Mar­xis­mo, femi­nis­mo y libe­ra­ción de la mujer

Ines­sa Armand, la pri­me­ra diri­gen­te del Depar­ta­men­to de la Mujer en la Revo­lu­ción Rusa de 1917, hizo la siguien­te obser­va­ción: Si la libe­ra­ción de la mujer es impen­sa­ble sin el comu­nis­mo, el comu­nis­mo es tam­bién impen­sa­ble sin la libe­ra­ción de la mujer. Esta afir­ma­ción es un per­fec­to resu­men de la rela­ción entre la lucha por el socia­lis­mo y la lucha por la libe­ra­ción de la mujer: no es posi­ble una sin la otra.

La tra­di­ción mar­xis­ta asu­me, des­de sus orí­ge­nes, con los escri­tos de Karl Marx y Frie­drich Engels, la lucha por la libe­ra­ción de la mujer. Ya des­de el Mani­fies­to Comu­nis­ta, Marx y Engels argu­men­ta­ron como la cla­se domi­nan­te opri­me a las muje­res, rele­gán­do­las a ciu­da­da­nas de segun­da cla­se en la socie­dad y den­tro de la fami­lia: el bur­gués ve en su mujer un mero ins­tru­men­to de pro­duc­ción, no sos­pe­cha siquie­ra que el ver­da­de­ro obje­ti­vo que per­se­gui­mos [los comu­nis­tas] es el de aca­bar con esa situa­ción de las muje­res como mero ins­tru­men­to de pro­duc­ción.

Marx no dedi­có mucho espa­cio en El Capi­tal a des­cri­bir el papel que cum­ple el tra­ba­jo domes­ti­co de las muje­res bajo el capi­ta­lis­mo. Tam­po­co exa­mi­nó el ori­gen de la opre­sión de la mujer en la socie­dad de cla­ses, a pesar de que tomó exten­sas notas etno­ló­gi­cas sobre este tema hacia el final de su vida
Des­pués de la muer­te de Marx, Engels uti­li­zó algu­nas de aque­llas notas para su libro: El Ori­gen de la fami­lia, la pro­pie­dad pri­va­da y el Esta­do, don­de ana­li­za­ba el sur­gi­mien­to de la opre­sión de las muje­res como el pro­duc­to de la apa­ri­ción de la socie­dad de cla­ses y de la fami­lia nuclear. A pesar de que han sido nece­sa­rias varias revi­sio­nes para actua­li­zar las tesis del libro de Engels, fue­ron pio­ne­ras, en su momen­to, como con­tri­bu­ción a la com­pren­sión de la opre­sión de las muje­res; en par­ti­cu­lar, por­que Engels escri­bía en la Ingla­te­rra vic­to­ria­na, que no era, des­de lue­go, una era ilus­tra­da en lo que se refie­re a la situa­ción de las mujeres.

De hecho, en El ori­gen es más que nota­ble la cui­da­do­sa aten­ción que Engels dedi­ca a los aspec­tos per­so­na­les de la opre­sión de las muje­res den­tro del mar­co fami­liar, inclu­yen­do la extre­ma degra­da­ción sufri­da por las muje­res a manos de sus mari­dos, con un gra­do de des­igual­dad des­co­no­ci­da en las socie­da­des ante­rio­res. Engels cali­fi­ca el sur­gi­mien­to de la fami­lia nuclear como la derro­ta his­tó­ri­ca del sexo feme­nino a nivel mun­dial. Aun­que las notas de Marx sugie­ren que esta derro­ta his­tó­ri­ca mun­dial se ini­cia y desa­rro­lla duran­te un perio­do de tiem­po mas exten­so, pre­ce­dien­do y con­du­cien­do a la apa­ri­ción de la socie­dad de cla­ses, con el resul­ta­do final de un enor­me retro­ce­so en la igual­dad de las muje­res res­pec­to de los hombres.
Ade­más, Engels sos­tie­ne explí­ci­ta­men­te que la vio­la­ción y la vio­len­cia con­tra las muje­res se ini­cia­ron den­tro de la fami­lia, en sus mis­mos orígenes:

El hom­bre tomó el man­do tam­bién en el hogar; la mujer fue degra­da­da y redu­ci­da a la ser­vi­dum­bre; se con­vir­tió en la escla­va de su luju­ria y en un mero ins­tru­men­to para la pro­duc­ción de hijos. Para ase­gu­rar la fide­li­dad de su mujer y por tan­to, la pater­ni­dad de sus hijos, es entre­ga­da sin con­di­cio­nes al poder del mari­do; si él la mata, solo está ejer­cien­do sus derechos.

Engels tam­bién expli­có cómo el ideal de la fami­lia monó­ga­ma en la socie­dad de cla­ses se basa en una hipo­cre­sía fun­da­men­tal. Des­de sus ini­cios, la fami­lia ha esta­do mar­ca­da por el carác­ter espe­cí­fi­co de la mono­ga­mia solo para la mujer, pero no para el hom­bre. Mien­tras que los actos de infi­de­li­dad de las muje­res, son dura­men­te con­de­na­dos, sin embar­go, se con­si­de­ran hono­ra­bles en el hom­bre o, en el peor de los casos, un leve peca­di­llo con­tra la moral que se pue­de asu­mir ale­gre­men­te.

Escla­vi­tud doméstica

Si algo se pue­de des­ta­car, des­de el ini­cio de la tra­di­ción mar­xis­ta en cuan­to a la eman­ci­pa­ción de la mujer, es que el pro­ble­ma no ha sido nun­ca con­tem­pla­do teó­ri­ca­men­te como un asun­to que con­cier­ne solo a las muje­res, sino como un tema en el que se debe impli­car el con­jun­to de los lide­res revo­lu­cio­na­rios, tan­to hom­bres como muje­res. El revo­lu­cio­na­rio ruso León Trotsky escri­bió: Para cam­biar nues­tras con­di­cio­nes de vida, debe­mos apren­der a mirar a tra­vés de los ojos de las muje­res. Del mis­mo modo, V. I. Lenin, solía refe­rir­se a la opre­sión de las muje­res den­tro de la fami­lia como escla­vi­tud domés­ti­ca.

