El capitalismo y las guerras climáticas

El sín­to­ma se lla­ma calen­ta­mien­to cli­má­ti­co,
pero la enfer­me­dad se lla­ma capi­ta­lis­mo.

Jor­ge Riech­mann

Este ensa­yo bus­ca lla­mar la aten­ción sobre un tema cru­cial en el mun­do con­tem­po­rá­neo, como es el de las gue­rras cli­má­ti­cas, que sin embar­go es poco cono­ci­do. Pre­ten­de­mos apro­xi­mar­nos al mis­mo des­de una pers­pec­ti­va que inte­gre la crí­ti­ca mar­xis­ta y la eco­ló­gi­ca. El ensa­yo cons­ta de tres sec­cio­nes: se refle­xio­na entorno a las gue­rras cli­má­ti­cas y sus rela­cio­nes y dife­ren­cias con otros tipos de gue­rras gene­ra­das por el capi­ta­lis­mo; lue­go se hace un inven­ta­rio de algu­nos de los prin­ci­pa­les efec­tos que el calen­ta­mien­to glo­bal, pro­du­ci­do por el capi­ta­lis­mo, ori­gi­na sobre la lógi­ca de fun­cio­na­mien­to de este sis­te­ma; se cie­rra el escri­to con algu­nas con­clu­sio­nes.

I. Guerras climáticas: una aproximación conceptual

En el capi­ta­lis­mo con­tem­po­rá­neo, están imbri­ca­das cua­tro tipos de gue­rra, que son com­ple­men­ta­rias, aun­que ten­gan algu­nas dife­ren­cias.

1. Las guerras ambientales

En sen­ti­do amplio, den­tro de estas se inclu­yen los efec­tos vio­len­tos de tipo mili­tar que gene­ran aspec­tos direc­ta­men­te liga­dos con el medio ambien­te, tales como la degra­da­ción de los sue­los, la deser­ti­fi­ca­ción, las inun­da­cio­nes, la sequía, la des­truc­ción de eco­sis­te­mas, la reduc­ción de la bio­di­ver­si­dad, la defo­res­ta­ción… Las pobla­cio­nes rura­les, que son los direc­ta­men­te afec­ta­dos por la degra­da­ción ambien­tal, se ven obli­ga­das a recu­rrir a la vio­len­cia para acce­der a los recur­sos bási­cos de sub­sis­ten­cia o para defen­der­los. Esto ori­gi­na con­flic­tos arma­dos en los terri­to­rios en pro­ce­so de degra­da­ción, asun­to que se agra­va con el cre­ci­mien­to de la pobla­ción dis­po­ni­ble, como lo ejem­pli­fi­ca el caso de Ruan­da en 1994, que podría cata­lo­gar­se como una gue­rra ambien­tal.

De otra par­te, exis­ten gue­rras ambien­ta­les en sen­ti­do estric­to cuan­do un Esta­do, o una cla­se des­tru­yen en for­ma cons­cien­te y pre­me­di­ta­da la base natu­ral de otro Esta­do o de otras cla­ses, con la fina­li­dad de expul­sar­lo, doble­gar­lo o hacer­lo ren­dir. En este sen­ti­do, el ejem­plo más con­tun­den­te es la polí­ti­ca de tie­rra arra­sa­da, en el sen­ti­do lite­ral de la pala­bra, que Esta­dos Uni­dos como poten­cia agre­so­ra lle­vo a cabo con­tra Viet­nam en la gue­rra de los diez mil días. Al res­pec­to se recuer­da como uno de los hechos más infa­mes de la his­to­ria del siglo XX la uti­li­za­ción de her­bi­ci­das, defo­lian­tes, quí­mi­cos y vene­nos –sien­do el más cono­ci­do el agen­te naran­ja– con la fina­li­dad de des­truir los eco­sis­te­mas, con­ta­mi­nar las aguas, arra­sar con los sue­los fér­ti­les y matar a los cam­pe­si­nos, todo con la fina­li­dad de doble­gar la volun­tad de resis­ten­cia de los viet­na­mi­tas. El uso del agen­te naran­ja, crea­do por Mon­san­to, que se espar­ció median­te bom­bar­deos aéreos duran­te varios años des­tru­yó el 36% de los man­gla­res del enton­ces Viet­nam del Sur.

Las gue­rras ambien­ta­les tie­nen como móvil dis­tin­ti­vo el afec­tar o des­truir las bases bio­ló­gi­cas de la exis­ten­cia huma­na, bien por­que esa afec­ta­ción ori­gi­na los con­flic­tos (como en Ruan­da), bien por­que eso es lo que se bus­ca en for­ma cons­cien­te, como se seña­la­ba para el caso de Viet­nam.

