Aca­bar con el aban­dono de los pro­ble­mas de las muje­res negras

Este tex­to de la perio­dis­ta y mili­tan­te del Par­ti­do Comu­nis­ta de Esta­dos Uni­dos Clau­dia Jones se publi­có en la revis­ta del par­ti­do, Poli­ti­cal Affairs, en 1949. Se cen­tra en la tri­ple explo­ta­ción que sufren las muje­res negras esta­dou­ni­den­ses en su con­di­ción de muje­res, de negras y de tra­ba­ja­do­ras. La auto­ra denun­cia esta situa­ción no solo en el mun­do labo­ral sino tam­bién en el pro­pio seno de las orga­ni­za­cio­nes sin­di­ca­les y polí­ti­cas pro­gre­sis­tas, inclui­do el Par­ti­do Comu­nis­ta y la pér­di­da que supo­ne para todo el movi­mien­to obre­ro y anti­im­pe­ria­lis­ta igno­rar la expe­rien­cia de estas muje­res.

Hemos tra­du­ci­do el artícu­lo ori­gi­nal en inglés res­pe­tan­do, tal como se expli­ca en las notas fina­les, la ter­mi­no­lo­gía de la auto­ra. Todas las notas son de la tra­duc­to­ra, excep­to la núme­ro 6.

Una carac­te­rís­ti­ca impor­tan­te de la eta­pa actual del movi­mien­to de libe­ra­ción de las per­so­nas negras1 es el aumen­to de la par­ti­ci­pa­ción mili­tan­te de las muje­res negras en todos los aspec­tos de la lucha por la paz, los dere­chos civi­les y la segu­ri­dad eco­nó­mi­ca. El hecho de que las muje­res negras se hayan con­ver­ti­do en sím­bo­lo de muchas de las luchas actua­les de las per­so­nas negras es sin­to­má­ti­co de esta nue­va mili­tan­cia. Este aumen­to de la mili­tan­cia entre las muje­res negras tie­ne un pro­fun­do sig­ni­fi­ca­do, tan­to para el movi­mien­to de libe­ra­ción de las per­so­nas negras como para la emer­gen­te coa­li­ción anti­fas­cis­ta y anti­im­pe­ria­lis­ta.

Com­pren­der correc­ta­men­te esta mili­tan­cia, pro­fun­di­zar y ampliar el papel de las muje­res negras en la lucha a favor de la paz y de todos los intere­ses de la cla­se tra­ba­ja­do­ra y de las per­so­nas negras sig­ni­fi­ca en pri­mer lugar supe­rar el fla­gran­te aban­dono de los pro­ble­mas espe­cia­les de las muje­res negras. Duran­te dema­sia­do tiem­po este aban­dono ha esta­do pre­sen­te en las filas del movi­mien­to obre­ro en gene­ral, de los pro­gre­sis­tas de izquier­da y tam­bién del Par­ti­do Comu­nis­ta. Es vital­men­te nece­sa­ria una valo­ra­ción extre­ma­da­men­te rigu­ro­sa de este defec­to de los pro­gre­sis­tas, espe­cial­men­te de los mar­xis­tas-leni­nis­tas, si que­re­mos con­tri­buir a ace­le­rar este avan­ce e inte­grar a las muje­res negras en el movi­mien­to pro­gre­sis­ta y obre­ro, y en nues­tro pro­pio par­ti­do.

La bur­gue­sía teme la mili­tan­cia de las muje­res negras y con razón. El capi­ta­lis­mo sabe, bas­tan­te mejor de lo que muchos pro­gre­sis­tas pare­cen saber, que una vez que las muje­res negras empie­zan a actuar mejo­ra enor­me­men­te la mili­tan­cia de todas las per­so­nas negras y, por lo tan­to, de toda la coa­li­ción anti­im­pe­ria­lis­ta. His­tó­ri­ca­men­te la mujer negra ha sido la guar­dia­na, la pro­tec­to­ra, de la fami­lia negra. Des­de la épo­ca del comer­cio de escla­vos a nues­tros días la mujer negra se ha res­pon­sa­bi­li­za­do de las nece­si­da­des de la fami­lia, de pro­te­ger­la tenaz­men­te de los emba­tes pro­ve­nien­tes de los insul­tos de las leyes Jim Crow2, de criar a los hijos en una atmós­fe­ra de terror al lin­cha­mien­to, segre­ga­ción y vio­len­cia poli­cial, y de luchar por la edu­ca­ción de sus hijos. Por con­si­guien­te, la opre­sión redo­bla­da de las per­so­nas negras, que ha sido el dis­tin­ti­vo de la ofen­si­va reac­cio­na­ria de pos­gue­rra, no pue­de sino lle­var a la ace­le­ra­ción de la mili­tan­cia de las muje­res negras. Como mujer, como madre y como tra­ba­ja­do­ra la mujer negra lucha con­tra el exter­mi­nio de la fami­lia negra, con­tra la exis­ten­cia en gue­tos impues­ta por las leyes Jim Crow que aca­ba con la salud, la moral y la vida mis­ma de millo­nes de sus her­ma­nas, her­ma­nos e hijos.

Des­de este pun­to de vis­ta, no es casual que la bur­gue­sía esta­dou­ni­den­se haya inten­si­fi­ca­do su opre­sión, no solo de las per­so­nas negras en gene­ral, sino de las muje­res negras en par­ti­cu­lar. Nada pone mejor en evi­den­cia la deri­va fas­cis­ta en nues­tro país que la acti­tud cruel que exhi­be y cul­ti­va la bur­gue­sía res­pec­to a las muje­res negras. El cacarea­do alar­de de los ideó­lo­gos del Gran Capi­tal de que las muje­res esta­dou­ni­den­ses tie­nen la mayor igual­dad del mun­do se pone en evi­den­cia en toda su hipo­cre­sía cuan­do se ve que en muchas par­tes del mun­do, espe­cial­men­te en la Unión Sovié­ti­ca, en las nue­vas demo­cra­cias y en la anta­ño opri­mi­da tie­rra de Chi­na, las muje­res están logran­do nue­vas cotas de igual­dad. Pero por enci­ma de todo, ese alar­de de Wall Street aca­ba ahí don­de están con­cer­ni­das muje­res negras y tra­ba­ja­do­ras. ¡La degra­da­ción y la sobre­ex­plo­ta­ción, esa es la ver­da­de­ra suer­te de las muje­res negras y no la igual­dad!

Obser­ven la hipo­cre­sía del gobierno Tru­man, que alar­dea de expor­tar la demo­cra­cia al mun­do aun­que el esta­do de Geor­gia man­tie­ne ence­rra­da a una mujer negra, viu­da y madre de doce hijos. ¿Su cri­men? Ayu­da­da por dos de sus hijos, defen­dió su vida y su dig­ni­dad de los ata­ques de un supre­ma­cis­ta blan­co. O refle­xio­nen sobre el silen­cio mudo con el que el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia ha reci­bi­do a Amy Mallard, una maes­tra negra y viu­da debi­do a que su mari­do fue lin­cha­do en Geor­gia por­que había com­pra­do un Cadi­llac nue­vo y, en opi­nión de los supre­ma­cis­tas blan­cos, tenía aires de gran­de­za. Com­pá­ren­lo con las lágri­mas de coco­dri­lo de la dele­ga­ción esta­dou­ni­den­se ante las Nacio­nes Uni­das por el car­de­nal Minds­zenty, que cola­bo­ró con los enemi­gos de la Repú­bli­ca Popu­lar de Hun­gría y tra­tó de obs­ta­cu­li­zar la mani­fes­ta­ción pro­gre­sis­ta de los antes opri­mi­dos tra­ba­ja­do­res y cam­pe­si­nos hún­ga­ros a favor de una demo­cra­cia ple­na. Solo recien­te­men­te, en un dis­cur­so con moti­vo del Día de la Madre, el pre­si­den­te Tru­man habló muy solí­ci­to de la mani­fes­ta­ción de nues­tro amor y reve­ren­cia por todas las madres del país. Estos supues­tos amor y reve­ren­cia por las madres del país no inclu­yen en abso­lu­to a madres negras que como Rosa Lee Ingram, Amy Mallard, las espo­sas y madres de los Seis de Tren­ton3 o las demás víc­ti­mas incon­ta­bles se atre­ven a luchar en res­pues­ta a las leyes de lin­cha­mien­to y a la vio­len­cia de la supre­ma­cía blan­ca.

Difi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas

Bien al con­tra­rio, la muje­res negras en tan­to que tra­ba­ja­do­ras, en tan­to que negras y en tan­to que muje­res son la capa más opri­mi­da de toda la pobla­ción.

En 1940 dos de cada cin­co muje­res negras tra­ba­ja­ba para vivir, en con­tras­te con dos de cada ocho muje­res blan­cas. Debi­do a su con­di­ción mayo­ri­ta­ria entre las per­so­nas negras, las muje­res negras no solo repre­sen­tan el por­cen­ta­je mayor de muje­res cabe­za de fami­lia sino que tam­bién son el prin­ci­pal sus­ten­to de la fami­lia negra. La amplia pro­por­ción de muje­res negras en el mer­ca­do labo­ral es pro­duc­to fun­da­men­tal­men­te de los bajos ingre­sos de los hom­bres negros. Esta des­pro­por­ción tam­bién tie­ne su ori­gen en el tra­to reci­bi­do por las muje­res negras a los lar­go de los siglos y en su posi­ción.

