ras? Des­pués res­pon­de­re­mos con más deta­lle, aho­ra debe­mos decir que la razón del fallo últi­mo de las tor­tu­ras es que al ser irra­cio­na­les en sí mis­mas cho­can fron­tal­men­te con todos los sen­ti­mien­tos y valo­res huma­nos.

Las per­so­nas tor­tu­ra­das por defen­der dere­chos polí­ti­cos y demo­crá­ti­cos tie­nen por lo gene­ral con­cien­cia del ries­go que asu­men, por lo gene­ral no se callan sino que en la medi­da de sus posi­bi­li­da­des dicen lo que han pade­ci­do y has­ta lo denun­cian. Más tem­prano que tar­de, la socie­dad, el pue­blo se ente­ra de las tor­tu­ras que pade­cen quie­nes luchan con­tra la tira­nía. Aun­que exis­ta una dic­ta­du­ra o un régi­men apa­ren­te­men­te demo­crá­ti­co que en reali­dad ocul­ta una dic­ta­du­ra de fac­to con­tra los dere­chos bási­cos, o una impu­ni­dad repre­si­va ava­la­da por la demo­cra­cia, si en estos con­tex­tos se ha crea­do un movi­mien­to popu­lar de denun­cia de la tor­tu­ra, es pro­ba­ble que la ver­dad supere el mie­do, ais­la­mien­to y silen­cio, y es pro­ba­ble que sus denun­cias e infor­mes lle­guen al exte­rior. Seme­jan­te paso no garan­ti­za la vic­to­ria de la ver­dad y el fin de las tor­tu­ras, pero es un avan­ce sen­ti­do por los tor­tu­ra­do­res como una ame­na­za muy gra­ve para ellos.

Las per­so­nas con con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria que sufren tor­men­to tie­nen, por lo gene­ral, la cul­tu­ra polí­ti­ca sufi­cien­te para, ade­más de resis­tir las tor­tu­ras en la medi­da de sus fuer­zas, tam­bién saber que el cono­ci­mien­to públi­co de sus sufri­mien­tos es una de las garan­tías impres­cin­di­bles para que otras com­pa­ñe­ras y com­pa­ñe­ros no sean tor­tu­ra­dos en el futu­ro. En reali­dad, se tra­ta de la lucha de la racio­na­li­dad de la per­so­na y de la socie­dad tor­tu­ra­da con­tra la irra­cio­na­li­dad del sis­te­ma tor­tu­ra­dor.

El Infor­me 2002 del TAT denun­cia y deta­lla: gol­pes, exte­nua­ción físi­ca, bol­sa, bañe­ra, elec­tro­dos, impe­di­men­to de visión, ame­na­zas, gri­tos, humi­lla­cio­nes, agre­sión sexual, simu­la­cro de eje­cu­ción, poli­cía bueno ver­sus poli­cía malo, cons­tan­tes inte­rro­ga­to­rios y la obli­ga­ción de oír los gri­tos de otras per­so­nas que están tam­bién dete­ni­das y/​o fami­lia­res o ami­gos. Aho­ra, por su incues­tio­na­ble impor­tan­cia, vea­mos qué es la agre­sión sexual:

Este año hemos com­pro­ba­do por los dife­ren­tes rela­tos que nos han hecho lle­gar las per­so­nas dete­ni­das, que las agre­sio­nes y veja­cio­nes sexua­les han aumen­ta­do con­si­de­ra­ble­men­te tan­to en los casos de las muje­res como de los hom­bres. Es nor­ma habi­tual que a la per­so­na dete­ni­da se le obli­gue a des­nu­dar­se par­cial o total­men­te y, en oca­sio­nes, a man­te­ner pos­tu­ras veja­to­rias, y es enton­ces cuan­do se suce­den las ame­na­zas y las veja­cio­nes o humi­lla­cio­nes sexua­les, de tipo oral (ame­na­zas, veja­cio­nes, insul­tos, ame­na­zas de vio­la­ción), median­te la vio­len­cia con­tra los órga­nos sexua­les (gol­pes o la colo­ca­ción de elec­tro­dos), la des­nu­dez obli­ga­to­ria, toca­mien­tos, movi­mien­tos obs­ce­nos con­tra sus cuer­pos, lle­gan­do este año a la vio­la­ción en comi­sa­ría median­te la intro­duc­ción de un palo en el ano en el caso de dife­ren­tes hom­bres, e intro­duc­ción lo que una dete­ni­da cree que era un pene de uno de sus tor­tu­ra­do­res en su boca70.

Los efec­tos de las tor­tu­ras sexua­les nun­ca serán sufi­cien­te­men­te denun­cia­dos en su infi­ni­ta com­ple­ji­dad y lar­ga dura­ción si por sexua­li­dad enten­de­mos la libi­do y el prin­ci­pio del pla­cer, o eros. Des­de esta pers­pec­ti­va, la correc­ta, toda tor­tu­ra tie­ne un ele­men­to sexual por­que ella mis­ma es el tana­tos o prin­ci­pio de muer­te. Como vere­mos, la tor­tu­ra posi­bi­li­ta satis­fa­cer deseos sexua­les, fan­ta­sías sado­ma­so­quis­tas o exhi­bi­cio­nis­tas, u obte­ner sobre­ga­nan­cias nar­ci­sis­tas. En su for­ma mas­cu­li­na, la tor­tu­ra de vio­la­ción anal es un ejem­plo71.

Pero fun­da­men­tal­men­te con­tras las muje­res, en las for­mas sua­ves de tor­tu­ras y vio­len­cias patriar­ca­les coti­dia­nas –la vio­len­cia ocul­ta que agre­de a un ter­cio de las muje­res en el Esta­do espa­ñol72– es don­de más se apre­cia su poder des­truc­tor al cabo del tiem­po: el aco­so y explo­ta­ción sexual en el tra­ba­jo aumen­ta un 40% en los dos últi­mos años73. A una esca­la más amplia, la tor­tu­ra sexual como expre­sión de la cul­tu­ra de la vio­la­ción74 está den­tro de los cre­cien­tes femi­ni­ci­dios y rap­tos de muje­res, niñas y niños den­tro de la tra­ta75 escla­vis­ta moder­na.

El Infor­me sobre la tor­tu­ra 2002Infor­me sobre la tor­tu­ra en 2002 del TAT dedi­ca un espa­cio al aná­li­sis de las tor­tu­ras rea­li­za­das por la Ertzain­tza, poli­cía de la CAV inser­ta en las fuer­zas repre­si­vas espa­ño­las, indi­can­do el sal­to cua­li­ta­ti­vo rea­li­za­do al pasar de las tor­tu­ras psi­co­ló­gi­cas a las físi­cas, com­bi­nan­do ambas. Lo más sig­ni­fi­ca­ti­vo es que esta poli­cía espa­ño­la en Vas­con­ga­das, que tam­bién apli­ca la agre­sión sexual, desa­rro­lla méto­dos que no apa­re­cen en el lis­ta­do ante­rior como cam­bios de tem­pe­ra­tu­ra y: Les daban algo para beber que no era agua, en algu­nos casos les pro­du­cía una espe­cie de mareo, lle­gan­do más de uno a sufrir alu­ci­na­cio­nes: ver humo que salía de las pare­des, imá­ge­nes que salían de las pare­des como ven­ta­nas…76.

En el Infor­me del TAT corres­pon­dien­te a 2003, des­pués de recor­dar­nos qué es la tor­tu­ra según la Con­ven­ción con­tra la Tor­tu­ra y otros Tra­tos o Penas Crue­les, defi­ni­ción con la que comen­zá­ba­mos este escri­to, pasa a enu­me­rar los obje­ti­vos fun­da­men­ta­les de la tor­tu­ra que apli­ca el Esta­do espa­ñol:

  1. For­zar una auto­in­cul­pa­ción o incul­pa­ción de ter­ce­ras per­so­nas […] No impor­ta que la prue­ba sea verí­di­ca.
  2. Cas­ti­gar a la per­so­na tor­tu­ra­da por un acto que no ha come­ti­do o se sos­pe­cha que ha come­ti­do, pero tam­bién como repre­sión de una for­ma deter­mi­na­da de actua­ción polí­ti­ca o social.
  3. La tor­tu­ra va diri­gi­da espe­cial­men­te a la des­truc­ción de la per­so­na­li­dad, a la nega­ción de la dig­ni­dad huma­na, per­si­gue su desin­te­gra­ción psi­co­ló­gi­ca, doble­gar su iden­ti­dad, humi­llar­la, degra­dar­la.
  4. Inti­mi­dar y ate­mo­ri­zar a la per­so­na tor­tu­ra­da, y por exten­sión para­li­zar a toda la socie­dad, gene­rar una situa­ción de terror tan­to a la víc­ti­ma como a su entorno, acre­cen­tar una situa­ción de inse­gu­ri­dad y difun­dir el terror77.