La escla­vi­tud domés­ti­ca, a la que Lenin hace refe­ren­cia, es un ele­men­to cen­tral en la teo­ría mar­xis­ta sobre la opre­sión de las muje­res: la fuen­te de la opre­sión de las muje­res radi­ca en el papel de la fami­lia como repro­duc­to­ra de la fuer­za de tra­ba­jo para el capi­ta­lis­mo, y en el papel des­igual de la mujer en su seno. Mien­tras que la fami­lia de las cla­ses domi­nan­tes ha fun­cio­na­do his­tó­ri­ca­men­te como una ins­ti­tu­ción a tra­vés de la que trans­mi­tir la heren­cia entre gene­ra­cio­nes, con el sur­gi­mien­to del capi­ta­lis­mo, la fami­lia de la cla­se obre­ra asu­mió la fun­ción de pro­por­cio­nar al sis­te­ma una ofer­ta abun­dan­te de mano de obra.

Es una for­ma muy bara­ta para los capi­ta­lis­tas, pero no para los tra­ba­ja­do­res, de repro­du­cir la fuer­za de tra­ba­jo, tan­to en tér­mi­nos de repo­si­ción dia­ria de la fuer­za de tra­ba­jo actual, como para su incre­men­to numé­ri­co con gene­ra­cio­nes futu­ras de tra­ba­ja­do­res. Esta con­fi­gu­ra­ción sitúa casi toda la car­ga finan­cie­ra para la crian­za de los hijos y el man­te­ni­mien­to del hogar sobre los hom­bros de las uni­da­des fami­lia­res obre­ras, depen­dien­do bási­ca­men­te de los sala­rios de uno o de los dos padres para la super­vi­ven­cia, en lugar del gas­to social del gobierno o de la cla­se capitalista.

El sur­gi­mien­to de la fami­lia de la cla­se obre­ra tam­bién comen­zó a dife­ren­ciar cla­ra­men­te el carác­ter de la opre­sión que sufren las muje­res de dis­tin­tas cla­ses: el papel de las muje­res de cla­se alta es pro­du­cir des­cen­den­cia para here­dar la rique­za de la fami­lia, mien­tras que la fun­ción de las muje­res de la cla­se obre­ra es man­te­ner las gene­ra­cio­nes de tra­ba­ja­do­res para hoy y maña­na den­tro de su pro­pia fami­lia; esto es, la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo para el sis­te­ma. Engels sos­te­nía que el papel de la mujer pro­le­ta­ria sig­ni­fi­ca que la espo­sa se con­ver­tía en la sir­vien­ta prin­ci­pal y que si lle­va a cabo sus tareas al ser­vi­cio pri­va­do de su fami­lia, per­ma­ne­ce exclui­da de la pro­duc­ción públi­ca y sin sala­rio; y si quie­re tomar par­te en la pro­duc­ción públi­ca y obte­ner un sala­rio inde­pen­dien­te, no pue­de aten­der sus debe­res fami­lia­res.

Actual­men­te, las exi­gen­cias del tra­ba­jo y de la fami­lia com­pi­ten entre sí y son una fuen­te impor­tan­te de estrés para las madres tra­ba­ja­do­ras. Sobre todo en las fami­lias obre­ras que no pue­den per­mi­tir­se el lujo de pagar ser­vi­cios exter­nos de lavan­de­ría, lim­pie­za, coci­na y ayu­da en las tareas domésticas.

Para for­ta­le­cer la ins­ti­tu­ción fami­liar, la ideo­lo­gía de la cla­se domi­nan­te obli­ga a muje­res y hom­bres a asu­mir roles de gene­ro rígi­da­men­te dife­ren­cia­dos, inclu­yen­do el ideal de cria­do­ra-ama de casa para las muje­res, some­ti­das al varón cabe­za de fami­lia y res­pon­sa­ble de su sus­ten­to eco­nó­mi­co, sin que impor­te lo poco que tie­nen que ver real­men­te esos idea­les con las vidas reales de la cla­se tra­ba­ja­do­ra. Des­de la déca­da de los 70, la gran mayo­ría de las muje­res for­man par­te de la fuer­za de tra­ba­jo y, sin embar­go, per­vi­ven tan­to esos idea­les fami­lia­res como la idea de que la mujer esta mejor dota­da para asu­mir las tareas domés­ti­cas den­tro de la fami­lia. El papel de la mujer como cui­da­do­ra en el seno fami­liar redu­ce su sta­tus al de ciu­da­da­nas de segun­da cla­se den­tro del con­jun­to social, dado que se pre­su­po­ne que su prin­ci­pal res­pon­sa­bi­li­dad, y su mayor con­tri­bu­ción, es la de estar al ser­vi­cio de las nece­si­da­des indi­vi­dua­les de su familia.

Así, com­pren­dien­do que el papel de la fami­lia es la cla­ve para enten­der la posi­ción de ciu­da­da­nas de segun­da que pade­cen las muje­res en la socie­dad, res­pon­de­re­mos a las pre­gun­tas bási­cas: ¿por qué aún no se ha con­se­gui­do apro­bar la enmien­da a la cons­ti­tu­ción sobre la igual­dad de dere­chos que garan­ti­ce la igual­dad bási­ca ante la ley para las muje­res nor­te­ame­ri­ca­nas?; ¿por qué las muje­res son rele­ga­das al papel de obje­tos sexua­les, suje­tas a la apro­ba­ción o des­apro­ba­ción de los hom­bres?; ¿por qué las muje­res segui­mos, aún hoy, luchan­do por el dere­cho a con­tro­lar y deci­dir sobre nues­tro pro­pio cuer­po y nues­tra vida repro­duc­ti­va? Todo comen­zó con la fami­lia, pero sus reper­cu­sio­nes se extien­den mucho mas allá de la vida den­tro de la familia.

Los líde­res de la Revo­lu­ción Rusa de 1917 com­pren­die­ron no solo el papel cen­tral de la fami­lia en la raíz de la opre­sión de las muje­res, sino tam­bién que las difi­cul­ta­des para lograr la igual­dad de géne­ro den­tro de la fami­lia con­di­cio­na­ban la libe­ra­ción de la mujer en el con­jun­to de la socie­dad. Trotsky escri­bió en 1920: Lograr la igual­dad real entre el hom­bre y la mujer den­tro de la fami­lia es un pro­ble­ma arduo. Todos nues­tros hábi­tos domés­ti­cos debe­rán ser revo­lu­cio­na­dos antes de que pue­da suce­der. Y, sin embar­go, es obvio que si no hay ver­da­de­ra igual­dad entre mari­do y mujer en la fami­lia, tan­to en lo coti­diano como en sus con­di­cio­nes de vida, no podre­mos hablar seria­men­te de su igual­dad en el tra­ba­jo, en la socie­dad o inclu­so en la política.

