La fir­ma de la paz en La Haba­na, las FARC-EP y las crí­ti­cas de la ultraizquierda

La con­cre­ción de un acuer­do defi­ni­ti­vo que per­mi­ti­ría la fir­ma de la paz en Colom­bia ha gene­ra­do diver­sas reacciones.

Estas se han pues­to en evi­den­cia con mayor cla­ri­dad a par­tir del últi­mo even­to cele­bra­do el pasa­do 23 de junio de 2016 en la Haba­na, Cuba, cuan­do con la pre­sen­cia del Pre­si­den­te de Colom­bia, Juan Manuel San­tos, del Coman­dan­te de las FARC-EP, Timo­león Jimé­nez y otras per­so­na­li­da­des, como el Pre­si­den­te de Cuba, Coman­dan­te Raúl Cas­tro, se esta­ble­ció el cese bila­te­ral defi­ni­ti­vo de accio­nes mili­ta­res como un paso más para poner fin a la con­fla­gra­ción arma­da, acto en el cual, ade­más, se puso en cono­ci­mien­to que la insur­gen­cia deja­ría las armas, las mis­mas que más ade­lan­te ser­vi­rían para la ela­bo­ra­ción de tres monumentos.

Des­de la dere­cha fas­cis­toi­de, ha sido Uri­be y sus adlá­te­res los que, des­de un ini­cio, han expre­sa­do su repu­dio al pro­ce­so de paz y han indi­ca­do que hay que ir con todo, es decir arre­ciar con más gue­rra, ase­si­na­tos, fal­sos posi­ti­vos con­tra el pue­blo y la gue­rri­lla de las FARC-EP, a la que, sin des­can­so, cali­fi­can como orga­ni­za­ción terro­ris­ta y criminal.

Por su par­te, sec­to­res de izquier­da, aun­que sin tan­to rui­do, qui­zás por pru­den­cia o por res­pe­to, tam­bién han expre­sa­do sus crí­ti­cas con­tra lo acor­da­do en los últi­mos meses en la Haba­na por par­te de la insur­gen­cia y el gobierno colom­biano, enfo­can­do sus cues­tio­na­mien­tos fun­da­men­tal­men­te con­tra las deci­sio­nes de las FARC-EP.

Un tra­ba­jo rea­li­za­do por el gue­rri­lle­ro fariano, Gabriel Ángel, titu­la­do: Las vías para la revo­lu­ción y el socia­lis­mo aún siguen sien­do explo­ra­das, ha gene­ra­do mucha más polé­mi­ca en per­so­nas y orga­ni­za­cio­nes vin­cu­la­das con la izquierda.

En sus crí­ti­cas, si pode­mos lla­mar­las así, pare­ce­ría que las FARC-EP, lo dice Gabriel Ángel con pre­ci­sión, clau­di­ca­ron y trai­cio­na­ron a la cau­sa de la revo­lu­ción colom­bia­na. No cabe otra cosa, enton­ces, que con­de­nar­las por acto tan vil.

Me acer­qué a las FARC-EP hace unos ocho años atrás. Cono­cí gen­te mara­vi­llo­sa. Apren­dí mucho de su lucha y su accio­nar y esa es la razón por la cual escri­bo estas pala­bras, ante los cues­tio­na­mien­tos que hoy se hacen a la agru­pa­ción que for­ma­ra Manuel Maru­lan­da y Jaco­bo Are­nas, entre otros gran­des héroes insurgentes.

Par­to por dejar en evi­den­cia el tra­ba­jo arduo lle­va­do ade­lan­te por la Dele­ga­ción de Paz de las FARC-EP, que no se ha dete­ni­do un solo ins­tan­te en el estu­dio de los temas fun­da­men­ta­les que com­pe­ten a las mayo­rías pobres de Colom­bia, para así ela­bo­rar las pro­pues­tas y pro­yec­tos que se han dis­cu­ti­do a lo lar­go de estos años en Cuba. Es nece­sa­rio indi­car la dis­ci­pli­na de las y los com­ba­tien­tes faria­nos, su con­duc­ta inta­cha­ble y su pro­fun­do amor por el estu­dio y el apren­di­za­je que se han evi­den­cia­do en la cons­ti­tu­ción de pági­nas web, en la ela­bo­ra­ción de escri­tos diver­sos y el desa­rro­llo de un noti­cie­ro, por solo poner unos ejemplos.