Tras la eman­ci­pa­ción y has­ta nues­tros días un alto por­cen­ta­je de muje­res negras tan­to casa­das como sol­te­ras se vie­ron obli­ga­das a tra­ba­jar para vivir. Pero aun­que el tra­ba­jo de las muje­res negras pasó de las zonas rura­les a las urba­nas, en gene­ral siguen con­fi­na­das a los empleos peor paga­dos. El Manual de datos de las muje­res tra­ba­ja­do­ras (1948, bole­tín 225) de la Ofi­ci­na de la Mujer per­te­ne­cien­te al Depar­ta­men­to de Tra­ba­jo esta­dou­ni­den­se mues­tra que las muje­res tra­ba­ja­do­ras blan­cas tie­nen unos ingre­sos medios más de dos veces supe­rio­res a los de las muje­res no blan­cas y que las tra­ba­ja­do­ras no blan­cas (sobre todo negras) ¡ganan menos de 500 dóla­res al año! En el sur rural los ingre­sos de las muje­res son aún meno­res. En las tres gran­des comu­ni­da­des indus­tria­les del nor­te los ingre­sos medios de las fami­lias blan­cas (1.720 dóla­res) son casi un 60% más ele­va­dos que los de las fami­lias negras (1.095 dóla­res). Así, la sobre­ex­plo­ta­ción de las muje­res tra­ba­ja­do­ras negras se reve­la no solo en el hecho de que, en tan­to que mujer, reci­ben un sala­rio menor por un tra­ba­jo igual al de un hom­bre sino tam­bién en el hecho de que la mayo­ría de las muje­res tra­ba­ja­do­ras negras reci­be menos de la mitad del sala­rio de las muje­res blan­cas. Por con­si­guien­te, ¡no es de extra­ñar que en los barrios negros las con­di­cio­nes de vida de gue­to (sala­rios bajos, alqui­le­res ele­va­dos, pre­cios altos, etc.) se con­vier­tan prác­ti­ca­men­te en un telón de hie­rro que encie­rra las vidas de las y los niños negros y mina tan­to su salud como su espí­ri­tu! ¡No es de extra­ñar que la tasa de mor­ta­li­dad en el par­to entre las muje­res negras sea el tres veces supe­rior a la de las muje­res blan­cas! ¡No es de extra­ñar que uno de cada diez niñas o niños negros naci­dos en Esta­dos Uni­dos no lle­gue a la edad adul­ta!

Los bajos ingre­sos de la mujer negra están direc­ta­men­te rela­cio­na­dos de su casi total exclu­sión de prác­ti­ca­men­te todos los cam­pos de tra­ba­jo excep­to los de cate­go­ría más baja y peor remu­ne­ra­dos, esto es, el ser­vi­cio domés­ti­co. Son reve­la­do­res los siguien­tes datos del infor­me de 1945 Negro Women War Wor­kers [Tra­ba­ja­do­ras de gue­rra muje­res negras] (Ofi­ci­na de la Muje­res, Depar­ta­men­to de Tra­ba­jo esta­dou­ni­den­se, Bole­tín 205): de un total de sie­te millo­nes y medio de muje­res negras, más de un millón tra­ba­ja en el ser­vi­cio domés­ti­co y en el ser­vi­cio per­so­nal. La inmen­sa mayo­ría de estas muje­res tra­ba­ja­do­ras (apro­xi­ma­da­men­te 918.000) están emplea­das por fami­lias par­ti­cu­la­res y unas 98.000 están emplea­das como coci­ne­ras, cama­re­ras y ser­vi­cios simi­la­res en luga­res que no son hoga­res pri­va­dos. Las 60.000 tra­ba­ja­do­ras res­tan­tes de empleos de ser­vi­cios tra­ba­jan en dife­ren­tes ocu­pa­cio­nes de ser­vi­cios per­so­na­les (este­ti­cis­tas, tra­ba­ja­do­ras en pen­sio­nes y alo­ja­mien­tos, muje­res de la lim­pie­za, con­ser­jes, auxi­lia­res de enfer­me­ría, cama­re­ras y ascen­so­ris­tas).

El siguien­te gru­po mayor de muje­res negras tra­ba­ja­do­ras se dedi­ca a tra­ba­jos agrí­co­las. En 1940 apro­xi­ma­da­men­te unas 245.000 eran obre­ras agrí­co­las. De ellas unas 128.000 eran muje­res que tra­ba­jan para sus fami­lias sin ser remu­ne­ra­das.

La can­ti­dad de tra­ba­ja­do­ras de la indus­tria y otras obre­ras ascen­día a más de 96.000 muje­res del total de muje­res negras que hemos seña­la­do antes. De estas, 36.000 se dedi­ca­ban a la indus­tria manu­fac­tu­re­ra y los prin­ci­pa­les gru­pos eran los siguien­tes: 11.300 en la con­fec­ción de ropa y de otros pro­duc­tos tex­ti­les, 11.000 en las manu­fac­tu­ras del taba­co y 5.600 en la indus­tria ali­men­ta­ria y pro­duc­tos vin­cu­la­dos a ella.

La can­ti­dad de ofi­ci­nis­tas y de emplea­das simi­la­res era de solo 13.000 muje­res. Úni­ca­men­te había 8.300 muje­res negras que tra­ba­ja­ban en los ser­vi­cios públi­cos.

El res­to de muje­res negras que tra­ba­ja­ba para sub­sis­tir se dis­tri­buía en los siguien­tes ámbi­tos: 50.000 pro­fe­so­ras, 6.700 enfer­me­ras y estu­dian­tes de enfer­me­ría, 1.700 tra­ba­ja­do­ras socia­les, 120 den­tis­tas, far­ma­céu­ti­cas y vete­ri­na­rias, 129 médi­cas y ciru­ja­nas, 200 actri­ces, 100 escri­to­ras, redac­to­ras y perio­dis­tas, 39 abo­ga­das y jue­ces, 400 biblio­te­ca­rias y otros ámbi­tos simi­la­res que ilus­tran la exclu­sión a gran esca­la de las muje­res negras de la vida pro­fe­sio­nal.

Duran­te la gue­rra con­tra el Eje [Segun­da Gue­rra Mun­dial] las muje­res negras tuvie­ron por pri­me­ra vez en la his­to­ria una opor­tu­ni­dad de uti­li­zar sus habi­li­da­des y su talen­to en ocu­pa­cio­nes que no fue­ran el ser­vi­cio domés­ti­co y per­so­nal. Se con­vir­tie­ron en pio­ne­ras en muchos cam­pos. Sin embar­go, des­de que aca­bó la gue­rra esto ha dado paso a un paro cada vez mayor, al des­pi­do sis­te­má­ti­co de las muje­res negras, en par­ti­cu­lar en la indus­tria bási­ca.

Con el desa­rro­llo de la cri­sis eco­nó­mi­ca este pro­ce­so se ha inten­si­fi­ca­do. Hoy en día gran can­ti­dad de muje­res negras se están vien­do obli­ga­das a vol­ver al tra­ba­jo domés­ti­co. En el esta­do de Nue­va York, por ejem­plo, esta ten­den­cia se con­fir­mó ofi­cial­men­te hace poco cuan­do Edward Cor­si, comi­sio­na­do del Depar­ta­men­to de Esta­do de Tra­ba­jo, reve­ló que por pri­me­ra vez des­de la gue­rra es fácil obte­ner ayu­da domés­ti­ca. En efec­to, Cor­si admi­tió que las muje­res negras no dejan volun­ta­ria­men­te sus tra­ba­jos, sino que se las está echan­do sis­te­má­ti­ca­men­te de la indus­tria. Lo que actual­men­te empu­ja a las muje­res negras a vol­ver al ser­vi­cio domés­ti­co es el paro (que siem­pre ha afec­ta­do pri­me­ro y más dura­men­te a la mujer negra), ade­más del alto cos­te de la vida. Esta ten­den­cia va acom­pa­ña­da de una cam­pa­ña ideo­ló­gi­ca para hacer acep­ta­ble el tra­ba­jo domés­ti­co. Los anun­cios de los perió­di­cos que basan sus argu­men­tos en la afir­ma­ción de que la mayo­ría de las emplea­das domés­ti­cas que soli­ci­tan estos tra­ba­jos a tra­vés del Ser­vi­cio de Empleo de Esta­dos Uni­dos (USES, por sus siglas en inglés) pre­fie­ren este tipo de tra­ba­jo a tra­ba­jar en la indus­tria hacen pro­pa­gan­da de las vir­tu­des del tra­ba­jo domés­ti­co, espe­cial­men­te del de las tra­ba­ja­do­ras inter­nas.

La opre­sión espe­cial a la que se enfren­ta la mujer negra como mujer, como negra y como tra­ba­ja­do­ra está intrín­se­ca­men­te uni­da a la cues­tión de las opor­tu­ni­da­des de tra­ba­jo que tie­ne. Es víc­ti­ma del este­reo­ti­po cho­vi­nis­ta blan­co4 res­pec­to a cuál debe­ría ser su lugar. En el cine, la radio y la pren­sa la mujer negra no está repre­sen­ta­da en su ver­da­de­ro papel de per­so­na que apor­ta un sus­ten­to, madre y pro­tec­to­ra de la fami­lia, sino como una mammy5 tra­di­cio­nal que ante­po­ne el cui­da­do de los hijos y de las fami­lias de los demás al de los suyos pro­pios. Hay que recha­zar y luchar con­tra este este­reo­ti­po tra­di­cio­nal de la madre negra escla­va que has­ta el día de hoy apa­re­ce en los anun­cios publi­ci­ta­rios como un recur­so del impe­ria­lis­mo para per­pe­tuar la ideo­lo­gía cho­vi­nis­ta blan­ca según la cual las muje­res negras son retró­gra­das, infe­rio­reslas escla­vas natu­ra­les de otras per­so­nas.

Aspec­tos his­tó­ri­cos

En reali­dad la his­to­ria de la mujer negra mues­tra que la madre negra bajo la escla­vi­tud tenía una posi­ción cla­ve y desem­pe­ñó un papel domi­nan­te en su pro­pia agru­pa­ción fami­liar. Eso se debía fun­da­men­tal­men­te a dos fac­to­res: las con­di­cio­nes de la escla­vi­tud, bajo la cual el matri­mo­nio como tal no exis­tía y el esta­tus social de la per­so­na negra pro­ve­nía de su madre y no de su padre, y el hecho de que la mayo­ría de las per­so­nas negras traí­das a estas tie­rras por los comer­cian­tes de escla­vos pro­ve­nían de Áfri­ca Occi­den­tal don­de la posi­ción de la mujer, basa­da en su par­ti­ci­pa­ción acti­va en el con­trol de la pro­pie­dad, era rela­ti­va­men­te más alta en la fami­lia que la de las muje­res euro­peas.

