Fies­ta nacio­nal vasca

Ame­na­za otro verano san­grien­to, en las tie­rras de Fras­cue­lo y de María. Del que no se libra­rán, sal­vo Cana­rias y Cata­lun­ya, las colo­nias inte­rio­res. El san­grien­to verano espa­ñol trans­cu­rri­rá entre paso­do­bles, inso­por­ta­bles roji­gual­das, olés a los tore­ros y aplau­sos a la tor­tu­ra y la muer­te, con mos­cas y café com­ple­to. Como vie­ne sien­do des­de siempre.

¿Es una fies­ta? O una atro­ci­dad. Un resi­duo feu­dal cru­do sub­ven­cio­na­do con dine­ro públi­co y com­pli­ci­dad polí­ti­ca ?. Cata­la­nes y cana­rios, que ya están en el siglo XXI, lo han prohi­bi­do. No por amor a la patria. Ni odio a lo espa­ñol. Sino por éti­ca y com­pa­sión con los ani­ma­les. En la zona nor­te, en Euz­ka­di (Naba­rra inclui­da) lo esta­mos reha­bi­li­tan­do. Por ejem­plo en la cul­ta y euro­pea Donos­ti. Y en la comer­cial Bil­bao. Gra­cias, cómo no, al par­ti­do de Sota. El mal lla­ma­do PNV.

De modo, que segui­mos defen­dien­do la fies­ta nacio­nal espa­ño­la, como si nues­tra fue­ra. Como si fue­ra un icono nacio­nal vas­co. Es lo que pasa en Iru­ña, el ejem­plo mas cla­ro y mas san­gran­te, don­de tene­mos (por fin) lo que siem­pre había­mos que­ri­do: un alcal­de nacio­na­lis­ta de izquier­da y ade­más historiador.

Y esto tie­ne una com­pli­ca­da expli­ca­ción. Sal­vo por el exor­dio eco­nó­mi­co de favo­re­cer a los hote­le­ros, hos­te­le­ros y otros ban­de­ri­lle­ros, que votan siem­pre al mejor pos­tor. Los que dicen vivir del toro. Pero viven a cos­ta de su muer­te y tor­tu­ra. Los que dicen que les gus­tan los toros. Pero, en reali­dad, les gus­tan los toreros.

El sába­do 18 hubo una mani­fes­ta­ción en Bil­bao, que pro­tes­ta­ba por todo esto. Don­de los mani­fes­tan­tes lla­ma­ban ase­si­nos a los tore­ros y a sus ami­gos. Don­de se denun­cia­ba el mal­tra­to y la tor­tu­ra. Y don­de se gri­ta­ba a los miro­nes y a quie­nes no quie­ren saber nada. Por­que nadie pue­de decir, como con el holo­caus­to judío, que no se veía o que era men­ti­ra. Las pla­zas de tor­tu­ra son de cris­tal. Son recin­tos sinies­tros de puer­tas abier­tas. Su tor­tu­ra es tele­vi­sa­da y jalea­da en rota­ti­vas sucias y emi­so­ras corrup­tas. Y no solo no lo escon­den. Para mas ver­güen­za lo ven­den como cul­tu­ra y tra­di­ción. Igual que la abla­ción geni­tal, de las tri­bus africanas.

En nues­tra que­ri­da Iru­ña, la matan­za ves­per­ti­na no se escon­de. Se anun­cia y se jalea des­de la maña­na. Con chu­pi­na­zo y cáma­ras en direc­to. Entre jol­go­rio, resa­ca y carre­ras los toros son empu­ja­dos a la muer­te, por unos mozos a los que pare­ce que les va la vida en ello. Y algu­nos les va. Y lo ador­nan con la cita indis­pen­sa­ble al nove­lis­ta borra­cho. Otro icono de la capi­tal del rei­no vasco.