Cada una y cada uno de los miem­bros de las FARC-EP en la Isla, han dado el máxi­mo para que Colom­bia pue­da alcan­zar la paz con jus­ti­cia social.

¿Quién pue­de dudar de la inte­gri­dad moral de los com­ba­tien­tes faria­nos? Sería en ver­dad estúpido.

Ellos se las han juga­do el todo por el todo, tan­to en el cam­po de bata­lla mili­tar, como en el cam­po de bata­lla polí­ti­co. Algu­nos con una mili­tan­cia de toda una vida, otros con 15, 20, 30 años de lucha. Entre­ga­dos a la revo­lu­ción y trans­for­ma­ción del país, con el obje­ti­vo de cons­truir la Colom­bia Nueva.

Lo preo­cu­pan­te es que se pre­ten­da cues­tio­nar des­de fue­ra, que se quie­ra ata­car a quie­nes reci­bie­ron plo­mo, bom­bas y que sufrie­ron el emba­te más cruel del impe­ria­lis­mo y el Esta­do colom­biano con todos los pla­nes dise­ña­dos para masa­crar­los como fue­ron el Plan Colom­bia, el Plan Patrio­ta o el Plan Espa­da de Honor.

En el camino que­dó gen­te valio­sa: Raúl Reyes, Iván Ríos, el Mono Jojoy, Alfon­so Cano, Cali­che, Luce­ro y otras y otros com­pa­ñe­ros valiosos.

Pero no se arre­dra­ron. Con­ti­nua­ron y, en cier­ta for­ma, tam­bién logra­ron sus victorias.

Creo yo que el mayor triun­fo, hace cua­tro años y un poco más, es haber logra­do sen­tar­se en la mesa de con­ver­sa­cio­nes con el Esta­do colom­biano para dia­lo­gar, en igual­dad de con­di­cio­nes, sobre la paz para el país. En eso se empe­ñó el Coman­dan­te Alfon­so Cano.

, pese a todas las tra­bas de la oli­gar­quía colom­bia­na, las FARC-EP han podi­do con­cre­tar algu­nos acuer­dos impor­tan­tes, a más que han logra­do hacer públi­cas, pese al cer­co mediá­ti­co, cada idea por ellos pro­pues­ta. Nadie, en su sano jui­cio, pue­de dudar de la volun­tad de la insur­gen­cia faria­na para alcan­zar la paz con jus­ti­cia social. ¿Pue­den decir los ultra mar­xis­tas, maois­tas, tros­ts­kis­tas, sta­li­nis­tas que los coman­dan­tes revo­lu­cio­na­rios en Cuba, clau­di­ca­ron, se entre­ga­ron al Esta­do colom­biano y, de la noche a la maña­na, se hicie­ron reformistas?

Las crí­ti­cas sote­rra­das tam­bién están diri­gi­das con­tra las FARC-EP, por­que han deci­di­do dejar las armas como vía para alcan­zar el poder.

Mi cri­te­rio es que las armas no debe­rían entre­gar­se. En su tota­li­dad, por lo menos, creo que no. Expre­so esto, no con la idea de que la gue­rra con­ti­núe. No he cogi­do una pis­to­la, menos un fusil. No dejé mi hogar, ni la fami­lia para meter­me en las sel­vas y luchar para mate­ria­li­zar el sue­ño de la cons­truc­ción del socia­lis­mo. Mi apor­te ha sido modes­to, a tra­vés de la pala­bra habla­da y escri­ta. Un gra­ni­to de arena.

