La Segun­da Ley de la Ter­mo­di­ná­mi­ca y la pro­pie­dad del pueblo

Es pre­ci­so reco­no­cer que las cien­cias natu­ra­les han ido crean­do con­cep­tos en los últi­mos dos siglos que se han ale­ja­do del saber común, el que todos los ciu­da­da­nos con algu­na cul­tu­ra sus­ten­tan en cual­quier país. A los estu­dian­tes de pre­uni­ver­si­ta­rio casi siem­pre les resul­ta extra­ño y difí­cil de racio­na­li­zar el con­cep­to de entro­pía. Al final se con­for­man con que el pro­fe­sor les diga: entién­dan­lo como una medi­da del des­or­den. A par­tir de ahí, has­ta los padres le pue­den decir a la alum­na o el alumno: ¡qué entro­pía tie­nes en tus pape­les!, para denos­tar su caos docu­men­ta­rio. La entro­pía y la Segun­da Ley de la Ter­mo­di­ná­mi­ca no son con­cep­tos de fácil popu­la­ri­za­ción, a pesar de su enor­me impor­tan­cia para nues­tra vida en el mun­do actual.

En reali­dad la entro­pía solo en algu­na medi­da se pue­de igua­lar al des­or­den. A lo que si se pue­de hacer bas­tan­te pare­ci­do es a la diver­si­dad. Una de las for­mas de expre­sar la famo­sa Segun­da Ley de la Ter­mo­di­ná­mi­ca es que cual­quier pro­ce­so natu­ral espon­tá­neo aumen­ta la entro­pía del sis­te­ma. Y es que lo que deno­mi­na­mos como la entro­pía de cual­quier sis­te­ma mate­rial depen­de de la can­ti­dad de esta­dos posi­bles en el que pue­de o tie­ne pro­ba­bi­li­da­des de exis­tir. Quie­re decir que si un pro­ce­so es espon­tá­neo, o sea, que ocu­rre sin rea­li­zar tra­ba­jo externo alguno sobre él que lo faci­li­te, su evo­lu­ción mar­cha siem­pre en la direc­ción de aumen­tar sus pro­ba­bi­li­da­des de exis­ten­cia y esta­bi­li­dad. Y eso impli­ca que ten­ga que emplear la míni­ma ener­gía para seguir evo­lu­cio­nan­do y aumen­tan­do sus dife­ren­tes for­mas de exis­tir establemente.

Exis­ten muchos ejem­plos que podrían ilus­trar esta lógi­ca natu­ral con hechos de la vida dia­ria. Siem­pre bus­ca­mos la para­da de ómni­bus por don­de pasan más rutas que nos lle­van a un des­tino, logran­do así con la diver­si­dad una mayor pro­ba­bi­li­dad de lle­gar lo antes posi­ble. Tam­bién, un char­co de agua se eva­po­ra espon­tá­nea­men­te, y entre los fac­to­res que influ­yen en esto está que una molé­cu­la de agua como vapor es más libre, tie­ne más tra­yec­to­rias posi­bles y has­ta se aso­cia más varia­da­men­te con otras que cuan­do está rela­cio­na­da con sus veci­nas en una masa líquida.

La diver­si­dad es más pro­ba­ble y esta­ble que la uni­for­mi­dad, al menos en la natu­ra­le­za. ¿Lo será tam­bién en la vida social y pro­duc­ti­va de un país?

Es jus­to plan­tear­se que la pro­pie­dad que se ejer­za sobre un sis­te­ma de pro­duc­ción de valor, que pue­de ser una empre­sa, debe­ría ser esen­cial­men­te colec­ti­va, de toda la socie­dad. Esto evi­ta que la rique­za se con­cen­tre en unos pocos que enton­ces pue­dan deter­mi­nar la polí­ti­ca de un país para su con­ve­nien­cia. La pro­pie­dad colec­ti­va sobre los medios fun­da­men­ta­les de pro­duc­ción de valor hace enton­ces muy impor­tan­te que la estruc­tu­ra y las inter­re­la­cio­nes entre los pro­ce­sos de esas empre­sas sean dise­ña­dos para que rin­dan lo máxi­mo a sus due­ños, que son todos los ciu­da­da­nos. Esto es tam­bién es váli­do para cual­quier orga­ni­za­ción públi­ca impor­tan­te. Una refe­ren­cia a los acto­res, repre­sen­tan­tes de la socie­dad, que deben rea­li­zar tal tarea impli­ca­ría otro esce­na­rio y otras argu­men­ta­cio­nes, fue­ra del alcan­ce de esta bre­ve nota.