2. Guerras hídricas

Exis­te un tipo espe­cial de gue­rra y con­flic­to ambien­tal por los recur­sos, que se cen­tra en el más impor­tan­te de todos, en la fuen­te de la vida, en el agua. Muchos con­flic­tos se ori­gi­nan en la esca­sez de agua, un hecho dra­má­ti­co que se acen­túa en muchos luga­res del mun­do, espe­cial­men­te en las regio­nes ári­das. Al mis­mo tiem­po, dicha esca­sez está rela­cio­na­da con super­po­bla­ción, ago­ta­mien­to de aguas sub­te­rrá­neas y acuí­fe­ros, basu­ra y con­ta­mi­na­ción hídri­ca, pri­va­ti­za­ción y mer­can­ti­li­za­ción; y aho­ra, fuer­te­men­te con el tras­torno cli­má­ti­co. Todo ello tie­ne terri­bles con­se­cuen­cias, tales como sequias, ham­bru­nas, difu­sión de enfer­me­da­des, migra­cio­nes for­za­das…

Pero tam­bién hay que hablar que la esca­sez, en algu­nas regio­nes del mun­do, es el com­ple­men­to y resul­ta­do del des­pil­fa­rro de agua que se pre­sen­ta en los gran­des paí­ses capi­ta­lis­tas, empe­zan­do por Esta­dos Uni­dos, don­de se gas­tan enor­mes can­ti­da­des para man­te­ner su inso­por­ta­ble modo de vida.

En estos ins­tan­tes, pue­de cata­lo­gar­se como gue­rra hídri­ca –o por lo menos el con­trol del agua es uno de sus aspec­tos cen­tra­les– la ocu­pa­ción colo­nial de Pales­ti­na por par­te de Israel, que osten­ta la mayor pro­por­ción de explo­ta­ción de los recur­sos acuí­fe­ros dis­po­ni­bles en el mun­do: 95 por cien­to, que inclu­ye los recur­sos acuí­fe­ros de los terri­to­rios ocu­pa­dos de Cis­jor­da­nia, el Golán y Gaza, así como el agua que se ori­gi­na de los ríos en Siria, Jor­da­nia y Líbano. Asi­mis­mo, el agua desem­pe­ña un papel cen­tral en la geo­po­lí­ti­ca de Israel res­pec­to a sus veci­nos ára­bes: Pales­ti­na, Líbano y Siria. Pue­de hablar­se de un apart­heid hídri­co por par­te de ese Esta­do, que solo per­mi­te que los hoga­res de Cis­jor­da­nia reci­ban agua una vez por sema­na. El 80% del agua que con­su­me Israel pro­vie­ne de esa Cis­jor­da­nia ocu­pa­da. La situa­ción de Gaza es aún peor, pues­to que es el basu­re­ro de las mila­gro­sas plan­tas desali­ni­za­do­ras de Israel: osten­ta una cares­tía de agua bebi­ble y la cali­dad del agua es terri­ble, pese a que Israel dupli­có la can­ti­dad de agua desali­ni­za­da que envía a Gaza (Jali­fe-Rah­me, 2015).

3. Guerras por los recursos naturales (bienes comunes de tipo natural)

El incre­men­to de la pro­duc­ción mate­rial en el capi­ta­lis­mo trae apa­re­ja­do una lucha por el con­trol de los recur­sos natu­ra­les, algo que es indis­pen­sa­ble para garan­ti­zar el pro­ce­so de acu­mu­la­ción de capi­tal. Sobre­sa­le por sobre todos los demás, la apro­pia­ción del petró­leo, como fuen­te ener­gé­ti­ca fun­da­men­tal, sin la cual el capi­ta­lis­mo no podría fun­cio­nar tal y como lo cono­ce­mos. Tam­bién se ha incre­men­ta­do la lucha, abier­ta o encu­bier­ta, por con­tro­lar una amplia gama de mine­ra­les, los tra­di­cio­na­les y los nue­vos, indis­pen­sa­bles para sos­te­ner el rit­mo de pro­duc­ción de vie­jas y nue­vas tec­no­lo­gías. Gran par­te de las gue­rras con­ven­cio­na­les que se vie­nen libran­do en el pla­ne­ta en los últi­mos trein­ta años son con­flic­tos arma­dos por los recur­sos, en espe­cial por el petró­leo. Tal es el caso de las agre­sio­nes impe­ria­lis­tas a Irak y Libia y las gue­rras de baja inten­si­dad y de cuar­ta gene­ra­ción que se libra con­tra Vene­zue­la. En la mis­ma pers­pec­ti­va deben ins­cri­bir­se con­flic­tos inter­nos en varios paí­ses del mun­do, como el que se libra en la Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca del Con­go, por la apro­pia­ción de mine­ra­les, entre ellos el del col­tan, mate­ria pri­ma indis­pen­sa­ble para la pro­duc­ción de avio­nes, telé­fo­nos celu­la­res y otros arte­fac­tos micro­elec­tró­ni­cos. Esa gue­rra, la más atroz y san­grien­ta de todas las que se libran en la actua­li­dad, está liga­da en for­ma direc­ta con el ape­ti­to capi­ta­lis­ta e impe­ria­lis­ta por apro­piar­se de los mate­ria­les estra­té­gi­cos que, para su des­gra­cia, se encuen­tran en el Con­go.

Este país es un reser­vo­rio de mate­ria­les fun­da­men­ta­les para el desa­rro­llo capi­ta­lis­ta, entre los que se encuen­tran oro, dia­man­tes, cobre, cobal­to, col­tan, esta­ño, tungs­teno, zinc, man­ga­ne­so, mag­ne­sio, ura­nio, nio­bio y pla­ta. El con­tra­ban­do de esos mine­ra­les alcan­za la cifra de seis millo­nes de dóla­res dia­rios. En espe­cial, se libra una gue­rra por el col­tan, cuya pun­ta de lan­za es la deman­da de tan­ta­lio, que es una mate­ria pri­ma indis­pen­sa­ble para el fun­cio­na­mien­to de las nue­vas tec­no­lo­gías mili­ta­res (Giun­ta, 2013).