Mi preo­cu­pa­ción res­pec­to a la deja­ción de armas tie­ne que ver con el peli­gro que impli­ca para la orga­ni­za­ción y sus mili­tan­tes estar iner­mes fren­te a un apa­ra­to esta­tal poli­cial, mili­tar y para­mi­li­tar que uti­li­za­rá cual­quier recur­so para des­ha­cer­se de los revo­lu­cio­na­rios. En el impe­ria­lis­mo y en las oli­gar­quías de todo tipo, no hay que con­fiar ni un tan­ti­to así. Me acuer­do de San­dino y sus com­pa­ñe­ros ase­si­na­dos cobar­de­men­te en Nica­ra­gua, lue­go de fir­mar la paz. Me acuer­do de los miem­bros de la Unión Patrió­ti­ca masa­cra­dos por el Esta­do y sus fuer­zas repre­si­vas, inclui­dos los paracos.

Los cama­ra­das deben for­mar un ade­cua­do apa­ra­to de inte­li­gen­cia y segu­ri­dad para evi­tar una masa­cre. Los paras, los sica­rios van ace­char­los, y ahí hay que defen­der­se. Y eso se hace con armas.

Pero tam­bién preo­cu­pa, y mucho, la situa­ción de los cam­pe­si­nos en diver­sas zonas del país, quie­nes han expre­sa­do su temor por­que aho­ra van a que­dar des­pro­te­gi­dos ante los para­mi­li­ta­res y el mis­mo ejército.

Pen­sar que la lucha arma­da con­tra la cla­se domi­nan­te no tie­ne sen­ti­do, es una inge­nui­dad. Pero pen­sar que es la úni­ca vía, tam­po­co es correcto.

Hay una posi­bi­li­dad de luchar por la con­cre­ción de mejo­res con­di­cio­nes de vida para la mayo­ría de los colom­bia­nos, por otras vías que no sea la arma­da. Espe­re­mos que sea así. Y si esto fra­ca­sa, el pue­blo vol­ve­rá a orga­ni­zar sus mili­cias, sus gue­rri­llas, sus ejér­ci­tos revolucionarios.

Es muy arries­ga­da la deci­sión toma­da por los com­pa­ñe­ros de las FARC-EP. Qui­zás pequen de exce­si­va con­fian­za res­pec­to a las pro­me­sas del Esta­do colom­biano. Pero eso no pue­de des­ca­li­fi­car­los como trai­do­res, refor­mis­tas, social­de­mó­cra­tas o pragmáticos.

El mar­xis­mo es el aná­li­sis con­cre­to de la reali­dad con­cre­ta. Así lo seña­la Gabriel Ángel en su escri­to. Sí, por supuesto.

Hay poses de inte­lec­tua­les, de aca­dé­mi­cos pro­gre y otras de gurús revo­lu­cio­na­rios, mis­mos que pre­ten­den dan rece­tas para hacer las revoluciones.

Des­de fue­ra todo es fácil.

Uri­be azu­za a la gue­rra, pero los de su cla­se no van a la mis­ma. Sus hijos son unos chi­cos plás­ti­cos, de esos que andan por ahí, meti­dos en los nego­cios sucios de su padre. Por eso no impor­ta ins­ti­gar para que la con­fron­ta­ción arma­da siga.

Algu­nos, des­de la ultra­iz­quier­da, quie­ren que la insur­gen­cia siga en com­ba­te. Sin embar­go, su inter­na­cio­na­lis­mo solo lle­ga a expre­sar­se a tra­vés de comu­ni­ca­dos. Los más rebel­des no se deci­die­ron a meter­se al mon­te con los cama­ra­das faria­nos, como lo hicie­ron hace muchos años Ale­xan­dra Nari­ño, Nata­lie Mis­tral y más compañeros.

Así fun­cio­nan los cues­tio­na­mien­tos revo­lu­cio­na­rios, sus­ten­ta­dos en el dog­ma: si no se cum­ple la rece­ta dada para hacer las revo­lu­cio­nes, la orga­ni­za­ción cae en des­gra­cia ante los ojos de los sumos pon­tí­fi­ces de las trans­for­ma­cio­nes sociales.