Los pri­me­ros his­to­ria­do­res del comer­cio de escla­vos recuer­dan el tes­ti­mo­nio de los via­je­ros que seña­la­ban que el amor de la madre afri­ca­na por sus hijos no tenía paran­gón en nin­gu­na par­te del mun­do. Exis­ten nume­ro­sos rela­tos que ates­ti­guan la abne­ga­ción con la que las madres de Áfri­ca Orien­tal se ofre­cían a los tra­fi­can­tes de escla­vos para sal­var a sus hijos y en épo­cas de ham­bru­na las muje­res hoten­to­tes recha­za­ban la comi­da has­ta que no habían comi­do sus hijos.

Resul­ta impo­si­ble rela­tar en los lími­tes de este artícu­lo los terri­bles sufri­mien­tos y la degra­da­ción sufri­das por las madres negras y por las muje­res negras en gene­ral bajo la escla­vi­tud. Some­ti­das a la vio­la­ción legal por par­te los pro­pie­ta­rios de escla­vos, con­fi­na­das a reduc­tos para escla­vos, obli­ga­das a cami­nar de ocho a cator­ce horas con car­gas a la espal­da y a hacer tra­ba­jos exte­nuan­tes inclu­so duran­te el emba­ra­zo, las muje­res negras tenía un for­tí­si­mo odio a la escla­vi­tud y asu­mie­ron gran par­te de la res­pon­sa­bi­li­dad de defen­der y ali­men­tar a la fami­lia negra.

La madre negra era la seño­ra en la caba­ña de los escla­vos y a pesar de la inje­ren­cia del amo o del vigi­lan­te, pre­va­le­cían sus deseos en lo con­cer­nien­te a la elec­ción de una pare­ja y a los asun­tos fami­lia­res. Duran­te y des­pués de la escla­vi­tud tuvie­ron que man­te­ner­se a sí mis­mas y a sus hijos. Al desem­pe­ñar nece­sa­ria­men­te un papel impor­tan­te en la vida eco­nó­mi­ca y social de los suyos, la mujer negra lle­gó a ser exper­ta en ser auto­su­fi­cien­te, en valen­tía y en acción desin­te­re­sa­da6.

Exis­te un mate­rial docu­men­tal muy intere­san­te que demues­tra que la vida de la fami­lia negra y la con­cien­cia social y polí­ti­ca tan­to de las muje­res como de los hom­bres negros sufrie­ron impor­tan­tes cam­bios des­pués de la eman­ci­pa­ción. Un hom­bre libre obser­va­ba duran­te la Gue­rra Civil que muchos hom­bres eran extre­ma­da­men­te celo­sos de su recién adqui­ri­da auto­ri­dad en las rela­cio­nes fami­lia­res e insis­tían en que se reco­no­cie­ra su supe­rio­ri­dad sobre las muje­res. Tras la Gue­rra Civil se des­tru­ye­ron las hile­ras de caba­ñas de escla­vos y se dis­tri­bu­ye­ron por toda la plan­ta­ción casas de alqui­ler para que cada fami­lia pudie­ra tener una exis­ten­cia inde­pen­dien­te. Las nue­vas con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas y el cam­bio en el modo de pro­duc­ción situa­ron al hom­bre negro en una posi­ción de auto­ri­dad res­pec­to a su fami­lia. La com­pra de vivien­das tam­bién con­tri­bu­yó a refor­zar la auto­ri­dad del varón.

Así, un exes­cla­vo que empe­zó su vida como hom­bre libre en una gran­ja que solo con­ta­ba con un caba­llo y cuya mujer tra­ba­ja­ba como lavan­de­ra, aun­que des­pués alqui­ló un terreno y con­tra­tó a dos hom­bres, recuer­da el orgu­llo que sin­tió por su nue­vo esta­tus: En mi humil­de pala­cio sobre una coli­na en el bos­que a la som­bra de impo­nen­tes pinos y de robus­tos robles me sien­to como un rey cuyas órde­nes supre­mas eran ley y evan­ge­lio para mis súb­di­tos.

Hay que cons­ta­tar la doble moti­va­ción que ope­ra­ba aquí. Res­pec­to a su mujer y a sus hijos el hom­bre negro podía asu­mir aho­ra una auto­ri­dad eco­nó­mi­ca y otro tipo de auto­ri­dad sobre la fami­lia, pero tam­bién podía luchar con­tra la vio­la­ción de las muje­res de su gru­po mien­tras que antes no tenía poder para inter­fe­rir.

La fun­da­ción de la Igle­sia negra, que des­de el prin­ci­pio estu­vo domi­na­da por los hom­bres, tam­bién ten­dió a con­fir­mar la auto­ri­dad el hom­bre en la fami­lia. La jus­ti­fi­ca­ción de la ascen­den­cia mas­cu­li­na se encon­tró en la Biblia, que para muchas per­so­nas era la máxi­ma auto­ri­dad en estas cues­tio­nes.

La subor­di­na­ción de las muje­res negras se desa­rro­lló por medio de este y de otros méto­dos. En unos pocos casos el mari­do per­mi­tió que su mujer e hijos man­tu­vie­ran el esta­tu­to de escla­vos en vez de eman­ci­par­los legal­men­te. En muchos casos las leyes del esta­do prohi­bían que un escla­vo se eman­ci­pa­ra des­pués de una fecha deter­mi­na­da para que per­ma­ne­cie­ra en el esta­do. Por con­si­guien­te, la úni­ca mane­ra que tuvie­ron muchas viu­das y niños negros de per­ma­ne­cer en el esta­do fue con­ver­tir­se en escla­vos de sus pro­pias fami­lias. Muchos negros pro­pie­ta­rios de escla­vos en reali­dad eran fami­lia­res de sus escla­vos.

En algu­nos casos las muje­res negras se nega­ron a estar some­ti­das a la auto­ri­dad de los hom­bres. En con­tra de la deci­sión de sus mari­dos de vivir en luga­res que habían per­te­ne­ci­do a sus anti­guos amos, muchas muje­res negras toma­ron a sus hijos y se muda­ron a otro lugar.

Las muje­res negras en las orga­ni­za­cio­nes de masas

Este bre­ve des­crip­ción de algu­nos aspec­tos de la his­to­ria de la mujer negra, vis­ta a la luz adi­cio­nal del hecho de que una gran pro­por­ción de muje­res negras están hoy obli­ga­das a ganar todo o par­te del sus­ten­to de la fami­lia, nos ayu­da a enten­der por qué las muje­res negras desem­pe­ñan un papel extre­ma­da­men­te acti­vo en la vida eco­nó­mi­ca, social y polí­ti­ca de la comu­ni­dad negra actual. Apro­xi­ma­da­men­te 2.500.000 muje­res negras están orga­ni­za­das en clu­bes y aso­cia­cio­nes socia­les y polí­ti­cos, y en her­man­da­des. Sus prin­ci­pa­les aso­cia­cio­nes son la Aso­cia­ción Nacio­nal de Muje­res Negras (Natio­nal Asso­cia­tion of Negro Women), el Con­se­jo Nacio­nal de Muje­res Negras (Natio­nal Coun­cil of Negro Women), la Fede­ra­ción Nacio­nal de Clu­bes de Muje­res (Natio­nal Fede­ra­tion of Women’s Clubs), la Divi­sión de Muje­res del Comi­té de Liber­ta­des Civi­les de Elks (Women’s Divi­sion of the Elks’ Civil Liber­ties Com­mit­tee), la Aso­cia­ción Nacio­nal de Este­ti­cis­tas de Color (Natio­nal Asso­cia­tion of Colo­red Beau­ti­cians), la Liga Nacio­nal de Muje­res de Nego­cios Negras (Natio­nal Negro Busi­ness Women’s Lea­gue) y la Aso­cia­ción Nacio­nal de Enfer­me­ras Gra­dua­das de Color (Natio­nal Asso­cia­tion of Colo­red Gra­dua­te Nur­ses). La orga­ni­za­ción que cuen­ta con más miem­bros de todas estas aso­cia­cio­nes es la Aso­cia­ción Nacio­nal de Muje­res Negras, con 75.000 miem­bros. Exis­ten gran can­ti­dad de her­man­da­des feme­ni­nas de estu­dian­tes, comi­tés de igle­sia feme­ni­nos de todas las deno­mi­na­cio­nes, así como orga­ni­za­cio­nes de muje­res de ori­gen cari­be­ño. En algu­nas zonas las sec­cio­nes de la Aso­cia­ción Nacio­nal para el Fomen­to de las Per­so­nas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés)7 tie­nen divi­sio­nes de muje­res y hace poco la Liga Nacio­nal Urba­na (Natio­nal Urban Lea­gue) creó una Divi­sión de Muje­res por pri­me­ra vez en su his­to­ria.

Las muje­res negras son las ver­da­de­ras fuer­zas acti­vas (orga­ni­za­do­ras y tra­ba­ja­do­ras) en todas las ins­ti­tu­cio­nes y orga­ni­za­cio­nes de per­so­nas negras. Estas orga­ni­za­cio­nes desem­pe­ñan un papel poli­fa­cé­ti­co y están com­pro­me­ti­das en todas las cues­tio­nes con­cer­nien­tes a la vida eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca y social de las per­so­nas negras, y en par­ti­cu­lar de la fami­lia negra. Muchas de estas orga­ni­za­cio­nes están pro­fun­da­men­te impli­ca­das en los pro­ble­mas de los jóve­nes negros, a los que pro­por­cio­nan becas y las ges­tio­nan, ofre­cen ayu­da a las escue­las y otras ins­ti­tu­cio­nes, y ser­vi­cios comu­ni­ta­rios. El año pasa­do una bri­llan­te estu­dian­te negra, Ada Louis Sipuel Fisher de Oklaho­ma, sim­bo­li­zó la lucha por el dere­cho a la edu­ca­ción uni­ver­si­ta­ria con el fin de aca­bar con las leyes Jim Crow en las ins­ti­tu­cio­nes de ense­ñan­za supe­rior. Se deben sacar a la luz las opi­nio­nes des­pec­ti­vas que a veces se expre­san (las orga­ni­za­cio­nes de muje­res negras solo se dedi­can a obras de cari­dad) como fru­to del cho­vi­nis­mo [blan­co], aun­que sea sutil, ya que, si bien se podría decir lo mis­mo de muchas orga­ni­za­cio­nes de muje­res blan­cas, estas acti­tu­des igno­ran el carác­ter espe­cial del papel de las orga­ni­za­cio­nes de muje­res negras. Este acti­tud igno­ra la fun­ción espe­cial que desem­pe­ñan las muje­res negras en estas orga­ni­za­cio­nes que, por enci­ma y más allá de su fun­ción par­ti­cu­lar, tra­tan de pro­por­cio­nar los ser­vi­cios socia­les que se les denie­gan a los jóve­nes negros a con­se­cuen­cia del sis­te­ma de lin­cha­mien­to Jim Crow en Esta­dos Uni­dos.