Des­pués de enu­me­rar muy sucin­ta­men­te los méto­dos físi­cos de tor­tu­ra, el Infor­me 2003 del TAT expo­ne con más deta­lle sus méto­dos psi­co­ló­gi­cos:

  1. Impe­di­men­to de visión.
  2. Res­tric­ción o supre­sión de las nece­si­da­des bási­cas.
  3. Ame­na­zas.
  4. Humi­lla­cio­nes, insul­tos, des­ca­li­fi­ca­cio­nes.
  5. Jue­go de poli­cía bueno-poli­cía malo.
  6. Obli­ga­to­rie­dad de ele­gir entre los dis­tin­tos méto­dos de tor­tu­ra, depar­tir sobre la tor­tu­ra.
  7. Tor­tu­ra sexual.
  8. Ape­la­ción a la ima­gi­na­ción.
  9. Crear sen­ti­mien­tos de cul­pa­bi­li­dad.
  10. Simu­la­ción de tor­tu­ra.
  11. Expo­ner a la per­so­na dete­ni­da a los gritos/​ver otras per­so­nas dete­ni­das que están sufrien­do tor­tu­ras.
  12. Cam­bios brus­cos de tem­pe­ra­tu­ra.
  13. Uti­li­za­ción de dro­gas.
  14. Agre­sio­nes sono­ras.
  15. Agre­sio­nes de luz78.

Ya hemos habla­do arri­ba sobre el pun­to 6: mos­trar­le a la per­so­na los ins­tru­men­tos de tor­tu­ra; expli­car­le su fun­cio­na­mien­to y sus efec­tos, obli­gar­le a que esco­ja cual quie­re que se le apli­que, etc. Gali­leo sufrió esta tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca, tan fre­cuen­te en la Chi­na Anti­gua. La per­so­na que va a ser tor­tu­ra­da se ima­gi­na el dolor que va a pade­cer y lo mul­ti­pli­ca en sus mie­dos pudien­do caer en el páni­co. Pero lo peor es que ese des­plo­me pue­de hacer que se entre­gue men­tal­men­te al poli­cía bueno para evi­tar que el malo le tor­tu­re. La efec­ti­vi­dad de esta tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca aumen­ta cuan­do la per­so­na está ais­la­da, inco­mu­ni­ca­da, sin poder con­tar a nadie lo que suce­de. El ais­la­mien­to peni­ten­cia­rio79 es una for­ma de tor­tu­ra blan­ca, ya que, en reali­dad, la pena de cár­cel es una for­ma de tor­tu­ra80.

Xabier Maka­za­ga nos recuer­da que el Infor­me 2003 del TAT se hacía eco de un pro­ble­ma muy gra­ve por su papel en las tor­tu­ras: los infor­mes de los médi­cos foren­ses. El autor hace un poco de his­to­ria expli­can­do cómo el Comi­té para la Pre­ven­ción de la Tor­tu­ra del Con­se­jo de Euro­pa (CPT) había ins­ta­do repe­ti­das veces a las auto­ri­da­des espa­ño­las a que garan­ti­za­se el dere­cho de las per­so­nas dete­ni­das a ser visi­ta­das por un médi­co de su elec­ción y cómo se reco­men­dó esto en 1999. Amnis­tía Inter­na­cio­nal y otros orga­nis­mos inter­na­cio­na­les tam­bién han cues­tio­na­do a los foren­ses ofi­cia­les que en 2007 se nega­ron a que un médi­co externo ava­la­ra el infor­me ofi­cial con la excu­sa de que ese infor­me externo les ponía en cues­tión:

Estas pala­bras demues­tran que su labor con­sis­te en ava­lar el buen esta­do de salud de los dete­ni­dos y no en acre­di­tar su esta­do de salud, sea este bueno o malo y, en el caso de que sea malo, des­cri­bir­lo (lesio­nes, dolen­cias…) e indi­car sus cau­sas. Al recha­zar y denun­ciar la ayu­da de otros médi­cos deja­ron cla­ro que la fun­ción que inte­rio­ri­zan estos médi­cos foren­ses es la de encu­brir posi­bles vio­la­cio­nes de los dere­chos huma­nos que pue­dan rea­li­zar­se bajo su juris­dic­ción81.

El ofi­cio de tor­tu­ra­dor

Aun­que las tor­tu­ras faci­li­tan el exter­mi­nio de orga­ni­za­cio­nes ente­ras, o su debi­li­ta­mien­to prác­ti­co en gra­do sumo, y tam­bién pro­du­cen mie­do colec­ti­vo e impi­den de algu­na mane­ra la reno­va­ción de la memo­ria popu­lar, a pesar de estas y otras con­se­cuen­cias posi­ti­vas para el poder explo­ta­dor, no es el ins­tru­men­to defi­ni­ti­vo para man­te­ner el poder inde­fi­ni­da­men­te. El deba­te sobre la efi­ca­cia de la tor­tu­ra se ha reabier­to en Nor­te­amé­ri­ca tras las decla­ra­cio­nes de Tramp a favor de reins­tau­rar­la: se ana­li­zan sus cos­tos polí­ti­cos a medio y lar­go pla­zo, la des­le­gi­ti­ma­ción que debi­li­ta al Esta­do tor­tu­ra­dor, la cali­dad de la infor­ma­ción que se arran­ca median­te el tor­men­to, etcé­te­ra82. Este deba­te venía dán­do­se des­de que el Sena­do nor­te­ame­ri­cano reco­no­cie­se que las bru­ta­les tor­tu­ras de la CIA no habían sido efi­ca­ces83 para evi­tar aten­ta­dos inmi­nen­tes. Aun así, según las nece­si­da­des repre­si­vas, se segui­rá recu­rrien­do a ella: Un juez bra­si­le­ño auto­ri­zó la tor­tu­ra para for­zar el des­alo­jo de una escue­la ocu­pa­da por estu­dian­te84.

La efec­ti­vi­dad de las tor­tu­ras está suje­ta, o si se quie­re es par­te subor­di­na­da a la efec­ti­vi­dad supe­rior del sis­te­ma y doc­tri­na de con­tra­in­sur­gen­cia en la que se encua­dra. Sin duda, las bru­ta­les tor­tu­ras y des­apa­ri­cio­nes del Plan Cón­dor85 con 80.000 per­so­nas muer­tas y des­apa­re­ci­das, 400.000 dete­ni­das, y miles de exi­lia­das, con­di­cio­na­ron mucho el desa­rro­llo pos­te­rior de las luchas de libe­ra­ción en Nues­tra­mé­ri­ca, pero no las abor­tó. Las derro­tas de los pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios res­pon­den a una inter­ac­ción de com­ple­jas cau­sas que no pode­mos expo­ner aquí. Una de ellas es que las izquier­das no valo­ran correc­ta­men­te el sig­ni­fi­ca­do de la repre­sión en la lucha socio­po­lí­ti­ca por la des­truc­ción del Esta­do bur­gués y la socia­li­za­ción de la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, no toman­do las medi­das orga­ni­za­ti­vas sufi­cien­tes de acuer­do con la coyun­tu­ra y con­tex­to revo­lu­cio­na­rio.

La bur­gue­sía sí cono­ce la gran impor­tan­cia que pue­de lle­gar a tener la tor­tu­ra, y por eso pres­ta mucha aten­ción al entre­na­mien­to de sus tor­tu­ra­do­res. Se ha escri­to mucho y se deba­ti­rá siem­pre sobre la per­so­na­li­dad de los tor­tu­ra­do­res, si son sádi­cos y per­ver­sos o nor­ma­les. Basán­do­se en el libro de M. Rosen­cof y E. Fer­nán­dez Hui­do­bro en el que entre otras cosas deba­ten sobre si el tor­tu­ra­dor nace o se hace86, Car­los Tupac escri­be que:

En un momen­to inter­cam­bian sus opi­nio­nes sobre si los tor­tu­ra­do­res eran nor­ma­lesanor­ma­les, sádi­cos y psi­có­pa­tas o bue­nos padres de fami­lia, ami­gos y com­pa­ñe­ros, así como ofi­cia­les res­pon­sa­bles que cui­dan a sus sol­da­dos. No coin­ci­den en todo y tie­nen sus dife­ren­cias, pero les une la insis­ten­cia en que la ideo­lo­gi­za­ción con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria, anti­co­mu­nis­ta y fas­cis­ta era per­ma­nen­te y masi­va en el ejér­ci­to argen­tino, tan­to que había crea­do un cli­ma interno en el que la tor­tu­ra y los malos tra­tos a los pre­sos eran tan nor­ma­les como la amis­tad y cama­ra­de­ría entre sol­da­dos y ofi­cia­les. Y seña­lan una cosa sig­ni­fi­ca­ti­va: que el ejér­ci­to bus­ca­ba con esa estra­te­gia de par­ti­ci­pa­ción colec­ti­va en las tor­tu­ras el que nin­gún sol­da­do u ofi­cial pudie­ra echar­se para atrás, negar­se, resis­tir­se a tor­tu­rar a un seme­jan­te, y sobre todo bus­ca­ba crear una res­pon­sa­bi­li­dad colec­ti­va que impi­die­ra que alguien denun­cia­se y/​o hicie­se públi­co tan­to horror inhu­mano, impo­nien­do así el silen­cio cóm­pli­ce y egoís­ta87.