Luchar con­tra la opresión

Tam­bién la Revo­lu­ción Rusa comen­zó a abor­dar, tan­to a nivel teó­ri­co como prác­ti­co, la lucha con­tra la opre­sión como par­te inte­gral de la lucha por el socia­lis­mo, argu­men­tan­do que el par­ti­do revo­lu­cio­na­rio debe de ser la tri­bu­na de los opri­mi­dos. Lenin reali­zó la siguien­te y sucin­ta expli­ca­ción sobre como el obje­ti­vo de la toma de con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria requie­re de la volun­tad de los tra­ba­ja­do­res para defen­der los intere­ses de todos los opri­mi­dos en la socie­dad, como par­te de la lucha por el socialismo:

La con­cien­cia de cla­se de los tra­ba­ja­do­res no pue­de ser ver­da­de­ra con­cien­cia polí­ti­ca si los obre­ros no están capa­ci­ta­dos para res­pon­der a todo tipo de tira­nía, opre­sión, vio­len­cia o abu­so, no impor­ta la cla­se que se vea afec­ta­da sí, ade­más, se for­man para res­pon­der des­de un pun­to de vis­ta social-demó­cra­ta y no de otro.

Esta for­mu­la­ción es extre­ma­da­men­te impor­tan­te para enten­der el papel del movi­mien­to socia­lis­ta, no solo en la lucha de cla­ses, sino tam­bién en la lucha con­tra toda for­ma de opre­sión. Y esta­ba espe­ran­do lle­gar aquí, para apli­car esta for­mu­la al tra­ta­mien­to espe­cí­fi­co de la opre­sión de la mujer y lo que sig­ni­fi­ca tan­to en la teo­ría como en la práctica

Lo que Lenin está des­ta­can­do en esta cita es que aun­que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta se basa, esen­cial­men­te, en la explo­ta­ción de la cla­se obre­ra (y la cla­se es la cla­ve de la divi­sión en la socie­dad, entre explo­ta­do­res y explo­ta­dos), al mis­mo tiem­po, el sis­te­ma capi­ta­lis­ta tam­bién uti­li­za otras for­mas espe­cí­fi­cas de opre­sión para man­te­ner el sis­te­ma. Y estas for­mas de opre­sión afec­tan a indi­vi­duos de todas las cla­ses, no solo a los obreros.

Un par de ejem­plos, hoy bien cono­ci­dos, pue­den ayu­dar a ilus­trar este pun­to algo más fácil­men­te. Pri­me­ro, el pre­jui­cio racial: con­du­cir cuan­do se es negro o mula­to no es un pro­ble­ma que afec­te solo a la cla­se tra­ba­ja­do­ra, los negros u otro gru­po opri­mi­do racial­men­te. Lo cier­to es que con­du­cir un Mer­ce­des de alta gama, ves­ti­do con un tra­je caro, no te libra de ser pre­juz­ga­do racial­men­te y de aca­bar dete­ni­do por la policía.

Tome­mos otro ejem­plo, esta vez espe­cí­fi­co de muje­res: el techo de cris­tal. Exis­te una sim­ple razón por la que las altas esfe­ras del mun­do empre­sa­rial y polí­ti­co siguen sien­do abru­ma­do­ra­men­te blan­cas y mas­cu­li­nas y es la del racis­mo y el sexis­mo puro y duro. Tene­mos un circu­lo interno, blan­co y mas­cu­lino, rigien­do la socie­dad, don­de ni los negros ni las muje­res están invi­ta­dos a entrar.

Sería un error decir: ¿por qué preo­cu­par­se de unos ricos? La opre­sión que sufren no es com­pa­ra­ble con la que sufren la cla­se obre­ra y los pobres. Pue­de que sea en par­te cier­to, pero lo que Lenin argu­men­ta­ba aquí es que la defen­sa de los dere­chos de todos los opri­mi­dos es indis­pen­sa­ble, no solo para luchar efi­caz­men­te con­tra la opre­sión, sino que tam­bién es nece­sa­ria en la pre­pa­ra­ción de la cla­se obre­ra para diri­gir la socie­dad en inte­rés de toda la humanidad.

¿Cómo pode­mos hoy día con­ci­liar estos dos aspec­tos del mar­xis­mo: el papel de los revo­lu­cio­na­rios en la auto-eman­ci­pa­ción de la cla­se obre­ra y como ada­li­des de todos los opri­mi­dos, sin que impor­te la cla­se social afectada?

Para noso­tras resul­ta fácil abra­zar la cau­sa de las muje­res tra­ba­ja­do­ras, for­mar sin­di­ca­tos y orga­ni­zar huel­gas para recla­mar el dere­cho a la igual­dad sala­rial. Es una lucha obvia a la que damos nues­tro apo­yo incon­di­cio­nal. Pero lo cier­to es que el mun­do es mucho más com­pli­ca­do y algu­nos de los movi­mien­tos más impor­tan­tes con­tra la opre­sión han sur­gi­do como movi­mien­tos no basa­dos en la per­te­nen­cia de cla­se, inclu­yen­do el femi­nis­ta y la lucha por la igual­dad de las mujeres.

Creo que la evi­den­cia mues­tra, en par­ti­cu­lar, que los movi­mien­tos de los años 60 y prin­ci­pios de los 70, inclu­yen­do los de la libe­ra­ción de la mujer, el movi­mien­to de libe­ra­ción homo­se­xual, en defen­sa de los dere­chos civi­les y el nacio­na­lis­mo negro, fue­ron pode­ro­sas luchas socia­les que tuvie­ron un efec­to trans­for­ma­dor, tan­to en la con­cien­cia de masas en gene­ral como en la con­cien­cia de las cla­ses tra­ba­ja­do­ras en particular.

Femi­nis­mo

Los avan­ces del movi­mien­to de libe­ra­ción de las muje­res en la déca­da de 1960 han teni­do un efec­to dura­de­ro en la socie­dad y esa es la razón por la que la dere­cha se ha pasa­do los últi­mos cua­ren­ta años ata­can­do todas esas con­quis­tas de los movi­mien­tos de muje­res. Tam­bién por ello, el femi­nis­mo en sí ha sido obje­to de ata­ques, que inten­ta­ban cari­ca­tu­ri­zar a las femi­nis­tas como un gru­po de muje­res amar­ga­das, egoís­tas y sin sen­ti­do del humor, a las que no les gus­tan los hom­bres, ni resul­tan atrac­ti­vas para ellos y por todo ello se pasan la vida inmer­sas en una men­ta­li­dad vic­ti­mis­ta, ima­gi­nan­do ver ata­ques sexis­tas por todos lados.