La mujer tra­ba­ja­do­ra negra

De este modo, la nimia par­ti­ci­pa­ción de las muje­res negras en círcu­los pro­gre­sis­tas y sin­di­ca­les resul­ta aún más sor­pren­den­te. En sin­di­ca­to tras sin­di­ca­to, inclu­so en aque­llos en los que gran par­te de los tra­ba­ja­do­res son muje­res negras, hay pocas muje­res negras diri­gen­tes o tra­ba­ja­do­ras acti­vas. Des­ta­ca­das excep­cio­nes son el Sin­di­ca­to de Tra­ba­ja­do­res de la Ali­men­ta­ción y del Taba­co (Food and Tobac­co Wor­kers’ Union) y el Sin­di­ca­to Uni­do de Emplea­dos de Ofi­ci­na y de Tra­ba­ja­do­res Pro­fe­sio­na­les (Uni­ted Offi­ce and Pro­fes­sio­nal Worker’s Union).

Pero, ¿por qué estas han de ser excep­cio­nes? Las muje­res negras son las sin­di­ca­lis­tas más com­ba­ti­vas. Las huel­gas de apar­ce­ros de la déca­da de 1930 fue­ron impul­sa­das por muje­res negras. Some­ti­das al terror de los pro­pie­ta­rios y de los supre­ma­cis­tas blan­cos, empren­die­ron bata­llas mag­ní­fi­cas jun­to con hom­bres negros y per­so­nas pro­gre­sis­tas blan­cas en esta lucha de gran tra­di­ción diri­gi­da por el Par­ti­do Comu­nis­ta. Las muje­res negras desem­pe­ña­ron un papel mag­ní­fi­co en los días pre­vios al Con­gre­so de Orga­ni­za­cio­nes Indus­tria­les (CIO, por sus siglas en inglés) en huel­gas y otras luchas, como tra­ba­ja­do­ras y como espo­sas de tra­ba­ja­do­res, para ganar­se el reco­no­ci­mien­to de los ini­cios del sin­di­ca­lis­mo indus­trial en indus­trias como la auto­mó­vil, el emba­la­je, el ace­ro, etc. Más recien­te­men­te se ha demos­tra­do la mili­tan­cia de las muje­res negras sin­di­ca­lis­tas en la huel­ga de los tra­ba­ja­do­res de la plan­ta de emba­la­je y aún más en la huel­ga de las tra­ba­ja­do­res del taba­co, en la que diri­gen­tes como Moran­da Smith y Vel­ma Hop­kins emer­gie­ron como des­ta­ca­das sin­di­ca­lis­tas. La lucha de los obre­ros del taba­co diri­gi­da por muje­res negras se unió más tar­de a la acción polí­ti­ca de negros y blan­cos que lle­vó a la elec­ción del pri­mer hom­bre negro en el sur (en Wins­ton-Salem, en Caro­li­na del Nor­te) por pri­me­ra vez des­de los días de la Recons­truc­ción8.

Los sin­di­ca­lis­tas pro­gre­sis­tas tie­nen que dar­se cuen­ta de que en la lucha por la igual­dad de dere­chos de las per­so­nas tra­ba­ja­do­ras negras es nece­sa­rio tener un enfo­que espe­cí­fi­co refe­ren­te a las muje­res negras tra­ba­ja­do­ras, que son el prin­ci­pal sos­tén de sus fami­lias en una pro­por­ción mucho mayor que otras muje­res tra­ba­ja­do­ras. La bata­lla para rete­ner a la mujer negra en la indus­tria y para pro­mo­cio­nar­la en su tra­ba­jo es un medio fun­da­men­tal de luchar por los intere­ses bási­cos y espe­cí­fi­cos de la mujer negra tra­ba­ja­do­ra. El no reco­no­cer­lo es igno­rar los aspec­tos espe­cí­fi­cos de los efec­tos de la cada vez más pro­fun­da cri­sis eco­nó­mi­ca, que cas­ti­ga con espe­cial seve­ri­dad a los tra­ba­ja­do­res negros, en par­ti­cu­lar a las muje­res negras tra­ba­ja­do­ras.

La emplea­da domés­ti­ca

Una de las mani­fes­ta­cio­nes más extre­mas del aban­dono por par­te de los sin­di­ca­tos de los pro­ble­mas de la mujer negra tra­ba­ja­do­ra ha sido no solo no haber lucha­do con­tra la rele­ga­ción de la mujer negra al tra­ba­jo domés­ti­co y a otros tra­ba­jos simi­la­res de baja cate­go­ría, sino no haber orga­ni­za­do a las emplea­das domés­ti­cas. Es mera pala­bre­ría el hecho de que los sin­di­ca­lis­tas pro­gre­sis­tas hablen de orga­ni­zar a quie­nes no están orga­ni­za­dos sin fijar­se en la gra­ve situa­ción que pade­ce la emplea­da domés­ti­ca la cual, al no estar pro­te­gi­da por los prin­ci­pios sin­di­ca­les, tam­bién es víc­ti­ma de exclu­sión de toda la legis­la­ción social y labo­ral. Solo apro­xi­ma­da­men­te una de cada diez de las muje­res negras tra­ba­ja­do­ras está cubier­ta por la legis­la­ción actual con­cer­nien­te al sala­rio míni­mo, a pesar de que una cuar­ta par­te de estas tra­ba­ja­do­ras se encuen­tran en esta­dos que cuen­tan con esta legis­la­ción. Hay que supe­rar inme­dia­ta­men­te todas las razo­nes plan­tea­das has­ta aho­ra res­pec­to a las difi­cul­ta­des reales para orga­ni­zar a las emplea­das domés­ti­cas (como la natu­ra­le­za pre­ca­ria de su empleo, las difi­cul­ta­des para orga­ni­zar a quie­nes tra­ba­jan de día, el pro­ble­ma de orga­ni­zar a per­so­nas que tra­ba­jan en domi­ci­lios par­ti­cu­la­res, etc.). A menos que los pro­gre­sis­tas actúen rápi­do exis­te el peli­gro de que las fuer­zas social­de­mó­cra­tas entren en este cam­po para hacer su tra­ba­jo de pro­pa­gar dema­go­gia y des­unión.

La emplea­da domés­ti­ca pade­ce una mise­ria inso­por­ta­ble. Sus tareas en la casa don­de tra­ba­ja no sue­len estar defi­ni­das. Ade­más de lim­piar y fre­gar pue­de que se le endil­guen a la emplea­da domés­ti­ca tareas como lim­piar ven­ta­nas, ocu­par­se de los niños, hacer la cola­da, coci­nar, etc., y todo ello con el sala­rio más bajo. En algu­nas zonas la emplea­da domés­ti­ca negra tie­ne que sufrir la humi­lla­ción adi­cio­nal de tener que bus­car tra­ba­jo en ver­da­de­ros mer­ca­dos de escla­vos en las calles don­de se hacen ofer­tas por los tra­ba­ja­do­res más duros, como en las pujas por un gru­po de escla­vos. Cuan­do vuel­ven a sus pro­pias casas muchas emplea­das domés­ti­cas tie­nen que poner­se a hacer de nue­vo tareas domés­ti­cas para man­te­ner uni­da a su pro­pia fami­lia.

¿Quién no se sin­tió enfu­re­ci­do cuan­do en Cali­for­nia se supo, con el horri­ble caso de Dora Jones, que una mujer negra emplea­da domés­ti­ca había sido escla­vi­za­da duran­te más de 40 años en el civi­li­za­do Esta­dos Uni­dos? Su emplea­dor fue con­de­na­do a una pena míni­ma de unos pocos años y se que­jó de que la sen­ten­cia fue­ra tan lar­ga. Pero, ¿aca­so se podría indem­ni­zar a Dora Jones, una mujer negra emplea­da domés­ti­ca, por más de 40 años de su vida en seme­jan­tes con­di­cio­nes de explo­ta­ción y degra­da­ción? Y ¡cuán­tos casos simi­la­res, que com­par­te en dife­ren­tes gra­dos la con­di­ción de Dora Jones, siguen tole­ran­do toda­vía los pro­pios pro­gre­sis­tas!

Solo recien­te­men­te en la Asam­blea Legis­la­ti­va del esta­do de Nue­va York se hizo una pro­pues­ta de ley para tomar las hue­llas digi­ta­les de las emplea­das domés­ti­cas. El pro­yec­to de ley Mar­ti­nez no vio la luz del día por­que los reac­cio­na­rios esta­ban con­cen­tra­dos en otras medi­das legis­la­ti­vas repre­si­vas, pero aquí vemos cla­ra­men­te que se tra­ta de apli­car a las empe­la­das domés­ti­cas negras la impron­ta del sis­te­ma del pase afri­cano del impe­ria­lis­mo bri­tá­ni­co (¡y del Reich ale­mán res­pec­to a los judíos!).

