Cla­ves del anti­ca­pi­ta­lis­mo y el anti­im­pe­ria­lis­mo hoy

Una per­so­na con bue­na memo­ria y esca­sa cre­du­li­dad se pre­gun­ta­ría ense­gui­da cómo fue posi­ble que a ini­cios de los años seten­ta del siglo pasa­do no suce­die­ra en la región lo mis­mo que a ini­cios de este siglo, en cuan­to a elec­cio­nes vic­to­rio­sas, bue­nas polí­ti­cas socia­les y más auto­no­mía de los Esta­dos y hori­zon­tes inte­gra­cio­nis­tas. Por­que en aque­lla coyun­tu­ra subie­ron mucho los pre­cios de las mate­rias pri­mas y, ade­más, en bue­na par­te de la región se vivían aumen­tos más o menos gran­des del sec­tor indus­trial, con ayu­da de aque­llos redes­pla­za­mien­tos jubi­lo­sos del gran capi­tal en bus­ca de maxi­mi­za­ción de ganan­cias que hoy tan­to dis­gus­tan a Donald Trump.

Lo que suce­dió enton­ces fue total­men­te dife­ren­te: dic­ta­du­ras, repre­sio­nes que lle­ga­ron has­ta el geno­ci­dio, con­ser­va­ti­za­ción de las socie­da­des y otros males, que no deben ser olvi­da­dos. Por con­si­guien­te, hay que con­cluir, no es ver­dad que a deter­mi­na­da situa­ción eco­nó­mi­ca le corres­pon­dan nece­sa­ria­men­te cier­tos hechos polí­ti­cos y socia­les, y no otros.

En este caso esta­mos ante una de las defor­ma­cio­nes y reduc­cio­nis­mos prin­ci­pa­les que ha sufri­do el pen­sa­mien­to revo­lu­cio­na­rio, qui­zás la más exten­di­da y per­sis­ten­te de todas: la de atri­buir una supues­ta cau­sa eco­nó­mi­ca a todos los pro­ce­sos socia­les. Detrás de su apa­ren­te lógi­ca está la cosi­fi­ca­ción de la vida espi­ri­tual y de las ideas socia­les que pro­du­jo el triun­fo del capi­ta­lis­mo, que es acep­ta­da por aque­llos que pre­ten­den opo­ner­se al sis­te­ma sin lograr salir de la pri­sión de su cul­tu­ra, y la con­si­guien­te inca­pa­ci­dad de com­pren­der que son los seres huma­nos los pro­ta­go­nis­tas de todos los hechos sociales.

Tres pro­ce­sos suce­di­dos den­tro las últi­mas cua­tro déca­das han teni­do un gran impac­to y muy dura­de­ras con­se­cuen­cias para nues­tro continente.

El estre­pi­to­so final del sis­te­ma que lla­ma­ban del socia­lis­mo real y sus cons­te­la­cio­nes polí­ti­cas en el mun­do, con con­se­cuen­cias tan nega­ti­vas en nume­ro­sos terre­nos. El de la impo­si­bi­li­dad para la mayo­ría de los paí­ses del pla­ne­ta de lograr el desa­rro­llo eco­nó­mi­co autó­no­mo de un país sin que nece­sa­ria­men­te salie­ra del sis­te­ma del capi­ta­lis­mo. La terri­ble reali­dad fue la con­ti­nua­ción de regí­me­nes de explo­ta­ción, opre­sio­nes y neo­co­lo­nia­lis­mo, sin que fue­ra posi­ble des­ple­gar eco­no­mías nacio­na­les autó­no­mas y capa­ces de cre­cer en bene­fi­cio del pleno empleo, más pro­duc­ción y pro­duc­ti­vi­dad, ser­vi­cios socia­les sufi­cien­tes para todos y una rique­za pro­pia que repar­tir. El ter­cer pro­ce­so fue el de la con­su­ma­ción del domi­nio de Esta­dos Uni­dos sobre casi todo nues­tro con­ti­nen­te. El capi­ta­lis­mo en Amé­ri­ca Lati­na tran­si­tó un lar­go camino de evo­lu­cio­nes neo­co­lo­nia­li­za­das, sobre­de­ter­mi­na­das por el poder de Esta­dos Uni­dos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.