Intere­ses reac­cio­na­rios muy pre­ci­sos han que­ri­do zan­jar este deba­te defen­dien­do la jus­ti­fi­ca­ción de que por ins­tin­to, por pro­gra­ma­ción gené­ti­ca los seres huma­nos somos ase­si­nos y tor­tu­ra­do­res en poten­cia. Por ejem­plo, se ha que­ri­do encon­trar una ten­den­cia gené­ti­ca a la depre­sión en muje­res que han sido vio­la­das, echa­das del tra­ba­jo, sufri­do trau­mas, etc., de modo que se extien­da la creen­cia de que las vio­la­cio­nes, el des­em­pleo y otras for­mas de vio­len­cia y tor­tu­ra pue­den tener algún remo­to ori­gen gené­ti­co88, con lo que des­apa­re­ce­ría o dis­mi­nui­ría sobre­ma­ne­ra la res­pon­sa­bi­li­dad cri­mi­nal del sis­te­ma patriar­co-bur­gués. Tam­bién se ha bus­ca­do en los pri­ma­tes el ori­gen de los ase­si­na­tos, sos­te­nien­do que Caín está en nues­tras raí­ces89, sin tener en cuen­ta otras muchas demos­tra­cio­nes de la soli­da­ri­dad y ayu­da mutua entre ellos90; y sobre todo las mejo­ras intro­du­ci­das a los des­cu­bri­mien­tos de Kro­pot­kin sobre la ayu­da mutua91.

La tesis de Stan­ley Mil­gram92 se basa­ba en supues­tos méto­dos cien­tí­fi­cos que demos­tra­ría que cual­quier per­so­na es tor­tu­ra­do­ra en poten­cia, que todas y todos lle­va­mos dor­mi­do en nues­tra psi­que al mons­truo tor­tu­ra­dor dis­pues­to a des­per­tar­se en cual­quier momen­to. Inves­ti­ga­cio­nes cien­tí­fi­co-crí­ti­cas han demos­tra­do que no es cier­ta la tesis de Mil­gram, que su méto­do cien­tí­fi­co es tram­po­so, que los suje­tos uti­li­za­dos en la inves­ti­ga­ción desa­rro­lla­ban for­mas suti­les de resis­ten­cia y recha­zo al expe­ri­men­to de tor­tu­ra sobre ter­ce­ras per­so­nas93.

Muchas expe­rien­cias demues­tran que sur­gen nega­ti­vas, resis­ten­cias y crí­ti­cas a cum­plir órde­nes cri­mi­na­les en estruc­tu­ras alta­men­te jerar­qui­za­das y dis­ci­pli­na­das. Sin ir más lejos, en el caso del ejér­ci­to nazi J. Bogats­vo en un capí­tu­lo bri­llan­te sobre la per­so­na­li­dad psi­co­pá­ti­ca y socio­pá­ti­ca de Hey­drich –entre la bes­tia y el ángel94– narra pro­tes­tas de man­dos, ofi­cia­les y sol­da­dos del ejér­ci­to ale­mán al comien­zo de la Segun­da Gue­rra Mun­dial por las bru­ta­li­da­des que les obli­ga­ban a rea­li­zar. Más tar­de y a pesar de que el nazis­mo endu­re­ció la dis­ci­pli­na has­ta nive­les extre­mos, el males­tar latía en sec­to­res de tro­pa de ori­gen obre­ro y popu­lar y en sec­to­res de la sub­ofi­cia­li­dad y ofi­cia­li­dad de ori­gen peque­ño­bur­gués, pero: las con­ti­nuas san­cio­nes hicie­ron que los sol­da­dos ni siquie­ra pudie­sen airear su rabia ante las cala­mi­da­des de la gue­rra95.

Lo que da valor demos­tra­ti­vo a estas prác­ti­cas inter­nas a una par­te del ejér­ci­to ale­mán que nie­gan con ante­la­ción la tesis de Migram publi­ca­da en 1963, es que se hicie­sen den­tro de una máqui­na de terror como el ejér­ci­to nazi, que a su vez era par­te de una socie­dad en la que domi­na­ba el lla­ma­do terror alea­to­rio, el que gol­pea a cual­quie­ra en cual­quier momen­to ines­pe­ra­do, sin razón algu­na y en la total inde­fen­sión. Pero el terror alea­to­rio se cebó fun­da­men­tal­men­te en las izquier­das, con­tra los sin­di­ca­tos y con­tra las cla­ses explo­ta­das, lo que no impi­dió que resur­gie­ran resis­ten­cias en las fábri­cas96 y que des­de 1944 apa­re­cie­ran gru­pos arma­dos anti­na­zis for­ma­dos en bue­na medi­da por jóve­nes97. El Esta­do bur­gués es una máqui­na de obe­dien­cia98, pero su plas­ma­ción en la Ale­ma­nia nazi no pudo aca­bar con las resis­ten­cias a pesar del terror y de las tor­tu­ras.

Con­tra la evi­den­cia his­tó­ri­ca, la tesis de Mil­gram legi­ti­mó las tor­tu­ras en Amé­ri­ca Lati­na y en todos los pue­blos some­ti­dos al impe­ria­lis­mo y a la explo­ta­ción de sus bur­gue­sías res­pec­ti­vas, por­que se basa­ba en el supues­to fal­so de una ima­gi­na­ria pre­dis­po­si­ción a la obe­dien­cia al mal que pudo lle­gar a ser uti­li­za­da para jus­ti­fi­car en las orga­ni­za­cio­nes de carác­ter repre­si­vo, con férreos sis­te­mas de hori­zon­ta­li­dad (poli­cías, fuer­zas arma­das, etc.,) que los subor­di­na­dos, por lo gene­ral, se per­mi­tie­ran eje­cu­tar actos abe­rran­tes y crí­me­nes de lesa huma­ni­dad, ampa­ra­dos en las órde­nes reci­bi­das de sus supe­rio­res99. La excu­sa de la obe­dien­cia debi­da en la que se basan quie­nes per­do­nan a los tor­tu­ra­do­res, se nie­gan a que sean juz­ga­dos y con­de­na­dos por sus crí­me­nes de lesa huma­ni­dad, y los igua­lan de hecho a sus víc­ti­mas tor­tu­ra­das, etcé­te­ra, se remi­ten en últi­mo aná­li­sis a la tesis fal­sa de Migram.

J. M. Biu­rrun ha resu­mi­do los cin­co pun­tos del entre­na­mien­to para la tor­tu­ra ana­li­za­dos por Pérez Arza:

  1. des­hu­ma­ni­za­ción del enemi­go;
  2. habi­tua­ción a la cruel­dad;
  3. obe­dien­cia auto­má­ti­ca;
  4. ofer­ta de impu­ni­dad, y
  5. ofer­ta de poder.

Y a estos pun­tos, Biu­rrun aña­de otros como el pen­sa­mien­to mani­queo, el nar­ci­sis­mo ins­tru­men­tal, la expe­rien­cia del dolor, la humi­lla­ción y el mie­do, el sado­ma­so­quis­mo, ideas mega­lo­ma­nía­cas o para­noi­des100.

Muchos o bas­tan­tes de estos pun­tos están pre­sen­tes de algún modo en el fun­cio­na­mien­to de las diná­mi­cas de con­trol, vigi­lan­cia y repre­sión carac­te­rís­ti­cos de las dis­ci­pli­nas labo­ra­les, coti­dia­nas, etc., es decir, en los pro­ce­sos de explo­ta­ción bási­cos en toda socie­dad basa­da en la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Capa­ta­ces, jefes y jefe­ci­llos, con­tro­la­do­res, novios, mari­dos, padres y her­ma­nos mayo­res, sub­ofi­cia­les y man­dos, sacer­do­tes y en gene­ral todos aque­llos suje­tos que ase­gu­ran la con­ti­nui­dad de la explo­ta­ción social en todas sus for­mas, asu­men y prac­ti­can en su coti­dia­nei­dad algu­nas de estas carac­te­rís­ti­cas.
J. M. Biu­rrun divi­de las con­di­cio­nes labo­ra­les del tra­ba­jo del tor­tu­ra­dor en cin­co aspec­tos:

  1. la expo­si­ción a la pér­di­da de los pri­vi­le­gios del tor­tu­ra­dor si, arre­pen­ti­do, aban­do­na su tra­ba­jo, y a la inver­sa, la garan­tía de que los man­ten­drá si con­ti­núa tor­tu­ran­do;
  2. el resen­ti­mien­to social y de vin­di­ca­cio­nes del tor­tu­ra­dor con­tra la socie­dad, lo que le per­mi­te sen­tir­se alguien más impor­tan­te sobre todo cuan­do la per­so­na que tor­tu­ra está más valo­ra­da social­men­te, y este resen­ti­mien­to es tam­bién gené­ri­co e ima­gi­na­rio;
  3. la impli­ca­ción en el cri­men de la tor­tu­ra, lo que le lle­va a invo­lu­crar­se más y más en su prác­ti­ca y en la defen­sa de las estruc­tu­ras que la prac­ti­can;
  4. la incul­ca­ción de un dis­po­si­ti­vo cir­cu­lar auto­con­fir­ma­dor por el cual siem­pre se encuen­tran argu­men­tos que demues­tran que el tor­tu­ra­do es el mal y el tor­tu­ra­dor el bien, que el mal debe ser tor­tu­ra­do por el bien tor­tu­ra­dor;
  5. la satis­fac­ción de nece­si­da­des no con­fe­sa­das. La tor­tu­ra pro­por­cio­na la posi­bi­li­dad de lega­li­zar y satis­fa­cer deseos sexua­les, fan­ta­sías sado­ma­so­quis­tas o exhi­bi­cio­nis­tas, u obte­ner sobre­ga­nan­cias nar­ci­sis­tas101.