Corres­pon­de a los sin­di­ca­tos ayu­dar al Sin­di­ca­to de Emplea­das Domes­ti­cas (Domes­tic Worker’s Union) de todas las mane­ras posi­bles para orga­ni­zar a las explo­ta­das tra­ba­ja­do­ras domés­ti­cas, la mayo­ría de las cua­les son muje­res negras. Al mis­mo tiem­po es vital­men­te urgen­te y nece­sa­ria una lucha legis­la­ti­va para incluir a las tra­ba­ja­do­ras domés­ti­cas en los bene­fi­cios de la Ley de Segu­ri­dad Social. Tam­bién aquí se deben poner en entre­di­cho las dudas recu­rren­tes con­cer­nien­tes a los pro­ble­mas admi­nis­tra­ti­vos de apli­car esta ley a las tra­ba­ja­do­ras domés­ti­cas y encon­trar solu­cio­nes.

El rele­gar cons­tan­te­men­te a las muje­res negras al tra­ba­jo de emplea­das domés­ti­cas ha con­tri­bui­do a per­pe­tuar e inten­si­fi­car el cho­vi­nis­mo [blan­co] hacia todas las muje­res negras. A pesar del hecho de que las muje­res negras sean abue­las o madres, es común el uso del tér­mino peyo­ra­ti­vo chi­ca para refe­rir­se a muje­res negras adul­tas. La mera rela­ción eco­nó­mi­ca entre las muje­res negras y blan­cas, que per­pe­túa el víncu­lo seño­ra-sir­vien­ta, ali­men­ta las acti­tu­des cho­vi­nis­ta y hace que corres­pon­da a las muje­res blan­cas pro­gre­sis­tas, y par­ti­cu­lar­men­te comu­nis­tas, luchar cons­cien­te­men­te con­tra todas las mani­fes­ta­cio­nes del cho­vi­nis­mo blan­co, tan­to abier­to como vela­do.

El cho­vi­nis­mo de las muje­res blan­cas pro­gre­sis­tas a menu­do se expre­sa en su inca­pa­ci­dad para esta­ble­cer víncu­los fuer­tes de amis­tad con muje­res negras y para dar­se cuen­ta de que esta lucha por la igual­dad de las muje­res negras es en su pro­pio inte­rés, ya que la sobre­ex­plo­ta­ción y opre­sión de las muje­res negras tien­de a empeo­rar la con­di­ción de todas las muje­res. Dema­sia­das per­so­nas pro­gre­sis­tas, e inclu­so comu­nis­tas, siguen sien­do cul­pa­bles de explo­tar a muje­res negras emplea­das domés­ti­cas, de no con­tra­tar­las a tra­vés del Sin­di­ca­to de Emplea­das Domés­ti­cas (o de no con­tri­buir a que se extien­da a aque­llas zonas en las que toda­vía no exis­te) y, en gene­ral, de deni­grar a las sir­vien­tas cuan­do hablan con sus veci­nos bur­gue­ses y con sus pro­pias fami­lias. Exis­te, ade­más, la preo­cu­pa­ción expre­sa de que la explo­ta­da emplea­da domés­ti­ca negra no hable con su emplea­dor o no sea ama­ble con él, o la cos­tum­bre de asu­mir que el deber de emplea­dor blan­co pro­gre­sis­ta es infor­mar a la mujer negra de su explo­ta­ción que sin lugar a dudas esta cono­ce dema­sia­do bien. Es abso­lu­ta­men­te nece­sa­rio cues­tio­nar cons­tan­te­men­te cual­quier comen­ta­rio cho­vi­nis­ta res­pec­to a la mujer negra si que­re­mos aca­bar con la com­pren­si­ble fal­ta de con­fian­za por par­te de las muje­res negras a las que repug­na el cho­vi­nis­mo blan­co que a menu­do escu­chan en círcu­los pro­gre­sis­tas.

Mani­fes­ta­cio­nes de cho­vi­nis­mo blan­co

Algu­nas de las for­mas más bur­das del cho­vi­nis­mo se pro­du­cen en las rela­cio­nes socia­les, don­de con dema­sia­da fre­cuen­cia muje­res y hom­bres blan­cos, y hom­bres negros par­ti­ci­pan en bai­les mien­tras que se rele­ga a las muje­res negras. Otras for­mas de cho­vi­nis­mo son la acep­ta­ción de los cri­te­rios de la cla­se diri­gen­te blan­ca del atrac­ti­vo de una mujer (como la piel blan­ca), el no exten­der la cor­te­sía a las muje­res negras y no inte­grar a las muje­res negras en el lide­raz­go orga­ni­za­ti­vo.

Otro aspec­to extre­mo de la opre­sión que la legis­la­ción Jim Crow ejer­ce sobre la mujer negra se expre­sa en las muchas leyes con­tra ella en lo que res­pec­ta al dere­cho a la pro­pie­dad, al matri­mo­nio mix­to (ori­gi­nal­men­te idea­das para impe­dir que los hom­bres blan­cos del sur se casa­ran con muje­res negras), así como en las leyes que obs­ta­cu­li­zan y nie­gan el dere­cho a ele­gir no solo a la mujer negra, sino a muje­res y hom­bres negros y blan­cos.

Para las muje­res y hom­bres pro­gre­sis­tas y para las per­so­nas comu­nis­tas en par­ti­cu­lar la cues­tión de las rela­cio­nes socia­les con las muje­res y hom­bres negros es ante todo una cues­tión de res­pe­tar estric­ta­men­te la igual­dad social. Esto sig­ni­fi­ca librar­nos de la pos­tu­ra que a veces adop­tan algu­nas per­so­nas pro­gre­sis­tas y comu­nis­tas de luchar con­tra los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos y polí­ti­cos a los que se enfren­tan las per­so­nas negras, pero que tra­zan una línea roja cuan­do se tra­ta de rela­cio­nes socia­les o de matri­mo­nio mix­to. Cuan­do sur­gen estas situa­cio­nes con­si­de­rar­lo algo per­so­nal y no una cues­tión polí­ti­ca es pecar del peor tipo de pen­sa­mien­to social­de­mó­cra­ta y bur­gués-libe­ral res­pec­to al pro­ble­ma de las per­so­nas negras en la vida esta­dou­ni­den­se, es imbuir­se de las vene­no­sas teo­rías cho­vi­nis­tas blan­cas de un [sena­dor Theo­do­re G.] Bil­bo o de un [con­gre­sis­ta John Elliot] Ran­kin. Lo mis­mo ocu­rre tam­bién en lo que res­pec­ta a garan­ti­zar la segu­ri­dad de los niños. Esta segu­ri­dad solo mejo­ra­rá por medio de la lucha por la libe­ra­ción y la igual­dad de todas las nacio­nes y pue­blos, y no impi­dien­do que los niños conoz­can esta lucha. Esto sig­ni­fi­ca librar­nos de acti­tu­des bur­gue­sas y libe­ra­les que per­mi­ten que los niños negros y blan­cos de pro­gre­sis­tas jue­guen jun­tos en los cam­pa­men­tos cuan­do son peque­ños, pero esta­ble­cen una línea roja cuan­do lle­gan a la ado­les­cen­cia y esta­ble­cen rela­cio­nes entre chi­cos y chi­cas. x

Por supues­to, los ideó­lo­gos bur­gue­ses no han deja­do de desa­rro­llar una ofen­si­va ideo­ló­gi­ca espe­cí­fi­ca diri­gi­da a degra­dar a las muje­res negras que for­ma par­te de la ofen­si­va ideo­ló­gi­ca reac­cio­na­ria gene­ral con­tra muje­res de la coci­na, la igle­sia, los niños9. Sin embar­go, sien­do ecuá­ni­mes y creí­bles no pue­den decir que el lugar de las muje­res negras sea la casa ya que las muje­res negras están en las coci­nas de otras per­so­nas. De ahí que su tarea haya con­sis­ti­do en refor­zar sus teo­rías de la supe­rio­ri­dad mas­cu­li­na res­pec­to a la mujer negra desa­rro­llan­do acti­tu­des intros­pec­ti­vas que coin­ci­den con la nue­va escue­la de la infe­rio­ri­dad psi­co­ló­gi­ca de la mujer. El obje­ti­vo fun­da­men­tal de todo un alu­vión de artícu­los, libros, etc. ha sido ocul­tar la prin­ci­pal res­pon­sa­bi­li­dad de la opre­sión de la mujer negra difun­dien­do la des­pre­cia­ble noción bur­gue­sa de una gue­rra de sexosigno­ran­do la lucha tan­to de los hom­bre como de las muje­res negras (de todas las per­so­nas negras) con­tra su opre­sor común, la cla­se diri­gen­te blan­ca.

Las expre­sio­nes cho­vi­nis­tas tam­bién inclu­yen la sor­pre­sa pater­na­lis­ta cuan­do se des­cu­bre que las per­so­nas negras son per­so­nas pro­fe­sio­na­les. Las tra­ba­ja­do­res negras pro­fe­sio­na­les sopor­tan a menu­do obser­va­cio­nes como su fami­lia debe de estar orgu­llo­sa de usted, ¿no?. Tam­bién abun­da la prác­ti­ca inver­sa de pre­gun­tar a una mujer negra pro­fe­sio­nal si algu­na per­so­na de su fami­lia que­rría tra­ba­jar como emplea­da domés­ti­ca.