La gue­rra por los recur­sos es bas­tan­te anti­gua, no se ori­gi­nó con el capi­ta­lis­mo, aun­que en este modo de pro­duc­ción alcan­za nive­les inima­gi­na­bles que en otras épo­cas his­tó­ri­cas. La tie­rra es el gene­ra­dor prin­ci­pal de las gue­rras por los recur­sos, como suce­de en Colom­bia. La dife­ren­cia de las gue­rras tra­di­cio­na­les por los recur­sos con la que se lle­va a cabo en la actua­li­dad en el seno del capi­ta­lis­mo radi­ca en que aho­ra sí está cla­ro que asis­ti­mos a un ace­le­ra­do ago­ta­mien­to de esos recur­sos, lo que tor­na su dispu­ta más feroz y san­grien­ta, como se demues­tra en las gue­rras impe­ria­lis­tas. Y no se vaya a creer que sola­men­te se está hablan­do del ago­ta­mien­to de los recur­sos estra­té­gi­cos (petró­leo y mine­ra­les), sino que inclu­so la irra­cio­na­li­dad del capi­ta­lis­mo ha lle­va­do a que cosas que se con­si­de­ra­ban casi inago­ta­bles están empe­zan­do a dis­mi­nuir, como suce­de con la are­na. Sí, la are­na, que es mate­ria pri­ma para la cons­truc­ción de edi­fi­cios, de carre­te­ras, de infra­es­truc­tu­ra mate­rial, pero tam­bién de los micro­chips de los equi­pos micro­elec­tró­ni­cos. No extra­ña por­que de la natu­ra­le­za se extraen cada año la alu­ci­nan­te cifra de 15 mil millo­nes de tone­la­das, lo que está arra­san­do con depó­si­tos de are­na, con pla­yas y con islas ente­ras. En Indo­ne­sia, para citar un caso, han des­apa­re­ci­do 25 islas por el saqueo de la are­na de su super­fi­cie (Riech­mann, 2015: 50).

4. Guerras climáticas

El tér­mino, en prin­ci­pio, pare­ce­ría algo eté­reo por­que el cli­ma, como fenó­meno natu­ral, no pro­du­ce nin­gu­na gue­rra, pues­to que las gue­rras resul­tan de las fuer­zas socia­les que lo modi­fi­can y alte­ran el com­por­ta­mien­to nor­mal de una deter­mi­na­da socie­dad. En sen­ti­do amplio, casi como metá­fo­ra, gue­rras cli­má­ti­cas alu­de al hecho que las modi­fi­ca­cio­nes cli­má­ti­cas alte­ran los rit­mos de fun­cio­na­mien­to de una socie­dad, incre­men­tan las desigual­da­des, acen­túan la pobre­za, deser­ti­fi­can los terre­nos, des­tru­yen eco­sis­te­mas, difi­cul­tan la con­se­cu­ción de ali­men­tos y agua, fomen­tan la expul­sión de una mayor can­ti­dad de per­so­nas, entre muchos fac­to­res. Como metá­fo­ra, pues, en gran medi­da las gue­rras cli­má­ti­cas nos remi­ten a las con­se­cuen­cias socia­les, eco­nó­mi­cas y ambien­ta­les que tie­nen los tras­tor­nos cli­má­ti­cos, que a su vez son pro­du­ci­dos por accio­nes socia­les. Por ejem­plo, cuan­do el hura­cán Katri­na embis­tió con­tra las cos­tas de Lui­sia­na, y fue par­ti­cu­lar­men­te fuer­te en Nue­vo Orleans, en don­de pro­du­jo algo más de dos mil muer­tos, se esta­ría sos­te­nien­do que eso hace par­te de una gue­rra cli­má­ti­ca (Mil­man, 2015).

Si esto suce­de en los Esta­dos Uni­dos, la pri­me­ra poten­cia mun­dial, peor es lo que acon­te­ce en otros luga­res del pla­ne­ta, prin­ci­pal­men­te en la peri­fe­ria del capi­ta­lis­mo. Por ejem­plo, el con­flic­to mili­tar de Siria debe­ría ser vis­ta como una gue­rra cli­má­ti­ca, dado que fue pre­ce­di­da por una his­tó­ri­ca sequía que duró más de 10 años y arrui­nó a más de un millón de agri­cul­to­res, cau­só gran­des migra­cio­nes inte­rio­res y agu­di­zó tan­to las crí­ti­cas al régi­men de Assad como aumen­tó las ten­sio­nes inter­ét­ni­cas e inter­re­li­gio­sas (Ham­mers­tein, 2015).