Las apor­ta­cio­nes de Biu­rrun mues­tran el rigor metó­di­co con el que la bur­gue­sía cui­da la fide­li­dad de sus fuer­zas repre­si­vas, de terror y de tor­tu­ra. Sin embar­go, y como veni­mos insis­tien­do, no garan­ti­zan su total e incon­di­cio­nal apo­yo a la cla­se explo­ta­do­ra. Vicen­te Romano ha escri­to que:

Por lo demás, solo los escla­vos son aptos para la repre­sión. Como se sabe, los ate­nien­ses solo emplea­ban escla­vos en la poli­cía. Quien prac­ti­ca la repre­sión como ofi­cio tie­ne que ser él mis­mo un reprimi­do ejem­plar. Esta es la cau­sa pro­fun­da de que la obe­dien­cia cie­ga y los ejer­ci­cios absur­dos de ins­trucción desem­pe­ñen un papel tan impor­tan­te en el ejér­ci­to y en la poli­cía. Quien se ha acos­tum­bra­do a hacer pre­gun­tas es un mal repre­sor y, por lo tan­to, un mal vigi­lan­te. ¿Cómo va a gol­pear, cla­var la espa­da y la bayo­ne­ta o dis­pa­rar a tra­ba­ja­do­res y mani­festantes, como exi­gen las leyes de emer­gen­cia en cier­tos casos, alguien que refle­xio­ne sobre la vali­dez de las reglas de jue­go exis­ten­tes? En la ins­truc­ción actual de la poli­cía y del ejér­ci­to se repi­te el adies­tra­mien­to de los escla­vos que trai­cio­na­ban a sus com­pa­ñe­ros. Entre los vigi­lan­tes más fie­les y segu­ros de los cam­pos de con­cen­tra­ción nazis esta­ban los pro­pios pri­sio­ne­ros. La demo­cra­ti­za­ción del ejér­ci­to no redu­jo nun­ca su fuer­za de com­ba­te en caso de defen­sa nacio­nal, con­tra el enemi­go exte­rior; pero sí lo hizo en caso de ata­que a otro pue­blo. La democra­tización del ejér­ci­to redu­ce la fuer­za de com­ba­te sobre todo cuan­do se emplea con­tra el pro­pio pue­blo102.

Aquí tene­mos el secre­to de la lucha vic­to­rio­sa con­tra las tor­tu­ras: la demo­cra­cia en su radi­cal y pleno sen­ti­do socia­lis­ta.

Ven­cer a las tor­tu­ras

No hay que hacer­se ilu­sio­nes. Las tor­tu­ras no des­apa­re­ce­rán mien­tras exis­ta la pro­pie­dad pri­va­da en cual­quie­ra de sus for­mas: la mujer como pro­pie­dad del hom­bre, el pue­blo ocu­pa­do como pro­pie­dad del Esta­do ocu­pan­te y la cla­se tra­ba­ja­do­ra como pro­pie­dad del capi­tal; en sín­te­sis: mien­tras exis­ta la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, tenien­do en cuen­ta que la mujer y lue­go el hom­bre son la fun­da­men­tal fuer­za pro­duc­ti­va.

No des­apa­re­ce­rán por­que en los tres casos, y en otros meno­res, el recur­so a las vio­len­cias va en aumen­to como, por la par­te con­tra­ria, aumen­tan la eman­ci­pa­ción de la mujer, de los pue­blos y de las cla­ses explo­ta­das, es decir, la eman­ci­pa­ción del tra­ba­jo.

En la cre­cien­te lucha de con­tra­rios, las vio­len­cias del explo­ta­dor van encres­pán­do­se, las tor­tu­ras tien­den a inten­si­fi­car­se aun­que no se vean, estén ocul­tas en la sole­dad del domi­ci­lio, en el silen­cio de la opre­sión nacio­nal y en la invi­si­bi­li­dad mediá­ti­ca del terro­ris­mo empre­sa­rial en todas sus for­mas.

Bajo las pre­sio­nes popu­la­res, las demo­cra­cias bur­gue­sas pue­den per­mi­tir­se el lujo de prohi­bir ofi­cial­men­te las tor­tu­ras y malos tra­tos en comi­sa­rías y cuar­te­les, inclu­so pue­den con­de­nar por poco tiem­po a algu­nos tor­tu­ra­do­res; pue­den hacer leyes con­tra los malos tra­tos, vio­la­cio­nes y tor­tu­ras sexua­les machis­tas, pue­den con­ce­der algu­nas refor­mas y dere­chos a los pue­blos y a las cla­ses explo­ta­das, pero no pue­den ni en reali­dad quie­ren aca­bar con los otros malos tra­tos, con las peque­ñas o gran­des vio­len­cias de todo tipo que se prac­ti­can a dia­rio, y no duda­rán a emplear las cloa­cas del Esta­do, el Esta­do pro­fun­do o mafias y empre­sas de segu­ri­dad para eje­cu­tar tra­ba­jos sucios.

Hay que tener en cuen­ta que la cla­se bur­gue­sa tie­ne dife­ren­tes opcio­nes socio­po­lí­ti­cas, sexua­les, cul­tu­ra­les, reli­gio­sas y esté­ti­cas, de mane­ra que la cul­tu­ra de la vio­len­cia, de la éti­ca del todo vale, de la miso­gi­nia y del racis­mo, adquie­re muchas for­mas prác­ti­cas e ideo­ló­gi­cas que ocul­tan sus bar­ba­ri­da­des o las legi­ti­man. Y hay que tener en cuen­ta que, como cla­se social, fun­cio­na en base a la explo­ta­ción lo que le lle­va a con­de­nar solo de boqui­lla las vio­len­cias de su sis­te­ma. Por últi­mo, hay que tener en cuen­ta que la bur­gue­sía crea orga­ni­za­cio­nes, colec­ti­vos y medios de pren­sa para refor­zar su poder ideo­ló­gi­co entre las cla­ses explo­ta­das, orga­ni­za­cio­nes que con­ven­cen, mani­pu­lan, coop­tan y sobor­nan.

Com­pren­de­mos así que en paí­ses capi­ta­lis­tas enri­que­ci­dos resur­jan en muy poco tiem­po, de la noche a la maña­na, muchas prác­ti­cas reac­cio­na­rias, de malos tra­tos y vio­len­cias patriar­ca­les y racis­tas. Resur­gen a la super­fi­cie por­que latían ya en el sub­sue­lo, en el inte­rior de la explo­ta­ción coti­dia­na, y en la con­cien­cia muy lúci­da de la cla­se bur­gue­sa que espe­ra siem­pre el momen­to para recor­tar los dere­chos con­quis­ta­dos por las cla­ses y pue­blos explo­ta­dos, por las muje­res… Para cons­ta­tar esta ten­den­cia, vea­mos tres ejem­plos muy recien­tes que nos remi­ten a las vio­len­cias, tor­tu­ras y muer­tes:

Uno, las difi­cul­ta­des de todo tipo que pone el Gobierno Vas­co para que se inves­ti­guen las tor­tu­ras de la Ertzain­tza y en con­cre­to la muer­te de Iñi­go Caba­cas, el sig­ni­fi­ca­ti­vo caso Caba­cas103. Otro, la reduc­ción de las penas casi al míni­mo con­tem­pla­das en las leyes que pro­te­gían a las muje­res rusas de la vio­len­cia patriar­cal104. Y, por últi­mo, los Esta­dos euro­peos pue­den dene­gar el visa­do de asi­lo a quie­nes lo piden por correr el ries­go de ser tor­tu­ra­dos105 en su país. La ocul­ta­ción de tor­tu­ras y muer­tes, las faci­li­da­des para la vio­len­cia y tor­tu­ra sexual coti­dia­na y la dene­ga­ción de asi­lo a quie­nes pue­den ser tor­tu­ra­dos. La bur­gue­sía, sea vas­ca o rusa, o euro­pea en gene­ral –de la yan­qui no hace fal­ta decir nada– apro­ve­cha cual­quier situa­ción para ampliar sus pro­pie­da­des, ocul­tar sus vio­len­cias y refor­zar sus ins­tru­men­tos repre­si­vos.