La res­pon­sa­bi­li­dad de supe­rar estas for­mas espe­cí­fi­cas de cho­vi­nis­mo no recae en la sub­je­ti­vi­dad de las muje­res negras, como a menu­do se dice, sino que recae ple­na­men­te en los hom­bros de las muje­res y hom­bres blan­cos. Los hom­bres negros tie­nen una espe­cial res­pon­sa­bi­li­dad par­ti­cu­lar en rela­ción a la erra­di­ca­ción de acti­tu­des de supe­rio­ri­dad mas­cu­li­na res­pec­to a la mujer en gene­ral. Hay que erra­di­car todos los com­por­ta­mien­tos huma­ni­ta­rios y con­des­cen­dien­tes res­pec­to a las muje­res negras. Una mujer blan­ca pro­gre­sis­ta de una comu­ni­dad solía decir des­pués de cada reu­nión social a una des­ta­ca­da diri­gen­te sin­di­cal negra, teso­re­ra de su sec­ción del par­ti­do: Déja­me guar­dar el dine­ro, te podría ocu­rrir algo. En otro caso la emplea­do­ra, una comu­nis­ta, dijo a su emplea­da domés­ti­ca negra, que le había habla­do de su deseo de unir­se al par­ti­do, que era dema­sia­do sim­ple y que no esta­ba pre­pa­ra­da para unir­se al par­ti­do. Y en otra comu­ni­dad que des­de la gue­rra tenía una pobla­ción de un sesen­ta por cien­to de per­so­nas negras fren­te a un cua­ren­ta por cien­to de blan­cas, las madres blan­cas pro­gre­sis­tas con­si­guie­ron sacar a sus hijos de la escue­la de esa comu­ni­dad. A ini­cia­ti­va de la ani­ma­do­ra de la sec­ción del par­ti­do, una mujer negra, empe­zó una lucha que obli­gó a cam­biar las dis­po­si­cio­nes que había adop­ta­do el direc­tor de la escue­la cedien­do a los pre­jui­cios de la madre y a los suyos pro­pios. Estas dis­po­si­cio­nes impli­ca­ban una cla­se espe­cial en la que unos pocos niños blan­cos esta­ban ais­la­dos jun­to unos niños negros selec­cio­na­dos en lo que se deno­mi­nó una cla­se de expe­ri­men­ta­ción de rela­cio­nes entre las razas.

Sin lugar a dudas, estos com­por­ta­mien­tos cho­vi­nis­tas, par­ti­cu­lar­men­te res­pec­to a las muje­res negras, son una razón impor­tan­te de la suma­men­te insu­fi­cien­te par­ti­ci­pa­ción de las muje­res negras en orga­ni­za­cio­nes pro­gre­sis­ta y en nues­tro par­ti­do como miem­bros y como diri­gen­tes.

Tene­mos que recor­dar que la bur­gue­sía esta­dou­ni­den­se es cons­cien­te del papel que ejer­cen actual­men­te las masas de muje­res negras y de su aún mayor poten­cial, y, por con­si­guien­te, no le repug­na atraer a las per­so­nas negras que trai­cio­nan a los suyos y se ponen a las órde­nes del impe­ria­lis­mo.

Ante la expo­si­ción de su acti­tud cruel res­pec­to a las muje­res negras y a las pro­tes­tas cada vez mayo­res con­tra los lin­cha­mien­tos impu­nes y los lin­cha­mien­tos lega­les al esti­lo del Nor­te, Wall Street está con­ce­dien­do algu­nos pues­tos a muje­res negras para sal­var las apa­rien­cias. Así, Anna Arnold Hed­ge­man, que desem­pe­ñó un papel cla­ve en el Comi­té Demó­cra­ta Nacio­nal Negro para Ele­gir a Tru­man (Demo­cra­tic Natio­nal Negro Com­mit­tee to Elect Tru­man) fue recom­pen­sa­da con el nom­bra­mien­to de asis­ten­te del Admi­nis­tra­dor de la Segu­ri­dad Fede­ral, [Orcar R.] Ewing. Igual­men­te, el gober­na­dor Dewey nom­bró a Ire­ne Diggs para un alto pues­to de la admi­nis­tra­ción del esta­do de Nue­va York.

Otro indi­cio de cómo están las cosas que demues­tra los inten­tos de redu­cir la mili­tan­cia de las muje­res negras fue la invi­ta­ción por par­te del Depar­ta­men­to de Esta­do a una repre­sen­tan­te del Con­se­jo Nacio­nal de Muje­res Negras (la úni­ca orga­ni­za­ción negra deno­mi­na­da así) a asis­tir a la fir­ma del Tra­ta­do del Atlán­ti­co Nor­te.

Pro­ble­mas cla­ves de la lucha

Hay muchos pro­ble­mas cla­ves a los que se enfren­tan las muje­res negras y sobre los cua­les se pue­den, y se deben, empren­der luchas.

Pero nin­guno refle­ja el esta­tu­to opri­mi­do de las muje­res negras como el caso de Rosa Lee Ingram, una viu­da negra madre de cator­ce hijos (dos de ellos muer­tos) que se enfren­ta a la cade­na per­pe­tua en Geor­gia por el cri­men de defen­der­se de las insi­nua­cio­nes inde­cen­tes de un supre­ma­cis­ta blan­co. El caso Ingram ilus­tra el esta­tu­to opri­mi­do, sin tie­rra y víc­ti­ma de la legis­la­ción Jim Crow de la fami­lia negra en Esta­dos Uni­dos. En par­ti­cu­lar saca a relu­cir la degra­da­ción actual de las muje­res negras bajo la demo­cra­cia bur­gue­sa esta­dou­ni­den­se que avan­za hacia el fas­cis­mo y la gue­rra. Refle­ja los insul­tos coti­dia­nos a los que se ven some­ti­das las muje­res negras en los espa­cios públi­cos con inde­pen­den­cia de su cla­se, esta­tus o posi­ción social. Pone al des­cu­bier­to la hipó­cri­ta coar­ta­da de quie­nes lin­chan a hom­bres negros que his­tó­ri­ca­men­te se han escon­di­do las fal­das de las muje­res blan­cas cuan­do tra­tan de encu­brir sus repug­nan­tes crí­me­nes con el pre­tex­to de la caba­lle­ro­si­dad o de pro­te­ger a las muje­res blan­cas. Pero hoy las muje­res blan­cas, no menos que sus her­ma­nas de los movi­mien­tos sufra­gis­ta y abo­li­cio­nis­ta, deben alzar­se para poner en entre­di­cho esta men­ti­ra y todo el sis­te­ma de opre­sión de las per­so­nas negras.

La his­to­ria esta­dou­ni­den­se es rica en ejem­plos del cos­te en tér­mi­nos de dere­chos demo­crá­ti­cos que ha supues­to tan­to para los hom­bres como para las muje­res el no haber empren­di­do esta lucha. Las pri­me­ras veces que se encar­ce­ló a las sufra­gis­tas fue­ron ins­ta­la­das deli­be­ra­da­men­te en catres situa­dos cer­ca de las pros­ti­tu­tas negras para humi­llar­las. Tuvie­ron la luci­dez de com­pren­der que lo que se pre­ten­día con este ges­to era hacer que el encar­ce­la­mien­to fue­ra tan dolo­ro­so que nin­gu­na mujer se atre­vie­ra a luchar por sus dere­chos a cos­ta de afron­tar seme­jan­tes con­se­cuen­cias. Pero el error his­tó­ri­co de las diri­gen­tes del movi­mien­to sufra­gis­ta, la mayo­ría de las cua­les pro­ve­nía de la bur­gue­sía y de la peque­ña bur­gue­sía, fue no unir sus pro­pias luchas a las luchas por todos los dere­chos demo­crá­ti­cos para todas las per­so­nas negras tras la eman­ci­pa­ción.

Por con­si­guien­te, una con­cien­cia cada vez mayor de la cues­tión de la mujer hoy en día no debe dejar de reco­no­cer que la cues­tión de las per­so­nas negras en Esta­dos Uni­dos es pre­vias, pero no igual, a la cues­tión de la mujer y que solo en la medi­da en que luche­mos con­tra todas las expre­sio­nes y accio­nes cho­vi­nis­tas res­pec­to a las per­so­nas negras y luche­mos por su ple­na igual­dad las muje­res en gene­ral pue­den hacer avan­zar su lucha por la igual­dad de dere­chos. Para el movi­mien­to de muje­res pro­gre­sis­tas la mujer negra, que com­bi­na en su esta­tus la con­di­ción de mujer, de negra y de tra­ba­ja­do­ra, es el esla­bón esen­cial con esta mayor con­cien­cia polí­ti­ca. Ade­más, en la medi­da que se poten­cia la cau­sa de la mujer negra esta será capaz de ocu­par el pues­to que le corres­pon­de en el lide­raz­go pro­le­ta­rio negro del movi­mien­to nacio­nal de libe­ra­ción y por medio de su par­ti­ci­pa­ción acti­va apor­tar al con­jun­to de la cla­se obre­ra esta­dou­ni­den­se, cuya misión his­tó­ri­ca es lograr un Esta­dos Uni­dos socia­lis­ta, garan­tía últi­ma y ple­na de la eman­ci­pa­ción de la mujer.

La lucha por la liber­tad de Rosa Lee Ingram es un reto para todas las muje­res blan­cas y para todas las fuer­zas pro­gre­sis­tas, que tie­nen que empe­zar a pre­gun­tar­se a sí mis­mas: ¿Cuán­to tiem­po per­mi­ti­re­mos que siga sin cues­tio­nar­se este cri­men abyec­to con­tra todas las muje­res y con­tra las per­so­nas negras? La difí­cil situa­ción de Rosa Lee Ingram y la de sus her­ma­nas con­lle­va tam­bién el reto para las y los tra­ba­ja­do­res pro­gre­sis­tas de la cul­tu­ra de escri­bir y can­tar sobre la mujer negra con todo su cora­je y dig­ni­dad.

La recien­te crea­ción del Comi­té Nacio­nal para la Libe­ra­ción de la Fami­lia Ingram (Natio­nal Com­mit­tee to Free the Ingram Family) res­pon­de a una anti­gua nece­si­dad pro­ve­nien­te de los pri­me­ros tiem­pos del movi­mien­to que obli­gó a con­mu­tar la sen­ten­cia ori­gi­nal eje­cu­ción de la Rosa Lee Ingram por la cade­na per­pe­tua. Este Comi­té Nacio­nal, enca­be­za­do por Mary Church Terrell, una de las fun­da­do­ras de la Aso­cia­ción Nacio­nal de Muje­res de Color (Natio­nal Asso­cia­tion of Colo­red Women) inclu­ye entre sus diri­gen­tes a muje­res, negras y blan­cas, tan des­ta­ca­das como The­re­se Robin­son, direc­to­ra nacio­nal del Comi­té de Liber­ta­des Civi­les de Elks, Ada B. Jack­son, y la doc­to­ra Gene Welt­fish.