Así, en este pun­to de la his­to­ria, cuan­do el femi­nis­mo ha sufri­do los últi­mos cua­ren­ta años un ata­que sos­te­ni­do y sin que se vis­lum­bre cuan­do aca­ba­rá, lo últi­mo a lo que nos debe­mos sen­tir empu­ja­dos es a ata­car al femi­nis­mo. Al con­tra­rio, tene­mos que defen­der el femi­nis­mo por prin­ci­pio, como defen­sa de la libe­ra­ción de la mujer y en opo­si­ción al sexis­mo. ¿Cuál es la defi­ni­ción de femi­nis­mo?: la defen­sa de los dere­chos de la mujer en el terreno de su igual­dad polí­ti­ca, social y eco­nó­mi­ca res­pec­to de los hombres.

Lamen­ta­ble­men­te, no todos los mar­xis­tas, ni en todo momen­to, com­pren­die­ron la nece­si­dad de defen­der el femi­nis­mo y de valo­rar los enor­mes logros del movi­mien­to de muje­res, ni siquie­ra des­pués de que la era de los 60 deja­ra paso a la reac­ción. Esto inclu­ye a algu­nos que per­te­ne­cen a nues­tra pro­pia tra­di­ción, la Ten­den­cia Socia­lis­ta Inter­na­cio­nal que, a mi jui­cio, incu­rrió en un enfo­que reduc­cio­nis­ta de la libe­ra­ción de la mujer hace algu­nas déca­das. Y tam­bién podría aña­dir que nues­tra pro­pia orga­ni­za­ción, la ISO de Esta­dos Uni­dos, ha sobre­lle­va­do la mar­ca de esa tra­di­ción en un par de pun­tos teó­ri­cos cla­ve, que quie­ro aquí resu­mir brevemente.

En pri­mer lugar, ¿qué es el reduc­cio­nis­mo? En su for­ma más pura, el reduc­cio­nis­mo supo­ne que la lucha de cla­ses resol­ve­rá el pro­ble­ma del sexis­mo por sí mis­ma, al reve­lar los ver­da­de­ros intere­ses de cla­se en opo­si­ción a la fal­sa con­cien­cia. Este enfo­que redu­ce los pro­ble­mas de opre­sión a una cues­tión de cla­se. Tam­bién se acom­pa­ña, gene­ral­men­te, de una reite­ra­ción del carác­ter obje­ti­vo de cla­se del inte­rés de los hom­bres en aca­bar con la opre­sión de la mujer, sin asu­mir la pre­gun­ta más difí­cil: ¿cómo enfren­tar el sexis­mo den­tro de la cla­se obrera?

Obvia­men­te, esta some­ra apro­xi­ma­ción no des­cri­be la tra­di­ción de la Ten­den­cia Socia­lis­ta Inter­na­cio­nal que, des­pués de los movi­mien­tos de libe­ra­ción de la mujer de los años 60, se toma muy en serio la libe­ra­ción de la mujer, como un ele­men­to cen­tral de la lucha por el socialismo.

No obs­tan­te, yo diría que fue una adap­ta­ción en sen­ti­do reduc­cio­nis­ta y una ten­den­cia a mini­mi­zar la opre­sión que sufren las tra­ba­ja­do­ras como muje­res lo que con­du­jo a una erró­nea prue­ba de fue­go teó­ri­ca sobre la cues­tión de como los hom­bres de la cla­se obre­ra se bene­fi­cian de la opre­sión de las muje­res. Tam­bién quie­ro dejar aquí cla­ro que no estoy sim­ple­men­te seña­lan­do con el dedo, ya que, aun­que en menor medi­da, noso­tros en la ISO de Esta­dos Uni­dos adop­ta­mos un enfo­que similar.

Hubo un con­jun­to de artícu­los y un deba­te a media­dos de los años 80, publi­ca­dos en el Inter­na­tio­nal Socia­lism Jour­nal, en el que par­ti­ci­pa­ron algu­nos de los prin­ci­pa­les diri­gen­tes del Socia­list Wor­kers Party (SWP) bri­tá­ni­co, que comen­za­ron a abor­dar las cues­tio­nes que aca­bo de des­cri­bir. No es posi­ble aquí resu­mir todo aquel deba­te, pero si pre­sen­tar algu­nos de sus pun­tos más significativos.

Empe­za­re­mos con un articu­lo de 1984 titu­la­do: Libe­ra­ción de la Mujer y Socia­lis­mo Revo­lu­cio­na­rio de Chris Har­man, un des­ta­ca­do miem­bro del SWP.(Quiero acla­rar que Har­man fue uno de los gran­des mar­xis­tas de su épo­ca, que jugó un papel cla­ve en la for­ma­ción de muchos de noso­tros en la ISO. Así pues, el asun­to que des­cri­bo repre­sen­ta una peque­ña, aun­que sig­ni­fi­can­te, detrac­ción en su, por otra par­te, enor­me con­tri­bu­ción al mar­xis­mo). En su artícu­lo Har­man sostiene:

De hecho, sin embar­go, los bene­fi­cios que los hom­bres de la cla­se obre­ra reci­ben de la opre­sión de las muje­res son en reali­dad mar­gi­na­les. Los bene­fi­cios reales se redu­cen a la cues­tión del tra­ba­jo domés­ti­co. La pre­gun­ta es has­ta que pun­to los hom­bres de la cla­se obre­ra se bene­fi­cian del tra­ba­jo no remu­ne­ra­do de las mujeres.

Lo que los hom­bres de la cla­se obre­ra ganan, direc­ta­men­te, en tér­mi­nos del tra­ba­jo de su mujer, pue­de ser, más o menos, esti­ma­do. Es la can­ti­dad de tra­ba­jo que ten­dría que rea­li­zar él si tuvie­ra que lim­piar y coci­nar para sí mis­mo. No podría supo­ner más de una hora o dos al día. Una car­ga pesa­da para una mujer que tie­ne que rea­li­zar ese tra­ba­jo para dos per­so­nas des­pués de una jor­na­da labo­ral remu­ne­ra­da, pero no una enor­me ganan­cia para el hom­bre trabajador.

No pare­ce nece­sa­rio seña­lar que en los comen­ta­rios de Har­man se des­cri­ben solo los bene­fi­cios mar­gi­na­les que reci­ben los hom­bres, sin hijos que aña­dir a la car­ga de las muje­res den­tro del hogar.