Los duros crí­ti­cos que hoy con­de­nan a la insur­gen­cia, no hacen, ade­más, un aná­li­sis de la reali­dad colombiana.

Gabriel Ángel topa un tema impor­tan­tí­si­mo, con una visión grams­cia­na diría, que es el tema de la con­cien­cia política.

Fue Anto­nio Grams­ci el que hizo una refle­xión pro­fun­da sobre la par­te ideo­ló­gi­ca, sobre la cul­tu­ra y los pro­ce­sos de domi­na­ción por par­te del Esta­do para, a decir de Noam Chomsky, domes­ti­car al reba­ño desconcertado.

Hege­mo­nía es el tér­mino que uti­li­zó el revo­lu­cio­na­rio ita­liano, al que el fas­cis­mo con­du­jo a la muerte.

Sería bueno que aque­llos que des­de la izquier­da hablan sobre los acuer­dos de la Haba­na, inves­ti­guen lo que diver­sos sec­to­res de la pobla­ción colom­bia­na pien­san sobre la gue­rra y la insurgencia.

La paz, así a secas, es el sen­tir de la mayo­ría de la pobla­ción. Por supues­to que en los sec­to­res más cla­ros polí­ti­ca­men­te y en los no tan cla­ros, pero que tie­nen nece­si­da­des fun­da­men­ta­les, tie­nen la espe­ran­za de que ésta paz esté acom­pa­ña­da de jus­ti­cia social.

La bur­gue­sía, en cam­bio, quie­re la paz, para domi­nar, explo­tar y feriar el país con mayor faci­li­dad. Para ellos será más fácil hacer­lo sin una insur­gen­cia fuer­te que com­ba­tir. En eso estoy muy cla­ro. De todas mane­ras, el sen­tir gene­ral es la nece­si­dad de paz, es decir poner fin a la gue­rra, a la con­fron­ta­ción arma­da den­tro de Colombia.

¿Han sido derro­ta­das las FARC en este sentido?

Per­so­nal­men­te, no pien­so que sea así. Demos­tra­ron mucha capa­ci­dad para adap­tar­se a las nue­vas cir­cuns­tan­cias de la gue­rra. Por supues­to que sufrie­ron gol­pes duros. La fuer­za enemi­ga, apo­ya­da inter­na­cio­nal­men­te por el impe­ria­lis­mo yan­qui, bri­tá­ni­co y por el sio­nis­mo cri­mi­nal, podía sos­te­ner los gas­tos de la gue­rra, a cos­ta del sufri­mien­to del pue­blo colom­biano, sin impor­tar­le abso­lu­ta­men­te nada.

Del otro lado, la cosa se hacía más com­pli­ca­da, aun­que jamás deja­ron de com­ba­tir a fuer­zas mili­tar­men­te pode­ro­sas, numé­ri­ca­men­te mayo­res y con tec­no­lo­gía de pun­ta. Las gue­rri­llas móvi­les fue­ron muy efi­ca­ces y la moral de com­ba­te, acom­pa­ña­da de un ade­cua­do entre­na­mien­to, detu­vo el emba­te enemi­go y le ases­tó golpes.

En fin, vol­vien­do al tema cul­tu­ral, del Esta­do y sus apa­ra­tos ideo­ló­gi­cos, la oli­gar­quía tie­ne gana­do un gran espa­cio. La cul­tu­ra tra­que­ta, la de lo banal, se han impues­to en la socie­dad colom­bia­na, cul­tu­ra que ha pene­tra­do en la men­te de las per­so­nas y de la que no esca­pan, tam­bién, los guerrilleros.