En ambos casos, las vic­ti­mas de estas gue­rras cli­má­ti­cas han sido los más pobres entre los pobres. En este sen­ti­do amplio, las gue­rras cli­má­ti­cas son ante­rio­res a la emer­gen­cia del capi­ta­lis­mo y se han pre­sen­ta­do en diver­sos perío­dos his­tó­ri­cos. Por ejem­plo, podrían con­si­de­rar­se como resul­ta­do de gue­rras cli­má­ti­cas la expan­sión y deca­den­cia de la civi­li­za­ción maya en Mesoa­mé­ri­ca. En efec­to, en la región caye­ron gran­des llu­vias duran­te cer­ca de dos siglos (entre el 450 y el 660) que favo­re­cie­ron la pro­duc­ción de ali­men­tos y el cre­ci­mien­to demo­grá­fi­co, así como la cons­truc­ción de gran­des ciu­da­des. Pero lue­go de eso sobre­vino un perío­do de sequias que se pro­lon­gó duran­te cua­tro siglos, sequias que redu­je­ron la pro­duc­ción agrí­co­la y gene­ra­ron una frag­men­ta­ción social y el colap­so polí­ti­co de la cas­ta domi­nan­te. Exis­tió un víncu­lo direc­to entre la sequía pro­lon­ga­da, la reduc­ción de las cose­chas, el ham­bre, la muer­te y el des­pla­za­mien­to obli­ga­do de pobla­ción. Al prin­ci­pio, en el perío­do en que abun­da­ron las llu­vias se refor­zó el poder de los reyes de los cen­tros pobla­dos, que recla­ma­ban el cré­di­to por las llu­vias que traían pros­pe­ri­dad y rea­li­za­ban sacri­fi­cios de san­gre públi­cos des­ti­na­dos a man­te­ner el cli­ma favo­ra­ble a la agri­cul­tu­ra. Pero, cuan­do el perio­do de llu­vias cam­bió gra­dual­men­te al cli­ma seco, en torno al año 660, el poder de los reyes y su influen­cia se derrum­ba­ron, lo que tie­ne estre­cha rela­ción con el aumen­to de las gue­rras por los recur­sos esca­sos. Cuan­do los reyes, a los ojos de la pobla­ción, eran capa­ces de hacer llo­ver, man­tu­vie­ron su hege­mo­nía, pero cuan­do las cosas empe­za­ron a cam­biar, y dejó de llo­ver: y si a pesar de hacer cere­mo­nias para que mejo­ren no pasa nada, enton­ces la gen­te empie­za a cues­tio­nar si los reyes real­men­te debe­rían estar a car­go de la comu­ni­dad. Estas pala­bras del Dou­glas Ken­nett, antro­pó­lo­go de la Uni­ver­si­dad de Penn Sta­te enfa­ti­zan el impac­to que las modi­fi­ca­cio­nes cli­má­ti­cas tuvie­ron en la suer­te de los Mayas (La Jor­na­da, 2012 /​Gill, 2008 /​Fagan, 2009: 193 y ss).

En sen­ti­do estric­to, sí exis­ten gue­rras cli­má­ti­cas cuan­do cons­cien­te­men­te un sec­tor de la socie­dad (una cla­se domi­nan­te o un esta­do impe­ria­lis­ta) inci­de en la alte­ra­ción del cli­ma, median­te el uso de armas, como estra­te­gia de gue­rra, con la fina­li­dad de des­truir sis­te­mas agrí­co­las, eco­sis­te­mas, o recur­sos hídri­cos en un deter­mi­na­do terri­to­rio, don­de resi­den per­so­nas que per­te­ne­cen al que se con­si­de­ran como ban­do enemi­go. En esta direc­ción, el caso más men­cio­na­do es el del lla­ma­do Pro­gra­ma de Inves­ti­ga­ción de Auro­ra Acti­va de Alta Fre­cuen­cia (HAARP, por sus siglas en inglés) por par­te de los Esta­dos Uni­dos, un pro­yec­to mili­tar para alte­rar el cli­ma en los terri­to­rios enemi­gos. Según el inves­ti­ga­dor cana­dien­se Michel Chos­su­dovsky (2007): Des­de el pun­to de vis­ta mili­tar, HAARP es un arma de des­truc­ción masi­va, que ope­ra des­de la atmós­fe­ra exte­rior y es capaz de des­es­ta­bi­li­zar sis­te­mas agrí­co­las y eco­ló­gi­cos en todo el mun­do.

Un ante­ce­den­te de esa estra­te­gia de gue­rra fue la uti­li­za­ción de téc­ni­cas de bom­bar­deo de nubes, que comen­zó en 1967 con el Pro­yec­to Pope­ye en Viet­nam, que fue desa­rro­lla­da por los Esta­dos Uni­dos entre 1967 y 1972, como el pri­mer uso sis­te­má­ti­co y hos­til, cono­ci­do en la his­to­ria, de las téc­ni­cas de modi­fi­ca­ción ambien­tal, en el mar­co de la gue­rra del Sud­es­te Asiá­ti­co. Su obje­ti­vo era pro­lon­gar la esta­ción del mon­zón y cor­tar los sumi­nis­tros por la pis­ta Ho Chi Minh, por la cual Viet­nam del Nor­te abas­te­cía a las Fuer­zas de Libe­ra­ción de Viet­nam del Sur (Viet­cong). Para difi­cul­tar el trá­fi­co de sumi­nis­tros que apor­ta­ba esa ruta, la 54ª Escua­dri­lla de Reco­no­ci­mien­to Meteo­ro­ló­gi­co, sem­bró el cie­lo con Iodu­ro de Pla­ta para que el perio­do de llu­vias aumen­ta­ra un pro­me­dio de 30 a 45 días. Se pre­ten­día que la llu­via pro­vo­ca­ra des­pren­di­mien­tos sobre las cal­za­das, que los ríos se des­bor­da­ran y que el terreno que­da­ra imprac­ti­ca­ble para el trán­si­to de camio­nes. Esas ope­ra­cio­nes de con­tra­in­sur­gen­cia cli­má­ti­ca se ini­cia­ron el 20 de mar­zo de 1967 y se pro­lon­ga­ron duran­te la esta­ción llu­vio­sa (mar­zo-noviem­bre) has­ta el año 1972. Los encar­ga­dos de la misión eran tres avio­nes C‑130 y dos F4‑C, que par­tían de la Base de la Fuer­za Aérea Tai­lan­de­sa, situa­da en Udorn, dos veces por día. Los vue­los eran ofi­cial­men­te misio­nes de reco­no­ci­mien­to, las tri­pu­la­cio­nes eran rota­to­rias y for­ma­ban par­te de la 54ª Escua­dri­lla de Reco­no­ci­mien­to Meteo­ro­ló­gi­co esta­cio­na­da en la isla de Guam, sien­do su come­ti­do teó­ri­co la rea­li­za­ción de un par­te meteo­ro­ló­gi­co. […] En total se rea­li­za­ron 2602 misio­nes, sem­bran­do 47.409 nubes, y con un cos­to de 21.6 millo­nes de dóla­res (Curio­si­da­des Guin­ness, 2009).