Otro socia­lis­ta bri­tá­ni­co, John Moly­neux, con­tes­tó a los argu­men­tos de Har­man, dicien­do que los bene­fi­cios de los hom­bres son algo más que mar­gi­na­les: Har­man nos dice que ello supo­ne una car­ga pesa­da para una mujer que tie­ne que rea­li­zar ese tra­ba­jo para dos per­so­nas des­pués de una jor­na­da labo­ral remu­ne­ra­da, así pues ¿si no supo­ne un bene­fi­cio impor­tan­te para el hom­bre tra­ba­ja­dor, no es nece­sa­rio hacerlo?

Los plan­tea­mien­tos de Moly­neux pro­vo­ca­ron una aira­da res­pues­ta de Lind­sey Ger­man y Shei­la McGre­gor, miem­bros del Comi­té Cen­tral del SWP, a los que Moly­neux con­tes­tó de la mis­ma mane­ra. El deba­te no con­clu­yó has­ta 1986. Lind­sey Ger­man opi­nó: Las dife­ren­cias y ven­ta­jas que los hom­bres tie­nen no son, de nin­gu­na for­ma, enor­mes; tam­po­co hay bene­fi­cios tan sus­tan­cia­les como John plan­tea. Por con­si­guien­te, no exis­te base mate­rial que per­mi­ta que los hom­bres sean com­pra­dos a cam­bio de esas ven­ta­jas.

Shei­la McGre­gor argu­men­tó en con­tra como si Moly­neux estu­vie­ra en vías de aban­do­nar el mar­xis­mo por com­ple­to: Si debe­mos tener una teo­ría ade­cua­da sobre la opre­sión de las muje­res y como luchar con­tra ella, nece­si­ta­mos basar­nos en la tra­di­ción mar­xis­ta. La posi­ción de John, de que los hom­bres de la cla­se obre­ra se bene­fi­cian de la opre­sión de las muje­res, es un pri­mer paso hacía el aban­dono de esa tra­di­ción.

A lo lar­go de ese deba­te, la posi­ción evo­lu­cio­nó des­de la sos­te­ni­da por Har­man (el carác­ter mar­gi­nal de los bene­fi­cios obte­ni­dos por los hom­bres), a la afir­ma­ción de que los hom­bres de la cla­se obre­ra no se bene­fi­cia­ban, en abso­lu­to, de la opre­sión de las muje­res, jun­to a la de que, inclu­so aque­llas ven­ta­jas que tie­nen los hom­bres sobre las muje­res den­tro de la fami­lia, no son sus­tan­cia­les.

Bene­fi­cios

Si bien es cier­to que el capi­tal es el pri­mer bene­fi­cia­rio, tan­to de la opre­sión de las muje­res en la fami­lia, como de toda la basu­ra sexis­ta que se uti­li­za para refor­zar el papel de la mujer como ciu­da­da­na de segun­da cla­se (y tam­bién que los hom­bres de la cla­se obre­ra tie­nen un inte­rés de cla­se obje­ti­vo en la libe­ra­ción de la mujer), ade­más, yo diría que plan­tear todo ello, sim­ple­men­te así, da lugar a la ten­den­cia a mini­mi­zar la gra­ve­dad de la opre­sión que sufren las muje­res y a no tomar en serio la nece­si­dad de com­ba­tir­la den­tro de la cla­se obrera.

Como ejem­plo de esto, bas­te com­pa­rar los argu­men­tos del SWP bri­tá­ni­co de la épo­ca con los comen­ta­rios del pro­pio Lenin en 1920, en las con­ver­sa­cio­nes man­te­ni­das con la revo­lu­cio­na­ria ale­ma­na Cla­ra Zet­kin algu­nos años des­pués de la Revo­lu­ción Rusa, cuan­do Lenin tra­tó, en deta­lle, acer­ca de los obs­tácu­los para alcan­zar la libe­ra­ción de las mujeres.

¿Podría haber una prue­ba más pal­pa­ble (de la con­ti­nua opre­sión de las muje­res) que la de la visión corrien­te de un hom­bre obser­van­do, tran­qui­la­men­te, como una mujer se ago­ta con un tra­ba­jo tri­vial y monó­tono, tra­ba­jo que con­su­me mucha fuer­za y mucho tiem­po, como es el domés­ti­co y vien­do, en ella, como su espí­ri­tu se enco­je, su men­te ensor­de­ce, su cora­zón se debi­li­ta y su volun­tad lan­gui­de­ce?… muy pocos mari­dos, ni siquie­ra los pro­le­ta­rios, pien­san en lo mucho que podrían ali­viar las car­gas y preo­cu­pa­cio­nes de sus muje­res o, inclu­so, eli­mi­nar­las por com­ple­to, si les echa­ran una mano en ese tra­ba­jo de muje­res. Pero no, eso iría con­tra el pri­vi­le­gio y la dig­ni­dad del hom­bre. Él exi­ge su como­di­dad y su descanso.

Debe­mos erra­di­car el vie­jo pun­to de vis­ta de amo del escla­vo, tan­to en el par­ti­do como en las masas. Es una de nues­tras tareas polí­ti­cas, una tarea tan urgen­te y nece­sa­ria como es la for­ma­ción de un núcleo de cama­ra­das, hom­bres y muje­res, con una sóli­da pre­pa­ra­ción, teó­ri­ca y prác­ti­ca, para el tra­ba­jo del Par­ti­do entre las muje­res trabajadoras.

El Par­ti­do Bol­che­vi­que, tan­to antes como des­pués de la Revo­lu­ción, dedi­có con­si­de­ra­bles recur­sos a la divul­ga­ción y la edu­ca­ción de las muje­res tra­ba­ja­do­ras y cam­pe­si­nas, a tra­vés de su Depar­ta­men­to de la Mujer, mien­tras que, al mis­mo tiem­po, argu­men­ta­ba en con­tra de las acti­tu­des sexis­tas de los hom­bres de la cla­se obrera.

Ale­xan­dra Kollon­tai, que fue un miem­bro des­ta­ca­do del Par­ti­do Bol­che­vi­que y una de sus prin­ci­pa­les teó­ri­cas en torno a la opre­sión de la mujer, asis­tió, en 1917, al pri­mer Con­gre­so Pan-Ruso de los Sin­di­ca­tos, en el que hizo un lla­ma­mien­to a los hom­bres de la cla­se obre­ra para que apo­ya­ran la igual­dad sala­rial de las tra­ba­ja­do­ras. Esto es lo que dijo:

Los tra­ba­ja­do­res con con­cien­cia de cla­se deben enten­der que el valor del tra­ba­jo mas­cu­lino depen­de del valor del tra­ba­jo feme­nino y que, con la ame­na­za de sus­ti­tuir la mano de obra mas­cu­li­na por mano de obra feme­ni­na más bara­ta, el capi­ta­lis­ta pue­de pre­sio­nar sobre el nivel sala­rial de los hom­bres. Sola la fal­ta de com­pren­sión pue­de lle­var a ver este tema como una mera cues­tión de la mujer.