Los apa­ra­tos de poder para embru­te­cer a la gen­te, han desa­rro­lla­do una diver­si­dad de con­te­ni­dos musi­ca­les ofen­si­vos, des­pro­vis­tos de belle­za poé­ti­ca y artís­ti­ca. Igual lo han hecho con la pro­gra­ma­ción tele­vi­si­va y las pro­duc­cio­nes cine­ma­to­grá­fi­cas. El con­su­mis­mo es fomen­ta­do por la publi­ci­dad, mien­tras la gen­te quie­re tener de todo lo que la indus­tria publi­ci­ta­ria capi­ta­lis­ta le pro­po­ne, como sím­bo­lo inclu­so de sta­tus social.

Ese apa­ra­to mediá­ti­co, pro­pa­gan­dís­ti­co ha sido un ins­tru­men­to efi­caz en la gue­rra sico­ló­gi­ca de baja inten­si­dad lle­va­da a cabo con­tra las FARC-EP, orga­ni­za­ción que ha reci­bi­do serios gol­pes en este sentido.

Mer­ce­na­rios de tin­ta y de micró­fono han cali­fi­ca­do a la insur­gen­cia de terro­ris­ta, la han acu­sa­do de come­ter exe­cra­bles crí­me­nes, entre los que se inclu­yen vio­la­cio­nes a muje­res y tra­ta de blan­cas, así como el secues­tro y la extor­sión. No ha habi­do ata­que pro­pa­gan­dís­ti­co más furi­bun­do con­tra orga­ni­za­ción revo­lu­cio­na­ria en Amé­ri­ca Lati­na y qui­zás en el mun­do, que con­tra las FARC-EP.

Y eso ha teni­do un cos­to polí­ti­co muy alto.

La gue­rra no se gana sola­men­te con fusi­les y bom­bas. Esta se lle­va ade­lan­te tam­bién en el cam­po de las ideas y, en el caso de los revo­lu­cio­na­rios, como dijo Marx, si las ideas no pren­den en las masas, no son armas pode­ro­sas para la trans­for­ma­ción social. Fidel así tam­bién lo ha sabi­do comprender.

José Mar­tí, héroe de la inde­pen­den­cia de Cuba dijo que si de pen­sa­mien­to es la gue­rra que se nos hace, a fuer­za de pen­sa­mien­to hay que ganarla.

En este sen­ti­do me pare­ce opor­tu­na la refle­xión de Gabriel Ángel sobre el papel ideo­ló­gi­co y la nece­si­dad de ganar pue­blo para la defen­sa y con­cre­ción de las ideas revolucionarias.

Esta gue­rra es mucho más com­pli­ca­da. Y va ser más difí­cil, si no se con­cre­tan los meca­nis­mos ade­cua­dos para que la opo­si­ción polí­ti­ca de izquier­das en Colom­bia pue­da lle­var ade­lan­te su tra­ba­jo, sin temor a que sea cri­mi­na­li­za­da o sus mili­tan­tes ase­si­na­dos por el Esta­do o los paracos.

Para lle­var ade­lan­te este tra­ba­jo se requie­ren ade­más recur­sos, medios: pren­sa, radio, tele­vi­sión y, para poner­los en mar­cha, a más de dine­ro, el Esta­do debe per­mi­tir su fun­cio­na­mien­to, lo cual par­te por demo­cra­ti­zar la comu­ni­ca­ción en una socie­dad en la que el poder mediá­ti­co está en manos de fami­lias poderosas.

La lucha, en esas cir­cuns­tan­cias, se difi­cul­ta más que en las mon­ta­ñas, más que en la selva.

Los cama­ra­das de las FARC-EP, en medio de la lega­li­dad para su accio­nar que les ofre­ce el Esta­do colom­biano, ten­drán que for­ta­le­cer sus nor­mas de segu­ri­dad: com­par­ti­men­ta­ción, inte­li­gen­cia y tra­ba­jo clan­des­tino, tam­bién. No creo, en estas cir­cuns­tan­cias, exhi­bir los ros­tros de todos aque­llos que for­man par­te de las filas de las FARC-EP, faci­li­tan­do la tarea a los apa­ra­tos repre­si­vos y de inteligencia.