En la actua­li­dad, la gue­rra de Dar­fur (Sudan) pue­de ser con­si­de­ra­da como la pri­me­ra gue­rra cli­má­ti­ca, cau­sa­da por el calen­ta­mien­to glo­bal. El deto­nan­te del con­flic­to arma­do es la fal­ta de llu­vias, que gene­ran esca­sez de agua, pro­du­cen sequías y devas­tan el sue­lo. En esas con­di­cio­nes, no hay lugar para que pas­ten los gana­dos ni los cam­pe­si­nos pue­dan sem­brar sus cose­chas. Los diver­sos gru­pos étni­cos que habi­tan en la región están pelean­do por el acce­so a los recur­sos bási­cos que les per­mi­tan sobre­vi­vir y que son cada día más esca­sos. El tras­fon­do del enfren­ta­mien­to, sin embar­go, se enmas­ca­ra en un cho­que étni­co y racial entre ára­bes y negros. Pero exis­te un asun­to que no se men­cio­na, y es esen­cial para enten­der el impac­to de las modi­fi­ca­cio­nes cli­má­ti­cas en la región: la pre­sen­cia en Sudan de empre­sas mul­ti­na­cio­na­les del petró­leo, cuyo inte­rés es apro­piar­se de las reser­vas de hidro­car­bu­ros exis­ten­tes y las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les, impul­sa­das por el FMI que endeu­da­ron al país y le hicie­ron des­ti­nar recur­sos para cum­plir con sus com­pro­mi­sos finan­cie­ros antes que afron­tar sus pro­ble­mas inter­nos (Nea­le, 2012: 328).

En rigor, es nece­sa­rio enfa­ti­zar que no exis­ten gue­rras que son cau­sa­das sim­ple­men­te por el calen­ta­mien­to glo­bal y lo que ha ocu­rri­do en Dar­fur es una tra­ge­dia cli­má­ti­ca, pero tam­bién fue con­se­cuen­cia del neo­li­be­ra­lis­mo y de la com­pe­ten­cia glo­bal por las reser­vas de petró­leo suda­ne­sas (ibíd.: 313).

Lue­go de haber pre­sen­ta­do este pano­ra­ma es indis­pen­sa­ble seña­lar los nexos que exis­ten entre estos cua­tro tipos de gue­rra, entre los cua­les la macro-cues­tión está sig­na­da por el tras­torno cli­má­ti­co. Esto quie­re decir en bre­ve que las gue­rras cli­má­ti­cas son al mis­mo tiem­po gue­rras ambien­ta­les, hídri­cas y por los recur­sos, pero cada una de estas últi­mas tie­ne como móvil espe­cí­fi­co y prin­ci­pal la apro­pia­ción y/​o des­truc­ción del medio ambien­te, del agua o de la tie­rra u otro recur­so natu­ral. En reali­dad, es muy difí­cil sepa­rar, por lo menos en la actua­li­dad, las gue­rras cli­má­ti­cas de las demás que hemos men­cio­na­do, por la sen­ci­lla razón de que las modi­fi­ca­cio­nes cli­má­ti­cas gene­ra­das por el capi­ta­lis­mo retro­ali­men­tan y acen­túan la pre­sión sobre los eco­sis­te­mas, el agua, la tie­rra y la apro­pia­ción de mine­ra­les y ener­gía. Sola­men­te en tér­mi­nos meto­do­ló­gi­cos se habla de cada uno de estos tipos de gue­rra, en la medi­da en que se quie­re enfa­ti­zar cuál sería el aspec­to prin­ci­pal que la deter­mi­na. Lo úni­co cier­to es que en el tras­fon­do emer­ge como razón fun­da­men­tal, la expan­sión mun­dial del capi­ta­lis­mo, con todas sus secue­las de des­truc­ción y des­pil­fa­rro.

II. Capitalismo y calentamiento global

El calen­ta­mien­to glo­bal que gene­ra el capi­ta­lis­mo tie­ne con­se­cuen­cias, que están rela­cio­na­das en for­ma estre­cha con su lógi­ca des­truc­ti­va y explo­ta­do­ra, como se exa­mi­na a con­ti­nua­ción.