Así que yo aña­di­ría que, hoy en día, nues­tro énfa­sis debe­ría estar más en con­so­nan­cia con la teo­ría y la prác­ti­ca de los bol­che­vi­ques, no solo en cuan­to a no mini­mi­zar el gra­do de opre­sión al que se enfren­tan las muje­res, o cual­quier gru­po opri­mi­do, den­tro de la cla­se obre­ra, sino ade­más, en rea­li­zar un serio esfuer­zo, en todos los fren­tes, para combatirlo.

Ade­más, la ver­dad es que el femi­nis­mo es un movi­mien­to amplio y mul­ti­fa­cé­ti­co, con ten­den­cias muy dife­ren­tes y con bases teó­ri­cas tam­bién muy diver­sas. Cons­truir un mode­lo de paja con el femi­nis­mo, basán­do­lo en sus for­mas más bur­gue­sas, para lue­go tum­bar­lo y final­men­te pen­sar que ya hemos hecho nues­tro tra­ba­jo inte­lec­tual, hace un fla­co ser­vi­cio a la lucha con­tra la opre­sión de las muje­res. Hay impor­tan­tes deba­tes entre las femi­nis­tas a los que hemos per­ma­ne­ci­do igno­ran­tes en gran par­te y que pue­den jugar un gran papel para avan­zar en nues­tra com­pren­sión tan­to de la opre­sión de las muje­res como del mar­xis­mo mismo.

Femi­nis­mo burgués

No estoy plan­tean­do aquí que deba­mos abra­zar, por igual y sin posi­ción crí­ti­ca, todas las ten­den­cias del femi­nis­mo. De hecho hay un ala espe­cí­fi­ca a la que debe­mos tra­tar con hos­ti­li­dad abier­ta: el femi­nis­mo bur­gués o de cla­se media. Las muje­res de la cla­se domi­nan­te y de la cla­se media se enfren­tan a la opre­sión, pero eso no sig­ni­fi­ca que poda­mos con­fiar en que pue­dan seguir una estra­te­gia que las lle­ve a abor­dar el sufri­mien­to de la vas­ta mayo­ría de las muje­res que están en la cla­se obrera.

Por el con­tra­rio, el incre­men­to del núme­ro de muje­res en la cúpu­la empre­sa­rial y en las lis­tas elec­to­ra­les en los últi­mos cua­ren­ta y cin­co años ins­ti­tu­cio­na­li­za­ron el femi­nis­mo de cla­se media bajo la for­ma de orga­ni­za­cio­nes como la US Natio­nal Orga­ni­za­tion for Women y la Femi­nist Majo­rity Foun­da­tion, que no ven un pro­ble­ma en dedi­car su aten­ción exclu­si­va­men­te a las nece­si­da­des de las muje­res de cla­ses pro­fe­sio­na­les y directivas.

Esto ha dado paso, des­de la déca­da de 1990, a lo que se ha dado en lla­mar Power femi­nism (poder femi­nis­ta). La auto­ra femi­nis­ta Nao­mi Wolf resu­me mejor este nue­vo enfo­que, en su libro de 1994 Fire with Fire. En esa obra, Wolf acu­ñó el tér­mino power femi­nism como alter­na­ti­vo al que lla­ma: Vic­tim Femi­nism (vic­ti­mis­mo femi­nis­ta) que, según la auto­ra, inclu­ye los vie­jos hábi­tos here­da­dos por la izquier­da revo­lu­cio­na­ria de la déca­da de los años 60, tales como el refle­jo anti-capi­ta­lis­ta, la men­ta­li­dad sec­ta­ria y la aver­sión al sis­te­ma.

Wolf admi­te que el capi­ta­lis­mo es la opre­sión de muchos por unos pocos, pero aña­de que sufi­cien­te dine­ro res­ca­ta a la mujer de mucha opre­sión sexual. Este, en pocas pala­bras, es el men­sa­je de Wolf: las muje­res deben abra­zar el capi­ta­lis­mo y con­se­guir todo el dine­ro y el poder que pue­dan para sí mis­mas. Per­vir­tien­do el mar­xis­mo, sos­tie­ne que mien­tras espe­ran la revo­lu­ción, las muje­res están mejor con los medios de pro­duc­ción en sus pro­pias manos las empre­sas de muje­res pue­den ser las célu­las del poder del siglo XXI.

De hecho, Wolf asu­me las dife­ren­cias de cla­se entre las muje­res, argu­men­tan­do que: Va a haber épo­cas en las que las agre­sio­nes de una mujer con­tra otra sea salu­da­ble, inclu­so un ener­gi­zan­te coro­la­rio del hecho de haber alcan­za­do la ple­na par­ti­ci­pa­ción social… Hay muje­res que diri­gen, cri­ti­can y des­pi­den a otras muje­res, y sus emplea­dos, a veces, com­pren­si­ble­men­te, odia­rán su cora­je.

Nin­gu­na socia­lis­ta ni femi­nis­ta debe sen­tir­se obli­ga­da a aliar­se con el power femi­nism o con cual­quier otra rama del femi­nis­mo de cla­se media. El femi­nis­mo bur­gués no es nada nue­vo y el pun­to de vis­ta sobre él de los bol­che­vi­ques es muy ins­truc­ti­vo para noso­tros, hoy en día. Una vez más, Ale­xan­dra Kollon­tai nos pre­sen­ta un enfo­que apli­ca­ble a la situa­ción actual. En un pan­fle­to de 1909, titu­la­do: Los fun­da­men­tos socia­lis­tas de la Cues­tión de la Mujer, expli­ca­ba por qué no pue­de dar­se una alian­za entre la cla­se obre­ra y las muje­res de la cla­se domi­nan­te, a pesar de algu­nos aspec­tos de su opre­sión compartida:

El mun­do de las muje­res se divi­de, como el mun­do de los hom­bres, en dos ban­dos: los intere­ses y las aspi­ra­cio­nes de una par­te la acer­can hacia la cla­se bur­gue­sa, mien­tras que la otra esta en estre­cha rela­ción con el pro­le­ta­ria­do y su pro­pues­ta liber­ta­do­ra inclu­ye una solu­ción com­ple­ta de la cues­tión de la mujer. Así pues, aun­que ambas par­tes per­si­gan en gene­ral la libe­ra­ción de la mujer, sus obje­ti­vos e intere­ses son dis­tin­tos. Cada uno de las par­tes, incons­cien­te­men­te, esta­ble­ce sus pro­pues­tas ini­cia­les a par­tir de los intere­ses y aspi­ra­cio­nes de su pro­pia cla­se, lo que dota de un color espe­cí­fi­co de cla­se a los obje­ti­vos y tareas que esta­ble­cen para si mismas.