Otras inquie­tu­des se dan en torno a lo acor­da­do en La Haba­na has­ta hoy día.

Una de ellas tie­ne que ver con la apli­ca­ción de la jus­ti­cia. No habrá impu­ni­dad dicen, fun­da­men­tal­men­te des­de el gobierno colombiano.

Espe­re­mos que, como dice la sabi­du­ría popu­lar, la jus­ti­cia no se apli­que solo al de poncho.

No sé si los ver­da­de­ros res­pon­sa­bles de la gue­rra en Colom­bia: empre­sa­rios, lati­fun­dis­tas y mili­ta­res colom­bia­nos y extran­je­ros, auto­res inte­lec­tua­les y mate­ria­les de fal­sos posi­ti­vos, de masa­cres, del des­po­jo y des­pla­za­mien­to de pobla­cio­nes, vayan a ser juzgados.

Me preo­cu­pa saber, por ejem­plo, que va a pasar con las impu­tacio­nes pena­les que se han hecho con­tra los coman­dan­tes gue­rri­lle­ros, a los que en ausen­cia se los ha con­de­na­do a varios años de pri­sión, por una infi­ni­dad de crí­me­nes que no han cometido.

¿El sis­te­ma judi­cial colom­biano, va a borrar de un solo tajo todo aque­llo que ha arma­do duran­te años con­tra los miem­bros de la insur­gen­cia y que ha sido repe­ti­do por la pro­pa­gan­da con­tra las FARC-EP?

Hablan­do de jus­ti­cia, otra preo­cu­pa­ción es la rela­cio­na­da con la situa­ción de los pre­sos polí­ti­cos y de gue­rra que están pudrién­do­se en las cár­ce­les colom­bia­nas. El gobierno colom­biano no ha plan­tea­do real­men­te una polí­ti­ca para mejo­rar la situa­ción car­ce­la­ria, así como no ha habla­do seria­men­te de una amnis­tía de todos los dete­ni­dos por razo­nes polí­ti­cas o por haber­se levan­ta­do en armas con­tra el régi­men. Lo que ha hecho, más bien, es esta­ble­cer un códi­go poli­cial represivo.

No he escu­cha­do, ade­más, al gobierno de Juan Manuel San­tos y sus dele­ga­dos, pro­nun­ciar­se sobre la situa­ción de Simón Tri­ni­dad, dete­ni­do injus­ta­men­te en EEUU. Cree­ría que sería un tre­men­do error fir­mar un acuer­do final defi­ni­ti­vo, sin que libe­ren al Hom­bre de Hie­rro. El gobierno de Esta­dos Uni­dos dice apo­yar el pro­ce­so de paz, pero no ha dado mues­tras con­cre­tas de que­rer ayu­dar a su solu­ción: Simón Tri­ni­dad con­ti­núa pre­so, en con­di­cio­nes deplo­ra­bles, vio­lan­do sus dere­chos huma­nos, mien­tras los EEUU tie­nen toda­vía ase­so­res mili­ta­res en Colom­bia, así como bases para su tarea contrainsurgente.

En rela­ción a la orga­ni­za­ción gue­rri­lle­ra, mi preo­cu­pa­ción tie­ne que ver con la cohe­sión de la mis­ma. La vida mili­tar es dis­tin­ta a la vida civil. Los rit­mos se alte­ran y, si no hay una con­vi­ven­cia colec­ti­va, el indi­vi­duo empie­za a pen­sar en resol­ver su coti­dia­ni­dad lejos de otros.

Si antes se tra­ba­ja­ba para la orga­ni­za­ción, aho­ra indi­vi­dual­men­te qué va a suce­der, pues cada quien debe bus­car­se un sus­ten­to, me supon­go, y eso pue­de con­lle­var al aban­dono de acti­vi­da­des que antes den­tro de la orga­ni­za­ción polí­ti­co-mili­tar, si se las realizaba.