El sába­do, en las calles de Bil­bao, hubo una mani­fes­ta­ción. Bas­tan­te nutri­da, para los des­fa­vo­res, olvi­do y boi­cot que tuvo entre los gran­des medios. Las cifras varían. Entre unos cien­tos del deplo­ra­ble DEIA, has­ta los 6.000 que aven­tu­ra­ban los con­vo­can­tes, pasan­do por los 3.000 que con­ce­día un con­tem­po­ri­za­dor Espa­ñol de Vocen­to. Y solo Info 7 se atre­vió con una entre­vis­ta acep­ta­ble a la Pla­ta­for­ma organizadora.

Entre los asis­ten­tes, una mayo­ría impor­tan­te de jóve­nes y muje­res. Lo que invi­ta a una refle­xión gene­ra­cio­nal y faci­li­ta la feli­ci­ta­ción a este colec­ti­vo, tan sen­si­ble siem­pre y soli­da­rio con los pro­ble­mas de mal­tra­to y tor­tu­ra. Tam­bién estu­vie­ron las orga­ni­za­cio­nes con­vo­can­tes. Y, entre ellas, algu­nos repre­sen­tan­tes polí­ti­cos de Bil­du, Pode­mos o IU. Se con­ta­ba de ante­mano con las ausen­cias habi­tua­les de los PP, los PNV o los PSOE, dema­sia­do ocu­pa­dos en sus labo­res elec­to­ra­les y en man­te­ner las cosas como están. O sea, como esta­ban en el s. XIX.

No es la pri­me­ra vez que los polí­ti­cos están divi­di­dos en esta cues­tión. Ya en los años vein­te, los jóve­nes nacio­na­lis­tas pro­tes­ta­ban por las fies­tas de san­gre y cri­ti­ca­ban el per­fil de unas cele­bra­cio­nes fal­sas e impos­ta­das. Sobre ello, Eli Gallas­te­gi Guda­ri escri­bió un artícu­lo en Abe­rri. Con su habi­tual tono crí­ti­co tra­ta­ba las fies­tas de Bil­bao, recha­zan­do el ses­go ofi­cia­les­co e ins­ti­tu­cio­nal, que se daba a la ale­gría cha­ba­ca­na y pos­ti­za de las Bil­bo­ko Jaiak.

Gallas­te­gi era un joven rege­ne­ra­cio­nis­ta. Per­te­ne­cía a una gene­ra­ción preo­cu­pa­da y alar­ma­da por el retro­ce­so social y popu­lar de lo vas­co. Y por la inva­sión e impor­ta­ción ins­ti­tu­cio­na­li­za­da de cos­tum­bres y cul­tu­ra espa­ño­las. Entre ellas las repug­nan­tes matan­zas de ani­ma­les (toros y caba­llos), en las pla­zas, cons­trui­das para este úni­co fin. Este autor no encon­tra­ba en las ini­cia­ti­vas fes­ti­vas nin­gún entre­te­ni­mien­to noble, ins­truc­ti­vo o ele­va­do. Todo se redu­cía a Toros, Barra­cas y Fox­trox. Todo se dis­fra­za­ba de fies­ta nacio­nal espa­ño­la, con la san­grien­ta impor­ta­ción del sufri­mien­to ani­mal, con­si­de­ra­do como algo exó­ti­co y chic.

En el coso tau­rino, por unas horas y con seis víc­ti­mas ino­cen­tes, con­fra­ter­ni­za­ban fal­sa­men­te los ricos y los pobres. Los unos en el pal­co. Los otros en el ten­di­do de sol. Unos con lico­res caros. Otros con la bota de vina­zo. Pero todos alla­na­dos, el gus­to de la ple­be y de la aris­to­cra­cia, por el rito de la matan­za. Y el redon­del se con­ver­tía en la cima cruel y estú­pi­da de unas fies­tas gran­des, ale­gres y cele­bra­das. Que en reali­dad, igual que hoy, encu­brían el lamen­ta­ble pano­ra­ma nacio­nal vas­co. Don­de había poco que cele­brar. Y don­de pre­do­mi­na­ba la anor­ma­li­dad del rui­do y la músi­ca estri­den­te, de importación.

Y Guda­ri se pre­gun­ta­ba, con tris­te­za, ¿Habrá nacio­na­lis­tas tan envi­le­ci­dos que vayan aún a los toros?.

Jose­ma­ri Loren­zo Espinosa

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