Pero cabe pre­gun­tar­nos, ¿es solo la uni­for­mi­dad y el inmo­vi­lis­mo lo que da esta­bi­li­dad a las ins­ti­tu­cio­nes que per­te­ne­cen al pue­blo? Las ten­den­cias admi­nis­tra­ti­vas comu­nes con­du­cen a que todo el que pro­duz­ca algo espe­cí­fi­co, diga­mos tuer­cas, en un esta­do socia­lis­ta, debe estar bajo un mis­mo man­do, ver­ti­cal. Esto da lugar a una Empre­sa Nacio­nal de Tuer­cas u otra Empre­sa Muni­ci­pal de Piz­ze­rias. Tam­bién pue­de ocu­rrir que todos los obje­tos cul­tu­ra­les y patri­mo­nia­les de una pro­vin­cia se deci­da colo­car­los en un solo museo de la capi­tal pro­vin­cial. Son muchos los argu­men­tos de racio­na­li­dad eco­nó­mi­ca y aho­rro que pue­den jus­ti­fi­car esas estruc­tu­ras. Gene­ral­men­te, las situa­cio­nes excep­cio­na­les obli­gan a tales cen­tra­li­za­cio­nes y uni­for­mi­da­des para lograr el éxi­to. Se cuen­ta que Fidel lle­gó a nece­si­tar con­tro­lar cen­tral­men­te el núme­ro de pro­yec­ti­les de cada com­ba­tien­te en algún momen­to crí­ti­co de la gue­rri­lla en la Sie­rra Maes­tra. La his­to­ria ense­ña que tan­to la Unión Sovié­ti­ca como los Esta­dos Uni­dos con­cen­tra­ron en el gobierno las deci­sio­nes de la pro­duc­ción en la indus­tria de la gue­rra duran­te la últi­ma con­fla­gra­ción mun­dial. En todos estos casos extre­mos se tuvo éxi­to gra­cias a estas medidas.

Sin embar­go, la expe­rien­cia mues­tra que en situa­cio­nes de des­en­vol­vi­mien­to nor­mal de una socie­dad, aún con res­tric­cio­nes exter­nas, la uni­for­mi­dad y la cen­tra­li­za­ción pue­den con­du­cir al inmo­vi­lis­mo, al estan­ca­mien­to, a la corrup­ción y al fra­ca­so. Un caso para­dig­má­ti­co ocu­rrió en los Esta­dos Uni­dos al final del siglo XIX y prin­ci­pios del XX. La Stan­dard Oil Co. se había con­ver­ti­do en el pri­mer gran mono­po­lio de pro­duc­ción y comer­cia­li­za­ción de por­ta­do­res de ener­gía, apa­ren­te y mediá­ti­ca­men­te muy exi­to­so. Su cre­ci­mien­to y absor­ción de acti­vi­da­des de empre­sas meno­res fue tal que para muchos se situó abier­ta­men­te por enci­ma de la ley e impi­dió que las ini­cia­ti­vas inno­va­do­ras de otras peque­ñas empre­sas pro­gre­sa­ran. En el pro­ce­so que con­du­jo a la Cor­te Supre­ma de los EEUU a frac­cio­nar este mono­po­lio en 1911 apa­re­cie­ron inclu­so ale­ga­cio­nes de gra­ves hechos de corrupción.

En la Unión Sovié­ti­ca ocu­rrió que el aca­dé­mi­co Tro­fim Lysen­ko desa­rro­lló en los años 30 del siglo XX cier­tas teo­rías, de com­pro­ba­ción incier­ta y pseu­do­cien­tí­fi­ca, para la pro­duc­ción agrí­co­la que con­du­je­ron a una con­cep­ción de la heren­cia adqui­ri­da del ambien­te en los sis­te­mas vivos. Estas fue­ron extra­po­la­das cen­tral y polí­ti­ca­men­te como supues­tas leyes mate­ria­lis­tas de la natu­ra­le­za, con­tra­pues­tas a las idea­lis­tas de Men­del, en boga enton­ces en la cien­cia moder­na. La tris­te his­to­ria de estos even­tos y de la cen­tra­li­za­ción del sis­te­ma cien­tí­fi­co de Lysen­ko no cabe en estas líneas. Solo refe­ri­re­mos que le cos­ta­ron a la Unión Sovié­ti­ca que­dar a la zaga abso­lu­ta en el desa­rro­llo de la bio­lo­gía en los años en los que la huma­ni­dad des­cu­brió y desa­rro­lló los prin­ci­pa­les cono­ci­mien­tos actua­les acer­ca del ori­gen mole­cu­lar de la vida. El uso del saber cien­tí­fi­co en este cam­po ha per­mi­ti­do que en este mun­do con­vi­van hoy más de sie­te mil millo­nes de habitantes.

Vis­tos estos razo­na­mien­tos, sería exce­len­te desa­rro­llar ideas acer­ca de si las orga­ni­za­cio­nes socia­lis­tas, pro­pie­dad de todo el pue­blo, deben seguir o no, con o sin excep­cio­nes, una de estas alter­na­ti­vas. Por una par­te la cen­tra­li­za­do­ra y uni­for­me, como demues­tra el éxi­to en situa­cio­nes excep­cio­na­les, y por otra la diver­sa y com­pe­ti­ti­va como fór­mu­la de esta­bi­li­dad y pro­gre­so, igual que fun­cio­na en la natu­ra­le­za la Segun­da Ley de la Ter­mo­di­ná­mi­ca. Lo úni­co que debe­ría estar exclui­do es creer­nos que una sola de esas fór­mu­las, la uni­for­me y cen­tra­li­za­da o la diver­sa y com­pe­ti­ti­va, es la úni­ca que debe­mos tomar. Sería como negar­nos a pro­gre­sar y des­ti­nar­nos al fracaso.

Luis A. Mon­te­ro Cabrera

9 de mayo de 2016

Fuen­te: Cuba­de­ba­te

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