Las lec­cio­nes que nos brin­dan esos tres pro­ce­sos están cla­ras y son suma­men­te valio­sas. Una, todos los avan­ces de las socie­da­des son rever­si­bles, aun los que se pro­cla­ma­ban eter­nos; es impres­cin­di­ble cono­cer qué es real­men­te socia­lis­mo y qué no lo es. Hay que com­pren­der y orga­ni­zar la lucha por el socia­lis­mo des­de las com­ple­ji­da­des, difi­cul­ta­des e insu­fi­cien­cias reales, sin hacer con­ce­sio­nes, como pro­ce­sos de libe­ra­cio­nes y de crea­cio­nes cul­tu­ra­les que se vayan uni­fi­can­do. Dos, el capi­ta­lis­mo es un sis­te­ma mun­dial, actual­men­te hiper­cen­tra­li­za­do, finan­cia­ri­za­do, para­si­ta­rio y depre­da­dor, que solo pue­de vivir si sigue sién­do­lo, por lo que no va a cam­biar. Las cla­ses domi­nan­tes de la mayo­ría de los paí­ses nece­si­tan subor­di­nar­se y ser cóm­pli­ces de los cen­tros impe­ria­lis­tas, por­que no exis­te espa­cio ni tie­nen sufi­cien­te poder para pre­ten­der ser autó­no­mos. La acti­vi­dad cons­cien­te y orga­ni­za­da del pue­blo, con­du­ci­da por pro­yec­tos libe­ra­do­res, es la úni­ca fuer­za sufi­cien­te y efi­caz para cam­biar la situa­ción. Para la mayo­ría de los paí­ses del pla­ne­ta, serán los pode­res y los pro­ce­sos socia­lis­tas la con­di­ción nece­sa­ria para plan­tear­se el desa­rro­llo, y no el desa­rro­llo la con­di­ción para plan­tear­se el socia­lis­mo, como dijo Fidel en 1969.

Tres, Esta­dos Uni­dos hace víc­ti­ma a este con­ti­nen­te tan­to de su pode­río como de sus debi­li­da­des, como una sobre­de­ter­mi­na­ción en con­tra de la auto­no­mía de los Esta­dos, el cre­ci­mien­to sano de las eco­no­mías nacio­na­les y los inten­tos de libe­ra­ción de los pue­blos. La explo­ta­ción y el domi­nio sobre Amé­ri­ca Lati­na es un aspec­to nece­sa­rio de su sis­te­ma impe­ria­lis­ta, y siem­pre actúa para impe­dir que esa situa­ción cam­bie. Por tan­to, es impres­cin­di­ble que el antim­pe­ria­lis­mo for­me par­te inalie­na­ble de todas las polí­ti­cas del cam­po popu­lar y de todos los pro­ce­sos socia­les de cambio.

Como era de espe­rar, el capi­ta­lis­mo pasó a una ofen­si­va gene­ral para sacar­le todo el pro­ve­cho posi­ble a aque­llos even­tos y pro­ce­sos, y esta­ble­cer el pre­do­mi­nio pla­ne­ta­rio e incon­tras­ta­do de su régi­men y su cul­tu­ra. El obje­ti­vo era, más allá de las repre­sio­nes y las polí­ti­cas anti­sub­ver­si­vas, con­so­li­dar una nue­va hege­mo­nía que des­mon­ta­ra las enor­mes con­quis­tas del siglo XX, mani­pu­la­ra las disi­den­cias y pro­tes­tas inevi­ta­bles, y las iden­ti­da­des, impu­sie­ra el olvi­do de la his­to­ria de resis­ten­cias y rebel­días, y logra­ra gene­ra­li­zar el con­su­mo de sus pro­duc­tos cul­tu­ra­les y el con­sen­so con su sis­te­ma de dominación.

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