Nos encon­tra­mos en medio de una lar­ga ofen­si­va capi­ta­lis­ta mun­dial con­tra los ele­men­ta­les dere­chos de la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra, ofen­si­va que está tejien­do una urdim­bre de leyes nue­vas que anu­lan las muy pocas que ante­rior­men­te defen­dían a los pue­blos. Esta nue­va con­tra­rre­for­ma mul­ti­pli­ca las impo­ten­cias de la izquier­da domes­ti­ca­da. Las difi­cul­ta­des para luchar con­tra las tor­tu­ras sur­gen en par­te tam­bién de la den­si­dad del entre­la­za­mien­to de las diná­mi­cas de vio­len­cia; pero tam­bién, por otra par­te, de las defi­cien­cias de la izquier­da para pene­trar en esas sel­vas; y, por últi­mo, de la tarea del refor­mis­mo que con su incon­di­cio­nal apues­ta por la lega­li­dad a ultran­za ter­mi­na asfi­xian­do casi todas las ini­cia­ti­vas a favor de los dere­chos con­cre­tos.

En el Esta­do espa­ñol el refor­mis­mo y la izquier­da domes­ti­ca­da cum­plen un nefas­to papel en la lucha con­tra las tor­tu­ras poli­cia­les sobre todo cuan­do las sufre la mili­tan­cia inde­pen­den­tis­ta de las nacio­nes opri­mi­das y la emi­gra­ción. Pero tam­bién ha sido y es res­pon­sa­ble de la prác­ti­ca­men­te inexis­ten­te movi­li­za­ción de masas por la memo­ria his­tó­ri­ca, por la recu­pe­ra­ción de las dece­nas de miles de ase­si­na­dos por el fran­quis­mo, por la exi­gen­cia de las res­pon­sa­bi­li­da­des cri­mi­na­les de la dic­ta­du­ra y de los tor­tu­ra­do­res de enton­ces, de la tran­si­ción y de aho­ra, etc. Es impo­si­ble erra­di­car las tor­tu­ras sin una masi­va acción popu­lar y esta es impo­si­ble sin memo­ria y sin pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca.

La izquier­da revo­lu­cio­na­ria, por últi­mo, se enfren­ta a la ofen­si­va mun­dial con un lar­go y heroi­co his­to­rial de resis­ten­cia a las tor­tu­ras y a todas las for­mas de vio­len­cia. Debe publi­ci­tar­lo, debe dar­lo a cono­cer, el pue­blo tra­ba­ja­dor y la mili­tan­cia joven deben saber los sacri­fi­cios impre­sio­nan­tes rea­li­za­dos por sus com­pa­ñe­ras y com­pa­ñe­ros de lucha. Pero la memo­ria de las repre­sio­nes no sir­ve ape­nas de nada si no se extraen fuer­zas para resis­tir en situa­cio­nes idén­ti­cas que pue­den reapa­re­cer depen­dien­do de las cir­cuns­tan­cias. La expe­rien­cia indi­ca que la con­cien­cia­ción polí­ti­ca basa­da en el cono­ci­mien­to teó­ri­co y en la éti­ca revo­lu­cio­na­ria es la mejor arma para ven­cer a las tor­tu­ras, a los malos tra­tos, a las veja­cio­nes e insul­tos, a las pre­sio­nes psi­co­ló­gi­cas, a las ame­na­zas de todo tipo, a los chan­ta­jes y/​o inten­tos de soborno y cola­bo­ra­ción…

¿Qué sig­ni­fi­ca ven­cer a las tor­tu­ras? Antes de res­pon­der hay que saber que ellas son par­tes de un sis­te­ma com­ple­jo, mul­ti­fa­cé­ti­co e inter­ac­ti­vo y en per­ma­nen­te adap­ta­ción y mejo­ra: por esto su derro­ta, la vic­to­ria y el triun­fo de la liber­tad nun­ca debe ser enten­di­da como defi­ni­ti­va, sino como un paso ade­lan­te, un avan­ce más que pue­de ser dete­ni­do y ven­ci­do, hecho retro­ce­der, si cae­mos en el triun­fa­lis­mo.

En base a este cri­te­rio, para con­cre­tar más qué sig­ni­fi­ca ven­cer a la tor­tu­ra debe­mos antes sin­te­ti­zar los obje­ti­vos que bus­ca: pri­me­ro, obte­ner infor­ma­ción por lo que ven­cer­la supo­ne dar la míni­ma infor­ma­ción posi­ble o nin­gu­na, o en el peor de los casos, retra­sar­la: la per­so­na debe saber que tie­ne el dere­cho a no decla­rar más que delan­te de un juez y asis­ti­do por un abo­ga­do, y eso si quie­re hacer­lo. Pare­ce men­ti­ra, pero cono­cer estos dere­chos refuer­za mucho la capa­ci­dad de resis­ten­cia.

Segun­do, muchas veces la per­so­na tor­tu­ra­da reci­be pro­pues­tas de cola­bo­ra­ción y el triun­fo con­sis­te en recha­zar­la, en negar­se, y en demos­trar que no ha sido derro­ta­da como ser humano median­te un sim­ple acto de denun­ciar delan­te del juez el tra­to sufri­do, con pelos y seña­les. Ven­cer a la tor­tu­ra sig­ni­fi­ca aquí ven­cer al mie­do que nos han meti­do a gol­pes, denun­cián­do­la públi­ca­men­te.

Ter­ce­ro, la tor­tu­ra bus­ca des­tro­zar men­tal, aní­mi­ca y polí­ti­ca­men­te a la per­so­na, y por esto muchas veces sigue apli­cán­do­se des­pués de haber­le estru­ja­do, no para sacar­le más infor­ma­ción o para hun­dir­la en el loda­zal de cola­bo­ra­dor, sino para ter­mi­nar de ani­qui­lar­la como ser humano dota­do de capa­ci­dad de pen­sa­mien­to crí­ti­co y acción libe­ra­do­ra. Ven­cer a la tor­tu­ra sig­ni­fi­ca seguir en la mili­tan­cia revo­lu­cio­na­ria. Nun­ca se debe menos­pre­ciar esta impor­tan­te vic­to­ria, solo la des­pre­cian quie­nes no han pade­ci­do tor­men­to.

Y cuar­to, dado que la tor­tu­ra bus­ca ate­mo­ri­zar al pue­blo median­te la peda­go­gía del mie­do: la vic­to­ria sobre ella sig­ni­fi­ca aquí apor­tar la expe­rien­cia pro­pia ayu­dan­do a su denun­cia masi­va, ayu­dan­do a los movi­mien­tos popu­la­res y a los orga­nis­mos que defien­den los dere­chos huma­nos y com­ba­ten la irra­cio­na­li­dad del tor­men­to. En este sen­ti­do, se ven­ce a la tor­tu­ra en cada acto por la liber­tad y los dere­chos por peque­ño que sea.

Como se apre­cia, ven­cer a la tor­tu­ra impli­ca una pra­xis per­ma­nen­te, una movi­li­za­ción con­ti­nua, tan­to más cuan­to que se par­te del doble prin­ci­pio de que, uno, las tor­tu­ras están en fun­ción de la pro­pie­dad pri­va­da, sub­sis­tien­do y reapa­re­cien­do en la medi­da de los peli­gros que sien­ta la bur­gue­sía y, otro, son muchas las for­mas e inten­si­da­des de la tor­tu­ra, sus cone­xio­nes pro­ce­sua­les con los malos tra­tos y otras vio­len­cias, de modo que el com­ba­te con­tra ellas dura lo mis­mo que su pro­pia exis­ten­cia.

Des­de esta pers­pec­ti­va pode­mos decir que el pue­blo tra­ba­ja­dor está ven­cien­do a la tor­tu­ra.
Iña­ki Gil de San Vicen­te
Eus­kal Herria, 7 de febre­ro de 2017