A pesar de la apa­ren­te radi­ca­li­dad de las deman­das de las femi­nis­tas, no hay que per­der de vis­ta el hecho de que las femi­nis­tas no pue­den, en razón de su posi­ción de cla­se, luchar por la trans­for­ma­ción fun­da­men­tal de la socie­dad, sin la que la libe­ra­ción de la mujer no podrá ser completa.

Segre­ga­cio­nis­mo

Hay una segun­da corrien­te del femi­nis­mo que los mar­xis­tas y las femi­nis­tas socia­lis­tas deben recha­zar de plano, aun­que des­de los años 70 no se haya des­ta­ca­do: el segre­ga­cio­nis­mo, que insis­te en que todos los hom­bres de la cla­se obre­ra com­par­ten con todos los hom­bres de la cla­se domi­nan­te el sis­te­ma de patriar­ca­do que opri­me a las mujeres.

En con­tras­te con el uso actual del tér­mino patriar­ca­do, que se limi­ta a des­cri­bir un sis­te­ma sexis­ta, el segre­ga­cio­nis­mo prio­ri­zó la opre­sión de las muje­res sobre todas las demás for­mas de opre­sión, inclui­do el racismo.

Como ejem­plo, en el aná­li­sis que sobre la vio­la­ción rea­li­za Susan Brown­mi­ller, en su libro publi­ca­do en 1975 Agains our Will: Men, Women and Rape (Con­tra nues­tra volun­tad: hom­bres, muje­res y vio­la­ción), lle­gó a con­clu­sio­nes abier­ta­men­te racis­tas en su rela­to del lin­cha­mien­to, en 1955, de Emmett Till. Till, un joven de color, tenia 14 años cuan­do, duran­te una visi­ta vera­nie­ga a su fami­lia de Jin Crow, en Mis­si­si­pi, come­tió el cri­men de sil­bar al paso de una mujer blan­ca casa­da, lla­ma­da Carolyn Bryat. Una mera tra­ve­su­ra ado­les­cen­te, por la que Till fue tor­tu­ra­do y tiro­tea­do antes de que su joven cuer­po fue­ra arro­ja­do al río Tallahatchie.

A pesar del cruel lin­cha­mien­to de Till, Brown­mi­ller des­cri­be al joven negro y a su ase­sino como si com­par­tie­ran el mis­mo poder, usan­do un plan­tea­mien­to abier­ta­men­te racis­ta: Rara vez un solo caso, como el de Till, sir­ve para expo­ner, con tan­ta cla­ri­dad, los anta­go­nis­mos sub­ya­cen­tes en el gru­po social mas­cu­lino por el acce­so a las muje­res… En tér­mi­nos con­cre­tos, la acce­si­bi­li­dad a todas las muje­res blan­cas esta­ba en dis­cu­sión.

Otras corrien­tes del femi­nis­mo tie­nen un his­to­rial ambi­guo. La teo­ría del sis­te­ma dual, adop­ta­da por algu­nas femi­nis­tas socia­lis­tas, inten­ta­ba com­bi­nar el aná­li­sis del capi­ta­lis­mo y del patriar­ca­do, pero fue amplia­men­te inca­paz de supe­rar la con­tra­dic­ción inhe­ren­te al tra­tar de com­ba­tir estas dos estruc­tu­ras para­le­las. La pri­me­ra requie­re la uni­dad de hom­bres y muje­res tra­ba­ja­do­res en una lucha con­tra el enemi­go común en el capi­ta­lis­mo, mien­tras que la segun­da exi­ge la uni­dad de las muje­res de todas las cla­ses con­tra el enemi­go común en el patriar­ca­do, del que for­man par­te, a su vez, los hom­bres de todas las cla­ses sociales.

Una ter­ce­ra corrien­te del femi­nis­mo, en los años 90, des­po­jó a la teo­ría del patriar­ca­do de su pri­ma­cía, en un esfuer­zo cons­cien­te por dar la mis­ma prio­ri­dad a la lucha con­tra el racis­mo y por los dere­chos LGTB, lo que supu­so un enor­me paso ade­lan­te. Pero, al mis­mo tiem­po, los segui­do­res de esta corrien­te, caye­ron en la tram­pa post­mo­der­nis­ta del indi­vi­dua­lis­mo y se reti­ra­ron de la lucha colec­ti­va, prio­ri­zan­do los cam­bios en el esti­lo de vida y el len­gua­je a la cons­truc­ción de un movi­mien­to que podría desa­fiar el sistema.

Las femi­nis­tas marxistas

La corrien­te femi­nis­ta a la que se le ha pres­ta­do menor aten­ción es la de las femi­nis­tas socia­lis­tas y las femi­nis­tas mar­xis­tas, que, sin embar­go, son las que han hecho la mayor con­tri­bu­ción para avan­zar en la teo­ría sobre la opre­sión de la mujer a lo lar­go de las últi­mas décadas.

Estas femi­nis­tas han reci­bi­do poca aten­ción en todos los fren­tes. Duran­te el rei­na­do del post­mo­der­nis­mo, la mayo­ría de los post­mo­der­nis­tas, inclu­yen­do a las femi­nis­tas post­mo­der­nas, recha­za­ron su con­tri­bu­ción por el hecho de haber adop­ta­do una teo­ría uni­fi­ca­do­ra (el mar­xis­mo). Al mis­mo tiem­po, fue­ron tam­bién igno­ra­das por muchos mar­xis­tas (inclu­yén­do­nos a noso­tros, la Ten­den­cia Socia­lis­ta Inter­na­cio­nal), sim­ple­men­te por­que eran femi­nis­tas. Solo aho­ra están reci­bien­do la aten­ción que merecen.