1. Explotación laboral y calentamiento global: dos por el precio de uno

Una carac­te­rís­ti­ca dis­tin­ti­va del capi­ta­lis­mo es la explo­ta­ción de los tra­ba­ja­do­res, en don­de se ori­gi­na la plus­va­lía que es la fuen­te de la acu­mu­la­ción del capi­tal. Pues resul­ta que dicha explo­ta­ción en el capi­ta­lis­mo actual no está des­li­ga­da del aumen­to de la tem­pe­ra­tu­ra en el pla­ne­ta ente­ro. Un dato es indi­ca­ti­vo: el pre­do­mi­nio del capi­ta­lis­mo en su ver­sión neo­li­be­ral, momen­to en el cual se dis­pa­ra­ron las emi­sio­nes de gases de efec­to inver­na­de­ro, coin­ci­de ple­na­men­te con la pér­di­da de dere­chos de los tra­ba­ja­do­res, la fle­xi­bi­li­za­ción labo­ral, y la explo­ta­ción inten­si­fi­ca­da en Chi­na y el orbe ente­ro.

Chi­na se ha con­ver­ti­do en el taller del mun­do y allí está en mar­cha una Revo­lu­ción Indus­trial al esti­lo inglés del siglo XVIII, con la dife­ren­cia de que sus efec­tos huma­nos y ambien­ta­les hay que mul­ti­pli­car­los por mil y se pro­du­ce en un tiem­po ace­le­ra­do, por­que mien­tras la de Ingla­te­rra nece­si­tó de un siglo, la de Chi­na no lle­va sino 25 años. Esa trans­for­ma­ción ace­le­ra­da de Chi­na hacia el capi­ta­lis­mo está liga­da a su pro­duc­ción para el mer­ca­do mun­dial, que se sus­ten­ta en dos pre­mi­sas: fuer­za de tra­ba­jo bara­ta, abun­dan­te y explo­ta­da al máxi­mo, y des­truc­ción de eco­sis­te­mas, con­ta­mi­na­ción y uso inten­si­vo de com­bus­ti­bles fósi­les, car­bón entre ellos, para satis­fa­cer los reque­ri­mien­tos del capi­ta­lis­mo mun­dial.

El nexo entre explo­ta­ción y calen­ta­mien­to glo­bal se evi­den­cia en el hecho de que en Chi­na coin­ci­den, como mues­tra a vas­ta esca­la de lo que suce­de en gran par­te del mun­do, un incre­men­to del uso de ener­gía sucia con un irres­pe­to por la fuer­za de tra­ba­jo. Como dice Nao­mi Klein, dos por el pre­cio de uno. Pero la res­pon­sa­bi­li­dad no es solo de Chi­na, sino del capi­ta­lis­mo cen­tral, por­que lo que se pro­du­ce en el gigan­te asiá­ti­co está orien­ta­do hacia este últi­mo.

Si se qui­sie­ra ilus­trar el asun­to con un ejem­plo solo bas­ta recor­dar que for­man par­te de una mis­ma lógi­ca, la del capi­ta­lis­mo, los tra­ba­ja­do­res de las fábri­cas de la muer­te (rega­das por el orbe ente­ro) que labo­ran en con­di­cio­nes opro­bio­sas y duran­te inter­mi­na­bles jor­na­das y tam­bién los habi­tan­tes de las ciu­da­des (como Pekín o Mede­llín) que se asfi­xian en la nie­bla con­ta­mi­nan­te (esmog) que resul­ta, en gran medi­da, de la uti­li­za­ción masi­va y sin con­trol de auto­mó­vi­les y moto­ci­cle­tas, que han sido pro­du­ci­dos por los obre­ros de aque­llos talle­res de la muer­te (Klein, 2015: 111–112).

2. Calentamiento global y desigualdad social extrema

Enero de 2016 ha sido un mes terri­ble­men­te calu­ro­so en el mun­do y tam­bién en Colom­bia. Algu­nos datos lo demues­tran: en Espa­ña la tem­pe­ra­tu­ra ha esta­do 2.3°C por enci­ma de lo nor­mal; en Argen­ti­na se regis­tra­ron las tem­pe­ra­tu­ras más altas del últi­mo medio siglo, por enci­ma de los 40°C; en Bogo­tá se alcan­zó una tem­pe­ra­tu­ra record de 25.6°C y en Puer­to Sal­gar el ter­mó­me­tro reba­só los 45°C, la tem­pe­ra­tu­ra más alta regis­tra­da en algún lugar del país en todos los tiem­pos.

Mien­tras el pla­ne­ta tie­rra se calien­ta en for­ma peli­gro­sa, el 18 de enero la ONG Oxfam dio a cono­cer un infor­me sobre la desigual­dad en el mun­do, en la que seña­la que el 1% de la pobla­ción mun­dial (los super­mi­llo­na­rios) tie­nen tan­ta rique­za como el 99% res­tan­te, 62 poten­ta­dos poseen la mis­ma rique­za que 3.600 millo­nes de per­so­nas (la mitad más pobre de la huma­ni­dad) y la rique­za en manos de esas 62 per­so­nas se incre­men­tó en un 44% en los últi­mos cin­co años. Colom­bia es, a su vez, uno de los paí­ses más desigua­les del mun­do: el 10% de la pobla­ción más rica del país gana cua­tro veces más que el 40% más pobre; 32% de la pobla­ción es pobre, con ingre­sos infe­rio­res a 200 mil pesos men­sua­les y sola­men­te el 2.4% de per­so­nas tie­nen ingre­sos supe­rio­res a 2, 7 millo­nes de pesos men­sua­les; con razón, el eco­no­mis­ta Tho­mas Piketty aca­ba de decir en una con­fe­ren­cia dic­ta­da en Bogo­tá que la desigual­dad en Colom­bia es una de las más altas del mun­do.