  1. Hen­ti Alleg: La ques­tion, Hiru, Hon­da­rri­bia 2010, p. 84.
  2. Eus­kal Memo­ria: Rom­pa­mos el silen­cio: Ya son 5.657 los casos veri­fi­ca­dos de tor­tu­ra, 13 de febre­ro de 2017 (http://​www​.eus​kal​me​mo​ria​.eus/​e​s​/​N​o​t​i​c​i​a​s​/​2​0​1​7​0​2​1​3​/​R​o​m​p​a​m​o​s​_​e​l​_​s​i​l​e​n​c​i​o​:​_​_​Y​a​_​s​o​n​_​5​.​6​5​7​_​l​o​s​_​c​a​s​o​s​_​v​e​r​i​f​i​c​a​d​o​s​_​d​e​_​t​o​r​t​ura).
  3. Enric Llo­pis: Orga­ni­za­cio­nes de dere­chos huma­nos docu­men­tan 232 casos de tor­tu­ra en Espa­ña, 19 de diciem­bre de 2016 (http://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​2​0​618).
  4. Artu­ro Puen­te: Una déca­da con­tra la tor­tu­ra: 6.621 denun­cias y 833 per­so­nas muer­tas bajo cus­to­dia, 21 de noviem­bre de 2014 (http://​www​.eldia​rio​.es/​c​a​t​a​l​u​n​y​a​/​p​o​l​i​t​i​c​a​/​t​o​r​t​u​r​a​-​d​e​n​u​n​c​i​a​s​-​p​e​r​s​o​n​a​s​-​m​u​e​r​t​a​s​-​c​u​s​t​o​d​i​a​_​0​_​3​2​6​5​1​7​9​7​2​.​h​tml).
  5. Con­ven­ción con­tra la Tor­tu­ra y Otros Tra­tos o Penas Crue­les, Inhu­ma­nos o Degra­dan­tes, 10 de diciem­bre de 1984 (http://​www​.ohchr​.org/​S​P​/​P​r​o​f​e​s​s​i​o​n​a​l​I​n​t​e​r​e​s​t​/​P​a​g​e​s​/​C​A​T​.​a​spx).
  6. Alfon­so Sas­tres: Pre­sen­ta­ción para hoy, La ques­tion, Hiru, Hon­da­rri­bia 2010, p. 11.
  7. Amy Good­man y Denis Moy­nihan: Tor­tu­ra e impu­ni­dad en la Aso­cia­ción Esta­dou­ni­den­se de Psi­co­lo­gía, 18 de julio de 2015 (http://​www​.rebe​lion​.org/​n​o​t​i​c​i​a​.​p​h​p​?​i​d​=​2​0​1​217).
  8. Manuel Anse­de: Así tor­tu­ra­ban los médi­cos tras el 11‑S, 11 de junio de 2015 (http://​elpais​.com/​e​l​p​a​i​s​/​2​0​1​5​/​0​6​/​1​1​/​c​i​e​n​c​i​a​/​1​4​3​4​0​0​4​7​1​6​_​6​7​5​6​1​7​.​h​tml).
  9. Paul Reader: Cár­ce­les, ver­du­gos, tor­tu­ras, Seu­ba Edi­cio­nes, Bar­ce­lo­na 1997, pp. 22 – 26.
  10. Fran­cis­co José Pre­se­do: El impe­rio nue­vo egip­cio, GHU CIL, Madrid 1986, tomo 3, p. 210.
  11. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2003, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2004, p. 153.
  12. Vin­cent Ema­nue­le: Tor­tu­ra Sexual: polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se y cul­tu­ra, 8 de enero de 2015 (http://​www​.tele​surtv​.net/​o​p​i​n​i​o​n​/​-​T​o​r​t​u​r​a​-​S​e​x​u​a​l​-​p​o​l​i​t​i​c​a​-​e​s​t​a​d​o​u​n​i​d​e​n​s​e​-​y​-​c​u​l​t​u​r​a​-​2​0​1​5​0​109 – 0016.html).
  13. Josep Padró Par­ce­ri­sa: El Egip­to del Impe­rio Anti­guo, Alba Libros, Madrid 2005, pp. 54 – 60.
  14. D. Blei­trach, V. Dedal y M. Vivas: Esta­dos Uni­dos o el impe­rio del mal en peor, Edit. José Mar­tí, La Haba­na, Cuba 2006, p. 120.
  15. Car­los Tupac: Terro­ris­mo y civi­li­za­ción, Boltxe Libu­ruak, Bil­bo 2012, p. 421.
  16. AA.VV.: Téc­ni­cas béli­cas del mun­do medie­val. 500 a.C‑1500 d.C., Lib­sa, Madrid 2007, p. 160.
  17. John H. Mundy: Euro­pa en la Alta Edad Media 1150 – 1309, Agui­lar, Madrid 1980, p. 518.
  18. Víc­tor Ruten­bug: Movi­mien­tos popu­la­res en Ita­lia (siglos XIV-XV), Akal, Madrid 1983, pp. 218 – 232.
  19. Horst Herrmann: 2000 años de tor­tu­ra en nom­bre de Dios, Flor del Vien­to, Bar­ce­lo­na 1994, p. 191.
  20. Horst Herrmann: 2000 años de tor­tu­ra en nom­bre de Dios, Flor del Vien­to, Bar­ce­lo­na 1994, p. 178.
  21. Her­nán Perrie­re: Des­pe­da­zar su cuer­po: el escar­mien­to que la domi­na­ción espa­ño­la impu­so a Túpac Ama­ru, 18 de mayo de 2016 (http://​www​.laiz​quier​da​dia​rio​.com/​D​e​s​p​e​d​a​z​a​r​-​s​u​-​c​u​e​r​p​o​-​e​l​-​e​s​c​a​r​m​i​e​n​t​o​-​q​u​e​-​l​a​-​d​o​m​i​n​a​c​i​o​n​-​e​s​p​a​n​o​l​a​-​i​m​p​o​n​e​-​a​-​T​u​p​a​c​-​A​m​aru).
  22. Nick Tur­se: La his­to­ria ocul­ta de la tor­tu­ra con agua en EE.UU., 4 de mar­zo de 2013 (http://​www​.lahai​ne​.org/​m​u​n​d​o​.​p​h​p​/​l​a​-​h​i​s​t​o​r​i​a​-​o​c​u​l​t​a​-​d​e​-​l​a​-​t​o​r​t​u​r​a​-​c​o​n​-​agu).
  23. Manuel P. Villa­to­ro: La dege­ne­ra­da tor­tu­ra de la Inqui­si­ción espa­ño­la que fue mejo­ra­da por los espías de la CIA, 19 de abril de 2016 (http://​www​.abc​.es/​h​i​s​t​o​r​i​a​/​a​b​c​i​-​d​e​g​e​n​e​r​a​d​a​-​t​o​r​t​u​r​a​-​i​n​q​u​i​s​i​c​i​o​n​-​e​s​p​a​n​o​l​a​-​m​e​j​o​r​a​d​a​-​e​s​p​i​a​s​-​2​0​1​6​0​4​1​9​0​2​5​7​_​n​o​t​i​c​i​a​.​h​tml).
  24. Car­los Tupac: Terro­ris­mo y civi­li­za­ción, Boltxe Libu­ruak, Bil­bo 2012, pp. 430 y ss.
  25. Paul Reader: Cár­ce­les, ver­du­gos, tor­tu­ras, Seu­ba Edi­cio­nes, Bar­ce­lo­na 1997, pp. 125 – 131.
  26. Karl Marx: El Capi­tal, FCE, Méxi­co, 1973, vol. I, p. 627.
  27. Raúl Izquier­do Cano­sa: El fla­ge­lo de las gue­rras, Cien­cias Socia­les, La Haba­na 2005, p. 67.
  28. D. Blei­trach, V. Dedal y M. Vivas: Esta­dos Uni­dos o el impe­rio del mal en peor, José Mar­tí, La Haba­na 2006, p. 220.
  29. Nao­mi Klein: La doc­tri­na del shock, Pai­dós, Bar­ce­lo­na 2007, pp. 39 – 41.
  30. J. Bogats­vo: Cómo tor­tu­ra­ban las SS, De Vec­chi, Bar­ce­lo­na 1979, p. 148.
  31. Paul Reader: Cár­ce­les, ver­du­gos, tor­tu­ras, Seu­ba Edi­cio­nes, Bar­ce­lo­na 1997, pp. 186 – 193.
  32. Xabier Maka­za­ga: Manual del tor­tu­ra­dor espa­ñol, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2010, pp. 87 y ss.
  33. Hen­ri Alleg: La ques­tion, Hiru, Hon­da­rri­bia 2010, p. 34.
  34. ANSA Lati­na: Tor­tu­ra­do­ra nazi tra­ba­jó para la CIA y Ber­lín, 9 de sep­tiem­bre de 2016 (http://​www​.ansa​la​ti​na​.com/​a​m​e​r​i​c​a​l​a​t​i​n​a​/​n​o​t​i​c​i​a​/​e​u​r​o​p​a​/​2​0​1​6​/​0​9​/​0​6​/​t​o​r​t​u​r​a​d​o​r​a​-​n​a​z​i​-​t​r​a​b​a​j​o​-​p​a​r​a​-​c​i​a​-​y​-​b​e​r​l​i​n​_​7​e​d​9​d​d​a​e​-​5​a​f​a​-​4​a​5​9​-​8​c​2​3​-​1​1​8​7​c​c​6​8​a​9​e​c​.​h​tml).
  35. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, pp. 99 – 100.
  36. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, p. 43.
  37. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, p. 121.
  38. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, p. 194.
  39. Ho Chi Min: Pro­ce­so a la colo­ni­za­ción fran­ce­sa, Escri­tos Polí­ti­cos, ICL, La Haba­na 1973, pp. 42 – 92.
  40. Xabier Maka­za­ga: Manual del tor­tu­ra­dor espa­ñol, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2010, pp. 92 y ss.
  41. Xabier Maka­za­ga: Manual del tor­tu­ra­dor espa­ñol, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2010, pp. 57 y ss.
  42. AA.VV.: Téc­ni­cas béli­cas de la épo­ca colo­nial 1775 – 1914, Lib­sa, Madrid 2012, pp. 11 – 13.
  43. Rosa Rojas: La tor­tu­ra bus­ca ate­rrar a la pobla­ción para pro­vo­car pará­li­sis social fren­te al des­po­jo, 5 de febre­ro de 2016 (http://www.lahaine.org/mundo.php/la-tortura-busca-aterrar‑a).
  44. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, pp. 221 y ss.
  45. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, pp. 235 – 236.
  46. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, p. 238.
  47. M. Alva­ro: El Esta­do poli­cía y la demo­cra­cia, Hor­da­go, Donos­tia 1981, p. 132.
  48. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, p. 47.
  49. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, pp. 297 – 298.
  50. Vin­cent Ema­nue­le: Tor­tu­ra Sexual: polí­ti­ca esta­dou­ni­den­se y cul­tu­ra, 8 de enero de 2015 (http://​www​.tele​surtv​.net/​o​p​i​n​i​o​n​/​-​T​o​r​t​u​r​a​-​S​e​x​u​a​l​-​p​o​l​i​t​i​c​a​-​e​s​t​a​d​o​u​n​i​d​e​n​s​e​-​y​-​c​u​l​t​u​r​a​-​2​0​1​5​0​109 – 0016.html).
  51. Xabier Maka­za­ga: La Red. El Tor­men­to en la Espa­ña cons­ti­tu­cio­nal, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2008, pp. 85 y ss.
  52. Xabier Maka­za­ga: La Red. El Tor­men­to en la Espa­ña cons­ti­tu­cio­nal, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2008, pp. 191 – 193.
  53. Gabriel Kess­ler: El sen­ti­mien­to de inse­gu­ri­dad, Siglo XXI, Argen­ti­na 2009, p. 118.
  54. Gabriel Kess­ler: El sen­ti­mien­to de inse­gu­ri­dad, Siglo XXI, Argen­ti­na 2009, pp. 259 y ss.
  55. Xabier Maka­za­ga: La Red. El Tor­men­to en la Espa­ña cons­ti­tu­cio­nal, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2008, pp. 145 – 147.
  56. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2001, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2002, p. 89.
  57. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2001, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2002, pp. 138 – 140.
  58. Jose­ba Lei­zea­ga Arria­ga: Tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca, las heri­das sin san­gre, 28 de febre­ro de 2017 (http://​www​.naiz​.eus/​f​r​/​i​r​i​t​z​i​a​/​a​r​t​i​c​u​l​o​s​/​t​o​r​t​u​r​a​-​p​s​i​c​o​l​o​g​i​c​a​-​l​a​s​-​h​e​r​i​d​a​s​-​s​i​n​-​s​a​n​gre).
  59. Ramón Sola: La tor­tu­ra es lo que que­da den­tro. Infor­me sobre la tor­tu­ra, 4 de julio de 2016 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​l​a​-​t​o​r​t​u​r​a​-​e​s​-​l​o​-​q​u​e​-​q​u​e​d​a​-​d​e​n​t​r​o​-​i​n​f​o​r​m​e​-​s​o​b​r​e​-​l​a​-​t​o​r​t​ura).
  60. Tere­sa Cáce­res: Mie­do a la pala­bra: los lega­dos de la pos dic­ta­du­ra y la impo­si­bi­li­dad de nom­bra, Mie­dos y memo­rias en las socie­da­des con­tem­po­rá­neas, Comu­niar­te, Cór­do­ba, Argen­ti­na 2006, pp. 165 – 180.
  61. Gor­don Tho­mas: Las tor­tu­ras men­ta­les de la CIA, Edi­cio­nes B, Bar­ce­lo­na 2001, pp. 162 y ss.
  62. Lur­des Mora­za y Mertxe Bas­te­rra: La colum­na infa­me, Txa­la­par­ta Argi­ta­letxea, Tafa­lla 1994, pp. 71 – 73.
  63. Susa­na Gri­sel­da Kauf­man: Mie­do. Pers­pec­ti­vas sub­je­ti­vas y lazo social, Mie­dos y memo­rias en las socie­da­des con­tem­po­rá­neas, Comu­niar­te, Cór­do­ba, Argen­ti­na 2006, pp. 181 – 188.
  64. María Inés Mudrov­cic: Trau­ma, mie­do y memo­ria, Mie­dos y memo­rias en las socie­da­des con­tem­po­rá­neas, Comu­niar­te, Argen­ti­na, Cór­do­ba 2006, pp. 207 – 220.
  65. María Anto­nia Igle­sias: Hablan las víc­ti­mas de Meli­tón Man­za­nas, 28 de enero de 2001 (http://​elpais​.com/​d​i​a​r​i​o​/​2​0​0​1​/​0​1​/​2​8​/​d​o​m​i​n​g​o​/​9​8​0​6​5​3​5​9​8​_​8​5​0​2​1​5​.​h​tml).
  66. Mikel Ari­za­le­ta: Cuan­do la tor­tu­ra es un bien pro­te­gido, 21 de abril de 2016 (http://​eh​.lahai​ne​.org/​c​u​a​n​d​o​-​l​a​-​t​o​r​t​u​r​a​-​e​s​-un).
  67. Enri­que Gon­zá­lez Duro: Bio­gra­fía del mie­do, Deba­te, Bar­ce­lo­na 2007, p. 209.
  68. Peter Brück­ner: Sobre la pato­lo­gía de la obe­dien­cia, Psi­co­lo­gía polí­ti­ca, Barral, Bar­ce­lo­na 1971, p. 182.
  69. Terry Eagle­ton: Por qué Marx tenía razón, Penín­su­la, Bar­ce­lo­na 2011, p. 186.
  70. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2002, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2003, p. 157.
  71. Dis­tur­bios en Fran­cia tras la vio­la­ción de un dete­ni­do por un poli­cía, 7 de febre­ro de 2017 (http://​www​.huf​fing​ton​post​.es/​2​0​1​7​/​0​2​/​0​7​/​v​i​o​l​a​c​i​o​n​-​d​e​t​e​n​i​d​o​-​a​g​e​n​t​e​_​n​_​1​4​6​3​4​5​0​2​.​h​tml).
  72. La vio­len­cia ocul­ta. Una de cada tres muje­res sufre agre­sio­nes, 25 de noviem­bre de 2016 (http://​elpais​.com/​e​l​p​a​i​s​/​2​0​1​6​/​1​1​/​2​4​/​o​p​i​n​i​o​n​/​1​4​8​0​0​1​5​6​7​0​_​5​9​8​0​6​3​.​h​tml).
  73. Nadia Cela­ya: Aumen­ta la explo­ta­ción y el aco­so sexual en el tra­ba­jo, 19 de diciem­bre de 2016 (http://​www​.izquier​da​dia​rio​.es/​A​u​m​e​n​t​a​-​e​l​-​a​c​o​s​o​-​s​e​x​u​a​l​-​e​n​-​e​l​-​t​r​a​b​a​j​o​?​i​d​_​r​u​b​r​i​q​u​e​=​2​653).
  74. Bár­ba­ra Tar­dón Recio y Jesús Pérez Vie­jo: Cul­tu­ra de la vio­la­ción: com­pli­ci­dad y silen­cio en torno a la vio­len­cia sexual, 24 de noviem­bre de 2016 (http://​www​.lama​rea​.com/​2​0​1​6​/​1​1​/​2​4​/​c​u​l​t​u​r​a​-​l​a​-​v​i​o​l​a​c​i​o​n​-​c​o​m​p​l​i​c​i​d​a​d​-​s​i​l​e​n​c​i​o​-​t​o​r​n​o​-​l​a​-​v​i​o​l​e​n​c​i​a​-​s​e​x​u​al/).
  75. Mar­ce­la Lelli­mo: La tra­ta de per­so­nas: un aná­li­sis des­de la pers­pec­ti­va de géne­ro y los dere­chos huma­nos (http://www.vocesenelfenix.com/content/la-trata-de-personas-un-an%C3%A1lisis-desde-la-perspectiva-de‑g%C3%A9nero-y-los-derechos-humanos).
  76. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2002, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2003, p. 165.