Uno de los pri­me­ros pasos del Comi­té fue la visi­ta de una dele­ga­ción de ciu­da­da­nos negros y blan­cos a esta valien­te y mili­tan­te madre negra encar­ce­la­da en una cel­da en Geor­gia. La mag­ni­tud del apo­yo fue tal que las auto­ri­da­des de Geor­gia per­mi­tie­ron a la dele­ga­ción ver­la sin obs­tácu­los. Sin embar­go, des­de enton­ces y en repre­sa­lia por este movi­mien­to de masas cada vez mayor las auto­ri­da­des de Geor­gia han tras­la­da­do a la Rosa Lee Ingram, que pade­ce una gra­ve enfer­me­dad car­día­ca, a una cár­cel peor en Reeds­vi­lle.

El apo­yo al tra­ba­jo de este Comi­té es una nece­si­dad fun­da­men­tal para todas las per­so­nas pro­gre­sis­tas y en par­ti­cu­lar para las muje­res. Hay que des­en­mas­ca­rar la afir­ma­ción del pre­si­den­te Tru­man de des­co­no­cer el caso Ingram. Para libe­ra­ra a la fami­lia Ingram hay que movi­li­zar apo­yos a la cam­pa­ña de lograr un millón de fir­mas y a la labor de la Nacio­nes Uni­das para que se archi­ve pron­to el caso.

La lucha para con­se­guir empleo para las muje­res negras es una cues­tión prio­ri­ta­ria. La cada vez mayor cri­sis eco­nó­mi­ca jun­to con el aumen­to del paro, los recor­tes de sala­rios y los cada vez más fre­cuen­tes desahu­cios que pro­vo­ca, está hacien­do que sus efec­tos se sien­tan más dura­men­te en las masas de per­so­nas negras. En una comu­ni­dad negra tras otra quie­nes más sufren el paro son las muje­res negras, las últi­mas en ser con­tra­ta­das y las pri­me­ras en ser des­pe­di­das. Hay que luchar para con­se­guir empleos para las muje­res negras en la indus­tria bási­ca, en los empleos de ofi­ci­nis­ta, en las comu­ni­da­des y en las empre­sas pri­va­das de ser­vi­cios.

La exi­to­sa cam­pa­ña del Par­ti­do Comu­nis­ta en la zona de East Side de Nue­va York para con­se­guir empleos para las muje­res negras en las tien­das de pro­duc­tos bara­tos10 ha lle­va­do a la con­tra­ta­ción de muje­res negras en toda la ciu­dad, inclu­so en comu­ni­da­des con mayo­ría de per­so­nas blan­cas. Esta cam­pa­ña se ha exten­di­do a Nue­va Ingla­te­rra y se debe lle­var a cabo en otras par­tes.

Cer­ca de quin­ce agen­cias guber­na­men­ta­les no emplean en abso­lu­to a per­so­nas negras. Esta polí­ti­ca da carác­ter ofi­cial a las omni­pre­sen­tes polí­ti­cas de la legis­la­ción Jim Crow de los capi­ta­lis­tas explo­ta­do­res al tiem­po que las fomen­ta aún más. Por con­si­guien­te, una cam­pa­ña para obte­ner empleos para las muje­res negras en estas agen­cias guber­na­men­ta­les impul­sa­ría enor­me­men­te toda la lucha para con­se­guir empleos para las muje­res y hom­bres negros. Ade­más, ten­dría un efec­to con­tun­den­te al sacar a la luz la hipo­cre­sía del pro­gra­ma de Dere­chos Civi­les del gobierno Tru­man.

Tam­bién habrá que luchar enér­gi­ca­men­te con­tra la prác­ti­ca cada vez más fre­cuen­te del Ser­vi­cio de Empleo de Esta­dos Uni­dos de rele­ga­ra a las muje­res a los empleos de ser­vi­cio domés­ti­co y per­so­nal a pesar de estar cua­li­fi­ca­das para otros tra­ba­jos.

Ahí don­de exis­te con­cien­cia del papel espe­cial que desem­pe­ña la mujer negra se pue­de empren­der una lucha vic­to­rio­sa que se gana­rá el apo­yo de las y los tra­ba­ja­do­res blan­cos. Un ejem­plo recien­te fue la ini­cia­ti­va toma­da por las y los tra­ba­ja­do­res de la indus­tria de con­fec­ción tex­til blan­cos comu­nis­tas en una tien­da que emplea a vein­ti­cin­co muje­res negras y don­de había tres máqui­nas para­das. Es vital pro­mo­cio­nar a las muje­res negras tra­ba­ja­do­ras. Se ha ini­cia­do un movi­mien­to de boi­cot y en el momen­to de escri­bir estas líneas las máqui­nas per­ma­ne­cen para­das, las y los tra­ba­ja­do­res blan­cos rehú­san res­pe­tar la estric­ta anti­güe­dad [en el pues­to de tra­ba­jo] a expen­sas de las y los tra­ba­ja­do­res negros. Mien­tras tan­to, con­ti­núan las nego­cia­cio­nes al res­pec­to. De for­ma simi­lar, en una sec­ción local de [el sin­di­ca­to] Uni­ted Auto Wor­kers [Tra­ba­ja­do­res del Auto­mó­vil Uni­dos] de [la empre­sa] Pac­kard de Detroit se ha gana­do recien­te­men­te la lucha para man­te­ner a las muje­res en la fábri­ca y para que se pro­mo­cio­ne a 750, la gran mayo­ría de las cua­les son negras.

La lucha por la paz

Ganar a las muje­res negras para la lucha por la paz es deci­si­vo para todas las demás luchas. Inclu­so duran­te la gue­rra con­tra el Eje las muje­res negras tuvie­ron que llo­rar a sus hijos sol­da­dos, lin­cha­dos mien­tras ser­vían en un ejér­ci­to que se regía por la legis­la­ción Jim Crow. Por lo tan­to, ¿aca­so no les intere­sa luchar por la paz?

Los esfuer­zos de los pro­mo­to­res de la gue­rra de ambos par­ti­dos [repu­bli­cano y demó­cra­ta] por obte­ner el apo­yo de las orga­ni­za­cio­nes de muje­res en gene­ral han influi­do en muchas orga­ni­za­cio­nes de muje­res negras que en sus últi­mas con­ven­cio­nes anua­les adop­ta­ron pos­tu­ras de polí­ti­ca exte­rior favo­ra­bles al Plan Marshall y a la Doc­tri­na Tru­man. Muchas de estas orga­ni­za­cio­nes han tra­ba­ja­do con gru­pos que tie­ne cla­ras pos­tu­ras anti­im­pe­ria­lis­tas.

El hecho de que exis­ta un pro­fun­do sen­ti­mien­to de paz entre las muje­res negras que se pue­de movi­li­zar para empren­der una acción efi­caz se demues­tra no solo en la nota­ble res­pues­ta a los míti­nes de Eslan­de Goo­de Robe­son11, sino tam­bién en la pos­tu­ra que anun­ció el año pasa­do la orga­ni­za­ción más anti­gua de muje­res negras lide­ra­da por Chris­ti­ne C. Smith exhor­tan­do a una movi­li­za­ción nacio­nal de las muje­res negras esta­dou­ni­den­ses en apo­yo a las Nacio­nes Uni­das. A este res­pec­to, sería muy fruc­tí­fe­ro con­cien­ciar a nues­tro país de las esplén­di­das luchas de las muje­res en el nor­te de Áfri­ca, las cua­les, aun­que care­cen de las nece­si­da­des mate­ria­les más ele­men­ta­les han orga­ni­za­do un fuer­te movi­mien­to por la paz y así se alzan uni­das en con­tra de una Ter­ce­ra Gue­rra Mun­dial en la Fede­ra­ción Inter­na­cio­nal Demo­crá­ti­ca de Muje­res, con 81 millo­nes de muje­res pro­ce­den­tes de 57 nacio­nes.

Basán­do­se en sus prin­ci­pios mar­xis­ta-leni­nis­tas nues­tro par­ti­do se asien­ta fir­me­men­te sobre un pro­gra­ma de ple­na igual­dad eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca y social para las per­so­nas negras, y de igual­dad de dere­chos para las muje­res. ¿Quién per­te­ne­ce más a nues­tro par­ti­do más que la mujer negra, la más explo­ta­da y opri­mi­da? Las muje­res negras pue­den, y deben, hacer una con­tri­bu­ción enor­me a la vida y tra­ba­jo dia­rios de nues­tro par­ti­do. Esto sig­ni­fi­ca con­cre­ta­men­te que la res­pon­sa­bi­li­dad prin­ci­pal de ello recae sobre los cama­ra­das blan­cos, hom­bres y muje­res. Con todo, los cama­ra­das negros deben par­ti­ci­par en esta tarea. Las muje­res negras comu­nis­tas deben ocu­par aho­ra el lugar que les corres­pon­de en la direc­ción del par­ti­do en todos los nive­les.

La enor­me capa­ci­dad, mili­tan­cia y talen­to orga­ni­za­ti­vo de las muje­res negras pue­den ser, si nues­tro par­ti­do los uti­li­za bien, una pode­ro­sa palan­ca para pre­sen­tar a los tra­ba­ja­do­res negros, hom­bres y muje­res, como fuer­zas diri­gen­tes del movi­mien­to de libe­ra­ción de las per­so­nas negras, para con­so­li­dar la uni­dad de las per­so­nas blan­cas y negras con­tra el impe­ria­lis­mo de Wall Street y para que el par­ti­do arrai­gue entre los sec­to­res más explo­ta­dos y opri­mi­dos de la cla­se obre­ra y sus alia­dos.