A pri­me­ra vis­ta, estas dos infor­ma­cio­nes –la de un calor abra­za­dor sin pre­ce­den­tes y la acu­mu­la­ción de la rique­za en manos de unos cuan­tos indi­vi­duos– no ten­drían nada que ver la una con la otra. En reali­dad, están ínti­ma­men­te conec­ta­das en una estre­cha rela­ción, que vale la pena des­en­tra­ñar, ya que el mis­te­rio sub­ya­ce en la esen­cia del fun­cio­na­mien­to del capi­ta­lis­mo real­men­te exis­ten­te.

Ya está esta­ble­ci­do que el calen­ta­mien­to glo­bal es el resul­ta­do de la pro­duc­ción incre­men­ta­da de deter­mi­na­dos gases, deno­mi­na­dos por eso mis­mo Gases de Efec­to Inver­na­de­ro (GEI), entre los cua­les se encuen­tran el Dió­xi­do de Car­bono (CO2), el metano (CH4), vapor de agua y óxi­do nitro­so entre los más impor­tan­tes.

A su vez, los GEI se incre­men­tan en la medi­da en que cada día se pro­du­cen más mer­can­cías de todo tipo (empe­zan­do por los auto­mó­vi­les, avio­nes, bar­cos, apa­ra­tos micro­elec­tró­ni­cos…); cre­cen las ciu­da­des o sur­gen nue­vas, como en Chi­na en don­de en los últi­mos 25 años han apa­re­ci­do 160, cada una de ellas con un millón de habi­tan­tes, y de esa for­ma se arra­san los eco­sis­te­mas y se des­tru­yen y con­ta­mi­nan las fuen­tes de agua; aumen­tan los via­jes y el uso de trans­por­tes que con­su­men ener­gías fósi­les; se indus­tria­li­za y petro­li­za la agri­cul­tu­ra, y se aca­ba con las eco­no­mías cam­pe­si­nas; se pro­du­cen a gran esca­la mer­can­cías desecha­bles, que supo­nen el con­su­mo des­truc­ti­vo de plás­ti­co, papel, cobre y mucho más; en fin, se gene­ra­li­za la pro­duc­ción de mer­can­cías, pero no con el fin de satis­fa­cer las ver­da­de­ras nece­si­da­des huma­nas, sino para incre­men­tar las ganan­cias de los empre­sa­rios capi­ta­lis­tas.

Para pro­du­cir esas mer­can­cías se requie­ren gran­des can­ti­da­des de mate­ria­les, como los mine­ra­les, y ener­gía, prin­ci­pal­men­te petró­leo. Extraer tan­to los mine­ra­les como el petró­leo resul­ta muy cos­to­so en tér­mi­nos ambien­ta­les y huma­nos, pues­to que se des­tru­yen los luga­res don­de se alma­ce­nan esos depó­si­tos de rique­za geo­ló­gi­ca y se arra­sa con las socie­da­des que allí se encuen­tran. Esa bús­que­da insa­cia­ble de nue­vas reser­vas de ener­gía y mate­ria­les, en un pla­ne­ta con recur­sos limi­ta­dos, tie­ne efec­tos devas­ta­do­res sobre los eco­sis­te­mas y la base natu­ral del pla­ne­ta, empo­bre­cien­do a millo­nes de seres huma­nos, mien­tras enri­que­ce a una exi­gua mino­ría, for­ma­da por los mis­mos due­ños de las empre­sas de los sec­to­res que con­ta­mi­nan el mun­do, y gene­ran la mayor can­ti­dad de GEI.

Conclusión: el calentamiento global refuerza el anticapitalismo

Naomy Klein ha dicho que el calen­ta­mien­to glo­bal debe gene­rar un pode­ro­so rela­to anti­ca­pi­ta­lis­ta, por­que el capi­ta­lis­mo cues­tio­na la mis­ma exis­ten­cia de los seres huma­nos sobre la tie­rra. Si esa no es una razón sufi­cien­te para ser anti­ca­pi­ta­lis­ta, es difí­cil pen­sar que lo pue­de gene­rar. La cues­tión es que los pro­ble­mas cli­má­ti­cos y ambien­ta­les que ori­gi­na el capi­ta­lis­mo se empa­ren­tan y amplían los moti­vos de lucha, en una agen­da anti­ca­pi­ta­lis­ta. Estas razo­nes se deben jun­tar con las luchas de los tra­ba­ja­do­res, los pobres y todos los suje­tos que sufren y sopor­tan la explo­ta­ción y la opre­sión del capi­ta­lis­mo. La lucha con­tra el calen­ta­mien­to glo­bal está conec­ta­da con la lucha que se libra con­tra la explo­ta­ción redo­bla­da de los tra­ba­ja­do­res, como en el caso de Chi­na. Y tam­bién con la defen­sa de los eco­sis­te­mas y los acuí­fe­ros, para garan­ti­zar que se van a tener fuen­tes de agua y de ali­men­ta­ción en un futu­ro pró­xi­mo.