  77. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2003, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2004, p. 141.
  78. Tor­tu­ra­ren Aur­ka­ko Tal­dea: Tor­tu­ra en Eus­kal Herria. Infor­me 2003, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2004, pp. 148 – 153.
  79. Todo Por Hacer: [Cár­ce­les] La vida en sole­dad. El ais­la­mien­to es tor­tu­ra, 19 de agos­to de 2016 (http://​www​.todo​porha​cer​.org/​2​0​1​6​/​0​6​/​l​a​-​v​i​d​a​-​s​o​l​e​d​a​d​-​a​i​s​l​a​m​i​e​n​t​o​-​t​o​r​t​u​ra/).
  80. César Man­za­nos Bil­bao: La pena de cár­cel como tor­tu­ra ins­ti­tu­cio­nal, 10 de julio de 2016 (http://​www​.naiz​.eus/​f​r​/​h​e​m​e​r​o​t​e​c​a​/​g​a​r​a​/​e​d​i​t​i​o​n​s​/​2​016 – 07-10/he­me­ro­te­ca_ar­ti­cle­s/­la-pena-de-car­cel-como-tor­tu­ra-ins­ti­tu­cio­nal).
  81. Xabier Maka­za­ga: La Red. El Tor­men­to en la Espa­ña cons­ti­tu­cio­nal, Txa­la­par­ta, Liza­rra 2008, pp. 203 – 205.
  82. Jason Bur­ke: Trump quie­re recu­pe­rar las tor­tu­ras, pero ¿de ver­dad fun­cio­na?, 29 de enero de 2017 (http://​www​.eldia​rio​.es/​t​h​e​g​u​a​r​d​i​a​n​/​F​u​n​c​i​o​n​a​-​t​o​r​t​u​r​a​_​0​_​6​0​6​1​3​9​9​0​6​.​h​tml).
  83. Emi­li J. Blas­co: Las tor­tu­ras bru­ta­les de la CIA no han sido efi­ca­ces, según el Sena­do de EEUU, 9 de diciem­bre de 2014 (http://​www​.abc​.es/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​2​0​1​4​1​2​0​9​/​a​b​c​i​-​t​o​r​t​u​r​a​s​-​a​b​u​s​o​s​-​2​0​1​4​1​2​0​9​0​9​1​7​.​h​tml).
  84. Un juez auto­ri­za méto­dos de tor­tu­ra en el des­alo­jo de las ocu­pa­cio­nes de estu­dian­tes, 2 de noviem­bre de 2016 (https://​mun​do​.sput​nik​news​.com/​a​m​e​r​i​c​a​l​a​t​i​n​a​/​2​0​1​6​1​1​0​2​1​0​6​4​5​4​1​2​2​9​-​B​r​a​s​i​l​-​p​o​l​i​c​i​a​-​m​i​l​i​t​ar/).
  85. Cin­co pre­gun­tas para enten­der qué fue el Plan Cón­dor, 12 de diciem­bre de 2016 (http://​www​.tele​surtv​.net/​n​e​w​s​/​C​i​n​c​o​-​p​r​e​g​u​n​t​a​s​-​p​a​r​a​-​e​n​t​e​n​d​e​r​-​q​u​e​-​f​u​e​-​e​l​-​P​l​a​n​-​C​o​n​d​o​r​-​2​0​1​5​1​105 – 0007.html).
  86. Mau­ri­cio Rosen­cof y Eleute­rio Fer­nán­dez Hui­do­bro: Memo­rias del cala­bo­zo, Txa­la­par­ta, Tafa­lla 1993, pp. 101 – 104.
  87. Car­los Tupac: Terro­ris­mo y civi­li­za­ción, Boltxe Libu­ruak, Bil­bo 2012, pp. 409 – 410.
  88. Ruth Hub­bard y Eli­jah Wald: El mito del gen, Alian­za Edi­to­rial, Madrid 1999, pp. 33 – 37.
  89. Judith de Jor­ge Gama: Caín está en nues­tras raí­ces, 28 de sep­tiem­bre de 2016 (http://​www​.abc​.es/​c​i​e​n​c​i​a​/​a​b​c​i​-​c​a​i​n​-​e​s​t​a​-​n​u​e​s​t​r​a​s​-​r​a​i​c​e​s​-​2​0​1​6​0​9​2​8​1​9​0​0​_​n​o​t​i​c​i​a​.​h​tml).
  90. Los chim­pan­cés coope­ran y cas­ti­gan a los gorro­nes, 22 de agos­to de 2016 (http://​www​.voz​po​pu​li​.com/​n​e​x​t​/​A​n​i​m​a​l​e​s​-​C​h​i​m​p​a​n​c​e​s​-​P​s​i​c​o​l​o​g​i​a​_​a​n​i​m​a​l​-​P​s​i​c​o​l​o​g​i​a​_​0​_​9​4​6​7​0​5​3​6​2​.​h​tml); Javier Salas: Las bono­bas defien­den su matriar­ca­do luchan­do jun­tas, 5 de agos­to de 2016 (http://​elpais​.com/​e​l​p​a​i​s​/​2​0​1​6​/​0​7​/​2​5​/​c​i​e​n​c​i​a​/​1​4​6​9​4​4​0​5​8​2​_​0​2​9​6​3​7​.​h​tml); Javier Salas: Los chim­pan­cés con­fían en sus ami­gos, 14 de enero de 2016 (http://​elpais​.com/​e​l​p​a​i​s​/​2​0​1​6​/​0​1​/​1​4​/​c​i​e​n​c​i​a​/​1​4​5​2​7​8​2​0​6​2​_​7​4​0​8​3​8​.​h​tml).
  91. Stephen Jay Gould, Kro­pot­kin no esta­ba tan chi­fla­do, La ayu­da mutua, Mon­te Ávi­la, Cara­cas 2009, pp. 373 – 391.
  92. Ana Muñoz: La obe­dien­cia a la auto­ri­dad: los expe­ri­men­tos de Mil­grand (http://​soli​da​ri​dad​.net/​s​o​l​i​d​a​r​i​d​a​d​n​e​t​/​n​o​t​i​c​i​a​/​8​6​2​/​l​a​-​o​b​e​d​i​e​n​c​i​a​-​a​-​l​a​-​a​u​t​o​r​i​d​a​d​-​l​o​s​-​e​x​p​e​r​i​m​e​n​t​o​s​-​d​e​-​m​i​l​g​ram).
  93. James C. Scott: Los domi­na­dos y el arte de la resis­ten­cia, Txa­la­par­ta, Tafa­lla 2003, pp. 129 – 131.
  94. J. Bogats­vo: Cómo tor­tu­ra­ban las SS, De Vec­chi, Bar­ce­lo­na 1979, pp. 87 – 94.
  95. Gabriel Kol­ko: El siglo de las gue­rras. Polí­ti­ca, con­flic­tos y socie­dad des­de 1914, Pai­dós, Bar­ce­lo­na 2005, pp. 193 – 198.
  96. K. H. Roth y Ange­li­ka Ebbinghaus: El otro movi­mien­to obre­ro, Tra­fi­can­tes de sue­ños, Liza­rra 2011, pp. 234 – 260.
  97. Chris Bam­bery: His­to­ria mar­xis­ta de la segun­da gue­rra mun­dial, Pasado&Presente, Bar­ce­lo­na 2015, pp. 161 – 162.
  98. Pier Pao­lo Por­ti­na­ro: Esta­do, Edic. Nue­va Visión, Bue­nos Aires 2003, pp. 86 – 90.
  99. Angel Fias­che: La obe­dien­cia al mal, Hacia una psi­co­pa­to­lo­gía de la pobre­za, Uni­ver­si­dad popu­lar madres de la pla­za de Mayo, Bue­nos Aires, Argen­ti­na, 2003, p. 277 – 281.
  100. Jesús Mª Biu­rrun Mon­real: De cár­cel y tor­tu­ra, Txa­la­par­ta, Tafa­lla 1993, p. 64.
  101. Jesus Mª Biu­rrun Mon­real: De cár­cel y tor­tu­ra, Txa­la­par­ta, Tafa­lla 1993, p. 66 – 67.
  102. Vicen­te Romano: Las for­mas de la men­ta­li­dad sumi­sa, Colec­ción Ana­lí­ti­ca, Vene­zue­la, Cara­cas 2007, pp. 34 – 35.
  103. Cal­par­so­ro recla­ma a la Fis­ca­lía que impul­se la inves­ti­ga­ción de la muer­te de Caba­cas, 7 de febre­ro de 2017 (http://​www​.naiz​.eus/​f​r​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​n​o​t​i​c​i​a​/​2​0​1​7​0​2​0​7​/​c​a​l​p​a​r​s​o​r​o​-​r​e​c​l​a​m​a​-​a​-​l​a​-​f​i​s​c​a​l​i​a​-​q​u​e​-​i​m​p​u​l​s​e​-​l​a​-​i​n​v​e​s​t​i​g​a​c​i​o​n​-​d​e​-​l​a​-​m​u​e​r​t​e​-​d​e​-​c​a​b​a​cas).
  104. Rodri­go Fer­nán­dez: 500 euros de mul­ta por pegar a tu espo­sa por pri­me­ra vez, 31 de enero de 2017 (http://​inter​na​cio​nal​.elpais​.com/​i​n​t​e​r​n​a​c​i​o​n​a​l​/​2​0​1​7​/​0​1​/​1​3​/​a​c​t​u​a​l​i​d​a​d​/​1​4​8​4​3​1​2​6​2​2​_​7​8​8​0​7​0​.​h​tml).
  105. La Jus­ti­cia euro­pea dice que un país está olbi­ga­do a dar visa­do huma­ni­ta­rio a quien corre ries­go de tor­tu­ra, 7 de mar­zo de 2017 (http://​www​.expan​sion​.com/​a​g​e​n​c​i​a​/​e​u​r​o​p​a​_​p​r​e​s​s​/​2​0​1​7​/​0​2​/​0​7​/​2​0​1​7​0​2​0​7​1​1​5​9​3​6​.​h​tml).

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