Debe­mos lle­var a cabo una inten­sa dis­cu­sión en las sec­cio­nes de nues­tro par­ti­do sobre el papel de la mujer negra con el obje­ti­vo de pro­por­cio­nar a los miem­bros de nues­tro par­ti­do un cono­ci­mien­to cla­ro para empren­der las luchas nece­sa­rias en las tien­das y en las comu­ni­da­des. Tene­mos que aca­bar con el hecho de que se unen a nues­tro par­ti­do muchas muje­res negras que en sus igle­sias, comu­ni­da­des y gru­pos fra­ter­na­les son diri­gen­tes de masas, con una expe­rien­cia de masas de valor incal­cu­la­ble que apor­tar a nues­tro par­ti­do, y de pron­to se encuen­tran con­si­de­ra­das en las sec­cio­nes de nues­tro par­ti­do no como diri­gen­tes sino como per­so­nas que tie­nen ini­ciar­se des­de el pun­to de vis­ta orga­ni­za­ti­vo. Debe­mos aca­bar con esta inca­pa­ci­dad para crear una atmós­fe­ra en las sec­cio­nes de nues­tro par­ti­do, don­de los nue­vos miem­bros, en este caso las muje­res negras, se enfren­tan al tra­ta­mien­to del silen­cio o a inten­tos de pro­gra­mar­los den­tro de un mode­lo. Ade­más de las impli­ca­cio­nes cho­vi­nis­tas blan­cas que tie­nen, estas prác­ti­cas con­fun­den la nece­si­dad bási­ca de un cono­ci­mien­to mar­xis­ta-leni­nis­ta, que nues­tro par­ti­do da a todos los tra­ba­ja­do­res y que mejo­ra sus cono­ci­mien­tos polí­ti­cos, con el des­pre­cio cho­vi­nis­ta por el talen­to orga­ni­za­ti­vo de los miem­bros negros o por la nece­si­dad de pro­mo­ver­los a la direc­ción.

Las per­so­nas pro­gre­sis­tas deben con­cien­ciar­se polí­ti­ca­men­te del esta­tu­to espe­cial de per­so­nas opri­mi­das que tie­nen las muje­res negras para lograr que estas par­ti­ci­pen ple­na­men­te en la coa­li­ción anti­fas­cis­ta y anti­im­pe­ria­lis­ta, y para lle­var su mili­tan­cia y par­ti­ci­pa­ción a cotas aún más altas en las luchas actua­les y futu­ras con­tra el impe­ria­lis­mo de Wall Street.

Esta con­cien­cia­ción, ace­le­ra­da por las luchas, es lo que con­ven­ce­rá a miles y miles de per­so­nas de que solo el Par­ti­do Comu­nis­ta, como van­guar­dia de la cla­se obre­ra y con su pers­pec­ti­va supre­ma del socia­lis­mo, pue­de lograr para las muje­res negras (para el con­jun­to de las per­so­nas negras) la igual­dad y dig­ni­dad ple­nas de su esta­tus en una socie­dad socia­lis­ta en la que las con­tri­bu­cio­nes a la socie­dad no se midan por el ori­gen nacio­nal o el color, sino una socie­dad en la que hom­bres y muje­res con­tri­bu­yan según sus capa­ci­da­des y, a la lar­ga, bajo el comu­nis­mo reci­ban según sus nece­si­da­des.

Clau­dia Jones fue una perio­dis­ta y mili­tan­te comu­nis­ta naci­da en Tri­ni­dad en 1915. Su fami­lia emi­gró a Esta­dos Uni­dos en 1924 y se asen­tó en el barrio de Har­lem en Nue­va York. Des­de los 18 años mili­tó en la Liga Comu­nis­ta Juve­nil (Young Com­mu­nist Lea­gue) y pos­te­rior­men­te en el Par­ti­do Comu­nis­ta de Esta­dos Uni­dos. Pade­ció la caza de bru­jas pro­mo­vi­da por el sena­dor Mac­Carthy y en 1948 pasó seis meses en la cár­cel. En 1955 fue encar­ce­la­da otra vez y al no tener la ciu­da­da­nía esta­dou­ni­den­se pese a resi­dir en el país des­de 1924, fue depor­ta­da a Ingla­te­rra don­de fun­dó el perió­di­co The West Indian Gazet­te en 1958. Murió en 1964.

Este artícu­lo se publi­có en la revis­ta Poli­ti­cal Affairs en junio de 1949 con el títu­lo de An End to the Neglect of the Pro­blems of the Negro Woman. Pos­te­rior­men­te se inclu­yó en el libro de Beverly Guy-Shef­tall, Words of Fire: An Antho­logy of Afri­can-Ame­ri­can Femi­nist Thought, Nue­va York, The New Press, 1995. Se pue­de con­sul­tar la edi­ción ori­gi­nal en https://palmm.digital.flvc.org/islandora/object/ucf%3A4865

[Tra­du­ci­do del inglés para Boltxe Kolek­ti­boa por Bea­triz Mora­les Bas­tos.]

  1. Man­te­ne­mos el tér­mino negro, negra (Negro en inglés) que uti­li­za la auto­ra en vez del eufe­mís­ti­co per­so­na de color o el polí­ti­ca­men­te correc­to y más moderno afro­ame­ri­cano, afro­ame­ri­ca­na). El tér­mino negro, negra no tie­ne en sí mis­mo nin­gu­na con­no­ta­ción nega­ti­va, solo la car­ga impues­ta por las per­so­nas racis­tas. Véa­se el res­pec­to el her­mo­so poe­ma musi­ca­do de Vic­to­ria San­ta Cruz https://​www​.you​tu​be​.com/​w​a​t​c​h​?​v​=​R​l​j​S​b​7​A​y​Pc0 o este otro en el que expli­ca lo que sig­ni­fi­ca su negri­tud https://​www​.you​tu​be​.com/​w​a​t​c​h​?​v​=​7​5​4​Q​n​D​U​W​amk
  2. Las Leyes Jim Crow son una serie de leyes apro­ba­das en 1876 para pri­var a las per­so­nas negras de sus dere­chos civi­les y segre­gar­las en los espa­cios públi­cos. Se apli­ca­ron de iure sobre todo en los esta­dos del sur de Esta­dos Uni­dos y de fac­to en los demás. La Ley de Dere­chos Civi­les de 1964 y la Ley de Dere­cho al Voto de 1965 las abo­lie­ron total­men­te.
  3. Rose Lee Ingram (cuyo caso se men­cio­na más ade­lan­te), Amy Mallard y los Seis de Tren­ton eran todos ellos per­so­nas negras esta­dou­ni­den­ses que se vie­ron invo­lu­cra­das en jui­cios reple­tos de irre­gu­la­ri­da­des y de ses­go racis­ta, Los últi­mos, por ejem­plo, fue­ron juz­ga­dos por el ase­si­na­to de un anciano comer­cian­te blan­co en Tren­ton en 1948. En junio de ese año los seis fue­ron con­de­na­dos a muer­te por un jura­do com­pues­to exclu­si­va­men­te por per­so­nas blan­cas. Tras varias ape­la­cio­nes, en 1951, cua­tro de ellos fue­ron absuel­tos, en 1952 el quin­to murió en la cár­cel de un ata­que el cora­zón y el sex­to que­dó en liber­tad con­di­cio­nal en 1952.
  4. Man­te­ne­mos el tér­mino que emplea la auto­ra en todo el tex­to, whi­te chau­vi­nist y más ade­lan­te whi­te cho­vi­nism) que se uti­li­za en inglés para refe­rir­se aque­lla per­so­na blan­ca que con­si­de­ra que es supe­rior a las per­so­nas no blan­cas y, en el segun­do caso, a ese sen­ti­mien­to. El tér­mino tam­bién tie­ne el sig­ni­fi­ca­do de machis­tamachis­mo res­pec­ti­va­men­te.
  5. Mammy era el tér­mino con el que se desig­na­ba a las muje­res negras que se encar­ga­ban de cui­dar a los niños blan­cos. Los equi­va­len­tes a nues­tro tér­mino mamá son son mommommy.
  6. Hoy en día en los sec­to­res rura­les del sur, en par­ti­cu­lar en lo que que­da de las anti­guas plan­ta­cio­nes, hay hoga­res en los que abue­las ancia­nas diri­gen a sus hijas, hijos y nie­tos con auto­ri­dad matriar­cal.
  7. La Aso­cia­ción Nacio­nal para el Fomen­to de las Per­so­nas de Color es una orga­ni­za­ción esta­dou­ni­den­se fun­da­da en 1909 que defien­de los dere­chos civi­les de las per­so­nas negras y cuya misión es garan­ti­zar la igual­dad polí­ti­ca, edu­ca­ti­va, social y eco­nó­mi­ca de los dere­chos de todas las per­so­nas, y eli­mi­nar el odio y la dis­cri­mi­na­ción racia­les. Por su par­te, la Natio­nal Urban Lea­gue (que cita a con­ti­nua­ción), es la orga­ni­za­ción de defen­sa de los dere­chos de las per­so­nas negras y en con­tra de la dis­cri­mi­na­ción racial más anti­gua de Esta­dos Uni­dos.
  8. La Recons­truc­ción es el perio­do de la his­to­ria de Esta­dos Uni­dos pos­te­rior a la Gue­rra Civil (1865−1877) duran­te el cual se tra­ta­ron de corre­gir las injus­ti­cias de la escla­vi­tud y su lega­do polí­ti­co, social y eco­nó­mi­co, ade­más de resol­ver los pro­ble­mas deri­va­dos de la read­mi­sión en la Unión de los once esta­dos que se habían escin­di­do.
  9. Se refie­re a un dicho ale­mán de fina­les del siglo XIX que afir­ma­ba que las muje­res se deben dedi­car a las tres K, die Küche, die Kir­che, die Kin­der, la coci­na, la igle­sia, los niños.
  10. Five-and-dime sto­res eran tien­das en las que se ven­dían todo tipo de obje­tos muy bara­tos (a cin­co y quin­ce cén­ti­mos de dólar) espe­cial­men­te obje­tos para la casa y de higie­ne. Serían el equi­va­len­te a las tien­das de Todo a un euro del Esta­do espa­ñol.
  11. Eslan­de Goo­de Robe­son (1895−1965) fue una antro­pó­lo­ga, escri­to­ra, actriz y acti­vis­ta de dere­chos huma­nos esta­dou­ni­den­se.

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Una respuesta

  1. Pingback: Acabar con el abandono de los problemas de las mujeres negras – Otras Voces en Educacion

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