En Colom­bia y en Amé­ri­ca Lati­na defen­der un pára­mo, un gla­ciar no es una moda, sino una nece­si­dad urgen­te para pre­ser­var las fuen­tes de agua dul­ce, para que no se des­tru­ya esas fuen­tes natu­ra­les y para que tam­po­co que­de en manos de empre­sas capi­ta­lis­tas, de la mine­ría por ejem­plo.

Para evi­tar las gue­rras cli­má­ti­cas hay que ata­car su ori­gen, que no es otro sino el capi­ta­lis­mo. Por ello, un pro­yec­to anti­ca­pi­ta­lis­ta eco­so­cia­lis­ta está hoy al orden del día, más que nun­ca, aun­que des­de lue­go el camino no sea fácil. Entre ese pro­yec­to eco­so­cia­lis­ta se indi­ca que las solu­cio­nes no pue­den ser indi­vi­dua­les y ais­la­das, sino colec­ti­vas y demo­crá­ti­cas.

Como pun­to de par­ti­da, se debe plan­tear la nece­si­dad de cam­biar las rela­cio­nes socia­les domi­nan­tes, esto es, el capi­ta­lis­mo. Por eso, para­fra­sean­do a Daniel Tanu­ro, quien no quie­ra hablar de capi­ta­lis­mo, que no hable de calen­ta­mien­to glo­bal o vuel­co cli­má­ti­co.

Un autor que ha escri­to un intere­san­te libro sobre las Gue­rras cli­má­ti­cas, pese a que no pro­nun­cia ni una vez el voca­blo capi­ta­lis­mo en su obra, sin embar­go, lo men­cio­na de for­ma implí­ci­ta cuan­do sos­tie­ne que hemos lle­ga­do a un peli­gro­so lími­te en la his­to­ria del homo sapiens: Este expe­ri­men­tum mun­di lle­va ape­nas 40 mil años, su varian­te occi­den­tal 250, y en ese mis­mo lap­so se des­tru­ye­ron más las bases para la super­vi­ven­cia que en los 39.750 años ante­rio­res. Esta des­truc­ción de las bases para la super­vi­ven­cia impli­ca una ani­qui­la­ción de las opor­tu­ni­da­des, no sólo del pre­sen­te, sino tam­bién del futu­ro (Wel­zer, 2010: 315).

Entre algu­nas de las pro­pues­tas de un pro­gra­ma eco­so­cia­lis­ta se encuen­tran: impo­ner nor­mas de dura­bi­li­dad a los pro­duc­tos; redu­cir el trans­por­te en auto­mó­vil pri­va­do, tan­to en las ciu­da­des como fue­ra de ellas, con­cen­trán­do­se en sis­te­mas de trans­por­te colec­ti­vo y públi­co (pro­du­cir menos y trans­por­tar menos); res­trin­gir al máxi­mo el trans­por­te y con­su­mo de acti­vi­da­des inú­ti­les y dañi­nas (publi­ci­dad, pro­duc­ción de armas); una reduc­ción de la jor­na­da de tra­ba­jo sema­nal, sin dis­mi­nu­ción de sala­rio; gra­tui­dad de los ser­vi­cios bási­cos (edu­ca­ción, salud, cul­tu­ra); pre­ser­var los bos­ques, las sel­vas, los gla­cia­res, los pára­mos; un nue­vo sis­te­ma ener­gé­ti­co, que se base en fuen­tes reno­va­bles y de carác­ter públi­co; expro­pia­ción de los ban­cos y del sis­te­ma financiero(Tanuro, 2011a /​2011b; Riech­mann, 2012).

Por últi­mo, pode­mos decir que La cues­tión cli­má­ti­ca mar­ca… el prin­ci­pio de una nue­va era, no sólo para el capi­tal, sino tam­bién para sus adver­sa­rios: ya no hay pro­yec­to eman­ci­pa­dor que val­ga si no se tie­nen en cuen­ta los lími­tes e impe­ra­ti­vos natu­ra­les (Tanu­ro, 2011a: 170).

Renán Vega Can­tor

Otono de 2016

Fuen­te: Revis­ta Herra­mien­ta n° 58

Bibliografía

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Mil­man, Oli­ver (2015):Nao­mi Klein y el cam­bio cli­má­ti­co: Creí que lo mejor era escri­bir tal cual sobre mi pro­pio terror, con­sul­ta­do el 1 de mayo de 2016 (http://​www​.sin​per​mi​so​.info/​t​e​x​t​o​s​/​n​a​o​m​i​-​k​l​e​i​n​-​y​-​e​l​-​c​a​m​b​i​o​-​c​l​i​m​t​i​c​o​-​c​r​e​-​q​u​e​-​l​o​-​m​e​j​o​r​-​e​r​a​-​e​s​c​r​i​b​i​r​-​t​a​l​-​c​u​a​l​-​s​o​b​r​e​-​m​i​-​p​r​o​p​i​o​-​t​e​r​ror).

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Wel­zer, Harald:Gue­rras cli­má­ti­cas. Por qué mata­re­mos (y nos mata­rán) en el siglo XXI, Bue­nos Aires, Katz Edi­to­res, 2010.

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Iruzkina idatzi / Deja un comentario

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