Pon­go ejem­plos con­cre­tos: des­per­tar­se a una hora deter­mi­na­da, ejer­ci­tar­se, tener una hora cul­tu­ral, rea­li­zar tareas pro­duc­ti­vas, reunio­nes de célu­la, etc. ¿podrán con­ti­nuar rea­li­zán­do­se en con­di­cio­nes dis­tin­tas a las de la dis­ci­pli­na mili­tar, revolucionaria?

En cuan­to al desa­rro­llo de la acti­vi­dad polí­ti­ca, dejó plan­tea­das algu­nas inquietudes.

Las FARC-EP han tra­ba­ja­do como par­ti­do polí­ti­co, no han sido una orga­ni­za­ción mili­ta­ris­ta. Jaco­bo Are­nas, Alfon­so Cano, Pablo Cata­tum­bo, Iván Már­quez, Jesús San­trich, entre muchos, han com­pren­di­do lo fun­da­men­tal de ese tra­ba­jo como orga­ni­za­ción. El PC3 ha lle­va­do un tra­ba­jo de masas en for­ma clan­des­ti­na, el Movi­mien­to Boli­va­riano por la Nue­va Colom­bia ha esta­do pre­sen­te en las luchas de diver­sos sec­to­res. Esa expe­rien­cia es valio­sa para la cons­ti­tu­ción de un pode­ro­so par­ti­do revolucionario.

El peli­gro radi­ca en dejar­se lle­var por el jue­go de la demo­cra­cia bur­gue­sa. Con­ver­tir­se en un par­ti­do elec­to­re­ro y sus inte­gran­tes en caza­do­res de pues­tos para alcal­días, el con­gre­so o el sena­do de la Repú­bli­ca. Ahí sur­gen las ambi­cio­nes por el poder, por el dinero.

Las FARC-EP debe­rán tra­ba­jar dura­men­te en este sen­ti­do, para evi­tar estas dis­tor­sio­nes en las que han caí­do diver­sas agru­pa­cio­nes de la izquier­da lati­no­ame­ri­ca­na y mundial.

El tra­ba­jo ideo­ló­gi­co polí­ti­co es fun­da­men­tal y el estu­dio del pen­sa­mien­to de Bolí­var, de Marx, de Engels, de Lenin, de Grams­ci (y yo digo, pese algu­nos crí­ti­cos duros, tam­bién el de Trotsky), del Che, de Fidel, de Chá­vez, de Manuel Maru­lan­da, de Alfon­so Cano debe ser fun­da­men­tal para que la orga­ni­za­ción avan­ce polí­ti­ca­men­te. Jamás olvi­dar, ade­más, los apor­tes hechos en la lucha por la revo­lu­ción colom­bia­na de valio­sos héroes insur­gen­tes como fue el Mono Jojoy.

Hay, de segu­ro, otros ele­men­tos que no los he topa­do en este escri­to. Ya ven­drán otros cama­ra­das des­de las FARC-EP o des­de otras agru­pa­cio­nes que los expon­gan y que con­tri­bu­yan al deba­te res­pe­tuo­so con una orga­ni­za­ción que se ganó des­de déca­das atrás, un sitial impor­tan­te en las luchas revo­lu­cio­na­rias por la cons­truc­ción del socialismo.

Por mi par­te, en estas nue­vas cir­cuns­tan­cias, como cuan­do las FARC-EP vivie­ron sus momen­tos más duros y difí­ci­les tras el bom­bar­deo a Angos­tu­ra en mar­zo de 2008 don­de murió ase­si­na­do Raúl Reyes, expre­so nue­va­men­te mi impli­ca­ción con la revo­lu­ción colom­bia­na y con las FARC-EP.

Me des­pi­do con la fra­se de Ber­tolt Brecht: La vic­to­ria de la razón solo pue­de ser la vic­to­ria de los que razo­nan.

Dax Tos­cano

Patria Gran­de, 8 de julio de 2016

Fuen­te: abpno­ti­cias

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