Este gru­po de femi­nis­tas ha ido desa­rro­llan­do y amplian­do la com­pren­sión mar­xis­ta del papel que las muje­res jue­gan en la repro­duc­ción de la cla­se obre­ra como un ser­vi­cio pres­ta­do al sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Toman­do los con­cep­tos bási­cos que Marx plan­tea en El Capi­tal sobre el papel de la repro­duc­ción social, (es decir, el pro­ce­so por el que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta se man­tie­ne y repro­du­ce a tra­vés de gene­ra­cio­nes), femi­nis­tas como Lise Vogel (cuyo libro Mar­xism and the Oppres­sion of Women pron­to será reedi­ta­do por Hay­mar­ket Books), los reto­ma­ron don­de Marx los dejó y por pri­me­ra vez, desa­rro­lla­ron una com­pren­sión sofis­ti­ca­da del papel del tra­ba­jo domes­ti­co, usan­do el con­cep­to de Marx de tra­ba­jo nece­sa­rio.

Me gus­ta­ría tam­bién men­cio­nar la con­tri­bu­ción de Martha Gimé­nez, cuya apli­ca­ción del mar­xis­mo a la opre­sión de las muje­res es ya lar­ga. Al igual que Vogel, Gimé­nez ha juga­do un papel en los deba­tes de otras femi­nis­tas sobre muchos temas esen­cia­les, como el que plan­tea el mar­xis­mo como un reduc­cio­nis­mo, al refe­rir­se a la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo como un ser­vi­cio pres­ta­do al Capi­tal y no para los hom­bres. Gimé­nez decía en 2005:

La noción de que bajo el capi­ta­lis­mo, el modo de pro­duc­ción deter­mi­na el modo de repro­duc­ción y, con­se­cuen­te­men­te, rela­cio­nes des­igua­les obser­va­bles entre hom­bres y muje­res, no es una for­ma de eco­no­mi­cis­mo o un reduc­cio­nis­mo de cla­se, sino el reco­no­ci­mien­to de la com­ple­ja red de efec­tos de nivel macro que actúa sobre las rela­cio­nes hom­bre-mujer, de un modo de pro­duc­ción impul­sa­do por la acu­mu­la­ción de capi­tal en lugar de por el obje­ti­vo de satis­fa­cer las nece­si­da­des de la gen­te. Sos­te­ner lo con­tra­rio, pos­tu­lan­do la mutua inter­ac­ción entre la orga­ni­za­ción de la pro­duc­ción y la orga­ni­za­ción de la repro­duc­ción, o dan­do pri­ma­cía cau­sal a esta últi­ma, es pasar por alto la impor­tan­cia teó­ri­ca de la abru­ma­do­ra evi­den­cia que docu­men­ta la subor­di­na­ción capi­ta­lis­ta de la repro­duc­ción a la producción.

Estas femi­nis­tas no solo han juga­do un papel cla­ve en el avan­ce de la teo­ría mar­xis­ta sobre la opre­sión de las muje­res, sino que ade­más nos recuer­dan que el mar­xis­mo es una teo­ría viva y de ple­na actua­li­dad que está aún en pro­ce­so de desa­rro­llo. Y que pro­fun­di­zar en la teo­ría mar­xis­ta y femi­nis­ta sig­ni­fi­ca tam­bién, pro­fun­di­zar y ampliar el poten­cial de futu­ro de nues­tra prác­ti­ca, en la lucha con­tra la opre­sión de la mujer.

Final­men­te, creo que mere­ce la pena enfa­ti­zar que nece­si­ta­mos, no solo una teo­ría mar­xis­ta y femi­nis­ta, sino tam­bién una prác­ti­ca mar­xis­ta y femi­nis­ta en la lucha por la libe­ra­ción de la mujer. Esa prác­ti­ca debe incluir la cons­truc­ción de un par­ti­do revo­lu­cio­na­rio, ya que sin un par­ti­do socia­lis­ta revo­lu­cio­na­rio no pue­de triun­far una revo­lu­ción socialista.

Aun­que el éxi­to de la revo­lu­ción socia­lis­ta no garan­ti­za auto­má­ti­ca­men­te la libe­ra­ción de las muje­res, si que crea las con­di­cio­nes mate­ria­les para ello. Y es a tra­vés del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio, en todas sus eta­pas, des­de la pri­me­ra a la últi­ma, cuan­do los revo­lu­cio­na­rios, en la tra­di­ción del Par­ti­do Bol­che­vi­que, tie­nen un papel cru­cial que desem­pe­ñar com­ba­tien­do toda for­ma de opre­sión, no solo des­de arri­ba, sino tam­bién des­de el inte­rior de la cla­se obre­ra. No hay sus­ti­tu­to posi­ble en ese pro­ce­so. Marx lo dejo bien cla­ro cuan­do sos­tu­vo: La revo­lu­ción es nece­sa­ria, por tan­to, no solo por­que la cla­se domi­nan­te no pue­da ser derro­ca­da de otra mane­ra, sino por­que la cla­se que la derro­ca solo pue­de alcan­zar el éxi­to en la revo­lu­ción si se des­em­ba­ra­za, ella mis­ma, de toda esa vie­ja basu­ra y se mues­tra capaz de cons­truir una nue­va socie­dad.

Si el papel de los revo­lu­cio­na­rios es indis­pen­sa­ble, sere­mos más efi­ca­ces si no mini­mi­za­mos los desa­fíos a los que nos enfren­ta­mos en la lucha con­tra el sexis­mo, den­tro de la cla­se obre­ra, si los reco­no­ce­mos y, sobre estas bases, somos capa­ces de desa­rro­llar una estra­te­gia que ten­ga como obje­ti­vo movi­li­zar al con­jun­to de la cla­se obre­ra para con­se­guir la libe­ra­ción de la mujer.

Sha­ron Smith, femi­nis­ta mar­xis­ta esta­dou­ni­den­se, es auto­ra de Muje­res y Socia­lis­mo: Ensa­yos sobre la libe­ra­ción de la mujer.

31 de enero de 2013

Fuen­te: http://​socia​list​wor​ker​.org/​2​0​1​3​/​0​1​/​3​1​/​m​a​r​x​i​s​m​-​f​e​m​i​n​i​s​m​-​a​n​d​-​w​o​m​e​n​s​-​l​i​b​e​r​a​t​ion

Cogi­do de: http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​m​a​r​x​i​s​m​o​-​f​e​m​i​n​i​s​m​o​-​y​-​l​i​b​e​r​a​c​i​n​-​d​e​-​l​a​-​m​u​jer

[Tra­duc­ción para www​.sin​per​mi​so​.info: Lola Rivera.]

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *